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ONG, la otra cara del imperialismo

El plan de implantar a las ONG en el mundo como una prolongación de los servicios de inteligencia imperialistas en el Tercer Mundo surgió al final de los años cuarenta. Sin embargo, se puso en marcha en 1961 impulsado por el triunfo de la revolución cubana en 1959, cuando se creó la USAID, Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo.

Desde entonces la USAID ha participado activamente en todos los golpes de Estado que han tenido lugar en el Tercer Mundo, en estrecha colaboración con la CIA, la DIA (Servicio de Inteligencia Militar), el FBI, la DEA (Agencia contra las Drogas), la NSA (Agencia Nacional de Seguridad) y otras.

Pero, a diferencia de ellas, que actúan de manera encubierta, las actividades de la USAID son visibles. Su propósito es reforzar la política exterior norteamericana cooperando con los países receptores de la ayuda en áreas económica, agrícola, sanitaria, política y humanitaria.

En los años sesenta la USAID envió al famoso especialista norteamericano en torturas, Dan Mitrione, a Brasil, donde en 1964 se produjo un golpe de Estado, luego lo enviaron a la República Dominicana, donde en 1965 se produjo la invasión de Estados Unidos, y finalmente en 1969-1970 a Uruguay, donde fue capturado y ejecutado por los Tupamaros.

Junto con la CIA, la USAID participó en el asesinato de Patricio Lumumba en Congo, en el golpe de Estado en Chile y en los cientos de atentados tramados contra Fidel Castro en Cuba.

En 1972 el universitario norteamericano William A. Douglas elaboró el prototipo de una futura ONG en su libro “Developing Democracy”. Según el estudioso, la población del Tercer Mundo son como “niños” que necesitan ser “tutelados”, “empoderados” y controlados por el imperialismo.

Para Douglas, la manipulación política de los países del Tercer Mundo no se puede llevar a cabo a través de los gobiernos. Había que crear los famosos “movimientos sociales” que en cada lugar del planeta aparentan ser “de base”, espontáneos, cuando en realidad están dirigidos por los imperialistas.

Fue en los años ochenta del pasado siglo cuando las ONG se expandieron por todo el mundo. Se calcula que actualmente hay más de 10 millones de ONG. En la India, por ejemplo, hay una ONG por cada 600 personas. Ocupan cada rincón del planeta. Hay aproximadamente unas 40.000 ONG subvencionadas por los gobiernos norteamericano y europeos y que fueron creadas con el fin específico de ser instrumentos de los imperialistas.

Gozan de una publicidad y una reputación impecables. Los medios de comunicación destacan su papel en la educación, la lucha contra la pobreza y el analfabetismo, la protección del medio ambiente, la promoción de libertades civiles, protección de los derechos humanos, etc.

Durante la Guerra Fría la USAID, junto con otras ONG, como la Fundación Nacional para la Democracia (NED), fueron los misioneros ideológicos y operativos del imperialismo. Su tarea primordial fue la de contener la influencia ideológica de la URSS.

Tras la caída del Telón de Acero los imperialistas utilizan las ONG para desestabilizar países enteros, especialmente en los Balcanes. Se trata de una nueva técnica de golpe de Estado que, a diferencia de los de la Guerra Fría, ya no se apoya en los militares sino en los denominados “movimientos sociales”.

Para cumplir con su tarea, las ONG bajo el control del departamento de Estado tenían que desestabilizar a los gobiernos no afines a la política norteamericana a través de un trabajo sutil, encubriendo sus propósitos subversivos con unos programas reales como la lucha contra la pobreza extrema.

Documentales:

— ONG, el negocio de la caridad https://www.youtube.com/watch?v=CiguEktXi7A
— Haiti, el gran negocio de las ONG https://www.youtube.com/watch?v=pM_0IwiA_zY

Mercenarios colombianos de Blackwater combaten en la guerra de Yemen

El jueves el New York Times volvía sobre las contratación de mercenarios por parte de Emiratos Árabes Unidos para luchar contra la rebelión en Yemen.

En su mayor parte dichos mercenarios son colombianos a sueldo de la siniestra empresa de asesinos Blackwater.

No es una buena señal, dice el periódico, porque en Irak los contratistas lograron que la población se volviera contra Estados Unidos.

Los jeques emiratíes han alquilado un ejército privado de 1.800 pistoleros que en Yemen sólo se podrán ver como una fuerza de ocupación extraña y hostil. Es posible que a los colombianos siga otra legión de sudaneses y eritreos.

No es la primera vez que los países del Golfo contratan mercenarios. En 1975 actuaron a través de la sociedad Vinnell, una empresa estadounidense de seguridad, para formar la Guardia Nacional saudí, que actúa al margen del ejército y del Ministerio de Defensa.

Los 75.000 mercenarios de la Guardia Nacional actúan bajo las órdenes directas del rey. Su misión es la de erradicar cualquier clase de disidencia política interna capaz de desafiar la autocracia.

Vinnell cobra 819 millones de dólares por el mantenimiento de 1.000 mercenarios en Arabia saudí que dirigen en el trabajo de la Guardia Nacional y la Fuerza Aérea.

Actualmente la empresa forma parte del grupo Northrop Grumman y mantiene proyectos del mismo tipo en unos 50 países del mundo, incluido Estados Unidos, desde los tiempos de la guerra de Vietnam, en la que dirigió programas secretos de inteligencia.

En 2011 cuando Bahrein se vio sacudido por la Primavera Árabe, los saudíes enviaron a su Guardia Nacional para reprimir el movimiento de masas.

¿Qué hace Estados Unidos en África?

José García Botia

“El mar baña nuestras costas, el mundo yace a nuestros pies. El vapor y
la electricidad han acabado con las distancias. Todas las tierras sin
propietario en la superficie del globo, principalmente en África, deben
convertirse en el campo de nuestras operaciones y de nuestro éxito

(Rey Leopoldo de Bélgica, 1861)

Mientras en occidente todos hemos tenido nuestras miras puestas en Irak, hay una fuerte estrategia por parte de Estados Unidos puesta en marcha en la década de los 90 sobre la Región de los Grandes Lagos cuyo objetivo es África. Lo que este continente tiene bajo su suelo está aún por sacar, y es mucho, muchísimo. Desde el Golfo de Guinea hasta Angola es todo una sucesión de bolsas de petróleo bajo el mar. Desde la República Centroafricana hacia abajo es todo tierra con unas reservas mineras inmensas.

Mientras se retransmiten por televisión o son noticia diaria guerras como las de Afganistán o Irak, las guerras en África son totalmente ignoradas (salvo cuando muestran atrocidades indignas de seres humanos).

De entre ellas son de crucial importancia las de Angola y las de la región de los Grandes Lagos. En ésta última todo gira en torno a la República Democrática del Congo (el antiguo Zaire del dictador Mobutu). Este país posee bajo su suelo en cantidades a veces asombrosas: oro, diamantes, cobre, cobalto, manganeso, zinc, cadmio, plata, uranio y otros minerales escasos en el planeta y de gran valor estratégico como coltán, casiterita, europio, thorio, niobio y pirocloro. Por ejemplo: la media mundial de extracción de oro por tonelada de tierra removida está en 11 g. y en amplias regiones del este del Congo está entre 6 y 7 Kg. Incluso se llega a los 16 Kg. Se calcula que sólo con la mitad de las reservas de oro estimadas en la mina de Sezere se tendría para pagar toda la deuda externa del Congo. El cobre y el cobalto presentes en los residuos de la mina de Kolwezi se valoran en unos 16.000 millones de dólares. El coltán es un mineral escaso en el planeta compuesto por colombio y tántalo. El tántalo es tan resistente a la corrosión como en vidrio, muy resistente a las temperaturas, de muy poco peso, superconductor. Es necesario para la fabricación de teléfonos móviles, satélites, reactores nucleares, misiles, se emplea en ciertas piezas de las naves espaciales… Hasta el presente se explotaba en Tailandia, Canadá, Brasil, Bolivia y Australia. Pero tras descubrirse su presencia en la R. D. del Congo, y en unas altas concentraciones, actualmente la mayor parte de la producción mundial se obtiene del Congo.

Y toda esta riqueza está acumulada en el este del Congo. Pero además la R. D. del Congo estratégicamente es fundamental: está por el centro del continente y al ser tan grande (unas 5 veces nuestro país) tiene frontera con otros nueve países. Controlar la R. D. del Congo es un paso clave para controlar el África subsahariana.

Desde hace tiempo los americanos van detrás del Congo […] De repente son noticia mundial acontecimientos de esa región que afianzan ciertas ideas en el subconsciente colectivo, como las matanzas de tutsis por parte de los hutus que nos hacen pensar que el origen de todas las desgracias y barbaridades de la zona se debe a una guerra de origen étnico. Como si dos etnias que han convivido en el mismo terreno durante siglos se hubieran vuelto de repente locas. En esta región la planificación de los pasos a dar y los medios estratégicos puestos en marcha por parte de Estados Unidos y un grupo de multinacionales han sido muy eficaces. Han logrado entre otras cosas: que se piense que en Ruanda lo único que pasa es que hay un odio irracional entre hutus y tutsis; que el único genocidio ha sido el de tutsis en 1994; que no se sepa de la invasión del este del Congo por parte de los aliados de Estados Unidos -Uganda, Ruanda y Burundi- (desde el verano de 1998), aún cuando ésta sea una guerra bárbara y cruel con 3’5 millones de muertos hasta la fecha (se le ha llamado guerra mundial por África); han conseguido bloquear todos los pasos de la ONU que pudieran pacificar la zona y que podrían haber evitado las masacres hutus-tutsis y la de los congoleños invadidos; aunque no han podido evitar que un “Grupo de Expertos” enviados por la ONU a la R. D. del Congo redacten interesantes informes en donde queda totalmente clara y sin ningún lugar a dudas que hay una invasión del territorio congoleño con la única finalidad de saquear sus riquezas.

Sin embargo han logrado bloquear a la ONU para que no se tomen las medidas propuestas por dicho grupo […] medidas como un embargo de oro, diamante, coltán y armas en la zona; véase, por ejemplo el informe S/2001/357 de Naciones Unidas –aunque en este importante documento hasta es sospechoso, como mínimo, que tras hacer un estudio exhaustivo del conflicto “solo” aparezcan implicadas en el tráfico ilegal de estos minerales compañías europeas y ninguna americana-); han conseguido poner al mando de la R. D. del Congo a L. D. Kabila (aliado suyo por entonces) y posteriormente (cuando ya no satisfacía suficientemente sus intereses) “que fuera asesinado”; han logrado finalmente que no se sepa nada de esto, ni tenga importancia en la opinión pública de los consumidores del norte.

Respecto a Angola es curioso que se haya llegado en estos momentos a la paz después de unos 30 años de guerra entre la UNITA de Jonás Savimbi y el gobierno de Jose Eduardo dos Santos. Estados Unidos apoyaba a UNITA; Cuba y la ex URSS al gobierno angoleño. La principal fuente económica para el gobierno era el petróleo y para UNITA eran los diamantes.

La dinámica era que mientras hubiera diamantes y petróleo ambos bandos podían seguir comprando armas y como ninguna de ambas cosas se acababa la guerra no cesaba. Cae la Unión Soviética, pero la guerra de Angola sigue… En febrero de 2002 el presidente de Angola tiene una cita con G. Bush en la Casa Blanca (la fecha se concertó en septiembre de 2001) y qué casualidad que el mossad le pasara a las tropas gubernamentales la localización exacta de dónde se encontraba Savimbi justo pocos días antes de que Eduardo dos Santos tomara el avión hacia la Casa Blanca. Las palabras de Bush debieron ser claras: “paz a cambio de diamantes y multiplicar la producción de petróleo”. Dos Santos debió de aceptar, pues con la paz Angola está aumentando rápidamente su producción de petróleo (se prevee que llegará a 1,5 millones de barriles diarios). Y es que antes de los ataques a Irak y Afganistán, Estados Unidos ha realizado una serie de movimientos estratégicos previos y en torno al petróleo (por si se le fuera de las manos la situación del Golfo Pérsico): intentos de golpes de estado en Venezuela; la ya mencionada paz en Angola; el aumento de producción de petróleo en Guinea Ecuatorial; las presiones para que ahora se lleguen a acuerdos de paz en Sudán […]

La expansión militar de Estados Unidos en África

El ejército de Estados Unidos se expande por el Pacífico, pero también por África, donde hace frente a la omnipresencia china y sustituye a los viejos ejércitos colonialistas europeos, especialmente el francés.

Durante años el Africom, el mando de las fuerzas militares estadounidenses en el continente negro, ha negado la existencia de bases.

La existencia de la base Lemonnier, en Yibuti, era anterior a la creación del Africom como mando independiente en 2008. Según ellos, no cuenta.

Además, la lista oficial de bases militares del Pentágono asegura la existencia de, al menos, otras tres.

En El Cairo está la Unidad Número 3 del Centro de Investigaciones Médicas de la Marina, creada en 1946.

Hay un aeródromo auxiliar situado a unos 1.600 kilómetros de la costa oeste que Estados Unidos ha utilizado desde 1957.

En el el puerto y el aeropuerto de Mombasa, en Kenia, hay depósitos de los años ochenta.

También hay bases cercanas al continente, la más importante de las cuales es la Morón, en Sevilla.

Además, hay también “sitios cooperativos de seguridad” (CENV) que pueden desempeñar las mismas funciones que las bases. El comandante el jefe de Africom, David Rodríguez, ha reconocido la existencia de 11 “sitios de seguridad”.

Es posible que el número sea aún mayor. Según Tom Dispatch, el número puede acercarse a los 60, unos plenamente activos y otros en reserva.

La mayor parte de esos centros militares han sido construidas o remozadas desde 2001. Se trata de campos, depósitos e instalaciones portuarias en 34 países africanos diferentes, por lo que cubren al 60 por ciento del continente.

Estados Unidos dispone también de “departamentos de cooperación de seguridad y defensa” en 38 Estados y han firmado cerca de 30 acuerdos para utilizar los aeropuertos internacionales como centros de suministros.

El número de bases militares está creciendo rápidamente, de manera discreta. En ellas se llevan a cabo ejercicios militares de asesinatos con drones, así como tareas de vigilancia, control e inteligencia.

Dichas bases están en en Burkina Faso, Camerún, República Centroafricana, Chad, Yibuti, Etiopía, Gabón, Ghana, Kenya, Mali, Níger, Senegal, Seychelles, Somalia, Sudán del sur y Uganda.

Además Estados Unidos tiene acuerdos para utilizar las bases de terceros países, como Argelia, Botswana, Namibia, Santo Tomé y Príncipe, Sierra Leona, Túnez y Zambia.

Hay al menos 9 “emplazamiento avanzados de explotación”, de los que el Pentágono ha reconocido el de Charichcho, en Etiopía. Hay otro que ya ha sido utilizado en Kampala, Uganda, así como en Kenia (Isiolo y Manda Bay).

El campo Simba, en Mada Bay (Kenia), la utiliza la Armada y los Boinas Verdes, entre otras unidades. Desempeña un papel esencial en el programa de asesinatos con drones, especialmente dirigido a países como Yemen y Somalia.

Está en plena fase de expansión. Han ejecutado obras para prolongar la pista de aterrizaje a fin de que puedan aterrizar grandes aviones, como los C-130. Han levantado grandes depósitos de combustibles y agua potable, alojamientos para grandes unidades militares.

Su expansión militar en África demuestra que no se trata de un fenómeno coyuntural. Estados Unidos levanta infraestructuras porque quiere implantarse en África de manera persistente y a largo plazo.

Alemania se prepara para la guerra imperialista

Ursula von der Leyen pasa revista
Con el pretexto de la oleada de refugiados, los expertos del Bundeswehr, el ejército federal, preparan un despliegue de sus tropas en Asía, África y Oriente Medio. Un reciente artículo de Der Spiegel da una idea de la dimensión de los preparativos, a medio camino entre “la desesperación y la megalomanía”.

El objetivo confesado del gobierno alemán es reducir el flujo migratorio y lograr que el mundo haya zonas habitables donde se pueda vivir, dice Der Spiegel, que pone en boca de la ministra de Defensa, Ursula von der Leyen, el deseo de restaurar el poder del Estado y la estabilidad de países como Afganistán, Siria, Libia y Mali.

Para ello el militarismo alemán se expandirá por todo el mundo. Del norte de África a Afganistán, pasando por Irak, el gobierno organiza misiones militares de una envergadura difícil de concebir hasta ahora, salvo en la época del III Reich.

En la actualidad el gobierno tiene bastante avanzado un plan para desplegar aviones Tornado de reconocimiento para llevarlos a Siria. Alemania quiere ponerse a la altura de Estados Unidos, Rusia, Francia y Reino Unido.

Hace unos días Hans-Lothar Domröse, el más alto oficial alemán en la OTAN ha pedido el reinicio de las operaciones militares de combate en Afganistán, así como el bombardeo de las posiciones de los talibanes.

El jueves Merkel se declaró partidaria de la creación de grandes reservas para refugiados en Afganistán.

Especialistas de los Ministerios de Defensa y Asuntos Exteriores preparan el despliegue de tropas del Bundeswehr en Kurdistán para entrenar a los peshmergas de Irak. También está prevista el suministro de armas a los kurdos y la ampliación de la ayuda al gobierno de Bagdad.

El Ministerio de Defensa también quiere implantar sus fuerzas en Afganistán, Irak, Siria, Libia y Mali para evitar que las poblaciones tengan que huir hacia Alemania, es decir, que en realidad va a hacer exactamente lo mismo que han hecho los demás para desatar las olas de refugiados: destruir esos países por la fuerza de las armas.

El nuevo militarismo alemán tomó carta de naturaleza el año pasado en la Conferencia de Munich sobre seguridad, donde fue refrendada por el presidente Gauk.

Entonces el ministro de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier declaró que en el futuro Alemania debía tomar las riendas en sus manos más a menudo para defender su sintereses en el mundo. Citó expresamente esos intereses mundiales: Siria, Ucrania, Irán, Irak, Libia, Mali, República Centroafricana, Sudán del sur, Afganistán… Era una lista no exhaustiva de “puntos calientes”, dijo.

La ministra posa junto a sus tropas

El Pentágono se declara desafiado por Rusia y China

Ayer el secretario de Defensa estadounidense Ash Carter acusó a Rusia de poner en riesgo el “orden mundial” impuesto por Estados Unidos con sus incursiones en Ucrania y sus declaraciones imprecisas sobre armamento nuclear, y dijo que el Pentágono busca formas creativas de impedir la hostilidad rusa y proteger a sus aliados.

Sus declaraciones son quizá las más duras que ha hecho sobre el ex enemigo de Estados Unidos en la Guerra Fría. Las realizó en la Biblioteca Presidencial Ronald Reagan tras un viaje de ocho días por Asia, Carter también manifestó su preocupación por la creciente influencia de China y su posible reforzamiento militar. Pero sus palabras más duras fueron para Rusia.

Carter dijo que Rusia ha emprendido «actividades desafiantes» por mar, aire, en el espacio y el ciberespacio.

«Lo más perturbador es que los preparativos nucleares de Moscú plantean dudas sobre el compromiso de los dirigentes rusos con la estabilidad estratégica, su respeto hacia las normas contra el uso de armas nucleares, y si respetan la profunda cautela que los dirigentes de la era nuclear tuvieron respecto a esgrimir armas nucleares», dijo.

«No buscamos una guerra fría, ni caliente, con Rusia», aclaró. «No buscamos hacer de Rusia un enemigo. Pero no hay que equivocarse; Estados Unidos defenderá sus intereses, los de nuestros aliados, el ejemplar orden internacional y el futuro positivo que abarca a todos».

El trasfondo de los comentarios de Carter es la realidad que después de más de dos décadas de dominar las relaciones de las grandes potencias, Estados Unidos ve cómo Rusia se reafirma a sí mismo y cómo China expande su influencia militar más allá de sus fronteras. Juntas, tales tendencias ponen a prueba la supremacía estadounidense y su dominio del orden mundial.

Carter citó varios pilares del orden internacional que, argumentó, deberían ser defendidos y fortalecidos: la solución pacífica de disputas, la inexistencia de coacción, el respeto por la soberanía de los Estados y la libertad de navegación.

«Algunos actores parecen tratar de mermar tales principios y debilitar el orden internacional que ayuda a que los principios se cumplan», subrayó. «Los elementos terroristas, como el Califato Islámico, por supuesto, se oponen completamente a nuestros valores. Pero otros desafíos son más complicados, y dadas su magnitud y capacidades, potencialmente resultan más perjudiciales».

«Por supuesto, ni China ni Rusia pueden derrumbar ese orden», agregó. «Pero ambos presentan diferentes desafíos a ello».

Contradicciones interimperialistas

Franklin D. Roosvelt
Manuel E. Yepe

Por estos días se exhibe en la televisión cubana la serie “La historia no contada de Estados Unidos”, una realización del cineasta estadounidense Oliver Stone que en su capítulo titulado “Roosevelt, Truman y Wallace me hizo recordar el libro “Roosevelt: El Soldado de la Libertad” de James MacGregor Burns, Premio Pulitzer y Premio Nacional del Libro de Historia y Biografía en 1971. La obra de Burns está basada, a su vez, en el libro testimonial “Como él lo vio”, de Elliott Roosevelt, tercer hijo de Franklin Delano Roosevelt, 32 presidente de Estados Unidos y de su esposa Eleonor.

El excelente documental de Stone invita a lamentar la tragedia para la humanidad que significó la muerte del Presidente Roosevelt, el 12 de abril de 1945 y su reemplazo por el mediocre Harry Truman en vez de por el popular y lógico sucesor Henry Wallace.

Los testimonios de Elliot constituyen obviamente una idílica interpretación -favorable a Franklin Roosevelt- de los desencuentros de éste con el Primer Ministro británico Winston Churchill, que son en realidad reflejo de las contradicciones entre el decadente imperio británico y el ascendente imperialismo de los Estados Unidos.

Narraba Elliot que su padre le decía: “Cuando extraes riquezas de los países coloniales sin aportar a ellos cosas como educación, niveles de vida decentes y requerimientos mínimos de salud, todo lo que haces es almacenar problemas que conducen a la guerra”.

Acerca de la Conferencia de Casablanca de enero de 1943, Roosevelt contó a Elliot:

“Hablé de otro tipo de guerra. ¡Hablé de lo que va a ocurrir en nuestro mundo si después de esta guerra permitimos que millones de personas regresen a la semiesclavitud! Los americanos no estarían muriendo en el Pacífico, si no hubiera sido por la miopía y voracidad de los franceses, los británicos y los holandeses.

¿Permitiremos que ellos se salgan con la suya, otra vez?”

El 5 de enero de 1941, según el referido libro, Roosevelt presentó al Congreso una carta económica de derechos basada en los siguientes principios: Igualdad de oportunidades para jóvenes y demás ciudadanos; plazas de trabajo para aquellos que pudieran hacerlo; seguridad para quienes la necesitasen; fin de los privilegios especiales para unos pocos; preservación de las libertades civiles para todos, y elevación constante de los niveles de vida con el más amplio disfrute de los frutos del progreso científico.

A juicio del autor, las primeras serias discrepancias entre Churchill y Roosevelt, tuvieron lugar en agosto de 1941, en la reunión que sostuvieron en Argentia, Terranova, antes de entrar los Estados Unidos en la guerra.

Allí hubo acaloradas discusiones por la insistencia de Roosevelt en garantizar que al término del conflicto se restituyera la soberanía a las naciones bajo control de los imperios coloniales, en tanto que Churchill insistía en el mantenimiento del opresivo sistema colonial.

Churchill fue literalmente obligado por Roosevelt a firmar la Carta Atlántica, expresiva de los principios de la libertad y el desarrollo económico necesarios para asegurar la paz “tras la destrucción de la tiranía nazi”.

“Señor Presidente
-le dijo Churchill a Roosevelt-, yo creo que usted pretende acabar con el imperio británico. Todas sus ideas sobre el mundo de posguerra así lo demuestran. Pero, a pesar de ello, sabemos que usted constituye nuestra única esperanza. Y usted sabe que nosotros lo sabemos. Usted sabe que sin los Estados Unidos, el Imperio de Su Majestad no resiste”.

En la Cumbre de Casablanca, en 1943, Roosevelt claramente dejó ver lo que se proponía para el futuro: “Cuando ganemos la guerra, trabajaré con todas mis fuerzas y empeño por asegurar que los Estados Unidos no sean llevados a apoyar o estimular las ambiciones coloniales de Francia o del imperio británico”.

Unos días más tarde dijo a Elliott: “He tratado de hacer ver a Winston –y a los demás- que nunca deben hacerse la idea de que, porque somos sus aliados en la victoria, nos sumaremos a las arcaicas ideas imperiales medievales.

“Gran Bretaña firmó la Carta Atlántica. Espero que comprenda que el gobierno de los Estados Unidos tiene la intención de hacerla cumplir”, dijo el presidente Roosevelt.

Churchill, no obstante, hizo famoso un comentario que formuló en respuesta a los criterios que se extendieron por todo el sistema colonial inglés acerca de que la Carta Atlántica garantizaría en la posguerra el derecho a la autodeterminación y autogobierno de las colonias británicas. “Yo no fui designado Primer Ministro de Su Majestad para presidir la liquidación del imperio”.

Y, como ha probado la historia de la posguerra, Estados Unidos se convirtió en el nuevo poder imperial explotador, causante de guerras y destrucciones en todo el mundo, en aras de la codicia corporativa estadounidense. Y los demás se le subordinaron.

Fuente: http://www.cubadebate.cu/opinion/2015/10/28/contradicciones-interimperialistas/

¿Qué hacen los buques rusos junto a los cables de comunicaciones submarinos?

La semana pasada la ruptura de un cable submarino de telecomunicaciones entre Marsella y Annaba, en la costa de Argelia, dejó al país norteafricano incomunicado sin internet durante varios días.

Los cables submarinos son más sagrados que la mano incorrupta de Santa Teresa. A finales del siglo XIX los daños a los primeros cables que se tendieron bajo las aguas se convirtieron en el primer delito internacional que todos los Estados del mundo estaban obligados a perseguir.

La importancia de los cables ha crecido con las nuevas tecnologías digitales, hasta el punto de convertirse en un elemento estratégico. Las modernas fuerzas productivas dependen de ellos.

De ahí que los imperialistas vigilen estrechamente los cables submarinos. El domingo el New York Times expresó hasta qué punto se preocupan por ellos y por la proximidad a las líneas de los buques y submarinos rusos (*).

“El nivel de actividad rusa junto a los tendidos es comparable al de los tiempos de la Guerra Fría”, dice el Pentágono. El contraalmirante Frederick J. Roegge, comandante de la Flota de submarinos del Pacífico, manifiesta su preocupación por un posible sabotaje.

“Resultaría inquietante enterarnos de que un país trafica con los cables de comunicaciones”, declara William Marks, portavoz de la Marina, sin entrar en unos detalles que considera secretos.

En 1971 la Marina de Guerra de Estados Unidos descubrió en el Mar de Ojotsk, al norte de Japón, la existencia de un cable utilizado en las comunicaciones de la Flota del Pacífico de la Marina soviética.

El descubrimiento permitió al submarino Halibut escuchar los mensajes internos de los soviéticos en una operación de espionaje rocambolesca que se llamó “Ivy Bell”. La hazaña fue tan sustanciosa que Estados Unidos construyó un submarino de la clase Seawolf, el “Jimmy Carter” (SSN-23), para dedicarlo a tareas de espionaje naval exclusivamente.

La pregunta “¿qué hacen los buques rusos al lado de los cables submarinos?” queda así respondida: hacen lo mismo que el submarino “Jimmy Carter”. Pero el Pentágono cree que hay algo más que interceptar mensajes y sospecha que los rusos preparan sabotajes en aguas profundas, a un nivel que haría imposible la reparación del tendido de cables.

De esa manera la marina rusa sería capaz de incomunicar no sólo a la marina y al ejército de Estados Unidos, sino al país en su conjunto en casos de tensión diplomática o crisis grave.

Los rusos buscan los nuevos cables submarinos que utiliza la marina de Estados Unidos. Al Pentágono le preocupa, sobre todo, un navío ruso, el Yantar, que ha sido registrado como si se tratara de un “buque oceanográfico” dedicado a la investigación científica.

La Marina estadounidense no se lo traga. Creen que el barco dispone de pequeños vehículos submarinos con capacidad para cortar los cables de comunicaciones. Pero los vigilantes rusos son vigilados desde el espacio por los satélites americanos y, según dicen, los movimientos les resultan sospechosos.

(*) Russian Ships Near Data Cables Are Too Close for U.S. Comfort, http://www.nytimes.com/2015/10/26/world/europe/russian-presence-near-undersea-cables-concerns-us.html

Esos pueblos que oprimen a otros pueblos…

Tras la Segunda Guerra Mundial la ola descolonizadora dio lugar al nacimiento de la India que, más que un país, es todo un continente, un mosaico de castas, naciones y religiones, unas dentro de otras.

La dilatada lucha contra el colonialismo británico se prolongó tras la independencia, en cierta manera, convirtiendo a la India en uno de los motores del bloque de países no alineados que siempre mantuvo buenas relaciones con la URSS.

Pero la India también es una buena prueba de las carencias del nacionalismo burgués. Con la independencia la burguesía india no solucionó nada; cambió el problema de sitio.

Del seno de la India surgieron otros movimientos tan nacionalistas como el indio y opuestos a él. Por ejemplo, poco después de que la India lograra su independencia surgió Pakistán que, a su vez, logró su independencia.

No hay más que recordar las guerras de Cachemira para comprender que la independencia de la India no solucionó el problema nacional y la de Pakistán tampoco. Ambos países, poseedores de bombas atómicas, son enemigos mortales. El odio feroz de Pakistán hacia la India lo llaman el “síndrome bengalí”, que ha causado un millón de muertos y diez millones de desplazados.

Aunque tiene un nombre sicopatológico, dicho síndrome no tiene un origen neuronal sino político: lo nutrió el imperialismo británico. No es posible entender ningún movimiento nacional sin poner al descubierto las políticas de los imperialistas.

Pakistán es uno de esos países sin identidad propia. Busca en la religión algo que por sí mismo no tiene. Lo mismo que India, es otro mosaico de pueblos enfrentados al gobierno central de Islamabad a sangre y fuego. En 1971 ya perdió un pedazo al aparecer “Pakistan oriental” (Bangla Desh) y puede perder otros, como Baluchistán, donde hay un importante movimiento guerrillero.

Por reacción frente a la India, el gobierno de Islamabad se ha alineado históricamente siempre con los sectores más negros del imperialismo. No es casualidad que, lo mismo que en Oriente Medio, la reacción pakistaní se haya vestido con las ropas del peor islamismo. No tiene otras… salvo el ejército, la verdadera columna vertebral del Estado.

Desde la década de los setenta del pasado siglo, el ejército pakistaní emprende una profunda campaña de islamización del país para acabar con los movimientos independentistas locales y crear una unidad nacional ficticia.

Como en cualquier otra parte del mundo, en Pakistán los movimientos nacionales son una forma que tienen los imperialistas para repartirse el mundo y, como cualquier otro botín, los bocados siempre pueden ser más pequeños cada vez. Así se demostró en los Balcanes hace veinte años y se sigue demostrando hoy en Kurdistán.

La burguesía local esconde ese aspecto de la lucha nacional porque la independencia es la parte del botín que le corresponde a ella.

Pero bajo un internacionalismo de pacotilla otros también esconden que las naciones tienen un derecho legítimo a decidir su propio futuro y a independizarse.

En la opresión nacional hay dos aspectos fundamentales sin los cuales no es posible entender ni siquiera lo más elemental de la misma en la época imperialista en la que vivimos actualmente. El primero es que la lucha nacional no es más que la forma que adopta la lucha internacional en un punto geográfico determinado. El segundo es que la opresión nacional no es el problema de uno (el oprimido) sino el de dos (el oprimido y el opresor).

Un diputado americano de las Cortes de Cádiz, Dionisio Inca Yupanqui lo resumió así en 1810: “Un pueblo que oprime a otro no puede ser libre”. Se lo decía a aquellos diputados españoles que tanto hablaban de libertad y de lucha contra la opresión, en nombre de las nuevas naciones americanas que querían su independencia.

En aquel momento España luchaba por la suya contra Francia. Quería su independencia pero no admitía la de las colonias americanas, que en algunos casos (Filipinas, Cuba, Puerto Rico) se demoró casi un siglo entero.

Como el problema nacional es internacional su única solución es también internacional y, por lo tanto, internacionalista, es decir, es una tarea que corresponde a la única clase social que tiene una dimensión internacional: la clase obrera.

El dispositivo militar de Rusia en Siria es impenetrable para la OTAN

El general Philip Breedlove, comandante militar de la OTAN, ha reconocido públicamente durante una conferencia celebrada en la Fundación Marshall, que Rusia ha creado en Siria una zona de exclusión que resulta impenetrable para todos los medios de la OTAN.

La zona comprende el 30 por ciento de Siria y está situada alrededor de la provincia de Latakia, donde se halla la base aérea rusa de Hamaimim y el puerto naval de Tartus, utilizado por los barcos de guerra rusos.

Dado que Estados Unidos se oponía al despliegue de una fuerza militar rusa en Siria, el Estado Mayor del ejército ruso decidió desplegar en Siria aviones militares rusos Sujoi en secreto y desplegar el potente sistema automatizado C-41 (mando, control, comunicaciones, informática, información e interoperabilidad), que le ha permitido imponer su supremacía en la guerra radio-electrónica contra los sistemas de reconocimiento terrestres, aéreos y por satélite estadounidenses, imponiendo así una zona de exclusión para la OTAN en Siria (A2/AD Bubble).

Esta zona de exclusión dispone de medios de última generación, incluyendo misiles antiaéreos S-300 PM2, desplegados en barcos en el Mediterráneo, y otros terrestres como los Pantsir-S1.

El elemento clave en el dispositivo está constituido por los sistemas Krasuja-4, que realizan una continua interferencia de los radares de vigilancia, los de los satélites militares norteamericanos de la familia de Lacrosse/Onyx, los que están basados en los países vecinos de Siria, los de los aviones AWACS y E-8C y los de los drones RQ-4 Global Hawk, MQ-1 Predator y MQ-9 Reaper.

Rusia ha llevado a Siria otros tipos de material moderno que generan contramedidas, incluyendo en el espacio visible, infrarrojo o láser, contra los medios opto-electrónicos de vigilancia aérea y por satélite (IMINT) de los norteamericanos.

Esta zona es opaca a todos los medios de observación terrestres, navales, aéreos y espaciales de la OTAN. No estando en condiciones de determinar las características de los nuevos sistemas electrónicos y de control de fuego desplegados por los rusos, la OTAN no puede neutralizarlos por medio de las interferencias.

En consecuencia, todo tránsito o trasporte que utilice este espacio de exclusión aérea deberá contar con el acuerdo de Rusia. Dados los innegables progresos realizados por Rusia en estos años en el dominio de los radares, los planificadores estadounidenses sospechan que sus aviones F-22 de quinta generación ya no son “invisibles” para los rusos.

Según el general Breedlove, no es sólo en Siria donde los rusos han creado zonas de exclusión para la OTAN. Estas zonas ya existen en el enclave ruso de Kaliningrado, en el Mar Báltico, y en la costa rusa del Mar Negro, que incluye Crimea.

Fuente: http://breakingdefense.com/2015/09/russians-in-syria-building-a2ad-bubble-over-region-breedlove/

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