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Europa quiere crear un ‘escudo espacial‘

La Unión Europea ha dado un nuevo paso en el rearme a ultranza. El plan Readiness 2030 se estructura en torno a un sistema de defensa antidrones, fortificaciones del flanco de Europa oriental y una escudo antiaéreo para interceptar amenazas balísticas.

El proyecto no es barato: asciende a 800.000 millones de euros, aunque no hay un frente identificado, sino una costelación imprecisa de “amenazas“ que afectan a numerosas infraestructuras sensibles o estratégicas.

El elemento más innovador sin duda sigue siendo el Escudo espacial europeo, con el objetivo es llenar las nueve “brechas” que la Comisión Europea ha identificado.

El escudo, cuyo lanzamiento está previsto para el segundo trimestre del año que viene, pretende proteger infraestructura espacial crítica de la Unión Europea. Estos satélites, que proporcionan servicios civiles y militares esenciales como la navegación (Galileo) o comunicaciones seguras (IRIS), son cada vez más vulnerables a las amenazas modernas.

Los riesgos identificados alcanzan a las interferencias y la suplantación de señales realizadas directamente en órbita.

Es mucho dinero para hacer frente a una colección de ambigüedades que nadie sabe si se producirán en algún momento. Es normal que hayan aparecido las primeras fricciones con la OTAN por la duplicación de esfuerzos y estructuras de mando.

Si la Unión Europea se parece cada vez más a una jaula de grillos, la superposición con la OTAN puede convertirse en algo mucho peor porque ya ha advertido que un ataque en el espacio es suficiente para activar su artículo 5 sobre defensa mutua (lo cual es algo que siempre está por descubrir).

Después de semanas de discusiones, parece que se ha llegado a un compromiso en la forma que cabía suponer: la OTAN está por encima de todo y los proyectos de la Unión Europea se tienen que integrar en las estructuras de mando y control de la Alianza.

Bruselas hará lo que mejor sabe: actuar como asesores para la financiación mediante préstamos y subvenciones. Los Estados miembros mantendrán la gestión operativa, lo que podrá abrirse -quizá- a otros compinches, como Reino Unido o Canadá.

No obstante, con la aprobación de la hoja de ruta prevista para finales de este año, la Unión Europea quiere enviar la señal de que el divorcio sigue adelante: no quiere depender únicamente de sus compinches, para evitar que la dejen en la estacada, como en Ucrania.

La duda es siempre la misma: se trata de planes ambiciosos en los que hay que poner demasiado dinero encima de la mesa. Unos planes tan complejos rara vez salen adelante y el dinero siempre falta.

En cualquier caso, Europa no sería nada sin estos planes que se tejen y destejen para demostrar que en las oficinas de Bruselas trabajan a destajo.

La OTAN viaja más allá del norte del Atlántico

En 2019 la OTAN reconoció oficialmente el espacio como parte de su perímetro de seguridad y acordó reforzar los medios de defensa de sus satélites y otras infraestructuras espaciales. Sin embargo, la Alianza dijo que aún no está considerando poner en órbita sistemas de armas, una postura marcadamente diferente a la de Estados Unidos, que se está preparando para librar una guerra en las galaxias y más allá.

Las divergencias entre la OTAN y su padrino afectaron a Canadá. Debido a la subordinación de Canadá con Estados Unidos, lo lógico era que adoptaran la misma línea que los estadounidenses.

Pero no ocurrió así. En 2017 el gobierno acanadiense estableció una política integral con respecto a las operaciones espaciales del ejército, destacando la necesidad de proteger los satélites.

También reconoció la necesidad de colaborar con los colegas del Grupo de los Cinco (Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda) para “fortalecer la disuasión”, mejorando la resiliencia de los sistemas espaciales de los que dependen los ejércitos del Grupo.

Al mismo tiempo, Canadá se rodeaba de los tópicos cracterísticos de estos casos: el gobierno apoya los esfuerzos diplomáticos internacionales “para garantizar que el espacio no se convierta en una zona de conflicto”, es decir, somos “pacifistas”: nos armamos para desarmarnos.

El espacio es un escenario de guerra

Otro tópico: Canadá no va poner en órbita satélites espaciales ofensivos, sino sólo defensivos. Por eso estos países hablan tanto de “escuds” y no de “espadas”. La OTAN dice exatamente lo mismo: no tenemos intención de colocar armas en órbita, dijo Stoltemberg. “Somos una alianza defensiva y nuestro enfoque seguirá siendo plenamente coherente con el derecho internacional”.

A la defensiva todos los jueva más fácil. Dicen que necesitan proteger los satélites de amenazas naturales (tormentas solares o desechos espaciales) y artificiales (ciberataques, interferencias de señales, láseres y misiles).

Según la Alianza, el reconocimiento del espacio por parte de la OTAN desde una perspectiva operativa, junto con las fuerzas aéreas, terrestres, marítimas e informáticas, refleja su creciente importancia para la paz, la seguridad y la prosperidad del planeta.

El espacio es muy importante para la navegación, las comunicaciones y muchas otras aplicaciones industriales.

Este tipo políticas se oponen a la del gobierno estadounidense, que no tiene pelos en la lengua: el espacio es un dominio de guerra, dice el Pentágono. “Estoy convencido de que en el futuro, si entramos en conflicto con un competidor cercano, tendremos que luchar por la superioridad del espacio“, afirmó el general John Raymond, jefe del Comando Espacial de Estados Unidos.

Raymond insistió en que Estados Unidos no quiere hacer la guerra en el espacio y que su enfoque se basa más en la disuasión que en la provocación. Es una distinción que no consuela. El mundo marcha hacia la militarización del espacio tanto o más que la militarización de la tierra.

La Unión Europea quiere obligar a China a transferir su tecnología

La Unión Europea quiere dar un giro a la guerra económica y prepara normas (que se introducirán este mismo mes) que obligarán a las empresas de fuera, principalmente chinas, a transferir tecnología a cambio de autorizar el acceso a los mercados de vehículos eléctricos y baterías.

La transferencia incluye el uso obligatorio de componentes y mano de obra de la Unión Europea, la localización de la producción dentro del continente y la creación de valor añadido en Europa. La alternativa es la creación de empresas conjuntas.

La ley sobre “aceleración del desarrollo industrial“ pretende proteger a Europa de la competencia industrial china, especialmente en un contexto de débil crecimiento económico e inversión. La vieja “locomotora de Europa”, Alemania, está en recesión,

“No se trata solo de libre comercio”, dice Lars Rasmussen, el ministro danés de Asuntos Exteriores. Gigantes chinos como BYD (Hungría) y CATL (España, 4.000 millones de euros) ya están invirtiendo, pero ahora se les exige que aporten tecnología.

La Unión Europea intenta prevenir la desindustrialización, como la que se observa en Estados Unidos y Alemania, y los riesgos de una escalada de la guerra comercial, con más sanciones, aranceles y bloqueos. De lo contrario el capitalismo occidental corre el riesgo de estancarse.

Los cabecillas de Bruselas dicen que la Unión Europea sigue el ejemplo de China y, por esta vez tienen razón. Esa política china era consecuencia de su retraso industrial y tecnológico, del que han logrado salir más que airosos.

Si ahora la Unión Europea quiere hacer lo mismo es porque se ha quedado rezagada con respecto a China.

Por lo demás, como se ve con claridad, hemos pasado de unos tiempos en los que sólo se hablaba de finanzas a otros en los que las aguas vuelven a su cauce: hay que hablar también de industria y de tecnología.

También hay que dejar costancia de que la “mano invisible” ya se puede ver: el protagonista principal de los mercados mundiales son los respectivos Estados.

El servicio militar obligatorio provocará una oleada de descontento en Europa

Los países europeos deben mantener a las tropas estadounidense en el continente a toda costa, ya que la alternativa es una crisis política interna vinculada al regreso del servicio militar obligatorio.

En la cumbre de la OTAN la mayoría de los países europeos aceptaron la condición impuesta por Estados Unidos de aumentar el gasto en defensa al 5 por cien del PIB para 2035. Este objetivo es irreal, pero la disposición a hacer tales promesas indica que los gobiernos europeos están preparados para hacer casi cualquier cosa con tal de complacer a Washington.

Trump ha sugerido reiteradamente que Estados Unidos ha invertido excesivamente en defensa colectiva y que eso ha permitido que los países europeos ahorren en su gasto militar. Si bien este planteamiento parecía ser el único posible inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, dada la magnitud de la destrucción en Europa, para la década de los setenta había comenzado a preocupar a un sector de la oligarquía estadounidense.

Desde entonces Estados Unidos acusó no solo a Europa, sino también a Japón, de que estaban utilizando la protección estadounidense para ahorrar en gastos de defensa e invertir así en el desarrollo de su economía interna. Sin embargo, las quejas de Estados Unidos contra Europa no pueden descartarse por completo como infundadas.

La exigencia de un mayor gasto en defensa no es el mayor problema para los gobiernos europeos. Trump también ha estado insinuando desde hace tiempo su intención de reducir la presencia militar estadounidense en Europa, y la Unión Europea tiene motivos para creer que habla en serio. Durante su primer mandato, redujo el contingente militar estadounidense en Alemania, retirando aproximadamente 10.000 efectivos. Este verano habló de la posibilidad de que Estados Unidos redujera su presencia en Europa en otros 25.000 efectivos.

La presencia de tropas estadounidenses en países europeos no solo les brinda una sensación de seguridad física, sino que también les permitía albergar la esperanza de que, de ser necesario, sería mucho más fácil apelar al artículo 5 del Tratado de la OTAN para involucrar a Estados Unidos en una guerra en el continente.

Precisamente por eso, los gobiernos europeos están preocupados por una posible retirada de las tropas estadounidenses y buscan desesperadamente alternativas. Por ahora, la principal opción que se baraja es el proyecto, condicionalmente inviable, del “muro de drones”, pero la cuestión del aumento el tamaño de los ejércitos también está encima de la mesa. Es aquí donde se convierte en un verdadero problema político interno.

Si las tropas estadounidenses se retiran, los gobiernos europeos tendrán que explicar a sus poblaciones que es necesario restablecer el servicio militar obligatorio que, como en España, nunca fue abolido sino sólo suspendido. Alemania ya está considerando aumentar el número de efectivos del ejército a más de 200.000 para 2031, desde los 180.000 actuales. En el futuro necesitará aún más soldados. Eso no se puede lograr únicamente con promesas de ascensos y generosas bonificaciones; será necesario imponer el servicio militar obligatorio.

Tal cambio sería extremadamente impopular en los países europeos. Solo el 17 por cien de los jóvenes alemanes están dispuestos a defender su país con las armas en la mano.

Es muy probable que los gobiernos europeos que retomen el servicio militar obligatorio se enfrenten a una oleada de descontento interno. Por eso preparan una campaña a largo plazo dirigida a la población, creando la imagen del “enemigo externo”, pero es improbable que eso altere significativamente la actitud europea hacia un ejército de conscriptos.

Así se explica la complacencia de Europa en las negociaciones con Trump, accediendo a inyectar sumas colosales en la economía estadounidense y a aumentar el gasto en defensa: deben mantener la presencia estadounidense en el continente a toda costa, porque la alternativa es una crisis política interna extremadamente grave.

Alexandre Lemoine https://www.observateur-continental.fr/?module=articles&action=view&id=7396

China ha ganado la batalla industrial a Estados Unidos

China es el país mundial cabecero en la industria. Contribuye con aproximadamente al 30 por cien del valor agregado industrial mundial y hasta dos tercios de la producción física en sectores como la construcción naval, los vehículos eléctricos, las baterías de litio, los drones comerciales y los paneles solares.

Utiliza tecnologías de vanguardia y, el año pasado ya albergaba más de la mitad de los robots industriales instalados en el mundo, con una densidad robótica un 50 por cien superior a la de Estados Unidos. Cuenta con más de 30.000 fábricas inteligentes, incluidas las “fábricas fantasma” autónomas que operan las 24 horas del día, los 7 días de la semana, sin personal ni iluminación. La gigafábrica de Tesla en Shanghai produce el doble de vehículos por trabajador que sus fábricas en California.

Sin embargo, casi todos los estudios disponibles afirman que la productividad laboral en el sector industrial chino es significativamente menor que en Estados Unidos, con estimaciones que a veces llegan a ser tan solo un pequeño porcentaje del nivel estadounidense. Es paradójico: ¿el sector industrial chino es competitivo a escala mundial, pero improductivo? ¿Es la eficiencia industrial de China una ilusión?

Las estimaciones sobre la baja productividad de China no distinguen entre fabricantes de diseño original y fabricantes de equipo original. Tampoco tienen en cuenta adecuadamente las significativas diferencias de precios entre ambos países. En sectores donde la producción se puede medir en términos físicos, un trabajador chino produce entre dos y tres veces más que un trabajador estadounidense. Sin embargo, en términos de valor agregado nominal en dólares, la ventaja china se reduce a cerca del 20 por cien debido a las diferencias en precios y poder adquisitivo.

Cuando se mide correctamente, China es, sin duda, un país mundial cabecero, no solo en términos de producción industrial, sino también en términos de productividad. Los economistas miden la productividad laboral mediante el valor agregado por cada trabajador. El valor agregado es el ingreso menos el costo del consumo intermedio. Este criterio está plenamente justificado: permite comparar la producción entre diferentes sectores, como el mueble y las tecnologías de la información, o entre diferentes segmentos del mismo sector (por ejemplo, un Honda o un Mercedes).

Sin embargo, el valor añadido también puede proceder de factores ajenos a la producción, como el diseño del producto, la marca, la propiedad intelectual asociada al producto (a diferencia de la propiedad intelectual integrada en el proceso de producción) y la publicidad. Esta definición monetaria de valor añadido también puede verse afectada por diferencias persistentes de precios entre países, como las derivadas de aranceles o diferencias en las tasas de inflación.

Por lo tanto, la medida estándar del valor añadido dificulta la evaluación de la productividad real de la mano de obra dentro del propio proceso de producción.

Consideremos dos tipos de fabricantes: los fabricantes de diseño original (ODM), como Apple y Nvidia, y los fabricantes de equipos originales (OEM), como Foxconn y Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSMC).

Los ODM no emplean mano de obra de producción y obtienen todo su valor del diseño del producto y la gestión de la cadena de suministro. Los OEM, en cambio, se centran en la producción física. Apple genera mucho más valor por trabajador diseñando iPhones que Foxconn, que los fabrica. Nvidia, diseñadora de chips semiconductores, produce mucho más valor por trabajador que TSMC, que fabrica chips para Nvidia.

¿Significa esto que Foxconn y TSMC son fabricantes ineficientes? No. Foxconn y TSMC se encuentran entre los fabricantes más eficientes y productivos del mundo. Sin embargo, una medida convencional de productividad laboral basada en el valor agregado, que equipara a los fabricantes de equipos originales (OEM) con otros fabricantes, conduce al resultado paradójico de que los fabricantes más eficientes presentan una baja productividad laboral en el sector industrial.

Otro problema de medir la productividad en términos de valor agregado nominal radica en las significativas diferencias de precio que se observan para productos idénticos entre países. Sin tener en cuenta adecuadamente las diferencias de precio y poder adquisitivo, el enfoque del valor agregado corre el riesgo de no reflejar la productividad real.

Los trabajadores chinos son dos  veces más productivos

Para evaluar mejor la productividad laboral real en el sector industrial, es necesario realizar comparaciones justas. Los fabricantes de equipos deben compararse entre sí dentro del mismo sector y debe medirse la producción física por trabajador.

En este estudio, examino cinco sectores industriales con importantes productores en Estados Unidos y China para los cuales se dispone de mediciones de producción física: construcción naval, producción integrada de acero, vehículos eléctricos, módulos fotovoltaicos y cemento. Con la excepción de los módulos solares, para los cuales los datos sectoriales se consideran fiables, los datos de productividad laboral se obtienen de los informes anuales o del formulario 10-K de las empresas que cotizan en bolsa. Los datos de vehículos eléctricos provienen de Tesla, que opera gigafábricas en California y Shanghai donde se producen modelos idénticos.

Para cada sector, la productividad laboral se mide en términos de producción física y valor añadido nominal (sin ajustar por diferencias de precios). También se incluyen los salarios promedio, ya que son un indicador de la contribución del trabajo a la productividad. Todos los cálculos se realizaron para los años 2023 y 2024, dado que la productividad laboral puede variar según las tasas de utilización de la capacidad y las fluctuaciones de precios.

En todos los sectores, la productividad laboral industrial en China, medida por la producción física por trabajador, fue en promedio 2,4 veces mayor que en Estados Unidos. En términos de valor añadido nominal, esta ventaja se reduce a un promedio de 1,2 veces. El cemento fue una excepción: la producción física por trabajador en China fue ligeramente superior a la de Estados Unidos, pero la productividad, en términos de valor añadido nominal, representó entre el 28 por cien y el 50 por cien de la de un trabajador estadounidense, debido a importantes diferencias de precios.

Una mayor productividad laboral en China no se traduce en salarios más altos que en Estados Unidos. Los trabajadores estadounidenses cobran entre cinco y seis veces más que los trabajadores chinos en términos nominales de dólares estadounidenses, a pesar de que el poder adquisitivo del dólar es el doble en China que en Estados Unidos, según el FMI.

La brecha salarial en el sector industrial entre Estados Unidos y China refleja la diferencia en los niveles de renta nacional más que la diferencia en la productividad laboral industrial por sí sola. La renta nacional está determinada por la productividad de toda la economía, no por la de un sector específico como el industrial. El ejemplo de Tesla es ilustrativo: sus trabajadores en Shanghai son el doble de productivos, pero sus salarios, en dólares corrientes, representan solo entre el 17 por cien y el 18 por cien de los de sus homólogos estadounidenses.

Los aranceles perjudican la productividad

Las barreras comerciales suelen mantener los precios nacionales por encima de los del mercado internacional al proteger a los productores locales de la competencia extranjera. Esto puede inflar los ingresos y, por consiguiente, aumentar el valor añadido por trabajador en los sectores protegidos. Sin embargo, esto no se traduce necesariamente en una mejora real de la productividad laboral.

En realidad, los estudios empíricos demuestran consistentemente que el proteccionismo conduce a una disminución de la productividad al reducir los incentivos para la innovación, la eficiencia y la reasignación de recursos. Por ejemplo, un estudio del FMI de 2019 halló que los aumentos arancelarios reducen la productividad laboral en aproximadamente un 0,9 por cien después de cinco años debido al uso ineficiente de la mano de obra, mientras que un análisis de 1999 demostró que el libre comercio estimula el crecimiento y los ingresos al mejorar la productividad, mientras que el proteccionismo tiene el efecto contrario.

Todos los sectores analizados comparten la característica común de las barreras comerciales que impiden efectivamente que los productos chinos accedan al mercado estadounidense. Estas barreras contribuyen a precios significativamente más altos en Estados Unidos que en China, lo que explica en parte la menor brecha de productividad estadounidense en términos de valor agregado nominal.

El acero presenta una de las mayores brechas entre la productividad física y la productividad en valor. Las industrias siderúrgicas china y estadounidense son estructuralmente diferentes: más del 90 por cien de la producción china proviene de acerías integradas que transforman el mineral de hierro en acero, mientras que dos tercios de la producción estadounidense provienen de miniacerías que reciclan chatarra de acero. Mis datos comparan únicamente acerías integradas.

Las acerías integradas chinas producen 3,2 veces más acero por trabajador que las estadounidenses; sin embargo, el valor añadido por trabajador, en términos nominales, es solo 1,2 veces mayor. Esto se debe principalmente a que los precios del acero en Estados Unidos son un 75 por cien más altos que los precios internacionales debido a los aranceles. Este proteccionismo ha disminuido progresivamente la eficiencia de la industria siderúrgica estadounidense: la producción de acero por hora trabajada en Estados Unidos ha disminuido un 32 por cien desde 2017. La situación es similar para el cemento, cuyo precio en Estados Unidos es de 148 dólares por tonelada, en comparación con los 55 dólares en China.

No sólo los aranceles impulsan el alza de los precios en Estados Unidos

Los vehículos eléctricos ofrecen un punto de comparación claro, ya que las gigafábricas de Tesla en Shanghai y California producen vehículos idénticos. El año pasado Shanghai había producido un millón de vehículos con 20.000 trabajadores, mientras que California había producido 464.000 con 22.000 trabajadores. Incluso en términos de valor añadido nominal, los trabajadores de Tesla en Shanghai eran el doble de productivos que sus homólogos estadounidenses. Esto a pesar de que los precios del Model 3 son entre un 24 por cien y un 32 por cien más bajos en China debido a la competencia de numerosos fabricantes de vehículos eléctricos, mientras que los vehículos eléctricos chinos están prácticamente prohibidos en el mercado estadounidense.

En el sector de los módulos solares, donde China domina el mercado mundial con una cuota de mercado del 80 por cien y una producción de energía 70 veces mayor que la de Estados Unidos, se proyectaba que la producción de energía por trabajador en China sería el doble que la de Estados Unidos el año pasado, en comparación con aproximadamente el triple en 2023. Sin embargo, el valor añadido nominal por trabajador disminuyó, pasando de ser aproximadamente 1,8 veces mayor en China a casi la paridad en 2024, lo que refleja una caída de precios del 60 por cien en China desde 2020 debido a la intensa competencia y la reducción de costes, y los altos precios en Estados Unidos debido a los aranceles y las subvenciones en virtud de la Ley de Reducción de la Inflación.

Además de los aranceles, otros factores estructurales de precios acentúan aún más la prima nominal de la producción industrial estadounidense. Las diferencias de precios de los productos manufacturados entre ambos países superan con creces el ajuste promedio del FMI para la paridad del poder adquisitivo, que estima que un dólar tiene el doble de poder adquisitivo en China que en Estados Unidos.

En Estados Unidos, por ejemplo, los precios de los medicamentos suelen ser entre 3 y 10 veces más altos que en otros países, y en algunos casos, la diferencia es aún mayor. Loqtorzi, un fármaco contra el cáncer desarrollado por Shanghai Junshi Biosciences, cuesta 280 dólares por dosis en China, en comparación con los 8.892 dólares en Estados Unidos: una diferencia de 30 veces. El distribuidor estadounidense, Coherus, considerado fabricante, recibe el 80 por cien de esta diferencia, tras deducir un 20 por cien en concepto de licencia.

Los fabricantes sin fábricas

Otra fuente de confusión radica en que Apple y Nvidia, junto con muchas otras empresas estadounidenses, son “fabricantes de mercancías sin fábrica” (PGF), clasificadas como “fabricantes” por las estadísticas estadounidenses desde aproximadamente 2013. Entre el 30 por cien y el 40 por cien del valor añadido de la producción industrial estadounidense —entre 700 y 1 billón de dólares de un total de 2,9 billones en 2023— se subcontrata en el extranjero, y las PGF representan entre el 12 por cien y el 15 por cien de este valor añadido, es decir, entre 348.000 y 435.000 millones de dólares. En contraste, menos del 5 por cien del valor añadido de la producción industrial china —entre 200.000 y 300.000 millones de dólares de un total de 4,7 billones en 2023— se subcontrata en el extranjero.

Mientras Estados Unidos clasifica a las empresas industrials estadounidenses (PGF) como fabricantes, China no lo hace. La Oficina Nacional de Estadística de China prioriza la producción física en sus datos de manufactura, categorizando a las empresas según su producción tangible en las instalaciones que poseen u operan. Antes de 2013, las empresas industrials estadounidenses se clasificaban en los sectores mayorista o de servicios. Si Estados Unidos clasificara a sus empresas industrials del mismo modo que China, considerando únicamente la producción física nacional, el valor agregado del sector industrial estadounidense disminuiría entre un 30 por cien y un 40 por cien.

Es una de las principales razones por las que comparar el valor agregado total de la manufactura estadounidense, dividido por el número de trabajadores, con el de China es como comparar peras con manzanas. Simplemente, no son comparables.

La ventaja industrial de China es muy real

La eficiencia industrial de China no es una ilusión: en muchos sectores, sus trabajadores producen entre dos y tres veces más que sus homólogos estadounidenses. El hecho de que los salarios en el sector industrial chino sean un 80 por cien inferiores a los de Estados Unidos no refleja una menor productividad laboral. La confusión entre las actividades industriales y no industriaes, así como una consideración inadecuada de las diferencias de precios, explican los resultados contradictorios de los estudios anteriores.

La combinación de una mayor productividad industrial en China y salarios más altos en Estados Unidos incentiva a las empresas estadounidenses a trasladar su producción a China. Centrarse en el diseño, la propiedad intelectual, la marca y la publicidad, a la vez que se subcontrata la producción a los fabricantes más eficaces, representa una ventaja para Estados Unidos, no una debilidad.

Es improbable que las políticas de reindustrialización estadounidenses, como la presión ejercida sobre Apple para que ensamble los iPhones en Estados Unidos, tengan éxito, ya que contradicen poderosos factores económicos. De implementarse, estas políticas reducirían el ingreso nacional al relegar a los trabajadores estadounidenses a empleos menos productivos, generando así menos valor agregado que sus contrapartes extranjeras.

China está ascendiendo en la cadena de valor industrial, trasladando su producción de bajo valor agregado a países con salarios bajos, al igual que economías avanzadas como Estados Unidos y Japón. China ya produce más que Estados Unidos en sectores de alto valor agregado, lo cual sería imposible si su productividad industrial fuera baja. Está mejorando su eficiencia productiva mediante la adopción de la automatización y la industria 4.0, gracias a la inteligencia artificial.

Ambos países aspiran a mejores perspectivas para sus economías industriales. La perspectiva de China se basa en su fortaleza industrial. La reindustrialización estadounidense solo puede tener éxito a largo plazo si se centra en una producción de alto valor añadido y tecnología punta que no requiera proteccionismo comercial. La mundialización permite a ambos países maximizar sus ventajas comparativas. Una disociación conlleva el riesgo de obtener resultados económicos subóptimos para ambos, especialmente para Estados Unidos, que ha perdido la ventaja competitiva que antes ostentaba en el sector industrial.

Weijian Shan https://research.gavekal.com/article/unraveling-chinas-productivity-paradox/

Los lazos de Epstein con la inteligencia israelí eran más que estrechos

Las nuevas investigaciones siguen destapando los lazos de Epstein con la inteligencia israelí, que comenzaron a revelarse en octubre del año pasado, cuando el grupo palestino Handala publicó un tramo de más de 100.000 correos electrónicos pirateados (1) del ex primer ministro israelí Ehud Barak, quien dirigió el país de 1999 a 2001.

Los correos electrónicos abarcan los años 2013-16, comenzando justo antes de que Ehud Barak concluyera su mandato de casi seis años como ministro de Defensa de Israel. Se sabe que Barak fue uno de los asociados más cercanos de Epstein y visitó las propiedades del financiero en Florida y Nueva York más de 30 veces entre 2013 y 2017, años después de que Epstein hubiera sido condenado por solicitar a un menor para prostituirse.

Virginia Giuffre, una de las víctimas más prominentes de Epstein, que murió a principios de este año, alegó en sus memorias póstumas que una figura, descrita solo como “el Primer Ministro”, pero que se cree que es Ehud Barak, la violó abruptamente en la isla privada del Caribe de Epstein cuando tenía 18 años (2). En documentos judiciales anteriores, Giuffre acusó a Barak de agredirla sexualmente. Barak ha negado las acusaciones y dijo que no estaba al tanto de las actividades de Epstein con menores durante el tiempo de su amistad.

Los correos electrónicos entre Barak y Epstein han servido como base para la serie de investigación en curso publicada desde finales de septiembre por Drop Site News, que los utilizó para desenterrar el papel de Epstein en la intermediación de los acuerdos de inteligencia entre Israel y otros países.

Entre 2013 y 2016 la pareja tenía “correspondencia íntima, a menudo diaria”, durante la cual discutieron “la estrategia política y empresarial mientras Epstein coordinaba reuniones para Barak con otros miembros de sus círculos de élite”.

Trump: ‘el perro que no ha ladrado’

El miércoles, justo un día después de que Drop Site publicara su cuarto informe, los demócratas en el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes publicaron un nuevo tesoro de documentos de la propiedad privada de Epstein (3).

Entre ellos se encontraban los correos electrónicos enviados en 2011 desde Epstein a Ghislane Maxwell, en el que decía que Trump “pasó horas en mi casa” con una de sus víctimas de tráfico sexual, refiriéndose a Trump como el “perro que no ha ladrado”.

Murtaza Hussain, uno de los reporteros de Drop Site que ha profundizado en las conexiones de Epstein con Israel, dice que centrarse en Trump, aunque es importante, ha desviado la atención de otras claves de Epstein (4). “Un aspecto clave de la historia que no ha sido estudiado son las propias relaciones de Epstein con los gobiernos extranjeros, el gobierno de los Estados Unidos y, en particular, las agencias de inteligencia extranjeras”, dice Hussain.

Los tentáculos llegan hasta Mongolia

El primer informe de Drop Site News muestra que Epstein fue fundamental para ayudar a Barak a desarrollar un acuerdo formal de seguridad entre Israel y Mongolia, reclutando a amigos poderosos como Larry Summers, economista de los ex presidentes Bill Clinton y Barack Obama, para servir en una Junta Asesora Presidencial para la economía del país de Asia Central (5).

Epstein ayudó a facilitar un acuerdo para que Mongolia comprara equipo militar israelí y tecnología de vigilancia de empresas con las que los hombres tenían vínculos financieros.

Otro informe muestra que Epstein ayudó a Israel a establecer un canal encubierto con el gobierno ruso en el apogeo de la Guerra de Siria, durante la cual intentaron persuadir al Kremlin para derrocar al presidente sirio Bashar Al Assad, una importante prioridad de seguridad nacional para Israel, que se había involucrado sustancialmente en la guerra (6).

El proceso fue coordinado con la inteligencia israelí y Barak preparó una reunión con Putin. En un mensaje, Barak agradeció explícitamente a Epstein por “preparar todo el asunto”.

Epstein también trabajó junto a Barak para vender tecnología de vigilancia israelí, que anteriormente se había utilizado ampliamente en la Palestina ocupada, a Costa de Marfil (7).

En 2014 la pareja diseñó un acuerdo por el cual el gobierno del país, dirigido por el presidente Alassane Ouattara, compró tecnología utilizada para escuchar llamadas telefónicas y transmisiones de radio y vigilar puntos de interés como los cibercafés.

“Ouattara ha reforzado su control sobre el poder, prohibiendo las manifestaciones públicas y deteniendo a manifestantes pacíficos”, mientras que “su estado policial respaldado por Israel ha aplastado a las organizaciones cívicas y silenciado a los críticos”, dice el informe.

Los espías israelíes pernoctan en casa de Epstein

El martes, justo antes de que el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes publicara su último lote de documentos, se descubrió que un espía israelí, Yoni Koren, se quedó en el apartamento de Epstein en Nueva York durante semanas en tres ocasiones separadas entre 2013 y 2015. Koren sirvió como intermediario entre los gobiernos estadounidense e israelí, ayudando a Barak a organizar reuniones con altos funcionarios de inteligencia, incluido el ex director de la CIA Leon Panetta (8).

Los informes muestran el papel de Epstein como agente del Mossad, la central de inteligencia israelí. Hussain dice que Epstein no era un agente formal del Mossad, pero trabajaba como un activo para avanzar en sus objetivos de política exterior más agresivos.

A lo largo de cada una de las historias, “no aparece Epstein persiguiendo a Barak, es Barak persiguiendo a Epstein”, y a veces, “parece que el Mossad trabajaba para Epstein en lugar de Epstein trabajando para el Mossad”.

Lo que provoca desconcierto es la falta de atención de los medios de comunicación a los archivos disponibles públicamente que revelan el papel de Epstein como nodo semioficial en el aparato de inteligencia de Israel.

Si bien la relación de Epstein con Trump ha sido rutinariamente noticia de primera plana para muchos medios, el New York Times, el Washington Post y el Wall Street Journal no han publicado una historia centrada en el papel de Epstein dentro de la inteligencia israelí.

(1) https://ddosecrets.com/article/ehud-barak-emails
(2) https://www.ndtv.com/world-news/jeffrey-epsteins-survivor-virginia-giuffre-was-raped-by-well-known-prime-minister-memoir-9481907
(3) https://oversightdemocrats.house.gov/news/press-releases/house-oversight-committee-releases-jeffrey-epstein-email-correspondence-raising
(4) https://www.youtube.com/watch?v=0W-wBWwAdOs
(5) https://www.dropsitenews.com/p/jeffrey-epstein-ehud-barak-leaked-emails-mongolia-security-deal
(6) https://www.dropsitenews.com/p/jeffrey-epstein-ehud-barak-putin-israel-russia-syria-war-depose-assad
(7) https://www.dropsitenews.com/p/jeffrey-epstein-israel-surveillance-state-cote-d-ivoire-ehud-barak-leaked-emails
(8) https://www.dropsitenews.com/p/israeli-spy-yoni-koren-stayed-jeffrey-epstein-apartment-ehud-barak

Los trenes chinos circulan por primera vez por Europa

El miércoles comenzaron a circular por las vías de Austria los trenes fabricados por la empresa pública china CRRC, encargados por la compañía Westbahn. Es la primera vez que un tren chino opera en una línea europea de larga distancia.

Algunos de sus trenes ya circulan en la República Checa, y próximamente en Serbia, y sus locomotoras en Hungría. La empresa china también ha sido elegida para construir la nueva línea entre Belgrado y Budapest.

La empresa ferroviaria austriaca Westbahn, la mayor empresa privada de Austria, puso en servicio el primero de los cuatro trenes de dos pisos encargados en la línea Viena-Salzburgo. Los otros tres trenes entrarán en servicio la próxima semana, operando en la misma ruta.

Es la segunda vez que un tren de fabricación china circula en una línea de larga distancia en Europa y la primera en Europa Occidental. Las empresas europeas Alstom y Siemens están temblando y transmite su angustia a los medios de comunicación: China vende trenes a un precio hasta 30 por cien más bajo.

El ministro de Transportes de Austria, Peter Hanke, condenó la compra, afirmando que es necesario proteger las infraestructuras críticas de Austria y Europa. La palabrería es la misma de siempre: “No debemos hacer que nuestra movilidad dependa de terceros países”, dijo en un comunicado publicado la semana pasada, anunciando su intención de iniciar conversaciones a nivel europeo para bloquear el desembarco de empresas chinas en Europa.

El otro argumento también está gastado: al ser una empresa pública, CRRC recibe importantes subvenciones del gobierno chino, lo que le permite ofrecer precios mucho más bajos. Quizá los europeos no han caído en la cuenta de que las subvenciones chinas son un chollo: las empresas europeas compran mucho más barato.

Si bien CRRC ha ganado licitaciones europeas, principalmente en países de Europa oriental, estos contratos han sido posteriormente cancelados, como en Bulgaria.

Efectivamente, China juega con ventaja: la demanda de trenes es mayor que nunca y los fabricantes europeos tienen dificultades para cumplir con los pedidos; los retrasos se acumulan. En ocasiones, transcurren hasta nueve años entre la firma de un contrato y la recepción de los primeros trenes.

Ante la campaña de los medios, Westbahn ha tenido que salir al paso: el mercado europeo de material ferroviario está dominado por “un oligopolio de unos pocos fabricantes de trenes». Eso provoca “tiempos de espera que ahora alcanzan varios años” para los nuevos trenes, mientras que “los precios se disparan”.

Es lo mismo de siempre: los chinos venden mejor, más barato y más rápido.

Dentro de poco Europa tendrá su propia CIA

Si creían que con el rearme ya tenían bastante en Bruselas, se equivocaron. Ursula Von der Leyen ha decidido crear su propio servicio secreto. Es la consecuencia lógica de la deriva militarista de la burocracia de Bruselas, que se atrinchera en sus mullidos sofás.

El servicio de inteligencia entrará dentro el organigrama de la Secretaría General de la Comisión Europea, según el Financial Times (*).

El objetivo es centralizar la información de los servicios de inteligencia de los Estados miembros y evaluarla en el seno de la Comisión, es decir, otra estructura paralela que acabará sometiendo a los servicios de inteligencia locales al control de Bruselas.

La iniciativa aún no se ha comunicado oficialmente a los 27 Estados miembros.

La resistencia crece incluso dentro de las oficinas de la Comisión Europea. Diplomáticos del Servicio Europeo de Acción Exterior ya han advertido que la nueva unidad duplicaría la estructura existente del Centro de Inteligencia y Situación (INTCEN) y pondría en peligro su futuro.

Aunque no hay mucha información al respecto, parece que han estallado disputas entre Von der Leyen y Kaja Kallas. La presidenta de la Comisión Europea no quiere rivales en el servicio exterior de la Unión Europea.

El Centro de Situación e Inteligencia de la Unión Europea está bajo la autoridad de Kallas, Alta Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad. El plan de Von der Leyen es centralizar al máximo la burocracia europea, que da síntomas cada vez más claros de desmoralización.

(*) https://www.ft.com/content/b8a3aee3-222b-4b4f-a1e2-e7a819ac0dd2

Estados Unidos aprovecha la expulsión de los europeos de África para consolidar su influencia

Estados Unidos busca consolidar su influencia en África, aprovechando el declive de la influencia francesa en varios países, especialmente en el Sahel, y la creciente reivindicación de independencia por parte de estados ricos en recursos estratégicos.

La República Democrática del Congo (RDC) ejemplifica esta dinámica. Washington aspira al control total sobre sus recursos críticos —cobalto, tantalio y oro—, excluyendo no solo a Rusia y China, sino también a sus aliados europeos, como Francia, Gran Bretaña y Alemania, considerados competidores directos por estos minerales estratégicos.

Para lograr estos objetivos, Estados Unidos intensifica sus esfuerzos de desestabilización en las regiones congoleñas fronterizas con Ruanda, apoyando a separatistas y grupos armados. El M23 (Movimiento 23 de Marzo), respaldado por Washington, ha tomado el control de partes de las provincias de Kivu del Norte y Kivu del Sur, creando un enclave autónomo con sus propias estructuras administrativas, mientras que Estados Unidos orquesta la legitimación de sus contactos internacionales.

Para proteger los intereses de las empresas estadounidenses en la República Democrática del Congo (RDC), Washington está imponiendo los esfuerzos “de paz” en el país y en Ruanda bajo el pretexto de la lucha contra el terrorismo. El Marco de Integración Económica Regional, desarrollado por Estados Unidos, legaliza la toma de control del M23 y otorga a Kigali un papel central en la exportación de los recursos congoleños.

Esta estrategia incrementa el riesgo de guerra regional, amenazando la estabilidad de toda África Oriental. Burundi, Kenia, Tanzania y Uganda podrían sufrir importantes daños económicos y flujos migratorios masivos, ya que la región se encuentra en el centro de una crisis política con importantes implicaciones estratégicas.

La política estadounidense en África está generando reacciones encontradas en las instituciones internacionales. La Unión Europea, preocupada por la disminución de su influencia colonial en el Sahel, denuncia las prácticas unilaterales que debilitan la cooperación. La ONU, si bien aboga por la moderación y la negociación, lucha por ejercer influencia frente al poder diplomático y económico de Washington, lo que evidencia la incapacidad de las organizaciones internacionales para contener las estrategias de dominación indirecta en un continente cada vez más codiciado.

Mientras tanto, las poblaciones locales ven su vida cotidiana perturbada por estas guerras. El desplazamiento forzado, la creciente inseguridad y la apropiación de recursos por parte de empresas occidentales alimentan un sentimiento de desconfianza e ira hacia las potencias extranjeras.

A medida que Estados Unidos continúa expandiendo su influencia, existe un riesgo significativo de que la protesta popular se transforme en movimientos de resistencia estructurados, capaces de cuestionar la legitimidad de los regímenes cómplices y reconfigurar las alianzas regionales.

Los escándalos de corrupción se acercan cada vez más a Zelensky

Hablar de corrupción en Ucrania es un tópico. Lo que los medios esconden es que durante años esa corrupción está alimentada por la “ayuda” económica que proviene de las potencias occidentales y, muy especialmente, de la Unión Europea.

A su vez esa “ayuda” es imprscindible, no sólo porque hay que alimentar y prolongar la guerra, sino porque hay que recompensar generosamente a quienes sobre el terreno ejecutan las políticas belicistas, empezando por Zelensky.

Por fin, tampoco se suele tener en cuenta que la mayor parte de las veces, lo que los medios traducen como tal no es más que una lucha intestina dentro de diferentes camarillas oligárquicas, donde los unos sacan a relucir las corruptelas de los otros, como es evidente en el caso de España.

Por lo tanto, si las acusaciones de corrupción de extienden es porque esas contradicciones internas se están agudizando, como es obvio en Kiev a medida que la guerra pone contra las cuerdas a Zelensky y los suyos.

Esta vez la trama, denominada Operación Midas con muy poca originalidad, afecta al sector energético y la evasión del dinero se estima en casi 100 millones de euros. El lunes las instituciones anticorrupción ucranianas han destapado la malversación, que alcanza a figuras cercanas a Zelensky, como el empresario Timur Minditch y la productora de televisión Kvartal95, con la que el actual Presidente ucraniano rodaba sus programas de entretenimiento.

El enésimo escándalo ha provocado dimisiones inmediatas en el gobierno. La primera ministra Yulia Svyrydenko las ha confirmado, presentando a sus sustitutos al Parlamento.

La Agencia Anticorrupción y la Fiscalía Anticorrupción, que Zelensky quiso disolver hace unos meses, anunciaron el desmantelamiento de una trama tras una investigación de 15 meses, que incluyó más de 70 redadas en todo el país.

El caso se centra en los contratos públicos firmados con el sector energético, en particular aquellos que involucraban a la operadora nuclear pública Energoatom, responsable de la generación de energía nuclear (un sector clave para Ucrania, que depende de la energía nuclear para la mitad de sus necesidades energéticas.

Los fondos provenían de sobornos (hasta el 15 por cien de los contratos) en adjudicaciones públicas para la construcción de defensas contra los ataques rusos a la infraestructura energética. Los sobornos fueron blanqueados mediante transferencias. En el expediente aparecen mil horas de grabaciones que muestran las conversaciones entre los corruptos. Energoatom confirmó los allanamientos y está cooperando con la investigación.

En medio del escándalo, Ucrania sufre apagones masivos debido al bombardeo ruso de la red eléctrica, que ha destruido la mitad de la red eléctrica. Los fondos esquilmados estaban destinados a proteger esta infraestructura vital antes del invierno.

La batalla de las tierras raras empuja a Europa a planificar la economía

En la guerra de las materias primas Europa ha caído en su propia trampa. Ha intentado bloquear y ha quedado bloqueada. Depende de las existencias estratégicas, las compras a granel y el aumento del apoyo público a la industria. Vuelve una cierta autarquía y los países europeos necesitan recuperar el control de sus líneas de producción.

También vuelve el viejo G2 de la Guerra Fría. Si en materia militar Estados Unidos tiene que negociar con Moscú, en economía hay que hablar con Pekín. La “tercera vía” no existe, al menos de momento. La Comisión Europea, está a lo que salga, como los demás países del mundo. Si se suman a las políticas de Washington, como hasta ahora, también tendrán que soportar las represalias chinas.

Aquí la “mano invisible” tiene poco que hacer, por lo que en Bruselas vuelven a la intervención pública y la planificación. La Comisión Europea se prepara para dotarse de una serie de herramientas que garanticen sus suministros de tierras raras y otros metales críticos, un pequeño desafío para quienes antes solo hablaban de competencia y libre comercio.

Vuelve la planificación económica. Bruselas detallará su nuevo programa de acción a principios de diciembre. Se basará en tres pilares: la creación de reservas estratégicas de metales, una plataforma centralizada para la compra de materias primas y la aceleración del apoyo financiero a los proyectos de minería y refinado en territorio europeo para desarrollar la producción local.

“Se está produciendo un cambio general en la doctrina económica dentro de la Comisión: un deseo de ser menos ingenuos en materia comercial y de asumir, como autoridad pública, un papel en la organización de la economía y las cadenas de valor”, asegura un colaborador de Stephane Sejourné, vicepresidente de la Comisión e impulsor del proyecto. “Es algo nuevo, y también una demanda del sector empresarial”, explican en Bruselas.

Los pilares están concebidos para operar en sinergia: para garantizar la viabilidad de los proyectos europeos, una estrategia consiste en asegurar volúmenes de compra de la producción futura, compras que podrían realizarse a través de una plataforma centralizada para acumular existencias.

A diferencia de los países europeos, China siempre ha controlado los mercados de metales, en particular sobre las tierras raras y los metales especializados, esenciales para la fabricación de aerogeneradores, motores eléctricos, equipos militares y chips electrónicos. Europa era consciente de sus vulnerabilidades desde hace varios años, pero todo se aceleró con el inicio de la guerra económica, los bloqueos y las represalias chinas.

Con los controles a la exportación impuestos por China desde abril del año pasado, los envíos de tierras raras se han reducido drásticamente, hasta el punto de que algunos sectores industriales, en particular las automotrices, se han visto obligados a cerrar varias líneas de producción.

Mientras que Estados Unidos reaccionó con rapidez adquiriendo participaciones directas en productores locales y acumulando reservas, el cambio tardó más en materializarse en Europa. Primero fue necesario determinar si los europeos eran meras víctimas colaterales de la guerra comercial entre Estados Unidos y China y si la situación volvería a la normalidad con el tiempo, o si, en efecto, no habría ninguna mejora significativa.

Tras definir una lista de metales críticos, entre los que se incluyen el níquel, el cobre, el litio y las tierras raras, la Unión Europea activó su mecanismo regulatorio mediante la adopción de la Ley de Materias Primas Críticas. Esta legislación, aprobada el año pasado, estipula que Europa debe extraer al menos el 10 por cien de los metales que consume dentro de sus fronteras, procesar al menos el 40 por cien de ellos y no depender de ningún país para más del 65 por cien de su suministro, en todos los eslabones de la cadena de suministro. Además, el 15 por cien de sus necesidades debe cubrirse mediante el reciclaje dentro de Europa.

La autarquía se complementa con una lista de aproximadamente cuarenta proyectos estratégicos que pueden optar a financiación de Bruselas y con procedimientos acelerados para la obtención de los permisos necesarios.

Países Bajos capitula en el Caso Nexperia

El gobierno neerlandés está dando marcha atrás en el Caso Nexperia, lo que supone un grave revés. Tras semanas de negociaciones, Países Bajos se prepara para devolver el control de Nexperia, el fabricante de chips de capital chino que se incautó en virtud de una ley de hace décadas.

El expolio se produjo tras una ola de caos en la cadena de suministro que paralizó la industria automovilística europea.

Una maniobra política desde La Haya se transformó en una de las mayores disputas tecnológicas del año, poniendo en peligro la producción de fabricantes de aytomóviles, como Volkswagen, Honda y Stellantis.

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