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12 tesis escritas en las puertas del infierno

Juan Manuel Olarieta
1. La clase obrera es la columna vertebral de la sociedad contemporánea. En el mundo moderno es posible paralizarlo todo, excepto el engranaje de la explotación.

2. El capitalismo ha entrado en su fase terminal. No hay ninguna alternativa a su crisis que no sea acabar con la propiedad privada sobre los medios de producción. El capitalismo no está en crisis; la crisis es el capitalismo.

3. Capitalismo es sinónimo de hambre. No es capaz de garantizar la subsistencia de millones de personas, ni siquiera en los países más desarrollados. Tampoco la vivienda, la salud, la educación y las necesidades más básicas de los seres humanos. Si las ONG quieren dar de comer a los hambrientos, no tienen que alejarse mucho de sus oficinas.

4. En la etapa actual del capitalismo las técnicas de intoxicación han alcanzado unas cotas tales que reducen notablemente la capacidad de resistencia ideológica de las masas y de las organizaciones y medios que actúan en su nombre.

5. La dominación de clase se refuerza cuando las imposiciones políticas se disfrazan con el aval de los científicos, los ingenieros y los técnicos. En tal caso las masas pueden ser conducidas hasta la humillación pública, que es una expresión externa de su sumisión.

6. Las políticas contemporáneas necesitan del apoyo de los científicos tanto como de los periodistas. A cambio, los políticos y los medios convierten a una parte selecta de los científicos en representantes de la comunidad científica, e incluso de la ciencia por antonomasia.

7. El capital monopolista ha trasladado la legitimidad desde las urnas a los científicos. Un político no es autoridad por el cargo que ocupa sino porque hay al menos un científico que sostiene sus decisiones.

8. Cuando los científicos se convierten en fuentes de la autoridad o en la autoridad misma, pueden deslizar una determinada tesis como si fuera ciencia lo mismo que la contraria, porque el centro de gravedad no es la tesis sino los atributos que rodean a quien la defiende.

9. Todos los argumentos basados en la autoridad, incluida la autoridad científica, son siempre de naturaleza teológica y jurídica. No se apoyan en el mundo real sino en una formalización canónica del mismo. Lo real se suplanta con lo formal. El estado de alarma ocupa el lugar de la alarma. Una pandemia, que es una declaración política de la Organización Mundial de la Salud, se toma por una enfermedad extendida en varios países de diferentes continentes.

10. La causa sustituye al efecto y el efecto a la causa. El coronavirus, y las medidas adoptadas con dicho pretexto, se sitúan como causas de la crisis capitalista, en lugar de poner a la crisis como causa del coronavirus y de las medidas políticas subsiguientes que se han implementado en todo el mundo.

11. En una sociedad capitalista donde la minoría domina sobre la mayoría, la verdad nunca está en el primer plano. Las versiones oficiales son falsas casi siempre. La clase dominante se empeña en repetirlas e inculcarlas cuanto más falsas resultan. La pura repetición consigue que las mayores falsedades resulten verosímiles porque las masas las interiorizan como si fuesen propias. Se convierten en familiares.

12. Un mensaje reiterativo es un factótum, un punto de partida que lo explica todo y que, a su vez, no necesita explicación. Es un dogma de la posmodernidad.

Esta pandemia es sólo una campaña de histeria inducida mediáticamente; no tiene ningún otro contenido

Chris Whitty, jefe médico británico
La intoxicación mediática, con la ayuda de un coro de científicos atolondrados, defendió desde el primer minuto, la letalidad del coronvirus. Sólo era uno de los fraudes, pero resultaba imprescindible para inculcar el pánico por el mundo entero.

Sin embargo, la emergencia de un virus letal sería una novedad científica y el coronavirus vuelve a demostrar que es absolutamente inocuo, como los demás conocidos hasta la fecha.

La inmensa mayoría de los médicos y los virólogos lo saben muy bien y así lo han manifestado en numerosas ocasiones en revistas médicas (1), e incluso a la BBC se le ha escapado algún artículo en esa línea (2), lo mismo que a los CDC (3) y a la OMS (4).

El coronavirus es inocuo. Los portadores están más sanos que una lechuga gallega. Eso no excluye que aparezca en algunas enfermedades comunes del sistema respiratorio, la mayor parte de las cuales son leves e incluso muy leves.

La diferencia de unos casos y otros no es el virus sino el enfermo y, más en concreto, su sistema inmunológico.

En una conferencia pública lo ha explicado por enésima vez Chris Whitty, el jefe médico británico (5).

Entre otras cosas, ha reconocido que la mayoría de las personas, una proporción significativa de la población, no contraerá este virus en absoluto, en ningún momento de la epidemia, que va a continuar durante un largo período de tiempo.

De los que lo hagan, algunos de ellos contraerán el virus sin siquiera saberlo, sin ningún síntoma.

De aquellos que tengan síntomas, la gran mayoría, probablemente el 80 por ciento, tendrán una enfermedad leve o moderada. Puede ser lo suficientemente grave como para que el enfermo tengan que acostarse durante unos días, pero no lo suficientemente grave como para que tengan que ir al médico, añade Whitty.

Una desafortunada minoría tendrá que ir al hospital, pero la mayoría sólo necesitará oxígeno y luego saldrá del hospital.

Una minoría de la minoría tendrá que ir a una unidad de cuidados intensivos y algunos lamentablemente morirán. Pero es una minoría, el 1 por ciento o incluso menos.

El grupo de mayor riesgo está muy por debajo del 20 por ciento, lo que significa que la gran mayoría de las personas, incluso los grupos más susceptibles, si se contagian de este virus, no morirán.

Si a la pandemia le quitamos el histerismo inducido mediáticamente, aparece como una cáscara absolutamente vacía

(1) https://patient.info/news-and-features/coronavirus-what-are-asymptomatic-and-mild-covid-19
(2) https://www.bbc.com/news/health-51048366
(3) https://www.cdc.gov/coronavirus/2019-ncov/cases-updates/summary.html
(4) https://www.who.int/docs/default-source/coronaviruse/situation-reports/20200306-sitrep-46-covid-19.pdf?sfvrsn=96b04adf_2
(5) https://www.youtube.com/watch?v=IbiUE_2Sv0g

La fiebre nunca más volverá a salir a la calle (ni siquiera los fines de semana)

Las empresas ya han comenzado a instalar cámaras térmicas para controlar el desplazamiento de las personas, tanto trabajadores como público, según su temperatura corporal. Además, dichas cámaras son capaces de identificar a las personas por su rostro.

Dentro de muy poco una discriminación absoluta llegará a todos los aspectos de la vida cotidiana aunque, afortunadamente, a fecha de hoy los dispositivos son fácilmente pirateables.

Va a ser una carrera contra el reloj. Las empresas se esforzarán para que nadie burle sus controles “sanitarios” y los trabajadores deberán superar unos dispositivos cada vez más sofisticados para sobrevivir en una sociedad de pesadilla.

No podremos salir a la calle con una décimas de fiebre, por más que traguemos con mascarillas de carnaval y guantes de fregar. La película de Travolta “Fiebre del sábado noche” será ilegal. Debemos aprender a bajar nuestra temperatura corporal antes de abandonar el confinamiento. Si las máquinas nos detectan, los vecinos nos echarán del autobús y se apartarán de nosotros.

No servirá de nada mostrarles nuestros certificados de que nos hemos vacunado de la triple vírica, el Zika, el Ébola, el SARS, el MERS, la gripe aviar y el kuru. Se encenderá una luz roja y nos señalarán con el dedo para que nos larguemos del lugar. ¡Maldita sea!, ¡Se me olvidó la vacuna de recuerdo del H3N7 que antes me inyectaba una vez al año y ahora todas las semanas!

De momento los apestados tenemos algunos remedios para pasar desapercibidos, tales como la barba, las gafas, la gorra, el maquillaje, una cinta de pelo, unos cascos de audio, un jersey de cuello alto… Cualquier cosa que oculte nuestra piel a las máquinas.

Debemos estar al tanto de los descerebrados, que son gente peligrosa y los centros de investigación los financian para que todas nuestras precauciones sean inútiles. Los diputados les apoyarán con leyes sanitarias que nos dirán cómo debemos vestir para que, al menos, una parte de nuestra piel quede al descubierto y los drones puedan medir nuestro calor corporal.

Así lo recomiendan los mejores médicos, expertos, virólogos, veterinarios y epidemiólogos, que son los que han sustituido a los tertulianos de la televisión. Apelan a nuestro sentido de la responsabilidad cívica para que no contaminemos a nadie. Nos obligarán a que nosotros mismos nos pongamos la soga alrededor del cuello.

Naturalmente que siempre habrá gente irresponsable, canallas y sinvergüenzas que lleven una botella de plástico llena de agua fresca para echársela por encima en cuanto tengan que entrar en un comercio que en grandes titulares anuncie en la puerta: “Se prohíbe la entrada a los que tengan fiebre”.

En España hay varias empresas que distribuyen aparatos para que la histeria no se acabe nunca. Una es Sensia y la otra es una multinacional china llamada Dahua, la misma que cedió los sensores térmicos al hospital de campaña que se instaló en el recinto ferial de Ifema, en Madrid.

Afortunadamente, con todas las técnicas ocurre lo mismo: no funcionan casi nunca, o dejan de funcionar, o se estropean, o las estropean.

Los apestados vamos a tener un poco de suerte y es posible que el capitalismo y los recortes jueguen a nuestro favor. Las cámaras térmicas son como el aeropuerto de Castellón. El negocio es instalarlas, no repararlas. Tras la instalación todo son gastos. Luego nadie sabe llevar el mantenimiento, nadie lee los manuales de instrucciones y nadie sabe cómo funcionan. Algunas de ellas serán olvidadas, el monitor se apagará o simplemente se acabarán los fondos para poner a un guarda jurado delante de la pantalla con un contrato precario, o en sustitución del titular, que ha cogido la baja porque padece coronavirus.

Empezarán los falsos positivos. Los sanos se enfadarán porque los han confundido con apestados en medio de un espectáculo público, lo cual es una vergüenza. Ellos creían que los contaminados eran los demás y se ven cazados en su propia trampa.

Nuestros mejores aliados serán las cremitas contra las arrugas, las sesiones de bronceado, las quemaduras solares, los reflejos de luz o calor procedentes de espejos, o de climatizadores o calefactores… Quizá lo mejor sea llevar un cigarro encendido en la boca de manera permanente.

Los falsos negativos se colarán como si fueran sanos, contribuyendo a propagar la peste. Los expertos de la London School of Hygiene and Tropical Medicine calculan que un 46 por ciento de los apestados podrán pasar el filtro, lo cual es un atentado intolerable a la salud pública.

El Congreso de los Diputados deberá promulgar nuevas leyes sobre los diferentes tipos de fiebres y los policías deberán seguir cursillos especializados para diferenciarlas. Tendrán que ponerles colorines, de manera que la fiebre amarilla, por ejemplo, quede fuera. ¿O quizá no?

Las cámaras térmicas no pueden sustituir a las de videovigilancia que ya están en funcionamiento y habrá que complementarlas con otras, capaces de leer el iris o el genoma para que, además de los apestados, guardemos la distancia social de los gitanos, los sudacas y los catalanes.

Los científicos y expertos de los laboratorios ya han conseguido financiación de las fundaciones benéficas para profundizar en un terreno que hasta ahora ha estado muy descuidado por las ciencias auténticas.

Una empresa farmacéutica que aprovecha la histeria para sus propios intereses económicos

Dr. William Bruno

La paciente llega a la sala de emergencias respirando tres o cuatro veces más rápido de lo normal, una respuesta fisiológica a la incapacidad de los pulmones para suministrar suficiente oxígeno al cuerpo. Esto crea una sensación que podría experimentarse en caso de ahogamiento. Parece asustada. Desesperada. Me presento como médico de urgencias e intento asegurarle que se sentirá más cómoda con el oxígeno extra que la enfermera le está colocando.

A la paciente ya se le ha diagnosticado Covid-19 y la intentamos recuperar en su casa antes de que sus síntomas empeoraran, lo que la llevó a regresar al hospital. Responde a una pregunta jadeando por aire: “¿Hay medicación para esto?”

Como la mayoría de mis colegas, he pasado incontables horas siguiendo la literatura médica sobre el Covid-19 en anticipación al tratamiento de pacientes como el que he descrito. Lamentablemente, la realidad es que no hay tratamientos probados y, a pesar del considerable entusiasmo y la fanfarria, gran parte de las investigaciones realizadas hasta la fecha han sido de poca monta y han sido llevadas a cabo por empresas farmacéuticas por motivos económicos.

Muchas de las intervenciones propuestas hasta ahora suponen la adaptación de medicamentos existentes, como la cloroquina, un fármaco antipalúdico, o la ivermectina, un fármaco antimicótico, con la esperanza de que estos medicamentos puedan ser útiles para el tratamiento del nuevo coronavirus. Desafortunadamente, los resultados han sido decepcionantes. La inverosimilitud biológica de utilizar medicamentos desarrollados para tratar enfermedades no virales ha llevado a muchos clínicos y científicos a considerar estas intervenciones con escepticismo. Sin embargo, esto no ha impedido que las autoridades [de Estados Unidos] las presenten como opciones de tratamiento.

El remdesivir, un antiviral desarrollado originalmente para tratar la fiebre hemorrágica causada por los virus Ébola y Marburgo [un virus endémico en varios países africanos], es el último tratamiento potencial para generar entusiasmo.

El estudio inicial utilizado para justificar su uso fue un pequeño grupo de pacientes con Covid-19. Aunque una gran proporción de los pacientes que tomaron el medicamento mejoró, no hubo un grupo de control para la comparación, lo que hizo imposible acreditar la mejora de remdesivir. Esto está muy lejos de la norma aceptada para probar una nueva terapia: un ensayo controlado aleatorio, en el que un grupo de tratamiento recibe el nuevo fármaco y su resultado clínico se compara con un grupo de control que recibió medidas estándar o un placebo. Eso no ha impedido que Gilead, la empresa farmacéutica propietaria del remdesivir, se jacte de su éxito, levante la esperanza y suba el precio de sus propias acciones.

La decisión de llevar a cabo un estudio metodológicamente cuestionable como el descrito -y su posterior publicación en una de las principales revistas médicas del mundo- es el mejor reflejo de la desesperación de la comunidad médica en un momento de crisis, en el que se está dispuesto a sacrificar datos de calidad por resultados rápidos. Una opinión menos “generosa” lo vería como una cínica estratagema para generar entusiasmo por una droga sin el riesgo de un ensayo negativo, en el que el grupo de tratamiento no muestra una mejora significativa respecto al grupo de control.

Se podría señalar la dificultad de llevar a cabo un ensayo clínico bien diseñado, con grupos de tratamiento y control, bajo el peso de una pandemia mundial, donde una gran parte de nuestros sobrecargados recursos de atención de la salud se dedican a la prestación de atención, lo que hace que los grandes ensayos clínicos multiinstitucionales sean una lejana segunda prioridad. A este respecto, el uso de la remodelación en otros contextos es una lección instructiva.

En diciembre de 2019 un equipo de investigadores publicó los resultados de un ensayo controlado aleatorio (en el que los participantes se asignan al azar a un tratamiento experimental o a una atención estándar) en el que se comparaba el rebrote con otros tratamientos para la enfermedad del Ébola. Lo notable de este estudio no es que los investigadores hayan podido utilizar un diseño de investigación tan riguroso, sino que lo hicieron en un Congo devastado por la guerra, durante un brote del virus del Ébola.

Por su parte, Gilead ha iniciado numerosos ensayos clínicos para evaluar más a fondo la eficacia del remdesivir en el tratamiento del Covid-19. El mes pasado [abril] se publicaron datos preliminares en un estudio del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas, que mostraron que los pacientes infectados que recibían la droga sólo tenían un beneficio modesto en cuanto a la duración de la estancia en el hospital, pero ninguna reducción de la mortalidad. La revista médica The Lancet, tal vez en un intento de atenuar la excitación del exceso de celo, ha publicado datos de un ensayo controlado aleatorio aún no publicado que refuta este modesto beneficio y sugiere que el remdesivir puede no ser útil en los pacientes de Covid-19. A pesar de las limitaciones de los datos preliminares, la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) ha anunciado que permitirá el uso regular de la droga en pacientes hospitalizados, alimentando el frenético rumor de que el tratamiento puede estar al alcance de la mano.

Por cierto, el reciente ensayo del remdesivir sobre el Ébola en el Congo refutó estudios anteriores, metodológicamente inferiores, y sugirió que otros tratamientos eran en realidad superiores al remdesivir para su uso en la enfermedad del Ébola. Esto no quiere decir que la eficacia, o la falta de eficacia, de la droga en el tratamiento del virus del Ébola pueda utilizarse como prueba de su eficacia sobre el Covid-19, un proceso de enfermedad completamente diferente. Sin embargo, la historia de un nuevo tratamiento que se mostró prometedor en los primeros estudios, sólo para resultar decepcionante en estudios posteriores más rigurosos, vale la pena tenerla en cuenta a medida que la ciencia se desarrolla para el uso de remdesivir para Covid-19.

Como todos los médicos, quiero decirle a los pacientes, como el que describí, que de hecho tengo una droga para darle. Pero quiero saber que su indicación se basa en la ciencia médica y no en la codicia empresarial o la imprudencia del pánico. Los investigadores que estudian el virus del Ébola en el Congo están demostrando que una calamidad no es excusa para una ciencia descuidada. De hecho, en tiempos de crisis como estos, la sociedad debe confiar en que la ciencia médica sea un bastión de racionalidad.


William Bruno, es médico de urgencias del Centro Médico USC de Los Ángeles
https://truthout.org/articles/pharmaceutical-company-pushes-new-unproven-covid-treatment-drug/

Más información:
– Fauci cambia las pruebas de los antivirales para aprobar un fármaco contra el coronavirus de la multinacional Gilead

Gracias al ‘virus chino’ el choque de civilizaciones tiene cuerda para rato

Imagen de una travesía de Wuhan
En el futuro y mientras dure la dominación ideológica imperialista, el mensaje agobiante será que China difundió un virus por todo el mundo y que, en consecuencia, China es responsable del paro y la crisis económica.

Es una tonteoría muy simple, mucho menos elaborada que la islamofobia, propagada por la CIA y el MI6 y distribuida luego a ciertos equipos de descerebrados, como el Instituto Gatestone, que ha comparado a China con el yihadismo sin ningún miedo al ridículo. Dice que la pandemia de coronavirus está siendo “otro 11 de setiembre para occidente” (1).

En Gran Bretaña la Henry Jackson Society siempre ha destacado por sus constantes ataques al islam y a los países árabes. Uno de sus estúpidos directores es Matthew Henderson, que está difundiendo vídeos antichinos en asociación con el periódico The Sun. El primero de ellos plantea la pregunta: “¿La epidemia de coronavirus es el Chernobil en China?” (2).

The Sun es el periódico británico que en 2003 más se esforzó por propagar el bulo de las armas de destrucción masiva. Ahora se dedica a publicar informes afirmando que el coronavirus ha sido creado deliberadamente por China para demostrar al mundo que su sistema sanitario es más eficaz que el de Estados Unidos en la contención de las enfermedades mortales (3).

Como hemos explicado, el origen de ambas teorías conspiranoicas no está en The Sun sino en el espionaje. El Primer Ministro británico en funciones por la ausencia de Boris Johnson, Dominic Raab, dice que después del coronavirus, “no hay dudas” de que las relaciones con China no volverán a ser las mismas que antes (4).

La editorialista del Times, modelo a seguir de prensa seria y rigurosa, Melanie Phillips, que ya destacó por flagelar el “islam radical”, escribió recientemente una columna para advertir que occidente ya no puede hacer “la vista gorda” con China (5).

El problema del imperialismo es que Xi Jing-ping no es Saddam Hussein. La Revolución de 1949 mantuvo unida a China, mientras los musulmanes (e incluso los árabes) están divididos en una constelación de Estados divididos y enfrentados porque los propios imperialistas así los diseñaron hace un siglo.

El gigante asiático es caza mayor y no pueden meter a sus ejércitos para instalar bases militares permanentemente. Apenas pueden poner sus cañoneras en el Estrecho de Taiwan y el Mar de China Meridional.

Por su parte, el gobierno de Pekín no necesita recurrir a ninguna explicación alternativa. Todo lo contrario: compite con las grandes potencias occidentales y les demuestra que es capaz de ganarles en su propio terreno. Hacen lo mismo y lo hacen mejor. Les pagan con la misma moneda: se meten a la OMS en el bolsillo y alimentan la misma teoría de la conspiración: el coronavirus es un arma de destrucción masiva creada en los laboratorios de guerra biológica del Pentágono y difundido deliberadamente en Wuhan.

A diferencia de la conspiración china, la estadounidense tiene una falla estúpida que explota la ignorancia ajena, como suelen hacer los espías que dosifican la información y la desinformación: ni el coronavirus ni la pandemia pudieron sorprender a (casi) ningún gobierno del mundo porque era algo previsto e incluso ensayado de antemano.

Los que se escudan en la “sorpresa” y la “improvisación” para justificar el desastre sanitario y administrativo, o bien mienten, o bien no saben de lo que hablan. El caos formaba parte del plan, lo mismo que la histeria. Pero para eso hay que tener en cuenta que la sanidad es una industria que en España, por ejemplo, ocupa casi dos millones de trabajadores y que la política económica va a empezar a cambiar, en ese sector y en todos los demás.

Una parte de ese cambio concierne a China, frente a la cual las sanciones económicas no han sido suficientes. Si la OMS sigue en los bolsillos de China, dentro de poco las críticas a la OMS dejarán de ser conspiranoia y se convertirán en moneda corriente dentro de la prensa seria y rigurosa. Recientemente el doctor John Hemmings publicaba un artículo en The Telegraph destacando el aumento de la influencia “maligna” de China y apoyando que Trump retirara la subvención del organismo internacional.

El doctor Hemmings no es sólo un mequetrefe de bata blanca que ha pasado de la clínica a la política sino otro miembro de la Henry Jackson Society, que articula las explicaciones ideológicas con las que el imperialismo comete sus crímenes.

El domingo un informe de dicha Sociedad sirvió de base para un artículo del Daily Mail (6) en el que proponía lo que ya se está haciendo en Estados Unidos: llevar a China a los tribunales internacionales para buscar una compensación de 351.000 millones de libras por los estragos de la pandemia.

Los pleitos dan mucho juego y estiran la intoxicación durante años: pruebas, víctimas, declaraciones… ¿Estamos preparados para soportarlo?
(1) https://www.gatestoneinstitute.org/15915/coronavirus-west-911-moment
(2) https://www.youtube.com/watch?time_continue=2&v=bi8L3Jvt2w0
(3) https://www.thesun.co.uk/news/11407987/coronavirus-developed-wuhan-lab-china-greater-us-disease/
(4) https://news.sky.com/story/coronavirus-no-more-business-as-usual-with-china-after-covid-19-crisis-warns-dominic-raab-11974398
(5) https://www.thetimes.co.uk/article/west-can-no-longer-turn-a-blind-eye-to-china-ss6t0zp9d
(6) https://www.dailymail.co.uk/news/article-8188185/Britain-pursue-Beijing-courts-coronavirus-compensation-study-claims.html

El gobierno austriaco infundió el pánico deliberadamente entre una población no suficientemente temerosa del coronavirus

El 12 de marzo el Canciller austriaco Sebastian Kurz, del partido ÖVP, convocó una reunión del “Grupo de Tareas sobre el Coronavirus” a la que acudieron, además de expertos en salud y funcionarios, el vicecanciller Werner Kogler, el ministro de salud Rudolf Anschober (ambos de Los Verdes) y el ministro de Interior Karl Nehammer, de ÖVP.

Existe un memorando interno de la reunión que se ha filtrado al diario “Morgenjournal”, así como una grabación de audio que ha caído en poder de la radio Ö1. Ambos documentos se han difundido públicamente.

En la reunión Kurz lamentó que la población no sintiera aún una verdadera preocupación con la pandemia. Un experto citó como ejemplo a seguir de difusión del pánico por parte del gobierno británico durante la epidemia de sarampión, en la que el miedo difundido entre la población había jugado un factor muy positivo.

Según el acta de la reunión, Kurz dejó claro a los participantes que sólo el miedo articula el consenso. Las masas debían tener miedo a infectarse o que sus padres o abuelos fueran a morir.

Al mismo tiempo, el temor a la escasez de alimentos debía reducirse al mínimo a fin de no generar una explosión social incontrolable.

Cuando fue interrogado por la radio Ö1, un portavoz de Kurz dijo primero que la grabación de la reunión podía ser una falsificación, pero luego puso las declaraciones de Kurz en una cierta perspectiva: lo que el Canciller quiso decir es que entendía el miedo a la infección, pero no el miedo a la escasez de alimentos.

En vista de la filtración, a partir de ahora el Ministerio de Salud va a publicar sus protocolos de forma anónima. Un portavoz del Ministerio dijo que el Canciller sólo había expresado una preocupación justificada. El propósito de la reunión era intercambiar ideas, no decidir estrategias.

Cuando la radio se dirigió a algunos de los participantes para pedirles explicaciones, se habían olvidado del aasunto, no recordaban con precisión las declaraciones grabadas y otros confirmaron que, en efecto, corresponden a las declaraciones de la reunión.

Los partidos de la oposición han reaccionado aparentando que están un poco enfadaditos. La Secretaria de Estado vienesa del SPÖ (socialdemocacia), Barbara Novak, dice que despertar deliberadamente el miedo y la inseguridad es “indigno e irresponsable”.

El vicepresidente del mismo partido, Jörg Leichtfried, hizo una declaración similar al margen de una conferencia de prensa el lunes por la mañana: “Esta no es forma de tratar a la gente”.

https://www.derstandard.de/story/2000117131591/sitzungsprotokoll-der-taskforce-corona-ueber-zu-wenig-angst-in-der

‘El Estado no es el árbitro de la información’ (un caso de censura positiva)

Riester, el custodio de la verdad
Ayer el ministro francés de Cultura, Franck Riester, anunció la eliminación de un sitio web del gobierno con “censura positiva”. Si la mayor parte de las veces los gobiernos se dedican a perseguir, esta vez el gobierno francés quiso recomendar la lectura de determinados medios con “buenas informaciones” (ciencia pura y rigurosa) sobre el coronavirus.

La histeria necesita ambas cosas: aplaudir a unos y amonestar a otros, una tarea característica que recuerda a la vieja del “Ministerio de Información” franquista, que cada día seleccionaba los mejores artículos de prensa.

Afortunadamente el sitio oficial levantó numerosas protestas: un gobierno no puede promocionar determinadas fuentes de información, y menos en detrimento de otras. Lo más llamativo es que, como es natural, ninguno de los medios recomendados alzó la voz en contra. Debían sentirse halagados por “la autoridad competente”.

Las quejas culminaron el domingo con un artículo de opinión publicado por una treintena de sociedades de periodistas y editores titulado “El Estado no es el árbitro de la información”.

El ministro empezó a balbucear torpemente ante los diputados: “El servicio del portavoz, que simplemente pretendía ofrecer un servicio adicional para reunir en una misma página los recursos para combatir la desinformación sobre la crisis sanitaria, obviamente no tenía por objeto clasificar los artículos o noticias”, dijo Riester.

“Sin embargo, puedo entender las preocupaciones que plantea este servicio en las redacciones, porque no se trata en absoluto de que el Estado etiquete a los medios de comunicación o dirija la elección de los franceses hacia tal o cual medio de comunicación”, añadió.

“Puedo decirles que el gobierno ha decidido eliminar esta página del sitio web del gobierno”, continuó el encargado de la cultura, saludando el “notable trabajo” realizado por los periodistas durante la crisis para “combatir eficazmente la desinformación”.

Como ven, la pandemia está desatando una serie de fuerzas latentes que ya se venían manifestando en campañas, como la subsiguiente a los atentados del Cherlie Hebdo, y que ahora aparecen a la luz del día. En Francia se han frenado, pero no será por mucho tiempo.

La histeria del coronavirus impulsa a los vecinos de los barrios de Honduras a impedir los funerales por miedo al contagio

En varias regiones de Honduras, los vecinos impiden el paso de los coches fúnebres de los muertos imputados al coronavirus por temor al contagio, deploró el lunes el Viceministro de Salud, Roberto Cosenza.

En algunos casos, son las propias familias las que se niegan a velar los cadáveres por miedo al contagio, aunque los restos les sean devueltos en ataúdes herméticamente cerrados, añadió el ministro.

El gobierno ha encargado a los antidisturbios la tarea de acompañar a los féretros y enterrar a los muertos.

El lunes unas 300 personas bloquearon una carretera entre Tegucigalpa y Olancho, a unos diez kilómetros al este de la capital, con piedras y ramas de árboles para evitar un entierro en un cementerio cercano.

El domingo pasado vinieron a enterrar un cadáver y se respetaron todas las medidas de seguridad. “Pero si los familiares vienen a comprar a una tienda del pueblo, nos van a contaminar”, comentó un vecino a los reporteros del Canal 3 de televisión.

Según este vecino, escenas similares han tenido lugar en otras localidades cerca de Tegucigalpa. Los familiares de luto se ven obligados a buscar otro lugar para el entierro porque los residentes impiden los funerales, reconoció el viceministro de Salud.

Hasta el lunes Honduras registró 82 muertos atribuidos al coronavirus, con 1.055 casos de personas “contagiadas”. Casi el 40 por ciento de las pruebas realizadas diariamente dan positivo, según fuentes oficiales.

La histeria está fabricando un nuevo tipo de funerales jamás vistos en la historia

La técnica de intoxicación de masas

Las técnicas de manipulación de masas son muy conocidas desde hace muchísimos siglos. Hay numerosos manuales fácilmente accesibles, redactados por todo tipo de instituciones, por lo que no es necesario invocar a Goebbels o a la CIA por enésima vez. Basta con tener en cuenta que la tarea del espionaje no consiste sólo en obtener información sino en difundirla.

En el mundo moderno la manipulación de masas ha alcanzado cotas insospechadas por varias razones que tienen que ver con la fase de la historia en la que vivimos. La primera es la transformación de la prensa en una industria. No es posible mantener un fraude sin crear un negocio a su alrededor, con sus empresas, sus subvenciones, su profesionales y su mercado.

La segunda es que, en la medida en que hoy la industria es monopolista, la información también está monopolizada, es decir, acaparada por grandes cadenas capaces de operar en el mundo entero. Hay varios operadores que difunden un mismo mensaje. El pluralismo informativo no está en que circulen varios mensajes sino en que haya varias cadenas de difusión de los mismos contenidos.

La tercera es que, como sabemos desde que el chino Sun Tzu escribiera “El arte de la guerra”, una obra que es más vieja que la Biblia, la manipulación es una técnica militar. Forma parte de la guerra, no del periodismo. Por eso, no basta con dar una noticia, sino que hay que denostar a quien la niega. Es la clave para convertir el negacionismo en un insulto.

El responsable de la noticia es el portador de la misma. Si desacreditas al informador, desacreditas la información. Se llama “matar al mensajero” y no falla nunca. De ahí que nadie pregunte, por ejemplo a The Guardian, por sus fuentes. Eso sólo se hace a un medio independiente. Una noticia que choca con la ideología dominante requiere aclarar su origen; una noticia que la confirma se propaga por sí misma, sin necesidad de un respaldo.

Recientemente hemos tenido dos intoxicaciones que han circulado de esa manera. La primera ha sido la muerte de Kin Jong-un y la segunda la compra por Bashar Al-Assad de un cuadro en Sotheby’s por 25 millones de libras esterlinas para hacer un regalo a su mujer.

Las múltiples técnicas de intoxicación informativa se resumen en un principio militar: son maniobras de distracción. Los submarinos y los aviones de combate llevan señuelos a fin de que los torpedos y misiles que les apuntan se desvíen de su trayectoria, encaminándose hacia otros objetivos, que son ficticios. El torpedo o el misil confunden el blanco; no diferencian la mentira de la verdad.

“Gobernar es hacer creer”, escribió Maquiavelo hace 500 años. Es fabricar un mundo de suposiciones y de ilusiones, como la de que durante la transición España inauguró una nueva etapa de su historia, diferente a la anterior.

Del mismo modo, ahora suponemos que el gobierno está preocupado por nuestra salud y no le ha importado paralizar la marcha de la economía porque “lo primero es la salud”. Nunca se ha preocupado del hambre, ni de que los niños desfallezcan en medio del patio de la escuela, pero sí se preocupa en cambio por un catarro, o un resfriado, o una bronquitis, o una neumonía.

A partir de ese señuelo, es evidente que las medidas adoptadas tienen su origen en la salud, que la ley marcial se ha impuesto por motivos sanitarios y que la crisis económica deriva de ahí. Millones de trabajadores irán al paro en todo el mundo creyendo que quien les ha enviado a la calle es un virus.

El papel asignado a los sindicatos y a los antisistema, en general, forma parte del sistema que dicen combatir: sostener la ficción hasta el último minuto, impedir que aparezcan herejes que nos saquen del estupor, e incluso despreciarlos, porque están quedando en evidencia hoy como quedaron en evidencia en 1977.

En el mundo moderno lo virtual ha dado nuevas alas a los señuelos y las ilusiones. Lo único real es que aunque las calles siguen vacías, en el Primero de Mayo hemos tenido más mítines virtuales que nunca.

Pandemia: el rodaje de la película se está acabando en Nueva York, los focos se apagan y el escenario queda vacío

Hospital de campaña de Central Park
Un hospital de campaña instalado en Central Park, en el mismo núcleo de Nueva York, para decorar la pandemia, cierra sus puertas, según anunció el sábado la organización caritativa que prestó el escenario, Samaritan’s Purse.

El rodaje de la película está acabando. Los medios que iniciaron la escalada, ya están de “desescalada”. Hay que plegar velas, pasar a otros rodajes. Quitar los decorados, limpiarse la cara de maquillaje y guardar el vestuario hasta la próxima superproducción.

Samaritan’s Purse es un tinglado evangélico que a finales de marzo se dio un baño publicitario instalando una docena de tiendas de campaña equipadas con respiradores artificiales en un rincón del famoso parque de Nueva York, justo enfrente de un hospital de verdad.

La instalación se llevó a cabo al más puro estilo Hollywood, con cámaras de televisión, conexiones en riguroso directo, entrevistas y seguimiento pormenorizado de los reporteros. Las donaciones a Samaritan’s Purse se multiplicaron exponencialmente, mucho más que los enfermos que metieron en las tiendas: 191 “contagiados”.

En un comunicado oficial Samaritan’s Purse dice que a partir de hoy ya no aceptarán más “contagiados” en sus tiendas y que los que están ahora serán despedidos en el plazo máximo de dos semanas.

El anuncio se produce dos días después de la salida del gigantesco buque hospital militar USNS Comfort, que llegó al puerto de Manhattan en pleno rodaje de la pandemia. Pero ya no hay cámaras de televisión y su presencia tampoco es necesaria para seguir manteniendo la farsa. Llegó en medio de un alboroto y se va de puntillas.

Todo cierra. Los focos se apagan. El plató desaparece. Otro hospital de campaña que cierra se instaló en el centro de conferencias del New York Javits Center, con una capacidad de casi 3.000 camas. La próxima semana apaga las luces.

Los “científicos puros” no son capaces de explicar por qué se inicia la pandemia ni tampoco por qué se va. Si no hay un remedio ni una vacuna, ¿cómo se acaba una plaga?, ¿por qué se acabó el SARS en 2003 si aún no se ha descubierto una cura?
A falta de ciencia los académicos recurren a contar películas que acaban así: han muerto muy pocos enfermos, muchos millones menos de los pronosticados, gracias a que reaccionamos pronto y bien, gracias al confinamiento, al ejército, al toque de queda, al distanciamiento social, a las mascarillas… Pero estuvimos al borde del abismo… ¡De buena nos hemos librado! Lo hemos pasado mal, pero hemos superado la prueba. No tenemos trabajo pero nos sentimos felices y contentos.

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