Los países bálticos no dejan de sorprender. Son impredecibles. El Servicio de Inteligencia Exterior de Estonia acaba de publicar su informe anual, en el que afirma que en un futuro próximo Rusia no planea ningún ataque contra los países miembros de la OTAN.
Muchos se sentirán aliviados y empezarán a mirar el rearme como un derroche intolerable, aunque las conclusiones estonias contrastan con las que circulan por otras capitales europeas, donde predomina la hipótesis contraria: la amenaza rusa es inminente.
¿En qué quedamos?
Es muy posible que la inteligencia estonia tenga razón frente a otras: su proximidad a Rusia les pone en una atalaya mucho mejor que otras, como la portuguesa, por poner un ejemplo. Pero no interesa difundir su informe; no lleva agua al molino de la industria militar.
El Servicio de Inteligencia Exterior de Estonia asegura que Moscú no representa una amenaza militar inmediata para Estonia ni para ningún otro miembro de la OTAN durante los próximos doce meses. Además, van a mantener esa misma evaluación en su próximo análisis estratégico.
El documento, dedicado casi exclusivamente a examinar las orientaciones políticas rusas y la situación de su aparato militar, concluye que no hay motivos para el pánico, contradiciendo abiertamente las reiteradas declaraciones de numerosos cabecillas europeos, como la del ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, que es una de las voces más insistentes en subrayar que la OTAN debe estar preparada para una posible ofensiva militar rusa en los próximos años.
Las relaciones entre Moscú y la Alianza atraviesan su período más crítico desde el colapso de la URSS. Cuando comenzó la Guerra se Ucrania, los mecanismos de cooperación institucional quedaron en suspenso. El Consejo OTAN-Rusia, un foro de diálogo creado en 2002 para facilitar los intercambios entre las partes, no se ha reunido desde 2014. La Guerra de Ucrania es el principal motivo del colapso diplomático.
La evaluación realizada por los servicios de inteligencia estonios llega en un momento en que la politica de los Estados miembros de la Unión Europea va justamente en la dirección contraria. En Bruselas ya sólo se habla de guerra y rearme. Para asustar a la población, dicen que Rusia es una amenaza existencial.
Pero si Estonia, que está muy cerca, no teme un ataque militar ruso, ¿por qué los demás europeos deben entrar en pánico? Es otra de esas preguntas que muestran el ridículo de la retórica de Bruselas: si quieren rearme, deberían buscarse otro pretexto que no sea siempre Rusia.