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Políticas de exacerbación del miedo y censura en la gestión del Covid

A medida que pasa el tiempo, el necesario análisis retrospectivo de las políticas gubernamentales y de los grandes medios de comunicación va desvelando hechos que difícilmente se corresponden con objetivos de protección de la salud de las poblaciones frente a la nueva pandemia.

Los interrogantes son muchos y como veremos, salvo algunas excepciones, las líneas generales aplicadas por los gobiernos y las corporaciones mediáticas “occidentales” (leáse la UE y Estados Unidos) no difieren en lo sustancial.

1. Miedo, confusión e impotencia

La militarización del miedo, ante la irrupción de la crisis sanitaria, con la esperpéntica presencia de uniformados del Ejército, la Policía y la Guardia Civil en las ruedas de prensa para informar del Covid y la represión, a veces brutal, en las calles, se aderezó con las terribles imágenes de personas ancianas muertas en situación de total abandono, previa denegación de asistencia en la sanidad pública. Mientras tanto, los hospitales privados exhibían una situación de insultante normalidad y en ellos ingresaban personajes públicos y personas adineradas de todas las edades. Las denuncias presentadas por familiares de personas muertas por “homicidio imprudente, omisión del deber de socorro y denegación de asistencia médica”, han sido archivadas por la Fiscalía.

El resultado fue la creación de una sensación de catástrofe y de riesgo de muerte general para una enfermedad con una tasa global de letalidad de 0,8% (1).

2. La autorización condicional de las vacunas para una situación de emergencia y la ‘inexistencia’ de alternativas terapéuticas.

Con el escenario del miedo bien instalado, se impone la vacuna como única solución.

La relación entre los gobiernos de la UE y de Estados Unidos con las multinacionales farmacéuticas en relación con las circunstancias de autorización de las vacunas ha sido recientemente tratado por mí en el artículo: “La Covid, los gobiernos de la UE y las multinacionales farmacéuticas”.

La culminación del proceso para la autorización de emergencia (en Estados Unidos) y condicional (en la UE) requirió de dos condiciones interconectadas: convencer a la opinión pública de que no existía tratamiento alternativo y la neutralización de la creciente información que contradecía el discurso oficial.

Uno de los cuatro criterios establecidos por la Food and Drug Administration (FDA) para autorizar el uso de emergencia de un medicamento es la “inexistencia de alternativa adecuada, aprobada, disponible”.

El primer objetivo, pues, era situar la vacuna como única posibilidad terapéutica, desacreditando otras medicamentos, que sin constituir la panacea —eso en medicina no existe— estaban demostrando ser relativamente eficaces en tratamientos extrahospitalarios.

A pesar de que 56 países (2) adoptaron el tratamiento ambulatorio precoz para casos de Covid con medicamentos poco costosos, bien conocidos —la hidroxicloroquina (HQC) y la ivermectina forman parte de la lista de medicamentos esenciales de la OMS—, y con una eficacia relativamente alta, no sólo fueron denigrados o minusvalorados por los grandes medios de comunicación, sino que en EE UU llegó a prohibirse en las farmacias su dispensación para el tratamiento del Covid.

Uno de los escándalos editoriales más ilustrativos es el que tuvo lugar en la prestigiosa revista The Lancet, con la publicación el 22 de mayo de 2020 de un estudio en el que se revelaba el “peligro de muerte cardíaca” ocasionado por la HCQ en el tratamiento de la Covid. Esta publicación, ampliamente difundida en todo el mundo, llevó a la inmediata suspensión de ensayos clínicos con HCQ. El 4 de junio, The Lancet se retractaba. Tres de los cuatro firmantes del artículo se retractaron y dos de ellos reconocieron tener conflicto de intereses con la multinacional Gilead que promovía el Redemsvir, también para el tratamiento del Covid. El artículo se retiró pero el daño ya estaba hecho. Durante una reunión de expertos a puerta cerrada filtrada el 24 de mayo de 2020 en Francia, los editores de The Lancet y New England Journal of Medicine (NEJM) explicaron cómo los actores farmacéuticos económicamente poderosos estaban corrompiendo “criminalmente” la ciencia médica para promover sus intereses (3).

Ha habido que esperar hasta hace pocos días para que la OMS anuncie la puesta en marcha del ensayo llamado “Solidarity” para estudiar el tratamiento del Covid con varios de ellos, entre ellos la hidroxicloroquina, tras haber suspendido el ensayo correspondiente en mayo de 2020, “por precaución”.

El desprestigio de cualquier otro tratamiento, incluida la administración de suero hiperinmune procedente de pacientes que superaron el Covid, y de los profesionales que los utilizaban, como veremos, abría la puerta —en un escenario de terror e inseguridad generalizados— a las vacunas como solución definitiva.

3. La eliminación de información que cuestiona el discurso oficial

Poco tiempo después de surgir la pandemia, empezaron a aparecer enlaces en los navegadores de internet a noticias no buscadas, precisamente cuando se trataba de encontrar opiniones de expertos que podían cuestionar el discurso dominante. En estos enlaces se califica como “fake” la noticia requerida y dirigían hacia informaciones oficiales. Desde hace algunos meses, para los buscadores en lengua castellana, el procedimiento se ha sofisticado. Páginas como newtral.es o maldita.es, actuando a la velocidad del rayo, califican como falsa toda información emitida por científicos de cualquier parte del mundo que cuestionen la versión imperante. Puede decirse que la rapidez a la que actúan es directamente proporcional a la categoría profesional del investigador emisor de la información.

Pero Spain no es diferente. Se trata de una estrategia general centralizada en la Trusted News Initiative-Iniciativa de Noticias de Confianza (TNI), puesta en marcha y liderada por la BBC. La TNI se crea en 2019, pero adquiere un enorme impulso dos semanas después de que la OMS declare la situación de pandemia por Covid, asumiendo como objetivo “combatir la desinformación dañina sobre vacunas” al tiempo que “anuncia un importante proyecto de investigación”.

Los miembros de la TNI (4) se alertan inmediatamente de la presencia de contenido inadecuado, el cual “se revisará con prontitud para garantizar que no se vuelva a publicar la desinformación”. Es decir, se eliminará.

Estas empresas son las que en cada país buscan los socios más adecuados. En el Estado español, Newtral y Maldita actúan en colaboración con Facebook/ Whatsapp y Google/Youtube. La empresa Newtral, de la periodista Ana Pastor, declara un capital social inicial, en octubre de 2017, inferior a 10.000 euros y afirma haber facturado en 2020 más de 2.500.000 de euros.

El canon, el único discurso válido, es el oficial que proviene de la OMS o de los organismos gubernamentales. Todo ello, a pesar de que, como corresponde a un proceso desconocido anteriormente, las informaciones “oficiales” se revelen como falsas o contradictorias poco tiempo después.

Lo que no se puede ocultar, si no es con intereses espurios, es que las multinacionales farmacéuticas tienen un larguísimo historial de corrupción de políticos, expertos y médicos para lograr sus objetivos económicos, como ha denunciado magistralmente Peter C. Gotzsche (5). Baste ahora recordar el soborno realizado por la multinacionales farmacéuticas al Comité de Expertos de la OMS para la gripe A y denunciado por la misma agencia internacional al día siguiente de declarar extinguida la pandemia . El pasado mes de julio se conoció que las tres mayores empresas distribuidoras de medicamentos y la farmacéutica Johnson & Johson habían acordado pagar 26.000 millones de dólares para hacer frente a las demandas por su responsabilidad al promover fraudulentamente el consumo de opioides. Se generó así la adición a los mismos de muchas centenares de miles de personas falleciendo cerca de 70.000 por sobredosis.

3.1 ¿Quién mueve los hilos del engranaje?

Como corresponde al multimillonario negocio abierto con la compra por parte de los estados de cientos de millones de dosis de vacunas contra el Covid 19, las dos mayores empresas de Fondos de Inversión del mundo, Black Rock y Vanguard son las mayores accionistas de la tres grandes multinacionales farmacéuticas productoras de vacunas: Pfizer, Moderna y AstraZeneca.

Estos dos gigantescos Fondos son inversores mayoritarios en las principales empresas del Ibex 35, incluidos los grandes bancos CaixaBank, Banco Santander y BBVA, quienes a su vez son accionistas de los principales medios de comunicación del Estado español. Entre los dos Fondos son además accionistas mayoritarios del New York Times y de cuatro de los seis grandes grupos que controlan los medios de comunicación en EE.UU., y en buena parte del mundo: Time Warner, Comcast, Disney y News Corp.

En el Estado español no sólo controlan ambos fondos de inversión la producción de información y la creación de opinión a través de estos gigantes de la comunicación sino que desde noviembre de 2020, Blackrock y otro gran fondo de inversión, CVC, se convirtieron en los mayores propietarios del Grupo Prisa, incluido El País y la Cadena SER, al comprar su deuda por un valor de más de 1.000 millones de euros.

Además, Blackrock es propietaria de parte importante del accionariado de los principales conglomerados mediáticos del Estado español. Controla directamente parte del accionariado del grupo Atresmedia, propietario de Antena 3 y la Sexta, y del grupo Mediaset, propietario de Cuatro y Telecinco.

Diferentes autores están señalando el conocimiento limitado e inestable que se posee acerca del Covid que hace que temas como la eficacia del confinamiento o de las vacunas estén en discusión, y sobre todo, se preguntan acerca de la confiabilidad atribuible a quienes deciden si una información es falsa o dañina. La investigadora de bioética sueca Emilia Niemiec analizaba en un reciente informe científico titulado “COVID-19 y desinformación: ¿Es la censura de las redes sociales un remedio para la difusión de desinformación médica?”, si la censura podría servir intereses políticos, comerciales u otros. En el citado informe afirmaba: “La censura no se basa únicamente en la ciencia. Un análisis de contenido prohibido en las redes sociales sugiere que la moderación a menudo tiene un sesgo político“.

En el mismo sentido, el senador australiano Malcolm Roberts preguntó en el Senado el 11 de agosto “si existía un posible ‘conflicto de intereses’ que le diera a Google la última palabra sobre cómo se analiza y aprueba la información sobre la vacuna Covid-19“. Roberts señaló al respecto que “la empresa matriz de Google y YouTube, Alphabet, posee el 12 por ciento de Vaccitech Ltd. a través de un fondo de capital de riesgo GV (anteriormente Google Ventures). Vaccitech es una empresa de biotecnología con sede en el Reino Unido que co-inventó la vacuna AstraZeneca”. La publicación citada afirma haberse dirigido a Alphabet, Vaccitech y Google para contrastar la información sin haber obtenido respuesta.

Este conglomerado de poder económico y mediático está contando con la colaboración pasiva de la mayor parte de las sociedades médicas —que subsisten en gran medida gracias a las subvenciones de la industria farmacéutica— y la muy activa de los gobiernos de todo color político como brazos ejecutores indispensables de todo este engranaje de intereses.

Hablar de la independencia de los medios de comunicación, en general, y muy especialmente en los que concierne a la epidemia Covid y a las vacunas, parece una broma de mal gusto y/o un insulto a la inteligencia.

4. ¿A quién se ha censurado?

Por si alguna persona ingenua pudiera pensar que se ha censurado a youtubers “antivacunas” o a líderes de extrema derecha negacionista, menciono a algunas de las muchas personalidades científicas de primer nivel y sin conflicto de intereses con la industria farmacéutica. Este aspecto es crucial, como bien puede comprenderse, y que está por demostrar por parte de los socios centrales y periféricos de la TNI.

Estas personas censuradas, denigradas y estigmatizadas como “negacionistas” o “antivacunas” no tienen nada en común entre sí, salvo haber emitido puntos de vista críticos con las vacunas Covid o la gestión de la pandemia, vinculados estrictamente a su ámbito profesional o científico. Todas ellas han sido denostadas por personal de medios de comunicación con una cualificación muy inferior o inexistente para estos temas y para los que, insisto, está por establecer, para ellos y para sus empresas, la ausencia de vinculación económica con las grandes corporaciones farmacéuticas.

Luc Montagnier. Virólogo francés. Premio Nóbel de Medicina en 2008.
Kary Banks Mullis. Bioquímico estadounidense. Premio Nóbel de Química, inventor de la PCR.
John Ioannidis. Médico griego-estadounidense, director del Centro de Investigación en Prevención de Stanford. Editor jefe del European Journal of Clinical Investigation.
Robert W. Malone. Virólogo, inmunólogo y biólogo molecular estadounidense. Inventor de la plataforma de tecnología ARNm.
Didier Raoult. Infectólogo y microbiólogo francés, especialista en las enfermedades infecciosas emergentes en la Universidad de Aix-Marsella AMU. Forma parte del Consejo científico independiente Covid-19 ​que asesora al gobierno de Francia en la lucha contra la pandemia de enfermedad por coronavirus
Karina Acevedo. Doctora en Inmunogenética por la Universidad de Cambridge, Posdoctorado en Epidemiología por el Instituto de Zoología de Londres. Doctora en Zoología (Ecología Molecular).

El TNI también ha censurado a personal médico de primera línea que ha salvado miles de vidas con los primeros tratamientos de Covid-19. A finales del mes de julio se conoció la noticia de que Giuseppe De Donno, exjefe de neumología del hospital Carlo Poma de Mantua, conocido por haber usado con pacientes graves el tratamiento con suero hiperinmune procedente de personas que habían padecido y sobrevivido al Covid 19, había aparecido ahorcado en su casa. A pesar de que todos los pacientes así tratados sobrevivieron a la enfermedad, De Donno fue atacado y denigrado públicamente, hasta el punto de que abandonó su puesto y se dedicó a la “medicina de base”. La Fiscalía ha abierto investigaciones para esclarecer las circunstancias de su muerte y excluir un homicidio.

Sin pretender que las valoraciones de los científicos censurados concentren los análisis definitivos sobre el tema, lo que es inaceptable desde el más elemental derecho a la información es la censura como instrumento para negar cualquier debate o controversia pública entre cualificados interlocutores con posiciones diferentes. El hecho de que ésta sea la política general que se está implementando en la mayoría de los países apuntala la sospecha de que se está hurtando el debate a la sociedad, precisamente porque es la única manera de conseguir que el miedo haga su trabajo, anestesiando la reivindicación del derecho a saber, mientras los dueños de las farmacéuticas y de los medios de comunicación culminan su negocio.

Resumiendo, los propietarios de los grandes fondos de inversión del mundo son, a su vez, los dueños mayoritarios de las principales multinacionales farmacéuticas que están vendiendo sus vacunas a los Estados por valor de decenas de miles de millones de euros. Y esos mismos fondos de inversión, no sólo controlan la mayor parte de los grandes emporios mediáticos en EE UU —que a su vez controlan los medios locales “occidentales”—, sino que son propietarios mayoritarios, directa o indirectamente, de los principales grupos mediáticos del Estado español.

Es esta fase del capitalismo, con el mayor grado de concentración de capital que ha conocido la historia, la que permite el mayor grado de control social y la que, precisamente no soporta niveles de libertad de expresión que, en su momento, fueron consustanciales a las revoluciones burguesas. Máxima capacidad de control y mínima elasticidad para soportar la contradicción, indicadores de la falsa libertad que preconizan y de la decadencia del sistema.

En todo caso, el hecho de que, por ahora, la concentración de poder económico y mediático convierta en anécdota irrelevante el color político de los diferentes gobiernos que, sumisos, marcan el paso de quienes realmente tienen en sus manos el poder, hace aún más apremiante la necesidad de que surjan —y se publiquen en medios de comunicación verdaderamente independientes— voces que exijan con firmeza el debate público. Un debate abierto y libre con perfiles no solamente científicos, sino económicos, políticos, filosóficos y éticos.

Voces que, como el “Yo acuso” de Emile Zola, deben levantarse sobre la violencia que impone las acusaciones de “negacionista”, “antivacunas” o sospechoso de connivencia con la extrema derecha, realizadas precisamente por quienes desde posiciones dogmáticas intentan imponer el pensamiento único, o lo que es lo mismo, el no pensamiento.

1) “El riesgo general de muerte por infección fue del 0,8% (19 228 de 2,3 millones de personas infectadas, intervalo de confianza del 95%: 0,8% a 0,9%) para las muertes confirmadas por covid-19 y 1,1% (24 778 de 2,3 millones de personas infectadas, 1,0% a 1,2 %) por exceso de muertes”. Aunque dicha tasa, como suele ocurrir en las enfermedades respiratorias, aumentaba sensiblemente a partir de los 50 años (11,6%) y sobre todo, a partir de los 80 años: (11,4% al 23,2%) en hombres y del 4, 6 al 6,5% en mujeres“. Estudio sero-epidemiológico realizado por investigadores del Instituto de Salud Carlos III y publicado en el British Medical Journal. https://www.bmj.com/content/bmj/371/bmj.m4509.full.pdf
2) https://c19adoption.com/ Citado por Elizhabeth Woodworth en https://www.globalresearch.ca/covid-19-shadowy-trusted-news-initiative/5752930
3) Un análisis detallado y riguroso de este proceso, realizado por la Dra. Elizabeth Woodworth puede consultarse aquí: https://off-guardian.org/2020/06/23/
the-deadly-hydroxychloroquine-publishing-scandal/
4) La BBC informó de que sus socios son: AP, AFP; BBC, CBC / Radio-Canada, Unión Europea de Radiodifusión (EBU), Facebook, Financial Times, First Draft, Google / YouTube, The Hindu, Microsoft, Reuters, Instituto Reuters para el Estudio del Periodismo, Twitter, The Washington Post.
5) Gotzsche, Peter C. (2014). Medicamentos que matan y crimen organizado . 8ª edición.

Fuente: El Salto Diario

Google bloquea las cuentas de correo electrónico del anterior gobierno afgano para evitar filtraciones

Google ha bloqueado temporalmente un número indeterminado de cuentas de correo electrónico del anterior gobierno afgano, en medio de la creciente preocupación por el rastro digital dejado por los antiguos funcionarios del gobierno de Ashraf Ghani y sus jefes de Estados Unidos.

En las semanas que siguieron a la caída del gobierno impuesto por Estados Unidos y la OTAN, los informes han puesto de relieve que las bases de datos biométricos podrían ser explotadas por los talibanes para localizar a los autores de los miles de crímenes cometidos durante la ocupación militar.

Los registros de correo disponibles públicamente muestran que unas dos docenas de organismos gubernamentales afganos utilizaban los servidores de Google para gestionar los correos electrónicos oficiales, incluidos los ministerios de finanzas, industria, educación superior y minas. La oficina de protocolo presidencial de Afganistán también utilizaba Google, según los registros, al igual que algunos organismos gubernamentales locales.

El control de las bases de datos y los correos electrónicos del gobierno podría proporcionar información sobre los planes de Estados Unidos, de la OTAN, del gobierno de Ashraf Ghani, de empresas contratistas y aliados internos y externos de los ocupantes.

“Daría una verdadera riqueza de información”, dijo Chad Anderson, un investigador de seguridad de la empresa de inteligencia de internet DomainTools. “El mero hecho de tener una lista de funcionarios en una hoja de Google es un gran problema”, añadió.

Los registros de correo muestran que los servicios de correo electrónico de Microsoft también fueron utilizados por varias instituciones gubernamentales afganas, incluyendo el Ministerio de Asuntos Exteriores y la Presidencia. Pero no está claro qué medidas, si es que hay alguna, está tomando la multinacional para evitar que los datos caigan en manos de los talibanes.

Anderson dijo que vale la pena vigilar el intento de los talibanes de controlar la infraestructura digital construida por Estados Unidos. La información extraída de esa infraestructura, dijo, “puede ser mucho más valiosa para un gobierno en ciernes que los viejos helicópteros”.

—https://news.yahoo.com/exclusive-google-locks-afghan-government-221644510.html

Un detenido en Málaga por realizar pintadas contra la pandemia

El pasado viernes la policía detuvo a una persona por realizar más de un centenar de pintadas contra la pandemia en varios barrios de Málaga. Se trata de un hombre de 70 años que está acusado de un “delito de daños”, que en estos casos es el invento típico para justificar la represión de la libertad de expresión.

Las pintadas se realizaron en fachadas de viviendas de los barrios de Capuchinos, El Molinillo y El Ejido, con textos como “No hay covid 19”, “El virus está en la tele” o “¿Eres telecreyente?”. Los “daños” causados a los edificios ascienden a más de 25.000 euros, según informó ayer la Comisaría Provincial del Cuerpo Nacional de Policía.

La investigación se la encomendaron nada menos que a la Brigada Provincial de Información que, por lo visto, no tiene otra cosa más importante que hacer que localizar pintadas por los edificios de la ciudad. Naturalmente, para ello hace falta que los jefes y la Subdelegación del Gobierno tomen cartas en el asunto y se preocupen de acallar cualquier voz disonante.

La ardua tarea policial, prolongada durante varias semanas, consistió en llevar a la comisaría a los dueños de los edificios y comercios que han sido pintados para que pongan denuncia, inflen la cuantía de los “daños” causados por la pintura de las fachadas y luego llevar la “nota de prensa oficial” a los medios locales para que amplifiquen el drama que padecen los vecinos afectados por tan horrendo crimen.

Una vez que la policía monta el correspondiente revuelo, pasa a resolver el drama con la detención del pintor “gracias a la colaboración de los vecinos”, que de esta manera se acostumbran a la represión y no a la defensa de la libre expresión, para la cual ya no quedan requicios: la tele no informa, la radio no informa, la prensa tampoco y las redes sociales cierran las cuentas de contenido crítico.

Si en lugar de pintar, el vecino se pone a dar voces por la calle, lo hubieran encarcelado por el crimen de “desórdenes públicos” y llevado a un siquiátrico a fin de que los “expertos” le curen de su adicción a exponer lo que piensa. La nueva normalidad es más de lo mismo: todo el mundo puede opinar lo que quiera, pero que lo guarde para sí porque sólo se pueden expresar los de siempre.

Cómo se fabrica un pelele: el caso del Presidente afgano Ashraf Ghani (y 2)

Sentados frente a sus teclados en sus oficinas de Washington, durante dos décadas, los expertos con insignia de salón ayudaron a proporcionar la justificación política e intelectual para la continua ocupación militar de Afganistán. Los equipos de análisis que los emplearon parecían ver la guerra como una misión civilizadora neocolonial para promover la democracia y la ilustración entre un pueblo “atrasado”.

Fue en esta torre de marfil de universidades y equipos de análisis estadounidenses políticamente interconectados, durante sus 24 años en Estados Unidos, de 1977 a 2001, donde nació el político Ghani.

La poderosa Brookings Institution se encaprichó con Ghani. En un artículo del Washington Post de 2012, el director de investigación de política exterior del equipo de análisis, Michael E. O’Hanlon, de tendencia liberal-intervencionista, calificó a Ghani de “mago de la economía”. Pero la principal organización que ha promovido el ascenso de Ghani ha sido el Consejo Atlántico, el equipo de análisis de facto de la OTAN en Washington.

Las influencias y los patrocinadores de Ghani son claramente evidentes en su cuenta oficial de Twitter, donde el presidente afgano sólo sigue a 16 perfiles. Entre ellos, la OTAN, su Conferencia de Seguridad de Múnich y el Consejo Atlántico.

La colaboración de Ghani con el equipo de análisis se remonta a casi 20 años atrás. En abril de 2009, Ghani concedió una entrevista a Frederick Kempe, presidente y director general del Consejo Atlántico. Durante la entrevista, Kempe reveló que los dos hombres eran amigos y colegas desde 2003.

“Cuando llegué al Atlantic Council”, recordó Kempe, “creamos un consejo asesor internacional formado por presidentes y directores generales de empresas mundiales, así como por miembros del gabinete -ex miembros del gabinete de cierto renombre- de países clave. En aquel momento, no estaba tan decidido a que Afganistán estuviera representado en el consejo asesor internacional, porque no todos los países del sur de Asia están representados. Pero estaba decidido a tener a Ashraf Ghani”.

Kempe reveló posteriormente que Ghani no sólo era miembro del Consejo Asesor Internacional, sino que también formaba parte de un influyente grupo de trabajo del Consejo Atlántico denominado Grupo de Asesores Estratégicos. Además de Ghani, el comité incluía a ex altos funcionarios gubernamentales y militares occidentales, así como a dirigentes de importantes empresas estadounidenses y europeas.

Sin objetivos a largo plazo

Como miembro del Grupo de Asesores Estratégicos del Consejo Atlántico, Kempe dijo que él y Ghani ayudaron a dar forma a la estrategia del gobierno Obama para Afganistán. “Fue en este contexto en el que hablé por primera vez con Ashraf, y hablamos de que los objetivos a largo plazo no se conocían realmente. A pesar de todos los recursos que estábamos invirtiendo en Afganistán, los objetivos a largo plazo no estaban claros”, explicó Kempe.

En aquel momento, teníamos la idea de que debía haber un marco de diez años para Afganistán. Poco sabíamos que estábamos desarrollando una estrategia de campo. Pero de repente tuvimos un plan de Obama para dejar atrás esta estrategia de campo. Ghani publicó esta estrategia en el Atlantic Council en 2009, con el título “Un marco de diez años para Afganistán: ejecución del plan Obama… y más allá”.

En 2009, Ghani también fue candidato a las elecciones presidenciales afganas. Para ayudarle a dirigir su campaña, Ghani contrató al consultor político estadounidense James Carville, conocido por su papel de estratega en las campañas presidenciales demócratas de Bill Clinton, John Kerry y Hillary Clinton.

En su momento, el Financial Times describió favorablemente a Ghani como “el más occidental y tecnócrata de todos los candidatos a las elecciones afganas”. Pero el pueblo afgano no estaba tan convencido. Ghani fue finalmente aplastado en la carrera, quedando en un pésimo cuarto lugar con menos del 3% de los votos.

Cuando el amigo de Ghani, Kempe, le invitó a una entrevista en octubre de ese año, después de las elecciones, el presidente del Consejo Atlántico insistió: “Algunos dirían que hiciste una campaña fallida; yo diría que fue una campaña exitosa, pero no ganaste”. Kempe se deshizo en elogios hacia Ghani, describiéndolo como “uno de los funcionarios públicos más capaces del planeta” y “conceptualmente brillante”.

Kempe también señaló que el discurso de Ghani “debería hacer reflexionar a la administración Obama”, que se apoya en el Consejo Atlántico para ayudar a configurar sus políticas. “Antes de las elecciones, usted tenía doble nacionalidad estadounidense y afgana, pero uno de los sacrificios que hizo para presentarse a las elecciones fue renunciar a su nacionalidad estadounidense, por lo que me horroriza saber que entró aquí en Estados Unidos con un visado estadounidense-afgano”, añadió Kempe. “Así que el Consejo Atlántico va a trabajar en este asunto, ciertamente tenemos que rectificar esta situación”.

Ghani siguió colaborando estrechamente con el Consejo Atlántico en los años siguientes, realizando constantemente entrevistas y organizando actos con Kempe, en los que el presidente del equipo de análisis dijo en una ocasión: “En aras de una total transparencia, tengo que declarar que Ashraf es un amigo, un querido amigo”.

Hasta 2014, Ghani siguió siendo un miembro activo del Consejo Asesor Internacional del Consejo Atlántico, junto a numerosos ex jefes de Estado, el planificador imperialista estadounidense Zbigniew Brzezinski, el apóstol económico neoliberal Lawrence Summers, el multimillonario oligarca libanés-saudí Bahaa Hariri, el magnate derechista de los medios de comunicación Rupert Murdoch y los directores ejecutivos de Coca-Cola, Thomson Reuters, el Grupo Blackstone y Lockheed Martin.

Pero ese año, la suerte llamó a su puerta y Ghani vio su máxima ambición al alcance de la mano. Estaba a punto de convertirse en presidente de Afganistán, y de desempeñar el papel para el que las instituciones liberales estadounidenses de élite le habían entrenado durante décadas.

La historia de amor de Washington con el ‘reformista tecnócrata’

El primer dirigente de Afganistán después de los talibanes, Hamid Karzai, se señaló inicialmente como un fiel títere de Occidente. Sin embargo, al final de su gobierno en 2014, Karzai se había convertido en un “duro crítico” del gobierno de Estados Unidos, como dijo el Washington Post, “un aliado convertido en adversario en los 12 años de su presidencia.“

Karzai empezó a criticar abiertamente a las tropas de Estados Unidos y la OTAN por haber matado a decenas de miles de civiles. Estaba enfadado por la forma en que se le controlaba y buscaba más independencia, y se lamentaba: “Los afganos murieron en una guerra que no es suya”.

Washington y Bruselas tenían un verdadero problema. Habían invertido miles de millones de dólares a lo largo de una década en crear un nuevo gobierno a su imagen y semejanza en Afganistán, pero la marioneta que habían elegido empezaba a tirar demasiado de sus hilos.

Desde el punto de vista de los gobiernos de la OTAN, Ashraf Ghani era el sustituto perfecto de Karzai. Era la viva imagen de un tecnócrata leal, y sólo tenía un pequeño defecto: Los afganos lo odiaban. Cuando obtuvo menos del 3% de los votos en las elecciones de 2009, Ghani se presentó abiertamente como el candidato del consenso de Washington. Sólo contaba con el apoyo de unas pocas élites en Kabul.

Así que cuando llegó la carrera presidencial de 2014, Ghani y sus titiriteros occidentales adoptaron un enfoque diferente, vistiendo a Ghani con ropas tradicionales y salpicando sus discursos con un lenguaje nacionalista.

El New York Times insistió en que finalmente había dado en el clavo: “De tecnócrata a populista afgano, Ashraf Ghani se transforma”. El periódico relataba cómo Ashraf Ghani había pasado de ser un “intelectual prooccidental” que hablaba en “lenguaje tecnocrático (con frases como ‘procesos consultivos’ y ‘marcos de cooperación’)” a una mala copia de “populistas que hacen tratos con sus enemigos, se ganan el apoyo de sus rivales y apelan al orgullo nacional afgano”.

Aunque esta estrategia de “cambio de marca” permitió a Ghani quedar en segundo lugar, fue derrotado ampliamente en la primera vuelta de las elecciones de 2014. Su rival, Abdullah Abdullah, obtuvo el 45% de los votos frente al 32% de Ghani. Eso fue casi un millón de votos menos.

Sin embargo, en la segunda vuelta de junio, las tornas cambiaron repentinamente. Los resultados se retrasaron, y cuando se finalizaron tres semanas después, mostraron que Ghani había ganado por un asombroso 56,4% frente al 43,6% de Abdullah.

Abdullah afirmó que Ghani había robado las elecciones mediante un fraude generalizado. Sus acusaciones no eran ni mucho menos infundadas, ya que había pruebas sustanciales de irregularidades sistemáticas.

Para resolver la disputa entre Ghani y Abdullah, el gobierno de Obama envió al Secretario de Estado John Kerry a Kabul.

La mediación de Kerry dio lugar a la creación de un gobierno de unidad nacional en el que el presidente Ghani había aceptado, al menos inicialmente, compartir el poder con Abdullah, que ocuparía un papel de nueva creación, cuyo nombre reflejaba de forma transparente la agenda neoliberal de Washington: Director General, o “CEO de Afganistán”.

El secretario de Estado estadounidense John Kerry negociando con los candidatos presidenciales afganos Abdullah Abdullah (izquierda) y Ashraf Ghani (derecha) en julio de 2014.

Un informe publicado en diciembre por los observadores electorales de la Unión Europea concluyó que las elecciones de junio estuvieron efectivamente marcadas por el fraude generalizado. Más de dos millones de votos, más de una cuarta parte del total de votos emitidos, procedían de colegios electorales con claras irregularidades.

No estaba claro si Ghani había ganado realmente la segunda vuelta. Pero había llegado a la meta, y eso era lo único que importaba. Fue presidente. Y sus jefes en Washington se apresuraron a barrer el escándalo bajo la alfombra.

El Washington oficial alaba a Ghani a pesar del fraude y las meteduras de pata

Las elecciones aparentemente amañadas de 2014 apenas habían empañado la imagen de Ashraf Ghani en los medios occidentales. La BBC lo caracterizó con tres términos: “reformista”, “tecnócrata” e “incorruptible”. Estas palabras se convertirían en las descripciones favoritas de la prensa de un presidente que finalmente abandonó su país con el rabo entre las piernas y 169 millones de dólares robados.

The New Yorker, por ejemplo, describió a Ghani como “incorruptible”, y lo aclamó como un “tecnócrata visionario que piensa a veinte años vista”.

En marzo de 2015, Ghani voló a Washington para su último momento de gloria. Tras pronunciar un discurso ante una sesión conjunta del Congreso de Estados Unidos, el nuevo presidente afgano fue celebrado como un héroe que desvelaría la magia del libre mercado y salvaría a Afganistán de una vez por todas.

Los equipos de análisis y sus amigos de la prensa rebosaban de entusiasmo por Ghani. En agosto de ese año, el director de programas de la organización para el cambio de régimen financiada por el gobierno estadounidense, Jed Ober, publicó un artículo en Foreign Policy que reflejaba el amor de Washington por su hombre en Kabul.

Cuando Ashraf Ghani fue elegido Presidente de Afganistán, muchos en la comunidad internacional se alegraron. Sin duda, un antiguo funcionario del Banco Mundial con reputación de reformista era el hombre ideal para resolver los problemas más graves de Afganistán y restaurar la posición del país en la escena internacional. No había mejor candidato para introducir a Afganistán en una nueva era de buen gobierno y comenzar a ampliar los derechos y libertades que con demasiada frecuencia se han negado a muchos de los ciudadanos del país.

Sin inmutarse por las denuncias documentadas de fraude electoral, el Consejo Atlántico honró a Ghani en 2015 con su “Premio al Liderazgo Internacional”, celebrando su “desinteresado y valiente compromiso con la democracia y la dignidad humana”. El Consejo Atlántico señaló con entusiasmo que Ghani “aceptó personalmente el premio, que le fue entregado por la ex Secretaria de Estado Madeleine Albright el 25 de marzo en Washington, D.C., ante una audiencia de dirigentes, embajadores y generales de la OTAN”.

Albright, que había defendido públicamente la matanza de más de medio millón de niños iraquíes a causa de las sanciones estadounidenses, aplaudió a Ghani como un “brillante economista” y dijo que “ha dado esperanza al pueblo afgano y al mundo”.

La niña es artista en Nueva York

La ceremonia oficial del Consejo Atlántico tuvo lugar más tarde, en abril, pero Ghani no pudo asistir, y su hija Mariam recibió el premio en su nombre. Nacida y criada en Estados Unidos, Mariam Ghani es una artista afincada en Nueva York que encarna a la perfección todas las características de una hipster radlib que vive en un lujoso loft de Brooklyn. La cuenta personal de Instagram de Mariam presenta una combinación de arte contemporáneo minimalista y expresiones políticas seudo-radicales.

Con un estatus de élite dentro de la comunidad de activistas por el cambio de régimen de la “izquierda”, Mariam Ghani participó en 2017 en una mesa redonda en la Universidad de Nueva York titulada “Arte y refugiados: confrontación del conflicto con elementos visuales”, junto a la ilustradora belicista Molly Crabapple. Crabapple es miembro de la New America Foundation, una entidad financiada por el Departamento de Estado de Estados Unidos, en la que está apadrinada por el multimillonario y ex director general de Google Eric Schmidt. Ella y Mariam Ghani también han aparecido en una recopilación de artistas de 2019.

En la ceremonia del Consejo Atlántico de 2015 en Washington, D.C., mientras Mariam Ghani aceptaba orgullosa el máximo honor del equipo de análisis militarista de la OTAN para su padre, sonreía junto a otros tres galardonados: un alto general estadounidense, el director general de Lockheed Martin y el cantante de country de extrema derecha Toby Keith, que se había hecho famoso por gritar amenazas musicales ultranacionalistas contra árabes y musulmanes, prometiendo “meterles una bota en el culo” porque “así es el estilo americano”.

La comercialización del Presidente Ghani por parte del Consejo Atlántico se intensificó tras la ceremonia. En junio de 2015, el equipo de análisis publicó un post en su blog “New Atlanticist” titulado “FMI: Ghani ha demostrado que Afganistán está abierto a los negocios”. En él, el máximo responsable del Fondo Monetario Internacional en Afganistán, el jefe de la misión Paul Ross, se congratulaba de que Ghani había “señalado al mundo que Afganistán está abierto a los negocios y que la nueva administración está comprometida con nuevas reformas”.

El burócrata comenzó su intervención diciendo que el FMI era “optimista sobre el largo plazo” bajo el liderazgo de Ghani. De hecho, Ghani y su régimen títere tenían una especie de puerta giratoria con el Consejo Atlántico. Su embajador en Emiratos Árabes Unidos, Javid Ahmad, también era un miembro de alto nivel del grupo de expertos. Ahmad aprovechó su sinecura para publicar artículos de opinión en los principales medios de comunicación que describían a su jefe como un reformista moderado que pretendía “restaurar el debate civil en la política afgana”.

Foreign Policy había prestado a Ahmad un espacio en su revista para publicar un anuncio de campaña poco disimulado para Ghani en junio de 2014. El artículo cantaba sus alabanzas como “una alternativa intelectual, pro-occidental y altamente educada al viejo sistema de corrupción y señores de la guerra de Afganistán”.

En ese momento, Ahmad era coordinador del programa de Asia en el German Marshall Fund of the United States, un grupo de presión de la Guerra Fría financiado por los gobiernos occidentales. Al parecer, los editores de Foreign Policy no se dieron cuenta de que el artículo propagandístico de Ahmad incluía pasajes casi copiados al pie de la letra de la biografía oficial de Ghani.

En la cumbre de la OTAN de 2018, el Consejo Atlántico había organizado otra entrevista aduladora con Ghani. Alabando sus supuestos “esfuerzos de reforma”, el presidente afgano había insistido en que “el sector de la seguridad está experimentando una transformación, como parte de los esfuerzos contra la corrupción”. Y añadió: “Hay un cambio generacional en nuestras fuerzas de seguridad, y en el país en su conjunto, que creo que representa realmente una transformación”.

Estas afirmaciones jactanciosas no han envejecido bien.

El periodista que realizó la entrevista fue Kevin Baron, editor del sitio web Defense One, respaldado por la industria armamentística. Aunque la corrupción sistémica y la naturaleza ineficiente y brutal del ejército afgano eran bien conocidas, Baron no recogió estas observaciones.

En esta ocasión, Ghani rindió homenaje al equipo de análisis que le ha servido de fábrica de propaganda personal durante tanto tiempo. Al rendir homenaje al Director General del Consejo Atlántico, Fred Kempe, Ghani dijo: “Ha sido un gran amigo. Siento una gran admiración tanto por su erudición como por su gestión.

El idilio del Consejo Atlántico con Ghani continuó hasta el funesto final de su presidencia.

En 2019, Ghani fue invitado de honor en la Conferencia de Seguridad de Múnich (MSC), apoyada por el Consejo Atlántico y patrocinada por el gobierno alemán. Allí, el plutocrático presidente afgano pronunció un discurso que haría sonrojar hasta al más cínico pseudopopulista, declarando: “La paz debe centrarse en los ciudadanos, no en las élites”.

El Consejo Atlántico recibió a Ghani por última vez en junio de 2020, en un acto patrocinado por el Instituto de la Paz de Estados Unidos, vinculado a la CIA, y el Rockefeller Brothers Fund. Tras los elogios de Kempe como “voz líder de la democracia, la libertad y la inclusión”, el ex director de la CIA, David Petraeus, elogió a Ghani, señalando “el privilegio que ha supuesto trabajar con [él] como dirigente en Afganistán”.

Tras el atraco, el Consejo Atlántico da media vuelta

Sólo cuando Ghani robó abiertamente y huyó de su país en desgracia en agosto de 2021, el Consejo Atlántico se volvió finalmente contra él. Tras casi dos décadas de promoción, relaciones estrechas y admiración por él, el grupo de expertos reconoció finalmente que era un “sinvergüenza desbocado”.

Fue un giro dramático, de un equipo de análisis que conocía a Ghani mejor que cualquier otra institución de Washington. Pero también se hizo eco de los intentos desesperados por salvar la cara de muchas instituciones de élite estadounidenses que habían convertido a Ghani en su sicario económico neoliberal.

Hasta los infames últimos días de Ghani, Washington mantuvo su fe en él

La ilusión de Ashraf Ghani como genio tecnócrata continuó hasta el final de su desastroso mandato.

El 25 de junio, unas semanas antes de la caída de su gobierno, Ghani se reunió con Joe Biden en la Casa Blanca, donde el presidente estadounidense aseguró a su homólogo afgano el apoyo inquebrantable de Washington. “Vamos a estar a su lado”, dijo Biden. “Y vamos a hacer todo lo posible para que tengas las herramientas que necesitas”.

Un mes después, el 23 de julio, Biden repitió a Ghani en una llamada telefónica que Washington seguiría apoyándole. Pero sin los miles de tropas de la OTAN que protegían su seudo-régimen, los talibanes avanzaron rápidamente, y todo se derrumbó como un castillo de naipes en pocos días.

El 15 de agosto, Ghani huyó del país con bolsas de dinero robado. Fue una refutación surrealista de la narrativa, repetida hasta la saciedad por la prensa, de que Ghani era, como todavía decía Reuters en 2019, “incorruptible y erudito”.

Las élites de Washington no podían creer lo que estaba ocurriendo, negando lo que veían con sus propios ojos. Incluso el legendario activista progresista contra la corrupción, Ralph Nader, lo negó, refiriéndose a Ghani en términos cariñosos como un “ex ciudadano estadounidense incorruptible”.

Pocas personalidades han resumido mejor la podredumbre moral y política de los 20 años de guerra de Estados Unidos en Afganistán que Ashraf Ghani. Pero su historial no debe considerarse un ejemplo aislado.

Son el Washington oficial, su aparato de equipos de análisis y su ejército de turiferarios mediáticos los que han convertido a Ghani en lo que es. Este es un hecho que él mismo reconoció en una entrevista de junio de 2020 con el Atlantic Council, cuando dijo: “Permítanme primero rendir homenaje al pueblo estadounidense, a las administraciones estadounidenses, al Congreso de Estados Unidos y, en particular, al contribuyente estadounidense por sus sacrificios en sangre y dinero”.

Ben Norton https://thegrayzone.com/2021/09/02/afghanistan-ashraf-ghani-corrupt/

Primera parte

Cómo se fabrica un pelele: el caso del Presidente afgano Ashraf Ghani (Primera Parte)

El antiguo Presidente pelele de Afganistán, Ashraf Ghani, es un ejemplo típico de las élites neoliberales que el imperio estadounidense selecciona, cultiva e instala en el poder para servir a sus intereses. Antes de robar 169 millones de dólares y de huir de su estado en desgracia, Ghani fue educado en universidades de élite de Estados Unidos, se le concedió la ciudadanía estadounidense, fue formado en economía neoliberal por el Banco Mundial, fue aplaudido en los medios de comunicación como un tecnócrata “incorruptible” y fue entrenado por poderosos equipos de análisis de Washington, como el Atlantic Council.

Ningún individuo es más emblemático de la corrupción, la criminalidad y la decadencia en el corazón de la ocupación estadounidense de Afganistán durante los últimos 20 años que el presidente derrocado Ghani.

Cuando los talibanes se hicieron con el control de su país el pasado mes de agosto, avanzando con el ímpetu de una bola de bolos rodando colina abajo, capturando muchas ciudades importantes sin disparar un solo tiro, Ghani huyó en desgracia.

Al parecer, el dirigente pelele apoyado por Estados Unidos huyó con 169 millones de dólares que robó de las arcas públicas. Amontonó el dinero en cuatro coches y un helicóptero antes de volar a Emiratos Árabes Unidos, que le concedió asilo por supuestos motivos “humanitarios”.

La corrupción del presidente ya se había revelado antes. Se sabía, por ejemplo, que Ghani había negociado acuerdos dudosos con su hermano y con empresas privadas vinculadas al ejército estadounidense para explotar las reservas minerales de Afganistán, estimadas en un billón de dólares. Pero su huida de última hora fue un paso más en la traición.

El chivo expiatorio

Los principales ayudantes y funcionarios de Ghani se volvieron rápidamente contra él. Su ministro de Defensa, el general Bismillah Mohammadi, escribió en Twitter indignado: “Nos han atado las manos a la espalda y han vendido la patria. Maldito sea el rico y su banda”.

Si la destitución de Ghani destaca como una brutal metáfora de la depravación de la guerra de Estados Unidos y la OTAN en Afganistán -y de cómo ha hecho muy, muy ricos a un puñado de personas-, la podredumbre se remonta mucho más atrás. Su ascenso al poder fue cuidadosamente gestionado por algunos de los más estimados y bien dotados equipos de análisis e instituciones académicas de Estados Unidos.

De hecho, los gobiernos occidentales y sus taquígrafos de los medios de comunicación dominantes tuvieron un verdadero romance con Ashraf Ghani. Era el chico del cartel de la exportación del neoliberalismo a lo que había sido territorio talibán, su Milton Friedman afgano, fiel seguidor de Francis Fukuyama, que pegó con orgullo su comentario en la contraportada del libro de Ghani.

Washington estaba encantado con la presidencia de Ghani en Afganistán porque por fin había encontrado una nueva forma de aplicar la agenda económica de Augusto Pinochet, pero sin el coste de relaciones públicas de torturar y masacrar a multitudes de disidentes en los estadios. Por supuesto, es la ocupación militar extranjera la que ha sustituido a los escuadrones de la muerte de Pinochet, los campos de concentración y los asesinatos con helicóptero. Pero la distancia entre Ghani y sus patrones neocoloniales ha ayudado a la OTAN a presentar a Afganistán como un nuevo modelo de democracia capitalista, exportable a otras partes del Sur.

Como versión sudasiática de los Chicago Boys, Ghani, que se había educado en Estados Unidos, creía profundamente en el poder del libre mercado. Para impulsar su visión, fundó un grupo de reflexión con sede en Washington, el Instituto para la Eficacia del Estado, cuyo lema era “Enfoques del Estado y el mercado centrados en el ciudadano”, que se dedicaba expresamente a hacer proselitismo de las maravillas del capitalismo.

Ghani expuso su visión dogmática neoliberal en un libro premiado y cómicamente titulado “Fixing Failed States” (el tomo de 265 páginas menciona asombrosamente la palabra “mercado” 219 veces).

No se puede exagerar la ironía del colapso del Estado que presidió personalmente, sólo unos días después de la retirada militar de Estados Unidos.

La instantánea y desastrosa desintegración del régimen títere de Estados Unidos en Kabul hizo que los gobiernos occidentales y los periodistas de los principales medios de comunicación entraran en pánico. Mientras buscaban frenéticamente a los culpables, Ghani surgió como un conveniente chivo expiatorio.

Lo que no se dijo es que esos mismos Estados miembros de la OTAN y los medios de comunicación habían elogiado durante dos décadas a Ghani como un tecnócrata desinteresado que luchaba valientemente contra la corrupción. Durante mucho tiempo fueron entusiastas patrocinadores del presidente afgano, pero lo abandonaron cuando dejó de ser útil, y finalmente reconocieron que Ghani era el fraude de siempre.

El caso es instructivo porque Ashraf Ghani es un ejemplo típico de las élites neoliberales que el imperio estadounidense selecciona, cultiva e instala en el poder para servir a sus intereses.

‘Made in USA’

No hay un punto en el que acabe Ashraf Ghani y empiece Estados Unidos; son imposibles de separar. Ghani es un producto político orgullosamente “Made in USA”.

Ghani nació en una familia rica e influyente de Afganistán. Su padre había trabajado para la monarquía del país y tenía buenas conexiones políticas. Pero dejó su país natal por Occidente cuando era joven.

En el momento de la invasión estadounidense en octubre de 2001, Ghani había vivido la mitad de su vida en Estados Unidos, donde había hecho carrera como académico y burócrata.

Ciudadano estadounidense hasta 2009, Ghani sólo decidió renunciar a su ciudadanía para presentarse a la presidencia del Afganistán ocupado por Estados Unidos.

Un vistazo a la biografía de Ghani muestra cómo se formó en un caldo de cultivo de las principales instituciones estadounidenses.

La cultura estadounidense de Ghani comenzó cuando estaba en la escuela secundaria en Oregón, donde se graduó en 1967. A continuación, estudió en la Universidad Americana de Beirut, donde, según el New York Times, Ghani “disfrutó de las playas del Mediterráneo, fue a bailar y conoció” a su esposa libanesa-estadounidense, Rula.

En 1977 Ghani regresó a Estados Unidos, donde pasó los siguientes 24 años de su vida. Obtuvo un máster y un doctorado en la elitista Universidad de Columbia, en Nueva York. ¿Su campo? La antropología, una disciplina profundamente infiltrada por las agencias de espionaje estadounidenses y el Pentágono.

En la década de los 80, Ghani encontró enseguida trabajo en las mejores escuelas: la Universidad de California, Berkeley y Johns Hopkins. También se había convertido en un habitual de los medios de comunicación estatales británicos, estableciéndose como uno de los principales comentaristas de los servicios Dari y Pachto de la BBC, vinculados a las agencias de inteligencia. Y en 1985, el gobierno estadounidense concedió a Ghani su prestigiosa beca Fulbright para estudiar las escuelas islámicas de Pakistán.

En 1991 Ghani decidió dejar el mundo académico y entrar en el mundo de la política internacional. Se incorporó a la principal institución encargada de imponer la ortodoxia neoliberal en todo el mundo: el Banco Mundial. Como ha ilustrado el economista político Michael Hudson, esta institución ha servido como brazo virtual del ejército estadounidense.

Ghani trabajó en el Banco Mundial durante una década, supervisando la aplicación de devastadores programas de ajuste estructural, medidas de austeridad y privatizaciones masivas, principalmente en el Sur, pero también en la antigua Unión Soviética.

Tras su regreso a Afganistán en diciembre de 2001, Ghani fue rápidamente nombrado ministro de Finanzas del gobierno títere creado por Estados Unidos en Kabul. Como ministro de Economía hasta 2004 y, finalmente, como presidente de 2014 a 2021, utilizó las maquinaciones que había desarrollado en el Banco Mundial para imponer el consenso de Washington en su país.

El régimen que Ghani ayudó a construir a Estados Unidos era tan caricaturescamente neoliberal que creó un puesto de alto funcionario llamado “Director General de Afganistán”.

‘Cómo reconstruir un Estado fallido’

En la década de 2000, con el apoyo de Washington, Ghani ascendió gradualmente en la escala política. En 2005, recibió un rito de paso tecnocrático al dar una charla TED, prometiendo enseñar a su audiencia “cómo reconstruir un Estado fallido”.

La charla ofreció una visión transparente de la mente de un burócrata formado en el Banco Mundial. Ghani retomó el argumento del “fin de la historia” de su mentor Fukuyama, insistiendo en que el capitalismo se había convertido en la forma incuestionable de organización social en el mundo. Según él, la cuestión ya no es qué sistema quiere un país, sino “qué forma de capitalismo y qué tipo de participación democrática”.

En un dialecto neoliberal apenas comprensible, Ghani dijo: “Tenemos que repensar la noción de capital” e invitó a la audiencia a debatir “cómo movilizar diferentes formas de capital para el proyecto de construcción del Estado”.

Ese mismo año, Ghani pronunció un discurso en la Conferencia de la Red Europea de Ideas, en calidad de nuevo presidente de la Universidad de Kabul, en el que explicó con más detalle su visión del mundo.

Elogiando al “centro-derecha”, Ghani dijo que las instituciones imperialistas como la OTAN y el Banco Mundial deben fortalecerse para defender “la democracia y el capitalismo”. Insistió en que la ocupación militar estadounidense de Afganistán era un modelo que podía exportarse a todo el mundo como parte de un “esfuerzo global”.

Durante la entrevista, Ghani también habló con cariño de su época de aplicación de la “terapia de choque” neoliberal de Washington en la antigua Unión Soviética: “En los años 90 […] Rusia estaba preparada para convertirse en democrática y capitalista y creo que el resto del mundo la defraudó. Tuve el privilegio de trabajar en Rusia durante cinco años en esa época”.

Ghani estaba tan orgulloso de su trabajo con el Banco Mundial en Moscú que, en su biografía oficial en el sitio web del gobierno afgano, se jactaba de haber “trabajado directamente en el programa de ajuste de la industria rusa del carbón”, es decir, de haber privatizado las enormes reservas de combustibles fósiles del gigante euroasiático.

Mientras Ghani se jactaba de sus logros en la Rusia postsoviética, UNICEF publicaba en 2001 un informe en el que se afirmaba que la década de privatizaciones masivas impuestas a la nueva Rusia capitalista había provocado un asombroso exceso de 3,2 millones de muertes, había reducido la esperanza de vida en cinco años y había sumido a 18 millones de niños en una profunda pobreza, con “altos niveles de desnutrición infantil”. La destacada revista médica Lancet también descubrió que el programa económico impuesto por Estados Unidos había aumentado la tasa de mortalidad de los hombres adultos rusos en un 12,8%, en gran parte debido a la asombrosa tasa de desempleo del 56,3% que había creado entre los hombres.

Teniendo en cuenta este odioso historial, tal vez no sea sorprendente que Ghani haya dejado Afganistán con unos índices de pobreza y miseria muy elevados.

El académico Ashok Swain, profesor de Investigación sobre la Paz y los Conflictos en la Universidad de Uppsala y titular de la Cátedra UNESCO de Cooperación Internacional en materia de Agua, señaló que durante los 20 años de ocupación militar de Estados Unidos y la OTAN, “el número de afganos que viven en la pobreza se duplicó y las zonas de cultivo de adormidera se triplicaron”. Más de un tercio de los afganos no tiene comida, la mitad no tiene agua potable, dos tercios no tienen electricidad”.

La amarga poción de libre mercado que el presidente Ghani ha hecho tragar a Afganistán ha tenido exactamente el mismo éxito que la terapia de choque neoliberal que él y sus colegas del Banco Mundial impusieron a la Rusia postsoviética.

Pero el humo y los espejos económicos de Ghani encontraron una audiencia entusiasta en la llamada comunidad internacional. Y en 2006, su perfil mundial había alcanzado tales cotas que se le consideró un posible sustituto del Secretario General Kofi Annan en las Naciones Unidas.

Mientras tanto, Ghani recibía grandes sumas de dinero de los Estados de la OTAN y de fundaciones respaldadas por multimillonarios para crear un think tank cuyo nombre será siempre cómico.

El campeón de los administradores de estados fallidos asesora a las élites sobre cómo “arreglar los estados fallidos”.

El Instituto para la Eficacia del Estado

En 2006 Ghani aprovechó su experiencia en la aplicación de políticas “proempresariales” en la Rusia postsoviética y en su propio país para cofundar un grupo de reflexión llamado Instituto para la Eficacia del Estado (ISE).

El ISE se presenta con un lenguaje que podría haber salido directamente de un folleto del FMI: “Las raíces del trabajo del ISE se encuentran en un programa del Banco Mundial de finales de los años 90 que pretendía mejorar las estrategias nacionales y la ejecución de los programas. Se centró en la creación de coaliciones para la reforma, la aplicación de políticas a gran escala y la formación de la próxima generación de profesionales del desarrollo.

El eslogan del equipo de análisis suena hoy como una parodia de un cliché tecnocrático: “Por unos enfoques del Estado y el mercado centrados en el ciudadano”.

Con sede legal en Washington, el Instituto para la Eficacia del Estado está financiado por un grupo de financieros de think tanks: gobiernos occidentales (Gran Bretaña, Alemania, Australia, Países Bajos, Canadá, Noruega y Dinamarca), instituciones financieras internacionales de primer orden (el Banco Mundial y la OCDE) y fundaciones empresariales multimillonarias vinculadas a los servicios de inteligencia occidentales (Rockefeller Brothers Fund, Open Society Foundations, Paul Singer Foundation y Carnegie Corporation of New York).

La cofundadora de Ghani era Clare Lockhart, una entusiasta del libre mercado, ex banquera de inversiones y veterana del Banco Mundial, que había pasado a ser asesora de la ONU para el gobierno afgano creado por la OTAN y a formar parte del consejo de la Fundación Asia, respaldada por la CIA.

La visión centrada en el mercado de Ghani y Lockhart se encapsuló en una asociación formada en 2008 entre su ISE y el Instituto Aspen, otro equipo de análisis neoliberal. Como parte de este acuerdo, Ghani y Lockhart dirigieron la Iniciativa de Construcción de Mercados de Aspen, que, según ellos, “crea diálogo, marcos y un compromiso activo para ayudar a los países a construir economías de mercado legítimas” y “pretende construir las cadenas de valor subyacentes y las instituciones e infraestructuras creíbles que permitan a los ciudadanos participar en los beneficios de un mundo globalizado”.

Cualquiera que pretendiera satirizar a un equipo de análisis de Washington podría haber sido acusado de caricatura si hubiera copiado y pegado la jerga de Ghani y Lockhart tal cual.

Ghani y Lockhart detallaron su visión tecnocrática del mundo en un libro de 2008 titulado “Fixing Failed States: Un marco para reconstruir un mundo fracturado”.

La exportación del modelo de los Estados fallidos

Además de su papel en la promoción de las reformas neoliberales en Afganistán, el ISE ha llevado a cabo programas similares en 21 países, como Timor Oriental, Haití, Kenia, Kosovo, Nepal, Sudán y Uganda. En estos países, el equipo de análisis dijo haber creado un “marco para entender las funciones del Estado y el equilibrio entre los gobiernos, los mercados y las personas”.

El primer texto que aparece en el interior es una nota introductoria del guía ideológico de Ghani, Francis Fukuyama, el experto que declaró célebremente que con el derrocamiento de la Unión Soviética y el bloque socialista, el mundo había llegado al “fin de la historia”, y que la sociedad humana se perfeccionaría bajo el orden democrático capitalista liberal dirigido por Washington.

Tras los elogios de Fukuyama se encuentra un elogioso respaldo del economista liberal peruano de derechas Hernando de Soto, autor del folleto “El misterio del capital: por qué el capitalismo triunfa en Occidente y fracasa en todas partes” (anticipo: de Soto insiste en que el problema no es el imperialismo). Este Chicago Boy había desarrollado la terapia de choque neoliberal para el régimen dictatorial peruano de Alberto Fujimori.

La tercera reseña sobre el libro de Ghani fue escrita por el vicepresidente de Goldman Sachs, Robert Hormats, quien insistió en que el libro “proporciona un análisis brillantemente elaborado y extraordinariamente valioso”.

El primer texto es de Fukuyama: “Ashraf Ghani es un profesional convertido en teórico. Basándose en su experiencia como primer ministro de finanzas de Afganistán después de los talibanes, desarrolla con Clare Lockhart un marco global para entender el problema de la construcción del Estado. Sostiene de forma convincente que este problema será el reto central que sustente el orden mundial en la era de la globalización, y ofrece soluciones prácticas para ello” – Francis Fukuyama, autor de State-Building: Governance and World Order in the 2 ISt Century

Fixing Failed States es una lectura insoportablemente aburrida, esencialmente una reiteración de 265 páginas de la tesis de Ghani: que la solución a prácticamente todos los problemas del mundo reside en los mercados capitalistas, y que el Estado existe para gestionar y proteger esos mercados.

En un largo y aburrido capítulo, Ghani y Lockhart escriben: “El establecimiento de mercados funcionales ha conducido a la victoria del capitalismo sobre sus competidores como modelo de organización económica al aprovechar las energías creativas y empresariales de un gran número de personas como actores de la economía de mercado.“

Los lectores de este festival neoliberal podrían haber aprendido lo mismo hojeando cualquier folleto del Banco Mundial.

Además de utilizar 219 veces variaciones de la palabra “mercado”, el libro utiliza 159 veces las palabras “invertir”, “inversión” o “inversor”. También está lleno de pasajes torpes, repetitivos y robóticos como éste:

Emprender estos caminos de transición ha requerido esfuerzos para superar la idea de que el capitalismo es necesariamente explotador y que la relación entre el gobierno y las empresas es inherentemente conflictiva. Los gobiernos de éxito han forjado asociaciones entre el Estado y el mercado para crear valor para sus ciudadanos; estas asociaciones son rentables desde el punto de vista financiero y sostenibles desde el punto de vista político y social.

Subrayando su celo ideológico, Ghani y Lockhart llegaron a afirmar una “incompatibilidad entre el capitalismo y la corrupción”. Por supuesto, Ghani demostró entonces lo absurdo de esta afirmación vendiendo su país a empresas estadounidenses en las que habían invertido miembros de su familia, proporcionándoles acceso exclusivo a las reservas minerales de Afganistán, y huyendo después a una monarquía del Golfo con 169 millones de dólares de fondos públicos robados.

Pero entre las élites de Washington, este risible libro ha sido calificado de obra maestra. En 2010, “Fixing Failed States” les valió a Ghani y Lockhart un codiciado 50 puesto en la lista de los 100 mejores pensadores del mundo de Foreign Policy. La revista de la élite empresarial describió su Instituto para la Eficacia del Estado como “el grupo de expertos en construcción del Estado más influyente del mundo”.

Silicon Valley también ha sido conquistado. Google invitó a los dos fundadores a sus oficinas de Nueva York para presentar las conclusiones del libro.

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Primera parte

En defensa del comunismo

En el campo del pensamiento y acción revolucionaria, socialismo, comunismo, anarquismo… cuando se ha tenido la intención de hurgar el pasado reciente, para extraer lecciones que puedan ser utilizadas en el presente, con una perspectiva de futuro, aparecen tres problemáticas que han sido una constante a lo largo del siglo XX.

Por un lado, toda una tradición de mirada superficial, de consigna vacía, de aceptación de cualquier postulado aunque este entrara en contradicción con las bases teóricas que se decía defender. El motivo de este comportamiento tendríamos que buscarlo tanto en cuanto al poco afán militante para pensar con cabeza propia (el ejercicio de pensar, que decía Fernando Martínez Heredia) y la tranquilidad que comporta el hecho de tener total confianza con las directrices emanadas de los correspondientes órganos “superiores” que, en momentos determinados habían acertado en sus orientaciones. Confianza ciega en los dirigentes, más que en la raíz ideológica de la cual se decían portadores y, cuando ha quebrado algún proyecto, la respuesta más fácil -que no la más cuidadosa- ha sido la culpabilización de estos dirigentes con varios despectivos nombres, (traidores, vendidos, etc.) pero que al fin no se ha buscado los motivos de fondos, entre ellos el análisis de una trayectoria.

En un momento el Che decía:

“El Estado se equivoca a veces. Cuando una de esas equivocaciones se produce, se nota una disminución del entusiasmo colectivo por efectos de una disminución cuantitativa de cada uno de los elementos que la forman, y el trabajo se paraliza hasta quedar reducido a magnitudes insignificantes; es el instante de rectificar.

Se corre el peligro de que los árboles impidan ver el bosque. Persiguiendo la quimera de realizar el socialismo con la ayuda de las armas melladas que nos legara el capitalismo (la mercancía como célula económica, la rentabilidad, el interés material individual como palanca, etcétera), se puede llegar a un callejón sin salida. Y se llega allí tras de recorrer una larga distancia en la que los caminos se entrecruzan muchas veces y es difícil percibir el momento en que se equivocó la ruta. Entretanto, la base económica adaptada ha hecho su trabajo de zapa sobre el desarrollo de la conciencia” (1).

En la edición de los “Apuntes filosóficos”, hay una carta que Ernesto Guevara escribió al revolucionario cubano Armando Hart desde Tanzania en 1965, en la que lamenta el sistema de edición de textos marxistas en la isla y propone un plan de lecturas filosóficas para publicar: “En Cuba no hay nada publicado, si excluimos los ladrillos soviéticos que tienen el inconveniente de no dejarte pensar; ya el partido lo hizo por ti y tú debes digerir. Como método es de lo más antimarxista”.

Por otra lado, ha sido una tradición constante los que se han encarnizado a una crítica destructiva “per se”, tal vez enfadados por no poder ocupar el lugar social que se pensaban merecer, tal vez deslumbrados por el discurso de la democracia del capital, tal vez por lecturas mal digeridas, tal vez por las promesas de una vida regalada, vete a saber. Pero el que si se ha podido constatar es que junto a una crítica brutal ha habido la negación de la totalidad del proyecto transformador. Así hemos podido ver como aparentes revolucionarios de ayer, se han convertido en portavoces del capital. Ejemplos sobran en nuestra casa, que empezando por los “revolucionarios” maoístas de Bandera Roja, encarnizados anticomunistas como Solé Tura, Antoni Castells, Jordi Borja, Salvador Milá, Manuel Campo Vidal, Ferrán Mascarell, Enric Canals, Carmen Alborch, Celia Villalobos, Emilio Pérez Touriño, Joan Tardá, Javier Puyol, Federico Jiménez Losantos… entre muchos otros, los hemos visto y los vemos, los que todavía están vivos, comiendo de la mano del PSOE, del PP, de Vox, de Convergència, de ERC… y siguiendo por los “críticos” del PCE Y PSUC que trás los pasos de Jorge Semprún y Solé Tura, en su totalidad abrazaron la socialdemocracia del PSOE, donde por fin encontraron su lugar y unas buenas retribuciones. Los residuos catalanes reunidos en el PCC no han tenido mejor suerte hasta el punto que su máximo dirigente está viviendo con el sueldo de parlamentario de ERC y otros anclados en el sindicato de Comisiones Obreras, haciendo de almohada de la patronal catalana.

Lo mismo podemos decir de los dirigentes “revolucionarios” de la IV internacional, la enseña de los cuales era tan solo el antisovietisme. El ejemplo más significativo es el de Fernández Teixidó que pasó de la alta dirección de la LCR a ser uno de los fundadores del Instituto Mises de Barcelona y es uno de los abanderados del liberalismo catalán. Podríamos seguir con el PTE y otros. No hace falta.

Pero también han habido comunistas, militantes revolucionarios, que han intentado con su crítica, dejar patente, no una vuelta atrás, sino un intento de reflexión que fuera algo más allá de la superficialidad, sobre la posibilidad que el camino seguido no fuera lo mejor para avanzar hacia la transformación social. Pero las arteriosclerosis partidarias, al no disponer de argumentos para contradecir los fuertes razonamientos puestos sobre la mesa, han utilizado el recurso de calificar a dichos militantes de herejes, con lo cual se ha bloqueado la posibilidad de un proceso de rectificación de errores. El resultado de todos estos elementos ya los tenemos a la vista: la casi desaparición de la ética revolucionaria, de las formaciones comunistas y el repliegue de sus residuos alrededor tan solo de inmediatas reivindicaciones que en nada pueden diferenciarse de cualquier otro colectivo agredido por la ofensiva permanente del capital.

Unas consideraciones previas

Uno de los problemas que ha tenido que afrontar cualquier intento emancipador, ha sido la dificultad para romper años, siglos, de estructuración cultural, ideológica, moral y económica presidida por el espíritu del capitalismo, que decía Max Weber.

No ha sido, ni es tarea fácil, en un breve lapso temporal, hacer un cambio en las conciencias, una frase atribuida al Che sobre el concepto de comunismo es que se debe crear riqueza con la conciencia, no conciencia mediante el dinero.

Los intentos revolucionarios que se han realizado, han partido de situaciones de extrema necesidad, de sangrientas luchas de liberación colonial, de miseria,… tal vez la única excepción haya estado Cuba, en la cual los principios éticos de los revolucionarios pesaron más que la lucha por reivindicaciones meramente económicas.

Para intentar poner en pie un edificio vacilante, para salvar del acoso y derribo perpetrado por el capitalismo mundial, se han tenido que realizar auténticas proezas y ejercicios malabares para proteger lo conquistado y evitar un retroceso a situaciones anteriores. Tal vez para lo cual, se han puesto en funcionamiento métodos, estructuras, prácticas, que estaban más en sintonía con la sociedad que se pretendía sobrepasar que no coherentes con la sociedad que se quería construir. Se trataba de pura necesidad.

Nada a cuestionar sobre estas actuaciones cuando está en juego la supervivencia. El problema real aparece cuando, para dar cobertura a estas, se intenta teorizar su legitimidad a tenor, no de la necesidad, sino para presentarla coherente con el discurso político e ideológico emanado del proyecto emancipador. Cuando elementos intrínsecamente nocivos se dibujan como los elementos positivos de la sociedad anterior que deben ser mantenidos e incluso ampliados, es la idea que subyace, en mi opinión de manera errónea, que un sistema basado en la explotación de la mayoría por parte de una minoría, y el horizonte de la cual ha sido la acumulación y reproducción del capital, pueda haber elaborado técnicas, métodos, formas, maneras, tanto por lo que respecta al sistema productivo como educativo, ético o político aprovechables para la construcción de una nueva sociedad.

La teorización, errada en mi opinión, que el proletariado es el continuador de los avances más aparentemente progresistas de la sociedad burguesa, ha comportado a no poner el tela de juicio los grandes paradigmas de la Ilustración incluso en sociedades culturalmente antagónicas al espacio centroeuropeo, señalándolo incluso, como modelo de futuras transformaciones y siguiendo este hilo conductor, la ética, la moral, las relaciones interpersonales igualmente se pueden aceptar con el prisma del capital, pero bajo el dominio socialista con el calificativo de científicamente neutros. Pero pienso que acertadament señala Edgardo Lander que: “La ciencia pura es la ciencia de-purada de conciencia… Las formas de constitución y legitimación del conocimiento científico, su vínculo inseparable con la racionalidad instrumental, o los problemas relacionados con la naturaleza de la verdad científica y su relación con el ejercicio del poder en la sociedad contemporánea, quedan fuera del foco de la mirada crítica. Esto no es un problema de segundo orden, sino una limitación medular, de la crítica marxista a la sociedad capitalista. Esta naturalización del desarrollo científico como potencia autónoma no tan solo desarma teórica y políticamente el pensamiento crítico en torno a dimensiones constitutivas del “ser” de la sociedad capitalista, sino que además, contribuye activamente a su legitimación… El pensamiento tecnocrático cientifista es cada vez más central en las ideologías legitimadoras de las sociedades capitalistas. Un pensamiento crítico que sea incapaz de desenmascarar la relación existente entre las formas de organización social dominantes y el desarrollo científico y tecnológico de estas, tiene muy poco que aportar en la dirección de la transformación de la sociedad” (2).

No se trata de situar frases o escritos específicos de Marx y Engels mirados cómo si fueran piezas únicas de un museo o de afirmar que esta o aquella cita condensa la totalidad de un pensamiento, tan solo es a manera de reflexión que, como otras tantas podemos atribuir a cualquier pensador, unas acertadas, otras erróneas, puesto que Marx era humano, no un Dios, y por tanto falible, en caso contrario los que afirman su infalibilidad pretenden situarlo a la altura de los Papas católicos y mediante este ejercicio convierten sus tesis en dogmas y la organización revolucionaria en una Iglesia.

Solo una rápida lectura en ciertos escritos de Marx, como el escrito en 1853: “India no podía escapar a su destino de ser conquistada, y toda su historia pasada, en el supuesto de que haya habido tal historia, es la sucesión de las conquistas sufridas por ella. La sociedad hindú carecía por completo de historia, o al menos de historia conocida. Lo que denominamos historia de India no es más que la historia de los sucesivos invasores que fundaron sus imperios sobre la base pasiva de esta sociedad inmutable que no les ofrecía ninguna resistencia. No se trata, por lo tanto, de si Inglaterra tenía o no tenía derecho a conquistar India, sino de si preferimos una India conquistada por los turcos, los persas o los rusos o una India conquistada por los británicos” (3).

Cuando Marx pose en entredicho si la India había tenido “historia”, no hace otra cosa que aceptar la historia falseada escrita por los historiadores al servicio del imperio colonial, cuando era ya ampliamente conocido el quehacer “científico” hindú, entre otros la notación del símbolo matemático 0, alrededor del año 450, mientras los europeos todavía no habían definido un alfabeto común. La sucesión infinita de números naturales desarrollada por el hindú Pingala alrededor del año 200, pero descrita, como si fuera suya, en el siglo XIII por Leonardo de Pisa con el nombre de Fibonacci. El sistema binario, la solución a las ecuaciones de 2.º grado desarrollada por Brahmagupta en el siglo VII. El año 400 a.n.e., Sushruta el cirujano de Varanasi, alumno de Dhanwantari «el padre de la medicina India», escribió en sánscrito 184 capítulos sobre como hacer tratamientos oculares y describió las primeras cirugías de catarata mediante reclinación del cristalino. Sin pretensión de alargar este tema, tan solo para poner en entredicho algunas de las “lagunas” de Marx, que estaba deslumbrado por los descubrimientos del capitalismo a partir de la Ilustración, y seguramente por cuya causa el carácter eurocéntrico de algunas de sus consideraciones.

Del mismo modo que las investigaciones para escribir la biografía de Simón Bolívar (4) Marx utiliza como referencia obras de europeos en la guerra de independencia latinoamericana, primero aliados de Bolívar y posteriormente enemigos acérrimos de él como Ducoudray Holstein, que después de abandonar su lugar en el ejército de Simón Bolívar, en 1821 se incorporó a un grupo mercenario financiado por los Estados Unidos para un golpe militar en Puerto Rico, y que posteriormente, establecido en Boston escribió el libelo contra Bolívar (“Memoirs of Simón Bolívar”. 1831). Del Coronel británico Gustavus Mathias Hippisley que abandonó así mismo a Bolívar al no ser ascendido a general (“Journey tono the Orinoco”. 1819). Y las “Memorias” del general William Miller siempre al servicio de la corona británica, publicadas en Londres en 1828.

El 23 de enero de 1848, Engels, escribe en el Periódico Alemán de Brusselas: “En América hemos presenciado la conquista de México, lo que nos ha complacido. Constituye un progreso, también, que un país ocupado hasta el presente exclusivamente de sí mismo, desgarrado por perpetuas guerras civiles e impedido de todo desarrollo, un país que en el mejor de los casos estaba a punto de caer en el vasallaje industrial de Inglaterra, que un país parecido sea lanzado por la violencia al movimiento histórico. Es en interés de su propio desarrollo que México estará en el futuro bajo la tutela de los Estados Unidos. Es en interés del desarrollo de toda América que los Estados Unidos, mediante la ocupación de California, obtienen el predominio sobre el Océano Pacífico” (5).

El año 1849 vuelve a escribir polemizando con Bakunin: “¿Cómo ha ocurrido, entonces, que entre estas dos repúblicas, que según la teoría moral tendrían que estar “hermanadas” y “federadas”, haya estallado una guerra a causa de Texas; como la “voluntad soberana” del pueblo norteamericano, apoyada en la valentía de los voluntarios norteamericanos, ha desplazado, basándose en “necesidades estratégicas, comerciales y geográficas”, unos cuántos centenares de millas más en el sur los límites trazados por la naturaleza? ¿Y les reprochará Bakunin a los norteamericanos el realizar una “guerra de conquista”, que por cierto propina un rudo golpe a su teoría basada en “la justicia y la humanidad”, pero que fue llevada a cabo única y exclusivamente en beneficio de la civilización? ¿O quizás es una desgracia que la magnífica California haya sido arrancada a los perezosos mexicanos, que no sabían qué hacer con ella?; ¿Lo es que los enérgicos yanquis, mediante la rápida explotación de las minas de oro que existen allí, aumenten los medios de circulación, concentren en la costa más apropiada de este apacible océano, en pocos años, una densa población y un activo comercio, creen grandes ciudades, establezcan líneas de barcos de vapor, tiendan un ferrocarril desde Nueva York a San Francisco, abran en realidad por primera vez el Océano Pacífico a la civilización y, por tercera vez en la historia, impriman una nueva orientación al comercio mundial?. La “independencia” de algunos españoles en California y Texas sufrirá con esto, tal vez; la “justicia” y otros principios morales quizás son vulnerados aquí y allá, pero, ¿Que importa esto frente a los hechos históricos universales?” (6).

En un artículo de 1850 escribe Marx: “Hace dieciocho meses que han descubierto las minas californianas y los yanquis ya se han abocado a la construcción de un ferrocarril, de una gran carretera, de un canal desde el golfo de México; los vapores navegan en viajes regulares de Nueva York hasta Chicago… el comercio del Océano Pacifico se concentra ya en Panamá… arrastra a los reacios pueblos bárbaros al comercio mundial, a la civilización… gracias a la infatigable energía de los yanquis, pronto las costas del Pacifico estarán tan pobladas tan abiertas al comercio, tan industrializadas como lo está hoy la costa de Boston” (7).

Hay que recordar que estos textos están escritos a tan solo dos años de la publicación del Manifiesto Comunista. De todo esto, si fuéramos dogmáticos, tendríamos que aplaudir el colonialismo, el imperialismo, el neocolonialismo y como consecuencia agradecer a Estados Unidos y a la Unión Europea la sangría que están realizando actualmente en todo el mundo para llevar la “civilización productivista” enmarcada en la agenda 2030 y el gran cambio de patrón tecnológico que se está implementando. En cambio si somos consecuentemente comunistas tendremos que contradecir tanto el eurocentrismo de Marx y Engels como su visión de las guerras de rapinya, en nombre del “progreso”. Y esto no impide contemplar y asumir la mayor parte del legado de ambos revolucionarios.

Va como el anillo al dedo la composición del cantautor comunista venezolano Alí Primera “Perdóneme tío Juan” cuando irónicamente, en unos versos dice: “No te dejes engañar / cuando te hablen de progreso / porque tú te quedas flaco / y ellos aumentan de peso”

Forma y fondo

Según Evgeni Pasukanis (8), en el capitalismo, la intervención estatal es opresiva por su forma misma, al margen del contenido específico de la acción del Estado. A raíz de su existencia como una instancia diferenciada respecto al proceso inmediato de producción (esto es, a su abstracción real de las relaciones sociales capitalistas), siempre tiende a fragmentar la clase trabajadora en un conjunto de átomos, desvinculados los unos de los otros. La constitución del ciudadano alienado y vaciado de toda reminiscencia material es imprescindible para la existencia del Estado. De aquí viene que lo importante no sea solo lo que el Estado hace, sino también la forma en que lo lleva a cabo. En ambos casos, la neutralidad no tiene cabida, puesto que cada aspecto de la organización y accionar estatal expresa y refuerza su naturaleza de clase.

Pienso que ha sido precisamente un desacierto asimilar la construcción de una nueva sociedad socialista y comunista a partir solo del enunciado de acabar con la propiedad privada de los principales medios de producción, manteniendo la totalidad de las formas de organización de la misma. Erik Olin Wrigt, en su ensayo sobre las clases sociales, apunta que: “El socialismo, tal y como lo hemos definido, es una sociedad en la que el control sobre los bienes de capital y de organización ya no tiene que suponer una fuente significativa de explotación. Para que sea así, la propiedad privada de los bienes de capital y el control jerárquico y autoritario sobre los bienes de organización tienen que desaparecer… Sin una redistribución de los bienes de organización por medio de una democratización del proceso de control y coordinación de las producciones, la explotación de bienes de organización seguirá, y sobre esta explotación se construirá una nueva estructura de relaciones de clase” (9).

Göran Therborn, en su ensayo “Como domina la clase dominante: Aparatos del Estado en el feudalismo, capitalismo y socialismo” expone: “La dominación y la ejecución (la organización) están vinculadas entre sí por una relación análoga a la que existe entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción. Una determinada forma de dominación presupone ciertos medios de organización y ejecución, e inversamente , la forma de dominación determina la manera en que se ejecutan las funciones organizativas… Por ejemplo las monarquías feudales confiaron cada vez más en secretarios, arrendatarios y administradores que no pertenecían a la nobleza (y fueron el germen del posterior dominio burgués)… La administración de los Estados socialistas ha necesitado, en mayor o menor medida, recurrir a la utilización de expertos burgueses… Las necesidades económicas forzaron a los bolcheviques rusos a reproducir el capitalismo y la producción mercantil simple en la década de 1920” (10).

Ahora bien, según Lenin, existe un aparato estatal que se encuentra exento de esta lógica. De acuerdo con sus propias palabras: “Además del aparato de opresión por excelencia, que forman el ejército permanente, la policía y los funcionarios, el Estado moderno posee un aparato enlazado muy íntimamente con los bancos y los consorcios, un aparato que efectúa, si vale expresarlo así, un vasto trabajo de cálculo y registro. Este aparato no puede ni tiene que ser destruido. Lo que hay que hacer es arrancarlo de la supeditación a los capitalistas, cortar, romper, desmontar todos los hilos por medio de los cuales los capitalistas influyen en él, subordinándolo a los Sóviet proletarios y darle un carácter más vasto, más universal y más popular… Hace falta no confundir la cuestión del control y del registro con la cuestión del personal científico… estos señores trabajan hoy subordinados a los capitalistas y trabajarán todavía mejor mañana, subordinados a los obreros armados… Esto se puede hacer, cogiendo las conquistas ya realizadas por el gran capitalismo” (11).

De este modo, Lenin establece una diferencia sustancial entre las funciones de los burócratas y las de los “expertos técnicos”. Estos últimos pueden ejercer idénticas tareas tanto en la sociedad capitalista como en la transición al socialismo: “El mecanismo de la administración ya está preparado aquí. No hay más que derrocar a los capitalistas y tendremos ante nosotros un mecanismo de alta perfección técnica, libre de ‘parásitos’ y perfectamente susceptible de ser puesto en marcha por los mismos obreros unidos, contratando técnicos, inspectores y contables” (12).

Lenin no concibe que el conocimiento técnico especializado contenga en sí mismo una cuota de poder burocrático que amenace seriamente las bases del proceso de democratización creciente implícito en su idea de la transición al socialismo.

Durante el octavo Congreso de los Sóviets, realizado a finales de 1920, Lenin pronosticó: “El inicio de este tiempo tan feliz en que la política pasará a segundo plano, en que la política se discutirá con menos frecuencia y en menor extensión, y los ingenieros y agrónomos serán quienes hablen más… De ahora en adelante, la menor política será la mejor política”.

Lenin retoma aquí los principios de Karl Kautsky sobre la necesidad que el proletariado tome el poder y utilice el aparato estatal técnico en lugar de destruirlo. En sus propias palabras: “Para que podamos construir el comunismo, es necesario que hagamos más accesibles a las masas los medios que proporcionan la ciencia y la tecnología burguesas. De otro modo, no será posible construir la sociedad comunista. Y para poder construirla así, tenemos que arrancar el aparato de manos de la burguesía, tenemos que incorporar al trabajo a todos estos especialistas” (13).

Resulta claro que la intención de Lenin es simplemente desmontar los vínculos que ligan a estos técnicos a los capitalistas, para después avanzar hacia el socialismo. Ahora bien, es lícito preguntarse si el propio aparato estatal que se intenta desatar no se encuentra estructuralmente organizado para estos fines.

Esta errónea caracterización permite explicar por qué Lenin llegó a expresar que “el socialismo no es más que el monopolio capitalista del Estado puesto al servicio de todo el pueblo” (14). Lo que según él tenían de malo los métodos burgueses de producción y administración era simplemente que se encontraban al servicio de los capitalistas, por lo cual su mera utilización, por parte del Estado obrero, posibilitaría inscribirlos en una lógica inversa a la hasta este momento vigente.

Lenin había escrito en 1913, al analizar el sistema Taylor:

“De lo que más se habla actualmente en Europa, y en parte de Rusia, es del ‘sistema’ del ingeniero Federico Taylor. Hace poco, en Petersburgo, en el salón de actos del Instituto de Ingenieros de Vías de Comunicación, el señor Semiónov pronunció un informe sobre este sistema. Taylor mismo lo ha descrito denominándolo sistema “científico”, y su libro se traduce y se propaga celosamente a Europa.

¿En que consiste este ‘sistema científico’? A estrujarle al obrero tres veces más trabajo en el transcurso de la misma jornada laboral. Se hace trabajar al obrero más fuerte y hábil; se registra valiéndose de un reloj especial -en segundos y décimas de segundo- el tiempo que se invierte en cada operación, en cada movimiento; se elaboran los procedimientos de trabajo más económicos y productivos; se reproduce el trabajo del mejor obrero en una cinta cinematográfica, etc..

El resultado es que en las mismas 9 ó 10 horas de la jornada laboral se le estruja al obrero tres veces más trabajo, se dilapidan despiadadamente todas sus energías, se absorbe con triplicada rapidez cada gota de energía nerviosa y muscular del esclavo asalariado. Quién se morirá antes? Hay muchos esperando a las puertas de la fábrica!

El progreso de la técnica y de la ciencia es en la sociedad capitalista el progreso en el arte de estrujar sudor… Se estruja el sudor según todos los cánones de la ciencia” (15).

En 1914 vuelve a escribir sobre lo mismo: “El capitalismo no puede permanecer parado ni un solo instante. Tiene que avanzar y avanzar. La competencia, que se agudiza sobre todo en época de crisis, como la que estamos sufriendo, lo obliga a inventar nuevos y nuevos medios de abaratar la producción. Pero la dominación del capital convierte todos estos medios en instrumentos de opresión, cada vez mayor, del obrero. El taylorismo es uno de estos medios. Hace poco, los partidarios de este sistema recurrieron en Norteamérica al siguiente procedimiento: En el brazo del obrero se sujeta una bombilla eléctrica. Se fotografían los movimientos del obrero y se estudian los de la bombilla. Se ve que algunos son “superfluos” y se obliga el obrero a evitarlos, es decir, a trabajar más intensamente, sin perder ni un segundo a descansar. Se confeccionan proyectos de nuevas naves fabriles para que no se pierda ni un solo minuto al llevar a ellas los materiales, al pasarlos de un taller a otro y al sacar los productos acabados de la empresa. El cinematógrafo se emplea sistemáticamente para estudiar el trabajo de los mejores operarios y para aumentar su intensidad, es decir, para “espolear” todavía más al obrero.

Por ejemplo, se estuvo filmando todo un día el trabajo de un mecánico. Después de estudiar sus movimientos, se le proporcionó un banco especial, bastante alto porque no tuviera que perder tiempo a inclinarse. Pusieron además de ayudante suyo a un chico, que tenía que pasarle cada pieza de la máquina de manera determinada, de la manera más conveniente. ¡Al cabo de unos días, el mecánico gastaba en el montaje de la máquina la cuarta parte del tiempo que invertía antes! ¡A los obreros recientemente admitidos los llevan al cinematógrafo de la fábrica, que les muestra la producción “ejemplar” del trabajo. Obligan al obrero a “llegar a la altura” de este ejemplo. Cada semana le muestran en el cinematógrafo su propio trabajo y lo comparan con el “ejemplar”. Todos estos enormes perfeccionamientos se hacen contra el obrero. En orden a aplastarlo y oprimirlo más todavía y a limitar la distribución racional, sensata, del trabajo dentro de la fábrica. El taylorismo, sin que lo quieran sus autores y contra la voluntad de estos, aproxima el tiempo en que el proletariado tomará en sus manos toda la producción social y designará sus propias comisiones, comisiones obreras, para distribuir y ordenar acertadamente todo el trabajo social” (16).

En 1918 vuelve a escribir sobre el taylorismo pero con un giro de ciento ochenta grados:

“Se tiene que poner al orden del día la aplicación práctica y el ensayo de la remuneración por unidad de trabajo realizado, el aprovechamiento de lo mucho que hay de científico y progresista en el sistema Taylor, la observancia de las proporciones entre el salario y los resultados generales de la producción de artículos o de la explotación del transporte ferroviario, marítimo, fluvial, etc., etc.

El ruso es un mal trabajador comparado con los de las naciones avanzadas. Y no podía ser de otro modo en el régimen zarista, dada la vitalidad de los restos del régimen de servidumbre. La tarea que el Poder soviético tiene que plantear con toda amplitud al pueblo que debe aprender a trabajar. La última palabra del capitalismo en este terreno -el sistema Taylor-, igual que todos los progresos del capitalismo, reúne toda la refinada ferocidad de la explotación burguesa y varias conquistas científicas de sumo valor concernientes en el estudio de los movimientos mecánicos durante el trabajo, la supresión de movimientos superfluos y torpes, la adopción de los métodos de trabajo más racionales, la implantación de los sistemas óptimos de contabilidad y control, etc. La República Soviética tiene que adquirir cueste lo que cueste las conquistas más valiosas de la ciencia y de la técnica en este dominio. La posibilidad de realizar el socialismo quedará precisamente determinada por el grado en que conseguimos combinar el Poder soviético y la forma soviética de administración con los últimos progresos del capitalismo.

Hay que organizar en Rusia el estudio y la enseñanza del sistema Taylor, su experimentación y adaptación sistemáticas. Al mismo tiempo, y con el propósito de elevar la productividad del trabajo, hay que tener presentes las peculiaridades del periodo de transición del capitalismo al socialismo que reclaman, por un lado, el establecimiento de las bases de la organización socialista de la emulación y, por otro, la aplicación de medidas coercitivas para que la consigna de la dictadura del proletariado no quede empañada por un poder proletario blando en la práctica” (17).

Como podemos ver hay un cambio fundamental respecto al concepto de “ciencia burguesa” de 1913 a 1918, seguramente evaluado por la angustiosa situación económica que atravesaba Rusia después de la firma de la paz de Brest-Litovsk que comportó la pérdida de un 21,5% de la industria pesada; un 84,4% de la lana; un 57,8% del cuero; un 54% del papel; un 50% del iute; un 32,5% de la madera; un 28,6% de la industria química; un 26,2% del textil y un 22,7% de la metalurgia.

Si bien es cierto que se consiguieron aumentos de productividad de un 30 a un 40% comparados con resultados de 1913, estos fueron conseguidos, a expensas de suprimir las iniciativas de los trabajadores y sin ninguna consideración por su seguridad, de tal manera que aumentó un 50% el número de accidentes de trabajo al mismo tiempo que imperó el trabajo a destajo que fue creciente de los años 1923 a 1925.

La apología del sistema taylorista

El taylorismo, igual que el fordismo, ha expresado históricamente la ofensiva del capital contra el trabajo para conseguir su disciplina. Como vía tecnológica de la represión, ha intentado e intentaba descalificar a los obreros profesionales a través de la expropiación intelectual, destruyendo así la base de sostén de su poder en el seno del proceso productivo. Lenin impulsará el estudio y la posterior utilización masiva de este recurso. Como expresara él mismo: “lo más necesario para nosotros, ahora, consiste a aprender de Europa y de los Estados Unidos”.

A pesar de que, con posterioridad y en el último tercio del siglo XX, el propio capital se dio cuenta que era más rentable mantener y alentar las capacidades intelectuales de los obreros y así extraer todavía más plusvalía, dando al que denominó sistema toyotista de trabajo en equipo que con varias modificaciones está vigente hoy en día. Es lo que se denomina “capital humano”.

El aumento de la productividad industrial llevó Lenin a apologetizar el sistema Taylor que años más tarde sería rechazado y el concepto de productividad reformulada en función de las particularidades de la sociedad rusa por el stajanovismo el cual, tenía una diferencia sustancial con el taylorismo, que era el intento de sacar de las manos de los directores y otros burócratas, los incrementos de producción, y que estos aumentos surgieran de la conciencia y voluntariedad de los segmentos comunistas del proletariado. Sin embargo, en cuanto que base productiva gestada en condiciones alienantes, es decir la no participación del proletariado en la toma de decisiones y el mantenimiento mayoritario de unas relaciones de producción muy piramidales, llevaba impresa las relaciones sociales capitalistas en su seno. Seguramente, uno de los errores de Lenin y de buena parte de los dirigentes soviéticos fue creer que el objetivo principal del desarrollo tecnológico capitalista consiste en la máxima producción de bienes, cuando el objetivo es la reproducción del capital por medio de la producción de estos bienes, que al capital le da lo mismo que sean de uso, de cambio o de inutilidad total.

El planteo de Lenin de que: “el comunismo empieza, cuando los obreros sienten una preocupación -abnegada y más fuerte que el duro trabajo… para aumentar la productividad del trabajo” (18), lleva implícito que la emancipación humana es conquistada a través del culto a la tecnología a pesar de que exacerba al máximo la alienación. Y que la derrota definitiva del capitalismo será conseguida por el hecho que “el socialismo consigue una nueva productividad del trabajo mucho más alta” (Lenin. Una gran iniciativa). El único elemento es la productividad del trabajo dejando de lado el concepto de productividad social que puede llegar a ser antagónica con el “trabajo”. Es lo que en catalán y castellano dispone de dos definiciones: en catalán “treballar” o “fer feina”, que el castellano tiene también dos concepciones diferenciadas: “trabajo”, relacionado con una carga pesada derivada del tripalium latino, y “faenar”, derivado del catalán relacionado con aquello que se tiene que hacer, es decir la participación en el mantenimiento de la sociedad y las personas.

La defensa explícita por parte de Lenin de la concepción burguesa del progreso técnico resulta sorprendente. Su equivocada creencia en que se estaba nadando, al decir de Walter Benjamin, a favor de la corriente dinámica del desarrollo tecnológico, lo llevó a expresar que “la forma de organización del trabajo no la inventamos, sino que la tomamos ya hecha del capitalismo, por lo cual no tenemos más que adoptar el mejor de la experiencia de los países avanzados”.

El rechazo de Lenin y más todavía de Trotsky, a la extensión masiva del control obrero y su inclinación por “la dirección de un solo hombre”, es totalmente comprensible en el marco del despotismo fabril que suponía la aplicación férrea del sistema Taylor.

Pero existia paralelamente un movimiento anti-taylorista encabezado por el profesor Ermansky, el cual plasmó su crítica al taylorismo mediante el libro “Teoría y práctica de la racionalización” (19). Desde su perspectiva, el taylorismo reducía la calidad del trabajo y bestialitzaba al obrero, no haciendo un uso óptimo del trabajo, sino solo un uso máximo.

En 1946 el psicólogo del trabajo húngaro Béla Székely publica un libro (20) en el que analiza los métodos de Taylor y Bedeaux de explotación máxima de los obreros y como contrapartida las circunstancias y objetivos del sistema Stajanov. Realiza una explicación de la diferencia entre el movimiento de las brigadas de choque: los Udarniki, las cuales estaban concebidas para situaciones de emergencia y el método Stajanov como organización racional del trabajo. Lo define de la siguiente forma: “La base del movimiento de Stajanov es la actividad voluntaria. Cada uno de estos obreros entiende no solo su máquina, sino todo el régimen del taller, o mejor dicho, todo su oficio. En los talleres donde está implantado su método, cada obrero tiene que ser capaz de realizar hoy cualquier trabajo secundario y dirigir mañana todo un taller”.

En este libro, Székely hace alusión al libro que escribió Stajanov en 1935 “Mi método”, y realiza unas breves transcripciones ilustratives del mismo “Mi método es una combinación del trabajo manual con el intelectual. Permite a los trabajadores que se adhieren a él desplegar sus facultades, dar curso a sus ideas creadoras, significa la victoria del hombre sobre la máquina. Un trabajo que no exige un sobreesfuerzo físico, sino que requiere una abierta disposición voluntaria hacia el trabajo que un mismo realiza y un profundo estudio de la máquina y su técnica. Es el toque inicial de la elevación de cada obrero al nivel cultural y técnico de un ingeniero”.

El libro está dedicado a los militantes comunistas húngaros Fürst Sandor y a Imre Sallai, guillotinados el 29 de Julio de 1932, falsamente acusados de hacer descarrilar un tren en el puente de Biatorbágv, a pesar de que el autor de los hechos (Szilveszter Matuska) había sido detenido y condenado en Viena por este hecho el 7 de octubre de 1931. Según investigaciones posteriores, el atentado fue organizado por el ministro de Defensa Gyula Gömbös con la aprobación del gobernador Miklós Horthy dentro de una campaña de exterminio de comunistas. Fueron los Sacco y Vanzetti húngaros, pero de los cuales, a diferencia de los anarquistas nordamericans, solo han estado presentes en la memoria revolucionaria húngara hasta 1989 y desde entonces sus nombres borrados de la historia.

Este hecho fue imitado por el gobierno de Hitler un año después con el incendio del Reichtag el 27 de febrero de 1933 realizado por el propio partido nacionalsocialista, del que culparon falsamente al militante comunista Marinus van der Lubbe, que fue ejecutado el 10 de enero de 1934. Hasta después de 75 años (2008) el Tribunal Supremo alemán no lo declaró inocente.

La neutralidad de la ciencia

En Rusia, a 1920, se dio un intenso debate sobre el papel de la ciencia, el arte y la literatura alrededor de dos concepciones: una la encabezada por Anatoli Lunacharski y Aleksandr Aleksándrovich (Bogdánov), y el otro encabezada por Lenin, con los cuales había polemizado en 1909 por medio de la obra “Materialismo y empirocriticismo”. El nudo central del debate fue sobre el carácter “neutro” de la ciencia o el sustrato ideológico de la misma.

Que el dominio de clase se presente bajo la mistificación de un aparato administrativo neutro, o bien asuma en el ámbito productivo la forma pervertida de saberes técnicos especializados -tendentes, los dos, a “ser autónomos” y cobrar vida propia- es parte del proceso de fetichización propio de la sociedad capitalista.

Las tesis de Bogdanov tienen una serie de implicaciones epistemológicas, especialmente en relación al sentido y significado de la verdad para la ciencia. De este modo, Bogdanov afirmó que la noción de “verdad objetiva” era un fetiche metafísico, y que la ciencia solo producía “verdades epocales”. La ciencia tenía que restablecer su unión con el trabajo, puesto que “la ciencia es la experiencia colectiva del trabajo organizado”, y la verdad es una “forma organizativa de la experiencia” en la cual los hechos son relativos a la experiencia. Desde este punto de vista, la ideología es considerada la organización de ideas que expresan, en cada momento de la historia, las formas de organización del trabajo.

Bogdanov rechazaba, entonces, el concepto de verdad objetiva y la noción correspondiente de un mundo objetivo independiente del sujeto cognoscitivo. Para él, el mundo, es decir, el “mundo conocido por nosotros”, en oposición a la “cosa-en-sí-misma” metafísica, es producto de la praxis colectiva humana. La noción de leyes objetivas e irrevocables de desarrollo social no era para él una explicación científica del mundo humano, sino que era una cosa que tenía que ser explicado en términos históricos y sociológicos.

Bogdanov centraba su crítica de la práctica científica contemporánea en la separación entre ciencia y trabajo. Esta unión original entre ciencia y trabajo había sido rota en las sociedades capitalistas. De este modo, la ciencia olvidó sus orígenes por completo y todos sus problemas contemporáneos derivan de este hecho. Una de las consecuencias de este olvido, es que la ciencia perdió de vista la idea de la unidad de los métodos y se desintegró en un grupo desorganizado de disciplinas especializadas, donde cada una de ellas se desarrollaba en forma completamente independiente de las otras y perdían la posibilidad de beneficiarse mutuamente.

En China, en 1964 se produjo un debate similar de la mano de Lu-Ting Yi: “Cómo todo el mundo sabe, las ciencias naturales, incluida la medicina, no tienen carácter de clase. Tienen sus propias leyes de desarrollo. La única forma en que se relacionan con las instituciones sociales es que bajo un mal sistema social progresan con bastante lentitud, y bajo uno de mejor progresan con bastante rapidez. La parte teórica de esta cuestión quedó resuelta hace tiempo. Por lo tanto, es un error etiquetar una teoría particular en medicina, biología o cualquier otra rama de la ciencia natural como feudal, capitalista, socialista, proletaria o burguesa” (21).

Poco después, en 1966, durante la Revolución Cultural, fue acusado de ser un promotor de la línea reaccionaria en la cultura y ciencia puesto que no aceptaba la idea que la cultura y la ciencia tenían que servir ampliamente a la política proletaria. Posteriormente fue rehabilitado por la nueva dirección encabezada por Deng Xiaoping (22).

Este resumido esbozo del planteamiento sobre el concepto ciencia sirva para recordar que en 1950, un grupo de científicos y filósofos franceses, entre los cuales se encontraban Raymond Guyot y Jean Desanti, publicaron un manifiesto titulado “Ciencia burguesa y ciencia proletaria”. En él se establece que la ciencia tiene un componente de clase, que no solo afecta las condiciones sociales y materiales de investigación, sino que también determina los conceptos y teorías a las cuales dan origen. Este manifiesto surgió a consecuencia de un fuerte debate que apareció en torno al científico Trofim Lysenko.

En 1948, el PCUS revitalizó algunas de las propuestas que en los años 20 habían surgido del debate realizado alrededor de la construcción de una nueva sociedad, entre ellas el tema educativo y el papel de la ciencia. Los enemigos internos y externos en la URSS hicieron estragos, y la instrumentalización maniqueista organizada por las fuentes “científicas” capitalistas arrastraron un puñado de discípulos marxistas de todo el mundo. Proceso que tuvo un punto culminante con el triunfo de las posiciones revisionistas en el XX Congreso del PCUS en 1956.

En una de las muchas respuestas y contribuciones a un artículo sobre la teoría de las dos ciencias publicado el 2012 por el profesor Agustín Ostachuk de la argentina Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), uno de los contribuyentes al debate planteaba: “Si estuviera vivo, Bogdanov habría reemplazado el término ‘capitalista’ o ‘burgués’ por los nuevos amos del mundo: conjuntos de transnacionales financieras, industriales, de la banca internacional (FMI, BID, OCDE, Bancos Centrales, etc.) y el Vaticano, el poder económico de los cuales en el flujo financiero ha sobrepasado infinitamente al de todos los Estados y se ejerce sobre una dimensión planetaria, a diferencias del poder de los gobiernos de países que están limitados a una dimensión nacional específica. Sin embargo, esta crítica tiene un Gran Ausente: el Sistema de Enseñanza que actualmente y en la mayoría de países, la ‘Educación de calidad’ en continua expansión, recoge la herencia de esta cultura falaz, comercial y discriminatoria, fomentadora del más atroz darwinismo social (supervivencia exclusiva de los alumnos con mejores ritmos de aprendizajes y exclusión como basura de los otros niños), que aprovecha los ‘valores’ del mercado para su propio enriquecimiento”.

Se acaba el debate

Marx en 1852 escribió sus reflexiones críticas sobre la revolución de 1848 en Francia: “La revolución social del siglo XIX no puede sacar su poesía del pasado, sino solo del porvenir. No puede empezar su propia tarea antes de desnudarse de toda veneración supersticiosa por el pasado. Las anteriores revoluciones necesitaban remontarse a los recuerdos de la historia universal para aturdirse sobre su propio contenido. La revolución del siglo XIX tiene que dejar que los muertos entierren en sus muertos, para cobrar conciencia de su propio contenido. Allí, la frase desbordaba el contenido; aquí, el contenido desborda la frase… La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando estos se disponen precisamente a revolucionarse y revolucionar las cosas, a crear una cosa nunca vista, en estas épocas de crisis revolucionaria, es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio a los espíritus del pasado, toman prestado sus nombres, sus consignas de guerra, su vestidura, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal. Así, Lutero se disfrazó de apóstol Pablo, la revolución de 1789-1814 se vistió alternativamente con la vestidura de la República Romana y del Imperio Romano, y la revolución de 1848 no supo hacer nada mejor que parodiar aquí al 1789” (23).

Diez años después, arreciando este punto de vista, escribia a Lassalle: “Se podría decir que toda adquisición de un periodo anterior, apropiada por un periodo ulterior, es la antigüedad mal comprendida” (24).

Esta advertencia de Marx respecto a lo que tiene que marcar la diferencia entre las anteriores revoluciones y la revolución socialista, parece que no fue acogido por la mayoría de comunistas rusos. En la primera mitad de octubre de 1920 en Moscú se celebró el I Congreso de Proletkult de toda Rusia. En el discurso pronunciado ante el Congreso, Anatoli Lunacharski, en contra de las indicaciones de Lenin, abogó por la autonomía completa de Proletkult en el sistema del Comisariado del Pueblo de Instrucción. Con este motivo, Lenin escribió una propuesta de resolución que se discutió en la reunión del Buró Político del CC del PC(b) de Rusia, celebrada el 9 de octubre de 1920, y aprobada unánimemente posteriormente por el Congreso con el cual se concluyó el debate.

Este es el punto 4 de la citada resolución: “El marxismo ha conquistado su significación histórica universal como ideología del proletariado revolucionario porque no ha rechazado de ninguna forma las más valiosas conquistas de la época burguesa, sino, por el contrario, ha asimilado y re-elaborado todo el que tuvo que valioso en más de dos mil años de desarrollo del pensamiento y la cultura humanos. Solo puede ser considerado desarrollo de la cultura verdaderamente proletaria el trabajo ulterior sobre esta base y en esta misma dirección, inspirado por la experiencia práctica de la dictadura del proletariado como lucha final de este contra toda explotación” (25).

En aquellos momentos eran totalmente desconocidas las obras de Marx como los Manuscritos de 1844 o la Crítica a la filosofía del derecho de Hegel que en 1920 tan solo había sido publicada la introducción sobre el papel de la religión. En esta obra Marx planteaba un imperativo ético – político que prefiguraba su posición crítica frente a la civilización del Capital: “Subvertir todas las relaciones sociales en las cuales el ser humano es un ser envilecido, humillado, abandonado, despreciable” (26).

En cambio sí era suficientemente conocida la polémica de Engels con los bakuninistes, fruto de la cual fue su escrito sobre la autoridad de 1873:

“Suponemos que una revolución social hubiera derrocado a los capitalistas, la autoridad de los cuales dirige hoy la producción y la circulación de la riqueza. Suponemos, para colocarnos completamente en el punto de vista de los antiautoritarios, que la tierra y los instrumentos de trabajo se hubieran convertido en propiedad colectiva de los obreros que los emplean. ¿Habría desaparecido la autoridad, o no habría hecho más que cambiar de forma?

Además, para mantener las máquinas en movimiento, se necesita un ingeniero que vigile la máquina de vapor, mecánicos para las reparaciones diarias y, además, muchos peones destinados a transportar los productos, etc. Todos estos obreros, hombres, mujeres y niños están obligados a empezar y acabar su trabajo en la hora señalada por la autoridad del vapor, que se burla de la autonomía individual.

El mecanismo automático de una gran fábrica es mucho más tiránico que lo han estado nunca los pequeños capitalistas que emplean obreros. En la puerta de las fábricas, podría escribirse: “¡Lasciate ogni autonomía, voi che entrate!” (¡Quién entre aquí, renuncie a toda autonomía!). Si el hombre, con la ciencia y el genio inventivo, somete a las fuerzas de la naturaleza, estas se vengan de él sometiéndolo, mientras las emplea, a un verdadero despotismo, independientemente de toda organización social” (27).

Había, pues, varias interpretaciones del legado de Marx y Engels, del mismo modo que los socialdemócratas alemanes se decían ser sus continuadores y herederos, puesto que cada grupo u organización hacía suyo un fragmento u otro de su enorme obra. Lenin hacía años había advertido sobre la lectura escolástica de Marx de la siguiente forma: “No consideramos, en absoluto, la teoría de Marx como algo acabado e intangible: estamos convencidos, por el contrario, que esta teoría no ha hecho sino colocar las piedras angulares de la ciencia que los socialistas tienen que impulsar en todas las direcciones, si es que no quieren quedar rezagados de la vida. Creemos que para los socialistas rusos es particularmente necesario impulsar independientemente la teoría de Marx, porque esta teoría da solo los principios directivos generales, que se aplican en particular en Inglaterra, de una manera diferente que en Francia; en Francia, de una manera diferente que en Alemania; en Alemania, de una manera diferente que en Rusia. Por lo mismo, con mucho gusto daremos cabida en nuestro periódico (Iskra) los artículos que traten de cuestiones teóricas e invitamos a todos los camaradas a tratar abiertamente los puntos en discusión” (28).

Hoy podríamos añadir unas nuevas consideraciones. Marx dedicó su vida a elaborar una crítica del capital, y también deslumbrado por los “adelantos científicos” del mismo que, hurgando en la historia anterior a la expansión capitalista, concluyó que la ciencia era apropiada por el capital. Esto tiene una raíz basada en el paso del feudalismo a la dominación burguesa, pero, hoy, estamos en una etapa histórica que ni Hobsbawm ni Lenin cuando escribieron sobre el imperialismo, podían imaginar. Pero ya a partir del último tercio del siglo XIX el desarrollo científico queda totalmente subordinado a los intereses de la reproducción del capital en todas sus ramas, pues en una sociedad dirigida por las grandes corporaciones, la financiación de los grandes laboratorios de investigación son una inversión del capital del cual solo esperan sacar un rendimiento; no es una financiación “desinteresada” de cualquier tipo de investigación.

Pensar la ciencia en abstracto y alejada de la estructura de poder del capitalismo, a partir de la concepción de la apropiación de esta, como si fuera ajena al sistema político imperante, por el capital, deja a la actividad científica fuera de la reflexión crítica. Mientras la mirada esté puesta solo en el tema de la propiedad privada o apropiación del conocimiento científico, o en la “forma” en que este se utilizado, se deja de lado la necesaria reflexión sobre la constitución y legitimación del conocimiento científico, los problemas respecto a la “verdad” científica y sus relaciones con las estructuras de poder.

Pienso que debe utilizarse el análisis basado en los principios de la dialéctica y ver de este modo las implicaciones de la actual financiación, investigación, conocimiento y aplicación científica con el modelo imperante del capitalismo corporativo internacional. Lo que en otras ocasiones he denominado Imperialismo S.A.

Conversión de la necesidad en virtud

En 1920, Alekséi Kapitonovich Gástev fue fundador y Director del Instituto Central del Trabajo (I.C.T.) en Moscú. El Instituto desarrolló métodos “científicos” de entrenamiento para trabajadores en operaciones mecánicas de la forma más eficiente, de acuerdo con los principios de Taylor y la psicología del alemán Hugo Münsterberg sobre la eficiencia industrial que estaba directamente relacionada con las propuestas del taylorismo pues su psicología intenta suprimir la voluntad y reducir con esto la conciencia a sensación, siendo uno de los motores de la transformación de la Psicología en una «ciencia general de la conducta”. A su lado también había la influencia de Charles Bedaux, Frank Gilbreth y Lillian Moller, ingenieros norteamericanos, estos dos últimos instalados en Rusia, técnicos en campos del estudio de movimientos y factores humanos y medición del trabajo.

Paralelamente fueron acogidas las propuestas del pedagogo norteamericano John Dewey, que sintetizó las Influencias de Hegel, James Y Darwin. Hegel influencia a Dewey sobre todo en la parte de los caracteres filosóficamente más importantes de su planteamiento de racionalidad absoluta, necesidad y certitud. James influenció a Dewey en el aspecto de analizar el significado de una idea en términos de consecuencias practicas y tomó de Darwin el modelo biológico de supervivencia del más apto. Sus ideas pedagógicas están íntimamente ligadas al pragmatismo y el instrumentalismo, pues según él “las ideas solo tienen un valor instrumental para la acción en la medida en qué ellas estén al servicio de la experiencia activa; de donde el valor de una idea radica en su éxito”.

Posteriormente, en 1956, Ivan Alexandrovich Kairov publicaba una obra que llevaba por título “Pedagogika” (29). Unos pocos fragmentos de su obra nos dan cierta dimensión de su pensamiento. En el primer capítulo de Pedagogika, Kairov afirma que «la educación es un fenómeno puro de la humanidad». Afirmación que hizo suya Lu-Tig-Yi en defensa del sistema educativo burgués en China: “La definición de educación es muy clara: transmitir conocimientos y asimilar conocimientos”.

Sigue Kairov en Pedagogika que: “Todo irá be si los alumnos pueden asimilar lo ya conocido, los conocimientos ‘existentes’ acumulados por los hombres a lo largo de los siglos, porque constituyen un tesoro científico sólido y seguro, una verdad absoluta e inmutable… Cada palabra, cada directriz del director se reviste del carácter de ley. Lo que es discutible o que incluso no está confirmado en el campo de la ciencia tiene que ser excluido de los cursos… La obtención de buenas calificaciones es el motor de la vida de los estudiantes y el estímulo para sus estudios”.

Para él la meta de la educación soviética era edificar una sociedad científica basada, decía, en el materialismo dialéctico. El mundo tenía que comprenderse según las leyes de la materia, y la interpretación del mismo corría a cargo del partido comunista. La filosofía de Kairov supone un estímulo a la precisión y el dominio de materias concretas (sistema Taylor). Todas las escuelas de la URSS tendrían que recalcar las materias fundamentales, además no se permitiría ninguna independencia local y se desalentaría cualquier tipo de experimentación pedagógica con métodos independientes. Presidente del Academia de Ciencias Pedagógiques de la URSS recalcaba que el maestro es la autoridad absoluta las ideas de la cual tienen que ser aceptadas por los discípulos.

Tan solo el brillante pensamiento de Vasili Alexandrovich Sujomlinski, después de la segunda guerra mundial, puso en práctica en la Escuela Secundaria de Pavlish una experiencia de pedagogía comunista próxima a la que había propuesto Krupskaia en su momento y que era una reivindicación del Komsomol. Algunos extractos de su “Pensamiento Pedagógico” nos pueden dar un acercamiento a la perspectiva comunista diferenciada de Kairov: “La crítica de la escuela parece haber conseguido su punto culminante en toda la redondez de la tierra. Injuriar contra la escuela es casi moda; «reorganizarla», casi hobby nacional de muchos países. Se vaticina con relativa seguridad la invasión de las máquinas enseñantes. Ahora bien, la escuela no es una fábrica; no son las instalacions ni la tecnología, sino las ideas los factores que la configuran” (30).

“La educación no tiene que consistir en la orden desde arriba y la subordinación agobiada desde bajo… tienes que decir lo que pienses de una persona, un hecho, un fenómeno, un suceso. Nunca trates de acertar lo que le gustaría a otro sentirte dir. Esto puede hacer de ti un hipócrita, un adulador, en fin de cuentas un tipo despreciable… Si se habla y se vuelve a hablar en la escuela sobre las buenas acciones y estas no se ven por ninguna parte, las fuerzas del personal pedagógico se consumirán a combatir las contravenciones” (31).

“Estoy profundamente convencido que el objetivo de la educación comunista es el hombre, mientras la colectivitat no es sino el medio para conseguir este fin” (32).

“Vuelvo a decir con dolor que la irreflexiva obstinación a aplicar literalmente todas las opiniones de Antón Makarenko, la obstinación a demostrar que es cierto todo el que dijo y que el que disienta es un hereje, causa un mal inmenso ante todo al propio sistema de Makarenko, por cuanto mengua el papel de cuánto en él hay de ciertamente valioso y permanente” (33).

“Embutiendo en el ninguno de los niños verdades que se dan por demostradas generalizaciones y conclusiones, a veces el maestro no los deja acercarse al manantial del pensamiento y la palabra viva. De un ser activo y vivaz, el niño a menudo se convierte en una memoria mecánica… Para no hacer del niño un embalse de conocimientos, un depósito de verdades, normas y fórmulas hay que enseñarle a pensar” (34).

“Muchos males y muchas dificultades de la vida escolar tienen sus raíces en la indigencia pedagógica del maestro, la cual se manifiesta en que este maestro proporciona los conocimientos, los transfiere de su cabeza a la cabeza del alumno sin saber el que sucede en esta” (35).

“La teoría vive, es decir se enriquece, se perfecciona, porque la vida pule en ella nuevas facetas y suprime lo viejo, lo caduco. Mientras la teoría vive en la experiencia refractándose en el trabajo creativo individual de miles y miles de pedagogos, esta teoría se desarrolla. Si los preceptos teóricos se conciben como una cosa eterna, inmutable, apta para todos los casos, se produce la esclerosis de la teoría. La teoría se transforma en dogma” (36).

Experiencia que acabó cuando murió, todo y dejando tres mil setecientas páginas escritas y siendo galardonado como héroe del trabajo socialista y miembro de la Academia de Ciencias Pedagógicas de la URSS, su legado no tuvo continuidad.

Podemos entrever que el concepto taylorista y el pragmatismo impregnaron todos y cada uno de los ámbitos sociales, educativos, económicos, culturales y políticos.

Por la misma época, Gramsci también reflexionó sobre el sistema Taylor y lo expresaba así: “Taylor expresa con cinismo brutal la finalidad de la sociedad norteamericana: desarrollar en el trabajador, en un grado máximo, las actitudes maquinales y automáticas, destruir el viejo nexo psicofísico del trabajo profesional cualificado que exigía cierta participación activa de la inteligencia, de la fantasía, de la iniciativa del trabajador, y reducir las operaciones productivas al mero aspecto físico, maquinal. Pero, en realidad, no se trata de novedades originales, sino solo de la fase más reciente de un largo proceso que ha empezado con el nacimiento del industrialismo mismo, fase que es, simplemente, más intensa que las anteriores, y que se manifiesta con formas más brutales, pero que será superada ella misma con la creación de un nuevo nexo psicofísico de tipo diferente del de los anteriores y, sin duda, superior a ellos” (37).

Al mismo tiempo que reflexionaba sobre el papel de la ciencia: “¿Es ‘objetivamente’  verdadero todo lo que afirma la ciencia? ¿De manera definitiva? Si las verdades científicas fueran definitivas, la ciencia dejaría de existir como tal, como investigación, como experimento nuevo, y la actividad científica se reduciría a una divulgación de lo ya descubierto. Lo cual, por suerte, no es verdad en la ciencia. Pero si tampoco las verdades científicas son definitivas y perentorias, entonces la ciencia misma es una categoría histórica, un movimiento en desarrollo continuo.

Poner la ciencia en la base de la vida, hacer de la ciencia la concepción del mundo por excelencia, la que disipa las nieblas de todas las ilusions ideológicas, la que pone al hombre ante la realidad tal como esta es, significa recaer en la idea que la filosofía de la práctica necesita bases filosóficas fuera de sí misma. Pero, en realidad, también la ciencia es una superestructura, una ideología. ¿Puede afirmarse, sin embargo, que en el estudio de las superestructuras la ciencia ocupa una posición privilegiada, por el hecho que su reacción sobre la estructura tiene un carácter particular, de mayor extensión y continuidad de desarrollo, especialmente a partir del siglo XVIII, desde que la ciencia ha conseguido una posición separada en la estimación general? Que la ciencia es una superestructura se prueba por el hecho (entre otros) que ha tenido periodos de eclipse, para quedar oscurecida por otra ideología dominante, la religión, que afirmaba haber absorbido la ciencia; por eso la ciencia y la técnica de los árabes parecia a los cristianos brujería pura. Además: la ciencia misma, a pesar de todos los esfuerzos de los científicos, no se presenta nunca como una desnuda noción objetiva; aparece siempre revestida por una ideología, y es concretamente ciencia la unión del hecho objetivo con una hipótesis o un sistema de hipótesis que superan el mero hecho objetivo.

La superstición científica lleva consigo ilusiones tan ridículas y concepciones tan infantiles que la misma superstición religiosa queda ennoblecida. El progreso científico ha dado nacimiento a la creencia en y a la espera de un nuevo Mesías que realizará en esta tierra el País de Jauja; las fuerzas de la naturaleza, sin ninguna intervención de la fatiga humana, sino por obra de mecanismos cada vez más perfeccionados, darán abundantemente a la sociedad todo el necesario para satisfacer sus necesidades y vivir cómodamente. Contra esta vanidad los peligros de la cual son evidentes (la supersticiosa fe abstracta en la capacidad taumatúrgica del hombre lleva paradójicamente a esterilizar las bases mismas de esta fuerza y a destruir todo amor al trabajo concreto y necesario, para dedicarse a fantasear, como si se hubiera fumado una nueva especie de opio), hay que poner en obra varios medios, el más importante de los cuales tendría que ser un conocimiento mejor de las nociones científicas esenciales, divulgando la ciencia por obra de científicos y estudiosos serios, y no por medio de periodistas omniscientes y presuntuosos. En realidad, como se espera demasiado de la ciencia, se la concibe como una especie de brujería superior, y por eso no se consigue valorar con realismo el que la ciencia ofrece concretamente” (38).

¿Es revolucionaria la concepción neutra de la ciencia?

“Si comparamos la ciencia soviética con la ciencia occidental, no en términos de discurso filosófico o de intencionalidad política, sino en términos de la práctica… podemos llegar a la conclusión que ha estado mucho más lo que han tenido en común que lo que los ha separado…. En los debates soviéticos de las últimas décadas han ido desapareciendo todas las referencias a las diferencias entre la ciencia de la sociedad capitalista y la ciencia de la sociedad socialista. Los debates soviéticos se limitan al terreno de la interpretación filosófica de los resultados de la ciencia. Hay varias concepciones filosóficas, pero una sola ciencia: la “ciencia moderna”, la “ciencia contemporánea”, una ciencia universal compatible con los modelos capitalistas y socialistas debido a que el paradigma general de las ciencias, sus objetivos definidos en términos globales, corresponden con los valores y mitos, con las finalidades sociales que comparten ambos sistemas y porque son igualmente similares la forma en la cual l ciencia y la tecnología “organizan” la vida y fundamentan el ejercicio del poder… No hay un replanteo sobre la naturaleza cultural e histórica particular del conocimiento científico, sobre los valores y objetivos que encuentran su realización por la vía del conocimiento científico y la posibilidad de que otras finalidades o valores humanos puedan encontrarse amenazados por el desarrollo científico. No hay dudas ni diferencias, respecto a los objetivos de la ciencia ni en relación al hecho que esta se considerada como máxima expresión del desarrollo de la especie humana, como única vía por medio de la cual es posible el acceso a la verdad” (39).

Llama la atención la similitud existente entre los textos del conductista Burrhus Frederic Skinner sobre la ingeniería social aplicada de forma rigurosamente científica, para modificar la conducta en la sociedad capitalista, y los textos editados por la Academia de Ciencias de la URSS que, por boca de I.Andréiev afirmaba que “la gestión científica es antes de que todo y más que nada, el poner la actividad subjetiva de los hombres en correspondencia con las exigencias de las leyes objetivas”. En los dos casos no se pretende aumentar la capacidad de razonamiento y autonomía de pensamiento de los miembros de la sociedad, sino aumentar su status alienado.

La pregunta de si es revolucionaria la concepción neutra de la ciencia viene a cuento de la actitud tomada por la mayoría de formaciones comunistas actuales que han abrazado sin ningún tipo de duda la “ciencia” capitalista ligada a la impuesta pandemia que ha trastocado la sociedad mundial, y que como he escrito en otras ocasiones ha dejado patente la subordinación ideológica del proletariado a los intereses del capital.

Paz Francés, José Loayssa y Ariel Petruccelli han escrito un interesante libro, “La respuesta autoritaria y la estrategia del miedo”, con una extensa cantidad de datos profundamente estudiados y contrastadas en el entorno de la pandemia. Libro que estaba previsto hacer una presentación del mismo a la Feria Literal, en teoría una feria de libros autodenominada “radical”, “transgresora”, “revolucionaria”, etc., pues prohibieron su presentación y coloquio previsto. De este libro vale recoger algunas de las consideraciones que realiza: “La pandemia transparentó procesos y situaciones preexistentes. En primer lugar que solo algunos sectores del gran capital poseen proyectos sociales a gran escala espacial y temporal, y recursos para llevarlos a cabo. El capitalismo digital está reorganizando la vida, la cultura y la economía. Sus agentes saben lo que quieren, conocen donde van y tienen capacidad para marcar la ruta y, ante situaciones imprevistas, adecuar la forma de actuación para conseguir sus hitos. Mal que nos pese, la izquierda política no dispone de la misma claridad de objetivos… de manera desigual y llena de contradicciones y excepciones, a largo plazo el teletrabajo y la cultura digital tienden a producir subjetividades individualistas y aisladas; pautas culturales fundamentalmente consumistas; tribus digitales cerradas en sí mismas; poderosos mecanismos por el control del trabajo y de la vida por parte de las corporaciones capitalistas.

Desde el momento en que las fuerzas de izquierda no supieron oponerse frontalmente a la estrategia sanitaria dominante, y asumieron el discurso de que estamos ante una epidemia equivalente a un cataclismo frente al cual se tienen que adoptar medidas extraordinarias a cualquier precio, la defensa de las libertades fundamentales ciudadanas cayó en picado. Peor todavía, se dejó esta defensa a manos de la derecha más reaccionaria… las fuerzas antisistema quedaron en una especie de limbo… El hecho de que la izquierda radical haya sido presa del pánico, asumiendo la hipótesis de la eficacia y viabilidad de las medidas de excepción, es un indicio de la carencia de autonomía e independencia de criterios.

En las grandes crisis, las vías más seguras suelen ser contraintuitivas. O mejor dicho, las grandes crisis ofrecen oportunidades de transformación social radical, a condición de que las fuerzas revolucionarias adopten políticas independientes y en general “arriesgadas” según dicen los que quieren conservar el estado de cosas preexistentes. Al cabo de más de un año no se ha conseguido instalar en el debate público de la inmensa mayoría de países (ni siquiera en aquellos gobernados supuestamente por fuerzas progresistas)” (40).

A lo largo de estas reflexiones, podemos intuir que la raíz del problema recae en la negación de realizar un análisis materialista y sacar unas conclusiones a la luz de lo que ha sido la evolución de las sociedades que en un momento dieron un paso importante con intención de modificar y trastocar la sociedad capitalista, pero también hemos podido comprobar como poco a poco, no avanzaron, sino retrocedieron en la historia hasta coincidir nuevamente con los postulados del liberalismo tanto en su base económica, como cultural.

Hace falta pues, profundizar la raíz del legado de Marx, Engels y otros revolucionarios desde una visión de totalidad, pues de lo contrario nos encontraremos en un callejón sin salida para analizar la realidad actual, tanto a nivel concreto de nuestro entorno, como más allá en los análisis internacionales. Pienso que más que nunca son ilustrativas las palabras de Polibio que fue uno de los primeros historiadores, entre el 203 y 120 a.n.e., que excluyó la acción divina entre las causas materiales y sus consecuencias: “Porque en general, los que están realmente convencidos de que por medio de las historias monográficas tienen una cuidadosa visión del conjunto creo que se les pasa una cosa parecida a quienes una vez han visto esparcidos los miembros de un cuerpo antes lleno de vida y belleza, juzgan al fin y al cabo que han estado testigos oculares suficientes de su vigor, vida y belleza. Pero si alguien volviera a componer de repente el cuerpo vivo y pudiera devolverle su integridad, con la forma y el bienestar de su espíritu y, una vez hecho esto, mostrara de nuevo el cuerpo a aquellos mismos que lo vieron hecho a pedazos, estoy seguro que todos confesarían que se habían quedado muy lejos de la verdad, tanto como los que ven visiones mientras sueñan. Es cierto que las partes pueden ofrecer cierta idea del todo, pero es imposible que de ellas se llegue a obtener un conocimiento completo y un juicio exacto” (41).

O, como afirmaba el filósofo humanista y vicepresidente de Cuba entre 1913 y 1917 y avalador de la Federación Estudiantil Universitaria fundada por Julio Antonio Mella: “Saber dudar… Nada más contrario al ejercicio normal de nuestras actividades mentales; nos entusiasma lo categórico y nada nos enamora tanto como un dogma” (42).

No se trata de renegar del pasado como han hecho y hacen los oportunistas, ni de quedar anclado en el siglo XIX o XX como hacen la mayoría de organizaciones que se autodenominan comunistas, se trata de recuperar la memoria de lo que fue, de lo que podía haber sido y de lp que no fue, para poder hacer nuestros los aciertos, rechazar los errores y avanzar en teoría y praxis, hacia el comunismo.

Para esta tarea, hace falta en primer lugar disponer de un proyecto, un proyecto que tiene que velar para que se lo hagan suyo las personas decididas a ser militantes comunistas que piensen con cabeza propia, que sean capaces de establecer una organización de acuerdo con el proyecto y no subordinar el proyecto a la organización.

Proyecto que, al hacer un serio análisis de nuestra historia reciente, tenemos que sacar conclusiones para establecer prioridades en la lucha cotidiana; proyecto que tiene que cuestionar hasta el tuétano la red política, educativa, cultural, económica y científica del capital y de sus lugartenientes. Para hacer patente este cuestionamiento , hace falta, como escribe Lenin en Materialismo y Empiriocriticisme, haciendo mención a la novela de Turguénev, Tierras Vírgenes, “Wer den “Feind will verstehen, mus im Feindes Lande gehen” (Quien quiera conocer su enemigo, que vaya al campo enemigo). Hace falta, pues, conocer, estudiar, analizar contenidos y formas del capitalismo corporativo de los siglo XXI, -el Imperialismo S.A.-, entre ellas el modelo llamado científico, e intentar dar respuestas desde una perspectiva de clase a todo el entramado.

Esta tendría que constituir una tarea urgente ante la imposición “manu militari” de la declaración de pandemia mundial y los intereses escondidos detrás, entre ellos el gran cambio de patrón tecnológico que intenta revertir la tendencia decreciente de la tasa de ganancia.

Hurgar en sus mentiras y romper los miles de hilos invisibles, llamados “neutros” que subordinan el proletariado a los intereses del capital.

No es tarea fácil enfrentar por un lado los intereses del capital y por otra intentar una tarea pedagógica hacia los diversos colores de los que se denominan anticapitalistas pero que han quedado atrapados en las diversas trampas de la diversidad, donde se diluye, cuando no desintegra la concepción de unidad de clase e internacionalista.

El proletariado existe, el comunismo tiene que ser el futuro. Recuperar el nudo teórico y la praxis en unas condiciones que no habían podido imaginar ni los revolucionarios del siglo XIX ni los del siglo XX. Esta es la apuesta, este es el reto.

(1) Carta a Carlos Quijano. 1965
(2) E. Lander. Verdad, ciencia y tecnología. 1990.
(3) K. Marx. Futuros resultados de la dominación británica en la India. 1853
(4) K. Marx. Bolívar y Ponte, Simón. 1858
(5) F. Engels. “Die Bewegungen von 1847”, publicado el 23 de enero de 1848 en la Deutsche Brüsseler Zeitung.
(6) F. Engels. La magnífica California. De la primera parte del artículo Der demokratische Pávslawismus, publicada el 15 de Febrero de 1849 en la Neue Rheinische Zeitung
(7) K.Marx. El oro californiano. 1850
(8) Teoría general del derecho y del marxismo. 1924
(9) E. Olin Wrigt. Clases. pg. 316. Siglo XXI. 1994
(10) G. Therborn. Como domina la clase dominante: Aparatos del Estado en el feudalismo, capitalismo y socialismo. Pàg. 209. Siglo XXI. 1979
(11) El Estado y la revolución. 1917
(12) El Estado y la revolución. 1917
(13) Por ejemplo, en el famoso párrafo del ¿Qué Hacer?, en el cual escribe la tesis de la incorporación de la consciencia desde fuera a los trabajadores.
(14) Lenin. La catástrofe que nos amenaza y como combatirla.
(15) Lenin. Sistema “científico” de estrujar el sudor. Publicado en “Pravda”, núm. 60, 13 de Marzo de 1913
(16) Lenin. El taylorismo es la esclavización del hombre por la máquina. Publicado en “Put Pravdi”, núm. 35, el 13 de Marzo de 1914.
(17) Lenin. Las tareas inmediatas del poder soviético. Publicado el 28 de Abril de 1918 en el núm. 83 de “Pravda”
(18) Lenin. Una gran iniciativa
(19) Ermanski, J. Theorie und Praxi der Rationalisierung. Publicat per Wien – Berlin, Verlag für Literatur und Politik. 1928
(20) De Taylor a Stajanov, “La máquina devora al hombre. El hombre domina la máquina. Ed. Calomino. 1946)
(21) Let A Hundred Flowers Blossom. A undred schools of thought contend. LuDingyi-1964, pág. 15)
(22) https://marxists.architexturez.net/portugues/dicionario/verbetes/l/lu-ting-yi.htm
(23) K. Marx. El 18 brumario de Luis Bonaparte. Pág. 8. Escuela de Filosofía Universidad ARCIS).
(24) K. Marx: Carta a Lassalle del 22 de Julio de 1861
(25) Lenin. La cultura proletaria. Escrito el 8 de Octubre de 1920. Publicado por primera vez en 1926 en el núm. 3 de la revista Krásnaya
(26) Marx, 1843, “Crítica a la filosofía del derecho de Hegel”
(27) Federico Engels, “La autoridad”, diciembre de 1873 en Almanacco Repubblicano per l’anno 1874.
(28) V. I. Lenin, ”Marx, Engels, Marxismo”, escrito en la primera mitad de 1900. pg. 129
(29) https://www.anticariat-unu.ro/pedagogia-sub-redactia-lui-ia-kairov-l-v-zankov-1958-p191336
(30) S. Solovéichik. La paradoja de Sujomlinski. Prefacio. 1973
(31) V. A. Sujomlinski. El nacimiento del ciudadano. Molodaia gvardia. 1971
(32) V. A. Sujomlinski . El pedagogo, la colectividad, el individuo. Literatúrnaia Gazeta. 1970
(33) V. A. Sujomlinski . El pedagogo, la colectividad, el individuo. Literatúrnaia Gazeta. 1970
(34) V. A. Sujomlinski . Mi corazón es para los niños. Radiánskaia shkola. 1969
(35) V. A. Sujomlinski . Ensayos sobre la educación comunista. Naródnoe obrazovanie. 1967
(36) V. A. Sujomlinski . El pedagogo, la colectividad, el individuo. Literatúrnaia Gazeta. 1970
(37) Gramsci. Cuadernos de la cárcel. Racionalización de la producción y del trabajo
(38) Gramsci. Cuadernos de la cárcel. La ciencia y las ideologías “científicas”
(39) Edgardo Lander. Contribución a la crítica del marxismo realmente existente. Pág. 187. Universidad Central de Venezuela. 1990
(40) (Paz Francés, José R.Loayssa, Ariel Petruccelli. Civid-19: la respuesta autoritaria y la estrategia del miedo. Pág. 406-411. Ed. Salmón. 2021
(41) Polybe. Histoire générale, http://remacle.org/bloodwolf/historiens/polybe/index.htm
(42) Enrique José Varona . Seis conferencIas. 1888

Como consecuencia de la pandemia ‘miles’ de reclamaciones inundan los tribunales franceses

El fiscal del Tribunal Supremo francés acaba de manifestar hoy que, como consecuencia de la pandemia, se han presentado “miles” de reclamaciones ante los tribunales.

En una entrevista emitida por un canal de televisión, François Molins, el segundo magistrado más antiguo de Francia, dijo que desde el comienzo de la pandemia habían recibido miles de reclamaciones en los tribunales.

En octubre del año pasado varios ministros ya fueron denunciados por las medidas impuestas por el gobierno con el pretexto de la pandemia, lo que provocó una fuerte polémica sobre el vínculo entre la política y la justicia.

El actual ministro de Sanidad, Olivier Véran, el antiguo Primer Ministro Édouard Philippe y los antiguos miembros del gobierno Agnès Buzyn (Sanidad) y Sibeth Ndiaye (portavoz del anterior gobierno), así como el director general de Sanidad, Jérôme Salomon, fueron visitados en sus domicilios por la policía.

Nada menos que 80 policías intervinieron entonces, a petición de la comisión de investigación del Tribunal de Justicia de la República.

En el marco de las denuncias sobre la pandemia, el fiscal del Tribunal Supremo se excusa por la magnitud del fenómeno. “Es un acontecimiento nuevo, sin duda debido al desarrollo de los modos de comunicación y de internet”, ha dicho Molins, y añade que “afecta al Tribunal de Justicia de la República”.

En cuanto a cuántas de las reclamaciones consideran admisibles, el magistrado no dio ningún detalle. “Es la comisión de peticiones la que lo evaluará”, dijo.

El tema va mucho más allá del ámbito político, según el magistrado, que afirma que “el mismo fenómeno se da en el centro de salud pública de París”. Es un fenómeno que concierne a toda la cuestión: “el aspecto del derecho común o el aspecto ministerial”, ha explicado.

—https://www.lefigaro.fr/actualite-france/covid-19-des-milliers-de-plaintes-arrivent-selon-le-procureur-francois-molins-20210905

Un documento del gobierno británico revela que las muestras de sangre del caso Skripal pudieron ser manipuladas

Las muestras de sangre tomadas de la familia Skripal podrían haber sido manipuladas para que den positivo en Novichok, el agente nervioso supuestamente utilizado para envenenarles, según revela información obtenida del Ministerio de Defensa del Reino Unido. Además, los documentos muestran que Rusia no era el único país del mundo en posesión de esta sustancia. Leer más

En Israel los ‘expertos’ predican la cuarta dosis porque las tres anteriores han fracasado

Ayer el experto responsable de la pandemia en Israel pidió una cuarta dosis de la vacuna contra el coronavirus. Lo podía haber dicho desde el principio: lo mejor es vacunarse todos los días.

La semana pasada el Ministerio de Sanidad anunció que el pasaporte sanitario caducará a los seis meses de la segunda o tercera dosis de la vacuna, lo que ya dejaba entrever que había que poner una cuarta inyección.

“El virus está ahí y seguirá estando, también debemos prepararnos para una cuarta inyección”, dijo Salman Zarka en la radio pública Kan.

Según este matasanos, la próxima vacuna “de refuerzo” podría modificarse para proteger mejor contra las nuevas variantes del virus, como la “cepa delta“ que se han sacado de la manga para encubrir sus continuos fracasos.

“Esta va a ser nuestra vida a partir de ahora”, amenazó Zarka, sin concretar cuándo será el momento de plantearse una cuarta inyección.

A finales de julio el gobierno israelí lanzó una campaña para inocular la tercera dosis de Pfizer a las personas de 60 años o más. Hasta el viernes, 2,5 millones de israelíes habían recibido la tercera dosis.

Desde entonces, han ido reduciendo reducido gradualmente la edad mínima para inyectar la tercera dosis. El domingo pasado el Ministerio de Sanidad anunció que ampliaba la posibilidad de recibir la vacuna “de refuerzo” a todos los adultos y adolescentes mayores de 12 años.

Israel fue uno de los primeros países en comenzar a vacunar masivamente. También fue uno de los primeros en tener a casi toda la población vacunada. Es de los pocos que ha inoculado una terera dosis. Sin embargo, a medida que aumentaba el número de vacunados también aumentaron las hospitalizaciones. Es un fracaso sin paliativos.

La semana pasada Israel conoció un nuevo máximo de “casos positivos” diarios. En Israel ya reconocen abiertamente que padecen una “pandemia de vacunados”. Igualmente podrían hablar de una “pandemia de vacunas”. Si una imagen vale más que mil palabras, la gráfica sobre el número de “casos positivos” en el país más vacunado del mundo, es elocuente por sí misma:

—https://www.timesofisrael.com/virus-czar-calls-to-begin-readying-for-eventual-4th-vaccine-dose/

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