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El racismo y el fascismo se han convertido en una plaga en Suecia

Un artículo publicado por el diario británico The Guardian narra el incidente padecido por Kyle James, un afroamericano que fue expulsado en julio de un club de Estocolmo por dos vigilantes jurados, que le golpearon y le agredieron con gas pimienta.

Posteriormente, la policía sueca detuvo a James, que fue acusado de haber golpeado a uno de los agentes de seguridad, y tras obligarle a despojarse de su ropa, fue encerrado en una celda desnudo durante horas. Según James, «fue una de las experiencias más humillantes de mi vida».

«Siempre tuve la percepción de que la gente era liberal y de mente abierta en Escandinavia, pero ni siquiera un animal debería ser tratado así», relató el afectado.

The Guardian recuerda que, según un informe de la ONU presentado el pasado lunes al Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el aumento de la violencia racista en Suecia, particularmente contra los ciudadanos procedentes de África, es «un problema social».

Los crímenes racistas hacia los suecos de origen africano se incrementaron más de un 40 por ciento entre 2008 y 2014, según cifras oficiales del Consejo Nacional de Prevención del Crimen de Suecia.

Christer Mattson, director del Instituto Segerstedt –un observatorio del fascismo dependiente de la Universidad de Gotemburgo– denuncia a The Guardian la situación, agregando que Suecia no ha debatido suficientemente su pasado racista.

Lo mismo que en el III Reich, en Suecia se aprobaron leyes eugenésicas que permitían esterilizar a la población por motivos raciales. Pero si en Alemania cayó el III Reich, en Suecia no. Las leyes racistas estuvieron vigentes hasta los años sesenta. En 1996 los socialdemócratas se opusieron a una ley para indemnizar a las víctimas de la eugenesia, que no se pudo aprobar hasta 1999.

¿Quién llevó a Hitler al poder en Alemania?

Hitler en 1919, cuando era cabo
Desde 1945 muchos se han preguntado los motivos por los cuales Hitler, un oscuro cabo del ejército, pudo hacerse con las riendas de un país como Alemania. Para la historiografía burguesa Hitler es un personaje desconectado de la situación política y social en Alemania, de la crisis del capitalismo y de la clase social de la fue un fiel servidor.

Hurgan en la biografía para eludir la historia, pero ni siquiera así llegan a las claves del fascismo y la transición de la República de Weimar al III Reich. En mayo de 1919, Alemania había perdido la Primera Guerra Mundial y entre las filas de los derrotados estaba el capitán Karl Mayr, que dirigía la sección de inteligencia del ejército bávaro.

La derrota alemana coincidió con la Revolución de Octubre y el desarrollo incontenible del movimiento obrero, que obtuvo una victoria efímera en Munich emulando a los soviets durante algunas semanas. No es ninguna casualidad que Munich sea el centro del movimiento obrero y, al mismo tiempo, el lugar de nacimiento del partido nazi. En la lucha de clases, la revolución y la contrarrevolución ocupan el mismo lugar.

En medio de aquella refriega el capitán Mayr reclutaba agentes fiables para luchar contra el bolchevismo, es decir, tanto contra el poder soviético como contra la clase obrera local. Uno de sus primeros agentes fue Hitler, entonces un cabo del ejército de 30 años de edad.

Por lo tanto, desde el principio de la biografía de Hitler aparecen varias de las claves de lo que ocurriría después: Hitler formaba parte del aparato del Estado; era un militar reclutado para trabajar clandestinamente contra el movimiento revolucionario.

Había sido elegido representante adjunto de su Regimiento, por lo que era conocido dentro de los cuarteles y trabajaba en el contraespionaje. Investigaba la actuación de las tropas durante la etapa del gobierno revolucionario de 1919 a fin de proceder a una depuración de las tropas de elementos proclives al movimiento obrero. El Estado alemán trataba de impedir que se produjera una confluencia de los trabajadores con las tropas, como había ocurrido en Rusia en 1917.

Como decía Mayr, era un perro fiel, donde tan importante como lo de perro era lo de fiel. Sabía servir a sus jefes en el cuartel, que le enviaron durante una semana a la Universidad de Munich para hacer un cursillo de “instrucción antibolchevique”. Allí le dio clases un oscuro economista, Gottfried Feder, cuyos conocimientos no iban más allá de criticar al capital improductivo de los negocios judíos. Luego Feder siguió los pasos de su antiguo alumno y se convirtió en uno de los economistas del partido nazi.

Tras el cursillo, el capitán Mayr le envía al cabo Hitler para que espiara a los antiguos prisioneros de guerra, considerados como poco fiables. La operación se lleva a cabo en forma de un curso de instrucción política del ejército. Hitler convierte las lecciones en otras tantas arengas patrioteras y demagógicas que luego le hicieron famoso.

El cabo se convierte en un perrito faldero del capitán Mayr, que en setiembre de 1919 le envía a vigilar a uno de tantos partidos ultrapatrioteros que tanto abundaban entonces en Alemania: el Partido Obrero Alemán. Pero, como siempre en el mundillo del espionaje, tras el encargo había una segunda intención bajo cuerda. Se trataba de financiar secretamente con fondos del gobierno a dicho partido para desconcertar al movimiento obrero con una organización que se presentaba como “proletaria”, convirtiéndola en una fuerza de choque dirigida en contra de los propios trabajadores.

Hitler llevó a cabo tan puntualmente su tarea que, posteriormente, pasó a dirigir dicho Partido, convirtiéndolo en el embrión del NSDAP, el partido nazi. Por lo tanto, las organizaciones nazis no son nada diferentes de los aparatos del estado y, en particular, de sus más sucias cloacas, como el espionaje militar. Luego no se puede luchar contra un perro, los grupos fascistas, sin lugar al mismo tiempo contra el amo que sujeta las riendas, el Estado burgués.

Dentro de un partido “obrero” Hitler comienza como infiltrado del servicio de inteligencia del ejército, permaneciendo durante seis meses, hasta marzo de 1920. Entonces comienza a ser conocido en las tabernas de Munich, donde lanza sus fantasmales discursos antibolcheviques.

Pero a Hitler le faltaban más apoyos para llegar a la cumbre. Sin ellos se hubiera quedado relegado a la condición de espía cuartelero. El primero de ellos es el de la burguesía monopolista, que es muy selectiva y nunca hubiera admitido la presencia de un cabo mediocre sin la intervención de influyentes padrinos. Uno de los primeros padrinos fue el poeta reaccionario y antisemita Dietrich Eckart que, además de escribir, era un monopolista con un periódico a su disposición. No fue el único.

En aquellos primeros años de la carrera de Hitler desempeñó un papel fundamental Ernst Röhm, el jefe de los escuadrones SA del partido nazi. Röhm era un antiguo oficial del ejército que hacía de matón para la patronal en las manifestaciones obreras de Munich. Dirigía y pagaba a la escoria de mamporreros que boicoteaba las movilizaciones revolucionarias.

Lo mismo que Hitler y todas las bandas fascistas, Röhm no trabajaba por su cuenta. También tenía una doble condición: era un agente del ejército alemán que es quien pone el dinero para que Hitler compre su primer periódico. Con tan sólidos apoyos en la burguesía y el ejército, en 1923 el partido nazi llega a los 50.000 militantes, la mayor parte de ellos en Baviera.

Toda va viento en popa para aquellos primeros nazis y la euforia les hace cometer un error de cálculo: el intento de golpe de Estado de 9 de noviembre de 1923, del que aún no se ha relatado la parte fundamental, a saber, que dicho golpe no era responsabilidad de los nazis sino del ejército. Los primeros no eran otra cosa que la tapadera de los segundos. Los hilos fascistas se mueven siempre entre bastidores.

En el intento de golpe murieron 20 personas, entre ellos 4 policías. En cualesquiera otras circunstancias, un delito de esa naturaleza les hubiera costado a los autores una condena de por vida, pero lo mismo que el espionaje, la justicia burguesa tiene una doble vara de medir y el juicio se convirtió en una farsa. Hitler tenía el apoyo de una parte del Tribunal Supremo de Bavaria, que estaban de acuerdo con el golpe de Estado y trataron de ocultar a los verdaderos responsables en el ejército.

En tales circunstancias, la sentencia fue la que cabía esperar: sólo cinco años de cárcel para 20 muertos más un intento de golpe de Estado. Más allá de los papeles judiciales, la realidad fue aún más cruda: Hitler sólo estuvo 13 meses en la cárcel.

En tiempos de crisis el tiempo pasa tan rápido que el salir a la calle, nadie se acordaba ya de Hitler y nadie le necesitaba. En 1928 del partido nazi era marginal; sólo obtuvo el 2,6 por ciento de los votos.

La crisis del año siguiente les puso otra vez en la primera línea. La burguesía volvía a necesitar a su punta de lanza: los nazis. En 1930 los votos suben al 18,3 por ciento y dos años más tarde es el primer partido parlamentario con el 37,4 por ciento de los sufragios. Pero Hindenburg no quiere nombrar a Hitler al frente de la cancillería y a partir de ahí el partido nazi empieza a declinar. En 1932 pierde dos millones de votos.

El Führer todavía necesita de un último empujón por parte de la gran burguesía. En aquel delicado momento su padrino será el aristócrata Franz von Papen, que convence a Hindenburg para que entregue a Hitler las riendas del gobierno. No hay que tenerle miedo, le dice Von Papen a Hindenburg: “Lo tenemos bajo nuestro control”.

También para la gran burguesía, Hitler no era más que eso: otro perro fiel.

Los nazis se apoderan de los barrios obreros de Madrid

Ayer unos 500 neonazis, ligados al Hogar Social Ramiro Ledesma, procedentes de varias zonas de Madrid y alrededores (Toledo, Zaragoza e incluso algunos neofascistas italianos vinculados a Casapound), se manifestaron en los barrios obreros del norte de Madrid, como Tetuán, gritando consignas nazis y racistas, portando banderas fascistas y del partido neonazi griego Amanecer Dorado.

Además de un barrio de clase trabajadora, Tetuán tiene una importante población emigrante que los nazis querían atacar. El lema de la manifestación ya indicaba el sentido xenófobo: “Por los derechos sociales de los nacionales”. Una de las pancartas que encabezaban la manifestación rezaba “Españoles welcome”.

Los nazis impusieron sus nuevas normas de camuflaje a los manifestantes, especialmente sobre vestimenta. El discurso fascista y xenófobo se quiere modernizar. Por ejemplo, no admitían las banderas fascistas con el agilucho. Sin embargo, después de terminar la manifestación, ya había constancia de una agresión a un joven al que el Samur tuvo que atender por una brecha en la cabeza. Pocos minutos después, un ciudadano de origen chino también ha sido agredido. La cacería había comenzado.

La manifestación neonazi de este sábado dejó bien a las claras la debilidad del movimiento antifascista madrileño y, en especial, de la Coordinadora Antifascista de Madrid. No hubo respuesta. Dejaron al barrio en manos de los nazis.

La Coordinadora Antifascista de Madrid pidió a la Delegación de Gobierno, con carácter de urgencia, una manifestación para el sábado por la tarde bajo el lema “Racismo no. Refugiadas bienvenidas” por las misma calles del barrio de Tetuán. La convocatoria circuló por redes sociales, como Twitter, con cartel incluido.

La delegada de Gobierno prohibió la marcha antifascista por “cuestiones de forma” y la Coordinadora obedeció, desconvocando la manifestación. Es un gravísimo error que la Coordinadora se debería replantear.

A quienes no entienden aún lo que es el fascismo hay que recordarles que la lucha contra el fascismo no es sólo contra tinglados como el Hogar Social Ramiro Ledesma, sino contra la otra cara de la misma moneda: la delegada del gobierno que prohíbe la manifestación, Concepción Dancausa, hija de Fernando Dancausa, alcalde falangista de Burgos en los últimos años del franquismo y fundador de la Fundación Francisco Franco.

Entre el 27 de setiembre y el 1 de octubre

Hace 40 años, el 27 de setiembre de 1975, el fascismo llevó a cabo los fusilamientos de cinco militantes de ETA y el FRAP: Humberto Baena, Sánchez Bravo, Otaegi, Txiki y Ramón García Sanz. Fue la culminación de un verano de terror, de represión abierta que supuso una verdadera prueba de fuerza entre el régimen y las masas populares, especialmente, la clase obrera.

La calle estaba en plena ebullición. En junio la clase obrera había asestado el primer golpe serio a la política “democratizadora” del franquismo con el boicot a las elecciones del sindicato oficial. El régimen se sentía completamente acorralado y abocado a un colapso total, de ahí que intentara tomar la iniciativa antes de verse desbordado; y a tal fin lanza la cruzada terrorista del verano para intimidar a las masas y sacar a delante sus planes “democratizadores” a costa de la sangre y la muerte de los antifascistas.

Durante los meses de julio y agosto se produjeron detenciones masivas en las principales ciudades del país. La policía salió a la calle haciendo grandes alardes de fuerza, se produjeron tiroteos en Madrid y Barcelona donde fueron detenidos varios militantes de ETA y, en Ferrol, Moncho Reboiras cayó asesinado por los disparos la policía.

Complementando esta ofensiva terrorista del Gobierno, la prensa y la radio, puestas enteramente a su servicio, desataron una frenética campaña propagandística, del más puro estilo nazi, jaleando esta oleada de detenciones y de terror, al objeto de sembrar el pánico entre las masas trabajadoras para paralizarlas.

Pero también el régimen sufre las consecuencias de estos actos represivos siendo tiroteados varios policías y guardias civiles por los grupos armados revolucionarios y patriotas. Sin embargo, el gobierno no abandona por eso su política de terror.

El 22 de agosto de aquel año en el Consejo de Ministros celebrado en La Coruña presidido por Franco, el gobierno promulga un decreto antiterrorista que supone un estado de excepción en toda España y la sentencia de muerte de numerosos antifascistas. Así el régimen espera asegurar su continuidad por medio del terror sistemático, ejercido contra las masas y lanza a todas sus fuerzas represivas a la calle.

Aunque los medios de comunicación y los oportunistas a su servicio se afanan en decir que el 27 de setiembre de 1975 se produjeron los “últimos” fusilamientos del franquismo, en realidad, luego han seguido fusilando a los antifascistas de diversas maneras, una legales y otras ilegales. Entre 1975 y 1985 murieron unos 600 antifascistas de diversas organizaciones por disparos de la policía y otras acciones represivas.

En parte los franquistas lograron intimidar a los revisionistas y demás grupos oportunistas de izquierda. Hasta aquel verano habían convocado huelgas cada dos por tres para la reconciliación con los explotadores y criminales, pero entonces desaparecieron de la escena asustados.

Con la concentración fascista del 1 de octubre en la Plaza de Oriente, en Madrid, el régimen quería salir al paso de la oleada de protestas populares que a raíz de los fusilamientos, sacudió a toda Europa en solidaridad con la lucha antifascista y proseguir luego tranquilamente con su política. Pero ese mismo día, en las mismas calles de Madrid en las que querían celebrar los asesinatos, los GRAPO abatieron a tiros a cuatro policías.

El régimen quería golpear y resultó golpeado. Cuando le dieron la noticia de la acción, Franco no pudo terminar su discurso –que sería el último- y rompió a llorar en balcón del Palacio Real. Fue uno de los golpes más duro de su sanguinaria historia, declarándose desde ese momento en completa bancarrota, pues uno de sus principales objetivos, mantenerse mediante la política de terror, quedó claro que no se iba a conseguir y que, en lugar de aplastar al movimiento de resistencia con dicha política, éste se incrementaba y tomaba más fuerza.

Donde hay opresión siempre hay resistencia. Aquel verano de 1975 los GRAPO realizaron su primera acción armada, directamente dirigida contra la represión policial. Fue una de las acciones de mayor envergadura desde la desaparición de la guerrilla antifascista. Los GRAPO no reivindicaron entonces aquellas primeras actuaciones. No difunden su primer comunicado hasta el 18 de julio de 1976, casi un año más tarde, tras la explosión en todo el país de unas cuarenta bombas contra monumentos e instituciones fascistas.

La campaña desatada por el fascismo no fue una prueba de su fortaleza, sino un claro síntoma de su extrema debilidad. Bastaba con enfrentarla resueltamente para que se viniera abajo. Había, pues, que enfrentarla y fue enfrentada de la forma más valerosa. Nada más comenzar esta campaña terrorista del Gobierno, el 21 de agosto habían caído acribillados a balazos dos guardias civiles en las cercanías del Canódromo madrileño, en el barrio de Carabanchel. Ninguna organización reivindicó entonces este hecho.

La ofensiva terrorista del régimen alcanza su techo con los fusilamientos del 27 de septiembre, y es entonces, después de la tempestad desatada en toda Europa y en el momento mismo en que las huestes fascistas celebran la matanza del 27 de septiembre ante su Caudillo, cuando cuatro comandos actúan simultáneamente en distintos puntos de Madrid y abaten a tiros a otros tantos policías.

La sorpresa en las esferas oficiales ante esta cadena de acciones armadas es total, y no pueden disimular el pánico que les infunde. Evidentemente, el gobierno había fracasado en su intento de frenar mediante el terror y los fusilamientos la oleada de lucha popular que empieza a desbordarlo. Se vinieron abajo los últimos intentos de la oligarquía española destinados a mantener intacto para después de la muerte de Franco el régimen creado por él. Este régimen no sólo no era ya capaz de contener con los viejos métodos fascistas las grandes oleadas de la lucha obrera y popular, sino que, además, se mostraba muy vulnerable. Acosado por todas partes, corroído por sus propias contradicciones internas, con la perspectiva de una mayor agravación de la crisis económica y con un fuerte movimiento huelguístico de tipo revolucionario respaldado por todo tipo de acciones armadas, la política “aperturista” preconizada por Arias Navarro se vino abajo como un castillo de naipes.

El régimen se vio obligado a parar en seco su política represiva. Se anulan los procesos militares pendientes y se aceleran las negociaciones con la oposición domesticada para perfilar un nuevo marco político, con el objeto de romper su aislamiento y, sobre todo, hacer frente al movimiento antifascista.

La muerte de Franco el 20 de noviembre de 1975 y la entronización inmediata de la monarquía borbónica arrastró consigo al gobierno Arias y su política aperturista, meses antes incluso de su dimisión formal en julio de 1976. Se derrumban los proyectos continuistas del franquismo, por lo que la oligarquía se ve obligada a retroceder, y ello en medio de la más aguda crisis de su régimen, de agravación de todas sus contradicciones internas y de una gran ofensiva de la lucha de masas acompañadas de acciones armadas guerrilleras.

Antes de desmoronarse definitivamente, el policía Arias formó un nuevo gobierno en el que incluía a personajes tan destacados en la represión y la demagogia del período anterior como Fraga, Areilza y Adolfo Suárez. Este nuevo gobierno hará algunas promesas de cambio y abundante demagogia. Trataron de continuar aplicando una nueva política. En el verano de 1975 los fascistas entendieron que no se podían mantener en el poder sólo con la represión y los fusilamientos; necesitaban algo más: la complicidad de los revisionistas, de los reformistas y los oportunistas de todos los pelajes.

Franco llorando el 1 de octubre de 1975

‘Machacar a Barcelona poco a poco’

Hoy se estrena el documental “Barcellona ferita aperta” dirigido por la periodista Mónica Uriel que relata los bombardeos de Barcelona por parte de la aviación fascista italiana durante la Guerra Civil. Fue una de las grandes vergüenzas de la “no intervención” de los países extranjeros en la Guerra, que aisló a la República, mientras permitió que los fascistas contaran con el apoyo de Alemania e Italia.

Los bombardeos los ordenó Mussolini personalmente con la expresión “martellamento diluito nel tempo”, o sea, “machacar poco a poco” a los habitantes la ciudad. El general fascista Francesco Pricolo escribió lo siguiente sobre los bombardeos de la aviación italiana en la guerra, y en Barcelona en particular:

Con los bombardeos aéreos “hay que crear una sensación de terror inmediato entre la población enemiga, destruyendo continuamente la ciudad, los centros urbanos, todas las fuentes de vida y someterlos a una pesadilla de la que no puedan despertar y que les obligará a rendirse […] Los periodistas extranjeros han reconocido que, si el bombardeo constante de Barcelona hubiera continuado a ese ritmo durante dos semanas más, ningún gobierno habría podido evitar la rendición total de la ciudad”.

La aviación fascista italiana ya había efectuado bombardeos a lo largo de la costa mediterránea española en varias ocasiones. A pesar de que los fascistas se llaman a si mismos “nacionales” permitían que alemanes (Gernika) e italianos (Barcelona) actuaran por su cuenta para matar a los que consideran como su mismo país.

En total murieron 2.500 personas en Barcelona, un millar de ellas en tres días, del 16 al 18 de marzo de 1938.

En el documental salen a la luz hechos poco conocidos como que la Italia democrática siguió recibiendo de España dinero por su participación en la guerra, una deuda de la que constan documentos oficiales que se muestran.

Fueron uno de los primeros bombardeos de saturación de la historia y el segundo que más muertos causó en la guerra española en una sola de las incursiones, tras el de Gernika.

En 2013 la Audiencia de Barcelona admitió a trámite una querella contra los pilotos italianos que participaron en los bombardeos. Las víctimas de los bombardeos de Barcelona efectuados por la Aviazione Legionaria italiana todavía esperan que Italia les pida perdón.

En 2008 Jesús Garay dirigió un documental con el título de “Mirando al cielo”, que se centra en los bombardeos del 17 de marzo, e incorpora material de la época, imágenes de los hechos y entrevistas con militares, historiadores y supervivientes.

http://vimeo.com/136814029
http://www.youtube.com/watch?v=q5mzijKEaGk

De cuando a los fachas no les gusta que les llamen fascistas

N.Bianchi
Suele decirse, sin rigor, que «los extremos se tocan» -en los años veinte del siglo pasado el monárquico dramaturgo Pedro Muñoz Seca, el inventor de la «astracanada», piezas bufas de humor dudoso (no su popular y exitosa «La venganza de Don Mendo»), y que fue fusilado en la guerra civil por los republicanos, estrenó, digo, «Los extremeños se tocan»– lo que coloca, a quien lo dice, en la sensatez, el equilibrio, la moderación morigerada y, acabáramos, en la equidistancia a carta cabal. Tan es así que esa postura mesocrática y ecléctica, aparentemente al menos, se aleja de, precisamente, pues eso: de los extremos. ¿Y quiénes forman esos «extremos»? Es sabido por público y notorio: los fascistas y los comunistas que, en sus «visiones y concepciones totalitarias» políticas, extremosas y extremistas, se tocan. Mejor el centro o la socialdemocracia fina y desalilada e incluso el apoliticismo y hasta la apatía (como dicen que ha ocurrido en las últimas elecciones en Grecia con una elevadísima abstención que la «sociología burguesa» achaca a la apatía en lo que no es sino una creciente toma de conciencia política traducida en la abstención, que no pasotismo ni apatía como la quieren pintar); «haga como yo: no se meta en política», dicen que decía el Caudillo (como chiste de humor negro no está mal, la verdad).

Quedamos, pues, que fascistas y comunistas son poco menos que iguales porque, de rijosos e irascibles que son, se tocan, gente desagradable y borde, pancarteros, gritones que se creen que la calle es suya (cuando siempre fue de Fraga) y no de la mesurada, modesta y trabajadora «ciudadanía» (yo creía que en un Reino lo que hay son «súbditos» como los Señores feudales tenían «vasallos»). Pues fale, pues bueno, pues muy bien, oiga, pero una diferencia advertimos al menos y es esta, a saber, que así como a los fachas no les gusta -o no se dan por aludidos- que les llamen lo que son, o sea, fascistas, porque ellos lo que son, sobre todo, son «demócratas» con sus puntos de vista diferentes y blablablá, que eso es la democracia y tal y tal… Un «contraste de pareceres», como se decía en el tardofranquismo cuando ya se estaba cocinando lo que luego sería el timo de la Transición de la dictadura a la democracia y esas hierbas. No me imagino a José Antonio Primo de Rivera, fundador del fascismo español en la II República -fusilado en Alicante con poco menos que la aquiescencia de Franco, que se hizo el loco cuando se pedía un canje- renegando de su condición de «fascista» cuando lo llamaban así; al contrario, y aunque él siempre negó -que es distinto a renegar- que lo fuera, estoy por pensar que en su fuero interno lo tendría a gala y orgullo. Son hoy sus herederos falangistas los conversos que reniegan de sus pasado falangista-fascista para convertirse, camaleónicamente, en «demócratas» que, encima, tienen el tupé y el morro de llamar «comunistas» a los comunistas como si fuera un insulto. Y aquí la gran diferencia: que a los comunistas nos llamen comunistas, lejos de agraviarnos, nos colma pues no lo escondemos, y ello a sabiendas que somos los primeros en recibir las ostias de la represión que sabe distinguir muy bien quién es su enemigo real y quién su amigo aliado: fachas declarados y los no declarados que fingen escandalizarse cuando les llaman lo que son (y niegan): fascistas.

Los nazis drogaban a sus tropas para enviarlas a la guerra

Después de cinco años de investigar en archivos alemanes, el periodista y escritor alemán Norman Ohler acaba de presentar su último libro de investigación “La borrachera total. Las drogas en el Tercer Reich”. Según Ohler, Hitler, al que siempre describen como abstemio, dio órdenes de que estimularan a sus tropas con Pervitín, una metanfetamina conocida actualmente como “cristal” o “speed”. Entonces se vendía libremente en cualquier farmacia y se convirtió en la droga típica del II Reich.

Ohler ha estudiado documentos que hasta ahora habían permanecidos bloqueados y ha hablado con testigos presenciales, historiadores militares y médicos. El resultado es un libro de hechos precisos, revisado por el historiador Hans Mommsen, que ha escrito el epílogo.

Además de drogar a sus huestes, Hitler también comenzó a drogarse él mismo. Cuando en el invierno de 1944 ordenó su última ofensiva, hacía mucho tiempo que no pasaba ni un solo día sobrio. Casi incesantemente su médico personal Theodor Morell le inyectaba una variedad de drogas y preparados hormonales.

Entre abril y julio de 1940, más de 35 millones de tabletas de Pervitin e Isophan (una versión ligeramente modificada producida por la empresa farmacéutica Knoll) fueron enviadas al ejército y la fuerza aérea alemana. Las pastillas tenían de 3 miligramos de sustancia activa, y se distribuían directamente a las tropas. Las instrucciones recomendaban una dosis de 1 a 2 tabletas para mantenerse despierto.

Los efectos de las anfetaminas son similares a los de la adrenalina producida de manera natural, provocando un mayor estado de alerta. La sustancia aumenta la autoconfianza, la concentración y la indiferencia ante el peligro, mientras que al mismo tiempo reduce la sensibilidad al dolor, el hambre, la sed, y el sueño.

El Pervitin es una metanfetamina creada por la empresa farmacéutica Temmler. Se introdujo en el mercado en 1938 y se convirtió en un éxito de ventas entre la población civil alemana. De acuerdo con un informe del semanario Klinische Wochenschrift la droga llamó la atención de Otto Ranke, un médico militar y director en la Academia de Medicina Militar de Berlín.

En septiembre de 1939, Otto Ranke probó la droga en 90 estudiantes universitarios, y concluyó que el Pervitin podría ayudar a la Wehrmacht a ganar la guerra. Al principio el Pervitin fue probado en los conductores militares que participaron en la invasión de Polonia. Luego, se distribuyó entre las tropas que combatían en el frente.

Los médicos estaban preocupados porque el efecto de la droga disminuía entre los usuarios frecuentes y algunos experimentaban problemas de salud e incluso se produjeron algunas muertes. Leonardo Conti, el ministro de la salud, trató de restringir el uso de la droga. El uso del Pervitin fue limitado a partir del el 1 de julio de 1941, en virtud de la Ley del Opio, pero sólo para la población civil.

Las drogas fueron imprescindibles para los nazis. En enero de 1942, a 30 grados bajo cero, 500 soldados alemanes del frente oriental, intentan huir del Ejército soviético. Tras 6 horas de huida, con la nieve hasta la cintura, los soldados agotados se tumbaban en la nieve y se dejaban morir. Los oficiales decidieron dar Pervitin a sus tropas: “Después de media hora los hombres se sintieron mejor y empezaron a marchar ordenadamente”, informó el médico militar.

En marzo de 1944, hacia el final de la guerra, el vicealmirante Hellmuth Heye solicitó una droga mejor. Los farmacéuticos nazis empezaron trabajando en una píldora aun más potente para las tropas. Poco tiempo después, el farmacólogo Gerhard Orzechowski le presentó una píldora cuyo nombre en código era D-IX y que contenía 5 miligramos de cocaína, 3 miligramos de Pervitin y 5 miligramos de Eukodal, un analgésico a base de morfina. El medicamento fue probado en miembros de la tripulación de pequeños submarinos.

Además, los mandos también suministraban alcohol a las tropas. El alcohol, la droga de los civiles, se difundió ampliamente en la Wehrmacht como recompensa y se vendía habitualmente en los economatos militares. Pero el abuso del alcohol pasó su factura: el comandante en jefe del ejército alemán, el general Walther von Brauchitsch, informó que sus tropas estaban cometiendo “las infracciones más graves” por “abuso del alcohol”. El general refirió peleas, accidentes, maltrato de subordinados, ataques contra los oficiales superiores y “actos sexuales antinaturales” y concluyó que el alcohol estaba poniendo en peligro “la disciplina dentro de las fuerzas armadas”.

Ordenaron a los médicos encerrar a alcohólicos y drogadictos en instalaciones de tratamiento, donde eran evaluados según las instrucciones de la “Ley para la Prevención de la descendencia con enfermedades hereditarias”, sometidos a esterilización forzada y eutanasia. También se ejecutó a los contrabandistas que vendían alcohol metílico como si fuera licor.

Los opiáceos eran otra droga de consumo habitual de los soldados. La adicción a la morfina se generalizó entre los heridos y el personal médico militar durante toda la guerra. Un oficial médico que fue enviado a un pequeño pueblo en 1940, escribió: “Empezamos el día con una copa de coñac y dos inyecciones de morfina. Al mediodía, tomamos cocaína y por la tarde, a veces tomamos Hyoskin”, un alcaloide.

Fuente: http://pajarorojo.com.ar/?p=18367

Nazi condenado a sólo dos años de cárcel por un intento de asesinato

Jorge de Miguel, ‘Heineken’
El nazi Jorge de Miguel, alias Heineken, ha negociado la condena de dos años y un día por la última cuchillada asestada a otro joven el 19 de mayo en Valladolid.

Un compinche de Heineken, Roberto M. D., de 21 años, que fue detenido como colaborador en la agresión, ha sido finalmente excluido de la causa, por no quedar acreditada su participación.

La única condena, pactada antes del inicio del juicio señalado para hoy en el Juzgado Penal número 1 de la capital del Pisuerga, supone además un claro beneficio para el conocido matón nazi, ya que las peticiones del Ministerio Fiscal y de la acusación particular eran de cinco y ocho años de cárcel, respectivamente, por un delito de lesiones con arma blanca con el agravante de haber actuado por motivos ideológicos.

Heineken, de 20 años de edad, con un amplio historial criminal, fue detenido en Madrid, a donde huyó tras cometer su última agresión realizada a las 20.30 horas. La detención, practicada en el Paseo de la Castellana, a las 13 horas, fue gracias a la información facilitada por su propia familia, que ya ha entregado en la cuenta bancaria del juzgado 4.000 euros, de los 10.900 euros a los que también ha sido condenado en concepto de indemnización a su víctima -Daniel C. G.- al que clavó una navaja en el abdomen.

El neonazi Heineken, también conocido por el alias de Demi, que se encuentra en la actualidad en prisión ha sido detenido con anterioridad. Cuando era menor de edad -en abril de 2013- clavó un puñal -dos veces en una pierna y otra en un brazo- a otro joven, bajista del grupo Free City. La agresión tuvo lugar en las inmediaciones de la plaza de Cantarranas y Heineken fue detenido en Zamora, donde se encontraba interno en un centro de menores por otra agresión similar.

Graves ataques neonazis en Bilbao

Los neonazis de Bilbao ya no se dedican únicamente a colocar pancartas. En la madrugada de este viernes, tres nazis abordaron a un menor en el portal de su casa en el barrio de Arangoiti. Amparados por la oscuridad, dos de ellos sujetaron al joven, cuya identidad se mantiene en reserva, mientras que el restante se encargó de grabarle una esvástica y un “88” –número con un especial significado entre los grupos neonazis— con una navaja en su brazo izquierdo. Cuando acabaron, le dieron una paliza y se marcharon.

Según ha podido confirmar Público, los padres del joven agredido han interpuesto una denuncia ante el juzgado de guardia de la capital vizcaína, que estos días vive sus fiestas populares. De hecho, el menor volvía de las txoznas —recinto festivo que impulsan los colectivos sociales, culturales y políticos— cuando, en plena madrugada, fue interceptado por el trío de neonazis. Hoy no sólo conserva los emblemas grabados con la navaja, sino que también cuenta con magulladuras en el rostro. “Todo indica que le estaban siguiendo”, han señalado fuentes cercanas al joven.

Durante los últimos meses, los barrios de Arangoiti y Deusto habían experimentado un preocupante repunte de propaganda nazi, lo que ya había generado alarma entre los vecinos de ambas zonas. Algunas de las pancartas retiradas por los servicios de limpieza del ayuntamiento de Bilbao hacían alusión a Amanecer Dorado, el partido neonazi que ha conseguido aumentar considerablemente su popularidad en Grecia.

Entre pancarta y pancarta, los seguidores de Hitler también tuvieron tiempo para ensayar ataques: en julio del año pasado, varios activistas neonazis agredieron a un militante antifascista bilbaíno. Aquel hecho se produjo en la zona de Zurbaranbarri. Al igual que en el caso de esta semana, la agresión tuvo lugar en plena madrugada. “Fueron varios neonazis quienes le atacaron por la espalda para luego tirarlo al suelo y patearlo con saña, reventándole la parte exterior de un ojo y dejándole magulladuras por todo el cuerpo”, denunció entonces el colectivo Sare Antifaxista.

Del mismo modo, los neonazis que actúan en esta zona también se habían dedicado realizar pintadas en la Herriko Taberna y el “Gazte Lokala” —centro juvenil okupado— de Deusto. Además de dibujar la esvástica y el “88”, los nazis aprovechaban sus “obras” para pedir la libertad de Josué Estébanez, el asesino que en noviembre de 2007 mató al antifascista madrileño Carlos Palomino. Asimismo, en enero pasado también aparecieron pintadas racistas en el exterior del centro Lagun Artean, situado en el mismo barrio. Cansados de tanto spray, los nazis bilbaínos han decidido pasar a los golpes.

Fuente: http://www.publico.es/espana/tres-neonazis-golpean-y-graban.html

El franquismo esclavizó a la clase obrera

Pedro Serrano Solana
Víctor Peñalver eligió el pantano del Cenajo como objeto de la Tesina de Licenciatura que ha presentado en la Universidad de Murcia, y que le ha valido una calificación de Matrícula de Honor. Uno de los motivos por los que este joven investigador nacido en Cehegín se fijó en la gran obra hidráulica de los años 50, es el hecho de que el Noroeste murciano sea la única zona de la Región en la que no existe un monográfico dedicado a la represión franquista.

“El arranque de la investigación consistió en recabar testimonios orales, que son los que conservan la memoria colectiva de los hechos históricos, pero al mismo tiempo comencé a recopilar documentación de diferentes archivos”, cuenta Peñalver. Pronto constató que “las resonancias que el Cenajo había dejado en el recuerdo de los habitantes del lugar y los hechos que relataban estas personas, no casaban con lo que plasman los documentos oficialistas”. Mientras se encoge de hombros, reconoce que es algo “normal”: “Fueron las mismas autoridades del Régimen las que generaron esos documentos, así que…”

También se dio cuenta de la impronta que había dejado una fecha en el recuerdo de los murcianos: el 6 de junio de 1963. Aquel día Francisco Franco pasó rutilante por la Región de Murcia con su enorme séquito y sus fuertes medidas de seguridad para inaugurar el pantano del Cenajo. También acudieron las cámaras del NO-DO, que grabaron a las muchas autoridades civiles, militares y religiosas, y a los lugareños venidos de diferentes partes de la provincia con pancartas de apoyo y agradecimiento al Caudillo.

Hubo nervios, explica Peñalver, pero mucho más serios que los propios de un gran evento: los nervios de los técnicos responsables del pantano, porque era la primera vez que se accionaba la maquinaria de la presa. Ni siquiera se habían hecho pruebas de funcionamiento. Fieles al simbolismo y al ceremonial de la dictadura –hasta tal punto insensata-, debía ser el mismo Franco el que pulsara el botón por primera vez. Por fortuna todo salió bien y el Generalísimo pudo subirse de nuevo en su coche y marcharse entre vítores.

Cenajo: obra hidráulica y ‘experimento social’

Tanto en aquellos que lo vivieron como en los que lo han estudiado después, es conocida la política de grandes obras hidráulicas del Régimen y la figura de Franco inaugurando pantanos. Y de entre todos los que se construyeron en la época, el del Cenajo es especialmente importante: “Lo es por la magnitud de la obra y por la cantidad de personas que trabajaron en su construcción; fue la presa más grande de la época”, cuenta el historiador. “Lo que no se menciona tanto son los trabajos forzados”, añade.

El historiador destaca dos años: 1938 y 1944. En 1938 se creó el Patronato de Redención de Penas por Trabajo a iniciativa de un jesuita, lo que según Peñalver, supuso “la legalización de la esclavitud”. “Por un lado se trataba de un proyecto económico para rehabilitar la España destruida en guerra, y por otro era un experimento social como parte de un plan para implantar el ‘chip’ del movimiento”, analiza, e insiste en subrayar el concepto de “ingeniería social”, del que formaba parte capital la iglesia que se construía junto a los pabellones de los reclusos obreros. Del ‘tajo’ a la misa hasta cumplir la condena, o en el peor de los casos, hasta morir en la obra.

En cuanto a 1944, ese año fue cuando se revocó la condición de ‘condenado político’, de modo que todos los reclusos pasaron a ser considerados ‘presos comunes’. No se trataba a todos por igual, remarca Víctor, pero unos y otros podían integrar los llamados Destacamentos Penales al objeto de cambiar días de condena por días de trabajo: “Entre 1952 y 1957, por cada dos días de trabajo se restaban tres días de condena”, relata el investigador, “aunque al final la decisión dependía del director de la prisión”.

Por otro lado, se les pagaba un salario, aunque es necesario matizar: “En los documentos de 1957 consta que el sueldo era de siete pesetas, pero no lo recibían íntegro; se les descontaba la ropa, la alimentación, la sanidad que llamaban ‘socorro’ y ‘auxilio’…”. Para ponernos en situación, Peñalver cita el trabajo de la catedrática de la UMU Encarna Nicolás en el que se recoge que el sueldo de un trabajador del campo en torno a 1941, era de entre nueve y 14 pesetas.

Víctor Peñalver explica que apenas hay documentación de la primera parte del proyecto del Cenajo: “Hablamos de los años comprendidos entre 1943 y 1952, cuando se preparó el terreno y se construyó el pabellón obrero con la cárcel, el cuartel de la Guardia Civil y la iglesia; de todo eso ya no queda nada en pie, sólo tenemos las fotos de los archivos de la Confederación Hidrográfica del Segura”. En aquel tiempo, hasta 350 presos de distintos Destacamentos Penales y cárceles cercanas trabajaron en el lugar -y se infectaron de paludismo-, algunos de ellos desplazados de la Prisión Provincial de Hellín o del destacamento del Coto Minero de la pedanía hellinera de Las Minas, por ejemplo.

Rastrear a los presos políticos ha sido una tarea compleja, reconoce el historiador, básicamente por la ocultación de datos en la época y porque a efectos legales, cuando la obra entró en su fase más intensa, ya se había igualado la condición de preso político y de preso común. Eso sí, revisando los archivos se demuestra la magnitud de la obra del Cenajo: “En mayo de 1953, el 17,47% de todos los presos que integraban los quince Destacamentos Penales franquistas se encontraban trabajando en el pantano: 123 de 704”. “La presencia de reclusos en el Cenajo es siempre superior a la media nacional, año a año, más incluso que en el Valle de los Caídos durante los años cincuenta”, afirma Víctor mientras enseña unos gráficos que ha elaborado él mismo.

En la década de los 50, además, el Régimen trataba de lavar su imagen y de borrar sus conexiones con el bando perdedor de la Segunda Guerra Mundial, con el objetivo primordial de integrarse de un modo suave en los organismos internacionales surgidos tras el conflicto. De hecho, España superó los controles de la Comisión Internacional contra el Régimen Concentracionario: “Vino un grupo de estadounidenses en 1952 y dieron su visto bueno, aunque no sabemos si fue porque lo que realmente les interesaba era la base de Rota…”, añade escéptico.

‘La Tumba siempre estaba abierta’

Peñalver explica que su intento de identificar a todos los presos y de conocer sus historias particulares ha sido imposible a pesar de haber buscado y cotejado muchos documentos. Sin embargo, sí que ha podido recoger dos casos concretos cuyos hechos y palabras ayudan a entender lo que significó el Cenajo: “una obra peligrosa, sin medidas de seguridad, donde se usaba dinamita y donde las tareas más difíciles y arriesgadas se reservaban a los presos, y en especial, a los anarquistas”, profundiza.

“Francisco de la Rosa nació en Calasparra. Era sindicalista de la CNT y preso político. Fue condenado a muerte y posteriormente se le conmutó la pena a treinta años y un día. No era obrero libre. Lo llevaron de un sitio a otro recorriendo penales de toda España, hasta que finalmente lo destinaron a trabajar en el Cenajo. Fue torturado y mutilado y se le condenó a destierro, de manera que no podía acercarse a menos de 20 kilómetros de su pueblo. En 1948 se suicidó. No soportó su condición de preso ni los trabajos forzados en el Cenajo. Seis años después de muerto, lo indultaron”, narra Víctor de corrido, para interpretar que “de ese modo es como el Régimen aumentaba su cifra de indultos y lavaba su imagen”. Durante el proceso de investigación tuvo la oportunidad de hablar con algunos de sus familiares y contarles lo que había encontrado en los archivos sobre Francisco.

El investigador pudo identificar a otro preso con mejor suerte: se trata de José Vicente Ortuño, que tras trabajar nueve meses en el Cenajo, en el año 1954, de cumplir condena y de conseguir pasar a Francia, publicó en el país vecino un valioso libro titulado “Raíces amargas”, en el que dedicó un capítulo entero a relatar su estancia en las obras del pantano.

Según explica Peñalver, cuando Ortuño llegó al Cenajo, el procedimiento ya estaba establecido. El mismo exrecluso lo relató de este modo: “Por la mañana, en la plaza, los cadáveres mutilados por las balas y las dentelladas de los perros que usaba la Guardia Civil le dieron la razón a mi compañero. Todos los prisioneros tuvieron que desfilar ante los cuerpos, sobre los que ya empezaban a revolotear unas moscas verdes. Por la tarde, un equipo los tiró a la caja de un tractor y los llevó al muro. La tumba estaba siempre abierta”.

“La Tumba, como llamaban a la presa, funcionó como enterramiento colectivo similar a las fosas comunes, dentro del modus operandi represivo franquista de ocultar la principal prueba del delito, el cadáver, y claro, de todo esto no hay documento probatorio porque las fuentes oficiales nunca lo reflejan”, añade Víctor Peñalver. “Había diferencias de trato entre presos políticos y comunes, y también se diferenciaba entre obreros reclusos y obreros libres”, prosigue. El historiador muestra una escueta noticia del diario ABC del año 1954, en la que se informaba del fallecimiento de tres obreros en el Cenajo: “De las muertes de los obreros reclusos no se daba publicidad”.

‘El arte de construir presas’

En la investigación, Peñalver se tropezó con importantes empresas constructoras, algunas de las cuales siguen operando en la actualidad tras pasar por fusiones, compras y ventas: “Si los organismos oficiales ocultan esta historia, las empresas también”, proclama, remitiendo a trabajos como los de Antonio Maestre e Isaías La Fuente, ‘Franquismo S.A.’ y ‘Esclavos por la patria’. “Hay que destacar el papel de estas grandes empresas que se aprovecharon de la situación y usaron mano de obra reclusa”, enfatiza Víctor Peñalver, para luego citar algunos ejemplos.

“En el Cenajo participó COVILES, Construcciones Civiles, que luego se convirtió en OBRASCON y más tarde pasó a formar parte del grupo OHL, también formada por la empresa Huarte y Laín, encargada de la construcción del Valle de los Caídos”, relata el historiador: “Contacté con ellos y les pregunté sobre este asunto, pero no colaboraron”. “En el Cenajo hubo otras empresas, como Destajista San Román, Obras y Servicios Públicos… Tapan su historia porque esa es la herencia del franquismo”, insiste. Después, muestra el lema de la empresa COVILES ‘El arte de construir presas’… “Ya ves, calificar estos procesos de construcción con la palabra ‘arte’”, lamenta el historiador.

Lugares de memoria

Hace pocas semanas se reinauguró el hotel Cenajo, un edificio de estética noble y enclavado en un paraje de singular belleza en las inmediaciones del pantano. “Allí es donde residió el equipo de arquitectos durante los 20 años que duró la obra”, explica Víctor Peñalver. “Mientras, los obreros reclusos vivían en su pabellón, y al igual que sucedió en el Valle de los Caídos, los familiares de los presos que recibían permiso para visitarles, podían alojarse durante unos días en unas casas-cueva con aspecto de chabolas que se construían en un lugar próximo, y de las que sólo quedan las ruinas”, relata.

En la reapertura del hotel, Víctor Peñalver ha echado en falta una mención o recuerdo a lo que sucedió durante la construcción del pantano, lo que le hace volver sobre las dificultades de encontrar documentos en los archivos –durante el último año ha visitado el Archivo Histórico Provincial de Murcia, el Archivo General de Alcalá de Henares y los archivos de los ministerios de Justicia y de Interior-: “En ellos sí se refleja la presencia de reclusos y la instalación de un destacamento penal en el Cenajo. Sin embargo, en los escritos oficiales de la Confederación Hidrográfica sobre el Cenajo, no se reconocen los trabajos forzados, tan sólo en uno de ellos se dice que puede ser que los hubiera, pero nada más”, afirma Peñalver.

“Los efectos de la propaganda franquista siguen en vigor con palabras que se usan mucho hoy, como sensatez, estabilidad, orden… Las ganas de obtener democracia a cambio de impunidad siguen vigentes”, reflexiona. A su juicio, “no es por ignorancia mantener la confusión sobre los trabajos forzados en el Cenajo, no existen las casualidades ni el azar en este asunto. Y por aquí han pasado también alcaldes socialistas y no se ha hecho nada”. “Contra el franquismo también hace falta terapia de choque”, afirma en referencia a la aplicación de la Ley de Memoria Histórica, aunque luego reconoce que “simplemente con quitar placas, sin divulgación, no se soluciona nada”.

“Para nosotros el Cenajo ha sido siempre un sitio de referencia del ocio y de la naturaleza, pero cuando íbamos, no sabíamos qué había pasado porque nadie nos lo contaba, y allí sigue la placa de la inauguración del pantano. Sin embargo, no sirve de nada que la quiten si no dicen qué fue lo que pasó realmente”, admite este investigador, para quien una buena opción sería mantener la placa de la dictadura y añadir otra al lado “que cuente la historia de verdad, la historia con mayúsculas, y que denuncie la propaganda”.

“Es necesario crear ‘Lugares de Memoria’ en estos espacios para combatir la impunidad y para acabar con las teorías negacionistas”, insiste el historiador. Antes de acabar, Víctor Peñalver pone más ejemplos de obras en las que se hizo uso del trabajo de los presos en la propia Región de Murcia: “La rehabilitación del convento de Adoratrices de Cartagena, y las explotaciones mineras del Llano del Beal y de La Unión. Estos enclaves de trabajo no han sido investigados en profundidad hasta la fecha”.


Fuente: http://www.eldiario.es/murcia/reportajes/Cenajo-herida-abierta-pantano_0_417508781.html

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