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Los muertos durante la pandemia no alcanzan para inflar las estadísticas de fallecidos de Francia

Los medios se han convertido en el ladrón que sale gritando del banco “¡Al ladrón!” para aparentar que el autor del atraco es otro. Por eso han inventado los detectores de mentiras: los que mienten son los demás.

Lo acaba de hacer el periódico francés Liberation, que tiene un detector de mentiras al que llama “CheckNews” con el lema de “La verdad molesta”. El 29 de octubre Liberation incluía entre las mentiras (de los demás) que a lo largo de la pandemia en Francia no se había producido un exceso de mortalidad, como denuncian los herejes.

Sin embargo, los datos oficiales del INSEE, el instituto francés de estadísticas, no dejan lugar a dudas: en el país galo no ha habido en los nueve primeros de este año un exceso de mortalidad en comparación con años anteriores, por más que le pese a Liberation:

2017    470.557
2018    481.462
2019    480.363
2020    481.747

El viejo periódico de los “progres” galos, baluarte hoy de una deleznable reacción, reconoce que no se trata de los datos sino de la “interpretación” de los mismos. Parece que los datos dicen una cosa, pero bien mirados, dicen otra distinta.

Después de quitar y poner cifras de un sitio y de otro, el periódico francés concluye que en los primeros nueve meses del año en curso, el exceso de mortalidad ha sido en Francia de 30.000 fallecidos más que el año pasado.

Aceptando que “pulpo es un animal de compañía”, deducimos un promedio de unos 3.300 muertos más cada mes de pandemia en Francia. Que cada cual piense lo que quiera sobre si las draconianas medidas adoptadas durante la pandemia tienen alguna proporción con esa cifra.

Pero hay más. Como suele ocurrir, lo bueno llega al final, cuando el periódico confiesa: “No se sabe, por supuesto, cuántas de estas muertes pueden atribuirse al Covid-19”.

Sabemos que hay un excedente de 30.000 muertos pero no sabemos de qué han muerto. Podían haber empezado por aquí porque si realmente ha habido un exceso de mortalidad, la población debería estar muy interesada en conocer los verdaderos motivos de las mismas, sobre todo porque hay que prevenir que se reproduzcan en el futuro.

Si no sólamente no nos explican claramente la causa de dicho exceso de mortalidad, si es que existe, sino que además nos lo ocultan con explicaciones rocambolescas, entonces tenemos motivos más que sobrados para sospechar lo peor.

(*) https://www.liberation.fr/checknews/2020/10/29/les-donnees-de-l-insee-montrent-elles-vraiment-qu-il-n-y-a-pas-eu-de-surmortalite-liee-au-covid_1803730

Guerra económica entre España y Marruecos

Ha comenzado una guerra económica sin precedentes entre Marruecos y España, a raíz de las medidas adoptadas por las autoridades marroquíes para impedir las actividades de contrabando mediante la suspensión permanente de las actividades comerciales a través de los cruces de Ceuta y Melilla.

Madrid anunció recientemente la imposición de una multa de 700 dólares a los camiones que entraran en el territorio español con más de 200 litros de combustible, mientras que sólo se vigilaban los vehículos procedentes de Marruecos.

El periódico marroquí Akhbarna informó de que esas medidas coincidían con un período de exportación intensiva de productos agrícolas marroquíes a Europa, lo que causaba enormes pérdidas a las empresas de transporte marítimo internacional y afectaba a las fechas de entrega de las cargas a los clientes.

Marruecos respondió anunciando una nueva medida que exige que los camiones españoles muestren un contrato de asociación con una empresa marroquí para obtener el permiso para cruzar el territorio del reino.

Si se violan las nuevas normas, los vehículos españoles serán confiscados en el puerto de Tánger Med.

Esta decisión entró en vigor el martes.

ttps://www.monitordeoriente.com/20201029-signos-de-una-guerra-economica-entre-marruecos-y-espana/

La policía imputa a la ‘extrema izquierda’ la manifestación de Málaga contra el toque de queda

Dos supuestos miembros de un grupo “de extrema izquierda” fueron detenidos el domingo por la noche por su participación en las protestas que tuvieron lugar en la zona centro de Málaga, que incluyeron la quema de contenedores y que se enmarcan en las movilizaciones que desde el sábado se están produciendo contra el toque de queda decretado por el gobierno central.

Las detenciones se produjeron en torno a las 21.45 horas fueron realizados por efectivos de la Policía Local, que habían sido alertados por un ciudadano que señalaba que unos jóvenes habían incendiado dos contenedores en la plaza de La Marina, junto al edificio de La Equitativa.

Los policías se desplazaron al lugar y observaron que un grupo de jóvenes escapaba a la carrera. Los persiguieron hasta una zona de juego infantil situado en el paseo del parque, donde intentaron esconderse sin éxito.

Finalmente fueron interceptados S.P.C. y D.U.G., ambos de 18 años, a los que se les intervinieron una bandera comunista, un pasamontañas un encendedor y un rotulador.

El primero, presuntamente, incendió uno de los contenedores, mientras que el segundo hacía labores de vigilancia. Además, se investiga la participación de una tercera persona, a la que se señaló como la autora de los daños sufridos por un coche policial estacionado en la plaza de la Constitución al que le fracturaron un cristal.

Junto a los objetos aprehendidos, llamó la atención de la policía las serigrafías en las botas de los detenidos: una hoz y un martillo sobre las siglas CCCP -acrónimo de la Unión Soviética- y el símbolo de la anarquía. Esto refuerza la hipótesis de que forman parte de grupos de “extrema izquierda”.

Los detenidos fueron trasladados a la Comisaría Provincial acusados de un delito de incendio y daños, para su posterior traslado ante el juez.

La intervención policial viene a constatar que los incidentes que se están registrando en el país desde el sábado están siendo protagonizados por individuos de distintas ideologías y posicionamientos políticos; además de poner en un brete al Partido Comunista de Málaga, que horas antes había enviado un comunicado responsabilizando de los altercados ocurridos en la barriada de Huelin al “discurso de odio” de la extrema derecha.

El único individuo arrestado en estos primeros sucesos quedó en libertad con cargos tras prestar declaración ante el Juzgado de Málaga. El hombre, de 36 años, está investigado por los delitos de atentado a agente de la autoridad y delito leve de lesiones.

Al no conformarse el detenido con la condena solicitada por la Fiscalía, el asunto se ha remitido al Juzgado de lo Penal para celebración de juicio en marzo de 2021.

Los hechos ocurrieron en la noche del pasado sábado cuando una concentración convocada en las redes sociales contra las restricciones por el coronavirus, que no estaba comunicada ni autorizada, acabó en disturbios en la zona de Huelin.

Tras la previsión de la protesta, en la que participaron alrededor de 80 personas, se estableció un dispositivo policial. Los manifestantes se movilizaron por varias calles de la zona y provocaron diversos incidentes, destrozando parte del mobiliario urbano, ya que volcaron contenedores y algunos lanzaron objetos contra los policías.

El operativo policial de vigilancia, formado por la Policía Local y la Policía Nacional, se encontraba desplegado en el entorno de Tomás Echeverría desde las 21.30 horas, siendo a partir de las 22.30 horas cuando los participantes comenzaron a desplazarse hacia calle Ayala ocasionando a su paso desórdenes públicos y volcando un total de 12 contenedores -de basura y vidrio- y nueve papeleras. La situación quedó normalizada sobre la medianoche.

https://www.elmundo.es/andalucia/malaga/2020/11/02/5f9fe9fdfdddff18468bf4a5.html

La izquierda domesticada se pasa a las filas de la reacción pura y dura

Mientras el estado de guerra adoptó una apariencia epidemiológica, el debate se pudo mantener en el terreno de las especulaciones, las redes sociales y los comunicados. Pero siete meses después la confusión se ha volcado a la calle y adquiere otro carácter, muy distinto del anterior. Lo que antes parecían concepciones más o menos erróneas, se han convertido en un apoyo descarado al toque de queda.

Si tenemos en cuenta que esas fórmulas represivas son típicas de todos los Golpes de Estado que ha habido en la historia, la conclusión es obvia. Es una toma de posición evidente, no sólo a favor del gobierno, sino de la fascistización galopante, la salida del ejército a la calle y la liquidación pura y simple de todos y cada uno de los derechos y libertades.

En ese lenguaje ridículo que hoy hace furor, dado que en España disfrutamos de un gobierno “de izquierda”, quienes nos enfrentamos al mismo somos “la derecha” e incluso “la ultraderecha”, como ha expresado Pablo Iglesias e incluso Erkoreka, jefe de los de la porra en Euskadi: la izquierda abertzale se ha sumado a los negacionistas que, naturalmente, son “fachas”.

Tanto al PNV como al PSOE/Podemos les va a costar mantener su ecuación “negacionistas = fachas” (“fachas = negacionistas”, como Trump o Bolsonaro) en la medida en que sigan prolongando en el tiempo el estado de guerra para intentar contener lo que no es más que una expresión de hartazgo social y político que, por cierto, no es de ahora, de la pandemia, sino que lleva décadas acumulándose.

En 2011 lograron contener y desviar ese malestar con el invento de Podemos, el legalismo y la gesticulación vacía. Ahora la crisis tiene otra envergadura mucho mayor por un motivo evidente: porque su origen no está en ningún virus.

Con el propósito de justificarse a sí mismos, los distintos gobiernos, tanto el central como algunos autonómicos, desatan una ola de represión típicamente fascista y acusan de fascismo a los que se oponen a ella. Es un cambio notable desde que en 1955 los franquistas impusieron el primer estado de excepción y su Ley de Orden Público.

Mientras tanto, quienes deberían salir a la calle a defender las libertades y derechos más elementales se quedan en casa con el pijama puesto por “responsabilidad”, para evitar “contagios” y seguir comiendo la sopa boba. Al quedar sorprendidos por las movilizaciones, adoptan la postura de la zorra y las uvas de la fábula: no están maduras. Los que salen a la calle ya no son los mismos de siempre.

Entonces vuelven a cambiar las etiquetas de sitio: es el lumpen, gentuza… Cualquier desprecio es bueno con tal de justificar la posición que han adoptado de sostener a ultranza el fascismo y el estado de guerra, dejando las calles y las protestas en manos de otros.

Su última contribución es la de desviar la atención del Estado y el gobierno, que son los responsables del toque de queda, hacia unas siglas u otras. Se pasan la vida luchando contra siglas, símbolos y estandartes para encubrir que la represión procede de los aparatos represivos oficiales.

No es que ahora la calle haya pasado a manos de los fascistas; es que la izquierda domesticada se la ha servido en bandeja porque, por encima de todo, hay algo más que evidente: la lucha contra el actual estado de guerra está más que justificada y quienes se quedan en casa con el pijama puesto son cómplices de esta ola de represión.

‘Mi cuñada no murió de covid, murió por abandono en su casa sin recibir atención médica presencial’

A Soledad Torrado se le quiebra la voz cuando piensa en los últimos días de vida de su cuñada Julia Rangel, de 47 años y vecina de Aceuchal (Badajoz). En menos de una semana, cuenta Torrado, pasó de tener un simple malestar a superar los 39 grados de fiebre, sufrir asfixia, echar espuma por la boca y delirar. Tras dar positivo el día 13 de octubre por coronavirus junto con su marido José Manuel y su hijo Ismael, se confinó en su casa a la espera de una pronta recuperación, pero su situación, precisan varios familiares, no paró de empeorar. Pese a las reiteradas llamadas al centro de salud, dicen sus allegados, no recibieron una visita de un médico hasta el 18 de octubre, cuando ya era demasiado tarde. “Ese día, primero por teléfono, la doctora le dijo que esos síntomas eran de los nervios, que se tomase otro trankimazin [medicamento que la ya fallecida tomaba desde hacía años por prescripción médica]. Volvieron a llamar porque no mejoraba y cuando fue por fin a su casa les dijo: ‘Ahora sí que está mal’”, cuenta Torrado, que ejerce de portavoz de la familia. Media hora más tarde de ese episodio, y tras llevarla en ambulancia al hospital Tierra de Barros (Almendralejo, Badajoz), Rangel murió.

Como queja, Ana Belén Rosa, nuera de Rangel, envió este lunes una carta al consejero de Salud de Extremadura, José María Vergeles, donde relataba lo sucedido y le solicitaba que se abriera un expediente disciplinario y sancionador a los responsables “que omitieron las llamadas reiteradas”. La Junta de Extremadura solicitó este jueves al Servicio Extremeño de Salud (SES) que abra una investigación para esclarecer los hechos. En un comunicado, la Junta reiteró “su puesta a disposición de la familia de la fallecida”. No obstante, los familiares precisaron que ni el consejero de Salud ni el centro médico han contactado con ellos.

La familia, que está estudiando poner una denuncia contra el SES, afirma que ha intentado contactar con el centro médico para conocer el nombre de la doctora que supuestamente cometió la negligencia, pero los responsables, asegura Torrado, desconocen quién estaba de guardia el día que falleció. “Me dijeron que lo mejor que podía hacer era rellenar una hoja de reclamaciones. ¿Lo ves normal? Como si fuera un bar y la comida estuviera mala”, comenta la familiar. Preguntada por estos detalles, la Junta de Extremadura respondió que, hasta no terminar la investigación, prefieren guardar silencio.

La familia asevera que desde el primer momento que Rangel se encerró en casa, el centro de salud “le daba largas” diciendo que sus dolencias eran comunes y que, al ser joven y no tener patologías previas, no era una persona de riesgo. “En una ocasión la médico le dijo a mi hermano que, cuando dieran todos negativos, lo que tenía que hacer era llevar a mi cuñada a un psiquiatra”, cuenta Torrado.

La afectada llegó sola al hospital, su marido y su hijo Ismael se tuvieron que quedar en casa al ser positivos. Cuando sus otros dos hijos, José Manuel y Francisco Javier, alcanzaron el hospital Rangel ya había muerto. “Llegué allí y me encontré a uno de ellos y se me tiró al cuello. Los médicos le acababan de comunicar cómo había muerto mi cuñada, pero estaba paralizado. Me dijo: ‘Tata, solo sé que mi madre está muerta’”, cuenta Torrado, que no deja de pensar que si un doctor hubiera visitado a su familiar un solo día antes, aún seguiría viva. “Es muy duro. Pensar en mi sobrino Ismael de 22 años limpiándole, como estuvo haciendo, la espuma de la boca a su madre y que la doctora le dijera a mi hermano por teléfono que eso era de los nervios”, dice.

Las personas cercanas a Rangel no dudan de la valentía y dedicación del resto de médicos. “En el hospital Tierra de Barros lo dieron todo por salvarla, pero era tarde. Nos preguntaron si queríamos hacerle la autopsia para conocer de qué había muerto, pero dijimos que no. Todos lo sabemos. Mi cuñada no ha muerto de covid, ha muerto por abandono”.

El Ayuntamiento de Aceuchal ha puesto una queja ante las autoridades sanitarias extremeñas por la “situación deficitaria de la atención primaria en la localidad”. En una misiva dirigida al consejero de Salud, José María Vergeles, el Consistorio ha mostrado el malestar general que ha provocado la muerte de Julia Rangel. El alcalde, Joaquín Rodríguez, señala que los vecinos no dejan de quejarse “por la atención que se les presta en el centro de salud”, donde los médicos están “desbordados”, cuentan con una sola línea de atención telefónica y una única ambulancia para más de 5.500 vecinos. “Están asustados e impotentes ante la falta de medios para ser atendidos”, explica Rodríguez. Soledad Torrado se queja: “La ambulancia tardó muchísimo y solo iba el conductor. Mi hermano y mi sobrino, ambos con covid, tuvieron que salir a la calle para ayudarle porque solo no podía. Si hubiera llegado antes tal vez mi cuñada se habría salvado”.

https://elpais.com/sociedad/2020-10-23/mi-cunada-no-murio-de-covid-murio-por-abandono.html

Profetas, científicos y medios de comunicación

“Sí, pero ¿sabe usted una cosa…? ¡He fingido ser profeta!” (Henrik Ibsen. Peer Gynt. Acto V. 1867)

Y así andamos, de profetas en profetas como en la obra de Ibsen, profetas, los cuales anuncian grandes males si no cumplimos con los sagrados deberes que imponen “manu militari” desde los vértices políticos, económicos y mediáticos. Una troupe de científicos y periodistas que nos emiten permanentemente la máxima de “sé razonable”, apropiándose de la razón como si fueran sus amos absolutos.

Max Horkheimer, el autor de Crítica de la razón instrumental, en el prefacio de la segunda edición en alemán (1) anota: “Si bien la obediencia a Dios ha servido siempre como medio para conquistar sus favores, y por otra parte como racionalización de todo tipo de dominio, de expediciones conquistadoras y de terrorismo, los iluministas, tanto teístas como ateístas, interpretaron los Mandamientos, a partir de Hobbes, como principios morales socialmente útiles, destinados a fomentar una vida en lo posible libre de tensiones, un trato pacífico entre iguales, y el respeto del orden existente. Liberada de connotaciones teológicas, la sentencia “sé razonable” equivale a decir: observa las reglas… La razón se realiza a sí misma cuando niega su propia condición absoluta”. Y, en caso de no seguir las reglas, para esto están los aparatos coactivos del supuesto Estado de Derecho el cual, siguiendo las órdenes emanadas desde otras instancias se olvidan de sus cacareados Derechos Fundamentales.

Horkheimer, en su estudio titulado Observaciones sobre ciencia y crisis (1932), ya lo tenía claro: “La ciencia moderna tiene el papel de un medio de producción, y por este motivo, funciona para Estados y empresas burguesas” (2).

Volviendo a la obra antes citada (Crítica de la razón instrumental) nos anota: “Cuanto más pierde su fuerza el concepto de razón, tanto más fácilmente queda a merced de manejos ideológicos y de la difusión de las mentiras más descaradas” (3).

“El intelecto humano, que tiene orígenes biológicos y sociales, no es una entidad absoluta, aislada e independiente. Sólo fue declarado como tal a raíz de la división social del trabajo, a fin de justificar esta división sobre la base de la constitución natural del hombre. Las funciones directivas de la producción —dar órdenes, planificar, organizar— fueron colocadas como intelecto puro frente a las funciones manuales de la producción como forma más impura, más baja del trabajo, un trabajo de esclavos” (4).

Para analizar y poder hacer frente a este gran experimento de comportamiento y control social que estamos viviendo, es preciso no perder la memoria ni el hilo conductor de la constante lucha de clases, en la cual, el proletariado está cada vez más abatido y humillado. Y razonar, indispensable para disponer de las bases argumentales, teóricas, sobre las cuales construir la fuerza organizativa que se oponga a la ofensiva del capital, razonar para pensar, aunque como dice Gómez Pin: “Pero pensar es durísimo, supone vencer constantemente la inercia y la costumbre, supone vencerse constantemente a sí mismo” (5). Aunque sea una tarea ardua, conocer, estudiar, analizar, sacar las propias conclusiones es un antídoto eficaz contra las epidemias ideológicas que van paralelas a la destrucción de puestos de trabajo, a la precariedad, a la humillación, a la represión.

El actual ministro de sanidad de Gran Bretaña, Matt Hancock, cuando en 2017 era ministro británico de Digital, Cultura, Medios y Deporte, pronunció un discurso durante una reunión del Grupo Parlamentario Tory sobre la Cuarta Revolución Industrial. Unos fragmento de dicho discurso nos pueden dar ciertas claves de lo que se estaba preparando:

“Una de las funciones del Parlamento es adelantarse y abordar los grandes desafíos de nuestro tiempo… La naturaleza de las tecnologías es materialmente diferente a lo que ha sido antes. En el pasado, pensamos en el consumo como algo único y en la inversión de capital como aditivo.

… Estoy encantado de hablar junto a tantos colegas impresionantes que realmente entienden esto, y junto al profesor Klaus Schwab, quien literalmente ‘escribió el libro’ sobre la 4ª Revolución Industrial. Su trabajo, que reúne a las mejores mentes del planeta, ha informado lo que estamos haciendo… Nuestra estrategia digital, integrada en la estrategia industrial más amplia, establece los siete pilares sobre los que podemos construir nuestro éxito”.

¿Quién es Klaus Schwab? Ni más ni menos que el fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial, quien, como lo mencionó Hancock en su discurso de 2017, escribió el libro sobre la Cuarta Revolución Industrial. Schwab anunció la “Iniciativa del Gran Reinicio” del Foro Económico Mundial en junio de 2020. Schwab en su libro “COVID-19: The Great Reset”, coescrito con Thierry Malleret publicado en español en septiembre de 2020, señala: “Si ninguna potencia puede imponer el orden, nuestro mundo sufrirá un ‘déficit de orden global’. A menos que las naciones individuales y las organizaciones internacionales logren encontrar soluciones para colaborar mejor a nivel global, corremos el riesgo de entrar en una ‘era de la entropía’ en la que la reducción, la fragmentación, la ira y el provincianismo definirán cada vez más nuestro panorama global, haciéndolo menos inteligible y más desordenado” (6).

La investigación del periodista James Corbett de 16 de octubre de 2020, analiza las propuestas de The Great Reset (el gran reinicio) llegando a la conclusión que el “gran reinicio” no tiene nada que ver con virus ni pandemias ni salud pública. Que es un proyecto de largo alcance construido desde hace años. Y que una vez amansados los movimientos sociales de protesta, crear una caricatura de democracia traspasando el poder real a nivel global y en muy pocas manos: “Es una toma de poder de magnitud sin precedentes, e involucra la reestructuración de clases sociales para desmantelar la democracia, borrar las fronteras nacionales y permitir el gobierno de las comunidades a distancia por parte de un grupo de líderes no electos… es una agenda tecnocrática que busca integrar a la humanidad en un aparato de vigilancia tecnológica supervisado por una poderosa inteligencia artificial”.

El 29 de octubre la web Bitcoin publicaba un artículo con el título de “Una mirada a la agenda fascista detrás del Gran Reajuste” en el cual desvela que “Hace menos de dos semanas el director gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI) pidió un ‘nuevo momento de Bretton Woods’. Mientras tanto, el FMI no es la única entidad que está presionando por un ‘gran reinicio’, ya que el Foro Económico Mundial (FEM) y otras entidades principales han estado promoviendo la propaganda del reinicio financiero. El status quo prepara el ‘gran reinicio’ a través de una intensa propaganda” (7).

Propaganda, es la palabra clave en todo este entramado, pues. “¿Y para quién no es placentero contemplar en la pequeña pantalla como los males se ceban en los otros, desde la seguridad que ofrecen las cuatro paredes del hogar, debidamente protegido por una puerta blindada?” (8).

“La incertidumbre del saber se compensa con un acentuado no-querer-saber. Esto permite posponer ad calendas graecas la cosa y emplear de otra manera el biotiempo ganado. Ver la cosa de un golpe, de una sola mirada… le ahorra biotiempo al receptor de un mensaje; pero el ahorro se hace a costa de la reflexión, y habría que preguntarse si el ahorro vale el precio que se paga por él” (9).

“El fascismo, y sobre todo la sociedad nazi, glorificaron la técnica, hasta el punto de plantearse el exterminio científico de 100 millones de europeos. Los defensores actuales de las tecnologías, viejos y jóvenes, debieran tener en cuenta estos hechos históricos” (10).

En esta epidemia de propaganda salvaje, falaz y emfermiza se arremete contra aquellos que ponen dudas e interrogantes a la multitud de incógnitas y los caracteriza con el apelativo de paranóicos o cosas por el estilo. Nada nuevo bajo el sol, el periodismo canalla está acostumbrado a estos quehaceres desde hace muchísimos años . Ya Horkheimer, en su Crítica a la razón instrumental aludía a ello con las siguientes palabras: “Como en los días de la magia, cada palabra es considerada una peligrosa potencia capaz de destruir la sociedad, hecho por el cual debe responsabilizarse a quien la pronuncia. Por consiguiente, bajo el control social se ve muy menguada la aspiración a la verdad” (11).

Propaganda que viene avalada por firmas de científicos eminentes o no eminentes, pero todos con estrechos lazos en el mundo corporativo, ya sea biotecnológico, químico, farmacéutico y en muchas ocasiones militar; defensores todos ellos de la “neutralidad de la ciencia”. Ante tales desmanes se alzan voces por parte de otros científicos, sin intereses económicos a defender y críticos con la subordinación al capital.

“Lo que aquí se cuestiona es si la ciencia no debe revisar supuestos de otro orden que están en la base de sus prácticas: su modo de apropiación del saber, su modo de cortarlo y aislarlo de la comunidad de la cual lo extrae para encerrarlo asépticamente en un laboratorio… ¿No es hora de que un aire de democracia barra esos ambientes viciados de elitismo?

Así, la neutralidad planteada como virtud por la ciencia clásica deviene intencionalmente falaz ya que desde esta posición puede realizarse cualquier tipo de aplicación —desde bombas guiadas por láser o armas bacteriológicas hasta satélites de comunicación— sin el riesgo de ser estigmatizado por la sospecha de alianza con el poder. Lo que hasta aquí se expuso puede sintetizarse de este modo:

a) En primer lugar, la neutralidad ética de la ciencia pertenece al orden del discurso y no así a sus prácticas que aparecen siempre vinculadas a intereses de grupos de poder.
b) Además, la proclamada neutralidad científica no se limita sólo al ámbito de la ciencia pura, sino que ‘avanza’ sobre áreas de aplicación tecnológica configurando el orden tecnocrático de los especialistas” (12).

La producción de conocimiento, la dirección de la investigación, los procesos de desarrollo científico están estrechamente ligados a procesos productivos. La reducción de los datos empíricos a meros hechos, sin conexión con lo social, lo político y lo económico, es un método que hay que romper para poder realmente hacer teoría. La crítica debe caer tanto sobre la teoría como sobre el conocimiento.

“Bajo una visión marxista, la Teoría crítica presenta a la ciencia como un momento histórico que depende de relaciones de trabajo, es decir, que depende de las actividades del hombre en la historia. La actividad científica es histórica y no puede dejar de serlo” (13).

La ciencia también funciona como creadora de valores y cuando está al servicio del capital cumple un rol ideológico de primera magnitud. Pero este tipo de ideología, desde el análisis marxista, podemos denominarla como la táctica de representar lo irreal mediante una negación de lo real y haciendo de lo irreal lo real.

Así, en los momentos actuales, la caracterización de fascismo a todo el entramado alrededor de la pandemia, prometiendo un mundo feliz una vez hayamos acatado todas las órdenes y nos hayamos sometido al dictado de la técnica, hayamos clamado por más medicamentos –en lugar de más salud-, no es tanto un apelativo despectivo sin base analítica, sino un modo determinado de funcionamiento técnico e ideológico en el cual podríamos parafrasear las palabras de Marinetti, uno de los fundadores del fascismo italiano en los años 20 del siglo pasado: “Después del reino animal, he aquí que da inicio el reino mecánico. Con el conocimiento y la amistad de la materia, de la cual los científicos no pueden conocer más que las reacciones físico-químicas, nosotros preparamos la creación del hombre mecánico de refacciones intercambiables. Nosotros lo liberaremos de la idea de la muerte, y por ende, de la muerte misma, suprema definición de la inteligencia lógica” (14). Palabras nada alejadas de las pronunciadas con motivo de la concesión del premio Nobel de Quimica relativas a la posibilidad de “editar” personas humanas según las necesidades de la reproducción del capital.

Enfrentarnos hoy a esta gran ofensiva coordinada por Profetas, Científicos y Periodistas, no es tarea fácil. Los que nos arriesgamos a ello seremos anatematizados, perseguidos, acosados y condenados al fuego eterno, mientras que los mansos, los elegidos para este gran experimento de control social nos miraran a semejanza de lo escrito por Santo Tomás de Aquino en Summa Theologiae en referencia a los condenados a sufrir torturas en el infierno y a los que se ven libres de ellas: “… ut de his electi gaudeant, cum in his Dei iustitiam contemplantur, et dum se evasisse eas cognoscunt” (“… a fin de que los elegidos se regocijen frente a ellos, al contemplar en ellos la justicia de Dios y al reconocer que ellos han escapado a semejante destino”).

De forma similar, los modernos científicos tomistas junto a la tropa política que los acompaña, nos augoran un trágico destino a quienes no deseamos ser elegidos para las aventuras biotecnológicas de los modernos dioses científicos. Estudiemos, pensemos, razonemos, actuemos, y así tal vez nos salvemos.

(1) Zur kritik der instrumentellen vernunft. Mai 1967 S. Fischer Verlag, Frankfurt am Main
(2) Max Horkheimer, Observaciones sobre ciencia y crisis, en Teoría crítica, p. 15.
(3) Max Horkheimer. Crítica de la razón instrumental. Editorial Sur, 1973. Pág. 26.
(4) Íb. Pág. 52
(5) Víctor Gómez Pin. Reducción y combate del animal humano
(6) https://www.amazon.es/COVID-19-Gran-Reinicio-Klaus-Schwab/dp/2940631158/ref=pd_lpo_14_img_0/262-3963456-4170850?_encoding=UTF8&pd_rd_i=2940631158&pd_rd_r=66eb25ae-645d-4a98-b95b-4f119b9697c1&pd_rd_w=DQpJQ&pd_rd_wg=kbrUd&pf_rd_p=4221015a-01c7-4a3d-a84d-985d938e9995&pf_rd_r=J9CVBQXVFMJ7EWZ7CZ9A&psc=1&refRID=J9CVBQXVFMJ7EWZ7CZ9A
(7) https://news.bitcoin.com/a-look-at-the-fascist-agenda-behind-the-great-reset-and-the-wefs-reboot-propaganda/
(8) Vicente Romano. El tiempo y el espacio en la comunicación. Pág. 298
(9) Vicente Romano. El tiempo y el espacio en la comunicación. Pág. 380
(10) Vicente Romano. El tiempo y el espacio en la comunicación. Pág. 425
(11) Crítica de la razón instrumental. pág. 25
(12) Angelina Uzín Olleros. Ciencia neutra versus ciencia crítica
(13) http://www.agoraphilosophica.com/Agora29-30/agora29-30.florito.pdf
(14) Filippo Tommaso. Marinetti (Manifiesto técnico de la literatura futurista. Milán, 11 de mayo de 1912

(*) La imagen de portada corresponde a Matt Hancock, ministro británico de Sanidad

Lo bueno, si breve, Monterroso

Seguimos, un capítulo más, será el penúltimo, con Monterroso, quien escribe: «en un cuento moderno a nadie se le ocurre decir cosas elevadas porque se considera de mal gusto, y probablemente lo sea. En cambio, si usted atribuye ideas elevadas a un animal, digamos una pulga, los lectores sí lo aceptan porque entonces creen que se trata de una broma y se ríen y la cosa elevada no les hace daño o ni lo notan». En esta suerte de zoología moral -que no es tal-, Monterroso acaba pasándole un contrabando al lector eludiendo su censura. Vamos con unos pocos.

Sansón y los filisteos

Hubo una vez un animal que quiso discutir con Sansón a las patadas. No se imaginan cómo le fue. Pero ya ven cómo le fue después a Sansón con Dalila aliada a los filisteos. Si quieres triunfar contra Sansón, únete a los filisteos. Si quieres triunfar sobre Dalila, únete a los filisteos.

Únete siempre a los filisteos.

Caballo imginando a Dios

A pesar de lo que digan, la idea de un cielo habitado por Caballos y presidido por un Dios con figura equina repugna al buen gusto y a la lógica más elemental, razonaba los otros días el Caballo.

Todo el mundo sabe -continuaba en su razonamiento- que si los Caballos fuéramos capaces de imaginar a Dios lo imaginaríamos en forma de Jinete.

La parte de León

La Vaca, la Cabra y la paciente Oveja se asociaron un día con el León para gozar alguna vez de una vida tranquila, pues las depredaciones del monstruo (como lo llamaban a sus espaldas) las mantenían en una atmósfera de angustia y zozobra de la que difícilmente podían escapar como no fuera por las buenas.

Con la conocida habilidad cinegética de los cuatro, cierta tarde cazaron un ágil Ciervo (cuya carne por supuesto repugnaba a la Vaca, a la Cabra y a la Oveja, acostumbradas como estaban a alimentarse con las hierbas que cogían) y de acuerdo con el convenio dividieron el vasto cuerpo en partes iguales.

Aquí, profiriendo al unísono toda clase de quejas y aduciendo su indefensión y extrema debilidad, las tres se pusieron a vociferar acaloradamente, confabuladas de antemano para quedarse también con la parte del León, pues, como enseñaba la Hormiga, querían guardar algo para los días duros del invierno.

Pero esta vez el León ni siquiera se tomó el trabajo de enumerar las sabidas razones por las cuales el Ciervo le pertenecía a él solo, sino que se las comió allí mismo de una sentada, en medio de los lagos gritos de ellas en que se escuchaban expresiones como contrato social, Constitución, derechos humanos y otras igualmente fuertes y decisivas.

El paraíso imperfecto

Es cierto -dijo melancólicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno-; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve.

El Zorro es más sabio

Un día que El Zorro estaba muy aburrido y hasta cierto punto melancólico y sin dinero, decidió convertirse en escritor, cosa a la cual se dedicó inmediatamente, pues odiaba ese tipo de personas que dicen voy a hacer esto o lo otro y nunca lo hacen.

Su primer libro resultó muy bueno, un éxito; todo el mundo lo aplaudió, y pronto fue traducido (a veces no muy bien) a los más diversos idiomas.

El segundo fue todavía mejor que el primero, y varios profesores norteamericanos de lo más granado del mundo académico de aquellos remotos días lo comentaron con entusiasmo y aun escribieron libros sobre los libros que hablaban de los libros del Zorro.

Desde ese momento el Zorro se dio, con razón, por satisfecho, y pasaron los años y no publicaba otra cosa. Pero los demás empezaron a murmurar y a repetir «¿Qué pasa con el Zorro?», y cuando lo encontraban en los cócteles puntualmente se le acercaban a decirle tiene usted que publicar más.

-Pero si ya he publicado dos libros, respondía él con cansancio.

-“Y muy buenos” -le contestaban-; por eso mismo tiene usted que publicar otro.

El Zorro no lo decía, pero pensaba: “en realidad lo que éstos quieren es que yo publique un libro malo; pero como soy el Zorro, no lo voy a hacer”.

Y no lo hizo.

(*) El Zorro era Juan Rulfo.

Economía política de la pandemia: primero destruir para luego reconstruir

La pandemia es una cortina de humo tras la cual se está poniendo en marcha una nueva política social y económica de muy largo aliento para rescatar al capital de su crisis. A lo largo de estos meses habría que haber leído más al Banco Mundial que a la Organizacion Mundial de la Salud.

En su informe del pasado mes de octubre, el Banco Mundial dice: “A fin de revertir este grave revés [pandemia] para el progreso del desarrollo y la reducción de la pobreza, los países tendrán que prepararse para una economía diferente después del Covid, permitiendo que el capital, la mano de obra, las aptitudes y la innovación se trasladen a nuevas empresas y sectores”.

Lo que el Banco Mundial reconoce es que en ésta como en las demás crisis del capitalismo, hay que destruir antes de reconstruir, es decir, imponer una economía de guerra. No obstante, quienes tienen una concepción ingenua del capitalismo no lo entienden. Creen que los confinamientos y cierres de empresas perjudican al capitalismo y que gobiernos, como el del PSOE y Podemos, han tenido que imponer “sacrificios económicos” para preservar la salud pública.

Hace años que tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco Mundial van mucho más allá de los “sacrificios”. Hablan de poner el cronómetro a cero y nunca necesitaron de una pandemia para hablar de ello abiertamente.

Por ejemplo, en octubre de 2017 Matt Hancock, actual ministro de Sanidad británico, ya proponía una Cuarta Revolución Industrial en presencia de su promotor, Klaus Schwab, fundador y presidente ejecutivo del Foro Económico Mundial.

Quienes busquen lazos para entender que la economía y la sanidad son dos caras de una misma moneda, tienen a Hancock, un ministro en activo que mantiene -más o menos- confinada a la población británica desde hace siete meses.

Las reconversiones económicas, como la que llevó a cabo el PSOE en España en los ochenta, son un desmantelamiento de sectores productivos completos, con cierres de empresas, de minas y despidos masivos. Entonces el PSOE no tuvo necesidad de invocar ningún pretexto sanitario.

Ahora padecemos una segunda reconversión industrial con el mismo protagonista y otro comparsa en el gobierno, Podemos, pero la memoria histórica sigue dando muestras de flaqueza. Ayer y hoy los engañabobos siempre hablan del futuro brillante que nos espera para tapar las miserias de un presente desolador.

Para que, como dice el Banco Mundial, se levanten “nuevas empresas y sectores económicos”, los antiguos tienen que desaparecer, por las buenas o por las malas. Con ellos se irán los trabajadores y sus antiguas condiciones de trabajo, abocados al paro y a la miseria, a contratos precarios y a una drástica reducción de su nivel de vida.

Los más cínicos lo llaman “nueva normalidad”.

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