Lo venimos viendo desde el principio de la pandemia: en esta marea de locura que han desencadenado no hay ciencia, ni medicina, sino política (en el peor sentido de la palabra).El mundo suspira por una vacuna como si fuera su última esperanza, pero nunca imaginó que la primera procediera de Rusia, es decir, nunca imaginó que Rusia pudiera ser la primera en nada.