Ayer el vicepresidente estadounidense, J.D. Vance, confirmó en Azerbaiyán que Washington y Moscú están negociando un nuevo tratado nuclear. El objetivo es frenar la proliferación de armas nucleares en el mundo. Las conversaciones se llevan a cabo simultáneamente con las conversaciones de paz sobre la Guerra de Ucrania, lo que indica una compartimentación de las negociaciones diplomáticas entre Washington y Moscú.
El vicepresidente estadounidense enfatizó que las nuevas conversaciones buscan prevenir los riesgos nucleares mundiales. Según Vance, se trata de impedir que nuevos países adquieran armas nucleares, en referencia a Irán. Es una de las preocupaciones importantes para Washington desde siempre. Lo consideran una amenaza existencial para su seguridad.
Las conversaciones diplomáticas entre ambos países se centran en un acuerdo significativamente diferente del anterior. Vance declaró que “la situación será diferente a la anterior, y eso forma parte de la negociación que mantenemos con los rusos”. Estas declaraciones, realizadas a la prensa en Azerbaiyán, revelan el deseo mutuo de mantener el diálogo sobre armas estratégicas.
La información sobre estas conversaciones circuló inicialmente a través de medios especializados, que informaron que dirigentes estadounidenses y rusos habían abordado este tema durante las conversaciones para la resolución de la Guerra de Ucrania, celebradas en Abu Dabi. Esta discreción en las negociaciones sugiere una especial cautela diplomática.
El tratado Start, firmado en 2010 por Obama y Putin, fue el principal instrumento jurídico regulador de los arsenales estratégicos de ambos países. Limitó a 1.550 laas ojivas nucleares desplegadas por cada país y había previsto un sistema de inspecciones recíprocas que permitía la verificación mutua del cumplimiento de los compromisos.
Tras una prórroga inicial en 2021, el tratado expiró el 5 de este mes de febrero, marcando el fin de más de una década y media de regulación bilateral de los arsenales nucleares.
Moscú había propuesto previamente una prórroga de un año que abarcara únicamente los límites numéricos de laas armas, pero excluyera los mecanismos de control e inspección, propuesta que Washington rechazó. El desencuentro les privó del único marco existente para el control mutuo, lo que generó temores sobre los riesgos de proliferación.
El gobierno de Trump quiere un nuevo acuerdo que incluya a China, una potencia nuclear emergente que nunca antes ha participado en la firma de tratados multilaterales de desarme. Este planteamiento estratégico refleja el deseo de reconfigurar el equilibrio nuclear mundial según los intereses estadounidenses contemporáneos, a pesar de que Pekín históricamente ha rechazado cualquier participación en dichos mecanismos.