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La manipulación de los tuaregs por los sionistas

Las facciones tuaregs están siendo manipuladas por el Mosad, como muestra un vídeo producido por el canal sionista I24.

Un portavoz tuareg, que se hace llamar “Akli” y dice vivir en Europa, asegura que lucha por los “derechos de los tuaregs” en Libia, Mali y Argelia, aunque afirma que antes apoyó la revolución en Libia.

Expone los mismos argumentos que propagan Francia y los sionistas. Incluso afirma que “no descarta alzarse en armas contra el Estado argelino”.

Todas las preguntas de la presentadora son sugerencias para conseguir respuestas acordes con los objetivos de los colonialistas franceses e Israel.

Incluso le pregunta qué piensa del riesgo de que, a través de su entrevista, le “acusaran de estar manipulado por una fuerza extranjera”. Su respuesta no deja lugar a dudas: “Sin duda me acusarán de estar manipulado por el sionismo”.

Cualquier otra respuesta significaría que ahora a Israel le empiezan a preocupar los problemas de los tuaregs, hasta el punto de que las televisiones sionistas entrevistan a las facciones que luchan por los “derechos de los tuaregs”.

El lema del Mosad está extraído del Libro de los Proverbios: “Por el engaño ganarás la guerra”.

África no es ni proamericana, ni antichina, ni profrancesa

No sólo Zelensky ha hablado ante la Asamblea General de la ONU en Nueva York. Los dirigentes africanos también lo han hecho, aunque naturalmente sus palabras no han interesado tanto a los medios occidentales como las del presidente ucraniano. Ucrania vale mucho más que todo un continente.

Por ejemplo, el centroafricano, Faustin Archange Touadera, acusó a las grandes potencias occidentales de ser responsables de la crisis migratoria que enfrenta el mundo. Para él, esta situación es el resultado del robo de recursos pertenecientes a países empobrecidos por “la esclavitud, la colonización y el imperialismo occidental, el terrorismo y los conflictos armados internos”.

Touadera cree que estos diferentes fenómenos se manifiestan a menudo “en un contexto de objetivos hegemónicos y de tensiones geopolíticas y geoestratégicas entre las grandes potencias mundiales”. Los jóvenes africanos “buscan desesperadamente llegar a los países del continente europeo en busca de El Dorado”.

Las palabras del presidente centroafricano llegan en un contexto donde varios dirigentes africanos destacaron por sus contundentes discursos en la Asamblea General de la ONU en Nueva York.

Fue el presidente guineano el primero en aclarar el concepto de identidad africana, señalando que África es capaz de asumir la responsabilidad de sí misma y de tener su propia opinión. Dirigiéndose a la comunidad internacional, Mamadi Doumbouya recordó que África hoy está lejos de la imagen pasiva y dependiente que podríamos tener de ella. Indicó que África está despierta, dinámica y sus poblaciones, principalmente jóvenes, están decididas a hacerse cargo de su destino.

El Continente Negro no es ni proamericano, ni antichino, ni profrancés, dijo Doumbouya. Estas etiquetas son reduccionistas y no reflejan la compleja y matizada realidad del África contemporánea.

Togo con Kant: por la paz, contra la Cedeao

Togo también destacó por las palabras de su ministro de Asuntos Exteriores de Togo, Robert Dussey, ante la Asamblea General. Recordó que África ya no quiere injerencias externas, quiere seguir siendo ella misma y dueña de su destino. Para él, se acabó la época en la que otras entidades pretendían hablar en nombre de un África, a la que ni siquiera escuchan, ni en la ONU ni en ningún otro escenario internacional.

Dussey detalló la postura histórica y continua de su país hacia la paz. Destacó que desde su independencia en 1960, Togo se ha abstenido de cualquier agresión hacia sus vecinos y ha asumido en cambio el papel de mediador en varios conflictos africanos. Por ejemplo, Togo facilitó recientemente la liberación de 49 soldados marfileños, aliviando así las tensiones entre Costa de Marfil y Mali. Dussey citó la historia de su país como anfitrión de conversaciones de paz para varios países africanos en conflicto, lo que demuestra el compromiso de Togo con la resolución pacífica de disputas.

Pidió un cese de las hostilidades en todo el mundo, particularmente en África occidental, destacando el sufrimiento que la guerra ha causado en el continente africano. El ministro también citó a Kant para ilustrar las consecuencias negativas de la guerra y rechazó las injerencias externas, pidiendo soluciones africanas a los problemas africanos.

En el trasfondo de esta declaración están las recientes tensiones entre Níger, Francia y algunos países de África occidental, incluidos Benin y Nigeria, por nombrar sólo algunos. La junta militar de Níger acusa a Francia de planificar una intervención militar. La escalada de tensiones ha reposicionado a las tropas estadounidenses, que mantienen un enfoque aparentemente diplomático de la crisis.

Por su parte, el ministro de Asuntos Exteriores de Nigeria, Yusuf Tuggar, confesó que no descarta un ataque contra Níger, lo mismo que Benin. En respuesta, Níger habría desplegado soldados cerca de la frontera con Benin y rechaza cualquier ayuda humanitaria a través de camiones benineses.

La geografía de África está cambiando muy rápidamente

Nació la Alianza del Sahel. Un acuerdo militar y político entre Mali, Burkina Faso y Níger.

Pocos hablaban de ello. Pero es un hecho… revolucionario.

La geografía de África está cambiando. Rápidamente. Y los mapas que todavía se utilizan hoy en día, que de hecho reproducen los del período colonial, podrían acabar pronto guardados en el desván.

De hecho, el equilibrio entre el África noroccidental y el África central parece congelado. Se detuvo en la época del colonialismo, particularmente francés, que había dejado estas tierras en completo barbecho. Sin realmente dejarlos marchar.

De hecho, el dominio colonial directo simplemente había sido reemplazado por un control no menos estricto de los recursos económicos, las monedas y las reservas de oro de los países resultantes del único proceso aparente de descolonización. Incluso mantuvo una presencia militar directa. Esta presencia se vio reforzada por el deseo declarado de cooperar en la lucha contra el yihadismo islámico.

El gobierno permaneció, nominalmente, en manos de dirigentes locales –hablar de élites sería absurdo–, heterodirigidos desde París. Y, casi siempre, autorreferencial y profundamente corrupto. Incapaz, salvo raras excepciones, de dar un significado nacional a países que se habían constituido únicamente sobre la base de las fronteras de los antiguos protectorados coloniales. Sin ningún respeto por las diferencias étnicas, culturales y religiosas de las personas.

Estos países africanos nos han acostumbrado, durante décadas, a fuertes tensiones tribales. Y una inestabilidad política crónica, sólo parcialmente enmascarada por regímenes personalistas. Y, a menudo, familiares, como los cuarenta años de los Bongo en Gabón.

Todo esto, sin embargo, nunca perjudicó los intereses coloniales. Y especialmente los de Francia, que seguía alimentándose de las espaldas de sus antiguas (por así decirlo) colonias. Tanto es así que no es exagerado decir que gran parte de la riqueza francesa proviene de su imperio africano.

Hoy, sin embargo, la situación es completamente diferente. Esta nueva alianza saheliana debilita a la Cedeao, que siempre ha sido una herramienta dócil en manos del Elíseo. Y abre horizontes completamente nuevos.

Pero no está sólo el conflicto, por el momento latente, entre los aliados (subalternos) de Francia y los rebeldes. Toda África parece haberse convertido en un polvorín. Y los intentos del Elíseo de aliviar las tensas relaciones con Argelia han tenido poco éxito. Este último ha declarado públicamente su apoyo a Níger y a la nueva Alianza.

Al contrario, tuvo un efecto boomerang. La alienación de las relaciones con Marruecos. Como lo demuestra el doble desaire de Rabat a Macron. Marruecos inicialmente rechazó la ayuda francesa durante el reciente y trágico terremoto. Luego rechazó públicamente la visita oficial del presidente francés y su encuentro con el rey Mohammed VI.

Y luego el golpe de Estado en Gabón. Y el, luego desmentido pero claramente intentado, en el Congo. Donde se juegan extraños juegos internacionales.

Porque si es cierto que Moscú apoya la revuelta de los Estados del Sahel –con una presencia cada vez más evidente de las PMC [empresas de seguridad] rusas, entre ellas la famosa Wagner–, ni siquiera Washington parece descontento con ciertos cambios en África Central. Empezando, precisamente, por Gabón.

Una actitud que revela cómo Estados Unidos tiene el objetivo mal disimulado de sustituir a París en el control de una determinada región africana.

África es el nuevo escenario privilegiado del Gran Juego, un juego entre potencias que no respeta ningún patrón preestablecido. Sin alianzas ni alineamientos formales. Un juego cuyas líneas y fronteras son muy difíciles de identificar claramente hoy en día.

Una certeza. El mapa de África está cambiando rápidamente. Y Francia está a punto de ser expulsada del continente que, hasta ayer, consideraba de su propiedad.

Andrea Marcigliano https://electomagazine.it/la-nuova-mappa-dellafrica/

Las ideologías de la conquista: colonialismo y civilización

El 30 de agosto de 2023 los estudiantes malienses, burkineses y nigerinos recibieron una notificación del Ministerio de Asuntos Exteriores francés cancelando su estancia en Francia. Una directiva del Ministerio de Cultura francés, transmitida por las direcciones culturales regionales, el martes 12 de septiembre de 2023, ordena “suspender sin demora y sin excepción, todos los proyectos de cooperación realizados con instituciones o nacionales de Malí, Burkina Faso y Níger. También debe suspenderse todo apoyo financiero, incluso a través de estructuras francesas, como las asociaciones, por ejemplo. Asimismo, no se deberá cursar invitación alguna de ningún nacional de estos países. A partir de hoy, Francia ya no expide visas a los nacionales de estos tres países sin excepción alguna”.

El 13 de septiembre el Sindicato Nacional de Empresas Artísticas y Culturales publicó un comunicado de prensa en el que señalaba el tono amenazador del mensaje gubernamental que procede mediante intimidaciones. Esta prohibición total relativa a tres países que atraviesan crisis muy graves obviamente no tiene sentido desde el punto de vista artístico y constituye un gran error desde el punto de vista político. Esta política de prohibir la circulación de artistas y sus obras nunca ha prevalecido en ninguna otra crisis internacional, desde las más recientes hasta las más antiguas.

En 2021-2022 Francia acogió a cerca de 92.000 estudiantes subsaharianos, lo que representa el 14 por cien de los estudiantes móviles en la región y el 23 por cien del número de estudiantes de nacionalidad extranjera en territorio francés.

Francia pisotea los convenios internacionales que ha firmado, en particular la Convención sobre la protección y la promoción de la diversidad de las expresiones culturales firmada en París el 20 de octubre de 2005 por la Conferencia General de las Naciones Unidas. la diversidad como patrimonio común de la humanidad que debe celebrarse y preservarse en la plena realización de los derechos humanos y las libertades fundamentales. El Convenio reconoce la importancia de los conocimientos tradicionales, en particular los sistemas de conocimientos de los pueblos indígenas, como fuentes de riqueza material e intangible, y su contribución positiva al desarrollo sostenible.

La diversidad cultural se nutre de los intercambios constantes y se fortalece con la libre circulación de ideas. Las expresiones culturales sólo florecen en la libertad de pensamiento, expresión e información. También es útil recordar la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural del 2 de noviembre de 2001, que confiere a estos principios un carácter inalienable.

El discurso oficial utiliza y abusa de la dudosa noción de descivilización. La presencia francesa en sus antiguas colonias se considera un baluarte esencial contra las tentaciones de la regresión y el atraso. Recordemos el discurso pronunciado descaradamente el 26 de julio de 2007 en suelo africano por un presidente francés nostálgico de los tiempos benditos de la colonización: “África tiene su parte de responsabilidad. La colonización no es responsable de guerras internas, genocidios, dictaduras, fanatismo, corrupción, prevaricación. La tragedia de África es que el hombre africano no ha entrado suficientemente en la historia. Nunca se apresura hacia el futuro. En este universo donde la naturaleza lo controla todo, el hombre africano permanece inmóvil en medio de un orden inmutable donde todo está escrito de antemano. No hay lugar para la aventura humana ni para la idea de progreso”.

Un crimen occidental contra las sociedades no occidentales

Es el mismo discurso del actual presidente sobre los suburbios: “Hablé de descivilización. Por lo tanto, debemos trabajar para recivilizar”. El occidentalismo llama barbarie a todo lo que escapa a su paradigma. El tecnocratismo ahora llama descivilización a todo lo que se opone a sus modelos. En cualquier caso, el capitalismo sólo puede existir a través de su función colonizadora. El neoliberalismo recurre a la vieja retórica devaluadora de la alteridad rebelde. La descivilización se expresa como una observación de la decadencia, que requiere un restablecimiento del orden, una politización de la sociedad.

Robert Jaulin utiliza por primera vez la expresión “genocidio cultural” para designar la liquidación de las culturas nativas americanas. Desde la Restauración, el Occidente colonizador ha pensado en la civilización en singular, como un modelo exclusivo del que tiene el monopolio, un molde único en el que debe encajar la humanidad en su conjunto. La descivilización presupone una ideología de conquista. Desde la invasión de América y otros países de Asia, Oceanía y África, Occidente ha sido culpable de una devastación masiva. De ahí una flagrante paradoja. ¿Cómo podemos pretender ser una civilización cuando destruimos metódicamente otras culturas, otras civilizaciones?

La descivilización, concebida por Robert Jaulin, nos permite pensar en los efectos nocivos y perniciosos de la dominación occidental. La descivilización ideologizada por la extrema derecha, desorganizando la vida cotidiana de los demás, justifica la discriminación y la persecución contra las diversas culturas. “Entendamos por esto tanto la destrucción del tipo de organización de las relaciones de residencia, como la destrucción del tipo de organización de las relaciones de consumo y de producción. Cuando ya no somos libres de dormir en una casa colectiva grande y cómoda hecha de hojas, y cuando, en nombre del progreso, tenemos que vivir en una casa pequeña y solitaria hecha de cemento, se destruye toda la estructura social asociada a esa casa colectiva. Destruimos una cultura atacando su vida cotidiana, ese lugar de toda cultura, es decir, la comunidad que genera la vida cotidiana” (Robert Jaulin). La descivilización es, por tanto, la occidentalización del mundo, la estandarización de comportamientos, la estandarización de estilos de vida. La descivilización es un crimen occidental contra las sociedades no occidentales.

El espacio capitalista occidental, su régimen de producción económica, es un espacio ilimitado, sin lugares, un espacio infinito de permanente huida precipitada. El capitalismo es el poder descivilizador por excelencia. La descivilización es un largo proceso de disolución de las sociedades tradicionales. Para el sociólogo Norbert Elias (1897-1990), la civilización occidental es la transformación del guerrero intrépido en un cortesano refinado.

¿Entiende el presidente francés el significado histórico, antropológico, sociológico y filosófico de la palabra descivilización que utiliza libremente? Probablemente no. Lo utiliza, obviamente, en el sentido primario, rudimentario y prosaico de pérdida de civilización para apuntar a los salvajes, los bárbaros y los incivilizados. El ex ministro socialista del Interior había desenterrado el antiguo término salvaje. La gobernanza francesa a la deriva se proyecta hacia atrás en la historia. “Entre el colonizador y el colonizado, sólo hay lugar para la intimidación, la represión, el desprecio, la altanería, la importancia personal, el fariseísmo. Oigo la tormenta. La gente me habla de progreso, de altos niveles de vida. Hablo de sociedades vaciadas de sí mismas, de culturas pisoteadas, de tierras confiscadas, de magnificencias artísticas destruidas” (Aimé Césaire, Discurso sobre el colonialismo, Ediciones Réclame, 1950, reedición Présence Africaine, 1955).

El colonialismo, vestido con el nuevo traje del globalismo, nunca se ha detenido. Los africanos siempre están descalificados como poblaciones atrasadas. Los inmigrantes, estacionados en ciudades de exclusión, se tratan a sí mismos como colonizados desde dentro. El lenguaje colonial se vuelve menos culpable, actualizado y trivializado. La descivilización se convierte en sinónimo de salvajismo. Sectores enteros de la población sufren a diario violencia simbólica, intimidación discursiva y dramatizaciones mediáticas. Las ciudades están ensordecedoras, día y noche, con sirenas aullando. Los miedos se mantienen como válvulas preventivas. La sociedad francesa se hunde en una psicosis colectiva.

Mustapha Saha https://mondafrique.com/decryptage/la-france-invente-la-mise-au-ban-des-etudiants-africains/

Mali, Burkina Faso y Níger crean una alianza de defensa colectiva

El sábado Mali, Burkina Faso y Níger firmaron un pacto de defensa mutua, conocido como Alianza de Estados del Sahel (AES), destinado a protegerse contra posibles amenazas de agresión armada o externa. La carta, denominada Carta Liptako-Gourma, compromete a los firmantes a ayudarse mutuamente, incluso a nivel militar, en caso de ataque contra uno de ellos.

En un contexto de crecientes tensiones con Francia y la Cedeao, la alianza también pretende combinar esfuerzos militares y económicos para luchar contra el terrorismo y está dirigida a una región ya devastada por rebeliones armadas.

La región de Liptako-Gourma, fronteriza con Mali, Burkina Faso y Níger, ha sido devastada por el yihadismo en los últimos años. Desde el 26 de julio en Níger una decena de ataques yihadistas han dejado más de un centenar de muertos, la mitad de ellos civiles.

En el centro de la Carta hay un nuevo compromiso con la defensa colectiva. El artículo 6 especifica que un ataque a la soberanía o la integridad de uno de los miembros será tratado como una agresión contra todos. Esto obligará a otros a intervenir, incluso mediante el uso de la fuerza militar. Las tres naciones afirmaron también su determinación de luchar juntas contra el terrorismo, el crimen organizado y también los intentos de rebelión, en particular los de los tuareg de Mali.

Aunque el énfasis está en la seguridad, la Alianza no se limita al ámbito militar. También prevé una combinación de esfuerzos en el ámbito económico. Los dirigentes expresaron su deseo de colaborar no sólo en cuestiones militares, sino también en los desafíos económicos y sociales que enfrentan.

Los tres países firmantes se han retirado del G5 Sahel, lo mismo que Francia. La cooperación militar con la antigua metrópoli se ha acabado, e incluso se ha vuelto en su contra y suenan amenazas de intervención militar por parte de Francia y la Cedeao.

Los tres países Níger, Mali, Burkina Faso y Níger han optado por fortalecer su solidaridad. La AES se plantea, pues, como una respuesta directa al vacío de seguridad y a las tensiones con Francia.

La carta, compuesta por 17 artículos, sirve de base a la Alianza. Su objetivo, según su artículo 2, es establecer una estructura defensiva colectiva en beneficio de las poblaciones de los tres países miembros. La República de Mali fue elegida como depositaria, reforzando así su posición central dentro de la alianza.

Con la creación de la Alianza del Sahel, la dinámica regional podría sufrir cambios significativos. La Alianza podría influir en las relaciones de los tres países con otros actores como la Cedeao y Francia. Al definir un nuevo camino para su seguridad y desarrollo, Mali, Burkina Faso y Níger están tratando de brindar soluciones regionales a los desafíos regionales.

Esta iniciativa marca un paso significativo en la búsqueda de estabilidad para el Sahel.

Francia sigue tensando la cuerda con sus antiguas colonias africanas

Los colonialistas no renuncian a sus privilegios por las buenas; prefieren morir matando. Primero Francia eliminó los visados para los viajeros procedentes de los “países malditos” de África occidental: Mali, Burkina Faso y Níger. Luego aconsejó a la industria cultural que dejara de organizar conciertos y exposiciones artísticas de esos tres países.

Ahora hace lo mismo con los estudiantes. El gobierno francés dice que está “obligado” a suspender visas a estudiantes del Sahel. Según el Ministerio de Asuntos Exteriores, Campus France y los servicios de entrega de visados ​​se vieron afectados.

Campus France, el instituto encargado de promover la educación superior francesa en el extranjero, asegura que los estudiantes de estos tres países ya presentes en territorio francés no se verán afectados. Sus becas siguen activas, situación que afecta a unos 3.000 estudiantes malienses, 2.500 estudiantes burkineses y 1.200 estudiantes nigerinos actualmente matriculados en centros franceses.

París afirma que no se trata de una ruptura de la cooperación con los tres países, sino más bien de una “suspensión” por “limitaciones de seguridad”. El Ministerio para Europa y de Asuntos Exteriores precisa que no se trata de una orden de suspender la cooperación con los nacionales de estos países. Tampoco se pone en duda la cooperación ya establecida con universidades y otras instituciones científicas de estos países.

Desde el 7 de agosto está suspendida la expedición de visados ​​desde las capitales Niamey, Uagadugu y Bamako. Naturalmente, esta decisión suscitó preocupaciones sobre el impacto en la movilidad de estudiantes, investigadores y artistas que desean ir a Francia. Se trata de ramificaciones que se suman a las recientes controversias que afectan al mundo cultural francés.

Burkina Faso expulsa al agregado militar de la embajada francesa

El jueves Burkina Faso expulsó al agregado militar de la embajada francesa en Uagadugu, acusado de actividades subversivas, dándole dos semanas para abandonar el país. Es una nueva señal del deterioro de las relaciones entre ambos países.

“El gobierno de Burkina Faso ha decidido […] retirar la acreditación al Sr. Emmanuel Pasquier, agregado de defensa de la embajada de Francia en Burkina Faso por actividades subversivas”, manifestó el Ministerio de Asuntos Exteriores de Burkina Faso en una carta enviada a París el jueves. Le han concedido un plazo de dos semanas para abandonar el territorio de Burkina Faso.

El gobierno burkinés también ha decidido cerrar la misión militar burkinesa en París, indica la carta.

Las relaciones entre Francia y Burkina siguen deteriorándose desde que el capitán Ibrahim Traoré llegó al poder en un golpe militar en septiembre del año pasado, el segundo en ocho meses.

En marzo Burkina Faso denunció el acuerdo militar de 1961 con Francia, pocas semanas después de exigir y obtener la retirada de las tropas francesas “Sabre”. El gobierno burkinés también ha solicitado la salida permanente de todo el personal militar francés que presta servicios en las administraciones militares del país africano.

El embajador de Francia en Uagadugu fue llamado a París tras el Golpe de Estado y no ha sido reemplazado desde entonces.

En una entrevista difundida la semana pasada por la Radio Television du Burkina, el capitán Traoré afirmó que sus medidas no estaban dirigidas contra el pueblo francés, sino contra sus dirigentes. “No somos enemigos del pueblo francés, es la política de quienes dirigen Francia la que plantea un problema en África”, declaró.

“Debemos aceptar mirarnos unos a otros como iguales” y “debemos aceptar revisar toda nuestra cooperación”, añadió. También cuestionó la eficacia de los soldados franceses en Burkina Faso en el marco de la lucha contra los yihadistas, cuya salida exigió en enero.

Desde entonces, Burkina ha estado buscando una nueva cooperación, en particular con Rusia. Una delegación rusa habló con Traoré en Uagadugu a finales de agosto sobre cuestiones de desarrollo y cooperación militar y el capitán burkinés viajó a San Petersburgo en julio para la cumbre Rusia-África.

El lunes la ministra de Asuntos Exteriores de Burkina Faso, Olivia Rouamba, expresó el deseo de su país de “reforzar la cooperación bilateral” con Irán, durante una entrevista en Teherán con el presidente Ebrahim Raissi.

Desde 2015 Burkina Faso se ha visto atacada por grupos yihadistas afiliados al Califato Islámico y a Al Qaeda. Los atentados han causado más de 17.000 muertes de civiles y militares, incluidas más de 6.000 desde principios de este año.

Desde el golpe de Estado que derrocó al presidente electo Mohamed Bazoum el 26 de julio, Burkina Faso, Malí y Níger han adoptado una postura decididamente opuesta al colonialismo francés en la región del Sahel.

La Unión Europea no quiere abandonar el Sahel en un momento crítico

El lunes comenzó en Estrasburgo la sesión plenaria del Parlamento Europeo y los diputados ya han abordado el punto del orden día sobre la situación en el Sahel. Los parlamentarios han reconocido que en diez años la intervención europea no ha producido los resultados invocados.

También abordaron la cuestión de los golpes de Estado y, a este respecto, el bufón de Borrell, se pronunció contra los militares que han tomado el poder en varios países africanos. Dice que no tienen ni los medios ni la intención de luchar contra el terrorismo.

Borrell cuenta las cosas al revés. No dice lo que la Unión Europea se ha llevado de la región sino lo que ha invertido en ella: 600 millones de euros en 10 años. Lamentablemente, añade, no ha sido suficiente para arreglar las cosas.

“En los últimos diez años, hemos gastado 600 millones de euros en misiones civiles y entrenamiento militar en el Sahel. Hemos formado a unos 30.000 miembros de las fuerzas de seguridad en Mali y Níger, y a 18.000 militares. Y ahí lo tienes, esto no ha servido para reforzar las fuerzas armadas que apoyan a los gobiernos democráticos, sino que los derriban”, afirmó el bufón.

En su alegato Borrell indicó que no se deben sobreestimar los sentimientos “antifranceses”, “antieuropeos” y “antioccidentales” durante las manifestaciones registradas en varias capitales de los países del Sahel. Según sus palabras, durante las manifestaciones espontáneas “pagaron a algunas personas para que agitaran mensajes antieuropeos”.

A pesar del desprecio africano, Borrell sugirió que la Unión Europea no debe abandonar el Sahel en momentos tan críticos. Según el bufón, el Sahel es una región estratégica para la seguridad europea y para el control de la migración. Pide apoyo a instituciones subregionales como la Cedeao para llevar la paz a la zona.

La Unión Europea lleva ya una década en esta región estratégica de África con el pretexto del yihadismo, especialmente Francia. Además del aspecto militar, Bruselas ha iniciado proyectos de desarrollo en las regiones más afectadas por el terrorismo.

Ni las armas ni las ONG han avanzado ni un milímetro porque su objetivo nunca fue acabar con los yihadistas sino instalarse permanentemente en el Sahel, entre otras cosas para controlar la emigración hacia Europa.

Hay una amplia variedad de siglas yihadistas en la región: Califato Islámico, EIGS, JNIM, AQIM, Boko Haram… El continuo deterioro de la situación de seguridad ha generado un sentimiento de hartazgo entre las poblaciones locales. La desconfianza no es sólo hacia los yihadistas sino hacia Europa y, especialmente, Francia.

Europa no juega limpio con África. En Estrasburgo los diputados hicieron un balance de la presencia europea en el Sahel y mantuvieron conversaciones sobre las misiones europeas que tuvieron lugar en el Sahel durante esta década.

La crisis de Níger comenzó en Libia

Los acontecimientos ocurridos en Níger en los últimos meses son alarmantes. Lo que comenzó como un golpe militar ahora corre el riesgo de convertirse en una guerra más amplia en África occidental, con un grupo de juntas alineándose para luchar contra una fuerza regional que amenaza con invadir y ocupar militarmente el país.

La junta miltar justificó su golpe como una respuesta al “continuo deterioro de la situación de seguridad” en Níger y se quejó de que el país y otros países del Sahel “han estado enfrentando durante más de una década las consecuencias socioeconómicas, de seguridad, políticas y humanitarias, consecuencias de la peligrosa aventura de la OTAN en Libia”.

En la agresión de 2011 contra Libia, los gobiernos de Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña iniciaron una intervención militar con el cínico pretexto de “proteger a los civiles”. Las potencias occidentales desataron un torrente de terror y yihadismo en toda la región, que rápidamente se convirtió en una operación de cambio de régimen.

Los altavoces de la OTAN pintaron un cuadro de “revuelta popular”, manifestantes desarmados y civiles que se enfrentaban a un genocidio inminente. Años más tarde un informe del Comité de Asuntos Exteriores de la Cámara de los Comunes de Reino Unido estableció públicamente, repitiendo las conclusiones de otros análisis, que las acusaciones de una inminente masacre de civiles no estaban “respaldadas por las pruebas disponibles”, que “la amenaza a los civiles había sido exagerada y que entre los rebeldes había un importante elemento islamista” que había cometido numerosas atrocidades.

Era un nuevo modelo para derrocar a los dictadores de Oriente Medio. Mientras el gobierno de Gadafi luchaba contra los yihadistas y otras milicias, Estados Unidos pidió la creación de una zona de exclusión aérea. La ONU lo autorizó a la OTAN, gracias a la abstención de Rusia y China en el Cosejo de Seguridad.

Después de un mes, la OTAN y Obama declararon públicamente que mantendrían la agresión hasta desalojar a Gadafi, rechazando la salida negociada propuesta por la Unión Africana. Cuatro meses después, Gadafi estaba muerto. Fue capturado, torturado y asesinado en un ataque aéreo de la OTAN contra el convoy en el que viajaba.

“Vinimos, vimos y murió”, dijo Clinton en tono chulesco y triunfalista. Ese mismo mes, la secretaria de Estado visitó Trípoli y declaró la “victoria de Libia” haciendo el signo de la paz.

La discusión rápidamente giró hacia la exportación de este modelo a otros lugares, como Siria. Elogiando a la ONU por haber “finalmente cumplido con su deber de prevenir atrocidades masivas”, Kenneth Roth, entonces cabecilla de Human Rights Watch, pidió “ampliar los principios de derechos humanos adoptados para Libia a otras poblaciones necesitadas”, citando otras partes de Oriente Medio, Costa de Marfil, Myanmar y Sri Lanka.

El derrocamiento de Gadafi llevó a cientos de mercenarios tuaregs a su servicio a regresar a Mali y provocó un éxodo de armas, lo que llevó a los tuaregs a unir sus fuerzas con los yihadistas y lanzar una campaña de atentados en el Sahel.

Fue el pretexto para la intervención militar francesa en Mali, que rápidamente se transformó en una misión en expansión en todo el Sahel que no se completó hasta nueve años después. La situación era mucho peor que al principio. Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, la mayoría de los más de 400.000 refugiados en el Sahel central se encuentran allí debido a la acciones yihadistas en Mali.

Gracias a sus depósitos de armas, Libia se ha convertido en un gran arsenal, incuidos cañones antiaéreos y misiles tierra-aire. El derrocamiento de Gadafi abrió las puertas a los yihadistas en la región del Sahel. Las armas libias fueron canalizadas a terroristas, criminales, bandidos y contrabandistas en Níger, Túnez, Siria, Argelia y Gaza. La región está arrasada, con miles de civiles asesinados y 2,5 millones de desplazados.

Libia es una Somalia gigante. La guerra civil no ha terminado desde 2011 y en ella participan, además de decenas de milicias rivales, los Estados vecinos que las utilizan como delegados. Entre ellos está el Califato Islámico. En el momento del alto el fuego de 2020, cientos de civiles habían sido asesinados en Libia, casi 900.000 personas necesitaban asistencia humanitaria, la mitad de ellas mujeres y niños, y el país se había convertido en una zona lucrativa para el comercio de esclavos.

Mali amplía la explotación de una de sus mayores minas de oro

El lunes la multinacional canadiense Allied Gold anunció la puesta en marcha de un ambicioso plan para llevar la producción de oro de la mina Sadiola, en Mali, a un nivel superior. La empresa promete una producción de 400.000 onzas anuales hasta 2029. Allied Gold invertirá 61,6 millones de dólares con el objetivo de ampliar el yacimiento.

El proyecto se extenderá en dos fases. Allied Gold primero llevará a cabo una ampliación para fortalecer la capacidad de procesamiento del sitio. En particular, la fábrica estará equipada con infraestructuras de última generación. Para la segunda fase, está prevista la construcción de una nueva fábrica en 2027 y es esta unidad la que permitirá alcanzar las 400.000 onzas anuales en 2029.

La empresa canadiense Allied Gold no es la única que opera en Mali. Los australianos, turcos, indios y rusos también están presentes para explotar el oro de Mali. Tras la reforma del código minero, la extracción de oro beneficiara al máximo a Mali. Por tanto, las perspectivas en este sector parecen muy interesantes para el país.

La mina de oro de Sadiola, que se comenzó a explotar en 1996, es una de las vetas más grandes de Mali y el país cuenta con este sitio para aumentar significativamente su producción de oro. Esta mina de oro pertenece en un 80 por cien al grupo canadiense Allied Gold.

Mali es uno de los principales productores de oro de África y tiene la intención de depender de este recurso minero para impulsar su economía. La junta militar pretende poner en marcha un cierto número de infraestructuras que permitan el refinado local del metal.

No le faltan inversores en su sector del oro. Para aumentar la producción, Mali planea establecer asociaciones estratégicas con diversas multinacionales mineras.

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