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‘El mundo está harto de las políticas climáticas’

La 30 Conferencia Mundial sobre el Clima convocada en Belén, Brasil, pasará a la historia de los jolgorios climáticos como un punto de inflexión. Ningún jefe de Estado de los cuatro países a los que acusan de las mayores emisiones de CO2 (China, Estados Unidos, India y Rusia) se presentó a la cita.

Durante décadas han saturado al mundo con cataclismos y falsas alarmas. Antes de la reunión, el New York Times tituló: “El mundo está harto de las políticas climáticas”. Pocos días antes, Bill Gates, uno de los mayores promotores de las alarmas climáticas, advirtió explícitamente de que el pánico ya no conmueve a los espectadores.

Un presentador de la televisión estadounidense, Glenn Beck, explicó el cambio de opinión de Bill Gates: “No se trata de ciencia, se trata de Trump”. Dicho de otro modo, se trata de minimizar los daños para sus propias empresas, que planean realizar inversiones multimillonarias en centros de datos en Estados Unidos y a escala mundial.

Los centros dependen de la electricidad generada por nuevas centrales de gas a corto plazo, ya que la reactivación de las antiguas centrales nucleares no será suficiente, y la construcción de otras nuevas aún tardará varios años. A Gates le dieron a elegir entre el clima y el negocio, y no lo dudó ni un minuto. El clima le pertenece al mundo y el negocio sólo a él.

En la Conferencia cada país debía informar sobre sus planes futuros para la reducción del consumo de “combustibles fósiles”. Pero solo un tercio de los gobiernos del mundo se tomó esa molestia. El drama se ha acabado; ningún país hace ya planes de reducción de emisiones sino todo lo contrario.

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) esperaba reducir las emisiones mundiales de CO2 en un 45 por cien para 2030, en comparación con 2015, pero van a seguir aumentado como siempre. El consumo mundial de carbón aumentará un 30 por cien, el de petróleo un 25 por cien y el de gas un 40 por cien, en comparación con 2015.

Solo la Comisión Europea sigue haciendo el ridículo y hablando de cero emisiones netas para 2050. Alemania, el antiguo motor industrial de Europa, es aún más ambiciosa y pretende ser climáticamente neutra para 2045. La reducción de emisiones en Alemania se verá inevitablemente compensada por el aumento de las emisiones en otros países de la Unión Europea y de mundo. El Sistema Europeo de Comercio de Emisiones permite que los derechos de emisión no utilizados por Alemania los consuman otros países europeos.

Cada vez está más claro a lo que se refería el Wall Street Journal cuando calificó la política energética alemana como “la más absurda del mundo”.

Unos días antes de la reunión, los europeos acordaron un objetivo común: lograr una reducción del 90 por cien de las emisiones de CO2 para 2040 con respecto a 1990. El 5 por cien de este compromiso podría provenir de reducciones de emisiones en el extranjero, lo que, por supuesto, también implicaría un alto coste. El ministro alemán de Medio Ambiente celebró el acuerdo. como “buenas noticias para la economía alemana, ya que ahora todos tendrían las mismas condiciones competitivas”.

El gobierno alemán ha perdido el norte por completo. La industria alemana no solo exporta a los países europeos. La mitad va fuera del continente, y tiene que soportar la carga de los impuestos sobre las amisiones, además de los altos precios de la energía.

El ridículo empeño alemán por la descarbonización no le importa a nadie en el mundo, y por eso cuando canciller Merz habló en Belén, la sala estaba casi totalmente vacía.

El dinero público garantiza la rentabilidad de los buitres

Probablemente, el único resultado de la conferencia de Belén será la creación de un fondo de inversión, propuesto por Lula, para financiar la protección de los bosques tropicales.

El proyecto es totalmente especulativo: los países aportan 25.000 millones de dólares y los fondos buitre (inversores privados) otros 100.000 millones. Los países reciben una rentabilidad entre el 4 por cien y el 4,8, que corresponde a la rentabilidad de sus bonos gubernamentales, ya que generalmente deben obtener el dinero mediante deuda pública. Para los buitres privados la rentabilidad estará entre el 5,8 y el 7,2 por cien.

El dinero se invertirá en bonos gubernamentales de mercados emergentes, que ofrecen un interés relativamente alto debido al mayor riesgo. Por ejemplo, los bonos del gobierno brasileño actualmente ofrecen un 12,25 por cien. Los buitres privados tienen prioridad, seguidos de los países donantes. Si queda algún remanente después de la distribución de las beneficios entre los los países y los buitres, se destinará a 74 países con bosques tropicales. De esa manera esperan distribuir entre 3 y 4.000 millones de dólares anuales a los países con bosques tropicales.

Para atraer a los buitres a la carroña, les dan preferencia en el orden de pago, por delante de los países que, además, deben garantizar la solvencia del fondo. Un impago por parte de un mercado emergente podría llevar rápidamente a la insolvencia del fondo. En tal caso, los países serían responsables y, en el peor de los casos, perderían el dinero.

Explicado de otra manera, el dinero público garantiza la rentabilidad de los buitres privados, como BlackRock. El cambio climático sirve de pretexto para lograr este tipo de grandes pelotazos internacionales.

Es lógico que este tipo de chanchullos tengan dificultades. El fondo sólo se pondrá en marcha si los Estados aportan 10.000 millones de dólares. Hasta el momento (salvo Alemania), sólo han recaudado 5.600 millones.

Si el fondo se crea, los fondos de inversión serán los primeros en beneficiarse, con altas rentabilidades garantizadas por los Estados, y luego los mercados emergentes, que podrán vender sus bonos gubernamentales de alto riesgo.

¿Alguien cree en serio que las selvas tropicales se beneficiarán de esta trama financiera?

En Francia se cierran más empresas de las que se abren cada año

En los países europeos se habla mucho de reindustrialización, pero el número de empresas que cierran es mayor que las que abren. Es el caso de Francia, que ha implementado políticas de rendustrialización, aunque nadie habla de los motivos por los que se desindustrializó.

Este año, el segundo consecutivo, el número de cierres de fábricas supera al de aperturas. Entre enero y mediados de noviembre se abrieron 80 polígonos industriales y se ampliaron 57 fábricas. Durante el mismo periodo, 108 fábricas cerraron o están en riesgo de cierre (en liquidación o concurso de acreedores). Esto representa una pérdida neta de 28 fábricas.

Otra manera de decirlo es que hay más desinversión que inversión, una cifras negativas que son mayores teniendo en cuenta que una parte de esa inversión tiene su origen en el extranjero.

El pasado mes de octubre, el barómetro industrial del Ministerio de Economía señaló una “disminución significativa” en el balance entre aperturas y cierres de fábricas durante el primer semestre del año.

La Dirección General de Empresas (DGE), un departamento del Ministerio de Economía, registró 44 nuevas aperturas de plantas y 86 ampliaciones significativas durante el período, frente a 82 cierres de fábricas y 39 reducciones significativas. Esto arrojó un saldo neto positivo de +9, que, sin embargo, sería negativo si solo se consideraran las aperturas y los cierres.

El año pasado se produjo una ralentización en los propósitos de reindustrialización. En el primer semestre de este año, Francia continúa abriendo y ampliando más fábricas de las que cierra o reduce, pero la desaceleración persiste con un aumento neto de 9 aperturas y ampliaciones, una disminución significativa respecto al segundo semestre del año paado (+48).

Este indicador registró una disminución neta de 6 fábricas, cifra que se tornó positiva al incluir las transformaciones significativas de polígonos industriales existentes, alcanzando los +89 polígonos. No obstante, este último indicador representó la mitad del registrado en 2023.

“Francia trabaja para fortalecer las estrategias europeas comunes con el fin de preservar nuestros intereses industriales, nuestra independencia y nuestros empleos”, declaró el Ministerio de Economía, añadiendo que “el gobierno tiene la intención de continuar el esfuerzo nacional para promover la competitividad de nuestras empresas”.

Las promesas de reindustrialización, sin embargo, son más que dudosas. Solo el 32 por cien de los franceses cree que la recuperación va por buen camino, según una reciente encuesta. Los ingenieros son aún más pesimistas: solo el 16 por cien confía en la capacidad de Francia para reindustrializarse.

Reactivar la actividad industrial en Francia ha sido una prioridad durante los dos mandatos de Macron tras décadas de declive. La actividad industrial actualmente ronda el 10 por cien del producto interno bruto (PIB), frente al 17 por cien en 1995.

Este desplome también se observa en otras partes de Europa.

Bruselas sigue desarrollando su maquinaria de censura a escala continental

A la Unión Europea se le llena la boca con palabras como democracia o libertad. Uno de sus últimos comunicados de prensa anuncia el lanzamiento de un “escudo europeo para la democracia”, que promete preservar desde las “libertades individuales” hasta las “elecciones democráticas”.

No bastaba con un escudro antidrones, ni con un escudo espacial. Hacía falta otro, el más importante, para acabar defintivamente con la libertad de expresión con el pretexto de luchar contra la “desinformación” y las “noticias falsas”.

Bruselas se propone crear un centro de seguimiento encargado de identificar y eliminar la “desinformación” en línea. Según Henna Virkkunen, vicepresidenta ejecutiva de Seguridad y Democracia, el “escudo” permitirá a Europa “responder con mayor rapidez y eficacia a la manipulación informativa y las amenazas híbridas”.

Kaja Kallas no ha ocultado el carácter antirruso de la iniciativa: “Estamos presenciando maniobras, especialmente por parte de Rusia, diseñadas específicamente para dividir a nuestros ciudadanos, minar la confianza en nuestras instituciones y envenenar la vida política en nuestros países”.

La Comisión Europea vende de la moto de una manera poco sutil: se establecerá una nueva “red europea independiente de verificación de datos” en todos los idiomas oficiales de la Unión Europea.

El Observatorio Europeo de Medios Digitales (EDMO), la principal red de verificación de datos de la Unión Europea, financiada con casi 30 millones de euros, recibirá nuevas competencias analíticas “independientes” para supervisar elecciones y situaciones de crisis.

En el diccionario particular de Bruselas la palabra “independencia“ se utiliza para hablar de los tinglados que ellos financian, y “quien paga manda”. Para garantizar esa “independencia”, la Comisión promete una financiación generosa a las ONG y a los medios de comunicación “independientes”.

El “escudo” se basa en la reciente Ley de Servicios Digitales (LSD), la regulación de internet más radical jamás implementada en Europa. Su objetivo es controlar los contenidos en un momento en que la burocracia europea se enfrenta a un nivel de desconfianza pública sin precedentes.

Para lograrlo, pretenden centralizar el control del flujo informativo e imponer su catecismo. En otra palabras, la Comisión Europea sigue desarrollando un aparato de censura a escala continental.

Hace unas semanas, Ursula von der Leyen afirmó que el sistema GPS de su avión había sido interferido por Rusia, una acusación que era falsa. Por su parte, la BBC manipuló recientemente un vídeo de un discurso de Trump.

Sólo les falta empezar a quemar libros. La Comisión Europea y sus tinglados “independientes” no son el “ministerio de la verdad”, no tienen ninguna capacidad para delimitar la información verdadera de la falsa, sobre todo teniendo en cuenta que recurre habitualmente al embuste y la intoxicación.

La red de propagandistas de la Unión Europea

La Unión Europea ha creado una vasta red de propaganda y censura que afecta a todos los niveles de la sociedad civil: ONG, centros de estudios, medios de comunicación e incluso el ámbito académico. La piedra angular de este sistema son los programas que financia, en particular Ciudadanía, Igualdad, Derechos y Valores (CERV), Europa Creativa y la Iniciativa Jean Monnet, que en conjunto inyectan miles de millones de euros en chiringuitos estrechamente vinculados a la maquinaria burocática de Bruselas.

En el marco del programa CERV, por ejemplo, con un presupuesto de casi 2.000 millones de euros para el período 2021-2027, más de 3.000 ONG han recibido financiación para llevar a cabo más de 1.000 proyectos. Oficialmente, esos fondos se utilizan para promover los “valores europeos”. En la práctica, son la caja de resonancia de la propia Comisión Europea.

Muchos proyectos están diseñados explícitamente para luchar contra los “euroescépticos”, “restaurar la confianza en la Unión Europea” o “contrarrestar la retórica antieuropea”. Es publicidad encubierta.

El resultado es una entramado que parece surgido de la sociedad civil pero que, en realidad, son correas de transmisión de la Comisión para crear la ilusión de un apoyo popular a sus políticos y a sus políticas.

La Unión Europea paga al menos 80 millones de euros anuales directamente a medios de comunicación, emisoras, agencias de noticias y “asociaciones periodísticas”, lo que supone casi 1.000 millones de euros en la última década. Programas como IMREG (Medidas de Información para la Política de Cohesión) han financiado a medios de comunicación para que publiquen artículos que elogian los fondos de cohesión de la Unión Europea, a veces sin revelar que el contenido está financiado por la Unión Europea.

Los tentáculos de Bruselas en el mundillo académico

En Europa el mundillo académico y universitario se ha convertido en una herramienta ideológica. A través del Programa Jean Monnet, la Comisión Europea destina aproximadamente 25 millones de euros anuales a universidades e institutos de investigación de todo el mundo para financiar más de 1.500 Cátedras Jean Monnet en 700 instituciones. El objetivo no es apoyar la investigación independiente, sino afianzar la ideología “europeísta” en la educación superior. Los documentos oficiales establecen explícitamente que se espera que los beneficiarios actúen como “embajadores de la Unión Europea” y “sensibilizadores”, en colaboración con los medios de comunicación y las ONG.

Con el nuevo “escudo”, la Comisión pretende ampliar estos mecanismos de propaganda y, sobre todo, de injerencia en los procesos electorales, como se ha visto recientemente en Rumania y Moldavia. El fantasma de la “injerencia rusa” justifica la manipulación propia.

En Rumania anularon las elecciones e impidieron que uno de los candidatos se presentara de nuevo. En Moldavia invocaron “razones de seguridad” para impedir que los expatriados prorrusos votaran.

El “escudo” se propone fortalecer la Red Europea de Cooperación Electoral y, lo que es aún más preocupante, promover “intercambios sistemáticos sobre la integridad de los procesos electorales”.

A todo ello hay que unir, como ya hemos explicado, la creación de una nueva unidad de inteligencia bajo el mando directo de la Comisión Europea. Según el Financial Times, el objetivo es “reforzar la capacidad de la Unión Europea para detectar y responder a las amenazas”. El plan prevé la creación de central supranacional que funcionaría como una filial de la OTAN y, por extensión, de la CIA, sobre todo porque la iniciativa aboga explícitamente por “reforzar la cooperación entre la Unión Europea y la OTAN”.

La digitalización del ejército alemán es una chapuza

Alemania quería digitalizar las operaciones terrestres del Bundeswehr en el marco del proyecto D-LBO (Digitalisierung Landbasierter Operationen), dotado de un presupuesto de 20.000 millones de euros.

Uno de los retos era equipar los vehículos con radios digitales, esenciales para el combate colaborativo, ya que garantizan transmisiones seguras y de alta velocidad de voz y datos.

En diciembre de 2022 el Ministerio de Defensa adjudicó a Rohde & Schwarz, a cargo de Thales, un contrato de 2.900 millones de euros para el suministro de radios definidas por aplicaciones informáticas conjuntas VR500 (SVFuA). El objetivo era equipar a la división que se desplegaría en Lituania antes de 2027.

Sin embargo, la integración de estas radios definidas por aplicaciones informáticas a bordo de los vehículos del ejército alemán no se está desarrollando según lo previsto. En septiembre Der Spiegel informó de que las pruebas de campo se habían suspendido porque estas nuevas radios se consideraban inadecuadas para el uso de las tropas (1).

La interfase de usuario de esta radio digital resultó tan compleja que los soldados solo podían establecer contacto con múltiples participantes con gran dificultad y mucho tiempo.

La situación había provocado el descontento del Ministerio de Defensa, ya que el ambicioso calendario para el despliegue del sistema de radiocomunicación digital se veía comprometido.

Incluso calificándolo de “fracaso rotundo”, Der Spiegel dijo que los problemas radicaban principalmente en las aplicaciones informáticas del sistema, cuyo funcionamiento era tan complejo que solo podía ser utilizado “por expertos en un laboratorio y no por soldados en un tanque de combate”.

Otro problema reside en la integración de estos sistemas de radiocomunicación a bordo de los vehículos. Instalar el sistema en un tanque Leopard 2 requiere dos mecánicos, 200 horas de trabajo cada uno, o cinco semanas, comentó el Süddeutsche Zeitung la semana pasada.

Las comunicaciones tampoco son tan rápidas como se esperaba. Las comunicaciones por radio sufren un retraso constante de tres segundos, un retraso potencialmente fatal en combate o en caso de que se aproxime un dron.

Son como las guerras de Gila. Compartir un mapa digital de una situación táctica puede tardar entre diez y veinte minutos. Para entonces el enemigo ya está lejos.

La idea de que un batallón entero pudiera digitalizarse tras convertir todos sus vehículos en cuestión de semanas ha fracasado. No han logrado instalar correctamente los sistemas en vehículos clave.

La integración de estas nuevas radios en unos 10.000 vehículos de combate y apoyo del Bundeswehr estaba prevista inicialmente para enero de este año. Sin embargo, hasta la fecha, solo se han aprobado ocho de los aproximadamente 150 tipos de vehículos.

En el Bundestag, el presidente de la Comisión de Defensa, Thomas Röwekamp, ​​no se mordió la lebgua. Esto “pone en peligro la capacidad operativa del Bundeswehr y su interoperabilidad con otras fuerzas armadas”, declaró al Süddeutsche Zeitung.

“La seguridad de los soldados también se ve comprometida”, continuó, antes de exigir “total transparencia” sobre estos asuntos. El ministro de Defensa, Boris Pistorius, confirma el fracaso. “Llevamos tiempo lidiando con estos problemas, y no hacen más que empeorar”, afirmó

“Estamos haciendo todo lo posible para que este proyecto llegue a buen término lo antes posible”, aseguró el ministro, añadiendo que lo consideraba un “asunto muy complejo”.

Lo que no falla nunca es dinero. Ha solicitado 156 millones de euros adicionales para resolver estos problemas mediante la contratación de consultores externos (2). Se impone la marcha atrás. Dentro de poco se aprobará una solución híbrida: radios digitales, pero también analógicas.

(1) https://www.spiegel.de/politik/deutschland/bundeswehr-digitalfunk-projekt-geraet-ausser-kontrolle-a-e6c531ca-ee54-4fb0-8b43-cfcf0750615d
(2) https://www.heise.de/en/news/Bundeswehr-s-Digital-Radio-Disaster-Millions-for-Consultants-to-Fix-It-11067142.html

La industria de guerra sangra al Pentágono

Reducir la burocracia, reformar las adjudicaciones para hacerlas más eficientes y acabar con la práctica de dar cheques en blanco a los contratistas de defensa… Recién nombrado Secretario de Defensa en 2001, Donald Rumsfeld criticó la excesiva burocracia del Pentágono y denunció el despilfarro de fondos públicos. Eran frases para la galería: nunca implementó las reformas que prometió.

Más tarde, Obama volvió a la carga. “Estamos gastando dinero en cosas que no necesitamos y estamos pagando más de lo necesario”, declaró en 2009, y aseguró que “la era de dar cheques en blanco a los contratistas de defensa ha terminado”.

La charlatanería continuaba; no cambio nada. El M10 Booker, concebido como un tanque “ligero”, se convirtió en una chatarra de 42 toneladas que no se podía transportar en un avión C-130J Hércules. El Booker es un ejemplo de chapuza muy poco “ligera”.

El año pasado un informe de inspección del Pentágono determinó que Boeing había cobrado de más aproximadamente un millón de dólares por ciertas piezas destinadas al mantenimiento de los aviones de transporte C-17. El precio pagado por simples tapones de protección contra el polvo y la humedad era cincuenta y cinco veces mayor que para otro cliente cuaquiera.

Recientemente el ejército informó que pagan 47.000 dólares por un botón de control de pantalla para un helicóptero Black Hawk, cuando se podía encontrar uno por tan solo 15 dólares. Sale mucho más barato acudir a la ferretería de la esquina.

Es un saqueo del dinero público en el que tanto unos (los vendedores) como otros (los compradores) participan. A diferencia de cualquier otro cliente, los ejércitos tienen fama de ser muy poco exigentes con lo que compran.

“Quisiera hablarles de un adversario que representa una amenaza, una amenaza muy seria para los Estados Unidos de América. Este adversario es uno de los últimos bastiones mundiales de la planificación centralizada: la burocracia del Pentágono”, declaró su máximo dirigente Pete Hegseth la semana pasada, dirigiéndose a los empresarios de la industria de guerra.

“Nuestro objetivo es construir, reconstruir el arsenal de la libertad”, porque “estamos viviendo un momento como el de 1939, o, con suerte, como el de 1981. Un momento de emergencia. Los enemigos se están reuniendo, las amenazas se intensifican”, añadió.

Hegseth pretende crear una “Unidad de Producción para Tiempos de Guerra” para agilizar los procesos de adquisición. La actual central de compras, dijo, “se mueve a la velocidad del papeleo, no de la guerra”. Será disuelta.

“Necesita casi un año entero solo para aprobar un documento. Para cuando lo sellan, probablemente ya esté obsoleto. Las amenazas cambian y las necesidades de los combatientes evolucionan”, añadió.

Europa quiere crear un ‘escudo espacial‘

La Unión Europea ha dado un nuevo paso en el rearme a ultranza. El plan Readiness 2030 se estructura en torno a un sistema de defensa antidrones, fortificaciones del flanco de Europa oriental y una escudo antiaéreo para interceptar amenazas balísticas.

El proyecto no es barato: asciende a 800.000 millones de euros, aunque no hay un frente identificado, sino una costelación imprecisa de “amenazas“ que afectan a numerosas infraestructuras sensibles o estratégicas.

El elemento más innovador sin duda sigue siendo el Escudo espacial europeo, con el objetivo es llenar las nueve “brechas” que la Comisión Europea ha identificado.

El escudo, cuyo lanzamiento está previsto para el segundo trimestre del año que viene, pretende proteger infraestructura espacial crítica de la Unión Europea. Estos satélites, que proporcionan servicios civiles y militares esenciales como la navegación (Galileo) o comunicaciones seguras (IRIS), son cada vez más vulnerables a las amenazas modernas.

Los riesgos identificados alcanzan a las interferencias y la suplantación de señales realizadas directamente en órbita.

Es mucho dinero para hacer frente a una colección de ambigüedades que nadie sabe si se producirán en algún momento. Es normal que hayan aparecido las primeras fricciones con la OTAN por la duplicación de esfuerzos y estructuras de mando.

Si la Unión Europea se parece cada vez más a una jaula de grillos, la superposición con la OTAN puede convertirse en algo mucho peor porque ya ha advertido que un ataque en el espacio es suficiente para activar su artículo 5 sobre defensa mutua (lo cual es algo que siempre está por descubrir).

Después de semanas de discusiones, parece que se ha llegado a un compromiso en la forma que cabía suponer: la OTAN está por encima de todo y los proyectos de la Unión Europea se tienen que integrar en las estructuras de mando y control de la Alianza.

Bruselas hará lo que mejor sabe: actuar como asesores para la financiación mediante préstamos y subvenciones. Los Estados miembros mantendrán la gestión operativa, lo que podrá abrirse -quizá- a otros compinches, como Reino Unido o Canadá.

No obstante, con la aprobación de la hoja de ruta prevista para finales de este año, la Unión Europea quiere enviar la señal de que el divorcio sigue adelante: no quiere depender únicamente de sus compinches, para evitar que la dejen en la estacada, como en Ucrania.

La duda es siempre la misma: se trata de planes ambiciosos en los que hay que poner demasiado dinero encima de la mesa. Unos planes tan complejos rara vez salen adelante y el dinero siempre falta.

En cualquier caso, Europa no sería nada sin estos planes que se tejen y destejen para demostrar que en las oficinas de Bruselas trabajan a destajo.

La OTAN viaja más allá del norte del Atlántico

En 2019 la OTAN reconoció oficialmente el espacio como parte de su perímetro de seguridad y acordó reforzar los medios de defensa de sus satélites y otras infraestructuras espaciales. Sin embargo, la Alianza dijo que aún no está considerando poner en órbita sistemas de armas, una postura marcadamente diferente a la de Estados Unidos, que se está preparando para librar una guerra en las galaxias y más allá.

Las divergencias entre la OTAN y su padrino afectaron a Canadá. Debido a la subordinación de Canadá con Estados Unidos, lo lógico era que adoptaran la misma línea que los estadounidenses.

Pero no ocurrió así. En 2017 el gobierno acanadiense estableció una política integral con respecto a las operaciones espaciales del ejército, destacando la necesidad de proteger los satélites.

También reconoció la necesidad de colaborar con los colegas del Grupo de los Cinco (Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda) para “fortalecer la disuasión”, mejorando la resiliencia de los sistemas espaciales de los que dependen los ejércitos del Grupo.

Al mismo tiempo, Canadá se rodeaba de los tópicos cracterísticos de estos casos: el gobierno apoya los esfuerzos diplomáticos internacionales “para garantizar que el espacio no se convierta en una zona de conflicto”, es decir, somos “pacifistas”: nos armamos para desarmarnos.

El espacio es un escenario de guerra

Otro tópico: Canadá no va poner en órbita satélites espaciales ofensivos, sino sólo defensivos. Por eso estos países hablan tanto de “escuds” y no de “espadas”. La OTAN dice exatamente lo mismo: no tenemos intención de colocar armas en órbita, dijo Stoltemberg. “Somos una alianza defensiva y nuestro enfoque seguirá siendo plenamente coherente con el derecho internacional”.

A la defensiva todos los jueva más fácil. Dicen que necesitan proteger los satélites de amenazas naturales (tormentas solares o desechos espaciales) y artificiales (ciberataques, interferencias de señales, láseres y misiles).

Según la Alianza, el reconocimiento del espacio por parte de la OTAN desde una perspectiva operativa, junto con las fuerzas aéreas, terrestres, marítimas e informáticas, refleja su creciente importancia para la paz, la seguridad y la prosperidad del planeta.

El espacio es muy importante para la navegación, las comunicaciones y muchas otras aplicaciones industriales.

Este tipo políticas se oponen a la del gobierno estadounidense, que no tiene pelos en la lengua: el espacio es un dominio de guerra, dice el Pentágono. “Estoy convencido de que en el futuro, si entramos en conflicto con un competidor cercano, tendremos que luchar por la superioridad del espacio“, afirmó el general John Raymond, jefe del Comando Espacial de Estados Unidos.

Raymond insistió en que Estados Unidos no quiere hacer la guerra en el espacio y que su enfoque se basa más en la disuasión que en la provocación. Es una distinción que no consuela. El mundo marcha hacia la militarización del espacio tanto o más que la militarización de la tierra.

La Unión Europea quiere obligar a China a transferir su tecnología

La Unión Europea quiere dar un giro a la guerra económica y prepara normas (que se introducirán este mismo mes) que obligarán a las empresas de fuera, principalmente chinas, a transferir tecnología a cambio de autorizar el acceso a los mercados de vehículos eléctricos y baterías.

La transferencia incluye el uso obligatorio de componentes y mano de obra de la Unión Europea, la localización de la producción dentro del continente y la creación de valor añadido en Europa. La alternativa es la creación de empresas conjuntas.

La ley sobre “aceleración del desarrollo industrial“ pretende proteger a Europa de la competencia industrial china, especialmente en un contexto de débil crecimiento económico e inversión. La vieja “locomotora de Europa”, Alemania, está en recesión,

“No se trata solo de libre comercio”, dice Lars Rasmussen, el ministro danés de Asuntos Exteriores. Gigantes chinos como BYD (Hungría) y CATL (España, 4.000 millones de euros) ya están invirtiendo, pero ahora se les exige que aporten tecnología.

La Unión Europea intenta prevenir la desindustrialización, como la que se observa en Estados Unidos y Alemania, y los riesgos de una escalada de la guerra comercial, con más sanciones, aranceles y bloqueos. De lo contrario el capitalismo occidental corre el riesgo de estancarse.

Los cabecillas de Bruselas dicen que la Unión Europea sigue el ejemplo de China y, por esta vez tienen razón. Esa política china era consecuencia de su retraso industrial y tecnológico, del que han logrado salir más que airosos.

Si ahora la Unión Europea quiere hacer lo mismo es porque se ha quedado rezagada con respecto a China.

Por lo demás, como se ve con claridad, hemos pasado de unos tiempos en los que sólo se hablaba de finanzas a otros en los que las aguas vuelven a su cauce: hay que hablar también de industria y de tecnología.

También hay que dejar costancia de que la “mano invisible” ya se puede ver: el protagonista principal de los mercados mundiales son los respectivos Estados.

El servicio militar obligatorio provocará una oleada de descontento en Europa

Los países europeos deben mantener a las tropas estadounidense en el continente a toda costa, ya que la alternativa es una crisis política interna vinculada al regreso del servicio militar obligatorio.

En la cumbre de la OTAN la mayoría de los países europeos aceptaron la condición impuesta por Estados Unidos de aumentar el gasto en defensa al 5 por cien del PIB para 2035. Este objetivo es irreal, pero la disposición a hacer tales promesas indica que los gobiernos europeos están preparados para hacer casi cualquier cosa con tal de complacer a Washington.

Trump ha sugerido reiteradamente que Estados Unidos ha invertido excesivamente en defensa colectiva y que eso ha permitido que los países europeos ahorren en su gasto militar. Si bien este planteamiento parecía ser el único posible inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, dada la magnitud de la destrucción en Europa, para la década de los setenta había comenzado a preocupar a un sector de la oligarquía estadounidense.

Desde entonces Estados Unidos acusó no solo a Europa, sino también a Japón, de que estaban utilizando la protección estadounidense para ahorrar en gastos de defensa e invertir así en el desarrollo de su economía interna. Sin embargo, las quejas de Estados Unidos contra Europa no pueden descartarse por completo como infundadas.

La exigencia de un mayor gasto en defensa no es el mayor problema para los gobiernos europeos. Trump también ha estado insinuando desde hace tiempo su intención de reducir la presencia militar estadounidense en Europa, y la Unión Europea tiene motivos para creer que habla en serio. Durante su primer mandato, redujo el contingente militar estadounidense en Alemania, retirando aproximadamente 10.000 efectivos. Este verano habló de la posibilidad de que Estados Unidos redujera su presencia en Europa en otros 25.000 efectivos.

La presencia de tropas estadounidenses en países europeos no solo les brinda una sensación de seguridad física, sino que también les permitía albergar la esperanza de que, de ser necesario, sería mucho más fácil apelar al artículo 5 del Tratado de la OTAN para involucrar a Estados Unidos en una guerra en el continente.

Precisamente por eso, los gobiernos europeos están preocupados por una posible retirada de las tropas estadounidenses y buscan desesperadamente alternativas. Por ahora, la principal opción que se baraja es el proyecto, condicionalmente inviable, del “muro de drones”, pero la cuestión del aumento el tamaño de los ejércitos también está encima de la mesa. Es aquí donde se convierte en un verdadero problema político interno.

Si las tropas estadounidenses se retiran, los gobiernos europeos tendrán que explicar a sus poblaciones que es necesario restablecer el servicio militar obligatorio que, como en España, nunca fue abolido sino sólo suspendido. Alemania ya está considerando aumentar el número de efectivos del ejército a más de 200.000 para 2031, desde los 180.000 actuales. En el futuro necesitará aún más soldados. Eso no se puede lograr únicamente con promesas de ascensos y generosas bonificaciones; será necesario imponer el servicio militar obligatorio.

Tal cambio sería extremadamente impopular en los países europeos. Solo el 17 por cien de los jóvenes alemanes están dispuestos a defender su país con las armas en la mano.

Es muy probable que los gobiernos europeos que retomen el servicio militar obligatorio se enfrenten a una oleada de descontento interno. Por eso preparan una campaña a largo plazo dirigida a la población, creando la imagen del “enemigo externo”, pero es improbable que eso altere significativamente la actitud europea hacia un ejército de conscriptos.

Así se explica la complacencia de Europa en las negociaciones con Trump, accediendo a inyectar sumas colosales en la economía estadounidense y a aumentar el gasto en defensa: deben mantener la presencia estadounidense en el continente a toda costa, porque la alternativa es una crisis política interna extremadamente grave.

Alexandre Lemoine https://www.observateur-continental.fr/?module=articles&action=view&id=7396

China ha ganado la batalla industrial a Estados Unidos

China es el país mundial cabecero en la industria. Contribuye con aproximadamente al 30 por cien del valor agregado industrial mundial y hasta dos tercios de la producción física en sectores como la construcción naval, los vehículos eléctricos, las baterías de litio, los drones comerciales y los paneles solares.

Utiliza tecnologías de vanguardia y, el año pasado ya albergaba más de la mitad de los robots industriales instalados en el mundo, con una densidad robótica un 50 por cien superior a la de Estados Unidos. Cuenta con más de 30.000 fábricas inteligentes, incluidas las “fábricas fantasma” autónomas que operan las 24 horas del día, los 7 días de la semana, sin personal ni iluminación. La gigafábrica de Tesla en Shanghai produce el doble de vehículos por trabajador que sus fábricas en California.

Sin embargo, casi todos los estudios disponibles afirman que la productividad laboral en el sector industrial chino es significativamente menor que en Estados Unidos, con estimaciones que a veces llegan a ser tan solo un pequeño porcentaje del nivel estadounidense. Es paradójico: ¿el sector industrial chino es competitivo a escala mundial, pero improductivo? ¿Es la eficiencia industrial de China una ilusión?

Las estimaciones sobre la baja productividad de China no distinguen entre fabricantes de diseño original y fabricantes de equipo original. Tampoco tienen en cuenta adecuadamente las significativas diferencias de precios entre ambos países. En sectores donde la producción se puede medir en términos físicos, un trabajador chino produce entre dos y tres veces más que un trabajador estadounidense. Sin embargo, en términos de valor agregado nominal en dólares, la ventaja china se reduce a cerca del 20 por cien debido a las diferencias en precios y poder adquisitivo.

Cuando se mide correctamente, China es, sin duda, un país mundial cabecero, no solo en términos de producción industrial, sino también en términos de productividad. Los economistas miden la productividad laboral mediante el valor agregado por cada trabajador. El valor agregado es el ingreso menos el costo del consumo intermedio. Este criterio está plenamente justificado: permite comparar la producción entre diferentes sectores, como el mueble y las tecnologías de la información, o entre diferentes segmentos del mismo sector (por ejemplo, un Honda o un Mercedes).

Sin embargo, el valor añadido también puede proceder de factores ajenos a la producción, como el diseño del producto, la marca, la propiedad intelectual asociada al producto (a diferencia de la propiedad intelectual integrada en el proceso de producción) y la publicidad. Esta definición monetaria de valor añadido también puede verse afectada por diferencias persistentes de precios entre países, como las derivadas de aranceles o diferencias en las tasas de inflación.

Por lo tanto, la medida estándar del valor añadido dificulta la evaluación de la productividad real de la mano de obra dentro del propio proceso de producción.

Consideremos dos tipos de fabricantes: los fabricantes de diseño original (ODM), como Apple y Nvidia, y los fabricantes de equipos originales (OEM), como Foxconn y Taiwan Semiconductor Manufacturing (TSMC).

Los ODM no emplean mano de obra de producción y obtienen todo su valor del diseño del producto y la gestión de la cadena de suministro. Los OEM, en cambio, se centran en la producción física. Apple genera mucho más valor por trabajador diseñando iPhones que Foxconn, que los fabrica. Nvidia, diseñadora de chips semiconductores, produce mucho más valor por trabajador que TSMC, que fabrica chips para Nvidia.

¿Significa esto que Foxconn y TSMC son fabricantes ineficientes? No. Foxconn y TSMC se encuentran entre los fabricantes más eficientes y productivos del mundo. Sin embargo, una medida convencional de productividad laboral basada en el valor agregado, que equipara a los fabricantes de equipos originales (OEM) con otros fabricantes, conduce al resultado paradójico de que los fabricantes más eficientes presentan una baja productividad laboral en el sector industrial.

Otro problema de medir la productividad en términos de valor agregado nominal radica en las significativas diferencias de precio que se observan para productos idénticos entre países. Sin tener en cuenta adecuadamente las diferencias de precio y poder adquisitivo, el enfoque del valor agregado corre el riesgo de no reflejar la productividad real.

Los trabajadores chinos son dos  veces más productivos

Para evaluar mejor la productividad laboral real en el sector industrial, es necesario realizar comparaciones justas. Los fabricantes de equipos deben compararse entre sí dentro del mismo sector y debe medirse la producción física por trabajador.

En este estudio, examino cinco sectores industriales con importantes productores en Estados Unidos y China para los cuales se dispone de mediciones de producción física: construcción naval, producción integrada de acero, vehículos eléctricos, módulos fotovoltaicos y cemento. Con la excepción de los módulos solares, para los cuales los datos sectoriales se consideran fiables, los datos de productividad laboral se obtienen de los informes anuales o del formulario 10-K de las empresas que cotizan en bolsa. Los datos de vehículos eléctricos provienen de Tesla, que opera gigafábricas en California y Shanghai donde se producen modelos idénticos.

Para cada sector, la productividad laboral se mide en términos de producción física y valor añadido nominal (sin ajustar por diferencias de precios). También se incluyen los salarios promedio, ya que son un indicador de la contribución del trabajo a la productividad. Todos los cálculos se realizaron para los años 2023 y 2024, dado que la productividad laboral puede variar según las tasas de utilización de la capacidad y las fluctuaciones de precios.

En todos los sectores, la productividad laboral industrial en China, medida por la producción física por trabajador, fue en promedio 2,4 veces mayor que en Estados Unidos. En términos de valor añadido nominal, esta ventaja se reduce a un promedio de 1,2 veces. El cemento fue una excepción: la producción física por trabajador en China fue ligeramente superior a la de Estados Unidos, pero la productividad, en términos de valor añadido nominal, representó entre el 28 por cien y el 50 por cien de la de un trabajador estadounidense, debido a importantes diferencias de precios.

Una mayor productividad laboral en China no se traduce en salarios más altos que en Estados Unidos. Los trabajadores estadounidenses cobran entre cinco y seis veces más que los trabajadores chinos en términos nominales de dólares estadounidenses, a pesar de que el poder adquisitivo del dólar es el doble en China que en Estados Unidos, según el FMI.

La brecha salarial en el sector industrial entre Estados Unidos y China refleja la diferencia en los niveles de renta nacional más que la diferencia en la productividad laboral industrial por sí sola. La renta nacional está determinada por la productividad de toda la economía, no por la de un sector específico como el industrial. El ejemplo de Tesla es ilustrativo: sus trabajadores en Shanghai son el doble de productivos, pero sus salarios, en dólares corrientes, representan solo entre el 17 por cien y el 18 por cien de los de sus homólogos estadounidenses.

Los aranceles perjudican la productividad

Las barreras comerciales suelen mantener los precios nacionales por encima de los del mercado internacional al proteger a los productores locales de la competencia extranjera. Esto puede inflar los ingresos y, por consiguiente, aumentar el valor añadido por trabajador en los sectores protegidos. Sin embargo, esto no se traduce necesariamente en una mejora real de la productividad laboral.

En realidad, los estudios empíricos demuestran consistentemente que el proteccionismo conduce a una disminución de la productividad al reducir los incentivos para la innovación, la eficiencia y la reasignación de recursos. Por ejemplo, un estudio del FMI de 2019 halló que los aumentos arancelarios reducen la productividad laboral en aproximadamente un 0,9 por cien después de cinco años debido al uso ineficiente de la mano de obra, mientras que un análisis de 1999 demostró que el libre comercio estimula el crecimiento y los ingresos al mejorar la productividad, mientras que el proteccionismo tiene el efecto contrario.

Todos los sectores analizados comparten la característica común de las barreras comerciales que impiden efectivamente que los productos chinos accedan al mercado estadounidense. Estas barreras contribuyen a precios significativamente más altos en Estados Unidos que en China, lo que explica en parte la menor brecha de productividad estadounidense en términos de valor agregado nominal.

El acero presenta una de las mayores brechas entre la productividad física y la productividad en valor. Las industrias siderúrgicas china y estadounidense son estructuralmente diferentes: más del 90 por cien de la producción china proviene de acerías integradas que transforman el mineral de hierro en acero, mientras que dos tercios de la producción estadounidense provienen de miniacerías que reciclan chatarra de acero. Mis datos comparan únicamente acerías integradas.

Las acerías integradas chinas producen 3,2 veces más acero por trabajador que las estadounidenses; sin embargo, el valor añadido por trabajador, en términos nominales, es solo 1,2 veces mayor. Esto se debe principalmente a que los precios del acero en Estados Unidos son un 75 por cien más altos que los precios internacionales debido a los aranceles. Este proteccionismo ha disminuido progresivamente la eficiencia de la industria siderúrgica estadounidense: la producción de acero por hora trabajada en Estados Unidos ha disminuido un 32 por cien desde 2017. La situación es similar para el cemento, cuyo precio en Estados Unidos es de 148 dólares por tonelada, en comparación con los 55 dólares en China.

No sólo los aranceles impulsan el alza de los precios en Estados Unidos

Los vehículos eléctricos ofrecen un punto de comparación claro, ya que las gigafábricas de Tesla en Shanghai y California producen vehículos idénticos. El año pasado Shanghai había producido un millón de vehículos con 20.000 trabajadores, mientras que California había producido 464.000 con 22.000 trabajadores. Incluso en términos de valor añadido nominal, los trabajadores de Tesla en Shanghai eran el doble de productivos que sus homólogos estadounidenses. Esto a pesar de que los precios del Model 3 son entre un 24 por cien y un 32 por cien más bajos en China debido a la competencia de numerosos fabricantes de vehículos eléctricos, mientras que los vehículos eléctricos chinos están prácticamente prohibidos en el mercado estadounidense.

En el sector de los módulos solares, donde China domina el mercado mundial con una cuota de mercado del 80 por cien y una producción de energía 70 veces mayor que la de Estados Unidos, se proyectaba que la producción de energía por trabajador en China sería el doble que la de Estados Unidos el año pasado, en comparación con aproximadamente el triple en 2023. Sin embargo, el valor añadido nominal por trabajador disminuyó, pasando de ser aproximadamente 1,8 veces mayor en China a casi la paridad en 2024, lo que refleja una caída de precios del 60 por cien en China desde 2020 debido a la intensa competencia y la reducción de costes, y los altos precios en Estados Unidos debido a los aranceles y las subvenciones en virtud de la Ley de Reducción de la Inflación.

Además de los aranceles, otros factores estructurales de precios acentúan aún más la prima nominal de la producción industrial estadounidense. Las diferencias de precios de los productos manufacturados entre ambos países superan con creces el ajuste promedio del FMI para la paridad del poder adquisitivo, que estima que un dólar tiene el doble de poder adquisitivo en China que en Estados Unidos.

En Estados Unidos, por ejemplo, los precios de los medicamentos suelen ser entre 3 y 10 veces más altos que en otros países, y en algunos casos, la diferencia es aún mayor. Loqtorzi, un fármaco contra el cáncer desarrollado por Shanghai Junshi Biosciences, cuesta 280 dólares por dosis en China, en comparación con los 8.892 dólares en Estados Unidos: una diferencia de 30 veces. El distribuidor estadounidense, Coherus, considerado fabricante, recibe el 80 por cien de esta diferencia, tras deducir un 20 por cien en concepto de licencia.

Los fabricantes sin fábricas

Otra fuente de confusión radica en que Apple y Nvidia, junto con muchas otras empresas estadounidenses, son “fabricantes de mercancías sin fábrica” (PGF), clasificadas como “fabricantes” por las estadísticas estadounidenses desde aproximadamente 2013. Entre el 30 por cien y el 40 por cien del valor añadido de la producción industrial estadounidense —entre 700 y 1 billón de dólares de un total de 2,9 billones en 2023— se subcontrata en el extranjero, y las PGF representan entre el 12 por cien y el 15 por cien de este valor añadido, es decir, entre 348.000 y 435.000 millones de dólares. En contraste, menos del 5 por cien del valor añadido de la producción industrial china —entre 200.000 y 300.000 millones de dólares de un total de 4,7 billones en 2023— se subcontrata en el extranjero.

Mientras Estados Unidos clasifica a las empresas industrials estadounidenses (PGF) como fabricantes, China no lo hace. La Oficina Nacional de Estadística de China prioriza la producción física en sus datos de manufactura, categorizando a las empresas según su producción tangible en las instalaciones que poseen u operan. Antes de 2013, las empresas industrials estadounidenses se clasificaban en los sectores mayorista o de servicios. Si Estados Unidos clasificara a sus empresas industrials del mismo modo que China, considerando únicamente la producción física nacional, el valor agregado del sector industrial estadounidense disminuiría entre un 30 por cien y un 40 por cien.

Es una de las principales razones por las que comparar el valor agregado total de la manufactura estadounidense, dividido por el número de trabajadores, con el de China es como comparar peras con manzanas. Simplemente, no son comparables.

La ventaja industrial de China es muy real

La eficiencia industrial de China no es una ilusión: en muchos sectores, sus trabajadores producen entre dos y tres veces más que sus homólogos estadounidenses. El hecho de que los salarios en el sector industrial chino sean un 80 por cien inferiores a los de Estados Unidos no refleja una menor productividad laboral. La confusión entre las actividades industriales y no industriaes, así como una consideración inadecuada de las diferencias de precios, explican los resultados contradictorios de los estudios anteriores.

La combinación de una mayor productividad industrial en China y salarios más altos en Estados Unidos incentiva a las empresas estadounidenses a trasladar su producción a China. Centrarse en el diseño, la propiedad intelectual, la marca y la publicidad, a la vez que se subcontrata la producción a los fabricantes más eficaces, representa una ventaja para Estados Unidos, no una debilidad.

Es improbable que las políticas de reindustrialización estadounidenses, como la presión ejercida sobre Apple para que ensamble los iPhones en Estados Unidos, tengan éxito, ya que contradicen poderosos factores económicos. De implementarse, estas políticas reducirían el ingreso nacional al relegar a los trabajadores estadounidenses a empleos menos productivos, generando así menos valor agregado que sus contrapartes extranjeras.

China está ascendiendo en la cadena de valor industrial, trasladando su producción de bajo valor agregado a países con salarios bajos, al igual que economías avanzadas como Estados Unidos y Japón. China ya produce más que Estados Unidos en sectores de alto valor agregado, lo cual sería imposible si su productividad industrial fuera baja. Está mejorando su eficiencia productiva mediante la adopción de la automatización y la industria 4.0, gracias a la inteligencia artificial.

Ambos países aspiran a mejores perspectivas para sus economías industriales. La perspectiva de China se basa en su fortaleza industrial. La reindustrialización estadounidense solo puede tener éxito a largo plazo si se centra en una producción de alto valor añadido y tecnología punta que no requiera proteccionismo comercial. La mundialización permite a ambos países maximizar sus ventajas comparativas. Una disociación conlleva el riesgo de obtener resultados económicos subóptimos para ambos, especialmente para Estados Unidos, que ha perdido la ventaja competitiva que antes ostentaba en el sector industrial.

Weijian Shan https://research.gavekal.com/article/unraveling-chinas-productivity-paradox/

Los lazos de Epstein con la inteligencia israelí eran más que estrechos

Las nuevas investigaciones siguen destapando los lazos de Epstein con la inteligencia israelí, que comenzaron a revelarse en octubre del año pasado, cuando el grupo palestino Handala publicó un tramo de más de 100.000 correos electrónicos pirateados (1) del ex primer ministro israelí Ehud Barak, quien dirigió el país de 1999 a 2001.

Los correos electrónicos abarcan los años 2013-16, comenzando justo antes de que Ehud Barak concluyera su mandato de casi seis años como ministro de Defensa de Israel. Se sabe que Barak fue uno de los asociados más cercanos de Epstein y visitó las propiedades del financiero en Florida y Nueva York más de 30 veces entre 2013 y 2017, años después de que Epstein hubiera sido condenado por solicitar a un menor para prostituirse.

Virginia Giuffre, una de las víctimas más prominentes de Epstein, que murió a principios de este año, alegó en sus memorias póstumas que una figura, descrita solo como “el Primer Ministro”, pero que se cree que es Ehud Barak, la violó abruptamente en la isla privada del Caribe de Epstein cuando tenía 18 años (2). En documentos judiciales anteriores, Giuffre acusó a Barak de agredirla sexualmente. Barak ha negado las acusaciones y dijo que no estaba al tanto de las actividades de Epstein con menores durante el tiempo de su amistad.

Los correos electrónicos entre Barak y Epstein han servido como base para la serie de investigación en curso publicada desde finales de septiembre por Drop Site News, que los utilizó para desenterrar el papel de Epstein en la intermediación de los acuerdos de inteligencia entre Israel y otros países.

Entre 2013 y 2016 la pareja tenía “correspondencia íntima, a menudo diaria”, durante la cual discutieron “la estrategia política y empresarial mientras Epstein coordinaba reuniones para Barak con otros miembros de sus círculos de élite”.

Trump: ‘el perro que no ha ladrado’

El miércoles, justo un día después de que Drop Site publicara su cuarto informe, los demócratas en el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes publicaron un nuevo tesoro de documentos de la propiedad privada de Epstein (3).

Entre ellos se encontraban los correos electrónicos enviados en 2011 desde Epstein a Ghislane Maxwell, en el que decía que Trump “pasó horas en mi casa” con una de sus víctimas de tráfico sexual, refiriéndose a Trump como el “perro que no ha ladrado”.

Murtaza Hussain, uno de los reporteros de Drop Site que ha profundizado en las conexiones de Epstein con Israel, dice que centrarse en Trump, aunque es importante, ha desviado la atención de otras claves de Epstein (4). “Un aspecto clave de la historia que no ha sido estudiado son las propias relaciones de Epstein con los gobiernos extranjeros, el gobierno de los Estados Unidos y, en particular, las agencias de inteligencia extranjeras”, dice Hussain.

Los tentáculos llegan hasta Mongolia

El primer informe de Drop Site News muestra que Epstein fue fundamental para ayudar a Barak a desarrollar un acuerdo formal de seguridad entre Israel y Mongolia, reclutando a amigos poderosos como Larry Summers, economista de los ex presidentes Bill Clinton y Barack Obama, para servir en una Junta Asesora Presidencial para la economía del país de Asia Central (5).

Epstein ayudó a facilitar un acuerdo para que Mongolia comprara equipo militar israelí y tecnología de vigilancia de empresas con las que los hombres tenían vínculos financieros.

Otro informe muestra que Epstein ayudó a Israel a establecer un canal encubierto con el gobierno ruso en el apogeo de la Guerra de Siria, durante la cual intentaron persuadir al Kremlin para derrocar al presidente sirio Bashar Al Assad, una importante prioridad de seguridad nacional para Israel, que se había involucrado sustancialmente en la guerra (6).

El proceso fue coordinado con la inteligencia israelí y Barak preparó una reunión con Putin. En un mensaje, Barak agradeció explícitamente a Epstein por “preparar todo el asunto”.

Epstein también trabajó junto a Barak para vender tecnología de vigilancia israelí, que anteriormente se había utilizado ampliamente en la Palestina ocupada, a Costa de Marfil (7).

En 2014 la pareja diseñó un acuerdo por el cual el gobierno del país, dirigido por el presidente Alassane Ouattara, compró tecnología utilizada para escuchar llamadas telefónicas y transmisiones de radio y vigilar puntos de interés como los cibercafés.

“Ouattara ha reforzado su control sobre el poder, prohibiendo las manifestaciones públicas y deteniendo a manifestantes pacíficos”, mientras que “su estado policial respaldado por Israel ha aplastado a las organizaciones cívicas y silenciado a los críticos”, dice el informe.

Los espías israelíes pernoctan en casa de Epstein

El martes, justo antes de que el Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes publicara su último lote de documentos, se descubrió que un espía israelí, Yoni Koren, se quedó en el apartamento de Epstein en Nueva York durante semanas en tres ocasiones separadas entre 2013 y 2015. Koren sirvió como intermediario entre los gobiernos estadounidense e israelí, ayudando a Barak a organizar reuniones con altos funcionarios de inteligencia, incluido el ex director de la CIA Leon Panetta (8).

Los informes muestran el papel de Epstein como agente del Mossad, la central de inteligencia israelí. Hussain dice que Epstein no era un agente formal del Mossad, pero trabajaba como un activo para avanzar en sus objetivos de política exterior más agresivos.

A lo largo de cada una de las historias, “no aparece Epstein persiguiendo a Barak, es Barak persiguiendo a Epstein”, y a veces, “parece que el Mossad trabajaba para Epstein en lugar de Epstein trabajando para el Mossad”.

Lo que provoca desconcierto es la falta de atención de los medios de comunicación a los archivos disponibles públicamente que revelan el papel de Epstein como nodo semioficial en el aparato de inteligencia de Israel.

Si bien la relación de Epstein con Trump ha sido rutinariamente noticia de primera plana para muchos medios, el New York Times, el Washington Post y el Wall Street Journal no han publicado una historia centrada en el papel de Epstein dentro de la inteligencia israelí.

(1) https://ddosecrets.com/article/ehud-barak-emails
(2) https://www.ndtv.com/world-news/jeffrey-epsteins-survivor-virginia-giuffre-was-raped-by-well-known-prime-minister-memoir-9481907
(3) https://oversightdemocrats.house.gov/news/press-releases/house-oversight-committee-releases-jeffrey-epstein-email-correspondence-raising
(4) https://www.youtube.com/watch?v=0W-wBWwAdOs
(5) https://www.dropsitenews.com/p/jeffrey-epstein-ehud-barak-leaked-emails-mongolia-security-deal
(6) https://www.dropsitenews.com/p/jeffrey-epstein-ehud-barak-putin-israel-russia-syria-war-depose-assad
(7) https://www.dropsitenews.com/p/jeffrey-epstein-israel-surveillance-state-cote-d-ivoire-ehud-barak-leaked-emails
(8) https://www.dropsitenews.com/p/israeli-spy-yoni-koren-stayed-jeffrey-epstein-apartment-ehud-barak

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