En los últimos meses, en los movimientos de la llamada «izquierda alternativa» es habitual el ninguneo mediático. Salvo contadas excepciones, ésta ha dejado de ser un peligro y por tanto, sus movilizaciones, reales o virtuales, apenas tienen acogida. Sin embargo, el problema es cuando la protesta, por minoritaria que sea, cobra una magnitud peligrosa.