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¿Que se juega en Siria?

Darío Herchhoren

La guera que se está desarrollando desde hace siete años largos en Siria, ha sido un conflicto perfectamente planificado desde el año 2001 por el ex secretario de defensa de los EEUUen del gobierno de Bush Junior Donald Rumsfeld, y por el almirante Cebrowski, oficial de estado mayor de la armada de los EEUU, y consiste en una nueva proyección del mapa que abarca al próximo oriente (Jordania, Siria, Líbano e Israel), y lo que se viene llamando el cercano oriente ampliado, que incluye además de los paises mencionados, a Arabia, Omán, Yemen, emiratos árabes, Irán y Pakistán.

El plan Rumsfeld Cebrowski, consiste en el redibujo de los mapas conocidos, y su reemplazo por otros que reflejen las diversas formas de interpretación del islam. Es decir que se trata de establecer nuevas fronteras y estados no en función de su historia, ni de sus peculiaridades nacionales, sino de sus diversas formas de entender su religión. Hay que decir que ya en la década de los años 70 y 80 del pasado siglo hubo un intento por parte de los USA de partir el Líbano en dos paises, uno cristiano y otro musulmán que fracasaron ostensiblemente, y donde la intervención gringa acabó con graves pérdidas de vidas humanas para los mismos.

Indudablemente el imperio es tozudo y aprende poco de sus malas experiencias. La guerra de Vietnam, fue un hito importante en la historia militar de los EEUU, ya que era la primera vez, que su ejército volvía derrotado. Muchos, entre los cuales me cuento, creimos que esa lección iba a ser de provecho para el imperio. Sin duda era una pura ingenuidad. La esencia del imperio es justamente eso: ser un imperio, y para ser un imperio hay que aplicar esas políticas que se repiten una y otra vez.

Si miramos los planes del dúo Rumsfeld Cebrowski, comprenderemos que es producto de su concepción supremacista, que tiene sus raíces en las viejas tradiciones judías del «pueblo elegido», y más cerca en el tiempo de la concepción germana del nazismo del «Deutschland uber alles» (Alemania por encima de todo) y de todos agrego yo.

Un plan como ese indudablemente no tiene en cuenta que los pueblos afectados se defenderán de los mismos, y ese es el talón de Aquiles de la intervención militar de los EEU en Siria.

Ahora estamos viendo que la pérdida de la guerra en Siria ha hecho que ya no sirvan las intervenciones vicarias de los EEUU que se expresan por el armado de los ejército yihadistas, salafistas, wahabistas y de Al Qaeda, a través de sus sucursales, sino que debe ser el propio imperio que debe salir a dar la cara, en el territorio sirio, y lo hace a través de lo que llama «coalición internacional», formado por los propios USA, Gran Bretaña, Francia, Bélgica y Holanda. Estos socios menores esperan que caiga de la mesa del imaginario festín alguna migaja.

La situación de la guerra en Siria es harto complicada porque entre otras cosas ha hecho aflorar viejas glorias, entre las cuales los sueños imperiales de Inglaterra que quiere volver a los tiempos del Coronel Tomas Lawrence (Lawrence de Arabia), o los de los colonialistas franceses que sueñan con la vuelta de los tiempos del fin de la primera guerra mundial, donde la Sociedad de las Naciones otorgó a Francia e Inglaterra el fideicomiso sobre Irak, Siria y Líbano, ex despojos del imperio otomano. Lo mismo pasa con Turquía que imagina la vuelta a los tiempos del Sultán Otomán, pero esta vez con el «sultán» Erdogan. Sin duda es un tablero complicado.

Ahora se está jugando en Siria la última mano de esta partida; y la segura derrota del imperio en Idlib, que acabará la guerra en Siria será particularmente dura ya que ello significará enterrar los arrogantes delirios de Rumsfeld y Cebrowski, y lo que es lo mismo la derrota de los USA y sus aliados filibusteros.

Siria es en este momento la primera linea de fuego en la lucha antiimperialista; y su triunfo junto a sus aliados Rusia, Irán, China y Hezbolah será un durísimo golpe del que quizá nunca se recupere el imperio que ya ha entrado en el ocaso. Las maniobras militares de Rusia, China y Mongolia que se desarrollan en el lejano oriente ruso no son una casualidad. Más bien son una demostración de músculo, y harán pensar a los imperialistas, que esta vez su territorio será bombardeado, y que ciudades como Nueva York, Washington, Baltimore, Houston, Los Angeles o San Francisco pueden convertirse en ruinas en pocos minutos merced a las potentísimas armas que poseen Rusia y China, y que sus portaaviones no servirán de nada ya que volarán en pedazos. Esta vez el país norteamericano será escenario de guerra por primera vez. Esto quizá haga reflexionar a los imperialistas y frene sus ansias de saquear el Medio Oriente Ampliado o achicado robando su petróleo. En Siria se juega el futuro de la humanidad para muchos años.

Se extiende el control de los trabajadores por medio de implantes digitales subcutáneos

Desde agosto 80 trabajadores de la empresa Three Square Market, especializada en la programación de máquinas expendedoras, tienen microprocesadores implantados bajo la piel de sus manos.

En Suecia varias empresas han hecho lo propio con sus trabajadores para entrar en los edificios, reservar billetes de tren, sacar dinero del cajero automático, comprar en el supermercado y utilizar la impresora o la fotocopiadora de la empresa.

Los microprocesadores implantados son del tamaño de un gran grano de arroz y contienen información del trabajador, como su identidad, domicilio, cuenta corriente, datos médicos, etc.

El Presidente de Three Square Market, Patrick McMullan, dice a una revista del MIT (Instituto Tecnológico de Massachssets) que, finalmente, uno se acostumbra a todo. Es la ley del mínimo esfuerzo: aceptamos cualquier cosa porque eso es lo más fácil, lo más sencillo.

Sam Bengtson, ingeniero de programación de la empresa, utiliza su implante de 10 a 15 veces al día y hace una comparación estúpida: para él, pasar la mano por delante de un lector de chips RFID conectado a su ordenador no es diferente a escribir la clave en el teclado de su ordenador.

Steve Kassekert, vicepresidente del departamento administrativo y financiero, dice que está tan acostumbrado a usar su mano para pagar en la máquina expendedora que se molestó cuando el lector RFID de la máquina se averió hace unos meses. “Es parte de mi rutina”, dice.

No se sabe ni quién lee la información capturada por los lectores, ni dónde, ni cuándo, a pesar de que suministra cada detalle de la vida privada de los trabajadores: dónde están en cada momento (dentro y fuera del trabajo), en qué gastan su salario, qué lugares frecuentan, qué enfermedades padecen…

Naturalmente, los patronos como McMullan dan toda clase de “garantías” del buen uso de la información recopilada sobre sus trabajadores, aunque a los trabajadores tambiénb les gustaríua recopilar información sobre sus patronos: cuánto ganan, cuánto gastan, en qué lo gastan, dónde, con quién, cuándo…

Otro consuelo estúpido es que esa misma información personal ya la estamos poniendo a disposición de cualquiera en internet, en la tarjeta de crédito, en el abono de transporte… Nos da lo mismo que nuestra vida esté en las manos de 10 que de 1.000 monpolios o tipos sin escrúpulos de ninguna clase.

Sólo les falta decir que si llevamos “piercings” y tatuajes por fuera, ¿por qué no llevar microprocesadores por dentro?

Más información:
– Una empresa sueca injerta microchips de identificación bajo la piel de sus trabajadores
 

Feminismo y resistencia antifascista: la lucha heroica de Marie Claude Vaillant-Couturier

Resistente contra el fascismo desde el primer minuto, Marie Claude Vaillant-Couturier es una heroína francesa, una de las puntas de lanza de la lucha contra la ocupación durante la Segunda Guerra Mundial.

En 1933 Marie Claude realizó su primer reportaje en Alemania en la clandestinidad para la revista “VU” creada y dirigida por Lucien Vogel, su padre. El trabajo se titulaba “Vu explora de incógnito el III Reich”. Poco después de la llegada al poder de Hitler, esta presentación, compuesta de fotos tomadas por ella, mostró los dos primeros campos de concentración nazis: Dachau y Oranienburg.

En el otoño de 1937 se casó con el hombre cuyo nombre llevaría toda su vida: Paul Charles Vaillant-Couturier, redactor jefe del periódico comunista L’Humanité. Había sido herido por un proyectil en 1915 en la Primera Guerra Mundial y otra vez en 1918 por un ataque con gas. Esos acontecimientos reforzaron sus convicciones antimperialistas.

Sobrecargado de trabajo, Paul murió de un ataque al corazón sólo tres semanas después de la ceremonia de la boda. Enterrado en el cementerio Père-Lachaise, una multitud impresionante desfiló junto a su féretro durante seis horas. Más tarde, en 1939, Marie Claude se casó con Pierre Villon, responsable de la redacción clandestina de L’Humanité al comienzo de la guerra. Pierre también fue un miembro muy activo del Consejo Nacional de la Resistencia.

En 1938 Marie Claude se trasladó a España, donde conoció a las Brigadas Internacionales, una experiencia que le permitió conocer a Henri Tanguy, que más tarde sería conocido como Henri Rol-Tanguy, o coronel Rol-Tanguy. Sindicalista de CGT y militante comunista, Henri Tanguy había sido desmovilizado en agosto de 1940 y en el mes de octubre pasó a la clandestinidad para crear la Organización Especial, el brazo armado del Partido Comunista.

Su mujer Cecile también era miembro de la Resistencia. Después de la rendición de Alemania, el 18 de junio de 1945 el general De Gaulle le concedió la Cruz de la Liberación.

Al mismo tiempo, Marie Claude era miembro de la UJFF (Unión Juvenil Francesa), una organización feminista que luchaba contra la opresión de las mujeres. Como la mayoría de los comunistas (hombres) habían sido movilizados o encarcelados por el gobierno vychista, la UJFF permitirá fortalecer la futura resistencia comunista clandestina.

En el primer Congreso fue elegida presidenta Danielle Casanova, que en otoño de 1940 ayudó a establecer comités de mujeres en la zona ocupada y organizó el salto de las Juventudes Comunistas a la lucha armada.

Rose Blanc fue otra de las ilustres figuras de la UJFF. Se unió a la organización clandestina del Partido Comunista en 1940 y murió en la deportación a Auschwitz en marzo de 1943.

En 1939 otra mujer, Claudine Chomat, participó en la reorganización clandestina del Partido Comunista Francés. En 1941 dirigió los Comités de la Resistencia Femenina.

Junto con Georges Politzer y Paul Nizan (ambos asesinados), Charlotte Delbo descubrió el marxismo y se unió a las Juventudes Comunistas en 1934. Fue deportada a Auschwitz en 1943.

Josette Dumeix y Claudine Chomat estuvieron a cargo de la edición clandestina femenina de L’Humanité. Detenida por la policía de Vichy, paseron 22 meses en prisión.

Mounette Dutilleul, otra mujer resistente y comunista, fue deportada a Ravensbrück en 1943.

En julio de 1940 Madeleine Vincent dirigió la Resistencia en el Norte y de Pas-de-Calais como miembro de las Juventudes Comunistas. Fue deportada a Kreuzburg, continuó la lucha a riesgo de su vida al negarse a trabajar para los alemanes.

Georgette Cadras era militante del PCF y se convirtió rápidamente en capitán de la Resistencia. Fue detenida el 26 de marzo de 1941 y condenada a 10 años de prisión por un tribunal francés colaboracionista).

Desde principios de la década de 1930 Lise Ricol-London era militante del Partido Comunista. Bajo la ocupación también se convirtió rápidamente en capitán de la Resistencia. Fue arrestada por la policía francesa en agosto de 1943, entregada a los alemanes, deportada al campo de concentración de Ravensbrück y luego a Buchenwald.

Por su parte, como las demás militantes comunistas, Marie Claude también entró en la Resistencia participando en la edicicón del primer número clandestino de L’Université Libre, uno de los primeros grupos creados por tres comunistas: Georges Politzer, Jacques Decour y Jacques Solomon. Este grupo de intelectuales se formó en septiembre de 1940.

Marie Claude fue detenida por la policía a principios de 1942. Descubrió la vida en prisión y aprendió a comunicarse con otros presos, en particular con Marie José Chombart, que toda su vida había luchado por los derechos de los niños.

El 24 de enero de 1943 el convoy 31000 transportó a 1.530 hombres y 230 mujeres a los campos de concentración de Auschwitz y Birkenau. De ellos 119 eran comunistas, 12 pertenecían a redes gaullistas, 51 habían sido detenidos por resistir y sólo 49 de ellos sobrevivieron a la deportación.

En Birkenau Marie Claude transportaba ladrillos de doce a catorce horas al día, aunque luego le asignaron como secretaria, debido a sus conocimientos del alemán. Allí conoció a Danielle Casanova, que murió de una virulenta epidemia de tifus el 9 de mayo de 1943. Fue condecorada póstumamente con la Orden Nacional de la Legión de Honor. Dos meses antes, Marie Politzer también había muerto de tifus. Casada con Georges Politzer y militante comunista, se había unido a la Resistencia en agosto de 1940.

En agosto de 1944 Marie Claude fue trasladada al campo de Ravensbrück, donde le asignaron inicialmente a los movimientos de tierra y luego de traductora. En Ravensbrück, Marie Claude y sus camaradas se unieron a la organización de la resistencia interna del campo, que suponía negarse a trabajar para la industria armamentística nazi. Es lo que hacían los prisioneros de guerra soviéticos.

La insubordinación fue severamente reprimida por los nazis.

El 28 de abril de 1945 las SS abandonaron el campo de Ravensbrück, dejando a 2.000 mujeres enfermas. Algunas prisioneras, entre ellas Marie Claude, se ofrecieron como voluntarias para cuidar de ellos. Al día siguiente llegaron los soviéticos. Con el apoyo de los médicos soviéticos y otros deportados, Marie Claude se hizo cargo de la administración del campo. Se quedaron en Ravensbrück para tratar a los enfermos hasta que pudieran ser evacuados.

En el Tribunal de Nuremberg, Marie Claude testificó el 26 de enero de 1946. En el banquillo estaban Hermann Göring, Rudolf Hess, Joachim von Ribbentrop y otros 21 cabecillas nazis en total. Marie Claude se acercó a ellos y los miró lentamente. Luego, frente a los jueces, la joven relató con calma el horror del universo de los campos de concentración.

En el funeral de Henri Moraud, presidente del Fondo de la Memoria de Auschwitz, Marie Claude estuvo junto a Henri Krasucki, comunista y judío torturado por ser un resistente de la primera hora.

Inmediatamente después de la Liberación, Marie Claude formó parte de la Asamblea Consultiva Provisional creada el 3 de noviembre de 1943 en Argel. Fue miembro de la Comisión de Educación y Bellas Artes, Juventud y Deporte el 26 de junio de 1946. También fue elegida diputada del Sena por el Partido Comunista, un cargo que ocupó durante décadas. De 1956 a 1958 y de 1967 a 1968 fue Vicepresidenta de la Asamblea Nacional.

Entre octubre de 1963 y junio de 1964 se celebró en Sudáfrica el juicio de Rivonia, que dio lugar a la condena a cadena perpetua de Nelson Mandela y otros siete militantes contra el apartheid. Marie Claude estuvo a la vanguardia de la lucha. Desde Francia, intervino ante la Asamblea Nacional para denunciar la represión, el racismo y la brutalidad del régimen de Pretoria.

Gérard Streiff, Une vie de résistante: Marie Claude Vaillant-Couturier
https://anticons.wordpress.com/2018/09/10/marie-claude-vaillant-couturier-merite-elle-aussi-le-pantheon/

El Pentágono mantiene laboratorios de guerra bioquímica en 25 países protegidos bajo inmunidad diplomática

Dilyana Gaytandzhieva
El Pentágono ha desplegado a sus científicos en 25 países y les ha concedido inmunidad diplomática para investigar virus, bacterias y toxinas mortales en laboratorios militares fuera del territorio de Estados Unidos en un programa presupuestado en 2.100 millones de dólares, denominado Programa de Compromiso Biológico Cooperativo (CBEP).

El programa lo financia la Agencia de Reducción de Amenazas de la Defensa (DTRA) y las instalaciones se ubican en países de la antigua Unión Soviética, como Georgia y Ucrania, así como Oriente Medio, el sudeste Asiático y África.

Uno de esos laboratorios de guerra bioquímica está en Tblisi, la capital de Georgia, y la embajada transporta en valijas diplomáticas sangre humana congelada y patógenos para el programa militar secreto.

El gobierno de Estados Unidos no tiene dinero para invertir en la salud de sus ciudadanos pero se gasta 161 millones de dólares en su laboratorio de Tblisi, una instalación secreta ubicada a sólo 17 kilómetros de la base aérea militar estadounidense de Vaziani.

El laboratorio está muy vigilado. En un radio de 100 metros todos los transeúntes son filmados en vídeo, a pesar de que se encuentra en el barrio de Alexeevka, una zona residencial.

En sus alrededores el aire se carga con el olor de los productos químicos. Por la noche el viento lleva el humo hacia la zona residencial. Los vecinos se quejan de que por la noche el laboratorio quema productos químicos peligrosos y que se vierten residuos peligrosos al río cercano a través de las tuberías de desagüe.

Por la noche el laboratorio parece estar todavía en funcionamiento y un coche diplomático con matrícula de la embajada de Estados Unidos se puede ver en el aparcamiento del Centro.

Los vecinos se quejan de dolores constantes de cabeza, náuseas, presión arterial alta y mareos cuando los productos químicos se queman por la noche en el laboratorio que está a sólo un par de cientos de metros de sus casas.

“Hay humo negro, rojo o verde en la noche o especialmente temprano en la mañana alrededor de las 3 ó 4 de la madrugada. Incluso las gallinas han muerto. Pusieron una gran tubería bajo tierra y la conectaron a los desagües. Este olor viene de allí. Huele a huevos podridos y a heno en descomposición. El olor es muy fuerte y se propaga en diferentes direcciones por el viento”, dice Eteri Gogitidze, que vive en un bloque de pisos junto al laboratorio.

“Tengo una enfermedad de la tiroides. Hay familias de tres personas en el vecindario y los tres tienen una enfermedad de la tiroides. Dicen que se debe al laboratorio”, explica Gogitidze.

Albert Nurbekyan, que vive a unos 300 metros del laboratorio, muestra las cuatro chimeneas que emiten humo por la noche. “A veces el viento esparce un olor a huevos podridos. Una vez me desperté temprano por la mañana y noté que salía humo violeta del laboratorio. Por la noche dejan salir el humo para que la gente no vea. ¿Por qué por la noche?, ¿qué es lo que nos ocultan?”

Luego nos da otro dato preocupante: “Hay grandes tuberías de plástico azul a lo largo de esta calle [desde el laboratorio] y desde donde todo va al río, que está a 3 ó 4 kilómetros de distancia. No sólo contaminan nuestro aire, sino que también envenenan nuestra agua”.

https://dilyana.bg/us-diplomats-involved-in-trafficking-of-human-blood-and-pathogens-for-secret-military-program/

3 días de huelga general desatan fuertes enfrentamientos en las ciudades de Costa Rica

Desde el inicio de la semana los trabajadores de Costa Rica están en una huelga general indefinida contra una reforma fiscal que reduce los salarios.
Ayer la huelga acabó en enfrentamientos con la policía en las calles, incendios, saqueos de locales comerciales y una decena de policías con lesiones, durante operativos en la provincia de Limón (Caribe).

8 locales comerciales resultaron con daños a la infraestructura, mientras que un furgón y una torre de telecomunicaciones del Instituto Costarricense de Electricidad fueron incendiados.

La policía abordó un autobús con pasajeros y varios manifestantes respondieron lanzando un cóctel “molotov” contra un furgón policial, que resultó quemado.

Una patrulla de la policía de Cieneguita, en Limón, también fue alcanzada por otro cóctel “molotov” lanzado por personas que la policía no ha logrado identificar, aunque ha detenido a dos personas; a una la acusan de robo y a otra de conducción temeraria.

El miércoles el gobierno denunció que un grupo de trabajadores provocó disturbios y saquearon un supermercado en la ciudad de Limón (Caribe) y la policía detuvo a 16 personas.

El martes los piquetes de manifestantes se apostaron en la entrada de los puertos y de la refinadora para intentar paralizar las operaciones.

El miércoles por la noche la policía entró en la universidad de San José persiguiendo a cientos de estudiantes que habían bloqueado una calle, detuvo a cuatro se ellos y golpearon a otro.

Ayer la fiscalía inició los trámites judiciales para declarar la ilegalidad de la huelga general. Los enfrentamientos han llegado a tal punto que un obispo la ha calificado como “moralmente inaceptable”.

Los sindicatos rechazan la reforma tributaria porque afecta en mayor medida a la clase obrera, y particularmente a los trabajadores de las instituciones públicas, debido a que contiene reducciones en pluses salariales para contener el gasto.

La Guerra de Darfur: es importante mantener a África en el olvido (y 6)

Para la ONG “Emergency Darfur”, en ese lenguaje cutre de la posmodernidad, las potencias imperialistas tenían una obligación doble para intervenir en Sudán: el “deber de injerencia” y la lucha contra el “totalitarismo”. Sin embargo, mostraban una inacción total, como en Munich en 1938: “Hasta ahora las democracias [léase imperialistas] han dejado a las víctimas solas frente a sus verdugos. Desesperadamente solas”.

La pasividad era grave porque “aún tenemos los medios para poner fin al genocidio”. No hay nada más fácil que detener esta “tragedia”, dijo uno de los candidatos en las elecciones presidenciales. “Sabemos, más o menos, cómo detener la matanza”, explica Levy. Es mucho menos complicado “que derrocar a Saddam Husssein … Frenar a Jartum no requeriría mucho más esfuerzo que hace diez años, después de cinco años de dilación y cobardía, para parar a Milosevic. Entonces, ¿a qué esperamos?”

“Sólo se necesitarían dos aviones [de guerra extranjeros] para detener eso”, escribe el vicepresidente de la ONG. La comunidad internacional debe ignorar la negativa del régimen “ilegítimo” de Jartum a albergar una fuerza internacional como “pretexto para la no intervención”.

Como viene ocurriendo, los pacifistas y los humanitarios llamaban a la guerra o, mejor dicho, a sustituir una guerra civil por otra exterior, imperialista. Pero rara vez aclaraban el propósito de la invasión militar. En un principio, “Emergency Darfur” fijó como horizonte el cambio de “régimen” y la imposición de un gobierno “democrático”, como en Siria, o en Venezuela, o en Corea.

A veces las ONG sabían ser más sutiles y lo que pedían era envío de “personal de mantenimiento de la paz” para salvar a los supervivientes de Darfur. Allí, en su propio suelo, el gobierno de Sudán no pintaba nada; había que enviar ese “personal” con o sin su acuerdo y “ordenar a las fuerzas francesas estacionadas en Chad y en la República Centroafricana que protejan eficazmente a los refugiados, a las personas desplazadas y a los miembros de las organizaciones humanitarias que operan en estos países”.

Como Levy tiene la cara muy dura no se esconde tanto y aboga por el apoyo militar a una de las milicias insurgentes: “Si no somos capaces de detener la masacre […] ¿no deberíamos al menos ayudar a aquellos que defienden a estas personas y lo hacen con las armas en la mano?”

Ocultando que Darfur ya se estaba beneficiando de la mayor operación de ayuda humanitaria del mundo, la ONG “Emergency Darfur” seguía exigiendo que el gobierno permitiera sin demora el acceso de la ayuda humanitario a la población. El ministro de Exteriores, Kouchner, seguía la corriente: era necesario establecer desde Chad “un corredor humanitario asegurado por la comunidad internacional y proporcionar alimentos y medicinas a las poblaciones aisladas y aterrorizadas que aún sobreviven”.

Lo importante no era el corredor humanitario, sino que el mismo estuviera, además, protegido por esa “comunidad internacional”, un eufemismo moderno para referirse a los ejércitos de las grandes potencias imperialistas.

Hay que poner de manifiesto que las ONG preconizaban la invasión militar y que ninguna de ellas hablaba de reanudar las negociaciones de paz, porque “como en Ruanda, mientras hablamos de un hipotético proceso de paz, las masacres continúan”. Por eso hay que olvidarse de la paz, es prfeferible una guerra que acabe con las matanzas. Esa es la paradoja de las ONG “humanitarias” en el imperialismo contemporáneo.

En los años 2006 y 2007 el gobierno sudanés se oponía al despliegue de tropas de la ONU, por lo que la injerencia que pedían las ONG era una declaración de guerra. “Emergency Darfur” llama, pues, a la guerra imperialista contra Sudán en nombre de un derecho a la injerencia que da una vuelta de 180 grados al único derecho reconocido en la Carta de la ONU: el derecho a la no injerencia.

Hay algo más que los casos de Afganistán, Somalia e Irak ponen de manifiesto cada día: no existe ninguna certeza de que una invasión militar contribuya a garantizar la seguridad de la población civil, sino todo lo contrario. Una invasión militar del oeste de Sudán hubiera acabado en un baño de sangre, sobre todo para los civiles. Además, conduciría inevitablemente al colapso de los programas de asistencia sanitaria, cuya contribución a la supervivencia de la población de Darfur fue esencial.

Las ONG forman parte integrante de las modernas guerras imperialistas de agresión. Las ONG justifican las guerra porque se nutren de ellas, de sus calamidades y sus sufrimientos. El tratamiento que merecen dichas ONG no es diferente del que está reservado a los carniceros imperialistas.

https://books.openedition.org/ifpo/1377

La Guerra de Darfur: es importante mantener a África en el olvido (5)

En contra de lo que afirmaron las ONG, Darfur fue el escenario de la mayor operación de socorro humanitario del mundo entre 2006 y 2007. Desde finales de 2004, más de 13.000 trabajadores humanitarios, incluidos 900 internacionales, se desplegaron en Sudán occidental. Cerca de 80 ONG, 13 agencias de la ONU, el Comité Internacional de la Cruz Roja y unas diez sociedades nacionales de la Cruz Roja trabajaron allá. Con un puente aéreo y una flota de cientos de camiones, el Programa Mundial de Alimentos transportó 30.000 toneladas de alimentos cada mes a unos 100 lugares diferentes. A diferencia de las décadas de 1980 y 1990, cuando la política de tierra quemada del gobierno fue seguida por hambrunas, éstas se evitaron en el oeste de Sudán gracias a un esfuerzo de ayuda sin precedentes en la historia del país.

La falsedad del diagnóstico realizado por “Urgence Darfour” en 2006 y 2007 fue puesta de relieve por varios observadores en la región, lo que desencadenó una reacción violenta de sus acólitos. Así, el canalla Levy escribió demagógicamente en junio de 2007: “Los verduleros del horror nos quieren explicar y ponen una calculadora en lugar del corazón […] Como el ritmo de los asesinatos se ha ralentizado, hay que enfriar el calor de una opinión demasiado tierna […] Creo que es, proporcionalmente, como si se hubiera argumentado en 1944 que, como el ritmo de las deportaciones se había ralentizado en una Polonia y una Alemania que se habían convertido casi en Judenfrei, era urgente calmarse y negociar con Hitler”.

A riesgo de contradecirse, los partidarios de “Emergency Darfur” avanzaron una segunda interpretación del conflicto: las masacres de Darfur no son sólo fueron producto de un proyecto genocida, sino también de una guerra religiosa. “Los musulmanes fundamentalistas intentan imponer la sharia a los moderados”. La guerra se entabla contra el Sudán fundamentalista, islamista y racista, que aplica la shariah desde 1983 y acogió a Bin Laden. Al régimen sudanés también se le califica de “nazi”.

Por el otro lado, las poblaciones musulmanas rebeldes luchan por un Sudán democrático y unificado, basado en la ciudadanía y el laicismo. Levy insiste en que no hay ni guerra ni conflicto en Darfur, sino una población indefensa, destinada a la aniquilación por el color de su piel. El canalla pinta un retrato laudatorio de la facción rebelde que visitó en Darfur: “El más importante, el más popular y, sobre todo, el más respetable de los movimientos rebeldes de Darfur”, dirigidos por un miembro “de la hermosa Internacional del Islam antislamista”.

Darfur, asegura Levy, “es uno de los frentes donde se desarrolla una de las batallas más importantes de nuestro tiempo: entre el Islam de la sharia y la yihad, entre el Islam donde las mujeres que violan las reglas de su sumisión son quemadas vivas y ese Islam iluminado y luminoso, cuya tradición se remonta a la más alta Edad Media y cuyos herederos son ahora los darfuríes”. Hay que defender a los habitantes de Darfur “porque ellos defienden nuestros valores. Debemos ayudarlos en su lucha porque su lucha es nuestra lucha”. Un portavoz de “Darfur Emergency” explicó que “Darfur es la última muralla musulmana frente al ataque islamista de este a oeste […] Los verdugos están en Jartum, su objetivo no se limita a Darfur, donde los hombres luchan por su libertad y nuestro futuro”.

Estas ideas son aún más extrañas que las anteriores. Como reconoce Mohamed Nagi, redactor jefe del sitio web de la oposición sudanesa “Sudan Tribune”, desde que el gobierno sudanés tuvo reivindicaciones islamistas ha pasado mucho tiempo. El ideólogo de la revolución islamista, Hassan Al-Turabi, fue marginado y detenido en 1999 tras un intento fallido de recuperar el control sobre el ejército, que le había ayudado a tomar el poder en 1989 antes de expulsarlo. “El general Al-Bashir está marginando cada vez más al partido islamista en el proceso de toma de decisiones”, admitió Mohamed Nagi. El partido gobernante está tan aburguesado que sueña con levantar las sanciones económicas americanas”. No quieren el islamismo sino el capitalismo.

Los militantes islamistas más recalcitrantes estaban en el bando de la rebelión. La rama militarmente más poderosa de la insurgencia, el Movimiento por la Justicia y la Igualdad, estaba dirigida por antiguos miembros del partido islamista, que creían que la revolución llevaría a la igualdad política, y estaban decepcionados por la deriva comercial del régimen y la persistencia de la discriminación étnica en su interior.

Por último, hay que recordar que la cuestión que está en juego en la guerra no es la imposición de la sharia, que durante mucho tiempo fue uno de los pilares del sistema jurídico sudanés.

https://books.openedition.org/ifpo/1377

La Guerra de Darfur: es importante mantener a África en el olvido (4)

La ONG “Emergence Darfur” y otras fabricaron la imagen de que en Darfur los campamentos de desplazados eran un refugio y que el resto del territorio era un desierto, donde era imposible sobrevivir. La descripción de los campos y de las zonas rurales se basaba en los relatos de los campos de concentración nazis. Levy relata: “Acabo de regresar de Darfur. Y ahora tienes una humanidad que es casi otra humanidad. No hay estado, no hay nación, no hay sociedad, hay cientos de miles de muertos, un estado de desesperación absoluta”. No hay ningún análisis, sino mera literatura. En una charla asegura que “la carne de darfuri que se ha convertido en cenizas y humo”. Los africanos se mueren de hambre, “roídos por la malaria, la mirada atormentada […] de los ya fantasmas que tienen, como todos los espectros, un pie en el otro mundo y el otro en éste, el nuestro […] He visto a estos muertos vivientes […] Estos supervivientes de las masacres, reunidos como manadas esperando la muerte”.

El número de muertos aumentaba cada día: al menos 10.000 civiles masacrados al mes. Las matanzas se intensifican: “Esta guerra, que comenzó hace tres años, está a punto de alcanzar cimas de salvajismo y horror”.

La magnitud de la catástrofe demográfica daba fe de la realidad del genocidio y pone fin al debate sobre la necesidad de intervenir: “Estas cifras son espantosas y reflejan la evidencia de actividades genocidas”, dijo Glucksman, otro intelectual posmoderno, en 2007. No sólo no es necesario explicar y entender sino que cualquier análisis es contraproducente: “Las cifras hablan por sí solas. Siempre podemos ir más allá en complejidad, en la explicación fina […] pero la delicadeza de la explicación no impide las masacres en curso”.

En una entrevista en “Le Monde”, un estudiante de la Universidad de Jartum explicó muy bien esta reconversión de la guerra en genocidio: “Hay varias cosas que nadie discute. Por ejemplo, el hecho de que fueran los ‘jenjaweed’ quienes causaron la muerte y el terror en Darfur. Y también que el gobierno les ayudó y entregó armas. Donde hay opiniones divergentes es sobre el significado que debe darse a la violencia. Algunos creen que el gobierno les está utilizando para eliminar a los africanos de Darfur, para hacer que se vayan; otros creen que es para restaurar el orden y silenciar la rebelión”.

La primera posición se basa en la identidad de los objetivos de la violencia del gobierno y las milicias, que afecta principalmente a las minorías massalit, cuatro y zaghawa, de las que procede la insurgencia. Esta interpretación es apoyada por el imperialismo, la Casa Blanca y el Congreso de Estados Unidos, los humanitarios y ONG como “Darfur Emergency”.

Es indiscutible que las luchas políticas en Sudán tenían un cierto carácter étnico, pero se trata de averiguar si el gobierno de Jartum tenía una intencionalidad genocida. Los académicos e investigadores, como Alex de Waal en Estados Unidos o Roland Marchal en Francia, consideran que se trató de una política contrainsurgente extremadamente brutal por parte del gobierno de Jartum. En un intento de cortar de raíz la insurgencia, armó a milicias tribales, reclutadas de sociedades agropastorales. Al igual que en el Sudán meridional, estas milicias han demostrado ser terriblemente destructivas, al tiempo que son aliados poco fiables que persiguen sobre todo sus propios intereses.

Esta tesis también es la que sostiene la Comisión de Investigación de la ONU sobre los crímenes de Darfur y unas poc as organizaciones humanitarias, como la sección francesa de Médicos sin Fronteras.

En efecto, la guerra no opuso a los árabes con africanos, ni siguen la línea divisoria entre verdugos y víctimas. La gran mayoría de las tribus árabes de Darfur, como los pastores del sur de Darfur, permanecieron neutrales en la guerra. Algunos incluso se unieron a la rebelión o formaron una alianza con ella, principalmente después de la firma del Acuerdo de Paz de Darfur.

Por el contrario, hubo grupos no árabes en el bando gubernamental, ya sea en el ejército o en algunas milicias, como los Gimir o los Tama.

Por último, cada vez hay más conflictos internos entre las tribus árabes nómadas de Darfur. Casi la mitad de las muertes violentas registradas en 2007 y 2008 se debieron a los enfrentamientos entre milicias tribales.

No hubo propaganda racial del gobierno pidiendo el asesinato de los africanos, ni en los medios de comunicación, ni en las instituciones, ni en el ejército, ni en las mezquitas. La ausencia de expresiones genocidas ha llevado a muchos investigadores a examinar las consignas, amenazas e insultos de los milicianos durante los ataques a las aldeas, las violaciones y las ejecuciones, para determinar si revelaban o no una intención genocida. Los atacantes utilizan con frecuencia epítetos racistas, como “zurgas”, que puede significar tanto esclavo como derrotado, “nubas”, que tanto puede significar “negro” como “nubio” del valle del Bajo Nilo o de las montañas Nuba. A menudo también lanzaron invectivas sin connotaciones racistas o étnicas, refiriéndose a las cuestiones políticas del conflicto: “Toma tus vacas, vete y deja el pueblo”, “Tú eres la madre de los que matan a nuestro pueblo”, “No cortes la hierba porque se la comen los camellos”, “Tú, hijo de Torabora, te mataremos”, “No es tu tierra” o “Tú no eres de aquí”.

Paradógicamente, los refugiados se escondieron al abrigo de los cuarteles del gobierno y es difícil imaginar a los antifascistas de la Europa ocupada por los nazis, refugiarse en los campamentos de la Wehrmacht. Muchos dirigentes del gobierno, de la administración y del ejército, son originarios de Darfur. “En general, no se comete un genocidio con los miembros de la familia”, comenta al respecto Roland Marchal.

La valoración de la gravedad de la situación por parte de “Darfur Emergency” fue falsa. La cifra que presentó con al menos 400.000 muertos que se utilizó en el verano de 2007 en las campañas de carteles de “Save Darfur” en Gran Bretaña, fue condenada por la autoridad reguladora de la publicidad británica por ser información engañosa.

Sin embargo, la cuestión no es tanto si el número de muertes está más cerca de 200.000 que de 400.000, sino si los habitantes de Darfur siguieron muriendo a razón de 10.000 personas al mes entre 2006 y 2007. Si así fuera, la intervención internacional en curso no sería más que una falsa pretensión destinada a enmascarar una política de exterminio. 

La cifra de 10.000 muertes al mes se remonta en realidad a agosto de 2004. El jefe del Servicio de Urgencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS), David Nabarro, propuso la cifra sobre la base de una extrapolación de estudios retrospectivos de mortalidad que abarcan el período comprendido entre junio y agosto de 2004 en los campamentos internos de refugiados. Cualquiera que sea la validez de esta estimación, refleja la situación en el segundo semestre de 2004, período en el que continuaban las masacres y en el que el despliegue de la ayuda humanitaria aún era limitado.

En 2006 y 2007 la situación había cambiado radicalmente. Aunque persisten enfrentamientos localizados, el gobierno ya no ejecutaba una estrategia de tierra quemada, ni asesinatos a gran escala. La periferia de los campos de refugiados seguía siendo peligrosa, pero los más importantes de ellos se habían convertido en bastiones firmemente controlados por los insurgentes. En 2006 el Departamento de Seguridad de la ONU informó de que se producían entre 200 y 400 muertes violentas al mes en Darfur, y menos de 250 en 2007, incluida una gran proporción de combatientes y milicianos.

La mortalidad asociada con el hambre y las enfermedades era en Darfur inferior al promedio de Sudán en 2006-2007 y significativamente inferior a la del Sudán meridional. Según encuestas realizadas por organismos de la ONU y el gobierno sudanés, las tasas brutas de mortalidad infantil estaban muy por debajo de los umbrales de emergencia y disminuyeron casi constantemente desde 2004. Aunque estas cifras deben interpretarse con cautela, son coherentes con los datos y las observaciones sobre el terreno de las organizaciones de asistencia.


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La Guerra de Darfur: es importante mantener a África en el olvido (3)

En 2006 “Save Darfur” extiende su campaña a Europa y para ello contrata los servicios de la empresa estadounidense de comunicaciones Weber Shandwick. En Francia, apoya al colectivo “Urgence Darfour” formado en febrero del año anterior por seis grupos (entre ellos SOS Racismo) que aún estaban en fase embrionaria. Entonces  se multiplican las movilizaciones mediáticos (concentraciones, manifestaciones, peticiones, cartas abiertas, campañas de carteles) que ponen en marcha a más de un centenar de grupos y a cerca de 250 personalidades de los medios de comunicación, especialmente a los amantes del postureo.

En julio de 2006 “Urgence Darfour” organiza su primer gran encuentro en el Teatro de la Magdalena de París, al que asistieron numerosos personajes del mundillo político, intelectual, artístico y deportivo. En noviembre el colectivo compra varias páginas de publicidad en los más importantes periódicos franceses para pedír a los candidatos a las elecciones presidenciales del año siguiente que se comprometan a enviar personal de mantenimiento de la paz a Darfur para impedir “el primer genocidio del siglo XXI”.

En colaboración con sus homólogos europeos y americanos, el colectivo organiza movilizaciones, como una jornada de solidaridad con las mujeres violadas en Darfur apoyada por 100 mujeres del famoseo político y artístico.

En marzo “Save Darfur” financia el viaje a Darfur del canalla Bernard-Henri Levy, un viejo dinosaurio del Mayo del 68 parisino reconvertido en un acérrimo defensor de todas y cada una de las guerras imperialistas y sionistas de las últimas décadas. Levy acude a las zonas controladas por el Ejército de Liberación del Sudán (SLA), una de las facciones insurgentes, cuyo dirigente vive en París. Gracias a sus influyentescontactos, Levy publica dos largos artículos en el periódico “Le Monde” y “Libération” y dedica varias páginas de su cuaderno semanal en “Le Point” al mismo tema.

El punto culminante se produce el 20 de marzo de 2007 con una importante reunión en la Maison de la Mutualité de París, a la que asisten numerosos personajes, entre ellos los cinco principales candidatos en la elecciones presidenciales, que firman al unísono un solemne compromiso con Darfur, en el que prometen, entre otras cosas, enviar una fuerza de la ONU a Darfur con o sin el acuerdo del gobierno de Sudán si resultan elegidos. Internet, la prensa escrita, la radio y la televisión cubren ampliamente el evento.

La campaña de intoxicación llega, pues, en Francia tres años después del auge de las hostilidades en el oeste de Sudán y dos años después del fin de la campaña de tierra quemada y las masacres de 2003-2004.

Cuando en 2007 el colectivo organiza en París su mayor concentración, en Darfur la guerra es mucho menos mortífera y más compleja. En ese momento la lucha entre los insurgentes y el gobierno central está estrechamente ligada a otras tres guerras. Una enfrenta a los gobiernos de Chad y Sudán entre sí por la interposición de la fuerza aérea y la rebelión, el otro por las facciones insurgentes resultantes de la fragmentación de la oposición, y el tercero, por las diversas milicias paramilitares reclutadas de entre las tribus nómadas. Los mediadores internacionales tratan desesperadamente de reunir a los movimientos rebeldes que no han firmado el acuerdo de paz. Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos quieren que el Consejo de Seguridad de la ONU apruebe una resolución para sustituir las tropas de la Unión Africana por Cascos Azules. A pesar del aumento del bandidaje y de los obstáculos a la entrega de la ayuda humanitaria, la situación alimentaria y sanitaria sigue siendo estable en la mayor parte de Darfur.

La situación sobre el terreno choca con la campaña de intoxicación en occidente. Es una imagen muy parecida a la que se ha reproducido luego con la Guerra de Siria: los islamistas radicales (gobierno) exterminan a los moderados (insurgentes). “Darfur Emergency” habla de un supuesto genocidio perpetrado por un régimen árabe e islamista contra las poblaciones negro-africanas que practican un islam moderado. En 2004 el ministro francés de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, aseguró que “las milicias árabes persiguen a las poblaciones negras, los musulmanes fundamentalistas intentan imponer la shariah a los moderados”.

Otro mantra también los hemos oído muchas veces en la boca de las ONG y los “humanitarios” hipócritas: el primer genocidio del siglo XXI se está produciendo en medio de una indiferencia generalizada, cuando bastaría con romper el silencio para detenerlo…

Para “Darfur Emergency” la guerra en Sudán no es una guerra civil entre beligerantes con intereses políticos antagónicos, sino un intento de exterminar a una población indefensa por parte de un Estado que practica la limpieza étnica.

El canalla Levy se pone los altavoces mediáticos en la boca cuando la situación de Darfur se describe en términos de guerra o lucha entre dos o más partes: “¡No hableis de ‘conflicto’! Cuando un gobierno ataca a su propia población, cuando, en algunas regiones la liquida y cuando esa población es tan indigente como los civiles masacrados en Darfur, ¡ya no estamos en presencia de un conflicto, una guerra o algo similar!” En Darfur, asegura Levy, “no hay facciones rivales en lucha. Menos aún hay fuerzas ‘darfuri’ que se oponen al ejército regular sudanés, y que éste trata de someter”; lo que hay es “una masacre decidida fríamente por un Estado”.

El genocidio tendría como objetivo a las poblaciones “africanas” de Darfur (como si las demás no lo fueran). Es perpetrado por milicias “árabes” y por un “régimen” que actúa por odio racial hacia los “africanos negros”. Levy insiste en “el carácter racista, puramente racista de un conflicto […] cuya única fuente es el odio, por parte de los árabes blancos del norte, de una población cuyo crimen es demasiado negro”.

Como se ve, la religión y la raza siempre ayudan a que los canallas enmascaren el carácter político de cualquier guerra. Para ello basta poner en primer plano las masacres, el hambre y las epidemias que acompañan a cualquier guerra. Según “Darfur Emergency”, desde 2003, 400.000 personas habían sido masacradas por el ejército y las milicias Jenjaweed. Las mujeres habían sido violadas y luego cortadas en pedazos. Los niños son arrojados a pozos, dice Kouchner. Los campos de desplazados se convierten en prisiones al aire libre, acosados por las milicias progubernamentales. La ayuda humanitaria de la que dependen millones de personas, también es saqueada, secuestrada y atacada por las milicias Jenjaweed. Como consecuencia de ello, los supervivientes de las masacres mueren lentamente, por desgaste.

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La Guerra de Darfur: es importante mantener a África en el olvido (2)

La Guerra de Darfur apareció en los medios de propaganda del imperialismo en marzo de 2004, un año después de la intensificación de las hostilidades. Los que rompen el silencio son los diplomáticos de la ONU. En una entrevista con la prensa internacional en Nairobi el 19 de marzo de 2004, el Coordinador Humanitario de la ONU para Sudán, Mukesh Kapila, comparó la crisis de Darfur con la de Ruanda en 1994, sugiriendo que el genocidio estaba en marcha.

La prensa internacional difunde ampliamente sus palabras. El 7 de abril de 2004, aniversario del estallido del genocidio de Ruanda, Kofi Annan insta al mundo a no repetir los errores y pidió al gobierno sudanés que permitiera el libre acceso a Darfur a los trabajadores humanitarios y a los investigadores de derechos humanos, bajo la amenaza de una acción militar internacional.

El New York Times sube el volumen del altavoz. Las declaraciones de los representantes de la ONU van acompañadas de una enorme ola de movilización en Estados Unidos, incluidos senadores, congresistas y “humanitarios” que desde la década de 1980 hacen campaña a favor de la causa de Sudán del sur.

En julio de 2004 el Congreso de Estados Unidos aprueba por unanimidad una resolución calificando de “genocidio” la Guerra de Darfur, lo que el Secretario de Estado Colin Powell (el de las armas de destrucción masiva en Irak) aprobó en septiembre de 2004 y Bush en junio de 2005.

Desde la firma de la Convención sobre el Genocidio de 1948 es la primera vez que el gobierno y el Congreso de Estados Unidos declaran que se está produciendo un genocidio, el primero del siglo XXI; en vivo y en directo. Otros prefieren hablar de “limpieza étnica”, que es casi igual.

Era la palabra del mismísimo dios y, a partir de entonces, el “genocidio de Darfur” desata la intoxicación mediática en Estados Unidos. Es la consigna. Hay que “hacer algo”. Está de moda la expresión R2P: tenemos la obligación de proteger, incluso aunque sean africanos. Si llegaran en patera cruzando el Estrecho de Gibraltar no importaría nada; pero se trata de Sudán y ahi los africanos sí nos importan; y mucho.

La palabra mágica “genocidio” moviliza a los judíos, los armenios, los ruandeses y, de rebote, a los negros, a los “humanitarios”, a los estudiantes, intelectuales, actores y gente de la farándula. La mejor manera de proteger a los africanos es una intervención militar estadounidense (o de una “coalición internacional”, como en Siria) para proteger a la población civil indefensa.

Las iniciativas, inicialmente dispersas, se coordinan en colectivos más amplios, uno de los cuales es la Coalición “Save Darfur”, fundada en julio de 2004 por el Servicio Mundial Judío Americano y el Museo del Holocausto de Washington, que, por primera vez en su historia, emitió una alerta sobre la existencia de un genocidio.

En tres años la coalición crece exponencialmente. En 2007 reune a 181 asociaciones del más diverso tipo con un total de 135 millones de miembros, es decir, uno de cada dos estadounidenses. En 2007 administra un presupuesto de al menos 15 millones de dólares, dedicado íntegramente a la propaganda y a “exigir” a Bush que detenga el genocidio.

A partir de ese momento el mundo entero empezó a bailar al son de la música que llegaba de Washington.

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