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Los beneficios de las vacunas de Moderna se desvían a paraísos fiscales

El fabricante de vacunos Moderna está empleando estructuras de evasión de impuestos para trasladar sus ganancias a Suiza y al estado estadounidense de Delaware. La unión Europea hizo a la empresa farmacéutica un pedido de 10.300 millones de dólares en vacunas contra el coronavirus, mientras Estados Unidos pidió vacunas por valor de 7.500 millones de dólares. Así Moderna embolsará ganancias libres de impuestos de los golpes financiados con fondos públicos

“Que Moderna se beneficie de la vacuna es indignante”, dice Vincent Kiezebrink, investigador de Somo. “Como sociedad, pagamos tres veces: financiamos la investigación de desarrollo de vacunas; pagamos precios inflados para comprar esas vacunas; y luego Moderna utiliza estructuras impositivas para evitar los impuestos corporativos”.

Un contrato filtrado entre Moderna y la Comisión Europea muestra que los pagos por las vacunas ordenadas por la UE van a una subsidiaria recientemente establecida de Moderna en Basilea. Suiza es conocida por sus bajas tasas impositivas y sus acuerdos fiscales secretos. Debido a este secreto, es imposible saber exactamente cuántos impuestos paga Moderna en Suiza, pero al contabilizar sus ganancias en esta jurisdicción de impuestos bajos, es probable que Moderna pague poco en impuestos sobre los miles de millones de euros que puede ganar con la crisis del coronavirus.

Además, las patentes de la vacuna de Moderna están registradas en Delaware, Estados unidos, un verdadero paraíso para las patentes. Delaware no grava los ingresos que provienen de activos intangibles, como las patentes. Es probable que gran parte de las ganancias obtenidas por Moderna se transfieran a Delaware a través del pago de regalías por el uso de patentes, donde se gravarán con una tasa baja.

La tecnología para estas vacunas se desarrolló utilizando fondos públicos, y los precios a los que se venden las vacunas a los gobiernos de todo el mundo permiten a las empresas farmacéuticas obtener ganancias masivas.

Se han hecho pedidos de 1.500 millones de dosis de la vacuna Moderna para 2021 y 2022, con 460 millones de dosis para la UE y 500 millones para los EE. UU. Esto le costará a la Unión Europea 10.300 millones y a los Estados Unidos 7.500 millones. Se estima que la empresa generará unos 18.400 millones de dólares en ingresos por las ventas de vacunas contra el coronavirus solo este año.

El margen de beneficio de Moderna es del 44 por ciento por dosis, generando unos 8.000 millones de dólares en beneficios para 2021. A pesar de este alto margen, la empresa ha indicado que espera aumentar los precios de las vacunas una vez que termine la pandemia.

—https://www.somo.nl/moderna-vaccine-profits-channelled-to-tax-havens/ https://attac.es/los-beneficios-de-las-vacunas-de-moderna-se-canalizan-a-los-paraisos-fiscales/?utm_source=feedly&utm_medium=rss&utm_campaign=los-beneficios-de-las-vacunas-de-moderna-se-canalizan-a-los-paraisos-fiscales

[A este artículo se le ha olvidado mencionar que tanto la empresa Moderna como la tecnología de su vacuna de ARNm procede de los fondos proporcionados por el ejército de Estados Unidos]

Los CDC manipulan las estadísticas contando las muertes de los ‘vacunados’ como muertes de ‘no vacunados’

Los “expertos” de los organismos públicos tienen más trucos que un número de magia, sobre todo cuando se trata de ocultar el número real de muertes causadas por las vacunas. Les debe pesar que haya demasiados muertos y se ven obligados a ocultarlos debajo de la alfombra.

Ya falsificaron el número de muertos habidos durante la pandemia, luego el número de “casos positivos” y ahora hacen lo mismo con los que mueren a causa de las vacunas, hasta tal punto que le dan la vuelta por completo al asunto: las muertes de los vacunados se consideran como muertes de no vacunados en los primeros 14 días desde la inoculación.

Un documento de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) muestra los malabares de un organismo público a la hora de definir lo que considera como “totalmente vacunado”, “parcialmente vacunado” o “no vacunado” (1).

Los CDC consideran “sin vacunar” a un persona cuando sólo han transcurrido 14 días de recibir la primera dosis de una serie de dos dosis, o una dosis de la vacuna de dosis única, o si no se dispone de un registro de vacunación.

Esto significa que si una persona ha sido hospitalizada, ingresada en cuidados intensivos, ha necesitado ventilación mecánica o ha fallecido en las dos semanas siguientes a la recepción de la vacuna, se contabiliza como “no vacunada”.

Luego los medios de comunicación utilizan las estadísticas de los CDC para asustar a la población a fin de que se vacune. Por ejemplo, la semana pasada Yahoo publicó un artículo titulado “Los residentes de Los Ángeles no vacunados tenían 29 veces más probabilidades de ser hospitalizados con covid-19: estudio de los CDC” (2).

Las estadísticas que nos muestran los “expertos” a cada paso, tantos en sus sesudos estudios científicos como en los platós de televisión, están diseñadas para taparlo todo, para que sea imposible analizar lo que está ocurriendo y para que los resultados sean los que tienen previstos de antemano en sus modelos informáticos.

Es una vergüenza y un fraude grotesco que nadie debería consentir.

(1) https://www.cdc.gov/mmwr/volumes/70/wr/pdfs/mm7034e5-H.pdf
(2) https://finance.yahoo.com/news/unvaccinated-hospitalized-coronavirus-doctor-cdc-202334703.html

Italia condena a cadena perpetua a 14 criminales implicados en la Operación Cóndor

El mes pasado acabó en Italia un largo proceso judicial contra algunos de los criminales implicados en la Operación Cóndor, la represión asesina llevada a cabo por las juntas militares latinoamericanas en los años setenta y ochenta del siglo pasado.

El proceso comenzó hace dos décadas, cuando el magistrado Giancarlo Capaldo puso en marcha una investigación sobre las decenas de ciudadanos italianos que “desaparecieron” en América Latina. Se necesitaron quince años para completar los trabajos preliminares del juicio, que finalmente sentó en el banquillo a veintiún militares, ministros e incluso estadistas. Uno de ellos, residente en la sureña provincia italiana de Salerno, era Jorge Néstor Troccoli, antiguo oficial del servicio secreto de la marina uruguaya. Unos años antes, había utilizado su nacionalidad italiana para huir de Uruguay con el fin de evitar ser procesado en ese país por los mismos delitos.

Catorce de los acusados, incluido Troccoli, fueron condenados a cadena perpetua. Otros murieron antes de poder ser juzgados. Pero en América Latina y en otros lugares, muchos de estos criminales siguen impunes.

Para entender la esencia de la Operación Cóndor tenemos que retroceder en el tiempo hasta los turbulentos años 70 en América Latina. La ardiente victoria de la revolución cubana, unida a la independencia de muchos países africanos y asiáticos, impulsó las luchas sociales y políticas en todo el continente. Esto, a su vez, alimentó las esperanzas de los partidos y movimientos de izquierda de liberarse seriamente del modelo impuesto por Estados Unidos: una segunda independencia, como reza el título de una famosa canción de Inti-Illimani.

Pero esta esperanza no duró mucho. Mediante golpes militares, los militares se hicieron con el poder y derrocaron a gobiernos elegidos democráticamente desde el norte hasta el sur del continente. Esto se hizo de acuerdo con las élites económicas, que históricamente han mantenido un firme control del poder político en América Latina, y con Estados Unidos, que temía que los movimientos progresistas y las reformas encabezadas por los gobiernos de izquierda pudieran poner en peligro las inversiones estadounidenses en la región y permitir que los países históricamente alineados con Washington se deslizaran hacia la órbita soviética.

Esto condujo -empezando por Brasil en 1964- a una serie de golpes de Estado que sometieron a la mayor parte del continente a un régimen militar. En 1971 le tocó a Bolivia, seguida de Chile y Uruguay en 1973, y Argentina en 1976. Una vez en el poder, estos regímenes lanzaron feroces campañas de represión contra cualquier forma de disidencia. Las redadas contra los opositores, las detenciones arbitrarias, las torturas, la detención en campos de concentración y las “desapariciones” fueron las medidas sangrientas que se utilizaron constantemente a lo largo de los años de la dictadura. Las víctimas: izquierdistas, músicos, sindicalistas, estudiantes implicados en movimientos sociales, militantes católicos o incluso personas simplemente sospechosas de tener tendencias marxistas.

Pero esto no fue suficiente. La serie de golpes de Estado tardó más de diez años en terminar. Las personas que podían estar en peligro en un país que había caído bajo un régimen militar podían esperar refugiarse en un estado vecino, donde todavía no había una dictadura, para evitar ser detenidos. La policía secreta de los regímenes militares era obviamente muy consciente de este hecho. Para sortear este problema, en otoño de 1975, el coronel Manuel Contreras, jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) de Chile, invitó a sus homólogos de los demás regímenes militares latinoamericanos a Santiago para celebrar la primera reunión interamericana de inteligencia nacional, una cumbre secreta destinada a reforzar los sistemas de seguridad de los países interesados.

La legalización de los escuadrones de la muerte

El signo de interrogación sobre la participación directa de Estados Unidos en la captura y desaparición de disidentes no resta importancia a la considerable responsabilidad de Washington tanto en la creación como en la aplicación del sistema Cóndor.

Al final de la reunión, celebrada en la capital de Augusto Pinochet en noviembre de 1975, los delegados de Chile, Bolivia, Argentina, Uruguay y Paraguay aprobaron un nuevo sistema transnacional de represión, bautizado como Cóndor en honor al ave que simboliza el país anfitrión. La idea era poner en práctica un intercambio multinacional de información sobre los “subversivos” mediante la creación de una oficina de coordinación y una base de datos internacional siguiendo el modelo de Interpol. Brasil se unió al movimiento en 1976, seguido por Ecuador y Perú dos años después.

La recopilación e intercambio de información era sólo la primera parte del acuerdo. La segunda parte fue operativa, con operaciones transfronterizas organizadas conjuntamente por los servicios de seguridad de los Estados Cóndor. Esto permitía que escuadrones de agentes de uno o varios países cruzaran las fronteras nacionales sin obstáculos burocráticos. Estas operaciones transfronterizas permitieron a estos agentes interrogar a uno de sus compatriotas que ya había sido detenido en otro país Cóndor, o incluso capturar al presunto disidente a partir de la información de los servicios de inteligencia locales. Los interrogatorios, basados en la tortura sistemática, solían terminar con la eliminación o “desaparición” del prisionero.

La última parte del acuerdo se refería a la formación de escuadrones especiales para identificar y eliminar a los enemigos que se habían refugiado fuera de los límites territoriales del sistema Cóndor y que podrían socavar la estabilidad de estos regímenes, incluso desde más allá de las fronteras de América Latina.

La complicidad de Washington

En este punto de la historia, conviene aclarar dos puntos. En primer lugar: la Operación Cóndor no es simplemente lo mismo que las dictaduras latinoamericanas de los años 70 y 80, aunque estén estrechamente relacionadas. Una víctima de la represión de las dictaduras no era necesariamente una víctima del sistema Cóndor, aunque estas víctimas también merecen verdad y justicia.

Además, desde el punto de vista de los historiadores, los documentos disponibles no demuestran que esta represión transnacional estuviera directamente orquestada desde Washington. A menudo se olvida que Cóndor tuvo lugar durante dos administraciones estadounidenses -primero la de Nixon-Ford y luego la de Carter- que tenían enfoques divergentes respecto a los regímenes militares latinoamericanos. La administración Nixon-Ford fomentó y financió muchas de las dictaduras que surgieron durante este periodo, en nombre de la realpolitik al estilo Kissinger. La administración Carter adoptó un enfoque muy diferente en materia de derechos humanos, y aunque este enfoque no fue ni incisivo ni eficaz, bastó para que se le acusara de comunismo a los regímenes militares.

Pero el interrogante sobre la participación directa de Estados Unidos en la captura y desaparición de disidentes no resta importancia a la considerable responsabilidad de Washington tanto en la creación del sistema Cóndor como en su aplicación.

Washington era muy consciente de lo que ocurría, pero guardó silencio, como demuestran los numerosos documentos desclasificados por las administraciones estadounidenses a partir de 1999.

También está la contribución de Estados Unidos al establecimiento y apoyo de regímenes militares que, a partir de mediados de la década de 1950, hicieron que América Latina fuera políticamente homogénea, una condición clave para el surgimiento del sistema Cóndor. A ello se sumó el entrenamiento en técnicas de contrainsurgencia y tortura impartido por la Escuela de las Américas -a la que asistieron muchos de los funcionarios que, unos años después, crearon el sistema Cóndor-.

Por último, el sistema Cóndor utilizó la infraestructura de comunicaciones estadounidense cerca del Canal de Panamá para coordinar las acciones de los regímenes militares. Por lo tanto, Washington fue claramente culpable tanto de complicidad como de apoyo a Cóndor, especialmente entre 1975 y 1977. Pero también hay una diferencia entre este tipo de apoyo externo a las actividades que los Estados latinoamericanos emprendieron por iniciativa propia y las intervenciones de política exterior como el golpe de Estado de 1954 en Guatemala o la invasión de Bahía de Cochinos.

El asesinato de Orlando Letelier

La cooperación oficial entre todas las dictaduras del Cono Sur, en el marco específico del sistema Cóndor, parece haber durado unos dos años, terminando a finales de 1977 o principios de 1978. La ruptura del pacto se debió a dos factores. El primero fue el asesinato en Washington, el 21 de septiembre de 1976, de Orlando Letelier, diplomático chileno cercano a Salvador Allende. Este crimen tuvo graves repercusiones en las relaciones entre Chile y Estados Unidos, y en todos los Estados Cóndor. El recién elegido gobierno de Jimmy Carter presionó al régimen chileno (y a otros) para que frenara sus políticas represivas, y redujo la ayuda militar a las dictaduras que no cooperaban.

El segundo factor de ruptura fueron las tensiones entre Chile y Argentina, que se agudizaron en 1977 cuando ambos estados volvieron a disputarse el control del Canal de Beagle, en el extremo sur del continente. Este conflicto, que estuvo a punto de desembocar en una guerra abierta, también fue aprovechado por otros Estados para sacar a relucir viejos agravios contra los dos países implicados. La mediación del Vaticano evitó un conflicto directo, pero las relaciones diplomáticas de las dictaduras militares quedaron irremediablemente debilitadas.

Sin embargo, la ruptura del pacto oficial no puso fin a la colaboración entre las policías políticas de todos estos regímenes. Continuaron encarcelando, masacrando, torturando e intercambiando prisioneros hasta principios de la década de 1980. En total, la represión de estos regímenes acabó con la vida de entre 30.000 y 60.000 personas, aunque este total sigue siendo difícil de cuantificar, ya que aún se desconocen los lugares de descanso final de las víctimas.

Miles de crímenes han quedado impunes

A lo largo de los años, se han celebrado muchos juicios relacionados con los crímenes de la Operación Cóndor, sobre todo en América Latina. Ya en 1978 se inició un proceso en Estados Unidos contra el agente de la DINA Michael Townley, nacido en ese país, por organizar el atentado contra Orlando Letelier con la ayuda de terroristas anticastristas cubanos. Hasta ahora, Italia es el único país fuera del continente americano que ha completado un juicio con una relación muy directa con Cóndor hasta el más alto tribunal.

Pero la justicia ha faltado. Muchos autores murieron sin pagar nunca por sus crímenes, es cierto, también debido a la debilidad de las transiciones democráticas en América Latina en la década de 1980: muchos funcionarios de carrera siguieron en sus puestos incluso después del fin de las dictaduras militares. Otros se fueron al extranjero para escapar de la justicia. Del mismo modo, nadie se ha enfrentado a cargos por fomentar y financiar golpes de Estado desde el extranjero, por consentir miles de asesinatos y por intercambiar favores con dictadores a cambio de servicios a Occidente. Un nombre podría representarlos a todos: Henry Kissinger, ganador del Premio Nobel de la Paz en diciembre de 1973, después de haber organizado meticulosamente el colapso del Chile de Allende y haber creado las condiciones para un golpe de Estado que costó miles de vidas inocentes.

En este contexto, el juicio italiano por los crímenes de la Operación Cóndor es una gota en el océano de las víctimas que nunca recibirán la justicia que merecen. Sin embargo, en este trágico contexto, el juicio italiano es crucial en un sentido. La condena de Jorge Néstor Troccoli es la primera vez que se detiene, juzga y condena a un torturador en Italia. Es de esperar que su condena sea el punto de partida de nuevos juicios contra otros torturadores que ahora viven en paz en nuestro país, lejos del escenario de sus crímenes.

Es el caso de Carlos Luis Malatto, un ex militar argentino acusado de haber torturado y asesinado a decenas de personas, pero que ahora vive un tranquilo retiro en Sicilia. También es el caso de Don Franco Reverberi, también argentino, ex capellán militar identificado por muchas víctimas como el sacerdote que ayudaba a los soldados durante las sesiones de tortura. El sacerdote vive ahora (y celebra la misa) en un pueblo de la provincia de Parma.

Han pasado 40 años, pero hoy, más que nunca, debemos exigir la justicia que toda víctima merece. Esta justicia no conoce fronteras geográficas ni políticas; y puede transmitir la memoria de lo ocurrido más allá de América Latina e incluso entre quienes no sufrieron tales atrocidades en sus propios cuerpos. El 9 de julio, el Tribunal de Casación italiano dio un paso en esta dirección. Es de esperar que este juicio sea el primero de muchos, hasta que el muro de impunidad y omertà que ha rodeado estos crímenes durante demasiado tiempo sea finalmente derribado.

Jacobin Mag y Vito Ruggiero https://jacobinmag.com/2021/07/operation-condor-us-intervention-juntas-military-dictatorships-jorge-nestor-troccoli-trial-italy

El Banco Mundial está fabricando la pandemia en Benin

Lo mismo que en los demás países del Tercer Mundo, en Benin tampoco ha habido pandemia. Las cuentas oficiales de la OMS apenas pueden atribuir 130 muertes al coronavirus, a pesar de lo cual el gobierno ha impuesto el estado de guerra, prohibiendo las reuniones y los actos políticos, culturales y festivos.

En el Tercer Mundo no ha habido pandemia porque no hay un sistema sanitario público consolidado, que es quien crea este tipo de alarmas. Los médicos apenas atienden a determinados sectores sociales privilegiados, que siempre radican en la capital y en alguna ciudad populosa más.

El personal sanitario es el radar que detecta las enfermedades y los fallecimientos. Muchas enfermedades sólo llegan hasta donde alcanzan los trabajadores de la salud, y como lo que no se conoce es como si no existiera, no se puede tratar, y mucho menos curar. En otras palabras, sin un sistema público de salud no se podría vacunar a la población, aunque existiera una verdadera epidemia.

A veces ni siquiera es suficiente con que haya profesionales sino que, además, son necesarios hospitales, laboratorios y equipos médicos, como las PCR. Cuantos más aparatos existan y cuanto más tiempo estén en funcionamiento, más “casos positivos” encontrarán y, en consecuencia, mayor será la epidemia y mejor se ocultarán sus causas, que son siempre las mismas: el expolio de los medios de vida y las condiciones de trabajo y habitabilidad de la población.

Para crear la pandemia en Benin, el Banco Mundial ha implementado un programa de equipamiento médico, poniendo muchos millones de dólares encima de la mesa (*), que tienen un efecto multiplicador: tras ellos llegará más dinero de fundaciones, ONG e instituciones internacionales. Naturalmente, la cobertura ideológica es la de una “ayuda desinteresada”, es decir, beneficencia sin ningún ánimo de lucro porque la salud es siempre lo primero y está por encima de todo.

“La ayuda del Banco Mundial a los laboratorios de Benin ha aumentado la capacidad de realizar test”, dice el comunicado oficial. Desde el mes de abril han puesto en pie 13 laboratorios en un país que hasta ahora carecía de ellos. Ya tienen cámaras térmicas en 15 puntos fronterizos, 89 centros de detección y 5 de tratamiento gratuito. Gracias a las nuevas instalaciones han podido realizar tests a más de millón de personas.

El programa del Banco va acompañado del típico lavado de cerebro a fin de que población sea capaz de ver lo que no existe. Lo llama “estrategia de comunicación y movilización”, con más cien “sesiones de formación” que han impartido en las seis lenguas locales, a fin de que nadie se escape a la propaganda, ni los trabajadores de sanidad, ni los alumnos y profesores de las escuelas, ni los periodistas… Nadie.

Los dólares del Banco pagan el hotel a los viajeros que llegan al aeropuerto para que guarden la cuarentena correspondiente, así como la hospitalización de los “pacientes de covid” que quedan hospitalizados, es decir, que los hospitales ordenan a los médicos que diagnostiquen a los enfermos como “covid” porque de lo contrario no cobran las “ayudas” del Banco.

Con un año y medio de retraso, lo que está haciendo ahora el Banco Mundial en Benin es lo mismo que hicieron en los paises desarrollados al comienzo de la pandemia: suministrar mascarillas para 6.000 trabajadores sanitarios, instalación de dos hospitales prefabricados, 40 armarios para preservar la cadena de frío, 9 ambulancias totalmente equipadas… También han llevado al país africano los primeros aparatos PCR, por lo que no se sabe cómo hasta la fecha lograron sin ellos diagnosticar los “casos positivos”.

Para que la pandemia triunfe en Benin es necesario que los profesionales sanitarios se llevan su parte de la tajada y, hasta el mes de abril, más de 1.900 de ellos se habían beneficiado directamente del “apoyo” del Banco Mundial. El remate de la operación son 30 millones de dólares para vacunar en masa. Por eso no es de extrañar que las subvenciones de la pandemia hayan logrado tantos adeptos. Si con sólo 127 muertos Benin ha logrado este río de dólares, otros países tienen que esperar mucho más. Sólo es cuestión de que los médicos hagan buenos diagnósticos y buscar “casos positivos” debajo de las piedras.

(*) https://www.banquemondiale.org/fr/results/2021/05/14/benin-s-achievement-in-the-fight-against-the-covid-19-pandemic

Triunfa la distancia social: los drones llevan comida a casa, de donde no hace falta salir

Logan, una ciudad de más de 300.000 habitantes situada al sur de Brisbane, en la costa este de Australia, frente al océano Pacífico, es la capital mundial del reparto domiciliario mediante drones.

Con el confinamiento esta modalidad de reparto se ha convertido en algo muy común, dice Google en una entrada de su blog del 25 de agosto. Es otra de las consecuencias de la “distancia social” y una manera de impedir el trato directo entre las personas.

Es otro de los aspectos de la nueva normalidad. Los drones, internet y la televisión evitan salir de casa, excepto para trabajar.

De las 100.000 entregas realizadas por Wing, que es el nombre de su servicio de reparto, en todo el mundo, la mitad fueron a residentes de Logan. “Los residentes de Logan han pedido y recibido más de 50.000 entregas directamente en sus casas desde los drones de reparto Wing”, afirma el holding estadounidense.

Durante la primera semana de agosto se han realizado cerca de 4.500 entregas mediante drones. “En promedio, un residente de Logan recibió una entrega de drones casi una vez cada 30 segundos durante nuestras horas de servicio”, dice Wing.

La empresa de reparto se fundó en 2014 y ha estado en Logan durante dos años a modo de prueba, pero el grueso del negocio ha llegado ahora. De hecho, las 50.000 entregas destacadas por Google corresponden a los últimos ocho meses, entre enero y agosto de este año.

Los alimentos son la mayor partida de las entregas, incluidos los paquetes frescos o calientes. Los drones han transportado de 10.000 cafés, 2.700 bandejas de sushi, 1.200 pollos asados, 1.000 bollos y 1.700 bocadillos para niños.

Los drones de Wing pueden llegar a todos los clientes en un radio de unos 10 kilómetros desde su punto de partida y realizar la entrega en seis minutos desde su despliegue. Su capacidad de transporte está limitada a mercancías relativamente ligeras: los paquetes no pueden superar los 1,2 kilos.

Piratas informáticos canadienses revientan los pasaportes sanitarios de los políticos de su país

El ministro canadiense de Transición Digital, Éric Caire, declaró el martes que el código QR no podía ser falsificado ni copiado. Ayer, tres días después, un grupo de piratas informáticos ya lo habían reventado, apoderándose de sus datos sanitarios y de los de otros cinco políticos de Quebec.

Serían un hazmerreir, de no ser porque la información médica es confidencial y los piratas canadienses han demostrado, por si quedaban dudas, que se pueden recabar los historiales médicos de cualquiera.

Los pasaportes de vacunas carecen de seguridad; están a merced de los instrusos y, en consecuencia, pronto se convertirán en una mercancía apetecible para las compañías de seguros y las empresas que trafican con bases de datos.

“El apellido, el nombre, la fecha de nacimiento, el lugar de vacunación… Es fácil de conseguir. No es una información muy segura. Puedes descargar el código QR de cualquier persona”, explicaron los piratas, quienes añadieron que la configuración del sitio web facilita la captura de la información confidencial.

Los piratas canadienses mostraron la información relativa al Primer Ministro de Quebec, François Legault, de su ministro de Sanidad, Christian Dubé, y otros cinco miembros de su gabinete.

La acción demuestra que una persona que no se ha vacunado podría crear fácilmente una identidad digital falsa que le permitiera entrar en los locales para los que se exige el pasaporte sanitario, ya que los códigos QR no están asociados a una fotografía.

—https://www.journaldemontreal.com/2021/08/27/preuve-vaccinale-du-pm-piratee

Una ocupación militar rodeada por un cuento hadas: 20 años en la historia de Afganistán

Afganistán acabará siendo una leyenda, como Jauja, que fue una de las primeras ciudades fundadas por los colonizadores españoles en el actual Perú y acabó como sinónimo de prosperidad y abundancia. Pero no es seguro que los colonizados crean que por su calles corren ríos de leche y miel, como escribió el dramaturgo Lope de Rueda. Más bien al contrario.

El mundo moderno vive de las fantasías que alimentan los medios. Hasta Brzezinski admitió ante el Senado de Estados Unidos que la “guerra contra el terror” posterior a los atentados del 11-S era “una narrativa histórica mítica”. En tiempos de Nixon la “guerra contra las drogas” promocionó las drogas más que nunca; en los de Bush, la “guerra contra el terrorismo” ha llevado el “terrorismo” por todos los rincones.

La leyenda dice que en Afganistán todos los imperios han sido derrotados, en especial el soviético. Lo cierto es que las tropas del Ejército Rojo donde retrocedieron fue en Moscú, a causa de los manejos internos que se produjeron en el Kremlin durante la perestroika. Cuado abandonaron Afganistán, el “gobierno prosoviético” de Kabul se mantuvo por sus propias fuerzas durante varios años.

También dice la leyenda que, además de los talibanes, el Ejército Rojo se topó en el valle de Panshir con las fuerzas de Ahmed Massud, la Alianza del norte, a las que no pudo derrotar, como dice la Wikipedia. Lo cierto es que los soviéticos tampoco lo intentaron. Se limitaron a una serie de incursiones cortas, unas nueve, durante el primer periodo de su estancia en el país asiático.

Tras las incursiones, el KGB llegó a un acuerdo de alto el fuego con Massud. El ejército soviético cesaba sus ataques en Panshir y las tropas de Massud no volverían a impedir el tráfico militar a través del túnel de Salang, que conecta Kabul con el distrito militar del sur del Uzbekistán soviético, desde donde se dirigía la operación afgana.

El acuerdo se mantuvo hasta la retirada soviética de 1989, que se llevó a cabo a través del túnel de Salang precisamente, un auténtico embudo.

La Alianza del Norte era una plataforma muy frágil de grupos enfrentados. Varios países, como Irán y Rusia, la apoyaron y sin ellos se habría derrumbado. Fue perdiendo territorio a manos de los talibanes y, de no ser por la intervención de Estados Unidos tras el 11-S, los talibanes habrían acabado con ella muy rápidamente.

Massud: un león en el valle de los leones

En persa la palabra “panshir” significa “cinco leones” y Massud fue otro “león”, el último y más venerado de ellos. El Wall Street Journal lo calificó como “el afgano que ganó la guerra fría”. En Europa le adoraban más que en Panshir. En abril de 2001 fue invitado al Parlamento de Estrasburgo por iniciativa de su presidenta francesa, Nicole Fontaine. Los parlamentarios franceses le nominaron al Premio Nobel de la Paz. En septiembre de 2003, el correo oficial francés emitió un sello postal con su efigie, en conmemoración del segundo aniversario de su muerte. En marzo de este mismo año la alcaldesa de París concedía su nombre a una calle.

El Presidente Hamid Karzai le declaró “héroe nacional”.​ En 2012 el Parlamento afgano declaró como Día de los Mártires el 9 de septiembre, aniversario de su muerte.

Afganistán es así: los portavoces del imperialismo quieren mucho a unos y a otros los desprecian profundamente. El pretexto es que unos (talibanes) son islamistas y otros (Alianza del Norte) no. Lo cierto es que Massud inició su carrera política en los años setenta del siglo pasado dentro de un partido que se llamaba Sociedad Islámica (Jamiat-e Islami). El nombre oficial de la Alianza del Norte era “Frente Islámico Unido por la Salvación de Afganistán”. Si estuviéramos hablando de Siria, diríamos que Massud era un “yihadista moderado”.

Junto con otros señores de la guerra, el 24 de abril de 1992 Massud firmó el Acuerdo de Peshawar para establecer el Estado Islámico de Afganistán que debía suceder al “gobierno prosoviético” de Kabul. El islamismo de Massud y de su partido nunca fue un obstáculo para obtener el reconocimiento oficial de la Asamblea General de la ONU. Al “León de Panshir” le nombraron ministro de Defensa del nuevo gobierno.

Cuando en 1996 los talibanes le echaron de Kabul, Massud volvió al embudo de Panshir, que transformó en un estudio de televisión, hasta que dos falsos periodistas le mataron en un atentado suicida. Sólo faltaban dos días para el 11-S.

La leyenda cuenta que ambas acciones fueron obra de Al-Qaeda que, a su vez, vinculan a los talibanes en una especie de revoltijo característico de la nebulosa yihadista. La versión oficial es: Estados Unidos invade Afganistán porque el gobierno talibán daba refugio a Bin Laden y Al-Qaeda.

Esa versión oficial se contradice con otra, igualmente oficial: a Bin Laden no lo mataron en Afganistán sino en Pakistán. ¿Por que no invadieron Pakistán? O mejor todavía: ¿por qué invadieron los dos países?

Después de 20 años ya nadie cree la leyenda oficial del 11-S, aunque hay distintos grados de escepticismo: los que se creen muy poco y los que no se creen nada. El asesinato de Massud corre la misma suerte y, hasta la fecha, las únicas pistas conducen a… Bruselas, donde se celebró un primer juicio en 2003, seguido de otro en… París en 2005.

Maaroufi: un terrorista que concede entrevistas a los medios europeos

Aunque muchos se imaginan que estas cosas ocurren muy lejos, que son ajenas, los tentáculos llegaban hasta aquí. Massud había recorrido Europa en olor de multitudes y sus asesinos también. Los autores materiales eran dos belgas de origen tunecino. Carne de cañón. En el juicio celebrado en Bruselas condenaron por la muerte de Massud a otro belga de origen tunecino, Tarek Maaroufi, considerado como el inspirador del atentado.

Maaroufi era un yihadista muy conocido, no sólo porque en 1995 ya le habían condenado por tráfico de armas sino porque era frecuente verle hablar en la televisión. Incluso un periódico como El Mundo le entrevistó en 2016. Hay ciertos “terroristas” a los que los medios no hacen ascos en publicitar. Son capaces de llevar a las primeras planas de los informativos tanto al asesino (Maaroufi) como a su víctima (Massud).

En los viejos tiempos, o sea, antes de la loada Primavera Árabe, a Maroufi el gobierno de Túnez le perseguía por ser uno de los dirigentes yihadistas que preparaba los atentados en el norte de África, incluidos los del GIA argelino, que en los noventa estaba en su apogeo. La policía italiana le consideraba como cabecilla del GSPC, los salafistas que cometían las masacres por Europa.

En 2003 a Maaroufi le volvieron a condenar en Bruselas por segunda vez a seis años de cárcel y le privaron de la nacionalidad. En 2011 la Primavera Árabe llegó en su ayuda. En Túnez cayó una horrible “dictadura” y llegó la “democracia”, que liberó a ciertos “presos políticos” que, como Maarufi, habían luchado por ella (tanto en Túnez como en Europa).

Las leyendas son culebrones como estos, que empiezan en un remoto embudo del norte de Afganistán y terminan en Bruselas, sede de a Unión Europea y de la OTAN. ¿Será todo pura coincidencia?

Mueren dos japoneses por inyectarse las dosis de Moderna con partículas magnéticas fabricadas en España

Dos jóvenes japoneses han muerto tras recibir las vacunas de Moderna que formaban parte de los lotes fabricados en España por la empresa Rovi en Granada.

Dichas vacunas fueron suspendidas tras descubrir partículas contaminantes, según informó el sábado el Ministerio japonés de Sanidad. Se cree que los contaminantes encontrados en algunos viales en Japón son partículas metálicas, informó la NHK, citando fuentes del Ministerio japonés de Sanidad.

Los jóvenes, de unos 30 años de edad, murieron a los pocos días de recibir su segunda dosis de Moderna, dijo el ministerio en un comunicado. Cada uno recibió una inyección de uno de los tres lotes de fabricación española suspendidos el jueves.

Japón suspendió el uso de 1,63 millones de dosis de Moderna enviadas a 863 centros de vacunación de todo el país, más de una semana después de que el distribuidor local, Takeda Pharmaceutical, recibiera informes sobre contaminantes en los viales.

Hasta el 8 de agosto, 991 personas habían muerto en Japón tras recibir las inyecciones de la vacuna de Pfizer y 11 tras recibir la de Moderna. En los casos mortales notificados el sábado, cada uno de ellos tuvo fiebre al día siguiente de su segunda dosis y murió dos días después de contraer la fiebre. Se han notificado reacciones adversas con una frecuencia del 0,01 por ciento para la inyección de Moderna.

El Miisterio de Sanidad tranquiliza a la población asegurando no hay relación de causalidad entre las inyecciones y las muertes. Tampoco hay pruebas de que las vacunas contengan contaminantes, dijo un funcionario de dicho Ministerio a los periodistas. No se han identificado problemas de seguridad o eficacia y la suspensión de los lotes de Moderna fabricados en España sólo fue una precaución.

Fumie Sakamoto, directora de control de infecciones del Hospital Internacional St. Luke de Tokio, también advirtió que no debía establecerse una relación entre las inyecciones y las muertes registradas el sábado. “Puede que sólo haya una relación temporal entre la vacunación y la muerte”, dijo Sakamoto. “Hay muchas cosas que aún desconocemos para sacar conclusiones sobre estos dos casos”.

“En este momento no tenemos ninguna evidencia de que estas muertes sean causadas por la vacuna de Moderna”, dijeron la farmacéutica y su distibuidora en un comunicado difundido el sábado. “Es importante llevar a cabo una investigación formal para determinar si hay alguna conexión”.

Japón ha administrado más de 124 millones de inyecciones de las vacunas contra e coronavirus y tiene a casi la mitad de la población totalmente inoculada.

—https://www.japantimes.co.jp/news/2021/08/28/national/japan-moderna-vaccine-deaths/

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