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La masacre de los fascistas ucranianos en Lvov en 1941

El salvaje ataque del III Reich contra la URSS fue una operación militar meditada a la que los nazis llamaron “Operación Barbarroja” porque no tenían costumbre de dejar nada a la improvisación.

Del ataque se conocen, sobre todo, las batallas en el frente, pero se habla poco de la retaguardia, de lo que ocurrió con las poblaciones que quedaron en manos de los nazis, no sólo de los que fueron masacrados, golpeados, violados y detenidos, sino de los cómplices.

Imputar los numerosos crímenes de la Segunda Guerra Mundial a los nazis ha exonerado de cualquier clase de responsabilidad a otras poblaciones, como los ucranianos occidentales, y otras organizaciones, como la OUN-UPA, el movimiento “nacionalista” ucraniano que ahora venera el gobierno de Kiev.

Pero no sólo ellos. La foto de Bush estrechando la mano de uno de los criminales de la OUN muestra la continuidad de la historia, dónde están las raíces de cada cual. Ahora lo llaman “memoria histórica”. Los imperialistas tienen claras sus raíces, pero no estamos seguros de que los antimperialistas conozcan las suyas.

¿Realmente sabemos a quiénes nos enfrentamos?, ¿quiénes son nuestros enemigos?, ¿qué son capaces de hacer?, ¿qué podemos esperar de ellos?, ¿cuál es su naturaleza de clase?, ¿qué debemos hacer para derrotarlos?, ¿de quiénes debemos aprender?

Mientras meditamos sobre estas preguntas, echemos un vistazo a estas fotos… antes de desayunar porque pueden revolver las tripas de los lectores.

Bush estrecha la mano de Yaroslav Stetsko, criminal de guerra ucraniano de la OUN
Más fotos:

‘El único fascista bueno es el fascista muerto’

El domingo los neonazis del denominado “Partido Tradicionalista del Trabajo” (TWP) convocaron una concentración en Sacramento, California, que fue respondida por los antifascistas e inmigrantes y acabó en una batalla campal con diez heridos, algunos de ellos acuchillados. Sin embargo, los neonazis no pudieron lograr su propósito provocador.

Como todos los nazis modernos, el TWP no se reconoce a sí mismo como tal; ni siquiera habla de la superioridad de la raza blanca. Es el típico al que la televisión aludiría como de “extrema derecha”, ultra, “islamófobo” o “nacionalista”. Hoy los nazis no saben ni que lo son.

En su web preconizan la defensa de la identidad “europeo-americana” pero rechazan la “supremacía racial” y creen que todos los pueblos del mundo deben defender su patrimonio y su identidad racial, cultural y religiosa frente a los ataques extranjeros. Quizá se refieran a que en Hollywood dejen de proyectarse tantas películas africanas o asiáticas…

Cuando llamaron a la concentración de Sacramento, la organización antifascista local reaccionó inmediatamente para impedir, convocando otra paralela a la que se sumaron numerosos emigrantes. En la convocatoria publicaron una foto del máximo dirigente del TWP, Matthew Heimabch, en la que se le veía golpeando a una negra durante un mitin de Donald Trump.

Al llamamiento antifascista se sumaron varias organizaciones, hasta el punto de que en la calle superaron en número a los que calificaron como “la canalla neonazi”. Una de las pancartas llevaba el lema “El único fascista bueno es el fascista muerto”. Antes de empezar la manifestación empezaron los palos, los cuchillos y los puñetazos, que alcanzaron a algunos cámaras de la prensa que intentaron grabar a los antifascistas.

En California la prensa habló que el centro de Sacramento había quedado como una “zona de guerra”. Al menos siete personas fueron apuñaladas y el número de hospitalizados es de nueve. Otros padecen heridas menores.

Los nazis ucranianos se divierten en la Eurocopa

El periódico deportivo francés L’Equipe publica una información denunciando la presencia de nazis ucranianos en las gradas de los estadios franceses para ver el partido de su selección nacional, finalmente eliminada de la competición.

Se trata de milicianos del Batallón Azov, reconocibles por sus tatuajes, que se corresponden con los distintos nazis de su organización y otros conocidos símbolos de las SS, como el sol negro o la cruz gamada.

El reglamento de la UEFA prohibe la exhibición de simbología fascista en los partidos que organiza, por lo que los nazis hubieran debido ser expulsados, tanto de los estadios como de Francia.

En medio de un despliegue policial y militar sin precedentes, la prensa francesa se pregunta cómo es posible que hayan permitido la presencia de criminales en las ciudades francesas.

Es preferible prohibir las manifestaciones obreras contra la reforma sindical que las que llevan a cabo los fascistas.

Fuente: http://www.lequipe.fr/Football/Actualites/Des-tatouages-nazis-de-supporters-ukrainiens-filmes-dans-les-tribunes-a-lyon/696083

El asesinato de la diputada Jo Cox es obra de un neonazi británico

La diputada asesinada Jo Cox
El asesinato de la diputada laborista británica Jo Cox el pasado jueves está pasando desapercibida por obra y gracia de los medios de comunicación. Se le llama “perfil bajo”, que es como decir que sólo hablan de lo que les interesa.

Hay muertos y muertos, cadáveres de primera y de segunda. ¿Cómo hubieran dado la noticia si el asesino hubiera sido un musulmán?

Los portavoces de la policía, incluso los de West Yorkshire, dominan estas técnicas a la perfección. Inflan unos crímenes y pasan de puntillas sobre otros. En el caso de Cox, para alejar el foco de los medios, han dicho que se trata de un “asesinato aislado”. Por el contrario, el caso de Orlando es todo lo contrario.

Todo depende. ¿De qué depende? Por ejemplo, del asesino. En el caso de Cox es Tommy Mair, un neonazi británico de 52 años, y los lectores ya saben que eso es cosa del pasado, de los tiempos de Hitler, Mussolini y demás, que murieron para siempre. “No buscamos a otro sospechoso”, dice Dee Collins, el portavoz de la policía de West Yokshire. ¿Para qué?  Casi tienen el caso cerrado (para siempre).

Pero también depende de la víctima y eso ha sido un poco más difícil de disimular porque Cox era diputada, algo suficiente para que los telediarios lo hubieran aireado día y noche. En el caso de Cox no interesaba porque se trataba de una activa militante contra el sionismo y por la liberación de Palestina. Otro tabú…

En el momento de pegarle dos tiros a la diputada, el nazi gritó “¡Gran Bretaña primero!” pero no parece que hiciera referencia a la clasificación de la Eurocopa de fútbol sino a la típica consigna racista que no tiene nada en contra de las demás razas, aunque las clasifica como en el deporte: según el orden de llegada.

“¡Gran Bretaña primero!” es un movimiento fascista cuyo perfil de Facebook se llena de consignas xenófobas y antimusulmanas. Se manifiestan periódicamente frente a las mezquitas que hay en las Islas portando grandes cruces cristianas, al estilo Ku Klux Klan.

También han organizado “campamentos de entrenamiento militante” en Gales, donde imparten cursos “de defensa” con cuchillos.

La organización ha condenado el asesinato y la policía le hace caso: no les involucra en el mismo.

En internet un boletín de información de 2006 identifica a Thomas Mair de Batley, de Yorkshire, como uno de los primeros abonados a una publicación titulada S.A.Patriot que publican los racistas y en la que califican a los Estados africanos que se emanciparon del colonialismo como “Estados terroristas”.

El nazi no era tonto ni mató al azar. Cox fue elegida diputada en las elecciones del pasado año, formaba parte del grupo de diputados laboristas que defienden la causa palestina y redactó el informe parlamentario exigiendo el levantamiento del bloqueo sionista sobre Gaza.

También defendió a los refugiados que llegan a Europa y colaboró muchos años con Oxfam. Era partidaria del mantenimiento de Gran Bretaña dentro de la Unión Europea.

El caso recuerda el asesinato masivo cometido en Noruega en 2011 por el también nazi Anders Behring Breivik, quien mató a 77 jóvenes del partido laborista noruego a los que acusaba de acoger a los refugiados y musulmanes.

Franco también organizaba sus propias farsas electorales

Para tratar de remarcar lo más posible las diferencias entre el régimen anterior, el franquismo, y el actual, la burguesía se esfuerza en ocultar que también el franquismo organizó sus montajes electorales. De esa manera parece que la diferencia entre uno y otro régimen es que ahora la gente puede votar y antes no. Es un error porque bajo el franquismo no sólo se podía votar sino que eran tan demócratas que incluso te obligaban a ello.

Entre sus varias convocatorias electorales, el régimen franquista organizó elecciones sindicales, municipales y para diputados, aunque en aquellos tiempos los llamaban “procuradores”. Bajo el franquismo la Ley de Representación Familiar de 1967 fue una especie de ley electoral que regulaba los sufragios.

Uno de los “procuradores en Cortes” que en 1967 fue elegido por el tercio familiar en la provincia de Ávila fue Adolfo Suárez.

El franquismo convocó tres referéndums, el primero el 6 de julio de 1947 para aprobar la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, que tuvo una participación masiva (alrededor del 90 por ciento) porque votar sí era votar a “la paz de Franco” y votar no llevaba a España al desastre.

Los ciudadanos fueron convocados por segunda vez a un referéndum el 14 de diciembre de 1966 para aprobar la nueva Ley Orgánica del Estado por la que se separaba el cargo de Jefe de Estado del de Presidente del Gobierno. De nuevo la participación fue muy elevada. El resultado fue rotundo a favor del sí.

Lo mismo que en el anterior, la obsesión del franquismo en este referéndum fue conseguir una alta participación de la población a favor del sí, para lo cual se puso en marcha la correspondiente campaña propagandística que se basó en la identificación del voto afirmativo con un sí a Franco. El voto era obligatorio y, en algunos casos, se obligó a algunos ciudadanos a presentar el certificado de voto para evitar represalias.

Aunque el gobierno franquista también recurrió a la propaganda, ni fue tan masiva como las actuales, ni estuvo tampoco organizada porque el objetivo no era tanto el voto como transmitir una cierta imagen del franquismo, ligándolo a la “paz” o al “progreso”.

La ley para la reforma política de 1976

Tras la muerte de su jefe, el 15 de diciembre de 1976 los franquistas sometieron a referéndum la ley para la reforma política del que se van a cumplir ahora 40 años. De nuevo el gobierno, dirigido entonces por el falangista Adolfo Suárez, trató de conseguir un apoyo aplastante para su proyecto de transición política utilizando para ello no sólo el aparato burocrático del Estado, sino también a toda la organización del Movimiento franquista, que disponía de la mayor parte de los periódicos de la época.

El referéndum de 1976 fue el primero en el que la publicidad política se utilizó masivamente, con un gran despliegue de medios. El Estado contrató y pagó a varias agencias publicitarias para la campaña, que se volcaron en todos los medios monopolizados por el Estado, especialmente la televisión, que entonces eran dos cadenas organizadas dentro del mismo aparato político del Estado: la Dirección General de Radiotelevisión Española.

Aunque todas las organizaciones antifranquistas pidieron el boicot, no tuvieron ninguna posibilidad de contrarrestar aquella gigantesca operación propagandística; la desproporción de medios fue tan grande que no se puede hablar de ninguna campaña alternativa a la de los franquistas.

Como director de la radio y la televisión públicas de 1969 a 1973, Suárez tenía experiencia en el manejo de la publicidad y su capacidad para engañar a las masas. Para la convocatoria de 1976, Suárez nombró a Rafael Ansón, un verdadero experto que convirtió el referéndum en un lavado de cerebro masivo sin procedentes.

Como reconoció Ansón posteriormente, “gracias a la televisión, entonces única, el gran cambio se pudo hacer sólo en un año y con los menores riesgos”.

Los mensajes publicitarios inundaron vallas y buzones, y se difundió una canción (“Habla, pueblo, habla”) de una manera tan insistente que se fijó en la memoria colectiva de las masas. El lema no era novedoso sino que procedía del referéndum organizado por los franquistas diez años antes:

La postura antifranquista a favor del boicot se expresó por medio de pintadas, manifestaciones y mítines fuertemente reprimidos por la policía. Para pedir el boicot los antifranquistas argumentaron la nula legitimidad democrática del gobierno y que el referéndum se promovía con una total ausencia de libertades políticas para expresar las distintas posiciones. Uno de las consignas más repetidas por los antifascistas entonces fue la de “Un referéndum sin libertad es un referéndum sin democracia”, con lo cual se admitía que no había libertad. El referéndum de 1976 no fue una consulta democrática porque no existían las libertades propias de una democracia. Esta octavilla de la época procede del Partido del Trabajo, hoy desaparecido.

En aquel momento los partidos no se habían legalizado, es decir, no hubo manera de oponer una fuerza organizada a la propaganda del gobierno de Suárez. Ningún partido antifascista pudo exponer su criterio en los medios de comunicación, radio, prensa o televisión. Lo mismo que en las convocatorias franquistas, sólo hubo un único mensaje. En tales condiciones, un referéndum es nulo, cualquiera que fuera su resultado.

En su manipulación, los franquistas no vacilaron en recurrir a la contrapropaganda, un instrumento típico del fascismo en todos los países. En algunos barrios obreros de Madrid el Gobierno organizó el reparto de octavillas en las que se rechazaba la abstención “en nombre del socialismo democrático”. En otros, recurrió a las contrapintadas anónimas para confundir los mensajes: en la oscuridad de la noche, los muros que piden la “Abstención” cambian para decir que “Abstención es incultura” o “Abstención es cobardía”.

Al cabo de los años Martín Villa, que entonces era ministro del Interior, reconoció que dio órdenes a la policía para retocar las pintadas de los antifascistas en las paredes pidiendo la abstención. Lo hicieron añadiendo un “no” detrás de la expresión “No votes”, de manera que al quedar “No votes no” se convirtió en una invitación al voto en un sentido afirmativo.

Ucrania no se liberó de los nazis en 1945

En la lucha de clases hay que hilar muy fino; las palabras no son inocentes sino auténticas cargas de profundidad que penetran hasta lo más íntimo del cerebelo de quienes las escuchan.

Además, el habla no siempre es espontánea, como creen los lingüistas, sino que se impone. Alguien lo impone y alguien impone determinadas palabras y expresiones. “El lenguaje forma parte del Imperio”, dijo Nebrija cuando en 1492 escribió la primera gramática del castellano y por eso en gran parte de América siguen hablando castellano.

Del mismo modo, dentro de poco el mundo hablará en fascista, que es el Imperio de hoy. Así se explica que tras el golpe de Estado de la Plaza Maidan en 2014, el Comité Público ucraniano de Radio y la Televisión “recomendara” no utilizar la palabra “liberación” para hablar del fin de la ocupación nazi de su país en 1945.

La “recomendación” fue enviada a todas las cadenas de radio y televisión sobre los 70 años de la liberación del territorio ucraniano por el Ejército Rojo.

Los nazis tampoco son considerados ya como los “invasores” de Ucrania al comienzo de la apertura del frente oriental durante la Segunda Guerra Mundial.

El golpe de Estado de Kiev también debía cambiar la historia y los diccionarios con los que la misma se escribe.

La liberación de Ucrania, la única, no se produjo en 1945 sino el 24 de agosto de 1991, cuando la Unión Soviética se colapsó. Por lo tanto, los enemigos de los ucranianos no fueron los nazis sino los soviéticos.A partir de ahí, la historia se (des)coloca otra vez de una determinada manera, como las piezas del Tetris. El Comité Público advierte a los medios que cuando hablen del asunto no se deben olvidar de mencionar a las organizaciones fascistas (o sea, “nacionalistas”) OUN y UPA porque también participaron en las “hostilidades” (o sea, en la Segunda Guerra Mundial).La liberación, pues, fue consecuencia de una lucha “común” anti-hitleriana de los “movimientos de liberación”, entre los que el Ejército Rojo no tiene cabida.

La UPA es el Ejército Insurreccional Ucraniano que, a pesar de su nombre, no tiene nada de ucraniano, ya que lo crearon los nazis inmediatamente después de la ocupación de Polonia en 1939.

Como nazis que eran, durante la guerra la UPA cometió toda clase de crímenes en Ucrania y Bielorrusia, integrando la división “Galitchina” de las SS.

Este tipo de “nacionalistas” resultan siempre tan patrióticos que se venden al mejor postor: tras la derrota en la batalla de Stalingrado, la división “Galitchina” se puso al servicio de los estadounidenses, hasta 1953.

Como no espabilemos, dentro de poco todos acabaremos hablando en fascista.

—http://timer.od.ua/news/smi_prosyat_otkazat_sya_ot_termina_281.html

La ‘deportación’ de los tártaros de la Unión Soviética

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, en 1944, los tártaros que vivían en Crimea fueron trasladados por el gobierno soviético a Asia central de forma masiva.La sucia propaganda imperialista califica el traslado como una “deportación”, es decir, como un castigo colectivo y habla de los sufrimientos causados a la población, pero no dice nada acerca de los motivos del mismo, salvo las rituales menciones a la brutalidad de Stalin (¡siempre Stalin!) que son de mención obligatoria y ya aburren.

Los tártaros son los antiguos turcos o turcomanos, una población de origen asiático, que antiguamente ocupaba todas las riveras del Mar Negro. Aunque Turquía no se decidió a participar en la Segunda Guerra Mundial, mantuvo relaciones muy estrechas con el III Reich, por varios motivos, entre ellos la afinidad ideológica entre el pangermanismo y el panturquismo, que pretendían la expansión de la República de Turquía más allá de sus fronteras hacia las poblaciones que tenían el mismo origen étnico.

El III Reich logró penetrar entre la población tártara, una parte de la cual se convirtió en autora y cómplice de las grandes matanzas cometidas por los nazis en Crimea. Una vez que los nazis se retiraron, el resto de la población se aprestó a la venganza y empezaron a producirse importantes represalias contra los tártaros.

Si no llegan a ser traslados, muchos de ellos hubieran perecido a manos de los antifascistas. Aunque fueron varias las poblaciones que colaboraron con los nazis en la Segunda Guerra Mundial, el gobierno soviético sólo ordenó el traslado de las más pequeñas, como los tártaros, dejando que las más grandes, como los ucranianos del oeste, siguieran en sus lugares de origen, lo cual explica la historia reciente de Ucrania y el resurgimiento allá del nazismo.

El traslado fue muy duro para los tártaros, e incluso se puede calificar de “inhumano”. Algunos murieron durante el mismo, pero entonces la URSS aún estaba en medio de la guerra y la destrucción. Toda la población soviética vivía en condiciones inhumanas.

El blog de Pavel Shipilin (1) comenta que el gobierno soviético era internacionalista y no podía admitir, bajo ninguna excusa, los enfrentamientos de unos pueblos contra otros, como había ocurrido durante el zarismo.

Para proteger a los pueblos autóctonos, como los tártaros o los ucranianos del oeste, los crímenes de guerra cometidos por ellos fueron imputados de manera sistemática a los nazis o a las SS, mientras que los documentos sobre su complicidad se archivaron bajo secreto militar, donde permanecieron siempre.

Los papeles pueden callar, pero las personas no, y a los habitantes de Crimea y Polonia jamás se les olvidó quiénes fueron los que llevaron a cabo las matanzas durante la guerra mundial. Aunque la frontera entre Polonia y Ucrania se podía volver a dibujar sobre un mapa, la de Crimea no existe desde los tiempos de la guerra entre Rusia y Turquía a mediados del siglo XIX, es decir, 100 años antes.

En 1939 apenas el 20 de la población de Crimea eran tártaros. Al comienzo de la guerra, los tártaros fueron llamados a filas para cumplir el servicio militar, como las demás poblaciones soviéticas, produciéndose deserciones masivas, casi en su totalidad. Cuando Crimea fue ocupada, los tártaros no tuvieron ningún escrúpulo en alistarse, tanto en la Wehrmacht como en la Waffen SS.

Shipilin documenta el artículo de su blog con enlaces externos y fotografías de los tártaros que sirvieron en las filas nazis (2). Tras la guerra el mariscal de campo nazi Von Manstein escribió que cuando Crimea fue ocupada por los nazis, el resto de la población formó una poderoso movimiento guerrillero, uno de cuyos objetivos militares, además de los nazis, fueron los colaboracionistas tártaros que, a su vez, formaron contraguerrillas para defender la ocupación nazi.

Uno de los crímenes de guerra cometidos por los tártaros nazis fue la destrucción de la ciudad de Laki, cuyo  origen histórico se remontaba al siglo VI y que desde entonces ni siquiera está ya en los mapas porque fue absolutamente incendiada y arrasada junto con toda su población (3).

Tras la guerra se descubrieron las cenizas de la ciudad y junto a ellas, una gran fosa común con restos de cadáveres carbonizados, que aún tenían un agujero de bala en la nuca.

Se pueden poner más ejemplos de ciudades destruidas, viviendas incendiadas, cadáveres descuartizados, torturados, quemados y asesinados, incluidos niños y ancianos. Pero, ¿para qué? Lo que debe preocuparnos es el terror… stalinista, que es de lo que nos habla la canción que ha ganado Eurovisión.

A pesar del horror de los crímenes tártaros, al final de la guerra el gobierno soviético se preocupó de protegerlos enviándolos a Asia central. Los tártaros que combatieron en el Ejército Rojo fueron condecorados, como cualquier otro combatiente antifascista de cualquier otro pueblo. Pero como tártaros, los héroes de guerra también fueron deportados a Asia central.

Hay algo que la burguesía no entiende: la igualdad. Tras la anexión de Crimea, en 20014 Putin aprobó un decreto por el cual “rehabilitaba” a los tártaros de Crimea para echar tierra encima y cicatrizar viejas heridas. Tuvo que ser duro para los hijos y nietos de los antifascistas masacrados en la guerra.

La vida es así de dura, y la muerte mucho más. En Asia central coincidieron todos los deportados tártaros; los héroes tuvieron que convivir con los criminales de guerra durante muchos años. Eso también tuvo que ser realmente duro.

(1) http://pavel-shipilin.livejournal.com/571128.html
(2) http://www.stena.ee/blog/kak-krymskie-tatary-sluzhili-fashistam
(3) http://palom.info/?page_id=1109

Los oficiales nazis pasan revista a sus tropas tártaras de Crimea

7 años en el Tíbet

El 9 de enero de 2006, a los 93 años de edad, falleció el alpinista austríaco Heinrich Harrer, campeón olímpico de su especialidad en 1936.

El nombre de Harrer apenas hubiera recordado absolutamente nada de no ser por el estreno diez años antes de la película “7 años en el Tibet”, protagonizada por el famoso Brad Pitt, basada en el libro autobiográfico de Harrer. Pero ni en el libro, publicado en 1953, ni en la película, casi medio siglo más tarde, la expedición de Harrer al Himalaya se relaciona con los nazis y la II Guerra Mundial.

Cuando la revista Stern desveló el pasado nazi de Harrer, éste lo negó todo rotundamente; lo suyo era sólo deporte.

Harrer nació en Austria en 1912, en los Alpes de Carintia. Estudió geografía y educación física en la Universidad de Graz, mientras se ganaba algún dinero como guía montañero y entrenador de esquí alpino.

Tras la llegada de Hitler al poder en 1933, Harrer se afilió a las juventudes hitlerianas. Luego él lo justificó diciendo que era para poder competir y realizar sus famosas expediciones montañeras en Asia.

Mentira.

Lo cierto es que desde 1933 Harrer era miembro de las SA y más tarde de las SS, pero no en Alemania sino en Austria, que era peor todavía. En 1933 el partido nazi era ilegal en Austria, que no fue anexionada hasta cinco años después en el ya famoso Anschluss. Al pertenecer a las SA desde 1933, es evidente que Harrer era un traidor a su propio país.

En 1936 Harrer participó en los Juegos Olímpicos en el equipo de esquí austriaco. Dos años después fue pionero en escalar la cara norte del Eiger, hazaña por la que fue llamado por Hitler, que lo recibió personalmente.

Tras la anexión de Austria a Alemania, Harrer se convirtió en entrenador del equipo alemán de esquí femenino de descenso y eslalon.

Al año siguiente Harrer viajó al Himalaya no por razones deportivas sino estratégicas, enviado por la Alemania nazi para preparar el ataque al Imperio británico en sus posesiones coloniales de la India. En el festival de Breslatt, Himmler en persona había invitado a Harrer a participar en una expedición de reconocimiento del Nanga Parbat. Varios años antes Himmler ya había enviado a Lasha, capital del Tibet, un equipo de reconocimiento.

Uno de los hombres de aquella primera expedición, Bruno Beger, era un nazi, luego oficial de las SS que se destacó asesinando y mutilando a varios prisioneros del campo de concentración de Auschwitz. Beger permaneció varios meses en Lasha, donde logró el apoyo de Tsarong, el mismo tibetano que luego ayudó a Harrer y a Aufschnaiter a entrar en la ciudad prohibida. Tsarong era uno de los caciques más ricos de Lasha. En el relato 7 años en el Tíbet, Harrer describe con grandes muestras de cariño a Tsarong que se convirtió en protector y amigo íntimo de los dos alpinistas nazis.

De acuerdo con la estrategia trazada por Himmler, el arquitecto del genocidio de Hitler, con la excusa de eliminar a los judíos del continente asiático, los nazis se proponían aliarse con los tibetanos, a quienes Himmler consideraba descendientes de los arios, para destruir las fuerzas británicas desplegadas en la India.

En 1939 comienza la expedición al Nanga Parbat para explorar el Diamir, pero la coartada alpinista de Harrer no engañó a los británicos, que le internaron en un campo de prisioneros en la India, donde aprendió tibetano e hindi.

En 1944 consiguió escapar y llegar a Lasha, donde conoció a Tsarong, que a su vez le presentó al Dalai Lama (Jamyang Wangchuck), de quien llegó a ser maestro personal así como asesor de ministros y funcionarios en la gestión de un Estado teocrático y esclavista, muy lejano del país idílico y bucólico, lleno de esos hipócritas santurrones que se empeñan en presentarnos los imperialistas.

Las cosas se complican en 1949: los comunistas chinos liberan al país de canallas como aquellos monjes que vivían del comercio y la explotación salvaje de los esclavos que trabajaban las tierras de los monasterios y templos.

El nazi Harrer está en la primera línea de defensa de Lasha frente al Ejército Popular de Liberación. Los monjes no oponen precisamente rezos y plegarias a las tropas revolucionarias y la lucha es muy larga en el techo del mundo. Finalmente la derrota le obliga a Harrer a huir del país en 1951. Dos años después escribe su libro, presentado como una aventura personal y casi mística. Desde los países imperialistas el nazi se convierte en el mayor defensor del independentismo tibetano frente a la invasión de los bárbaros comunistas chinos que habían quemado los templos y santuarios lamaístas.

Tras la victoria revolucionaria, la amistad con el Dalai Lama no se interrumpe: Harrer fue condecorado por el Gobierno tibetano en el exilio con la Luz de la Verdad por su apoyo al Tíbet independiente.

Harrer también fue autor de “Mi vida en la corte del Dalai Lama” del que se vendieron 50 millones de ejemplares. El mito se seguía explotando con buenos beneficios.

Pero los imperialistas tienen que invertir mucho dinero para seguir promocionando la causa del Dalai Lama y las calumnias contra el comunismo. Con 70 millones de dólares (10.000 millones de pesetas) de presupuesto, el director de cine francés Jean Jacques Annaud emprende el rodaje de 7 años en el Tibet en 1997. Desde el principio Harrer en persona fue un colaborador entusiasta de la película, que no se pudo realizar en la India como estaba previsto y se tuvo que desplazar a Argentina y a las montañas Rocosas.

Pero Hitler había muerto hacía mucho tiempo y el Dalai Lama tuvo que buscarse otros patrocinadores para su causa. Nada mejor que Estados Unidos.

… Pero este es otro capítulo de la misma historia.

El Ministerio del Interior felicita a la Guardia Civil con imágenes nazis

A Himmler le quieren en el PP
La Guardia Civil es una venerable anciana que ha cumplido ya 172 años, por lo que el Ministerio del Interior le ha felicitado con imágenes nazis.

Se trata de una composición publicada en Twitter en la que destaca una imagen en 1937 de un guardia civil junto a tres militares alemanes, uno de ellos un oficial nazi.

Antes de que la felicitación nazi se extendiera, el Ministerio de Interior la retiró de Twitter con sigilo para que no se les vea el plumero.

En España festejar el nazismo se está convirtiendo en una orgía. ¿Quién dijo que el PP está contra la memoria histórica? Error. Con motivo de la celebración de las IX Jornadas Visigodas, el ayuntamiento de la localidad toledana de Guadamur también proyectó imágenes nazis y fascistas sobre las paredes del castillo medieval de la localidad, un espectáculo de luz y sonido llamado “Lux Gothorum” (Luz Gótica).

Hace un par de meses Guadamur se dio a conocer como el primer municipio de España en reconocer al presidente del Gobierno en funciones Mariano Rajoy como “persona muy grata”, una distinción que recibió personalmente “emocionado” y “con mucho gusto”, el mismo gusto que hubiera tenido Hitler de haberse visto el homenaje que le han rendido este fin de semana.

Los vecinos de Guadamur vieron cómo el ayuntamiento ponía delante de sus narices, en el muro del castillo, las imágenes de Franco, Hitler, Himler y Petain y posiblemente no vieron las de otros criminales, como Pinochet o Videla, porque el ayuntamiento no encontró sus fotos. Pero todo se andará…

Este tipo de apología del fascismo se reproducirá cada vez más, hasta que nos acostumbremos a levantar el brazo a la romana en las fiestas de los pueblos, las corridas de toros y los conciertos de David Bisbal. Al tiempo.
Fuentes: http://www.eldiario.es/rastreador/Interior-felicita-Guardia-Civil-oficial_6_515558459.html, http://www.eldiario.es/clm/declaro-Rajoy-proyecta-castillo-Franco_0_516548448.html

Caso Almería: el terrorismo de Estado cumple 35 años

La justicia y la memoria tienen asuntos pendientes con la llamada Transición española. Uno de los más significativos –y sombríos– es el que tiene que ver con Luis Cobo Mier, Luis Montero García y Juan Mañas Morales. En la madrugada que transcurre entre los días 9 y 10 de mayo de 1981 se gesta el conocido como Caso Almería. Esa noche son arrestados por la Guardia Civil en la localidad de Roquetas de Mar estos jóvenes trabajadores residentes en la provincia de Santander […]

“Mi querida familia, ante el respeto que merecen me dirijo a Vds. para contarles el hecho siguiente respecto a las extrañas circunstancias de la desgracia de buestro (sic) hijo y compañeros que fallecieron en manos de los asesinos de la Comandancia [de la Guardia Civil] de esta localidad”. Así comenzaba una carta anónima escrita por un agente del cuerpo policial militarizado que fue remitida a la familia de Mañas Morales tres años después del asesinato de los tres jóvenes y en la que daba cuenta de las torturas y la forma en la que once guardias civiles acabaron con los trabajadores.

Los motivos y las circunstancias del viaje

Juan Mañas tenía 24 años, era almeriense de Pechina, pero llevaba varios años trabajando en la FEVE, destinado en Santander. Luis Montero –33 años, trabajador de FYESA y miembro del PCE y CCOO– y Luis Cobo –28 años y trabajador de ACERIASA – eran buenos amigos de Juan, quien los invitó a la primera comunión de su hermano menor, Francisco Javier, que se iba a celebrar en su localidad natal el domingo 10 de mayo.

Las “extrañas circunstancias” de las que escribía el agente sin nombre comenzaron el 7 de mayo cuando, después de salir de sus respectivos trabajos, los jóvenes emprendieron su viaje, en un SEAT 127, matrícula de Santander, con la intención de hacer noche en Madrid, en un piso que le había prestado un amigo a Luis Cobo. Ese mismo día por la mañana se produjo en la capital un atentado de ETA sobre el vehículo en el que viajaba el general Joaquín de Valenzuela, Jefe del Cuarto Militar del Rey, dejándolo malherido y matando a los tres militares que iban con él […]

Al día siguiente, 8 de mayo, tras ojear el periódico y observar las fotografías de los etarras a los que se atribuye el atentado contra el general Valenzuela, creyó reconocer en los jóvenes de Santander a dichos militantes vascos. Buscó la anuencia y corroboración de otros y decidieron denunciar a la Policía y a la Guardia Civil sus conjeturas.

La caza

Luis Montero, Luis Cobo y Juan Mañas durmieron esa noche en la casa de los padres de este último y pasaron el día siguiente visitando distintos lugares de la provincia de Almería dado que para los dos santanderinos era la primera ocasión por aquellas tierras.

Mientras, la denuncia que se originaba en Alcázar de San Juan había puesto en marcha una maquinaria de búsqueda y captura que solamente parará con la detención por parte de la Guardia Civil de los tres amigos en el interior de una tienda de recuerdos de Roquetas de Mar. Son las nueve de la noche del día 9 de mayo de 1981.

Años después, el teniente coronel Victoriano Guillén, quien se opuso con contundencia al golpe de Estado del 23F y fue castigado por ello, explicó ante las cámaras del programa de televisión Crónica de una generación: “La Dirección General de la Guardia Civil mandó un radio [nombre que se daba en la Guardia Civil a los fax o télex] diciendo que eran etarras y que habían atentado contra el general Valenzuela. [El teniente coronel al frente del operativo] Castillo Quero, que era un enfermo mental, un imbécil poseído y que, además, presumía de su amistad con el rey, vio allí la ocasión de hacer un servicio y hacer méritos, colgarse medallas”.

Desde el momento en que se produjo la denuncia, la familia de Luis Cobo comenzó a recibir llamadas y visitas de agentes de la Comandancia de Santander preguntando por las señas personales y la documentación con que éste contaba (dado que era Luis Cobo Mier quien había alquilado el vehículo). La familia informó que Luis no tenía el documento nacional de identidad porque lo había perdido, pero que viajaba con el carné de conducir y con el pasaporte. Aportaron todo tipo de datos: características físicas, situación laboral, la ropa que llevaba… Todo indica que desde Santander se consiguió aclarar su identidad y que, por tanto, su adscripción a ETA debía quedar descartada.

Sin embargo, en Almería se montó un gran dispositivo por parte de la Guardia Civil para su localización, advirtiéndose a los subordinados de la extrema peligrosidad de los militantes de ETA a los que se pretendía detener.

Montero, Cobo y Mañas fueron apresados a última hora de la tarde del sábado 9 de mayo sin que ninguno de ellos ofreciera la más mínima resistencia. A partir de ese momento, y hasta que fueron encontrados sus cadáveres calcinados en el interior del Ford Fiesta en un barranco de la carretera de Gérgal, la Guardia Civil y otros funcionarios del Estado trataron de ocultar la verdad con una versión oficial tan delirante que, si se sigue al pie de la letra, plantea tantos interrogantes que, a fuerza de dudas, crea demasiadas certezas.

El 12 de mayo, los diarios dudan. El entonces bisoño periódico El País le dedica 114 palabras en los que tímidamente reproduce la versión oficial. El Diario Montañés, en Santander, sí indica que “la nota de la Guardia Civil que relata los hechos no parece muy clara y por eso la propia Dirección General ha abierto una investigación”.

Versión oficial

En la comparecencia que posteriormente realizó el ministro de Interior de UCD, Juan José Rosón, ante el Congreso de los Diputados, manifestó que tras la detención, y según informes de la Guardia Civil, los detenidos entraron en contradicción en algunas de sus declaraciones y que en ningún momento Juan Mañas se había identificado como natural de Almería (de hecho, en todo momento la Guardia Civil indicó, contradiciendo a los familiares que manifiestan que salió de casa con su DNI y su carné de FEVE, que Juan Mañas no llevaba ninguna identificación, al contrario que Cobo o Montero). También informó de que en el reconocimiento del automóvil en el que viajaban los detenidos se han encontrado dos pistolas marca Astra.

La versión oficial mantiene que existía un convencimiento de que los detenidos eran, efectivamente, activistas de ETA y se ordenó su traslado a Madrid en una caravana compuesta de cuatro vehículos que incluía el propio Ford Fiesta de los santanderinos (en total once guardias civiles vestidos de paisano y los tres detenidos), conducido por un guardia civil, al cual acompañaba otro como copiloto, mientras que los detenidos iban esposados en el asiento de atrás.

Cerca de la localidad de Gérgal, desde los coches que viajan detrás observaron como el Ford Fiesta realizaba un giro extraño y cómo el conductor salía despedido por la puerta lateral y, a continuación, el otro guardia civil por la puerta contraria. Todo esto se entiende como un intento de agresión y fuga por parte de los detenidos y el teniente coronel al mando de la operación (Castillo Quero) ordenó disparar a las ruedas con el objeto de detener el vehículo. Sin embargo éste, lejos de pararse, cayó por un pequeño barranco y se incendió, siendo imposible el rescate de los detenidos por la magnitud de las llamas y el riesgo de explosión.

El ministro, tal y como recuerda Antonio Ramos Espejo en el libro El Caso Almería: Abierto para la historia, también señaló que la identificación de las víctimas no fue posible hasta horas más tarde al enterarse del suceso sus familiares por la prensa.

El ministro Rosón concluyó asegurando que todo se debió a un “trágico error”. Los diputados de la oposición presentes en la comparecencia, indignados, no dudaron en calificar la exposición de pantomima y de encubrimiento por parte del Gobierno de un crimen perpetrado por miembros de la Guardia Civil. Aunque, una vez derrotada la UCD, olvidaron el caso, la justicia e, incluso, la memoria de lo sucedido.


“A mi madre le dieron una bolsa con los restos de mi tío. Ahí había un colgante, una prenda de ropa… y luego ya le dieron los restos de mi tío -explica Lola Liquete Cobo, la sobrina de Luis Cobo Mier- … un brazo, una mandíbula, unos dientes… Claro, mi madre dijo: ¿Dónde está el resto de mi hermano?”. Las familias denunciaron desde el primer minuto las inconsistencias de la versión oficial y, con la ayuda del tenaz abogado Darío Fernández, lograron llevar a juicio a parte de los implicados.

El juicio se inició el 14 de junio de 1982, trece meses después, y finalizó el 27 de julio. Solamente fueron procesados tres de los once guardias: el teniente coronel Castillo Quero, que en el momento de los hechos estaba al frente de la Comandancia de Almería y era el mando de la operación, el teniente Gómez Torres y el guardia Fernández Llamas.

El abogado de la acusación particular, Darío Fernández, en todo momento intentó que fueran condenados por asesinato, en contra de la opinión del fiscal, que calificaba los hechos de homicidio. Le fue denegada una prueba fundamental en cualquier proceso judicial sin ninguna razón de peso, como es la reconstrucción de los hechos, y siempre dudó de las garantías técnicas y científicas de las autopsias realizadas por los forenses. Fue constantemente acuciado y los intentos de intimidación por parte de miembros de la Benemérita fueron variados, “incluida una bomba bajo su coche: Darío tuvo que esconderse en una cueva”, recuerda Lola Liquete Cobo.

No fue Darío Fernández el único intimidado. José Criado, Pepe el barbero, un militante de la izquierda almeriense, rememora esos días en el libro aún inédito La Chanca. Una Revolución (1940-2000): “Cuando la farsa del juicio, que yo le llamo farsa de juicio porque eso fue, la represión que tuvimos fue peor porque denunciamos la farsa que estaban haciendo. Eso nos supuso… A mí me asaltaron mi negocio, mi peluquería. El local donde teníamos la sede de la Plataforma de Lucha Obrera fue asaltao, literalmente asaltao. Fue violentao y yo me tuve que tirar en aquellos entonces quince días fuera de Almería, había orden de arresto contra mí y me tuve que ir a Murcia.

Los abogados de la defensa calificaron en todo momento de terroristas a los fallecidos, incluso con posterioridad a la correcta identificación de los mismos. De hecho, en el periodo que transcurrió desde el crimen hasta la finalización del juicio desde diversas instancias se continuó poniendo en duda su identidad, pasando de terroristas a delincuentes comunes o bien, homosexuales. Además, se intentó crear un clima según el cual Almería estaba infestado de terroristas y pisos francos.

Lo cierto es que no se encontró ningún impacto de bala en las ruedas del Ford Fiesta, pero sí alrededor del depósito de gasolina y en los cuerpos y en las cabezas de los  fallecidos. Algunos de los impactos habían sido realizados de arriba abajo,contradiciendo la versión de los guardias de que los disparos se hicieron antes de que el coche cayera a la hondonada y se incendiara.

En el lugar de los hechos se encontró una lata de gasolina. Las pistolas que presuntamente se habían descubierto horas después de la detención en el coche de los detenidos estaban llenas de herrumbre y estaban datadas en 1921. En el juicio a instancias del abogado de la acusación se declaró por parte de miembros de la Guardia Civil que perfectamente podían ser armas confiscadas y depositadas en cuarteles.

Por si fuera poco, cinco pescadores que pasaban por la carretera de Gérgal cuando el coche estaba incendiándose con los tres jóvenes dentro ratificaron en el juicio que pararon para ofrecer su ayuda y un extintor que portaban en su automóvil, y que un guardia civil les dijo que no era necesario ya que los heridos habían sido evacuados (lo cual, evidentemente, no era así).

En las conclusiones finales los abogados defensores reconocieron por fin que había existido un delito de homicidio, cuando previamente afirmaban que no había existido delito, pero alegaron “cumplimiento del deber” de los tres enjuiciados y “obediencia debida” en los casos del teniente y del guardia. El fiscal, sospechosamente coordinado con los defensores, no cambió sus alegaciones y siguió manteniendo en todo momento que se trataba de un homicidio.

Al teniente coronel Castillo Quero, que en ningún momento ha mostrado sombra de arrepentimiento, se le sentenció a una pena de 24 años de prisión. Al teniente Gómez Torres a 15 años de prisión, y al guardia Fernández Llamas a 12 años de prisión. Todas las penas citadas implicaban además la baja en el cuerpo de la Guardia Civil.

En todos los casos los acusados salieron de la cárcel con bastante antelación al final de sus penas por un teórico buen comportamiento (Castillo Quero logró el tercer grado a los tres años). Además cumplieron en unas condiciones que para sí quisieran muchos de los internos que siguen penando por las cárceles de España. Durante parte de la pena residieron en centros militares en lugar de hacerlo en cárceles ordinarias y, tal y como se denunció años después, recibieron un ‘salario’ procedente de los fondos reservados del Ministerio del Interior.

Con posterioridad a la sentencia, tal como mostró el diario El País en su edición del día 15 de octubre de 1985, la esposa del ex-teniente coronel Castillo Quero solicitó para su marido un indulto por “sus largos servicios a la patria”.

El 22 de abril de 2015, el Diario de Almería dio cuenta de cómo la formación política Amaiur había formulado varias preguntas relacionadas con el Caso Almería en el Congreso de los Diputados. Quería saber si los agentes de la Guardia Civil condenados por asesinar a los tres jóvenes cobraron esas ayudas de fondos reservados, las cantidades y si, finalmente, el Gobierno contemplaba considerar a los fallecidos como víctimas del terrorismo, tal y como reclaman las familias. Jon Iñarritu, diputado de Amaiur, recibió la siguiente respuesta a sus numerosas preguntas: “El Gobierno carece de información que pueda aportar a una respuesta parlamentaria, dada la antigüedad de los hechos referidos en la pregunta”.

Unas conclusiones que se extienden en el tiempo

Tanto las familias de los jóvenes fallecidos como su abogado, numerosos periodistas y políticos que siguieron el caso, tienen hasta el día de hoy, 35 años después, otra versión de los hechos que se sigue manteniendo en la oscuridad por parte de las sucesivas autoridades gubernativas y de la Guardia Civil.

Caben pocas dudas respecto a que a Juan Mañas, a Luis Cobo y a Luis Montero los mataron miembros de la Guardia Civil en un estado de confusión rayano en la demencia o la obsesión. Pudiendo realizarse las comprobaciones de identidad oportunas no se hicieron, pese a que la Guardia Civil tenía medios para ello, tal y como se comprobó en el juicio. Las pistolas que dijeron haber encontrado en el coche, con toda probabilidad fueron colocadas allí para justificar la inculpación como militantes de ETA.

Es muy probable que a uno de ellos o a todos se les trasladara a una antigua fortaleza cerca de la costa y se les torturara intentando arrancarles una confesión. También es posible que alguno de ellos o todos fallecieran bajo tortura y que el Ford Fiesta en el convoy de traslado solamente transportara en la parte de atrás personas muertas o… sus restos. Si fuera así, estaríamos ante un concepto aún más perverso de la “ley de fugas”.

Es posible que se prendiera el coche utilizando la propia gasolina del depósito y también la del bidón que se encontró en los alrededores, con el objeto de ocultar las lesiones producidas con antelación.

Este 10 de mayo se cumplen 35 años de los hechos que se relatan. Las familias continúan en completo desacuerdo con el desenlace. Por ello, siguen pidiendo que se aclaren las circunstancias reales de la muerte de sus familiares y que recaiga la ley con justicia en los causantes. Los guardias civiles eran once y solamente fueron juzgados tres. El resto, además de participar en la acción, cometieron el delito de ocultación de pruebas.

Las familias siguen solicitando dignidad para los jóvenes asesinados y que se les considere víctimas del terrorismo. En ningún momento ha sido aceptada esta cuestión, alegando que solamente pueden ser consideradas así las víctimas de ETA […]

El año pasado, en la plaza de Pechina, localidad de nacimiento de Juan Mañas, se le levantó una placa en homenaje y en recuerdo de los hechos acaecidos. En Cantabria, tierra de nacimiento o de adopción de todos ellos, jamás se ha realizado un acto de homenaje oficial ante sus asesinatos.

Fuente: http://www.eldiario.es/norte/cantabria/sociedad/Caso-Almeria-verguenzas-Transicion_0_513049551.html

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