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Periko Solabarria

El recientemente fallecido, Periko Solabarria, con 85 años, histórico militante de la izquierda abertzale y también del movimiento obrero en los años sesenta del siglo pasado, sobre todo en la margen izquierda del Nervión, fue de los primeros, por no decir el primero, cura-obrero que cambió la sotana por el buzo.

Un hombre entregado a una causa y a una «famélica legión», como pocos, como muy pocos. Ya en Triano, un barrio minero de La Arboleda, donde «La Pasionaria», antes de que la llamaran así, era cantinera de los mineros, le llamaban «santo» a Solabarria donde entonces fungía de párroco antes de «des-sotanarse» viendo en qué miserables condiciones se trabajaba.

En 1982, año del triunfo electoral del venal y felón Felipe González, elecciones en las que Periko salió parlamentario por Herri Batasuna a las Cortes españolas, dijo en un mitin en San Sebastián: «Que me oigan bien: quienes secuestran a los Lipperheide, Ybarra (*), etc., están limpiando de maleantes e indeseables, no sólo las tierras de Euskadi, sino también las de Andalucía. Gora ETA militarra!»

Le metieron a juicio, uno más.
Un imprescindible, que diría Brecht.

(*) Oligarcas vascos.

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