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Amnistía Internacional señaló en 2008 a Baltasar Garzón como encubridor de torturas en la prisión de Guantánamo

La sección española del organismo publicó en el 2008 un informe titulado «Destinos inconfesables, obligaciones incumplidas: España en la guerra contra el terror«, donde se detallaba el caso de varios ciudadanos españoles y británicos secuestrados por EEUU en la base naval de Guantánamo y donde la propia policía española que acudió a entrevistarse con ellos le detalló al ex magistrado español las condiciones de reclusión.

Amnesty lo denunció como un hecho flagrante de encubrimiento de hechos de tortura frente a quienes no se había podido demostrar su culpabilidad por medios lícitos. Wikileaks publicó documentos donde detallaba la cabal información que Baltasar Garzón procuraba a la delegación diplomática norteamericana en Madrid, según explica el cable 07MADRID2282.

El organismo de derechos humanos realizó este informe en el año 2008 tras destaparse los primeros indicios de los llamados «Vuelos de la CIA», un operativo liderado por la Administración de EEUU para secuestrar ilegalmente y en cualquier lugar del mundo a ciudadanos «sospechados» de delitos de terrorismo, operativo del que habrían participado varios gobiernos europeos que liberaron su espacio aéreo para el acceso y trabajo de estos grupos de tareas del Ejército de EEUU. Entre ellos se encontraba el gobierno español, según publicó en su momento la organización Wikileaks más adelante, en 2010.

A partir de las informaciones provistas por el Gobierno de EEUU al Gobierno español, el ex juez Baltasar Garzón formuló imputación en el año 2003 de pertenencia a Al Qaeda a cuatro ciudadanos de origen árabe que se encontraban secuestrados en la base naval de Guantánamo (Cuba). Sus nombres eran Hamed Abderramán Ahmed Hmido, Lahcen Ikassrien, Jamiel Abdul Latif Al Banna, Abu Anas, y Omar Deghayes.

Según detalla Amnesty, varios funcionarios del Cuerpo Nacional de Policía español acudieron a Guantánamo a interrogar a los imputados por Garzón. Dichos interrogatorios estuvieron llevados a cabo por personal de la Unidad Central de Información Exterior, pero lo más llamativo es que fueron los propios policías españoles quienes explicaron a Garzón las condiciones de reclusión y los mecanismos de tortura empleados.

Si Garzón hubiera tenido en cuenta estos elementos, su imputación hubiera sido archivada, a tenor de la expresa nulidad que tienen en el proceso penal las declaraciones obtenidas bajo tortura o en condiciones de detención ilegal, sobradamente acreditadas en el caso de Guantánamo, incluso por la propia policía actuante y en un ámbito fuera de lo común.

Según la policía española, los secuestrados se encontraban «sin ningún tipo de derechos«. Los agentes vieron el reducido tamaño de las celdas; todas ellas separadas por rejas y una especie de malla metálica. Pudieron, además, comprobar que las camas estaban suspendidas en el aire y que los detenidos podían salir a un patio interior cada tres días durante un cuarto de hora.

Según el testimonio del policía ante el juez, los interrogatorios a los detenidos tenían lugar en una especie de vagones que, según insinuó el policía al juez, eran propicios para la tortura u otros malos tratos: «…están habilitados una especie de vagones también donde se llevan a estos hombres a los que se quiere interrogar, y bueno, el sitio sí es propicio para…”, según declaró el agente con TIP 14620 que declaró el 23 de septiembre de 2003 ante Garzón.

Aún tengo miedo de la luz artificial y no duermo bien, uno no se recupera de esos trastornos fácilmente. Nunca volveremos a ser los mismos. Algunas personas que no han estado allí imaginan celdas oscuras y agujeros, pero aquello era un infierno muy luminoso”, declaró Omar Deghayes en una entrevista realizada con el periodista vasco Daniel Burgui.

A pesar de estos hechos, el ex magistrado continuó la imputación contra estos cuatro ciudadanos, uno de ellos español, a sabiendas de la ilegalidad de las pruebas obtenidas. Esto supuso la reclusión de un total de seis años para los imputados, tres en Guantánamo, y tres en España en libertad vigilada en el caso del español, y seis en el caso de los británicos, cuyas condenas fueron declaradas radicalmente nulas por el Tribunal Supremo.

Sin embargo, Baltasar Garzón prosiguió con su implacable persecución. Un día antes de reunirse con el Embajador de EEUU en Madrid, Eduardo Aguirre, el 20 de diciembre de 2007 dictó una Euroorden de detención contra los tres británicos que mantuvo recluídos en Guantánamo y que EEUU había decidido extraditarlos a Reino Unido por razones humanitarias.

Al día siguiente, Garzón departía junto al Embajador Aguirre sobre estas y todas las cuestiones de interés para la política exterior de EEUU que estaban radicadas en la Audiencia Nacional española, aportando ideas para la mejora de las relaciones bilaterales e incluso proponiendo la creación de la figura de un «agregado judicial» para la Embajada de España en Washington, según publica el cable filtrado por Wikileaks.

Pero la veleta viró a otro lado. Después de todo esto, y en otra de sus resoluciones mediáticas, Baltasar Garzón se declaró competente en enero de ese año para investigar las torturas y malos tratos contra personas detenidas en la base naval de Guantánamo, torturas que como evidencia Amnesty, conocía desde hacía algunos años antes.

El cable de la Embajada de EEUU en Madrid 09MADRID440 filtrado por Wikileaks describe la preocupación de la diplomacia norteamericana por este movimiento judicial de Garzón. No obstante hay que aclarar en determinados casos que los análisis de la política española que hacen los diplomáticos norteamericanos es muy alejada de la realidad; en el cable 04MADRID613 llega a calificar una posible coalición de gobierno del PSOE junto a Izquierda Unida como «coalición de extrema izquierda».

Sin embargo, el todavía fiscal jefe de la Audiencia Nacional española Javier Zaragoza tranquilizó a los diplomáticos de EEUU, dando por sentado que tras el boom mediático de Garzón por abrir semejante procedimiento, lo dejaría morir, y así fue. Nada se ha vuelto a hablar de la famosa investigación de Garzón sobre Guantánamo. Si un usuario de Google teclea las palabras «Garzón» y «Guantánamo» seguidas, aparecerán numerosas referencias informativas a la decisión del ex magistrado de llevar adelante una presunta «investigación», pero para tranquilidad de EEUU, todo quedó en palabras y la información que manejaba Zaragoza (fiscal que durante muchos años trabajó junto a Garzón en la lucha antiterrorista) era cierta.

Las fuentes de referencia sobre estos hechos parten de dos orígenes: el propio documento de la sección española de Amnesty, pero también de Wikileaks, organización que ha contratado al propio Garzón como abogado de su redactor jefe Julian Assange. Llama la atención que la organización liderada por el australiano recabe los servicios de quien hasta hace poco tiempo acudía a la Embajada de EEUU en Madrid a proporcionar información y dar recomendaciones sobre cómo proceder en hechos que han sido calificados por numerosos organismos internacionales como crímenes contra la humanidad.

Omar Deghayes, secuestrado en Guantánamo, opinaba sobre Garzón: “Primero nos dice que somos terroristas, que somos mala gente y de pronto un día cambia de parecer y nos pide autorización para encausar a Dick Cheney y George Bush. Me lo pidió a mí y otros como Jamil Abdul, los dos que supuestamente debíamos ser juzgados en España por él. Toda una locura”.

Baltasar Garzón desechó investigar a militares españoles entrenados por la dictadura argentina

En el año 1998, el Ministerio de Defensa español remitió a su juzgado en el marco de la causa por los vuelos de la muerte, un listado parcial de altos oficiales españoles entrenados por la dictadura. Víctor Basterra, fotógrafo secuestrado en la ESMA y hoy director del Instituto para la Memoria, señaló ante Garzón a otro militar más al que reconoció como partícipe de los grupos de tareas del gobierno de facto. El ex juez desechó actuar contra ellos.

Baltasar Garzón tuvo en sus manos una lista de militares españoles que hicieron cursos de formación con sus pares argentinos y que participaron activamente en la represión durante la última dictadura militar, y decidió no citarlos ni tampoco investigar sobre tan graves hechos. Esta información fue cubierta por varios medios de comunicación argentinos y españoles, entre ellos los diarios Página 12, La Nación, Clarín y El País de Madrid.

En mayo de 1998, la cartera de Defensa española remitió al entonces hombre fuerte de la Audiencia Nacional, una lista de diez oficiales que visitaron Argentina entre 1979 y 1983 para realizar cursos de formación en las Escuelas de Guerra y de Inteligencia locales.

En la lista remitida por el Ministerio a Garzón, se señala que en 1979 -en plena dictadura- los coroneles Isidoro Calderón Portilla y Francisco Acin Gallego fueron parte de los cursos de la Escuela de Inteligencia argentina. A su vez, Rafael Sáinz Torres lo hizo en la Escuela de Guerra. En 1980, el coronel Juan Meléndez Jiménez realizó un curso en Inteligencia; en 1981, los coroneles Enrique Gómez Rueda y Joaquín Rodríguez Solano también estuvieron en la Escuela de Inteligencia, mientras que el coronel Amadeo Martínez Inglés estuvo en la de Guerra, y en 1982, el coronel Eduardo Fuentes Gómez de Salazar realizó un curso en la Escuela de Inteligencia.

También, estuvieron en Buenos Aires el general de división José Villaroya Chueca y el teniente coronel Julián Soutuelo Pérez, ambos en actividad cuando el Ministerio de Defensa remitió los datos a Garzón.

Todos estos militares compartieron información con sus pares argentinos, que para ese entonces -período 1979-1982- se encontraban en la fase final de aniquilamiento de lo que ellos denominaban «subversión» y que no era otra cosa que el secuestro, desaparición y asesinato de miles de militantes populares, algunos de sus familiares y una buena cantidad de personas secuestradas al azar que jamás volvieron a aparecer.

Además, obviamente, algunos de ellos visitaron los Campos de exterminio en la Escuela de Mecánica de la Armada y en Campo de Mayo.

Listado parcial

Cabe decir que el ahora ex juez Garzón había requerido expresamente estos informes, acicateado entre otras cosas por la investigación llevada a cabo por el periodista Carlos Bianco, entonces productor de Radio Mitre, que partió del hecho de que el Coronel español de Infantería de Marina, Cristóbal Gil y Gil fue señalado por el hoy director del Instituto para la Memoria, Víctor Basterra, como partícipe de los grupos de tareas con sede en el campo de exterminio. Es por lo que se entiende que el listado remitido por el entonces ministro de Defensa del Gobierno de Jose María Aznar, Eduardo Serra, es incompleto dado que la denuncia de Basterra hace referencia a un período anterior a 1979.

Con esos datos, Garzón citó a declarar únicamente como testigo a Gil y Gil, sin que hubiera más actuaciones. La gravedad de la información a la que tuvo acceso Garzón, a partir de las declaraciones de Basterra y de la información que en su momento hizo pública ante la prensa argentina el coronel Amadeo Martínez Inglés, quien hizo el curso de Estado Mayor en la Argentina e informó al gobierno español de las violaciones de los DDHH cometidos por la dictadura, implicaba un vuelco a dos causas que en ese momento llevaba adelante Garzón: la de los vuelos de la muerte y la que investigaba el terrorismo de Estado durante el gobierno de Felipe González, el llamado Caso GAL, cuyas repercusiones penales afectaron, parcialmente, a los llamados escalones medio y bajo de los partícipes de la llamada «guerra sucia».

Martínez Inglés expresó ante los medios argentinos y españoles haber elevado un informe a sus jefes sobre las aberraciones que se cometían en la Argentina, el que fue mantenido en absoluta reserva por sus superiores. Martínez Inglés aseguró en su momento a Radio Mitre que tenía en su poder un listado de militares españoles que viajaron para adiestrarse en técnicas de represión ilegal -doce de ellos en la ESMA-.

A partir de estos datos, el entonces portavoz parlamentario del Partido Nacionalista Vasco, Iñaki Anasagasti declaró al diario Página 12: «Esto confirma nuestra sospecha de que los GAL fueron una creación del ejército español. Vamos a pedir en el Congreso una investigación a fondo de todo lo ocurrido. Está claro que en España no se puede seguir hablando de una ley de Punto Final sobre la guerra sucia contra ETA, mientras haya 600 etarras en la cárcel y del otro lado sólo 2 ó 3 personas».

Lo paradójico es que Garzón, con todos estos datos en su poder nunca citó a estos militares informados por Defensa ni siquiera como testigos, generando así una fisura importante en la investigación, ya que varios de los «visitantes uniformados», sino todos, podían haber aportado datos de importancia para desentrañar muchos de los crímenes cometidos, y de los que fueron cómplices.

Como ya hiciera con el caso de las pruebas concretas de miles de víctimas del franquismo que le remitieran organizaciones de derechos humanos de Valencia, Garzón se preocupó más en generar un hecho mediático para luego, desestimar cualquier tipo de investigación. Y es que no era lo mismo en ese momento imputar a militares retirados de un Estado arrodillado ante la impunidad, que investigar la conexión española con la dictadura. Hay que recordar que la legislación española no discute la competencia de sus tribunales para juzgar los delitos cometidos por nacionales en el extranjero.

Garzón, que disfruta de permiso de residencia argentino otorgado de manera directa por la ex Presidenta Cristina Fernández, y mantuvo durante su mandato un cargo de Subsecretario en el Estado Nacional en materia de Derechos Humanos, optó por no encarar la investigación de los crímenes de la dictadura militar argentina y decidió cajonear los informes suministrados por el propio Ministerio de Defensa español, que aún siendo parciales, resultaban reveladores.

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