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¿Un nuevo reparto de cartas en Oriente Medio? Encuentro tripartito en Jerusalén al más alto nivel

Nikolai Patrushev con John Bolton
Thierry Meyssan

En Jerusalén se anunció un importante encuentro entre los consejeros de seguridad de Estados Unidos, Israel y Rusia. Los participantes tendrían como objetivo desenredar la complicada madeja alrededor del Eje de la Resistencia, garantizar la seguridad de todos los Estados de Oriente Medio y establecer un control compartido entre Estados Unidos y Rusia sobre todos los demás actores, incluyendo a Israel.

Este acontecimiento inédito ya ha dado lugar a una setie de “revelaciones” y “desmentidos” sobre los temas que estarán sobre la mesa. Casi todos los comentaristas están disertando a partir de ideas falsas que todo el mundo repite a coro. Es necesario rectificar esas elucubraciones antes de tratar de evaluar lo que está en juego en este encuentro.

Durante la guerra fría, la estrategia estadounidense de “containement” o “contención” aplicada frente a la URSS logró, en efecto, rechazar la influencia soviética en Oriente Medio. Después del derrumbe de la URSS, Rusia abandonó esa región y no regresó a ella hasta el momento de la guerra de las potencias occidentales contra Siria.

Pero la presencia rusa en el Levante –exceptuando el paréntesis registrado desde 1991 hasta 2011– data de los tiempos de Catalina la Grande, o sea, la emperatriz Catalina II de Rusia, quien envió su flota a defender Beirut, a petición de la población de esa ciudad. La política de Catalina la Grande apuntaba primeramente a protegar la cuna del cristianismo –que no es Jerusalén sino Damasco, la capital siria–, por ser el cristianismo la base misma de la cultura rusa. Rusia extendió así su influencia en el Mediterráneo oriental y logró llegar hasta las aguas del Océano Índico.

En 2011 Rusia fue el único país del mundo capaz de diferenciar entre las revoluciones de colores del Magreb –las llamadas “primaveras árabes”– y las guerras desatadas contra Libia y Siria. Los países occidentales, que hacen su propia interpretación de aquellos acontecimientos, no se han esforzado nunca por tratar de entender cómo los ve Rusia.

No se trata en este trabajo de determinar quién tiene la razón y quién se equivoca –eso es un tema diferente– sino de admitir al menos que existen dos interpretaciones totalmente diferentes. Vale la pena destacar que los occidentales están de acuerdo en que Moscú nunca aceptó la manera como ellos violaron la resolución del Consejo de Seguridad supuestamente destinada a proteger a las poblaciones civiles en Libia. Implícitamente, los occidentales reconocen que no son los rusos sino el imperialismo occidental quien creó el problema que hoy enfrentamos.

Basándose en su propio análisis, Rusia comenzó a utilizar su derecho al veto contra los proyectos de resolución que los países occidentales trataban de imponer contra Siria en el Consejo de Seguridad de la ONU. Simultáneamente, y a solicitud de Siria, Rusia negoció con el gobierno sirio el despliegue en suelo sirio de una fuerza de paz de la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (OTSC). Sin embargo, Washington y Moscú pactaron en Ginebra –en presencia de las naciones occidentales y sin la participación de actores del Medio Oriente– un reparto de esa región. Eso sucedió en junio de 2012. Pero lo que parecía una luna de miel duró sólo unos días, antes de que Francia viniera a romperla, en contubernio con la secretaria de Estado estadounidense Hillary Clinton.

Siete años después, Moscú está reclamando el respeto de los compromisos rotos de aquella época. No fue la OTSC sino Rusia la que desplegó fuerzas militares en Siria y, junto al Ejército Árabe Sirio y Hezbollah, derrotó a los yihadistas, armados por Washington y sus aliados. Y los reclamos rusos también van dirigidos a Israel, donde un millón de rusoparlantes ostentan la nacionalidad israelí y uno de ellos, Avigdor Lieberman, acaba de hacer caer, por segunda vez consecutiva, el gobierno de Benyamin Netanyahu.

Este giro de los acontecimiento resulta difícil de admitir para quienes se mantuvieron dentro de la alianza Estados Unidos / Israel que caracterizó la era de George Bush hijo. Sin embargo, el hecho es que desde que el Califato Islámico (Daesh) fue derrotado, los emisarios de las autoridades israelíes han viajado más frecuentemente a Moscú que a Washington.

El juego de las potencias regionales ante Israel

Existe una supuesta “verdad” comúnmente aceptada según la cual las fuerzas del “Eje de la Resistencia” (Palestina, Líbano, Siria, Irak, Irán) se plantean como objetivo acabar con los israelíes, como los nazis que trataron de exterminar a los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Eso sólo una transposición de papeles simplemente grotesca.

En realidad, Hezbollah es originalmente una red chiita de resistencia contra la ocupación israelí del Líbano. Esa red comenzó recibiendo armas proporcionadas por Siria pero, a partir de 2005 y de la retirada de la fuerza siria de paz desplegada en Líbano, ha recibido su armamento de Irán. El objetivo de Hezbollah nunca fue “echar los judíos al mar” sino que siempre ha proclamado, por el contrario, su intención de lograr la igualdad de derechos para todos. La ocupación israelí en Líbano fue una realidad que sobrepasó incluso la voluntad del gobierno de Israel, que se vio desbordado por la iniciativa del general Ariel Sharon de lanzarse a la toma de Beirut, y fue también resultado de la colaboración de milicias cristianas y drusas, como las de Samir Geagea y Walid Joumblatt.

Idénticamente, Siria reaccionó ante el expansionismo israelí defendiéndose, en primer lugar, y luego prestando ayuda a las poblaciones palestinas. Eso es totalmente legítimo, sobre todo teniendo en cuenta que, antes de la Primera Guerra Mundial, Palestina y Siria fueron una sola entidad política. Nadie pone en tela de juicio –ni siquiera Estados Unidos– que durante 70 años Israel siempre ha seguido arrancando territorios a sus vecinos y que aún hoy sigue haciéndolo.

Desde el inicio de la guerra fría, Estados Unidos –inmerso en su política de “contención” contra la URSS– fue totalmente consciente del expansionismo israelí, que daba al traste con la estabilidad de la región. Teniendo en cuenta ese factor, Estados Unidos armó a Siria para que estuviese en condiciones de hacer frente a Israel –pero no de atacarlo– e hizo lo mismo con otras fuerzas regionales, como Irak. De hecho fue el entonces secretario de Estado, John Foster Dulles, quien creó el “Eje de la Resistencia”, garantizando así que Siria e Irak no recurrieran a la Unión Soviética para defenderse y obtener ayuda militar soviética.

La administración Eisenhower sabía que Israel había sido creado por voluntad del presidente estadounidense Woodrow Wilson y del primer ministro británico David Llyod George, pero considerabia al régimen israelí como un caballo loco al que tenía que proteger y domar.

Washington se unió por consiguiente a las iniciativas británicas: la firma del tratado de asistencia militar entre Damasco y Teherán y posteriormente, en 1958, la firma del Pacto de Bagdad, que permitía la creación de la CENTO (Central Treaty Organization, también conocida por las siglas METO, o sea Middle East Treaty Organization, que fue un equivalente regional de la OTAN). El contexto y los actores han cambiado, pero su móvil sigue siendo el mismo.

El caso de Irán es el principal problema de hoy. La mayoría de los dirigentes iraníes no aborda la cuestión de manera política sino desde un punto de vista religioso. Una profecía chiita afirma que los judíos volverán a formar un Estado en Palestina, pero también asegura que ese Estado será rápidamente destruido. El ayatolah Ali Khamenei, guía de la revolución islámica iraní, que ve esa profecía como algo fuera de discusión, la menciona periódicamente, como llevando un conteo regresivo, y muy recientemente afirmó que Israel habrá desaparecido en 6 años.

El endurecimiento de las posiciones –en Irán airededor de la mencionada profecía y en Israel en torno a la ley llamada “Israel, Estado-nación del pueblo judío” (2018), constituye la fuente de continuidad de un conflicto que podría desbloquearse con un poco de inteligencia. Eso es lo que han tratado de hacer el presidente estadounidense Donald Trump y su consejero especial Jared Kushner, pero han fracasado porque, si bien una garantía de desarrollo económico puede resolver la cuestión de las reparaciones o compensacioees a los palestinos, no será posible avanzar hacia una solución sin lograr una evolución en las formas muy diferentes de percibir el mundo que tienen los judíos, los árabes y los persas.

¿Qué es el “Eje de la Resistencia”?

Los responsables religiosos iraníes utilizan a menudo la expresión “Eje de la Resistencia” para referirse a la alianza formada frente a Israel. Pero no existe ningun tratado que de carácter formal a ese eje. Sus dirigentes nunca realizaron un encuentro cumbre para ponerse de acuerdo.

A partir del momento de la invasión de Irak, en 2003, las fuerzas del “Eje de la Resistencia” han venido dividiéndose poco a poco, tanto que hoy en día sus conflictos internos han cobrado más importancia que su lucha externa.

En 2003 fue asesinado el jefe religioso chiita irakí Mohamed Sadeq Al-Sadr. Con razón o sin ella, sus partidarios atribuyeron la responsabilidad del crimen al gran ayatolah Ali Al-Sistani. Este último es un religioso iraní residente en Irak, donde dirige los seminarios chiitas. Esta comunidad chiita se dividió poco a poco entre los proiraníes seguidores de Al-Sistani y los proárabes seguidores de Moqtada Al-Sadr, el hijo del ayatolah asesinado. Moqtada Al-Sadr cortó sucesivamente las relaciones con Damasco y con Teherán –en 2017– y viajó a Riad –la capital de Arabia Saudita– para reunirse con el príncipe heredero Mohamed Ben Salman.

En 2006, aprovechando su victoria local en las eleiciones legislativas organizadas en los territorios palestinos, Hamas dio un golpe de Estado contra Al-Fatah en la Franja de Gaza, donde se proclamó autónomo. En 2012 la dirección política de Hamas, hasta entonces exiliada en Damasco, se trasladó inesperadamerte a Doha, la capital de Qatar, país que financió a los yihadistas que trataban de derrocar el gobierno sirio. Hamas se declaró incluso “rama palestina de la Hermandad Musulmana”, partido político ilegalizado en Siria. Los hombres de Hamas introdujeron agentes del Mosad israelí en la localidad siria de Yarmuk (en los suburbios de la capital siria), donde trataron –actuando en conjunto– de liquidar a los militantes del movimiento palestino adversario FPLP-Comando General (marxista). En definitiva, el ejército sirio tuvo que cercar Yarmuk para evitar que Hamas avanzara hacia Damasco. Aquella decisión del ejército sirio contó con el respaldo, públicamente expresado, del presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas.

Son absurdas las acciones de las naciones occidentales destinadas a tratar de destruir el “Eje de la Resistencia”, cuya existencia desearon en otro momento y a cuya creación contribuyeron. Hoy quieren destruirlo sólo porque ya no pueden controlarlo, pero no vale la pena que traten de acabar con él. Bastaría con que tengan un poco de paciencia porque esta fuerza está diluyéndose por sí misma.

Los iraníes son amigos fieles pero, por razones culturales, tienen tendencia a arrastrar a sus amigos en sus propios problemas. Los sirios nunca expulsarán de su suelo a los iraníes que contribuyen a protegerlos del expansionismo israelí y que los ayudaron a resistir cuando comenzó la agresión externa (en 2011-2014). Pero, en la actual coyuntura, si los iraníes quisieran actuar como verdaderos amigos de los sirios, deberían retirarse de Siria en el plano militar y dejar ese tipo de ayuda en manos de Rusia, para que Estados Unidos se viera obligado a reconocer la legitimidad del gobierno del presidente Bashar Al-Assad. En vez de eso, los iraníes están utilizando la presencia de sus tropas en Siria para provocar a Israel con tiros de cohetes desde suelo sirio.

Los tres consejeros de seguridad nacional

El estadounidense John Bolton, el israelí Meir Ben-Shabbat (Israël) y el ruso Nikolai Patruchev, consejeros para la seguridad nacional en sus respectivos países, desempeñan las mismas funciones. Pero no tienen el mismo grado de experiencia.

Bolton está convencido de la superioridad ontológica de su país ante todos losidemás. Su experiencia en materia de relaciones internacionales la adquirió, en primer lugar, durante las negociaciones sobre el desarme y frundamentalmente, cuando fue embajador de Estados Unidos en el Consejo de Seguridad de la ONU (de 2005 a 2006). Bolton acostumbra a lanzar iniciativas espectaculares pero es capaz de retroceder cuando piensa que se ha equivocado. Es precisamente por su capacidad para cargar personalmente con los errores de otros que el presidente Trump lo ha mantenido en el cargo.

Meir Ben-Shabbat es un hombre de fe, convencido de que pertenece a un pueblo elegido de Dios, pero maldito. Meir Ben-Shabbat no es diplomático sino experto en contraespionaje. A pesar de eso, cuando dirigía el Shin Betn (la agencia israelí de suguridad general) dio muestras de gran sutileza, tanto para luchar contra Hamas como para manipularlo y negociar con él cuando era necesario. Su excelente conocimiento de las múltiples fuerzas que se mueven en Oriente Medio le permite comprender instantáneamente lo que tiene posibilidades de durar en el tiempo y lo que va a ser efímero.

Y Nikolai Patruchev es un personaje de la categoría de altos funcionarios rusos. De los tres, Nikolai Patruchev es indudablemente el que tiene la más alta visión del tablero mundial. Como sucesor de Vladimir Putin a la cabrza del FSB (el Servicio Federal de Seguridad de la Federación Rusa), Patruchev tuvo que enfrentar los intentos estadounidenses e israelíes de comprar a los principales directores de ese órgano. Luego de varios años de turbulencias, logró garantizar plenamente el control del FSB. Luego tuvo que enfrentar la desestabilización de Ucrania por parte de Estados Unidos y de la Unión Europea, lo cual condujo al regreso de Crimea a la Federación Rusa. Este hombre no negociará sobre un expediente haciendo concesiones al otro sino que velará –por el concrario– por lograr que todas las decistones sean coherentes. 

Estos tres estrategas tendrán que definir los contornos de una redistribución de las cartas, que después será objeto de negociaciones entre los diplomáticos. El papel de los tres consejeros de seguridad nacional será compensar las pérdidas de los perdedores para que se logre llegar a acuerdos aceptables para todas las partes.

https://www.voltairenet.org/article206718.html

El neocolonialismo se reinventa en el nuevo Tratado México-EEUU-Canadá

AMLO: la ‘izquierda’ al servicio del imperialismo
El nuevo Tratado México-EEUU-Canadá, T-MEC, que reemplazará al TLCAN, tendrá un impacto positivo en el PIB real y el empleo de EEUU. Para defender su mercado interno y lograr sus metas de exportación, Trump aprobó la Ley de mejora de la agricultura, que prevé 867.000 millones de dólares en subsidios.

A decir de Trump, el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica (TLCAN) fue un pésimo acuerdo para EEUU, pues ocasionó la pérdida de 4 millones de empleos en el sector manufacturero, un déficit de más de 2 billones de dólares. Además, el sector automovilístico habría perdido un 25 por ciento de puestos de trabajo.

Por su parte, el presidente mexicano, Andrés Manuel López Obrador, remitió el T-MEC al Congreso para su aprobación. “Consideramos que nos conviene, que es benéfico para que haya más inversión extranjera, que se estimule la participación de las empresas, para la creación de empleos bien pagados en el país”, afirmó.

Durante los 20 años de vigencia del TLCAN, las exportaciones totales de México han crecido un 525 por ciento, siendo el sector de maquila el más dinámico. No obstante, el Senado mexicano reconoce que el bajo costo de la mano de obra sigue siendo un factor fundamental para la instalación de empresas manufactureras norteamericanas en México.

En el periodo de vigencia del TLCAN, las maquiladoras han creado apenas 700.000 empleos, en un país con una población económicamente activa de 54 millones de personas, de las cuales 30,5 millones tienen trabajos informales y las subocupadas suman 3,8 millones.

Un informe gubernamental afirma que México exporta a sus socios del TLCAN por un valor de 36 millones de dólares cada hora. Pero más allá de los millones, es más que curioso que casi la mitad de los mexicanos aún continúan viviendo en la pobreza.

Según el Gobierno de EEUU, con la firma del T-MEC han logrado “un acuerdo del siglo XXI de alto estándar” que les permitirá eliminar el déficit de 71.000 millones de dólares en comercio de bienes y mejorar el superávit de casi 7.000 millones de dólares en servicios.

La Comisión de Comercio Internacional de los EEUU (USITC, por sus siglas en inglés), hizo una evaluación del posible impacto del T-MEC que arrojó como resultado que las exportaciones estadounidenses a Canadá y México aumentarán en 19.000 y 14.000 millones de dólares, respectivamente.

En cuanto a las importaciones estadounidenses desde Canadá y México, aumentarán en un 5 por ciento y un 3,8 por ciento, respectivamente. El modelo usado por la USITC estima que el acuerdo tendrá un impacto positivo en todos sus sectores industriales.

Estados Unidos entiende que debe preparar a sus empresas para defender su mercado interno y conquistar nuevos. Para ello, el presidente Trump promulgó la Ley de mejora de la agricultura 2018, que dispone 867.000 millones dólares en ayuda al sector para los próximos cinco años.

Uno de los pilares del T-MEC es el referido a la propiedad intelectual, que, entre otros aspectos, define procedimientos judiciales para “evitar la divulgación de secretos comerciales” de las compañías transnacionales en casos de litigio.

Esto le vendrá muy bien a los contaminadores, pues estarán protegidos de no difundir información de los químicos que utilizan. También podrá favorecer a los productores de transgénicos que no estarán obligados a informar, amparándose en el “secreto comercial”.

Según el Gobierno de EEUU, el capítulo de propiedad intelectual “moderniza y proporciona una protección sólida y efectiva” a sus innovadores y creadores.

La oficina para el comercio de EEUU informó que, por primera vez, un acuerdo comercial establece que, de oficio, las autoridades deberán impedir la circulación de las mercancías falsificadas o pirateadas en cada fase de entrada, salida y tránsito por el territorio de cualquiera de los países parte del T-MEC.

El Estado mexicano deberá crear una gran infraestructura legal y policiaca para proteger las inversiones de sus socios. De este modo, el Estado se convierte en gendarme defensor de los intereses de empresas transnacionales, pues de no hacerlo sufrirá sanciones y demandas por no proteger la inversión.

Es sabido que la piratería es una plaga internacional y para combatirla no bastan leyes o policías, pues es también un problema de pobreza, que por lo visto en el TLCAN no solucionará tampoco el T-MEC.

El T-MEC establece que los países deberán ratificar varios tratados internacionales sobre propiedad intelectual, entre ellos UPOV 1991, que es el tratado de la Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales.

UPOV 1991 ha sido foco de críticas y resistencia en el mundo porque establece derechos de monopolio muy amplios a favor de los obtentores de variedades vegetales, a quienes define como “aquella persona que haya creado o descubierto y puesto a punto una variedad vegetal”.

Esos nuevos derechos abarcan toda la cadena productiva y reproductiva del vegetal en cuestión, incluyendo la producción, reproducción, venta, exportación e importación, que deberá ser autorizada por el obtentor. Dicha “autorización” implica el pago por el uso.

Este nuevo acuerdo constituye una amenaza para la propiedad colectiva del conocimiento tradicional y abre las puertas de par en par a la biopiratería, pues equipara el concepto de “descubrimiento” con el de “invención”, que no son lo mismo.

Es aún más preocupante que el artículo 20 del T-MEC establece que cada país “dispondrá que las patentes puedan obtenerse para cualquier invención, ya sea un producto o un procedimiento, en todos los campos de la tecnología”.

Se podrá patentar vegetales, genes, microorganismos, etc., etc., de la misma forma que se patentan las invenciones industriales.

Es la típica visión colonialista, donde el descubridor, por el mero hecho de haber encontrado algo, se lo apropia, lo patenta y se lucra sin límites. Se trata incluso de una imposición de paradigma, que elimina el conocimiento colectivo de libre acceso y promueve la apropiación y lucro privado.

Según el Instituto de Política Agrícola y Comercial, con el TLCAN los agricultores mexicanos fueron devastados por el maíz barato de los EEUU y casi dos millones de ellos fueron expulsados de la agricultura, muchos se convirtieron en subcontratados y otros se vieron obligados a emigrar.

Los textos del T-MEC y sus anexos conforman cientos de páginas, donde el capítulo de propiedad intelectual es apenas una parte, pero suficiente para constatar que EEUU ha logrado imponer sus reglas neocoloniales, constituyéndose esto en un peligroso antecedente.

La reciente Declaración de las Naciones Unidas sobre los Derechos de los Campesinos y de Otras Personas que trabajan en las zonas rurales instituye que los Estados respetarán, protegerán y harán efectivos los derechos de los campesinos.

El artículo 19 establece el derecho a proteger los conocimientos tradicionales relativos a los recursos fitogenéticos para la alimentación y la agricultura; el derecho a conservar, utilizar, intercambiar y vender las semillas o el material de multiplicación que hayan conservado después de la cosecha.

Para el año 2050 se prevé que la población mundial alcance los 10.000 millones. Eso conlleva que la demanda mundial de alimentos aumente en un 70 por ciento.

La creciente demanda de granos, aceites y vegetales es un motor importante para el mercado mundial de semillas, que está valuado en 59.000 millones de dólares y se prevé que llegue a 90.000 millones de dólares en 2024. Este es precisamente el negocio que ahora EEUU y sus transnacionales pretenden monopolizar.

Ocho empresas representan alrededor del 50 por ciento del mercado mundial de semillas, entre ellas Monsanto, Vilmorin & Cie., Syngenta (ahora china, ChemChina-Syngenta), DowDupont Inc., Bayer y DLF Seeds.

Paradójicamente, son los campesinos los principales proveedores de alimentos para más del 70 por ciento de la población mundial, que producen con reducidos recursos.

Durante la campaña electoral, AMLO [Andrés Manuel López Obrador, el Presidente de México] comprometió con su firma incorporar en su plan de Gobierno el Plan de Ayala Siglo XXI 2.0, que tuvo el respaldo de más de 100 organizaciones agrícolas mexicanas.

Dicho documento definió prohibir la siembra de transgénicos y suspender el uso de pesticidas prohibidos.

El plan precisa que “es necesario renegociar el TLCAN y sustituirlo por un Acuerdo Trinacional de Cooperación para el Desarrollo que, a diferencia de aquel no sacrifique nuestra soberanía alimentaria, además de que incluya la legalización de los indocumentados y el derecho a la movilidad transfronteriza”.

¿Tan pronto se habrá olvidado AMLO del Plan Ayala siglo XXI?

https://mundo.sputniknews.com/firmas/201906101087575369-alerta-mexico-neocolonialismo-comercio-tmec-mexico-eeuu-canada/

El capitalismo monopolista de Estado sigue dando lecciones sobre la realidad más cruda

Primero fue Alstom, luego Airbus, ahora Huawei… Los más grandes monopolios del mundo se están viendo sometidos a las tensiones crecientes entre las potencias imperialistas, que no conciernen sólo a China, sino a la propia Unión Europea.

48 horas después de las elecciones europeas, el monopolio estadounidense General Electric anuncia el despido de más de 1.000 trabajadores de su fábrica de Belfort, en el norte de Francia, “una bomba social” en palabras de los sindicatos.

El Director General de General Electric es Hugh Bailey, que anteriormente fue asesor del Presidente francés Macron cuando éste fue ministro de Economía y, por lo tanto, encargado en 2015 de la venta de la sección de energía de Alstom a General Electric. Un monopolio europeo caía en las zarpas de un monopolio estadounidense, pero un relato detallado es mucho más sórdido, la típica carrera del capital a ninguna parte.

En 1966 la vieja CGE (Compagnie Générale d’Electricité) compra una empresa de telefonía alsaciana, Alcatel. Diez años después compra los astilleros Alsthom y en la década siguiente la sección europea de telecomunicaciones de ITT.

El conglomerado pasa a llamarse Alcatel Alsthom, extiendiéndose por el mercado norteamericano gracias a continuas compras de otras empresas, un proceso que concluye en 2006 con su fusión con Lucent Technologies.

Alcatel competía con la alemana Siemens en Alemania, Hitachi y Mitsubishi en Japón, y Samsung y Hyundai en Corea y en sus dominios no se ponía el sol: telecomunicaciones, cables, ingeniería eléctrica, energía, ferrocarriles, alta velocidad, centrales nucleares, construcción naval…

La fusión con Lucent resultó un fiasco y en 2015 Nokia se apoderó de ambas y, de rebote, de la filial Submarine Network Solutions, una empresa involucrada en el tendido de redes transoceánicas y, por lo tanto, “una pepita estratégica para Francia y sus servicios de inteligencia”, dijo la prensa (1).

Pero a los finlandeses de Nokia los vínculos del monopolio con el espionaje francés no les interesaban y la vendieron, lo cual fue un palo porque pusieron al ejército francés bajo la vigilancia de sus colegas estadounidenses.

Casi al mismo tiempo que perdían Alcatel, los franceses perdieron también Alstom, la otra joya de la República de los monopolios, con presencia tanto en ferrocarriles como energía. En 2003 uno de los monopolios industriales más poderosos de Francia entra en pérdidas y la banca le retira su apoyo.

El Estado sale en ayuda del gigante entrando a formar parte de su capital, para lo cual tuvo que desembolsar 2.000 millones de dinero público. Pero en Estados Unidos los buitres carroñeros de la competencia estaban al acecho…

Empezó un montaje al más puro estilo de los tribunales gringos, como Huawei: el 14 de abril de 2013 detuvieron a Frédéric Pierucci, un directivo de Alstom, a su llegada a Nueva York por un caso de corrupción cometido en Indonesia. Era un chantaje vulgar y corriente dirigido contra la cabeza del monopolio francés, además de la amenaza de una multa estratosférica para acabar de arruinarlo.

El Estado francés cede, Alstom también y General Electric se apodera de su presa, especialmente su división de turbinas. En enero de este año salió a la venta el libro de Pierucci, titulado “The American Trap” (La trampa americana) que lo explica detalladamente desde las cárceles de Estados Unidos, donde estuvo dos años encerrado (2).

Al principio, el ministro francés de Industria, Arnaud Montebourg, trató de oponerse a la liquidación, aprobando el decreto sobre inversiones extranjeras sujetas a autorización previa. Por su parte, los estadounidenses sobornaron a algunos cabecillas franceses del monopolio, mejoraron el precio de la oferta de compra, concedieron al Estado francés el derecho de veto en las decisiones sobre energía y, como es habitual, prometieron la creación de puestos de trabajo.

El cuento de la lechera duró hasta que en 2014 al ministro francés le sucedió en el cargo nada menos que un pelele como Macron y las promesas de General Electric ya no eran necesarias. El monopolio cambió de manos con lo que no era otra cosa que el pago de un rescate.

Una vez con las manos libres, General Electric empezó a desollar la pieza y los trabajadores empezaron a sufrir las consecuencias. En 2017 la multinacional anunció la eliminación de 350 puestos de trabajo de un total de 800 en la fábrica de Grenoble. Al año siguiente anunció que no cumpliría su compromiso de crear 1.000 puestos de trabajo en Francia. Ahora afirma que en lugar de crearlos lo que hará será destruirlos…

Es el capitalismo en estado puro.

(1) https://www.challenges.fr/entreprise/que-sont-devenus-les-fleurons-francais-alcatel-et-alstom_475681
(2) https://www.archyworldys.com/the-american-trap-frederic-pierucci-dalstom-at-the-prison/


Más información:
– Airbus: un cadáver de la guerra económica desatada por Estados Unidos contra la Unión Europea
– El verdadero fraude financiero
– Las sanciones económicas a Irán golpean a los grandes monopolios europeos
– El declive de la hegemonía técnico-militar del imperialismo estadounidense

Huawei: los promotores de la guerra comercial de Estados Unidos contra China están condenados al fracaso

No hay mucho más que añadir a lo que ya expusimos en febrero (1) sobre el bloqueo de Estados Unidos a la multinacional Huawei. No obstante, hay que salir al paso de la catarata de “noticias” que el asunto ha provocado.

Las motivaciones económicas, comerciales y tecnológicas no son las causas principales del acoso a Huawei. Se trata de una guerra contra la misma China, es decir, una cuestión estratégico militar: el control del sistema mundial de telecomunicaciones, que permite tener una ventaja decisiva en materia de inteligencia, contrainteligencia y espionaje.

La empresa china desarrolló de forma autónoma un sistema de cifrado de datos que hasta el momento es imposible de vulnerar incluso para la NSA, lo cual ha llevado a muchos servicios de inteligencia del mundo a preferirlos por encima de sus competidores estadounidenses con el fin de garantizar la fiabilidad de sus comunicaciones (2).

Controlar las telecomunicaciones mundiales permite a Estados Unidos y sus aliados de “Los Cinco Ojos” (Gran Bretaña, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) seguir dominando la red de espionaje digital mundial denunciada por Snowden en 2013, la misma que hizo a los servicios de inteligencia rusos regresar a las viejas máquinas de escribir para garantizar el secreto de sus informaciones (3).

Anticipar que el bloqueo está condenado al fracaso no debería ser ninguna sorpresa por dos motivos: el primero es la fuerte caída del comercio internacional que ha puesto al capitalismo a las puertas de una nueva sacudida, y segundo, que la medida ha tenido un efecto “boomerang”: lo que ha caído en bolsa han sido las acciones de las multinacionales obligadas a sostener el bloqueo.

La medida se ha vuelto contra los patrocinadores. Al día siguiente del bloqueo Qualcomm perdió en bolsa más de un 10 por ciento y Apple más de 3 por ciento. A su vez, esa caída ha obligado a la Casa Blanca a retrasar el bloqueo hasta el mes de agosto y lo más probable es que no se logre imponer nunca porque, a su vez, los que presionan (en Washington) también están sometidos a presiones (de las multinacionales informáticas).

Al final el asunto se va a resolver de tal manera que quedará claro quién bloquea a quién, porque no bloquea quien quiere sino quien puede.

La excusa de Estados Unidos es como las armas de destrucción masiva en poder de Saddam Hussein, o el espionaje ruso al Partido Demócrata, o el caso Skripal, o los ataques sónicos contra la embajada en La Habana, o cualquiera de las demás farsas típicamente estadounidenses de los últimos años.

De momento, el sueño de internet como una “red mundial” se ha despertado de su desengaño. No hay tal red; la tecnología no es neutra y el mundo marcha hacia una fragmentación cada vez más evidente de las telecomunicaciones. La política de bloques se ha trasladado a los grandes monopolios e incluso a los organismos internacionales que establecen los cánones tecnológicos, como los servidores, los microprocesadores, las señales radioeléctricas (wifi) o los sistemas operativos y las aplicaciones.

No obstante, los charlatanes de la globalización y el neoliberalismo pueden seguir con sus ridículas disquisiciones.

(1) https://mpr21.info/2019/02/huawei-los-viejos-capitalistas-han.html
(2) https://www.voltairenet.org/article204273.html
(3) https://actualidad.rt.com/actualidad/view/99748-snowden-servicio-defensa-rusia-maquinas

La reducción de los salarios multiplica el número de suicidios en Estados Unidos

El empeoramiento de las condiciones económicas que presionan a las personas desde hace mucho tiempo ha sido propuesto como un factor que contribuye a las muertes por suicidio. Se identificó al estrés financiero como un factor que contribuye al suicidio.

Entre 1999 y 2016 la tasa de suicidios aumentó significativamente en 44 estados de Estados Unidos. 25 estados experimentaron aumentos de más del 30 por ciento. La tasa de suicidios ajustada por edad en 2016 fue de 13.4 por 100.000 personas, en comparación con 10.5 por 100.000 en 1999.

Los aumentos de suicidios están contribuyendo a las reversiones en décadas de tendencias de disminución de las tasas de mortalidad en general. Aunque se ha prestado especial atención al aumento de la mortalidad entre los blancos no hispanos, la tasa de suicidios también ha aumentado en otros grupos raciales y étnicos.

La proporción de suicidios con circunstancias relacionadas con el trabajo o los problemas económicos aumentó entre las personas de mediana edad en los Estados Unidos entre 2005 y 2010. Un informe reciente encontró que aproximadamente una de cada seis personas que murieron por suicidio en varios estados de Estados Unidos experimentó un problema laboral o financiero antes de su muerte.

Estudios anteriores han encontrado que los aumentos en los salarios mínimos aumentan los ingresos para los grupos de bajos ingresos, que pueden aliviar el estrés económico. La parte de la población que trabaja con un salario mínimo tiene un mayor riesgo de suicidio.

Estar en un hogar de bajos ingresos se asocia con una mayor probabilidad de suicidio incluso después de controlar las características demográficas. Los efectos económicos positivos de los aumentos del salario mínimo también pueden extenderse más allá de los trabajadores del salario mínimo. Existe evidencia de que los aumentos en el salario mínimo podrían aumentar los salarios de los trabajadores que ganan más que el salario mínimo.

Modelos controlados por características de estado variables en el tiempo que podrían estar asociadas con cambios en los salarios mínimos y tasas de suicidio.

Hubo aproximadamente 432.000 muertes por suicidio en el período de estudio.

Un aumento de un dólar en el salario mínimo real se asoció en promedio con una disminución del 1.9 por ciento en la tasa anual de suicidios. Esta asociación negativa fue más consistente en años desde 2011.

Una disminución anual del 1.9 por ciento en la tasa de suicidios durante el período de estudio habría resultado en aproximadamente 8.000 muertes menos por suicidio. Los análisis por raza y sexo no revelaron una variación sustancial en la asociación entre salarios mínimos y suicidios.

La asociación estimada fue consistente en múltiples especificaciones y suposiciones del modelo. Los modelos controlan las condiciones económicas en los estados, las inversiones estatales en atención médica y las mejoras en la cobertura de seguro de salud.

Los análisis brindan apoyo para el papel potencial de los aumentos en los salarios mínimos para abordar las tasas de suicidio en aumento en Estados Unidos

En conclusión, los aumentos en los salarios mínimos reales se han asociado con un crecimiento más lento en las tasas de suicidio en los últimos años. Aumentar el salario mínimo podría representar una estrategia para abordar los aumentos en las tasas de suicidio.

https://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoid=94332

El verdadero fraude financiero

El primero de diciembre de 2018 Meng Wanzhou, ejecutiva de la empresa china de telecomunicaciones Huawei e hija de su fundador, fue detenida en Canadá en tránsito hacia México por agentes estadounidenses bajo la acusación de haber hecho negocios con Irán (y luego por fraude financiero) por lo cual podría enfrentar una pena de cárcel por más de una década sin haber violado ninguna ley ni canadiense ni estadounidense.

Antes que Estados Unidos rompiera de forma unilateral el acuerdo firmado con Irán, hacer negocios con aquel país no era ilegal. Por supuesto que cuando hablamos de legalidad nos referimos a las leyes de un solo país, no a las leyes internacionales, que han sido sistemáticamente violadas por ese mismo país. Estados Unidos no solo dicta las leyes sino que las puede cambiar abruptamente según su conveniencia y según el estado de humor del nuevo presidente, lo que convierte la saludable “alternancia en el poder” en el comodín (joker) de un juego de naipes. El acuerdo que firma un presidente con la mano lo borra el próximo con el codo.

Pero nada de esto es caprichoso sino parte de una lógica de intereses financieros y económicos, organizados por la propaganda y la guerra ideológica. A Venezuela y a Cuba se los bloquea de las formas más brutales en nombre de la democracia y los derechos humanos para demostrar que el “socialismo no funciona” (y de paso no hablar de los casos donde sí ha funcionado) mientras a dictaduras absolutas como Arabia Saudita se las protege por la simple razón de proveer a Occidente con petróleo y ser uno de los principales consumidores de armamentos de la poderosa industria militar. A otras dictaduras poderosas como China nunca se les reclama por los Derechos Humanos sino por alguna que otra tarifa (los campeones de la democracia nunca critican ni acosan a las dictaduras que protegen los grandes capitales, sean de izquierda o de derecha).

Esta actuación extraterritorial (que es colonialista e ilegítima de por sí porque nunca es recíproca) es justificada por la “lucha contra la corrupción”. En muchos casos puntuales y publicitados es así, como cuando jueces estadounidenses han multado a diferentes bancos europeos por permitir el lavado de dinero de, por ejemplo, el narcotráfico.

Dejemos de lado la participación de Estados Unidos en el tráfico de drogas y de armas, pero veamos que esta extraterritorialidad no solo es ilegítima sino que además se sostiene por la mera fuerza de la corrupción legalizada del poder financiero. ¿Cómo? Los ejecutivos de bancos y de grandes transnacionales no estadounidenses temen este tipo de sanciones multimillonarias. Muchas empresas han quebrado o han tenido que ser liquidadas o venidas. No por mera casualidad la división de Energía de Alstom de Francia fue venida a la alicaída General Electric luego de ser acusada por jueces estadounidenses de pagar coimas en Indonesia, Egipto, Taiwán y otros países, pese al decreto en contra que había emitido el gobierno francés un año antes. Más recientemente, la asociación de Alstom con la alemana Siemens fue vetada por la Unión Europea. Una reciente investigación de The Economist ha señalado un patrón curioso: los jueces estadounidenses reducen las penas de las “compañías corruptas” cuando prometen vendérselas a alguna otra compañía estadounidense.

Como alguien ha notado, basta que dos personas en cualquier parte del mundo se envíen un correo por Gmail (o por casi cualquier otro medio electrónico) para que un juez en Estados Unidos considere el caso tratado bajo su jurisdicción, ya que Google es una compañía con base en California.

Pero la extraterritorialidad de un país no solo es ilegítima sino parte de la corrupción misma que dice combatir. Recordemos que los jueces, aparte de su propios criterios para aplicar las leyes (por algo las abiertas luchas políticas para nominar a los representantes de la Suprema Corte), también deben aplicar las leyes aprobadas. Para aprobar una ley primero hay que escribirla. ¿Quiénes escriben las leyes? Supongamos, en el mejor caso de ingenuidad democrática, que la escribe el pueblo estadounidense. Aun así deberían ser leyes aplicables solo al territorio estadounidense. Pero es necesario ser muy ingenuo para creer que las leyes en Estados Unidos las escribe el pueblo. Es más, ni siquiera la escriben los legisladores. Los legisladores votan, muchas veces y a pesar de la masiva propaganda mediática, contra la opinión del pueblo estadounidense, como ya lo han demostrado diferentes estudios, entre ellos el de Princeton University. Pero como esto no es suficiente, las leyes las redactan comités integrados por políticos y por representantes de grandes compañías privadas, las que normalmente son sus mayores donantes (de ahí que donen dinero a dos candidatos opuestos que se disputan una banca en el senado). Los grandes inversores no tienen más ideología ni principios morales que las de sus intereses privados –en nombre del interés general, claro.

La existencia de estos casos de corrupción legal, que hacen de la corrupción ilegal un derivado casi irrelevante, cuando no útil para perseguir a la competencia, han sido siempre negados por aquellos que consideran que criticar un gobierno o un país es una forma de traición patriótica y no un servicio a la verdad y la justicia. El patriotismo es la distracción de quienes han perdió la patria que habitan. Demonizar a los críticos es parte de la lógica mientras los tiburones continúan su exitoso camino. Recientemente, el USA Today demostró, en una extensa y detallada investigación, que en los últimos años todos los congresos de la unión pasaron miles de leyes (por lo menos 2.100) y todas fueron burdas “copia y pega” digitadas por los representantes de las grandes compañías privadas. Tanto los legisladores estatales como los nacionales están sumergidos en esta lógica y tráfico (legal) de influencias, casi todos procedentes de los llamados “intereses especiales” y de poderosos lobbies financieros (los sindicatos podrían ser considerados los lobbies de los de abajo, pero no por casualidad desde los 80s han sido debilitados hasta su casi irrelevancia). Todo lo cual explica que el 40 por ciento de la población estadounidense no sea dueña ni del uno por ciento de toda su riqueza, pero fanáticamente defiende la idea de que el cinco por ciento posea más del 60 por ciento de todo, porque lo ha logrado “por mérito propio” y no por una sistemática y globalizada corrupción legal. Aunque, claro, convencer a un pueblo que es asaltado por su propio interés no deja de ser un mérito.

Así, los exitosos dueños del gran capital escriben las leyes en Estados Unidos en su beneficio propio, las que luego irán a aplicar los jueces de forma extraterritorial para luchar contra la corrupción, las que luego el poderoso Ejecutivo nacional impondrá a nivel global bajo presión y acoso (narrativo, económico, y militar).

Por supuesto que no es mi interés, ni por lejos, defender ninguna empresa, ningún multimillonario chino, ni al gobierno chino, ni al de Irán ni a nadie sino, lisa y llanamente, la verdad. Sobre todo esa verdad que no se deja ver debajo de tantas banderas que flamean los fanáticos medievales en beneficio de la ya inalcanzable aristocracia financiera.

Jorge Majfud https://www.alainet.org/es/articulo/200020

El Pentágono quiere instalar una base militar en Sri Lanka

El Pentágono quiere instalar una base militar en Sri Lanka, pero el Jefe del Ejército del país asiático considera inaceptables las condiciones. También dice que algunos países están tratando de aprovechar la situación provocada por los mortíferos ataques contra la isla a finales del mes de abril.

El comandante del ejército de Sri Lanka, Mahesh Senanayake, se opuso a la firma de un acuerdo militar con Estados Unidos para establecer una base militar en la isla, cuyo mantenimiento se incluiría en el presupuesto del país asiático.

“¿Cómo podemos firmar un acuerdo así? No podemos aceptar lo que en él se dice. Es como suicidarse después de dejar todas mis propiedades a otra persona”, dice.

El oficial añade que “varias potencias regionales y mundiales están tratando de aprovechar la situación actual dada la importancia estratégica y geográfica de Sri Lanka”.

Según el proyecto de acuerdo militar con Estados Unidos, Sri Lanka debe establecer todas las condiciones necesarias para el despliegue y mantenimiento de una base militar estadounidense en su territorio. El documento, conocido como el Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas (SOFA), también obliga a Sri Lanka a ponerse del lado de Washington en cualquier conflicto militar, limitando así sus posibilidades diplomáticas.

La mención de una posible firma del acuerdo por parte del gobierno de Sri Lanka ha provocado controversias en la sociedad civil y protestas de la oposición, que ha pedido al gobierno que detenga las negociaciones sobre la firma del documento, argumentando que una vez que esté sellado será difícil romperlo. Varios partidos de la oposición también alegan que el acuerdo viola la soberanía de la isla.

El 21 de abril los ataques suicidas contra tres iglesias y tres hoteles de Sri Lanka reivindicados por El Califato Islámico mataron a 258 personas e hirieron a unas 500. Es uno de los ataques más mortíferos del mundo desde el 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos.

Las puertas del infierno se abren: Estados Unidos organiza una provocación en el Golfo Pérsico para atacar a Irán

Emiratos Árabes Unidos ha abierto una investigación sobre el incidente del domingo con cuatro petroleros frente al puerto de Fujairah que podría marcar un punto sin retorno en la región del Golfo Pérsico.

Bajo la presión de los medios de comunicación conocidos por ser cercanos al gobierno iraní, Emiratos Emiratos Árabes Unidos se ha negado a confirmar, de momento, que sea un sabotaje contra los buques.

¿Por qué este retraso? Unos dicen que porque en Emiratos Árabes Unidos hay un cierto movimiento de capitales que más bien parece una fuga hacia el exterior.

Otras fuentes apuntan a la caída de los índices bursátiles árabes en el Golfo Pérsico que, en algunos casos, han caído en torno al 7 por ciento. En Arabia saudí el índice Tadawul All-Share cayó un 1,8 por ciento hasta los 8.699 puntos, su nivel más bajo desde finales de marzo. El índice de Dubai cayó un 0,5 por ciento, impulsado por su principal prestamista, Emirates NBD, que perdió un 0,2 por ciento. El petróleo Brent ganó 1.27 dóalres al cierre del domingo, alcanzando los 71.89 dólares el barril.

Otros apuntan a que los países del Golfo Pérsico ya no forman un bloque sólido. La guerra ya no es en Sira ni en Libia sino a las puertas del Golfo. En Emiratos Árabes Unidos están preocupados por la seguridad regional, mientras que el ministro saudí de Energía denuncia los “actos de sabotaje” contra dos petroleros saudíes en la zona económica exclusiva de Emiratos Árabes Unidos y afirma que la carga de uno de los petroleros estaba destinada a la filial “americana” de ARAMCO. Egipto, Jordania, Bahrein, también han adoptado el mismo discurso, aludiendo a ls preocupaciones por la seguridad y a la necesidad de garantizar que se preserve.

Las explosiones que sacudieron Fujairah y que Irán ha calificado de “preocupantes” y dignas de ser objeto de “una investigación exhaustiva”, están rodeadas de algunas zonas grises. ¿Cómo es posible que se puedan producir explosiones de este tipo sin que los militares estadounidenses y franceses, ampliamente presentes en sus bases emiratíes, sospechen algo?, ¿cómo es posible que, en medio de la guerra contra Yemen y por lo tanto militarmente alerta, el ejército emiratí no actuara contra el autor o los autores del incidente?

Hay otras ambigüedades. Según la versión emiratí, aunque los cuatro petroleros se incendiaron, no se produjeron bajas o pérdidas. Sin embargo, los expertos dicen que este tipo de incidentes no podrían ocurrir sin daños a menos que los buques cisterna fueran evacuados previamente.

También está la reacción particularmente paradójica de los emiratíes, que está aliada a la negación, en las primeras horas después de las explosiones, de las suposiciones más calibradas hechas en la tarde del incidente. Luego vino la versión saudí, que se refiere a un «ataque» que no causó víctimas, sino que apuntó a un «petróleo destinado a Estados Unidos».

Un buen indicativo de la situación real es que el gobierno español puso una fragata de la Marina a escoltar al portaaviones que
el Pentágono había enviado al Golfo y
ahora la ha retirado porque el asunto huele peor de lo que parecía en un primer momento.

Las explosiones de Fujairah se producen sólo diez días después de un mensaje incendiario de John Bolton, en el que amenazaba a “Irán y a sus representantes” con ataques militares directos si Estados Unidos y sus aliados en la región se convierten en un objetivo militar.

Durante las últimas 24 horas, los únicos que han acusado implícitamente a Irán de estar detrás de las explosiones de Fujairah han sido los israelíes, cuya prensa ha estado husmeando con la hipótesis de lanzamientos de misiles, minas marinas o explosivos adheridos a edificios por los buzos de la Guardia Revolucionaria iraní.

El incidente del USS Liberty llevado a cabo por el ejército israelí el 8 de junio de 1967 en aguas internacionales frente a la Península del Sinaí durante la Guerra de los Seis Días, que tuvo como objetivo el buque de investigación técnica del USS Liberty de la Armada estadounidense, es conocido. Egipto fue acusado del ataque. La convergencia total entre el discurso saudí-emiratí, por un lado, y la retórica de incitación israelí, por otro, sugiere una nueva operación de falsa bandera firmada por Israel, Emiratos Árabes Unidos y Arabia saudí, puesta bajo los auspicios de Bolton.

Queda por ver si el gobierno de Trump está preparado para ir hasta el final y abrir las puertas del infierno…

El inexorable declive económico del imperialismo estadounidense

Bruno Guigue

¿Hemos llegado a ese momento crucial en el que en su declive la hiperpotencia está empezando a dudar de sí misma? La prensa estadounidense acaba de informar de lo que el ex presidente Jimmy Carter le dijo a Donald Trump en su reciente entrevista. El inquilino de la Casa Blanca había invitado a su predecesor a hablar con él sobre las relaciones de China con los Estados Unidos, y Jimmy Carter informó públicamente del contenido de la entrevista en una misa bautista en Georgia. Es una verdadera perla.

“Temes que China nos pase de largo y yo estoy de acuerdo contigo. ¿Pero sabes por qué China nos está superando? Yo normalicé las relaciones diplomáticas con Pekín en 1979. Desde entonces, ¿sabes cuántas veces China ha estado en guerra con alguien? Nunca, ni una vez. Y nosotros hemos permanecido constantemente en guerra. Estados Unidos es la nación más belicosa en la historia del mundo porque quiere imponer los valores estadounidenses a otros países. China, por su parte, está invirtiendo sus recursos en proyectos como los ferrocarriles de alta velocidad en lugar de gastarlos en gastos militares.

“¿Cuántas líneas ferroviarias de alta velocidad hemos construido nosotros? Hemos malgastado tres billones de dólares en gastos militares. China no ha malgastado ni un céntimo en la guerra y por eso nos lleva la delantera en casi todos los terrenos. Y si hubiéramos invertido 3.000 millones en las infraestructuras estadounidense, tendríamos un ferrocarril de alta velocidad. Tendríamos puentes que no se derrumbarían. Tendríamos las carreteras bien conservadas. Nuestro sistema educativo sería tan bueno como el de Corea del Sur o el de Hong Kong”.

El hecho de que el sentido común nunca haya cruzado la mente de un dirigente estadounidense dice mucho sobre la naturaleza del poder en ese país. Es indudablemente difícil para un Estado que representa el 45 por ciento del gasto militar mundial y que cuenta con 725 bases militares en el exterior, donde las industrias armamentísticas controlan el Estado profundo y cuya política exterior ha matado a 20 millones de personas desde 1945, cuestionar su relación patológica con la violencia armada. “La guerra en Vietnam”, dijo Martin Luther King, “es el síntoma de una enfermedad del espíritu americano cuyos pilares son el racismo, el materialismo y el militarismo”.

Pero esta pregunta se refiere sobre todo al futuro. Por culpa de sus dirigentees, ¿está Estados Unidos n condenado a conocer el destino de esos imperios que sucumbieron a sus ambiciones excesivas, sofocados literalmente por el peso exorbitante del gasto militar? Al final de su mandato, en 1961, el presidente Eisenhower denunció con acentos proféticos un complejo militar-industrial que suponía una pesada carga para la sociedad estadounidense. Al igual que Donald Trump o Barack Obama, no le importaba el destino de las poblaciones hambrientas, invadidas o bombardeadas por el Tío Sam en nombre de la democracia y los derechos humanos. Pero al igual que Jimmy Carter hoy, él sentía que la carrera armamentista sería la causa principal del declive del imperio.

Durante décadas los neoconservadores y otros “Dr. Folamour“ del Pentágono no sólo han rimado la democracia estadounidense con asesinatos en masa en Vietnam, Laos, Camboya, Corea, Afganistán, Irak, Libia y Siria, sin mencionar los asesinatos orquestados en la sombra por la CIA y sus ramificaciones, desde el exterminio de los indonesios (500.000 muertos) hasta las hazañas de los escuadrones de la muerte guatemaltecos (200.000 muertos) y los baños de sangre llevados a cabo en nombre del imperio por los lobotomizados de la yihad mundial. Los estrategas de la contención del comunismo con golpes de napalm, luego los aprendices del hechicero del caos constructivo importando el terror, de hecho, no sólo prendieron fuego y sangre al planeta.

Marionetas del Estado americano profundo, estos beligerantes que están a la cabeza del Congreso, la Casa Blanca y los “think tanks” neoconservadores también han sumido a la sociedad americana en una depresión interna que apenas queda oculta por el uso frenético de la imprenta de billetes. Si la belicosidad de Estados Unidos es una expresión de su decadencia, también es la causa. Es la expresión de ello cuando, para detener este declive, la brutalidad de las intervenciones militares, el sabotaje económico y las operaciones bajo la falsa bandera son el sello distintivo de su política exterior. Es la causa, cuando la insensata inflación del gasto militar sacrifica el desarrollo de un país donde los ricos se hacen más ricos y los pobres más y más numerosos.

Mientras China invierte en infraestructura civil, Estados Unidos abandona la suya en favor de las industrias de armamento. Washington despotrica mucho fuera, pero deja que el país se desintegre dentro. El PIB per cápita es enorme, pero el 20 por ciento de la población vive en la pobreza. Los detenidos estadounidenses representan el 25 por ciento de los prisioneros del mundo. El 40 por ciento de la población está afectada por la obesidad. La esperanza de vida de los estadounidenses (79,6 años) es inferior a la de los cubanos (80 años). ¿Cómo puede un pequeño país socialista del Tercer Mundo, bajo embargo, tener algo mejor que una gigantesca potencia capitalista aureolada por su hegemonía global? Parece que en Estados Unidos la salud de la plebe no es la mayor preocupación de las élites.

Un competidor hábil, Donald Trump ganó las elecciones en 2016 prometiendo restaurar la grandeza de Estados Unidos y comprometiéndose a restaurar los empleos perdidos debido a la mundialización desenfrenada. Pero los resultados obtenidos, a falta de reformas estructurales, están imponiendo una ducha de agua fría a su ardor incombustible. El déficit comercial con el resto del mundo explotó en 2018, batiendo un récord histórico (891.000 millones de dólares), haciendo añicos el déficit de 2017 (795.000 millones de dólares). Donald Trump ha fracasado completamente en revertir la tendencia, y los primeros dos años de su administración son los peores años comerciales en la historia de Estados Unidos.

En este déficit global, el persistente desequilibrio comercial con China es un factor importante. En 2018 alcanzó un máximo histórico de 419.000 millones, superando los desastrosos resultados de 2017 (375.000 millones). De hecho, la guerra comercial iniciada por Donald Trump ha empeorado principalmente el déficit comercial estadounidense. Mientras que las importaciones de productos chinos a Estados Unidos continuaron creciendo (+7 por ciento), China redujo sus importaciones de Estados Unidos. Donald Trump quería utilizar el arma arancelaria para reequilibrar el balance comercial estadounidense. Esto no era ilegítimo, sino poco realista para un país que ha vinculado su destino al de una mundialización dictada por empresas transnacionales radicadas en Estados Unidos.

Si añadimos que el déficit comercial con Europa, México, Canadá y Rusia también ha empeorado, podemos medir las dificultades a las que se enfrenta la disminución de la hiperpotencia. Pero eso no es todo. Además del déficit comercial, el déficit del presupuesto federal también aumentó (779.000 millones de dólares, frente a los 666.000 millones de dólares de 2017). Es cierto que el aumento del gasto militar es impresionante. El presupuesto del Pentágono para 2019 es el más alto de la historia de Estados Unidos: 686.000 millones de dólares. Ese mismo año, China gastó 175.000 millones, con una población cuatro veces superior. No es de extrañar, en estas condiciones, que la deuda federal haya batido un nuevo récord, alcanzando los 22.175 millones de dólares. En cuanto a la deuda privada, la de empresas y particulares, es vertiginosa (73.000 millones de dólares).

Es cierto que Estados Unidos se beneficia de un alquiler de situación excepcional. El dólar sigue siendo la moneda de referencia para el comercio internacional y para las reservas de los bancos centrales. Pero este privilegio no es eterno. China y Rusia están sustituyendo sus reservas de dólares por lingotes de oro y una parte cada vez mayor del comercio se denomina ahora en yuanes. Estados Unidos vive a crédito a expensas del resto del mundo, pero ¿por cuánto tiempo? Según el último estudio de la firma de auditoría PwC (“El mundo en 2050: cómo cambiará la economía mundial en los próximos 30 años”), los países emergentes (China, India, Brasil, Indonesia, México, Rusia, Turquía) podrían representar casi el 50 por ciento del PIB mundial en 2050, mientras que la participación de los países del G7 (Estados Unidos, Canadá, Reino Unido, Francia, Alemania, Italia, Japón) se reduciría al 20 por ciento. La caída del águila está cerca.

https://www.legrandsoir.info/la-chute-de-l-aigle-est-proche.html

Más de cien millones de trabajadores están en el paro en Estados Unidos

Manuel E. Yepe

Triste noticia la que hoy esconden los medios de prensa de Estados Unidos, el número de estadounidenses sin trabajo ha sobrepasado los cien millones de personas, cifra que supera la de los que estaban en esa situación en cualquier momento de la Gran Recesión de 2008 y 2009. Según datos publicados por el periodista Michael Snyder, casi 102 millones de ciudadanos estadounidenses no tienen trabajo en la actualidad.
Las reclamaciones de beneficios estatales por desempleo crecieron de 37,000 a 230,000 en la semana que terminó el 20 de abril, según el Departamento de Trabajo. El aumento fue el mayor desde principios de septiembre de 2017.
Se agrava el asunto al recordar que durante la última década los legisladores de todo el país han hecho más dificultoso solicitar beneficios por desempleo y han reducido el tiempo durante el cual pueden recibirlos los cesantes.
Durante la última década, el número de estadounidenses que se encuentran en la categoría de “desempleados” ha disminuido constantemente, pero el número de estadounidenses “que no forman parte de la fuerza laboral” ha ido en más rápido incremento.
En ambos casos se trata de estadounidenses que no tienen trabajo. Es sólo una cuestión de cómo el gobierno federal decide categorizar a esos individuos.
En estos momentos se publica que sólo existen 6,2 millones de estadounidenses oficialmente “desempleados”, pero esto es tan sólo la mitad de la historia.
Los principales medios de comunicación raramente mencionan el número de estadounidenses categorizados como “no en la fuerza laboral” que ha crecido exponencialmente desde la última recesión. En este momento, esa cifra es de 95,577 millones.
Cuando se suman 6,2 millones de “oficialmente desempleados” a 95,577 millones de estadounidenses categorizados como “no en la fuerza laboral”, se obtiene un gran total de casi 102 millones de estadounidenses que no tienen trabajo en este momento.
Según John Williams, de la firma shadowstats.com que rastrea cuál sería la cifra real de empleo si se utilizaran cifras adecuadas, la tasa real de desempleo en Estados Unidos en este momento es del 21,2 por ciento.
Un indicador que shadowstats.com prefiere tomar en cuenta es la tasa de participación de la fuerza laboral civil que en esencia refiere el porcentaje de la población en edad de trabajar que está realmente involucrado en la fuerza laboral. Justo antes de la última recesión, la tasa de participación de la fuerza laboral civil se situaba en torno al 66 por ciento. Pero, cuando la recesión golpeó, la tasa de participación de la fuerza laboral civil cayó por debajo del 63 por ciento, y se mantuvo entre el 62 y el 63 por ciento durante un largo período de tiempo.
En este momento se habla de apenas un 63,0 por ciento, tasa que no representa una verdadera recuperación. Si se quisiera afirmar que Estados Unidos ha tenido una muy marginal recuperación del empleo desde la última recesión, el argumento sería podría ser legítimo. Pero algo más allá de esto sería simplemente una deshonestidad.
Lo cierto es que la economía de Estados Unidos se está desacelerando rápidamente una vez más, y la mayoría de los estadounidenses no está preparada para lo que está por venir.
Los reclamos iniciales de beneficios estatales por desempleo subieron de 37,000 a 230,000 en la semana que terminó el 20 de abril, dijo el jueves el Departamento de Trabajo. El aumento fue el mayor desde principios de septiembre de 2017.
Cuando un estadounidense en edad de trabajar no tiene trabajo, las estadísticas lo incluyen en una de dos categorías diferentes. O bien se los clasifica como “desempleado” o como “no está en la fuerza laboral”.
Pero usted tiene que sumar ambas categorías para obtener el número total de estadounidenses sin trabajo.
Durante la última década, el número de estadounidenses que se encuentra en la categoría de “desempleados” ha disminuido constantemente, pero el número de estadounidenses “que no forman parte de la fuerza laboral” ha ido en rápido aumento.
En ambos casos estamos hablando de estadounidenses que no tienen trabajo. Es sólo una cuestión de cómo el gobierno federal decide categorizar a esos individuos.
En este momento, se nos dice que sólo 6,2 millones de estadounidenses están oficialmente «desempleados», y eso suena muy bien, pero lo que los principales medios de comunicación raramente mencionan es el hecho de que el número de estadounidenses categorizados como «no en la fuerza laboral» ha crecido enormemente desde la última recesión. En este momento, esa cifra es de 95,577 millones.
Si eso te suena terrible, es porque es terrible.

https://www.poresto.net/2019/04/30/mas-de-cien-millones-sin-trabajo-en-ee-uu/

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