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La aplicación informática de una empresa israelí se utilizó para espiar a través de WhatsApp

Una aplicación informática de la empresa israelí NSO Group se utilizó para espiar a través de WhatsApp a funcionarios de al menos 20 países.

Los funcionarios del gobierno de varios aliados de Estados Unidos han sido blanco de software pirata que utiliza los mensajes de WhatsApp para espiar los teléfonos de los usuarios.

El martes WhatsApp presentó una demanda contra el grupo israelí NSO, el desarrollador de estas herramientas de piratería informática. El correo electrónico propiedad de Facebook afirma que el grupo NSO construyó y vendió una plataforma pirata que explota una vulnerabilidad en los servidores propiedad de WhatsApp para ayudar a sus clientes a vigilar los teléfonos móviles de al menos 1.400 usuarios entre el 29 de abril y el 10 de mayo de este año.

La aplicación del Grupo NSO proporcionó acceso a la información almacenada en los ordenadores portátiles de los funcionarios públicos y del personal militar.

Algunos objetivos espiados se encontraban en Estados Unidos, Emiratos Árabes Unidos, Bahrein, México, Pakistán e India.

WhatsApp también acusa a NSO Group de vigilar a 100 defensores de derechos humanos, periodistas y otros miembros de la sociedad civil de todo el mundo.

NSO es una empresa con sede en Herzliya, al norte de Tel Aviv, el Silicon Valley de Israel. En mayo admitió que su tecnología fue comercializada mediante licencias a los gobiernos con el único propósito de luchar contra la delincuencia y el terrorismo.

Los piratas explotaron una brecha de seguridad insertando aplicaciones en los teléfonos, simplemente llamando a los usuarios de la aplicación, utilizada por 1.500 millones de personas en todo el mundo.

Pudieron activar el micrófono y la cámara en dispositivos Apple o Android para escuchar o ver el entorno de los propietarios, sin que se dieran cuenta.

https://www.reuters.com/article/us-facebook-cyber-whatsapp-nsogroup-idUSKBN1X82BE

Manifestaciones y disturbios

Juan Manuel Olarieta

Recién nombrado intendente de la región metropolitana de Santiago de Chile, Felipe Guevara ha dicho al asumir su cargo que “las manifestaciones bienvenidas sean, lo que no puede confundirse con disturbios”.

Es muy frecuente confundir las manifestaciones, que son un derecho, con los disturbios, que son un delito. La causa es evidente y muy típica, tanto en Chile como en España: la reconversión de los derechos en delitos.

El mejor ejemplo de ello es el propio Guevara, al que ponen a la cabeza del mantenimiento del orden público en la capital chilena precisamente porque es un fascista.

Uno de los rasgos típicos del fascismo es ese: se habla de los derechos como si se tratara de delitos. De esa manera no es que el Estado vulnere los derechos de las personas; lo que pretende es impedir que se cometa un delito, que siempre es algo reconfortante para las cadenas de intoxicación.

Las manifestaciones son bastante más que un derecho fundamental. No sólo son legales sino que son legítimas porque expresan el descontento de la población y todos los estados de ánimo que lo acompañan: indignación, odio, rencor…

Una manifestación se diferencia de la Cabalgata de los Reyes Magos, o de una procesión de Semana Santa, o del Día del Orgullo Gay, o de una marcha cicloturista porque los asistentes acuden enfadados. Por eso gritan. Los servicios de orden deberían servir para impedir la entrada a una manifestación de quienes no estuvieran cabreados y jodidos. Los que quieran salir a la calle a divertirse y hacer el payaso deberían llamar de otra manera a sus convocatorias.

En un país democrático no tiene ningún sentido que la policía acuda a las manifestaciones, y mucho menos infiltrados, aparentando que también se manifiestan.

En un país democrático no tiene ningún sentido que los antidisturbios vayan a las manifestaciones armados hasta los dientes, con porras, con cascos, con escudos, con rifles, con gases, con bolas de caucho… Si los manifestantes ejercen un derecho, ¿a qué van de esa guisa?, ¿para qué envían helicópteros como si acudieran a una guerra?

En un país democrático la policía no puede presentarse en el lugar de la convocatoria de una manifestación de antemano, exigir a todo el mundo que se identifique, tomar sus datos personales, sacar fotos o grabar vídeos.

Las manifestaciones siempre son pacíficas. Cuando se producen escenas de violencia, como es frecuente, la causa es siempre la misma: la policía carga contra quienes ejercen un derecho para impedir que lo ejerciten.

No se puede confundir a las víctimas con los victimarios. En las manifestaciones es siempre la policía la que persigue a los manifestantes, y no al revés. Por eso en España los viejos se regodean de los tiempos en que corrían delante de los grises.

En esas carreras es la policía la que lleva las porras y los manifestantes huyen del terror policial, de los golpes, de los disparos, de las agresiones y de las detenciones.

Vivimos bajo el terror policial como los peces viven sumergidos en el agua. Digerimos el lenguaje de la dominación que emplean intendentes como el chileno Felipe Guevara. Nos consideramos a nosotros mismos como culpables por ejercer un derecho. Nosotros somos los alborotadores, los violentos y los radicales.

Estamos a punto de perder la guerra porque tragamos con todo. Ya no nos quedan reservas. Nos hemos acostumbrado al terrorismo de Estado como lo más normal del mundo. Si acudimos a una manifestación y no nos pegan, volvemos a casa con una sensación de vacío, como si nos faltara algo…

Las claves de la crisis política en Bolivia que ha puesto a Evo Morales contra las cuerdas

Pablo Stefanoni

Las elecciones presidenciales del 20 de octubre sumieron a Bolivia en una crisis política. Ese día, el presidente Evo Morales buscó un cuarto mandato en la contienda más abierta desde su llegada al Palacio Quemado en enero de 2006, con 54 por ciento de los votos. Desde entonces, el “primer presidente indígena” triunfó, elección tras elección, con más de 60 por ciento de los votos y enormes distancias respecto de sus contrincantes, y conectó como ninguno de sus antecesores con la Bolivia indígena y popular. Pero en esta ocasión la coyuntura era diferente: por primera vez, existía la posibilidad cierta de una segunda vuelta. Para evitarla, Morales debía obtener más de 50 por ciento de los votos o 40 por ciento con diez puntos de diferencia sobre el segundo.

La noche del 20 de octubre concluyó con el balotaje (1) como un resultado probable: la Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) fue cortada cuando el conteo alcanzaba el 83 por ciento de las actas y la diferencia era de siete puntos. La encuesta en boca de urna de la empresa Viaciencia –la única autorizada– dio resultados similares. Al día siguiente, cuando se completó la TREP, ya se anunciaba un ajustado triunfo en primera vuelta para Morales. Estos guarismos fueron confirmados días después por el conteo oficial, que culminó con Morales obteniendo 47,08 por ciento y Carlos Mesa, 36,51 por ciento; es decir, una diferencia de 10,54 puntos porcentuales, 0,57 por encima de la necesaria para ganar en primera vuelta.

¿Qué pasó entonces? Por un lado, la oposición venía preparada para denunciar fraude en cualquier escenario que no fuera de balotaje. Pero la suspensión de la TREP y el significativo aumento del porcentaje de Morales, junto con el margen exiguo para lograr la fórmula del “40 más 10”, contribuyeron a que, en un clima de fuerte polarización, la mitad de Bolivia quedara convencida de que hubo una alteración de los resultados, más allá de la posibilidad de confirmarlo revisando acta por acta (están en internet), y de que el presidente buscaba quedarse en el poder a como diera lugar.

Que un conteo rápido como la TREP no llegue al 100 por ciento no es necesariamente motivo de alarma. Pero, como mostró el periodista Fernando Molina, en este caso el Tribunal Supremo Electoral (TSE) y el gobierno dieron al menos cuatro explicaciones diferentes para justificar la suspensión del conteo: que no querían que se superpusiera el conteo rápido con el oficial –que ya comenzaba a esa hora–; que hubo una alerta de ataque cibernético y se paró por seguridad; que siempre se para en alrededor de 80 por ciento; que no se incluyó el 17 por ciento de las actas porque esas regiones alejadas que supuestamente faltaban no tienen internet para poder enviar las fotos correspondientes.

Para peor, el vicepresidente del TSE, Antonio Costas, renunció indicando que no fue consultado ni informado sobre la orden de cortar la TREP y señaló que “no fue una buena decisión”. Su renuncia fue enigmática: dijo que lo hacía por una cuestión de principios pero que no había habido una alteración de los resultados. Al mismo tiempo, el gobierno acusaba a la oposición “racista” de querer invisibilizar el voto rural que, supuestamente, explicaba el salto del candidato del Movimiento al Socialismo (MAS) en el último tramo del conteo.

Más allá de la discusión “fina” sobre el escrutinio –el gobierno propuso una auditoría de la Organización de Estados Americanos (OEA)–, hay tres problemas de fondo detrás de una crisis que está provocando una profunda grieta entre la Bolivia rural y la urbana, incluso con enfrentamientos físicos.

Evo Morales llegó a esta elección con su legitimidad erosionada por la derrota en el referéndum del 21 de febrero de 2016 (21F), cuando su propuesta de cambio constitucional para habilitar la reelección indefinida fue derrotada por escaso margen. Tras ese traspié, el oficialismo se dedicó durante meses a evaluar “otras vías” para la reelección y lo consiguió a través de un fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional. Por eso ahora la denuncia de fraude –que debe ser probada– se confunde con la denuncia sobre la “ilegitimidad” de Morales para postularse, lo que construye un enredo de difícil salida. Para “borrar” lo más posible los resultados del referéndum, el presidente boliviano necesitaba un triunfo contundente. Pero si bien obtuvo ventaja sobre Mesa, apenas pasó la barrera mágica de los diez puntos de diferencia para evitar un balotaje (1) en el que podría perder. Es decir, este resultado no solo no logró hacer olvidar el del 21F, sino que lo trajo explosivamente al presente.

El MAS no logra incorporar en su imaginario la posibilidad de salida del poder como un acontecimiento no catastrófico. Evo Morales nunca abandonó fácilmente los cargos que ocupó: fue el único diputado del MAS que internamente tenía la posibilidad de reelección indefinida y tras ganar la Presidencia se mantuvo como máximo ejecutivo de la Federación Especial de Trabajadores Campesinos del Trópico de Cochabamba (organización matriz de los cultivadores de coca). En ese sentido, pese al discurso oficialista, Morales nunca fue “un campesino más”. Y más recientemente, su imagen fue construida incluso como la de un líder excepcional (“Hay un solo Fidel, un solo Gandhi, un solo Mandela y un solo Evo”, dijo en una oportunidad el ahora ex-canciller David Choquehuanca). Esto, sumado a una idea clásica de revolución, aunque construida en un marco democrático, dificulta la idea básica de alternancia democrática, con el MAS como eje potencial de una oposición, que en caso de derrota luche contra cualquier intento de debilitar las conquistas sociales, materiales y simbólicas indudables de estos 14 años de “Revolución Democrática y Cultural”. La democracia seguiría así la metáfora del tranvía, en el que alguien se sube, llega a su destino (el Estado) y luego se baja.

Dentro de una oposición que en líneas generales es democrática (el propio Mesa es un centrista moderado) y hoy más numerosa que en el pasado, aparecen grupos radicales con discursos revanchistas, racistas y violentos. La aparición de cuestionadas figuras del pasado, como el ex-ministro Carlos Sánchez Berzaín (2), prófugo en Estados Unidos por su responsabilidad en la masacre de civiles durante la Guerra del Gas, no ayuda a la oposición y refuerza el discurso oficialista contra la “vuelta al pasado”. La decisión del flamante Comité de Defensa de la Democracia (Conade), que agrupa a las principales fuerzas opositoras, de rechazar la auditoría internacional y luchar por la anulación de las elecciones puede contribuir, también, a radicalizar la situación, posiblemente con escasas posibilidades de victoria opositora. (Extrañamente, Bolivia es el único país de la región en el cual el secretario general de la OEA, Luis Almagro, es visto por muchos como un “populista”, casi chavista, por haber avalado la postulación de Morales).

En este marco, Bolivia puede avanzar hacia una versión soft de lo ocurrido en Venezuela: una situación en la que el gobierno se impone, pero con fuertes déficits de legitimidad, en el marco de un desconocimiento mutuo entre oficialismo y oposición y con una radicalización de esta última. No obstante, como escribió Fernando Molina, es cierto que el nivel de violencia en Bolivia es mucho menor, no hay crisis económica (por el contrario, la macroeconomía es uno de los puntos fuertes de Morales) y la clase política es más pragmática y menos ideológica que la venezolana.

No obstante, existe el riesgo de una mayor polarización y enfrentamientos callejeros entre oficialistas y opositores, así como un excesivo uso estatal de los movimientos sociales como fuerza de choque contra quienes protestan; de hecho ya hubo varios heridos. Morales respondió usando la misma expresión que Lenín Moreno o Sebastián Piñera –golpe, desestabilización–, llamó “delincuente” a Mesa, acusó a los jóvenes de protestar por plata o por “notas” (un supuesto y no comprobado beneficio de los estudiantes universitarios por ir a las marchas) y llevó su discurso al terreno de la dicotomía “Patria o muerte”. Todo esto ocurre tras una campaña electoral estadocéntrica, en la que los movimientos sociales, sin la épica de antaño, se limitaron a seguir las iniciativas trazadas desde el aparato estatal, con sus inercias y formas tradicionales de conservación del poder. La oposición, por su parte, rechaza la auditoría y llama a “radicalizar” los bloqueos y paros en las ciudades para “asfixiar al Estado” (de hecho, ya fueron quemadas algunas sedes locales del tribunal electoral).

Es significativo que referentes como el argentino Juan Grabois argumenten que hay que desechar cualquier observación sobre la elección en nombre de la “estabilidad de Sudamérica” (curiosa figura en la pluma de un líder social). Esta es la otra cara de la moneda de quienes comenzaron a denunciar fraude antes de que se comenzaran a contar los votos. Lo cierto es que Morales tuvo durante sus 14 años de gobierno elevadísimos niveles de legitimidad (hasta el punto de ganar en 2014 en la región de Santa Cruz) y que su erosión se debe, en gran medida, a la decisión de no respetar los resultados de un referéndum.

Esta es, sin duda, una mala noticia, en un contexto en el que la crisis del “oasis” chileno (con su combinación desigualitaria de colonización mercantil de todos las dimensiones de la vida social y jerarquías de vieja data) y el triunfo del Frente de Todos en Argentina parecen estar dándoles una nueva oportunidad a los progresismos latinoamericanos.

https://nuso.org/articulo/Bolivia-Evo-Morales-Carlos-Mesa-elecciones/

(1) Se denomina “balotaje” a una segunda vuelta de unas elecciones
(2) Carlos Sánchez Berzaín fue ministro de Defensa durante la presidencia de Gonzalo Sánchez de Lozada, que ocupó el cargo de 1993 a 1997. Tuvo que dimitir tras su segundo mandato (2002-2003) a causa de la matanza cometida durante la “guerra del gas” de 2003 y huyó a Estados Unidos.

Bashar Al-Assad no quiere convertir a Turquía en un enemigo de Siria

Ayer en una entrevista a la televisión siria, Bashar Al-Assad aseguró que no quería convertir a la vecina Turquía en un enemigo, a pesar del despliegue militar turco en el norte del país, que ha provocado un enfrentamiento entre ambos ejércitos.

«Debemos asegurarnos de no convertir a Turquía en un enemigo», dijo Assad en la entrevista. «Aquí es donde entra en juego el papel de los [países] amigos», dijo en referencia a Rusia e Irán.

Sin embargo, desde hace dos días se están produciendo combates muy violentos entre soldados sirios y turcos en Tell Al-Ward, cerca de la ciudad de Hassakah, en el norte de Siria.

En la entrevista el presidente sirio calificó a su homólogo turco Erdogan como «enemigo» por su política hostil contra el gobierno de Damasco.

A lo largo de la Guerra de Siria, con más de 370.000 muertos desde su estallido en 2011, Turquía ha apoyado a los grupos yihadistas contra el gobierno de Damasco. El ejército turco y las milicias asociadas a él también han llevado a cabo operaciones militares al otro lado de la frontera.

La ofensiva lanzada el 9 de octubre permitió que Turquía capturara una franja fronteriza de 120 kilómetros a expensas de la principal milicia kurda de las Unidades de Protección del Pueblo (YPG).

La operación se suspendió en virtud de dos acuerdos separados con el gobierno turco.

Ankara quiere crear una zona de seguridad de unos 30 kilómetros de profundidad en territorio sirio, con el fin de evitar los movimientos kurdos a través de la frontera.

El objetivo es también repatriar a algunos de los 3,6 millones de refugiados sirios acogidos por Turquía desde 2011.

La ofensiva de Ankara dio a Damasco la oportunidad de desplegarse, por primera vez desde 2012, en varias zonas del norte de Siria como resultado de la petición de ayuda de los kurdos, que fueron abandonados por Washington a su suerte. El 7 de octubre Trump ordenó la retirada de sus tropas, lo que fue percibido como una traición por los kurdos.

«La entrada del ejército sirio [en el norte] significa la entrada del Estado», dijo Assad en la entrevista, añadiendo que la recuperación de la soberanía nacional en estas áreas y el desarme de las milicias kurdas será gradual.

En cuanto al acuerdo entre Ankara y Moscú, que prevé patrullas conjuntas turco-rusas a lo largo de la frontera, el Presidente sirio lo calificó de temporal. «Debemos distinguir entre objetivos estratégicos […] y enfoques tácticos», añadió.

Assad también se refirió a la situación en la región de Idleb, en el noroeste del país, que fue objeto de un acuerdo entre Rusia y Turquía en septiembre de 2018, que sigue siendo letra muerta. «Los turcos no han respetado ese acuerdo, pero gradualmente liberaremos Idlib […] mediante operaciones militares», dijo. 

La región de Idleb es el último gran bastión yihadista en Siria.

Monigotes de usar y tirar: tras los kurdos les llega el turno a los ucranianos

Pável Klimkin
Alexandr Zapolskis

La historia reciente de los kurdos sirios ha demostrado que Estados Unidos puede traicionar absolutamente a cualquiera, independientemente de sus relaciones personales o de sus promesas y garantías oficiales. Nada personal, ya sabes, estrictamente profesional…

Por ejemplo, ¿qué tienen en común los ucranianos y los kurdos sirios? A primera vista, su gente, su geografía y su historia son completamente diferentes. Pero qué decir de los tweets de pánico del ex ministro de Asuntos Exteriores ucraniano Pável Klimkin, en los que se pregunta con profunda preocupación si Estados Unidos puede traicionar a Ucrania de la misma manera que ha traicionado a su principal aliado en Siria. ¿Qué queda de la eterna amistad sin límite que prometieron?

Es fácil entender el dilema de Klimkin. La apuesta de Ucrania por el apoyo estadounidense es ahora la última y única piedra angular del fallido Estado ucraniano. No hace mucho tiempo, el bloque occidental, que antes era monolítico, se derrumbó de forma flagrante, obvia y brutal. Washington y Bruselas están inmersos en una guerra de sanciones y la UE considera ahora que la perspectiva de seguir apoyando el proyecto estadounidense en Ucrania es cara. Europa ya ha tomado todo lo que podía desear de los desafortunados ucranianos.

Gracias a los esfuerzos de los bancos europeos, americanos e internacionales, del Fondo Monetario Internacional y del Banco Mundial en particular, los ucranianos se han visto reducidos a una servidumbre contractual permanente. Con un PIB nominal de sólo 124.000 millones de dólares para 40 millones de personas y un enorme déficit presupuestario, la deuda externa del gobierno ucraniano alcanzó los 74.320 millones de dólares en noviembre de 2018, de los cuales 13.000 millones se deben a acreedores internacionales, 21.190 millones a otros propietarios de la deuda ucraniana y 7.290 millones a entidades nominalmente privadas (como la empresa ferroviaria ucraniana), pero con garantías gubernamentales.

La lista de acreedores de Ucrania es larga y variada. Incluye tanto a las instituciones financieras internacionales como a los gobiernos extranjeros. El país debe 500 millones de dólares a Japón, 300 millones a Canadá, 260 millones a Alemania, 610 millones a Rusia, pero sólo 10 millones a su antiguo mejor amigo, Estados Unidos. En otras palabras, incluso si Ucrania se convierte en una ruina total y desaparece del mapa político, Estados Unidos sufrirán pérdidas que, en comparación con los 60.000 millones de dólares vomitados cada mes por las imprentas de la Reserva Federal, no serán perceptibles.

Si la interpretación americana de la palabra “amistad” parece exótica, también lo es la de los ucranianos. Ante la facilidad con la que Trump abandonó a los kurdos sirios a la invasión de tanques turcos, los funcionarios ucranianos de repente empezaron a enfatizar la inviolabilidad de la vieja amistad, habiendo olvidado convenientemente que hace sólo tres años estaban tratando activamente de socavar la posición de Trump al conspirar con sus enemigos. Mientras tanto, la historia de la interferencia política ucraniana en el proceso democrático de Estados Unidos es cada día más cómica y grotesca. Comenzó como un intento de derrocar a Trump acusándolo de ser un usurpador, instalado por la interferencia secreta de los servicios especiales rusos. Pero mientras seguía la búsqueda de pruebas para lanzarlas contra Trump, sus enemigos lograron volcar un armario lleno de esqueletos muy embarazosos.

Todos los esfuerzos por desenterrar las pruebas de la injerencia rusa han fracasado, pero resulta que la injerencia ucraniana sí se produjo. Esto se sabe desde 2017, aunque los medios de comunicación estadounidenses, que son abiertamente parciales contra Trump, han logrado mantener este hecho fuera de la vista pública, destacando la naturaleza no probada de las acusaciones, presentándolas como parte de las interminables batallas burocráticas partidistas en Estados Unidos y mediante otras formas de información engañosa.

Realmente querían encontrar el papel de los rusos en todo aquello e hicieron todo lo posible por ignorar los hechos que no iban en esa dirección. Y todo podría haberse mantenido en secreto, excepto la propensión de los ucranianos a caminar sobre el mismo surco una y otra vez. Durante una aparición en la radio, el ex fiscal general ucraniano Yuri Lutsenko declaró directamente que su país no sólo había interferido en las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016 de la forma más directa posible, sino que uno de los principales participantes en el proceso no era otro que el actual director de la Oficina Nacional Anticorrupción de Ucrania: Artem Sytnik.

Artem Sytnik
Sytnik

Sytnik no violó ninguna ley ucraniana, así que ¿cuál es el problema? Acaba de entregar copias de los documentos financieros de la participación del Partido ucraniano de las Regiones en la campaña de Hillary Clinton. No tenía intención de involucrarse. Simplemente quería cortar la financiación estadounidense para sus enemigos políticos internos, el Partido de las Regiones. Y sus partidarios políticos estadounidenses resultaron ser en su mayoría partidarios de Trump. Y el enemigo de mi enemigo es… ¡oops!

Fue muy listo. El esquema le permitió a Hillary acusar a Trump de colusión con Moscú. Veamos: el Partido de las Regiones es considerado pro-Kremlin, y si los partidarios de Trump lo apoyaban, entonces también apoyaban al Kremlin, mientras que Trump ¿qué recibía a cambio? Puede ser dinero, información secreta, operaciones para influir en la opinión pública y tales acusaciones podrían ser utilizadas para declarar inválidos los resultados de las elecciones.

Los demócratas se metieron con hambre en el paquete de documentos. Habría investigaciones. Los fondos americanos para el Partido de las Regiones se agotarían. Matarían dos pájaros de un tiro: noquearían al Partido de las Regiones (que no tenía suficientes fuentes propias de financiación) y haría que los demócratas (cuya victoria estaba cantada) se sintieran muy agradecidos. A cambio, esa gratitud se traduciría en una afluencia de fondos estadounidenses en apoyo de la “democracia ucraniana”, es decir, en los bolsillos de funcionarios ucranianos corruptos. ¡Todos tenían que ganar!

Más allá del deseo de llenar sus bolsillos con dinero estadounidense, los funcionarios ucranianos también tenían ciertas ambiciones megalómanas. La guerra contra Rusia fue uno de los principales leitmotivs de la campaña presidencial de Hillary Clinton. En eso coincidió totalmente con las tendencias fratricidas de los nacionalistas ucranianos, lo que les llevó a soñar que los estadounidenses les proporcionarían armas, dinero y quizás incluso aparecerían en persona para luchar contra los rusos. Y luego los ucranianos irían a la Plaza Roja subidos en un tanque Abrams. Entonces podrían deshuesar los territorios rusos ocupados. Sus amos de allende los mares reclamarían lo mejor para sí mismos, pero los ucranianos podían esperar algunas migajas de la mesa de los amos.

Si piensas que esta forma de pensar es totalmente ilusoria, tienes razón. El pensamiento de los ucranianos es delirante y divertidísimo. Los ucranianos todavía no pueden entender por qué un proyecto tan prometedor ha fracasado. Si pudieran, se callarían. Pero simplemente no pueden asimilar que, aunque Rusia y Estados Unidos puedan tener intereses divergentes, Estados Unidos bajo Trump no es en absoluto lo que hubiera sido bajo Hillary Clinton.

La América de Trump fue capaz de reconocer que los esfuerzos de Obama para llevar a Rusia a una guerra fratricida con Ucrania fracasaron, haciendo que Ucrania fuera completamente inútil en términos de intereses estadounidenses. Por el contrario, Estados Unidos está ahora mucho más interesados en la desaparición de Ucrania. Ni siquiera es una cuestión de venganza, aunque Trump es conocido por ser compulsivamente vengativo y tiene un buen hacha para cuidar de los ucranianos. Tres factores son aún más importantes.

Volodymyr Zelensky, Presidente de Ucrania
¿Guerra nuclear?

En primer lugar, con su apoyo al régimen anti-ruso de Ucrania, Estados Unidos ya no tiene margen de maniobra. Se ha demostrado que las sanciones anti-rusas sólo fortalecen a Rusia, mientras que militarmente, la única posibilidad es declarar la guerra nuclear a Rusia, y Estados Unidos se opone firmemente a ello. Pero Estados Unidos no puede simplemente agudizar la situación sin perder prestigio en una importante contienda geopolítica.

Más importante aún, Estados Unidos considera ahora a Rusia como un objetivo secundario en su guerra de desgaste económico mucho mayor con China. En esta situación, una retirada táctica brillantemente ejecutada parece ser la mejor opción. Idealmente, esto se haría de una manera que cancelaría todas las declaraciones, acuerdos y compromisos anteriores de Estados Unidos, proporcionando una lista en blanco en la que escribir otras promesas vacías.

En segundo lugar, los que norteamericanos tenían que ganar con la desesperada deuda de Ucrania ya lo han hecho, e incluso su completa y total ruina no les causaría pérdidas significativas. Por el contrario, perjudicaría principalmente a las instituciones que Trump ha prometido repetidamente reformar, en particular el FMI y, lo que es más importante, la Unión Europea.

Estados Unidos no ha firmado los Acuerdos de Minsk, los principales documentos internacionales destinados a obligar al gobierno ucraniano a proseguir los esfuerzos de paz con las regiones secesionistas del este, a transformarse en una federación (y, dadas las diferencias irreconciliables entre estas regiones, a disolverse poco después). Como resultado, Washington puede ahora lavarse las manos de los desórdenes ucranianos, afirmando que se trata de un problema interno europeo.

En tercer lugar, al ampliar el escándalo ucraniano tanto como sea posible, Trump puede ahora asestar un golpe a los demócratas, que ahora están en el centro de atención. Con su reelección dentro de un año, esta es, con mucho, la consideración más importante para él. La expansión del alcance de este escándalo en el período previo a las elecciones de 2020 mejoró sus posibilidades y perjudicó a los demócratas, no sólo porque las posibilidades de Joe Biden fueron destruidas instantáneamente, dejando tras de sí a una Elizabeth Warren mucho más débil, sino también porque la reputación de cualquiera que se uniera al Partido Demócrata se vería automáticamente dañada aunque encontrara un candidato más prometedor.

La investigación de Muller mostró que Moscú no ayudó a Trump y eso es un hecho. Y sin embargo, resulta que el oponente de Trump sí usó interferencias extranjeras. ¡Decir que es desagradable y vergonzoso para los demócratas sería un eufemismo! Pero Ucrania trae buena suerte a todos los que se comprometen con ella, y queda por ver si Trump es la excepción que confirme la regla.

Ucrania: se vende un país

Ucrania ha traído una desgracia especial a los propios ucranianos. Desde la visita de Mike Pompeo a Sochi el pasado mes de mayo, la élite gobernante todavía no ha sido capaz de asimilar el significado de las múltiples advertencias que reciben a través del Atlántico sobre la liquidación del proyecto ucraniano. Algunos funcionarios ucranianos pueden seguir soñando con llenarse los bolsillos cuando se vayan, pero el Estado ucraniano no tiene futuro, literalmente.

Al admitir libre y abiertamente la interferencia ucraniana en las últimas elecciones presidenciales estadounidenses, las autoridades ucranianas han firmado su propia sentencia de muerte. Consiguieron hacer lo imposible: unificar el espíritu de venganza de Trump y a sus oponentes contra él. No quieren ver sus trapos sucios desempacados en público y ciertamente no quieren arriesgar su propio dinero, como es el caso de la empresa del hijo de Nancy Pelosi.

Lo más divertido es que ninguna de las partes interesadas tiene que hacer nada para facilitar la rápida liquidación de Ucrania. Washington no tiene que apoyar militarmente a Ucrania y puede negarse a influir en el FMI, que se ha vuelto reacio a concederle otros tramos de financiación, ya que su gobierno no ha mostrado ningún progreso en la lucha contra la corrupción o en la venta de tierras agrícolas (una demanda clave del FMI).

Mientras tanto, todos los vecinos de Ucrania quieren obligarle a aplicar los acuerdos de Minsk: una desescalada militar, iniciar negociaciones con las provincias separatistas del este y federalizarse. Pero eso es políticamente imposible, porque la élite gobernante ucraniana no tiene más ideas que un nacionalismo ucraniano radical, que la federalización haría nulo y sin valor.

Incluso si la élite se despertó y se dio cuenta de que de todos modos no tienen futuro, sigue existiendo el problema de los propios nacionalistas ucranianos. Ninguna fuerza política interna puede controlarlos y, aunque el número de manifestantes que se han pronunciado en contra de la aplicación de los acuerdos de Minsk ha sido de sólo unos 10.000, su nivel general de apoyo entre la población no es inferior a 3-4 millones de personas, es decir, el 8-10 por ciento de la población, y no se rendirán sin luchar.

Quizás lo más importante es que toda la clase política ucraniana y la oligarquía ucraniana se oponen de una forma u otra a la paz, porque si se restableciera la paz y el orden público, cabría esperar que todos ellos tengan que asumir su responsabilidad: más de 10.000 muertos, medio millón de heridos, dramáticos daños materiales, ruina económica… ¡todo! Pero todos quieren vivir y no tienen adónde ir.

Tenían una última esperanza: que su padrino en el extranjero les ayudara a salir adelante. Esta esperanza continuó incluso después del desastroso viaje del Presidente Zelensky a Washington, durante el cual Trump le dijo que los europeos no estaban haciendo lo suficiente para ayudar a Ucrania, y que Estados Unidos tampoco haría nada, y más específicamente, que debería hablar con Putin y resolver sus diferencias. Esta esperanza residual se expresaba principalmente en explosiones irracionales y emocionales, tales como: “Pero, ¿cómo pueden hacernos esto?”

Luego vino el abandono de los kurdos sirios, demostrando que Estados Unidos, especialmente cuando está en juego la supervivencia política de su presidente, puede abandonar absolutamente a cualquiera, ignorando todas las promesas y compromisos anteriores. Y fue entonces cuando los ucranianos empezaron a sudar la gota gorda en el vaso, no tanto de los que hoy están en el poder (que todavía creen que pueden salir de este callejón sin salida de su propia creación) como de sus predecesores, como el ex presidente Peter Poroshenko y su ministro de Asuntos Exteriores Pável Klimkin, que ya hemos mencionado. Ahora saben que se han convertido en consumibles y sienten en sus esfínteres anales que sus cabelleras están a punto de ser ofrecidas como pago.

Estos ucranianos pensaron que eran tan inteligentes, que se enfrentaron a Moscú, se pusieron del lado de Washington y manipularon las elecciones estadounidenses. Se sentían más allá del modelo bizantino en términos de astucia y engaño. Pero ahora tendrán que pagar por su estupidez… igual que los kurdos sirios.

https://regnum.ru/news/polit/2745805.html

Más información:
– Los hilos que van del Kremlin a Trump pasan por WikiLeaks pero no conducen a ninguna parte
– Los jueces no encuentran pruebas de la ‘trama rusa’ que interfirió en las elecciones de 2016
– Espías, mamadas y desinformación: Washington es la capital mundial de la degeneración


Las milicias kurdas rechazan su incorporación al ejército regular sirio

Patrulla de la policía kurda
El miércoles el gobierno sirio llamó a las milicias kurdas a unirse al ejército regular tras la ofensiva turca, una propuesta que ayer rechazaron los kurdos.

El llamamiento del gobierno de Bashar Al-Assad se produjo tras el mayor despliegue de tropas del ejército regular desde 2012 en el norte y noreste del país del que se retiraron tras el inicio de la guerra.

A principios de octubre, las milicias kurdas pidieron al ejército sirio que alcanzara sus posiciones en el norte para contrarrestar la ofensiva de Ankara lanzada el 9 de octubre, después de la salida del ejército de Estados Unidos, que dio luz verde al ataque turco.

“El Comando General de las Fuerzas Armadas está dispuesto a recibir a los miembros de las Fuerzas Democráticas Sirias que deseen unirse a sus filas”, dijo el Ministerio de Defensa sirio en una declaración transmitida por la agencia pública Sana.

Todos los sirios, incluida la minoría kurda, se enfrentan a “un mismo enemigo”, añadía el texto en alusión a Turquía.

El Ministerio de Interior sirio también pidió a los miembros de la policía kurda Assayech que se unieran a las filas de la policía siria, según Sana.

Ayer las FDS declararon en un comunicado que no pueden unirse al ejército sirio hasta lograr “un acuerdo político que reconozca y preserve el estatus específico y la estructura” de sus fuerzas.

Una medida de ese tipo requeriría también un “mecanismo para reestructurar” el ejército sirio, agregan.

En una declaración separada, el dirigente de las FDS, Mazloum Abdi, declaró que sus fuerzas habían propuesto un acuerdo “que preserva el estatus especial de las FDS en las zonas donde están presentes”. Esto les permitiría entonces “formar parte” del ejército sirio.

La postura kurda es una medida de presión contra el gobierno de Damasco, que negocia una nueva Constitución en Ginebra, y no tiene ninguna posibilidad de prosperar porque las FDS carecen de políticas propias, especialmente ahora que ya no controlan ningún territorio y sobreviven por la benevolencia del gobierno sirio.

El acuerdo alcanzado la semana pasada entre Turquía y Rusia puso fin a la ofensiva turca con la retirada de las fuerzas kurdas de gran parte del norte y el nordeste del país, lo que permitió reforzar la presencia del ejército sirio en la región.

Ha nacido el ecocolonialismo: las politicas racistas que se justifican con pretextos seudoecologistas

La decisión de exterminar a las manadas de renos del norte de Noruega revela el lado más oscuro de la seudoecología moderna, que pone a la naturaleza por encima de los seres humanos, especialmente si estos no son capaces de defenderse con los mismos medios, como es el caso de las poblaciones autóctonas.El 16 de agosto el gobierno de Noruega ordenó matar a media manada de renos en Finnmark por motivos seudoecologistas, lo que ha levantado numerosas protestas a lo largo del país, e incluso del Comité de Derechos Humanos de la ONU, que ha pedido una aplazamiento de la decisión.

La matanza de renos pone en graves apuros a la población autóctona sami, pero al gobierno le importan más los ridículos pretextos de los “ecologistas” que, una vez más, no son otra cosa que ideología: la matanza de renos en Noruega, lo mismo que la de los búfalos en Norteamérica, es una política colonial que conlleva una agresión racista contra los sami.

Todo comenzó en 2013 cuando a un sami criador de renos llamado Jovsset Ante Sara el gobierno le ordenó reducir su cabaña de 166 a 75 cabezas. El ganadero se opuso y comenzó un pleito en el que los tribunales han dado la razón al gobierno.

Noruega lleva a cabo una política racista contra los sami que, por lo demás, es típica de todos los países nórdicos. Es el III Reich del siglo presente, que se ha encontrado con las protestas de los 85.000 samis que habitan en Noruega. Una mañana 200 cabezas de reno ensangrentadas aparecieron en la plaza frente al tribunal que juzgaba el caso del ganadero Jovsset Ante Sara

A finales de los setenta ya ocurrió algo parecido, cuando los samis se opusieron a la construcción de una presa hidroeléctrica cerca de la ciudad de Alta. La batalla condujo entonces al reconocimiento de los derechos de los pueblos indígenas dentro de la Constitución noruega.

Ante una situación social que empieza a ser preocupante, el gobierno ha rescatado del baúl la palabrería seudoecologista, como “ganadería sostenible”. Un crecimiento de la cabaña ganadera tendría consecuencias negativas para el medio ambiente, dicen, para lo cual han recurrido a una legión “expertos” y “universitarios” de pacotilla que apoye sus órdendes.

Las doctrinas veganas, que se han impuesto en Noruega desde hace años, comienzan a causar estragos en uno de los mayores avances de la humanidad: la ganadería. No obstante, las ideologías seudoecologistas tienen siempre un sesgo racista que en Noruega creían superado. Es absolutamente impensable que una matanza como la que el gobierno noruego pretende llevar a cabo con los renos hubiera prosperado si los ganaderos no fueran samis.

La farsa seudoecologista se ha puesto de manifiesto con la reciente autorización concedida para la explotación de la mina de cobre Nussir, cuyos residuos se verterán en un fiordo vecino que, no por casualidad, afecta a las zonas de pastoreo de los samis.

A finales de septiembre el Relator Especial de la ONU sobre Derechos Humanos pidió a Noruega que redoblara sus esfuerzos para establecer un diálogo en pie de igualdad con el pueblo sami, lamentando la lentitud de los progresos realizados desde que se formularon recomendaciones similares en 2011 y 2016.

Ha nacido el ecocolonialismo, como ya hemos denunciado aquí en relación con los crímenes cometidos contra las tribus de pastores africanos.

Más información:

— Los pigmeos de África acusan al movimiento ecologista WWF de cometer graves crímenes
— Los ‘ecologistas’ de WWF promueven las matanzas de especies en vías de extinción
— Los ecologistas de WWF acusados de ‘colonialismo verde’ hacia los pigmeos del Congo
— Los ‘ecologistas’ de WWF financian a paramilitares que asesinan y violan en diferentes lugares del mundo
— La organización ‘ecologista’ WWF falsifica los informes para crear un parque natural en el Congo

Salarios bajos + alquileres abusivos = desahucios a mansalva

Los desahucios no son característicos de uno u otro país, sino del capitalismo. Tampoco son un fenómeno reciente, sino que los trabajadores llevan luchando por la vivienda tanto tiempo como por la jornada de ocho horas.

El capitalismo es sinónimo de salarios bajos y alquileres altos, por lo cual los países capitalistas nunca han resuelto la falta de vivienda; a lo máximo han logrado paliarla gracias a los programas públicos de alojamiento y, en la mdida en que los recortes los han devorado, el derecho a la vivienda sale de nuevo al primer plano.

El lunes la Fundación francesa Abbé Pierre (FAP) publicó su barómetro anual de desahucios, que el año pasado alcanzaron la cifra récord de 15.993. Han aumentado un 2,9 por ciento en un año y en diez años 295.000 hombres, mujeres y niños, el equivalente a una ciudad grande, han sido lanzados a la calle a la fuerza.

La Fundación ha advertido que las cifras pueden ser dos o tres veces superiores porque la mayor parte de los inquilinos abandonan su vivienda antes de que llegue la policía.

El 95 por ciento de los desahucios es por impago. Según la Fundación, el año pasado 1,9 millones de hogares tuvieron dificultades para pagar el alquiler y los gastos. “Muchos factores explican el aumento de los desalojos, pero el principal es la creciente precariedad de los hogares”, dijo Marie Rothhahn, una portavoz de la FAP.

El mercado de la vivienda no está regulado y el gobierno ha recortado los presupuestos en dos de los pilares más frágiles de la vivienda: la asistencia personalizada para la vivienda (APL) y la vivienda de bajo costo.

En un país capitalista el derecho a la vivienda es papel mojado; el único derecho que existe es el derecho a la propiedad y a especular con ella. De ahí que en Francia el paisaje de las grandes ciudades sea como en Estados Unidos: las personas tumbadas en las calles encima de los cartones.

Con el cambio de estación, dice la Fundación Abbé Pierre, el invierno se presenta dramático. Es muy posible que dentro de poco el problema no sean las personas que duermen bajo los puentes sino que empiecen a aparecer cadáveres congelados de frío.

No nos extraña que surjan movimientos, como los “chalecos amarillos”, que lleven un año entero prendiendo fuego a lo que encuentran a su paso. Lo extraño es que sean tan comedidos.

Los capitalistas chilenos proponen subir los salarios para contener las luchas populares

“El que no llora no mama”. La crisis social en Chile ha llevado a varios de los capitalistas más prósperos del país a hacer autocrítica e incluso a proponer mejorar las condiciones salariales de sus trabajadores, como afirmó ayer un representante de la patronal.

La peor convulsión en las calles en más de 30 años en Chile ha expuesto el descontento social de la población, entre cuyas quejas se cuenta la desigualdad y las brechas salariales, en un país donde el salario mínimo es de 301.000 pesos (unos 412 dólares) y en el que la mitad de los 8,6 millones de trabajadores gana en promedio 400.000 pesos (555 dólares).

Alfonso Swett, presidente de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC), reconoció a medios locales que deben ejecutarse cambios. «Sabemos que tenemos que agrandar nuestras manos, meternos las manos al bolsillo y que duela», aseveró Swett, cabeza de uno de los grupos empresariales más poderosos de Chile.

Swett afirmó que existe la «convicción» en su sector de que se deben mejorar las condiciones de los trabajadores. Otros poderosos empresarios ya han decidido aumentar el salario mínimo de sus empleados como un gesto en medio de esta crisis social que ha dejado 20 muertos y más de un millar de heridos.

«Las crisis se resuelven con acciones concretas», declaró el millonario Andrónico Luksic, quien prometió desde el 1 de enero del año 2020 aumentar a 500.000 pesos (unos 687 dólares) el salario mínimo de los trabajadores de su conglomerado empresarial Quiñenco, que maneja empresas como el Banco de Chile, uno de los más importantes del país, y CSAV, el cuarto operador de transporte marítimo del mundo.

Luksic, quien además se mostró dispuesto a discutir un impuesto del 1 por cien al patrimonio de los más ricos, llevó a otras empresas a hacer anuncios similares como la inmobiliaria Crystal Lagoons, que anunció un incremento al salario mínimo de sus trabajadores a 600.000 pesos (825 dólares), la plataforma de seguros Comparaonline (849 dólares) o la empresa financiera Tanner (828 dólares).

«La compleja situación que está atravesando Chile nos hace reflexionar sobre nuestro rol en esta sociedad. Entiendo las frustraciones que hoy se visibilizan», dijo Antonio Turner, gerente general de Tanner.

La crisis social provocará un cierre de año «muy malo» para la economía chilena y, ante esta nueva realidad, se reducirán las estimaciones de crecimiento de Chile, actualmente del 2,5 por ciento anual, según dijo ayer el flamante ministro de Hacienda, Ignacio Briones, en el cargo desde el lunes tras un nuevo cambio de gabinete del Presidente Sebastián Piñera, pedido por las protestas en la calle.

«Ya tendremos tiempo para retomar los temas del crecimiento, porque claramente para financiar todo lo que tenemos que construir en soluciones, vamos a necesitar crecimiento», sostuvo Swett.

http://www.diarioextra.com/Noticia/detalle/402294/empresarios-proponen-mejorar-los-salarios-ante-la-crisis-en-chile

Rusia abre una investigación sobre la masacre de 214 niños huérfanos cometida por los nazis en la URSS en 1942

Entierro de los huérfanos asesinados
La Comisión Rusa de Investigaciones ha abierto un atestado sobre la masacre de 214 niños huérfanos cometida por los hitlerianos en el orfanato de Zeysk, en la región de Krasnodar, en octubre de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, según ha manifestado esta mañana Svetlana Petrenko, portavoz de dicha Comisión.

Los documentos desclasificados por el FSB ruso sobre el crimen en masa han servido de base para que la Comisión abra una investigación criminal por el delito de “genocidio” en virtud del artículo 357 del Código Penal ruso.

La masacre muestra que el ejército hitleriano invadió la URSS para exterminar a una parte importante de la población. En la región de Krasnodar los matarifes encargados de las matanzas fueron los miembros de las SS-10 «a» Sonderkommando, dirigido por Kurt Christmann, enviado a Kuban equipado con cámaras de gas móviles.

Durante las expediciones de castigo de los días 9 y 10 de octubre de 1942, los miembros del Sonderkommando, con la participación del jefe de la Gestapo de Zeysk, el teniente Bededeker, el comandante de la ciudad Kandler y el médico de la Gestapo Strauch, cometieron el asesinato en masa de los niños del orfanato de la ciudad, utilizando gas letal.

Cuando el Ejército Rojo liberó la región de Krasnodar de la ocupación nazi en 1943, encontraron los cuerpos de 214 niños gaseados cerca de la granja de Chirochansk.

Algunos soldados alemanes, incluido Kurt Christmann, ya fueron condenados por crímenes de lesa humanidad en la región de Krasnodar. Al mismo tiempo, Bededeker, Kandler y Strauch, así como otras personas no identificadas, incluidos los soldados del Sonderkommando “no fueron castigados por atrocidades cometidas contra civiles soviéticos”, según dice la Comisión,.

De acuerdo con el Estatuto del Tribunal Militar Internacional de Nuremberg, el asesinato y exterminio de civiles antes o durante la guerra, constituye un crimen contra la humanidad y ese crímen es imprescriptible, explicó Svetlana Petrenko esta mañana.

Petrenko añadió que ningún crimen basado en ideas fascistas o racistas debe pasar desapercibido y quedar impune.

https://rg.ru/2019/10/30/reg-ufo/sk-vozbudil-delo-po-faktu-ubijstva-214-detej-v-ejske-v-1942-godu.html

Monumento a los 214 huérfanos gaseados por los nazis en 1942

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