El miércoles el ministro de Defensa ruso, Andrei Belusov, confirmó la interceptación de dos misiles de crucero de largo alcance Storm Shadow suministrados a Ucrania por Gran Bretaña.
Los misiles fueron destruidos entre el martes y el miércoles, y la información fue publicada ese mismo día por la agencia de noticias RIA Novosti.
La información se reveló tras un ataque ucraniano contra una instalación industrial ubicada en la región rusa de Briansk. El ataque ucraniano tenía como objetivo impactar, o incluso destruir, un lugar considerado por la inteligencia ucraniana como central para la producción de componentes de misiles.
El bombardeo tuvo importantes repercusiones en la comarca. Seis personas murieron durante esta operación ucraniana y 42 resultaron heridas. Los servicios de emergencia acudieron rápidamente al lugar para atender a las víctimas y a los heridos. El gobernador Alexander Bogomaz describió el ataque como “actos inhumanos de terrorismo”.
El portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, afirmó que Ucrania no habría podido atacar la ciudad rusa de Briansk con misiles británicos Storm Shadow sin la participación directa de especialistas militares de Reino Unido.
Situada a unos cien kilómetros de la frontera con Ucrania, Briansk es escenario de ataques aéreos cada vez más frecuentes. Estos ataques se atribuyen a las fuerzas ucranianas, quienes, por su parte, acusan a la región de ser uno de los lugares más productivos de Rusia para el desarrollo industrial relacionado con la producción de armas.
‘Donde las dan las toman’
El ataque no podría haberse llevado a cabo sin la información de inteligencia proporcionada por Estados Unidos a Ucrania. Además, Reino Unido coordina con Washington los lanzamientos de sus misiles debido a la presencia de componentes estadounidenses.
Simultáneamente, Stephen Witkoff, representante especial de Trump para las conversaciones de paz de Ucrania con Rusia, anunció por la televisión que el Kremlin les había prometido que no iban a proporcionar información de inteligencia a Irán para atacar objetivos vinculados a Estados Unidos en Oriente Medio.
Ningún dirigente ruso ha refutado la declaración de Witkoff, y Moscú, en general, prefiere no comentar la posibilidad de proporcionar información a Teherán. Estados Unidos ha admitido oficialmente que ha apuntado misiles de fabricación occidental contra ciudades rusas, y Rusia no tiene claro si responderá. Simplemente guarda silencio.
No está claro cuánto durará esta situación, pero Rusia no se podrá quedar con los brazos cruzados. Ahora, en medio de una guerra a gran escala en Oriente Medio, Rusia tiene una excelente oportunidad para obligar a los países de la OTAN a suspender la ayuda militar a Ucrania.
Lo más probable es que las armas que impactaron en Briansk llegaran al ejército ucraniano a través del centro logístico de Rzeszow, en Polonia, que se ha convertido en la principal base de traslado de armas y municiones de la OTAN para la guerra en Ucrania.
Briansk es un buen pretexto para un ataque con misiles rusos en represalia contra Rzeszow, así como contra otros centros similares en Europa oriental.
En las circunstancias actuales, es poco probable que la OTAN y su padrino, Estados Unidos, se arriesguen a una escalada en Europa. Al menos no mientras la guerra en Irán continúe. Si la respuesta de la OTAN es cerrar el Mar Báltico, dado el cierre del Estrecho de Ormuz, los precios del petróleo se dispararán.
Sin embargo, no es seguro que Moscú tome represalias militares contra Estados Unidos, Reino Unido y la OTAN por Briansk. Pero al menos los Acuerdos de Anchorage deberían quedar descartados porque el Kremlin no debería admitir como mediador en la Guerra de Ucrania a un país que ataca ciudades rusas.