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Publican un proyecto de guerra económica para hundir a Qatar

Otaiba, embajador emiratí en Washington
Al embajador de Emiratos Árabes Unidos en Washington, Yousef Al-Otaiba, le han vuelto a piratear un documento confidencial con un plan de ataque para hundir la moneda de Qatar. Según The Intercept, se trata de una guerra económica en la que se utilizarán los bonos y derivados para arruinar al país vecino (*).

El proyecto pretende incluso privar a Qatar de organizar la Copa Mundial 2022 de fútbol.

El diseño está preparado por el Banco Havilland, un banco privado con sede en Luxemburgo y propiedad de la familia del financiero británico David Rowland. Los metadatos del documento indican que el creador del plan es Vladimir Bolelyy, un analista del Banco Havilland.

Rowland siempre ha tenido relaciones cercanas con los dirigentes de Emiratos Árabes Unidos, especialmente con el príncipe heredero de Abu Dhabi, Mohammed bin Zayed. Actualmente, su banco intenta crear una nueva institución financiera en cooperación con el fondo soberano de Emiratos Árabes Unidos, Mubadala. Ese proyecto es independiente de la operación de Qatar, pero refleja la estrecha relación entre el banco y Emiratos Árabes Unidos.

Quieren reducir el valor de los bonos de Qatar y aumentar el costo de asegurarlos, con el objetivo final de generar una crisis monetaria que drenaría las reservas de efectivo del país.

Atacar la economía de una nación mediante una manipulación financiera sería una ruptura dramática con las normas tradicionales de la diplomacia e incluso de la guerra.

No obstante, la presión actual sobre la moneda de Qatar como resultado del bloqueo continuo impuesto por Emiratos Árabes Unidos es un sabotaje mucho más efectivo que el plan diseñado por el documento. Por lo demás, su publicación significa que ya no existe la secrecía el secreto que requiere.

El nuevo proyecto llega en medio de una crisis regional que alcanzó nuevas alturas en junio, cuando Emiratos Árabes Unidos y Arabia saudí impusieron un bloqueo y la ruptura de relaciones diplomáticas con Qatar.

El secretario de Estado estadounidense Rex Tillerson criticó recientemente a los países bloqueadores por su intransigencia, pero el presidente Donald Trump adoptó un enfoque opuesto, apoyó a Arabia saudí y Emiratos a expensas de Qatar, que alberga una de las bases militares más grandes del Pentágono en el mundo.

Las divergencias entre ambos se deben al embajador Otaiba, quien había llegado hasta Trump a través de su yerno, Jared Kushner, que es consejero de la Casa Blanca y un hombre cercano a Otaiba.

Tanto Kushner como Trump tienen razones para tomar partido por Otaiba en la disputa. El presidente tiene un campo de golf con su marca Trump en Dubai y presumió en una conferencia de prensa antes de su toma de posesión sobre un acuerdo que le ofreció un multimillonario emiratí especulador de terrenos.

En 2010, Trump viajó a Qatar con su hija Ivanka en un intento de asegurar dos fuentes distintas de fondos de inversión, pero fracasó. Recientemente, Kushner solicitó un rescate de 500 millones de dólares a un dirigente qatarí como parte de un plan para una mala inversión en una torre de oficinas de Nueva York. La realeza de Qatar acordó ayudar a rescatar a Kushner dependiendo de su capacidad para recaudar el resto de los fondos que necesitaban de otras fuentes. El resto de los fondos, sin embargo, fracasaron, y la realeza de Qatar se retiró del acuerdo.

Cuando el acuerdo se vino abajo, Kushner ayudó a orquestar el bloqueo económico de Arabia saudí y Emiratos Árabes Unidos a Qatar, que Trump se atribuyó personalmente durante una cumbre en Riad. Recientemente, el antiguo asesor de la Casa Blanca, Steve Bannon, también admitió que fue Trump quien impulsó el bloqueo. “Incluso con la situación en el Pacífico, con el noroeste de Corea, creo que la situación más importante en el mundo hoy es lo que pasa en Qatar”, dijo Bannon.

Las tensiones regionales se intensificaron durante el fin de semana, cuando el príncipe heredero de Arabia Saudí, Mohammed Bin Salman, un aliado cercano de Emiratos Árabes Unidos, dio un golpe palaciego en Riad.


(*) https://theintercept.com/2017/11/09/uae-qatar-oitaba-rowland-banque-havilland-world-cup/

Una guerra acaba y otra empieza: en Somalia las tropas de Estados Unidos han llevado a cabo 15 ataques

Abdulqadir Mumin, dirigente yihadista somalí
El ejército de Estados Unidos también está presente en Somalia, donde sus tropas han llevado a cabo 15 ataques desde junio, siempre dirigidas -hasta ahora- contra las milicias Shebab, afiliadas a Al-Qaeda.

El viernes llevaron a cabo los dos primeros ataques contra el Califato Islámico, que hasta ahora había disfrutado de protección. Las operaciones se ejecutaron en el noreste del país de manera conjunta con el ejército local y Amisom, las fuerzas militares de la Unión Africana en Somalia.

A media noche local un dron realizó la primera incursión, mientras que después otro atacó a última hora de la mañana. El objetivo fue una base del Califato Islámico en la ciudad de Buqa, al sur de Qandala, ocupada por los yihadistas el año pasado durante un tiempo.

El Califato Islámico está asentado en la provincia montañosa de Qandala. Su máximo dirigente es Abdulqadir Mumin, un disidente de Shebab / Al-Qaeda, y según distintas fuentes, sus fuerzas oscilan entre 70 y 300 milicianos que, según parece, utilizan la base atacada como campo de entrenamiento.

Después de la muerte de cuatro boinas verdes en Níger, en Estados Unidos los congresistas y la prensa se dicen escandalizados por la presencia militar de tropas estadounidenes en África, para lo que el legislativo no ha otorgado la preceptiva autorización, y se preguntan por el número de tropas que, según fuentes, oscilan entre los 2.800 y los 6.500 soldados.

La misión africana en Somalia debería acabar el año que viene, pero en abril el Pentágono reunió a unos 50 jefes militares del Africom en Alemania para incrementar la suya con la excusa de adiestrar al ejército local y asegurar las elecciones previstas para 2021.

Una guerra acaba y otra empieza. Oiremos hablar cada vez más frecuentemente de Africom, el mando del Pentágono en el Continente Negro. El 20 de octubre el senador republicano Lindsey Graham dijo que la guerra está a punto de desplazarse. “Asistiremos a más acciones en África”, añadió.

Somalia sólo cuenta con 400 efectivos faltos a experiencia, de armamento y de unidad, por lo que Trump ha intensificado el despliegue militar en un país que dentro del Cuerno de África desempeña un papel estratégico.

El 4 de mayo un soldado estadounidense murió durante un ataque de 10 comandos en Barii, el primero desde 1993, cuando se produjo el estrepitoso fracaso que relata la película Blak Hawk Down de Ridley Scott.

El 2 de julio tropas estadounideses acompañadas de efectivos locales llevaron a cabo un ataque en profundidad en Kunyo Barrow, una localidad considerada como uno de los feudos de Shebab / Al-Qaeda.

Es harto evidente, pues, que Estados Unidos no está en Somalia sólo para entrenar tropas locales y también es evidente su absoluto fracaso, tras la explosión de dos vehículos bomba en la que murieron más de 300 personas el 14 de octubre.

La creación del Africom y el despliegue militar del Pentágono en África se iniciaron en tiempos de Bush, aunque ningún país africano quiso admitir la sede sobre su suelo. Ese fue uno de los motivos del ataque a Túnez y Libia en 2011 durante la “Primavera Árabe”.

A diferencia de otros continentes, gracias a medio siglo de lucha antimperialista, en África el Pentágono no tiene grandes instalaciones militares, quizá con la excepción de Camp Lemonnier en Djibuti. El plan consiste en tejer una red de pequeñas bases, a las que califican como “expedicionarias”. De ellas ya se conocían 36 emplazamientos, repartidos en 24 países africanos. Ahora son ya 46 de los que 15 no son “expedicionarios” sino permanentes.

La Guerra de Afganistán ha sacado de la jerga militar imperialista las palabras ‘victoria’ y ‘derrota’

Hamid Karzai, expresidente afgano
Juan Manuel Olarieta
El curriculum de Hamid Karzai no deja lugar a dudas. A través suyo Estados Unidos ha estado dirigiendo Afganistán durante 13 años, desde la invasión de 2001 hasta 2014, cuando no pudo optar a un tercer mandato. Es un hombre fabricado en Estados Unidos al modo propio de allá, aunque su origen es pastún, una de las tribus mayores de Afganistán.

Su evolución política está siendo cada vez más significativa, por lo que sus palabras ya no aparecen en los medios de comunicación… excepto en los rusos. Hace poco concedió una entrevista al diario Izvestia y participó en una reunión del Club Valdai que se celebró en Sochi, en la costa rusa del Mar Negro, donde pronunció un interesante discurso, que no ha tenido el eco que merecía (*).

Sus palabras hay que interpretarlas partiendo del error común de todos aquellos que suponen que la invasión militar de Estados Unidos en 2001 tenía por objeto “derrotar” a los talibanes, pero esa terminología ya no tiene sentido porque una “victoria” del Pentágono les obligaría a abandonar al país, cuando de trata de permanecer en él y para ello necesitan alguna excusa.

Sus palabras también son tópicas en cuanto a otra invasión, la de la URSS en 1980, cuando Afaganistán se convirtió en un “punto de caliente” de la Guerra Fría, como dijo Karzai, “porque la URSS trató de introducir el comunismo en Afganistán” y Estados Unidos trató de “utilizar” nuestra resistencia, convirtiendo a la religión en un “arma contra la URSS”. El final de aquella guerra (“conflicto” la llamó) dejó dos perdedores: la URSS y Afganistán.

Hasta aquí todo fueron tópicos de uso común y corriente que no explican lo más obvio: desde 1979 en Afganistán se ha levantado una parte -al menos- de la población a la que los dos ejércitos más poderosos del mundo, el soviético-ruso y el estadounidense, no han sido capaces de “derrotar” después de casi 40 años de guerra. Un acontecimiento de esa magnitud debería ayudar a reflexionar un poco más sobre la cuestión.

Las palabras de Karzai empiezan por otra obviedad: la constatación de que los talibanes jamás reconocieron la ocupación militar de Estados Unidos, ni a Karzai como su virrey, y siguen controlando gran parte del país. Por lo tanto, se han ganado su derecho a ser considerados como una de las fuerzas beligerantes con la que se debe negociar (bien entendido que la negociación es una parte de la guerra misma).

No obstante, al plantear así el asunto, se traslada el centro de gravedad hacia los talibanes, lo cual es erróneo. El problema en Afganistán no son ellos sino Estados Unidos. Diré de paso que siempre fue así, pero esa es otra cuestión.

En 2001 Estados Unidos invadió el país para destruirlo, desatando una guerra a la antigua usanza, con fuerzas propias, algo que ha cambiado recientemente en las últimas estrategias imperialistas que hemos visto por todo el mundo y que se pueden describir con una paradoja: hay que “invadir los países con fuerzas ajenas”. Entre otros motivos porque es mucho más barato, mucho más sencillo y la guerra no se acaba nunca.

En Afganistán esta estrategia ha tenido una nota muy característica: el Pentágono ha utilizado a un ejército creado por ellos, el oficial, contra otro ejército que también crearon ellos, el talibán. Una vez creados los ejércitos y desatada la guerra, Obama dice a los micrófonos que se largan de allá y al comprobar que es mentira, que nunca se fueron, Trump confiesa que no entiende nada del asunto y que tienen que abandonar al país. Otra de sus promesas electorales con el mismo destino que las demás: el cesto de los papeles.

En medio de ese rompecabezas ha estado casi siempre Karzai, al que todos consideré y traté como una marioneta sin vida propia, de manera que cuando escucho que habla por sí mismo me quedo estupefacto. O no era tal marioneta o en algún momento de la historia le ocurrió como a Pinocho: se convirtió en un ser humano.

La sorpresa sube de tono cuando la marioneta (“il burattino”) resulta tan importante que acaba convertida en la protagonista del cuento y, para colmo de males, se vuelve contra Gepeto, su creador, Estados Unidos, y pretende liberarse de él como los ateos se liberan del “dios creador”, el “factotum”, antes de que la obra de creación del mundo haya culminado. Claro que Karzai no reconoce haber cambiado; quien ha cambiado es su hacedor.

“Me opongo firmemente a la nueva estrategia americana para Afganistán porque contradice los intereses nacionales del país”, dice Karzai al Izvestia. “Estoy categóricamente en contra del incremento del papel de las empresas privadas militares en la campaña americana en Afganistán”, añade siempre en términos contundentes.

¿Cómo sacar a las tropas estadounidenses de Afganistán? Algo así sólo puede lograrlo Rusia, convertida en el nuevo “factotum” mundial cuando se trata de sacudirse al Pentágono de encima. “Hoy me he convertido en uno de los principales detractores de la política americana en Afganistán, no porque sea un crítico de occidente, ya que soy un demócrata convencido, tengo una educación occidental y amo su cultura. Pero estoy en contra de su política porque es un fracaso, engendra una cantidad de problemas y el crecimiento del extremismo, del radicalismo y del terrorismo”. Así se explicó Karzai en Sochi, sentado al lado de Putin.

Karzai ya no es el que era. Ha cambiado porque se cree que Estados Unidos ha fracasado en Afganistán y pretende, además, que lo reconozca. “De lo contrario su juego no acabará jamás”, añadió el antiguo presidente afgano. No ha entendido que se trata precisamente de que el juego no acabe nunca. Quizá ese sea el motivo de que no proponga claramente la retirada de las tropas estadounidenses de su país, que sería el único inicio de cualquier solución.

Es otra de las obviedades de esta guerra: quienes se tienen que marchar de Afganistán no son los talibanes sino Estados Unidos. Por eso en Washigton el Departamento de Estado afirma que Putin “flirtea” con los talilbanes, e incluso que les suministra armas, es decir, que los talibanes habrían pasado del brazo a unos (Estados Unidos) al brazo de los otros (Rusia) y lo mismo sucede con Karzai. ¿Todo el mundo se está haciendo pro-ruso o qué está pasando?

Otra de las propuestas de Karzai, el inicio de una negociación multilateral con los Estados vecinos de la región, desde Irán a India, tampoco puede prosperar porque Estados Unidos no se puede poner a la altura de esos países y porque cree que con sus tropas dentro no necesita recurrir a nada más.

Desde luego que también es inaceptable -para Estados Unidos- que de esa negociación forme parte Rusia, como quiere Karzai, y mucho menos la Organización de Cooperación de Shanghai en la que van entrando progresivamente los países de Asia central. Más bien la prolongación de la Guerra de Afganistán es la respuesta de Estados Unidos a dicha Organización y mientras se prolongue la invasión militar, los talibanes no van a ceder ni un ápice, como han repetido por activa y por pasiva.

Hasta ahí, hasta la exigencia de que se vayan las tropas estadounidense, no llega Karzai, cuyo discurso sólo merodea en torno a la guerra. Estados Unidos está en Afganistán en medio del tablero. Es la mejor atalaya imaginable. A su alrededor tiene, entre otros, a Irán, a Rusia y, sobre todo, a China. En Afganistán han puesto la barrera más importante a la nueva Ruta de la Seda. Por las buenas nunca permitirán que los chinos empiecen a explotar las minas afganas.

Este año, por vez primera, Rusia ha empezado a exigir a Estados Unidos que saque a sus tropas de Afganistán. El comisionado especial del gobierno ruso para Afganistán, Zamir Kabulov, así lo ha solicitado oficialmente para evitar que el país siga siendo “el incubador mundial del terrorismo internacional”.

Pero, ¿a quién le interesa acabar con el terrorismo internacional?, o en otros términos: ¿a quién le interesa acabar con la Guerra de Afganistán?

(*) https://vz.ru/politics/2017/10/20/891813.html

El eje estratégico Berlín-Moscú sigue reforzándose a costa de Estados Unidos

Una delegación de altos dirigentes de empresas multinacionales alemanas se ha entrevistado con Putin en Moscú. No es algo poco habitual, pero se está convirtiendo en algo cada vez más frecuente.

Como ya henos expuesto en otras entradas, Alemania bascula hacia Rusia y en su movimiento arrastrará al núcleo fuerte de la Unión Europea o, en otras palabras, se aleja de Estados Unidos.

Esa situación coincide con una presencia militar cada vez más intensa de la OTAN y, por lo tanto, de Estados Unidos en el este de Europa, en países en los que trata de crear un tapón entre Alemania y Rusia. En esa “tierra de nadie” hay guerras en hibernación, como la del Donbas que pueden reavivarse en el momento más inesperado.

En algunos de esos países, como Polonia, Alemania tiene serios problemas que muestran el brazo largo de Washington. El enemigo ya no es sólo Rusia. A medida que esos gobiernos de Europa oriental se acercan a Washington, se alejan de Berlín.

Cuando Alemania trata de apaciguar los ánimos con Rusia, Polonia y sus secuaces avivan las llamas. Ni siquiera necesitan esperar instrucciones desde la Casa Blanca.

La Unión Europea ya tampoco es el refugio que fue para Alemania en otros tiempos. Cada una de las señales que procede de Bruselas es otro quebradero de cabeza, empezando por el Brexit y acabando por los ruinosos Estados del sur.

A la hora de buscar alternativas, a Alemania no sólo le interesa Rusia sino todos esos países emergentes con los que ha logrado mantener magníficas relaciones, sobre todo Irán y, naturalmente, China.

La historia del siglo XX muestra que Alemania siempre ha mirado hacia el este (“Drach nach Osten”), incluso en los tiempos soviéticos, empezando por el Tratado de Brest Litovsk, siguiendo por el de Rapallo y acabando por el Molotov-Von Ribbentrop.

Alemania es un país económicamente fuerte y militarmente débil; a Rusia le ocurre exactamente lo contrario. Salvo materias primas, Rusia no tiene gran cosa que ofrecer a Alemania, pero le puede abrir muchas puertas en todo el mundo.

No se puede perder de vista que si Alemania lograra consolidar una buena relación con Rusia, los países del este no tardarían en caer en su redil.

Mas información:

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Las tropas del Pentágono que operan en África utilizan la base de Morón de la Frontera

El cinco años el número de fuerzas de operaciones especiales del Pentágono en África se ha triplicado. De 450 en 2012 ha pasado a ser de 1.300 efectivos. Después de Oriente Medio, donde hay 5.000 mercenarios, es el segundo despliegue más importante de tropas estadounidenes en el mundo.

El contingente africano opera desde la base militar de Morón de la Frontera, en Sevilla, y se dividen en pequeñas unidades de 12 hombres que dirigen sobre el terreno unidades locales más numerosas, de unas 300 unidades, durante 60 ó 90 días. Oficialmente realizan tareas lamadas TAA (entrenar, asonsejar, asistir), pero en realidad combaten y dirigen combates.

Cada día se despliegan en una veintena de países en los escenarios del Sahel, la franja de territorio al sur del desierto del Sáhara que se extiende desde el Océano Atlantico hasta el Cuerno de África. Su jefe es el general Thomas Waldhauser, que dirige los comandos desde Tampa, Florida: el SOCOM.

Aunque no concretan los países en los que operan, pero se trata especialmente de Chad, Congo, Etiopía, Somalia, Uganda, Surán, Ruanda y Kenia. También se sabe que operan en Níger, donde el 4 de octubre fallecieron cuatro de ellos en una emboscada mortal, cuando el TAA quedó al descubierto: falta el verbo “combatir”.

No fue el primer caso. En mayo murió otro “consejero” en Somalia de un disparo en un ataque dirigido contra los yihadistas locales.

En África Estados Unidos sólo dispone de la base Lemmonier, en Djibuti, insuficiente para albergar a las unidades de élite del ejército de Tierra (“boinas verdes”), de la Marina (Navy Seals), Marines y el Ejército del Aire. Utilizan la de Morón de la Frontera como una prolongación de su logística africana.

A su despliegue se añaden pequeñas instalaciones permanentes en varios países africanos, si los gobiernos respectivos así lo solicitan. En época de crisis capitalista y restricciones presupuestarias, las guerras modernas tienen que ser baratas y es ahí donde los cuerpos de operaciones especiales desempeñan un papel fundamental porque son pocos, utilizan tropas locales y subcontratan el resto.

El jueves el general Jim Mattis, secretario de Defensa, intentó explicar la emboscada de Níger con vaguedades tales como que sus soldados estaban allá para ayudar a los pueblos a defenderse por sí mismos del yihadismo. Estados Unidos apoya la Operación Barjan que lleva a cabo Francia en cinco países de la región del Sahel: Mauritania, Mali, Chad, Níger y Burkina Fasso. No obstante, son las tropas francesas las que entran en combate con los yihadistas. Ellos se limitan al apoyo aéreo y a la obtención de información.

Otra vez, el yihadismo es el gran pretexto y si es necesario llevar tropas a un país que no padece esa lacra, lo primero que hay que hacer es crearla.

Los intereses estratégicos de China en América Latina

La influencia económica en rápido crecimiento de China y la compra frenética de infraestructura en América Latina podrían convertirse fácilmente en activos críticos para usar contra los Estados Unidos en caso de un conflicto militar, según un investigador que estudia la participación de China en la región.

América Latina ha sido cada vez más un foco importante del intento de China de afianzarse en el hemisferio occidental, dijo el Dr. Evan Ellis, profesor de investigación de Estudios Latinoamericanos en el Instituto de Estudios Estratégicos del Colegio de Guerra del Ejército de Estados Unidos.

Tal como se ha observado en el sudeste de Asia y África, China ha estado comprando frenéticamente infraestructura y otros activos estratégicos clave en América Latina en los últimos años, muchos de los cuales fueron adquiridos a través de empresas estatales de China, financiadas con efectivo del régimen chino.

Ellis dice que la expansión de China en América Latina debería servir como una gran advertencia para los responsables de la toma de decisiones de seguridad nacional de Estados Unidos. Una vez considerado “el patio trasero de Estados Unidos”, los países latinoamericanos están engullendo efectivo en China y regalando la propiedad y el control de su infraestructura y activos críticos.

Todo lo que China ha adquirido y buscado adquirir en América Latina podría usarse contra Estados Unidos “en la posibilidad de un conflicto con China”, dijo Ellis. “Si yo fuera un tomador de decisiones del Ejército Popular de Liberación de China, comenzaré a mirar un mapa de América Latina y comenzaré a hacer preguntas sobre lo que podemos hacer”.

Ellis señala que China ha definido sus relaciones con muchos estados que pretende juzgar, de los cuales hay siete en América Latina, como “asociaciones estratégicas”. Este término suena como un misterio para la mayoría de los observadores occidentales, pero en realidad es muy significativo. Argentina, México, Brasil, Venezuela, Ecuador, Chile y Uruguay son los países latinoamericanos en esta lista.

En 2016, mientras Estados Unidos se distraía con sus propias elecciones, China mejoró en silencio a seis de estos siete países (todos excepto Brasil) a la aún más alta categoría de “asociaciones estratégicas integrales”, lo que significa que China ahora ve un grado mucho mayor de importancia estratégica en sus relaciones con estos países.

La Guerra de Siria es consecuencia de la crisis de la hegemonía imperialista en Oriente Medio

Juan Manuel Olarieta
El general del servicio secreto griego Savvas Kalenderides publica un desafortunado artículo en la Red Voltaire (*) sobre los planes turcos para atacar Rojava y el Kurdistán irakí que es bastante característico de una cierta manera de abordar las guerras imperialistas. Se titula “La situación se hará incontrolable si Turquía invade el Kurdistán iraquí” y asegura que dicha operación militar cuenta con el beneplácito del gobierno de Irak.

El planteamiento del griego sobre los orígenes y las causas de la situación bélica en Oriente Medio es erróneo. La “historia de los kurdos” no es el motivo causante de dicha situación; como mucho, es la consecuencia de ello.

En su forma actual, la guerra tampoco se inició hace 27 años cuado Saddam Hussein invadió Kuwait; antes que ella hubo otra guerra de Saddam Hussein contra Irán, que es el punto de gravedad sobre el que basculan los acontecimientos de Oriente Medio desde la revolución de 1979.

Han transcurrido 38 años y tres grandes guerras, llamadas “del Golfo”, entre las cuales la invasión de Kuwait es -precisamente- la menos trascendente. No fue más que una excusa para que el imperialismo intentara acabar con Irak, algo que no ha logrado.

A lo largo de ese tiempo en sus guerras de agresión el imperialismo ha cosechado algo más que fracasos. Los acontecimientos se han vuelto siempre en su contra, lo cual es indicativo de una tendencia general al retroceso y el fortalecimiento de los Estados que pugnan por su liberación nacional.

El golpe de Estado contra Massadegh en 1953 sigue siendo el prototipo de los manejos de los imperialistas para sostener su hegemonía en el mundo, en general, y en Oriente Medio en particular. Desde entonces en Irán el nacionalismo ha radicalizado su oposición a las grandes potencias.

Lo mismo cabe decir de Irak, donde el Pacto de Bagdad fracasó en su intento por convertir a aquel país árabe en el centro de operaciones de los imperialistas en Oriente Medio. Ni siquiera la invasión de 2003 ha logrado llevar a ningún vasallo al frente del gobierno irakí, cada vez más integrado en el Eje de la Resistencia.

No hay nada más absurdo que el intento de Kalenderides de poner a Irán en el mismo plano que Israel. De ninguna manera se puede admitir la equiparación entre un agresor (Israel) y un agredido (Irán).

Irán no intenta crear ningún “corredor” o “creciente chiíta” entre Teherán y Líbano a través de Irak y Siria, como dicen los analistas del imperialismo, entre otras cosas porque el gobierno sirio no es chiíta. El gobierno de Teherán nunca ha necesitado ese corredor para abastecer de armas a Hezbollah. Es una vía de tránsito trazada desde hace muchos miles de años y nunca tuvo tampoco ningún significado religioso sino única y exclusivamente comercial. Forma parte de la Ruta de la Seda y de las vías de acceso al Océano Índico desde Europa occidental, de tal manera que hace cien años el imperialismo trazó las fronteras en Oriente Medio para cerrarlos. La pregunta no es quién trata de abrir un corredor sino por qué lleva cerrado cien años.

Lo mismo cabe decir acerca de esa supuesta “lucha” que Kalenderides inventa de Estados Unidos, Irak y “los kurdos” contra el Califato Islámico. Eso no ha existido nunca.

Se repite el argumento en el campo de batalla de Siria. Ni Estados Unidos ni “los kurdos” luchan contra el Califato Islámico. Los objetivos de unos (Estados Unidos) y otros (“kurdos”) no son los de acabar con alguien, el Califato Islámico, sino todo lo contrario porque, hasta la fecha, dicha organización yihadista ha servido cabalmente a sus propósitos: destruir el Estado sirio.

La Guerra de Siria no estalló, como asegura Kalenderides, para que Washington se opusiera a Moscú sino para destruir al gobierno de Damasco porque era el último intento de mantener su hegemonía en Oriente Medio.

Sólo Washington lleva a cabo dicha guerra a través de fuerzas intermedias, mientras que Moscú lucha por sí y para sí, es decir, por intereses propios que, además, coinciden con los de Siria.

Lo que Kalenderides no dice es que dicha guerra es ilegítima para Washington, pero no para Moscú, y que mientras Washington comenzó la guerra en 2011, desde el principio, Moscú se involucró en la misma sólo cuatro años y medio después.

Moscú, que es el mayor productor y exportador mundial de hidrocarburos, no tiene ningún interés ni territorial, ni energético, ni estratégico en Siria, como pretende Kalenderides. No hay ningún “pastel enérgético” ni económico de ningún tipo para Rusia en Siria porque:

a) no lo necesita
b) porque repetiría los “errores” de Estados Unidos y Gran Bretaña en Oriente Medio
c) porque no lo admitirían ni el gobierno de Siria, ni el de Teherán, entre otros

Moscú ayuda al gobierno sirio en la guerra porque no puede admitir la inestabilidad en su flanco sur y el Cáucaso, donde ya tuvo una guerra en los años noventa contra los mismos que ahora ondean las banderas del yihadismo con otras siglas.

Estados Unidos está en Siria por Oriente Medio, mientras Rusia está por el Cáucaso. En 2011 Estados Unidos inició el ataque y luego Rusia acudió en defensa de Siria. Los motivos por los que Rusia está en la Guerra de Siria no son simétricos a los de Estados Unidos; ni siquiera coinciden en el tiempo.

A pesar de la lejanía, Oriente Medio interesa más  a Estados Unidos que a Rusia. Los intereses son, además, cualitativamente distintos; por eso se apoyan en otras políticas y en otros países.

(*) http://www.voltairenet.org/article198304.html

Corea del Norte exporta obras de arte para obtener divisas

El Consejo de Seguridad de la ONU ha sancionado al Mansudae Art Museum con la excusa de que financia el programa nuclear de Corea del Norte a través de la exportación de arte.

En Corea del Norte hay muchos puntos de venta como el Mansudae Art Studio, el mayor productor de arte de ese país que a lo largo de la frontera con China alberga a algunos de los miles de artistas norcoreanos que atienden a la creciente demanda de trabajo.

En los últimos años, los países han respondido a las pruebas de armas de Corea del Norte con sanciones, mientras el Mansudae y otros estudios han desempeñado un papel cada vez más polémico: ayudar a Pyongyang a recaudar divisas en el extranjero.

Corea del Norte ha sido castigada desde hace tiempo por supuestos tratos secretos en minerales, finanzas y armas, aunque el arte se veía más como un canal para el mutuo acercamiento.

“Los chinos han comenzado a coleccionar arte y el arte norcoreano es mucho más fácil y barato para ellos”, dice Park Young-jeong, investigador del Instituto de Cultura y Turismo de Corea, una organización con sede en Seúl.

Mansudae es un organismo público norcoreano. Su producción abarca desde estatuas de líderes globales hasta carteles de propaganda y bordados. Ha construido monumentos y estatuas en al menos 15 países africanos, según la ONU.

En un informe de febrero, dijeron que una parte de Mansudae llamada Mansudae Overseas Projects era un frente para que el estado norcoreano recibiera dinero de los acuerdos militares. Además de estatuas monumentales, encontraron instalaciones militares construidas, como una fábrica de municiones y bases en Namibia.

Un diplomático de la misión norcoreana en la ONU en Ginebra dijo que Mansudae no tiene nada que ver con la financiación de la fabricación de armas.

El año pasado el Consejo de Seguridad de la ONU prohibió el negocio de las estatuas de Mansudae. El 5 de agosto, después de que Pyongyang realizara más pruebas con misiles, el consejo colocó en la lista negra a Mansudae Art Studio, sometiéndolo a una congelación de activos y prohibición de viajes. Los diplomáticos dicen que esto evitará que Mansudae lleve a cabo negocios.

“Con este listado, cualquier cosa que Mansudae produzca -incluyendo pinturas, otras obras de arte, monumentos, edificios y otras construcciones- no puede ser comprada y debe congelarse por la congelación de activos”, dijo un diplomático del Consejo de Seguridad de la ONU.

En una nueva resolución el 11 de septiembre, el Consejo de Seguridad decidió seguir apretando las clavijas: todas las empresas conjuntas con entidades o individuos de Corea del Norte debían cerrarse dentro de 120 días, o antes de mediados de enero.

En el distrito artístico de Beijing, una galería llamada Mansudae Art Gallery dice que es la galería oficial del estudio en el extranjero. Su jefe insiste en que las sanciones no se aplican a ella y dice que no han tenido ningún impacto en su negocio.

“Ahora más que nunca necesitamos avenidas como el arte para crear entendimiento entre Corea del Norte y el resto del mundo”, dijo Ji Zhengtai.

http://expansion.mx/mundo/2017/10/09/estudio-de-corea-del-norte-vende-arte-a-los-chinos-y-esta-en-la-mira-de-la-onu

El exterminio de los rohingyas muestra las contradicciones del imperialismo en el sudeste asiático

Tras la brutal represión desatada en Myanmar (la antigua Birmania colonial) contra los rohingyas, varios medios internacionales independientes (no las grandes cadenas) han puesto en circulación versiones sesgadas de los acontecimientos, en varias líneas diferentes aunque, en definitiva, todas ellas cargan las tintas contra los oprimidos, lo cual es preocupante.

Otro rasgo común de ese tipo de insinuaciones es la falta de medida, algo también característico en este tipo de análisis. No ponen de manifiesto hechos falsos, sino que tratan de resaltar aspectos secundarios como si fueran los únicos o, al menos, los más importantes.

Esas corrientes establecen similitudes forzadas con la Guerra de Siria. En Asia el imperialismo también está fomentando nuevas “primaveras” al estilo de las de 2011. Del mismo modo, también aparecen las ONG que apoyan a los rohingyas y los fondos que llegan de Riad. El motivo son las buenas relaciones del actual gobierno birmano con China, países vecinos e inmersos en el proyecto de la Ruta de la Seda.

Ese tipo de afirmaciones son ciertas, pero se han expuesto de una manera muy descontextualizada. Myanmar no es Siria, ni Asia es Oriente Medio.

Es cierto que el imperialismo ha creado un grupo armado entre los rohingyas, un Al-Qaeda autóctono en el Estado de Rajin que el 25 de agosto provocó la reacción del ejército y la policía de Myanmar, pero hace ya decádas que los rohingyas están siendo marginados, perseguidos y masacrados, tanto en la etapa anterior de dictadura militar, como en la actual, que es una continuación de su precedecesora.

La situación en Birmania es, pues, otra buena oportunidad para entender los planes actuales del imperialismo y su forma de funcionamiento, incluso frente a Estados reaccionarios, como la actual Myanmar, donde operan las mismas ONG de siempre (Amnistía Internacional, Human Rights Watch), verdaderos caballos de Troya en cada uno de los países en los que operan, siempre financiados por los mismos “filántropos”: Estados Unidos (USAID, NED, IRI, NDI, Freedom House, Soros) y la Unión Europea.

Dichas ONG no trabajan sobre el terreno para ayudar a los represaliados sino para “crear opinión” en las grandes metrópolis, es decir, son los nuevos “corresponsales de guerra” que atraen la atención de los lectores hacia ciertos países, cuyos gobiernos están destinados a convertirse en víctimas de alguna campaña de desestabilización.

A través de dichas campañas, las ONG controlan una realidad que los demás ignoramos. Ellas fijan los hechos y crean los pretextos para convertir en aceptable -e incluso necesaria- cualquier agresión militar.

Algunos medios apuntan, incluso, al hecho de que el término “rohingya” es un invento reciente, que carece de ninguna otra entidad (nacional, étnica, cultural), con excepción de la religiosa, para poner de relieve la artificiosidad de un movimiento, lo cual alcanza a justificar la brutal represión.

Al conducir la atención hacia los rohingyas, se descuida la naturaleza política de Myanmar como Estado clientelar, su evolución, las elecciones del año pasado y la creación de un personaje, como la Premio Nobel Aung San Suu Kyi, pieza a pieza, al estilo del Dalai Lama: una pura mercancía para llenar las primeras planas de los noticiarios.

El imperialismo sujeta los dos extremos del hilo, escribe Tony Cartalucci (*), tanto al fantoche de Aung San Suu Kyi como a sus precedentes gorilas, tanto al gobierno que reprime como a los grupos armados rohingyas, un instrumento de presión para sujetar mejor a los dos anteriores. Los tentáculos de Washigton y de Bruselas han creado los partidos políticos que pueden funcionar legalmente, los periódicos y radios autorizados, conceden becas a los jóvenes para lavarles la cabeza en las universidades occidentales…

Es así como se margina a los gorilas de los aparatos del Estado para sustituirlos por una casta, que si por un lado es dominante, por el otro es clientelar: creada a imagen y semejanza de occidente, pero abocada a la política tercermundista. El fruto más acabado del imperialismo en Myanmar es el nacionalismo budista con el que ganaron las elecciones el pasado año.

Aunque su cabeza visible sea el fantoche de Aung San Suu Kyi, todos y cada uno de los ministros han aplaudido -lo mismo que la Premio Nóbel- las matanzas de los rohingyas. Se trata de los becarios adiestrados por esas universidades occidentales tan “prestigiosas”.

Veamos a uno de ellos: el ministro de Información Pe Myint, que ha sido encargado de redactar los artículos sobre las masacres. Se trata de un médico nacido precisamente en el Estado de Rajin que se benefició de un programa de formación impartido por el Departamento de Estado para periodistas en la Fundación Indochina Media Memorial de Bangkok, de donde pasó en 1998 a la Facultad de Periodismo de la Universidad de Iowa. A partir de entonces comenzó su carrera como “escritor” de novelas y redactor jefe del diario People’s Age Journal.

Si empezamos a tirar de cada uno de esos hilos, empezamos a encontrarnos con los mismos tinglados imperialistas de siempre. La Fundación Indochina Media Memorial aparece mencionada en los cables de WikiLeaks porque está financiada por el Departamento de Estado a través de los intermediarios que conocemos por montajes parecidos e imparte cursos a periodistas del sudeste asiático.

La misma conclusión se obtiene siguiendo el rastro babeante de las ONG que operan sobre el terreno, por lo que la conclusión es obvia: en Myanmar el imperialismo dirige los pasos de los criminales y de quienes los denuncian.

No obstante, para entender un crimen no hay que apoyarse tanto en la denuncia como en los criminales y en sus víctimas. Hay que empezar por el lugar de los “hechos”, el Estado de Rajin, donde ya se produce una primera diferencia respecto a Siria: el imperialismo no trata de destruir un Estado; se trata de un exterminio focalizado en un lugar de terminado.

Entonces es cuando aparece China, que está invirtiendo grandes cantidades en el Estado Rajin, que forma parte de la Ruta de la Seda. Sus fondos están yendo a parar al puerto de Sittwe, al que rodearán de grandes obras de infraestructura, carreteras, ferrocarriles y oleoductos que van de la costa a Kunming, en el interior del territorio chino.

La ola de protestas de las ONG que se inició este verano en Myanmar culmina una campaña anterior contra las obras de infraestructura, incluidos sabotajes, que viene acometiendo China en Rajin, con toda clase de pretextos (unos peores que otros). El gobierno de Pekín ha silenciado la represión contra los rohyngyas porque necesita mantener buenas relaciones con el gobierno de Rangún para un proyecto que es estratégico: disponer de una salida al Océano Índico que le suministre el petróleo procedente del Golfo Pérsico sin necesidad de atravesar el cuelo de botella del Estrecho de Malaca y el Mar de China Meridional, una zona en disputa.

Por su parte, Estados Unidos necesita un buen pretexto para llevar sus tropas a la región que, como muestran los mapas, es la frontera sur de China. Asia es el centro de gravedad de la política exterior del imperialismo estadounidense, cuyo objetivo primorcial es cercar a China con Estados vasallos o por medios propios.

(*) https://landdestroyer.blogspot.be/2017/09/analysis-by-analogy-myanmar-is-not-syria.html

El gobierno español siempre servil ante los poderosos

El embajador Kim Hyok-Chol
Darío Herchhoren

El pasado lunes 18 de septiembre de 2017; el gobierno español dio una nueva muestra de firmeza en sus relaciones internacionales. Ya había mostrado una en la famosa foto del trío de las Azores, cuando la banda de criminales Bush, Blair y Aznar, se confabularon para atacar a Irak porque – decían- que tenía armas de destrucción masiva, que por supuesto nunca aparecieron. Lo que pasó el día 18 de septiembre es la guinda del pastel, ya que ese día el Ministerio de AAEE español notificó al embajador de la República Popular y Democrática de Corea que era considerado persona «non grata» por el gobierno español, y que debía abandonar el territorio nacional antes del fin de septiembre de 2017. El motivo de esa expulsión es que la Corea socialista era un peligro para la paz y la seguridad mundiales.

Sin embargo, no son un peligro para la paz y la seguridad mundiales las maniobras de guerra en aguas de Corea del Sur por parte de una flota de los USA, ni tampoco son un peligro para la paz las armas nucleares no declaradas de Israel, ni el apoyo a los terroristas del estado islámico por parte de occidente, ni la venta de fragatas a Arabia saudí, un estado terrorista. Si las cosas funcionaran bien, España debería cortar relaciones y expulsar a los embajadores de USA y de Israel, y también al representante de Arabia Saudí. Pero no caerá esa breva. Para que eso pase, en España no debería gobernar el PP (Partido Podrido) siempre duro con los más débiles y genuflexo con los poderosos.

Ya nos hemos referido a la Corea socialista en otras oportunidades, pero esta vez es distinto. El ejército de la RPDC no está asediando a los EEUU; tampoco ha mandado naves de guerra a sus costas, pero se defiende. Esta es la novedad. Si es atacada se defenderá y producirá graves daños a los USA, que nunca fueron bombardeados, con la excepción del 11 de septiembre de 2001 en las torres gemelas, y ello generó un gran pánico y daños importantes.

Pero hay más en el servilismo del gobierno español: se trata de sus ataques permanentes a Venezuela.

Y en esto hay que agregar al corrupto Felipe González, el jefe de los GAL ¿Recuerdan? El presidente Maduro de Venezuela, país que está siendo acosado por el imperio ha acusado al obediente Rajoy de antidemócrata y fascista y de no respetar a los catalanes. Le recordó a Rajoy, que él, Maduro tuvo que aguantar un referéndum ilegal contra su permanencia en la presidencia de su país. Y no solo lo permitió, sino que protegió a los que lo convocaron. Esa es una actitud democrática y no la de Rajoy.

Pero el gobierno español siempre defendiendo las causas justas y nobles. Lo hizo en Irak, lo hace en Venezuela y lo hace en relación con la expulsión del embajador de la RPDC. Y lo hará siempre que el imperio lo necesite. Para eso está.

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