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Alienación, cortina de humo, fábrica de sueños

La película “Cortina de humo” (Wag de dog) del director Barry Levinson, estrenada en 1997, es un fiel retrato del modo en que funcionan en Washington las altas esferas: poco antes de las elecciones, acusan al presidente de Estados Unidos de la violación de una menor, un asunto que amenaza con hundir la candidatura para su segundo mandato.

Antes de que el escándalo trascienda, la Casa Blanca prepara la típica cortina de humo. El asesor Conrad Brean (Robert De Niro) desvía la atención de los votantes creando una “historia” ficticia: la guerra contra Albania.

Con la ayuda de Stanley Motss (Dustin Hoffman), un famoso productor de cine y televisión afincado en Hollywood, Brean reúne un gabinete de crisis que trama un conflicto universal muy distinto de los vistos hasta entonces.

Ya saben lo que son los famosos “efectos especiales” en el cine: sustituyen el mundo real por el virtual. La película está basada en una novela de Larry Beinhart que se parece demasiado a la realidad, ya que su estreno coincidió con el Caso Monica Lewinsky y una nueva intervención de Estados Unidos en el Golfo Pérsico.

Además de los medios de comunicación, el cine (la fábrica de sueños) es el mejor ejemplo moderno de lo que Marx calificaba como alienación. Los vemos cada día día cuando preguntamos a nuestro colega: “Pero tú, ¿en qué mundo vives?” Deberíamos repetirnos la pregunta a nosotros mismos: ¿realmente sabemos en qué mundo vivimos?

La película muestra que la capacidad de los medios de comunicación y el cine para contar “historias” no se detiene. Según avanza la trama, el contrincante del presidente no desmiente la farsa sino que la da por terminada. Entonces los farsantes suben un peldaño en la escalada de engaños: crean la continuación de la “historia” por medio de un héroe (que nunca puede faltar en Estados Unidos).

Sí, la guerra que nunca empezó ya ha terminado. Pueden sentirse aliaviados porque han ganado los de siempre, los buenos, pero ha quedado un soldado atrapado tras las líneas enemigas…

La angustia vuelve a atrapar a los consumidores y productores de noticias.

La trama se complica cuando los productores eligen mal al héroe, que no resulta tan heroico como en la gran pantalla, sino todo lo contrario, un criminal que muere antes de aparecer triunfalmente, dar ruedas de prensa, aparecer en los platós, las portadas de las revistas…

Pero tanto Hollywood como la CNN pueden convertir un funeral en otro “show” más para seguir manteniendo la farsa hasta el final de tal manera que los pecados del presidente se mantengan en un segundo plano.

Es verdad que siempre hay quien no se deja engañar y sabe que detrás de una frase mil veces repetida hay una mentira. Pero incluso los que nadan contra la corriente, se dejan arrastrar por ella: es más fuerte. Tienen que entrar al trapo de las cortinas de humo, los bulos y ficciones como la guerra contra Albania, las armas de destrucción masiva, los tirantes con la bandera “nacional” que causaron la muerte a un “patriota” en Zaragoza…

Korzhev: un pintor soviético y universal que nunca quiso renegar de la URSS

Gely Korzhev en su taller de Moscú
El pintor soviético Gely Korzhev, fallecido en 2012, fue clave en el panorama artístico de la URSS posterior a la Segunda Guerra Mundial y, desde luego, es uno de los mejores de todo el mundo, por más que “el mundo” no le conozca, lo cual no importa nada porque ese mismo “mundo” tampoco conoce nada concerniente a la URSS… salvo los cuatro tópicos de siempre. “El mundo” se lo pierde. Peor para él.

En 2016 la galería Tretyakov organizó una exposición retrospectiva de su obra, “el acontecimiento cultural más esperado de los últimos años”, admitió la prensa de Moscú.

Empecemos advirtiendo que Korzhev fue comunista hasta su último aliento, aún después de la caída del Telón de Acero, lo cual es fundamental para entender su obra, que se divide en ciclos, extraordinarios todos ellos. El más importante es “Quemados por el fuego de la guerra”, un serie derivada de la Segunda Guerra Mundial, una huella que le persiguió hasta el fin de sus días.

Como tantos otros, Korzhev se opuso a las reformas introducidas en la URSS por Jruschov a partir de 1956 y, por lo tanto, se enfrentó a muchos de los artistas e intelectuales, que fueron cómplices de las nuevas políticas de entonces. En 1976 abandonó la Unión Artistas soviéticos y luego también se opuso a Gorbachov, abandonando voluntariamente su trabajo académico.

A finales de los noventa rechazó un premio que quiso otorgarle el nuevo Estado y redactó una carta explicando los motivos: “Nací en la Unión Soviética y creí sinceramente en las ideas e ideales de la época, hoy consideradas coo un error histórico. La ceptación de un premio del Estado supondría por mi parte una confesión de hipocresía a lo largo de mi carrera artística. Les ruego que consideren mi repudio con la comprensión requerida”.

Quienes hayan leído el relato “El destino de un hombre” de Sholojov, escrito en la posguerra, identificarán inmediatamente la pintura de Korzhev, retratos de personajes abrumados por los sufrimientos causados por los nazis durante la guerra, muy diferentes de los que aparecen en la pintura soviética anterior a 1941.

En la galería Regina de Moscú se expusieron en 1993 obras del ciclo dedicado a Don Quijote (“el campeón intrépido de la justicia”) que, para el artista, simbolizaban su desprecio por la nueva Rusia capitalista, sus políticos y sus mediocres ambiciones de “nuevos ricos”. En una entrevista de 2001 el pintor manifestó que sólo le interesaban los “quijotes”, aquellos marginados que seguían combatiendo contra viento y marea. En su pintura empiezan a aparecer escenas que ya nadie recordaba en Moscú: los vagabundos pidiendo limosna tirados en las calles.

Uno de los ciclos pictóricos de Korzhev es “Marusya”, muy recomendable para quieran sacarse los esquemas que sobre la URSS se le han quedado pegados en la cabeza. Se trata de desnudos que demuestran que Korzhev es un clásico y que, además, por eso mismo, no es soviético, ni ruso, ni de ninguna parte, sino universal.

Para demostrarlo basta con recordar que se definía a sí mismo de la manera más clásica que cabe imaginar en un pintor: “Más que nada soy un pintor de naturalezas muertas”. Muchas de sus obras, como la Hoz y el martillo, son así, objetos cotidianos a través de los cuales se desvela el trabajo y la vida cotidiana de su dueño.

Stalin y Eisenstein: un debate abierto sobre cine, historia y batallas políticas

Por aquí es demasiado pedir que alguien sea capaz de escribir algo mínimamente sensato sobre la URSS sin incurrir en una imbecilidad tópica. Ha sido el caso de las reseñas sobre el genial cineasta soviético Serguei Eisenstein, en las que nunca falta una mención a la censura impuesta por Stalin sobre la película “Iván el Terrible”, por una razón obvia: Stalin se veía asimilado a un Iván cuyo apodo lo decía todo. Terrible.

Ninguno de los que escriben esas bobadas tiene ni la más lejana idea de quién fue Iván el Terrible, aunque imaginarán que sería una versión rusa a medio camino entre Calígula y Robespierre. Es como preguntarles si saben quién fue Juana la Loca o si realmente creen que estaba loca. Sin embargo, les consta fechacientemente que Iván el Terrible sí era realmente terrible, que a Stalin le molestaba que le compararan con él y que eso es precisamente lo que pretendía hacer el sibilino de Eisenstein…

En la URSS los debates sobre el arte y la literatura siempre fueron particularmente enconados porque no son otra cosa que los mismos debates políticos metamorfoseados. Esos debates se recrudecieron tras la Segunda Guerra Mundial y Stalin tuvo un papel protagonista en ellos, cuidadosamente silenciado por Jruschov y los suyos a partir de 1953.

Un reflejo de ese debate es el denostado artículo de Zdanov sobre arte y literatura, en el que -además de Stalin- participaron Molotov, Eisenstein y Cherkasov, que es -por cierto- el actor que encarna a Iván el Terrible en la película de Eisenstein.

No es sencillo resumir los términos del debate, pero hay que empezar diciendo que la comparación con el Iván el Terrible no le podía importar lo más mínimo a Stalin porque prefería eso a que le comparan con Pedro el Grande o Catalina la Grande porque mientras estos seguían los cánones occidentales, el zar Iván era un “oriental” y eso a Stalin le parecía bien. No tenía ese tipo de complejos.

Dentro del debate, los participantes estaban de acuerdo en cosas que aquí muchos también pondrían encima de la mesa. El principal de ellos es que para un revolucionario el arte no es un fin en sí mismo (“ars gratia artis”, el lema de la Metro Goldwyn Mayer) sino que está al servicio de las masas y no de los directores, los productores, los actores o los exhibidores.

El segundo es que eso no justifica cualquier mediocridad panfletaria, sino todo lo contrario. El debate de 1947 tenía por objeto elevar la calidad artística del cine soviético, tanto como su contenido político, ideológico e histórico. El PCUS reprocha a Eisenstein que en la segunda parte de la película Ivan el Terrible muestra su ignorancia de la historia que relata, lo cual en un país capitalista no importa, pero en la URSS era fundamental. ¿O debían los comunistas admitir que una película transmitiera cualquier clase de falsedades sobre el pasado con la excusa de que se trata de ficción?

Eisenstein no pintaba al ejército de Iván IV, o Iván Grozni, como le llamaba el PCUS, como un ejército (“oprichnina”) progresista sino como una banda de matones y al propio zar como una especie de Hamlet, un hombre dubitativo, lo cual no era cierto.

Después de criticar la película, el PCUS pasa a criticar al Ministerio de Cinematografía y a su ministro Bolchakov, que “gasta mucho dinero en el cine pero no hace nada por mejorarlo”. El ataque continúa por los vidriosos temas del amiguismo y el compadreo, tan típicos del arte y los artistas, incluso los soviéticos:

“Los trabajadores del arte deben comprender que quienes adoptan una actitud irresponsable y superficial respecto a su trabajo se arriesgan a situarse fuera del alcance del arte soviético progresista, porque las exigencias culturales y las exigencias del público soviético se han desarrollado. El gobierno continuará cultivando entre las personas el buen gusto y estimulará la exigencia sobre las obras de arte”.

Que el PCUS no estuviera de acuerdo con la película y la criticara, no significa que hubiera censura, porque también criticó otras películas de Eisenstein, incluidas las más coocidas, como La Huelga, Acorazado Potemkin, Octubre y La Línea General, todo lo cual está cabalmente documentado entre los acuerdos aprobados. Incluso se conservan actas de las entrevistas de la dirección del PCUS (Stalin, Molotov y Zdanov) con los cineastas.En una de ellas Stalin se disculpa con ellos, que le habían escrito y no había podido responderles de la misma manera. El inicio de la reunión demuestra que no se trataba de censura sino de crítica y que la decisión sobre la película era de los propios cineastas: “¿Qué pensáis hacer con la película?”, una vez recibida la crítica, les pregunta Stalin. Eisenstein le responde que han decidido dividir la segunda parte en otras dos. Pero, ¿habéis estudiado la historia?, insiste Stalin. “Más o menos”, le contesta el cineasta.

Era lo peor que le podía decir. Stalin se da cuenta de que a Eisenstein le pasa como a tantos otros: no tiene ni la más remota noción de lo que tiene entre manos. Ni se ha molestado en documentarse sobre un acontecimiento fundamental en la historia de Rusia que Stalin le detalla, insistiendo en la importancia de la “oprichnina” de Iván el Terrible, que marca el fin de los ejércitos feudales y el surgimiento de un ejército regular, moderno, avanzado.

Cuando Stalin le indica a Eisenstein que ha pintado dicho ejército como si fuera el Ku Kux Klan americano, el cineasta le suelta un chiste: los del Klan llevaban capuchón blanco y nosotros lo hemos puesto negro.

Las actas no dejan lugar a dudas del contenido del debate, así como el tono del mismo, que en ocasiones es de risa. Molotov le reprocha a Eisenstein que ha tratado de hacer un retrato sicológico de Iván el Terrible. Stalin añade que Iván fue un zar “extramadamente cruel” pero que deberían haber explicado los motivos de ello.

Como todos los documentos originales del PCUS, las actas no tienen desperdicio y el lector salta de una sorpresa a otra, como cuando Stalin le recuerda a Eisenstein que en aquella época el cristianismo desempeñó un papel progresista.

El actor Cherkasov admite que la crítica les ha ayudado y que tras recibirla otro director de cine, Pudovkin, había realizado una buena película sobre el almirante Najimov. “Estamos convencido de que nosotros no lo haremos peor”, añade el actor, quien dice que está trabajando sobre la figura de Iván el Terrible tanto en el cine como en el teatro. “Estoy enamorado de este personaje y pienso que nuestra alteración de las escenas será correcta y verídica”, concluye.

En un momento dado, Eisenstein pide un voto de confianza: la primera parte nos ha salido bien y eso nos indica que podemos hacerlo bien también en la segunda, y lanza una pregunta muy significativa: “¿Hay más instrucciones sobre la película?” Es algo muy inusual para lo que estamos acostumbrados, aunque mucho más sorprendente le resultará a más de uno la respuesta de Stalin: “Yo no te doy instrucciones sino que te expreso la opinión de un espectador”.

La segunda parte de la película no fue censurada. Quedó inconclusa porque Eisenstein no pudo acabarla ya que murió pocos meses después de esta reunión.

120 años del nacimiento de Eisenstein, pionero soviético del cine

Recientemente se han cumplido 120 años del nacimiento de Serguei Mijailovich Eisenstein, un director de cine y teatro soviético, considerado un auténtico pionero en la técnica del montaje y edición de películas.

Nacido en Riga (Letonia) en enero de 1898, Eisenstein se crió en el seno de una familia de clase media como un cristiano ortodoxo debido a su madre, una rusa ortodoxa, y pesar de que su padre era judío. En todo caso la religión no fue uno de los pilares de su vida, ya que con el tiempo se acabó haciendo ateo. Estudió arquitectura e ingeniería, en Petrogrado (San Petersburgo) y en 1918 Sergei dejó la escuela y se unió al Ejército Rojo para servir a la Revolución Bolchevique.

Tras mudarse a Moscú en 1920, Sergei Eisenstein comenzó su carrera en el teatro, trabajando en producciones como “Máscara de Gas”, “Hombre sabio”, o “Escucha Moscú”. A partir de 1923 fue cuando comenzaría también su carrera como teórico del cine, realizando en ese año su primera película “El diario de Glumov”, un cortometraje en el que el propio Eisenstein interpretaba uno de los papeles protagonistas.

Poco después, en 1924, Eisenstein dirigía el que sería su primer largometraje “La huelga”, un film que narra los acontecimientos de una huelga ocurrida en 1903 por los trabajadores de una fábrica en la Rusia prerrevolucionaria, y en la que destaca su escena final como uno de los mejores ejemplos de las innovadoras técnicas de montaje de Eisenstein.

Al año siguiente el director soviético estrenaba “El acorazado Potemkin”, una película aclamada en todo el mundo y cuyo éxito le sirvió para poder producir su siguiente gran largometraje, “Octubre” (1928), siendo realizada como parte de la celebración del décimo aniversario de la Revolución de octubre de 1917. En algunos países esta película se tituló “Diez días que transformaron el mundo”.

Siendo un cineasta ya reconocido en todo el mundo, la siguiente película de Sergei Eisenstein sería “La línea general” (1929), realizando poco después un viaje por Europa y posteriormente a Estados Unidos en 1930 para realizar un proyecto con Paramount Pictures que por diversos motivos no llegó nunca a realizarse. También conoció a Charles Chaplin y se especuló con la posibilidad de producir algún proyecto juntos, aunque tampoco se concretó nada finalmente.

En lugar de regresar a Rusia, Eisenstein viajó a México, y allí realizó la película “¡Que viva México!” (1932), aunque el film no se terminó y es una película inconclusa. Décadas después, el material filmado sería utilizado por Grigori Alexandrov para estrenar finalmente la película en 1979.

Tras estos fracasos, Eisenstein regresó a Rusia y su siguiente película fue “El prado de Bezhin” (1937), que sufrió numerosas ediciones sobre el montaje original del director.

Los últimos trabajos del director serían “Alexander Nevsky” (1938), un film sobre el héroe nacional ruso y por el que recibió el premio “Stalin“; y la trilogía “Iván el terrible” durante los años 40, en la que la tercera parte quedó inacabada debido a la controversia que había causado el segundo film y a la repentina muerte del director en 1948 debido a un infarto.

A pesar de todos los contratiempos y problemas que tuvo que afrontar en su trabajo, Eisenstein es reconocido como uno de los mejores directores de cine soviético que ha habido, dejando un importante legado a la historia del cine, cuyas películas y escritos influirían enormemente en otros directores y cineastas posteriores.

Al igual que otras películas soviéticas, que están libres de derechos al alcance de todos, la propia productora Mosfilm con la que trabajó el director durante años, ha sido la encargada de poner a disposición del público la mayoría de películas de Eisenstein, estando disponibles para ver en línea de forma gratuita por internet.

—https://cinelibreonline.blogspot.com.es/2018/01/peliculas-sergei-eisenstein-dominio-publico.html

Son del bloqueo

B.
(A un año y un mes de la muerte de Fidel)

Kennedy con su bloqueo
Nos quiere cerrar el mar
Quenedí, quenedá
Afeitar a los barbudos
Volvernos a esclavizar
Quenedí, quenedá, ¡qué bruto es el Tío Sam!
Quenedá.

Ni un paso atrás, compañeros
Amigos, ni un paso atrás
Quenedí, quenedá
Plomo y plomo al enemigo
Plomo y plomo y nada más
Quenedí, quenedá
¡Qué bruto el Tío Sam!
Quenedá

Martí quiso a Cuba libre
Y Fidel dijo: ¡Ya está!
Quenedí, quenedá
Con bloqueo o sin bloqueo
Libre por siempre será
Quenedí, quenedá
¡Qué bruto que es el Tío Sam!
Quenedá

¡Lárgate, yanqui, de aquí!
Quenedá
¡Déjanos, Kennedy, en paz!
Quenedá
Porque si no vas a ver
Vas a ver
El plomo que lloverá
Ay,vas a ver
El plomo que lloverá
Quenedá.

Nicolás Guillén

La Audiencia Nacional condena a los 12 raperos de ‘La Insurgencia’ a más de dos años de cárcel por cantar

La Audiencia Nacional ha condenado a dos años y un día de prisión a los doce raperos del colectivo La Insurgencia acusados de delitos de enaltecimiento del terrorismo,quitándoles así la posibilidad de solicitar la suspensión de la pena de cárcel. El alto tribunal les condena también al pago de una multa de 4.800 euros y a nueve años de inhabilitación absoluta.

“Ahora toca recurrir al Supremo”, ha señalado a El Salto Saúl Zaitsev, uno de los miembros de La Insurgencia condenados. La sentencia de la Sección Cuarta de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional no rebaja ni un solo día la pena de cárcel solicitada por el fiscal José Perals -el mismo que 375 años de cárcel para los jóvenes del caso Altsasu-.

Es la misma sala de la Audiencia Nacional que juzgó y condenó a doce años de cárcel a Mónica C. y Francisco S. por la detonación de la Basílica de El PIlar de la Zaragoza con la que comenzaron los procesos judiciales relacionados con el supuesto terrorismo anarquista que dieron lugar a las operaciones Pandora, Piñata -cuyos procesos judiciales ya han sido archivados- e ICE, por la que Nahuel, un joven de 25 años, estuvo un año y medio en prisión preventiva y a día de hoy sigue en espera de juicio. La condena a Mónica y Francisco fue posteriormente reducida a cuatro años y medio por el Tribunal Supremo.

El proceso penal contra la Insurgencia ha sido instruido por la juez Carmen Lamela, ante la que los jóvenes se negaron a declarar. Iba dirigido contra los trece raperos de este colectivo, cinco de ellos residentes en Vigo. Uno de ellos no ha ido a juicio aun al ser menor de edad. Los doce llevados a juicio tienen entre 18 y 27 años de edad.

Durante el juicio, la Fiscalía defendió que las canciones de La Insurgencia “propagan un método violento para combatir un sistema que [los acusados] consideran injusto”. También reiteró que estos raperos hacen enaltecimiento del PCE(r)-Grapo. Comparándoles con yihadistas, el fiscal afirmó que «los acusados tienen una religión que es la lucha sindical obrera y que la explotación de los oprimidos merece una lucha armada contra determinados colectivos».

Los doce raperos de La Insurgencia son los primeros en ser condenados a más de dos años de prisión, por lo que, si el Tribunal Supremo no acepta su recurso, entrarán en la cárcel. Alfredo Remírez, detenido en una de las operaciones Araña, fue condenado a año y medio de cárcel por enaltecimiento tras llegar a un acuerdo con Fiscalía, pero posteriormente la Audiencia Nacional decidió su entrada en prisión por los antecedentes derivados de una causa anterior de enaltecimiento por pedir el acercamiento de presos con muñecos de cartón en las fiestas de Amurrio.

Más información:
– Represión fascista: cuando los jueces reconvierten los derechos en delitos
 

Nuevo canto de amor a Stalingrado

Yo escribí sobre el tiempo y sobre el agua,
describí el luto y su metal morado,
yo escribí sobre el cielo y la manzana,
ahora escribo sobre Stalingrado.

Ya la novia guardó con su pañuelo
el rayo de mi amor enamorado,
ahora mi corazón está en el suelo,
en el humo y la luz de Stalingrado.

Yo toqué con mis manos la camisa
del crepúsculo azul y derrotado:
ahora toco el alba de la vida
naciendo con el sol de Stalingrado.

Yo sé que el viejo joven transitorio
de pluma, como un cisne encuadernado,
desencuaderna su dolor notorio
por mi grito de amor a Stalingrado.

Yo pongo el alma mía donde quiero.
Y no me nutro de papel cansado
adobado de tinta y de tintero.
Nací para cantar a Stalingrado.

Mi voz estuvo con tus grandes muertos
contra tus propios muros machacados,
mi voz sonó como campana y viento
mirándote morir, Stalingrado.

Ahora americanos combatientes
blancos y oscuros como los granados,
matan en el desierto a la serpiente.
Ya no estás sola, Stalingrado.

Francia vuelve a las viejas barricadas
con pabellón de furia enarbolado
sobre las lágrimas recién secadas.
Ya no estás sola, Stalingrado.

Y los grandes leones de Inglaterra
volando sobre el mar huracanado
clavan las garras en la parda tierra.
Ya no estás sola, Stalingrado.

Hoy bajo tus montañas de escarmiento
no sólo están los tuyos enterrados:
temblando está la carne de los muertos
que tocaron tu frente, Stalingrado.

Tu acero azul de orgullo construido,
tu pelo de planetas coronados,
tu baluarte de panes divididos,
tu frontera sombría, Stalingrado.

Tu Patria de martillos y laureles,
la sangre sobre tu esplendor nevado,
la mirada de Stalin a la nieve
tejida con tu sangre, Stalingrado.

Las condecoraciones que tus muertos
han puesto sobre el pecho traspasado
de la tierra, y el estremecimiento
de la muerte y la vida, Stalingrado

La sal profunda que de nuevo traes
al corazón del hombre acongojado
con la rama de rojos capitanes
salidos de tu sangre, Stalingrado.

La esperanza que rompe en los jardines
como la flor del árbol esperado,
la página grabada de fusiles,
las letras de la luz, Stalingrado.

La torre que concibes en la altura,
los altares de piedra ensangrentados,
los defensores de tu edad madura,
los hijos de tu piel, Stalingrado.

Las águilas ardientes de tus piedras,
los metales por tu alma amamantados,
los adioses de lágrimas inmensas
y las olas de amor, Stalingrado.

Los huesos de asesinos malheridos,
los invasores párpados cerrados,
y los conquistadores fugitivos
detrás de tu centella, Stalingrado.

Los que humillaron la curva del Arco
y las aguas del Sena han taladrado
con el consentimiento del esclavo,
se detuvieron en Stalingrado.

Los que Praga la Bella sobre lágrimas,
sobre lo enmudecido y traicionado,
pasaron pisoteando sus heridas,
murieron en Stalingrado.

Los que en la gruta griega han escupido,
la estalactita de cristal truncado
y su clásico azul enrarecido,
ahora ¿dónde están, Stalingrado?

Los que España quemaron y rompieron
dejando el corazón encadenado
de esa madre de encinos y guerreros,
se pudren a tus pies, Stalingrado.

Los que en Holanda, tulipanes y agua
salpicaron de lodo ensangrentado
y esparcieron el látigo y la espada,
ahora duermen en Stalingrado.

Los que en la noche blanca de Noruega
con un aullido de chacal soltado
quemaron esa helada primavera,
enmudecieron en Stalingrado.

Honor a ti por lo que el aire trae,
lo que se ha de cantar y lo cantado,
honor para tus madres y tus hijos
y tus nietos, Stalingrado.

Honor al combatiente de la bruma,
honor al comisario y al soldado,
honor al cielo detrás de tu luna,
honor al sol de Stalingrado.

Guárdame un trozo de violenta espuma,
guárdame un rifle, guárdame un arado,
y que lo pongan en mi sepultura
con una espiga roja de tu estado,
para que sepan, si hay alguna duda,
que he muerto amándote y que me has amado,
y si no he combatido en tu cintura
dejo en tu honor esta granada oscura,
este canto de amor a Stalingrado.

Pablo Neruda

‘La huelga’ de Eisenstein musicalizada para celebrar los 100 años de la Revolución de Octubre

El director soviético de cine Serguei Eisenstein
Este año la Revolución Rusa conmemora su centenario y, para celebrarlo, la Cinemateca de Toulouse en Francia, encargó al músico Pierre Jodlowski para darle vida a una de las piezas principales del universo fílmico revolucionario: “La huelga”, de Serguei Eisenstein que se proyectó en la URSS en 1924 como una película de cine mudo.

La película fue iniciativa del movimiento Cultura Proletaria (Proletkult) que encabezaba Valeri Pletniev, quien encargó a Eisenstein una serie de películas que llevarían por título “Hacia la dictadura (del proletariado)”. Las películas debían contar la historia de la Revolución Rusa desde 1880 hasta 1917 y se centrarían en diversos aspectos de las luchas obreras.

Se iban a rodar siete títulos, pero finalmente sólo se realizó “La Huelga”, que debía ser la quinta entrega del proyecto. En gran parte se rodó en exteriores de Moscú y alrededores, en 1924, año de la muerte de Lenin y de la fundación de la URSS.

Esta película inauguró la edad de oro del cine soviético. Se abre con una cita que Lenin toma de Engels: “La fuerza de la clase obrera es la organización. Sin organización de masas, el proletario es nada. Organizado lo es todo. Estar organizado significa unidad de acción, unidad de actividades prácticas”.

En medio de un hermético silencio, relata una protesta obrera real ocurrida en 1903 protagonizada por los trabajadores de una fábrica de Rostov del Don, a la que luego se sumaron más de 500 fábricas.

Fue el primer largometraje de Eisenstein, que un año después dirigiría la famosa película “El acorazado Potemkin”, obra cumbre de la historia del cine de todos los tiempos.

Eisenstein dota a cada escena de una fuerte carga poética, pasando de las pieles curtidas por el trabajo, a los campos apacibles; la promesa de un cambio ante el poder opresor del ejército y las sanguinarias consecuencias de la sublevación.

La escena más famosa de la película es una secuencia final trágica donde, haciendo uso Eisenstein de sus innovadoras teorías de montaje, se alterna la masacre hacia los huelguistas e imágenes de bovinos sacrificados.

Otro tema de la película, que es una de las mayores características del cine de Eisenstein, es que el protagonista absoluto del film no es un sujeto, sino un acontecimiento, la huelga, lo que pone al colectivo contra el individuo, que es el protagonista exclusivo del cine burgués.

El filme del legendario cineasta ruso, su ópera prima, representa no solamente un testimonio del ideal revolucionario, sino que representa una de las primeras muestras de un cine preocupado por la secuencia de imagen y el montaje, más que por los actores; deja ver los esbozos de lo que Eisenstein desarrollará posteriormente en su “teoría de las atracciones”.

La propuesta de Jodlowski, uno de los músicos franceses más relevantes, está marcada por asediar las fronteras entre el sonido acústico y eléctrico y se caracteriza por su anclaje dramático y político.

De hecho, al músico francés apunta que “La huelga” es un lienzo que de pronto vuelve a la vida y en la que el blanco y negro se convierten en colores.

Para celebrar el Centenario de Octubre, hoy la XLV edición del Festival Internacional Cervantino lleva a León, México, la película musicalizada en vivo. Será a las 18:00 horas, en el teatro María Grever.

El actor de cine Robert Downey denuncia las redes de pedófilos de Hollywood con nombres y apellidos

El actor de cine Robert Downey ha levantado la tapa de algo ya conocido y denunciados: las redes de pederastia, prostitución y tráfico de seres humanos que involucra a poderosas elites “de todo el mundo”, no sólo del mundo del espectáculo sino de la finanzas y la política.

Ha puesto en el centro de la red a una antigua amiga, Diana Jenkins, a la que acusa de manejando un círculo de lujo de prostitución de chicas para Wall Street, los sátrapas árabes del Golgo Pérsico y la élite de Hollywood.

Es una de las personas más poderosas de Estados Unidos, a donde llegó como refugiada procedente de Bosnia, casándose con el banquero Roger Allan Jenkins, antiguo dirigente del Barclays en el Reino Unido.

A través de su marido, la antigua refugiada trabó un contacto muy estrecho con los petroleros árabes de Abu Dhabi y Qatar. Luego se divorció, trasladándose a vivir a Hollywood con su enorme fortuna personal.

En la costa oeste comenzó a colaborar con la Fundación Clinton. Con espectáculos “benéficos” entre famosos recaudó más de un millón de dólares para la Fundación de los Clinton en marzo de 2010.

Es una proxoneta de lujo para toda clase de pervertidos, participando en las redes mundiales de pedofilia y tráfico de seres humanos.

Además de Downey, en los últimos tiempos otros famosos de Hollywod, como Brad Pitt, y Elija Wood, han denunciado esa basura que las grandes cadenas de intoxicaciòn presentan como grandes “estrellas” del cine y la televisión. No obstante, muy pocas veces ponen nombres y apellidos a la podredumbre.

Tras la industria de los sueños se esconde la de las pesadillas.

http://www.neonnettle.com/news/2565-robert-downey-jr-blows-the-whistle-on-elite-hollywood-pedophile-ring
Clinton con Diana Jenkis en un acto benéfico de la Fundación del antiguo Presidente de Estados Unidos

En la Rusia capitalista el arte también se ha transformado en industria

Kirill Serebrenikov
El mundillo de la farándula está muy revuelto en Rusia. Vive sus horas más bajas porque son las más falsas de su historia. Se ha llenado de una “culturilla” de medio pelo, ese tipo de mercancía que es el equivalente en la cultura del serrín en la carpintería. La causa es el capitalismo, esto es, una imposibilidad absoluta: el intento de convertir el arte en una industria.

Si siguen las noticias de Rusia les habrá llegado el eco lejano de que el director de cine y de teatro Kirill Serebrenikov ha sido detenido y luego sometido a arresto domiciliario, lo que a algún medio cultureta ha aprovechado para lo de siempre, al más viejo estilo URSS: Putin es un dictador, en Rusia se persigue a los intelectuales díscolos, críticos, etc.

El caso es que Serebrinkov ha sido detenido por el delito de malversación de fondos públicos, es decir, por meter en un bolsillo indebido unos dineros que el Estado le dio para que desempeñara su función seudocultural; en otras palabras: Serebrenikov no era alguien ajeno al gobierno de Medvedev sino todo lo contrario (vivía del presupuesto público).

Si damos otra vuelta a la rosca habría que añadir que Serebrenikov se disponía a rodar una película sobre Viktor Tsoi, el icono del rock ruso por antonomasia que empieza con una falsificación de la realidad que, vista desde occidente, no puede ser más oportunista: Serebrenikov hace pasar al ídolo como un homosexual, lo cual es falso.

Podríamos sospechar, entonces, que se trata de otra campaña homófoba auspiciada por el Kremlin. Pero a la revista Shanghai y demás gacetilleros occidentales nadie les ha avisado de que aquí tienen carnaza para otra campaña como la de Chechenia. Ellos se lo pierden y nosotros nos quedamos frustrados con una mentira menos.

Para hacernos una idea: recientemente otro de los “escándalos” del cine ruso es la película (una superproducción financiada por el Ministerio de Cultura) del realizador A. Uchitel sobre las aventuras íntimas del último zar, Nicolás II, en la que quien encarna el papel imperial es un actor porno alemán. Ya saben cómo funcionan estos falsos “escándalos”, que no son otra cosa que publicidad gratuita y encubierta para ayudar a pagar el derroche de gastos que genera la basura seudocultural. A falta de estímulos de otro tipo, el morbo siempre vende.

Nikita Mijalkov
Cambiemos de tercio; pasemos a hablar de alguien mejor y más conocido en los medios cinematográficos occidentales, el gran Nikita Mijalkov, que ha abandonado -dando un portazo- otro nido de dinero: el Fondo con el que el gobierno ruso subvenciona determinadas películas (y no otras), administrado por un consejo de 16 personas al que acaba de llegar uno de esos personajes de la farándula moscovita, Natalia Timakova, que auna en su persona dos cargos simultáneos: ejerce portavoz del gobierno y es Directora General de Cine.

La explicación que Mijalkov expone en su despedida nada entre dos aguas, pero es muy interesante por lo sorprendente, ya que tiene poco que ver con la imagen que se expone en occidente del tipo de colaboradores, como Timakova, que rodean a Medvedev y, en última instancia, también a Putin.

Empecemos por explicar que el consejo que gestiona los fondos del cine ruso lo componen tanto tanto políticos -la mayoría- como integrantes del llamado “séptimo arte”. Mijalkov reconoce que Timakova es una persona cualificada, es decir, que si bien aterriza en el consejo por su condición de persona de confianza del Primer Ministro, Dimitri Medvedev, conoce de cerca el mundo del cine.

Sin embargo, el punto de vista “ideológico” de ambos es opuesto, añade Mijalkov, y Timakova va a imponerlos en el consejo porque tiene poder y competencias para ello. Lo que el cineasta quiere decir es algo así como que en Rusia la política se va a imponer al arte, una tesis muy repetida en todas las partes del mundo, mucho más que la otra tesis, la de que el dinero se va a imponer al arte, que se acepta resignadamente como si fuera una maldición que hay que aguantar, es decir, el arte está obligado a soportar la presencia del dinero pero no la de la política (ni siquiera cuando uno, el dinero, llega a través de la otra, la política).

Pero todo esto es un aburrido seudodebate. Lo mejor llega cuando Mijalkov sale de la rueda de prensa y a preguntas de un periodista afirma que “Timakova afronta numerosas cuestiones corrientes con una rusofobia latente”. ¿Es rusófoba la portavoz del gobierno ruso?, ¿de un gobierno calificado de nacionalista?, ¿de qué está hablando Mijalkov?, ¿quién es Timakova?

El choque entre ambos, Mijalkov y Timakova, refleja el dilema en el que se mueven los círculos ideológicos dominantes en Moscú. El cineasta expresa la aversión (por no decir repugnancia) de grandes masas de la sociedad rusa actual contra políticos del estilo Timakova que hace 25 años en Madrid hubieran calificado de “beautiful people”.

Para entendernos, Timakova es como Carmen Alborch cuando era ministra de Cultura del PSOE; gente exquisita que se viste de gala para la ópera o la galería de arte, con la diferencia de que la rusa (y su marido Alexander Budberg) forman parte de los círculos “liberales”, o “neoliberales”, o “ultraliberales” que en Rusia son aún más indeseables que aquí.

En Rusia a estos círculos se los asocia con los tiempos duros de Yeltsin y Gaidar, cuando la liquidación del socialismo cayó como un fardo sobre las costillas de los trabajadores, los cooperativistas, los pensionistas, los funcionarios… En las altas esferas, a los críticos de aquella etapa, como al mismo Putin, se los considera nacionalistas, partidarios de la autarquía, las empresas públicas, etc.

En lo sustancial, desde 1999 Putin depuró implacablemente a aquella costra de vividores, pero en absoluto se desprendió totalmente de ella que está muy presente en altos cargos del gobierno y la administración, ciertos medios de comunicación opositores, empresas, universidad…

En el terreno cultural (por llamarlo de alguna manera), si el cine se convierte en una industria (como cualquier otra), se somete a las leyes del mercado, que son las del más fuerte, es decir, las de Hollywood, por lo que ocurrirá como en todo el mundo: las salas se llenan de ese tipo de cine insufrible, taquillazos que lo mismo se exponen en Moscú, que en Madrid o en Tegucigalpa.

La cultura es nacional; la industria es internacional (“global”). Ahora bien, no se confundan: una industria internacional es como la socorrida “comunidad internacional” o la “coalición internacional” que masacra Siria, o sea, Estados Unidos.

Mijalkov quiere otra cosa; quiere financiar cine ruso.

La portavoz del gobierno ruso, Natalia Timakova, con su marido Alexander Budberg

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