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Los franquistas encarcelaron a más de un tercio de la población de León tras la guerra

Cuartel del Cid
En León más de una decena centros de detención recluían al menos 12.000 prisioneros tras la derrota republicana en la Batalla del Ebro, cuando vivían en ella unos 20.000 civiles y un par de miles de soldados.

Así lo desvelan unos informes de la policía franquista referentes a la investigación de una supuesta trama para liberarlos a todos. Es decir, más de un tercio de los habitantes de la capital leonesa estaban presos por la represión franquista.

Un informe, firmado por el jefe de la Comisaría de Investigación y Vigilancia y fechado en 1941, se refiere a las sospechosas actividades durante la guerra del sombrerero Fausto Ríus García que vivía en la calle Ancha (ya llamada Generalísimo) del que se indica: “Ha sido dos veces detenido, la ultima por sus actividades sospechosas en unión de otros muchos de probada desafección al Régimen, con sospechas de que intentaban un levantamiento en León a base de los 12.000 prisioneros que había en las prisiones que se proponían libertar”.

Una cifra altísima para una ciudad con unos 20.000 civiles durante la guerra, de la que se sabe a ciencia cierta que tenía unos 30.000 habitantes en 1936, pero que tras dos años de guerra había perdido unos 10.000 habitantes: los jóvenes estaban fuera de ella movilizados en los distintos frentes o en ocupaciones de logística para los franquistas. Sólo habría que sumar a la cantidad de civiles (en su mayoría mujeres, mayores y niños de corta edad) un par de miles de militares entre los de los cuarteles, los guardias civiles y los mandos (oficiales y suboficiales) de la Legión Condor. Así, en aquella época León albergaba 34.000 almas, 12.000 de las cuales no eran libres (el 35 por ciento).

Lo sorprendente, y desconocido hoy en día por el tupido velo que se echó sobre aquellos acontecimientos, es comprobar dónde se situaban los centros de detención, clasificación e internamiento en la capital leonesa. Muchísima gente aún cree que sólo fue San Marcos, pero eso no era así, ya que había al menos tres o cuatro localizaciones más con miles de presos en las calles leonesas, y otros lugares en los que se procedía a retenciones más cortas e interrogatorios, o de los que aún se carecen de noticias fiables. Son datos extraídos de retazos de los archivos y de pocos conocidas declaraciones escasamente publicadas, ya que la investigación es extremadamente compleja al estar en paradero desconocido las versiones de los propios responsables carceleros y la forma tan vaga de definir lo que ocurría por parte de los franquistas.

La estructura de los centros de detención, clasificación e internamiento (también conocidos como campos de concentración) en León tenía entre tres y cuatro tipos distintos. Los más pequeños eran los propios calabozos de la comisaría en el edificio Zarauza donde estaba el Gobierno Civil (en las actuales calles de Padre Isla, Héroes Leoneses y mirando a lo que hoy sería Gran Vía de San Marcos) y del Cuartel de la Guardia Civil en la calle del Cid mirando a la plaza de San Isidoro; también habría que indicar el cuartel del Cid para los primeros días de cautiverio de mandos importantes del Ejército que quedaron en el bando republicano.

A estos se podrían añadir el Gobierno Militar (situado en lo que hoy es el Mercadona de Padre Isla), el propio Palacio de los Guzmanes, sede de la Diputación Provincial (a cuya primera planta se trasladó en abril de 1937 la Comisaría de Investigación y Vigilancia), y varios colegios de la ciudad que se usaron de forma provisional y durante muy poco tiempo como campos de clasificación; ya que algunos documentos se refieren a detenidos en ellos. Más de una decena de centros de internamiento en la ciudad, según ha podido descubrir en los archivos Francisco Javier Fernández-Llamazares.

Después estarían los campos de concentración con miles de presos preventivos sin sentencia y a la espera de liberación o juicio, como era el caso del Hospicio, Santa Ana o Ponce. “El hacinamiento insufrible, primero tras la caída del Frente Norte en octubre de 1937, y mucho peor tras la derrota republicana en la Batalla del Ebro entre agosto y noviembre de 1938, donde hubo que acondicionar o recurrir (independientemente de las instalaciones penitenciarias existentes) a instalaciones de la Diputación (entre ellas el Hospicio), a colegios como el actual Ponce (que era inmenso), fábricas abandonadas como la antigua de curtidos de Julio Eguiagaray, no la de Lescún como equivocadamente está publicado, y todo tipo de instalaciones militares”, explica el autor de “Crónicas de la burguesía leonesa, un episodio de la Guerra Civil en León” y “Los leoneses que financiaron a Franco”. De esos 12.000 presos muchísimos eran aragoneses y catalanes, tras la caída del Frente del Ebro, y asturianos de la del Frente Norte (y, por supuesto, leoneses, y de cualquier parte de España).

Un tercer tipo era la cárcel de Puerta Castillo. “Esa era la más seria, penitenciariamente hablando, no por dureza. Si te trasladaban allí sabías que lo más probable es que no fueras a morir paseado”, comenta Javier Fernández-Llamazares. “Los que estaban allí eran condenados con sentencia firme, y sabían lo que les podía esperar; en realidad tal y como andaba la cosa era, paradójicamente, un alivio para sus familias”. Allí había un alto porcentaje de presos leoneses porque eran de su propia jurisdicción.

Y luego está el ya demolido en los 60 Cuartel de la Fábrica, situado donde el Hotel Conde Luna y la actual Subdelegación de Defensa lo que fue el Gobierno Militar en la calle del General Lafuente, precisamente el comandante del Regimiento del Cid que se sublevó el 20 de julio de 1936. De éste edificio ha salido a la luz poca documentación que demuestre haber sido presidio de muchos reclusos, aunque queda mucho aún que investigar sobre él.

Lo que sí es también destacable era una de las mejores salidas para los reos de aquellos campos de internamiento y concentración: “Hubo un montón de batallones de trabajo, presos con condena firme que trabajaban realizando carreteras y todo tipo de obra civil para redimir condena y en condiciones más favorables que las del resto de presidiarios”, según el historiador y conservador del Archivo de la Banca Fernández-Llamazares.

Lo que se puede decir de lo descubierto por los investigadores, como Francisco Javier González Fernández-Llamazares es que San Marcos no era ni mucho menos el único centro de retención de la capital, por lo menos en capacidad. Sí que es cierto que pasaron muchos presos por allí (las cifras no oficiales ni demostradas hablan de entre 6.000 y 15.000 personas), pero porque este campo de concentración “servía principalmente, tras los primeros y terroríficos meses de la guerra entre paseos y fusilamientos, para clasificar a los detenidos y enviarlos a otros lugares”.

“En realidad San Marcos en 1937 tenía una capacidad de 600 presos, ya habían empezado a disponerse otros lugares como el Hospicio, el Colegio Ponce o la fábrica de Curtidos en Santa Ana —de la familia Eguiagaray; no hay que equivocarla con la de los Lescún, aunque es un error que se ha repetido demasiadas veces—, como campos de concentración de personas sin juicio”, apunta Fernández Llamazares. Para afirmar esto, se basa en el fragmento de una declaración de la causa 493/37 que encontró en el Archivo Intermedio de la Región Militar Noroeste mientras investigaba los encarcelamientos de los hijos de los propietarios de Almacenes Pallarés por parte de los militares sublevados:


“Que al médico Pallarés no le oyó decir ni una palabra, aunque lo pretendió, por ser uno de los que llevaba en cartera para sonsacarle. Que el Lenin [Modesto Pastor] era de muy malos antecedentes, hablaba siempre mucho contra los nacionales. Tiene el convencimiento el testigo de que estaban en combinación con los rojos y se hartaba de decir que el 1 de mayo [1937] iban a hacer en León la gran manifestación izquierdista. Que sobre este mismo plan podía seguir diciendo mucho, pero que no lo cree ya necesario, tanto ya cuando en su día se hizo extensa información que se entregó al teniente coronel jefe de los servicios de Orden Público [Ángel González Vázquez, quien había sustituido a Luis Medina Montoro]. Que ‘el del puño en alto’ [Ambrosio Santos] era también de muy malos antecedentes y se hartaba de hablar en el mismo sentido, siendo el  duplicado del anterior. Convencidos ambos de que a fines de abril entrarían los rojos en León para celebrar el 1 de mayo su triunfo, tenían la contraseña: ‘a morir’, a cuya señal se lanzarían los 600 presos a desarmar a los centinelas y a la calle con sus armas. Las salas todas se combinaban por medio de barberos, que eran los que traían y llevaban las contraseñas y noticias”.

San Marcos tenía seiscientos presos en el primer trimestre de 1937. ¿Qué había ocurrido si lo que se conoce según los estudios tradicionales allí estuvieron entre seis y quince mil presos? Para Javier Fernández-Llamazares la cosa está bien clara: “San Marcos era campo de concentración pero sobre todo de clasificación. Un lugar donde los presos esperaban a ser juzgados, y de ahí se les trasladaba tras la sentencia militar firme a otros penales: cárcel provincial en Puerta Castillo, Astorga, Valencia de Don Juan, San Simón en Vigo, el Monasterio de Celanova en Orense (donde hubo multitud de presos leoneses), o la espeluznante San Cristóbal de Pamplona entre otras. Por eso pasó tanta gente, pero en períodos relativamente muy cortos de tiempo, hasta que les llegara el juicio; o por desgracia el ‘paseo’ o el fusilamiento en los primeros meses”.

Además, Fernández-Llamazares calcula que ya en abril de 1938 podía tener más de dos mil: “Las instalaciones las iban ampliando y el hacinamiento, por otro lado y a pesar de que ampliaban instalaciones, crecía por momentos”. Lo que también es más que probable “a  falta de investigaciones más concretas”, es que el antiguo Colegio Ponce (que había sido la Escuela Normal de Maestras y en aquella época aún se conocía con ese nombre), el Hospicio y la Fábrica de Curtidos también tuvieron ampliaciones y un número bastante importante de reclusos que podrían superar el millar o millares dados los datos ofrecidos por las autoridades. “En realidad el número concreto en cada uno aún no lo sabemos. Lo sabremos el día que consultemos documentaciones en archivos militares, donde pueden aparecer listas y planos con el número de presos y metros cuadrados de las instalaciones”, reconoce.

Sobre el otro error de ubicar el campo de concentración de Santa Ana en la fábrica de los Lescún, Javier Fernández-Llamazares asegura: “Los Lescún y los Eguagaray estaban emparentados y tenían dos fábricas de curtidos seguidas en la calle Santa Ana: la primera era la de Lescún y la segunda de los Eguiagaray, que eran primos carnales. Pero la que utilizaron para campo de concentración fue la de los Eguiagaray, y ampliaron el campo con terrenos aledaños que también eran de los Eguiagaray y los rodearon con alambre de espinos, no sólo los presos estaban dentro de lo que era la fábrica de curtidos”.

“Se publicó que era la de los Lescún, pero es falso por la sencilla razón de que la fábrica de los Lescún estuvo operativa durante la guerra fabricando suelas y botas para el ejército como demostré en mis libros, aportando facturas de la requisa. Está claro que no se puede fabricar y tener presos al mismo tiempo y en el mismo recinto”.

Las cifras de víctimas relacionadas con esta represión que se estiman en San Marcos son enormes, aunque quizás necesiten una revisión con más documentación al salir a la luz la existencia de estos otros centros de internamiento. Según algunos historiadores, 791 de los detenidos que pasaron por allí fueron puestos ante pelotones de ejecución, 1.563 desaparecieron paseados y otros 598 murieron por diferentes razones, fueran enfermedades o torturas. Casi unas 3.000 personas en la ciudad de León. De ser precisas estas cifras, más de la mitad de todos los que se estimaron en 2008 que fueron represaliados en la provincia por las Asociaciones de Memoria Histórica: 5.800.

“De lo que no me cabe la menor duda es de que las muertes reales son superiores a las publicadas y de que los leoneses presos en San Marcos fueron muchos más que los que aparecen en las listas. Sencillamente, hubo cientos de leoneses de la capital que fueron retenidos en San Marcos, pero al no habérseles abierto proceso, no figuran en lista alguna”, explica el historiador especializado en la Guerra Civil en la ciudad. “Además hay que tener en cuenta que los estudios que se han hecho sobre San Marcos han fallado también en el listado de las personas que estaban presas, porque incluyen hasta los visitantes que iban a llevar comida y ropa y a hablar con los que sí estaban allí recluidos”.

“Es evidente cuando en el listado de entradas se ve a una señora que, días después, firma algunas órdenes en el Banco de Bilbao explicando que lo ha de hacer porque un familiar suyo está preso allí: si estuviera encerrada sería imposible que pudiera comunicarse con el banco. Y no es el único ejemplo, queda mucho que precisar y corregir sobre la cantidad de gente que estuvo en San Marcos. Pero es que no es fácil unir todas las piezas. Eso sí, allí pasaron cosas terribles, y lo que es verdad es que el Hospicio, el viejo Ponce y la fábrica de Curtidos de Santa Ana fueron bastante más grandes en número de presos de lo que se cree y peores respecto a las condiciones de hacinamiento durante más tiempo, cosa que se agravó al final de la Guerra porque ya no cabían más soldados capturados de la República. Y cada vez llegaban más según se iba hundiendo el frente republicano”.

León, al haber estado desde el principio en el bando franquista, y ser el nudo de comunicaciones del noroeste, se convirtió en uno de los nodos de clasificación y encarcelamiento de los republicanos capturados durante la Guerra una vez pasados los primeros meses de represión mortal. Y las cifras que se van descubriendo en los archivos oficiales y privados lo demuestran.

El número de personas despojadas de libertad por causa de la guerra en la provincia es seguramente aún mayor si se suman los campos y cárceles de Astorga, Valencia de Don Juan y Ponferrada y los batallones de trabajos forzados; y más aún las personas que pasaron por el territorio provincial para terminar en otros presidios. Conocer esos datos, que pueden ser de decenas de miles de presidiarios, queda por certificar en los archivos. Aunque es posible que no se conozca nunca con precisión.

Lo más curioso de toda esta historia, es que la investigación en la que se descubre la cifra oficial de 12.000 presos, la que acusaba a varios leoneses de conspirar para “intentar un levantamiento en León para libertar a los prisioneros” se saldó con el cierre del rollo judicial sin acusados en firme. Ni los jueces se lo creyeron, pero la cifra de los falsos acusadores sobre los presos en la ciudad más real no podía ser si querían convencer a los magistrados de meterlos a buen recaudo. Mentiras que escondían una terrible verdad, que evidencia la absoluta arbitrariedad de los franquistas a la hora de enviar a miles y miles de personas a un infame cautiverio.

https://www.ileon.com/historia/084043/mas-de-un-tercio-de-los-habitantes-de-leon-capital-eran-prisioneros-en-1938-y-1939

El apoyo del franquismo a los submarinos nazis durante la Segunda Guerra Mundial

Manuel Moncada Lorén

El franquismo ayudó a los submarinos nazis, que utilizaron los puertos de Vigo y Ferrol como centro logístico en el transcurso de la Batalla del Atlántico durante la Segunda Guerra Mundial.

Existen al menos 23 casos documentados de abastecimiento de sumergibles alemanes en Galicia entre 1940 y 1942, período en el que las manadas de lobos comandadas por el almirante Dönitz convirtieron el Atlántico en un abismo insalvable para los mercantes aliados.

Junio de 1940. Toda Europa se encuentra bajo el dominio del Eje. Tras desatar la Blitzkrieg (guerra relámpago) desde Polonia hasta Francia, Adolf Hitler contempla el canal de la Mancha, obstáculo tras el que se encuentra su siguiente objetivo: Londres.

Mientras ordena el inicio de los preparativos para la Operación León Marino (nombre que recibe el plan para la suspendida invasión de Inglaterra), Hitler libera sus manadas de lobos U-Boote desde los ocupados puertos franceses de Brest, Lorient, Saint-Nazaire y La Rochelle con el objetivo de asfixiar al Reino Unido destruyendo sus rutas de suministro marítimo.

Los puertos de la costa occidental francesa ofrecían a los submarinos alemanes una salida estratégica al corazón del Océano Atlántico. Allí, los sumergibles germanos actuaron impunemente contra los convoyes aliados en lo que se conoció como “tiempo feliz” para los U-Boote hasta 1942, año en el que los aliados perfeccionaron el uso del sonar, el radar y las cargas de profundidad.

La Península Ibérica había ido ganando importancia en los planes de Hitler y veía a España como un posible aliado para acabar con el dominio británico en los océanos. Una alianza con Franco ofrecía la posibilidad de atacar Gibraltar por tierra y poner un candado en el Mediterráneo para la Royal Navy. Esta idea llevó al führer a tratar de convencer al dictador español para que entrara en la guerra del lado del Eje.

La entrevista de Hendaya entre el general Franco y Adolf Hitler celebrada en octubre de 1940 no cambió mucho las cosas: Franco permanecía en su ambigua neutralidad, pero autorizaba el uso de los puertos españoles en el Atlántico por parte de los submarinos de la Kriegsmarine (Marina de guerra alemana) y el reclutamiento de una fuerza expedicionaria de voluntarios que combatiría en Rusia al lado del III Reich. La conocida en España como División Azul.

El almirante Karl Dönitz, máximo responsable de la guerra submarina del III Reich, formuló la estrategia puesta en práctica con éxito en el Atlántico, el ataque en manada o rudeltaktik.

La palabra alemana rudeltaktik describe la naturaleza de la táctica, en la que un gran grupo de submarinos o rudel (manada en alemán) ataca un convoy. Los mercantes ingleses, víctimas habituales de esta táctica, popularizaron el término en inglés wolf pack, o manada de lobos.

De igual forma, las formaciones de submarinos alemanes atacaban coordinadamente las rutas de convoyes en medio del Atlántico, causando estragos en las líneas de suministro aliadas durante la primera mitad de la Segunda Guerra Mundial, época en la que los mercantes aliados navegaban sin escolta.

El submarino alemán Tipo VII C fue el sumergible más utilizado por la Kriegsmarine en las operaciones de acoso de las rutas de suministro aliadas.

Lejos de los puertos aliados y fuera del alcance de los aeródromos, el Atlántico central se convirtió en un campo de tiro de buques mercantes para los silenciosos submarinos, que entre junio y noviembre de 1940 hundieron 1.600.000 toneladas de barcos y suministros vitales para el esfuerzo de guerra británico.

En previsión del apoyo logístico necesario para desarrollar la guerra submarina en el Atlántico, el alto mando de la Kriegsmarine había ordenado el despliegue de buques cisterna y barcos mercantes en puertos estratégicos de la costa atlántica española antes del estallido de la guerra.

Entre 1940 y 1942, hasta 23 submarinos alemanes utilizaron los puertos españoles para abastecerse gracias a los barcos mercantes amarrados allí previamente. El inicio de las hostilidades ofreció la excusa perfecta a los mercantes alemanes para permanecer anclados en los puertos gallegos y servir como buques de suministro para los submarinos.

Los mercantes alemanes Max Albrecht (fondeado en la ría de Ferrol) y Bessel (anclado en Vigo), ofrecieron apoyo logístico a las tripulaciones de los sumergibles germanos que volvían del combate en alta mar.

Estos barcos suministraron combustible, torpedos, raciones de comida y agua a los sumergibles, pero los españoles también asistieron a los alemanes heridos además de colaborar en reparaciones de emergencia, como la que tuvo lugar en el puerto de Ferrol el 12 de junio de 1942.

Tras haber resultado averiado en una incursión de bombarderos navales aliados, el submarino alemán U-105 fue remolcado por el personal de la Armada y puesto en dique seco para su reparación. Después de su puesta a punto volvió al puerto francés de Lorient, del que había partido originalmente.

La historia de los países que ante un conflicto bélico internacional han declarado su neutralidad o han asumido un papel de no beligerancia, destaca por la cantidad de veces que estos países supuestamente ajenos a la contienda han contribuido de forma más o menos evidente al esfuerzo de guerra de los bandos contendientes.

La situación privilegiada del noroeste peninsular como punto desde el que asaltar las rutas comerciales aliadas, ofreció a las manadas de lobos alemanes un enclave estratégico donde reabastecerse y constituye un ejemplo menos conocido de la contribución española al esfuerzo bélico del Eje durante la Segunda Guerra Mundial.

http://www.nationalgeographic.es/historia/2018/03/galicia-la-guarida-espanola-de-los-lobos-de-hitler

Suiza concedió un préstamo millonario a Franco en plena Guerra Civil

Manifestación en Suiza de apoyo a la República
Muchos años antes de que la exdiputada de la CUP Anna Gabriel se refugiase en el paraíso de los evasores fiscales y los jerarcas nazis, los mandamases del país que es sede de la ONU se pasaron por “el Milka” la tan cacareada neutralidad suiza para realizar un préstamo millonario a Francisco Franco.

Además, Suiza fue el segundo país en reconocer al régimen franquista, unas semanas después de la conquista de Barcelona  y antes de que la guerra hubiese finalizado.

En una una entrevista, concedida a Rodrigo Carrizo Couto para Swissinfo, el periodista e historiador suizo Ralph Hug, especializado en la Guerra Civil española y el papel que Suiza y los voluntarios suizos tuvieron en la contienda, desveló que la Schweizerischer Bankverein (Sociedad de Bancos Suizos) concedió a Franco y los suyos un crédito por valor de 12 millones de francos suizos en octubre de 1938. Esta entidad, según Ralph Hug es “el ‘abuelo’ del actual UBS”.

La concesión de este pastizal buscaba conseguir un buen posicionamiento a la hora de obtener importantes ventajas económicas gracias a establecer lazos tempranos con la España franquista. Vamos, rascar la espalda a la bestia parda para hacer negocios en el futuro. Veamos la explicación de Hug:

“Si la política oficial de Suiza era la neutralidad, en los pasillos la realidad era muy distinta. En la contradicción evidente entre intereses económicos y valores democráticos, no es difícil ver cuáles pesaron más. En teoría, Suiza siempre ha defendido valores democráticos, pero en las sombras es evidente que se han ayudado a regímenes autoritarios y antidemocráticos”.

Exacto, quedaba casi medio año para el final de los combates. El 1 octubre de 1938 Negrín había impulsado una reorganización de las fuerzas militares de la República, llamando a filas a los reservistas de 1923-1926. El 28 de octubre las Brigadas Internacionales desfilaron por Barcelona, despidiéndose antes de abandonar España. El día 30 de octubre, Franco (con el dinero de los suizos ya a buen recaudo), lanzaba la “contraofensiva final” en el Frente del Ebro, pero la guerra no terminaría hasta el 1 de abril del año siguiente. Suiza realizó el préstamo seis meses antes de que la República fuese derrotada.

Evidentemente, las posiciones de cabeza en el infame ranking de los primeros países en reconocer diplomáticamente a Franco como líder legítimo del procés nacional-católico, las ocuparon la Italia fascista y la Alemania nazi. La medalla de bronce la obtuvo el Vaticano, y la pedrea se la quedaron los países que formarían posteriormente el Eje, la alianza de potencias fascistas. Japón, Hungría, Bulgaria y varios otros. Tras todos estos regímenes dictatoriales, llegaron la muy católica Irlanda y (el 14 de febrero de 1939) la virginal Suiza, una de las democracias más antiguas del mundo.

El ideólogo del reconocimiento suizo al gobierno ilegítimo español fue Giuseppe Motta, consejero federal durante nada menos que 29 años, desde 1911 hasta 1940 (a eso se le llama tenerle cariño al asiento), que era un nacionalista conservador con fuertes simpatías por el fascismo de Mussolini y el general Franco. Siendo ministro de exteriores, leemos en Swissinfo, utilizó los tendenciosos informes del embajador suizo en Madrid para “demostrar” que los republicanos tenían cuernos, rabo, comían niños pijos para desayunar y olían a azufre.

El reconocimiento de Franco realizado por el gobierno suizo fue incomprendido por la sociedad civil suiza y los medios de comunicación hablaron de “reconocimiento prematuro”. La izquierda suiza protestó, señalando que no había ninguna necesidad de reconocer a Franco antes que la guerra terminase. Pero, claro, la cosa ya estaba hecha y santa rita, rita, rita, lo que se da…

De los cerca de 800 voluntarios suizos que defendieron la II República española luchando contra el fascismo, 420 fueron condenados a varios meses de prisión al volver a Suiza, siendo privados de sus derechos cívicos.

Acababa el tiempo de los idealistas y llegaba el de los pragmáticos, el de que bancos, aseguradoras, compañías industriales o eléctricas del país alpino recuperasen el crédito concedido.

Los brigadistas suizos represaliados no fueron rehabilitados hasta 70 años después del fin de la Guerra Civil española, en 2009.

http://blogs.publico.es/strambotic/2018/03/francos-suizos-para-franco/

La actual propaganda anti-rusa de los imperialistas está copiada de la que difundían los nazis bajo el III Reich

A comienzos de 1935 los nazis desataron en Alemania una campaña de intoxicación propagandística contra la URSS y sus peligros de dominación mundial. El cartel de portada corresponde a una exposición itinerante que se abrió en Karlsruhe, la capital de Baden.

Luego el cartel lo reprodujo el diario británico The Guardian, cuyo dibujante Steve Bell demuestra una falta absoluta de originalidad, aparte de que sus fuentes de inspiración nazis quedan al descubierto, lo mismo que el periódico:

Este otro dibujo es más de lo mismo, una portada de The Economist, el portavoz de los bancos y las grandes multinacionales británicas que le tienen pánico a Putin y sus ansias de dominar el mundo (lo quieren dominar ellos solitos a su antojo). Otro plagio de la propaganda del III Reich:

A la propaganda imperialista se la nota atascada desde 1945, falta de nuevas ideas y de originalidad, a pesar de que el gobierno de Obama presupuestó 160 millones de dólares para propaganda negra de este tipo, que es la que financia a The Economist y The Guardian, entre otros.

El más ferviente y estúpido plumilla antiruso de The Guardian, Luke Harding, tuvo que disculparse públicamente por haber plagiado pasajes enteros de The Exile, una revista rusa en inglés.

En 2015 un informe divulgado precisamente por The Guardian admitía la existencia de un fondo de reptiles contra Rusia destinado a los medios de la Unión Europea. El informe había sido redactado por la agencia de propaganda RFE/RL de Estados Unidos (*).

Todo esto es tan zafio que los medios ya ni se molestan en disimular su papel: un artículo de propaganda del gobierno de Wasgington sobre un fondo de reptiles para los medios de la Unión Europea termina convirtiéndose en un artículo de The Guardian, como si el dinero no fuese para sobornarles a ellos.

(*) https://www.theguardian.com/world/2015/jun/25/eu-russia-propaganda-ukraine

Se cumplen 80 años del bombardeo de Barcelona por los fascistas que mató a más de 1.000 personas

Al inicio de la guerra civil, julio de 1936, los efectivos navales y aéreos de los fascistas eran notoriamente inferiores a los republicanos. Franco pidió ayuda militar a Alemania e Italia, que se la prestaron.

Durante la guerra los fascistas italianos realizaron más de 135.000 horas de vuelo, llevando a cabo 5.318 operaciones de bombardeo en el que fueron lanzadas cerca de 11.500 toneladas de bombas. Gran parte de las operaciones se llevaron a cabo desde Mallorca, que al caer en manos fascistas, se convirtió en una base privilegiada para atacar la costa mediterránea.

La base de la Aviación Legionaria italiana en las Baleares fue creada a mediados de noviembre de 1936. Gozó de gran autonomía durante todo el conflicto y desde febrero de 1937 al 25 de enero de 1939 dirigió el bombardeo de Barcelona y de las principales ciudades catalanas.

Entre las 22.08 horas del día 16 de marzo de 1938 y las 15.07 horas del día 18, los aviones fascistas realizaron 13 raids, con intervalos aproximados de tres horas. El ataque afectó al área central de Barcelona: la izquierda del Eixample, Poble Sec y el entorno de plaza Catalunya.

Fue la primera vez en la historia que una ciudad de más de un millón de habitantes era sometida a un bombardeo continuo, sistemático y regular. La táctica italiana creó el pánico en los barceloneses, que ya no distinguían si las sirenas anunciaban el fin de un ataque o el inicio del siguiente.

El ataque por saturación desarticuló los sistemas de alarma, paralizó la ciudad y provocó la huida temporal de millares de personas de sus domicilios. Los bombardeos de marzo de 1938, al igual que el de Gernika en abril de 1937, fueron demostraciones notorias de que los fascistas había convertido a la población civil en un banco de pruebas para la guerra.

44 toneladas de bombas arrojaron los Savoia S81 y S79, los más eficaces bombarderos de los que disponía en aquel momento la aviación italiana. Con una capacidad de ataque muy similar a los Heinkel 111 de la legión Cóndor alemana. Cada Savoia S79 tenía una tripulación de cinco hombres y una capacidad para transportar 1,2 toneladas de bombas. Además, llevaban incorporados otra novedad: cámaras fotográficas de alta calidad con las que retrataban sistemáticamente todas sus misiones. Gracias a esta innovación, desde hace pocas décadas tenemos impresionantes testimonios gráficos de los bombardeos sobre Barcelona.

El suceso más impactante fue la bomba que impactó alrededor de las dos de la tarde del día 17 sobre un camión militar, con 23 militares a bordo, que transportaba ocho toneladas de trilita desde las canteras de Montjuïc hasta la Inspección general de Ingenieros de La Sagrera. La explosión del camión cerca de la confluencia de la Gran Vía con la rambla de Catalunya fue tremenda. La colosal columna de humo, de 250 metros, sorprendió a los mismos aviadores italianos. Incluso días después, la prensa internacional especuló que era una superbomba experimental que alguien bautizó ingeniosamente como “de aire liquido”.

La cifra exacta de fallecidos es desconocida. Tras los ataques, la Generalitat la cifró en 872, de los que 118 eran niños. Pero los estudios actuales la elevan a cerca del millar, sumando los que fallecieron en las semanas siguientes a consecuencia de las heridas recibidas. Algunos autores señalan que la existencia de 1.365 refugios antiaéreos, la gran mayoría construidos por los vecinos –sólo 24 eran municipales- evitó muchas más víctimas.

El bombardeo de Barcelona fue ordenado por Benito Mussolini al general Giuseppe Valle, viceministro de la Aviación Militar italiana, quién a su vez trasladó la orden al general de brigada Vicenzo Velardi, jefe de la Aviación Legionaria. La orden fue transmitida, la noche del 16 de marzo, mediante un telegrama que decía literalmente “Iniciar desde esta noche una acción violenta sobre Barcelona con martilleo espaciado”. Esta última expresión “martellamento diluido nel tempo” denomina con exactitud la innovadora táctica empleada por los italianos.

A partir de enero de 1938, tras la victoria de los fascistas en la batalla de Teruel y la imparable ofensiva de Aragón que acercaba la guerra a las fronteras catalanas, la Aviación Legionaria intensificó los bombardeos sobre Catalunya. El objetivo principal de los bombardeos de marzo, más allá de industrias, fábricas, instalaciones militares y edificios oficiales, fue el amedrentar a la población y sembrar el caos. El bombardeo de los barrios centrales de la ciudad, densamente poblados, provocó que la mayoría de las víctimas fueran civiles.

Gernika y Barcelona inauguraron una trágica lista que continuaron Coventry, Londres, Dresde, Hamburgo, Hiroshima, Nagasaki, Vietnam. Es un nuevo estilo, típicamente fascista e imperialista, de hacer la guerra.

Stalin, Churchill y el mundo que se repartieron en Yalta (una fantasía histórica)

El 9 de octubre de 1944 Churchill llegó a Moscú para reunirse con Stalin. A causa de las elecciones presidenciales estadounidenses, la conferencia tripartita con Roosevelt se había aplazado temporalmente y Churchill mostraba mucha prisa. Estuvo pidiendo la entrevista con Stalin desde finales de septiembre.

La delegación soviética estaba “con la mosca detrás de la oreja”. La insistencia de Churchill por viajar a Moscú les desconcertaba. ¿Qué pretendían los británicos?, ¿por qué querían reunirse con ellos sin la presencia de Roosvelt?

De la primera conversación entre ambos conocemos la versión falsaria de Churchill que aparece en sus Memorias. Es el famoso reparto porcentual de influencias en los Balcanes, donde los británicos se quedaban con el 90 por ciento de Grecia y concedían el 75 de Bulgaria y el 90 por ciento de Rumanía a los soviéticos, mientras Yugoslavia y Hungría se las repartían al 50 por ciento.

Como es evidente, los países interesados no pintaban nada, los grandes se reparten el mundo a costa de los pequeños, los soviéticos son igual de imperialistas que los británicos, los soviéticos también se repartieron Polonia en 1939 con los nazis (Pacto Molotov-Von Ribbentrop), después se repartirían el mundo en Yalta con la complicidad de Roosvelt…

No hay cretino que no haya repetido estas gilipolleces una y mil veces. No hay más que recurrir a un buscador para convencerse de ello. Es increíble que alguien pueda dar algún significado al hecho de que dos países se repartan en porcentajes cuantitativos algo tan sutil como la “influencia” sobre un país soberano. Pero tratándose de Stalin o de la URSS cualquier cosa es posible (sobre todo si procede de un farsante como Churchill).

Cuando se celebra la reunión de Moscú, el Ejército Rojo ya llevaba un mes en Rumanía y Bulgaria, por lo que Churchill no podía ceder ni negociar nada. Había quedado completamente fuera de juego, lo mismo que Estados Unidos.

Es cierto que los británicos pataleaban a causa de ello y se quejaban de que la URSS había actuado unilateralmente durante la ocupación militar de ambos países. Pero exactamente eso es lo que ellos habían hecho en Italia, a donde llegaron en el verano de 1943. En la Italia ocupada Estados Unidos y Gran Bretaña hacían y deshacían sin contar con la URSS para nada y dejando en el poder a la mayor parte de los cuadros del régimen fascista de Mussolini.

Aparte de mentir, en sus Memorias Churchill concede a la entrevista de Moscú una importancia que no tiene, en absoluto, porque en Moscú no estaban dispuestos a hablar de nada con él sin que Estados Unidos estuviera delante. Para ellos se trataba de una mera preparación de la reunión de Yalta, en la que Roosevelt sí estaría presente.

Al no estar presente, la URSS se negó a adoptar ningún acuerdo unilateral con Churchill, y mucho menos un reparto del mundo.

Casi todo lo que dice Churchill en sus Memorias sobre aquella reunión es falso. Incluso el orden del día fue muy distinto del que describe. La primera cuestión que trató con Stalin fue la de las futuras fronteras polacas y, en cuanto a los Balcanes, no llegaron a ningún acuerdo.

Al día siguiente las conversaciones no mejoraron, a pesar de los intentos de Anthony Eden, también presente, por regatear con Molotov. Ni siquiera coincidían en las preferencias. A uno (Eden) le interesaba hablar de los Balcanes; al otro (Molotov) de Polonia. En otras palabras: los británicos querían chantajear a Stalin con Polonia para llegar a un acuerdo sobre los Balcanes.

Pero Churchill volvió de Moscú con los bolsillos vacíos. Absolutamente vacíos; no hubo acuerdo, no hubo reparto… Nada de nada.

Ahora bien, el falso relato que hizo Churchill de su entrevista con Stalin tiene varias secuelas históricas. Una de ellas es el Tratado de Yalta, que no sería otra cosa que la formalización del reparto por escrito, según los estafadores.

Es una calumnia idéntica a la anterior: en Yalta nadie se repartió nada porque no había nada que repartir.

La otra secuela es el fracaso de la revolución en Grecia, uno de los tópicos favoritos del trotskismo desde hace 70 años. La explicación es que Stalin debía y podía ayudar a la revolución en Grecia en 1945 y no lo hizo por el reparto del pastel que había llevado a cabo con Churchill previamente.

Más concretamente, a Stalin se le imputa su pasividad ante la masacre cometida contra los antifascistas y comunistas griegos en diciembre de 1944 en Atenas.

Explicar aquel acontecimiento es complejo, como es complejo todo lo que concierne a los Balcanes. A mediados de septiembre, el Ejército Rojo estaba en Bulgaria, en la frontera con Grecia. Las tropas alemanas corrían el riesgo de quedar cercadas. Sólo podían huir a través de Yugoslavia.

Entonces, según otras memorias, las del nazi Albert Speer, el general Alfred Jödl pactó con los británicos. Los alemanes mantendrían el puerto de Salónica frente al Ejército Rojo para dar tiempo a los británicos a desembarcar en el sur de Grecia y ocupar la península. Los británicos se comprometían a no atacar a los alemanes
para que pudieran retirarse ordenadamente. Los nazis solo debían preocuparse del Ejército Rojo y de la guerrilla.

Gracias al acuerdo, los británicos pudieron desembarcar sin oposición, relevar a los ocupantes nazis y aplastar a la guerrilla. Para ser más exactos, la matanza de Atenas fue cometida por tropas británicas transportadas en barcos estadounidenses desde Italia, donde los aliados dejaron de combatir a los nazis para atacar a los antifascistas griegos.

La estrategia militar del Ejército Rojo era muy diferente a la del británico. Consistía en aplastar a los nazis. Por eso, desde Bulgaria no se dirigió hacia Grecia sino hacia Yugoslavia, donde unió sus fuerzas a la guerrilla antifascista.

Desde el siglo XIX Grecia era un punto estratégico de gran importancia para el Imperio Británico. Durante toda la guerra Churchill había insistido en desembarcar en el Mediterráneo y, más concretamente, en los Balcanes.

Al fracasar sus planes, desde mayo de 1944 venía realizando enormes esfuerzos diplomáticos para que le dejaran las manos libres en Grecia, lo que dio lugar a un cruce de cartas entre los tres dirigentes (Churchill, Roosverlt, Stalin) durante más de dos meses, de las que no se desprende ningún tipo de acuerdo.

Es posible que Churchill interpretara el silencio de los otros dos (Roosvelt y Stalin) como una aceptación tácita de los planes que perseguía desde setiembre de 1943. Pero, lo mismo en Grecia que en Italia, tras de sí la guerra imponía los hechos consumados: en los territorios ocupados mandaba el primero en llegar.Sobre Grecia Churchill no alcanzó, pues, ningún acuerdo con Stalin. Con quien pactó fue con el III Reich. Él pensaba en la posguerra más que en la propia guerra. El verdadero enemigo no era el III Reich sino los comunistas griegos. Para implementar su política, en Londres volvían al punto de partida: había que romper la alianza y buscar una paz por separado con los alemanes, sin la presencia de la URSS.El relato de Churchill ha servido, además, para eximir de responsabilidad al único responsable de la masacre de los antifascstas en Atenas en diciembre de 1944: él mismo, con la complicidad de Roosvelt.

El fascismo avanza si no se le combate

Es una consigna que explica buena parte de la historia de Europa desde 1922: “El fascismo avanza si no se le combate”. Por eso los esfuerzos de los fascistas y de sus cómplices van en la dirección contraria: a quienes combaten al fascismo le reprochan que ven fascismo por todas partes.

¿Acaso el fascismo no está otra vez por todas partes?

Veamos. Un periodista del Wall Street Journal reproduce en Twitter el primer artículo publicado por el New York Times sobre Hitler el 21 de noviembre de 1922. Su autor, Cyril Brown, expresa el punto de vista burgués sobre el fascismo, que trata de minimizarlo, como la manera mejor de que pase desapercibido.

El antisemitismo de Hitler, decía el New York Times, “no es tan genuino o violento como parece”. Sólo utiliza el antisemitismo como cebo para atraer masas de seguidores y mantenerlas excitadas y entusiasmadas.

El periódico alababa las cualidades políticas de Hitler, “un político sofisticado y acreditado”. No menos entusiasmo mostraba por el movimiento nazi, al que calificaba como “local y pintoresco”.

Exactamente lo mismo está ocurriendo ahora, donde el tratamiento mediático del fascismo magnifica el movimiento con continuas alusiones a sus éxitos electorales mientras, por el otro lado, se esfuerza por reducir su significado político recurriendo a eufemismos, como la ultraderecha o el racismo.

Poniendo el foco en determinados partidos “pintorescos”, la prensa oculta que el fascismo no es sólo esa “ultraderecha” desatada, sino todos los demás partidos que incorporan el fascismo en sus programas electorales, así como el propio Estado burgués, donde el fascismo se ha convertido en una forma habitual de gobierno, con el recurso a los estados de excepción, la legislación represiva, la carta blanca a la policía y la destrucción de los últimos residuos de libertad, democracia y derechos fundamentales.

¿No es fascismo la política que está imponiendo la OTAN a sus secuaces de Europa oriental?, ¿no es fascista la prensa?
Algunos tienen al fascismo delante de sus narices y no son capaces de olfatearlo siquiera…

(*) http://mobile.nytimes.com/times-insider/2015/02/10/1922-hitler-in-bavaria/

Se cumplen 80 años de la anexión de Austria por el III Reich

Se cumplen 80 años del “Anschluss”, la anexión de Austria por el III Reich, con la que comenzó una caza implacable de militantes socialdemócratas, comunistas y sindicalistas. Hitler, Eichmann y otros dirigentes nazis eran austriacos. Ahora sus herederos, el FPÖ, han vuelto al gobierno.

Austria recuerda el 80 aniversario del fatídico “Anschluss”, la anexión de la república alpina por parte de la Alemania nazi el 12 de marzo de 1938, cuando el partido nazi FPÖ participa en la coalición de Gobierno.

Cuatro meses antes de la anexión, Hitler recibió en secreto al diplomático británico Edward Halifax y ambos llegaron a un acuerdo para repartirse el pastel: a cambio de conservar la integridad del Imperio Británico, Gran Bretaña dejaba manos a libres a loz nazis para actuar libremente en Austria, Checoslovaquia y la ciudad libre de Dánzig.

Hitler era de origen austríaco, y solo tres días después de que los tanques alemanes entraran en Viena, cientos de miles de austríacos aclamaron en Viena al III Reich y aprobando la desaparición de Austria, que se convirtió en un mero “apéndice” rebautizado como “Ostmark”. Es otro ejemplo de eso que los fascistas califican como “nacionalismo”.

En cuestión de días los nazis empezaron a poner en marcha su maquinaria de represión contra la resistencia. Los primeros que sintieron la violencia nazi fueron militantes socialdemócratas, comunistas y sindicalistas, a los que ahoran etiquetan como “judíos” para borrar su lucha polítitica antifascista.

La anexión fue preparada por el autogolpe de Estado del canciller Dollfuss de 1933 que ilegalizó al partido comunista, disolvió el Parlamento y empezó a gobernar por decreto con un programa gemelo del nazi.

Entre 1934 y 1938 los nazis asesinaron a más de 800 personas, incluido el propio canciller Dollfuss, víctima y verdugo a la vez.


Mural pintado en alemán por los comunistas judíos en Buchenwald:
‘Das war es, das einzig wollten wir nicht: uns ergeben’
(Era lo único que no queríamos: someternos)

(En el campo de concentración los comunistas judíos se diferenciaban por los dos triángulos: el rojo por comunistas y el amarillo por judíos)

Se estrena película sobre el exilio y la emigración españoles en Suiza

Miguel Soto Reverté
En la película “rEvolución permanente-Miguel Soto Reverté”, Javier Gutiérrez ahonda en las vicisitudes de la diáspora española que se exilió en Zurich tras la Guerra Civil y luego con la emigración española de los años 60. Se proyectará próximamente en los cines helvéticos.

Es un valioso documento histórico, político y moderno que lleva al espectador a través de la solidaridad y la esperanza de una migración que plasmó una huella indeleble en Suiza.

A través de la figura emblemática de Miguel Soto Reverté, desvela las controversias sociales de su época, pasando por el mítico año del 68, junto a conflictos y formas de ver la diáspora española a Suiza, durante el franquismo, que marcó la vida de los emigrantes.

Miguel Soto descubre el exilio, la solidaridad entre los sindicalistas, la esperanza de una nueva democracia, los cambios vividos en el siglo XX, además del papel importante que tuvieron los suizos en este destierro.

Suiza es uno de los países con mayor proporción de población de origen español en su población. En 1970 los españoles representaban el 11 por ciento de la población extranjera, lo que la colocaba como segunda colonia extranjera en Suiza, aunque muy por debajo de la italiana. Entre 2011 y 2015 la emigración española constituía el 4 por ciento de la población total del país que los había acogido.

En 1968 abrió sus puertas el Ateneo Popular Español de Zuriche bajo el lema “prohibido prohibir”. Actualmente cuenta con una biblioteca de 6.000 volúmenes, formado desde sus inicios gracias a donaciones, para uso de sus propios miembros.

Durante años el Ateneo ha organizado encuentros literarios, viajes, conferencias, tardes de información, actividades como yoga, y una clase para aquellos a los que les gusta escribir, llamada nada menos que los “escribidores”.

Tampoco podía faltar la revolución de las mujeres, que como Mercedes Soto y, más tarde el grupo Marea Granate, luchan por las causas que las orillaron a salir de España. Todas ellas se han dado a la tarea de hacer presencia activa entre los grupos de trabajadores emigrados en Suiza.

Mercedes Soto fundó el “Movimiento Autónomo de Mujeres”, el MAM, que acogió a jóvenes españolas y latinoamericanas, que valientemente decidieron “quitarse el delantal de amas de casa a codazos”, dejar su aislamiento, y reunirse para dar su visión de lo que representaba para ellas y sus familias entrar en la sociedad que las había acogido.

Las mujeres necesitaban, apunta igualmente Javier Gutiérrez, “salir de su casa, de estar ocupadas siempre con los hijos, mientras el marido en la política o en el bar…, y deciden luchar y organizarse para romper con aquel machismo feroz y con todos los prejuicios de una sociedad bastante retrógrada”.

Dos fascistas ingleses condenados por desatar una campaña islamofóbica

La semana pasada un tribunal de Folkestone condenó a los dirigentes del partido fascista Britain First, Paul Golding y Jayda Fransen, a 18 y 36 semanas de prisión, respectivamente, por delitos de odio contra los musulmanes.

Golding y Fransen fueron procesados en el marco de una investigación por delitos de odio, por difundir panfletos y vídeos en internet durante el juicio contra tres musulmanes acusados de violación en mayo pasado, relacionando el crimen con el origen étnico de estas tres personas.

El tribunal de Folkestone estimó que los fascistas utilizaron el caso de violación para incitar una campaña en contra de los musulmanes.

“No tengo dudas de que tenían la intención de usar este hecho para sus propios fines políticos. Era una campaña para llamar la atención sobre la raza, la religión y el origen de los acusados​​”, señaló el juez Justin Barron.

La investigación del caso demostró que tanto Golding como Fransen acosaron a personas relacionadas con el caso de violación y protagonizaron un episodio de violencia en un local de comida, en donde la mujer trató de “pedófilo” y “extranjero” a un cliente.

En noviembre pasado, Trump retuiteó una serie de vídeos racistas publicados por la cuenta en Twitter de Fransen, lo que movilizó a muchas personas en el Reino Unido, obligando al presidente de Estados Unidos a suspender una gira que tenía programada por Gran Bretaña.

Trump pidió disculpas meses después por este episodio, argumentando que desconocía el origen racista de Britain Firs y de sus dirigentes, cuyas cuentas en Twitter fueron eliminadas de la red.

https://www.theguardian.com/world/2018/mar/07/britain-first-leaders-convicted-of-anti-muslim-hate-crimes

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