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Un nuevo libro analiza las acciones de la guerrilla antifranquista en Betanzos

“La cuesta de la carretera que va de Mabegondo a San Pedro de Nos y la de Betanzos a Mesón do Vento, en el alto de Montouto, eran de los lugares preferidos para abandonar cadáveres de hombres pasados por la justicia vengativa de una sociedad que comenzaba a masticar unos duros y amargos años de la guerra civil”, asegura el libro “A loita guerrilleira contra o réxime de Franco en Abegondo e comarca de Betanzos”, del exalcalde abegondés Juan José Rocha Carro. El exregidor repasa el contexto sociopolítico y las acciones de la guerrilla antifranquista en la zona, entre las que destacan el asesinato del cura de Vións en noviembre de 1946 en su casa y el de dos guardias civiles en medio de una verbena en la fiestas de invierno de San Tirso, en diciembre de 1947, a manos de guerrilleiros.

Hay indicios, aunque nunca se llegaron a confirmar, de que el incendio provocado que sufrió la Casa do Concello la noche del 20 al 21 de julio de 1948 habría sido también una acción realizada en el marco de la lucha antifranquista, explica el libro, una reedición para su venta en Amazon de capítulos de un volumen que publicó en 1996 bajo el título Abegondo, un curruncho das Mariñas, tras ocho años de investigación en archivos, sobre todo el de la Diputación, y consultas a innumerables ejemplares del Boletín Oficial de la Provincia (BOP) “buscando la palabra Abegondo cuando aún no estaban digitalizados ni había buscador”, explica el autor.

El texto explica cómo, organizados en buena medida por el Partido Comunista, vecinos del entorno llegaron a realizar sonadas acciones en contra del régimen del dictador, pese a que el municipio estaba escasamente movilizado y politizado antes del golpe. “La organización política y sindical en Abegondo era prácticamente nula”, sostiene Rocha en al explicar la situación sociopolítica del municipio en 1936. Sí describe cómo Presedo fue una de las parroquias más activas en los primeros días del alzamiento militar, con acciones como intentar quemar la iglesia parroquial o realizar una importante requisa de armas.

Pequeños grupos de vecinos fueron los días 19 y 20 de julio a casas donde sabían que podían encontrar armas, como las de cazadores o “otras viviendas de vecinos considerados de derechas”, “Entre los visitados, invitándolos a que entregasen las armas, aparecen el marqués de Figueroa, Cupeiro de Abegondo y José Loureda, alcalde en la II República. Esta “improvisada resistencia” surgió en cuanto los vecinos confirmaron que se había producido el levantamiento, en un momento en que contadas casas tenían radio y prensa.

Pese a la escasa organización y sindicación previa, sí existían marcadas tendencias ideológicas. En Presedo había un grupo de “simpatizantes con tendencias de partidos de izquierdas, Partido Comunista especialmente, y algún sindicalista sin llegar a estar formalizados en ningún colectivo a nivel local”, detalla Rocha. También en Crendes había afines a la izquierda. En Mabegondo, había “dos bandos”: la sociedad de agricultores La Armonía y sus afines y los defensores de José Loureda Lago Concheiro, alcalde en la II República y el primero nombrado por el régimen, con enfrentamientos que llegaron a impedir algún pleno.

El Concello se situó provisionalmente en un edificio cedido por Pardo de Andrade en Villamarín. A propuesta de grupo de vecinos, se creó la Junta Local pro Reconstrucción de la Casa do Concello, que recaudó y entregó al Concello 33.091 pesetas y reconstruyó el depósito municipal.

La Casa del Concello quedó “totalmente destruida, resistiendo al fuego solo las cuatro paredes del edificio”, en la noche del 20 al 21 de julio de 1948, por un incendio provocado. Aunque existen indicios de que el fuego pudo ser una acción de la guerrilla, ya que aparecieron en la zona folletos de El Guerrillero y se oyeron consignas republicanas, junto con tiros y dos bombas de mano, la “voz popular” de los vecinos acusaba al que ejercía de oficial interino del Concello, encargado de la Hermandad de Labregos, por su “marcha precipitada a Argentina en la misma noche” del incendio.

—https://www.laopinioncoruna.es/gran-coruna/2021/04/18/abegondo-guerrilleiro-vista-exalcalde-48445525.html

¡Fuera fascistas de nuestros barrios!

Buenas tardes: voy a contar lo que he vivido hoy 15 de abril en Leganés en el mitin de Vox.

Soy una persona con 21 años y estaba sentadx en una fuente dentro de la plaza. Cuando veo mucha más gente con banderas de España y a un señor con la bandera de la Falange española, decido irme porque me estaba produciendo mucha rabia. Me voy hacia donde estaba la gente de “la izquierda” o bueno no fascistas. Nos separa de la gente fascista un cordón policial de unos 20 policías o más, sólo apartándonos a nosotrxs.

No hacemos nada, ni una bandera republicana, ni un gesto, ni una palabra… en contra de Vox

A lo que veo al señor Abascal y me sale del alma decir “Fuera fascistas de nuestros barrios”. Lo he dicho yo y personas me han seguido.

En el momento que lo he dicho ha venido un policía hacia mí. Yo seguía diciendo eso. El policía ha dicho a otro policía, “Embolsa a estxs 4 y llévalxs allí”. Nos han llevado a unas escaleras de una iglesia y nos han dicho que les diéramos la documentación. Se la hemos dado y hemos estado esperando 2 horas y media hasta que acabará el mitin de Vox para que nos dejarán ir.

Mientras estábamos detenidxs ahí ha venido un hombre a preguntarme personalmente que porque estábamos ahí y qué había pasado. Le comentó que yo estaba ahí por decir “fuera fascistas de nuestros barrios” y el señor me responde si eso es lo que hay que decir. El señor se va, yo me quedo ahí, empieza a venir mucha más gente, la mitad de las personas menores de edad. Da la casualidad de que la mayoría eran de origen marroquí (creo). La policía se ha dirigido a ellos de muy malas formas, diciendo “Que os separéis coño, ¿cómo os lo tengo que decir?

Mientras estábamos ahí había una persona llorando diciendo que ellx no había echo nada y que no había derecho, otra persona ha intentado hablar con la policía y le ha dicho “Esto es la ley”. La persona ha dicho “No esto no es la ley” y el policía de muy malas formas ha dicho “Cuando vayas a tu casa te coges un libro y te informas”.

El señor que ha venido a preguntarme por qué estaba ahí aparece de nuevo y estaba hablando con un policía, en una actitud normal. El policía se ha puesto nervioso, la persona estaba fumando y dice “Fuera fascistas”, creo recordar, a lo que la policía ha respondido, “Vete”. La persona no se iba, han empezado a empujarse y la persona ha dicho “No me toques”. El policía seguía empujándole hacia atrás. Era esa persona sola contra 2 policías.

La persona al gritar más fuerte “No me toques”, la policía le ha cogido de la chaqueta y se le ha llevado detrás de las furgonetas. Con mis propios ojos he visto cómo le han tirado al suelo y le han puesto la rodilla el cuello entre 2 policías y le han dado un empujón contra el furgón policial.

Una persona que estaba detenida también ha dicho “Pero no le hagáis daño pobrecito, no hay derecho a esto”. Lo ha dicho llorando.

A lo que después le han puesto las esposas y se le han llevado detenido.

Después de 2 horas y media nos devuelven la documentación, pero nos siguen teniendo ahí. Las personas que estaban andando por la calle se han parado y un hombre ha dicho “Dejar a los chavales, que no han hecho nada, son chavales del barrio”, a lo que todas las personas detenidas o retenidas hemos aplaudido.

Después de terminar el mitin de Vox, las personas de Vox han pasado delante de nosotros con la mascarilla bajada, fumando y sin distancia de seguridad, a lo cual la policía no ha dicho nada. Las personas que han pasado por delante de nosotros con las banderas de España en la mascarilla nos han mirado y se han reído de nosotros, ¡y la policía sólo centrados en nosotros!

Pasadas 2 horas nos devuelven el DNI y nos dejar marchar.

Una vergüenza de policía que defiende el fascismo en un barrio obrero.

El infierno de los republicanos españoles exiliados en el norte de África

Marzo de 1939. Hace más de un mes que Cataluña cayó en manos de las fuerzas franquistas. Cerca de medio millón de refugiados republicanos españoles huyen por el norte, en lo que aún hoy sigue siendo la migración más importante de la historia en una frontera francesa. Pero la retirada no es el último capítulo de la guerra civil española: en el sudeste de la península ibérica, los últimos bastiones republicanos caen uno tras otro. Las hostilidades culminan en el “cuelo de botella de Alicante”. Sin poder huir por Valencia ni por el sur de España, que ya estaba en manos de los franquistas, los milicianos y civiles republicanos se ven obligados a tomar el mar.

Desde Alicante, varios miles de personas embarcan de emergencia rumbo al puerto más cercano, Orán. La flota republicana proveniente de Cartagena llega a puerto en Argel, antes de ser desviada, con 4.000 personas a bordo, hacia Bizerta, en Túnez. En total, en pocos días probablemente hayan llegado a las costas de África del Norte entre 10.000 y 12.000 españoles, tal vez más, según algunos testimonios.

Si bien un puñado de republicanos son recibidos por sus allegados en Orán, que posee una fuerte comunidad hispánica, a partir del 10 de marzo de 1939 el gobierno de la Tercera República Francesa que administra África del Norte le pone un freno a su llegada. Desde hace un año, los decretos-leyes Daladier regulan la entrada de refugiados: clasifican entre “la parte sana y dedicada al trabajo, y los indeseables de la población extranjera”, imponen arrestos domiciliarios y reclusiones en centros de internamiento. El mismo esquema será retomado en Argelia, Marruecos y Túnez.

Mientras el alcalde de Orán celebra con gran pompa la victoria franquista, una parte de los republicanos son mantenidos por la fuerza en embarcaciones convertidas en barcos-prisiones. Quienes logran desembarcar permanecen en carpas, sobre todo en el muelle distante de Barranco Blanco. Eliane Ortega Bernabeu, cuyo abuelo estaba a bordo de uno de esos barcos, el Ronwyn, relata:

“Estaban totalmente aislados, apartados de los habitantes. Sin embargo, algunos oraneses venían a ayudarlos, les traían comida, que subían a bordo de los navíos utilizando cuerdas. En cambio, otra parte de la población no quería recibir a esos españoles, porque les preocupaba la enorme cantidad que eran. El alcalde de la ciudad, el padre Lambert, era amigo de Franco. Contribuyó enormemente a crear un clima de temor en la población”.

En el puerto de Orán, la situación se eterniza: miles de republicanos permanecerán allí más de un mes, en condiciones de insalubridad y subalimentación total.

En Túnez, los marinos y los civiles de la flota republicana también son apartados de la población. Rápidamente son enviados en tren hacia el centro del país y a campos de internamiento, sobre todo el de Meheri Zebbeus. En Argelia, luego de desembarcar, los refugiados también son llevados a campos de internamiento: “Había civiles, obreros, sindicalistas encerrados detrás de alambre de púa, y bajo la amenaza constante de las bayonetas”, señala Eliane Ortega Bernabeu.

En los numerosos campos, la mayoría de los cuales se encuentra en territorio argelino, se aplica la misma legislación que en la metrópoli. Peter Gaida, historiador alemán y autor de varias obras sobre los campos de trabajos forzados y los republicanos, explica:

“Los exiliados son considerados como peligrosos para la defensa nacional, están obligados a ofrecer prestaciones a cambio del asilo: una parte de ellos va a los campos de internamiento, la otra a las Compañías Trabajadores Extranjeros (o CTE)”.

Se trataba de prestaciones legales, ya que Francia estaba en guerra y los franceses también eran requisados.

En Argelia, las mujeres, los niños y también los inválidos fueron enviados a varios campos: Carnot (Orleansville) o Molière eran los más conocidos. Los combatientes iban a Boghar y Boghari, donde eran alistados para satisfacer las necesidades de mano de obra de la potencia ocupante. Su fuerza de trabajo fue utilizada principalmente para renovar caminos en la región de Constantina y para explotar las minas de carbón y de manganeso en el sur de Orán.

Los dirigentes de la Tercera República Francesa deciden entonces conectar las minas de Kenadsa, situadas al sur de Orán, con los ferrocarriles marroquíes. Dos mil republicanos españoles y miembros de las Brigadas Internacionales integran la Compañía General Transahariana para construir las vías en el desierto. En su libro “Camps de travail sous Vichy” (“Campos de trabajo bajo el gobierno de Vichy”, editorial Les Indes Savantes, que se publicará en francés en junio de 2021), Peter Gaida publica el testimonio de uno de ellos, internado en el campo de Colomb-Béchard, en Argelia:

“Nos enviaron a cuatro kilómetros del oasis para quitar la arena de una enorme duna petrificada de más de 2.000 metros de largo. La temperatura era asfixiante, más de 40º a la sombra, el agua era escasa y estaba caliente. Así comenzaron las disenterías, las crisis de paludismo, los vómitos y los fuertes dolores de cabeza”.

Luego del armisticio del 22 de junio de 1940, el gobierno de Vichy en el poder pone en marcha un viejo sueño colonial: la edificación de un ferrocarril estratégico, el transahariano, también llamado “Mediterráneo-Níger”. La idea es conectar las colonias de África del Norte con las de África occidental, o más bien, las capitales de ambos imperios coloniales, Argel y Dakar. Vichy emprende entonces la construcción de un enlace ferroviario de 3.000 kilómetros en pleno desierto. Pero los objetivos son múltiples: la cuestión también es transportar tropas militares, materiales y carbón explotado en Marruecos. Además, existe un proyecto en África Occidental para irrigar el río Níger y crear un cultivo de algodón gigantesco, para que Francia pudiera independizarse de los británicos. Para ello se necesitaba un ferrocarril que llegara hasta Argel.

Se trataba de una obra colosal, y estaba dividida en tres fases: la construcción de un eje Orán-Gao, bordeando el Níger; un segundo eje de Gao a Bamako, y un tercero que llevaría la línea ferroviaria hasta Dakar.

La mano de obra es ideal: las Agrupaciones de Trabajadores Extranjeros (Groupements de Travailleurs Étrangers, GTE, sucesores de los CTE) disponen de un marco legislativo represivo, una sutil alianza entre el colonialismo y el fascismo. En Marruecos, Túnez y Argelia se crean campos de internamiento. Pero los republicanos españoles no son los únicos que serán enviados a las diferentes construcciones: “Desde los campos franceses, como el de Vernet, serán deportados a los de África del Norte, en barco, anarquistas y comunistas franceses, miembros de las Brigadas Internacionales y personas con perfiles muy diversos. Para Vichy ‘se trata de bocas inútiles y de brazos necesarios’”, explica Peter Gaida.

Además, varios miles de judíos son excluidos del ejército francés y asignados a las Agrupaciones de Trabajadores Israelitas (Groupements de travailleurs israélites, GTI). “En los campos también hay norafricanos, principalmente líderes de movimientos nacionalistas en Túnez y en Argelia. Así que hay una población bastante mixta, e incluso hay rastros de judíos alemanes y de yugoslavos”, comenta Gaida.

En la región de Orán, los detenidos políticos considerados como peligrosos son internados en los campos de Djelfa, Djeniene Bourezg o Hadjerat M’Guil. “En total hay seis campos dedicados a la represión”, comenta Eliane Ortega Bernabeu. “Son campos de la muerte, como los llamaban los republicanos internados. Entre 1940 y 1942, en Berrouaghia, todos los indicadores que hemos podido registrar demuestran que fallecieron al menos 750 personas de hambre, de frío o de las sevicias”.

Los reclusos sufren castigos, vejámenes y torturas. “El campo de Meridja [en Argelia] cerró después de que los republicanos hicieran una huelga de hambre para protestar contra los actos de tortura. En realidad, fue reabierto por Vichy un poco más al norte, con el nombre de Ain el-Ourak”, continúa Eliane Ortega Bernabeu. La construcción del transahariano, por su parte, se interrumpe: solo se construirán 62 kilómetros de vías.

En Túnez, las condiciones en los campos parecen apenas más clementes que en Argelia o en Marruecos. La mitad de las 4.000 personas que llegaron en 1939 volvieron a España, luego de una promesa de amnistía formulada por Franco. Victoria Fernández, hija de un republicano español exiliado en Túnez, relata:

“Según mis investigaciones, luego de su vuelta a España, fusilaron por lo menos a 25, y los otros vivieron en condiciones extremadamente difíciles. De los 2.000 que permanecieron en Túnez, una parte importante fue enviada a campos en la región de Kasserine, donde trabajaron en plantaciones hortícolas y de árboles frutales, o para diversas empresas”.

En numerosas ocasiones se han reportado maltratos, sobre todo en la región de Gabès. “Además, enviaron a 300 marinos republicanos al desierto, al sur del país. Politizados y refractarios, eran aún más indeseables que los otros”, continúa Victoria Fernández. Paralelamente, unos 5.000 hombres tunecinos de confesión judía serán asignados a trabajos forzados, en distintos campos, cerca de las primeras líneas.

El desembarco de los aliados en África del Norte en noviembre de 1942, conocido con el nombre de “Operación Torch”, reconfigura la situación: la incertidumbre se instala en el gobierno francés, y los generales Henri Giraud y Charles de Gaulle se disputan el control de Argelia y de Marruecos. En Túnez ingresa la Wehrmacht, que permanecerá seis meses: “Durante ese período de ocupación alemana, una parte de los republicanos españoles huyeron hacia Argelia, los otros intentaron disimular su identidad. Los que fueron atrapados fueron enviados a los GTE, en la región de Kasserine”, explica Victoria Fernández.

Otros republicanos hacen el camino inverso desde Argelia y Marruecos. Peter Gaida escribe: “Les proponen firmar un contrato de trabajo, volver, o tomar las armas. Así que muchos se alistan en las fuerzas vinculadas a la Francia Libre, y atacan a las fuerzas alemanas en Túnez. Luego de la partida de la Wehrmacht del país, algunos desembarcan en Sicilia, y volvemos a encontrar rastros suyos en las fuerzas de la Francia Libre en Provenza. De modo que, luego de ser refugiados de la Guerra Civil Española, de haber sido internados por la Tercera República y de haber sido trabajadores forzados bajo el gobierno de Vichy, terminan combatiendo por la liberación de Francia. Un destino pocas veces valorado, del que son víctimas y a la vez héroes”.

En 1943, una parte de los republicanos españoles partió hacia Casablanca, antes de embarcar para México o América del Sur. “Otros se quedaron, como mi familia. En realidad, pensaban que Franco terminaría siendo depuesto, dormían con la valija debajo del colchón”, recuerda Eliane Ortega Bernabeu. Su nacimiento en Orán en 1954 coincide con el comienzo de la guerra de liberación nacional en Argelia:

“No soy una pied-noir, en primer lugar porque es un término colonial, pero también porque no soy francesa. Soy una española de Orán. Los republicanos llevaban consigo los valores democráticos, así que se oponían firmemente al colonialismo. Para ellos, la explotación de un pueblo por otro era un horror. Mucho más tarde, me di cuenta de que mi padre pagaba su cuota en el Frente Nacional de Liberación. Él y los otros veían la pobreza de los indígenas, la explotación, la tortura. Automáticamente se adhirieron a su combate”.

Los españoles que quedaron en Túnez terminaron yéndose, principalmente debido a problemas económicos. La última ola dejará el país tras la muerte de Franco, cuando España reconoció su servicio en la marina.

—Laurent Perpigna Iban, https://orientxxi.info/magazine/el-infierno-de-los-republicanos-espanoles-exiliados-en-africa-del-norte,4683

1 de mayo de 1946 en Argel. Los republicanos españoles desfilan junto a los obreros argelinos contra la explotación capitalista y por la liberación colonial

Mamá, Pepito no se deja pegar, buaaaahh

Si hay algo que eriza los cabellos y pone la piel de gallina de terror a la burguesía es la violencia organizada del pueblo. Cualquier manifestación de ella, por mínima que sea, pondrá en alerta roja todos sus mecanismos de condena de la misma, lo mismo metafísicos: la violencia genera más violencia, la violencia no sirve de nada, etc., que físicos: todo su aparataje represivo e ideológico puesto en aguardo a la busca y captura de la presa disidente, lo mismo un rapero que un manifestante.

De la primera se encargan los «intelectuales» áulicos, y de la segunda la policía y los medios de desinformación de masas. No toleran la mínima expresión de malestar que se salga de los cauces pacíficos y rebasen el panfilismo lanar. Han aprendido que una chispa puede incendiar la pradera, que decía Lenin.

Lo hechos violentos ocurridos en la Plaza Roja de Vallecas (Madrid) se han producido como reacción defensiva a una provocación de un fascista defendido por esbirros uniformados de corte fascista. Si no, Abascal y su cuadrilla ni se hubieran movido. Los manifestantes fueron a expresar su rechazo y no a reventar nada, pero, aún así, fueron molidos a palos, incluso provocando la bronca infiltrando fascistas tirando piedras y ladrillos para dar pie a la intervención policial. Todo esto es sabido y no merece la pena entrar a «discutir» con gente venal y vendida haciéndoles el juego.

Con el fascismo no se discute, se le combate, como bien decía una leyenda urbana.

Más relevante es saber que no fue a iniciativa popular que se iniciaran los «incidentes», y aún así, todos los voceros del discurso-mantra dominante pierden los nervios y cargan enloquecidamente contra una actitud de autodefensa. Pues qué será el día que pasen al ataque sin complejos, podría decir un castizo. En realidad, se trata de hacer «saber», escarmentar, al pueblo de quién es la calle. Y quién tiene el monopolio de la violencia, esto es, del Estado fascista, como con Franco la calle era de Fraga. No se permitirá ni el menor atisbo de tomas de bastillas ni palacios invernales.

Distinta clase de violencia -esta vez justísima, como la autodefensiva de Vallecas- es, por ejemplo, la habida en las calles de Barcelona cuando el referéndum por la independencia de Catalunya. Noches y noches con las calles en llamas. Enfrentamientos con la Policía, una Policía que recula y retrocede ante los ataques de unos manifestantes no dispuestos a ceder en nada y plantar batalla, bien que desigual, pero firme. O las reacciones, ya en todo el Estado español, por la demencial prisión de Pablo Hasel.

Ya estamos ante una batalla pensada, decidida, firme, aunque no organizada, pues, de estarlo, ya hablaríamos de asonadas, rebeliones y hasta revoluciones. No es así, pero el masajeo y el lavado cerebral -como ocurre con la pandemia actual- continúa, incluso apelando a instintos y bajas conciencias ante un escaparate o un contenedor ardiendo. Pero hay algo cualitativamente distinto que diferencia estas respuestas de otras superiores, y es que estas últimas dejarán mudos a las voces de sus amos. Y a sus brazos armados, paralizados.

Es cuando el niño señorito se quejará llorando ante su mamá-Estado que el niño obrero no se deja ni torear ni pegar.

Los nazis no pudieron descifrar los códigos soviéticos durante la Segunda Guerra Mundial

Durante la Segunda Guerra Mundial, los oficiales soviéticos de cifrado fueron uno de los activos humanos de combate más importantes y los nazis estaban desesperados por capturarlos. “Quien capture a un oficial de cifrado ruso o incaute equipo criptográfico ruso recibirá una Cruz de Hierro y vacaciones en casa, trabajo en Berlín, y después de la guerra una finca en Crimea”, podía leerse en una orden emitida por Adolf Hitler en agosto de 1942. Esa orden nunca llegó a buen puerto.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los rompecódigos enemigos fueron incapaces de leer un solo mensaje cifrado soviético de los que lograron interceptar. El sistema de cifrado podría ser vulnerable sólo en un caso: si los descifradores tuvieran acceso al equipo de cifrado o a las claves del cifrado. Sin embargo, los oficiales soviéticos de cifrado se comportaron como verdaderos héroes y los códigos no estuvieron en peligro en gran medida gracias a su coraje.

En su artículo “La protección de la información de los partisanos soviéticos durante la Gran Guerra Patria”, el especialista en criptografía ruso, Dmitri Larin, dice que “de acuerdo con las instrucciones recibidas, los oficiales soviéticos de cifrado recibían protección fiable, además, normalmente tenían un bote con gasolina cerca y una granada siempre a mano, para que si el enemigo se acercaba pudieran destruir los documentos, el equipo y a sí mismos”.

Se lanzó una verdadera cacería de oficiales soviéticos de cifrado para obtener sus equipos y códigos. Como resultado, muchos de ellos resultaron muertos. El historiador ruso, V. A. Anfilov, escribe que “los criptógrafos de la embajada de la URSS en Alemania fueron los primeros en ser atacados. El 22 de junio de 1941 lograron quemar con urgencia lo más importante que poseían: los códigos”.

“Aquel mismo día, las SS irrumpieron en el edificio de la Embajada soviética en Berlín. El oficial de cifrado de la misión comercial soviética, Nikolai Logachov, se las arregló para atrincherarse en una de las habitaciones y quemó todos los códigos, apenas logrando mantenerse consciente en mitad del denso humo creado. Los nazis consiguieron echar la puerta abajo, pero era demasiado tarde: todos los códigos habían sido destruidos. Logachov fue capturado, pero luego fue intercambiado por empleados de las misiones diplomáticas alemanas en Moscú”.

Los oficiales de cifrado mostraron un verdadero heroísmo protegiendo los códigos. La trágica historia de la muerte de la operadora de radio, Elena Stempkovskaia, fue publicada en el periódico del Ejército Rojo: “Los alemanes se dirigieron al puesto de mando del batallón. Se fijaron en la operadora de radio y corrieron hacia ella. Elena cogió una carabina… mató a dos alemanes. Pero los nazis se abalanzaron sobre Stempkovskaia y la capturaron. Los nazis torturaron a la joven durante toda una noche, pero Elena se mantuvo callada. La obligaron a caminar por las calles, mientras se burlaban de ella y entonces le cortaron las manos”.

Cada mensaje enviado en el frente tenía un código separado desarrollado exclusivamente para este que nunca se repetía. Como el enemigo no tenía acceso a ese sistema de cifrado, prácticamente nunca pudo descifrar las comunicaciones soviéticas de primera línea.

El cifrado se utilizó para transmitir todas las comunicaciones secretas durante la guerra: el cuartel general del Ejército recibía hasta 60 telegramas diarios, mientras que en el cuartel general del frente la media fue de hasta 400 telegramas diarios.

En el frente, se utilizaron máquinas de cifrado y telefonía secreta. La máquina de cifrado M-101 Izumrud (Esmeralda), creada en 1942, era considerada el dispositivo criptográfico más fiable, por lo que se utilizaba para cifrar mensajes de especial importancia.

Además de la Izumrud, los oficiales soviéticos de cifrado en el frente también usaban la máquina Sobol-P. Según el historiador Dmitri Larin, ese era el dispositivo más sofisticado para la transmisión segura de información, y no tenía equivalentes en el extranjero. Los primeros dispositivos se enviaron a Stalingrado. Las Sobol-P permitieron establecer comunicación a través de un canal de radio en lugar de las líneas telefónicas, que podían ser fácilmente destruidas o interceptadas por el enemigo. Descifrar un sistema de cifrado de voz para comunicaciones de radio cerradas era extremadamente difícil.

En sus memorias, famosos comandantes de la Segunda Guerra Mundial escribieron que sin los criptógrafos no habrían ganado las batallas. El comandante militar soviético, Gueorgui Zhukov, conocido como “el mariscal de la Victoria”, escribió que el excelente trabajo de los oficiales de cifrado le había ayudado a ganar más de una batalla, mientras que el mariscal Iván Konev, que liberó Ucrania, Moldavia, Rumanía, Polonia, Checoslovaquia y participó en las operaciones de Berlín y Praga, escribió en sus memorias: “Debemos rendir homenaje a nuestro equipo y a nuestros encargados de comunicaciones, que aseguraron estas y en cualquier situación acompañaron literalmente a cada paso a cualquiera que se suponía debía utilizarlas”.

https://es.rbth.com/historia/83771-nazis-no-pudieron-descifrar-codigos-sovieticos-segunda-guerra-mundial

Se cumplen 81 años del atentado contra el periódico del Partido Comunista de Suecia

El 3 de marzo de 1940 tuvo lugar el atentado en la ciudad de Lulea, 900 kilómetros al norte de Estocolmo, a orillas del mar Báltico. Los explosivos de trotyl estallaron a las 3 de la madrugada. Destruyeron totalmente las instalaciones de la imprenta del “Norrskensflamma” (La Luz de la Aurora Boreal).

De la gente que estaba en las instalaciones algunos se salvaron, pero 5 personas murieron en el incendio. Las víctimas mortales fueron el miembro del comité central Arthur Hellberg y su esposa Alice con su hija de 8 años Maj. También murió la cajera de la juventud comunista Svea Granberg y su hijo de 12 años Torgny.

El esposo de Svea, Valdemar Granberg estaba en Storsien donde había un campo de trabajo forzado para presos políticos donde en esa época tenían confinados a comunistas y sindicalistas considerados un peligro para las concesiones que Suecia le daba a la Alemania nazi.

Los que hicieron el atentado fueron 5 personas, un periodista del diario de derecha Norrbottenkuriren, 3 subtenientes y un soldado, todos nazis. Luego fueron condenados a 6 y 7 años. Uno de ellos murió en la cárcel en 1941 y los otros fueron indultados en 1944 y 1945. Sin embargo, los autores intelectuales y que organizaron el atentado como el fiscal y jefe de policía de Lulea Ebbe Hallberg no fueron juzgados.

El atentado fue parte del ataque a los comunistas en Suecia en esa época. Los comunistas tenían que ser silenciados a cualquier precio. Tenían lugar persecuciones, razias y confinamientos en campos de trabajo forzado entre otras cosas. Tanto la prensa de derecha como la socialdemócrata alentaban los ataques contra los comunistas.

Incluso después del atentado se burlaron de las víctimas y un diario de derecha lo califico de auto atentado. En ese momento Finlandia era aliada a la Alemania nazi y estaba en guerra con la Unión Soviética. Finlandia tenía como presidente a Kyosti Kallio, el primer ministro era Risto Ryty y estaba bajo el mando militar del mariscal Gustav Mannerheim quien durante la guerra civil en Finlandia en 1919 asesinó a infinidad de trabajadores, comunistas y socialistas.

El 30 de noviembre de 1939 la Unión Soviética había atacado Finlandia para asegurar el área que rodeaba a Leningrado y defender así la ciudad ante el seguro ataque de la Alemania nazi. Fue lo que se llamó la guerra de invierno, vinterkrig. Duró del 30 de noviembre de 1939 al 13 de marzo de 1940. En Suecia estaba la campaña para alistar voluntarios para lucha contra la Unión Soviética en dicha guerra de invierno a la que, por supuesto, los comunistas suecos se oponían. Los autores del atentado habían sido voluntarios a la guerra contra la Unión Soviética.

En el centro de Lulea se inauguró en 1998, casi 60 años después del atentado, un monumento a las victimas realizado por la artista Toivo Lundmark.

https://suramericapress.com/81-anos-del-atentado-al-periodico/

43 años sin Agustín Rueda

En la madrugada del 14 de marzo de 1978, en la cárcel de Carabanchel moría a causa de las torturas infligidas el joven obrero libertario Agustín Rueda Sierra.

Los ejecutores de esas torturas fueron los funcionarios actuando bajo la participación y supervisión directa del director de la prisión de Carabanchel Eduardo Cantos, el subdirector Antonio Rubio.

Tres días después, un juez dictaba orden de procesamiento por presunto delito de homicidio contra el director de la cárcel, Eduardo Cantos Rueda, el subdirector Antonio Rubio, el jefe de servicios Luis Lirón de Robles y nueve funcionarios más. Una muestra del contexto de conductas no infrecuentes en las prisiones.

Al parecer, según dice Manolo Revuelta en su libro “Sumario 22/79 Herrera de la Mancha, una historia ejemplar”, el entonces director general de instituciones penitenciarias rechazó la propuesta del director de la cárcel para “echar tierra al asunto”. Inmediatamente los funcionarios de prisiones se movilizaron creando “comisiones de apoyo” a los encausados y la apertura de una cuenta corriente en la cual a finales 1979 se habían ingresado más de siete millones de pesetas (Sumario 22/79 herrera de la Mancha. pág. 131).

Cinco días más tarde, el 22 de marzo de 1978 dicho director general de prisiones fallecía a raíz de unos disparos, una acción reivindicada posteriormente por los Grupos Revolucionarios Armados Primero de Octubre.

Al director general de instituciones penitenciarias le fueron otorgadas a título póstumo en 1978 la medalla de oro al mérito penitenciario; la gran cruz del mérito naval con distintivo blanco y la gran cruz de la real orden de reconocimiento civil a las víctimas del terrorismo. De este modo la Administración del Estado no tan solo negaba cualquier responsabilidad sobre las torturas y muerte en las cárceles, sino que se alentaba a futuros torturadores y homicidas a continuar con estas prácticas, lo cual ocurrió posteriormente en la cárcel de Herrera de la Mancha con varios presos y en especial contra un testigo en Carabanchel del asesinato de Agustín Rueda.

A raíz de las denuncias presentadas por varios presos, el Ministerio fiscal solicitó el procesamiento de seis funcionarios de la cárcel de Herrera de la Mancha, petición a la cual se opuso la Abogacía del Estado y como resultado, un AUTO dictado por el Juez de Instrucción de Manzanares el 28 de enero de 1980 en el cual “No ha lugar a decretar el procesamiento solicitado por el Ministerio Fiscal y la Acusación Particular, de los Funcionarios de la prisión de Régimen Cerrado de Herrera de la Mancha”.

¡Aquí no pasa nada!

El sumario de los procesados de la cárcel de Carabanchel fue cerrado en 1980 pero todos habían sido puestos en libertad condicional en 1979 por orden de Rodolfo Martín Villa, Ministro de Interior en aquel momento. Ministro bajo cuyo mandato se produjeron los asesinatos de Vitoria en 1976, Semana pro-amnistía en 1977, Sanfermines en 1978, Caso Scala en 1978,… y una larga lista cuyos datos pueden encontrarse en las distintas hemerotecas de estos años. Y tal como “liberó” a los torturadores y homicidas de Carabanchel y concedió la medalla de plata al mérito policial al torturador Antonio González Pacheco “Billy el niño”.

Al cabo de 10 años, en 1988, la Audiencia Provincial de Madrid consideró que la tortura y asesinato de Agustín Rueda era “un delito de imprudencia temeraria con resultado de muerte” y no un caso de homicidio.

Se condenó a 10 años de cárcel a Eduardo Cantos, director de Carabanchel cuando se produjeron los hechos, al subdirector Antonio Rubio y a cinco funcionarios más. Otros tres encausados fueron condenados a ocho, siete y seis años, respectivamente. Y a dos años de cárcel los médicos que ocultaron el grave estado de Agustín Rueda tras las torturas. De todos ellos, ninguno llegó a permanecer más de ocho meses en prisión.

Chicho Sánchez Ferlosio fue el primero que dedicó un poema en homenaje a Agustín Rueda:

Amigo Luís Llorente, que fuiste preso ayer;
escúchame Felipe; Santiago, entérate:
bajad de esos escaños forrados de papel,
que Agustín Rueda Sierra murió en Carabanchel.

¿Hay libertad?; ¡Qué libertad!
Si cuatro de uniforme te empiezan a pegar.
¿Hay libertad?; ¡Qué libertad!
Tendido está en el suelo y no contesta ya.

Bonita democracia de porra y de penal;
con leyes en la mano te pueden liquidar.
Y a aquél que no lo alcanza de muerte un tribunal,
lo cogen entre cuatro y a palos se la dan.

¿Hay libertad?; ¡Qué libertad!
Lo sacan de la cárcel para ir al hospital.
¿Hay libertad?; ¡Qué libertad!
Agustín por buscarla, miradlo como está.

En 1988, a los diez años del asesinato, el grupo de rock Barricada, dedicó un tema a la muerte de Agustín Rueda Sierra. El tema se llamó “El último vagón” en el disco llamado Rojo. Otro grupo de rock que le ha dedicado una canción es el grupo “Sin Dios”, que en 2002, en su CD “Odio al imperio”, cantan un tema llamado “Agustín Rueda”.

También, a los diez años del asesinato, en un momento en que algún periodista se atrevía a abrir la boca sobre algo que no fuera dictado, Rosa Montero escribía el 16 de Enero de 1988 en El País: “… Así, con la perspectiva pudridora del tiempo transcurrido, el tormento de Rueda se ha convertido en un espejo horripilante de este país, con directores que no dirigen, médicos que no medican y funcionarios que no funcionan. Y todos ellos aplicando su poco de muerte al cuerpo lacerado de Agustín.

… Eduardo Cantos, el ex director de la cárcel, declaró haber estado presente aquel día en el interrogatorio de dos de los reclusos. De dos de los apaleados como Rueda. Y explicó que no se entero de que les estuvieran pegando porque se encontraba de espaldas y hablando por teléfono. Eso dijo Eduardo Cantos con toda impavidez y sin que le temblara la grasienta papada. Qué apasionante llamada debía de estar realizando, qué espaldas tan impenetrables y graníticas, para que allí, en el morrillo de su corpachón, se estrellaran y perdieran los quejidos, los insultos, los alaridos, el redoble seco de los golpes. Así están todos, sordos y ciegos. Y a su paso van dejando un reguero de sangre.

… Durante una larguísima década todos nosotros nos hemos convertido en Eduardo Cantos. Magistrados que no magistran, políticos que no ejercen su labor política, ciudadanos que no exigimos lo que debemos exigir, toda una sociedad de sordomudos. A qué teléfonos habremos estado llamando mientras Agustín Rueda moría una y otra vez en el olvido”.

Los crímenes de Estado suficientemente demostrados anteriores a 1977 quedaron impunes mediante la “Ley de amnistía”, y los posteriores mediante unas lecturas interesadas del código penal por parte de los magistrados, y cuando el escándalo ha sido lo suficientemente grande como en el caso de Agustín Rueda, la mano salvadora del ministro de turno ha cubierto con un tupido velo les crímenes y sin pudor ha recurrido a los indultos o cualquier otro artilugio para acurrucar a sus pupilos. Pupilos de extrema derecha claro.

Los peligrosos y puestos en el punto de mira son aquellos que no se someten ni se arrodillan ante tanta desvergüenza.

Contra la criminalización de la protesta. Por nuestros derechos y libertades

En el Estado español no hay libertad de expresión, se criminaliza constantemente a la clase trabajadora y esto se puede observar en su historia reciente y también en la actualidad; lo dicen diferentes organismos nacionales e internacionales, pero, sobre todo, lo denunciamos desde la clase obrera y los sectores populares. Su régimen, para mantenerse en el poder y mantener también sus ingentes beneficios no está dispuesto a aflojar la cuerda de la explotación. Por esto mismo, el gobierno de turno jamás llevará a cabo todas las medidas sociales que prometieron y que tan necesarias son para miles de familias trabajadoras; al contrario, dará una vuelta de tuerca a la política que va en contra de los intereses de las capas populares y la clase obrera.

Por ello, no derogará la reforma laboral, ni tampoco las leyes represivas con las que nos intentan amedrentar a través de multas y con penas a prisión. Éste es el régimen con la legislación represiva mas dura de Europa, y no le tiembla el pulso a la hora de sacar a palos a miles de familias de sus casas o reprimir de la manera más violenta a todo un pueblo por ejercer su derecho a la autodeterminación. Un régimen que aplasta nuestra libertad y nos encarcela por denunciar los numerosos atropellos que sufrimos, mientras saca por la puerta de atrás a los de siempre, quienes se están apropiando de la riqueza producida por generaciones de trabajadores.

Por sentarnos al borde del abismo y de un horizonte sin futuro, amplios sectores de la clase trabajadora empiezan a rebosar de rabia y hartazgo. Todo esto ha estallado con la última chispa, que ha sido el secuestro por parte del Estado de Pablo Hasel; sabemos que no solamente van a por él, sino que trata de silenciamos a todos, es un ataque a nuestra libertad de expresión.

Los sectores más combativos han protagonizado los últimos días la lucha en distintas partes del Estado: por la amnistía total y por la libertad de Pablo Hasel; también contra la política de miseria que nos quieren imponer, la brutalidad policial y las leyes que nos condenan a prisión por ejercer nuestros derechos y libertades.

Al frente de esta lucha está el sector más concienciado de las clases populares, que no ha dudado en echarse a la calle para denunciar la precariedad y represión que sufrimos. Por esta determinación nos han apaleado en Madrid, han vaciado el ojo de una manifestante en Barcelona y han herido con fuego real a otro manifestante en Linares: pero aún así no nos hemos echado atrás, al contrario, hemos perdido el miedo. No vamos a parar, esta vez no nos conformaremos con falsas promesas. Eso si, queremos ser muchos más.

Ninguna de sus medidas represivas podrán contener el ansia de libertad que surge tras años de liquidación de nuestros derechos.

Hacemos un llamamiento a todos los colectivos sociales e individualidades a que se sumen a la lucha organizada: trabajadoras de todos los sectores, parados, migrantes, feministas, estudiantes pensionistas, intelectuales progresistas, etc.

La represión, la explotación capitalista y la precariedad extrema nos afecta a todos, por tanto, la unidad de acción y la lucha contra estas lacras y otras muchas que están por venir es impostergable.

Vivimos un momento crucial a nivel social político. La crisis sanitaria, económica y social ha hecho y hace cada vez más visible ia insostenibilidad del sistema capitalista y patriarcal en el que vivimos y que nos roba a la clase trabajadora la posibilidad de vivir una vida digna. Ante esto. la evidencia cada vez más explícita de su injusticia, nos ha llevado a la clase obrera en las calles a reivindicar nuestros derechos. Frente a esto, y como una prueba de debilidad, lo único que han hecho es reprimir buscando callar, generar miedo y criminalizar la lucha organizada contra su sistema asesino.

Las movilizaciones y la indignación social se han enfrentado a los medios de comunicación del capital. No nos engañan porque como clase trabajadora sufrimos la violencia del sistema en nuestras carnes día tras dia. Tenemos claro que violencia es no llegar a fin de mes, tratar derechos tan básicos como la comida, la vivienda, la luz o el agua como bienes de mercado, privatizar la educación y la sanidad, etc. Porque si no pasamos por sus aros y nos resignamos a su modelo asesino nos encarcelan. Ante esto debemos tener claro que la lucha es el único camino, que la organización y la unidad son fundamentales. Por eso exigimos:

La conquista a través de la lucha, el cese inmediato de la represión:

  • Derogación de la legislación represiva, Ley mordaza, Ley de Partidos, Ley antiterrorista, de extranjería, etc. Despenalización de los derechos y libertades del pueblo trabajador, derechos y libertades plenos: de expresión, organización manifestación, huelga, etc.

  • Depuración de las fuerzas represivas. Erradicación de la tortura y del maltrato a los detenidos y castigo ejemplar para los torturadores. Prohibición del empleo de material antidisturbios contra las protestas sociales y populares.

  • Amnistía total.

La conquista a través de la lucha unas condiciones de vida dignas para el pueblo trabajador:

  • Derecho al trabajo para todos, con salarios y jornadas laborales dignas. Derogación de toda la legislación laboral que permite y ampara la precariedad, el despido, los salarios de hambre, el terrorismo patronal, las ETT y, en definitiva, la sobreexplotación de la clase obrera y de los sectores populares.

  • Viviendas sociales para todos los trabajadores. El de la vivienda digna es un derecho irrenunciable. Prohibición de todos los desahucios.

  • Servicios públicos y de calidad. Por una sanidad, educación y transportes enteramente públicos y de calidad. Refuerzo de la Atención Primaria de Salud y de las Residencias para ancianos. ¡Ni un fallecido más por desatención sanitaria! Pensiones dignas y garantizadas, tanto actuales como futuras, para quienes lo dieron todo durante décadas de duro trabajo.

  • Derechos para las personas migrantes, regularización urgente de las personas migrantes, modificación del sistema de protección internacional, etc.

 

La Zorra de Buchenwald, la nazi más sádica: pantallas con piel humana, asesinatos y orgías macabras

  1. Ilse Koch se para desafiante frente al tribunal. Lleva un vestido barato y la mirada turbia. Sus ojos verdes parecen dibujados por un compás, pero también parecen vacíos. Las mejillas infladas y la piel que no está casi surcada por arrugas. No parece ilógico. Ella era la que hacía sufrir a los demás. De todas maneras, lo que más resaltaba era su pelo rojo, intenso.

Ilse Koch espera que comience su juicio. No hay ansiedad en ella. Tiene gimnasia: ya pasó por esta situación. En Alemania los procesos por lo ocurrido durante el nazismo se multiplican, son parte de las escenas corrientes de la posguerra. Pero este proceso concitó mayor atención. La acusada se había convertido en un ser infame y hasta tenía apodo popular. La conocían como la Zorra de Buchenwald.

Se la señalaba como responsable de las peores crueldades. Ya no se trataba de una homicida más. Ella había matado, había torturado, había mostrado el peor sadismo. Pero, además, se la acusaba de tener un hobbie macabro: mandaba matar gente para que luego fueran descarnados y ella pudiera coleccionar trozos de piel tatuados. Hasta se la acusaba de haber mandado a hacer una pantalla de velador con restos cutáneos de sus víctimas.

Margaret Ilse Köhler había nacido en 1906 en Dresde. Apenas terminada la Primera Guerra Mundial tuvo que ganarse la vida como pudo, como tantos otros alemanes. Fue empleada en fábricas y distintos comercios hasta que en 1932, también como tantos otros alemanes, se afilió al Partido Nazi. Esa adscripción temprana le trajo beneficios; cuando los nazis llegaron al poder, su posición mejoró. A los pocos años le consiguieron un puesto administrativo en Sachsenhausen, uno de los primeros campos de concentración. Heinrich Himmler le presentó al encargado del campo, a Karl-Otto Koch, y desde su autoridad les recomendó que se convirtieran en pareja. Ellos obedecieron y al poco tiempo se casaron. Ella pasó a ser Ilse Koch y la secretaria del campo de concentración.

Karl-Otto Koch era un hombre ambicioso e inescrupuloso. No parecían existir los límites para él. El poder le permitía moverse sin dar explicaciones. La locura de Hitler y sus hombres hizo que los campos se expandieran y la matanza se pusiera en marcha. Koch fue nombrado comandante de Buchenwald un par de años antes del inicio de la guerra. Levantó el campo y desparramó su arbitrariedad por cada rincón de él.

A Koch y a su esposa les gustaba vivir bien. Se construyeron una mansión que fueron amoblando con lo mejor de lo producido con el saqueo de sus víctimas. La megalomanía del matrimonio tuvo un ejemplo contundente en el zoológico que montaron dentro de las instalaciones del campo de concentración. Hicieron traer especies exóticas de todas partes del mundo.

Ilse Koch era mucho más que la esposa del comandante del campo. Las mujeres de los comandantes no solían salir de sus casas, eran amas de casas que se dedicaban a criar a sus hijos y a generar la ilusión de normalidad en las vidas de sus hijos. Pero Ilse era diferente. Su lugar no era pasivo. Ella se hacía notar. Paseaba su enérgica arrogancia y su cabellera pelirroja por cada rincón y daba órdenes de manera constante. Todos le temían. Y había motivos. Era impiadosa.

En los juicios posteriores algunos testigos la describieron, también, como ninfómana, que su necesidad de sexo era constante. Y que en la mansión del matrimonio tenían lugar orgías dantescas organizadas por ella que se encargaba de reclutar participantes en el pueblo vecino y entre los oficiales y soldados a cargo de su marido, y las esposas de estos. Pero esos testimonios no sólo hablaban de sus actividades sexuales en su hogar -no delictivas en su mayoría excepto en los casos de los que participaban bajo coerción-, sino que describían que Ilse obligaba a los detenidos a tener sexo sólo para que ella asistiera como testigo y satisfaciera sus inclinaciones vouyerísticas, o para disipar su aburrimiento. Contaban también que quienes no podían rendir sexualmente eran ridiculizados y luego apaleados. Nadie podía mirarla a los ojos ni contradecirla. Quien lo hacía era fusilado en el acto. En otras ocasiones los manoseaba o les exhibía los pechos y quien no se excitara era castigado.

Ella misma se encargaba de dar latigazos y someter a otros tormentos a los detenidos que no cumplían con sus caprichos. Solía llevar en la cintura una especie de cachiporra que en su extremo tenía pegadas varias hojas de afeitar. Dicen que uno de sus juegos favoritos era encerrar en un corral a una veintena de prisioneros y soltar dentro varias perros salvajes. Mientras los hombres y las mujeres corrían por su vida y recibían mordeduras fatales, las carcajadas de Ilse se escuchaban a decenas de metro de distancia.

Fueron varios los testigos que afirmaron que Ilse mandó a ejecutar a muchos detenidos con órdenes precisas de no lastimar determinadas zonas de su piel para que ella pudiera conservar esos fragmentos tatuados que le habían llamado la atención.

Uno de sus amantes era Waldemar Hoven, doctor a cargo del departamento de investigaciones médicas de Buchenwald. Ilse y Hoven hacían desnudar a los recién llegados. A los de tatuajes más llamativos los sacaban de la fila y los hacían fusilar (con un tiro en la nuca para no dañar la piel).

En Buchenwald se encontraron varias planchas de piel humana con tatuajes. También tulipas de veladores de piel, pero no se pudo determinar de manera fehaciente que derivaran de los restos de los prisioneros. En los procesos a los que fue sometida, Ilse siempre fue absuelta de estos cargos por falta de pruebas.

Hace unos años al periodista norteamericano Mark Jacobson le hicieron llegar una extraña pantalla de lámpara. Su color y su texturas eran indeterminadas y despedía un olor fétido. Le dijeron que la habían rescatado de un campo de concentración. Jacobson inició una investigación al respecto. Cuenta todo el proceso en su libro The Lampshade. Un análisis de ADN determinó que el material de la pantalla provenía de restos de piel humana. Lo que no se pudo saber con certeza su procedencia, ni cuántos años hacía que se había manufacturado.

Si bien la atención sobre la crueldad nazi suele centrarse sobre los jerarcas y sobre algunos de los comandantes de los lagers, también hay una serie de mujeres con conductas aberrantes que fueron identificadas y juzgadas. Algunos de esos nombres: Irma Grese, Maria Mandel y Herthe Bothe. De todas ellas, Ilse Koch fue la que mayor relevancia posterior obtuvo. Muy posiblemente porque su inhumanidad alcanzó cimas casi inimaginables.

El desborde del matrimonio Koch en Buchenwald fue tal que hasta provocó rechazo dentro del régimen nazi. El lujo con el que vivían se había convertido en comentario obligado entre los altos oficiales. La muerte de dos médicos de Buchenwald produjo una investigación interna. Karl-Otto Koch afirmó que eran infiltrados y que una vez descubiertos habían intentado huir. En esa fuga fueron alcanzados por los disparos de su hombres. La investigación determinó que la causa había sido otra: los doctores habían tratado a Koch por una sífilis y éste los había eliminado para que su secreto no se conociera.

Pero ni este episodio, ni sus robos, ni sus otros asesinatos y abusos terminó con la carrera del matrimonio. Himmler, su protector, envió a Koch hacerse cargo de Majdanek. Necesitaba alguien implacable allí.

Pero Ilse continuó viviendo en su mansión en Buchenwald y comportándose como si no hubiera allí más ley que sus caprichos. Su marido también cayó en desgracia en Majdanek

A los pocos meses con la intención de encubrir a las autoridades una fuga masiva de prisioneros de guerra soviéticos, Koch ordenó una matanza que lo único que logró fue llamar la atención sobre su impericia y la falta de control sobre sus actos. Lo desplazaron y lo enviaron a un puesto administrativo en Berlín. Al tiempo fue enviado una vez más a Buchenwald. En su regreso se comportó de la misma manera que siempre. Su final llegó con una visita de su protector Himmler. El jerarca comprobó que mientras Alemania se desmoronaba, los Koch seguían viviendo con todo lujo. Fue fácil acusarlos de varios delitos, desfalcos, robos y encontrar pruebas. Ni la inminente derrota nazi salvó a Koch. Fue juzgado en el mismo campo de concentración, condenado a muerte y ejecutado a principios de abril de 1945, tan solo una semana antes de que los aliados liberaran Buchenwald. Ilse no fue condenada (se dice que la absolución llegó después que fingiera una crisis nerviosa ante los jueces) y logró escapar antes de la llegada del enemigo. Se refugió en la parte occidental de Berlín, lejos del alcance de los soviéticos.

Cuando fue detenida luego de la guerra, las pruebas de las atrocidades cometidas durante sus años en Buchenwald taparon a los magistrados. Fue juzgada en los llamados juicios de Dachau junto a otras mujeres. La condenaron a cadena perpetua. Se salvó de la pena de muerte porque estaba embarazada. No sé sabe quién era el padre y sus acusadores sospechaban que se había embarazado para evitar la horca. Apenas nace el bebé, un varón, es dado en adopción.

Sin embargo, tiempo después el general norteamericano Lucius Clay, gobernador de la Zona Americana en Alemania redujo su sanción a 4 años de cárcel. Pero en 1951 fue de nuevo detenida y juzgada una vez más. Esta vez las acusaciones se centraban a los actos cometidos contra ciudadanos alemanes.

El juicio generó una atención peculiar. Pese al que el relato de la barbarie ya se había escuchado varias veces a esa altura, el proceso de Ilse Koch sumaba nuevos elementos. La acusada era una mujer, los componentes sexuales, el sadismo y las sospechas del uso de las pieles de los asesinados. Alguien llegó a responsabilizarla de al menos 5.000 muertes de las 56.000 que se produjeron en esos años en Buchenwald.

“Los médicos nazis del campo estaban muy interesados en la piel humana. Ilse los motivaba todo el tiempo a que siguieran con sus pruebas y procedimientos. Quitaban la piel, la sometían a un proceso químico y las ponían a secar al sol. Cuando una pasaba por ahí las podía ver”, declaró en el juicio un médico checo enviado a Buchenwald por la Gestapo. Con esas pieles se hacían guantes, billeteras, pantallas y hasta se encuadernaban libros. Eran valoradas más las que tenían un tatuaje particular.

Había un detalle más: esos restos cutáneos no podían proceder de alemanes. Así que las víctimas eran en su mayoría soviéticos, polacos y gitanos. Y como la piel debía estar en buen estado, tampoco les servían los cuerpos degradados de los que hacía mucho tiempo estaban hacinados en el lager. A veces Ilse ordenaba matar recién llegados porque su lozanía proporcionaría piel óptima.

15 de enero de 1951. En la sala de audiencias la tensión tiene presencia física. Ella, la acusada principal, no está. Los jueces le permitieron permanecer en su celda. Pareció la única manera posible de terminar el juicio. Sus gritos, ataques de nervios y desmayos -que nadie pudo determinar si eran reales o fingidos- interrumpieron las audiencias varias veces. Alguna vez en medio del relato de un sobreviviente, Ilse Koch se paró y gritó: “¡Sí, soy culpable! ¡Soy responsable de todo! Soy una pecadora”. También el público gritaba horrorizado en medio de los testimonios que la señalaban como responsable de una variedad de atrocidades inimaginables. La lectura de la sentencia fue breve. La condena fue una de las peores posibles: cadena perpetua. Pero los espectadores que estaban dentro de la sala y los que esperaban en la calle reaccionaron con indignación y hubo temor de que comenzara una revuelta. Ellos querían la pena de muerte y que dentro de los hechos que el tribunal diera por probadas estuvieran las pantallas para lámparas hechas con piel humana y su afición por coleccionar trozos de piel humana tatuada.

Los días de sus últimos años son monótonos, iguales a sí mismos. Está detenida. Está sola. Un defensor oficial hace presentaciones periódicas, grises y desesperanzadas pidiendo su liberación. Los dos saben que no van a prosperar los pedidos. Su conducta cada vez es más errática. Hasta las convictas condenadas por delitos atroces la miran con desprecio.

De los tres hijos (dos hombres y una mujer) que tuvo con Koch sólo sobreviven dos. El mayor se suicidó porque no pudo soportar la vergüenza de los crímenes de sus padres. Ninguno la visita. Nadie se acerca a ella. Sólo lo hace una tarde un joven que la visita sorpresivamente. La primera visita desde que está detenida. No se imagina quién puede ser. No lo reconoce aunque en su cara descubre un aire familiar. El encuentro es silencioso. Se miran sin hablar unos minutos. Ella se pone nerviosa. Cree que su peor pesadilla, aquello que la atormenta y en lo que sueño cada noche, se convirtió en realidad: un familiar de una de sus víctimas vino a tomar revancha. Empieza a gritar y trata de escapar de la pequeña sala. Los guardias se apresuran para controlarla. El joven, poco más que un chico, estira la mano y le toca el hombro con torpeza, una caricia recelosa. “Soy Uwe, tu hijo”.

El hijo que había sido dado en adopción apenas nació, buscó a su madre biológica. La siguió visitando con cierta regularidad. Necesitaba conocerla, necesitaba entender. Creía que mirando esos ojos desorbitados iba a conocer la verdad. Ilse, su madre, hacía tiempo que no estaba ahí. Sus días pasaban entre el mutismo más absoluto, ráfagas de culpa, ataques de ira, delirios y pedidos de rescate ante el imaginario ataque de sus perseguidores.

Los alaridos de Ilse enloquecían a las otras reclusas de la cárcel. Empezaron de noche pero luego aparecían en cualquier momento del día. La mujer estaba convencida de que un grupo comando integrado por sobrevivientes de los Lager y familiares de los asesinados asaltaba la prisión para matarla. La manía persecutoria sólo crecía.

El 1 de septiembre de 1967, Ilse Koch ató las sábanas de su cama y algún abrigo raído a lo alto de los barrotes de su celda y se ahorcó. En pocas semanas cumplía 61 años. Dejó una carta que decía: “No hay otra salida para mí. La muerte es la única salvación”.

Durante décadas, su hijo Uwe procuró revisar el pasado e intentó, en vano, limpiar el nombre de su madre. Pese a sus esfuerzos, Ilse Koch, su madre, siempre será la Zorra de Buchenwald.

—https://www.infobae.com/historias/2021/01/15/la-zorra-de-buchenwald-la-nazi-mas-sadica-pantallas-con-piel-humana-asesinatos-y-orgias-macabras/

El Parlamento Europeo premia los crímenes de guerra nazis

Quienes conocen de cerca los organismos internacionales saben que sus miembros son un hatajo de vagos y vividores. Es el caso de las instituciones de la Unión Europea que a cada paso buscan sumideros que los pongan ante las cámaras de la televisión.

Es también el caso del Premio Sajarov que concedió en octubre el Parlamento Europeo a… la “oposición democrática” de Bielorrusia porque son un ejemplo de “libertad de conciencia”.

“Estamos destinados a ganar y ganaremos”, dijo Svetlana Tijanovskaya, cabecilla que quiere derrocar al Presidente electo Lukashenko como sea, por lo civil o por lo militar.

Menos de dos meses antes, el 9 de agosto Lukashenko había ganado las elecciones con más del 80 por ciento de los votos porque a Tijanovskaya sólo la conecen en Bruselas. Sus votos no llegaron al 10 por ciento.

Tijanovskaya es el típico producto manufacturado por las grandes cadenas de comunicación para consumo de los espectadores occidentales y las ONG que defienden los derechos humanos.

A los que entregaron el Premio no les importó que durante la desestabilización de agosto la “oposición democrática” portara por las calles la bandera de los colaboracionistas nazis.

La bandera rojiblanca es un símbolo del período de ocupación nazi en Bielorrusia y del gobierno títere de la época, involucrado en grandes masacres cuya dimensión es imposible exagerar: los nazis y sus socios bielorrusos llevaron a la tumba a una cuarta parte de la población, incluidos 800.000 judíos.

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