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La capital de Sudán en estado de sitio ante un nuevo levantamiento insurreccional

Jartum, la capital de Sudán, se encuentra en estado de sitio. Los puentes que unen el centro de la ciudad con sus barrios están bloqueados con contenedores. Las comunicaciones telefónicas y la conexión a internet están cortadas.

Desde el golpe militar del general Abdel Fattah Al-Burhane, el 25 de octubre, las manifestaciones de protesta se suceden cada semana y, hasta ahora, la feroz represión -que ha dejado 48 muertos y cientos de heridos- no ha conseguido detenerlas.

La policía dispara granadas de gas lacrimógeno para intentar repeler a miles de opositores al poder militar que se acercan al palacio presidencial, desafiando una represión que dura ya dos meses.

El sábado pasado la multitud llegó a sólo cincuenta metros del palacio de Jartum, donde se encuentra el llamado “gobierno de transición”. Tuvieron que evacuar a muchos heridos.

Desde las primeras horas del día, el gobierno trató de bloquear el país. Primero desapareció internet, luego dejaron de funcionar las comunicaciones telefónicas y los manifestantes que tenían previsto acudir desde los distintos barrios al palacio presidencial descubrieron que durante la noche habían llegado grúas para colocar enormes contenedores sobre los puentes del Nilo.

A primera hora de la tarde, como siempre, los manifestantes eran miles, bajo una nube de banderas sudanesas y los gritos ensordecedores contra el ejército, su jefe Al-Burhane y el primer ministro civil, Abdallah Hamdok.

En Madani, una ciudad a 150 kilómetros al sur de la capital, los manifestantes eran varios cientos. Hace menos de una semana, en el tercer aniversario del inicio del levantamiento popular que en 2019 obligó al ejército a poner fin a 30 años de dictadura militar de Omar Al-Bashir, los partidarios de un gobierno civil demostraron que seguían movilizados.

Aquel día la policía disparó munición real, además de lanzar gases lacrimógenos sobre los cientos de miles de personas que salieron a la calle. El sábado, las autoridades utilizaron otra herramienta importante: como hicieron durante casi un mes después del golpe, aislaron a los sudaneses del mundo.

Ante un nuevo estallido insurreccional, el sindicato de médicos prodemocráticos que lleva registrando víctimas de la represión desde 2018 dijo que pide al mundo que observe lo que ocurre, mientras los militantes luchan por difundir imágenes del país a través de la diáspora.

La Guerra Fría en el Congo y un sicario de la CIA: Mobutu

Setiembre de 1960. En plena Guerra Fría, la antigua colonia belga del Congo es independiente desde hace sólo tres meses. A Larry Devlin, jefe de la estación de la CIA en Leopoldville, ahora Kinshasa, le entregan un maletín con diferentes venenos, incluida una pasta de dientes tóxica, y le ordenan asesinar al Primer Ministro, Patrice Lumumba, según confesó al New York Times (1).

En 1973 Devlin apareció en las investigaciones del Comité Church del Senado estadounidense, después de que la CIA orquestara el Golpe de Estado contra Salvador Allende. Pero le cambiaron el nombre por el de “Victor S. Hedgeman”. También estuvo en Laos durante la Guerra de Vietnam. En fin, tenía una amplia experiencia en asesinatos y Golpes de Estado.

Lo contó en un libro publicado en 2007: “Jefe de Estación, Congo: combatiendo la Guerra Fría en una Zona Caliente” (2). Pero hay pocas cosas que no se supieran desde otro libro publicado en 1978 por otro espía de la CIA, John Stockwell: “En busca de enemigos: una historia de la CIA” (3). El autor se incorporó al espionaje en 1964 y sirvió en África durante doce años, desde Costa de Marfil hasta Angola, pasando por el Congo y Burundi.

Una parte de los informes de la CIA sobre el Congo ya se han declasificado. Con el país africano recién independizado, Devlin, que aparece en la foto anexa, aterriza bajo la cobertura de cónsul y comienza a informar a sus jefes: “Tarde o temprano Moscú tomará el control” del Congo, escribe a sus jefes de Langley. Los soviéticos mueven los hilos, añade. Allen Dulles, el director de la CIA, le responde personalmente: la “salida” de Lumumba “debe ser un objetivo prioritario y urgente para usted”, le dice a Devlin.

Con un presupuesto de 100.000 dólares, gigantesco para aquella época, Devlin los intenta todo. Organiza protestas contra Lumumba, intenta aislarlo políticamente y anima al Presidente Kasavubu a destituirlo. Pero Lumumba resiste y la CIA tiene que recurrir a otras vías.

La CIA encuentra a su pelele

Devlin se entrevista en el palacio presidencial con un antiguo periodista de apenas 30 años reconvertido en alto oficial del ejército congoleño: Joseph Mobutu, subjefe del Estado Mayor del Ejército, que no está de acuerdo con las inclinaciones internacionales de Lumumba, favorables al eje de los países no alineados. “El coronel Mobutu se quejó amargamente de que Lumumba intentaba involucrar al ejército en la política”, informa Devlin a sus jefes.

Era una versión diluida de la verdadera conversación entre ambos. En una entrevista en la radio estadounidense, unos 37 años después, Devlin reveló que Mobutu ya había planteado la posibilidad de un Golpe de Estado contra Lumumba. “El ejército está preparado para derrocar a Lumumba”. Pero a Mubutu le preocupaba el posible apoyo de Estados Unidos al golpe. “¿Puedo considerar que Estados Unidos nos apoya?”, pregunta. Devlin le responde: “Creo que lo apoyaremos”. Allen Dulles respalda a su hombre sobre el terreno: “Confío en usted”.

La CIA acababa de encontrar a su pelele. “Nos interesa apoyar al coronel Mobutu como contrapoder a Lumumba y animarle a trabajar para la eventual constitución de un gobierno civil moderado en el Congo”, escribe Devlin. Así, el espía propone ofrecer a Mobutu fondos para su uso personal para comprar su cooperación.

Unos días después Mobutu, recién nombrado jefe del ejército, ordena la detención de Lumumba y la salida de todos los diplomáticos soviéticos y checos de la capital congoleña en un plazo de 48 horas. Los americanos se frotan las manos.

Pero el plan militar fracasa y la CIA pasa a los suyo: el asesinato de Lumumba. Un tal Joe de Paris llega desde Langley con el maletín de los venenos, pero son las contradicciones propias las que acaban frustrando los proyectos emancipadores de Lumumba.

El 17 de enero de 1961 Mobutu entrega a Lumumba atado de pies y manos a su enemigo jurado, el dirigente katangués Moise Tshombe, y un pelotón comandado por un oficial belga lo ejecuta esa misma noche. Hasta 2014 el Departamento de Estado no reconoció oficialmente la participación de Estados Unidos en el derrocamiento y asesinato de Lumumba.

Pero Mobutu no logra hacerse con el poder inmediatamente y, entre tanto, cultiva sus estrechos contactos con la CIA. Cuando en 1967 Devlin abandonó el Congo, Mobutu pasó a despedirse y le regaló un retrato suyo, con una halagadora y elocuente dedicatoria: “A mi viejo y excelente amigo L. Devlin, por todo lo que el Congo y su líder le deben”.

La CIA fue siempre muy atenta con Mobutu. En mayo de 1963, incluso le invitó a Estados Unidos y le permitió visitar la sede de la CIA. Mimaron al sátrapa congoleño. Mobutu incluso consiguió una entrevista con el presidente Kennedy. En su álbum de fotos se le puede ver con todos los presidentes de Estados Unidos: Nixon, Carter, Reagan Bush…

La CIA compra una mascota africana

Mantener una piara de gorrinos, incluso en los países más pobres, cuesta mucho dinero, y aunque la CIA tenía un presupuesto multimillonario, no era plenamente consciente de la codicia de Mobutu y de su manejo del chantaje: “Joseph Mobutu nos presiona constantemente para conseguir más dinero para su ejército”, observa Devlin. En caso contrario, amenaza, el régimen podría colapsar.

El dinero de Mobutu ocupa una parte muy importante en las comunicaciones entre Devlin y sus jefes. El coronel congoleño necesitaba ayuda financiera “para pagar a sus tropas y a sus oficiales, así como gasolina para los desplazamientos de las tropas”, informa Devlin a sus jefes.

La CIA siempre se mostró dispuesta a gastar cualquier cantidad de dinero para comprar literalmente el gobierno de un país, y también a la oposición. No tiene reparos en hacerse cargo del destino del Congo: “Se podría presentar una lista de ministros a Mobutu pidiéndole sus sugerencias. Nuestro representante en Leopoldville está preparando esa lista”.

El golpista africano inventa un plan tras otro para chuparle el dinero a Washington. Un día, por ejemplo, afirma que “Moise Tshombé [dirigente de la provincia de Katanga, aliado de los colonialistas belgas] le había dado una cantidad de dinero no especificada para el ejército nacional congoleño, que había entregado al gobierno provisional, que lo había gastado en diversos dispendios sin el acuerdo del Ministro de Finanzas”. Pero ahora, escribe Devlin, “Mobutu tiene miedo de que se le pida que devuelva ese dinero que ya no tiene, que se sospeche que lo ha malversado y que esa sospecha alimente a la oposición”.

Sin duda, era una fábula, pero la CIA no hace preguntas. Paga a Mobutu lo que pide porque las mascotas garantizan lealtad. Naturalmente, Washington no se deja engañar. “Aunque el general Mobutu tenga muchas cualidades y haya conseguido cosas en el pasado, se puede considerar que su vanidad e irresponsabilidad han contribuido significativamente a la ineficacia y al desorden dentro del ejército”, señala Dean Rusk, jefe del Departamento de Estado.

Los imperialistas se cuidaban -sobre todo- de no involucrarse militarmente en el avispero congoleño. En 1964 sólo enviaron a Mobutu dos pilotos de cazabombarderos, contratados por la CIA, aunque el pelele africano pidió mucho más.

A veces el embajador cuestiona la generosidad de la CIA. “Devlin acaba de informarme de que Washington ha dado luz verde para confiar diez millones de francos belgas a Mobutu, sin ningún registro contable ni indicación del uso del dinero”. Era un cheque en blanco.

Para Mobutu cualquier pretexto es bueno para hacer caja. El 12 de octubre de 1965 el Presidente Kasavubu destituye brutalmente a su Primer Ministro, Moise Tshombé, haciendo saltar por los aires el equipo de la jefatura del Estado, que contaba con el apoyo de los imperialistas.

En el cuartel general de la CIA, algunos se sorprenden: “El 26 de octubre se hizo un pago al general Mobutu en reconocimiento a sus esfuerzos por apoyar los objetivos estadounidenses de mantener el dúo Kasavubu-Tshombé, aunque estos esfuerzos no tuvieron éxito”, señalan los mensajes. El pago había sido aprobado por la estación de la CIA en el Congo. El embajador estadounidense consideraba que el gasto era necesario porque el coronel “había recurrido a sus fondos personales para tratar de aliviar la tensión entre Kasavubu y Tshombé”.

Sencillamente, es imposible de creer que Mobutu hubiera pagado alguna vez una cuenta de su bolsillo.

Un negro es la última esperanza blanca

El 25 de noviembre de 1965 Mobutu se hizo con el poder mediante otro Golpe de Estado militar sin pedir permiso a sus amos estadounidenses, que no se lo echaron en cara. “Se disculpó sinceramente por no habernos avisado de sus planes”, escribe Devlin tras una reunión con Mobutu. El golpista congoleño tenía otro buen pretexto: no había una línea telefónica a su disposición el día antes del golpe para avisar a la CIA.

Pero, como buen y fiel caniche, se pone incondicionalmente a los pies de sus amos: “Espera consejos e instrucciones de Estados Unidos ahora y en el futuro”, señala Devlin, que considera -lógicamente- que este acto de lealtad debe ser debidamente recompensado: “Los fondos adicionales para Mobutu son más esenciales que nunca”.

Diez días después del golpe, Estados Unidos reconoce oficialmente a Mobutu. “El gobierno de Mobutu es la última oportunidad para el campo occidental en el Congo (y posiblemente en el África negra)”, escribe Devlin a sus jefes de la CIA. “Si cayera, hay pocas posibilidades de que sea sustituido por un régimen aceptable para Occidente. Creemos que es probable que el Congo se desintegre en una multitud de pequeños estados, algunos de los cuales caerían bajo la influencia del bloque comunista”.

Mobutu podía seguir extendiendo la mano con cualquier pretexto, sobre todo el de “luchar contra el comunismo”. Durante décadas la CIA seguirá financiando sin pestañear un régimen criminal, lacayo y vendido como pocos. Así lo demuestra, por ejemplo, un informe de 1966 que menciona otra montaña de dinero procedente de los fondos reservados: “Este dinero se gastó para asegurar el apoyo de los principales oficiales del Ejército Nacional Congoleño, para financiar a importantes dirigentes políticos y para proporcionar asistencia a los jefes provinciales y tribales que vinieron a visitar Leopoldville”.

¿Cuánto gastó la CIA para poner a un sátrapa al frente del antiguo Congo belga? En los archivos de la CIA las cantidades siguen estando clasificadas hasta el día de hoy. Según Jack Stockwell, fueron más de 20 millones de dólares sólo en los primeros años de su gobierno. Pero el gobierno de Mobutu llegó hasta finales del siglo pasado, así que hay que multiplicar esa cifra muchas veces.

(1) http://www.nytimes.com/2008/02/24/world/africa/24congo.html
(2) Larry Devlin, Chief of Station, Congo: Fighting the Cold War in a Hot Zone, https://www.goodreads.com/book/show/95199.Chief_of_Station_Congo
(3) John Stockwell, In Search of Enemies: a CIA Story, https://www.barnesandnoble.com/w/in-search-of-enemies-john-stockwell/1101828677

500 mercenarios rusos de Wagner ya están en Mali

El gobierno malienses ha concluido oficialmente el acuerdo con la empresa rusa Wagner para el despliegue de mercenarios en el país. Unos 500 mercenarios serán desplegados en 10 regiones clave de Malí, donde la principal tarea de los militares rusos será luchar contra los terroristas locales.

La empresa militar rusa ha empezado a instalarse en Malí y los colonialistas han movilizado a sus lacayos: 15 países se han opuesto categóricamente a la aparición de los militares rusos en el país, sobre todo los de la Cedeao, la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental.

Ya no hay duda de que una empresa militar privada de mercenarios rusos está estacionada en Malí. Varios aviones militares rusos han sido vistos volando en el aeropuerto de Bamako, entregando equipamiento a los miembros del grupo Wagner, y se está construyendo una base militar para alojar a un gran número de mercenarios.

Por el momento no hay pruebas documentales de que los mercenarios rusos hayan sido desplegados en Malí. Sin embargo, las fotos y los vídeos publicados en las redes sociales rusas no dejan lugar a dudas de que los miembros de la empresa de seguridad, que suman varias decenas de personas, han sido trasladados al Continente Negro.

La principal tarea de los mercenarios será la lucha contra los terroristas, que han avanzado posiciones en el Sahel en los dos últimos años. Prácticamente el ejército de Mali no es capaz de salir más allá de la capital, Bamako, sin librar un combate con los yihadistas.

La crisis militar de Mali comenzó cuando Francia y las fuerzas de la OTAN atacaron Libia en 2011 y asesinaron a Gadafi. A partir de entonces, Francia tuvo que enviar tropas a Mali: la Operación Barjan.

Desde entonces, el movimiento anticolonial ha crecido en países africanos como Burkina Faso, Níger o la propia Mali, con continuas manifestaciones y enfrentamientos a tiros. La prensa africana comenta que Francia embarcó a los tuaregs en la lucha contra Gadafi y que ahora apoya a las mismas fuerzas contra Mali para fragmentar al país, crear “una República fantasma de Azawad a partir de Kidal para extenderse a todas las regiones del norte de Malí” (2).

La cancelación de la visita de Macron, que estaba prevista para el lunes de esta semana, ilustra la tensión existente con la potencia colonial.

(1) https://avia-pro.fr/news/500-rossiyskih-vagnerovcev-uzhe-perebrosheny-v-mali
(2) https://www.maliexpress.net/index.php/reportage/affaire-wagner-le-mali-la-france-et-les-autres

Nigeria destruye un millón de vacunas caducadas

Nigeria ha decidido destruir alrededor de un millón de vacunas caducadas, según declaró el lunes Faisal Shuaib, director de la Agencia Nacional de Desarrollo de la Atención Primaria de Salud (NPHCDA), quien añadió que el organismo estaba trabajando con el regulador de medicamentos NAFDAC para fijar una fecha para su destrucción.

Faisal Shuaib dijo que el país había aceptado vacunas de corta duración de los países donantes internacionales para utilizarlas rápidamente debido a la escasez de vacunas en el pasado.

Por su parte, la semana pasada el ministro de Sanidad de Nigeria, Osagie Ehanire, declaró que algunas vacunas donadas por las grandes potencias occidentales tenían una vida útil de sólo unas semanas.

Shuaib también aseguró que Nigeria ya no aceptaría vacunas de corta duración, citando una decisión del comité presidencial.

El gobierno nigeriano no ha indicado la farmacéutica que fabricó las vacunas caducadas, aunque la de Pfizer debe conservarse a 70 grados bajo cero, de modo que si no caduca, se estropea con facilidad. De cualquier manera ya nadie se acuerda de los requisitos de conservación de dicha vacuna, por lo que es muy probbale que se estén inyectando vacunas en muy mal estado de conservación.

La directora de vacunas de la Organización Mundial de la Salud, Kate O’Brien, dijo el jueves en una rueda de prensa que la proporción de dosis desperdiciadas era menor en los países que recibían dosis a través de Covax que en muchos países de ingresos altos.

Vuelve a quedar en evidencia que, afortunadamente, en la mayor parte de los países pobres del mundo es imposible vacunar a la población en su totalidad, por más que se eliminen las patentes o regalen las vacunas.

Menos del 4 por cien de los adultos del país más poblado de África, con más de 200 millones de habitantes, están totalmente vacunados.

—https://www.reuters.com/business/healthcare-pharmaceuticals/nigeria-destroy-around-1-million-expired-covid-19-vaccines-senior-official-2021-12-13/

Las raíces coloniales del enfrentamiento entre Argelia y Marruecos

Las tensiones entre los dos grandes Estados del Magreb, que se han agudizado en las últimas semanas hasta el punto de que algunos observadores temen que el conflicto actual pueda degenerar en una guerra abierta, no son nuevas.

Las fuertes tensiones entre Argelia y Marruecos se remontan al final de la guerra de independencia argelina. La cuestión de las fronteras trazadas por el colonizador, que favorecían a Argelia en detrimento de los demás países de la región, dio lugar a un profundo contencioso entre Rabat y Argel, que iba a dar muchas vueltas, de diversas formas y con un escollo recurrente en el Sáhara Occidental. Es necesario hacer un repaso histórico para entender los datos del deterioro al que asistimos en estos momentos.

Cuando Marruecos se convirtió en protectorado francés en 1912, la administración francesa delimitó los dos territorios argelino y marroquí. Pero la delimitación no es muy precisa y varía de un mapa a otro.

Para Francia, no eran fronteras propiamente dichas, ya que la zona que va de Colomb-Béchar a Tinduf, que corresponde al oeste de Argelia, estaba deshabitada.

La visión de este territorio iba a cambiar fundamentalmente a partir de 1952, cuando Francia descubrió un yacimiento de petróleo y minerales (hierro y manganeso). Estas tierras se integraron entonces en Argelia. Para Francia, se trataba de incluirlos en su territorio a largo plazo, ya que Argelia era francesa mientras que Marruecos sólo era un protectorado destinado a liberarse de la tutela de París.

Pero en cuanto se independizó en 1956, Marruecos reclamó este territorio como parte del Marruecos histórico.

Francia respondió a esta demanda ofreciendo a Rabat un trato: esta franja occidental de Argelia podría ser devuelta a Marruecos a cambio de la creación de una “Organización Común de las Regiones del Sáhara” (OCRS), que se encargaría de explotar los yacimientos minerales del Sáhara argelino, en beneficio conjunto de Marruecos y Francia.

La oferta de París va acompañada de una petición: la de no dar refugio a los insurgentes argelinos. Rabat rechazó esta propuesta y prefirió discutir directamente con los argelinos.

En julio de 1961, Hassan II, que acababa de acceder al trono, recibió en Rabat a Farhat Abbès, presidente del Gobierno Provisional de la República Argelina. Al final de la reunión se firmó un convenio y se creó una comisión argelino-marroquí para resolver la cuestión del Sáhara argelino “en un espíritu de hermandad y unidad magrebí”.

Según el acuerdo, una vez que Argelia se independice, se renegociará el estatus de la zona. Pero cuando Argelia se independizó, y antes de que el acuerdo de Rabat pudiera ser ratificado, una coalición dirigida por Ahmed Ben Bella y apoyada por el Ejército de Liberación Nacional (ALN) expulsó a Farhat Abbas del gobierno. El nuevo equipo en el poder en Argel se negó a entregar a Marruecos un territorio “liberado con la sangre de tantos mártires”.

Hassan II se sintió traicionado por la nueva clase política argelina, y el Istiqlal, el partido marroquí que llevaba la cuestión nacional y se convirtió en su faro, expresó su indignación por la “ingratitud” de los argelinos. El Marruecos histórico al que se referían los actores políticos marroquíes se materializaría en un mapa del “Gran Marruecos” que el Istiqlal había dibujado y publicado en su semanario Al-Alam en marzo de 1963.

Según este mapa, las fronteras del país se definían según las lealtades que se habían hecho a los sultanes de Marruecos a lo largo de los tiempos. El Gran Marruecos incluiría un buen tercio del Sáhara argelino, el Sáhara Occidental colonizado por España (1884-1976), Mauritania y parte de Mali.

Entre el “territorio adquirido por la sangre de los mártires” y el “derecho histórico”, dos concepciones del derecho y de la historia iban a chocar, lo que llevó al estallido de un conflicto armado en septiembre de 1963: la Guerra de las Arenas.

Este conflicto, que tuvo lugar en la región de Tinduf, enfrentó a Marruecos con una Argelia recién independizada, ayudada por Egipto y Cuba. Los combates, cuyo número de víctimas sigue siendo controvertido, terminaron en febrero de 1964, cuando la Organización de la Unidad Africana (OUA, precursora de la Unión Africana) obtuvo un alto el fuego que no modificó la frontera: la zona en disputa siguió siendo argelina.

Pero el contencioso entre ambos Estados se prolongó, alimentado por el irredentismo marroquí en torno a la cuestión del “Gran Marruecos” y la negativa de la Argelia independiente a reconsiderar las fronteras heredadas de la época colonial. La intensidad de esta disputa sólo puede entenderse a la luz de la rivalidad por el liderazgo regional entre ambos países.

El Sáhara Occidental, un escollo

A partir de 1975, el apoyo prestado por Argelia al Frente Polisario, movimiento independentista creado en 1973 y que reivindica el Sáhara Occidental en nombre del derecho de los pueblos a la autodeterminación, alimentará la tensión ya permanente entre Argel y Rabat. De hecho, Marruecos reclama esta antigua colonia española y, por lo tanto, mantiene una lucha duradera contra el Frente Polisario. Para Argelia, que se escuda en el derecho de los pueblos a la autodeterminación, un conflicto de baja intensidad tiene la ventaja de debilitar a Marruecos. Por lo tanto, los dos países se enfrentarían a través del Frente Polisario.

Se suman y superponen dos conflictos: la oposición territorial entre Argelia y Marruecos, por un lado, y el conflicto de descolonización entre saharauis y marroquíes, que no podría haberse prolongado durante casi medio siglo si el contencioso argelino-marroquí no hubiera pesado en su desarrollo.

Al acoger simbólicamente a los refugiados saharauis en Tinduf después de que Marruecos se instalara allí, al poner su diplomacia a disposición del Frente Polisario y al armarlo, Argelia dio otro aspecto a este último conflicto de descolonización en África.

La imbricación de los dos conflictos, primero entre Argelia y Marruecos, y luego entre saharauis y marroquíes, pesa mucho en la actitud de los actores. Cada parte quiere una victoria total sobre la otra, hasta el punto de que cualquier negociación resulta imposible. La impotencia de las Naciones Unidas, encargada de resolver este conflicto saharaui desde 1991, puede leerse sin duda a través de este prisma.

La implicación de Argelia en la cuestión del Sáhara provocó la ruptura de las relaciones diplomáticas entre Argelia y Marruecos entre 1976 y 1988. Sin embargo, la reanudación de las relaciones no contribuyó a disipar el conflicto.

En 1994, Driss Basri, ministro marroquí del Interior, sugirió que los servicios secretos argelinos podrían haber ordenado el atentado terrorista que tuvo lugar en un hotel de Marrakech, en el que murieron dos españoles. Introdujo los visados y organizó una campaña para expulsar a los argelinos que residían en Marruecos sin permiso de residencia. La respuesta de Argel fue inmediata: el cierre de la frontera terrestre.

Abdelaziz Bouteflika, Presidente de Argelia desde 1999, intentó romper esta espiral de tensiones y rupturas, sin éxito. Se topó con la intransigencia del Estado Mayor del ejército argelino, que gestiona el expediente de las fronteras, la relación con Marruecos y mucho más, dada la implicación del ejército en la vida política argelina.

La disputa tendrá importantes efectos en el comercio y los intercambios culturales entre ambos países.

La cooperación es casi inexistente, a excepción del gasoducto que une Argelia con Europa a través de Marruecos. El litigio bloquea toda interacción horizontal y hace imposible la integración de la región, es decir, la creación de la Unión del Magreb Árabe (UMA), que se firmó en 1989. El conflicto del Sáhara Occidental se ha congelado, la cooperación entre los países es casi inexistente y la UMA es un cascarón vacío.

El eje Washington/Tel Aviv/Rabat

El acuerdo del 22 de diciembre de 2020 entre Marruecos y Estados Unidos, que estipula que Rabat normalice sus relaciones con Israel a cambio de que Washington reconozca la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental, ha creado un desequilibrio en el balance de poder entre Argelia y Marruecos.

Para Argel, un Marruecos apoyado por Israel sólo podría ser más poderoso, sobre todo porque el país se ha dado a sí mismo la imagen de socio esencial para los Estados occidentales, especialmente en la lucha contra el yihadismo, o en el control de la inmigración de los países subsaharianos.

Un año después de la declaración de Donald Trump, la administración Biden ha confirmado en cierto modo este reconocimiento, aunque el jefe de la diplomacia estadounidense haya expresado su deseo de respetar el derecho internacional. Los argelinos, que siguen apoyando incondicionalmente al Frente Polisario, saben que es cuestión de tiempo y que, tarde o temprano, Marruecos verá reconocida su soberanía sobre este territorio por la ONU, desafiando un proceso de resolución del conflicto saharaui confiado a la misma organización desde 1991. El elocuente silencio de la Unión Europea sobre esta cuestión refuerza su convicción.

El año 2021 ha estado marcado por las vejaciones y provocaciones que se han ido intensificando hasta el pasado verano. Las tensiones llegaron a ser muy altas el pasado mes de julio, tras revelarse que Marruecos había utilizado el software israelí Pegasus, comercializado por la empresa israelí NSO, para espiar a “funcionarios y ciudadanos argelinos”. La investigación reveló que miles de números de teléfono argelinos fueron objeto de ataques, incluidos algunos pertenecientes a políticos y militares de alto rango.

Las tensiones aumentaron cuando, durante una reunión del Movimiento de Países No Alineados en Nueva York (13-14 de julio), Omar Hilale, embajador de Marruecos ante la ONU, distribuyó una nota en la que afirmaba que “el valiente pueblo de Cabilia merece, más que ningún otro, disfrutar plenamente de su derecho a la autodeterminación”.

Un mes más tarde, fue Yair Lapid, el ministro israelí de Asuntos Exteriores, en una visita a Rabat, quien declaró, en presencia de su homólogo marroquí Nasser Bourita, que estaba “preocupado por el papel desempeñado por Argelia en la región, el acercamiento de Argel a Irán y la campaña dirigida por Argel contra la admisión de Israel como miembro observador de la UA”.

La respuesta argelina

El 24 de agosto Argelia anuncia la ruptura de sus relaciones diplomáticas con Marruecos. El Consejo de Alta Seguridad de Argelia, presidido por el Jefe de Estado Abdelmajid Tebboune, cerró el espacio aéreo del país a cualquier avión civil o militar registrado en Marruecos.

Obviamente, como la frontera está cerrada desde 1994, el impacto de esta ruptura de relaciones es político. Sin embargo, pone fin al único caso de cooperación entre ambos países: el famoso gasoducto Magreb-Europa (GME).

El gas se utiliza aquí, como en otros lugares, como palanca. El contrato que unía a los dos países para el suministro de gas a Marruecos y para el tránsito se interrumpió el 31 de octubre.

Es difícil creer a Marruecos, que afirma en un comunicado de prensa de la Oficina Nacional de Electricidad y Agua (ONEE) que el impacto de esta decisión en el sistema eléctrico marroquí es “insignificante”, ya que el país ha tomado medidas.

Desde 1996 Marruecos es un país de tránsito para el gas argelino exportado a España y Portugal. Cada año se transportan 10.000 millones de metros cúbicos y Marruecos cobra el peaje del gas y el resto de su consumo con tarifas muy ventajosas.

La respuesta marroquí es una continuación del conflicto, ya que la ONEE afirma que aunque las dos centrales eléctricas que funcionan con gas argelino cerraran, los consumidores marroquíes no lo notarían porque Marruecos tiene varias opciones para compensar la pérdida: alimentarlas con carbón, derivados del petróleo o importar más electricidad.

El Primer Ministro Aziz Akhannouch está negociando con Madrid la devolución del gas argelino desde España. Este último país seguiría siendo abastecido por Argelia a través del oleoducto Medgaz.

Sin embargo, este oleoducto está actualmente al máximo de su capacidad, con 8.000 millones de metros cúbicos que pasan por él cada año. Para compensar la diferencia, sería necesario ampliar el gasoducto o transportar el gas licuado en buques cisterna de GNL. Todos estos medios implican un coste que sólo puede repercutir en el consumidor, sea español o marroquí.

La energía es, por tanto, la última arma que Argelia ha decidido utilizar en su interminable guerra contra Marruecos. Pero también podrían hablar las armas convencionales, ya que ambos países son los mayores compradores de armas en África después de Egipto…

Khadija Mohsen-Finan https://theconversation.com/algerie-maroc-la-rupture-est-consommee-172430

Un manifestante muerto y más de 600 detenidos en una semana de protestas en Túnez

Un manifestante ha muerto y más de 600 han sido detenidos desde el lunes en Túnez, donde han estallado movilizaciones y protestas durante varias noches consecutivas, según el portavoz del Ministerio del Interior, Jalifa Chibani, que detalla los enfrentamientos que se han producido entre la policía y los jóvenes en varias localidades.

Los saqueos y disturbios nocturnos han obligado al ejército a desplegarse en torno a muchos bancos, oficinas fiscales y otros edificios oficiales.

El miércoles, 328 personas fueron detenidas por robos, saqueos, incendios y cortes de carreteras. Esto eleva a más de 600 el número de personas detenidas desde el lunes. El martes ya habían sido detenidas 237 personas, y 44 el día anterior.

Los disturbios estallaron el lunes, con manifestaciones de lucha contra el paro y la carestía de la vida, que se convocan principalmente por la tarde y la noche, aunque también se han producido algunas manifestaciones pacíficas durante el día.

El movimiento de protesta contra el paro y el aumento de los precios fue lanzado a principios de este año por la campaña “Fech Nestannew”. Los manifestantes se concentraron a última hora de la tarde en Túnez para exigir la liberación de los manifestantes detenidos.

Túnez lleva más de dos años en estado de emergencia -medida adoptada tras una serie de atentados yihadistas- y la policía tiene poderes excepcionales.

El miércoles por la noche, se registraron enfrentamientos en la ciudad noroccidental de Siliana, y en Kasserine, Thala y Sidi Bouzid, en el centro marginal. El jueves varias decenas de parados se concentraron en el centro de Sidi Bouzid, una ciudad pobre del centro del país.

También se produjeron refriegas en varias zonas de Túnez y en Tebourba, a 30 kilómetros al oeste de la capital, donde un hombre murió en los enfrentamientos del lunes por la noche.

La principal comisaría de Thala fue incendiada y 21 policías resultaron heridos en todo el país el miércoles.

Los servicios ferroviarios fueron cancelados en algunas zonas después de que un tren fuera atacado en los suburbios del sur de Túnez el miércoles por la noche, según los medios de comunicación locales.

Para mejorar el poder adquisitivo de los ciudadanos, la patronal Utica anunció que había adelantado la fecha de las rebajas 10 días, al 20 de enero, en consulta con el Ministerio de Comercio.

Tras varios años de estancamiento económico y de contrataciones masivas en la administración pública, Túnez, enfrentado a importantes dificultades financieras, obtuvo en 2016 un nuevo préstamo del Fondo Monetario Internacional, de 2.400 millones de euros en cuatro años. Este importe se libera en varios tramos a cambio de un programa de reducción del déficit.

El dinar se ha devaluado en los últimos meses frente al dólar, la inflación superó el 6 por cien a finales de 2017 y el presupuesto de este año prevé nuevos impuestos y subidas del IVA que aumentarán aún más el coste de la vida.

La pandemia ha aumentado la tasa de pobreza, del desempleo y el analfabetismo, sobre todo entre los jóvenes.

La revuelta contra las vacunas es inminente en Sudáfrica (el confinamiento podría destruir una nación)

Esta semana los sudafricanos descubrirán si el presidente Cyril Ramaphosa confina al 60 por cien de ellos a un arresto domiciliario por delegación, restringiendo los espacios públicos a los vacunados de covid-19. Se trata de una decisión tensa, que enfrenta a los aterradores poderes de la Gran Farmacia y a la nueva clase de científicos guerreros con la realidad africana. También corre el riesgo de desencadenar una de las guerras de vacunas más amargas.

Sólo el 40 por cien de la población sudafricana se ha vacunado contra el covid, una lenta aceptación que se describe eufemísticamente como “indecisión sobre las vacunas”. Es todo lo contrario: es un rechazo furibundo.

Hay una serie de razones por las que es tan difícil conseguir que los sudafricanos acepten el “umjovu”, la inyección: la pésima gestión técnica del brote, el escepticismo que prevalece hacia la ciencia, la desconfianza hacia el gobierno y la aprensión generalizada de los pobres y marginados de que, en el mejor de los casos, se trata de otra forma de represión y, en el peor, de brujería. Es una mezcla peligrosa en un país que ya se encuentra en un estado de gran inestabilidad política, social y económica.

Al igual que en el resto del mundo, las estimaciones epidemiológicas sudafricanas sobre el número de víctimas mortales al principio del brote de coronavirus rozaban la fantasía. Las predicciones iniciales eran de entre 87.000 y 350.000 víctimas mortales en la primera fase. Hubo 103. Dos años más tarde, con el virus en retirada, las muertes atribuidas a covid (pero en ningún caso garantizadas) sólo empiezan a rozar las estimaciones iniciales más bajas.

Sin embargo, el gobierno sudafricano impuso uno de los confinamientos más largos y severos, con el apoyo de unos medios de comunicación nacionales y sociales enfervorizados. La decisión ha resultado inapropiada por su naturaleza, prematura por su calendario y catastrófica por su impacto. En un país en el que muchos dependen de salarios de subsistencia diarios o semanales, el repentino cese de la actividad económica causó estragos entre los pobres y los autónomos. Un Estado fallido fue incapaz de cumplir su promesa de subsidios, vigilancia responsable o contención efectiva.

Los primeros subsidios a particulares o pequeñas empresas tardaron más de un año en llegar. E incluso entonces fueron erráticos, propensos a la corrupción, inadecuados y, según muchos informes atestiguados, distribuidos con un sesgo racial. Casi una cuarta parte de las pequeñas empresas se han ido al garete y el desempleo se ha disparado.

Todo un sector de la población fue criminalizado de hecho: en los primeros cuatro meses del brote, 230.000 ciudadanos, el 0,4 por cien de la población, fueron acusados de infringir el reglamento de desastres por romper las restricciones, 311 de ellos policías. Todos los cargos fueron retirados posteriormente: el sistema de justicia penal simplemente no pudo hacer frente a la situación.

Por cada infección declarada hasta finales de junio del año pasado, se detuvo a siete ciudadanos por infringir la normativa; por cada 100 infecciones, se detuvo a un policía; y por cada 1.200 infecciones hubo una solicitud urgente del Tribunal Superior. Siete personas murieron a causa de la aplicación de la normativa con mano dura.

Cuando dos médicos que trabajaban en un hospital público fueron internados a la fuerza en uno de los campamentos rurales de aislamiento improvisados del Estado, el Tribunal Superior ordenó que se les permitiera autoaislarse en casa: aceptó la declaración de los médicos de que tenían más posibilidades de morir por las condiciones de encarcelamiento que por el virus.

No es de extrañar, pues, que la población en general, y en particular los pobres, se fueran al monte. El consumo del crucial retroviral contra el VIH-sida cayó del 95 por cien al 30 por cien; la medicación contra la malaria siguió el mismo camino. La asistencia a las pruebas de detección de la tuberculosis se redujo en dos tercios, mientras que las consultas con los médicos de cabecera disminuyeron en un 60 por cien y decenas de miles de procedimientos quirúrgicos urgentes se pospusieron por los pacientes con coronavirus que nunca llegaron.

La adquisición de emergencia de equipos personales, mientras tanto, abrió la puerta a la corrupción que acecha en todos los intersticios del Estado. El heredero del presidente Ramaphosa ha dimitido: una agencia estatal de investigación le acusa de dirigir una cuenta de equipos de protección personal de 350 millones de rands (16,6 millones de libras) a sus amigos. El Departamento de Sanidad de Gauteng, corazón industrial de la nación, está envuelto en una investigación por fraude de 560 millones de rands (26,5 millones de libras). La denunciante fue asesinada a los pocos días de iniciarse la investigación.

La pregunta de si el presidente Ramaphosa, un hombre decente, está presidiendo un partido en el poder en medio de un Robert Kennedy contra la Mafia ha sido al menos definitivamente respondida.

Al mismo tiempo, una administración pública ya peligrosamente comprometida por el clientelismo, la corrupción, la incompetencia y el despido de personal clave de raza blanca por razones de discriminación positiva, entró en un largo receso. Dos años más tarde todavía no ha regresado como es debido.

La aplicación de las normas de concesión de licencias de tráfico también ha estado en suspenso durante 18 meses, mientras 500.000 permisos de conducir esperan su autorización. No se pueden cerrar fincas, ni completar las investigaciones forenses, ni perseguir los delitos (incluidos los culpables del llamado proyecto de Captura del Estado del ex presidente Jacob Zuma), ni transferir propiedades. Más de medio millón de escolares no han vuelto a la escuela.

En cuanto a la carga de este fracaso en la prestación de servicios, la han soportado de forma desproporcionada los pobres, principalmente negros, pero cada vez más también los ciudadanos blancos, a juzgar por los mendigos de las esquinas. No cabe duda de que las estrategias de contención propugnadas por los científicos belicistas sudafricanos facilitaron los disturbios de julio de este año, que se cobraron 357 vidas en un azote de saqueos, incendios provocados y violencia, y que han sido la causa directa del drástico descenso del apoyo al partido gobernante en las elecciones municipales del mes pasado.

Los sudafricanos han soportado, si bien nunca han condonado, los absurdos y atrocidades de este pánico mal entendido, explotado e innecesario hasta la fecha. Los flujos y reflujos del debate mundial sobre el curso de la pandemia han sido observados intensamente aquí por la parte alfabetizada y en línea de la comunidad.

Han seguido, como muchos otros en el mundo, la forma en que las arrogantes certezas científicas que encerraban al mundo se están disolviendo ante la ciencia medida y los hechos empíricos. Entienden que no se puede seguir una “ciencia” cuando los científicos están irremediablemente enfrentados. Son conscientes del abuso tanto del lenguaje como de las estadísticas, en particular del nuevo fenómeno de las “snatch-stats”, por el que se arrebata la mortalidad por otras causas para el covid-19, o se utiliza la trayectoria natural de un virus que expira para justificar la eficacia de un antídoto o se anexa el exceso de muertes para justificar una causa perdida.

Observan la ironía por la que su gobierno, correctamente, dice al mundo que no se alarme por la variante ómicron, mientras que simultáneamente contempla un grave asalto contra los derechos de sus ciudadanos para contenerlo, azuzado por los sospechosos habituales de aullar que exigen confinamientos totales. Los ciudadanos han seguido minuciosamente los recientes informes sobre cómo Pfizer ha convencido a su desesperado gobierno para que firme indemnizaciones legales por su producto: ¿quién ha oído alguna vez que se obligue a los ciudadanos a vacunarse cuando se exime al proveedor de toda responsabilidad por las consecuencias?

La mayoría de los sudafricanos no son conspiranoicos, pero su historia les enseña una cosa cierta: el poder incontenido siempre acaba jodiendo. Y muchos se sienten jodidos ahora por una confluencia de fuerzas (no una conspiración) que -desde las grandes farmacéuticas, pasando por las grandes tecnológicas, hasta los gobiernos autoritarios- buscan sacar rédito de esta tragedia incomparable.

Pero existe otro grupo, mucho más importante, de indecisos y rechazantes. Aquellos que se toman el tiempo de hablar con los negros pobres y marginados se asombran de hasta qué punto, marcados por sus experiencias de encierro, consideran el miedo actual como un medio más para oprimirlos. Los toques de queda, las prohibiciones de alcohol y tabaco y la prohibición de las reuniones políticas con el pretexto de luchar contra covid-19 apoyan su caso. Y, para muchos, el “umjovo” es nada menos que “ubuthakathi” o brujería.

El presidente Ramaphosa se adentra aquí en un territorio peligroso. La aceptación de las vacunas es mayor entre las minorías por diversas razones, y es un sector de la minoría blanca el que más vocifera a favor de la vacunación a toda costa. Prohibir el acceso a los espacios públicos se traducirá instantáneamente, como siempre ocurre, en un escándalo político y racial. Los trozos de papel que permiten o restringen los movimientos de ciertas personas son un terrible precedente en la historia de este país: una amarga resonancia para cada persona negra.

Fuerzas probadas e inquietas en Sudáfrica buscan hoy la oportunidad de reavivar la insurrección de julio. Son personas que no protestan mediante marchas ordenadas, carteles y empujones de cochecitos. Sólo buscan oportunidades; las consecuencias que traen los intentos humanos de contener la pandemia es una revolución.

Pero las revoluciones siempre acaban consumiendo a sus hijos. El tiempo consumirá sin duda las reputaciones de los arquitectos de esta tragedia de época: los científicos, las empresas farmacéuticas, los políticos y los medios de comunicación. Y si Ramaphosa no tiene cuidado, también podría consumir a la frágil nación de Sudáfrica.

Brian Pottinger https://unherd.com/2021/12/south-africas-looming-vaccine-revolt/

Las multinacionales destruyen la producción lechera africana

En 2009 el gobierno nigeriano entregó préstamos monetarios y mil hectáreas de tierra por cabeza a agricultores blancos de Zimbabwe para montar granjas lecheras en Shonga, un importante sector agrícola a 400 km de la capital, Lagos. Esto, con la esperanza de que a partir de la instalación de granjas “ultra modernas” con vacas Jersey importadas desde Sudáfrica, se lograra reducir el enorme gasto en importación de lácteos del país.

“Acá vi una oportunidad, y puedo decirte que, sin dudas, me quedo por un buen tiempo”, decía David Higgins, un sudafricano contratado para dirigir una planta de operaciones lecheras y que distribuye leche fresca para la Corporación Holandesa FrieslandCampina, la cual ha dominado el mercado nigeriano de leche por décadas.

Sin embargo, menos de diez años después, el proyecto está a punto de derrumbarse. La mayoría de los granjeros zimbabwenses se han ido y, tal como afirma un investigador nigeriano, aquellos que se quedaron están “pensando su plan de escape”.

Y es que importar granjeros blancos “modernos” y vacas de raza Jersey no solucionó los problemas de importación de lácteos en Nigeria. El problema, como bien saben todos los pastores nigerianos, es competir con la leche en polvo barata que, compañías como FrieslandCampina, importan al país. Al igual que los pastores locales, los granjeros zimbawenses y sus modernos métodos se mostraron indefensos frente a ello.

Alrededor del 98 por cien de los productos lácteos consumidos en Nigeria son importados, con un costo promedio anual de 1.300 millones de dólares. Nigeria es el mayor importador mundial de leche en polvo reconstituida con grasa vegetal desde Europa —un sucedáneo barato de leche que se hace a partir de mezclar leche en polvo con aceite de palma. A su vez, FrieslandCampina, compañía que importa enormes cantidades de leche en polvo producidas en plantas europeas con subsidios estatales, controla un 75 por cien del mercado lácteo en Nigeria, que está controlado en un 99 por cien por tan sólo cinco grandes compañías.

Sin embargo, Nigeria cuenta con uno de los hatos de ganado bovino de mayor tamaño a nivel mundial, y una producción local de lácteos de larga tradición. A partir de esto, uno podría pensar que en Nigeria las cosas debieran ser similares al caso keniano, donde los pequeños pastores y agricultores, con vacas de razas locales, suministran el 90 por cien del consumo total de leche en el país a través de una red de comerciantes a pequeña escala. La diferencia radica en que en Kenia existe una extensa protección a la producción local de lácteos a través de impuestos a las importaciones, mientras que en 1980 Nigeria abrió su mercado lechero como parte de los programas de ajuste estructural, no existiendo desde entonces ningún esfuerzo real por parte del gobierno por controlar las importaciones. FrieslandCampina culpa de esta situación a lo “precario de la cadena local de abastecimiento lechero”, y cada vez que el escenario político se caldea, promete invertir en el “desarrollo” del sector lechero. Esta corporación instaló su primera granja lechera a gran escala en Nigeria (bajo el nombre Lecherías Integradas) en Vom, Estado de Plateau, en 1984, que fue vendida una década más tarde a un político nigeriano.

Más recientemente, con financiamiento del gobierno holandés, y en conjunto con el gobierno nigeriano, la corporación lanzó el Programa de Desarrollo Lechero en el que se compromete (a través de una “integración retrospectiva o ascendente o” que va compactando los encadenamientos productivos y las empresas que los abastecen) a obtener el 10 por cien de su abastecimiento a partir de productores locales. A pesar de esto, y tras cinco años de lanzado el programa (2011-2016), las importaciones nigerianas de leche en polvo se han mantenido intactas, y la FrieslandCampina se abastece apenas en un 3 por cien de leche local.

En 2016, con los precios del petróleo desplomándose y las reservas de divisas mermadas, el gobierno nigeriano se propuso implementar restricciones a la importación de ciertos productos, entre los cuales se encontraba la leche, con el fin de fomentar la producción local. Sin embargo, tras una serie de reuniones con FrieslandCampina, en las que la compañía se comprometió a aumentar su abastecimiento a partir de leche local, el gobierno retrocedió en las medidas de protección.

Tres años después, con las importaciones lecheras en máximos históricos, y acusando a las corporaciones de tratar la “aspiración nacional [de aumentar el suministro local de leche] con desprecio imperial”, finalmente el gobierno incorporó la leche en la lista de productos con restricciones a las importaciones. Frente a estas medidas las corporaciones contraatacaron con fuerza, por lo que el gobierno, una vez más, retrocedió en sus medidas protectoras, concediéndole en febrero del 2020 a FrieslandCampina y a otras cinco corporaciones una excepción, bajo el argumento de que estaban comprometidas con la “integración ascendente”.

Este último episodio de asociación público-privada está estrechamente relacionado con una controvertida prohibición del libre pastoreo acordada por 17 gobernadores estatales de todo el sur de Nigeria en mayo de 2021, y la cual fue calificada de “satánica” por parte de los representantes de los pastores locales. Con el mismo fin, le fueron entregadas 10.000 hectáreas a FrieslandCampina y otras 4.000 hectáreas a Coca-Cola, al interior de la reserva Bobi Grazing en el Estado de Niger, para que monten granjas lecheras, y radiquen a pastores del pueblo fulani mediante producción bajo contrato. Caso similar es el de la asociación entre la multinacional lechera danesa Arla y el estado de Kaduna para construir granjas lecheras en terrenos agrícolas entregados por el gobierno, con la intención de radicar a mil pastores nómadas y contratar su producción. Estos proyectos cuentan con el financiamiento de los gobiernos holandés y danés, que además proporcionan a los pastores ganado “mejorado” y les capacitan en la producción lechera al estilo europeo. Por su parte la Fundación Bill y Melinda Gates también entrega financiamiento a través de un programa llamado Promoción Del Desarrollo Lechero Local en Nigeria.

El programa financiado por la Fundación Gates es un proyecto en cooperación con seis empresas lácteas en Nigeria y es coordinado por Sahel Consulting (anteriormente Sahel Capital). Una de las compañías, L&Z Integrated Farms Limited, es propiedad de un fondo de inversiones privado con sede en la República de Mauricio y que gestiona Sahel Consulting, y cuenta con fondos entregados por los bancos de desarrollo de Alemania, Holanda y Reino Unido, como también del fondo soberano de Nigeria. Otra de las empresas involucradas es Arla, y el resto son empresas lácteas nigerianas, en su mayoría propiedad de políticos locales o de sus familias.

Sahel afirma que están aplicando un enfoque de mercado liderado por el sector privado con el fin de resolver los problemas estructurales del sector lechero, pero ignorando por completo el verdadero problema: las importaciones de leche en polvo barata y subvencionadas. Por tanto, el esfuerzo por trasladar a los pastores a costosas granjas lecheras al estilo europeo está condenado al fracaso, tal como le sucedió los agricultores zimbabwenses en Shonga y tal como pasó con todos los esfuerzos anteriores por “modernizar” el sector lácteo de Nigeria. Después de todo, ésta es la razón principal por la que los pastores de Nigeria y de los países vecinos, que no han tenido problemas para satisfacer el consumo galopante de carne de vacuno de Nigeria durante las últimas décadas, han sido excluidos del mercado lácteo.

La mafia de la (mala) leche

Escenarios similares se multiplican por toda África. Y no es de extrañar. Con su rápido crecimiento, las poblaciones urbanas representan una mina de oro para las empresas lácteas. En 2019 FrieslandCampina obtuvo la extraordinaria suma de 48 millones de dólares en ganancias de sus operaciones en Nigeria. Ahora, expandiéndose a otros países como Costa de Marfil, donde su planta láctea recién adquirida depende exclusivamente de las importaciones, busca duplicar sus ingresos en África. Cuando se le preguntó sobre la falta de abastecimiento local, el director para África Occidental de FrieslandCampina, Roger Adou, afirmó que la compañía estaba en proceso de construir un “ecosistema” de productores locales de leche capacitados en métodos agrícolas holandeses. “No se puede culpar a las corporaciones multinacionales por la mala organización de las cadenas de suministro locales”, sentenció. Otro gran actor en el continente africano es el gigante francés Danone, quien unió fuerzas con el Grupo Abraaj, empresa de capital privado con sede en Dubai, para hacerse cargo de la empresa láctea ghanesa Fan Milk. En 2019, tras la quiebra de Abraaj, Danone tomó el control de toda la empresa, convirtiéndola en su base de expansión por el África Occidental, incluida Nigeria, en donde tiene un proyecto de “integración ascendente” en el estado de Ogun.

Todos estas operaciones llevadas a cabo por corporaciones extranjeras deben ser interpretadas como meras fachadas, proyectos diseñados para disimular las enormes cantidades de dinero que extraen de África por sus ventas de leche en polvo barata. Este sistema descansa sobre una sobreproducción fuertemente subvencionada en Europa, América del Norte, Australia y Nueva Zelanda, sobreproducción que luego es “derramada” sobre África principalmente en forma de leche en polvo con grasa vegetal añadida, que es procesada y vendida en sectores urbanos a precios tan bajos que destruyen la producción local de leche saludable. En 2019 África importó 100.000 toneladas de productos lácteos por un valor de unos 5.300 millones de dólares, frente al millón 460.000 toneladas de 2009, por un valor de 3.600 millones de dólares.

La crema

En África, la producción de lácteos tiene ribetes políticos, con intereses directos que se extienden hasta los niveles más altos de gobierno. Un ejemplo de esto es Kenia, donde la familia del presidente Uhuru Kenyatta es propietaria de Brookside Dairy, la procesadora de lácteos más grande de África Oriental. Brookside ha atraído a varios socios extranjeros, incluyendo el Grupo Abraaj de Dubai que tenía una participación del 10 por cien a través de un fondo de inversión propiedad de la Fundación Bill y Melinda Gates antes de su colapso en 2018, y el gigante lácteo francés Danone, que actualmente posee un 40 por cien de las acciones.

A partir de la adquisición de otras compañías lácteas con conexiones políticas en países vecinos, Brookside ha logrado expandirse más allá de sus fronteras. En 2016 Brookside se hizo cargo de la principal empresa de procesamiento de alimentos de Ruanda, Inyange, la cual está vinculada con el partido del presidente Paul Kagame. Además, el año anterior a esto, la compañía compró la antigua Ugandan Dairy Corporation, que había sido privatizada y adquirida por una familia cercana al presidente Yoweri Musevenila a través de un escandaloso y corrupto proceso de licitación, y de quien se rumorea que es uno de los principales proveedores de leche de Brookside.

Los donantes insisten en afirmar que la dependencia de África de las importaciones puede resolverse “modernizando” las granjas y las cadenas de suministro. En esta línea, la Fundación Gates respalda una serie de iniciativas para potenciar la producción local de leche en granjas a partir de reemplazar razas locales con razas de alto rendimiento e introduciendo piensos y forrajes comerciales y productos farmacéuticos, como es el caso del Proyecto de Desarrollo Lechero de África Oriental en Kenia, Ruanda y Uganda. El mismo tipo de programas es apoyado por los gobiernos de Holanda, Francia y Dinamarca los países donde se ubican las mayores empresas exportadoras de lácteos a África.

Mientras tanto, y siguiendo con el modelo descrito anteriormente, la Comunidad Económica de los Estados de África Occidental ha lanzado una “ofensiva láctea” a cinco años ¡mientras sus estados miembros avanzan en acuerdos comerciales con Europa para reducir los aranceles sobre la leche en polvo de un insignificante 5 por cien a cero!

Los fondos privados de inversión también se están asentando masivamente en África, y gran parte de sus fondos provienen de bancos de desarrollo y fundaciones convencidas de que es posible ganar dinero a partir de esta estrategia modernizadora. Sin embargo, de las múltiples inversiones en producción local de lácteos realizadas por éstos, pocas están teniendo éxito. Un ejemplo de esto es Midcom, con sede en Dubai, quien en 2013 intentó invertir en la industria láctea de Uganda con el respaldo de la Corporación Financiera Internacional del Banco Mundial y The Rise Fund (un fondo privado de inversión con sede en EUA y administrado por TPG). Su subsidiaria, Pearl Dairies, afirmó que no sólo se convertiría en un actor importante en el mercado nacional, sino que además crearía un negocio de exportación a los países africanos vecinos. No obstante, una disputa comercial con Kenia, país donde la industria láctea local está controlada por la familia del presidente, terminó por hundir a la compañía. Como consecuencia de esto, en marzo de 2021, Pearl Dairies anunció que cerraría su planta de productos lácteos en Uganda, girando hacia la producción de miel orgánica para exportar a Europa.

Los bancos de desarrollo, los donantes y los gobiernos están desperdiciando dinero y recursos tratando de industrializar la producción local de lácteos en África, cuando existe un enorme potencial sin explotar en los sistemas tradicionales, pero que no ha podido desarrollarse plenamente debido a las importaciones. Los pastores de Burkina Faso, por ejemplo, alguna vez abastecieron de leche fresca a toda la nación. Pero las importaciones de leche barata con grasa vegetal adicionada de Europa han destruido prácticamente su producción durante la última década. “Intenté vender mi leche, pero la mayoría de las veces se vence y termina siendo botada”, dice Hamidou Bandé, presidente de la Unión Nacional de Pastores de Burkina Faso. Hamidou tiene 300 vacas, pero ahora sólo vende su carne porque no puede encontrar un mercado para su leche. “Duele. La leche que tiramos pudo haber sido para los terneros o para nuestros hijos”.

Comparemos esta situación con la de Uganda, donde un arancel del 60 por cien protege a los pequeños productores de leche de las importaciones de productos lácteos. Hoy en día, los pequeños productores de leche (ganaderos, pastores, vendedores y procesadores de lácteos de pequeña escala), suministran 80 por cien de la leche que se consume en Uganda. Con aranceles regionales que no permiten la entrada de importaciones de leche en polvo a África Oriental, estos pequeños productores de lácteos han podido suplir de manera efectiva un aumento en la demanda durante las últimas dos décadas, y lo han hecho con las razas de ganado autóctonas y sus prácticas agrícolas tradicionales. Si bien las pocas compañías de lácteos en el país han intentado en varias ocasiones utilizar sus conexiones políticas para conseguir la aprobación de leyes que debiliten lo que ellos llaman “sector informal”, los agricultores y los pequeños vendedores se han aliado y han logrado detenerlos. Tanto en 2007 como en 2014 protestas de agricultores y vendedores a nivel nacional obligaron al gobierno a echar marcha atrás a la prohibición de venta de leche cruda.

La rica diversidad ganadera de África

De los 222 millones de cabezas de ganado africano que dotan de productos lácteos y carne a su población, la mayoría está en manos de pequeños agricultores y pastores. Esta población ganadera es muy diversa. Se han identificado al menos 150 razas de ganado autóctonas en el continente africano, y muchas otras permanecen sin clasificar. En diversos países el pastoreo del ganado es realizado por tribus específicas, como los banyankole en Uganda, los masaai en Kenia y Tanzania, y los fulani en todo el Sahel y África occidental. Cada uno tiene sus propias razas locales, como el famoso ganado Ankole de cuernos largos que se encuentra en Uganda y sus alrededores o el ganado jorobado cebú que crían los pastores fulani, de los cuales existen una multiplicidad de variedades según las condiciones geográficas locales en donde pastan.

Muchas de estas tribus pastoras son nómadas, y se desplazan largas distancias y por periodos de tiempo prolongados en busca de alimento y agua para sus animales. Es por esto que sus razas de ganado se adaptan a las condiciones locales, como altas temperaturas, sequía, largas distancias entre fuentes de pasto y agua, diversas enfermedades endémicas, así como también a las necesidades y costumbres de quienes dependen de ellas.

Durante los últimos años los agricultores, e incluso los pastores, se han visto obligados a adoptar vacas de “alto rendimiento”, las cuáles por lo general son el resultado de cruces entre vacas utilizadas en las granjas lecheras industriales en Europa y las razas locales. Estas nuevas razas son ofrecidas a mujeres, particularmente a las viudas y madres solteras en las áreas rurales de los países donde operan organizaciones como Send A Cow y Heifer International. Debido a su naturaleza, estas razas extranjeras son costosas y vienen con costosas instrucciones de cuidado, salud y reproducción, por lo que los pastores tienen que endeudarse para financiar carísimos productos veterinarios, procesos de inseminación artificial y construcción de refugios.

A pesar de que las vacas dominan el sector lácteo en África, las ovejas, los camellos y las cabras también son importantes para su producción lechera, especialmente en determinadas zonas del continente. Es difícil obtener cifras exactas, pero se estima que África alberga el 27 por cien de las ovejas y el 32 por cien de la población mundial de cabras, y un 20 por cien del ganado bovino a nivel mundial.

Muchos pastores y agricultores en África prefieren los pequeños rumiantes ya que tienden a implicar menores costos y a ser más fáciles de manejar que las vacas. Esto es especialmente cierto con las cabras, conocidas como la “vaca de los pobres”, y que han sido criadas durante mucho tiempo en el continente africano.

La leche como elemento central de la independencia alimentaria

No existe justificación para los miles de millones de dólares que salen de África cada año debido a las importaciones de productos lácteos. Los productos lácteos pueden y deben producirse de manera local. Siguiendo el caso de Uganda y Kenia, existe una medida simple y efectiva y que puede ser tomada de manera inmediata: detener las importaciones de leche en polvo.

Si existiese voluntad política por parte de los gobiernos africanos, varias serían las medidas que de inmediato se podrían tomar para frenar las importaciones de leche en polvo. Lamentablemente, muchos gobiernos africanos van en la dirección opuesta. Por ejemplo, negociando con Europa acuerdos de asociación económica e incluso un Tratado de Libre Comercio Continental (AfCFTA), los cuales eliminan las posibilidades de los países para proteger su producción local de lácteos. Los gobiernos de países productores de leche de Europa, América del Norte, Australia y Nueva Zelanda presionan de manera incesante a los gobiernos africanos para que estos acepten una mayor cantidad de productos lácteos de sus corporaciones, incluso aunque esto sumerja a los productores locales en una crisis.

—https://grain.org/e/6778

Los cameruneses no se fían de las vacunas del hombre blanco

Los cameruneses no se quieren vacunar. Sólo el 4 por cien de la población mayor de 18 años se ha vacunado desde que se administraron las primeras dosis hace siete meses, según el Ministerio de Sanidad, muy lejos del objetivo declarado del 40 por cien, a cinco semanas de la Copa de África prevista en el país.

Ante la reticencia de los cameruneses, en noviembre el gobierno ha lanzado dos campañas de vacunación, una dirigida a toda la población y otra especial para los funcionarios.

Junto con ONG como Médicos Sin Fronteras, han instalado carpas y contratado personal para que aborden a los transeúntes por la calle y les convenzan de que se inyecten. “El gobierno anima con fuerza y firmeza a toda la población a vacunarse”, alega el ministro de Sanidad, Manaouda Malachie, en la radio pública. “Tenemos suficientes dosis para todos”, añade.

Dos mercenarias, Irene y Lucienne, se posicionan a primera hora del día frente a un pequeño hospital público de Odza, un barrio de Yaundé, donde se ha abierto un puesto de vacunación.

Su despliegue, en plena calle, en una carretera muy transitada que lleva al aeropuerto, pretende despertar el interés de los que pasan. Pero, dice Lucienne, muy pocos aceptan la propuesta. “Es muy difícil convencer a la gente. Hay una verdadera psicosis entre los cameruneses”, admite.

El día anterior, dice, “una persona me amenazó con pegarme si persistía en ofrecerle la vacuna”. Los cameruneses de la diáspora envían mensajes a los que están en el país para criticar las vacunas, añade la otra mercenaria.

El hombre blanco no inspira confianza. “Los europeos quieren matarnos”, dice uno al rechazar la vacuna. “No me fío de la vacuna”, dice otro. “Los blancos no nos quieren. Quieren matarnos con vacunas en las que introducen productos ilegales”, afirma.

“No me interesa la vacuna porque todavía no he visto a nadie que esté enfermo. Dudo de la existencia de esta enfermedad”, afirma Jeannette Aboudi, de 53 años, vendedora de naranjas en el mercado de Nfou, una pequeña ciudad del centro de Camerún.

La lengua rusa será obligatoria en las universidades centroafricanas

La lengua rusa será obligatoria en las universidades centroafricanas a partir del inicio del próximo curso 2022-2023. La asignatura se ofrecerá desde el primer año de la licenciatura hasta el máster.

Las autoridades universitarias trabajan ya en la elaboración de los programas de formación.

La decisión es una directiva del Presidente centroafricano Archange Touadera y una señal de la presencia de Rusia en la República Centroafricana, que va más allá del plan de ayuda militar.

En la República Centroafricana, la enseñanza de la lengua rusa no es nueva. Se introdujo en la época de Bokassa y se suspendió con su caída. Hasta 2019 no se reintrodujo en el plan de estudios de secundaria. Esto coincidió con la intensificación de la cooperación entre ambos países.

En enero del año que viene está prevista una reunión entre los Ministros de Educación de ambos países. La disponibilidad de los profesores será uno de los temas del orden del día. Ya está previsto el envío de profesores rusos a la República Centroafricana para aplicar la disciplina.

Esta iniciativa se inscribe en el marco de la cooperación permanente entre la República Centroafricana y Rusia. Desde hace algún tiempo, la relación entre ambos países es de alto nivel. El gobierno de Moscú aporta su experiencia en varias áreas, la más destacada de las cuales es la seguridad y la lucha contra los grupos rebeldes.

En 1921 el gobierno soviético promulgó un decreto por el cual cualquier persona mayor de 16 años podía estudiar gratuitamente en las instituciones de educación superior del país, independientemente de su origen. De esta manera, los extranjeros obtuvieron el derecho de estudiar gratuitamente en las universidades de la URSS.

Tras la Segunda Guerra Mundial muchos países del Tercer Mundo se beneficiaron de la enseñanza gratuita en la URSS y sus estudiantes se convirtieron luego en trabajadores cualificados de sus respectivos países, extendiendo el conocimiento de la lengua rusa por el mundo.

En 1960 el gobierno soviético fundó la Universidad Rusa de la Amistad de los Pueblos (RUDN) para estudiantes de Asia, África y América Latina. En 1965 se graduaron los primeros 228 jóvenes especialistas de 47 países del mundo. En 1975 la RUDN preparó a 4.250 especialistas de 89 países extranjeros.

En 1990 la URSS ocupó el tercer lugar en el mundo, después de Estados Unidos y Francia, en términos de cantidad de estudiantes extranjeros. En ese momento 126.500 alumnos de diferentes países estudiaban en Rusia.

Tras la caída de la URSS, el crecimiento se frenó y tardó bastante en recuperarse. Sin embargo, hoy más de 242.000 alumnos de todos los continentes estudian en las universidades rusas y la cantidad crece cada año.

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