La web más censurada en internet

Etiqueta: África (página 17 de 70)

¿Quién llevó el yihadismo al norte de África?

Hace trece años, el Sahel occidental, que se extiende desde la costa atlántica de Mauritania a través de Mali y Níger hasta la región del lago Chad, era uno de los lugares más seguros del planeta. Los mayores riesgos para un turista extranjero, o para cualquier otra persona, podían ser caerse en un pozo, pisar un escorpión, demasiado sol o no llevar suficiente agua.

Hoy, pocos lugares del mundo son más peligrosos.

A pesar de la seguridad de la región, el Departamento de Defensa estadounidense de Donald Rumsfeld elaboró entonces una serie de mapas en los que se describía la región como una importante zona terrorista. Esto se debió a que Rumsfeld probablemente tenía una buena idea de lo que iba a ocurrir en la región.

Hoy, mientras que los mapas del Pentágono son un duro recordatorio de lo que se ha convertido en una profecía autocumplida, las explicaciones de las autoridades estadounidenses sobre el terrorismo que llegó a abrumar a la región contienen tanta propaganda y desinformación como verdad.

Me explico. En el Sahel, el terrorismo -en el sentido del término posterior al 11-S- nunca ha sido simplemente una cuestión de creciente extremismo militante islamista, como se suele presentar en los medios de comunicación occidentales. Los predicadores wahabíes, financiados principalmente por Arabia Saudí, han estado presentes en la región, especialmente en Mali, durante décadas. Pero aunque fundamentalista, el wahabismo no aprueba ni la violencia ni el terrorismo.

El “terrorismo” que ha asolado la región en los últimos años procede más bien de otras fuentes y fuerzas externas.

El terrorismo en el Sahel desde 2003 ha pasado por varias fases distintas, especialmente en 2003, 2006, 2008, 2011 y 2013. La aparición del Califato Islámico, o Daesh, como se le conoce, en 2015 podría considerarse otra, aunque su impacto en el Sahel sigue siendo secundario en comparación con el de Al Qaeda o su franquicia local, Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQMI).

La guerra de Argelia contra el yihadismo

Las raíces del terrorismo en la región se encuentran en la guerra civil de Argelia, la “guerra sucia” de la década de los noventa.

Con luz verde de Occidente, el régimen militar argelino anuló las elecciones democráticas en 1992 y prohibió así la victoria del Frente Islámico de Salvación (FIS). El resultado fue una guerra despiadada y sangrienta entre los islamistas y el ejército, que dejó unos 200.000 muertos y a Argelia indeleblemente marcada. La estrategia esencial del ejército y el servicio secreto de inteligencia (DRS), fue infiltrarse en los grupos islámicos armados (GIA). El resultado fue que, cuando la guerra empezó a remitir en 1999 y el ejército se decidió por Abdelaziz Bouteflika como próximo presidente del país, era difícil saber quién mataba a quién.

La principal agencia de la lucha antiterrorista y de operaciones encubiertas que caracterizó la era posterior al 11-S de Bouteflika, tanto en Argelia como en la mayor parte de las regiones circundantes del Magreb y el Sahel, fue el DRS. Se convirtió en el verdadero poder de Argelia, un Estado dentro del Estado. Bajo el mando de su director, el general Mohammed “Toufik” Mediene, ejerció el poder a través de un elaborado sistema de patrocinio que cooptó a la élite política y empresarial, proporcionando al DRS acceso a rentas tanto políticas como empresariales.

La esencia de la relación entre el DRS y los servicios de inteligencia occidentales, que llegó a definir el panorama posterior al 11-S en el noroeste de África, consistía en que la experiencia única del DRS, tanto en la infiltración como en la lucha contra los islamistas, proporcionaba a Occidente experiencia, información y acceso a las redes terroristas. A cambio, Occidente equipó al DRS y al ejército argelino con los nuevos sistemas de armamento de alta tecnología que les habían sido negados durante la década de 1990 debido a las sanciones contra el régimen militar de Argel.

La razón de esta relación encubierta entre Estados Unidos y Argelia, al Muchos de ellos trabajmenos al principio, tenía que ver con la crisis energética de Estados Unidos. En 1998 la dependencia estadounidense del suministro de petróleo extranjero superó el nivel psicológicamente crítico del 50 por cien. El Informe Cheney (2001) estimaba que África proporcionaría el 25 por cien de las importaciones de petróleo estadounidenses en 2015. Eso, debido a la revolución del petróleo de esquisto, ya forma parte de la historia.

Militarizar África para custodiar los pozos de petróleo

Sin embargo, en aquel momento, Estados Unidos quería militarizar África para asegurarse sus recursos petrolíferos. Para ello, utilizó el pretexto de la Guerra Mundial contra el Terror (GWOT). El único problema era que en África no había mucho terrorismo, si es que lo había. Los atentados contra las embajadas estadounidenses en Nairobi y Dar es Salaam en 1998, y contra un hotel de Mombasa en 2002, se produjeron en África Oriental, lejos de sus principales regiones de recursos petrolíferos, y no eran suficientes para justificar el lanzamiento de un nuevo frente en la GWOT [guerra contra el terrorismo].

La necesidad de Estados Unidos de más terrorismo en África fue proporcionada a través de la alianza antiterrorista de Washington con Argelia tras el 11 de septiembre. En el desarrollo de esta alianza tuvo un papel decisivo el Grupo de Operaciones Preventivas y Proactivas de Rumsfeld, conocido como P2OG, que se puso en marcha a finales de 2002. Su principal objetivo era crear incidentes de falsa bandera para justificar una intervención militar.

En febrero de 2003, 32 turistas europeos fueron secuestrados en el Sáhara argelino. Fue el primer acto terrorista en la región después del 11-S. Como tantas otras acciones durante la guerra sucia de los años noventa, se trató casi con toda seguridad de una operación de falsa bandera llevada a cabo por el DRS, probablemente por encargo de Estados Unidos. El dirigente terrorista Abderrazak Lamari, “El Para”, fue uno de los muchos operativos del DRS infiltrados en el grupo terrorista argelino Grupo Salafista para la Predicación y el Combate (GSPC) en la década de los noventa.

La operación proporcionó al gobierno de Bush la publicidad que necesitaba para justificar el lanzamiento de un o segundo frente en el Sahel dentro de la GWOT [guerra contra el terrorismo]. En enero de 2004 se desplegaron unos 1.000 efectivos estadounidenses en los estados sahelianos de Mauritania, Mali, Níger y Chad. Bush la denominó Iniciativa Pan Sahel (PSI). La población local la denominó la “invasión estadounidense de África”. En 2005 Estados Unidos amplió la PSI para convertirla en la Asociación Transahariana de Lucha contra el Terrorismo (TSCTI), en la que participan otros cinco países.

Francia, la antigua potencia colonial de la mayor parte de esta parte de África, no tuvo más remedio que pasar a un segundo plano, mientras el ejército estadounidense se abría paso a sus anchas en la región. Estados Unidos se estaba apoderando de los restos del “imperio francés”. Económicamente débil, París no podía proporcionar a la región la seguridad ni el desarrollo económico que necesitaba. Hasta enero de 2013 Francia no recuperó algo de su posición poscolonial en la región.

12 horas de rebelión en el norte de Mali

La segunda fase del terrorismo en la región, iniciada en 2006, fue poco más que una intensificación de la propaganda por parte de Estados Unidos. Desde la escapada de “El Para”, apenas había habido más terrorismo, fabricado o real, en la región del Sáhara-Sahel. Pero como Bush quería establecer un Mando Militar Africano (Africom) independiente antes de que finalizara su mandato en 2008, volvió a confabularse con el DRS de Argelia para poner de relieve el terrorismo en el Sáhara-Sahel con el fin de justificar la necesidad del Africom.

Estados Unidos y el DRS acordaron apoyar una rebelión en el norte de Mali de un destacado rebelde tuareg, Iyad ag Ghali, que había ayudado al DRS en operaciones anteriores, a cambio de que organizara un par de incidentes terroristas de falsa bandera al norte de Tombuctú.

En una operación altamente encubierta, tres transportistas estadounidenses llevaron entre 50 y 100 efectivos de las Fuerzas Especiales desde Stuttgart hasta Tamanraset, en el sur de Argelia. A continuación, cruzaron por tierra al norte de Mali con el DRS para apoyar la efímera rebelión de Iyad del 23 de mayo de 2006. La rebelión duró 12 horas.

Argelia se apresuró a organizar el más bien dudoso Acuerdo de Argel entre los rebeldes y el gobierno maliense, mientras que Iyad, ahora el principal terrorista yihadista de la región, recibió una importante suma de dinero para organizar dos incidentes terroristas de falsa bandera muy publicitados. Poco después, el GSPC cambió convenientemente su nombre por el de AQMI. En conjunto, estos incidentes proporcionaron a Bush la propaganda que necesitaba para contrarrestar la oposición política en Washington al Africom, que se estableció formalmente en 2008.

40 rehenes occidentales

La tercera fase del terrorismo en la región comenzó en 2008. Se caracterizó por dos giros importantes, uno incomprendido y otro en gran medida desconocido.

El primero supuso la reanudación, por primera vez desde 2003, de la toma de rehenes occidentales. Entre 2008 y 2011, unos 40 occidentales fueron tomados como rehenes en la región, al parecer por AQMI y/o el tristemente célebre Mojtar ben Mojtar (Belmojtar), supuestamente a cambio de lucrativos rescates.

El primero de estos incidentes, en el que dos austriacos fueron secuestrados en Túnez y trasladados a Mali, donde finalmente fueron liberados, fue llevado a cabo por Abdelhamid Abu Zaid (fallecido en 2013), otro agente del DRS que se había infiltrado en los niveles más altos de AQMI. Su secuestro, como explico en mi libro “El Sáhara moribundo”, tenía por objeto frustrar una investigación judicial suiza sobre “El Para” y el secuestro en 2003 de cuatro ciudadanos suizos. Esta investigación fue bloqueada por el DRS, que insistió en que dicha investigación no podía continuar mientras la liberación de “El Para” fuera la condición central de los terroristas para la liberación de los austriacos.

Todas las tomas de rehenes de este periodo, que convirtieron el Sahel en una zona prohibida, fueron llevadas a cabo por Abu Zaid, Belmojtar o Iyad, todos ellos agentes del DRS. Habiendo participado en algunas de las negociaciones de liberación de rehenes, debo añadir que los rescates pagados no fueron en general tan elevados como se ha afirmado a menudo. Además, gran parte del dinero acabó en manos de negociadores intermediarios vinculados a las más altas esferas de los gobiernos de Mali, Burkina Faso, Mauritania, Argelia y quizá otros países.

El segundo giro, en gran medida desconocido, de esta tercera fase del terrorismo saheliano fue el cierre, en torno a 2008-2009, del campo de entrenamiento terrorista de AQMI en Tamouret (utilizo un seudónimo), en el sur de Argelia, y el traslado de sus principales operativos, como Abu Zaid, Abdullah Al-Furathi y Belmojtar, a las montañas de Tigharghar, en el norte de Mali. Esto desplazó el centro de gravedad del terrorismo de Argelia al Sahel. Lo que no es tan conocido es que Tamouret no era una operación de Al Qaeda, sino que estaba dirigida por el DRS con la complicidad de los servicios de inteligencia occidentales, proporcionando así a Occidente las identidades de posiblemente varios miles de terroristas repartidos por África, Oriente Próximo y Asia Central.

Para comprender la naturaleza del terrorismo en esta región, es crucial apreciar la exitosa infiltración del DRS en la cúpula de los grupos terroristas. Se trata, como ha confirmado la publicación por Wikileaks de los correos electrónicos “privados” de Hilary Clinton, de una estrategia bien conocida por las agencias de inteligencia occidentales.

Casi todos los dirigentes de los grupos de AQMI, al menos hasta la desaparición del DRS después de 2013, eran agentes u operativos del DRS. Entre ellos se encontraban Abu Zaid, Belmojtar, Yahia Djouadi (alias Djamel Okacha, Yahia Abu Al Hamam), Al Furathi, Sultan Ould Badi, dirigente del MUJAO (Movimiento por la Unidad y la Yihad en África Occidental) creado en 2012, e Iyad Ag Ghali, dirigente de Ansar Al-Dine, también creado en 2012.

La yihad pasa de Argelia al Sahel

Esta tercera fase, que comenzó en torno a 2008-2009 y supuso el desplazamiento del centro de gravedad regional del terrorismo de Argelia al Sahel, plantea la cuestión de qué ha sido de los militantes islamistas de los años noventa. Hasta 20.000 fueron “desaparecidos” por el régimen o siguen languideciendo en las cárceles. En los primeros años de la era Bouteflika, varios miles se acogieron a la amnistía. Hacia 2008 el número de militantes islamistas que seguían activos en el norte de Argelia no superaba probablemente el millar. Los miembros de AQMI en el Sáhara se contaban por centenares. Con el cierre de Tamouret entre 2008 y 2009, la mayoría de estos “pocos centenares” se trasladaron al norte de Mali, y unos pocos a Mauritania. Es probable que el DRS de Argelia también animara a muchos de los que se habían entregado -los arrepentidos- a trasladarse al sur y unirse a sus antiguos hermanos en el Sahel.

El cuarto gran giro se produjo en 2011. Tuvo su origen en el derrocamiento por Occidente del régimen de Gadafi en Libia. Esto tuvo dos repercusiones importantes. El primero y más significativo fue que provocó la desestabilización de gran parte del Sahel, especialmente Mali, debido al regreso de varios miles de tuaregs que habían ido a Libia en busca de empleo, algunos de ellos en las fuerzas de seguridad de Gadafi. Se alistaron como mercenarios de Gadafi durante la rebelión libia. Su regreso a Mali estuvo acompañado de una considerable afluencia al Sahel de armamento saqueado de las armerías libias.

Argelia, Estados Unidos y otros gobiernos occidentales han tendido a exagerar el flujo de armamento procedente de Libia hacia los grupos terroristas del Sahel. Aunque fue sustancial, ahora sabemos que gran parte del armamento utilizado por los grupos terroristas en el Sahel desde 2012 fue proporcionado por el DRS de Argelia. El general al mando de esta operación era Abdelkader Ait Ouarabi, alias “general Hassan”. Hassan, que fue encarcelado a finales de 2015, dependía directamente del poderoso y enigmático jefe del DRS, el general Mohammed “Toufik” Mediène, que a su vez fue destituido a finales de 2015.

Las relaciones entre Occidente y el DRS se enfriaron considerablemente debido al apoyo de Argelia al régimen de Gadafi. Pero el apoyo de Argelia a la insurgencia islamista de 2012 en Mali fue la gota que colmó el vaso.

La revuelta tuareg en Mali

La insurgencia islamista que se apoderó del norte de Mali en 2012 no era todo lo que parecía. Muchos de los tuareg armados que regresaron de Libia en 2011 se unieron a antiguos elementos rebeldes tuareg en el norte de Mali y crearon el MNLA (Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad), una fuerza rebelde secesionista empeñada en crear el Estado de Azawad en el norte de Mali.

Argelia se dio cuenta de que el MNLA derrotaría fácilmente a los militares mal dirigidos y mal equipados de Mali, lo que podría desencadenar el malestar tuareg latente en el sur de Argelia. Por tanto, la estrategia del DRS consistió en movilizar a AQMI y crear otros dos grupos yihadistas islamistas derivados: MUJAO y Ansar Al Dine. El DRS, a través del general Hassan, les proporcionó combustible, armas y otros suministros. En mayo de 2012 esa insurgencia islamista, dirigida por Iyad Ag Ghali, Abu Zaid y Belmojtar, había marginado política y militarmente al MNLA y se había apoderado del norte de Mali.

Los colonialistas franceses desembarcan en Mali

La crisis subsiguiente, que amenazó la integridad de Mali como Estado, condujo a la intervención militar de Francia en Mali en enero de 2013 y al inicio de la quinta y actual fase del terrorismo en el Sahel.

La intervención militar de Francia, primero mediante la Operación Serval y luego, 18 meses después, mediante la fuerza muy ampliada de la Operación Barjan, tenía como objetivo expulsar a los islamistas de Mali y luego del Sahel. Serval no destruyó a los islamistas: simplemente los dispersó a otras partes del Sáhara-Sahel, sobre todo a Túnez y Libia. Muchos permanecieron atrincherados en Mali, desde donde expandieron su alcance a otras partes de África Occidental, como Burkina Faso y Costa de Marfil.

Lo mismo puede decirse de la Operación Barjan, cuyo despliegue de 3.500 soldados franceses por Níger y Chad en 2014 ha coincidido con la creciente incursión de Boko Haram tanto en Níger como en Chad. Una nota de interés sobre Boko Haram es que su fundador, Mohamed Yusuf, fue entrenado en Tamouret, lo que plantea interrogantes sobre la posible participación occidental en los primeros días del movimiento y la muerte de Yusuf mientras estaba bajo custodia policial.

Un aspecto poco conocido de la intervención francesa es que el uso de drones militares de vigilancia ha obligado a los grandes traficantes de cocaína transaharianos a adaptarse a la amenaza de los drones utilizando cientos de “mulas” más pequeñas, que transportan unos pocos kilos cada vez. Antes, los traficantes trasladaban su carga en grandes convoyes, fuertemente armados pero muy visibles. Más fragmentado este negocio está ahora cada vez más en manos de los grupos yihadistas locales, proporcionándoles una nueva e importante fuente de financiación.

Además, la presencia militar de Francia no sólo se considera cada vez más “neocolonialista”, sino que está proporcionando a los yihadistas locales -los combatientes de AQMI, Ansar Al Dine, Al-Murabitun de Belmojtar y sus nuevas ramificaciones, como el Frente de Liberación de la Macina (FLM) de Mali, con base en Peul- un importante impulso ideológico. Francia, con sus aliados gubernamentales en la región, es vista como el “infiel”. De ahí los recientes ataques a hoteles “occidentales” en Bamako y Uagadugú y al complejo turístico de Grand Bassam en Costa de Marfil.

Argelia se desmarca de los yihadistas

Una cuestión importante de esta fase posterior a 2013 del terrorismo Sahel-África Occidental es si el DRS de Argelia está desempeñando un papel en ella, de la misma manera que lo hizo hasta 2013.

Es poco probable. En enero de 2013, terroristas supuestamente organizados por Belmojtar, atacaron las instalaciones de gas de In Amenas en Argelia. Cuarenta trabajadores petroleros extranjeros murieron. Fue una operación de falsa bandera en la que participaron elementos turbios del DRS y salió desastrosamente mal. El general Hassan no sólo fue acusado de suministrar armas a los terroristas y posteriormente encarcelado, sino que los correos electrónicos de Hilary Clinton confirman acuerdos secretos entre Belmojtar y el gobierno argelino. También se sabe que el dirigente del atentado, Mohamed Lamine Bouchneb, era un antiguo operativo del DRS. Esto ha llevado, desde mediados de 2013, a la disolución del DRS.

Por lo tanto, es poco probable que los restos del DRS hayan logrado mantener un gran control sobre los grupos terroristas que operan actualmente en las regiones del Sahel, o en cualquier otro lugar. Más bien, los grupos que ahora tienen tanto impacto en la región, aunque afirman ser miembros de AQMI o Murabitun, parecen, de hecho, ser

Hasta ahora, hay pocos indicios de que estos grupos yihadistas sahelianos, a pesar de la propaganda occidental, estén vinculados operativamente a Boko Haram o Al Shabaab de Somalia, o incluso a Daesh. Pero eso podría cambiar muy rápidamente y posiblemente muy pronto.

De hecho, los cambios producidos desde 2013, en particular el desmantelamiento del DRS argelino, la intervención militar francesa y su presencia actual en todo el Sahel, casi como sustituto del ejército estadounidense, que ha reducido su presencia y actividad en la región, han creado nuevas fuerzas y oportunidades sociales y políticas, especialmente para actividades delictivas como el tráfico de drogas, armas y personas. Añádase a este cóctel casi incomprensible el declive o incluso el fin de la influencia o el “control” del DRS sobre estos grupos, la aparición de señores de la guerra locales, basados en gran medida en actividades delictivas, bases de poder histórico-tribales-políticas locales y nuevas ideologías, a menudo dispares, procedentes de polos lejanos y en gran medida desconocidos y poco comprendidos, como Daesh, Al Qaeda, Siria, Libia y el Golfo, junto con la palabrería sobre califatos (¡el saharaui!) e infieles (como Francia), y no es de extrañar que la región se enfrente ahora a un potencial escenario Frankenstein.

En cuanto a lo que se puede hacer para detener esta situación, el primer paso es comprender cómo ha llegado la región a esta situación. Y eso, con toda la propaganda ideológica, las operaciones encubiertas y la desinformación de casi 15 años de GWOT [guerra contra el terrorismo], no es nada fácil.

Jeremy Keenan https://newafricanmagazine.com/13714/

P.D. Nadie quería juzgar al ‘Bin Laden del desierto’

Hasta 1992 Amari Saifi, más conocido por su nombre de guerra Abderrezak El Para (El Paracaidista) o Abu Haydara, había sido miembro de las fuerzas especiales argelinas y durante tres años fue adiestrado como paracaidista en Fort Bragg, la escuela de los boinas verdes de Estados Unidos.

Después pasó a colaborar con el servicio secreto argelino dentro del GIA y luego del GSPC, que finalmente, acabó llamándose AQMI.

La prensa le llamó el “Bin Laden del Sahel”, el enemigo público número uno del desierto. Fue capturado en marzo de 2004 en Chad por el Movimiento por la Democracia y la Justicia, en una zona de guerra. El Movimiento tenía el apoyo de Libia, por lo que durante siete meses se produjo un incidente diplomático a tres bandas entre Yamena, Trípoli y Argel.

Saifi le comprometía al gobierno argelino. Prefería considerarlo como uno de tantos desaparecidos en la guerra sucia de los noventa. No le quería juzgar públicamente y Chad, que calificaba al MDJT como grupo terrorista, acusaba a Argel de negociar con los terroristas.

Por encargo de los argelinos, Gadafi asumió las negociaciones a través de un coronel del ejército, especialista en la guerra de Chad.

En octubre 2004 fue entregado a Argelia, que a partir de entonces inició una cadena de mascaradas judiciales. Fue juzgado por primera vez el 25 de junio de 2005 por el Tribunal Penal de Argel, que lo condenó a cadena perpetua por la “creación de un grupo terrorista armado”. Sorprendentemente, la sentencia se dictó en rebeldía, ya que el tribunal consideró que seguía prófugo. Sin embargo, llevaba de hecho ocho meses detenido delante de sus narices.

Alemania pidió su extradición porque algunos de los secuestrados por Saifi y su GSPC eran de aquella nacionalidad y no había sido juzgado por dicho delito.

En 2007 el mismo tribunal de Argel le volvió a juzgar por segunda vez, de nuevo en rebeldía, con el absurdo argumento (en total contradicción con la legislación argelina) de que “los procedimientos judiciales relacionados con este caso comenzaron antes de que ‘El Para’ fuera entregado a las autoridades argelinas y, por lo tanto, se le consideraba prófugo”.

El tribunal reconoció que Saifi estaba bajo custodia del gobierno argelino, pero justificó su sentencia en rebeldía con otro absurdo argumento: el procedimiento judicial había comenzado antes de su captura.

Por lo demás, el proceso se aplazó hasta mayo-junio de 2007, aunque el juicio tampoco se celebró entonces.

Se anunció una cuarta sesión judicial para el 24 de marzo de 2008. Se le acusó entonces de «pertenencia a grupo terrorista y asesinato premeditado”.

Tampoco aquel juicio se celebró. Una vez más, ocurrió lo mismo con el juicio previsto para el 13 de julio del año siguiente.

El caso de Hassan Hattab es igual al de Saifi. Argelia no quería juzgar públicamente a los terroristas porque eran de los suyos.

Camerún aprueba el visado biométrico

Los países africanos siguen siendo el campo de experimentación de las grandes potencias. Camerún ha aprobado el visado biométrico entre las nuevas condiciones de entrada, estancia y salida de extranjeros en su territorio, según un decreto firmado el jueves por el presidente camerunés, Paul Biya.

El nuevo visado incluye un chip electrónico que, de momento, contiene una fotografía digital del titular, sus huellas dactilares y el iris de los ojos.

Es un documento de alta seguridad, materializado por una etiqueta autoadhesiva que se aplicará al pasaporte del titular que haya realizado los trámites previos de inscripción para viajar a Camerún.

A partir de ahora la solicitud de visado para Camerún y el pago de las tasas correspondientes se realizan exclusivamente en línea desde una plataforma digital especializada. La respuesta a la solicitud se debe realizar en un plazo de tres días, a partir de la fecha de preinscripción en línea.

Sin embargo, por vía de urgencia, el plazo se puede reducir a 24 horas.

Reino Unido financia las manifestaciones antirrusas en Jartum

La embajada británica en Jartum financia a los estudiantes sudaneses que estudian en Ucrania para que organicen manifestaciones antirrusas frente al Ministerio de Asuntos Exteriores, dice el periódico Al Rakoba.

El periódico añadía que quien entrega el dinero es “un representante de la embajada británica” en Jartum.

Uno de los estudiantes contactados, que declinó revelar su nombre por razones de seguridad, declaró que los estudiantes fueron seleccionados y contactados para formar parte de una “Coordinación de los Comités de la Resistencia Sudanesa”.

Los comités se formaron en ciudades y pueblos después de que estallaran las protestas el 19 de diciembre de 2018, y desempeñaron el papel más importante en la convocatoria de las protestas en los barrios y ciudades hasta que la cúpula del ejército derrocó al entonces presidente, Omar al-Bashir, el 11 de abril de 2019.

El periódico denuncia que “el funcionario británico les prometió [a los estudiantes] asegurar la manifestación y protegerlos de las fuerzas de seguridad sudanesas, además de pagarles “grandes sumas de dinero si seguían las órdenes”.

El funcionario británico les habla en un árabe fluido y les pidió que crearan una organización y la llamaran Asociación de Estudiantes Sudaneses en las universidades ucranianas para dirigir las sentadas de forma organizada.

La desestabilización de la embajada británica ha coincidido con el primer aniversario del inicio de la Guerra de Ucrania.

El colonialismo alemán en África: un pasado que no pasa

El 28 de mayo de 2021 el ministro alemán de Asuntos Exteriores, Heiko Maas, ofreció una rueda de prensa en Berlín para anunciar lo que se suponía que era un gran avance en los intentos del país por abordar su pasado colonial. Maas se declaró “feliz y agradecido” de que, tras cinco años de conversaciones, los negociadores alemanes y namibios hubieran alcanzado un “acuerdo de reconciliación” sobre las atrocidades cometidas por los alemanes durante el periodo colonial. “A la luz de la responsabilidad histórica y moral de Alemania”, declaró, “pediremos perdón a Namibia y a los descendientes de las víctimas”.

Entre las décadas de 1880 y 1919, Alemania controló lo que hoy es Togo, Burundi, Camerún, Namibia y Ruanda, entre otros territorios africanos, así como partes de lo que hoy es Papúa Nueva Guinea y varias islas del Pacífico Occidental. Incluso para los estándares del colonialismo europeo, las acciones de Alemania en Namibia -entonces conocida como el África Sudoccidental Alemana- fueron notables por su brutalidad. Entre 1904 y 1908, oficiales y soldados alemanes mataron a decenas de miles de herero (ahora llamados a menudo ovaherero) y miles de namas en una campaña de exterminio ampliamente reconocida como el primer genocidio del siglo XX.

Alemania ha evitado durante mucho tiempo rendir cuentas por sus acciones en Namibia. Cuando el canciller Helmut Kohl visitó el país en 1995, se negó a reunirse con representantes de los Hereros, y cuando el presidente Roman Herzog visitó el país en 1998, negó que existieran motivos judiciales para exigir reparaciones. El Bundestag nunca ha reconocido oficialmente las masacres como genocidio. Pero el anuncio de Maas pretendía señalar que Alemania asumía por fin sus responsabilidades históricas e incluía la promesa de que, “como gesto de reconocimiento del inconmensurable sufrimiento infligido a las víctimas”, pagaría 1.100 millones de euros en ayuda a la reconstrucción y el desarrollo durante los próximos 30 años.

En las semanas siguientes, la buena voluntad resultante de este anuncio se fue erosionando. Los descendientes de las víctimas argumentaron que habían sido injustamente excluidos de las negociaciones, sobre todo por la negativa de Alemania a incluir a cualquier persona ajena al gobierno namibio. Muchos también denunciaron el pago como una compensación inadecuada por una injusticia tan horrible, dado que la cantidad era simplemente equivalente a la ayuda exterior que Alemania ha dado a Namibia desde 1989, y expresaron su indignación por el hecho de que el acuerdo omitiera la palabra “reparaciones”. El plan del presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, de visitar la capital namibia, Windhoek, para pedir formalmente perdón, se canceló después de que grupos herero y namibios amenazaran con organizar una manifestación.

Henny Seibeb, dirigente adjunto del Movimiento de los Sin Tierra de Namibia, partido de la oposición que representa a los grupos que perdieron tierras bajo el colonialismo, me dijo por teléfono el año pasado que consideraba que la cantidad propuesta era “una broma” que no reflejaba la profundidad de la injusticia. Paul Thomas, uno de los dirigentes del comité técnico del genocidio de Namas, me dijo:

“A día de hoy seguimos sin tierras y en la pobreza por lo que ocurrió hace 115 años. A mi bisabuelo lo decapitaron, a algunos de los suyos los metieron en campos de concentración y trabajaron hasta la muerte. No hay nada para nosotros en este acuerdo. Está vacío”.

Otros han señalado una discordancia que ha planeado sobre las negociaciones: aunque Alemania se ha negado a mantener conversaciones directas con los representantes de los Hereros y los Namas, ha pagado más de 90.000 millones de dólares en indemnizaciones a las víctimas del Holocausto desde 1952, en parte mediante un acuerdo negociado con la Conferencia de Reclamaciones, una ONG que representa a los judíos de todo el mundo. En junio de 2021, el jefe supremo ovaherero Vekuii Rukoro declaró en una entrevista televisiva que Alemania estaba dispuesta a negociar con la Conferencia de Reclamaciones, pero no con los hereros y los namas “porque ellos eran europeos blancos y nosotros somos africanos negros”.

Los alemanes llegaron por primera vez a lo que se convirtió en el Sudoeste de África alemán en 1883 con la intención de establecer un puesto comercial. Un año después, los comerciantes ayudaron a convencer al Canciller Otto von Bismarck de que convirtiera el territorio en un protectorado alemán. Bismarck se había resistido durante mucho tiempo a las peticiones de la opinión pública y de sus rivales políticos para establecer un imperio de ultramar. Aún se debaten las razones de su cambio de opinión, pero en parte le influyeron los informes sobre posibles yacimientos de diamantes en la región y la esperanza, a la postre falsa, de que los comerciantes privados soportarían gran parte de la carga financiera.

En aquella época el territorio tenía una población de entre 200.000 y 250.000 habitantes, de los cuales unos 80.000 eran de etnia herero, que vivían con grandes rebaños de ganado. Otros grupos eran los Namas, Owambos, Damaras, Sans y Basters. La zona fértil del territorio limitaba al oeste con el desierto de Namibia y el océano Atlántico, y al noreste con el Omaheke, una extensión de desierto casi sin agua que se extiende hasta Botswana.

Cuando los colonos y administradores alemanes llegaron a la región, engañaron a los africanos para comprarles grandes parcelas de tierra, los maltrataron y humillaron a sus jefes. En algunos casos, también fomentaron la animosidad entre los grupos locales. Cuando los africanos contraatacaron, Berlín envió más tropas. En enero de 1904 el conflicto entre los hereros y los alemanes se recrudeció, lo que llevó a los hereros a lanzar una ofensiva para recuperar su territorio. Murieron más de cien alemanes; en respuesta, Berlín envió al general Lothar von Trotha, veterano de la rebelión de los bóxers en China y obsesionado con la idea de la “guerra racial”, para hacerse cargo de la colonia.

El conflicto, conocido como la Guerra de Herero y Namas, se convirtió en el pretexto para cometer atrocidades generalizadas. En agosto de 1904 Trotha atacó a unos 50.000 hombres, mujeres y niños herero en la meseta de Waterberg, al norte del territorio. Cuando los supervivientes intentaron huir al desierto de Omaheke, los alemanes establecieron un perímetro para rodearlos, ocuparon los pozos de agua y ordenaron matar a todos los que intentaron huir al desierto. En octubre, Trotha emitió una proclama, ahora famosa, en la que pedía el exterminio de los hereros:

<h6>Los Hereros han dejado de ser súbditos alemanes…

El pueblo herero debe abandonar este país. Si no lo hacen, les obligaré a hacerlo con el Gran Cañón.

Dentro de las fronteras del territorio alemán, todo Herero, con o sin arma, con o sin ganado, será fusilado; ya no daré refugio a mujeres y niños. Los devolveré a su pueblo o haré que los fusilen.</h6>

Un oficial alemán, Ludwig von Estorff, describió en su diario “escenas terribles” mientras los hereros huían de un abrevadero a otro “perdiendo casi todo su ganado y mucha gente”. Algunos hereros degollaban a sus animales y bebían su sangre para no morir de sed.

Durante la guerra los alemanes crearon campos de concentración para proporcionar mano de obra a las empresas alemanas, pero las condiciones eran tan horribles que pocos prisioneros podían trabajar. Muchos namas, que habían lanzado una guerra de guerrillas contra los alemanes, también fueron confinados en los campos.

En un campamento de la Isla de los Tiburones, un afloramiento rocoso y expuesto de la costa atlántica, los prisioneros no recibían prácticamente ropa, comida ni cobijo. Berthold von Deimling, comandante de la región sur del protectorado, declaró que mientras él estuviera al mando, “no se permitiría que ningún hotentote” -término despectivo para referirse a los namas- “saliera vivo de la isla de los Tiburones”. Entre septiembre de 1906 y marzo de 1907 murieron 1.032 de los 1.795 prisioneros del campo. El número exacto de víctimas del genocidio sigue sin estar claro, pero cuando se permitió la salida de los prisioneros de los campos en 1908, habían muerto hasta 100.000 hereros y unos 10.000 namas.

Tras el genocidio, las autoridades alemanas expropiaron casi todas las tierras de los africanos y los obligaron a entrar en un mercado laboral “semilibre” en el que no tenían más opción que trabajar para los terratenientes alemanes. Los que se negaban eran asignados a la fuerza a un empleador, y todos los africanos mayores de siete años estaban obligados a llevar “un disco metálico visible” en todo momento y a mostrarlo a la policía o a “cualquier persona blanca” que se lo pidiera. Se prohibieron los matrimonios entre africanos y alemanes. Los africanos también tenían prohibido caminar por las aceras y montar a caballo, y todos los africanos debían saludar a los alemanes que pasaban. En 1921 el Tratado de Versalles transfirió la colonia a Sudáfrica, que impuso entonces el sistema del apartheid en el territorio.

Aunque la publicación de Morenga (1978), una novela anticolonial de gran éxito de ventas escrita por Uwe Timm y adaptada posteriormente en una popular miniserie de tres capítulos, introdujo brevemente el suroeste de África en la conciencia de Alemania Occidental, quedó eclipsada por los crímenes de los nazis y el trauma de la división nacional de posguerra. Incluso después de la reunificación alemana y la independencia de Namibia de Sudáfrica en 1990, muchos alemanes sólo eran vagamente conscientes de las atrocidades cometidas en el suroeste de África o imaginaban que el proyecto colonial alemán era más ilustrado que los de Gran Bretaña, Francia y Bélgica.

Esta situación empezó a cambiar a principios de los años 80, en gran parte debido a la presión de los grupos herero y namas. Ambos pueblos han tenido escasa representación en el gobierno de Namibia desde la independencia. La Organización Popular de África Sudoccidental (SWAPO) ha dominado todas las elecciones desde 1990, en gran parte gracias al apoyo de los owambos (en las elecciones más recientes, en 2019, el partido obtuvo setenta y tres de los noventa y seis escaños del Parlamento). Y a pesar de los programas de redistribución de Namibia, una cantidad desproporcionada de tierras sigue perteneciendo a una pequeña minoría blanca. En 2003 la Herero People’s Reparations Corporation interpuso una demanda ante el Tribunal de Distrito de Columbia (Estados Unidos) para reclamar reparaciones a Alemania, un procedimiento posible gracias a la ley estadounidense Alien Tort Statute [que otorga competencia universal para juzgar crímenes cometidos por extranjeros contra extranjeros fuera de Estados Unidos], que permite a los extranjeros reclamar reparaciones por violaciones internacionales de los derechos humanos. El gobierno alemán alegó que era inmune a tales reclamaciones porque la Convención de la ONU contra el Genocidio de 1948 no podía aplicarse retroactivamente. Aunque la demanda fue finalmente rechazada, abrió la puerta a las negociaciones.

Mientras tanto, varios académicos -entre ellos Joachim Zeller, Henning Melber, Isabel Hull y, especialmente, Jürgen Zimmerer, catedrático de Historia de la Universidad de Hamburgo- empezaron a llamar la atención sobre los crímenes coloniales de Alemania. En 2001 Zimmerer publicó Deutsche Herrschaft über Afrikaner (El dominio alemán sobre los africanos), al parecer el primer libro en profundidad sobre la política del sudoeste de África alemán.

Se centra en los intentos de las autoridades alemanas de crear un utópico “estado racial” en la colonia. Aunque el libro es quizá demasiado detallado para el gran público, fue decisivo para disipar lo que Zimmerer describe como la “niebla” de la amnesia en torno al colonialismo alemán.

Esta niebla ha vuelto a disiparse en la última década. En 2016 el Museo Histórico Alemán de Berlín, el mayor y más importante museo de la historia alemana, acogió la primera gran exposición del país sobre su periodo colonial. La tantas veces retrasada finalización del Foro Humboldt -un museo que alberga objetos etnológicos en una reconstrucción del palacio Hohenzollern de Berlín- también ha llamado la atención sobre la historia colonial alemana. A medida que crecían las protestas contra la desigualdad racial en el extranjero y en Alemania, activistas y académicos argumentaban que los responsables del foro no habían hecho lo suficiente para investigar la procedencia de muchos de sus objetos. Como resultado, se han producido verdaderos cambios en la política cultural. El verano pasado Alemania firmó un acuerdo pionero con Nigeria para repatriar todos sus Bronces de Benín, esculturas saqueadas por las tropas británicas en 1897 que posteriormente fueron vendidas o donadas a varios museos europeos y estadounidenses. La secretaria de Estado de Cultura, Claudia Roth, anunció a principios de 2022 que estaba considerando una restitución más amplia, añadiendo que los crímenes de la época colonial eran “una mancha blanca en la cultura de la memoria”.

Los esfuerzos por encontrar un terreno común con los hereros y los namas siguen siendo más delicados. A finales de 2021 el nuevo gobierno alemán dirigido por el socialdemócrata Olaf Scholz presentó un acuerdo de coalición con los Verdes y los Liberales Demócratas (FDP), en el que hacía vagas promesas de encargar estudios independientes sobre el colonialismo alemán y empezar a desarrollar un “sitio de aprendizaje y memoria del colonialismo”. También prometió “avanzar en la investigación sobre la historia colonial” e impulsar la “reconciliación” con Namibia.

Esto no será algo fácil. El gobierno namibio ha dado marcha atrás en su plan de ratificar el acuerdo de reconciliación y ha pedido que se renegocie, y el gobierno alemán ha rechazado hasta ahora las peticiones de reanudar las conversaciones. Las conversaciones serían una prueba para la ministra de Asuntos Exteriores de los Verdes, Annalena Baerbock, que ha prometido llevar a cabo una política exterior acorde con los principios progresistas, verdes y feministas de su partido.

Es probable que las nuevas conversaciones tengan que implicar directamente a los Hereros y Namas y a sus diásporas, que probablemente exijan que cualquier pago sea reconocido oficialmente como reparación. Sin embargo, esta concesión probablemente será rechazada por los negociadores alemanes, ya que podría exponer a Alemania a reclamaciones similares de Grecia e Italia, que exigen compensaciones por los crímenes cometidos durante la Segunda Guerra Mundial. También reforzaría las acciones legales de otras antiguas colonias contra las potencias europeas y podría dar lugar a una nueva oleada de demandas.

El debate sobre la reconciliación se ha complicado por otros acontecimientos. En la primavera de 2020 estalló un extraño conflicto por la decisión de la Trienal del Ruhr, un festival de arte del oeste de Alemania, de invitar al académico camerunés Achille Mbembe a dar una conferencia. Después de que un político local citara pasajes de la obra de Mbembe fuera de contexto -en ellos se establecían paralelismos entre el Holocausto y el apartheid sudafricano y se criticaban las acciones de Israel en Palestina-, el comisario federal alemán para el antisemitismo, Felix Klein, dijo que tales comparaciones entre la Shoah y otros acontecimientos históricos representaban un “patrón antisemita reconocible” y pidió que se anulara la invitación a Mbembe.

Aunque el festival se canceló finalmente a causa del covid, la intervención de Klein indignó a muchos en la izquierda que consideraban que Mbembe y otros deberían poder sugerir vínculos entre los crímenes coloniales y el Holocausto. Los directores de más de treinta instituciones culturales, entre ellas el Deutsches Theater de Berlín y el Moses Mendelssohn Zentrum für europäisch-jüdische Studien de Potsdam, firmaron una carta en la que afirmaban que “la responsabilidad histórica de Alemania no debe conducir a una deslegitimación moral o política general de otras experiencias históricas de violencia y opresión”.

Desde entonces, periodistas e historiadores discuten sobre este tema en los medios de comunicación alemanes. El debate recuerda a la Historikerstreit, la “polémica entre historiadores”, de los años ochenta, que estalló después de que el historiador Ernst Nolte argumentara que Alemania no tenía una carga excepcional de culpa por el Holocausto, ya que se habían producido masacres antes y no eran históricamente únicas. Jürgen Habermas argumentó que tales comparaciones minimizaban la responsabilidad alemana y que el Holocausto debía considerarse un acontecimiento histórico único. La opinión de Habermas acabó convirtiéndose en la piedra angular del enfoque alemán de la cultura conmemorativa.

En la llamada Historikerstreit 2.0, Zimmerer -que es el investigador más conocido que ha estudiado los vínculos entre el Sudoeste de África alemán y el Tercer Reich- es uno de los muchos historiadores que defienden una visión comparativa. Deja claro que no cree que los genocidios de los herero y los namas fueran una repetición del Holocausto ni que ambos fueran equivalentes en escala o motivación. Pero sostiene que examinando los paralelismos entre ambos se puede obtener una imagen más clara de las fuerzas que gobiernan la historia alemana y mundial:

“Para la historia alemana, el genocidio del suroeste de África es significativo en dos sentidos. Por un lado, demostró la existencia de fantasías genocidas de violencia (y acciones posteriores) en el ejército y la administración alemanes desde principios del siglo XX y, por otro, popularizó esta violencia, contribuyendo así a su legitimación”.

Zimmerer escribe que “las experiencias coloniales representan una reserva cultural de prácticas culturales que podían ser utilizadas por quienes estaban al servicio de los nacionalsocialistas”. En las décadas de 1920 y 1930 el suroeste de África alemán fue objeto de romanticismo en monumentos públicos, programas escolares, películas y libros, incluido un género popular conocido como “Kolonialliuteratur” [literatura colonial]. Hasta 1945, el libro para jóvenes lectores más vendido en Alemania fue “El viaje de Peter Moor al Sudoeste”, de Gustav Franssen, que narra la historia de un joven que se presenta voluntario como soldado en la colonia alemana y participa heroicamente en la campaña contra los hereros y los namas. Zimmerer sostiene que estas influencias culturales contribuyeron a reforzar el apoyo a las políticas nazis basadas en la diferencia racial y el antisemitismo.

Señala que los geógrafos afiliados a la Universidad Friedrich-Wilhelm de Berlín (actual Universidad Humboldt) participaron en el diseño de la política colonial a finales del siglo XIX y principios del XX, y fomentaron las políticas expansionistas que condujeron a la ocupación de Europa del Este bajo el Tercer Reich. Los antropólogos que más tarde se convirtieron en los principales defensores de la “biología racial” en la Alemania nazi se vieron influidos por las investigaciones realizadas en las colonias alemanas de África. Algunas de las normas impuestas durante la ocupación nazi de Polonia -prohibición de que los polacos montaran en bicicleta y entraran en los cines, obligación de que todos los polacos saludaran a los alemanes que pasaban por delante- se hicieron eco de las políticas instituidas previamente en el suroeste de África.

Zimmerer también sostiene que “la interpretación biológica de la historia del mundo -la creencia de que un Volk necesita asegurarse un espacio para sobrevivir- es uno de los paralelismos fundamentales entre el colonialismo y la política expansionista nazi” en Europa del Este. El Plan General Ost de Hitler preveía que grandes partes de Europa Central y Oriental y de la Unión Soviética fueran vaciadas de sus habitantes y colonizadas por agricultores alemanes. Se haría un esfuerzo especial para reclutar colonos que hubieran vivido previamente en las colonias africanas. En 1941 Hitler dijo de Ucrania: “El territorio ruso es nuestra India, y al igual que los británicos la gobiernan con un puñado de personas, nosotros gobernaremos nuestro territorio colonial”.

En Die Zeit en 2021, Zimmerer y el académico estadounidense Michael Rothberg señalaron que “la prohibición de las comparaciones y la contextualización conduce a la escisión de la Shoah de la historia”. Tal prohibición socavaría los intentos de aprender de la historia: si un acontecimiento singular sólo puede ocurrir una vez, no hay por qué preocuparse de que vuelva a ocurrir.

Algunos han argumentado que los defensores del punto de vista comparativo distorsionan la naturaleza ideológica del Holocausto e ignoran la historia particular del antisemitismo en Europa. El historiador Saul Friedländer escribe:

“No es una cuestión de creencia si el Holocausto debe considerarse singular o no, ya que difiere no sólo en aspectos individuales de otros crímenes históricos, sino a un nivel fundamental… El antisemitismo nazi no sólo pretendía erradicar a los judíos como individuos (primero mediante la expulsión y luego mediante el exterminio), sino también borrar todo rastro del ‘judío’”.

En otras ocasiones, algunos comentaristas han afirmado falsamente que los estudiosos poscoloniales quieren equiparar el Holocausto con los crímenes coloniales. En ocasiones se ha convertido en un caballo de batalla por delegación de las opiniones progresistas estadounidenses sobre la justicia racial. El editor y periodista Thomas Schmid acusó a Zimmerer de formar parte de un intento “zeitgeist”, traducible por estar a la moda del tiempo, importado de Estados Unidos, de “situar el Holocausto detrás del colonialismo”, lo que “se corresponde con la cultura contemporánea de sospecha general sobre el hombre blanco (y sobre la mujer blanca)”.

La nueva Historikerstreit surgió de una confluencia de factores: el debate sobre las reparaciones, la reacción contra el Foro Humboldt y, de forma más general, el auge en Alemania de un sentido globalizado de la historia, en el que los debates sobre la esclavitud en Estados Unidos y el colonialismo en Reino Unido, por ejemplo, se trasladan a menudo a experiencias locales. Pero también ha coincidido con un debate sobre la identidad alemana y sobre cómo conciliar la imagen que Alemania tenía de sí misma tras la guerra, centrada en gran medida en la expiación y la culpa por el Holocausto, con su condición moderna de país definido por la inmigración.

En los últimos diez años, la proporción de residentes alemanes inmigrantes o de padres inmigrantes ha aumentado del 19 al 27 por cien. Muchos de estos recién llegados proceden de países colonizados por potencias europeas. Los activistas han abogado por ampliar la identidad alemana para incluir a los inmigrantes de África u Oriente Medio, por ejemplo, argumentando que su mayor trauma histórico fue el colonialismo, no la Segunda Guerra Mundial.

En un comentario sobre la Historikerstreit 2.0 de la Neue Zürcher Zeitung, el periodista Thomas Ribi escribió que la cultura de la memoria alemana no debería cambiar para dar cabida a estos recién llegados, porque los inmigrantes han sido la fuente de una nueva ola de violencia contra los judíos: “La inmigración de los últimos años ha ‘enriquecido’ a Alemania con una nueva forma de antisemitismo, derivada del islam”. Es cierto que el antisemitismo es un problema en algunas comunidades de inmigrantes, especialmente los procedentes de Oriente Medio, pero las estadísticas oficiales sugieren que la mayoría de los ataques antisemitas en Alemania los llevan a cabo miembros de la extrema derecha teutona. Está claro que el enfoque actual de la cultura alemana de la memoria -y su resistencia a vincular el Holocausto con el colonialismo- tampoco es infalible.

En otoño de 2021 Habermas se sumó al debate. En Philosophie Magazin, insiste en que la singularidad del Holocausto no significa “que la autocomprensión política de los ciudadanos de una nación pueda congelarse”, y sostiene que la transformación del país en la última década exige una reevaluación de la imagen que se tiene de sí mismo. Cuando un inmigrante llega a Alemania, escribe, “adquiere al mismo tiempo la voz de un conciudadano, que ahora cuenta en la esfera pública y puede cambiar y ampliar nuestra cultura política”. La imaginación política de Alemania debe “desarrollarse de tal manera que los miembros de otras formas culturales de vida puedan identificarse con su herencia y, si es necesario, también con su historia de sufrimiento”.

El debate ha operado a menudo bajo el supuesto de que la memoria es de operación de suma cero, y que un mayor reconocimiento de los crímenes coloniales devaluaría la importancia histórica del Holocausto. Rothberg ofrece una visión alternativa en “Multidirectional Memory: Remembering the Holocaust in the Age of Decolonization” (Stanford University Press, 2009, Petra 2018. (Memoria multidireccional. Repensar el Holocausto en la era de la descolonización), que agudizó este debate cuando se publicó en Alemania en 2021. Sostiene que “el Holocausto a menudo se enfrenta a historias globales de racismo, esclavitud y colonialismo en un feo concurso de victimismo comparativo”, pero que “la memoria debe ser vista como multidireccional: como sujeta a negociación continua, referencias cruzadas y préstamos; como productiva, no privativa”.

En 2021 Zimmerer y Rothberg argumentaron en Die Zeit que “la solución no puede ser el recuerdo ritualizado y las invocaciones a la imposibilidad de comparación global del Holocausto, sino ideas que exploren el lugar histórico del Holocausto en la historia mundial y preguntas sobre las formas en que su memoria está ahora entrelazada con los acontecimientos mundiales de posguerra”.

Si este fuera el enfoque histórico de la Shoah, escriben, “el resultado final no sería menos responsabilidad alemana, sino más; no menos, sino más lucha contra el antisemitismo y el racismo”. ¿No debería ser éste el objetivo de cualquier debate sobre el Holocausto y los crímenes del nacionalsocialismo?

Un enfoque de este tipo también permite un relato más coherente de la historia alemana, en la cual el Tercer Reich no se ve como una anomalía malévola, sino más bien como una convergencia de acontecimientos que incluyen el colonialismo. Reexaminar los vínculos entre el Tercer Reich, el genocidio de los hereros y los namas y otros crímenes coloniales es arrojar una luz más crítica sobre un arco más amplio de la historia alemana, incluido el periodo wilhelmiano (1871-1914). Significa comprender que el colonialismo tuvo consecuencias a largo plazo no sólo para los colonizados, sino también para los colonizadores.

En un ensayo publicado en 2017 en el Frankfurter Allgemeine Zeitung, el novelista alemán Navid Kermani, nacido de padres iraníes, hablaba conmovedoramente de la importancia de la vergüenza en el desarrollo de su sentimiento de pertenencia nacional. La primera vez que se sintió alemán, escribió, fue durante una visita a Auschwitz: “Cualquiera que se naturalice alemán también tendrá que soportar la carga de ser alemán”. A continuación resumió la identidad alemana parafraseando a un rabino polaco, Nahman de Bratslav: “No hay nada más íntegro que un corazón roto”. El camino hacia el autoconocimiento y la armonía, en otras palabras, debe pasar por un sentimiento compartido de vergüenza.

El único monumento conmemorativo de Berlín a las víctimas del genocidio de los herero y los namas se encuentra en un cementerio cercano a Tempelhof, un aeropuerto convertido en parque en el extremo sureste del centro de la ciudad, y sigue siendo desconocido para la mayoría de los berlineses. En un rincón cubierto de maleza, los visitantes pueden encontrar una lápida de granito de 1907 con una inscripción que conmemora a siete soldados alemanes que “lucharon voluntariamente en los campos del suroeste de África y murieron como héroes”. En 2009, gracias a la presión de los activistas, se instaló una placa negra bajo esta inscripción para honrar a las “víctimas del dominio colonial alemán en Namibia”. No incluye la palabra “genocidio”, pero en la parte inferior lleva una cita de Wilhelm von Humboldt, filósofo y reformador educativo prusiano: “Sólo una persona que conoce el pasado tiene futuro”.

Otros monumentos al colonialismo alemán se han “completado” con placas que denuncian sus crímenes, en Bremen y Gotinga, tras ataques y manifestaciones de militantes.

Thomas Rogers https://www.nybooks.com/articles/2023/03/09/the-long-shadow-of-german-colonialism-thomas-rogers/

14 sindicatos de Níger exigen el cierre de las bases militares extranjeras

Catorce centrales sindicales de Níger han firmado una declaración conjunta en la que exigen ”la salida fulminante de todas las bases militares extranjeras en un futuro próximo, de lo contrario serán responsables de lo que les ocurra”.

Tras el nuevo atentado yihadista que costó la vida a diecisiete personas el pasado 10 de febrero, los sindicatos no comprenden que tanto los civiles como los militares puedan estar de luto “a pesar de la presencia de varias bases extranjeras en [nuestro] territorio”. Aunque no se señala directamente a Francia, ya que también están presentes estadounidenses, alemanes e italianos, no deja de estar en la mente de todos.

La postura sindical complicará aún más la tarea de Macron, que sigue trabajando en sus ratos libres, entre una reunión con Biden y otra con Zelensky, en la nueva estrategia militar de Francia en África Occidental, mientras que su fiel escudero, Jean Yves Le Drian, responsable en África desde hace diez años, querría vivir feliz como “experto”, comiendo la sopa boba del Instituto del Mundo Árabe.

Esto no ayudará a la presidencia de Mohamed Bazoum, a quien le reprochan su condición de lacayo de los colonialistas franceses. Es probable que se multipliquen las manifestaciones de rechazo a las fuerzas extranjeras, que no son nuevas en Niamey. El presidente nigerino ha conseguido frenar las movilizaciones prohibiendo las protestas de los partidos políticos, los sindicatos y los movimientos sociales.

En 2021 se prohibió una manifestación convocada por el movimiento “Pasemos Página” que pretendía rendir homenaje a los tres manifestantes muertos el 27 de noviembre en Tera, ciudad del oeste de Níger, tras los enfrentamientos con un convoy militar francés que se dirigía a Gao (Mali).

Níger alberga desde hace años varias bases militares extranjeras instaladas con el pretexto de la “lucha contra los yihadistas en el Sahel”. Francia y Estados Unidos tienen bases militares en Niamey, y Alemania, que tiene allí una base logística. Estados Unidos también tiene una gran base de drones en la región de Agadez (norte), cerca de Libia.

Las milicias están vinculados a Al Qaeda y al Califato Islámico, en el oeste, y, en el sureste, de Boko Haram y el grupo Califato Islámico en África Occidental (Iswap).

En 2016 en vísperas de la visita de Merkel a Níger se produjeron tres atentados terroristas en menos de una semana. No tiene sentido en un país que alberga bases aéreas y terrestres de las grandes potencias militares. Sorprende que los militares nigerinos no estén informados de la preparación de atentados contra sus posiciones.

Todos los focos de guerra están controlados por drones y aviones de vigilancia. Esto significa que no están allí para vigilar ni combatir nada. Los nigerinos se preguntan para qué sirven esas bases militares extranjeras y esas tropas.

La explicación es económica. Las bases llevan a cabo misiones de control del abastecimiento de materias primas. El subsuelo sahelo-sahariano es rico en recursos naturales. Desde uranio hasta petróleo, pasando por estaño, fosfato, sal, oro y muchos otros minerales. Esto explica las estrategias de posicionamiento, de toma de control, de cerco y contracerco en la definición de las apuestas imperialistas en el Sahel.

Las minas de la empresa francesa Orano (antes llamada Areva) en Níger abastecen una gran parte de las centrales nucleares francesas. Para garantizar la estabilidad de este abastecimiento, un destacamento de soldados franceses está destinado a proteger estas minas.

Alemania, el último país en entrar en Níger, está presente en la minería del uranio a través de la empresa Urangeselschaft, accionista de Somair (Société des Mines de l’Aïr). En carbón, están en proceso de hacerse con la central térmica de Salkadamna (en principio en manos estadounidenses).

Más allá de los recursos tradicionales de petróleo, carbón y uranio, Níger posee importantes yacimientos de metales raros que podrían atraer el interés de las grandes potencias imperialistas. Entre ellos figuran el galio, el disprosio, el niobio y el circonio. Estos metales se utilizan en la fabricación de los artilugios de alta tecnología, como teléfonos inteligentes, tabletas, satélites, etc.

La otra cuestión que subyace a la instalación de estas bases militares, y no la menos importante, es la lucha contra la inmigración clandestina hacia los países europeos y el narcotráfico. Las rutas del narcotráfico y de los emigrantes se cruzan en Níger. La cocaína producida en América Latina con destino a Estados Unidos y Europa transita por Níger (paso de Salvador).

Desde la caída de Gadafi ha aumentado la migración clandestina hacia Europa. Para luchar contra este fenómeno, los europeos están creando o financiando centros de detención o tránsito de migrantes en Agadez, Dirkou y Niamey. Así, la Unión Europea ha concedido a Níger 50.000 millones de francos CFA para financiar cinco proyectos en el marco del plan de acción de la cumbre de La Valeta (UE-África) sobre migración.

A cambio, Níger ha aceptado obstaculizar la libre circulación de los ciudadanos de África Occidental, en contra de las disposiciones de la Unión Monetaria y Económica de África Occidental. Peor aún, ha aceptado readmitir a los expulsados del territorio europeo. Níger sirve de frontera exterior a la Unión Europea. Esto sugiere que Níger se ha convertido en el gendarme de Europa en materia de seguridad y medidas contra la inmigración.

Manual de instrucciones para destruir un Estado hasta los cimientos: Somalia

Mientras Somalia luchaba por celebrar sus primeras elecciones nacionales auténticas desde el colapso del país en 1991, Estados Unidos y sus aliados fomentaron el separatismo y socavaron la democracia para dominar militarmente el país y saquear sus recursos.

Se está produciendo un conflicto armado entre secesionistas y sindicalistas en la ciudad de Lasanod, donde las fuerzas separatistas del Estado de Somalilandia han disparado contra civiles, matando al parecer a más de 82 personas. Los sindicalistas somalíes han tomado las armas para defenderse y han declarado que Lasanod debe ser administrada desde Mogadiscio, la capital de Somalia.

Los recientes enfrentamientos se sitúan en el contexto de la batalla mucho más amplia para reconstruir la nación somalí y celebrar elecciones nacionales desde la desestabilización total del Estado en 1991. Occidente está librando su propia guerra para mantener a Somalia débil y fragmentada.

Las 2.100 millas de costa son tan ricas en recursos y estratégicamente importantes que una Somalia verdaderamente soberana es un anatema para Estados Unidos y sus aliados occidentales. Por eso Estados Unidos ha llenado el país de tropas, lo ha atacado con drones, ha impuesto un cordón militar en su capital, ha supervisado una fallida operación de “mantenimiento de la paz” de la ONU, ha apoyado a un gobierno títere para que lo dirija y ha organizado la alianza militar Africom y una patrulla naval de la Unión Europea a lo largo de la costa somalí.

El país ha sufrido durante décadas un saqueo desenfrenado de pescado y vertidos tóxicos. Algunos inversores creen que Somalia posee las mayores reservas costeras de petróleo sin explotar del mundo. Está cerca del estrecho de Bab-El Mandeb y del estrecho de Ormuz, por donde pasa cada día el 40 por cien del petróleo mundial. También cuenta con cinco puertos en la interfase entre África, Oriente Medio y Asia.

La interrupción de la cadena de suministro causada en 2021 por el buque portacontenedores varado en el Canal de Suez fue sólo un atisbo de lo que podría ocurrir si estallara una guerra en estas aguas.

Los Estados miembros federales

Somalia se encuentra en medio de una lucha entre secesionistas y unionistas, que también se identifican como nacionalistas. Los dirigentes de los seis estados miembros federales se resisten en cierta medida a la autoridad federal. Los movimientos políticos más separatistas se encuentran en Jubalandia, Puntlandia y, sobre todo, Somailandia, aunque esta última envía representantes al parlamento federal de Mogadiscio.

Los funcionarios de Hergeisa, la capital de Somalilandia, llevan 30 años buscando el reconocimiento de su independencia, pero ni la ONU ni ninguno de sus 193 Estados miembros han accedido. Se dice que el sentimiento a favor de la secesión de Somalilandia es más fuerte en la capital del estado, Hergeisa.

Una sección de la Ley de Autorización de la Defensa Nacional de Estados Unidos de 2023 reconoce extraoficialmente la independencia de Somalilandia al esbozar un plan de cooperación militar directa entre Estados Unidos y el Estado escindido. La violación de la soberanía de Somalia por parte de Estados Unidos es tan flagrante que los autores de la ley se esforzaron en afirmar que no lo era: “Nada de lo dispuesto en esta ley, incluido el requisito de presentación de informes en virtud de la subsección (a) y la realización del estudio de viabilidad en virtud de la subsección (b), se interpretará como un reconocimiento por parte de Estados Unidos del Estado Federado de Somalia o Somalilandia como entidad independiente”.

El Mando de Estados Unidos en África (Africom) parece haber superado su base militar en Yibuti, que también arrienda terrenos para bases militares a China, Francia, Japón, Italia y Arabia Saudí. Sólo para atracar un portaaviones, una ciudad flotante de 5.000 hombres, necesita un gran espacio.

Los sindicalistas somalíes están furiosos por el plan de pasar por encima del gobierno nacional.

La lucha por el voto popular

El voto popular es esencial para la lucha de los sindicalistas, razón por la cual Estados Unidos y sus aliados han impedido que Somalia introduzca el sistema electoral de «una persona, un voto» que se practica en Occidente. Estados Unidos y sus aliados lo hicieron maquinando la derrota del presidente Mohammed Abdullahi Mohammed, alias Farmaajo, el presidente masivamente popular que intentaba construir un ejército capaz de defender la soberanía somalí y expulsar a las fuerzas extranjeras, incluidas las tropas estadounidenses, de suelo somalí.

Durante la mayor parte de los últimos 32 años, Somalia no ha tenido un gobierno capaz de asegurar su territorio o sus costas. Ahora Somalia sólo es una sede de la ONU y una bandera.

El federalismo ha fragmentado el país hasta el punto de que ha perdido cualquier pretensión de soberanía. Es el concepto equivocado, en el lugar equivocado, para la gente equivocada, practicado por los dirigentes equivocados, por las razones equivocadas.

Sin embargo, también afirmó que si Somalia fuera capaz de celebrar unas elecciones nacionales de una persona, un voto, sus parlamentarios títeres y su presidente títere, Hassan Sheij Mohammed, serían barridos, y el ex presidente Farmaajo sería elegido con gran éxito.

Anne Garrison https://thegrayzone.com/2023/02/14/us-crushed-struggle-somali-nation/

Expulsan a una diplomática israelí de la cumbre de la Unión Africana

Una alta diplomática israelí fue expulsada ayer a la fuerza de la cumbre anual de la Unión Africana que se celebra en Etiopía, en un momento en que se agrava la disputa sobre la acreditación de Israel ante la organización.

La foto de portada muestra al personal de seguridad de la Unión Africana enfrentándose a la diplomática Sharon Bar-Li en la ceremonia de apertura de la cumbre antes de que abandonara el auditorio.

“Israel no ve con buenos ojos el incidente en el que la directora adjunta para África, la embajadora Sharon Bar-Li, fue expulsada de la sala de la Unión Africana a pesar de su condición de observadora acreditada con distintivos de entrada”, declaró el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Ebba Kalondo, portavoz del presidente de la Comisión de la Unión Africana, declaró que la diplomática fue expulsada porque no era una embajadora debidamente acreditada en Etiopía.

Israel culpa del incidente a Sudáfrica y Argelia, dos naciones clave en el bloque de 55 países, afirmando que tenían secuestrada a la Unión Africana y que les mueve el odio.

El Ministerio de Asuntos Exteriores israelí dijo que el encargado de negocios de la embajada sudafricana sería convocado para una reprimenda. “El intento de cancelar el estatus de observador de Israel no tiene base en las leyes de la organización”, declaró el Ministerio.

Sudáfrica rechazó la afirmación, afirmando que la solicitud de Israel del estatus de observador en la Unión Africana no había sido decidida por el bloque.

“Hasta que la Unión Africana no tome una decisión sobre la concesión del estatus de observador a Israel, el país no puede sentarse a mirar”, declaró Clayson Monyela, jefe de diplomacia pública del departamento de relaciones internacionales de Sudáfrica.

“Así que no se trata de Sudáfrica o Argelia, es una cuestión de principios”.

El partido gobernante de Sudáfrica ha sido históricamente un firme defensor de la causa palestina, lo mismo que Argelia.

Rusia firma un acuerdo con Sudan para crear un punto de aprovisionamiento naval en el Mar Rojo

Rusia ha firmado un acuerdo con el gobierno de Sudan para crear un punto de aprovisionamiento y reparación para los buques de la Armada rusa en el Mar Rojo, anunció el jueves Serguei Lavrov durante una visita a Jartum.

“Como saben, ya se ha firmado el acuerdo sobre el establecimiento de un punto de apoyo material para la Armada rusa en Sudán. Está en proceso de ratificación”, declaró Lavrov a los periodistas.

El acuerdo se firmó en Jartum el 23 de julio de 2019 y en Moscú el 1 de diciembre de 2020.

La visita del ministro de Asuntos Exteriores ruso a Sudán también se centró en otros ámbitos de cooperación. Las empresas rusas estudiarían la posibilidad de aumentar sus inversiones en determinados sectores de la economía sudanesa, incluida la industria minera.

“Apreciamos el interés de nuestros amigos sudaneses por atraer más inversiones rusas. Nuestras empresas estudian actualmente propuestas concretas”, declaró en una rueda de prensa conjunta con su homólogo sudanés, Ali Al-Sadiq, el jefe del Consejo Soberano de Transición, Abdel Fattah Al-Burhan, y su adjunto, Mohammed Hamdan Daglo.

Lvrov añadió que Moscú apreciaba la atención y las condiciones de trabajo prestadas por el gobierno sudanés a las empresas rusas que ya operaban en Sudán.

“Tenemos mucho trabajo por hacer en el ámbito del comercio, la economía, la inversión y la labor humanitaria. Varias empresas rusas trabajan en Sudán, principalmente en el campo del desarrollo de la base de recursos minerales”, concluyó el diplomático ruso.

Lvrov se encuentra de gira por África y Oriente Próximo. Antes de aterrizar en Sudán, estuvo en Mauritania, Mali e Irak.

Lavrov visita Mali

El ministro ruso de Asuntos Exteriores, Serguei Lavrov, ha iniciado una gira por África en la que destaca la visita de dos días a Mali porque marca un paso muy importante en las relaciones entre ambos países. Es la primera visita de un diplomático ruso a Mali.

Las potencias occidentales sólo pueden observar impotentes el desarrollo de los vínculos entre Rusia y los países africanos. Lavrov llegó a Malí en un fortalecimiento sin precedentes de la alianza entre ambos países, cuando Occidente trata de bloquear a Rusia.

El ministro ruso de Asuntos Exteriores está considerado como uno de los principales pesos pesados de la diplomacia internacional, por lo que la visita gana todo su simbolismo.

A su llegada, fue recibido por su homólogo maliense Abdoulaye Diop: «El ministro Lavrov ha tomado decisiones firmes y valientes que han permitido a Mali seguir existiendo como país unido, independiente y soberano. Estas decisiones han reforzado la cooperación entre Malí y la Federación de Rusia, en particular mediante el refuerzo de las capacidades de defensa y seguridad que hoy son el orgullo de los malienses y que están dando resultados convincentes sobre el terreno», subrayó Abdoulaye Diop.

Por su parte, el ministro ruso de Asuntos Exteriores recordó que Rusia sigue una política encaminada a contrarrestar las tendencias a pisotear la Carta de la ONU. Además, Lavrov reafirmó el apoyo de Moscú a las autoridades malienses en la lucha contra el terrorismo.

A continuación, el jefe de la diplomacia rusa fue recibido por el jefe de Estado maliense, el coronel Assimi Goita. Allí también, el alto funcionario ruso recordó que Rusia no escatimará esfuerzos para promover el principio de la paridad soberana de los Estados y la lucha contra los planteamientos colonialistas.

Además de la seguridad y la defensa, los dos países acordaron reforzar los lazos económicos y comerciales. En particular, ampliarán la cooperación a la exploración geológica, los recursos minerales, la energía, el transporte, las infraestructuras y la agricultura. Rusia también tiene previsto suministrar a Malí trigo, fertilizantes, derivados del petróleo y otros productos estratégicos.

Lavrov anunció que para el curso académico 2023-2024, el número de becas públicas concedidas a estudiantes malienses aumentará de 35 a 290. En el campo de la educación, afirmó que más de 10.000 malienses han recibido formación en Rusia.

Durante la visita, Lavrov fue nombrado Comendador de la Orden Nacional de Malí en calidad de extranjero.

Si bien hoy está claro que la alianza ruso-maliense cuenta con más apoyo que nunca, no sólo a nivel de los responsables bilaterales, sino también, y quizás aún más, a nivel de la sociedad civil -euroasiática y panafricana-, lo que es muy importante señalar es que Mali representa hoy -al igual que otras naciones africanas que han decidido cortar lazos viciosos con las fuerzas neocoloniales- una enorme fuente de inspiración para otros países africanos.

En cuanto a las acusaciones de «populismo» ampliamente difundidas por los elementos propagandistas otomanos contra esta juventud africana de talento desbordante y ansiosa de avanzar, los populistas son precisamente quienes, habiendo llevado el caos a los pueblos no occidentales, nunca han sido capaces de corregir, o al menos admitir, sus crímenes. Y en lugar de hacer un serio mea-culpa, ahora culpan a los africanos, como a los rusos, chinos, iraníes o turcos, de sus propios fracasos.

Y cuando, en este paradigma, las asociaciones entre pueblos no occidentales y partidarios de la multipolaridad aportan resultados largamente esperados por las poblaciones afectadas, a Occidente sólo le queda continuar su decadencia y encerrarse en su famoso «jardín», no de los sueños, sino de la decadencia y de los falsos valores. La última oportunidad de Occidente de unirse al tren multipolar ha pasado y no volverá en un futuro próximo. Y quizá no por mucho tiempo.

La segunda traición a los saharauis está costando muy cara a España

Durante su reciente visita, Marruecos ha tratado a Pedro Sánchez y la delegación española de la manera que se merecía: con un desprecio absoluto. En las ruedas de prensa Sánchez ha hablado de una reunión histórica, pero el reyezuelo Mohammed VI no ha aparecido ni para hacerse una foto siquiera. Se marchó de vacaciones en diciembre y todavía no ha vuelto a su poltrona.

La segunda traición del gobierno de coalición PSOE-Podemos a los saharauis la está pagando España en dinero contante y sonante. Las exportaciones a Argelia han sufrido una fuerte caída tras la ruptura, el pasado mes de junio, del tratado de amistad y cooperación entre Argel y Madrid.

Según El Mundo el coste de la ruptura tras la crisis diplomática entre los dos países es importante: España ya ha perdido 3.500 millones de euros, frente a una “ganancia” de unos 960 millones de euros en exportaciones españolas a Marruecos.

La balanza comercial española registró un déficit debido a la suspensión de los intercambios con Argelia, en los que sólo se mantuvo el suministro de gas. La mejora del 49 por cien del superávit con Rabat no compensa la caída del 143 por cien con Argel.

En otras palabras, la crisis diplomática le está costando cara al gobierno ibérico en términos económicos, ya que la misma publicación estima la pérdida en 3.500 millones de euros.

Hace unos días El País señalaba que las exportaciones de Argelia a España, consistentes principalmente en gas, registraron “un aumento muy significativo” el año pasado, mientras que las importaciones argelinas procedentes de ese país “cayeron bruscamente” durante el mismo periodo, en referencia a los datos oficiales de comercio exterior de España para 2022.

El valor de las ventas de Argelia al mercado español pasó de poco más de 3.800 millones de dólares en 2019 a 7.105 millones en 2022, afirmando que este avance se vio impulsado por el aumento de los precios del gas.

Las exportaciones argelinas a España, cuyo valor total rondaba los 2.700 millones de dólares en 2020 y los 3.800 millones de dólares en 2021, marcaron el año pasado un salto significativo de cerca del 84,4 por cien, bajo el efecto en particular de la revalorización de los precios del gas.

Los envíos de gas argelino a España no se han interrumpido, pero “su precio se ha disparado” y la factura para España ha pasado de 3.630 millones en 2019 a 6.690 millones de dólares el año pasado, un incremento de casi el 80 por cien, sabiendo que los hidrocarburos representan más del 94 por cien de las importaciones españolas desde Argelia.

Además de la subida del precio del gas que ha impulsado notablemente las exportaciones argelinas y, en consecuencia, inclinado la balanza del comercio exterior bilateral a favor de Argelia, las ventas españolas al mercado argelino también han caído un 65,2 por cien en los dos últimos años. España ha exportado a Argelia bienes por valor de 2.900 millones de dólares en los últimos años.

Sin embargo, en 2022 la cifra se redujo en más de un tercio hasta situarse en poco más de 1.000 millones de dólares. Con la caída del 65,2 por cien de sus exportaciones y el aumento del 84 por cien de sus importaciones, España ha visto multiplicado su déficit comercial con Argelia, que ha pasado de 945 millones en 2019 a más de 6.000 millones en 2022.

Las exportaciones españolas a Argelia cubren ya sólo el 14,2 por cien de estas importaciones, frente a una tasa del 75,4 por cien hace dos años. Tras un fuerte incremento del 51,1 por cien en enero del año pasado, las ventas españolas al mercado argelino se desplomaron a partir de junio, con descensos a lo largo de todo el año.

Muchas empresas españolas, que operan en numerosos sectores económicos, como el agroalimentario, el químico, el textil, la construcción o la cerámica, están sufriendo de lleno el deterioro de la situación del comercio exterior de España con Argelia.

Tras la traición del PSOE y Podemos, el ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel Albares, solicitó la intervención de la Unión Europea, aduciendo que es la responsable de garantizar el acuerdo entre los 27 y Argelia.

Ni caso. Europa se lava las manos y deja al gobierno de coalición en la estacada. Más de seis meses después de la ruptura del acuerdo con Argelia, es España la que sigue pagando el coste económico de la traición. ¿Acaso creían en la Moncloa que todo les iba a salir gratis? ¿que Bruselas iba a poner otra vez el dinero sobre la mesa para tapar sus chapuzas?

Deberían haber tomado nota de los fascistas italianos.

El gobierno fascista italiano consigue en Argel lo que los ‘progres’ españoles han perdido

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies