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La llegada de la nueva moneda fiduciaria de los Brics no es inminente

La directora del nuevo banco de desarrollo Brics, Leslie Maasdorp, dice que la creación de una nueva forma de moneda fiduciaria no es inminente sino un objetivo a medio o largo plazo.

Ahora mismo el bloque está centrado en fomentar el comercio directo utilizando las monedas nacionales de los países miembros y, según Maasdorp, los proyectos de desarrollo apoyados por el banco Brics siguen dependiendo del dólar, a pesar de las afirmaciones en contrario de funcionarios rusos y brasileños.

A medida que se acerca la próxima cumbre de los Brics en Sudáfrica, prevista para el mes de agosto, los rumores de una nueva moneda respaldada por el oro alimentan las discusiones económicas en todo el mundo.

La nueva moneda podría representar un gran desafío para la preeminencia del dólar estadounidense, que no está respaldado por el oro desde 1971. Los países Brics han acumulado importantes reservas de oro durante la última década. En particular, Rusia y China se encuentran entre los mayores productores de oro del mundo.

Si la nueva moneda respaldada por oro se convierte en realidad, podría desestabilizar el orden económico mundial y marcar un paso importante hacia su desdolarización.

Podría desencadenar una inflación significativa, un aumento en el precio del oro y otras materias primas. Los países productores de materias primas, como los Brics, podrían aprovechar esta situación económica, mejorando así el uso de su moneda para comercializar materias primas en los mercados internacionales.

La moneda estadounidense ya ha perdido el peso que tenía antes, según Paul Gruenwald, economista jefe de la agencia de calificación S&P Global. El dólar “no tiene el atractivo que solía tener”.

No obstante, la moneda estadounidense seguirá siendo una moneda mundial de primer orden, pero ya no será la moneda dominante. Estas previsiones se dan en un contexto en el que las sanciones de Estados Unidos contra Rusia han provocado varios movimientos en el sector económico. Según un estudio de Invesco Global Sovereign Asset Management, varios países ahora prefieren repatriar su oro a su país.

Casi el 60 por cien de los bancos centrales y los fondos soberanos prefieren el oro, mientras que el 68 por cien tiene la intención de mantener sus reservas dentro del país.

Gruenwald también señaló que la situación lleva a otros países a preferir otras monedas, como el yuan chino, por ejemplo. Por lo tanto, un volumen cada vez mayor de intercambios se realiza al margen del dólar. “Fuera del mundo del dólar están sucediendo otras cosas”, dijo.

Por su parte, la moneda china está ganando presencia en el comercio mundial. Las diversas medidas adoptadas por las autoridades chinas están dando sus frutos. En 2001 el yuan ocupaba la posición número 35 entre las monedas más utilizadas en el comercio internacional. Ahora ha dado un salto impresionante al quinto lugar en 2022.

El capital financiero internacional ha mostrado una creciente confianza en el yuan como una potencial alternativa al dólar estadounidense, que actualmente es la principal moneda de reserva en el mundo.

Corren malos vientos para la energía eólica

A pesar del aumento de la capacidad de aerogeneradores instalados, en los últimos años la producción de energía eólica en Europa se ha estancado o incluso disminuido. Esta paradoja tiene cuatro causas principales: los aerogeneradores se desgastan rápidamente, las mejores fuentes de viento ya están ocupadas, el efecto estela, es decir la reducción de la velocidad del viento detrás del primer aerogenerador y, finalmente, que en los últimos años en Europa el viento sopla muy poco.

El sector eólico está pasando por un mal momento, a pesar de las presiones políticas de la Unión Europea para aumentar la producción de energía renovable. El objetivo de Bruselas es que la energía eólica represente el 43 por cien del consumo de electricidad para 2030, frente al 17 por cien actual. ¿Cómo lograr lo imposible? Una de las ideas es instalar aerogeneradores en el mar…

Ya no es necesario invocar el calentamiento global; para Europa lo realmente importante es liberarse de la dependencia del gas importado de Rusia.

Pero las industrias verdes siguen instaladas en el cuento de la lechera. El año pasado los cuatro principales fabricantes occidentales de turbinas eólicas (Vestas, General Electric, Siemens Energy y Nordex) tuvieron ventas de más de 41.000 millones de euros, pero perdieron más de 5.000 millones de euros.

A fines de junio Gamesa advirtió que sus turbinas tienen defectos de diseño “mucho peores de lo que creía posible”. Los motivos son fáciles de entender: los fabricantes de equipos están compitiendo para construir turbinas más eficientes… pero menos fiables.

El año pasado General Electric perdió de 2.240 millones de dólares en su división de energías renovables, en parte por el mismo motivo que Gamesa: las reparaciones de unas turbinas defectuosas. En Dinamarca Vestas tuvo problemas similares.

Las consecuencias han sido inmediatas: las empresas chinas de la energía eólica, como Goldwind, Envision y Mingyang, se están aprovechando de las deficiencias de sus competidores occidentales para ganar terreno.

Una segunda consecuencia: la matriz de Gamesa (Siemens Energy) ha caído en bolsa espectacularmente. En un solo día las acciones perdieron más de una tercera parte de su cotización en la bolsa de Frankfurt, o sea, que se esfumaron 6.000 millones de euros.

El holding anuncia que puede solucionar los problemas técnicos, pero que la factura superará los mil millones de euros.

También ha anunciado 2.900 recortes de empleo en todo el mundo en su filial de aerogeneradores, al tiempo que quiere aumentar la capacidad de producción de sus parques marinos.

Los aerogeneradores no sólo tienen problemas técnicos sino algo consustancial a las industrias verdes: una pésima planificación política, agudizada por los confinamientos impuestos durante la pandemia, que han roto las cadenas de suministros y han aumentado los precios de las materias primas.

Siguen las negociaciones secretas entre Estados Unidos y Rusia sobre Ucrania

Las recientes conversaciones entre Serguei Naryshkin, director del Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) de Rusia, y el director de la CIA, William Burns, han sido confirmadas por el propio Naryshkin a la agencia Tass, aunque la CIA se ha negado a comentar la entrevista.

Las conversaciones tuvieron lugar a raíz de la asonada de Wagner del mes pasado. Sin embargo, según Naryshkin, la crisis fue más un pretexto para este intercambio que el motivo principal de la entrevista, sugiriendo que Moscú y Washington pueden estar llevando a cabo conversaciones de paz secretas.

El director del SVR asegura que la discusión principal se centró en Ucrania. “Estábamos pensando, discutiendo qué hacer con Ucrania”, dijo Naryshkin, enfatizando la importancia de la Guerra de Ucrania en sus discusiones.

Naryshkin, que aparece en la foto de portada, también mencionó la posibilidad de una reunión cara a cara con Burns nuevamente. Ya se reunieron el pasado noviembre en Turquía para mantener conversaciones que Washington se negó a calificar de “negociaciones de cualquier tipo” sobre la Guerra de Ucrania.

Un portavoz anónimo del Consejo de Seguridad Nacional de la Casa Blanca recordó que el jefe de la CIA advirtió a su homólogo ruso en 2022 de las consecuencias de la escalada nuclear de Moscú. Esto indica que a pesar de sus desacuerdos, las dos partes permanecen en comunicación y están buscando formas de negociar.

El Golpe de Estado en Ucrania en 2014 culminó el deterioro progresivo de las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, aumentando las tensiones existentes y marcando el comienzo de una era de desconfianza y confrontaciones diplomáticas.

Desde entonces, las relaciones entre ambas potencias han estado marcadas por una serie de polémicas y acusaciones mutuas. Rusia ha sido acusada por Estados Unidos de interferir en las elecciones presidenciales de 2016, acusación que fue rechazada por el Kremlin. A cambio, Rusia ha criticado a menudo a la OTAN y la expansión de su influencia en el borde de sus fronteras.

La semana pasada la cadena NBC informó (*) de que en abril un grupo de antiguos miembros de la seguridad nacional de Estados Unidos había mantenido conversaciones secretas con Lavrov y otros dirigentes rusos con el objetivo de sentar las bases para las negociaciones destinadas a poner fin a la guerra en Ucrania.

La reunión se celebró en Nueva York y se prolongó durante varias horas. En la agenda estaban algunos de los temas más espinosos de la Guerra de Ucrania, como el destino de los territorios que Ucrania nunca va a poder recuperar.

En reunión participaron Richard Haass, antiguo diplomático y presidente saliente del Consejo de Relaciones Exteriores, junto con Charles Kupchan y Thomas Graham, ambos antiguos funcionarios de la Casa Blanca y del Departamento de Estado, así como miembros del Consejo de Relaciones Exteriores.

(*) https://www.nbcnews.com/now/video/former-u-s-officials-held-secret-talks-with-russia-about-ending-war-in-ukraine-186985029621

La medicina es la industria más rentable para el capital

Las empresas farmacéuticas no tienen nada que ver con lo que eran hace veinte años. Cada vez más grandes y cada vez más financiarizados, se han convertido en máquinas de desviar miles de millones de dólares para redistribuirlos entre los accionistas, en particular entre los fondos buitre de Wall Street.

En menos de medio siglo la industria farmacéutica ha cambiado profundamente. Los fabricantes de medicamentos se encuentran ahora entre las multinacionales más grandes del mundo, junto con las empresas petroleras y automotrices. También son las más lucrativos para las bolsas de valores.

Los medicamentos se ponen en el mercado a precios cada vez más caros. En 2015 Sovaldi, un tratamiento contra la hepatitis C del laboratorio Gilead, se vendió por 41.000 dólares por tres meses de tratamiento. Es el primer fármaco reservado por la burocracia sanitaria solo a una parte de los pacientes potenciales por su precio. Ahora los precios de ciertos medicamentos presentados como innovadores alcanzan el medio millón de dólares. Al mismo tiempo, los recortes de plantilla se suceden. Desde 2009 Sanofi ha tenido cuatro.

Es difícil seguir la evolución de las grandes empresas industriales a largo plazo. Alineadas con el ritmo de los mercados financieros, las multinacionales solo miran hacia atrás uno o dos años. Las sucesiones de fusiones, reventas de filiales o cambios de nombre hacen que las huellas se borren rápidamente cuando se pretende retroceder más en el tiempo. Los propios capitostes borran la memoria de empresas destinadas a reestructurarse permanentemente para cumplir con las reglas de la competitividad.

Muchos beneficios, pocos impuestos

Entre 1999 y 2017 la facturación de las once mayores empresas farmacéuticas (Sanofi, Novartis, AstraZeneca, GlaxoSmithKline, Merck, Eli Lilly, Roche, Abbott, Pfizer, Bristol Myers Squibb y Johnson & Johnson) se duplicó, alcanzando una suma récord de 395.000 millones de dólares. Al mismo tiempo, el valor de sus activos se multiplicó por 3,3 hasta alcanzar los 873.000 millones de dólares. Sin embargo, el récord lo alcanzaron en 2016: 988.000 millones. Los dividendos y las recompras de acciones, la parte de los beneficios que se devuelven directamente a los accionistas, se multiplicaron por 3,6 hasta los 71.500 millones de dólares en 2017, mientras que los beneficios netos aumentaron un 44 por cien durante el mismo período.

Desde 1990 la facturación acumulada de las farmcéuticas se ha multiplicado por más de seis, sus beneficios por cinco, sus dividendos por más de doce. Para los siete laboratorios que se pueden rastrear desde 1990, los aumentos son aún más espectaculares. Su volumen de negocios acumulado se ha multiplicado por más de seis, sus beneficios por cinco, sus activos por más de doce, así como sus dividendos y recompras de acciones.

Entre 1999 y 2017 las 11 grandes empresas farmacéuticas obtuvieron más de un billón de dólares de beneficios, de los cuales distribuyeron directamente 925.000 millones a sus accionistas en dividendos y recompra de acciones. Detrás de esta cifra principal hay un crecimiento de los dividendos a lo largo de los años. En 1999 los 11 laboratorios redistribuyeron el 57,4 por cien de sus beneficios entre los accionistas. En 2017 la tasa de redistribución fue del 142 por cien. Un récord histórico.

En cambio, el impuesto de sociedades pagado por esos laboratorios se ha mantenido estable, en general, desde 1999, salvo un pico repentino en 2017 debido a Johnson & Johnson, que trasladó parte de sus fondos de paraísos fiscales a Estados Unidos, después de que Trump reformara los impuestos. En 2016 estaba casi exactamente al mismo nivel que en 1999, con algo más de 13.000 millones de dólares. La tasa impositiva promedio de los once laboratorios estaba entre el 26 y el 28 por cien a principios de la década de 2000, cayendo al 19 por cien en 2015 y 2016 (y al 18 por cien en 2017, si excluimos a Johnson & Johnson).

Los sueldos estratosféricos de los directivos

Junto a los accionistas, los otros grandes ganadores del negocios son los directivos de las empresas, precisamente porque su remuneración está en gran medida alineada con las sumas devueltas a los mercados financieros. En 2014 la sucesión entre Christopher Viehbacher y Olivier Brandicourt al frente de Sanofi estuvo marcada por una polémica sobre el importe de las indemnizaciones concedidas al primero, un paracaídas dorado de 4,4 millones de dólares, y el bono de bienvenida de 4 millones concedido al segundo. Brandicourt sigue siendo hoy el directivo mejor pagado de la bolsa de París, con casi 10 millones de dólares de remuneración entre 2016 y 2017. El sueldo es significativamente inferior a sus contrapartes estadounidenses en Pfizer (26,2 millones de dólares), Johnson & Johnson (22,8 millones) o Bristol Myers Squibb (18,7 millones).

En el sector farmacéutico los directivos reciben los salarios más altos en Estados Unidos, por delante de todas las demás industrias. Las sumas pagadas a los cabecillas de los grandes laboratorios a menudo palidecen en comparación con las que pueden recibir los jefes de empresas biotecnológicas más pequeñas como Vertex, Incyte, BioMarin o United Therapeutics. Estas empresas se centran en una pequeña cantidad de moléculas de alto valor agregado destinadas a venderse a precio completo. Leonard S. Schleifer, director de Regeneron, socio histórico de Sanofi con apenas unos miles de empleados, recibió 26,5 millones de dólares en 2017 y más de 28 millones en 2016.

La industria farmacéutica es un monstruo financiero

Si hay una industria que ilustra la creciente influencia de los mercados financieros es, por tanto, la de la medicina. Su accionariado también está dominado en gran medida por los grandes gestores de fondos de Wall Street, con algunas excepciones como la participación de L’Oréal, y por tanto de la familia Bettencourt, en el capital de Sanofi. Estos inversores institucionales sin rostro imponen a las empresas la ley de hierro de los precios bursátiles. BlackRock posee así el 5,7 por cien del capital de Sanofi, el 8 por cien del de AstraZeneca, el 7 por cien del de GlaxoSmithKline, el 7,6 por cien de Pfizer, el 6,2 por cien de Johnson & Johnson, el 6,8 por cien de Merck/MSD, el 6,3 por cien de Abbott, el 6,4 por cien de Bristol Meyers Squibb y 5,8 por cien de Eli Lilly. Esto corresponde a 3.660 millones de dólares en dividendos en 2017. Otros fondos de inversión como Vanguard tienen una fuerte presencia en el capital de los gigantes farmacéuticos y también obtienen miles de millones de dólares de ellos cada año.

A pesar de su inagotable sed de dividendos, estos grandes inversores parecen sin embargo moderados si los comparamos con otros especuladores de Wall Street, también muy activos en el sector farmacéutico, los “hedge funds” (fondos de capital riesgo), que invierten en biotecnología para asegurar el control de patentes estratégicas e, inevitablemente, suben los precios. Son ellos los que están detrás de los escándalos más sonados de los últimos años, como el precio estratosférico de los tratamientos contra la hepatitis C comercializados por Gilead.

En 2015 Martin Shkreli, un joven especulador, provocó un escándalo al multiplicar de la noche a la mañana por 55 el precio de venta de Daraprim, de 13,50 a 750 dólares. Acababa de comprar los derechos exclusivos de este medicamento clasificado como esencial por la Organización Mundial de la Salud, utilizado para tratar la malaria o el sida. Acabó en prisión unos meses después, pero no por un delito contra la salud pública, sino por haber engañado a los especuladores.

De los 25 medicamentos cuyo precio más subió en Estados Unidos entre 2013 y 2015, 20 fueron comercializados por empresas con fondos de capital de riesgo entre sus accionistas. Con el énfasis actual en tratamientos “innovadores” y “dirigidos” para el cáncer, ahora son estos actores los que dan la pauta a toda la industria farmacéutica.

Ya no nay laboratorios sino multinacionales

Los laboratorios farmacéuticos se han convertido en multinacionales y ya no juegan con las mismas reglas. Sus decisiones comerciales están dictadas por los mercados financieros mucho más que por cualquier consideración de salud pública. Las patentes se han convertido en un apoyo para la especulación y un instrumento de chantaje frente a los gobiernos.

Hace diez años la crisis financiera mundial mostró que los bancos se aprovechan de una garantía pública implícita de los gobiernos. Seguros de que los Estados nunca permitirán que se hundan por completo y que si es necesario serán rescatados, como en 2008, por miles de millones de dinero público, no han dudado en dedicarse a actividades cada vez más especulativas, muy rentables, sabiendo que al final el riesgo real seguirá siendo limitado.

El sector farmacéutico también tiene su propia forma de garantía pública: sistemas de seguro de salud y apoyo gubernamental a la investigación. Gracias a esta garantía pública se han convertido en lo que son hoy: monstruos financiarizados que se ponen al servicio de los especuladores en lugar de los enfermos.

Europa pagará los platos rotos de la incorporación de Suecia a la OTAN

Turquía ha impuesto varias condiciones a cambio de que Suecia se incorpore a la OTAN, que han cambiado con el tiempo. En particular, el gobierno de Estocolmo debía dejar de apoyar a las organizaciones declaradas terroristas por Ankara, en particular el PKK (Partido de los Trabajadores del Kurdistán).

Erdogan y el primer ministro sueco Ulf Kristersson llegaron a un acuerdo de siete puntos. Pero había otras condiciones. La primera es que Turquía quería que Estados Unidos le suministrara cazas F-16 antes de firmar. Ya lo ha conseguido, según la CNN. El parlamento turco planea ratificar la decisión de Suecia de unirse a la OTAN antes del 21 de julio.

Grecia, que también es miembro de la OTAN, se opone a ello, pero ahora mismo no tiene la misma capacidad de negociación y está destinada a capitular a lo que diga Washington. Como Grecia pertenece a la Unión Europea, es la primera vía de agua que ha introducido Erdogan.

No es la única. Turquía quiere cambiar la política migratoria de Bruselas, una unión aduanera y la exención de visados para los ciudadanos turcos. Una parte de eso ya lo ha logrado unilateralmente con Suecia, pero falta que Estados Unidos presione para que las ventajas se extiendan a toda Europa. Por lo tanto, Estados Unidos no pone nada, vende los F-16 y es Bruselas quien corre con los gastos, como ocurre con tanta frecuencia.

La incorporación de Suecia a la OTAN es, no obstante, puramente formal ya que siempre ha colaborado con la Alianza militar, especialmente en el Mar Báltico. No hay más que recordar la voladura del gasoducto Nord Stream. Ahora bien, Suecia puede aportar algo interesante: una ruta hacia el Ártico, donde Rusia lleva una gran ventaja estratégica desde hace mucho tiempo.

Además de Turquía a la OTAN le queda una segunda firma, la de Hungría.

El embajador de Estados Unidos en Moscú anunció la guerra en 2008

Hoy William S. Burns es conocido por ser el director de la CIA. Pero hasta hace poco fue embajador de Estados Unidos en Moscú y el 1 de febrero de 2008 envió un detallado informe a sus jefes del Departamento de Estado, que fue publicado por Wikileaks.

El informe es interesante por múltiples razones. Primero, en 2008 Burns decía cosas que no dice ahora. Segundo, como en todo informe confidencial, Burns se expresa con claridad porque no sospecha que su contenido pueda trascender. Tercero, Burns acierta en cada uno de sus pronósticos.

Cuando redacta su informe, Estados Unidos está preparando la cumbre de la OTAN de Bucarest, celebrada en el mes de abril, que debía resolver el ingreso de Ucrania y Georgia en la Alianza militar.

También se redacta unos meses antes de la guerra entre Rusia y Georgia, que comenzó el 7 de agosto por un ataque de Georgia contra las posiciones de las fuerzas rusas de mantenimiento de la paz en la región de Abjasia y Osetia del Sur.

Saakashvili fue el Zelensky de aquella guerra, un peón apenas disimulado.

Informe del embajador William J. Burns, Moscú, 1 de febrero de 2008

Después de una reacción inicial mixta a la intención de Ucrania de buscar un Plan de Acción para la Incorporación a la OTAN en la cumbre de Bucarest, el ministro de Asuntos Exteriores, Lavrov, y otros altos funcionarios reiteraron su fuerte oposición, enfatizando que Rusia vería cualquier expansión adicional hacia el este como una potencial amenaza militar. La ampliación de la OTAN, incluida Ucrania, sigue siendo un tema “emocional y muy sensible” para Rusia, pero las consideraciones políticas y estratégicas también subyacen a la fuerte oposición a la incorporación de la OTAN por parte de Ucrania y Georgia. Para Ucrania, esto incluye el temor de que este problema pueda dividir el país en dos, lo que provocaría violencia o incluso, según algunos, una guerra civil, lo que obligaría a Rusia a decidir si interviene o no. Además, el GOR [Gobierno de Rusia] y los expertos continúan afirmando que la incorporación de Ucrania en la OTAN tendría un gran impacto en la industria de defensa rusa, los lazos familiares ruso-ucranianos y las relaciones bilaterales en general. En Georgia, el GOR [Gobierno de Rusia] teme que continúe la inestabilidad y los “actos de provocación” en las regiones separatistas.

Lavrov enfatizó que Rusia debe ver la expansión continua de la OTAN hacia el este, especialmente hacia Ucrania y Georgia, como una amenaza militar potencial. Si bien Rusia puede creer las declaraciones de Occidente de que la OTAN no está dirigida contra Rusia, las actividades militares recientes en los países de la OTAN (establecimiento de operaciones de avanzada, etc.) deben evaluarse no según las intenciones declaradas sino según su potencial. Lavrov enfatizó que mantener la “esfera de influencia” de Rusia en el vecindario es anacrónico. Estados Unidos y Europa tienen «intereses legítimos» en la región. Pero, según él, si bien los países son libres de tomar sus propias decisiones sobre su seguridad y estructuras político-militares, deben tener en cuenta el impacto en sus vecinos.

Lavrov subrayó que Rusia estaba convencida de que la ampliación no se basó en razones de seguridad sino que fue un legado de la Guerra Fría. Cuestionó los argumentos de que la OTAN era un mecanismo apropiado para ayudar a fortalecer los gobiernos democráticos. Dijo que Rusia entiende que la OTAN está buscando una nueva misión, pero existe una tendencia creciente de que los nuevos miembros hagan y digan lo que quieran simplemente porque están bajo el paraguas de la OTAN (por ejemplo, los intentos de algunos países miembros nuevos de “reescribir la historia y glorificar a los fascistas”).

Durante una conferencia de prensa el 22 de enero, en respuesta a una pregunta sobre la solicitud MAP [de ingreso en la OTAN] de Ucrania, el MFA [Ministerio de Asuntos Exteriores de Rusia] dijo que “una mayor expansión radical de la OTAN podría provocar un cambio político-militar serio que inevitablemente afectará los intereses de seguridad de Rusia”. El portavoz continuó insistiendo en que Rusia estaba vinculada a Ucrania por obligaciones bilaterales establecidas en el Tratado de Amistad, Cooperación y Asociación de 1997, en el que ambas partes se comprometen a “abstenerse de participar o apoyar cualquier acción que pueda afectar la seguridad de la otra parte”. El portavoz señaló que “la probable integración de Ucrania en la OTAN complicaría seriamente las relaciones ruso-ucranianas en sus múltiples aspectos” y que Rusia «debería tomar las medidas adecuadas”. El portavoz agregó que “existe la impresión de que el actual gobierno ucraniano ve el acercamiento a la OTAN en gran medida como una alternativa a los lazos de buena vecindad con la Federación Rusa”.

Las aspiraciones de Ucrania y Georgia en la OTAN no solo tocan un nervio sensible en Rusia, sino que plantean serias preocupaciones sobre las consecuencias para la estabilidad en la región. Rusia no solo percibe cerco y esfuerzos para socavar la influencia de Rusia en la región, sino que también teme consecuencias impredecibles y descontroladas que podrían afectar seriamente los intereses de seguridad de Rusia. Los expertos nos dicen que Rusia está particularmente preocupada por las fuertes divisiones en Ucrania sobre la incorporación de la OTAN, con gran parte de la comunidad étnica rusa que se opone a la incorporación a la OTAN. Esto podría conducir a una gran escisión, acompañada de violencia o, en el peor de los casos, de una guerra civil. En ese caso, Rusia tendría que decidir si interviene o no, un movimiento al que no quiere enfrentarse.

Dimitri Trenin, subdirector del Centro Carnegie de Moscú, expresó su preocupación de que Ucrania sea, a largo plazo, el factor potencialmente más desestabilizador en las relaciones entre Estados Unidos y Rusia, dado el nivel de emoción y nerviosismo que despierta la solicitud de ingreso en la OTAN. La carta que pedía la revisión del MAP [ingreso en la OTAN de Ucrania] fue una “sorpresa desagradable” para los funcionarios rusos, quienes sintieron que las aspiraciones de Ucrania en la OTAN habían pasado a un segundo plano en el panorama político. Con esta carta pública, el tema se “reactivó” abruptamente. Dado que la pertenencia a la OTAN sigue siendo un tema divisivo en la política interna de Ucrania, ha abierto la puerta a la especulación rusa. A Trenin le preocupa que se aliente a elementos del poder ruso a entrometerse en lo que no debería preocuparles, lo que incitaría a Estados Unidos a alentar abiertamente a las fuerzas políticas opuestas y colocaría a Estados Unidos y Rusia en una posición de confrontación clásica. La ironía, según Trenin, es que si bien la incorporación de Ucrania debería aliviar las tensiones dentro de la OTAN, ni la opinión pública ni las élites rusas están dispuestas a aceptar este argumento. El deslizamiento gradual de Ucrania hacia el oeste es una cosa, su estatus preventivo como aliado militar de jure de Estados Unidos es otra. Trenin advirtió enérgicamente contra dejar que una lucha interna por el poder en Ucrania, donde el MAP [ingreso en la OTAN de Ucrania] es solo una palanca de la política interna, complique aún más las actuales relaciones entre Estados Unidos y Rusia.

Otro tema que motiva la oposición de Rusia a la incorporación de Ucrania es la amplia cooperación en la industria de defensa que comparten los dos países, incluida una serie de fábricas donde se fabrican armas rusas. Si bien se están realizando esfuerzos para cerrar o reubicar la mayoría de estas fábricas en Rusia y trasladar la Flota del Mar Negro de Sebastopol a Novorossiysk antes de la fecha límite de 2017, el GOR [Gobierno de Rusia] ha dejado claro que unirse a Ucrania en la OTAN obligaría a Rusia a hacer [costosos] cambios en su cooperación industrial de defensa.

De manera similar, el GOR [Gobierno de Rusia] y los expertos señalan que la incorporación de Ucrania en la OTAN también tendría un impacto significativo en las relaciones económicas y laborales entre Rusia y Ucrania, incluido el efecto sobre miles de ucranianos que viven y trabajan en Rusia y viceversa, debido a la necesidad de imponer un nuevo régimen de visados. Alexandr Konovalov, director del Instituto de Evaluación Estratégica, argumenta que esto se convertiría en un hervidero de ira y resentimiento entre la población local.

Con respecto a Georgia, la mayoría de los expertos dijeron que, aunque no es tan estratégica para Rusia como Ucrania, el GOR [Gobierno de Rusia] la ​​considera demasiado inestable para resistir la división que podría provocar la incorporación en la OTAN. Alexey Arbatov, subdirector del Centro Carnegie de Moscú, afirmó que las aspiraciones de la OTAN de Georgia eran solo una forma de resolver sus problemas en Abjasia y Osetia del Sur, y advirtió que Rusia estaría en una situación difícil si eso sucediera.

El GOR [Gobierno de Rusia] ha dejado claro que tendría que “revisar seriamente” todas sus relaciones con Ucrania y Georgia si la OTAN les invita a unirse. Esto podría tener importantes repercusiones en la energía, la economía y el compromiso político-militar, con posibles repercusiones en toda la región y en Europa Central y Occidental. Es probable que Rusia también reconsidere sus propias relaciones con la Alianza y sus actividades en el Consejo OTAN-Rusia. Consideraría más acciones en el área de control de armamento, incluida la posibilidad de una retirada completa de los tratados CFE [sobre armas convencionales en Europa] e INF [sobre misiles de alcance intermedio] y amenazas más directas a los planes de defensa antimisiles de Estados Unidos.

Isabelle François, directora de la Oficina de Información de la OTAN en Moscú, dijo que creía que Rusia había aceptado la idea de que Ucrania y Georgia eventualmente se unirían a la OTAN y que estaba involucrada en una planificación a largo plazo para reconfigurar su relación con esos dos países y con la Alianza. Sin embargo, Rusia aún no está preparada para afrontar las consecuencias de una nueva y rápida ampliación de la OTAN en su flanco sur. Agregó que Rusia aprecia la cooperación con la OTAN. Agregó que si bien Rusia valoraba la cooperación con la OTAN en el Consejo OTAN-Rusia, Rusia consideraría necesario insistir en revisar las relaciones OTAN-Rusia, e incluso retirarse por completo del NRC [Consejo de Regulación Nuclear] si Ucrania y Georgia se unieran a la OTAN.

La oposición de Rusia a la incorporación de Ucrania y Georgia a la OTAN y la incorporación de Georgia es emocional y se basa en consideraciones estratégicas sobre el impacto en los intereses rusos en la región. También es políticamente atractivo retratar a Estados Unidos y la OTAN como adversarios de Rusia y utilizar la apertura de la OTAN hacia Ucrania y Georgia como una forma de obtener el apoyo de los nacionalistas rusos. Si bien la oposición rusa a la primera ola de ampliación de la OTAN a mediados de la década de 1990 fue fuerte, ahora Rusia se siente capaz de responder con más fuerza a lo que percibe como acciones contrarias a sus intereses nacionales.

Turquía, la OTAN y Rusia: un complicado juego a tres bandas

El viaje de Zelensky a Turquía la semana pasada terminó con pocas esperanzas ucranianas de recibir apoyo directo de Ankara. Sin embargo, terminó con la liberación de cinco dirigentes del Batallón Azov. Estaban detenidos en Turquía en lugar de Rusia, según el acuerdo que preveía, a cambio, la liberación por parte de Kiev del excandidato presidencial Viktor Medvedchuk.

Según los términos del intercambio, los Azov no regresarían a Ucrania hasta el final del conflicto. Frente a las cámaras, el dirigente nazigolpista abrazó a los azovitas directamente en la escalera del avión, que luego despegó rumbo a Kiev con todos a bordo.

Eso es todo lo que Zelensky realmente se llevó a Ucrania; por lo demás, las declaraciones de Erdogan sobre la integridad territorial de Ucrania y la conveniencia de unirse a la OTAN no significan nada.

Hay que decir que, cerrado el paréntesis ucraniano, nada más llegar a Vilnius en vísperas de la cumbre de la OTAN, Erdogan se apresuró a declarar a Jens Stoltenberg que aceleraría la presentación al parlamento de la solicitud de adhesión de Suecia a la Alianza Atlántica.

“El regreso de los dirigentes azovitas a Ucrania no es más que una violación directa de los términos de los acuerdos existentes. Además, las cláusulas han sido violadas tanto por las partes ucranianas como turcas”, fue el comentario oficial de Moscú el sábado pasado, entregado al portavoz presidencial Dmitrij Peskov.

Los medios ucranianos pintaron obviamente el regreso de los azovitas como una gran derrota para Putin y, ahora que están listos para volver al frente (según algunos observadores: a regañadientes), el fin de Rusia parece seguro.

En opinión del analista Rostislav Ischenko, que escribe al respecto en Ukraina.ru, la decisión de Erdogan estuvo dirigida, más que contra Rusia, contra el propio Putin: una especie de despecho por las reticencias de Rusia a renovar el llamado “Acuerdo de los Cereales”, que vence el 17 de julio.

Pero esto es solo una parte de la explicación. Según Ishchenko, el planeado ataque ucraniano a Transnistria aún no se ha producido porque los tutores occidentales en Kiev temen que el “Acuerdo de los Cereales” no se vea tan socavado, lo que incitó a Erdogan, interesado en el acuerdo, a una alianza más estrecha con Rusia. Si Erdogan cree que hay pocas posibilidades de extender el trato de todos modos, y la liberación de los azovitas lo atestiguaría, entonces ni siquiera cree en la estabilidad del régimen ucraniano.

Al mismo tiempo, cuando repite que apoya la integridad territorial de Ucrania, Erdogan está diciendo la verdad, ya que esto corresponde a los intereses de Turquía, a la que no le gusta ver a Rusia demasiado poderosa; una Rusia con la que siempre ha rivalizado por influencia en la zona norte del Mar Negro, en el Cáucaso, Transcaucasia y Oriente Medio. Ankara teme ver una gran Rusia en el norte, que absorba gran parte de Ucrania; por el contrario, una Ucrania, ciertamente débil, pero hostil a Rusia, inclina la balanza en el Mar Negro a favor de Turquía (por el “Acuerdo de los Cereales”, por ejemplo) y le ofrece una relativa libertad de maniobra en Transcaucasia y también en el norte de Siria.

Erdogan se preocupa por Ucrania tanto como por Washington; sirve como factor de equilibrio con Rusia. Mientras continúe la guerra, Ankara conservará su capacidad de maniobra con Moscú y cuanto más tenaz sea la resistencia ucraniana, mejores serán las posiciones de Erdogan.

Sin duda, Zelensky hubiera preferido obtener armas y dinero, en lugar de media docena de nazis, pero Erdogan aprovechó las declaraciones de Biden sobre la naturaleza problemática de la admisión de Kiev en la OTAN, así como las divisiones dentro de la Alianza sobre si armar aún más el golpe.

En este sentido, la liberación de los azovitas no es más que una operación de relaciones públicas y, para no chocar con Moscú, Ankara no da dinero ni armas a Kiev; sin embargo, no deja de mencionar su interés por el comercio de granos.

El senador ruso Viktor Bondarev llama a la liberación de los azovitas una “puñalada por la espalda”. Se ha ejercido una fuerte presión sobre Ankara, que debería entender quiénes son sus verdaderos amigos, dice Bondarev; Moscú está vinculado “a Turquía por muchos intereses políticos, mientras que durante mucho tiempo ha quedado claro que Turquía nunca será admitida en la UE, mientras que la OTAN solo la necesita para controlar los estrechos y estabilizar (desestabilizar) la región de Oriente Medio”.

Jasar Nijazbaev de Moskovsky Komsomolets-Turquía cree que puede haber varias razones detrás del pase de Erdogan. Kiev esperaba obtener obuses autopropulsados ​​T-155, pero Ankara, para no molestar a Moscú, le dio a los azovitas; así, antes de la cumbre de la OTAN, Ankara intentó demostrar que no era prorrusa. Otra posible explicación radica obviamente en el “Acuerdo de los Cereales”: Ankara habría enviado una señal a Moscú para que decidiera prorrogarlo.

Otra posibilidad es que las operaciones rusas en la región de Idlib, Alepo, etc., se hayan intensificado y esto puede haber tenido un efecto en Ankara.

Turquía no tiene la intención de estropear las relaciones con Moscú. Ankara espera que Moscú comprenda que muchas de sus acciones están dictadas por “obligaciones” hacia la OTAN.

Del lado ruso, ahora es más ventajoso fortalecer las relaciones con Ankara. Esta última sabe que es un nudo para Rusia. Turquía conoce este valor y, quizás, también sabe hasta qué nivel puede subir la puja.

Pero en Rusia hay quienes todavía exigen una respuesta adecuada al incidente. El director de la revista “Rusia en la Política Mundial”, Fedor Lukyanov, subraya en el portal Vzgljad que entre Rusia y Turquía “existen líneas de contacto sensibles más que suficientes, desde el Cáucaso hasta Siria”, por lo que sugiere evaluar la liberación de los azovitas en el marco de la racionalidad. Lukyanov afirma que Turquía no fue ni será un aliado de Rusia, nunca lo dijo y nunca lo atacó. Lo mismo es cierto para Rusia en relación con Turquía.

Según Lukyanov, los contactos comerciales entre Moscú y Ankara se derivan de la capacidad de obtener beneficios mutuos, a menudo incluso considerables, y sobre todo de no causarse daños significativos entre ellos. Este esquema ha funcionado bastante bien durante ocho años. Según un modus operandi tácitamente aceptado, la violación del acuerdo por una de las partes debe ser seguida por una respuesta proporcionada, después de lo cual se cancela la pasividad y se restablece el equilibrio. Según Lukyanov, dentro de esta lógica Rusia debería responder de alguna manera a Turquía.

Los expertos entrevistados por Vzgljad parecen estar en desacuerdo sobre cuál debería ser la respuesta rusa a la liberación de los azovitas; sin embargo, están de acuerdo en que si Ankara realmente cambia su actitud hacia Moscú, no se puede pasar por alto e ignorar.

Para entender completamente lo que motivó la decisión turca, dice el orientalista Kirill Semenov, uno debe “conocer exactamente todo el contexto; podría ser el resultado de la presión de la OTAN y la UE, o podrían ser problemas internos de Turquía, a los que Occidente ha prometido dar soluciones”.

En vísperas de su visita a Ankara, Zelensky anunció el suministro de obuses turcos a Kiev: si los obuses no llegan, entonces se puede decir que ha habido un acuerdo de culpabilidad y, en lugar de obuses, Ankara entregó los azovitas a Ucrania. Si este fuera el caso, según Semenov, no habría “problemas importantes para las relaciones ruso-turcas y la cuestión del ‘Azov’ tiene más un efecto mediático que uno concreto y tangible en el campo de batalla”. Si, por el contrario, se proporcionan los obuses, significará que hay “cambios en la posición de Ankara. En este caso, por supuesto, tendremos que reaccionar con bastante dureza”.

La opinión del senador Konstantin Dolgov, ex representante adjunto de Rusia ante la ONU, es clara y contundente: “Las acciones de Turquía y Kiev son una grave violación de los acuerdos existentes. Pero lo más importante ahora es diferente. Si estos nacionalistas regresan a la zona de guerra, serán eliminados, no habrá un segundo cautiverio para ellos. Estoy absolutamente convencido de eso”.

A juzgar por los comentarios de quienes vieron las expresiones en sus rostros, parece que ellos también están convencidos. Serán el primer objetivo de los francotiradores rusos.

—https://www.lantidiplomatico.it/dettnews-la_liberazione_dei_nazisti_azov_e_il_nuovo_corso_turco_quale_sar_la_risposta_russa_a_erdogan/45289_50354/

¿Se encargará Wagner de la protección de los intereses de China en África?

Una unidad de Wagner llevó a cabo una operación especial en la República Centroafricana para evacuar a los técnicos chinos que trabajan en una mina cerca del pueblo de Dimbi, que es uno de los objetivos de las milicias de la Coalición Patriótica por el Cambio.

Estacionada en una base de la República Centroafricana, Wagner utilizó recursos aéreos para ayudar a los trabajadores chinos que se enfrentaban a los ataques de la Coalición Patriótica por el Cambio y otras milicias hostiles creadas para perjudicar los intereses económicos chinos en África.

La intervención de Wagner en este escenario específico pone fin a años de activismo armado antichino impune en África, a menudo llevado a cabo por milicias armadas poco o nada conocidos y con lealtades inciertas.

Ciertas milicias que han secuestrado o asesinado a técnicos chinos en un cierto número de países africanos parecen haber sido creados únicamente para llevar a cabo este tipo de misiones a la sombra de la guerra económica.

Tras la asonada del 24 de junio en el sur de Rusia, el destino de Wagner en África parecía incierto pero, al margen de 300 miembros del grupo que supuestamente se negaron a firmar los nuevos contratos con el Ministerio de Defensa ruso, el resto del contingente desplegado permanece y continuará sus misiones en la República Centroafricana.

En particular, Wagner podría estar llamado a desempeñar un papel cada vez más importante en la protección de los intereses económicos chinos en África en el marco de la actual guerra económica a la que está sujeto el Continente Negro.

Además de Wagner, la otra fuerza que opera en la República Centroafricana es el ejército ruandés, que tiene buenas relaciones diplomáticas con Moscú, pero desconfía de Wagner, de quien sospecha que financia la propaganda antiruandesa que aparece hoy en los medios centroafricanos y en las redes sociales.

Las fricciones entre las tropas de Wagner y las ruandesas podrían aumentar. En julio del año pasado los rusos bloquearon una carretera para detener un convoy militar ruandés que escoltaba a mineros ruandeses cerca de Bambari, en el centro del país. Un mes antes, los rusos habían expulsado a las tropas ruandesas de una mina en la misma zona. Tales incidentes podrían volver a ocurrir.

El gobierno de la República Centroafricana se enfrenta a las milicias de la Coalición Patriótica por el Cambio, que dirige el antiguo Presidente Fraçois Bozizé, destituido de su cargo hace diez años.

La afluencia masiva de inversores ruandeses, protegidos por su propio ejército, ha generado la impresión de una invasión económica entre los centroafricanos y el gobierno de Bangui utiliza a Wagner como contrapeso.

Putin se reunió con los dirigentes de Wagner cinco días después de la asonada

Ayer Dmitry Peskov, portavoz del Kremlin, anunció que cinco días después de la asonada de Wagner, Putin celebró una reunión de tres horas con 35 miembros de la dirección de la unidad militar, incluido Prigojin.

“Los detalles siguen siendo desconocidos. Lo único que podemos decir es que el Presidente habló sobre la situación en el frente y también dio su evaluación sobre los eventos del 24 de junio”, añadió Peskov.

El descontento de Wagner se remonta a 2018, cuando en Siria murieron 300 miembros de la unidad, y creció con la firma de un contrato de seis meses (de finales de octubre del año pasado hasta finales de abril del presente) con el Ministerio de Defensa ruso para liberar Bajmut antes del 9 de mayo. Después de esa fecha, las tropas de Wagner debían incorporarse al ejército regular, al menos en parte.

Wagner no pudo completar la misión en el plazo establecido, por lo que el contrato se extendió hasta el 21 de mayo después de un tira y afloja, que dio lugar a las estrafalarias declaraciones de Prigojin a los medios sobre la falta de suministros militares a sus tropas.

Rusia ha iniciado un proceso de reconocimiento de las empresas privadas de seguridad que, hasta la fecha, estaban prohibidas por ley. Por lo tanto, el Kremlin no podía admitir que financia a Wagner.

Ahora la ley va a cambiar y la semana pasada Putin reveló que el gobierno ruso había pagado a Wagner casi 1.000 millones de dólares en solo un año (*). Pero, además, Wagner tiene otra fuente de financiación indirecta, la empresa de catering Concord, que ganó otro tanto con la adjudicación de diversos contratos públicos.

Además, Putin también denunció que Concord está involucrada en malversación de fondos públicos y lavado de dinero negro, por lo que ordenó un registro en la sede y en la vivienda de Prigojin, donde el FSB descubrió un tesoro.

Después, el 4 de julio el canal de televisión 78 anunció que los 10.000 millones de rublos encontrados y el material incautado habían sido devueltos a Prigojin.

En consecuencia, el tira y afloja continúa en lo que un concejal de San Petersburgo, Nikita Yuferev, denomina como la “erosión gradual del sistema legal” en Rusia. Putin ha prometido que el Kremlin investigará las irregularidades de la red de empresas de Prigojin, entre ellas varios medios de comunicación.

Por lo tanto, el problema es tanto militar como económico y hay que encuadrarlo en la política general de Putin de meter en cintura a los contratistas privados y adjudicatarios de contratos del Estado.

Pero no cabe descuidar que lo militar va ligado a lo económico. Desde principios de año Shoigu está reestructurando el ejército, una tarea encomendada al general Yevgeny Burdinsky, subjefe de personal del Ministerio de Defensa.

Las unidades regulares y las especiales, como Wagner, se van a fusionar, al menos en parte, lo que va a suponer una pérdida de ingresos para los segundos, que se niegan a firmar los nuevos contratos de alistamiento.

Cuando las leyes regularicen las sociedades militares privadas, Wagner seguirá adelante con otro nombre, otros contratos y otros sueldos.

(*) https://tass.com/defense/1639345

Rusia ha eliminado a casi 5.000 mercenarios desde el inicio de la guerra

Rusia ha eliminado a casi 5.000 mercenarios extranjeros que habían estado operando en Ucrania desde el inicio de la guerra, ha revelado el Ministerio de Defensa ruso.

En total, desde el año pasado, 11.675 combatientes extranjeros de 84 nacionalidades diferentes se han unido a las filas del ejército ucraniano para participar en las hostilidades.

Los mercenarios proceden principalmente de Polonia, Estados Unidos, Canadá, Georgia, Reino Unido, Rumanía, Croacia, Francia y Rojava, la región del norte de Siria que permanece bajo control turco.

Según Tass, la afluencia de mercenarios se redujo drásticamente después de las primeras pérdidas registradas. Los meses de marzo y abril del año pasado vieron el mayor número de llegadas. Polonia fue el mayor contribuyente de mercenarios con más de 2.600 efectivos, seguido de Estados Unidos y Canadá (900 personas o más), Georgia (más de 800 personas), Reino Unido y Rumania (700 personas o más), Croacia (más de 300 personas), así como Francia y Rojava (200 personas o más).

Ucrania puso a los mercenarios en primera línea y llegaron las pérdidas. Más de 4.800 combatientes, principalmente de Estados Unidos, Canadá y países europeos, se perdieron en el campo de batalla. El Ministerio de Defensa ruso dice que otros tantos han huido del territorio ucraniano debido a la intensidad de los combates.

Los mandos del ejército ucraniano no son responsables de las pérdidas entre los mercenarios, según han confesado los militares ucranianos capturados.

Actualmente más de 2.000 mercenarios extranjeros siguen combatiendo en el ejército ucraniano y su papel sigue siendo el mismo que al principio: carne de cañón.

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