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Los financieros que auparon a Hitler al poder

Durante el proceso de Nuremberg, el ministro de Economía del III Reich, Hjalmar Schacht, pidió reciprocidad: si a él le sentaban en el banquillo por financiar el hitlerismo, también deberían sentarse a su lado Ford, la General Motors y el banquero británico Norman Montagu por los mismos motivos. Pronto el servicio secreto estadounidense le visitó para ofrecerle inmunidad a cambio de silencio. A pesar de las protestas soviéticas, el Tribunal le absolvió.

El apoyo de los imperialistas anglosajones a la Alemania nazi siempre se ha tratado de mantener en secreto. Al mayor crucero fabricado por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial Hitler le puso su nombre de un financiero suizo, Wilhelm Gustloff, asesinado “en extrañas circunstancias” en Davos en 1936. Como buen suizo, Gustloff era un intermediario entre Schacht y los financieros anglosajones.

Otro fallecido en 1947 en circunstancias no menos extrañas, “problemas estomacales”, fue el general de las SS y tesorero del partido nazi Franz Schwartz poco antes de abandonar el campo de Ratisbona. Dos años antes Schwartz había quemado en la sede del Estado Mayor del partido nazi en Munich los comprobantes de las transferencias bancarias efectuadas por los capitalistas anglosajones a favor de los nazis alemanes.

A pesar de los asesinatos y las hogueras, las pruebas de la complicidad de los monopolistas estadounidenses y británicos con el III Reich han ido apareciendo. Durante 20 años el historiador italiano Guido Giacomo Preparata se ha especializado en la investigación de estos lazos. Los nazis no se financiaron a sí mismos, tampoco fueron financiados sólo por los monopolistas alemanes. Según Preparata la mayor parte de los medios procedieron del exterior y tienen nombres y apellidos sonoros. Morgan y Rockefeller promocionaron en Wall Street las acciones del monopolio químico IG Farben a través del banco Chase National. El gigante siderúrgico Krupp que impulsó el rearme alemán estuvo bajo el control de la Standard Oil de Rockefeller a través de la banca Dillon y Reid (Vereinigte Stahlwerke Alfred Thiessen).

En 1933, cuando era evidente que AEG había financiado a Hitler, el 30 por ciento de las acciones pertenecían a su socio americano, General Electric. Durante 14 años (1919-1933), asegura Panata, el capital financiero anglosajón se involucró de manera activa en la política interna de Alemania para fomentar a una organización ultrarreaccionaria a la que esperaban utilizar como peón. “Inglaterra y Estados Unidos no crearon el hitlerismo, pero sí las condiciones en las cuales ese fenómeno apareció”, concluye el historiador italiano.

El historiador alemán Joachim Fest defiende la misma tesis. En el otoño de 1923 Hitler viajó a Zurich y volvió “con un cofre lleno de francos suizos y dólares fraccionarios”. Era la víspera del llamado “golpe de la cerveza” con el que Hitler lanzó una primera tentativa de hacerse con el poder por la fuerza. El donante era sir Henry Deterding, el patrón de la petrolera anglo-holandesa Shell. No fue la única entrega. Otro de los pagos lo hizo a través del suizo Wilhelm Gustloff.

El tribunal que juzgó el golpe de Estado hitleriano reconoció que para prepararlo el partido nazi había recibido 20.000 dólares de los industriales de Nuremberg pero la estimación de los gastos era 20 vences superior a esa cifra. A pesar de que a Hitler le condenaron a cinco años de cárcel por alta traición, sólo cumplió unos pocos meses. Al salir compró la mansión Berghof y relanzó de nuevo el periódico “Völkischer Beobachter”. Desde entonces los monopolistas que sostenían a Hitler (Thyssen, Vogler, Schröder y Kirdorf) volcaron el dinero a espuertas en el proyecto nazi. Los funcionarios y provocadores nazis empezaron a cobrar en moneda extranjera. De los patrocinadores más importantes, Vogler y Schröder no eran exactamente alemanes sino más bien capitalistas estadounidenses. Su capital procedía del otro lado del Atlántico. Otro de los financieros de Hitler era Max Warburg, director de IG Farben y hermano de Paul Warburg, director del Banco de la Reserva Federal de Nueva York. Lo mismo cabe decir de Carl Bosch, jefe de la división alemana de la Ford. Todos estos grandes monopolistas siempre supieron que el “anticapitalismo” nazi era pura demagogia.

En 1931 un periodista del Detroit News viajó a Alemania para entrevistar a Hitler, un político prometedor, y quedó sorprendido por el retrato que Hitler tenía encima de su mesa de trabajo: era Henri Ford. “Lo considero como mi inspirador”, dijo Hitler al periodista americano. Pero más que un inspirador Ford era un mecenas generoso de los nazis. Ambos, Ford y Hitler, hablaban el mismo lenguaje antisemita. En los años veinte Ford pagó una edición de medio millón de ejemplares del “Protocolo de los Sabios de Sión”, el libro de cabecera de la reacción oscurantista europea. Los envió a Alemania, así como dos de sus libros “El judaísmo mundial” y “Las actividades de los judíos en América”. En 1938 el III Reich le condecoró con los más altos honores: la Gran Cruz del Águila imperial. Durante el acto Ford lloró de emoción. Desde aquel momento Ford asumió la financiación del proyecto nazi Volkswagen como fuera el suyo propio.

Cuando estalló la guerra, una ley aprobada por Estado Unidos prohibió toda clase de colaboración con “el enemigo”, pero Ford no se dió por enterado. En 1940 se negó a ensamblar los motores de los aviones de combate ingleses y su nueva fábrica en Possy, Francia, comenzó a fabricar motores para los aviones de la Luftwaffe. Las filiales europeas de Ford siguieron fabricando camiones para la Wehrmacht y su filial en Argel suministrada camiones y blindados a Rommel.

Cuando al final de la guerra la aviación aliada bombardeó Colonia sólo los edificios de Ford quedaron en pie. No obstante, Ford y General Motors obtuvieron compensación del gobierno de Estado Unidos por los daños “causados a sus propiedades en territorio enemigo”. La General Motors tenía uno de los holdings automovilísticos más importantes de Alemania, Opel, que fabricaba los camiones militares Blitz, un modelo que sirvió de base a los nazis para crear los “gazenwagen” o cámaras de gas rodantes. A comienzos de la Segunda Guerra Mundial las inversiones de las empresas estadounidenses en sus filiales alemanas alcanzaban a un todo de 800 millones de dólares, de los que 17,5 eran de Ford.

Algunos historiadores se preguntan por qué el Presidente Roosvelt envió a Suiza a Allen Dulles, uno de los jefes del servicio de inteligencia OSS, el antecedente de la CIA. ¿Trató de negociar por separado con los nazis? En enero de 1932 Hitler, entonces un político prometedor, se entrevistó con el financiero británico Norman Montagu en presencia de varios políticos estadoundenses, entre ellos los hermanos Dulles. Es posible, pero no se puede afirmar con rotundidad, que el británico se comprometiera a financiar al partido nazi de manera encubierta. La presencia de Allen Dulles así lo indica. Al fin y al cabo los Dulles estuvieron en las operaciones más oscuras del imperialismo, desde el apoyo a los nazis hasta el asesinato de Kennedy.

Las fuentes historiográficas apuntan a que desde la campaña electoral alemana de 1930, el papel de Dulles en Suiza era el de hacer llegar el dinero de los imperialistas occidentales a Hitler. También el monopolio químico IG Farben puso mucho dinero en los bolsillos de Hitler, pero IG Farben no era otra cosa que una filial de la Standard Oil de Rockefeller y fue precisamente Rockefeller quien envió a Dulles a Suiza a negociar con los nazis. Al final de la guerrra fue Dulles personalmente quien interrogó al general Wolf sobre el destino de las reservas de oro nazis. Le ordenaron recuperar al menos una parte de los gastos ocasionados.

El movimiento antifascista se extiende por los barrios de Madrid

Sólo la prensa rusa ha informado de que el pasado fin de semana centenares de vecinos se manifestaron en los barrios madrileños de Tetuán y Chamberí para protestar contra los neonazis, que ya han agredido a varios vecinos. “Desde su llegada a Chamberí, el pasado otoño, ha aumentado sustancialmente la conflictividad en el barrio y se han producido varias agresiones, cuyas autores se han parapetado en el interior del ‘Hogar Social’”, explicó Concha, una de las organizadoras de las numerosas protestas que han llevado a cabo en estos barrios durante los últimos meses, a la agencia Sputnik Novosti.

El conocido como “Hogar Social” de Madrid es una agrupación racista y fascista que ha ocupado desde el pasado otoño cuatro edificios en estos barrios. Hasta el momento, han sido desalojados tres de ellos, pero actualmente están en un espacio público, de más 5.000 metros cuadrados y valorado en miles de millones de euros, según explica Cristina, otra de las militantes que convocó la protesta.

“Las caras más visibles del Hogar social están ligadas a partidos y organizaciones de ideología neonazi”, afirma con rotundidad Concha mientras lee el manifiesto. La lucha contra estos nuevos “vecinos” de los barrios madrileños se ha intensificado tras producirse las primeras agresiones. “Han venido a esta zona de Madrid porque hay un alto porcentaje de migrantes. Es una provocación. Se están produciendo agresiones continuamente. En Chamberí agredieron al menos a cinco compañeros del movimiento antifascista, les pegaron”, asegura Cristina. En el caso de Tetuán “ha sido más fuerte”, según la militante. “Incluso apuñalaron a un joven”, afirma.

Además de Chamberí y Tetuán hay otros barrios que históricamente han luchado contra el fascismo, como Vallecas. “En barrios como Vallecas se atreven menos a entrar y atacar porque la fuerza popular es mucho más de izquierdas, hay un gran movimiento vecinal antifascista”, señala Cristina.

Sin embargo, esto no es nuevo para Madrid, que históricamente ha luchado contra el fascismo, según la militante. “Madrid tiene una tradición de lucha contra el fascismo, ha sido la última región en caer en la Guerra Civil. Por ejemplo, entre las manifestantes está Paquita, que con 82 años sigue luchando contra el fascismo”, explica Cristina.

La manifestación se ha desarrollado rodeada de un amplio dispositivo policial. “Fuera fascistas de nuestros barrios”, “Hogar social, hogar criminal” o “Madrid será la tumba del fascismo” eran algunos de los lemas que los manifestantes corearon durante los más de dos kilómetros de protesta, hasta llegar a la calle en la que se encuentra el edificio ocupado por los neonazis.

La policía impidió a los manifestantes acercarse al edificio en cuestión para evitar enfrentamientos. Los vecinos y vecinas lo tienen claro: “no pararemos hasta que los neonazis abandonen el barrio”, “no debemos permitir que siga habiendo agresiones sin respuesta”, comentaron los asistentes a Sputnik Novosti. “No quiero vivir arrodillado. Moriré de pie luchando contra el racismo y la xenofobia”, aseguró Ngoy, entre aplausos, al terminar la protesta.

Los criminales de guerra nazis cobran su jubilación en Estados Unidos

El domingo el diario New York Times informó que más de 130 residentes de Estados Unidos vinculados con crímenes nazis recibieron 20,2 millones de dólares en prestaciones de seguridad social durante medio siglo. El dato está incluido en una investigación realizada por la Administración de Seguridad Social que será dada a conocer en los próximos días. Algunos de los pagos fueron hechos en junio del año pasado.

Después de la II Guerra Mundial (1939-1945) miles de antiguos nazis se trasladaron a Estados Unidos protegidos por el gobierno, que elaboró un proyecto secreto, llamado “Paperclip”, para protegerles y que pudieran continuar desempeñando las mismas funciones que habían llevado a cabo bajo el III Reich.

En los años sesenta y setenta del siglo pasado decenas de estos antiguos nazis comenzaron a recibir prestaciones de la seguridad social.

Estas actividades clandestinas vulneraban los acuerdos firmados por los aliados al final de la Segunda Guerra Mundial, que obligaba a exigir responsabilidades por crímenes de guerra a los nazis que fueran capturados con vida.

Los imperialistas discriminaron a los nazis según determinados criterios. El destino de los carniceros como Barbie y Eichmann sería Latinoamérica; el de los criminales de cuello blanco, ingenieros y científicos era Estados Unidos. El caso más conocido es el del nazi Werner Von Braun, que fue uno de los impulsores del programa de misiles balísticos y de los vuelos espaciales en Estados Unidos.

La reconstrucción de todo sistema tecnológico de un país derrotado y su transferencia al país vencedor es un hecho único en la historia. En Gran Bretaña un plan elaborado el 5 de junio de 1944 propuso apoderarse del botín científico de Alemania. Mucho antes del desembarco de Normandía, el teniente general Ronald Weeks segundo jefe del Estado Mayor británico, declaró que “el equipo alemán es tan bueno o mejor que el nuestro”. Estaba convencido de que la incautación de los programas de investigación, diseño y desarrollo de Alemania era “uno de los objetivos más vitales de la posguerra inmediata […] Puede ser que ésa sea la única forma de reparación que podamos exigir a Alemania. Ahora hay que planificarlo cuidadosamente todo para asegurarnos de que después podrá exigirse”.

En 1945 Henry A. Wallace, secretario de Comercio de Estados Unidos, formuló un razonamiento similar con respecto a la apropiación de los cerebros de la maquinaria de guerra nazi. “La transferencia de destacados científicos alemanes a este país para el avance de nuestra ciencia e industria”, comunicó al presidente Truman, “parece acertada y lógica. Es sabido que en la actualidad están bajo control de Estados Unidos eminentes científicos cuyas aportaciones, si se unieran a las nuestras, harían avanzar el nivel de los conocimientos científicos en beneficio de la nación”.

Dirigidos por el coronel Holger Toftoy (jefe del Departamento de Balística de Estados Unidos), los estadounidenses embarcaron con rumbo a su país cohetes V1 y V2 y todas las piezas de recambio que cayeron en sus manos. Los norteamericanos también se llevaron de Baviera todo un túnel de pruebas supersónicas, un submarino con un avanzado sistema de propulsión y muchos tipos diferentes de aviones, incluidos prototipos a reacción y aviones cohete. El botín llevado al Centro de Investigación de Documentos del Aire, instalado en Wright Field, Estados Unidos, comprendía toneladas de planos.

La técnica nazi llegó acompañada de los técnicos nazis. En 1945 unos 120 investigadores, principalmente de la región de Baviera, seleccionados por Von Braun, fueron transportados a Fort Bliss, cerca de El Paso, Texas, donde inmediatamente se les puso a trabajar en la investigación de misiles dirigidos. En lugar de encarcelarles, el imperialismo les recompensó por los servicios prestados y luego les concedió las correspondientes pensiones de jubilación.

Condenado un nazi por atacar una acampada del 15-M

En Valladolid la paz y alegría de la acampada del 15-M se vio alterada la noche del 11 de junio de 2011 por la actuación de un grupo de nazis, del que formaba parte Adrián Jiménez Arroyo que agredió a varios de los acampados que dormían tranquilamente en las tiendas plantadas en la plaza.

Ayer Adrián Jiménez fue condenado a un año de multa, a razón de 3 euros día por un delito de lesiones tipificado en el artículo 147. del Código Penal y a 30 días de multa a razón de 3 euros al día por cada una de las dos faltas de lesiones cometidas. Adrián tiene otras dos condenas por agresiones realizadas con posterioridad al 11 de junio de 2011, y que están suspendidas por encontrarse en tratamiento psiquiátrico.

El condenado llegó a la Fuente Dorada procedente de Teresa Gil con varios acompañantes y lanzó objetos -una botella, un mechero…- contra una de las tiendas instaladas, lo que provocó la reacción de los acampados, a los que Adrián Jiménez se enfrentó con otra botella en mano. Hubo un primer forcejeo entre unos y otros, en el que Adrián agredió a puñetazos a varios “indignados”. Tras huir, regresó a la plaza con un panel metálico de una cafetería de la calle Sierpes…

Cuatro años después, Adrián  Jiménez y dos de los agredidos -que a su vez habían sido acusados- se han visto de nuevo las caras en el Juzgado de lo Penal número 1, con una docena de agentes de la Policía Nacional desplegados en los pasillos de los juzgados. La demora judicial ha sido justificada por las reiteradas incomparecencias de los llamados a declarar.

El juicio estuvo acompañado de una compleja negociación entre las defensas. Finalmente llegaron a un juicio de conformidad en el que el Ministerio Fiscal modificó sus peticiones y los letrados pactaron la condena para Adrián Jiménez y Fernando Alonso y Samuel Retuerto, que se encontraban en la acampada del 15-M y denunciados por el primero como responsables de la respuesta al ataque recibido. Los dos, que resultaron heridos el 11 de junio de 2011, han sido condenados por un delito de faltas sancionado con 30 días a razón de 3 euros por día.

Fuente: http://www.ultimocero.com/articulo/condenado-cuatro-a%C3%B1os-despu%C3%A9s-conocido-nazi-por-delito-lesiones-acampados-del-15-m-fuente

Un coordinador de Ciudadanos borra viejos tuits alabando al franquismo

El coordinador de Ciudadanos  en la ciudad de Castellón Vicente Tirado, también encargado de dirigir otras agrupaciones como la de Benicasim, está borrando apresuradamente los tuits antiguos en los que alababa al franquismo.

Todo empezó cuando se destapó un tuit suyo que databa de octubre de 2013. En dicho tuit aparecía una bandera franquista en un balcón y una bandera independentista catalana en el balcón del piso de abajo. Tirado exclamaba con ese tuit “¡Que grandes!”. El tuit ha desaparecido.

Una vez se abrió la veda Tirado se definió afirmando que “ideológicamente siempre me he considerado socialdemócrata”. Pero siguieron saliendo más tuits. En julio de 2013 afirmaba en la red que Franco había sido “un gran presidente”.

También se localizaron tuits de otros tipos, como insultos al candidato a la alcaldía de Compromís Enric Nomdedéu  en junio de 2014: “Eres un payaso independentista, que ya no te tendremos que aguantar. No te quieren ni en tu partido… se te acabó la sopa boba”.

El coordinador de Ciudadanos también cambió repentinamente su descripción en la biografía de Tuiter, donde indicaba los cargos que ostentaba en Ciudadanos. Ahora simplemente dice que es “Ciudadano de la Agrupación de Castellón”. Además su cuenta ha pasado a ser privada por lo que sus tuits ya no se pueden leer en abierto.

Vicente Tirado ha sido objeto de numerosas polémicas desde que se hiciera con el poder del partido en octubre de 2014. Muchos afiliados le acusan de utilizar prácticas poco éticas en la gestión del partido, como las afiliaciones en bloque para virar asambleas o la designación a dedo de las listas electorales copándolas de personas de su círculo o incluso familiares directamente. De hecho, su esposa Paula Archelos, después de algunas maniobras extrañas según denuncian antiguos afiliados, consiguió el acta de concejal en Benicasim al ir la número 2 de las listas.

Fuente: http://castellonconfidencial.com/vicente_tirado-franquismo/

Un documental desvela las torturas a menores en los internados del franquismo

El 28 de abril la Televisión de Cataluña estrenó el documental “Los internados del miedo” que mediante los testimonios de los supervivientes, reconstruye los horrores por los que pasaron miles de niños y niñas de toda la geografía española, en colegios internos del franquismo. Más que escuelas eran auténticas cárceles donde los menores eran apaleados, abusados, violados, explotados y vendidos.

También hubo un “Dr. Mengele” español que experimentaba con ellos. El documental es duro y me costó llegar hasta el final. Lo más escalofriante es que estas situaciones duraron hasta mediados de los 80, ya entrada la democracia. La Televisión de Cataluña, ofrece el documental en castellano que está disponible en internet (*).

“Me quemaban el culo con velas y me restregaban ortigas por mis partes por orinarme en la cama”; “lo que le hice a este señor sé que se llama felación, pero yo entonces no tenía ni idea”; “pensé en suicidarme. Que un niño con 12 años piense en eso es muy duro”. Son algunos testimonios de los centenares de miles de niños y niñas que pasaron gran parte de su infancia, cuando no toda, encerrados en internados y centros de beneficencia durante el franquismo y los primeros años de la democracia. Allí fueron víctimas de palizas, violaciones, trabajo esclavo y vejaciones, en unos centros que el régimen utilizaba para su propaganda. Unas dramáticas experiencias vitales que quedaron sepultadas por el silencio y que recoge el documental Los internados del miedo, realizado por dos de los periodistas que más han documentado la barbarie de la dictadura en España, Montse Armengou y Ricard Belis.

Los testimonios que han podido recabar destacan por su crueldad y evidencian la impunidad con la que órdenes eclesiásticas que cobraban por cada niño que acogían, e incluso funcionarios del Estado, actuaban contra unos menores que no tenían manera de defenderse ni denunciar. “Me llevaron a Sant Boi. A veces yo le contestaba a la monja y me castigaban con electrochoques, pero no porque estuviera loca, sino como castigo”, relata en la cinta Julia Ferrer, sobre su experiencia en la Casa de la Caridad de Barcelona. “Venía el sacerdote con la mano bajo la sotana, tocándote y tocándose él, teniendo un orgasmo. Y a este mismo señor al día siguiente lo veías dando misa a las 8 de la mañana. Mi creencia en Dios quedó trastocada”, explica Joan Sisa, que pasó varios años en las instalaciones Llars Mundet de la capital catalana, un internado inaugurado por Franco para acoger a niños procedentes de familias desestructuradas.

Algunos de los afectados dan fe de la explotación laboral a la que fueron sometidos. “Yo fui vendido. Me sacaron del colegio y me llevaron a León a cuidar ganado a los montes completamente solo, con 13 años”, cuenta José Sobrino, uno de los afectados. “Nos hacían lavar de la mañana a la noche con sosa. Me quedaron las manos llenas de agujeros, con sangre y pus. En el colegio éramos esclavas”, afirma Isabel Perales sobre sus años en el centro religioso Ángeles Custodios de Bilbao.

Otros testimonios relatan palizas cotidianas y vejaciones delante de los demás niños. “Un aspecto en el que hemos incidido bastante es en que no se trataba de castigos que se estilaban en la época, como podía ser pegar con una regla en la mano en la escuela, sino que rayan la tortura: los apaleaban de forma cruel, los humillaban en público, de manera que les han quedado secuelas terroríficas o les daban una comida infecta y si vomitaban les obligaban a comérselo, con el discurso aquél de ‘con el dinero que nos costáis y lo que hacemos por vosotros’”, expone Armengou.

“Estamos hablando de mucha maldad, de mucho desprecio. Y un impacto muy fuerte para nosotros ha sido comprobar que este tipo de abusos tuvieron su auge en los 60 y 70, pero también se produjeron a principios de los 80. Con la amnistía del 77 mucha gente salió a la calle, pero en cambio estos niños continuaron encerrados en una especie de cárceles”, apunta.

La extensión del fenómeno

“El régimen franquista se encargaba de la beneficencia y la asistencia social, pero en la mayoría de casos era una beneficencia falsa, con ánimo de adoctrinamiento y formación ideológica. Además, había sido el régimen el que había creado esa situación: niños desvalidos porque los padres estaban en las cárceles, o porque se habían separado y la madre perdía la custodia, incluso abandonados porque la madre no podía soportar el estigma de ser madre soltera”, detalla Armengou. “Existía un organismo terrorífico, el Patronato de Protección de la Mujer, que se creó, textualmente, para ‘proteger a la mujer caída o en riesgo de caer’; pero ese centro que iba encaminado a la prevención de la prostitución acabó siendo un contenedor donde fueron a caer niñas en exclusión social, adolescentes con inquietudes políticas, o menores que habían sido violadas por algún familiar y se habían quedado embarazadas. A quienes encerraban era a las víctimas”, subraya la documentalista.

A pesar de no ser un fenómeno que sucediera en todos los internados, colegios religiosos, orfanatos, preventorios antituberculosos o centros de Auxilio Social, los casos de abusos físicos, psíquicos, sexuales, de explotación laboral y prácticas médicas dudosas ocurrieron en multitud de ellos. Tanto que después de elaborar documentales como Los niños perdidos del franquismo, Las fosas del silencio o el retrato del Valle de los Caídos Abuelo, te sacaré de aquí, es el trabajo con el que sus autores se han encontrado más casos entre conocidos y allegados. “Mucha gente nos ha dicho que su padre, su hermano, un amigo… ha pasado alguna experiencia no demasiado agradable en uno de esos internados. Es el documental en el que nos ha pasado más”, asegura Armengou.

Los autores del documental contactaron con algunos de los presuntos responsables de esos abusos para corroborar las historias y contrastar información, pero estos no aparecen en la cinta, que se centra en dar voz a las víctimas. Algunas de ellas se encuentran adheridas a la querella argentina por los crímenes del franquismo, pues afirman no creer en la justicia española. Hubo quien recientemente acudió a la justicia eclesiástica que, “aunque parezca extraño, es mucho más dura que la civil para casos de abusos, con plazos de prescripción mucho más amplios”, señala Armengou, aunque los casos se cerraron al haber fallecido los presuntos culpables.

Al contrario de lo que sucedió en Irlanda, donde tanto el Estado como la Iglesia han condenado los casos de abusos a menores, en España el Estado ni siquiera ha escuchado a las víctimas. Es mediante trabajos como éste que, por primera vez, sienten que alguien se interesa por ellos y se atreven a desvelar sus traumas. Armengou destaca el cariño que reciben por ese trabajo: “Una vez más nos hemos encontrado unas muestras de agradecimiento brutales por parte de la gente. Con todas las dificultades continuamos haciendo una apuesta por estos temas, pero es increíble que tengamos que seguir haciendo de bomberos, de UVI y de primeros auxilios sobre la verdad y la reparación en este país. A nivel profesional es muy enriquecedor. Pero como ciudadana es una vergüenza”.

La policía alemana reprime una manifestación antifascista

La semana pasada la policía alemana se enfrentó con los antifascistas que protestaban en Berlín contra el grupo fascista antislámico Pegida. Los antifascistas fueron atacados por la policía y obligados a dispersarse en el lugar de la manifestación al lado del río Spree, donde se desplegaron cerca de 1.000 antidisturbios para impedir el agrupamiento de los antifascistas.

Esta manifestación se celebró en respuesta a otra, que se estaba llevando a cabo simultáneamente por los miembros de Pegida, que se reunieron cerca de la estación central de trenes de Berlín.

Los fascistas se reunieron frente a una tribuna improvisada para escuchar los discursos xenófobos. Portaban banderas de Alemania y nazis gritando consignas contra la canciller Angela Merkel.

El dirigente del Partido Nacional Demócrata de Alemania, Sebastián Schmidtke, el mayor partido neonazi desde 1945, fue visto entre la multitud junto con miembros del grupo “Ciudadanía del Reich”, una organización sectaria que reclama el Reich alemán y sostiene que el mismo sigue existiendo e incluso emite pasaportes en su nombre.

En un momento, un grupo de antifascistas salió de la estación lanzándose contra los neonazis. Los enfrentamientos estallaron, con algunas personas lanzando botellas de vidrio.

Las manifestaciones en Berlín fueron programadas para el 70 aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial.

Los fascistas se pelean hasta con su padre

Le Pen en sus viejos tiempos
El fundador y presidente de honor del partido fascista Frente Nacional, Jean-Marie Le Pen, ha denunciado la «traición» cometida por su hija al suspenderle de militancia, al tiempo que le ha exigido que no siga utilizando su apellido. «Es vergonzoso que lleve mi apellido», ha afirmado Le Pen después de que el Consejo Político de su partido decidiera el lunes suspenderle de militancia a la espera de que la decisión sea ratificada en una asamblea general extraordinaria.

Le Pen ha asegurado que su hija ha incurrido en una «traición» al suspenderle y ha prometido presentar todos los recursos posibles, además de advertir de que los seguidores del Frente Nacional estarán «indignados» con esa decisión. Además, le ha reclamado a la líder del partido fascista que deje de usar su apellido. «Es vergonzoso que la presidenta del Frente Nacional lleve mi apellido y, de hecho, me gustaría que lo perdiera lo antes posible. Esto puede hacerse ya casándose con su pareja o tal vez con el señor Philippot o con otra persona», ha afirmado, en referencia al “número dos” del Frente Nacional, uno de los más críticos con Le Pen padre. «No quiero que la presidenta del Frente Nacional se apellide Le Pen», ha subrayado.

«Ha tratado a su padre y presidente fundador del Frente Nacional de una manera absolutamente indignante», ha afirmado, antes de contestar a la pregunta de si repudia a su hija con un rotundo: «¡Por supuesto!» Le Pen ha asegurado que no tiene intención de retirarse de la vida política. «No estoy en absoluto político jubilado y no tengo intención de retirarme», ha dicho. Preguntado sobre si espera que su hija gane con el Frente Nacional las próximas elecciones presidenciales, en 2017, ha asegurado que, «por el momento», «no» porque sería «escandoloso» que sus principios morales rijan los destinos de Francia.

Los fascistas franceses se caracterizan por su xenofobia, especialmente respecto a los magrebíes, a los que pretenden expulsar de Francia. Cuando era un joven diputado gaullista, Le Pen abandonó su escaño en la Asamblea francesa para combatir a los independentistas argelinos. Fue oficial de inteligencia, condecorado con la Cruz al valor militar y no le importó confesar que torturó a los detenidos “porque había que hacerlo”. Pero entonces, cuando Argelia formaba parte de Francia, Le Pen llamaba a los argelinos a instalarse en el Viejo Continente. En un discurso épico pronunciado el 28 de enero de 1958 en la Asamblea francesa Le Pen dijo:

«Lo que hay que decir a los argelinos no es que ellos necesitan a Francia sino que es Francia quien les necesita a ellos. Hay que decirles que no son una carga, o que si lo son por ahora, serán la parte dinámica y la sangre joven de una nación francesa en la que les habremos de integrar. Afirmo que en la religión musulmana nada se opone desde el punto de vista moral para el creyente o practicante se convierta en un ciudadano francés completo. Por el contrario, en lo esencial, sus preceptos son los mismos que los de la religión cristiana, fundamento de la civilización occidental. Por otra parte, no creo que haya más de raza argelina que de raza francesa […] Concluyo: ofrezcamos a los musulmanes de Argelia la entrada y la integración en una Francia dinámica. En lugar de decirles, como hacemos ahora, ‘Ustedes nos cuestan muy caros, ustedes son una carga’, digámosles, ‘Les necesitamos. Ustedes son la juventud de la nación’ […] ¿Cómo puede un país que siempre se ha quejado de no tener suficientes jóvenes, devaluar el hecho de tener cinco o seis millones de dólares?»

Donde dije digo… Los fascistas nunca ha tenido vergüenza. Lo pueden oir en vivo y en directo. La estampa de un joven fascista con un parche en el ojo llamando a los argelinos a viajar a Francia, no tiene desperdicio:

Los neonazis atacan las manifestaciones del Primero de Mayo en Alemania

En Alemania un grupo de unos 50 neonazis irrumpió en una concentración sindical del Primero de Mayo en la ciudad de Weimar en la que asaltaron la tribuna, arrebataron el micrófono al orador y provocaron un tumulto en el que resultaron heridas cuatro personas.

El ataque se produjo mientras se dirigía a las alrededor de 200 personas presentes en el acto el diputado socialdemócrata en el Bundestag, Carsten Schneider, sobre el que los nazis se lanzaron gritando proclamas reaccionarias.

La policía detuvo a 29 personas, mientras que el propio Schneider describió a los neonazis como «altamente agresivos» en su cuenta en Twitter.

La Policía, que en un primer momento habló de quince heridos, rebajó posteriormente la cifra a cuatro, uno de ellos trasladado al hospital.

Los incidentes ocurrieron sobre las 9 de la mañana cuando estaba prevista la intervención del diputado, así como la de otros políticos del partido La Izquierda y representantes de la Confederación de Sindicatos Alemanes.

Entre las pancartas que portaban los atacantes había una correspondiente a los Jóvenes Nacional Democráticos, la rama juvenil del partido del Partido Nacional Democrático (NPD) y otras con mensajes contra los sindicatos.

En el acto sólo había sólo un coche patrulla, mientras que se habían desplegados amplios dispositivos en la capital del estado, Erfurt, y en la localidad de Saalfeld, donde había convocadas sendas marchas fascistas.

La jornada del Primero de Mayo está considera de alta conflictividad en Alemania, por confluir en ella tanto las tradicionales concentraciones de los sindicatos, como otras de los antifascistas y también de neonazis.

En Berlín, menos de 50 seguidores del neonazi NPD acudieron a la manifestación convocada en un barrio apartado del este de la capital alemana, donde asimismo se habían concentrado centenares de jóvenes antifascistas dispuestos a salirles al paso.

La asimismo habitual concentración antifascista de la víspera, en la llamada Noche de Wallpurgis, discurrió pacíficamente, con apenas algún incidente aislado y en medio de un gran despliegue policial, en previsión de altercados como los registrados en años anteriores.

La atención de la policía, que ha desplegado hoy 6.900 agentes en la capital, se centra asimismo en la marcha del «Primero de Mayo Revolucionario» por el distrito multiétnico berlinés de Kreuzberg, que desde los años 80 suele desembocar en duras batallas campales.

¡ Muera la inteligencia !

Ataques contra las librerías en la España de la transición

A lo largo de la transición las librerías de las ciudades españolas fueron testigo de una escalada de agresiones sin precedentes por parte de grupos fascistas apoyados por los aparatos represivos del Estado, dentro de una «estrategia de la tensión» destinada a sembrar el pánico y paralizar el movimiento de masas.

El 6 de mayo de 1976 el diario El País titulaba una noticia: «Un centenar de atentados a librerías españolas». Unos días más tarde titulaba otra: «Una librería asaltada cada dos semanas». Nada menos que 33 establecimientos habían sido destrozados en los últimos 16 meses después de la muerte de Franco. La prensa de la época hablaba de «ola», «espiral» o «escalada» y el período que se extiende desde la muerte de Franco fue calificado como una «etapa negra» para los libreros. Las cifras utilizadas ascienden a 200 establecimientos afectados.

Algunas librerías son objeto de ataques en varias ocasiones, así como de intimidaciones de diverso grado, convirtiéndose en víctimas múltiples. La librería Tres i Quatre de Valencia ostenta un récord: el número de ataques fascistas más alto de Europa. A finales de 1976 había sufrido siete atentados. Otra librería, Pórtico, de Zaragoza, era veterana en agresiones: tuvo su primer ataque en 1946 y tres décadas después acumulaba ya cinco en pocos meses. La dos librerías Antonio Machado, tanto la de Sevilla como la de Madrid, también fueron atacadas en muchas ocasiones por los fascistas.

La librería Rafael Alberti de Madrid padeció cinco ataques. A finales de abril de 1976 provocó la cólera de los fascistas tras organizar un acto en el que el cantaor Manuel Gerena firmó sus obras. Primero les enviaron un anónimo: «Lo de Manuel Gerena ha colmado nuestra paciencia. Pronto os visitaremos». Ese primer anónimo se saldó con dos atentados el 30 de abril y el 8 de junio, que destruyeron completamente la librería siete meses después. En el primero utilizaron piedras para romper las lunas, que luego sustituyeron por un bloque de hormigón traído de alguna obra cercana, dada la ineficacia de las piedras. El bloque de hormigón, ante la resistencia de las lunas, tampoco fue eficaz, por lo que utilizaron las pistolas. Se identificaron cinco disparos que consiguieron perforar una de las cinco láminas de las lunas. Luego utilizaron una barra puntiaguda y un martillo. La finalidad era hacer un agujero para introducir una carga explosiva.

La librería fue víctima de dos atentados más. El 9 de julio los fascistas pintaron las paredes de la librería con varias cruces gamadas y una amenaza: «Volveremos». Finalmente estuvieron a punto de perforar con un punzón la luna antibalas. Tras nuevas amenazas de muerte contra el propietario el 14 de octubre y el 6 de noviembre, la librería fue objeto de un incendio. Para ello introdujeron gasolina bajo la puerta y prendieron fuego después.

Los ataques violentos sólo eran la punta de un iceberg. Además las librerías, revistas y periódicos debían hacer frente a los controles de la censura y a los riesgos de secuestros y de multas que la todavía vigente Ley de Prensa de 1966 albergaba.

Durante la transición los libreros fueron amenazados  permanentemente. Los fascistas les intimidaron y llenaron sus escaparates de pintadas. La amenaza iba a menudo acompañada de pintadas y el cóctel molotov era avalado por la presencia de cruces gamadas.

Los fascistas justificaban sus crímenes por la presencia en todas las librerías españolas de autores marxistas y progresistas en detrimento de los títulos de los escritores reaccionarios como Menéndez Pelayo, Maeztu, José Antonio y Onésimo Redondo.

En noviembre de 1971 se produjo el primero de los ataques, dirigido contra la librería «Cinc d’Oros» de Barcelona. En esta ocasión varios cócteles Molotov contra los escaparates del establecimiento provocaron un incendio ocasionando la destrucción de libros pero también de una reproducción del «Guernica» de Picasso.

En febrero de 1972 un segundo ataque esta vez contra la librería «Antonio Machado» de Madrid ocasionó el destrozo de las lunas de los escaparates y una serie de pintadas insultantes.

A partir de mayo de 1973 las acciones violentas comenzaron a extenderse a otros centros de interés relacionados con la cultura como revistas, editoriales y distribuidoras. Así, «El Ciervo» (1973), «Nova Terra» (1973), y «Enlace» (3 de julio de 1974) respectivamente, fueron objeto de incendios con consecuencias cada vez mayores.

En la madrugada del 14 de octubre de 1975 explotó una bomba en la sede de la editorial Ruedo Ibérico de París. El atentado no constituía un acto aislado contra editoriales en Francia ya que otras empresas habían sufrido la misma suerte: la editorial vasca de Hendaya Mugalde en dos ocasiones, en abril y mayo; la librería «Naparra» en Biarritz, y en París, las Ediciones Ebro.

Tras la muerte de Franco, 1976 fue el año el más intenso en acciones terroristas. De mayo a diciembre se produjeron 55 atentados a librerías, frente a 25 durante los meses de enero a junio del año 1977. Se trataba del envío de anónimos, amenazas verbales, llamadas telefónicas anunciando estallidos de artefactos, incendios provocados, ráfagas de metralleta, lanzamiento de botes de tinta y colocación de cargas explosivas, cuando no utilizan los excrementos para embadurnar los escaparates de las librerías.

El alcance de los ataques a las libdrerías queda claro en el siguiente telegrama de 1976, firmado por 27 librerías madrileñas y dirigido a los libreros afectados: «Frente actual escalada violencia extrema derecha, que alcanza a todos los pueblos de la Península, enviamos mensaje solidaridad y hacemos constar indignación ante impunidad de los hechos».

Es otra de las constantes que aparece siempre en el terror fascista de la transición: la impunidad de los criminales. La policía se cruza de brazos y los periódicos se limitan a utilizar términos tales como «unos desconocidos» o «incontrolados».

Sólo hubo una detención, que correspondió al incendio de la ya mencionada librería «Rafael Alberti» de Madrid. Sus autores fueron José Alberto García, Alfonso Moreno, Ricardo Manteca y Francisco José Alemany. Eran los mismos que el 5 de noviembre de 1971 destruyeron la galería de arte Theo, comprendidas una serie de litografías de Pablo Picasso. Aunque la prensa reveló entonces la identidad de los fascistas, en ningún momento establecieron sus vínculos con los servicios de información del franquismo, de la Guardia Civil, del Estado Mayor y de la Presidencia del Gobierno. Sus autores eran agentes de la policía de Madrid: Francisco José Alemany había sido informador de la policía en la universidad y Ricardo Manteca era un asalariado de la Dirección General de Seguridad. La ultraderecha siempre estuvo muy bien controlada.

La impunidad estuvo rodeada de una constelación absurda de siglas que fueron otras tantas cortinas de humo. En cuatro ocasiones la autoría la reivindica un supuesto «Comando Adolfo Hitler». Otra referencia que aparece con cierta frecuencia en los artículos de opinión es la de los Guerrilleros de Cristo Rey y las siglas GAS pertenecientes a los Grupos de Acción Sindical.

Las compañías de seguros se negaron a pagar los destrozos provocados y a cubrir el coste de las reparaciones por el carácter extraordinario de los daños, por lo que la indemnización recaía en el Consorcio de Reasegurados, compañía estatal dependiente del Ministerio de Hacienda que cobraba el 15 por ciento correspondiente a las primas de los seguros normales.

Ahora bien, para que tales indemnizaciones fueran acordadas era necesario un certificado de la policía como prueba del carácter político de los actos violentos cometidos. La condición previa al pago era que los culpables hubieran sido detenidos y condenados por un juez, lo cual no existió nunca tras alguno de los cientos de atentados.

Los ataques a las librerías nunca han cesado. En 1980 los fascistas volvieron a atacar la librería La Oveja Negra en el barrio de Quintana, en Madrid, que ya había sido atacada cuatro años antes. Unos quince o veinte fascistas armados con bates de béisbol y cadenas profirieron gritos fundamentalistas de «¡Viva Cristo Rey!» y otros similares, arrojando una papelera a su interior y rompiendo las lunas. Uno de los cristales rotos hirió en la mano a una de las trabajadoras.

En 2005 se produjo otro ataque en Madrid cuando varias decenas de fascistas irrumpieron en la librería Crisol para reventar el acto de presentación del libro «Historia de las dos Españas», agrediendo violentamente a los asistentes y destrozando el local.

A los asistentes los fascistas les metieron panfletos en la boca, además de zarandear e intentar agredirles, entre gritos de “asesinos”, “genocidas”, patadas por doquier, y destrozos de las estanterías repletas de libros.

Uno de los atacantes era un sargento en activo del Ejército de Tierra. Todos ellos eran miembros de Falange Española.

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