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La propaganda y propagación de la pandemia

En junio de 2016, en el Festival de Cine de Múnich, se estrenó el documental “Ein deutsches Leben” (Una vida alemana), sobre el personaje de Brunhilde Pomsel, secretaria del ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del Tercer Reich, Joseph Goebbels. ¿Sabía la gente de los crímenes nazis? Esta pregunta, forma la estructura central de la película «Una vida alemana”.

De los cuatro directores del documental (Christian Krönes, Olaf Müller, Roland Schrotthofer y Florian Weigensamer), dos de ellos, Christian Krönes y Florian Weigensamer, concedieron una entrevista al medio alemán Deutsche Welle, servicio de radiodifusión internacional financiado por el presupuesto fiscal federal alemán, en la cual exponían sus opiniones sobre diversos aspectos del citado documental:

Christian Krönes: “Creo que ella [Brunhilde Pomsel] representa a millones de personas que hicieron posible ese sistema. El film da cuenta de una sociedad que se descarrila: crisis económica mundial, desempleo, auge del nacionalsocialismo. Una década más tarde, todo eso desemboca en una de las mayores catástrofes de la historia de la humanidad”.

Florian Weigensamer: ”La visión de la Sra. Pomsel sobre ese tiempo: ‘De eso no me enteré… los campos de concentración’. Hay que mostrar que uno podía enterarse si quería. Ese es el reproche que se le puede hacer. Mirar hacia otro lado, y ser apolítico, ya es culpa suficiente” (1).

¿Quiénes son los Goebbels actuales? ¿Quiénes son las Pomsel actuales?

Realizar estas preguntas y buscar sus posibles respuestas, es una tarea imprescindible hoy en pleno marasmo pandémico, para acercarnos al papel que ha jugado la propaganda en la transmisión del terror para que la población mundial aceptara la liquidación de sus ya de por sí menguados derechos en un delicado acercamiento a un nuevo tipo de nazismo, no centrado en la conquista de un espacio vital (lebensraum) como argumentaban los nacionalsocialistas alemanes, sino en el control total de las personas desde diversos centros mundiales, con aparentes discrepancias políticas entre ellos, pero con un objetivo que los une por encima de los dimes y diretes: la implantación de medidas “profilácticas”, no contra el ataque de seres microscópicos, sino ante el peligro de revueltas generalizadas incontrolables debido a la cada vez mayor desigualdad social y a la desaparición o desprestigio de lo que antaño habían sido los partidos obreros muchos de los cuales ejercían de colchón amortiguador de las protestas mediante un confuso lenguaje aparentemente radical.

Leonard W. Doob, uno de los principales estudiosos de la psicología de la propaganda y profesor de la Universidad de Yale, publicó en 1950 “Goebbels Principles of Propaganda” en un documento de la oficina de prensa de Universidad de Oxford denominado The Public Opinion Quarterly. Dicha publicación era el estudio de un manuscrito de Goebbels confiscado por el ejército estadounidense en Berlín en el año 1945.

Leonard W. Doob resume los principios de la propaganda de Goebbles en una serie de 19 apartados, de los cuales, por su importancia en la actualidad cabe resaltar los siguientes:

— La propaganda debe ser planificada y ejecutada por una sola autoridad. (En la actualidad esta autoridad se ha atribuido a la OMS, aunque solamente sea la transmisora de órdenes de las corporaciones químico-farmacéuticas)

— Para ser percibida, una propaganda debe evocar el interés de una audiencia y debe ser transmitida por un medio de comunicación que capture la atención. (Básicamente la televisión, en segundo lugar la prensa escrita y la radiodifusión y las redes sociales controladas por los grandes conglomerados mediáticos)

— La propaganda debe ser presentada por líderes de enorme prestigio. (Quienes han aparecido como principales propagandistas se les ha inventado un currículum de características científicas afines a los intereses de la industria farmacéutica, eliminando auténticos científicos que no están a sueldo de dichas corporaciones)

— La propaganda debe etiquetar a los eventos y a las personas con frases y consignas distintivas. (Covid; Quédate en casa; Todo irá bien; Contagio; Cuarentena; Es por tu bien, Vacúnate)

— La propaganda debe facilitar el desplazamiento de la agresión ciudadana señalando claramente los sujetos o grupos que deben ser odiados. (El invento del calificativo de negacionista ha sido el dardo a disparar contra todos aquellos que ponían en tela de juicio el entramado pandémico, añadiendo una acusación más directa y que contraviene cualquier norma de los principios penales acusatorios: “Quien no se quiera vacunar provocará muertes entre la población”).

Para el desarrollo de sus estrategias siempre adoptó una identificación entre lo que él denominaba como el “Haltung” o conducta observable y el “Stimmung” o estado de ánimo de los ciudadanos. Usualmente afirmaba que el “Haltung” de la población estaba excelente pero que el “Stimmung” estaba en niveles muy bajos, por lo que procuraba elevarlo ofreciéndoles algún tipo de entretenimiento o relajación. (Es evidente que, en vista de los resultados y la obediencia a las más irracionales órdenes dictadas: reclusión domiciliaria, bozal, distanciamiento, vacunación, podemos deducir que como decía Goebbels de la población alemana, el “Haltung” de la mayoría de la población es excelente. Y para mejorar el estado de ánimo otro invento ha sido el concepto “desescalada”) (2).

Los Goebbels actuales no los encontraremos en lúgubres despachos decorados con águilas imperiales. Los encontraremos en las aulas de ciencias políticas, sociología y psicología de las universidades. Los encontraremos vestidos con camiseta y pantalón corto haciendo “footing” por los campus universitarios. Los encontraremos en los despachos de las grandes corporaciones de medios de comunicación. Los encontraremos sin uniformes, aparentemente como personas “normales”.

Son los que desde los laboratorios de ingeniería social fabrican las consignas, las imágenes, los eslógans, que de forma unánime se repiten de una punta a otra del planeta ya sea por medios escritos o audiovisuales, y como Goebbels, no transmiten información, sino que propagan noticias, algunas con tintes de verisimilitud, otras llenas de falsedades, otras tergiversando cualquier aspecto. Todas ellas en pos de un objetivo: la unificación del pensamiento alrededor de cada uno de los cambios que pone en funcionamiento el capitalismo para su mantenimiento y reproducción, con el menor coste posible.

Harold Lasswell, uno de los pioneros en el estudio de los medios de comunicación masivos, escribió “Propaganda Technics in the World War” (La técnica de la propaganda en la guerra mundial) en un detallado análisis de la función de la propaganda en la guerra de 1914. En 1927, en la revista americana de ciencias políticas, publicó “The Theory of Propaganda” (3), en el cual analiza ciertos aspectos propagandísticos que son idénticos a los que hemos vivido desde marzo de 2020 a partir de la declaración pandémica de la OMS.

Estas son algunas de las consideraciones que Lasswell plasma en la citada publicación: “La propaganda es la gestión de las actitudes colectivas mediante la manipulación de símbolos significativos… La actitud deliberativa puede separarse de la actitud propagandística. La deliberación implica la búsqueda de la solución de un problema acuciante sin querer prejuzgar una solución concreta de antemano. El propagandista está muy preocupado por cómo se va a evocar y ‘poner’ una solución concreta… Si planteamos la estrategia de la propaganda en términos culturales, podemos decir que implica la presentación de un objeto en una cultura de manera que se organicen determinadas actitudes culturales hacia él. El problema del propagandista es intensificar las actitudes favorables a su propósito, invertir las actitudes hostiles al mismo y atraer a los indiferentes o, en el peor de los casos, evitar que asuman una inclinación hostil.

“Cada grupo cultural tiene sus valores adquiridos. Un objeto hacia el que se espera suscitar hostilidad se debe presentar como una amenaza para el mayor número posible de estos valores. Si el plan es atraer actitudes positivas hacia un objeto, debe ser presentado como un protector de nuestros valores, un defensor de nuestros sueños y un modelo de virtud y corrección… El propagandista se ocupa de multiplicar los estímulos que mejor se calculan para evocar las respuestas deseadas, y de anular los estímulos que pueden instigar las respuestas no deseadas… La democracia ha proclamado la dictadura de la palabrería, y la técnica de dictar del dictador se llama propaganda”.

Algo semejante a lo que Hitler había escrito en Mein Kamp: “La propaganda política es el arte esencial de guiar políticamente a las grandes masas”, aunque con anterioridad, durante la guerra de 1914 en Alemania se había acuñado el concepto de “Volksgemeinschaft” (La Comunidad del Pueblo), este concepto hacía hincapié en la necesidad de los alemanes de unirse, reduciendo a la nada los problemas de clase, riqueza o nivel de vida. Igual, igual que la propaganda en torno al covid cuando hipócritamente han realzado que ante los virus no hay diferencia de clase o raza, situando el concepto de consenso interclasista como expresión máxima de comportamiento social.

Pero fundamentalmente a lo largo y ancho del mundo se cierne una nube de inseguridad respecto al futuro. Lasswell, en 1935 escribió “World politics and personal insecurity” (Política mundial e inseguridad personal). El libro es una recopilación de conferencias. Hay 11 capítulos en cuatro partes: método, símbolos, condiciones y control. El primero consiste en un análisis configurativo de las “pirámides de valores mundiales”; el segundo se ocupa de la identificación, la violencia y la seguridad, la igualdad y la supremacía, y los movimientos políticos que las encarnan; el cuarto es una consideración del principal problema de la unidad mundial, a saber, el descubrimiento y la utilización de símbolos aceptables para motivar las identificaciones necesarias.

Esta utilización de símbolos para motivar la identificación con el discurso dominante, también la estamos viviendo: una amenazante bola con pinchos encabeza los periódicos, las páginas web y los noticieros televisivos, junto a personal con bozales ya sean éstos simples trabajadores de cualquier actividad y escenas de hospitales, ambulancias, centros de vacunación… y siempre una consigna: peligro.

Pedro Cerruti, miembro del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) de la Universidad de Buenos Aires, escribió un interesante ensayo que lleva por título “Harold Lasswell Comunicación, política y poder” (4) en el cual plantea: “Basado en una apropiación simple del modelo conductista de estímulo-repuesta y en el concepto de audiencia masiva como un conjunto atomizado de individuos que reciben de manera pasiva y uniforme los mensajes, la influencia de los medios de comunicación era comparada con una ‘hypodermic needle’ (inyección hipodérmica) de contenidos en la mente de las personas, sus mensajes eran considerados ‘balas’ que impactaban de forma directa sobre ellas y colocaban ‘mágicamente’ ideas en sus cabezas”.

Acierta Cerruti, pero se queda corto pues ahora no solamente inyectan ideas en la cabeza sino que además inyectan pócimas genéticamente modificadas en el tejido celular de las personas. Algo que denominan vacunas, sin que tengan la menor relación con la característica definitoria de las mismas.

Pero lo cierto es que mediante el ejercicio de la propaganda y los mensajes “bala” disparados directamente a los cerebros, se ha alcanzado un consenso interclasista que ha dejado en último lugar la lucha de clases y ha roto la resistencia ante la agresión del capital mundial en esta nueva fase de recomposición y gran cambio de patrón tecnológico.

Pero también es cierto que miles, millones de personas prefieren mirar hacia otro lado a pesar de la multitud de informaciones veraces, no de noticias periodísticas, a las que se puede acceder si se tiene la voluntad de ello. Estas personas son las Pomsel actuales, que mediante su aparente ignorancia contribuyen al enraizamiento del nuevo nazismo.

Estas Pomsel actuales tienen su máxima expresión en el mundo de la comunicación: periodistas, tertulianos, locutores, expertos, sindicalistas, políticos, que mañana, cuando se puedan desentrañar estas criminales agresiones, dirán que no sabían, que las opiniones que vertían parecían verdaderas, al igual que millones de alemanes decían no saber lo que ocurría en los campos de concentración a pesar de respirar el humo de los hornos crematorios.

¿Y los miles de Pomsels sanitarias que inyectan substancias de las cuales desconocen su composición y efectos, a niños y adolescentes? ¿Qué alegarán mañana? ¿Qué era su trabajo? ¿Qué lo hacían convencidas de la bondad de las inoculaciones? ¿Qué la responsabilidad no era suya? ¿Qué como buenos soldados cumplían con la obediencia debida?

Hoy, entre los capitales mundiales existe competencia, que no antagonismo, y precisamente debido a ello hay una simbiosis perfecta en la proliferación de la propaganda, tanto en el nudo del discurso, covid, como en las milagrosas recetas para su hipotética curación: vacuna.

La competencia estriba en un tira y afloja para vender miles de millones de inútiles test y vacunas y de ahí que cada país, cada corporación realiza un alarde propagandístico sobre las supuestas virtudes de sus pócimas.

Que existe un tipo de enfermedad que se ceba en las personas con la salud quebrantada, ancianas supermedicalizadas, nadie lo duda, pero lo que la propaganda oculta son las posibles causas, y entre ellas los cientos de millones de vacunas inoculadas durante el invierno de 2019 a ancianos de todo el mundo, que son precisamente los que han fallecido predominantemente durante el 2020 atribuyendo sin rigor de diagnóstico su fallecimiento a un supuesto covid.

‘Expertos’ y periodistas

Harold Lasswell, en un ensayo de 1941 titulado “Radio as a tool to reduce personal insecurity” (La radio como instrumento para reducir la inseguridad personal) explicó que el propósito de sus emisiones era reducir las inseguridades personales que afectaban a los miembros de la clase media. En las difíciles condiciones de la depresión económica y la guerra mundial, afirmó que las conferencias y mesas redondas radiofónicas (no había televisión) debían proporcionar noticias sobre los factores internos y externos que causaban las ansiedades individuales. Según Matteo Battistini (5), debido a las crecientes tensiones entre lo ideal y lo real, entre la ambición y la dificultad económica, pensaba que las emisiones debían comunicar optimismo para apelar a la clase media como guardiana de la moral, el sacrificio y los valores.

En la actualidad, las emisiones televisivas siguen exactamente el mismo patrón acuñado por Lasswell que no por casualidad fue jefe de la División Experimental para el Estudio de las Comunicaciones en Tiempos de Guerra, establecida por el gobierno estadounidense en la Biblioteca del Congreso y financiada por subvenciones de la Fundación Rockefeller.

Podemos entrever el mismo papel de la propaganda en esta fabricada pandemia, que en el período entre la Gran Depresión de 1930 y el inicio de la segunda guerra mundial, por ello no es casualidad el papel protagonista de militares y policías al lado de las “balas directas al cerebro” disparadas por políticos, periodistas y tertulianos. Se trata de la política de la zanahoria y el garrote en un contexto de terror generalizado.

Pero una cosa son los fabricantes de noticias y lenguajes y otra los intermediarios para su difusión: éstos reciben el nombre de periodistas. Son los propagandistas, los que difunden la propaganda. Serge Halimi Rui Pereira los denominó los nuevos perros guardianes, que “dan la espalda a aquellos a quienes debería servir para servir a aquellos a los que deberían vigilar”.

Abbott Joseph Liebling fue un periodista estadounidense que estuvo estrechamente asociado con The New Yorker desde 1935 hasta su muerte en 1963. Fue de los pocos periodistas radicalmente crítico con el Comité de Actividades Antiamericanas y desde sus artículos defendió a Alger Hiss, acusado de espía comunista por Whittaker Chambers, ex miembro del partido comunista que se puso al servicio del FBI.

En 1949 publicó “Of Mink and Red Herring” (De visones y arenques rojos) un libro de artículos críticos sobre los periódicos de Nueva York, con una crítica del «periodismo difamatorio” aplicado a las víctimas de “Elizabeth Bentlev y los de su calaña” (Bentlev fue una miembro del partido comunista norteamericano que también se puso al servicio del FBI para denunciar a los miembros del partido).

Liebling definía tres tipos de escritores de noticias: 1) El reportero que escribe lo que ve; 2) el reportero interpretativo que escribe lo que ve y añade lo que él cree que ha visto; 3) el experto que escribe lo que cree que es el significado de lo que no ha visto… añadiendo que “siempre que la información objetiva falta, nace el experto”. Así podemos calificar a la pléyade de periodistas “expertos” que desde hace un año y medio embrutecen las mentes de la ciudadanía repitiendo las consignas emanadas de quienes les retribuyen mensualmente. Sin lugar a dudas podemos calificarlos de periodistas canallas, pues se sitúan en el espacio intermedio entre Goebbels y Pomsel.

Como conclusión, cabe pensar en la necesidad de la coordinación de los diferentes medios ya sean audiovisuales o escritos, que reúna a periodistas y escritores con principios éticos y claro contenido de clase para enfrentar, en este período de resistencia, las agresiones del capital.

(1) https://www.dw.com/es/la-secretaria-de-goebbels-ante-la-c%C3%A1mara/a-38313436
(2) https://academic.oup.com/poq/article-abstract/14/3/419/1832014
(3) The American Political Science Review, Vol. 21, No. 3, aug., 1927, pp. 627-631
(4) Austral Comunicación, vol. 8, número 2 de diciembre de 2019
(5) https://www.researchgate.net/publication/289813136

Un sádico en las ondas: Herrera Carlos

Que así hace llamarse este fascista amanerado con pujos de originalidad para distinguirse de la chusma. No es, en puridad, un fascista como mandan los manuales fascistas, es decir, no es un fascista teórico, ortodoxo, convencido de la doctrina de José Antonio Primo de Rivera de quien, seguramente, no ha leído nada. Y no digamos Mussolini. Además, sabe que eso no vende. Él es un demócrata. Y un arrebatacapas que quiere ser rico apuntándose al discurso parafascista lo mismo que podía haberse apuntado al que llaman «socialdemócrata», pues facultades de sofista le sobran, inclinándose, casi apostando, por el que cree que le hará rico más rápidamente.

Es, por tanto, gentuza sin principios ni moral que, eso sí, odia cualquier atisbo que huela a manifestación popular, salvo que se trate del nacional-folklorismo, léase la gastronomía, los toros y el fútbol y el camino de Santiago, o sea, igual que con Franco.

De su estilo faltón plagado de insultos y matonismos barriobajeros no diremos nada por ser de sobra conocido. De su «talante» liberal y plural dio prueba expulsando en directo a un tertuliano, José María Fidalgo, un arrastrado más vago que la chaqueta de un guardia, vendeobreros y exsecretario general de CC.OO., nada menos, que fue golpeado con una vara en una manifestación por un obrero saliendo trasquilado, fue expulsado, digo, por llevar la contraria a su jefe en vez de lamerle los pies como el resto de pelotas y cobistas repugnantes tertulianos (con Joaquín Leguina y Nicolás Redondo Terreros a la cabeza).

También advertimos en este sujeto unos ramalazos sádicos apenas disimulados en algunos de sus comentarios sobre desgracias humanas, pero lo que oímos el martes 21 supera lo enfermizo de este sádico con micrófono digno de diván. Oigámosle. (Empieza su diatriba matutina a las ocho hablando del volcán en erupción en La Palma de las islas Canarias…). «Bueno, pues ese es uno de los líos que el volcán está provocando en esa zona de La Palma pues son nueve las bocas y yo antes le decía, oiga usted, está en su casa o no, o ha sido evacuado de su casa, pero está viendo cómo en su negocio ganadero, en su negocio agrario, va llegando poco a poco la lava (empieza la sesión de sadismo. Nota mía). Mientras a usted le desalojan, una vez desalojado, ve la tortura que supone para los afectados ver cómo a cámara lenta (subrayado mío) el río de lava se come su casa, sus recuerdos de toda la vida. Porque mire, un tsunami o un tornado no deja tiempo para pensar (filosofa este patán). Luego sí, te encuentras lo que te encuentras, pero por lo menos tienes la sensación (aquí ofrece una tregua en medio de la tensión angustiosa. Otra nota mía) de que bastante has logrado salvando el pellejo (no te quejes, pringao, que podías haber muerto) al salir corriendo, pitando de allí, pero claro la lava avanza (se acerca al clímax este enfermo. Última nota, lo juro) de forma inexorable y te da tiempo para despedirte de lo que ha sido tu vida, con parsimonia casi cruel, es decir, el magma invade las escaleras, la entrada, los cimientos de tu casa, es como un invasor (antropomorfiza el volcán) que comienza a provocar chisporroteos, pequeños incendios, hace crepitar cristales, comienzan a estallar, ceden los cimientos, la estructura se viene abajo, la cubre la lava y desaparece ante sus ojos para siempre y toda esa desolación -con un ruido de fondo que no cesa (pone una musiquilla tenebrosa)-, el de un volcán que ruge continuamente como un gran motor. (Y sigue por si no estuviéramos servidos.) Las chimeneas por las que sale el material no aflojan y se calcula que podrían estar lanzando 20.000 toneladas de bióxido de azufre (¿Será dióxido de azufre?) desde el domingo y las coladas de lava, los ríos de lava (salió el poeta que lleva dentro este garrulo) han llegado alcanzar hasta 15 metros de altura en la parte más avanzada. Imagínese una enorme pared de material fundido que no se detiene ante nada, que sigue buscando el mar. Esa es la situación, el agobio, la desesperación de los que están allí».

Ni Dante describiendo el infierno en su Divina Comedia. O un texto trémulo del Barroco español. O el Cela de su época tenebrista. Un regodeo y regusto mórbido, enfermo, sádico, propio de paranoicos. Por la noche, su mastín Ángel Expósito, pelota hasta el vómito, trata de superar a su maestro, melodramatizando aún más la tragedia no sin antes loar los desvelos y entrega de la Benemérita.

Verdaderamente repulsivo o, como diría mi prima, asqueoso.

La campaña de vacunación es una campaña publicitaria como otra cualquiera

En una sociedad capitalista sólo se vende y sólo tiene salida en los mercados aquello que se promociona. Las vacunas, como cualquier otra mercancía, las han vendido las grandes empresas mundiales de publicidad, subcontratadas por los gobiernos para fabricar una “imagen de marca” con ayuda de “expertos” y periodistas.

Las empresas publicitarias, como las farmacéuticas, son empresas privadas, que llenan sus bolsillos con adjudicaciones, licitaciones y dinero público, en definitiva. California, por ejemplo, subcontrató la distribución de vacunas a la empresa Blue Shield, una compañía de seguros de salud, por 15 millones de dólares, más otros 13 millones de dólares para la multinacional McKinsey, uno de los grandes gigantes mundiales de la publicidad.

Lo mismo hicieron otros 25 estados. “La campaña de vacunación estadounidense llegó a depender de gigantes mundiales como McKinsey y Boston Consulting Group”, concluye el Washington Post (*), lo cual es muy extraño: la logística de las vacunas se encomendó a empresas publicitarias que nada tienen que ver con ello, porque lo importante no era el transporte ni la inoculación sino el lavado de cerebro publicitario o, como dice el periódico, “generar confianza” en las vacunas.

Otra empresa publicitaria Deloitte, trabajó en 10 estados. Boston Consulting Group recibió millones de dólares del gobierno federal para coordinar la planificación de las vacunas, además de otros 11 estados que también contrataron a la misma empresa, en algunos casos pagándole para que resolviera las deficiencias de la planificación federal.

No tiene nada que ver con “salvar vidas”. Se venden vacunas como se venden candidatos a las elecciones. Algunos contratistas publicitarios contribuyeron a las campañas electorales y a los proyectos de los políticos electos que luego se convirtieron en clientes, lo que ha provocado acusaciones de favoritismo, y… un favor se paga con otro. Por ejemplo, el gobernador de California, Gavin Newsom, subcontrató a Blue Shield porque es su cajero, el holding que financia sus campañas políticas.

Además de la publicidad, los gobiernos también subcontrataron el rastreo de contactos, por lo que dependan cada vez más de las empresas privadas para salvaguardar la salud pública. Las empresas, no sólo las farmacéutcas, están deseando que haya nuevas pandemias y enfermedades para volver a firmar más contratos.

Por 4,9 millones de dólares, los CDC (Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades) también encargaron a Boston Consulting Group la planificación de la distribución y administración de vacunas, según un contrato firmado con la empresa en septiembre del año pasado y ampliado este marzo por otros 4,7 millones de dólares.

Desde que comenzó la pandemia, Boston Consulting Group ha obtenido contratos con el Departamento de Salud y Servicios Humanos, la agencia matriz de los CDC, por valor de más de 165 millones de dólares.

Las empresas consultoras carecen de experiencia en logística y vacunación y ahora los medios se lamentan de que no cumplieron sus compromisos. Nadie sabe cuáles fueron esos compromisos, por la opacidad de las cláusulas. Las empresas realizaban servicios rudimentarios, como tomar notas durante las llamadas entre los estados y los CDC, y luego organizar esa información en diapositivas para las presentaciones promocionales.

No fueron los médicos, sino Boston Consulting Group, quien convocó a la burocracia sanitaria de siete estados del noreste para discutir políticas que iban desde la inmunización de personas de fuera del estado, hasta la aceleración de las inoculaciones en los asilos de ancianos.

Ha sido una privatización encubierta. Los recortes en los presupuestos en sanidad acabaron en contratos millonarios de publicidad con empresas privadas. Debido a la falta de fondos públicos para la sanidad, Pensilvania contrató a Boston Consulting Group por casi 13 millones de dólares porque su sistema de salud era incapaz de vacunar a la población masivamente.

Ohio recurrió a McKinsey, firmando un contrato de 6 millones de dólares que posteriormente se amplió por otros 2,6 millones para vender la moto de las vacunas a los medios de comunicación.

Los estados que no subcontrataron la vacunación a empresas privadas fueron los que más dinero gastan en salud. Vermont, el primer estado en suministrar una dosis al 80 por ciento de los residentes, no contrató consultores. Tampoco lo hizo Colorado, el estado con mejores resultados en las Montañas Rocosas, ni Nuevo México, en el suroeste. Estos estados gastan más per cápita en salud pública que Pensilvania u Ohio.

(*) https://www.washingtonpost.com/health/2021/08/22/private-consultants-vaccination-drive-outsourced/

Los hospitales preparan a los médicos para provocar miedo entre la población a fin de que se vacune

La pandemia es una cuestión de miedo, de un miedo a las enfermedades y a la muerte que intentan amplificar por todos los canales de intoxicación posibles, con la colaboración de médicos, académicos, investigadores y una surtido de especialistas en técnicas de mercado.

En un vídeo aparece una médico del New Hanover Regional Medical Center de Wilmington, Carolina del Norte, Mary Kathryn Rudyk, preguntando a Carolyn Fisher, directora de marketing del hospital, cómo inflar el número de personas clasificadas como “pacientes covid” para provocar miedo entre los no vacunados.

“Creo que tenemos que ser más contundentes, tenemos que decir algo al salir: si no te vacunas, sabes que vas a morir”, dice Rudyk en el vídeo.

El National File y otros medios de comunicación locales publicaron la filtración e identificaron a las personas que aparecen (1). La grabación comienza con Fisher explicando cómo su departamento comunica al público “cifras significativas”: el porcentaje de personas no vacunadas, el porcentaje de personas vacunadas y el porcentaje de muertes en la unidad de cuidados intensivos (UCI).

Luego la médico pregunta cómo se pueden incluir los casos posteriores al “covid” en el número de personas hospitalizadas “por covid”. La publicista le responde: “Mi sensación en este momento es que tal vez tenemos que ser completamente un poco más aterradores para el público”.

“Hay muchas personas que siguen hospitalizadas y que consideramos postcovid, pero que no incluimos en esas cifras, así que ¿cómo incluimos a esas personas postcovid en el número de pacientes que tenemos en el hospital?”

Fisher le preguntó si se refiere a todos los pacientes que han estado en el hospital “desde el inicio del covid”. Rudyk le responde: “Bueno, los que siguen en el hospital, y esta es una pregunta que puedo plantear a otra persona, pero creo que son cifras importantes: pacientes que siguen en el hospital, que ya no están en la planta covid, pero que siguen ocupando el hospital por diversas razones”.

Al difundirse el vídeo en internet, la dirección del hospital ha tenido que salir la paso con comunicado público lleno de explicaciones inverosímiles (2). En una conferencia telefónica, Shelbourn Stevens, director del hospital dijo que esos pacientes están clasificados como “recuperados”.

“Pero creo que, desde nuestro punto de vista, seguiríamos considerándolos pacientes de covid porque todavía se están curando”, dijo Stevens.

Rudyk dijo que creía que estos pacientes debían ser “destacados también, porque una vez que salen del aislamiento, ya no están en los números covid”, lo que llevó a Stevens a decir que podrían discutir más tarde fuera de línea “cómo podemos incluir eso en el marketing”.

En respuesta a las preguntas en las que se pedía que se confirmara si las personas que aparecían en el vídeo eran empleados del hospital y cuál era el contexto del vídeo, un portavoz dijo que el personal implicado en el vídeo está viendo los “niveles más altos de hospitalizaciones y muertes por covid-19 hasta ahora en esta pandemia, a pesar de que las vacunas seguras y eficaces están ampliamente disponibles”.

“Fue un debate franco entre profesionales de la medicina y la comunicación sobre cómo podemos transmitir con mayor precisión la gravedad y la severidad de lo que está sucediendo dentro de nuestros hospitales y en todas nuestras comunidades”, dijo el portavoz. “Los datos que hemos compartido no incluyen a los pacientes que siguen hospitalizados con complicaciones relacionadas con la covid-19, aunque ya no estén aislados, y por tanto no ofrecen una imagen completa del impacto total del covid-19 en nuestros pacientes y hospitales”.

El hospital sigue preocupado por la desinformación, dijo el portavoz, y está trabajando “para ser transparente y contar la historia completa”.

(1) https://nationalfile.com/doctor-wants-to-be-scary-to-the-public-and-inflate-covid-numbers-if-you-dont-get-vaccinated-you-know-youre-going-to-die/
(2) https://www.wect.com/2021/09/10/novant-health-issues-statement-leaked-internal-discussion-covid-19-patient-numbers/

La falsa matanza de Timisoara y otros cuentos de terror que cuentan los reporteros

Timisoara es una ciudad rumana que casi nadie conocía hasta que el 22 de diciembre de 1989 saltó una “noticia” impresionante: había aparecido una fosa común con 4.630 cuerpos asesinados por balas, cadáveres mutilados por bayonetas y torturados. Muchos de ellos eran niños, enterrados con sus juguetes. Muy posiblemente seguirían apareciendo cadáveres porque se había abierto una “investigación”.

“Las cifras que se manejan de víctimas de los combates en Timisoara en la última semana oscilan entre los 5.000 y 12.000 muertos, mientras los heridos superan la cifra de 50.000”, escribió la corresponsal de El País (*). ¿Se dan cuenta? ¡Las cifras se manejan!, o mejor dicho, algunos manejan las cifras.

De la noche a la mañana Ceaucescu dejó de ser el “gran amigo de occidente”. Escasos de ingenio, los medios le calificaron de “vampiro”. Había dejado Rumanía en el desastre más absoluto. Los medios llamaron a sostener a la población con “ayuda humanitaria”: alimentos, medicinas, ropa… Se trataba de justificar el derrocamiento y posterior asesinato del “dictador”, un criminal sin escrúpulos al estilo de los que luego se hicieron famosos: Milosevic, Saddam Hussein, Gadafi, Bashar Al-Assad…

La terrible policía secreta de Ceaucescu, decían los medios, cargaba los camiones con cadáveres para llevarlos a otras fosas comunes y luego les disparaba en la cabeza a los conductores para que no pudieran revelar el lugar del enterramiento. Timisorara se convirtió en la “ciudad mártir” de la humanidad.

Hay mentiras tan gruesas que parecen ser verdad, sobre todo si van acompañadas de fotos. “Una imagen vale más que mil palabras”. Las espeluznantes fotos de la carnicería de Timisoara recorrieron el mundo, en una época en la que no había redes sociales, ni preocupación por la “posverdad”, ni verificadores de hechos. Entonces todo colaba, especialmente la propaganda anticomunista.

En fin, en aquella época estaba muy claro dónde estaba la fuente de las mentiras, quien se inventaba las “noticias” sin ninguna clase de escrúpulos. Los medios primero empezaron a rebajar la cifra de muertos; eran muchos menos de 4.630. Finalmente no había ninguno. Algunos huesos eran de animales y los cadáveres habían sido desenterrados de un cementerio para pobres, maquillados y puestos sobre el suelo para que los corresponsales los fotografiaran.

Una “noticia” así tapa otras realidades, como que el derrocamiento de Ceaucescu estaba muy lejos de haber sido pacífico, ya que había 700 rumanos muertos, o que en aquel preciso momento el ejército de Estados Unidos estaba invadiendo Panamá y disparando contra todo el que se movía.

Tras el descubrimiento del fraude, el filósofo italiano Giorgio Agamben dijo que era “el primer triunfo mundial de la sociedad del espectáculo”. Ignacio Ramonet habló de una “televisión necrófila”, ávida de crímenes, matanzas y toda clase de desgracias, sean sociales o naturales. “La falsa fosa común de Timisoara es probablemente el mayor engaño desde la invención de la televisión”, escribió el periodista. Ahora ya estamos acostumbrados a que nos engañen, pero entonces fue una sorpresa, sobre todo para los menos avisados en este tipo de montajes.

La mentira es una industria que genera beneficios, tantos más cuanto más gruesa es y más se adorna con términos apocalípticos, como “genocidio” y otros. Por el contrario, la verdad ni se compra ni se vende. Es extraño ver dinero en torno a quienes indagan sobre la verdad.

(*) https://elpais.com/diario/1989/12/24/internacional/630457201_850215.html

Las Comunidades Autónomas se blindan eliminando las vacunas COVID de las historias clínicas de las personas inoculadas

A pesar de ser una exigencia legal, la inoculación de las vacunas autorizadas por la Agencia Española del Medicamento contra el llamado COVID-19 no aparecen en las historias clínicas de aquellas personas que han recibido alguna de sus dosis, ni tampoco aparecen en el calendario de vacunación. Cualquier efecto secundario posterior quedará disociado de su inoculación, y será tratado como una patología ajena al fármaco. Leer más

Un documento del gobierno británico revela que las muestras de sangre del caso Skripal pudieron ser manipuladas

Las muestras de sangre tomadas de la familia Skripal podrían haber sido manipuladas para que den positivo en Novichok, el agente nervioso supuestamente utilizado para envenenarles, según revela información obtenida del Ministerio de Defensa del Reino Unido. Además, los documentos muestran que Rusia no era el único país del mundo en posesión de esta sustancia. Leer más

Calentamiento global: mejor abríguense

Me topé recientemente con una de esas viñetas que captan tu atención de forma especial, pues explican mediante sencillas escenas realidades complejas. Se la explico. En una carrera de relevos, el COVID‑19 le pasa el testigo al globo terráqueo, que corre ufano enfundado en su sudadera, cuyo pecho reza: cambio climático.

No hace falta ser un cerebrito para comprender el mensaje. Decayendo ya el asustaviejas de la pandemia, toca sustituirlo por otro de similar pelaje que cumpla idéntica función: el acojono generalizado, y con ello la disposición general a lo que haga falta para quitarnos de encima a la nueva Hidra de Siete Cabezas. Ahora el apocalipsis que se cierne sobre la Humanidad es el calentamiento global, que lleva indefectiblemente al cambio climático, con la consiguiente subida del nivel del mar, desastres meteorológicos constantes, calor asfixiante, movimientos masivos de población, cosechas arruinadas, crisis alimentaria galopante… Vaya, un desastre que hará añorar a esta peste actual que ha puesto al mundo patas arriba, aun afectando a tan solo uno de cada cien humanos, de los cuales la inmensa mayoría o no tuvo síntoma alguno, o la cosa quedó en leves malestares. ¡Y con la gripe desaparecida del mapa! Pero pandemia decidieron bautizarla, y como pandemia quedará para los restos en los libros de texto.

Mas retomemos lo del calentamiento global, el tema que nos convoca. Solo de pensarlo, a uno le corre el sudor cogote abajo, y siente la taquicardia en el pecho. Pues bien… mejor abríguense, pues no pocos indicadores apuntan a que durante las próximas décadas ―al menos hasta mediados de siglo― se producirá un descenso paulatino de la temperatura media del planeta. No diré aquí que lo afirman «los científicos», por cuanto ello significaría que lo apuntan «todos los científicos que en el mundo son, sin fisuras ni menos aún discrepancias dignas de mención». En efecto, evitaré caer en el error [consciente, ergo mentira cochina] de los medios en general, que sueltan eso de «la comunidad científica» (cuando no el todavía más chusco «los expertos»), y se quedan tan anchos, sabiendo que tal grupo es heterogéneo hasta casi el infinito, y que habrá siempre alguien entre sus miembros que defienda con empeño justo lo contrario que otro, siendo ambos «científicos» stricto sensu. Elegir por defecto el discurso A y condenar al ostracismo el B no es desde luego virtuoso para la ya de por sí bastante devaluada profesión de periodista. Digamos que colocaría al interfecto entre el embuste pagado (mercenarismo mediático) y el sectarismo (puro trastorno mental en sus casos más severos).

¡Claro que existe el cambio climático! En algún punto, detalle o grado, el clima cambia de manera constante en cada rincón del mundo. Son tantos los parámetros que constituyen dicha realidad (herramienta humana, ojo, con el siempre loable objetivo de adelantarse a posibles catástrofes meteorológicas, y tratar así de minimizar sus efectos), que bien puede asegurarse que el clima de mi ciudad, donde tecleo este texto, será en algún ínfimo sentido diferente desde el amanecer a la anochecida.

Por otro lado, parecemos olvidar que los humanos estamos aquí gracias al cambio climático, porque hubo un periodo benigno que nos permitió habitar estos lares, en un tiempo presididos por la nieve y el hielo. En consecuencia, cuando menos, cabe subrayar que el cambio climático será bueno o malo según le vaya a cada cual en la feria. ¿O es que creen que tan “temida” subida de 2o C no va a beneficiar a multitud de especies (acaso también a la nuestra, con mayor superficie para cultivar alimentos), encantadas de la vida con algo más de calorcito? Bien puede rescatarse aquí el famoso aforismo del “nunca llueve a gusto de todos”, lo cual desde luego significa que la lluvia, el frío, el calor, o cualquier otro meteoro vendrá de perlas a alguien. Como ha pasado siempre.

Calla la caja tonta con el fresquito que a veces hace en pleno verano (tres meses dan para mucho), pero a la que despunta un poco el termómetro, ya empiezan los telediarios con el cansino calentamiento global y el cambio climático, fenómenos que valen lo mismo para justificar una inundación en Bélgica que un tifón en Bangladesh que unos incendios en Canadá que una granizada en Haro. ¡Todo es ahora achacable al cambio climático! ¿Les suena de algo?

Pues sí… algo huele a podrido en este desaguisado, que bien pudiera ser otro “guisado” a la carta de las élites globalistas, acostumbradas como están ya a jugar a ser dioses en la tierra, por tener tal cantidad de dinero que se muestran incapaces de gastarlo en cosas algo más racionales, y sobre todo fructíferas.

Llegamos al apartado de las preguntas. ¿Pidió alguien explicaciones al científico que allá por los pasados años setenta auguraba un Manhattan anegado bajo el agua para finales de siglo? Que yo sepa, la isla está como estaba, y el «experto» hipergalardonado. Otra. ¿Por qué los millonetis de turno siguen construyéndose sus mansiones en primera línea de costa, mientras apoyan en sus redes sociales la idea de la cercana inundación apocalíptica? ¿Qué fue, por cierto, de la capa de ozono, cuyo agujero nos iba a achicharrar la cocorota sí o sí? ¿Cómo es que los ayuntamientos del litoral no obligan desde ahora mismo a desalojar viviendas y chiringuitos de primera línea de playa, o al menos a negar la preceptiva concesión municipal de obras? Y como estas, miles.

Nos atemorizan con el famoso 1.5C de incremento medio de temperatura, que de producirse acarrearía al parecer consecuencias de pesadilla, algunas ya mencionadas. ¿Difícil imaginarse el panorama? Pues no tanto, la verdad, porque basta con preguntarle a un leridano capitalino cómo se siente, dado que allí en la última década ha aumentado la temperatura media en 1.79o C, y se han tenido que enterar (quienes se hayan enterado, que seguro no serán todos) por la prensa. Y tan pichis.

Un razonable cuidado del entorno lo venimos practicando algunos mucho antes de que colocaran el primer contenedor verde en el barrio. Que urge una desaceleración drástica y urgente  en nuestro estilo de vida (¿decrecimiento?) lo sospechamos algunos desde nuestra más tierna adolescencia, cuando todavía no proliferaban los gurús medioambientalistas de «consejos vendo y para mí no tengo». Que las fuentes de energías fósiles son finitas se nos antojó siempre a algunos de puro sentido común. Pero quizá todo ello no tenga apenas nada que ver con el nuevo Leviatán que nos anuncian, acaso por si tuviéramos la mala idea de rebajar un ápice el nivel de pavor generalizado al que nos hemos dejado llevar, como ingenuos ratoncitos tras el flautista.

Mientras tanto, mejor si nos vamos haciendo un fondo de armario con ropaje algo más contundente. Porque, según ciertos profesionales del ramo, insisto, vienen tiempos que nos dejarán helados. Entiéndase la afirmación en un sentido literal o metafórico, a gusto del lector.

Los CDC manipulan las estadísticas contando las muertes de los ‘vacunados’ como muertes de ‘no vacunados’

Los “expertos” de los organismos públicos tienen más trucos que un número de magia, sobre todo cuando se trata de ocultar el número real de muertes causadas por las vacunas. Les debe pesar que haya demasiados muertos y se ven obligados a ocultarlos debajo de la alfombra.

Ya falsificaron el número de muertos habidos durante la pandemia, luego el número de “casos positivos” y ahora hacen lo mismo con los que mueren a causa de las vacunas, hasta tal punto que le dan la vuelta por completo al asunto: las muertes de los vacunados se consideran como muertes de no vacunados en los primeros 14 días desde la inoculación.

Un documento de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) muestra los malabares de un organismo público a la hora de definir lo que considera como “totalmente vacunado”, “parcialmente vacunado” o “no vacunado” (1).

Los CDC consideran “sin vacunar” a un persona cuando sólo han transcurrido 14 días de recibir la primera dosis de una serie de dos dosis, o una dosis de la vacuna de dosis única, o si no se dispone de un registro de vacunación.

Esto significa que si una persona ha sido hospitalizada, ingresada en cuidados intensivos, ha necesitado ventilación mecánica o ha fallecido en las dos semanas siguientes a la recepción de la vacuna, se contabiliza como “no vacunada”.

Luego los medios de comunicación utilizan las estadísticas de los CDC para asustar a la población a fin de que se vacune. Por ejemplo, la semana pasada Yahoo publicó un artículo titulado “Los residentes de Los Ángeles no vacunados tenían 29 veces más probabilidades de ser hospitalizados con covid-19: estudio de los CDC” (2).

Las estadísticas que nos muestran los “expertos” a cada paso, tantos en sus sesudos estudios científicos como en los platós de televisión, están diseñadas para taparlo todo, para que sea imposible analizar lo que está ocurriendo y para que los resultados sean los que tienen previstos de antemano en sus modelos informáticos.

Es una vergüenza y un fraude grotesco que nadie debería consentir.

(1) https://www.cdc.gov/mmwr/volumes/70/wr/pdfs/mm7034e5-H.pdf
(2) https://finance.yahoo.com/news/unvaccinated-hospitalized-coronavirus-doctor-cdc-202334703.html

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