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‘Los serbios tienen miedo de hablar’

Oliver Ivanovic
La semana pasada asesinaron a tiros en Mitrovica a Oliver Ivanovic, un dirigente político serbio de Kosovo, cuando se van a cumplir 10 años de la proclamación de la independencia de Kosovo, el Estado fantasmal creado por la OTAN en los Balcanes.

Conviene recordarlo cuando el deslinde entre víctimas (albaneses) y victimarios (serbios) está muy lejos de haberse clarificado y cuando el asesinato se produjo el mismo día en el que debían abrirse negociaciones entre Belgrado, la capital de Serbia, y Printina, la capital de Kosovo.

En mayo a Ivanovic le quemaron el coche delante de su casa, por lo que es evidente que a alguien no le interesa la paz en los Balcanes y si averiguamos quién es ese “alguien” ayudaremos a descifrar a los responsable del asesinato, que son los mismos que desataron la Guerra de los Balcanes y la de Kosovo, que fue su continuación.

Por ser un serbio que vivía en Kosovo, Ivanovic fue juzgado y condenado como “criminal de guerra” a 9 años de cárcel, aunque tras un recurso su pena fue anulada y salió en libertad, aunque su juicio estaba pendiente de repetirse.

Con 64 años de edad, Ivanovic dirigía el partido “Iniciativa cívica”, una organización de corte socialdemócrata. A pesar de su origen, personalmente hablaba albanés y defendía una solución política en Kosovo basada en la negociación. Sin embargo, no reconocía la independencia.

Ivanovic criticaba las posiciones del gobierno de Belgrado sobre Kosovo y en octubre presentó a las elecciones municipales una lista propia, enfrentada a Srpska Lista, que patrocinó el gobierno de Belgrado. “Los serbios tienen más miedo de los serbios que de los albaneses”, dijo.

Pero también dijo a la prensa que los serbios tenían miedo de hablar porque en los Balcanes la devastadora guerra de la OTAN y la Unión Europea impuso el terror. Naturalmente, no sólo entre los serbios, que sólo fueron el chivo expiatorio.

Mitrovica es como Kosovo, una ciudad de 85.000 habitantes de los que 72.000 son albaneses y 13.000 serbios, que siempre convivieron pacíficamente pero que hoy están enfrentados, de lo que el asesinato de Ivanovic, al más puro estilo mafioso, es una demostración.

Un modelo de juicio farsa al más alto nivel: el proceso contra Mladic ante el ‘tribunal’ de la OTAN

El general serbo-bosnio Ratko Mladic
El denominado Tribunal Especial para los Crímenes de Guerra en Yugoeslavia no puede engañar a nadie. No es más que la OTAN que se quita el uniforme de campaña para disfrazarse con una toga, como si ya estuviéramos en Carnavales.

El Tribunal ha demostrado en 2.400 folios lo que buscaba demostrar: que los criminales eran los serbios, única y exclusivamente, una conclusión que repite al pie de la letra la acusación de la fiscalía/OTAN.

Los jueces ni siquiera se han esforzado en disimular. Por ejemplo, los que declararon como peritos, como Richard Butler, eran miembros del Consejo de Seguridad Nacional, es decir, el espionaje de Estados Unidos, colocados dentro del propio personal de la fiscalía del Tribunal.

Butler ya había declarado como “perito” en el juicio contra el general Kristic siguiendo la misma farsa. Aparte de su parcialidad, que le inhabilita como perito, su intervención significa que la acusación procede de Estados Unidos y juega en los dos campos a la vez. Aparte de acusar se traviste de “experto”.

Lo mismo cabe decir de Reynaud Theunens, otro “perito” que, además de trabajar para la fiscalía, es miembro de la inteligencia militar de Bélgica, que es tanto como decir más OTAN. En otros casos se trata de “expertos” de la CIA o del Departamento de Estado.

Los peritos son la OTAN, los fiscales son la OTAN y otro tanto se puede decir de los jueces peleles, que no han admitido ni la más mínima mención a los criminales que no se han sentado en el banquillo: Javer Solana y demás carniceros de la OTAN y los criminales bosnios.

Naturalmente, los testigos también eran la OTAN, oficiales que combatieron contra el general Mladic en la guerra, además de los propios milicianos bosnios que lucharon junto con los anteriores.

La mayor parte de los testigos ni siquiera eran tales. No hablaron de lo que habían presenciado por sí mismos, sino de rumores que habían escuchado o de referencias de segunda mano.

En ocasiones sus declaraciones no se prestaron ante el Tribunal en audiencia pública sino ante juristas que investigaban por cuenta de la fiscalía/OTAN y que trasladaban al papel una manifestaciones después de “tunearlas” a la medida de las necesidades. En otras ocasiones, se trata de declaraciones redactadas por los propios acusadores que los testigos se limitaron a firmar.

En los procesos por los crímenes de guerra cometidos en Yugoeslavia, la matanza de Srebrenica ocupa un lugar especial y dentro de ella, la reunión del 11 de julio de 1995 entre el general Mladic y el coronel al mando de los Cascos Azules holandeses. La OTAN tuvo la mala fortuna de que la reunión se grabó y hoy se puede ver en Youtube.

La reunión se convocó para organizar la evacuación de los civiles de la ciudad y que la 28 División del Ejército bosnio depusiera las armas. En momento dado de la entrevista, Mladic pregunta por qué los aviones de la ONU/OTAN masacran a sus hombres, mientras no hacen lo mismo con los bosnios. Incluso pregunta: “¿Por qué tratan  de asesinarme a mí personalmente”. El holandés se disculpa, mientras Mladic le arrincona: “¿Quiere Usted morir”, le pregunta Mladic. El holandés le responde de que no. “Pues mis hombres tampoco”, le replica el serbio. “Entonces, ¿por qué dispara sobre ellos?” El coronel holandés no le responde, ni puede hacerlo. Se limita a cumplir órdenes. Nada más.

En 2.400 folios la sentencia no reserva ni una sola mención a este vídeo, que todo el mundo conoce, menos el Tribunal, que se atiene exclusivamente a lo suyo: a las referencias de los “testigos” de la acusación, una vez más, miembros de la OTAN o de la ONU que manipulan el contenido de la misma.

Del vídeo se deduce que los miembros de la 28 División que defendían Srebrenica bosnia se negaron a rendirse y trataron de abrirse camino a tiros hacia Tuzla. Fracasaron; muchos murieron y el resto fueron hechos prisioneros. Los bosnios aseguran que los presos fueron asesinados, pero hay algo muy extraño en esos testigos que hablan de la matanza de los demás, mientras no explican por qué ellos salieron con vida.

Creo que es ocioso decir que, aunque algo de todo eso fuera cierto, no hay absolutamente ninguna prueba de que el general Mladic ordenara ninguna matanza o consintiera en ella. Como dice la sentencia es “culpable por asociación”. El jefe siempre tiene la culpa de todo lo que pasa. El fiscal podría haberse ahorrado el juicio, porque para eso no hace falta ninguna prueba. Bastaba con presentar su nombramiento.

20 años después la Guerra de Yugoeslavia sigue oyendo disparos… aunque sea en los estrados de un teatro de marionetas que trata de excusar los crímenes de la OTAN y humillar a la desaparecida Yugoseslavia y a la nueva Serbia. No hay que extrañarse de que el secretario general de la alianza imperialista haya manifestado su satisfacción por la sentencia de sus sicarios togados. “Los Balcanes tienen una importancia estratégica para nuestra alianza”, confiesa.

El Tribunal de la OTAN: un muerto más, un problema menos

Praljak toma un sorbo de cicuta
Es posible que los lectores se hayan dado cuenta de lo mal informados que están cuando los monitores de su televisor les mostraron que un general croata, Slobodan Praljak, se suicidaba delante de sus verdugos, ridículamente disfrados con una toga: “Praljak no es un criminal. Rechazo con desprecio su veredicto”, dijo antes de caer fulminado después de beber un vasito de cicuta.
¿Hay un Tribunal Internacional en La Haya?, ¿siguen los juicios por los crímenes de la Guerra de los Balcanes?, ¿por qué nadie nos informa? Hay que esperar que se produzcan acontecimientos espectaculares como éste que nos sacan de nuestro estupor, pero después del relámpago, la noche vuelve a quedar tan oscura como antes. ¿Se ha acabado el juicio con la cicuta?, ¿a quién juzgan?, ¿a quién condenan?, ¿con qué pruebas?, ¿cuáles son los veredictos?

El lector puede pasarse el resto del día haciéndose preguntas a las que no encontrará respuesta. En los Balcanes se cometieron crímenes contra la humanidad, pero a la humanidad no nos informan de nada.

Es evidente que la Guerra de los Balcanes aún no se ha acabado. Sus protagonistas siguen muriendo, aunque ahora el campo de batalla se ha trasladado a la ciudad holandesa de La Haya. Luego algún payaso dirá ante los micrófonos que en Europa no hay presos políticos, algo que es propio sólo de países difíciles de poner sobre el mapa, como Tanzania o Sri Lanka.

“Los detenidos son acusados que esperan juicio y a quienes, por lo tanto, hay que presumir inocentes, lo que no siempre se comprende bien en el exterior: poseen derechos que no tendrán una vez condenados”, dijo a la prensa Marc Dubuisson, director de los servicios de apoyo judicial del Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoeslavia.

Dubuisson es el responsable de la cárcel de máxima seguridad del barrio residencial Scheveningen en la que encierran a los chivos expiatorios de la guerra. Como todo lo que hacemos en Europa, es una “cárcel modelo”, a diferencia de las de Tanzania o Sri Lanka, que dejan mucho que desear en materia de derechos humanos.

Señores africanos y demás termundistas: fíjense bien cómo somos los europeos en estos asuntos. Hemos tenido encerrados a los yugoeslavos durante 15 años en espera de juicio, pero es posible que eso no se lo hayan contado. A uno de los presos (serbio) le tuvieron un año encarcelado con un tumor cerebral antes de enviarle a un hospital de su país, donde murió nada más llegar. ¿Les han contado a Ustedes cuántos altos dirigentes serbios han muerto o se han suicidado en la “cárcel modelo”? Nada menos que seis: ahorcamientos, paros cardiacos, falta de atención médica… ¿Les han dicho sus nombres? Se trata de “presuntos inocentes” como Slavko Dokmanovic (1998), Milan Babic (2006)…

Uno de los acusados, el denostado general Mladic, tuvo varios infartos a lo largo del largo proceso judicial. En una de las sesiones se sintió indispuesto y así se lo hizo saber a esos farsantes togados que componen el Tribunal, que se negaron a interrumpir el juicio por tan pequeña nimiedad para que fuera atendido por un médico. “The show must go on” (el espectáculo debe continuar). “Todo esto no es más una red de mentiras, es un tribunal de la OTAN”, pudo decir Mladic antes de que le cortaran el acceso al micrófono.

El “modelo europeo” ha alcanzado un nivel muy sofisticado de barbarie, que hubiera sido imposible sin el apoyo de los juristas y las cadenas de intoxicación, cuyo papel queda en evidencia una y otra vez. En el banquillo sólo están los figurantes, no los criminales; no está Javier Solana, no se puede mencionar el gran tabú, la OTAN, tampoco a Alemania, ni a la Unión Europea…

En La Haya los jueces están construyendo lo que los jesuitas califican como “una verdad formal” que debe culminar la destrucción de Yugoeslavia, la guerra y los asesinatos con algo que luego los políticos de pacotilla se puedan llevar a la boca durante otros tres decenios, un relato oficial de los hechos al que puedan recurrir como “prueba” diciendo: “Como dijo el Tribunal Penal Internacional en su sentencia…”

Cuando un tribunal dicta una sentencia, ya no hay nada más que hablar.

Croacia, ¿comienzo de un dominó ruso en los Balcanes?

El pasado octubre, la presidenta de Croacia, Kolinda Grabar-Kitarović, estuvo en visita oficial en Rusia, con el objeto de presentar al presidente Vladimir Putin la “Iniciativa de los Tres Mares” que tiene como finalidad fortalecer las infraestructuras de energía y transporte en Europa, pero, sobre todo, para negociar el pago de la deuda de algo más de mil millones de euros contraída por el grupo empresarial Agrokor con el banco estatal ruso Sberbank y con VTB Bank. En los Balcanes, tradicionalmente Croacia ha sido poco permeable a la “influencia rusa”. Se la considera, junto a Eslovenia, como uno de los pilares de la UE y la OTAN en la región. Pero esto puede cambiar.

Grabar-Kitarović ha definido el escándalo Agrokor –con la acumulación de una deuda de dos mil millones de euros por mala gestión, corrupción y negligencia estatal cuya principal consecuencia ha sido la pérdida de liquidez– como el factor que más perjudica a la imagen de Croacia y espanta las inversiones extranjeras. Y tiene razón. Agrokor es el mayor grupo empresarial de Croacia y una de las más grandes de los Balcanes: un consorcio de 61 empresas del sector alimentario y de cadenas de supermercados repartidos por Croacia, Eslovenia, Bosnia y Herzegovina, Serbia y Montenegro. Hoy, al borde de bancarrota y con 60.000 empleados a punto de ser despedidos (de los cuales 20.000 trabajan fuera de Croacia), Agrokor sigue representando el 3% del PIB nacional.

El objetivo del gobierno croata es encontrar una solución para que Agrokor y sus compañías claves sigan funcionando, toda vez que su bancarrota perjudicaría gravemente no solo la economía croata sino la de toda la región. Se han dado los primeros pasos en esta dirección: el propietario del consorcio, Ivica Todoric, y varios miembros de su familia han sido obligados a dimitir de todas sus funciones (se han exiliado en Londres). La cuestión de quién será el futuro propietario de Agrokor permanecerá probablemente abierta hasta el final del proceso de reestructuración financiera del grupo. Se ha acordado con los proveedores mantener las entregas a la cadena minorista Konzum (la cadena de supermercados más importante de Croacia).

Sin embargo, será una tarea mucho más complicada encontrar una solución para pagar las deudas con bancos y proveedores. A largo plazo supondría la refinanciación y venta de una parte de los activos de Agrokor. En tal proceso lo más difícil –además de la falta de liquidez– sería conciliar los intereses del Estado con los de los acreedores bancarios y los de un gran número de proveedores.

Teniendo en cuenta que la mitad de la deuda pendiente pertenece a dos bancos rusos, la salvación de Agrokor pasa necesariamente por el Kremlin. Moscú se prepara para capturar una gran parte de la economía croata de un solo golpe. De lograrlo, Croacia pasaría de ser un baluarte contra la influencia de Rusia en los Balcanes a convertirse en la primera pieza de un dominó ruso en la región.

https://blog.realinstitutoelcano.org/croacia-comienzo-domino-ruso-balcanes/

Estados Unidos trata de obstaculizar la colaboración de los países europeos con Rusia

La Cámara de Representantes de Estados Unidos aprueba el presupuesto militar del próximo año y asigna unos 4.600 millones para hacer frente a Rusia en Europa.

De acuerdo con las notas explicativas de la Ley de Autorización de Defensa Nacional, reveladas el martes, se asignarán aproximadamente 4.600 millones de dólares para reforzar la llamada Iniciativa Europea de Disuasión, que busca fortalecer las capacidades militares de Estados Unidos en Europa.

Además, el Congreso permitió al secretario de Estado y al de Defensa utilizar 350 millones de dólares para prestar asistencia militar a Ucrania, como entrenar al ejército y a las milicias fascistas como plataforma de agresión contra Rusia.

Sin embargo, la normativa impone limitaciones en el uso de estos fondos. Sólo la mitad de la suma total estará disponible al principio y lo demás se asignará después de que el Congreso reciba garantías de que el gobierno de Kiev lleve a cabo reformas institucionales en el ámbito militar.

Asimismo, la Cámara de Representantes aprobó la asignación de 58 millones de dólares para contrarrestar lo que califica como “violaciones” del Tratado sobre las Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por sus siglas en inglés) por parte de Rusia. Por su parte, Moscú rechaza todas las acusaciones que le señalan en este sentido, reiterando que ha cumplido con todas las disposiciones del tratado.

Los autores del proyecto de ley también expresaron su preocupación por la creciente influencia de Rusia en la región balcánica. En relación con este tema, el Congreso está dispuesto a solicitar un informe al Pentágono sobre las entregas de equipos y tecnologías militares rusas a los países balcánicos desde 2012.

Durante los últimos años, la OTAN ha desplegado miles de sus soldados cerca de las fronteras rusas bajo el pretexto de que el Kremlin tiene “planes expansionistas”. Los dirigentes de la Alianza imperialista han expresado, en reiteradas ocasiones, su preocupación por lo que consideran como un “papel desestabilizador de Rusia en los países balcánicos”, a pesar de que fueron los socios de la OTAN quien desató una guerra devastadora hace 20 años.

Rusia ha denunciado el amplio contingente militar de la OTAN a lo largo de sus fronteras occidentales, advirtiendo de que el expansionismo del bloque militar socava la seguridad tanto de la región como del mundo.

http://www.hispantv.com/noticias/ee-uu-/359688/congreso-otan-tensiones-rusia-ucrania

Turquía hace bascular a los países del este de Europa contra la OTAN

Como un ciempiés, Turquía no puede estar a la vez en un único sitio, lo cual es desconcertante porque estamos tratando de sacar una foto a un personaje que no deja de moverse. Estamos exigiendo a la realidad que se quede quieta un momento para que nosotros podamos pulsar el botón, y no hay manera. El mundo no nos hace caso.

Siempre ha sido un Estado paradógico, con muchas caras distintas, de modo que si enfocamos hacia un lado vemos algo distinto que del otro, y todas esas caras son igualmente reales.

En 1920, al mismo tiempo que el sultán de Constantinopla (Estambul) firmaba la capitulación (Tratado de Sevres) ante las potencias vencedoras (Francia, Gran Bretaña, Italia), Mustafá Kemal se alzaba en armas contra contra unos (imperialistas) y otros (sultán).

Un país moría (un imperio) y nacía otro (una república). Pocas veces en la historia se ha visto algo parecido en tan poco espacio de tiempo: la capitulación de Sevres suponía que Turquía dejaba de ser una potencia imperialista y se convertía en una colonia.

Se pueden encontrar tantos contrastes como se quieran, pero lo más destacado es que la nueva Turquía siguió siendo un Estado sorprendentemente contradictorio. Así, al mismo tiempo que el gobierno de “Ataturk” exterminaba en el Mar Negro a la dirección del recién fundado Partido Comunista, colaboraba con la también naciente URSS en la guerra civil contra los imperialistas en el Cáucaso.

Desde entonces hasta ahora, es difícil encajar a Turquía en ningún esquema preconcebido y los intentos que se hacen acaban en chapuzas lamentables. Entonces, en lugar de tirar el esquema a la basura, lo más sencillo es responsabilizar a Turquía, que se nos va de las manos como si tratáramos de vaciar el agua del mar con ellas.

Pero es un error suponer que nuestras dificultades proceden de que Turquía es un caso especial, una excepción en el mundo. En absoluto. Lo que no acabamos de entender es el imperialismo, que tratamos como la “cosa en sí” kantiana, en la que a un lado están las grandes potencias y al otro los países dependientes.

También suponemos que los primeros se reparten a los segundos del mismo modo que los comensales se reparten la comida. Pues no. El caso de Turquía en 1920 lo que demuestra es que el gran manjar del imperialismo son las propias grandes potencias.

Tras la Primera Guerra Mundial, que fue una guerra imperialista, la URSS (que aún no llevaba este nombre) favoreció que Turquía sobreviviera como Estado independiente, gracias a una serie de tratados firmados entre ambos países en los que por primera vez aparecía en la historia un principio fundamental: la autodeterminación, que es tanto la independencia como la igualdad entre todos los países del mundo, algo opuesto a la propia esencia del imperialismo.

Lo mismo podemos decir de Alemania en 1945, tras el final de otra guerra mundial, cuando los imperialistas trataron de imponer el Plan Morgenthau para repartirse el país, convertirlo en un protectorado e imponer una ocupación militar permanente.

Todos los países tienen cien caras y Turquía tiene mil. En la misma medida que cualquier otro país capitalista desarrollado, marcha de forma acelerada, como había previsto Lenin, hacia el fascismo, la represión y la militarización del país. Ninguna organización revolucionaria puede esperar del gobierno de Ankara nada diferente. No hay nada que sorprenda, por lo que los revolucionarios deberían estar preparados para cualquier carnicería, tanto si Erdogan logra mantenerse, como si triunfa el golpe de Estado de la OTAN.

¿Qué es lo que está cambiando?, ¿hacia dónde van los acontecimientos? Hacia una clara basculación de la correlación de fuerzas en Siria, en Oriente Medio y en los Balcanes que, además de socavar los fundamentos de la OTAN, también está afectando a la Unión Europea.

En la reciente visita a Ankara de Viktor Orban, presidente de Hungría, un personaje reaccionario muy parecido a Erdogan, ha dicho algo que tiene que sorprender necesariamente porque representa a un país que forma parte de la Unión Europea: ha dado la razón a Turquía públicamente en la pelea que mantiene con Alemania.

Es una declaración de intenciones que puede llevar muy lejos: o bien a una fractura de la Unión, o bien a que Alemania haga concesiones (y no sólo a Turquía). Lo más probable es que se produzcan ambas cosas a la vez porque las concesiones no sólo procederán de Alemania sino de toda la Unión, lo cual no podrá evitar que se siga fraccionando.

Los acontecimientos no sólo conciernen a Hungría sino a varios países de los Balcanes, incluidos aquellos, como Rumanía o Bulgaria, que han dado más muestras de servilismo hacia la OTAN, hasta el punto de admitir la instalación de tropas y bases de misiles dirigidos contra Rusia.

Cuando un revolucionario se echa a la mar necesita saber tanto el lugar hacia el que se dirige, como la dirección que toma el viento. De lo contrario acabará donde menos se lo espera.

Srebrenica: un ‘genocidio’ de geometría variable

Este mes se ha celebrado el 22 aniversario del “genocidio” de Srebrenica, convertido en una rutina protocolaria, en la que han participado los mismos de siempre: el gobierno local, el cuerpo diplomático, las ONG y los periodistas para grabar las escenas.

En una sentencia el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoeslavia, así como el Tribunal Internacional de Justicia, calificaron las muertes de Srebrenica como un acto de genocidio. Obviamente los jueces no tenían ni las más remota noción de lo que es un genocidio o, en caso contrario, se saltaron la ley a la torera.

Los tribunales también aseguraron que en Srebrenica se cometió el mayor crimen de guerra en Europa desde la Segunda Guerra Mundial, en el que nadie más que los serbios tuvieron ninguna intervención porque lo mismo que la Guerra de Siria ahora, se trató de una “guerra civil”.

Si algún lector ha contratado un viaje turístico a la zona, debe visitar el memorial Potocari, un cementerio inaugurado en 2003 por el antiguo presidente de los Estados Unidos, Bill Clinton. Una placa conmemorativa indica la enigmática cifra 8372… que es el dato oficial de muertos, que se puede cambiar en cualquier momento porque para eso lleva unos puntos suspensivos.

Eso sí, cuando los puntos suspensivos entren en acción será para tirar la cifra hacia arriba, no hacia abajo, porque el de Srebrenica no le llega al de Camboya (tres millones de muertos inventados) ni a la suela de los zapatos. Lo que no alcance a los 100.000 muertos no se debería llamar “genocidio”.

Además, se trata de un “genocidio” puramente local, urbano. No tiene alcance nacional, ni étnico, ni religioso. Sin embargo, la OTAN le dio una repercusión mundial de tal magnitud que se ha convertido en la seña de identidad de Bosnia-Herzegovina, una de esas nuevas “naciones” creada por la OTAN de la nada.

No existe una “etnia bosnio musulmana”, como cree la Wikipedia. Bosnia-Herzegovina no es una nación sino una colectividad que no tiene en común otra cosa que la misma religión, el islam, diferenciada de la croata (católica) y la serbia (ortodoxa). Alemania y la OTAN no dividieron Yugoeslavia sólo por motivos nacionales, sino también religiosos.

Dado que no es una nación, Bosnia-Herzegovina carece identidad propia, que es lo peor que se puede decir de un Estado amorfo, que se encuentra obligado a inventársela en un ejercicio típico de idealismo histórico. ¿Cómo nos hubiera gustado a los bosnios que hubiera ocurrido la historia? Si unos se inventan la batalla de Roncesvalles, otros hacen lo propio con el “genocidio” de Srebrenica y se engañan a sí mismos: construyen su identidad sobre un fraude.

Es un “genocidio” de geometría variable en el que las cifras son infinitesimales: en la placa conmemorativa de Potocari sólo hay 500 tumbas musulmanas, a los que quizá se podrían añadir otras 70 más que se llevaron hasta allá procedentes de otros lugares para hacer un poco de bulto.

Las cifras no son el único motivo para afirmar que en Srebrenica no hubo ningún genocidio. Por bajas que sean las cifras de muertos, son las suficientes como para comprender que en la Guerra de los Balcanes se produjeron grandes matanzas y no conformarse con las versiones oficiales, y mucho menos para confundir a los víctimas con los victimarios.

Pero a la hora de escribir sobre “genocidios”, los de verdad y los de mentirijillas, hay que tener mucho cuidado. Por presiones de la Unión Europea el nuevo Código Penal serbio ha incluido un artículo que prohíbe dos cosas: negar que hubo un genocidio en Srebrenica y que la autoría del mismo fue obra de los serbios.

Afortunadamente, los fiscales en España no pueden aplicar las leyes serbias, por más que se hayan redactado en Bruselas. De momento aquí podemos decir que la historia de la matanza de Srebrenica no la pueden escribir los juristas y mucho menos a base de mentiras.

Los imperialistas inflaron la cifra de muertos en Srebrenica para acusar a los serbios de ‘genocidio’
Capítulo 1, Capítulo 2, Capítulo 3, Capítulo 4, Capítulo 5, Capítulo 6

El periodista al que le concedieron el Premio Pulitzer por sus mentiras sobre la Guerra de los Balcanes

Cuando la Guerra de los Balcanes ha pasado al olvido y, con ella la intoxicación mediática, la bibliografía recuerda el apoyo de Estados Unidos a lo que entonces aún no se conocía como “yihadismo”. Se trata de obras, como la de Alexandre del Valle (1), o la de F. William Engdahl (2) que ponen de manifiesto las raíces históricas de dicho apoyo, las más recientes de las cuales hay que buscarlas en Afganistán.

A esas obras hay que añadir artículos, como el del antiguo embajador de Canadá en Yugoeslavia, James Bissett, de los que basta recordar el título: “Nosotros creamos un monstruo”. En dicho artículo Bisset reconoce que desde 1998 la CIA, con la ayuda del SAS británico, envió armas al UÇK, el denominado “ejército de lilberación de Kosovo”, y adiestró militarmente a sus miembros para desatar una insurreción armada. Una vez que la región estuviera enzarzada en la guerra, “la intervención de la OTAN sería posible y estaría justificada”(3).

Para justificar la intervención de la OTAN, Clinton acusó a los serbios de limpieza étnica y adujo la necesidad de evitar una catástrofe humanitaria en Kosovo, iniciando las comparaciones con los campos de concentración del III Reich y pasando por alto que las víctimas de los mismos no habían sido otros que los serbios.

Unos años antes, durante la guerra serbo-bosnia, Itzebegovic fue el primero en hablar de “campos de concentración”, que las agencias de publicidad y los grupos de presión de Estados Unidos trasladaron luego a las ONG, los partidos políticos y la prensa.

Hay una anécdota que es muy significativa de la manera en que funciona la intoxicación mediática. A mediados de julio de 1992 el periodista estadounidense Roy Gutman llegó a Banja Luka, la capital de Bosnia, como corresponsal del New York Times y dijo al ejército serbio que quería visitar los campos de concentración. Con toda la ingenuidad del mundo, le llevaron al de Manjaca, donde fue el primero en llegar. Recorrió todo el campo de arriba abajo e interrogó a los presos, que se quejaron de la mala alimentación, pero negaron haber padecido cualquier clase de malos tratos.

A la salida el periodista reconoció que el campo respetaba la convención de Ginebra, aunque luego en su artículo publicado el 19 de julio en el New York Newsday escribió todo lo contrario. Aquel artículo se titulaba “Prisioneros de la guerra de Serbia: relatos de hambre y tortura en un campo del norte de Bosnia” (4). Dos semanas después, el 2 de agosto, volvió a la carga con otra manipulación, hablando de “carnicerías infernales” y hornos crematorios: “Los cuerpos han sido quemados en hornos crematorios y transformados en alimento para ganado”, escribió el farsante (5).

Pero la manipulación no sólo se compone de artículos periodísticos: al año siguiente a Gutman le concedieron el Premio Pulitzer por sus reportajes. La intoxicación funciona exactamente así: hay que premiar al mentiroso. Dado que con el tiempo las falsedades de Gutman han ido saliendo a la luz y que aún hay gente digna en la profesión, los periodistas Peter Brock y David Binder iniciaron una campaña para que al farsante le retiren el galardón y, de paso, lavar las numerosas falsedades periodísticas vertidas durante aquella guerra (6).

Como siempre, los desmentidos llegan tarde, cuando son políticamente inofensivos. ¿Quién se acuerda hoy de todo aquello?

(1) Guerre contre l’Europe, Editions des Syrtes, 2000.
(2) Amerikas heiliger Krieg, Kopp Verlag, Rottenburg, 2014
(3) We created a monster, Toronto Star, 31 de julio de 2001, http://web.archive.org/web/20080510052014/http://www.deltax.net/bissett/a-monster.htm
(4) Prisoners of Serbia’s War: Tales of hunger, torture at camp in north Bosnia, New York Newsday, 19 de julio de 1992.
(5) In six-week Spree, at least 3,000 killed, New York Newsday, 2 de agosto de 1992.
(6) Former NY Times Reporter: ’93 Pulitzer Prize Should Be Revoked, Sherrie Gossett, CNSNews.com, 22 de marzo de 2006.

Serbia demandará a los países de la OTAN por el lanzamiento de bombas de uranio

Hace 25 años la Guerra de Yugoeslavia puso de manifiesto la absoluta degradación moral, política y social del imperialismo, que es tanto como decir, de los gobiernos, los parlamentarios, los periodistas, las ONG… No se salvó nadie; todos hicieron causa común con la agresión y el despedazamiento de un país.

Una vez destruida Yugoeslavia, le tocó el turno al único pedazo que se oponía a los planes de la OTAN, Serbia, que fue castigado con el lanzamiento de bombas de uranio contra la población civil. Las consecuencias de la radiación aún se dejan sentir sobre la población serbia.

Ahora Serbia ha anunciado que llevará a los tribunales a los países de la OTAN por su agresión de 1999. La iniciativa la ha tomado la Academia Serbia y un equipo internacional de juristas se prepara para interponer denuncias ante todos y cada uno de los países implicados en aquel crimen, especialmente Estados Unidos y Reino Unido.

Uno de los abogados que trabaja en el equipo, Srdjan Aleksic, asegura que la OTAN lanzó 15 toneladas de bombas radiactivas que hoy siguen afectando a la salud de 33.000 personas. Se trata de una violación flagrante del derecho internacional, tanto por el uso de munición radiactiva, como por la agresión indiscrimidada contra la población civil.

En un informe publicado en 2000, la OTAN reconoció el empleo de armamento de uranio, siendo Serbia, junto con Irak, el único país en ser bombardeado por este tipo de munición desde Hiroshima y Nagasaki en 1945.

Entonces no había internet y con el transcurso del tiempo es reconfortante encontrar a periodistas, como Jacques Merlino, que estuvo sobre el terreno como corresponsal de France 2 y no mantuvo la boca cerrada, a pesar de la obsesiva propagadanda imperialista. Después de una larga investigación publicó un libro en 1993 titulado “Las verdades yugoeslavas no son todas buenas de contar”.

Tras la pista de las mentiras, Merlino acabó en Estados Unidos, donde se encontró con James Harff, director de una agencia de publicidad, Ruder Finn Globar Public Affairs, que trabajaba a sueldo de Croacia, Bosnia y los kosovares en la propagación de embustes de todos los colores para consumo de la prensa internacional, de los parlamentarios, los partidos políticos, las ONG humanitarias…

Harff le recordó a Merlino algo que es básico el arte de la manipulación: “Nosotros sabemos que la primera afirmación es la que cuenta; los desmentidos no tienen ninguna eficacia”.

Con grandes dosis de cinismo, aquel embaucador profesional le confesó a Merlino uno de sus golpes maestros: lograr que los judíos estadounidenses, en principio opuestos a croatas y bosnios y kosovares, por su pasado nazi y yihadista, cambiaran de bando.

Otro de los fraudes destapados por Merlino son las comisiones “de investigación” enviadas por la ONU y la Unión Europea, especialmente la llamada Comisión Warburton, cuya estancia en el teatro de operaciones se limitó a una estancia de dos dias en Zagreb y otro más al este de la Krajina. Allá oyeron contar los rumores que corrían según los cuales 20.000 mujeres musulmanas habían sido violadas por los serbios, aunque ellos sólo escucharon a tres testigos presenciales.

A la prensa “prestigiosa” las 20.000 violaciones le parecieron pocas, y empezaron a inflar las cifras: 50.000 para unos, 60.000 para otros… Lo que nadie enumeró fueron las pruebas: cero.

¿Conoce Usted el libro de Merlino?, ¿le han hablado de él?, ¿sabe si está traducido?, ¿está en alguna biblioteca cercana?, ¿le interesa leerlo o se conforma con lo que le contó la prensa “prestigiosa”, como “El País”?

Para descargar el libro de Jacques Merlino:
https://docs.google.com/file/d/0B7yP55-q4swpX3ItR3hnWFBka2s/edit

La lucha por la autodeterminación está enfilada contra el imperialismo (1)

La limpieza étnica en los Balcanes
Un lector comenta nuestro artículo sobre la creación de la Gran Albania, que nosotros calificamos como “anexión” y no como autodeterminación. Para suplir nuestra ignorancia nos recomienda que leamos una obra de Lenin sobre la autodeterminación y lanza al aire varias preguntas retóricas. Para nosotros la principal de ellas es la que compara a Kosovo con Crimea. Consideramos que es errónea, lo mismo que las demás, y vamos a centrarnos en ella exclusivamente.

El derecho de autodeterminación concierne a todas las naciones y ni Kosovo ni Crimea lo son. A partir de aquí, no hay similitudes entre un caso y otro, por lo que las comparaciones históricas son verdaderas piruetas intelectuales que conducen a complicar un análisis, como la cuestión nacional, que ya es complicada de por sí, al intervenir factores históricos, culturales, económicos, jurídicos, políticos, etc.

Es, pues, el típico debate que conduce al infinito desde el primer momento, sobre todo cuando no se aborda el fondo de la cuestión y, como consecuencia de ello, no hay un posicionamiento de cada cual que, como decía Stalin, en la época actual, la imperialista, para un revolucionario sólo puede conducir a entender el movimiento de liberación nacional, en cualquier parte del mundo, como una lucha contra el imperialismo y no como parte de un nuevo reparto del mundo.

La autodeterminación significa que las naciones y las colonias dejan de ser objetos para convertirse en sujetos, protagonistas de sus propias decisiones. No significa que dejan de ser objetos de unos (imperialistas) para convertirse en objetos de otros (igualmente imperialistas). Dicho con otras palabras: si los movimientos de liberación nacional no se enfrentan al imperialismo acaban siendo un juguete de los cambalaches entre los imperialistas por trocear y repartirse el mundo, y eso por más justa que sea su causa. Los marxistas estamos a favor de lo primero y en contra de lo segundo.

Pero ni en Kosovo ni en Crimea hay ninguna nación ni, por lo tanto, derecho de autodeterminación. Pero ese no es el peor de los errores. Lo realmente importante es que la Guerra de los Balcanes, lo mismo que la de Ucrania, no tuvo su origen en la autodeterminación de nadie, de que ningún país, tuviera o no tuviera derecho a ello.

Hay que tener mucho cuidado en este tipo de análisis porque si no se elaboran correctamente, conducen a ponerse a favor del imperialismo en nombre del marxismo, de la revolución o del derecho de autodeterminación de las naciones, que es lo que vemos con tanta frecuencia en la actualidad en ciertos círculos políticos de los que cabía esperar otra cosa.

La Guerra de los Balcanes es un ejemplo, como otros, de las agresiones que el imperialismo viene poniendo en marcha desde la caída del Telón de Acero en 1990 contra determinados países, y lo más curioso es constatar que ante tales hechos hay quien pone el foco de su atención en dichos países, escamoteando la intervención del imperialismo que, como es fácil comprender, es la fuerza fundamental sobre el escenario.

No sabemos si los lectores estarán de acuerdo o no con esto, pero nosotros pensamos que así es, por lo que consideramos que Yugoeslavia y luego Serbia fueron víctimas de una agresión imperialista y no los agresores. Nos parece inaudito que después de una guerra criminal que ha destruido un país, sigamos poniendo nuestro dedo acusador sobre dicho país, juzgándole y poniendo en primer plano sus defectos, sus crímenes o los de sus dirigentes. Nos parece más inaudito aún cuando los efectos de dicha guerra permanecen y Serbia sigue siendo un país tratado como paria, especialmente por la Unión Europea, a pesar de todas las pruebas de sumisión que viene mostrando desde hace muchos años.

Cualquier marxista debería poner los aspectos fundamentales de una situación en primer plano. Ahora bien, cuando se empieza alegando por el final, cuando se mezcla el pasado con la actualidad, se traen a colación los mil y un agravios cometidos por los titistas contra Kosovo y contra Albania o cuando se afirma que también los serbios practicaron la limpieza étnica, es porque hay un desenfoque total, por más ciertas que sean, y sus consecuencias prácticas son nefastas, ya que conducen a lavar la cara al imperialismo.

El vicio es siempre el mismo y aquí lo sabemos desde la guerra civil, en donde los estrábicos ponen en el primer plano a “unos y otros” pasando por alto que los unos eran fascistas mientras que los otros eran todo lo contrario, y también cometieron errores, no eran puros y no siempre actuaron de manera ideal, correcta y acertada.

Lo que diferencia a los marxistas es que no tienen una concepción metafísica de las guerras, no ponen a todas las guerras en el mismo plano, sino todo lo contrario. No entienden de “unos y otros”, del “todos ellos cometieron crímenes”, “son todos iguales” y demás.

En todas las agresiones imperialistas que se vienen produciendo desde la caída de la URSS, como en el caso de los Balcanes, o en el de Ucrania, o en el de Siria, nuestro punto de vista nos conduce a ser tildados de proserbios, o prorrusos, o assadistas, porque defendemos a los países que son víctimas de una agresión, y los que viven de poner etiquetas a los demás quieren sacar el foco de la atención del imperialismo y de sus crímenes, lo que —desde nuestro punto de vista— les convierte en sus cómplices.

Otras veces nuestros puntos de vista y posicionamientos se tachan de geopolíticos o geoestratégicos, a pesar de que son términos que nosotros no empleamos. Al parecer pretenden que pongamos el acento en Kosovo, en Crimea o en Kurdistán, y que esa sea la vara de medir. Es un vicio introducido como consecuencia de la desaparición de la Internacional Comunista y, con ella, de la manera correcta en la que se debe analizar cualquier problema en la época actual, que es la imperialista, a pesar de que los comunistas deberían saber que su propia historia, empezando por la Revolución de 1917, no se puede entender fuera de ella. Quizá lo que nos quieren aconsejar es que, a la manera usual, nos enfanguemos en el lodazal de la Púnica, la Gürtel o la Operación Lezo, es decir, en el fango de la politiquería, que es la misma en Prístina que en Madrid.

En una entrada posterior seguiremos con otro capítulo relativo a la incorporación de Crimea a Rusia.

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