mpr21

La web más censurada en internet

Archivos (página 73 de 1512)

El Pentágono invierte en la explotación de tierras raras para asegurar sus suministros

El Pentágono invierte en la explotación de tierras raras para asegurar sus suministros y se convierte en el mayor accionista de MP Materials, una empresa minera estadounidense. El acuerdo acelerará el desarrollo de una cadena de suministro de principio a fin en Estados Unidos y reducirá la dependencia del extranjero, explicó la empresa en un comunicado.

La compra supone un compromiso a largo plazo del Pentágono. Tiene un precio de miles de millones de dólares e incluye un préstamo de 150 millones en doce años. La empresa pretende lanzar la construcción de una segunda planta de fabricación de imanes en cuanto localice un lugar apropiado.

La producción, que se espera que comience en 2028, está destinada a servir tanto a clientes de defensa como a particulares. Esto le permitirá tener una capacidad total de 10.000 toneladas de imanes al año, combinada con su infraestructura existente ubicada en Mountain Pass, California, que es el segundo sitio de extracción de tierras raras más grande del mundo.

La producción actual alcanza las 1.000 toneladas anuales para unos 500.000 vehículos eléctricos en la fábrica californiana, que se está ampliando a 3.000 toneladas, mientras que se espera que el nuevo emplazamiento tenga una capacidad de 7.000 toneladas al año. El fabricante estadounidense General Motors es uno de sus primeros clientes.

El Pentágono comprará el equivalente a 400 millones de dólares de acciones preferenciales convertibles de nueva emisión, así como el derecho a comprar acciones ordinarias durante diez años, todo a un precio unitario de 30 dólares. En definitiva, se espera que el Pentágono alcance el 15 por cien del capital de la empresa, lo que lo convierte en su primer accionista.

Entre los actuales accionistas se encuentra el grupo chino Shenghe Resources, con alrededor del 7 por cien del capital, pero a partir de ahora la empresa ya no enviará la producción a China, dijeron los cabecillas en una conferencia. La cotización de las acciones de la empresa subió un 51 por cien en Wall Street.

El Pentágono se ha comprometido a pagar un precio mínimo de 110 dólares por kilo durante diez años por su producción de aleación de neodimio y praseodimio utilizado en motores y generadores. Es un precio mucho más elevado que el actual, unos 60 dólares, y pretende garantizar un flujo estable de liquidez a la empresa. Si el precio es más alto, el acuerdo establece que el Pentágono recuperará una participación del 30 por cien del superávit. También se asegurará de que todos los imanes producidos por la segunda fábrica -conocida como 10X- se compren durante diez años después del final de su construcción.

Varios países europeos se niegan a financiar los envíos de armas estadounidenses a Ucrania

Varios Estados miembros de la Unión Europea, como Francia, Italia, Hungría y la República Checa, se han negado a financiar los envíos de armas estadounidenses a Ucrania.

La negativa de Francia se debe a que Macron quiere vender sus propias armas y no las de Estados Unidos. Los europeos deberían fortalecer sus propias industrias de defensa priorizando las compras de proximidad. De esa manera a Francia siempre le tocará una parte del pastel.

El gobierno francés no tiene un céntimo y lucha por reducir su déficit presupuestario. Ayer el primer ministro, François Bayrou, anunció un ajuste presupuestario de 43.800 millones de euros para 2026, con el objetivo de reducir el déficit público del 5,4 al 4,6 por cien del PIB, en un contexto de una deuda de 3,35 billones de euros, el 114 por cien del PIB.

Este plan combina recortes en gasto social, sanitario y empleo público con un aumento significativo del presupuesto militar, que incluye incrementos de 3.500 millones en 2026 y 3.000 millones en 2027, dentro de una proyección de 67.000 millones para 2030.

La negativa de varios países europeos a financiar los envíos de armas estadounidenses a Ucrania es consecuencia de la quiebra económica y del deseo de favorecer a las industrias de proximidad por encima de los proveedores estadounidenses.

La retirada de la República Checa de una nueva iniciativa de ayuda a Ucrania es política. El primer ministro checo, Petr Fiala, que es el jefe de gobierno más impopular de Europa, ha sufrido por su política decididamente proucraniana. Con las elecciones parlamentarias a la vuelta de la esquina a principios de octubre y ante una probable derrota de su coalición, Fiala ha optado por distanciarse de su apoyo a Zelensky.

La carga financiera que supone la adquisición de nuevas armas estadounidenses también es un factor importante. Además de Francia, muchos países europeos simplemente carecen de los recursos necesarios para pagar las compras.

Alemania, por su parte, sigue jugando la carta del militarismo, como en el siglo pasado. Quiere ser el motor de la coordinación del apoyo europeo al ejército ucraniano.

Zelensky vende el puerto de Odesa para sostener la guerra

Zelensky ya no sabe lo que queda por vender para sostener una guerra que tiene perdida desde hace tiempo. El lunes vendió Olimpex, la mayor terminal del puerto de Odesa, a fondos buitre estadounidenses tras una disputa internacional. Los nuevos propietarios son los fondos estadounidenses Argentem Creek Partners e Innovatus Capital Partners. El precio de la transacción no se ha revelado.

Lo más interesante de la transacción es su origen: el antiguo propietario de la terminal, el empresario ucraniano Vladimir Naumenko, fue detenido en mayo y condenado por fraude en Ucrania en un caso relacionado con el grano ucraniano y una deuda impagada de 100 millones de dólares al Estado.

Es solo la punta del iceberg. Naumenko es un empresario ucraniano y cofundador de G.N. Terminal Enterprises (GNT), un grupo de transporte de grano que gestionaba las terminales Olimpex y MetalsUkraine en el puerto de Odesa. Junto con su socio, Serhiy Groza, Naumenko desempeñó un papel central en un importante litigio relacionado con préstamos por un total de decenas de millones de dólares otorgados por los fondos buitre estadounidenses Innovatus Capital Partners y Argentem Creek Partners.

Naumenko fue detenido en mayo por fraude y falsificación de documentos en la desaparición de más de 100.000 toneladas de grano prometidas como garantía para los préstamos. La fiscalía alega que, bajo la dirección de Naumenko, GNT falsificó inventarios de grano y participó en un plan para simular la destrucción de garantías inexistentes o no disponibles, especialmente durante el caos tras el inicio de la Guerra de Ucrania.

Meses antes de su detención, en octubre de 2024, Naumenko y Groza fueron condenados a 21 meses de prisión por un juez del Tribunal Superior inglés por incumplir una orden de congelación mundial diseñada para proteger los intereses de los acreedores. Los procedimientos legales posteriores los obligaron a pagar aproximadamente 150 millones de dólares en deudas pendientes a Argentem Creek Partners. Al parecer, ni Naumenko ni Groza se atrevieron a viajar a Reino Unido.

Uno de los nuevos propietarios de la terminal es Argentem Creek Partners, fundada en 2015 por Daniel Chapman y su antiguo equipo en Black River Asset Management, una filial de Cargill. Daniel Chapman es el fundador y codirector de inversiones. Otro cabecilla es Maarten Terlouw, codirector de inversiones. Con sede en Nueva York, la empresa opera internacionalmente, con presencia en Abu Dabi, Buenos Aires, Londres y Minneapolis.

El copropietario, Innovatus Capital Partners, es otro fondo de especuladores fundado en 2016 por David Schiff y Andrew Dym, presidente y director de riesgos. Estos dos sujetos cuentan con una amplia experiencia en capital privado, mercados de crédito e inversión basada en activos. Otros accionistas y directivos clave incluyen a Andrew Hobson, socio, director financiero (CFO) y miembro con derecho a voto del Comité de Inversiones, y Ravi Bhagavatula, socio y director de Estrategia de Mercados en Dificultades.

Pero llegan malas noticias para los especuladores. El lunes el ejército ruso lanzó un ataque con dos misiles Iskander contra la terminal. Destruyeron los almacenes y oficinas de los nuevos propietarios de la terminal. Los buitres estadounidenses no habrán quedado contentos con el bombardeo. Las perspectivas para la exportación de grano son sombrías.

Después de las alfombras voladoras y los ovnis llegan los caprichos de los chusqueros

El cuento de la alfombra voladora surgió en la literatura árabe y persa hacia el siglo XII, mucho antes de se conociera la aviación. A mediados de siglo pasado llegaron las historias de ovnis o, como se decía entonces, de “platillos volantes”. Como hemos contado en otras ocasiones, los F-35 son el tercer capítulo de este mismo recorrido. A la pantalla de casa llegarán las fantásticas leyendas de avistamientos de F-35 en el cielo.

Las alfombras voladoras respondían a su nombre y los platillos volantes también. En el caso de los F-35 aún no se sabe, pero no importa porque Lockheed los vende igual, aunque mucho más caros que una alfombra persa. Es posible que sea porque los chusqueros encargados del economato no leen los periódicos. “Los cazas F-35 de la Fuerza Aérea Británica solo son capaces de llevar a cabo un tercio del número de misiones establecidas por el Ministerio de Defensa debido a la escasez de ingenieros, repuestos y corrosión del metal, según reveló un informe de la Oficina Nacional de Auditoría”.

¿Será propaganda prorrusa la auditoria británica? “El Ministerio de Defensa [británico] no ha podido cumplir de forma sostenible sus objetivos de disponibilidad de aeronaves, lo que ha resultado en horas de vuelo inferiores a las requeridas por los pilotos. En 2024, la flota británica de F-35 tenía una tasa de capacidad operativa (definida como la capacidad de una aeronave para realizar al menos una de las siete misiones requeridas) correspondiente a aproximadamente la mitad del objetivo del Ministerio [de Defensa]. Su tasa de capacidad operativa total (definida como la capacidad de un F-35 para realizar todas las misiones requeridas) correspondía a aproximadamente un tercio de este objetivo”, dice la auditoria.

En resumen, entre octubre de 2024 y enero de 2025, algunos F-35 no estuvieron disponibles para ninguna misión debido a que se encontraban en el taller de mantenimiento. Después de tanto rearme, la próxima guerra va a sorprender a los europeos con los aparatos en el taller.

El 6 de julio el diario suizo “24 Heures” titulaba “Los F-35 ya no son aviones” (*). Suiza ha comprado un buen surtido de estos aparatos (36 en total) que “ya no son aviones de combate”. ¿Será la típica campaña de propaganda prorrusa? Imitando a los lacayos de la OTAN, en 2035 Suiza va a destinar a la guerra el 1 por cien del PIB. Pero, ¿no era un país neutral? ¿en qué guerras se ha visto involucrada Suiza en los últimos siglos? ¿dónde están los enemigos que quieren atacar a Suiza?

Es muy posible que los F-35 sean “los aviones más eficaces del mundo”… si fueran capaces de despegar de la pista. Pero debe ser propaganda del Kremlin porque los “expertos” dicen que sólo tiene problemas para despegar con mal tiempo, mientras que las guerras son para el verano, como las bicicletas.

La propaganda del Kremlin añade, además, que el coste de mantenimiento es gigantesco y que el desarrollo de los aparatos dará aún más problemas en el futuro.

¿Dónde están las grandes bombas que deben acompañar a estos aviones? No se sabe y la Comisión de Gestión del Consejo Nacional Suizo se ha puesto a investigar. ¿Van las bombas incluidas en el precio de los aviones o hay que comprarlas aparte?

Lockheed vende los F-35 como vendió los F-104 Starfighter en los años sesenta, que sufrieron 700 “accidentes” con destrucción de la aeronave y, a menudo, muerte del piloto en una década. No hay que desesperar. El F-35 no tendrá una tasa tan alta de fallos porque -sencillamente- pasa la mayor parte del tiempo en el taller.

Lo peor de todo no es que una empresa fabrique chatarra sino que haya quien la compre teniendo desguaces mucho mejores en su propio país.

(*) https://www.24heures.ch/1000-vies-les-f-35-ne-sont-plus-des-avions-960298255125

El frente de las materias primas estratégicas: África

El segundo mandato de Trump marca un cambio de prioridades. Hasta ahora Estados Unidos contaba con la ventaja del esquisto frente a China. Desde 2018 la producción de petróleo y gas ha cubierto las necesidades internas de Estados Unidos, mientras que China sigue siendo un importador neto de hidrocarburos.

Pero la balanza cambia en cuanto se pasa del petróleo y el gas a otras materias primas estratégicas. China extrae casi el 70 por cien de las tierras raras del mundo y refina el 90 por cien del volumen, en comparación con apenas el 16 por cien de la producción de Estados Unidos, suministrada casi exclusivamente por la mina Mountain Pass en California. Los 17 elementos químicos —desde el itrio hasta el neodimio— mantienen varias cadenas de suministros críticos en la inteligencia artificial y el armamento, entre otras.

Aquí es donde entra en juego el continente africano. Ignorado durante mucho tiempo por la Casa Blanca, África vuelve a descubrir que juega un papel crucial en los mercados mundiales. La República Democrática del Congo supone el 74 por cien de la producción mundial de cobalto y posee más del 60 por cien de las reservas de coltán, un mineral esencial para los condensadores de alta frecuencia.

En abril de este año Estados Unidos logró un alto el fuego en el este del Congo, donde se encuentran los yacimientos en cuestión, después de que la Unión Africana y la Europea tropezaran dieciocho meses con el mismo problema. El truque fue un mayor apoyo militar y financiero a Kinshasa a cambio de acceso preferencial a los permisos de extracción de cobalto, cobre y litio.

El 9 de julio Trump posó sentado con los jefes de Estado de Liberia, Senegal, Gabón, Mauritania y Guinea-Bissau. Cada uno de esos países posee, bajo tierra o en su plataforma continental, un eslabón estratégico en la cadena de materias primas estratégicas: hierro de alta ley y los primeros yacimientos de tierras raras en Liberia; circonio, titanio y gas marino de GTA en Senegal; manganeso y tierras raras en Haut-Ogooué en Gabón; yacimientos de hierro, cobre y uranio de Zouerate en Mauritania; y bauxita y arenas costeras pesadas en Guinea-Bissau.

Al invitar a esos Estados fuera de cualquier marco multilateral, Trump propone una diplomacia de uno por uno. Cada dirigente negocia un acceso seguro a sus recursos a cambio de garantías financieras, de seguridad y logísticas estadounidenses.

La intrusión estadounidense provecha el vacío que deja Francia, que acaba de perder el Sahel, a pesar de su riqueza en oro y uranio.

La consecuencia es que ningún actor externo se afirma por sí solo. Los Estados africanos son los árbitros. Ahora negocian proyecto por proyecto, cambiando de un inversor a otro en función del mejor rendimiento económico o el menor coste político. La desaparición de las zonas de influencia exclusivas transforma sus recursos subterráneos en una palanca, en lugar de una simple renta pasiva.

El repunte de los precios también beneficia a los africanos. La República Democrática del Congo ya ha renegociado al alza las derechos sobre el cobalto, Guinea ha obtenido una reprogramación de su deuda a cambio de la entrada de un consorcio estadounidense en el megaproyecto de mineral de hierro de Simandou, y Senegal espera duplicar el valor obtenido del circonio gracias a una planta de procesamiento financiada por General Electric Mining.

África nunca ha sido tan codiciada. Se está convirtiendo en la principal fuente de metales esenciales para la transición energética y la electrónica avanzada. Su poder de negociación nunca ha sido tan grande.

La prehistoria de las torturas de la CIA en las cárceles secretas: el programa Mkultra

El Archivo de Seguridad Nacional de Estados Unidos ha desclasificado una nueva colección de documentos sobre el programa Mkultra de la CIA (1). Junto con Bluebird y Artichoke, el programa es la prehistoria de las posteriores torturas (“interrogatorios reforzados”) que la CIA pondría en marcha a partir de 2001 en las cárceles clandestinas que tenía repartidas por varios países del mundo, algunas de ellas en la Unión Europea.

La nueva colección reúne más de 1.200 documentos sobre experimentos con drogas, hipnosis, aislamiento, privación sensorial y otras técnicas extremas en seres humanos, a menudo ciudadanos estadounidenses, que generalmente desconocían lo que se les estaba haciendo o que participaban en una prueba de la CIA.

Las referencias al programa Mkultra fueron calificadas de “conspiranoicas” hasta que hace 50 años Seymour Hersh las publicó en el New York Times. También han transcurrido 70 años desde que en 1954 el gigante farmacéutico estadounidense Eli Lilly fabricara por primera vez LSD por procedimientos industriales, convirtiéndose así en el principal vendedor de drogas de la CIA.

Entre los documentos más relevantes de la nueva colección se encuentra un plan aprobado en 1950 por el director para crear de “equipos de interrogatorio” que “utilizarían el polígrafo, las drogas y la hipnosis para lograr los mejores resultados posibles en las técnicas de interrogatorio”.

Un memorando de 1951 documenta una reunión entre la CIA y funcionarios de inteligencia extranjeros sobre la investigación del control mental y su interés compartido en el concepto de control mental individual, es decir, que a lo largo de la Guerra Fría los aliados y socios de Estados Unidos estuvieron al corriente de las técnicas de tortura de la CIA.

Una entrada de 1952 expone el diario de George Hunter White, un policía antidrogas que dirigía una “casa de seguridad”, antecedente de las actuales cárceles secretas, donde la CIA experimentaba drogas como el LSD y realizaba otros ensayos con estadounidenses sin su conocimiento.

White fue contratado por Sidney Gottlieb, director del programa Mkultra, para dirigir las primeras cárceles secretas de la CIA en Nueva York y San Francisco, donde administraban LSD, entre otras sustancias, a personas inconscientes, para registrar después los efectos sobre su comportamiento.

Un informe de 1952 habla sobre el uso exitoso de los métodos de interrogatorio Artichoke, que combinaban “narcosis” e “hipnosis” para inducir regresión y posterior amnesia en “supuestos agentes dobles rusos”.

Aparece un informe de 1956 en el que Gottlieb aprueba un proyecto para “evaluar los efectos de grandes dosis de LSD-25 en “voluntarios humanos normales” entre los presos de una cárcel de Atlanta.

En la nueva colección consta un informe de 1963 del Inspector General de la CIA, que llevó a la dirección de la central a reexaminar el uso involuntario en su programa secreto de pruebas de drogas, siempre que fueran de estadounidenses.

También está la declaración de 1983 de Sidney Gottlieb, director del programa Mkultra, en un litigio civil interpuesto por Velma “Val” Orlikow, víctima de proyectos patrocinados por la CIA y dirigidos por Ewen Cameron en el Instituto Allan Memorial de Montreal.

Como Jefe de Operaciones de la Dirección de Planes de la CIA (1952-1962), Subdirector de Planes (1962-1965), Subdirector de la CIA (1965-1966) y Director (1966-1973), Richard Helms mostró un gran interés en el desarrollo de técnicas para el uso de drogas en operaciones encubiertas de inteligencia. Como director de la CIA, en 1973 ordenó la destrucción de los archivos que hicieran referencia al programa Mkultra.

Se trata de otro de los encubrimientos más infames en la historia de la CIA, que ha tenido impunidad total no sólo por las torturas practicadas a los detenidos, sino también en tratamientos médicos rutinarios, en hospitales penitenciarios, cuarteles del ejército, clínicas de rehabilitación de drogas y centros de detención juvenil.

La mayoría de los documentos proceden de los archivos recopilados por John Marks, antiguo funcionario del Departamento de Estado que presentó las primeras solicitudes de desclasificación de los archivos Mkultra. En 1979 escribió el libro sobre el “Candidato manchú” al que hemos aludido varias veces aquí desde 1916.

Posteriormente, Marks donó sus documentos al Archivo de Seguridad Nacional. Muchos de los pasajes censurados de los documentos fueron eliminados con el tiempo, a medida que las investigaciones oficiales, las declaraciones civiles y los relatos detallados arrojaron luz sobre algunos de estos episodios.

Las primeras cárceles secretas de la CIA

Los programas de investigación de control del comportamiento de la CIA contribuyeron decisivamente al desarrollo de técnicas utilizadas por estadounidenses y sus aliados en centros de detención de Vietnam, Latinoamérica, Afganistán, Irak, la Bahía de Guantánamo y prisiones secretas de la CIA en el mundo.

Las técnicas de Mkultra se citan en el manual de interrogatorio Kubark de la CIA de 1963, que sirvió de base para los interrogatorios de prisioneros en Vietnam y, posteriormente, en dictaduras anticomunistas de Latinoamérica.

Si bien muchos proyectos de Mkultra se llevaron a cabo en hospitales, reformatorios, laboratorios e instituciones púbicas, otros se llevaron a cabo en las primeras cárceles secretas de la CIA, donde las cobayas humanas no estaban atendidas por médicos sino por policías antidrogas, como White.

Bajo la dirección de Gottlieb, el policía se camuflaba como un artista bohemio para atraer a víctimas desprevenidas a su guarida, donde experimentaban en secreto con las drogas y grababan su comportamiento.

Antiguo miembro de la OSS que había trabajado en el desarrollo de una “droga de la verdad” para el ejército durante la Segunda Guerra Mundial, White administraba en secreto LSD a muchas de sus víctimas. Gottlieb, su adjunto Robert Lashbrook y el sicólogo de la CIA John Gittinger se encontraban entre los verdugos de la CIA que visitaban con frecuencia las carceles secretas de White.

Otro científico siniestro, Cameron realizó experimentos aterradores con pacientes siquiátricos y otras personas para el programa Mkultra. Era presidente del departamento de siquiatría de la Universidad McGill y director del Instituto Allan Memorial en Montreal, Canadá, donde llevaron a cabo experimentos de “desesquematización”.

Los métodos de Cameron combinaban el sueño inducido, el electrochoque y la “conducción psíquica”. Las cobayas eran drogadas y después torturadas sicológicamente durante semanas o meses para intentar reprogramar sus intelectos.

La misteriosa muerte de Frank Olson

La misteriosa muerte de Frank Olson en 1953 resulta particularmente interesante. Olson era químico del Ejército y especialista en aerosoles de la División de Operaciones Especiales (SOD) del Cuerpo Químico del Ejército, socio militar de la CIA en la investigación del control del comportamiento.

Oficialmente declarada un suicidio, la muerte de Olson tras caer desde un décimo piso en Nueva York, ocurrió 10 días después de que Gottlieb y sus compinches adulteraran su cóctel en una reunión de la CIA. Posteriormente se determinó que la ingesta de drogas contribuyó a su muerte, pero muchos, incluidos familiares, cuestionaron la conclusión de que Olson, que compartía habitación con Lashbrook esa noche, se hubiera arrojado por una ventana.

En el centro del asesinato estaba Gottlieb, “el jefe de los envenenadores de la CIA”, según tituló en 2019 Stephen Kinzer en su libro (3). Es el ejemplo perfecto del científico de nuevo tipo, sicario de las peores políticas de Estado. Durante décadas Gottlieb dirigió los esfuerzos de la CIA para encontrar drogas, hipnosis y otros métodos extremos para controlar el comportamiento humano, con la esperanza de transformarlos en herramientas utilizables por sus siniestros planes.

Los relatos de la participación de la CIA en los fallidos intentos de asesinato del primer ministro congoleño Patrice Lumumba y del dirigente cubano Fidel Castro, entre otros, se encuentran entre los casos más legendarios, si no los más exitosos, de los esfuerzos de la CIA para implementar las herramientas desarrollados por la unidad de Gottlieb.

Unos cientificos fuera de todo control

Menos conocido es su papel en experimentos con drogas y programas de “interrogatorios especiales” que dejaron a cientos de personas con trauma psicológico y a otras con “deterioro permanente”.

Aunque Mkultra fue aprobado al más alto nivel, operó prácticamente sin supervisión. Fue un cheque en blanco. La autorización presupuestaria inicial de Mkultra eximió al programa de los controles financieros habituales de la CIA y permitió al equipo científico de Gottlieb iniciar proyectos de investigación sin firmar ningún contrato.

Otro canalla de los equipos científicos de la CIA, el doctor Charles Geschickter, fue profesor de patología en la Universidad de Georgetown y director del Fondo Geschickter para la Investigación Médica, una fundación a través de la cual la central de espionaje financió diversas investigaciones y experimentos sobre control de drogas y comportamiento como parte de Mkultra y programas relacionados, como Bluebird y Artichoke.

Cuando Gottlieb llegó a la CIA en 1952, el Proyecto Bluebird, que exploraba la posibilidad de controlar a un individuo mediante la aplicación de técnicas especiales de interrogatorio, ya estaba en marcha. Dirigidos por Morse Allen, jefe de la Oficina de Seguridad, los primeros experimentos Bluebird fueron realizados por equipos de expertos en polígrafo y psicólogos con detenidos y confidentes en centros secretos de interrogatorio estadounidenses en Japón y Alemania.

El nombramiento de Allen Dulles como subdirector de la CIA en 1951 condujo a la expansión de los programas Bluebird bajo un nuevo nombre, Artichoke, y bajo la dirección de Gottlieb. El nuevo programa debía incluir, entre otros proyectos, el desarrollo de “pistolas de gas” y “venenos”, así como experimentos para comprobar si los “sonidos monótonos”, las “conmociones cerebrales”, las “descargas eléctricas” y el “sueño inducido” podían utilizarse como medios para lograr “control hipnótico sobre un individuo”.

En tiempos de Artichoke, la CIA comenzó a reclutar de forma sistemática a investigadores de primer nivel y a solicitar la colaboración de esas instituciones “prestigiosas” que trabajan sobre el control mental. Uno de los primeros en entrar fue el subdirector del Hospital Psiquiátrico de Boston, Robert Hyde, quien en 1949 se convirtió en el primer estadounidense en experimentar el efecto de LSD después de que el hospital adquiriera muestras de la droga del laboratorio Sandoz en Suiza.

En 1952 la CIA comenzó a financiar la investigación del hospital sobre LSD, en la que Hyde se utilizó a sí mismo, a sus colegas, a estudiantes voluntarios y a pacientes del hospital como cobayas. Hyde trabajó en cuatro subproyectos de Mkultra durante la década siguiente.

Ante la insistencia de Geschickter, la CIA proporcionó 375.000 dólares para la construcción de un nuevo centro médico en el Hospital Universitario de Georgetown. A cambio, Geschickter accedió a que la CIA utilizara una sexta parte del nuevo “Anexo Gorman” como “refugio hospitalario” y a proporcionar “pacientes y voluntarios humanos para fines experimentales”.

Poco después de asumir el cargo de director de la CIA en 1953, Dulles autorizó Mkultra, ampliando la investigación de la central sobre control del comportamiento y reorientándola hacia el desarrollo de la “capacidad para el uso encubierto de materiales biológicos y químicos” en “operaciones clandestinas presentes y futuras”.

Para sus crímenes la CIA necesita universidades

Muchos de los 149 subproyectos de Mkultra estuvieron encabezados por universidades sin escrúpulos de ningún tipo como Cornell, Georgetown, Rutgers, Illinois y Oklahoma. El doctor Carl Pfeiffer, director del Departamento de Farmacología de la Universidad Emory, dirigió cuatro subproyectos de Mkultra, todos ellos relacionados con el uso de drogas, en particular LSD, para inducir estados sicóticos.

Esta serie de experimentos dejó secuelas de por vida en muchos de sus participantes, incluyendo a los presos de la cárcel de Atlanta y el centro de detención juvenil de Bordentown, Nueva Jersey.

Otra fundación que servía de fachada de Mkultra, la Sociedad de Ecología Humana, estaba dirigida por el doctor Harold Wolff, neurólogo del Centro Médico Cornell, quien escribió uno de los primeros estudios sobre técnicas de lavado de cerebro para Allen Dulles y posteriormente colaboró con la CIA para desarrollar una combinación de fármacos y privación sensorial que podría utilizarse para borrar la memoria humana.

A través de la fachada que Wolff le proporcionaba, la CIA financiaba los experimentos de Cameron en Toronto.

La colección de documentos que acaba de aparecer vuelve a recordar -una y otra vez- que este tipo de experimentos con seres humanos ya habían sido condenados como crímenes internacionales por el Tribunal de Nuremberg. Los nazis los pusieron en práctica en los campos de concentración y la CIA en sus cárceles secretas. La lucha contra la tortura es una lucha contra el fascismo que pasa por Auschwitz lo mismo que por Guatánamo.

(1) https://proquest.libguides.com/dnsa/64
(2) https://nsarchive2.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB27/docs/doc01.pdf
(3) https://www.nytimes.com/2019/09/10/books/review/poisoner-in-chief-stephen-kinzer.html

La sobreexplotación de los trabajadores es un lujo

El lunes un tribunal italiano sometió a la empresa Loro Piana, propiedad en un 80 por cien del holding LVMH, a la administración judicial durante un año. El motivo es por haberse “excedido” en la explotación de los trabajadores, en su mayoría chinos, empleados en condiciones consideradas indignas.

Es la última de una larga serie de investigaciones sobre prácticas laborales en la cadena de subcontrataciones de la industria del lujo.

Según la investigación de la fiscalía de Milán, dirigida por Paolo Storari, Loro Piana presuntamente delegó la producción de su ropa a subcontratistas, quienes a su vez estaban involucrados en una cascada de subcontrataciones, incluyendo talleres clandestinos dirigidos por ciudadanos chinos.

Los jueces hablan de un “sistema organizado para reducir costes y maximizar beneficios”, construido a costa de trabajadores precarios y sobreexplotados, lo cual no es ninguna novedad, ni siquiera en otras marcas comerciales del holding LVMH, como Valentino, Dior, Armani y Alviero Martini, que también han sido objeto de pleitos en los últimos meses.

Loro Piana externalizó la fabricación a Evergreen Fashion Group, una empresa sin unidades de producción, que a su vez la cedió a Sor-Man, subcontratista de dos talleres gestionados por Clover Moda (Baranzate) y Dai Meiying (Senago). Estas empresas pantalla emplearon a trabajadores chinos “en negro”, obligados a trabajar hasta 13 horas diarias, sin descanso, en dormitorios insalubres, sin equipo de seguridad ni supervisión médica.

Aunque no ha sido procesada criminalmente, Loro Piana está acusada de incumplir su deber de vigilancia sobre lo que hacen sus subcontratistas. El tribunal denunció una “falta general de modelos organizativos”, auditorías internas “puramente formales” e incapacidad para supervisar la cadena de producción, a pesar de las advertencias y los precedentes de la industria del lujo.

Los jueces consideran que estas deficiencias “favorecieron estructuralmente” la explotación, permitiendo que el sistema se perpetuara. Así, las prendas de cachemira se fabricaban a un precio aproximado de cien euros cada una, antes de revenderse a un precio de entre mil y tres mil euros en las tiendas de la marca, es decir, diez veces más caro.

La administración judicial impuesta a Loro Piana es una medida inusual, pero simbólica. Durante un año la dirección de la empresa contará con la asistencia de los vigilantes del juzgado para sanear las prácticas, revisar las subcontrataciones y garantizar el cumplimiento de la legislación laboral.

El holding LVMH no levanta cabeza. Como las demás empresas de la industria del lujo, son un hatajo de estafadores. No venden mercancías sino marcas. Con una facturación anual de 1.300 millones de euros y más de 2.300 trabajadores, Loro Piana es una de las joyas de la corona de un holding basado en la sobreexplotación de los países más empobrecidos del mundo.

Los capitalistas italianos están alarmados por los efectos devastadores de los aranceles estadounidenses

Italia, uno de los principales países exportadores de la Unión Europea, teme las consecuencias de un recargo aduanero del 30 por cien que penalizaría seriamente a muchos sectores de su economía, como la industria agroalimentaria o la farmacéutica.

No son sólo los aranceles. Hay que tener en cuenta la devaluación del dólar entre el 12 y el 14 por cien, lo que es aún más perjudicial para las exportaciones italianas.

Meloni ha pasado rápidamente del optimismo por el crecimiento italiano, al miedo a la recesión. Un recargo aduanero del 30 por cien provocará una caída de las exportaciones del 20 pr cien, es decir, 12.500 millones de euros, con una pérdida de más de 150.000 puestos de trabajo, más una reducción del PIB del 0,5 por cien.

Los capitalistas italianos rezan para que todo sea un farol de Trump. “En el contexto actual, no tendría sentido desencadenar una guerra comercial entre las dos orillas del Atlántico”, dice Meloni en un informe oficial. “Tenemos confianza en la buena voluntad de todos para llegar a un acuerdo justo que pueda fortalecer a Occidente en su conjunto”, añade el documento.

Los exportadores hablan de “abrir nuevos mercados” y piensan en Mercosur.

Los sectores más afectados serán los mecánicos con exportaciones por valor de casi 15.000 millones de euros el año pasado, la moda (unos 2.000 millones de euros), la industria farmacéutica (más de 10.000 millones de euros), pero sobre todo el sector agroalimentario. Es una declaración de guerra económica, dijo Stefano Berni, director del consorcio de protección del queso parmesano.

Este queso se convertirá en un producto de lujo con un kilogramo de Grana Padano, cuyo precio superará los 50 dólares.

Un recargo aduanero del 30 por cien significa un cuasi-embargo sobre el 80 por cien del vino italiano. El sector vitivinícola transalpino exporta el 24 por cien de su producción a Estados Unidos, con una participación que se eleva al 50 por cien para las pequeñas y medianas empresas. “Nos arriesgamos a la desertificación industrial con la desaparición de las exportaciones a Estados Unidos, que es nuestro segundo mercado”, dijo Claudio Feltrin, presidente de la patronal.

Rusia podría retirar del servicio a su único portaaviones

A diferencia de las potencias imperialistas, Rusia no posee una aviación naval digna de tal nombre. Nunca le ha dado gran importancia, ni siquiera durante la Guerra Fría, porque su estrategia es defensiva y no tiene otro escenario que el propio suelo. Desde los tiempos de la URSS, priorizó los bombarderos estratégicos de largo alcance, los misiles de largo alcance y las capacidades submarinas.

Sin embargo, en los años setenta del pasado siglo, fabricó cuatro portaaviones de propulsión convencional en la denominada configuración “stobar” (Short Takeoff But Arrested Recovery) (*). De ellos, solo el Bakú (Almirante Gorshkov) sigue en servicio hoy en día pero en la India, bajo el nombre de INS Vikramaditiya.

A partir de 1983 se construyeron otros dos buques del mismo tipo: el Varyag, vendido por Ucrania a China, que lo convirtió en el CNS Liaoning, y el Almirante Kuznetsov, el único portaaviones de la Armada rusa.

Puesto en servicio en 1995, doce años después del inicio de su construcción, el Almirante Kuznetsov fue desplegado en el Mediterráneo oriental en octubre de 2016 para apoyar al ejército ruso en Siria. Ha sido su única operación de combate. En un ejemplo de que tanto para la URSS como para Rusia, los portaaviones son un adorno muy costoso.

Tras su único despliegue, el Almirante Kuznetsov se dirigió a Severodvinsk para su modernización. Esto implicó la sustitución de cuatro de sus ocho calderas, su equipamiento con nuevos sistemas (guerra electrónica, comunicaciones, defensa aérea) y la modernización de su sistema de combate e instalaciones aeronáuticas. Se preveía que este proyecto durara tres años.

Sin embargo, ocho años después, el portaaviones aún no ha reanudado su ciclo operativo, a pesar de que el astillero United Shipbuilding Corporation (USC) había asegurado que estaría listo para las pruebas a partir de 2024.

Como tantas otras armas, el Almirante Kuznetsov se ha quedado obsoleto en muy poco tiempo. Puede que nunca vuelva a zarpar. El 11 de julio el periódico ruso Izvestia reveló que la Armada rusa y la USC estaban considerando finalizar el programa de modernización del portaaviones, que sería cancelado. A la espera de una decisión, las obras se han suspendido.

Queda por ver si Rusia reemplazará su único portaaviones en el futuro. En los últimos años, se han anunciado varios proyectos, pero ninguno se ha materializado hasta la fecha.

Los portaaviones plantean dos estrategias diferentes a Rusia. Para el almirante Serguei Avakyants, antiguo comandante de la Flota Rusa del Pacífico, no son necesarios, son demasiado caros y muy vulnerables. “El futuro pertenece a los portaaviones robóticos y a los drones», escribe en el Izvestia. Por lo tanto, detener las reparaciones del Almirante Kuznetsov “sería una decisión totalmente acertada”, concluye.

El oficial de reserva Vasily Dandykin opina lo contrario. “El hecho de que muchos países, como India y China, estén desarrollando flotas de portaaviones sugiere que estos buques son necesarios”, afirmó. Ilya Kramnik, miembro del Centro de Estudios de Planificación Estratégica de la Academia Rusa de Ciencias, comparte esta opinión. “Una flota moderna es impensable sin apoyo aéreo, y la ausencia de portaaviones significa que todo depende del apoyo de la aviación costera”, asegura. Aunque está a favor de retirar el Almirante Kuznetsov, dado que está obsoleto, Krmanik aboga por la construcción de un portaaviones más pequeño.

Según él, el caza Su-33 es demasiado grande para un portaaviones. A falta de aparatos del tamaño adecuado, Rusia podría recurrir a China para obtener los aviones de alerta aérea J-35 y KJ600. A menos que para entonces Sujoi desarrolle una versión naval del Su-75 Checkmate.

(*) La configuración “stobar” (Short Takeoff But Arrested Recovery) es típica de la Marina soviética. Es un sistema de despegue y aterrizaje cortos de los aparatos en la plataforma de los portaaviones. Los aviones se lanzan por catapultas y aterrizan utilizando cables de captura.

La formación de un nuevo complejo militar industrial en Europa

La política europea de rearme exige disponer de un complejo militar-industrial, que ahora no existe por la desindustrialización de la década de los ochenta del siglo pasado. Alemania lo está creando a marchas forzadas y a golpe de subvenciones públicas, a pesar de que  durante mucho tiempo en Berlín han sido reticentes a adoptar una política industrial pública, el modelo típico de Francia, y a aumentar el déficit.

El complejo militar-industrial debe ser integrado, es decir, compuesto por industrias militares tanto como civiles. Los fabricantes europeos de armas tienen que recurrir a empresas civiles porque la Guerra de Ucrania ha demostrado que no basta con fabricar armas, como en tiempos de paz: hay que hacerlo en masa y para ello se necesita mano de obra cualificada, capaz de producir en cadena.

El verano pasado el proveedor de automoción Continental AG anunció un acuerdo con Rheinmetall, un gigante armamentístico alemán cuya cartera de pedidos se ha disparado desde el estallido de la Guerra de Ucrania y la política alemana de rearme. Tras este acuerdo, Rheinmetall ha contratado a trabajadores cualificados de Continental AG, cuya planta, afectada por la crisis del sector automovilístico alemán y amenazada de cierre, fue captada por Rheinmetall.

El proveedor automotriz está en conversaciones con Hensoldt, un fabricante de los radares que utiliza el ejército ucraniano. El objetivo es el mismo: aprovechar el hundimiento del sector automotriz para negociar la contratación de varios cientos de trabajadores cualificados.

Además de los trabajadores cualificados, Rheinmetall también se quiere apoderar de las fábricas. El grupo anunció recientemente su intención de adquirir la planta de Osnabrück, una fábrica cerrada por Volkswagen, que el monopolio quiere reconvertir. Rheinmetall espera utilizarla para producir vehículos militares.

El grupo armamentista alemán no es el único que se está apoderando de la industria civil. A principios de este año, KNDS adquirió una antigua planta ferroviaria de Alstom en Görlitz, que el grupo tenía previsto cerrar para marzo de 2026. KNDS planea ensamblar allí el tanque de batalla principal Leopard 2 y el vehículo de combate de infantería Puma.

Paralelamente algunos monopolios industriales civiles que buscan diversificar sus fuentes de beneficios tienen la mira puesta en la industria de defensa. Es el caso de Volkswagen, recientemente ha confesado su intención de producir equipo militar. La producción se centrará especialmente en vehículos comerciales, transportes y automóviles individuales susceptibles de ser adaptados para uso militar.

El Ministerio francés del ejército ha contratado a Renault para trabajar en la producción de una fábrica de drones en Ucrania y la empresa alemana Daimler Trucks ha firmado una alianza estratégica con Arquus, fabricante francés de vehículos blindados ligeros.

Acelerar los ritmos de producción

Los fabricantes civiles tienen que aportar una importante experiencia a los militares: la producción en masa. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, los países europeos han comenzado a readaptar sus fábricas a la producción en masa para reponer rápidamente los inventarios, históricamente bajos, ya que la necesidad había desaparecido desde el final de la Guerra Fría. La capacidad industrial operaba a un ritmo lento, justo lo suficiente para garantizar lo mínimo indispensable.

Un fabricante de armas es capaz de producir 500 vehículos, mientras que su homólogo civil produce millones. Para ciertos equipos militares, la capacidad de producir grandes cantidades y simplificar los procesos de producción también implica saber comprar materias primas a granel.

Rheinmetall ha visto aumentar su cartera de pedidos un 45 por cien, de 38.000 millones de euros en 2023 a 55.000 millones de euros el año pasado. Ahora va a recibir 40.000 millones de euros en nuevos pedidos.

Lo mismo ocurre en MDBA, el fabricante europeo de misiles, cuya cartera de pedidos nunca ha estado tan abarrotada (37.000 millones de euros) ni ha tenido ingresos tan elevados (4.900 millones de euros el año pasado).

Esto exige una producción a niveles sin precedentes, una tarea abrumadora para una industria acostumbrada a unos ritmos de producción mucho más lentos. El año pasado el ministro francés del Ejército, Sebastien Lecornu, denunció una producción de armas excesivamente lenta, que se debía a la costumbre de operar “justo a tiempo” y a la falta de suficientes reservas de materias primas y componentes.

La necesidad de reclutar mano de obra cualificada

Después de décadas de desindustrialización, Europa carece de trabajadores cualificados para satisfacer las necesidades de la industria de guerra. Solo Francia necesita 100.000 científicos y técnicos.

El grupo siderúrgico alemán ThyssenKrupp busca 1.500 trabajadores para sus astilleros de Wismar, en el norte de Alemania, donde se fabrican barcos y submarinos. Rheinmetall, por su parte, planea aumentar su plantilla en un 29 por cien para 2028, lo que suponen 9.000 trabajadores adicionales, principalmente ingenieros, técnicos y obreros cualificados.

A los fabricantes de armamento les atraen especialmente los sistemas autónomos, la inteligencia artificial y la conectividad.

De momento las empresas europeas no han podido responder a las expectativas. Desde el estallido de la guerra en Ucrania, el 78 por cien del gasto militar europeo ha beneficiado a otros países. Estados Unidos por sí solo se ha llevado el 63 por cien del pastel.

Alemania tiene otro problema adicional: el coste de la energía. Por eso va a destinar 4.000 millones de euros en subvenciones a sus industrias pesadas para ayudarlas a afrontar el aumento de los costes energéticos.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies