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Las empresas farmacéuticas no se responsabilizan de los efectos secundarios de la vacuna contra el coronavirus

La semana pasada altos funcionarios de la Unión Europea confesaron a la agencia Reuters que están negociando con los fabricantes de vacunas sobre tres puntos: el precio, los plazos de pago y la responsabilidad.

Ya saben que las vacunas son absolutamente seguras, pero a veces no lo son y entonces surge el dilema: ¿quién paga los platos rotos de los efectos secundarios?

Cuando, como en este caso, la vacuna es puramente experimental y se aprobará saltándose los protocolos establecidos, el dilema salta al siguiente escalón y por eso hay que negociar quién pagará los daños, las lesiones y la secuelas que deje esa vacuna segura. Es sólo por si las moscas…

Pues bien, los fabricantes de vacunas ya han dicho que ellos no quieren saber nada de nada. Un cabecilla del monopolio farmacéutico AstraZeneca confirmó que su empresa no tiene ninguna intención de enfrentarse a ningún pleito por los efectos secundarios causados por su vacuna contra el coronavirus (1).

AstraZeneca es una de las 25 empresas farmacéuticas del mundo que ya están probando su vacuna en seres humanos, con el fin de inyectársela a millones de personas en el mundo entero.

El dinero fluye como nunca hacia los laboratorios. Los gobiernos están pagando por adelantado los precios exorbitantes que les imponen y las acciones de las empresas farmacéuticas cotizan al alza en la bolsa. Luego (ya saben): si te he visto no me acuerdo.

AstraZeneca es la mayor empresa farmacéutica de Gran Bretaña, con un valor de unos 80 millones de euros. Acaba de reconocer ganancias extraordinarias de 12.600 millones de dólares sólo en los últimos seis meses.

A pesar de tan saludable balance, no quiere responsabilizarse de los efectos secundarios de su vacuna. Que paguen otros, por ejemplo, la Unión Europea. O mejor: que pague la víctima, o sea, que se aguante.

La multinacional va a exigir firmar contratos de exoneración de responsabilidad en el mismo momento de entrega de la vacuna a cada gobierno. Además pretende hacer lo mismo con los inyectados: que firmen una cláusula por la que renuncien a cualquier tipo de reclamación judicial.

La empresa afirma que sin esas garantías, no tendría ningún incentivo para fabricar la vacuna. La mayoría de los países han cedido a esa petición.

Ruud Dobber, un cabecilla de AstraZeneca, dijo a la agencia Reuters: “Esta es una situación única en la que nosotros, como empresa, simplemente no podemos correr el riesgo si en cuatro años la vacuna muestra efectos secundarios”. Además, Dobber añadió: “En los contratos que tenemos, pedimos un seguro. Para la mayoría de los países es aceptable asumir este riesgo porque es de interés nacional” (2).

También lo saben Ustedes de sobra: el “interés nacional” está por encima de todo y de todos. Lo interesante es que se vacunen; lo que venga después ya no interesa tanto. Los efectos secundarios son secundarios y quedarán para que los conspiranoicos pongan el grito en el cielo y cuenten los bulos de siempre cuando ya nadie se acuerde del miedo que estamos pasando.

Dobber se negó a nombrar los países que han hecho pedidos de la vacuna de la empresa, pero el gobierno británico ya ha comprado 250 millones de dosis a varios grupos de grandes empresas farmacéuticas.

El modelo es la legislación que rige en Estados Unidos: no se le puede llevar a juicio a ninguna empresa farmacéutica por los efectos secundarios de la vacuna en caso de que se haya acordado una “emergencia de salud pública”.

Los estados de alarma y las emergencias lo justifican todo, lo explican todo y nadie se puede responsabilizar de nada porque estamos ante una calamidad, una desgracia “natural” que nos ha sobrepasado a todos y para la que no estábamos preparados, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera, etcétera…

(1) https://www.thetimes.co.uk/article/success-of-new-drugs-puts-astrazeneca-in-rude-health-8nrshhx0w
(2) https://uk.reuters.com/article/us-astrazeneca-results-vaccine-liability/astrazeneca-to-be-exempt-from-coronavirus-vaccine-liability-claims-in-most-countries-idUKKCN24V2EN

Otro confinamiento ‘estricto’ es la receta para sacar al capitalismo de su mayor crisis económica

Parece contradictorio, pero un miembro de la Reserva Federal ha pedido cerrar la economía para salvar la economía. Ahora mismo, el PIB de Estados Unidos, que en el segundo trimestre ha sufrido su mayor caída desde la Gran Depresión, corre el riesgo de sufrir una recuperación asimétrica, bacheada y más lenta de lo esperado si no se toman medidas importantes y contundentes ahora. Por eso, Neel Kashkari, presidente del Banco de la Reserva Federal de Mineápolis, ha asegurado en declaraciones al programa “Face the Nation” de la CBS que se requieren tomar medidas contundentes para propiciar una recuperación robusta.

Hasta ahora se ha apostado por mantener activa la economía con la esperanza de que el coronavirus perdiese fuerza o de que la soñada vacuna llegase muy pronto, pero esta estrategia está generando cierta controversia con las elecciones a la vuelta de la esquina en Estados Unidos.

Kashkari cree que habrá que implementar medidas restrictivas aunque supongan un golpe para la economía en el corto plazo. A veces hay que dar un paso hacia atrás para poder dar dos hacia delante y esta podría ser una de esas ocasiones.

“Si no lo hacemos y simplemente dejamos que este virus se siga extendiendo por el país con brotes y cierres locales durante el próximo par de años, lo cual es enteramente posible, vamos a ver muchas, muchas más quiebras de empresas”, declaró.

“Habrá una recuperación mucho más lenta para todos nosotros”, sostuvo el presidente de la Fed de Mineápolis. La economía de Estados Unidos se beneficiaría de “un cierre realmente estricto” que durase entre cuatro y seis semanas, aseguró el experto.

Kashkari asegura que el Congreso está en una buena posición para aprobar partidas de gasto que puedan hacer frente a la pandemia, ya que la brecha presupuestaria de la nación puede ser financiada sin endeudamiento externo.

“Quienes somos lo suficientemente afortunados de tener nuestros empleos, estamos ahorrando mucho dinero porque no vamos a restaurantes ni a ver películas, ni viajamos por vacaciones”, declaró.

“Eso de hecho implica que tenemos muchos más recursos como país para apoyar a quienes han sido despedidos de sus empleos”.

La Cámara de Representantes, mayoritariamente demócrata, aprobó en mayo un paquete de ayuda de emergencia por 3 billones de dólares, mientras que los republicanos en el Senado -muchos de los cuales han expresado preocupación por la deuda acumulada- debate su propia propuesta con asistencia por 1 billón de dólares desde la semana pasada.

https://www.eleconomista.es/economia/noticias/10704196/08/20/Kashkari-Fed-pide-un-confinamiento-severo-de-cuatro-a-seis-semanas-para-salvar-la-economia-de-EEUU.html

Todos esos muertos por covid que nunca tuvieron covid…

Julián Alcayaga O.

Mi amigo Miguel Avalos Olguín, era el Secretario del “Comité de Defensa y Recuperación del Cobre”, y además era militante del P.C. [de Chile] Hace ya varios años, a causa de la diabetes le fue amputado un pie. Tiempo después pudo tener una pierna ortopédica, pero cada cierto tiempo la dejaba de usar porque el roce con el muñón de su pierna le provocaba heridas. Le hacían curaciones en el hospital, pero tenía que dejar de usar la pierna ortopédica mientras sanaba la herida. Era una rutina que ya conocía, pero desde el mes de mayo pasado volvió a tener esas heridas en el muñón, ya en plena pandemia, por lo que ya no pudo salir del departamento de un matrimonio amigo donde vivía, esperando que la herida sanara sola. Sin embargo, ello no ocurría por lo que sus amigos, llamaron a la Posta Central para que enviaran una ambulancia para que lo hospitalizaran y le curaran las heridas. Solo dos días después, como a las 20 hrs. llegó la ambulancia y fue llevado a la Posta Central. A sus amigos le dijeron que se quedaran tranquilos, que se iba a recuperar a pesar de tener una diabetes muy alta.

Sin embargo, al día siguiente, cerca de las 21 hrs., llaman a sus amigos para comunicarles que Miguel había muerto por Covid. Pero cómo iba a morir por Covid contestaron los amigos, si Miguel hacía semanas que no salía del departamento, en el quinto piso y sin ascensor en el centro de Santiago, y nosotros tampoco tenemos Covid. Respuesta, se había infectado con Covid en el hospital en las pocas horas que estuvo en él. Sin embargo, a pesar de este diagnóstico de Covid, a sus amigos no le decretaron cuarentena ni le hicieron el examen de PCR, como establece el protocolo, ni en ese momento ni posteriormente, y hasta la fecha están sanos. Pero el certificado de defunción es lapidario: “Neumonía por Covid 19. Cetoacidosis diabética”. Y con este certificado, sus amigos no lo podíamos acompañar a su última morada.

Era muy extraña esta muerte por Covid, pero ya nada se podía hacer para impugnar que haya sido efectivamente el Covid que se llevó a Miguel. Teníamos que aceptar eso calladamente, y además, que sentido podría tener contestar ese diagnóstico. Pero, desgraciadamente, lo de Miguel no es el único caso de fallecimiento por Covid, sin tener Covid.

En efecto, unas semanas después, en la feria de calle Coquimbo, en Santiago, a la que concurro todos los sábados desde hace 30 años, veo que don Segundo, que vendía hierbas medicinales y que yo a veces le compraba, no estaba y había otra persona más joven, y al preguntarle por don Segundo, me dijo que era su papá y que había muerto. ¿Qué le pasó? Un día de feria que llovió copiosamente, se mojó mucho y llegó a la casa con malestar, se cambió ropa y se acostó. Como no mejoraba al día siguiente lo llevaron al Hospital Barros Luco, y dos días después falleció a los 84 años. A los hijos les dijeron que había muerto por neumonía por Covid, pero nuevamente, a su conyugue y a los 2 hijos que vivían con él en la misma casa, no les decretaron cuarentena y no les hicieron examen de PCR, ni en ese momento ni posteriormente, pero su certificado de defunción dice: “Insuficiencia respiratoria aguda. Neumonía Covid 19 positiva”.

Nuevamente es muy raro, pero esto pasa de castaño a oscuro, como si alguien estuviera aumentando deliberadamente los muertos por Covid, sin que realmente hayan fallecido por Covid. Quienes están detrás de esto, no pueden ser sino los médicos que han firmado los respectivos certificados de defunción, en la Posta Central, actualmente HUAP Alejandro del Río, por Miguel, y el Hospital Barros Luco, por don Segundo. No se trata de un solo hospital.

Una vecina de mi barrio, que conocía también desde hace 30 años, y que hace unos 4 ó 5 años, unos parientes lejanos la llevaron un hospicio, murió hace 2 semanas, a los 92 años. No sabemos si ella murió en el hospicio o en un hospital, pero su certificado de defunción dice: “Neumonía. Sospecha de Covid 19”.

El hecho es que, todos estos casos de muerte por Covid, que no parecen haber muerto por Covid, son personas amigas que yo conocía personalmente. No lo he leído en una red social. Quizás muchas personas conocen casos similares, que sería necesario que también los denuncien, porque estos fallecidos por Covid, que sin embargo, no han muerto por Covid, permiten aumentar considerablemente las estadísticas de muertes por Covid, y estos muertos por la pandemia genera pánico en la población y obligan a las autoridades de salud a mantenernos en confinamiento.

¿Cuál es el objetivo de estos médicos? ¿Está al corriente el Colegio Médico? Me parece que es fácil conocer quiénes son los médicos que han firmado los certificados de defunción por Covid, y por lo tanto es absolutamente necesario que esto se investigue, tanto por las autoridades de salud, como también por el Ministerio Público.

http://piensachile.com/2020/08/chile-gente-que-muere-por-covid-sin-tener-covid/

Las prácticas monopolistas en el mercado farmacéutico mundial

Después del brote de H5N1 (gripe aviar) y en los primeros días de la epidemia de H1N1, las empresas farmacéuticas transnacionales compitieron ferozmente para proporcionar tratamientos en ausencia de vacunas.

Entre 2005 y 2009, el antiviral oseltamivir, comercializado por Roche como Tamiflú, logró ser reconocido como el medicamento estrella para la prevención y el tratamiento por varios organismos internacionales como la OMS, los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) y la Agencia Europea de Medicamentos.

En aquel momento, a fin de prepararse para una “posible operación de confinamiento”, la OMS recibió una donación de tres millones de tratamientos con oseltamivir de Roche para ser utilizados como reserva, según el informe del Comité encargado de examinar el funcionamiento del Reglamento Sanitario Internacional (2005) en relación con la pandemia H1N1, publicado por la OMS en 2009.

Según el mismo informe, la OMS alentó a los países a que introdujeran planes de confinamiento rápidos en sus mecanismos nacionales de preparación para la pandemia de gripe. Además, la OMS elaboró un “protocolo de confinamiento rápido” basado principalmente en el oseltamivir con el mismo fin.

No es sorprendente que, como resultado del pánico mundial generalizado, Roche recibiera pedidos de países de todo el mundo. Las investigaciones posteriores y la bibliografía revelaron que las decisiones de compra se basaban en ensayos clínicos financiados por Roche, cuyos resultados, según los expertos, eran limitados e incompletos, especialmente en lo que respecta a la eficacia y los efectos secundarios del Tamiflú, algunos de los cuales resultaron posteriormente peligrosos.

Además, algunas informaciones erróneas sugerían un brote incontrolable de la infección. Una revisión Cochrane encontró que los beneficios del oseltamivir eran pequeños en cuanto a la reducción de los síntomas, ya que el fármaco reducía los síntomas en no más de medio día.

Los autores del estudio, que se encargaron de obtener informes completos de la investigación clínica original, también obtuvieron un panorama más claro de los efectos secundarios del oseltamivir. Al final, la revisión Cochrane cuestionó si se justificaba la acumulación de oseltamivir.

Lo anterior puede verse bajo otra luz.

Las empresas farmacéuticas suelen presionar a los gobiernos durante estas crisis. Durante la pandemia de H1N1, el enfoque de Roche fue esencialmente persuadir a los gobiernos de que firmaran acuerdos para comprar Tamiflú porque, en aquel momento, se atendía por orden de llegada.

Cabe señalar que esas negociaciones se celebraron en un contexto de tensión mundial y de competencia abierta entre los países para obtener un tratamiento lo antes posible de una sola fuente.

Esa situación demuestra la gravedad de las prácticas monopolistas en el mercado farmacéutico mundial. La probabilidad de que este escenario se repita es tanto mayor cuanto que los países siguen negociando el acceso a los medicamentos en un mercado monopolístico, como lo demuestra la compra por Estados Unidos a Gilead Sciences de todas las reservas existentes y los acuerdos de compra previos de posibles vacunas por parte de varios países europeos.

En ese momento, las ventas de oseltamivir superaron los 18.000 millones de dólares, la mitad de los cuales fueron pagados por los gobiernos. Estados Unidos, por ejemplo, gastó más de 1.500 millones de dólares para almacenar oseltamivir, sobre la base de las recomendaciones de los CDC, mientras que Reino Unido gastó 770 millones de dólares en el mismo fármaco entre 2006 y 2014.

La OMS es una organización intergubernamental y como tal es responsable ante sus Estados miembros. En 2010 esos Estados miembros evaluaron la actuación de la OMS en la declaración de la pandemia de H1N1. La decisión despertó las reservas de las comunidades científicas y políticas internacionales, que la consideran prematura, causando una confusión mundial y costando millones de dólares a los presupuestos públicos.

Lo que es importante señalar sobre el control del coronavirus es que no hay ninguna droga “nueva” que haya sido probada contra el virus. Los que están siendo estudiados son conocidos o ya están en el mercado. Se están probando para demostrar que tienen un efecto específico contra el coronavirus.

Este reposicionamiento o reorientación de los medicamentos existentes es una práctica común en la investigación de los brotes. Además, la investigación y el desarrollo farmacéuticos ya no producen “nuevas” sustancias farmacéuticas, sino que a menudo sólo mejoran los productos existentes o los abren a indicaciones adicionales.

Los ensayos clínicos realizados por la OMS comenzaron con cuatro propuestas de tratamiento, la mayoría de ellas muy costosas. Tres meses después del inicio declarado de la pandemia, la competencia se redujo a dos medicamentos: el remdesivir, producido por Gilead Sciences, y el favipiravir, producido por Fijifilm Toyama Chemical, bajo el nombre comercial de Avigan, que más tarde se informó de que no había mostrado ningún efecto convincente en algunos ensayos contra el coronavirus, lo que retrasó su aprobación hasta el final de los ensayos.

El pasado mes de marzo, con el brote de coronavirus, la Administración de Alimentos y Fármacos de los Estados Unidos (FDA) decidió conceder al medicamento la condición de “medicamento huérfano”, que normalmente proporciona a la empresa productora una serie de derechos exclusivos además de los derechos de propiedad intelectual.

La decisión fue recibida con sorpresa y escepticismo en los círculos de especialistas de todo el mundo debido a su contenido y oportunidad.

Las enfermedades huérfanas, tal como las definen tanto la OMS como la legislación de los Estados Unidos, son aquellas que afectan a un pequeño número de personas, de manera que no fomentan el desarrollo de medicamentos para tratarlas, lo que también justifica el costo potencialmente elevado de su tratamiento.

El coronavirus, que fue declarado pandemia, es exactamente lo contrario de una enfermedad huérfana, y la designación como “medicamento huérfano” revela la intención de la empresa de maximizar las ventas y los beneficios de la reexpansión una vez que sea aprobado por la FDA.

Con el creciente número de casos diagnosticados en Estados Unidos, la creciente presión ha llevado a Gilead Sciences a retirar su designación de medicamento huérfano. Unas semanas después, el remdesivir fue aprobado por la FDA para su uso de emergencia en pacientes con coronavirus, tras lo cual la empresa donó 1,5 millones de dosis al gobierno de Estados Unidos.

A mediados de abril, los medios de comunicación informaron de que el Gobierno egipcio había acordado con FUJIFILM Toyama Chemical utilizar el favipiravir (Avigan) para el tratamiento del coronavirus en Egipto. Este acuerdo nunca se materializó, ya que unas semanas más tarde el Ministro de Salud anunció que Egipto participaría en el ensayo clínico del remdesivir coordinado por la OMS.

Entretanto, la empresa egipcia Eva Pharma firmó un acuerdo voluntario y no exclusivo de licencia con Gilead para fabricar remdesivir para su distribución en 127 países. En la actualidad, la oferta en Egipto se limita a ayudar a los pacientes hospitalizados en cuarentena.

Ha comenzado a surgir una creciente preocupación mundial por la prisa con que se ha recurrido al remdesivir antes de que se haya demostrado su eficacia, en particular porque los resultados de los ensayos publicados muestran que no hay ningún beneficio terapéutico de importancia estadística.

Se han presentado solicitudes de patentes para el rediseño en muchos países y algunas ya han sido concedidas. La oficina de patentes egipcia ha rechazado la solicitud de rediseño de la patente en 2017 por motivos técnicos, pero la decisión final sigue pendiente ya que el solicitante ha apelado.

Gilead ha fijado recientemente el precio del tratamiento con remdesivir (6 viales) en 3.120 dólares para los particulares y 2.340 dólares para los planes de seguros nacionales de Estados Unidos. El precio de esta droga es exorbitante y no puede justificarse tampoco por los costos de investigación y desarrollo, ya que no se trata de un compuesto nuevo y, por lo tanto, no ha sido patentado en varios países.

Además, las investigaciones han demostrado que el costo de producción de remdesivir no puede superar los 5,58 dólares por tratamiento. De hecho, la empresa farmacéutica india Cipla ha anunciado que producirá una versión genérica de remdesivir a un precio de unos 400 dólares.

A la luz de las altas tasas de incidencia y mortalidad de coronavirus, así como de la presión ejercida sobre los gobiernos para que adopten medidas de protección de su población, existe una competencia entre las empresas farmacéuticas para preservar su cuota en un mercado mundial lucrativo.

Esta competencia se manifiesta en los intentos de inscribir a un gran número de pacientes en ensayos clínicos realizados apresuradamente para demostrar resultados favorables o desfavorables para un determinado medicamento, de firmar acuerdos de compra previos con los gobiernos, como ocurre actualmente entre Gilead y el gobierno de Estados Unidos, y de tratar de registrar patentes en el mayor número posible de países a fin de obtener derechos exclusivos, incluida la posibilidad de vender el medicamento al precio más alto posible.

En medio de la crisis actual, con repercusiones económicas y sociales mundiales sin precedentes, es preocupante ver el retorno del escenario del H1N1. Los gobiernos están una vez más “comprando con pánico” y acumulando irracionalmente existencias de medicamentos, ninguno de las cuales ha demostrado ser eficaz contra el coronavirus. ¿Realmente no estamos aprendiendo nada del pasado reciente?

—https://twn.my/title2/unsd/2020/unsd200708.htm

El confinamiento (y no el virus) mata a 10.000 niños cada mes en todo el mundo según un estudio científico

El confinamiento impuesto por los gobiernos está teniendo un efecto devastador en la salud y el bienestar de cientos de millones de niños en todo el mundo.

Los cálculos de la Universidad Johns Hopkins estiman que el hambre resultante del confinamiento mata a 10.000 niños al mes y perjudica el crecimiento de millones más.

El estudio lo ha publicado la revista médica The Lancet (1) y la Unicef opina de forma parecida. “Han pasado siete meses desde que se notificaron los primeros casos de Covid-19, y cada vez hay más pruebas de que las repercusiones de la pandemia están causando más daño a los niños que la propia enfermedad”, ha dicho la Directora Ejecutiva del UNICEF, Henrietta Fore (2). “Las tasas de pobreza e inseguridad alimentaria de los hogares han aumentado”.

“Al cerrar las escuelas, interrumpir los servicios de atención primaria de la salud y hacer que los programas de nutrición sean disfuncionales, también estamos causando daños”, dijo Víctor Aguayo, director de Programas de Nutrición de UNICEF (3).

La interrupción de las cadenas alimentarias ha subido los precios, lo que hace aún más difícil para muchas zonas que ya luchaban por obtener alimentos antes de la pandemia. El doctor Francesco Branca, de la Organización Mundial de la Salud, dice que esa interrupción será más evidente en los próximos años. “Los efectos de la crisis del Covid en la seguridad alimentaria se dejarán sentirán durante muchos años”, dijo Branca. “Habrá un efecto en la sociedad”.

Un “aumento de la malnutrición infantil” provocará “fuertes descensos en los ingresos familiares, cambios en la disponibilidad y accesibilidad de alimentos nutritivos y alteraciones en los servicios de salud, nutrición y bienestar social”, según el estudio. “Las estimaciones del Instituto Internacional de Investigaciones sobre Políticas Alimentarias sugieren que, como resultado del confinamiento, otros 140 millones de personas se verán abocadas a la pobreza extrema con menos de 1,90 dólares diarios este mismo año.

Cada vez es más evidente que el remedio es peor que la enfermedad. Según el Programa Mundial de Alimentos, el número de personas de países de ingresos bajos y medios que se enfrentan a una inseguridad alimentaria aguda casi se duplicará hasta alcanzar los 265 millones a finales de este año.

Las advertencias sobre los desastrosos efectos del confinamiento se han multiplicado. Un estudio publicado en mayo sugirió que el confinamiento destruirá siete veces más años de vida de los que podría salvar (4).

Las sobredosis de medicamentos se han disparado en Estados Unidos desde que se impuso el confinamiento. Subieron el 18 por ciento en marzo, el 29 por ciento en abril y el 42 por ciento en mayo, según el Washington Post (5).

Los suicidios también están aumentando en todo el mundo. En Lille, al norte de Francia, los hospitales atienden un 30 por ciento más de perturbaciones síquicas causadas por el confinamiento y la ola histérica. “Los intentos de suicidio han explotado en grandes proporciones”, asegura Radio Horizon (6).

(1) https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)31647-0/fulltext
(2) https://www.foxnews.com/world/coronavirus-leads-to-mass-hunger-killing-10000-children-a-month-un-warns
(3) https://fox17.com/news/local/virus-linked-hunger-tied-to-10000-child-deaths-each-month
(4) https://www.justfacts.com/news_covid-19_anxiety_lockdowns_life_destroyed_saved
(5) https://www.washingtonpost.com/health/2020/07/01/coronavirus-drug-overdose/
(6) https://www.horizonradio.fr/article-23343-vague-de-depressions-et-tentatives-de-suicide-en-metropole-lilloise.html

La pandemia es la consecuencia y no la causa de la crisis capitalista

Desde el primer momento de la pandemia, la prensa burguesa creó el fetiche de que la crisis económica es consecuencia de un microbio y el tópico se mantendrá en lo sucesivo como una de tantas cortinas de humo que se han sacado de la manga en lo que llevamos de año.

“La mayor catástrofe natural deja el mercado de trabajo en mínimos”, titulaba el periódico El Mundo hace unos días (1).

Padecemos, pues, una catástrofe “natural” y hablan de “la crisis del coronavirus” porque el capitalismo nada tiene que ver con los despidos, ni con los ERTE, ni los cierres de empresas, ni con el brutal empobrecimiento de millones de explotados en todo el mundo. La “culpa” es de un virus. “Hay una histórica destrucción de empleo a causa del virus”, dijo Antonio Garamendi, el presidente de la patronal, en La Sexta.

Los demás siguen el surco que marca la CEOE y, por ejemplo, el Grupo Tortuga titula que “El hambre se extiende por el covid-19” (2). ¿No había hambre antes de la pandemia?, ¿había antes menos hambre que ahora?

Son tremendas las consecuencias que un virus puede tener en la salud y en la economía, aunque quizá la “culpa” no sea exactamente del virus sino más bien del confinamiento, precisan algunos para salir del apuro. El virus ha obligado al confinamiento que, a su vez, ha provocado una crisis económica mayúscula.

Entonces, los países que no han impuesto un confinamiento estricto, como Suecia, deberían tener una crisis menor o más suave, o quizá no deberían tener ninguna clase de crisis, ni tampoco destrucción de empleo, ni hambre, ni subida del precio del oro… Nada de nada.

No es el caso porque la crisis es del capitalismo que, en la etapa actual, concierne también al Estado y a los mercados mundiales. Es la crisis del capitalismo la que ha conducido al confinamiento, y no al revés.

Por ejemplo, en el primer trimestre del año, antes de la pandemia, Jerez perdió el 10 por ciento de sus empresas. En términos absolutos, 562 empresas con asalariados cerraron hasta el mes de marzo cuando nadie había oído hablar de ningún virus (3).

No obstante, hay quien tampoco entiende lo que es una crisis del capitalismo e incluso asegura que el confinamiento se ha impuesto contra los intereses de los capitalistas, que han sido los grandes perjudicados.

Es el ridículo lema de “la salud está por encima de la economía” (o al menos debe estarlo) y a lo largo de la pandemia hemos podido comprobar que a los capitalistas no les ha importado perder algo de su dinero por “culpa” del confinamiento a cambio de mejorar el bienestar general. Son así de generosos. Vivimos en un mundo donde quienes gobiernan se preocupan tanto por la salud de sus habitantes que no han vacilado en sacrificar el lucro privado.

Las crisis del capitalismo son crisis de superproducción, es decir, que se fabrica más de lo que el mercado es capaz de absorber, por lo que se genera un exceso que sólo se puede resolver mediante la destrucción de fuerzas productivas.

Hasta ahora las destrucciones más drásticas de fuerzas productivas se habían llevado a cabo mediante las guerras imperialistas. Hoy la pandemia ha sido un sucedáneo de la guerra, por lo que el confinamiento no ha sido contraproducente en absoluto.

La crisis que padece el capital no es una cualquiera sino la más importante de la historia del capitalismo, lo que ha permitido presenciar recientemente algunos de los espectáculos más sorprendentes de la historia de la economía, como han sido los tipos de interés negativos o los precios negativos del petróleo.

En términos económicos, la destrucción de fuerzas productivas significa varias cosas al mismo tiempo. En primer lugar es un cierre e incluso una aniquilación física de las instalaciones industriales, comerciales y bancarias. Los que cierran dejan el mercado abierto para que otros se apoderen de él. Lo que unos pierden pasa a los otros.

Los cierres no sólo son físicos sino también quiebras, suspensiones de pagos y liquidaciones de empresas, un fenómeno que corre paralelo a la concentración y centralización del capital, es decir, un refuerzo del monopolismo: en un mercado que antes se disputaban varias empresas, ahora quedan menos, las más fuertes. Es algo que antes de la pandemia ya se estaba viendo, sobre todo en determinados sectores, como el automovilístico o las aerolíneas.

Las quiebras no involucran sólo a las empresas sino a países enteros, como ocurre actualmente con Líbano y como es el caso de otros, como los del sur de Europa, cuya solvencia depende del apoyo momentáneo que les puedan prestar desde Bruselas.

Es una obviedad repetir que los cierres están conduciendo a la otra cara de la destrucción de las fuerzas productivas: millones de trabajadores van al paro, o a los ERE y la mayor parte de ellos no recuperarán nunca sus puestos de trabajo. Según la Cepal, en América Latina, por ejemplo, cerrarán más de 2,7 millones de empresas y se perderán 8,5 millones de puestos de trabajo (4).

Sin el pánico desatado por la pandemia, los despidos masivos hubieran provocado gigantescos levantamientos de masas contra la crisis, mientras que la cortina de humo sanitaria no sólo ha paralizado casi por completo las movilizaciones, sino que ha engendrado una confusión muy grande gracias a la complicidad de los sindicatos, los reformistas, e incluso de los más radicales “antisistema” y sus medios afines. Nunca una política destructiva del capital tuvo más y mejores apoyos.

Lo más significativo es, no obstante, que incluso un medio tan emblemático, como el Financial Times, ha tenido que dar un giro de 180 grados a sus postulados. Hay que aprovechar la pandemia, ha publicado, para imponer una nueva política económica a escala internacional al estilo prusiano.

Los Estados tienen que volver a funcionar como una locomotora económica, para lo cual se ha implementado el mayor drenaje de fondos desde el sector público al privado: 2,3 billones de dólares sólo en Estados Unidos.

El capitalismo tiene ambos aspectos: destruye fuerzas productivas para luego reconstruirlas. Destruye unos capitales para reforzar a otros. Destruye unos países para sostener a otros. La pandemia está justificando los dos aspectos de la ecuación porque es parte de esa nueva política económica que ha propuesto el Financial Times.

En esta crisis hay quien entiende que se debe poner en primer plano esa nueva política económica sin mencionar la cortina de humo que la justifica ante los millones de trabajadores que irán al paro creyendo que la “culpa” es de un virus. Es como pretender explicar la invasión de Irak sin hacer referencia a las armas de destrucción masiva que entonces desempeñaron el papel de cortina de humo. ¿Cómo entender una cosa sin la otra?

Pretenden hacernos creer que la catástrofe que padecemos es “natural” porque de esa manera parece que no tiene alternativa: no depende de un cambio social y político.

Aún peor: hay quien cree que puede combatir las consecuencias de la crisis pasando por encima de las causas que la han provocado. Quizá suponen que el remedio al paro y el hambre llegará también con la vacuna del coronavirus.

(1) https://www.elmundo.es/economia/2020/07/29/5f2071a9fdddff90788b462e.html
(2)  https://www.grupotortuga.com/Los-gigantes-de-la-alimentacion-se
(3)  https://www.diariodejerez.es/jerez/empresas-cierre-Jerez-Covid_0_1478852586.html
(4) https://www.informador.mx/economia/COVID-19-provocara-cierre-de-2.7-millones-de-empresas-en-America-Latina-segun-Cepal-20200702-0073.html

A pesar del parón los accidentes laborales mortales crecieron en Pontevedra por un ‘efecto coronavirus’

La estadística sobre siniestralidad laboral en Galicia deja un panorama negro por el repunte significativo de los accidentes con resultado mortal. Preocupa especialmente el repunte en el periodo que abarca el estado de alarma -desde mediados de marzo hasta mediados de junio- con el siguiente resultado: 12 muertes en la comunidad, un 50 por ciento más que un año antes.

En el caso de la provincia de Pontevedra la Consellería de Emprego contabiliza dos en ese período, pero habría que sumar varios más ocurridos en las últimas semanas en Vigo y su área y que dejan un total de cuatro accidentes mortales sólo entre junio y julio. Galicia ya partía de una situación muy negativa, finalizó 2019 como cabecera absoluta en España en accidentes graves, que son la antesala de los mortales.

Los sindicatos apuntan a la incertidumbre generada por la pandemia como un factor desencadenante de accidentes en el puesto de trabajo que pueden causar despistes, ansiedad y estrés, así como el desánimo que acusan muchos trabajadores por la crisis sanitaria y económica. “No podemos despistarnos de los riesgos psicológicos que está causando el Covid, pero la siniestralidad laboral es un problema muy grave que ya teníamos y ahora aflora”, apunta Roi Fernández, secretario de salud laboral de CC OO.

En los cinco primeros meses del año la siniestralidad laboral en Galicia descendió un 26,8 por ciento con un total de 8.682 accidentes, y una  bajada de los leves y los graves, mientras que los mortales se mantuvieron igual que en el mismo periodo del año pasado, 19 casos, la gran mayoría en el sector servicios y la industria. En la provincia de Pontevedra los accidentes con resultado mortal aumentaron pasando de 4 a 6 hasta mayo. Los de junio y julio de la comarca de Vigo fueron en la industria naval, automoción y transporte.

El primer trimestre del año ya arrojaba muy malos datos con un repunte de accidente mortales en la provincia de Pontevedra pasando de 2 el año pasado a 5 éste y también los graves que crecieron en la industria, pesca y construcción. Entre las causas de los fallecimientos en el trabajo, la estadística revela que infartos y patologías no traumáticas están detrás de la mayor parte de los episodios mortales, junto con choques o golpes con objetos en movimiento, aplastamiento o amputación y ahogamiento y sepultamiento.

https://www.atlantico.net/articulo/economia/accidentes-laborales-mortales-crecen-provincia-pese-paron/20200802011745788195.html

Si no protestamos la pesadilla de la pandemia no acabará nunca

Ni brotes, ni rebrotes, ni repuntes, ni mascarillas. Ayer Berlín celebró con una gigantesca manifestación de protesta el fin de la pesadilla iniciada por el gobierno de Angela Merkel con el pretexto de la pandemia.

Al final la policía intervino y cargó contra los últimos manifestantes. Los organizadores han sido denunciados porque los participantes no llevaban mascarillas, ni guardaron la debida distancia social.

Las cifras de participantes en la protesta son las mismas que las de la pandemia. Hay mucho para elegir. Según la policía fueron 17.000 y según los organizadores fueron 1.300.000. Como ven la diferencia es de casi cien veces, pero las fotos no dejan lugar a dudas de que ha sido la más importante de los últimos años.

El tratamiento de los medios, sobre todo fuera de Alemania, ha sido el silencio y, cuando no ha sido posible, la intoxicación habitual: conspiranoicos, negacionistas, extrema derecha e incluso “populistas”.

Lo mismo asegura la socialdemocracia, el reformismo y la izquierda domesticada, convertidos en los más fieles defensores de la ley marcial, lo mismo que en España.

No obstante, las pancartas y los gritos de los manifestantes tampoco dejan lugar a dudas. “El virus de la libertad ha llegado a Berlín”, era una de las consignas. “Somos la segunda ola”, decían otros. Muchos se centraban en las mascarillas: “Nos obligan a llevar bozal”.

Lo mismo que en España, el gobierno y sus “expertos” de pacotilla no paran de alarmar a la población con los “repuntes”, mientras en la calle hay quien no se lo traga y opina de manera muy diferente: los rebrotes son un humo muy poco espeso. “Falsa alarma”, era otra de las consignas más coreadas.

La policía recurrió a los megáfonos para instar a los participantes a respetar la “distancia social” y a llevar bozal, sin ningún éxito.

En Alemania el número de muertes que se atribuyen al coronavirus, 9.150 personas, es especialmente insignificante en relación a otros, como España. El rendimiento político obtenido de la misma es, pues, muy grande. Ahora tratan de estirarlo lo más posible con los fantasmagóricos “rebrotes” y las declaraciones constantes de los “expertos” en las cadenas de televisión.

La obligación de llevar mascarillas sólo alcanza al transporte público y a los comercios.

 
Más información:
– Dossier coronavirus
– Berlín acogerá a medio millón de manifestantes este fin de semana para celebrar el fin de la pandemia

Han inflado la cifra oficial de muertos atribuidos al coronavirus en Inglaterra y el gobierno abrirá una investigación

El 17 de julio el ministro británico de Salud, Matt Hancock, ordenó la apertura de una investigación sobre el recuento fraudulento de las muertes atribuidas al coronavirus en Inglaterra de manera oficial (1).

El fraude fue destapado por un artículo científico que revelaba que uno de los organismos encargados de recopilar las estadísticos de víctimas del coronavirus, el PHE (Public Health England), había inflado las cifras.

El PHE ha estado cotejando las notificaciones de defunción con una base de datos de resultados de pruebas positivas al virus, de tal manera que una persona que diera positivo al test y muriera por otra causa meses después, sería contabilizada dentro del número de muertes diarias anunciado oficialmente por el gobierno de Londres.

La falsificación fue destapada por un artículo de los profesores Yoon K. Loke y Carl Heneghan del Centro de Medicina Basada en la Evidencia de la Universidad de Oxford, titulado “Por qué nadie puede curarse de Covid-19 en Inglaterra. Una anomalía estadística” (2).

Según el artículo, una persona que diera positivo al coronavirus en el mes de febrero, se curara y luego fuera atropellada por un autobús en julio, el PHE lo registraba como una muerte atribuida al coronavirus.

“Cualquiera que haya dado positivo en el test de Covid pero haya muerto posteriormente, sea cual sea la causa, será incluido en las cifras de mortalidad de PHE Covid”, según los profesores Yoon K. Loke y Carl Heneghan.

“Un paciente que haya dado positivo pero que haya sido tratado con éxito y dado de alta del hospital seguirá siendo considerado como una muerte Covid aunque haya tenido un ataque cardíaco o haya sido atropellado por un autobús tres meses después”, añadían.

El fraude estadístico también significa que los casos asintomáticos, las personas infectadas y luego curadas, pero también los falsos positivos vinculados a las pruebas de PCR, han sido contabilizados falsamente como muertes causadas por el coronavirus.

Algunos países imponen un límite de tiempo entre la fecha de la prueba positiva y la de la muerte para contabilizar esta última entre las estadísticas de fallecimientos por coronavirus. Escocia, por ejemplo, tiene un límite de 28 días y Suecia de 31 días, pero el profesor Carl Heneghan propone un límite un poco más reducido: 21 días.

Como no podía ser de otra forma, lo más chistoso es la explicación con la que el PHE trata de salir del apuro: “Esta es una enfermedad nueva y emergente. No conocemos las implicaciones a largo plazo, por lo que no establecemos un umbral para contar las muertes”.

Afortunadamente hay países donde los científicos de verdad aún tienen posibilidades de destapar las versiones oficiales. Incluso hay periodistas que cumplen con su función de mostrar los criterios de unos y de otros, así como de exponer los que contradigan a “la autoridad” establecida.

No es el caso de España, donde la censura es absoluta, como corresponde a un país en que ha pasado de la Inquisición al fascismo sin solución de continuidad. Aquí a los “expertos” y a la intoxicación mediática los muertos les parecen pocos y lo que buscan es inflar aún más las cifras. Puro amarillismo.

(1) https://www.standard.co.uk/news/uk/matt-hancock-review-coronavirus-deaths-miscounted-a4501466.html
(2) https://www.cebm.net/covid-19/why-no-one-can-ever-recover-from-covid-19-in-england-a-statistical-anomaly/

Más información:
– Dossier coronavirus
 

Las manifestaciones seguirán prohibidas en Suiza hasta el año que viene gracias al coronavirus

El 22 de junio la ciudad suiza de Berna limitó el tamaño de las reuniones a 1.000 participantes, después de haber limitado anteriormente el número de participantes a 300. La medida expira el 31 de agosto, pero el gobierno está considerando extenderla hasta marzo del año próximo (*).

Es una decisión inédita en Suiza. Para justificarla, el pretexto es el mismo y no se agota nunca: brotes, rebrotes, repuntes…

Cientos de eventos culturales y deportivos también se han visto eliminados, como el Festival de Paleo, el Festival de Jazz de Montreux, los Open Airs de St. Gallen, Frauenfeld y Gurten.

El 27 de febrero Virginie Masserey, miembro de la Oficina Federal de Salud Pública, reconoció que “aún no se puede hablar de epidemia en Suiza”, pero las medidas represivas contribuirían a frenar la propagación del virus.

El primer caso de coronavirus en Suiza no apareció hasta mediados del mes de marzo, pero para entonces ya se habían eliminado hasta los carnavales de febrero, es decir, que la represión aparece antes que el pretexto omnipresente.

Las medidas represivas, que al principio eran temporales y se justificaban por el “peligro”, ya se han convertido en permanentes y no se preocupan en buscar nuevos pretextos para justificarse a sí mismos.

Poco antes de la pandemia, las manifestaciones contra la Cumbre de Davos también se prohibieron porque “había nevado mucho”.

Los pretextos del gobierno convencen a muy pocos porque las escuelas no se han cerrado y los cuarteles del ejército también han seguido abiertos y con las tropas hacinadas.

En pleno centro de Europa, la pandemia es, cada vez con más claridad, la típica ley marcial que se impone después de un Golpe de Estado Militar. Cuando se han eliminado de un plumazo todos los derechos fundamentales, a nadie le puede sorprender que el de manifestación sea uno de ellos.

(*) https://www.nzz.ch/schweiz/allfaellige-verlaengerung-des-veranstaltungsverbots-bis-maerz-2021-ld.1568829

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