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Israel creó una escuela de terrorismo para los golpistas centroamericanos

Matanza de Dos Erres
Es posible que a más de uno le haya sorprendido que Guatemala secundara fielmente la decisión de Trump de trasladar la capital de Israel a la Jerusalén ocupada y se pregunte por los motivos de ello. También es posible que suponga que ha sido por servilismo hacia Estados Unidos, lo cual es cierto; pero falta otro aspecto importante: el servilismo hacia Israel, un país cuya presencia en Centroamérica es un secreto a voces.

Desde los años ochenta, en plena vorágine criminal de los golpistas centroamericanos, Israel ha intervenido activamente en todos y cada uno de las matanzas y crímenes que se han cometido, especialmente en Guatemala.

El sanguinario general Ríos Montt confesó a un periodista de ABC News que en 1982 su golpe de Estado no llamó la atención -a diferencia de otros- porque sus soldados estaban adiestrados por 300 consejeros militares del Mosad.

Como buen Estado mafioso, Israel se apoya en la “omertá” de las grandes cadenas, donde tiene grandes cómplices que le permiten matar en silencio.

Uno de aquellos 300 asesinos del Mosad, el coronel Amatzia Shuali, confesó que no le gustaba lo que hacían los “paganos” con las armas, pero le daba lo mismo: “Los que nos aprovechamos somos los judíos”, relató a Andrew y Leslie Cockburn en “Dangerous Liaison”.

Aunque la presencia israelí en Centroamérica se remonta a los sesenta, se intensifica tras las restricciones impuestas a la “ayuda exterior” en época de Carter como consecuencia de las denuncias internacionales que llovieron desde el Golpe de Estado en Chile en 1973.

En Centroamérica Israel encontró un mercado y un punto de apoyo diplomático basado en lo que mejor se les da: el crimen. Los siniestros métodos empleados por el ejército israelí en Cisjordania, Gaza y Líbano se exportaron a Guatemala, El Salvador o Nicaragua, países sacudidos entonces por la guerrilla.

La prensa local hablaba entonces de “palestinización” y no se refería sólo a la guerrilla sino a las poblaciones indígenas, que comenzaban a ser exterminadas implacablemente a la manera sionista, como en el poblado de Dos Erres, en El Petén.

La soldadesca mató a toda la población e incendiaron las viviendas. Los cadáveres llenaron las calles. Muchos de ellos tenían la cabeza destrozada a martillazos. Unos días antes de la matanza, Reagan había visitado a su socio Ríos Montt, pero además del respaldo de la Casa Blanca, el asesino tenía otro apoyo no menos importante: toda la munición que se ha encontrado en las fosas comunes es Galil, fabricada en Israel.

Hace un año una jueza guatemalteca hizo lo que ningún juez en España: detuvo a 18 de los asesinos de Dos Erres, entre ellos a Benedicto Lucas García, antiguo jefe de Estado Mayor del ejército, que fue un innovador en las técnicas de tortura, especialmente exitosas con los niños. El general les hablaba a sus esbirros del soldado israelí como “un modelo y un ejemplo para nosotros”.

España es cómplice de las torturas cometidas por la CIA en Afganistán

Recién elegido, en enero de 2009 Obama se comprometió a respetar la Convención de Ginebra y prometió que su gobierno no utilizaría la tortura en los interrogatorios de prisioneros.

En marzo la Comisión de Inteligencia del Senado abrió su propia investigación.

En abril la Casa Blanca divulgó los memorandos del Departamento de Justicia de 2002 y 2005 que justificaban la tortura bajo el eufemismo de “técnicas reforzadas de interrogatorio”.

Los detenidos sometidos a la “bañera” eran atados a una tabla y se les llenaba la nariz y la boca de agua, a veces durante 30 minutos y varias veces al día, provocándoles convulsiones y forzándolos a vomitar.

Los testimonios de varios detenidos mencionan bofetadas, puñetazos, golpes, sometimiento a temperaturas glaciales y duchas de agua fría, a posiciones incomodas y dolorosas durante largos períodos y privación de sueño, entre otros medios de tortura.

Un informe interno de la CIA de 2004, parcialmente desclasificado en 2009, menciona también las simulaciones de ejecuciones, así como el uso de una pistola y de un taladro para aterrorizar a Abd Rahim Al-Nashiri. Un agente también habría amenazado con matar a la familia de Sheik Mohammed.

En un centro de tortura identificado por el informe con el nombre de Cobalt, presumiblemente en Afganistán, los detenidos se encontraban aislados en un celdas totalmente oscuras, constantemente encadenados y con música fuerte.

El informe sostiene que estos métodos duraron hasta diciembre de 2007, aunque se mantienen hasta hoy mismo.

Los detenidos considerados de gran valor fueron interrogados por la CIA en lugares secretos, “sitios negros”, antes de ser trasladados en 2006 a la prisión de la base militar estadounidense de Guantánamo, en la isla de Cuba.

Un informe del Parlamento europeo de 2007 acusa sobre todo a Polonia y a Rumania de haber albergado, entre 2003 y 2005, centros secretos de detención en Kiejkuty, noreste de Polonia, y en Bucarest.

Un sitio en Antaviliai, Lituania, a 20 km de la capital, Vilna, visitado por parlamentarios europeos, también es sospechoso de haber albergado una cárcel secreta de la CIA.

Otro tanto ocurre con Tailandia y Afganistán, invadido por una “coalición internacional” encabezada por el ejército estadounidense y de la que forma parte España, un país cómplice de las torturas.

El informe parlamentario, sin embargo, no da nombres de países donde hubo cárceles secretas de la CIA.

Según el informe del Senado, alrededor de un centenar de detenidos fue interrogado por la CIA en el marco del programa secreto de torturas.

Los colonialistas británicos mataron de hambre a tres millones de indios en 1943

En Bengala, India, durante la Segunda Guerra Mundial, Churchill llevó a cabo una estrategia económica y militar que provocó una hambruna que asesinó a tres millones de personas.

Churchill decidió llevar la mayoría de granos y víveres a sus soldados hasta Oriente Medio y Egipto, donde se hallaban defendiendo el Canal de Suez de Italia y Alemania, dejando de lado a la población civil, la cual se quedó prácticamente sin alimento.

Además el gobierno inglés decidió adueñarse de los medios de transporte que pudieran llevar alimento a Bengala, tales como camiones, autos, motocicletas y hasta elefantes de carga. Aunado a ello, los imperialistas se adueñaron de diversos campos de cultivo de arroz para convertirlos en pistas de aterrizaje.

Las protestas no se hicieron esperar y las revueltas fueron aplastadas por los soldados ingleses de manera violenta, provocando la detención de más de 60.000 personas y la ejecución de unas 2.500. 

Los víveres no sólo eran destinados a los frentes de guerra, sino que otra parte iba directamente a Inglaterra para alimentar a la población de las grandes ciudades. Se estaba provocando en Bengala una hambruna de proporciones colosales. Churchill, cruel y déspota, dijo sobre esta situación y los indios que eran una raza débil que se había reproducido en exceso y que ahora tenía que pagar las consecuencias de verse en la escasez por su sobrepoblación. Y añadió: “las peores personas del mundo después de los alemanes son los indios”.

El Secretario de Estado, Leo Amery, pensaba, al igual que Churchill: los indios eran una raza condenada de antemano y la prioridad del gobierno inglés debía centrarse en apoyar por completo a sus soldados en la lucha que sostenían.

Así fue como la hambruna fue en aumento: las pequeñas poblaciones fueron las primeras en padecer los rigores de la escasez, la cual llegó de manera trágica hasta los asentamientos más grandes. Se registraban alrededor de 10.000 muertes a la semana y los cadáveres podían verse a simple vista en las banquetas sin que nadie pudiera evitarlo. Familias enteras morían en el interior de sus hogares y los niños eran los más propensos a fallecer de forma más rápida.

Algunas familias llegaban al extremo de sacrificar a los más pequeños o los más ancianos para que los demás pudieran tener más posibilidades de obtener alimento. Los perros incluso sufrieron por esta escasez, sembrando las calles con sus cadáveres. Hubo intentos desesperados por obtener algo de alimento: las mujeres comenzaron a prostituirse en las calles, las familias vendían a sus hijas a familias pudientes como sirvientas con tal de que pudieran sobrevivir, muchas familias pusieron a la venta sus hogares o escasas pertenencias. Era una desesperación trágica la que se veía en Bengala y en otras ciudades grandes como Calcuta, Howrah, Midnapur, Faridpur o Barisal.

La proliferación de cadáveres en las calles comenzó a causar enfermedades como el cólera, tifus o disentería. Algunos cuerpos eran arrojados a los ríos para que la corriente los llevara hasta el mar.

El periódico Statesman fue el primero en percatarse y denunciar el acontecimiento. Otro personaje que fue vital para que el mundo se enterara de lo que estaba pasando en India fue el fotógrafo Ian Stephens, quien se dedicó a recorrer las calles de Bengala sacando imágenes de la tragedia que se vivía en la ciudad.

El suceso fue aprovechado por los rivales de los ingleses para denunciar a nivel internacional lo que éstos hacían y justificando de esa manera la guerra contra ellos. No quedó más remedio a los altos mandatarios ingleses que comenzar a repartir víveres a Bengala, más por la presión mediática que por iniciativa propia. Algunos países como Australia y Estados Unidos, además de algunas naciones latinas, enviaron alimentos a India como una ayuda ante la desesperada situación de sus habitantes. Fue en 1944 cuando la situación comenzó a estabilizarse en favor de la población india.

Más de 3 millones de personas murieron debido a este terrible crimen contra de la humanidad, uno de los más terribles del imperialismo.

https://culturacolectiva.com/historia/el-genocidio-de-bengala-hambruna/

Colombia, la paz de los cementerios: dos militantes torturados y asesinados en dos días

Gonzalo Antonio Martínez Guisao
Entre la noche del pasado miércoles y la mañana del viernes asesinaron a dos dirigentes sociales en distintas partes de Colombia. El primero fue Gonzalo Antonio Martínez Guisao, asesinado el miércoles por las Autodefensas Gaitanistas de Colombia cuando se dirigía al municipio de Carepa (Antioquia), y el segundo, Esneider Ruiz Barreto, quien murió en Puerto Guzmán (Putumayo).

A Martínez unos desconocidos que pertenecían a las AGC, lo bajaron de la camioneta en la que viajaba por la vía que comunica a Carepa (Antioquia) con el corregimiento de Saiza (Córdoba), a la altura del corregimiento de Piedras Blancas. Eran alrededor de las 6:30 pm. Su cuerpo fue encontrado con cuatro impactos de bala, que habría recibido a eso de las diez de la noche. En ese intervalo de tiempo fue torturado.

Martínez era el presidente de la Junta de Acción Comunal de la vereda Pechinde, en el corregimiento de Saiza, donde, además, está presente la Asociación Campesina para el Desarrollo del Alto Sinú (Asodecas). Su cuerpo fue trasladado a la morgue de Carepa. Su muerte ha causado incertidumbre en Pechinde, pues sus familiares se sienten amenazados y se ha hablado, incluso de un desplazamiento masivo por motivos de seguridad.

Poco más de un día después fue asesinado Esneider Ruiz Barreto, un joven de 26 años, en Puerto Guzmán (Putumayo). La organización a la que pertenecía Ruiz, Marcha Patriótica, ha advertido que “el contexto de la región del Putumayo continúa critica sistemática y selectiva contra dirigentes sociales”. Ruiz, además de ser de Marcha Patriótica, formaba parte de Atcam, filial de la Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria (Fensuagro).

El gobierno quiere hacer creer que estos asesinatos no son sistemáticos y que obedecen a otras causas, distintas a la del trabajo de los dirigentes. El fiscal general, Néstor Humberto Martínez, aseguró hace poco que “hay un origen multicausal, pero estamos identificando ya unos fenómenos que son preocupantes desde el punto de vista de eventual presencia de reductos de [los paramilitares] Autodefensas”.

Los asesinatos de los militantes está cada vez más presente en el plano político. La ONU afirmó que este año han sido asesinados alrededor de 105 dirigentes sociales en Colombia.

https://www.elespectador.com/noticias/nacional/dos-lideres-sociales-fueron-asesinados-en-menos-de-dos-dias-articulo-729923

 

Miles de peruanos salen a la calle para protestar por el indulto a Fujimori

Convocados por el colectivo “No a Keiko”, miles de peruanos han salido a la calle para demostrar su repulsa hacia la decisión del presidente de la República, Pedro Pablo Kuczynski, de indultar a Fujimori, que cumplía 25 años de prisión por crímenes de lesa humanidad.

Los manifestantes aseguran que el indulto es ilegal y los familiares de las víctimas de la masacre de La Cantuta han pedido la anulación del indulto “humanitario”, que es consecuencia de un cambalache político: el 21 de diciembre Kuczynski no fue cesado por corrupción a pesar de las acusaciones en su contra hechas por los fujimoristas de Fuerza Popular. Sin embargo, el hijo de Fujimori, Kenji Fujimori, se abstuvo en la votación, a cambio del indulto de su padre.

El ejército peruano secuestró y asesinó a nueve estudiantes y un profesor de la Universidad Enrique Guzmán y Valle conocida como La Cantuta. Tras el 18 de julio de 1992 nadie ha vuelto a ver con vida a Bertila Lozano Torres, Dora Oyague Fierro, Luis Enrique Ortiz, Armando Amaro, Robert Edgar Teodoro, Heráclides Meza, Felipe Flores, Marcelino Rosales, Juan Gabriel Mariños y al catedrático Hugo Muñoz.

Es uno de los crímenes por los que Fujimori fue condenado a prisión.

El congresista Henry Pease denunció en 1993 frente al pleno del Congreso que había recibido un documento con información detallada sobre cómo habían sido asesinados y desaparecidos por el Servicio de Inteligencia del Ejército.

Aunque el fujimorismo negó la acusación, se formó una comisión investigadora pero ningún criminal quiso admitir su crimen.

Tras semanas de rechazar denuncias en su contra, el general Nicolás Hermoza admitió en el Congreso la posibilidad de que militares hubieran participado en el secuestro de La Cantuta.

Luego aparecieron cuatro fosas en un descampado en Cieneguilla donde dos testigos aseguraron ver a los militares enterrar con prisa los restos de los desaparecidos.

En 1994 ocho miembros del Ejército fueron condenados por el asesinato de las diez personas. Sin embargo, once meses después Fujimori fue reelegido y el Congreso aprobó una ley de Amnistía que dejó libres a todos los criminales.

Tras un proceso judicial de dos años, Fujimori fue condenado por el Tribunal Supremo, que le otorgó 25 años de prisión por ser el autor mediato del crimen de La Cantuta y Barrios Altos.

Indulto a Fujimori: también Perú concede ‘licencia para matar’

Alberto Fujimori
Ayer el presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski, otorgó un “indulto humanitario” a su predecesor en el cargo Alberto Fujimori, condenado a 25 años de prisión por homicidio calificado con alevosía, por las matanzas de Barrios Altos y La Cantuta.

Preparando el terreno, Fujimori, de 79 años y que gobernó el país entre 1990 y el 2000, fue internado el día anterior en una clínica local por un cuadro de «hipotensión» y «arritmia». Una junta médica completó la farsa al recomendar su liberación por “una enfermedad progresiva, degenerativa e incurable”.

El asunto es mucho más sencillo. Se trata de un intercambio. Unos días antes 10 congresistas de Fuerza Popular, el partido de Fuhimori, salvaron a Kuczynski de la destitución, y “de bien nacidos es ser agradecidos”.

Fujimori fue recluido en setiembre del 2007 en el penal de Barbadillo, tras llegar extraditado de Chile.

También fue condenado por el delito de secuestro agravado, por las detenciones del periodista Gustavo Gorriti y el empresario Samuel Dyer.

Otra de sus condenas fue por usurpación de funciones, soborno y falsedad ideológica, al probarse el pago de 15 millones de dólares a Vladimiro Montesinos por compensación de tiempo de servicios.

En setiembre del 2009 fue sentenciado a 6 años de cárcel por los pagos ilegales a los congresistas tránsfugas, por el espionaje a políticos y periodistas y por la compra de Cable Canal de Noticias y de la línea editorial del diario “Expreso”.

En enero del 2015 había sido condenado a 8 años de cárcel por malversación de fondos públicos, al haber ordenado el desvío de fondos de las Fuerzas Armadas al Servicio de Inteligencia Nacional. Sin embargo, el Tribunal Supremo anuló esta condena.

En 2013 el gobierno de Ollanta Humala denegó otra petición de “indulto humanitario” solicitado por sus hijos un año antes.

https://elcomercio.pe/politica/alberto-fujimori-libertad-ppk-le-dio-indulto-humanitario-noticia-483996

Mañana juzgan a militares argentinos por secuestrar y torturar a 24 trabajadores

Santiago Omar Riveros
El Tribunal Oral Federal Criminal 1 de San Martín juzgará mañana al antiguo jefe del Cuerpo IV de Ejército, Santiago Omar Riveros, a un ex directivo de la planta automotriz Ford y a un ex jefe de seguridad, acusados de secuestros y torturas a 24 trabajadores en la planta ubicada en General Pacheco, durante la dictadura militar.

Además de Riveros, quien por entonces era director de Institutos Militares, serán juzgados por primera vez los civiles Pedro Müller, de 85 años, quien se desempeñó como gerente de Manufactura de la firma, y Héctor Francisco Sibilla, de 90 años.

La causa tuvo imputado hasta su muerte al ex gerente de Relaciones Institucionales, Guillermo Gallarraga, quien falleció en junio pasado.

Los imputados están acusados de los delitos de «privación ilegítima de la libertad agravada por ser perseguidos políticos». De los 24 casos que serán abordados en el debate oral que comenzará a las 9 en los tribunales ubicados en Pueyrredón 3728, partido de San Martín, nueve son los supervivientes que se presentan como querellantes.

Santiago Omar Riveros dirigió diversos centros clandestinos de detención, entre ellos el Campito y el hospital militar de Campo de Mayo organizado para realizar el robo de bebés de las detenidas-desaparecidas.

Llegó a alcanzar el grado de general de división ejército argentino y luego fue condenado por crímenes de lesa humanidad durante la dictadura militar, aunque cuatro años después fue indultado por Menem.


https://www.elliberal.com.ar/noticia/386111/ford-se-inicia-juicio-secuestro-tortura-trabajadores

La gran masacre del imperialismo japonés en Nankín en 1937

Entrada de los japoneses en Nankín
Se da el nombre de Masacre de Nankín a los crímenes cometidos por el Ejército Imperial de Japón en Nankín (China) y sus alrededores tras la caída de la entonces capital de la República China frente a las tropas japonesas el 13 de diciembre de 1937 (aunque la violencia se prolongó hasta febrero de 1938).

El contexto fue la segunda guerra sino-japonesa. Capturada Shanghai tras una durísima batalla en octubre de 1937, los japoneses se trasladaron hacia el norte y conquistaron Nankín. Los comandantes del ejército nacionalista chino habían huido antes de la entrada de los nipones, dejando atrás a miles de soldados chinos atrapados en la ciudad amurallada. Muchos de ellos se quitaron los uniformes y escaparon a la llamada Zona de Seguridad, preparada por y para los residentes extranjeros de Nankín. Lo que ocurrió después ha sido la base de una constante controversia histórica y tensión política entre China y Japón hasta hace pocos años.

Los crímenes de guerra cometidos durante este episodio incluyen el pillaje, la violación y la matanza de civiles y prisioneros de guerra, en muchas ocasiones con extrema crueldad. El debate entre China y Japón sobre el alcance de las atrocidades va desde la afirmación del gobierno chino de que la cifra de muertos no combatientes fue superior a 300.000 hasta la del ejército japonés, ante el Tribunal Militar Internacional de Extremo Oriente (conocido como Tribunal de Guerra de Tokio) después de la Segunda Guerra Mundial, de que los muertos habían sido todos militares y de que no hubo masacres organizadas contra los civiles.

No obstante, el Tribunal de Guerra de Tokio estimó el número de muertes en 250.000. Mucho más tarde, en diciembre de 2007, algunos documentos desclasificados por el gobierno de Estados Unidos, que hasta entonces habían sido secreto de Estado, arrojaron una cifra total de muertos de 500.000, tomando en consideración también lo sucedido en los alrededores de la ciudad antes de su captura.

Al margen de la «guerra de cifras», el relato de testigos presenciales tanto occidentales como chinos mostró al mundo que, en el transcurso de seis semanas después de la caída de la ciudad, las tropas japonesas se entregaron a una brutal orgía de violaciones, asesinatos, robos, incendios y otros crímenes de guerra. Prueba de ello son los diarios de algunos extranjeros, como John Rabe y Minnie Vautrin, que optaron por quedarse con el fin de proteger a los civiles chinos en la medida de lo posible.

La violencia no respetó a nadie: niños, jóvenes, mujeres y ancianos fueron violados, atravesados a bayonetazos, decapitados, mutilados o enterrados vivos. Una prueba de la crueldad de la masacre: se halló a decenas de miles de personas enterradas con las manos atadas a la espalda. Y un episodio especialmente truculento: el «concurso» entre dos oficiales japoneses, Toshiaki Mukai y Tsuyoshi Noda, para ser el primero en matar por decapitación a 100 personas con una catana. Ganó Mukai, que se dejó llevar y asesinó a 106. Tras la capitulación de Japón, ambos fueron fusilados por sus crímenes en Nankín.

https://www.muyhistoria.es/contemporanea/articulo/la-masacre-de-nankin-un-atroz-crimen-de-guerra-japones-651513092098

Se estrena la primera película sobre los crímenes que la OTAN/Gladio cometió en Bélgica

Bélgica acaba de estrenar su primera película sobre la Red Gladio de asesinos de la OTAN que sembraron el terror en la posguerra europea cometiendo crímenes de bandera falsa. Se trata de “Tueurs” (Asesinos) que inicialmente llevaba el subtítulo “La stratégie de la tension” (La estrategia de la tensión) porque se pretendía relacionar con la matanza de la Estación de Bolonia, en Italia.

Luego se cambió el contexto por otro parecido, los crímenes de Bravant, que sacudieron a Bélgica a comienzos de los ochenta. La película tiene alguna similitud con “Bastille Day”, otra película sobre el mismo asunto con más presupuesto, que se estrenó el año pasado.

Arranca con el asesinato de un juez que, como en los crímenes de Bravant, es un encargo de las más altos dirigentes políticos belgas a los pistoleros de la OTAN. Tras el juez, los testigos van cayendo uno tras otro, algunos de ellos suicidados y otros no tanto.

La obra es del director belga de 47 años, François Troukens que, antes de dedicarse al cine, fue un gangster conocido en su país, aunque el guión en ningún momento refiere que se apoya en hechos reales y la CIA sólo aparece una vez al principio de la película.

Los crímenes de Bravant se refieren al asesinato en Bélgica entre 1982 y 1985 de 28 personas, niños algunos de ellos, que aparentemente parecen cometidos de manera gratuita, sin razón aparente. Los autores nunca fueron identificados.

Como suele ocurrir en estos casos, la investigación se convirtió en una odisea imposible de recorrer. Algún juez que se lo tomó en serio se encontró con un muro: secreto militar de la OTAN.

En Bélgica la matanza es una preocupación recurrente. Recientemente salieron nuevas revelaciones en Het Laatste Nieuws y la televisión flamenca le volvió a dedicar otra emisión: el hermano de un gendarme de élite, Christian Bonkoffsky, declaraba que en su lecho de muerte había confesado su participación en los crímenes.

No han sido pocos los que han advertido sobre las enormes similitudes existentes entre las matanzas de Bravant y las actuales del yihadismo. El periodista del diario “Le Soir”, René Haquin, ha defendido que después del traslado de la OTAN a Bruselas en 1966, se alzaron numerosas voces alertando de que Bélgica tenía “un agujero de seguridad” que había que llenar.

En aquella época la preocupación era mucho mayor tanto por la existencia de movimientos guerrilleros, en pleno apogeo en Europa, como por las importantes luchas populares contra la guerra nuclear.

El santuario de la OTAN también necesitaba sus “años de plomo”, lo mismo que Italia.

Canadá convalida las confesiones arrancadas bajo tortura

La deriva de los países que más alardean de respecto por los derechos humanos es muy significativa. El artículo 15 del Convenio de la ONU contra la tortura, aprobada en 1984, impide que las confesiones arrancadas bajo tortura se pueden utilizar en un juicio como prueba.

Este tipo de declaraciones siempre han sido papel mojado, aunque hasta ahora se hacía de tapadillo. Ahora ya no se cortan ni un pelo en saltarse las normas a la torera: el ejército y el espionaje canadienses han recibido nuevas instrucciones que limitan, pero no impiden por completo, el uso de información obtenida bajo tortura por gobiernos extranjeros.

La directiva, emitida por el ministro de Defensa, Harjit Sajjan, permite al ejército canadiense y al Centro de Seguridad de Telecomunicaciones, utilizar la información arrancada por tortura, aunque naturalmente todo esto se envuelve en papel de regalo: para ello es necesario que permita salvar vidas o prevenir lesiones graves.

Por ejemplo, se admite la tortura para obtener información sobre la amenaza de un ataque terrorista, pero el ejército admite que un posible ataque contra los soldados canadienses también puede ser favorable a tal recurso.

Hasta ahroa el ejército y el Centro de Seguridad de Comunicaciones no podían compartir información con otros gobiernos o instituciones extranjeras o solicitarla, si la petición podía conducir a la tortura o la violencia.

Estas nuevas directivas del Ministro de Defensa son comparables a las anunciadas en septiembre por su colega de Seguridad Pública, Ralph Goodale, dirigidas a la Real Policía Montada Canadiense, el Servicio canadiense de Inteligencia de Seguridad y a la Agencia servicios fronterizos.

Naturalmente, las organizaciones de derechos humanos y del partido NPD en Ottawa se han rasgado las vestiduras porque dicen -con razón- que equivalen a tolerar el uso de la tortura, en violación del derecho internacional.

Las potencias imperialistas van de cabeza hacia el fascismo y lo peor de todo es que nadie habla claro al respecto. Todos se evaden con eufemismos.

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