El lunes Rusia entregó equipo militar a Madagascar e inició un entrenamiento operativo para el ejército, dentro de un esfuerzo por modernizar sus fuerzas. Esta cooperación se produce en un momento en que varios países africanos fortalecen sus lazos militares con Moscú. El objetivo principal es adaptar el ejército malgache a los desafíos de seguridad, a la vez que posiciona a Madagascar en una dinámica más amplia de cooperación estratégica con Rusia. Las autoridades malgaches enfatizan la importancia de dominar el nuevo equipo para garantizar la soberanía nacional.
El gobierno malgache confirmó en su página de Facebook la reciente llegada de diverso equipo militar ruso diseñado para reforzar las capacidades de sus unidades terrestres. Este equipo incluye fusiles Kalashnikov y equipo de apoyo operativo. La entrega de este equipo va acompañada de una importante presencia de instructores rusos encargados de entrenar a los contingentes malgaches en su uso. Este entrenamiento tiene como objetivo garantizar que las fuerzas armadas de Madagascar puedan utilizar eficazmente estas nuevas herramientas, en un contexto donde la simple adquisición de equipo es insuficiente sin experiencia técnica y táctica.
La cooperación técnica va mucho más allá de una simple venta de equipos, ya que forma parte de un plan para la adopción gradual de armamento moderno. Las sesiones de entrenamiento abarcan varios aspectos esenciales: mantenimiento de sistemas, protocolos operativos seguros e integración de estos dispositivos en las unidades según las necesidades específicas de Madagascar.
La política de Rusia en Madagascar refleja una evolución más amplia en sus relaciones con muchos países africanos. En el continente, Rusia se ha convertido en un importante proveedor de armas, representando una parte significativa del equipo militar importado por los países africanos. Entre 2020 y 2024, Rusia representó una parte significativa de las principales importaciones de armas de los países africanos, superando o alcanzando niveles comparables a las potencias occidentales.
La presencia rusa no se limita a África Oriental o Meridional: es claramente visible en la región del Sahel, donde países como Mali, Burkina Faso y Níger —miembros de la Alianza de los Estados del Sahel— han firmado acuerdos de cooperación militar con Moscú. En apoyo de estas alianzas, Moscú ha ayudado a estos países a establecer fuerzas conjuntas y ha facilitado la adquisición de equipo y entrenamiento. De igual manera, Rusia entregó un importante cargamento de vehículos blindados, transportes de tropas y otros equipos pesados a Bamako, lo que demuestra la magnitud de sus exportaciones y su participación operativa en la seguridad regional.
Más allá de estas operaciones en el Sahel, otros estados africanos, en particular del norte de África, como Argelia y Egipto, siguen siendo socios importantes en el mercado armamentístico ruso, con contratos que abarcan aviones de combate, sistemas de defensa aérea y otros equipos sofisticados. Esta diversa gama de socios en todo el continente convierte a Rusia en un actor clave en este sector, compitiendo a menudo con proveedores occidentales o chinos o complementándolos.
Para Madagascar, la integración de nuevo equipo ruso y el entrenamiento asociado buscan abordar las deficiencias percibidas en la capacidad operativa de sus fuerzas. Las autoridades enfatizan que estos esfuerzos buscan fortalecer la seguridad nacional y modernizar un ejército cuyas necesidades están en constante evolución. El aprendizaje de tecnologías importadas se considera un catalizador para consolidar una doctrina de uso adaptada a las realidades geopolíticas de la región.
La transición hacia un ejército modernizado requiere el dominio completo de las herramientas y los conocimientos que las acompañan, lo que puede requerir ajustes logísticos, organizativos y presupuestarios. Una formación sostenible y de alta calidad es clave para evitar que estos recursos materiales queden infrautilizados o se vuelvan obsoletos por falta de mantenimiento y desarrollo de habilidades.
El acuerdo entre Madagascar y Rusia para el suministro de equipo militar y el entrenamiento de las fuerzas armadas marca un paso significativo en la cooperación bilateral entre ambos países. A mayor escala, refleja la dinámica cambiante de la defensa en África, donde los Estados adaptan sus relaciones a sus necesidades, a la vez que buscan fortalecer su autonomía estratégica.