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Cuatro guardias civiles van a juicio acusados torturar a los detenidos de Ekin en 2010

Compains en el momento de su detención en 2010
La Audiencia Provincial de Bizkaia juzgará en los próximos 14 y 16 de marzo a cuatro guardias civiles por torturar en 2010 a Sandra Barrenetxea Díez, detenida junto a otras ocho personas, por su pertenencia a la organización Ekin.

Aquel año la Audiencia Nacional envió a prisión a seis de los nueve dirigentes de Ekin dentro de la operación represiva “todo es ETA”. Les acusaron de un delito de pertenencia a organización terrorista. Los seis encarcelados fueron Rosa Iriarte Laset, Urko Asier Ayerbe Sarasola, Ugaitz Elizaran Aguilar, José Aldasoro Jáuregui, Sandra Barrenetxea Díez y Eneko Compains Silva.

Ahora la torturada ha leído un comunicado frente al cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo, en San Sebastián, en el que informa de la fecha del juicio contra los cuatro guardias civiles.

“La tortura es una realidad que se ha dado durante años en nuestro país y que todos conocemos a pesar del silencio político y mediático”, dice el comunicado.

Los nueve dirigentes de Ekin “fueron torturadas durante los cuatro y cinco días que duró la incomunicación” y varias de ellas denunciaron los hechos, aunque únicamente la de Sandra Barrenetxea ha llegado a los juzgados.

Los torturados han pedido reconocimiento, reparación y garantías de que ese tipo de delitos no se repitan. Por ello, varios detenidos vascos que han padecido torturas han convocado una manifestación para el 11 de mes de marzo en Bilbao.

“Gracias al trabajo realizado por los movimientos sociales se ha conseguido romper con el silencio y que las instituciones empiecen a dar pasos”, añade el comunicado. Así, ha hecho referencia al informe del gobierno autonómico vasco en el que se confirman miles de casos de torturas de ciudadanos vascos.

Ekin nació en 1999 como un organismo encargado de realizar agitación popular.

Estados Unidos sigue respaldando a los yihadistas hasta en la ONU

Haley posa junto a la bandera esclavista
La embajadora de Estados Unidos en la ONU ha bloqueado, junto con los de Ucrania y Gran Bretaña, una resolución del Consejo de Seguridad condenando el ataque perpetrado hace unos días contra la sede diplomática de Rusia en Damasco. Nada ha cambiado, por lo tanto. Todo sigue exactamente igual.

En la ONU, cuando se viola la integridad de una sede diplomática, cualquiera que sea, no hay debate posible y las resoluciones de condena son una rutina. Ahora ya no; hay excepciones que, por lo demás, suponen un apoyo a las acciones de los grupos yihadistas en Siria. Sigue habiendo terroristas y terroristas.

La embajadora de Estados Unidos en la ONU, Nikki Haley, acaba de tomar posesión de su cargo, en sustitución de la infame Samantha Power. Pero su sustituta es exactamente igual de infame y la veda de caza sigue abierta: lo mismo que durante la Guerra de los Balcanes, las embajadas de Rusia (y China) en el mundo pueden ser objeto de bombardeos.

No obstante, la retórica del nuevo gobierno de la Casa Blanca no ha cambiado. El Vicepresidente Mike Pence sigue con el mantra de la campaña electoral: no admitiremos -ha afirmado- que los argumentos del pasado obstaculicen la cooperación de Estados Unidos con Rusia.

Si así fuera, Trump podría ordenar el levantamiento de las sanciones contra Rusia y no chantajear al Kremlin, como ha insinuado, con una reducción del armamento nuclear porque dichas sanciones no se impusieron por ese motivo, sino como consecuencia de la anexión de Crimea.

Trump podría poner en funcionamiento su ventana en Twitter para condenar la ruptura del alto el fuego por parte del gobierno de Ucrania en el Donbas.

También podría hacer algo tan apaciguador como sacar a sus tanques de los límites fronterizos de Rusia.

Pero hablemos un poco de la embajadora Nikki Haley: hasta llegar a la ONU, era la gobernadora del Estado de Carolina del sur. Es la primera descendiente de los pueblos amerindios originarios que alcanza esos cargos en Estados Unidos.

Su nombre completo es Nikki Randhawa Haley y, como buena sudista, en la foto la vemos junto a la bandera de los partidarios de la esclavitud en la guerra civil, que es la que siempre ha ondeado en los edificios oficiales de su Estado.

La Desbandá: una de las mayores matanzas de la guerra civil tuvo lugar en Málaga

Fue un 7 de febrero, pero de 1937, cuando su madrastra, pues perdió a su madre con apenas tres años, mandó a Salvador Guzmán Urbano (Coín, provincia de Málaga, 1928) con un canasto de comida para el ayuntamiento de su pueblo. Su padre era el primer teniente de alcalde del gobierno en coalición del PCE y el PSOE.

Cuando llegó al salón de plenos, le impresionó mucho ver allí, en un rincón, cincuenta bombas y un soldado dormido encima de ellas.

Su padre le dijo: “Vuela para la casa y coge lo más imprescindible, que nos vamos de Coín”. A las 21.30, cuando llegó a su casa, se encontró a muchas mujeres llorando. Por la radio, con sus increíbles dotes para comunicar e infundir terror al enemigo, el general Queipo de Llano era claro: decía que el domingo estaría tomando café en la calle Larios de Málaga.

Salieron su padre, su madrastra, sus tres hermanos y él para coger el coche, un modelo parecido al Renault 4L, pero no pudieron irse hasta que no llegó la familia del alcalde a las 3 de la mañana. Cuando ya estuvieron todos, emprendieron la marcha. Diez personas apretadas en aquel vehículo, contando al jovencísimo chófer, de apenas veinte años.

Aquella noche también emprendió su huida Anita Leiva Márquez (Arroyo de la Miel, provincia de Málaga, 1923). Se echaron a la carretera sus cuatro hermanos, su madre, su padre y ella con poco más de lo que cabía en las alforjas de su burro. Escapaban porque su padre simpatizaba con el comunismo y la llegada de los sublevados era inminente. “¡Que vienen los fascistas! ¡Qué vienen los fascistas!”, se oía a gritos en las calles.

“En realidad mi padre no era nada, porque él no sabía ni leer ni escribir. No sabía hacer la O con un canuto. Pero llevaba esas ideas en la sangre, y los fascistas mataban a todos los rojos que pillaban. Ese miedo les empujó a escapar por los pinos de Torremolinos en busca de la carretera de Almería. La ciudad más oriental de Andalucía todavía estaba controlada por las fuerzas leales a la República y daba acceso al corredor del Mediterráneo que desembocaba en la frontera francesa.

Salvador y Anita son de los pocos supervivientes que quedan de la carretera de la muerte, también conocida como la desbandá, aunque a Salvador le repugne ese nombre: “Desbandá me recuerda a los pájaros, pero nosotros no éramos pájaros. Éramos criaturitas que escapábamos para que no nos matasen”. Aquel fue uno de los sucesos más trágicos de toda la Guerra Civil española. Por la carretera que unía Málaga con Almería anduvieron, corrieron, se refugiaron y sufrieron más de 300.000 personas, según las últimas investigaciones. La mayoría malagueños, pero también otros andaluces que pensaron que Málaga sería un lugar seguro y se equivocaron. Salvo algunos milicianos, todos civiles. Era el mayor éxodo de seres humanos de la historia de Europa hasta que llegó la guerra de los Balcanes para batir el triste récord.

Sin embargo, sigue siendo un tema poco reconocido fuera de Andalucía. Mientras Guernica, donde apenas murieron 200 personas, se erigió como símbolo de la barbarie de la guerra, la masacre de la carretera no empezó a tratarse en ámbitos académicos hasta la década de los 80. Antes, de esto sólo se hablaba, si se hablaba, de puertas para adentro en las familias que lo vivieron.

La historiadora Maribel Brenes da una de las claves para entender esto. Ella es la autora junto al arqueólogo Andrés Fernández de “1937. Éxodo Málaga-Almería: Nuevas fuentes de investigación”, la más reciente indagación que después de seis años buceando en los archivos militares y civiles asienta en casi un tercio de millón la cifra de desplazados después de analizar las conversaciones de los militares durante los bombardeos, duplicando las de investigaciones anteriores. Apunta a la vergüenza como principal motivo de este desconocimiento: “Sintieron vergüenza los de un bando por la masacre que cometieron y los del otro por no haber protegido a la población”.

http://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20170206/191731531_0.html

Una torturadora se pone al frente de la CIA

Trump ha elegido a Gina Haspel, acusada de autorizar torturas en interrogatorios secretos, como subdirectora de la CIA.

Haspel de 60 años de edad tuvo un papel central en el programa extrajudicial llevado a cabo por Estados Unidos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001.

De acuerdo con el portal Web The Intercept, Haspel también dirigió uno de los centros de detención clandestinos, conocidos como los Black Sites, en Tailandia, donde trató de destruir grabaciones de vídeo de las sesiones de torturas.

La ahora número dos de la CIA fue la jefa de personal de José Rodríguez, quien encabezó el Centro de Contraterrorismo de la CIA.

El nombramiento de Haspel planteó preocupaciones sobre el reinicio del uso de tortura por parte de la CIA para obtener información de los detenidos.

Por su parte, el jefe de la CIA, Mike Pompeo, también se mostró a favor del uso de la torturas como método para acceder a informaciones de alta importancia.

En esta línea Donald Trump en su primera entrevista como presidente con ABC News declaró que piensa reestablecer el waterboarding, asegurando que no ve con malos ojos el uso de torturas.

Fuente: http://alwaght.com/es/news/86706

‘La CIA desencadenó la Primavera Árabe en Túnez en coordinación con los yihadistas’

Seis años después de su derrocamiento, el antiguo Presidente tunecino Ben Ali, ha lanzado un mensaje a su pueblo en el que acusa a la CIA de haber desencadenado la Primavera Árabe en coordinación con los yihadistas. El mensaje lo publicó la agencia de prensa Jamahiriya News el 7 de enero.

Presentado por la prensa imperialista como “un dictador”, Ben Alí gobernó Túnez de 1897 hasta que en enero de 2011 un pequeño comerciante se inmoló públicamente, lo que el imperialismo y sus sicarios aprovecharon para desestabilizar el mundo árabe. Así nació la Primavera Árabe.

Según Ben Alí, los planes de la CIA comenzaron a fraguarse en 2007 porque su gobierno rechazó ceder a Estados Unidos la base militar de Bizerta y tampoco admitió endurecer el bloqueo económico contra Libia.

Al año siguiente Condolezza Rice, consejera de seguridad de Obama, se presentó en Túnez para crear un “centro” que enseñara a la juventud tunecina a defender los derechos humanos, a lo que el gobierno de Ben Alí le respondió: “¿Por qué no crea ese centro en Israel?” A Rice la prgunta no le agradó nada; suspendió las entrevistas que tenía concertadas, hizo sus maletas y cogió el avión de vuelta el mismo día de su llegada.

Cuando el gobierno cayó en la cuenta de que Estados Unidos preparaba su derrocamiento, preguntó a Ali Seriati, quien les dijo que eran informaciones falsas. Todo estaba bajo control. Faltaba una semana para que el comerciante se quemara a lo bonzo.

El 14 de enero Ben Alí acompañó al aeropuerto a su mujer y a su hijo, que abandonaban el país a causa de la incertidumbre política, y cuando se disponía a regresar al palacio presidencia se encotró con Seriati en el aeropuerto, que le aconsejó coger el avión y marcharse, con una amenaza velada: su vida corría peligro. Ya tendría ocasión de regresar cuando estuviera en calma.

Lo mismo que en en otras revoluciones de colores, primaveras o en la Plaza Maidán, muy pronto empezaron las matanzas, causadas por francotiradores enboscados que disparaban indiscriminadamente para enardecer a la multitud contra el gobierno y sembrar la confusión. Con los yihadistas de Ennahda y mercenarios procedentes de los países vecinos, e incluso de Bosnia, la CIA había formado escuadrones de la muerte, financiados por Qatar.

En su mensaje Ben Alí señala directamente al movimiento islámico Ennahda como parte integrante del golpe, e incluso armando y entrenando militarmente a sus juventudes. Se muestra extrañado de la cercanía que Ennahda tenía con la CIA y de que nadie haya preguntado quién ordenó disparar contra la multitud, a pesar de que algunos francotiradores fueron detenidos en el mismo lugar de los hechos. Añade el Presidente depuesto que los tiroteos prosiguieron cuando él ya estaba exiliado en Arabia saudí. Tras el golpe, los islamistas de Ennahda se presentaron ante la población como las víctimas de las matanzas.

Ben Alí termina su relato asegurando que hoy Túnez es un refugio para los servicios secretos extranjeros y las bandas criminales, bajo el patrocinio de la CIA. El acuerdo para crear una base miliar de Estados Unidos en Túnez ya se ha firmado. Ese fue el motivo último del inicio de la Primavera Árabe en el mundo árabe.

El relato del antiguo Presidente tunecino quedaría un poco más completo si hubiera enumerado sus propias repsonsabilidades, pero eso es ya mucho pedir.

La pobreza mata más que cualquier enfermedad, pero ¿cuál es el remedio?

Eduard Korniyenko
La evidencia científica es robusta: la pobreza y la desigualdad social perjudican seriamente la salud. Sin embargo, las autoridades sanitarias no ponen el foco sobre estos factores sociales tanto como lo hacen sobre otros cuando tratan de mejorar la salud de los ciudadanos. Un macroestudio sobre 1,7 millones de personas, que publica la revista médica The Lancet, vuelve a la carga con este problema descuidado: la pobreza acorta la vida casi tanto como el sedentarismo y mucho más que la obesidad, la hipertensión y el consumo excesivo de alcohol. El estudio supone una crítica a las políticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS) por no querer incluir en su agenda este factor determinante de la salud tan importante o más que otros que sí forman parte de sus objetivos y recomendaciones.

“El bajo nivel socioeconómico es uno de los indicadores más fuertes de la morbilidad y mortalidad prematura en todo el mundo. Sin embargo, las estrategias de salud global no consideran las circunstancias socioeconómicas pobres como factores de riesgo modificables”, aseguran los autores del estudio que publica The Lancet, una treintena de especialistas de instituciones tan prestigiosas como la Universidad de Columbia, el King’s College de Londres, la Escuela de Salud Pública de Harvard y el Imperial College de Londres.

Su trabajo se centró en los datos de 1,7 millones de personas para analizar cómo influye el nivel socioeconómico en la salud y la mortalidad en comparación con otros factores más convencionales, como el tabaquismo o la obesidad. El resultado coincide con otros estudios previos: la pobreza es un agente que afecta a la salud de forma tan sólida y consistente como el tabaco, el alcohol, el sedentarismo, la hipertensión, la obesidad y la diabetes. Es más, la capacidad de acortar la vida es mayor que varios de estos factores. El bajo nivel socioeconómico reduce la esperanza de vida en más de 2 años (2,1) en adultos entre 40 y 85 años; el alto consumo de alcohol la reduce en medio año; la obesidad la acorta 0,7 años; la diabetes reduce la esperanza de vida en 3,9 años; la hipertensión en 1,6 años; el sedentarismo, 2,4 años; y el peor, reduciendo la media de vida 4,8 años, el consumo de tabaco.

La elección de estos factores no es casual: son los tomados por la OMS para combatir las enfermedades no contagiosas en su plan para reducir su incidencia en un 25% para el año 2025, el llamado objetivo 25×25. “Nuestros hallazgos sugieren que las estrategias y acciones globales definidas en el plan de salud de la OMS excluye un importante determinante de la salud de su agenda”, critican los investigadores, liderados por Silvia Stringhini, del Hospital Universitario de Lausana. Y añaden: “La adversidad socioeconómica debe ser incluida como un factor de riesgo modificable en las estrategias de salud local y global, las políticas y la vigilancia del riesgo para la salud”.

Del mismo modo que se puede promover el abandono del tabaco o el deporte entre la población, el artículo defiende que el factor socioeconómico también puede modificarse a todos los niveles, con intervenciones como la promoción del desarrollo durante la primera infancia, las políticas de reducción de la pobreza o la mejora del acceso a una educación. Por eso, las estrategias de prevención de las enfermedades crónicas se equivocan al no abordar “poderosas soluciones estructurales”.


“La fuerza de la evidencia del efecto del rango social sobre la mortalidad, como ejemplifica el estudio de Stringhini y sus colegas, es ahora imposible de ignorar”, asegura un comentario en The Lancet firmado por Martin Tobias, especialista del Ministerio de Sanidad de Nueva Zelanda. Y añade: “Basan su argumento no en ideología política sino en ciencia rigurosa”. Según este epidemiólogo, tener bajo nivel socioeconómico “significa ser incapaz de determinar el propio destino, privado de recursos materiales y con oportunidades limitadas, que determinan tanto el estilo de vida como las posibilidades vitales”.

El investigador español Manuel Franco, que no ha participado en el estudio, considera que “es importante que los autores muestren que el factor socioeconómico importa, e importa tanto como los que señala la OMS”. “La evidencia dice que la desigualdad mata. ¿Nos interesa la salud del país, tanto la de los pobres como importa, e importa tanto como los que señala la OMS”. “La evidencia dice que la desigualdad mata. ¿Nos interesa la salud del país, tanto la de los pobres como la de los ricos? No se ataca este factor porque no interesa”, asegura Franco, epidemiólogo de la Universidad de Alcalá de Henares, especialista en cómo afectan los factores sociales y ambientales en la salud.

Franco explica cómo en países ricos (el estudio se centra en datos de Reino Unido, Francia, Suiza, Portugal, Italia, Estados Unidos y Australia) hay diferencias “insoportables” de esperanza de vida dentro de una misma ciudad, como Barcelona, Madrid, Glasgow o Baltimore. “Y la brecha no deja de ampliarse: la esperanza de vida de los pobres no crece como la de los ricos”, denuncia. Y concluye: “Hacemos investigación para mejorar algo. Sabemos que hay factores estructurales que perjudican la salud, pero las autoridades no quieren atacarlos, prefieren hablar solo de los factores individuales: haz deporte, no fumes”.

Fuente: http://elpais.com/elpais/2017/01/31/ciencia/1485861765_197759.html

¿Quién dijo que la miseria no es un gran negocio?

En Haití hay censadas unas 10.000 ONG aproximadamente. No hay ninguna organización caritativa en el mundo que no tenga allá una delegación. Si multiplicamos 10.000 por cada uno de los miembros de esas delegaciones, nos sale una cifra muy larga de personas que han viajado hasta allá para “ayudar” en algo a la población. Si cada uno de ellos ha entregado un poco, sumadas esas pequeñas cantidades año tras año, el Producto Interior Bruto no sería tan bruto.

Lo que todas esas ONG ocultan es que Haití sólo tiene un problema que ellas no tienen ninguna intención de solucionar: el colonialismo. Haití fue el primer país de América Latina en levantarse contra la esclavitud y el colonialismo, y eso es algo que durante dos siglos les están haciendo pagar muy caro.

Para las ONG del mundo Haití es una fuente continua de ingresos. Están deseando que una desgracia vuelva a poner a aquel olvidado de país en las primeras planas de la prensa para seguir recaudando limosnas que, desde luego, jamás llegarán a los haitianos.

Cada pocos años Haití necesita alguna de las plagas de la Biblia (volcanes, terremotos, inundaciones, pandemias) para que el turismo humanitario ponga en marcha comedores, hospitales, escuelas, orfanatos…

Una fotógrafa que desde hace años viaja frecuentemente a la isla, Corentin Fohlen, ha publicado un libro de retratos de los paisajes, las calles y los habitantes de Haití. En él cuenta una escena que contempló horrorizada: un voluntario de una ONG que llevaba bombones para regalar a los ancianos de una residencia trató de introducirle a la fuerza una de las golosinas en la boca a uno de ellos, que se negaba a injerirla…

Las religiones están ligadas a la caridad como la caspa al pelo. Una ONG como Healing Haiti, que trabaja en la isla desde 2006, está creada por un matrimonio de Minessota cuyo lema resume exactamente sus pretensiones: “Nosotros no hemos elegido Haití; Dios ha elegido Haití para nosotros”.

Según cifras oficiales de la embajada de Estados Unidos en la capital, cada semana 200.000 voluntarios de Healing Haiti desembarcan para llevar chicle y chuches a los niños de las escuelas y orfanatos. Es el sueño de cualquier agencia de viajes: muchos vuelos de avión, una experiencia diferente para desconectar de la rutina diaria y luego enseñar las fotos, ponerlas en el muro de Facebook, contar en la oficina de Chicago que el viajero tiene un buen corazón, pedir limosna a los amigos, los colegas y los vecinos para ayudar a los pobres y olvidados haitanos… La máquina no puede parar nunca.

¿Quién dijo que la miseria no es un gran negocio? A todo y a todos se les puede sacar algún provecho.

¿Trabajaba para el servicio secreto el autor de matanza de Navidad en Berlín?

Amri, autor de la matanza de Berlín
Un informe de la BKA (BundesKrimimalAmt, la policía federal alemana) divulgado la semana pasada pregunta si Anis Amri, el autor de la matanza de Navidad en Berlín con un camión, era un agente de los servicios de información.

El 19 de diciembre Amri mató a 12 personas en un mercadillo de Navidad después de apoderarse de un camión disparando contra su conductor, de nacionalidad polaca. Días después fue abatido a tiros en Milán, a donde llegó tras atravesar Francia.

Unos días después del ataque quedaba claro que Amri lo había preparado ante las narices de la policía y de los servicios de inteligencia. Como ya informó el diario Suddeutsche Zeitung a comienzos de este mes, durante los dos años anteriores Amri había estado sometido a una intensa vigilancia, con escuchas telefonicas incluidas, y estaba en contacto con un agente de los servicios de inteligencia del Estado de Renania del norte-Westfalia.

El informe de la BKA permite reconstruir minuciosamente las actividades de Amri en Alemania previas a la matanza de Navidad, ya que el seguimiento era muy estrecho, tanto que al día siguiente a la matanza le filmaron rezando en la mezquita del barrio de Moabit, en Berlín, situado justo enfrente de la Unidad 33 de la policía. Las imágenes las difundió la cadena de televisión RBB.

En 2015 Amri, de origen tunecino, entró en Alemania procedente de Italia, donde estuvo preso cuatro años por instigación al odio racial. Inicialmente le enviaron a un albergue para refugiados en Emmerich y a lo largo de su estancia en Alemania utilizó seis identidades falsas, lo que fue detectado por la policía desde el principio.

Mantenía un contacto frecuente con simpatizantes de los yihadistas. En Hildesheim la policía le vió en compañía de Ahmad Abdelazziz, un conocido yihadista, por lo que no sólo era vigilado por la policía alemana sino también por la CIA, según admitió el New York Times. Estados Unidos había prohibido su entrada en el país por entrar dentro de los listado terroristas.

También era conocido por la policía tunecina, que le seguía los pasos porque estaba en contacto con los grupos yihadistas locales. A su vez, la policía tunecina informó a la alemana.

En junio la policía alemana detuvo a Amri por un incidente con un cuchillo, un caso que fue archivado inmediatamente. En setiembre le levantaron la vigilancia y no la reanudaron a pesar de que la policía marroquí insisitió por dos veces a la alemana sobre le peligrosidad de Amri.

La intervención israelí en la lucha contrainsurgente en América Central en los años ochenta

Efraín Rios Montt con Ronald Reagan
En los años ochenta el pueblo guatemalteco, que se había alzado en armas, vivió bajo la feroz represión del régimen de Efraín Ríos Montt, cuyos crímenes siguen saliendo hoy a la luz. En enero del pasado año fueron detenidos 18 militares implicados en la guerra sucia y un mes después fueron detenidos otros dos bajo una acusación brutal: la esclavización sexual de las mujeres.

Aunque el Tribunal Constitucional haya anulado el juicio contra el criminal Ríos Montt por crímenes contra la humanidad, la investigación para descubrir el verdadero alcance de los crímenes cometidos, incluido el genocidio de los mayas, no descansa. En noviembre un juez reabrió la causa contra Ríos Montt por la matanza cometida en la aldea de Dos Erres, en El Petén.

Los pueblos mayas han sido objetivo de exterminio desde que en 1954 Estados Unidos invadió Guatemala para acabar con el gobierno de Jacobo Arbenz. Desde entonces hasta 1996 las estimaciones hablan de 200.000 asesinatos. No obstante, el protagonismo de Estados Unidos en los golpes de Estado y las masacres ha puesto en segundo plano a otro protagonista fundamental: Israel.

En una entrevista a la cadena ABC News Ríos Montt dijo que si el golpe de Estado en Guatemala pasó desapercibido, en relación a otros, fue gracias a la participación de Israel, que mantuvo 300 consejeros militares sobre el terreno para aplastar el levantamiento armado.

La entrada de Israel en el patrocinio de las contrarrevoluciones de los ochenta en Guatemala fue consecuencia de las limitaciones impuestas por el Congreso a la ayuda militar al exterior. Israel llegó a donde Estados Unidos no podía hacerlo sin infringir sus propias leyes. Sus militares trasladaron a Centroamérica los métodos antiguerrilleros experimentados en Gaza y Cisjordania con los palestinos.

El ejército israelí acababa de invadir Líbano y la oligarquía guatemalteca hablaba abiertamente de la “palestinización” de los mayas rebeldes y los grupos guerrilleros.

La peor matanza fue la de Dos Erres, donde la tropa entrenada por Israel destruyó e incendió completamente la aldea, matando a todos sus habitantes. Los supervivientes del ataque inicial fue asesinados golpeándoles el cráneo con martillos. La aldea fue exhumada en 1999 por orden de un tribunal y los médicos forenses escribieron en su informe: “Todas las pruebas balísticas recuperadas corresponden a fragmentos de balas disparadas por armas de fuego y fusiles de marca Galil fabricados en Israel”.

Pocos días antes de la matanza el Presidente Ronald Reagan visitó a Ríos Montt. Mientras tanto, de manera encubierta la CIA orquestaba la Operación Irán-Contra para vender armas a Irán a través de Israel. Con el dinero Reagan se saltaba las restricciones impuestas por el Congreso y financiaba la contrarrevolución en Nicaragua.

Durante su visita Reagan abrazó en público Rios Montt, de quien dijo que era un hombre de “una gran integridad personal” que quería mejorar la calidad de vida de los guatemaltecos y promover la justicia social. Naturalmente, el objetivo de Estados Unidos no era otro que llevar la democracia a Guatemala. 35 años después, en noviembre del año pasado, la jueza Claudette Domínguez opinó de manera distinta y abrió una causa contra Ríos Montt por la masacre de Dos Erres.

Uno de los 18 detenidos el año pasado es Benedicto Lucas García, antiguo jefe de Estado Mayor del ejército guatemalteco bajo la presidencia de su hermano Romeo. Sus subordinados le consideran un innovador en las nuevas técnicas de tortura para niños, pero él reservaba su admiración para el ejército israelí, cuyos soldados son “un modelo y un ejemplo para nosotros”.

En 1981 Benedicto Lucas García inauguró una escuela electrónica israelí para formar a militares guatemaltecos en las técnicas contrainsurgentes. En su primer año la escuela permitió a la policía secretra guatemalteca, el G-2, atacar 30 refugios de la Organización Revolucionaria del Pueblo en Armas.

El G-2 coordinaba las operaciones de limpieza, asesinato, desaparición y tortura de los movimientos insurgentes, aunque la colaboración israelí se extendió a las poblaciones que huían de la guerra sucia hacia Estados Unidos. Antes de que el muro de Trump se hiciera famoso, la empresa israelí de armamento Elbit firmó un contrato para construir 52 torres de vigilancia en las regiones fronterizas de Arizona, con u programa piloto de siete torres situadas en los valles que rodean Nogales.

La insurrección fue aplastada, pero Israel nunca se fue de Centroamérica. Actualmente colabora con el gobierno mexicano para cerrar la frontera sur de Chiapas de Guatemala y sus empresas dominan el mercado de la seguridad privada.

Uno de los consejeros militares israelíes reconvertidos en empresario de seguridad es Ohad Steinhart, propietario de la empresa “Decisión Ejecutiva” que tiene 300 pistoleros a sueldo, aunque la mayor es Golan Group, que también instruye a los policías de fronteras en México. Su nombre aparece en un juicio de 2014 iniciado por seis campesinos guatemaltecos y un estudiante que fueron heridos por los matones de dicha empresa durante una manifestación.

El ejército israelí tiene una base en Coban, donde sigue instruyendo a las tropas justo encima de las fosas comunes que ocultan cientos de cadáveres torturados y mutilados hace 35 años. La apertura de algunas fosas permitió el año pasado la detención de 14 militares, de los que ocho fueron detenidos.

Trump quiere reabrir las prisiones secretas de la CIA

Como la mayor parte de los países fronterizos con Rusia, Polonia y Lituania son Estados peleles de Estados Unidos, lo que no es ninguna casualidad. A lo largo de la fantasmal “guerra contra el terrorismo” desatada tras el 11 de setiembre de 2001, ambos se prestaron para albergar cárceles secretas donde la CIA practicó secuestros y torturas a los detenidos.

Ahora Trump, que ha apoyado públicamente el empleo de la tortura, quiere reabrir aquellas cárceles secretas y, además de Polonia y Lituania, cuenta con viejos países carceleros como Rumanía, Tailandia y Afganistán, donde un limbo judicial permite a los verdugos del imperialistas actuar a sus anchas.

Afortunadamente algunos han recuperado una parte de la dignidad que perdieron en algún lugar del camino y se han negado a que su país se convierta en un campo de concentración, “black sites” en la terminología de los espías, o sea, agujeros negros. El ministro polaco de Asuntos Exteriores ya ha expuesto su negativa: no hay ninguna propuesta y, si la hubiera, la respuesta de Polonia sería de oposición.

El jefe de la diplomacia lituana, Linas Linkevicius, ha afirmado que su país está dispuesto a cooperar con Estados Unidos en el plano estreatégico, pero que también hay que proteger los derechos humanos. Es un alivio.

La CIA utilizó 50 prisiones para secuestrar detenidos en 28 países, además de por lo menos otras 25 prisiones en Afganistán y 20 en Irak. En 2006 Bush anunció que oficialmente la CIA había vaciado las cárceles secretas que había habilitado por todo el mundo, aunque en su lugar aparecieron 17 “cárceles flotantes”, es decir, buques habilitados en alta mar como centros de interrogatorio y tortura.

España fue uno de los países en los que la CIA tuvo centros de detención e interrogatorio. Uno de ellos fue el Hotel Gran Meliá Victoria, donde en enero de 2004 se alojaron los verdugos y la tripulación del vuelo N313P que trasladó a Binyam Mohamed de Marruecos a Afganistán y a Jaled al Masri de Macedonia al mismo país asiático.

Este hotel no fue el único que la CIA habilitó para servir de presidio. También pernoctaron en el Son Antem de Lluchmayor y en el Royal Plaza, de Ibiza capital, según denunció el Diario de Mallorca en 2005.

Como consecuencia de dichas informaciones, el Juzgado de Instrucción 7 de Palma abrió un sumario, pero hubo mala suerte: los papeles cayeron en las zarpas de del juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno, que hizo lo que mejor sabe hacer en estos casos, dar un carpetazo al asunto (*).

La Unión Europea es, pues, cómplice de un grave crimen de guerra cometido por Estados Unidos. Aparte de que en su suelo existieron cárceles clandestinas donde se practicaron torturas, la CIA condujo 1.245 vuelos a través del territorio europeo según un informe aprobado por el Parlamento europeo el 14 de febrero de 2007.

(*) http://www.lamarea.com/2015/01/12/la-audiencia-nacional-archiva-definitivamente-el-caso-de-los-vuelos-de-la-cia/

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