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‘Los rusos fuera, los americanos dentro y los alemanes bajo control’

Ante cumbres como la del G7, el tratamiento de la prensa suele ser un bien termómetro del “climax” de eso que los marxistas califican como “contradicciones interimperialistas”, o sea, el estado de las mutuas relaciones entre las grandes potencias, sus acuerdos y desacuerdos.

En la reciente que se ha celebrado en Sicilia, la atmósfera no ha podido ser peor, algo característico desde la llegada de Trump a la Casa Blanca. Ni siquiera han logrado ponerse de acuerdo para redactar un comunicado conjunto sobre todos los puntos del orden día. Un periódico alemán dice que se reunieron “para nada” y que más valdría haber dedicado sus esfuerzos a otros asuntos.

Desde los tiempos de los movimientos “altermundialistas”, este tipo de situaciones se describen con una terminología confusa, que es propia de los grandes centros imperialistas y que se irradian por los medios pequeño burgueses. Así, el Washington Post habla de que las diferencias proceden de que Europa sigue defendiendo la globalización, mientras que Trump está en contra.

Los pro-globalización se oponen a las nuevas corrientes que siguen defendiendo viejas concepciones como los Estados, las fronteras y poco menos que una política económica autárquica, una resurreción de Keynes para hacer frente al neoliberalismo, etc.

En estas ocasiones, mejor que la verborrea seudoanalítica es recurrir a las palabras de los protagonistas, políticos pragmáticos, como Angela Merkel quien, inmediatamente después de regresar a Alemania, hizo unas declaraciones en Munich en las que ponía fin de manera solemne a los tiempos pasados, es decir, al mundo tal y como se configuró en 1945.

“La época en la que podíamos contar al cien por cien los unos con los otros, casi ha terminado”, sentenciaba. “Evidentemente debemos seguir siendo amigos de Estados Unidos y Reino Unidos, como buenos vecinos, siempre que sea posible, y también de Rusia. Pero tenemos que darnos cuenta de ello: tenemos que luchar por nosotros mismos, como europeos, por nuestro porvenir y nuestro destino”, concluyó la canciller.

Si no la interpretamos mal, de lo que Merkel habla es de hegemonía y de dirección del capitalismo como sistema económico mundial y lo que dice es extraño para los que estamos habituados a una lectura literal de lo que Lenin decía hace cien años. Da la impresión de que no hay una lucha por le hegemonía sino —más bien— un vacío porque el capitán —Estados Unidos— ha abandonado el barco, dejando huérfanos a los marineros.

Es como si los europeos —pero también los canadienses y japoneses— desearan que Estados Unidos siguiera llevando “la voz cantante” en los asuntos mundiales, mientras que Trump y los suyos no quisieran asumir ese papel. Éstos parecen volcados en sus propios asuntos internos (“América primero”) y en la reunión se han encontrado completamente aislados del resto de potencias mundiales.

Es aún más confuso deducir de lo expuesto que hay un acuerdo en tre las grandes potencias. Es todo lo contrario y Merkel no lo ha podido decir más claro: la alianza transatlántica se ha acabado. El artículo 5 del Tratado de la OTAN que garantiza la ayuda mutua en caso de agresión se ha puesto en cuestión.

En su lenguaje demágogico y cutre, como en el caso del muro con México, Trump lo ha expresado diciendo que los europeos no pagan a la OTAN lo que deberían, pero los europeos no pueden pagar por algo que se escapa de sus manos, es decir, no pueden subvencionar indirectamente a Estados Unidos y su industria militar, que es lo que Trump pretende: reforzar aún más la presencia de su país en el mercado mundial de armamento, que es uno de los pocos en el que aún son competitivos.

Por el precio que exige Trump, los europeos pueden tener sus propia industria militar. Si resumimos la hegemonía del imperialismo estadounidense desde 1945 en términos militares, o sea, en la configuración de la OTAN, hay que volver a las palabras de su primer secretario general, Hastings Ismay, según el cual su objetivo consistía en “mantener a los rusos fuera, a los americanos dentro y a los alemanes bajo control”.

Si eso es lo que ha cambiado, entonces esta nueva etapa se resume simétricamente diciendo que “los rusos dentro, los americanos fuera y los alemanes sin control”.

En términos económicos —que son los únicos que Trump es capaz de atisbar— se expresa en un tuit de los suyos: “¿Ven Ustedes todos los vehículos que los alemanes venden en Estados Unidos? Pues hay que acabar con eso”. Sería tanto como acabar con la potencia industrial de los monopolios alemanes, algo imposible para Trump y para Estados Unidos.

Esa fuerza económica es la que permite que Alemania —y por lo tanto Europa— sea capaz de escapar del control que hasta ahora ha ejercido Estados Unidos. En Francia algunos medios le pintan a Macron como un delegado comercial procedente del otro lado del Atlántico, pero se equivocan. Es un sujeto de la factoría Merkel, que ha puesto toda la carne en el asador para lograrlo. El dúo Merkel-Macron se ha impuesto tarea volver a impulsar la Unión Europea, tras el fiasco del Brexit.

La prensa alemana no habla de otra cosa, mientras critica acerbamente a Trump, como nunca se había visto con un Presidente de los Estados Unidos. Al mismo tiempo hablan de atar Europa central a la Ruta de la Seda que llega del Extremo Oriente como el nuevo maná. En la medida en que eso alcanza a los rusos, éstos ya se pueden considerar “dentro”, por lo que sólo queda que “los americanos” se vayan fuera (de Alemania), lo que se traducirá en reducciones de tropas en Ramstein o en la liquidación de la propia base militar.

Operación Gladio: la historia no contada de la alianza impía entre la CIA, el Vaticano y la mafia

Resultado de imagen de operacion gladio Alberto Fernández
 
Después de que terminara la Segunda Guerra Mundial, El Vaticano, la CIA, los ex nazis y la mafia siciliano/americana forjaron una alianza para luchar contra la antigua Unión Soviética y el aumento de los gobiernos pro-soviéticos en Europa y en el resto del el mundo.

En este libro, Paul L. Williams ofrece nuevas e inquietantes evidencias exponiendo lo que él llama la alianza impía. Operación Gladio es probable que sea un libro polémico e incluso conspiratorio para algunos. Sin embargo, no se pueden rechazar las evidencias que el proporciona.

La historia comenzó en 1942 con la formación del Banco del Vaticano. El mismo año que la ONI (Oficina de Inteligencia Naval) reclutó a Lucky Luciano, un capo de la droga por excelencia. El director suizo de la Oficina de Servicios Estratégicos (OSS), Allen Dulles, llegó a la conclusión: «Estamos luchando contra el enemigo equivocado”. Schutzstaffel (SS) envió un mensaje a través de Dulles al Vaticano informándole que el gobierno nazi quería establecer una paz separada con los Estados Unidos; querían luchar contra los soviéticos. Dulles se reunió con Max von Hohenlohe en Berna. Más tarde, Dulles se reunió también con otros oficiales nazis para forjar la nueva alianza. El Jefe de Inteligencia Especial para la OSS en China coronel Paul E Helliwell pensó en otra alianza impía entre la comunidad de inteligencia de Estados Unidos y grupos del crimen organizado. En consecuencia, las agencias de inteligencia estadounidenses consiguieron que el capo Lucky Luciano fuera liberado de la cárcel y se le permitió construir su imperio de narcóticos y, simplemente observaron el flujo de drogas hacia los guetos negros en gran parte de Nueva York y Washington. La alianza impía de los espías y criminales estadounidenses se repitió en todas partes, Laos y Birmania a Marsella y Panamá.

Después de que Richard Nixon se convirtiera en presidente en 1969, esta estrategia ganó más ímpetu. El Asesor Henry Kissinger dio órdenes a Licio Gelli para llevar a cabo ataques terroristas e intentos de golpe de Estado. Los Estados Unidos y el Vaticano canalizaron millones de dólares para estas operaciones. La mayor parte del dinero se recaudó de formas cuestionables. El primer ataque importante en Europa tuvo lugar el 12 de diciembre 1969, cuando una bomba estalló en el vestíbulo del Banca Nazionale Dell’ Agricoltura en Milán, Italia. Diecisiete personas murieron en la explosión. En el transcurso de una hora, tres bombas explotaron en Roma. Según cifras oficiales, 14.591 actos de violencia con una motivación política se llevaron a cabo entre enero de 1969 y diciembre de 1987. En estos ataques terroristas, 491 personas murieron y 1.181 resultaron heridas. Un gran número de ataques terroristas se llevó a cabo en otros países europeos desde 1965 a 1981. También intentaron matar el presidente francés De Gaulle, quien denunció «la guerra secreta del Pentágono» y expulsó la sede europea de la OTAN que estaba en Francia.

En América Latina, la CIA y el Vaticano lanzaron la Operación Cóndor como la versión de la Operación Gladio latinoamericana. La receta fue aplicada generosamente por las agencias de inteligencia de Estados Unidos a «cualquier gobierno que se arriesgara a defender la nacionalización de la industria privada (en particular las empresas de propiedad extranjera), una reforma radical agraria, las políticas comerciales autárquicas, la aceptación de la ayuda soviética, o una política exterior antiamericana. «La CIA y el Vaticano comenzaron la Operación Cóndor en la década de 1970, cuando el Opus Dei suscitó el apoyo de los obispos chilenos para el derrocamiento del gobierno del Presidente Allende. El grupo católico estaba trabajando en estrecha colaboración con las organizaciones financiadas por la CIA como la Patria y Libertad, que más tarde se convirtió en la temida policía secreta chilena. «En 1971, la CIA comenzó a desembolsar millones al Instituto Chileno de Estudios Generales (IGS), un think-tank del Opus Dei, para la planificación de la revolución. «Muchos miembros de la IGS formaron parte del gobierno tras el golpe de Estado. Hernán Cubillos se convirtió en el ministro de Relaciones Exteriores. Fue el fundador de Que Pasa, una revista del OpuS Dei, y editor de El Mercurio, el periódico más grande de Santiago que fue subvencionado por la CIA.

Williams muestra que el Vaticano estaba plenamente involucrado en la Operación Cóndor. El Papa estaba completamente detrás de la purga de los clérigos de izquierda; los líderes de la junta militar eran católicos devotos. El Vaticano no abandonó al general Pinochet, incluso cuando fue arrestado en Gran Bretaña por el asesinato de miles de chilenos. El Secretario de Estado del Vaticano, el cardenal Angelo Sodano, escribió al gobierno británico en nombre del Papa para exigir su liberación. Bajo Pinochet, cientos de miles los chilenos desaparecieron mientras que más de cuatro mil habían muerto. Más de cincuenta mil chilenos fueron torturados en el nombre del dios católico. La guerra sucia de la CIA se perpetuó en muchos países de América Latina con la ayuda y bendición del Vaticano.

Williams cita a Sibel Edmonds denunciante del FBI quien dijo:

«Entre 1996 y 2002, nosotros, los Estados Unidos, planificamos, financiamos y ayudamos a ejecutar cada incidente terrorista importante por rebeldes chechenos (y los muyahidines) contra Rusia. Entre 1996 y 20002, nosotros, los Estados Unidos, planificamos, financiamos y ayudamos a ejecutar cada levantamiento individual y régimen de terror en Xinjiang (también conocido como Turkestán Oriental y Uyhurstan). Entre 1996 y 2002, nosotros, los Estados Unidos, planificamos y llevamos a cabo al menos dos planes de asesinato contra funcionarios pro-rusos en Azerbaiyán«.

Operación Gladio es un libro muy bien documentado con unas 1.100 notas finales y notas al pie. Este trabajo es muy ricao en detalles. Es un logro académico e intelectual estimable que no tiene rival. Su trabajo académico llena una laguna importante en el estudio de la política exterior de Estados Unidos.

La estrategia del ‘tomahawk’

En Estados Unidos llaman “estrategia del tomahawk” a lo que ha llevado a cabo Trump en Siria: bombardear un país soberano sin declarar la guerra, sin consultar al Congreso, sin el apoyo de sus aliados, incluso de los más incondicionales, y sin la autorización de la ONU, lo que en otros países llaman hacer las cosas “por cojones”, eso que tanto espanta los juristas y amantes de la ley, el orden y el Estado de Desecho.

Además de un misil moderno, el “tomahawk” es una especie de hacha (el hacha de guerra) que utilizaban las tribus autóctonas de norteamérica de las que procede Nikki Haley, la embajadora de Estados Unidos en la ONU. En el lenguaje del siglo XIX, habría que decir que la manera de proceder de Estados Unidos en Siria es una “salvajada”, impropia de personas civilizadas. Los estadounidenses son unos “bárbaros”.

Los que nos lamentábamos de que Trump carecía de estrategia, o que la había cambiado, no salimos de nuestro estupor: Trump tiene una estrategia, que es la del “tomahawk”, dice un diplomático europeo para lamentarse de que Trump no cuenta con sus amiguetes del otro lado del Atlántico.

Es más, de lo que el diplomático se queja exactamente es de que Trump hubiera advertido previamente del ataque a los rusos y no a ellos, a los europeos.

Los diplomáticos, en general, lo mismo que los periodistas, se engañan a sí mismos y no se enteran muy bien de la verdadera situación del mundo. No será porque Trump no se lo ha advertido a sus “aliados” europeos, al menos a quien debía hacerlo, que es Angela Merkel. Por eso los editoriales de la prensa alemana tienen poco que ver con el cúmulos de imbecilidades de otras, como la francesa y, naturalmente, la española.

En Alemania la prensa ya reserva sus mejores columnas para la guerra, el rearme, la industria del guerra y la militarización de la sociedad. Hacen tiempo que abandonaron los eufemismos. Al Der Spiegel ya no le basta con exigir el apoyo militar a los amigos terroristas que operan en Siria sobre el terreno. Lo que propone es lanzar un ultimátum a Bashar Al-Assad seguido de un bombardeo masivo si no atienda las exigencias que se le impongan.

Una de esas exigencias son las zonas de exclusión aérea que tanto beneficio reportaron al imperialismo durante las agresiones contra los Balcanes y Libia. La prensa alemana habla de ellas y dice que se pueden hacer digerir con la misma excusa que en Libia: para proteger a los refugiados de los bombardeos con armas químicas, etc.

Es la propuesta para la Unión Europea del redactor jefe del Süddeutsche Zeitung, Kurt Kister: sentar a Rusia ante una mesa de negociaciones para admita las zonas de exclusión aérea, la concentración de los refugiados en ellas y los convoyes de “ayuda humanitaria” a través de los cuales se volvería a rearmar y reorganizar a los terroristas sirios.

Con Corea del norte habría que proceder de la misma manera, asegura Die Welt: ya basta de amenazas y demostraciones de fuerza; hay que bombardear el país sin piedad. Cuando el periódico alemán se queja de Trump porque no tiene estrategia, aclara bastante las cosas al añadir que se refiere a la “estrategia militar” porque ya todo se resuelve en el terreno de la guerra o de la amenaza de guerra.

Los plumíferos del imperialismo se declaran absolutamente conscientes de las consecuencias de una guerra en el mundo actual y saben que cuando hablan de atacar a Siria o a Corea del norte de lo que están hablando es de un choque frontal con Rusia o al menos, como dice Die Welt, de una “escalada”.

Así que, además de los eufemismos, el panorama de despeja también de intermediarios. El lenguaje empieza a cambiar. Ya nadie habla de aquella fantasmal “coalición internacional”, sino de Estados Unidos. Nadie alude a los “rebeldes moderados”, al Califato Islámico, o a Al-Qaeda.

Por ejemplo, el planteamiento del Der Spiegel parte de considerar que una zona de exclusión aérea no se puede imponer con bombardeos sino que exige llevar muchas tropas sobre el terreno (“una masiva operación militar y logística”), lo cual es imposible sin chocar con los rusos, que ya están allá.

Todos los planteamientos que los imperialistas son capaces de poner sobre la mesa conducen, pues, tropiezan con Rusia y, como dice Der Spiegel, a la Tercera Guerra Mundial. No tienen más que una única posibilidad: que Rusia ceda al chantaje que le quieren imponer.

En Alemania no cuentan con ello, por lo que otro buen número de reportajes abundan sobre el rearme del ejército, el incremento de los presupuestos militares y, como dice el Frankfurter Allgemeine Zeitung, el retorno al servicio militar obligatorio “tanto para hombres como para mujeres”.

“En Berlín ya se habla de la bomba D”, dice el semanario económico Handelsblatt, donde la D significa “Deutschland”. En la próxima guerra Alemania tendrá una bomba atómica en su arsenal.

El mundo está de nuevo al borde de una guerra imperialista

Thierry Meyssan

En dos semanas de intensa lucha en el seno de la administración Trump, Estados Unidos atacó ilegalmente la base aérea de Shayrat, en Siria, y multiplicó posteriormente las señales contradictorias antes de mostrar sus cartas. En definitiva, Washington vuelve a su política imperialista.

En menos de 2 semanas, la administración Trump defendió 7 posiciones diferentes sobre la República Árabe Siria.

Estados Unidos realizó otro importante cambio de posición el 12 de abril de 2017.

Al mismo tiempo, el secretario de Estado Rex Tillerson viajaba a Moscú para intentar un último acercamiento pacífico mientras que el Consejo de Seguridad de la ONU se reunía en Nueva York y tomaba nota del enfrentamiento y el presidente Trump volvía a lanzar la OTAN contra Rusia.

El consejero especial del presidente Trump, Steve Bannon, y su adjunto, Sebastian Gorka se preparaban para correr la misma suerte que el general Michael Flynn mientras que la prensa que anteriormente defendió a Trump hacía un balance de las actividades de los tres. Según los rumores, Jared Kushner, el yerno del presidente, es el único que goza ahora de verdadera influencia sobre Donald Trump, información que por el momento no es verificable.

Parece que la Casa Blanca ha modificado su posición bajo la influencia de los británicos, empeñados en preservar a toda costa el sistema yihadista que ellos mismos crearon. El ministro británico de Exteriores Boris Johnson se apoyó en los dirigentes europeos que se habían dejado convencer por los neoconservadores durante la Conferencia de Munich, el 19 de febrero.

Para justificar la agresión contra un Estado soberano miembro de la ONU, Rex Tillerson pudo referirse solamente a una síntesis de los servicios de “inteligencia” estadounidenses sobre el incidente químico de Jan Sheijun. Pero esa síntesis no presenta ningún indicio que permita sospechar de Siria sino que se limita a mencionar la existencia de información clasificada para terminar con una exhortación a derrocar el “régimen”.

El carácter irreversible de ese brusco cambio de actitud se hace patente en el proyecto de resolución que presentó la OTAN al Consejo de Seguridad de la ONU, que se ganó un nuevo veto ruso. Presentado en Occidente como un simple pedido de investigación neutral sobre el incidente químico de Jan Sheijun, ese proyecto de resolución en realidad estipulaba que la fuerza aérea de Siria tendría que ponerse bajo control del número 2 de la jerarquía onusiana, el estadounidense Jeffrey Feltman. Este ex adjunto de Hillary Clinton es el autor de un plan de capitulación total e incondicional de Siria.

El texto del proyecto de resolución presentado el 12 de abril retoma el contenido del borrador presentado el 6 de abril, sin que Estados Unidos llegasen a someterlo a votación en aquel momento. Ese texto no tiene en cuenta el intento de mediación de los miembros no permanentes del Consejo de Seguridad, que trataron de volver a un pedido normal de investigación por parte de la ONU.

El intento tendiente a poner la fuerza aérea de la República Árabe Siria bajo control de la ONU reedita la táctica aplicada contra Serbia hace 19 años, en 1998, hasta el momento de la intervención ilegal de la OTAN.

El presidente Donald Trump culminó su cambio de postura al recibir en la Casa Blanca al secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg. En una conferencia de prensa conjunta, Trump dijo que ya no cree que la alianza atlántica sea obsoleta, agradeció su respaldo contra Siria y dijo que se dispone a trabajar en estrecha coordinación con sus aliados.

En respuesta, Rusia anunció que acaba de actualizar el 60% de su fuerza nuclear y que está lista para la guerra.

Nos hallamos así de vuelta en el mismo punto de hace 6 meses, cuando los Estados Unidos de Barack Obama se negaban a trabajar con China, Rusia y sus aliados –la Organización de Cooperación de Shanghai y la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC). Washington se disponía entonces a dividir el mundo en dos partes completamente separadas, que ya no tendrían contacto alguno entre sí.

http://www.voltairenet.org/article195982.html

El verdadero objetivo del imperialismo para invadir Panamá en 1989

Hace 27 años más de 20.000 soldados estadounidenses con artillería pesada de última generación invadieron por tierra y mar a Panamá, lo que derivó en la caída del general Manuel Noriega.

Revelaciones de un documento secreto de Estados Unidos confirman que el verdadero objetivo de su invasión militar a Panamá en 1989, era abolir los tratados del Canal y para ello capturaron y derrocaron a Manuel Noriega.

El escritor panameño Julio Yao publicó el 5 de abril en el diario “La Estrella” documentos que confirman cuál era el verdadero objetivo de la invasión militar estadounidense.

“Nuestro objetivo es desestabilizar el país sin arriesgar nuestra presencia e influencia allí, y al mismo tiempo tener una base legítima para derogar los Tratados Torrijos-Carter”, dice el texto del Memorándum Secreto-Sensitivo del Consejo de Seguridad Nacional, del 8 de abril de 1986.

El gobierno de George Bush padre ejecutó la llamada “Operación Causa Justa” de 1989 en la que utilizó 26.000 soldados. El ataque fue durante la noche y la ocupación en las calles y ministerios se extendió durante dos años.

Julio Yao explicó a la agencia Prensa Latina que había recibido este y otros documentos en 1989, y los guardó con el fin de presentarlos junto a una demanda ante la Corte Internacional de La Haya. Lo mismo hizo con una entrevista vía correo realizada al general Noriega en 1993.

El también ex asesor de política exterior probó que además de mantener el control sobre el Canal Interoceánico, Estados Unidos perseguía el objetivo de alejar a Japón de la posibilidad de trabajar en la ampliación del mismo, lo que negociaba el gobierno del general Omar Torrijos y lo continuó Noriega.

Noriega dijo en esa entrevista de 1993 que Japón hizo compromisos para los estudios del futuro Canal, buscando opciones convenientes, lo que se inició con la visita del presidente de la Cámara de Comercio japonesa, Shigeo Nagano.

El entonces jefe de las Fuerzas de Defensa de Panamá aseguró que Estados Unidos hizo presiones para eliminar esos contactos, lo cual calificó de chantaje a los nipones, a partir de los compromisos asumidos por estos en la post guerra.

Hasta el momento no se conocen reacciones estadounidenses que confirmen o nieguen la autenticidad del Memorándum.

El historiador panameño, César del Basto, explicó que en el contexto actual el tema parece no interesar a Estados Unidos. “A nosotros si, pues tenemos la deuda de seguir construyendo una memoria histórica basada en el pasado-presente y no en el pasado-pasado como quieren ellos”.

La invasión de Panamá el 20 de diciembre de 1989 es conocida como la “Operación Causa Justa” y considerada como un acto terrorista.

Estados Unidos ha intervenido siete veces a Panamá desde 1856 hasta 1989. En el país centroamericano no se tienen claras las cifras de muertos causados por la Operación Causa Justa. Según la Asociación de Familiares de los Caídos del 20 de diciembre de 1989 murieron más de 4.000 personas.

La posición de China sobre el bombardeo de Estados Unidos contra Siria

El posicionamiento de los distintos países del mundo a favor o en contra del bombardeo de Estados Unidos contra Siria ha sido el esperado. El llamamiento de China a la “calma” también lo ha sido. Pero, ¿qué significa la calma en medio de la guerra? Se puede interpretar de muchas maneras distintas. Incluso se puede malinterpretar, sobre todo teniendo en cuenta que en Florida se celebraba una reunión al más alto nivel entre Xi Jinping y Trump.

La prensa rusa dice que al no condenar el bombardeo, Pekín ha abandonado a su aliado moscovita. El diario ruso Nezavisimaya Gazeta publica un análisis que expresa el estado de ánimo en ciertos sectores políticos de Rusia. Se hacen eco de rumores surgidos en la prensa de Estados Unidos según los cuales Jinping considera que el bombardeo vengó el ataque químico previo.

Eso es absurdo. El Presidente chino sabe mejor que cualquiera de nosotros que el gobierno sirio no tiene absolutamente nada que ver con el ataque químico, pero ningún otro país como China fundamenta sus buenas o malas relaciones con los demás países sobre criterios pragmáticos. A China lo que realmente le interesaba era la cumbre de Florida y no lo que ocurriera en Siria.

Cuando China llama a la “calma” no habla de Siria sino de Estados Unidos. Es lo que pone de manifiesto la prensa china, donde la situación en Siria ha quedado en un segundo plano frente a un posible deterioro de las relaciones de China con Estados Unidos tras la llegada de Trump a la Casa Blanca y han quedado entusiasmados cuando los gringos les han dado carta blanca para sacar adelante su “ruta de la seda”.

Eso pone de manifiesto otra de las diferencias entre ambos países: mientras China tiene una estrategia a largo plazo, Estados Unidos planifica de hoy para mañana.

Según el New York Times, tanto China como Estados Unidos han llegado a un principio de acuerdo sobre lo que consideran como una escalada de la tensión en el Mar Amarillo, del que responsabilizan a Corea del norte, una piedra en el par de zapatos de las buenas relaciones que quiere mantener China con Estados Unidos.

A nuestro modo de ver eso hay que interpretarlo de la siguiente manera: a cambio de lo anterior (la ruta de la seda) China deja las manos libres a Estados Unidos para que pueda tensar la cuerda con Corea del norte. Sólo queda saber hasta qué punto, es decir, si los chinos han autorizado a Estados Unidos a atacar al gobierno de Pyongyang, sin verse comprometidos por ello, ni obligados a defender a Corea como en 1950.

La agencia china Xinhua asegura que también ha habido acuerdo sobre un tercer aspecto de las relaciones entre ambas potencias: la competencia comercial. Se han dado un plazo de 100 días para equilibrar la balanza de pagos relanzando las exportaciones de Estados Unidos hacia China, uno de los propósitos electorales de Trump, típico de la cortedad de miras de los imperialistas de Washington.

Pero hay un aspecto sobre el que Nezavisimaya Gazeta llama la atención y no debe pasar desapercibido: China está muy lejos de la unanimidad del planteamiento de sus relaciones con Estados Unidos. El decano de la Facultad de Relaciones Internacionales de Pekín ha puesto de manifiesto la gravedad del ataque de la Marina de Guerra contra Siria, frente a la cual el gobierno de China debe intentar estrechar aún más sus relaciones con Moscú.

Al mismo tiempo, pone de manifiesto que Trump se ha concentrado en la situación en el norte del Pacífico para asegurar la posición de Corea del sur y Japón, abandonando a los países ribereños del Mar de China Meridional, cuyo mejor ejemplo es Filipinas.

Es otra de las características del declive de la hegemonía de Estados Unidos: a pesar de concentrar sus energías en el Pacífico, no es capaz de defender al mismo tiempo sus posiciones en el norte y en el sur. Cuando aprieta arriba, afloja por debajo.

Con Trump Estados Unidos ha perdido el rumbo por completo

Spencer Ackerman
Hasta el 30 de marzo de 2017 el gobierno de Trump consideraba que al presidente Bashar Al-Assad le eligieron sus conciudadanos y que por tanto se hallaba en el poder de forma legítima. El 30 de marzo de 2017, la embajadora de Estados Unidos ante la ONU, Nikki Haley, incluso confirmaba que el derrocamiento del presidente sirio no era una prioridad para el actual gobierno de Estados Unidos.

El 5 y el 6 de abril de 2017, después del ataque químico de Jan Sheijun, Trump y su secretario de Estado Rex Tillerson consideraban que Damasco era responsable del ataque, que había cruzado “la línea roja” y que Bashar Al-Assad tenía que irse. Con esas declaraciones volvían a la posición de los neoconservadores, más exactamente a la posición de la ex secretaria de Estado Hillary Clinton.

Entre el 6 y el 10 abril de 2017 al consejero de seguridad nacional, H.R. McMaster, y el secretario de Defensa, James Mattis, a Estados Unidos no les interesa saber si el presidente Assad tiene que irse o quedarse sino cómo impedir el uso de armas químicas en Siria y en cualquier otro país.

El 9 de abril de 2017 en diferentes entrevistas el secretario de Estado, Rex Tillerson, vuelve a su posición anterior. Para Tillerson, la prioridad es acabar con el Califato Islámico. El destino del presidente Assad se estudiaría, con Rusia, sólo después de la liquidación del Califato Islámico. El consejero de seguridad nacional H.R. McMaster confirmó ese punto de vista.

Por su parte, Nikki Haley declaraba que Estados Unidos tiene múltiples prioridades en Siria y que no puede restablecerse la paz con el presidente Assad en el poder.

El 10 de abril de 2017 el portavoz de la Casa Blanca, Sean Spicer, indicó que se decidió bombardear una base aérea siria tanto por el ataque químico de Jan Sheijun como porque Damasco utiliza bombas artesanales. Pero el secretario de Defensa James Mattis publica un comunicado que relaciona explícitamente –y también exclusivamente– el bombardeo estadounidense contra la base siria de Shairat con el ataque químico de Jan Sheijun.

El 11 de abril de 2017, después de una reunión con los ministros de Relaciones Exteriores de los países miembros del G7, el secretario de Estado, Rex Tillerson, afirma que Rusia tiene que decidir de qué lado está: con Washington o con Damasco. Pero ya no se habla de cómo actuaría la administración Trump en caso de desacuerdo con el gobierno de Putin.

Cuando la prensa interpreta lo sucedido como un cambio de 180 grados de la posición de Donald Trump, el consejero adjunto del presidente estadounidense, Sebastian Gorka, entra en contacto con varios sitios web que después de haber hecho campaña a favor de Trump denuncian lo que consideran una traición del presidente… y los tranquiliza diciéndoles que, a pesar de las apariencias, el presidente Trump no ha cambiado de posición.

What’s Trump’s plan for Syria? Five different policies in two weeks, The Guardian, 11 de abril de 2017

La CIA estudia a los teóricos franceses: cómo desmantelar a la izquierda cultural

Michel Foucault
Gabriel Rockhill

Se suele asumir que los intelectuales tienen poco o ningún poder político. Subidos en su privilegiada torre de marfil, desconectados del mundo real, enredados en debates académicos sin sentido sobre minucias, o flotando en las nubes abstrusas de la teoría de altos vuelos, se suele retratar a los intelectuales como separados de la realidad política e incapaces de tener cualquier impacto significativo sobre ella. Pero la Agencia Central de Inteligencia (CIA) piensa de otra forma.

De hecho, el organismo responsable de planificar golpes de Estado, cometer asesinatos y manipular clandestinamente a gobiernos extranjeros no solo cree en el poder de la teoría, sino que asignó importantes recursos para mantener un grupo de agentes secretos dedicados a estudiar a fondo lo que algunos consideran la teoría más recóndita e intricada jamás producida. Un documento de investigación escrito en 1985 y que recientemente ha sido desclasificado y publicado con ligeras adaptaciones, haciendo uso de la Ley de Libertad de Expresión, revela que la CIA dispuso de agentes dedicados a estudiar las complejas e influyentes teorías asociadas a los autores franceses Michel Foucault, Jacques Lacan y Roland Barthes.

La imagen de unos espías estadounidenses reuniéndose con asiduidad en cafés parisinos para estudiar y comparar notas sobre los popes de la intelectualidad francesa puede chocar a quienes asumen que este grupo de intelectuales eran lumbreras cuya sobrenatural sofisticación no podría caer en una trampa tan vulgar, o que, por el contrario, no eran sino charlatanes de retórica incomprensible con poco o ningún impacto en el mundo real. Sin embargo, no sorprenderá a quienes están familiarizados con la prolongada y continua utilización de recursos de la CIA en la guerra cultural global, incluyendo el respaldo a sus formas más vanguardistas, lo que ha quedado bien documentado gracias a investigadores como Frances Stonor Saunders, Giles Scott-Smith y Hugh Wilford (yo he realizado mi propia contribución con el libro “Radical History & the Politics os Art”).

Thomas W. Braden, antiguo supervisor de las actividades culturales de la CIA, explicaba el poder de la guerra cultural de la agencia en un relato sincero y bien informado publicado en 1967: “Recuerdo el inmenso placer que sentí cuando la Orquesta Sinfónica de Boston [que contaba con el respaldo de la CIA] ganó más elogios para EE.UU. en París de los que pudieran haber ganado John Foster Dulles o Dwight D. Eisenhower con cien discursos”. No se trataba, de ninguna manera, de una operación liminal o sin importancia. De hecho, como sostenía acertadamente Wilford, el Congreso para la Libertad Cultural con sede en París, que posteriormente resultó ser una organización tapadera de la CIA en tiempos de la Guerra Fría, fue uno de los principales patrocinadores de la historia mundial y prestó apoyo a una increíble gama de actividades artísticas e intelectuales. Contaba con oficinas en 35 países, publicó docenas de prestigiosas revistas, participaba en la industria editorial, organizó conferencias y exposiciones artísticas de alto nivel, coordinaba actuaciones y conciertos y proporcionó generosa financiación a diversos premios y becas culturales, así como a organizaciones encubiertas como la Fundación Farfield.

Jacques Derrida
La agencia de inteligencia consideraba que la cultura y la creación teórica eran armas cruciales del arsenal global dirigido a perpetuar los intereses estadounidenses en todo el mundo. El documento de investigación de 1985 recién publicado, titulado “Francia: la deserción de los intelectuales de izquierda”, examina –indudablemente con el fin de manipularla– a la intelectualidad francesa y el papel fundamental que desempeñaba en la configuración de las tendencias que generan la línea política. El informe, a la vez que sugería que en la historia de la intelectualidad francesa existía un equilibrio ideológico relativo entre la izquierda y la derecha, destaca el monopolio de la izquierda en la era inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial –al que, como sabemos, se oponía de modo furibundo la CIA– a causa del papel fundamental que jugaron los comunistas en la resistencia al fascismo y que, en último término, permitió ganar la guerra. Aunque la derecha estaba enormemente desacreditada a causa de su contribución directa a los campos de exterminio nazis, así como su agenda xenófoba, anti-igualitaria y fascista (según las propias palabras de la CIA), los agentes secretos anónimos que escribieron el borrador del informe resumen con palpable regocijo el retorno de la derecha a partir de los inicios de la década de los setenta.

Más concretamente, los guerreros culturales clandestinos aplauden lo que consideran un movimiento doble que contribuyó a que los intelectuales apartaran a Estados Unidos del centro de sus críticas y las dirigieran a la Unión Soviética. Por parte de la izquierda se produjo una desafección gradual hacia el estalinismo y el marxismo, una progresiva retirada de los intelectuales radicales del debate público y un alejamiento teórico del socialismo y del partido socialista. Más hacia la derecha, los oportunistas ideológicos a los que se denominaba Nuevos Filósofos y los intelectuales de la Nueva Derecha lanzaron una campaña mediática descarada de difamación contra el marxismo.

Mientras otros tentáculos de la organización de espionaje de alcance mundial se dedicaban a derribar gobiernos elegidos democráticamente, a proporcionar servicios de inteligencia y financiación a dictadores fascistas y a apoyar escuadrones de la muerte de extrema derecha, el escuadrón parisino de la CIA recogía información sobre el giro hacia la derecha que estaba teniendo lugar en el mundo y que beneficiaba directamente a la política exterior de EE.UU. Los intelectuales simpatizantes de la izquierda de la posguerra fueron abiertamente críticos con el imperialismo estadounidense. La influencia en los medios de comunicación que ejercía la crítica marxista sin pelos en la lengua de Jean Paul Sartre y su notable papel –como fundador de Libération– a la hora de revelar la identidad del responsable de la CIA en París y de docenas de agentes encubiertos fue seguida de cerca por la Agencia y considerada un grave problema.

Por el contrario, el ambiente antisoviético y antimarxista de la emergente era neoliberal sirvió para desviar el escrutinio público y proporcionó una excelente excusa para las guerras sucias de la CIA, al “dificultar en extremo cualquier oposición significativa de las élites intelectuales a las políticas estadounidenses en América Central, por ejemplo” […]

Este es el contexto en el que los mandarines enmascarados elogian y apoyan la incesante crítica que una nueva generación de pensadores antimarxistas como Bernard-Henri Levy, André Glucksmann y Jean-François Revel desencadena contra “la última camarilla de eruditos comunistas” (compuesta, según los agentes anónimos, por Sartre, Barthes, Lacan y Louis Althuser). Dada la inclinación izquierdista de aquellos antimarxistas en su juventud, constituyen el modelo perfecto para construir las narrativas falaces que fusionan una pretendida evolución política personal con el avance continuo del tiempo, como si la vida individual y la historia fueran simplemente una cuestión de “evolución” y de reconocer que la transformación social igualitaria es algo del el pasado, personal e histórico […]

Es en este contexto donde debemos situar la afición de la agencia de inteligencia por las narrativas de conversión y su profundo aprecio por los “marxistas reformados”, un leitmotiv transversal al informe de investigación sobre los teóricos franceses. “A la hora de socavar el marxismo –escriben los agentes infiltrados– son aún más eficaces aquellos intelectuales convencidos, dispuestos a aplicar la teoría marxista en las ciencias sociales, pero que acaban por rechazar toda la tradición marxista”. Citan en particular la enorme contribución realizada por la Escuela de los Annales, de historiografía y estructuralismo –especialmente Claude Lévi-Strauss y Foucault– a la “demolición crítica de la influencia marxista en las ciencias sociales”. Foucault, a quien se refieren como “el pensador francés más profundo e influyente”, es especialmente aplaudido por su elogio de los intelectuales de la Nueva Derecha, cuando recuerda a los filósofos que “la teoría social racionalista de la Ilustración y la era Revolucionaria del siglo XVIII ha tenido consecuencias sangrientas”. Aunque sería un error echar por tierra las políticas o los efectos políticos de cualquiera basándose en una sola posición o resultado, el izquierdismo antirrevolucionario de Foucault y su perpetuación del chantaje del Gulag –es decir, la afirmación de que los movimientos expansivos radicales que pretenden una profunda transformación social y cultural solo resucitan la más peligrosa de las tradiciones– están perfectamente en línea con las estrategias generales de guerra psicológica de la agencia de espionaje […]

La obra de figuras como Foucault, Derrida y otros teóricos franceses de vanguardia suele asociarse intuitivamente a una crítica profunda y sofisticada que presumiblemente va más allá de cualquier relación con el socialismo, el marxismo o las tradiciones anarquistas. No cabe duda y es preciso resaltar que el modo en que el mundo anglófono acogió la obra de los teóricos franceses, como acertadamente ha señalado John McCumber, tuvo importantes implicaciones políticas como polo de resistencia a la falsa neutralidad política, las tecnicidades cautelosas de la lógica y el lenguaje, o al conformismo ideológico puro activo en las tradiciones de la filosofía anglo-americana apoyada por [el senador] McCarthy. No obstante, las prácticas teóricas de aquellas figuras que dieron la espalda a lo que Cornelius Castoriadis denominó la tradición de la crítica radical –la resistencia anticapitalista y antiimperialista– ciertamente contribuyeron al alejamiento ideológico de la política transformadora. Según la propia agencia de espionaje, los teóricos posmarxistas franceses contribuyeron directamente al programa cultural de la CIA destinado a persuadir a la izquierda de inclinarse hacia la derecha, al tiempo que desacreditaban el antiimperialismo y el anticapitalismo, creando así un entorno intelectual en el cual sus proyectos imperialistas pudieran medrar sin ser estorbados por un escrutinio crítico serio por parte de la intelectualidad.

Como sabemos gracias a las investigaciones realizadas sobre los programas de guerra psicológica de la CIA, la organización no solo ha vigilado e intentado coaccionar a los individuos, sino que siempre ha intentado comprender y transformar las instituciones de producción y distribución cultural. De hecho, su estudio sobre los teóricos franceses señala el papel estructural que desempeñan las universidades, las editoriales y los medios de comunicación en la formación y consolidación de un ethos político colectivo. En las descripciones que, como el resto del documento, deberían invitarnos a pensar críticamente sobre la actual situación académica del mundo anglófono y otros lugares, los autores del informe destacan cómo la precarización del trabajo académico contribuye al aniquilamiento del izquierdismo radical. Si los izquierdistas convencidos no podemos asegurarnos los medios materiales para desarrollar nuestro trabajo, o si se nos obliga más o menos sutilmente a ser conformistas para conseguir empleo, publicar nuestros escritos o tener un público, las condiciones estructurales que permitan la existencia de una comunidad izquierdista resuelta se ven debilitadas.

André Glucksmann
 Otra de las herramientas utilizadas para conseguir este fin es la profesionalización de la educación superior, que pretende transformar a las personas en eslabones tecnocientíficos integrados en el aparato capitalista, más que en ciudadanos autónomos con herramientas solventes para la crítica social. Los mandarines teóricos de la CIA alaban, por tanto, las iniciativas del gobierno francés por “presionar a los estudiantes para que se decidan por estudios técnicos y empresariales”. También señalan las contribuciones realizadas por las grandes casas editoriales como Grasset, los medios de comunicación de masas y la moda de la cultura americana para lograr una plataforma postsocialista y antigualitaria […]

El informe debería servirnos para recordar convincentemente que si alguien supone que los intelectuales no tienen ningún poder y que nuestras orientaciones políticas carecen de importancia, la organización que se ha convertido en uno de los agentes más poderosos del mundo contemporáneo no lo ve así. La Agencia Central de Inteligencia, como su nombre irónicamente sugiere, cree en el poder de la inteligencia y de la teoría, algo que deberíamos tomarnos muy seriamente. Al presuponer erróneamente que el trabajo intelectual sirve de poco o de nada en el “mundo real”, no solo malinterpretamos las implicaciones prácticas del trabajo teórico, sino que corremos el riesgo de hacer la vista gorda ante proyectos políticos de los que fácilmente podemos convertirnos en embajadores culturales involuntarios. Aunque es verdad que el Estado-nación y el aparato cultural francés proporcionan a los intelectuales una plataforma pública mucho más significativa que muchos otros países, la obsesión de la CIA por cartografiar y manipular la producción teórica y cultural en otros lugares debería servirnos a todos como llamada de atención.

En segundo lugar, en la actualidad los agentes del poder están particularmente interesados en cultivar una intelectualidad cuya visión crítica esté atenuada o destruida por las instituciones que los patrocinan basadas en intereses empresariales y tecnocientíficos, que equipare las políticas de izquierda-derecha con lo “anticientífico”, que relacione la ciencia con una pretendida –pero falsa– neutralidad política, que promueva los medios de comunicación que saturan las ondas hertzianas con cháchara conformista, aísle a los izquierdistas convencidos de las principales instituciones académicas y de los focos mediáticos y desacredite cualquier llamamiento al igualitarismo radical y a la transformación ecológica. Idealmente, intentan nutrir una cultura intelectual que, si es de izquierdas, esté neutralizada, inmovilizada, apática y se muestre satisfecha con apretones de manos derrotistas o con la crítica pasiva a la izquierda radical movilizada. Esa es una de las razones por las que podemos considerar a la oposición intelectual al izquierdismo radical, que predomina en el mundo académico estadounidense, una postura política peligrosa: ¿acaso no es cómplice directa de la agenda imperialista de la CIA en todo el mundo?

En tercer lugar, para contrarrestar este ataque institucional a la cultura del izquierdismo resolutivo, resulta imperativo resistir la precarización y profesionalización de la educación. Similar importancia tiene la creación de esferas públicas que posibiliten un debate realmente crítico y proporcionen una amplia plataforma para aquellos que reconocen que otro mundo no solo es posible, sino necesario. También necesitamos unirnos para contribuir a la creación o el mayor desarrollo de medios de comunicación alternativos, diferentes modelos de educación, instituciones alternativas y colectivos radicales […]

http://www.investigaction.net/es/la-cia-estudia-a-los-teoricos-franceses-como-desmantelar-a-la-izquierda-cultural/

OTAN: 68 años de crímenes del imperialismo

El Tratado de la OTAN fue suscrito en 1949 y según su artículo 5 persigue finalidades puramente defensivas y de ayuda mutua en el caso de un ataque contra alguno de los Estados miembro. Pero la historia dice otra cosa muy distinta. La intervención de sus tropas y de las de Estados Unidos en países como Irak, Afganistán, Libia y Yugoslavia ha dejado a su paso muerte, destrucción, miles de desplazados y una verdadera crisis humanitaria.

Millones de víctimas, Estados en caos, destrucción y atropellos a las normas internacionales son el resultado de las acciones militares de la OTAN que en 68 años ha realizado como “operaciones humanitarias” emprendidas en nombre de la “paz y la libertad”.

Todas las agresiones del imperialismo han empezado con mentiras, como el incidente en el golfo de Tonkin, en agosto de 1964, que sirvió de pretexto para una agresión sangrienta contra Vietnam. En 1964 el Pentágono anunció que lanchas norvietnamitas presuntamente habían atacado buques de la Marina estadounidense. Después de 40 años, el gobierno de Estados Unidos desclasificó documentos de archivos militares y se reveló que la campaña contra Vietnam del norte fue descaradamente prefabricada.

Tras el incidente de Tonkín, la Fuerza Aérea de Estados Unidos emprendió una serie de bombardeos devastadores que causaron miles de víctimas entre la población civil.

Yugoslavia

Entre el 24 de marzo y el 10 de junio de 1999, la OTAN emprendió la Operación Fuerza Aliada en la antigua Yugoslavia. Bastaron 78 días para que la alianza militar lanzara un total de 2.300 misiles contra 990 objetivos y 14.000 bombas sobre este territorio.

El resultado: un país desintegrado, más de 2.500 víctimas, 88 niños entre ellos, y 6.000 heridos, tras los intentos de la OTAN por detener un supuesto genocidio étnico.

Destruyeron 300 escuelas y 20 hospitales, mientras que 40.000 viviendas resultaron afectadas.

Afganistán

En 2001 se posicionó la mayor coalición militar de la OTAN con el pretexto de buscar a Osama Bin Laden, a quien consideraron el responsable de los atentados en Estados Unidos el 11 de septiembre del mismo año.

“Operación Libertad Duradera” fue el nombre de la acción militar que se extendió durante 13 años y dejó un saldo de 17.252 civiles asesinados y más de 29.536 heridos.

Como resultado de la guerra imperialista contra el país, se calcula que un 40 por ciento de la población vive con menos de 1,45 dólares al día.

Libia

Tras seis años de la intervención militar de la OTAN en Libia, el país se encuentra devastado y los grupos terroristas se han extendido por su territorio. El caos, los desplazamientos forzosos, la inseguridad y la incertidumbre matizan la vida diaria de la población.

El 19 de marzo de 2011 la OTAN emprendió una agresión militar. Sin dilación, la noche de ese día comenzaron los bombardeos sobre el país.

En apenas siete meses de operación militar, la OTAN efectuó 10.000 ataques con 40.000 bombas y misiles contra los libios. Como resultado, 120.000 libios murieron según cifras de la Cruz Roja Internacional.

Irak

Las tropas estadounidenses y británicas invadieron este país bajo el pretexto de que Irak supuestamente tenía armas de destrucción masiva, es decir, bacteriológicas (ántrax) y lograr la “democratización”.

Esta “democratización” ha costado la vida de un millón de iraquíes. Las armas bacteriológicas, por supuesto, jamás fueron halladas. Sin embargo, la OTAN sí utilizó algunas armas prohibidas como el fósforo blanco.

http://www.annurtv.com/la-otan-68-anos-de-crimenes-en-nombre-de-la-paz/

¿En qué consiste la hegemonía mundial del imperialismo estadounidense?

El experimento es el siguiente: en un folio en blanco hay que escribir los nombres de los actores y actrices de Hollywod que el lector pueda recordar en dos minutos. Una vez terminada la prueba, hay que repetirlo con los actores y actrices rusos. ¿A cuántos recuerda?, ¿ninguno?, ¿nunca ha visto ninguna película rusa?

Es casi seguro que el lector ha visto muchas películas sobre la guerra de Vietnam porque se las han introducido por los ojos, tanto a él como al mundo entero. Pero también es casi seguro que ningua de ellas es vietnamita.

Lo que el mundo sabe sobre la guerra de Vietnam es porque se lo ha contado uno de los bandos: Estados Unidos.

La inmensa mayoría de los países del mundo que tienen que hacer pagos internacionales, deben recurrir al dólar porque carecen de oro para hacerlo. Nadie aceptaría jamás que le pagaran en monedas tales como rupias, liras u otras de las que ni siquiera saben en qué países circulan.

No hay otra moneda en el mundo que circule a la misma escala que el dólar, la moneda que emite Estados Unidos.

A lo largo de su historia, el ejército de Estados Unidos ha invadido y ocupado numerosos países para quitar y poner gobiernos, como en Panamá en 1989, pero ningún ejército del mundo ha invadido a Estados Unidos para cambiar su gobierno.

El bloqueo impuesto por Estados Unidos para doblegar a Cuba es el más largo que ha conocido la historia. Estados Unidos impone embargos y sanciones a Estados y empresas de todo el mundo. Los embargos y sanciones también alcanzan a terceros países que comercian con ellos.

Sin embargo, ningún país, como Cuba, ha bloqueado, sancionado o embargado a Estados Unidos.

En 2001 el impago de la deuda soberana argentina se acabó resolviendo en un juzgado de Nueva York, con leyes estadounidenses, policías estadounidenses y órdenes estadounidenses que se imponen al mundo entero.

¿Alguien conoce que un juzgado de Rosario o de otro lugar del mundo haya intervenido en un pleito contra Estados Unidos?

Para Estados Unidos la Segunda Guerra Mundial nunca se finalizó. La Guerra de Corea tampoco. Desde 1945 ha iniciado 200 guerras que no se han acabado nunca. No conocen el significado de la palabra paz.

El ejército de Estados Unidos es gigantesco. No tiene comparación posible. El presupuesto militar de Estados Unidos es igual a la suma de los presupuestos de los siete Estados que más gastan del mundo en armamento.

El edificio del Pentágono es tentacular para reflejar a un ejército tentacular que tiene ramificaciones en los cinco continentes: Africom para África, Centcom para Oriente Medio y Asia central y un sinfin de siglas parecidas que ponen de manifiesto que los imperialistas tienen bajo amenaza a todo el mundo y que no hay ningún otro ejército con un despliegue internacional parecido.

Desde 1945 Estados Unidos construyó una red de bases militares en torno a la frontera de la URSS, que no ha sido desmantelada, a pesar de que la URSS ya no existe.

Ningún país del mundo ha establecido nunca bases militares junto a las fronteras de Estados Unidos.

Muchas leyes de Estados Unidos están vigentes en el mundo entero. Los tribunales de Estados Unidos también tienen jurisdicción en el mundo entero y aplican sus propias leyes como les da la gana.

Cuba es un Estado americano, pero los imperialistas lograron su expulsión de la Organización de Estados Americanos. Siria es un Estado árabe pero los imperialistras lograron su expulsión de la Liga Árabe. Esas acciones no fueron promovidas por Rusia o por China sino por Estados Unidos.

A Estados Unidos nadie se ha atrevido nunca a expulsarle de ningún organismo; si se va es porque quiere.

Una potencia, como Estados Unidos, es hegemónica porque puede elegir a su enemigo. Es una gran ventaja estratégica y militar que consiste en tener la iniciativa y seleccionar al adversario contra el que quiere luchar en cada momento. Desde 1917 la URSS (y Rusia) ha estado en todas las quinielas y Corea del norte también desde 1950. Durante algún tiempo fueron los países del “Eje del Mal”: Cuba, Libia, Irán…

Esas víctimas propiciatorias no tienen alternativa; no eligen sino que son elegidos. Son como esos corderos que se separan de la manada para llevarlos al matadero.

Sin embargo, por grande que sea la hegemonía de un país, como Estados Unidos, no es omnímoda; siempre habrá otro u otros capaz de disputársela y de contrarrestarla.

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