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El ejército ruso está presente en seis países africanos

En los últimos días, varios medios públicos rusos han difundido la amplia presencia militar rusa en África. Los reportajes describen operaciones llevadas a cabo por unidades del Ministerio de Defensa, con el apoyo de soldados presentados como experimentados. Las imágenes, filmadas principalmente en Mali, sugieren un despliegue estructurado que, según estas fuentes, se extiende a otros cinco países africanos.

Los reportajes muestran bombarderos en acción, helicópteros y vehículos blindados operando en zonas no especificadas. Los soldados filmados son descritos como veteranos de la Guerra de Ucrania, redesplegados en el Continente Negro para combatir a los yihadistas. Uno de ellos, al ser interrogado sobre su misión, menciona la constante movilización de unidades del Ministerio de Defensa, incluidas las del Africa Corps.

Esta unidad militar ha cobrado mayor importancia desde la reorganización llevada a cabo por Moscú tras la disolución del Grupo Wagner. El Kremlin ha reestructurado sus operaciones en el extranjero transfiriendo gradualmente las responsabilidades que antes desempeñaba Wagner al Africa Corps, con el fin de consolidar un control más directo de las actividades militares en África. Este cambio se ha observado en Malí, Níger y Burkina Faso, donde Rusia ha forjado nuevas alianzas de seguridad.

El canal de televisión Rossiya 1 afirma que los soldados rusos están actualmente activos en seis países africanos. Pero el reportaje no proporciona una lista completa, salvo Mali, donde se filmaron las imágenes. Por su parte, RT cita cuatro de los seis países: Mali, Burkina Faso, Níger y Guinea Ecuatorial. Es posible que los otros dos países mencionados por Rossiya 1 permanezcan sin identificar por el momento.

Estas intervenciones se enmarcan en un contexto más amplio marcado por la búsqueda de nuevos socios por parte de Moscú. Desde el inicio de la guerra en Ucrania, Rusia ha intensificado su cooperación en el continente, centrándose en acuerdos militares, económicos y políticos. Los gobiernos del Sahel que han roto con las metrópolis coloniales han incorporado, en algunos casos, las nuevas posibilidades de apoyo por parte de Rusia.

Los reportajes difundidos por los medios públicos muestran un esfuerzo deliberado por fortalecer la presencia militar de Moscú en África. Aunque la lista precisa de países participantes no está totalmente confirmada, la información disponible demuestra la intención de crear una estructura a largo plazo para sus compromisos en el continente, en particular a través del Africa Corps. Los acontecimientos futuros permitirán evaluar el verdadero alcance de este despliegue y su impacto en las alianzas regionales.

La agencia de noticias rusa TASS también se expande por África

La agencia de noticias rusa TASS planea establecer nuevas oficinas en el continente africano próximamente. Andrei Kondrashov, director general de la agencia, presentó esta estrategia de expansión en una rueda de prensa con motivo del lanzamiento de la gira internacional TASS-África: El Camino de la Amistad, un evento para periodistas de agencias de noticias africanas.

Se han identificado cuatro países como prioritarios para esta expansión: Nigeria, Camerún, Angola y Madagascar. Este anuncio refleja las pretensiones de TASS de fortalecer su cobertura mediática en el continente.

La selección geográfica de TASS revela una estrategia bien definida. Nigeria, la mayor economía de África y un gigante demográfico con más de 200 millones de habitantes, representa un centro de información crucial en África Occidental. Camerún, país bilingüe situado en la encrucijada de África Central y Occidental, ofrece una posición estratégica. Angola, con vínculos históricos con Moscú que se remontan a la época soviética, es un socio natural. En cuanto a Madagascar, esta isla del océano Índico sigue estando desatendida por las principales agencias de noticias internacionales, como demuestra el reciente golpe de Estado.

La agencia de noticias rusa ya cuenta con una presencia consolidada en el continente africano, con oficinas en Egipto, Túnez, Marruecos, Zimbabue, Kenia y Sudáfrica. La infraestructura existente abarca las principales regiones africanas, desde el norte hasta el sur de África, incluyendo África Oriental.

Desde el inicio de la Guerra de Ucrania en febrero de 2022, TASS enfrenta severas restricciones en Europa. La agencia tiene prohibido transmitir en la Unión Europea, su contenido está bloqueado en plataformas digitales y sus actividades están limitadas dentro de la Unión Europea. Estas medidas han obligado a la agencia a reorientar su estrategia de desarrollo internacional.

La expansión africana anunciada por Kondrashov se enmarca en esta reconfiguración geográfica. El continente africano, donde las relaciones ruso-africanas se han intensificado en los últimos años a través de cumbres bilaterales, acuerdos económicos y una mayor cooperación militar, ofrece oportunidades para los medios de comunicación rusos.

La gira de prensa de TASS por África demuestra este compromiso de forjar vínculos directos con profesionales de los medios africanos y construir redes duraderas para la colaboración periodística.

Esta expansión de las oficinas en África permitirá a TASS producir contenido local, capacitar a corresponsales sobre el terreno y llegar a audiencias que son críticas con los medios occidentales tradicionales.

¿Es irreversible el hundimiento de la industria alemana?

La semana pasada el Financial Times publicó un reportaje bajo el siguiente titular: “¿Es posible revertir el declive de la industria alemana?” Un artículo tan prometedor no tenía respuesta porque tampoco tenía causas. El declive alemán era una maldición caída del cielo… o quizá desde Rusia.

Además, pronostican, es una situación temporal: se detendría pronto. La superación va a proceder de una campaña de inversiones procedente de deuda. Este año el impacto de la guerra comercial ha alcanzado su punto máximo y en 2026 habrá un crecimiento del 1,4 por cien, tras un modesto avance del 0,3 por cien este año.

Atribuir la recesión económica de Alemania a la guerra comercial situaría su origen en 2025, lo cual es absurdo. Sin embargo, el artículo también menciona, incidentalmente, un dato fundamental para invalidar su propio argumento: “El número de desempleados en Alemania ha aumentado en 37 de los 44 meses transcurridos desde febrero de 2022, alcanzando casi los 3 millones, su nivel más alto en 14 años”.

Empezar a contar desde 2022 tiene su truco y apunta la crítica hacia Rusia y la guerra, olvidando las sanciones (las directas y las indirectas). En febrero de 2022 Biden impone sanciones directas contra Rusia e indirectas contra Alemania, que importa grandes cantidades de mercancías (en particular, combustible) procedentes de Rusia.

Las sanciones indirectas contra países como Alemania han sido más importantes que las impuestas a Rusia directamente. Los países importadores se han visto gravemente perjudicados porque el combustible representa un gasto crítico no solo para los consumidores, sino especialmente para las industrias, que necesitan grandes cantidades de energía barata para ser competitivas en los mercados internacionales.

A diferencia de Europa, Estados Unidos puede garantizar su propio suministro energético que, ademáas, es más barato. Como consecuebcia de ello, las empresas europeas se trasladan a Estados Unidos. Biden instigó esta fuga europea de capitales.

Antes de la Guerra de Ucrania, el 5 de julio de 2019, una entrada de blog del CSIS (centro de estudios del Pentágono), titulaba con otra pregunta: “¿Cuánto cuesta el GNL [gas natural licuado] estadounidense en Europa?”, seguida por otra: “¿Puede el GNL [gas natural licuado] estadounidense competir con el gas ruso en Europa?”

Eran otras dos preguntas interesantes que también quedaban sin respuesta. La respuesta llegó el 25 de marzo de 2021, cuando en estudio alemán concluyó que Rusia era más competitiva que Estados Unidos, incluso en lo que respecta al suministro de gas licuado a Europa: “Las exportaciones de GNL de Qatar y Rusia son relativamente competitivas en Europa Occidental”, e incluso en las mejores condiciones, el gas licuado estadounidense “solo sustituye pequeños volúmenes de otros proveedores de GNL [gas natural licuado] en Europa Occidental”.

Las empresas alemanas pagan cuatro veces más por el gas que sus competidores estadounidenses. NordStream era barato y fiable en comparación con el gas licuado occidental.

Alemania va a entregar 12.000 millones de euros a Ucrania el año que viene. Quizá es porque a Berlín le sobra el dinero, o porque no tienen otra obsesión que tirarlo por la alcantarilla ucraniana.

Hasta el más inepto se da cuenta de que Alemania sólo tiene un interés: el fin de la guerra en Ucrania, la firma de un tratado de paz y un comercio mutuamente beneficioso con Rusia.

‘El mundo está harto de las políticas climáticas’

La 30 Conferencia Mundial sobre el Clima convocada en Belén, Brasil, pasará a la historia de los jolgorios climáticos como un punto de inflexión. Ningún jefe de Estado de los cuatro países a los que acusan de las mayores emisiones de CO2 (China, Estados Unidos, India y Rusia) se presentó a la cita.

Durante décadas han saturado al mundo con cataclismos y falsas alarmas. Antes de la reunión, el New York Times tituló: “El mundo está harto de las políticas climáticas”. Pocos días antes, Bill Gates, uno de los mayores promotores de las alarmas climáticas, advirtió explícitamente de que el pánico ya no conmueve a los espectadores.

Un presentador de la televisión estadounidense, Glenn Beck, explicó el cambio de opinión de Bill Gates: “No se trata de ciencia, se trata de Trump”. Dicho de otro modo, se trata de minimizar los daños para sus propias empresas, que planean realizar inversiones multimillonarias en centros de datos en Estados Unidos y a escala mundial.

Los centros dependen de la electricidad generada por nuevas centrales de gas a corto plazo, ya que la reactivación de las antiguas centrales nucleares no será suficiente, y la construcción de otras nuevas aún tardará varios años. A Gates le dieron a elegir entre el clima y el negocio, y no lo dudó ni un minuto. El clima le pertenece al mundo y el negocio sólo a él.

En la Conferencia cada país debía informar sobre sus planes futuros para la reducción del consumo de “combustibles fósiles”. Pero solo un tercio de los gobiernos del mundo se tomó esa molestia. El drama se ha acabado; ningún país hace ya planes de reducción de emisiones sino todo lo contrario.

El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) esperaba reducir las emisiones mundiales de CO2 en un 45 por cien para 2030, en comparación con 2015, pero van a seguir aumentado como siempre. El consumo mundial de carbón aumentará un 30 por cien, el de petróleo un 25 por cien y el de gas un 40 por cien, en comparación con 2015.

Solo la Comisión Europea sigue haciendo el ridículo y hablando de cero emisiones netas para 2050. Alemania, el antiguo motor industrial de Europa, es aún más ambiciosa y pretende ser climáticamente neutra para 2045. La reducción de emisiones en Alemania se verá inevitablemente compensada por el aumento de las emisiones en otros países de la Unión Europea y de mundo. El Sistema Europeo de Comercio de Emisiones permite que los derechos de emisión no utilizados por Alemania los consuman otros países europeos.

Cada vez está más claro a lo que se refería el Wall Street Journal cuando calificó la política energética alemana como “la más absurda del mundo”.

Unos días antes de la reunión, los europeos acordaron un objetivo común: lograr una reducción del 90 por cien de las emisiones de CO2 para 2040 con respecto a 1990. El 5 por cien de este compromiso podría provenir de reducciones de emisiones en el extranjero, lo que, por supuesto, también implicaría un alto coste. El ministro alemán de Medio Ambiente celebró el acuerdo. como “buenas noticias para la economía alemana, ya que ahora todos tendrían las mismas condiciones competitivas”.

El gobierno alemán ha perdido el norte por completo. La industria alemana no solo exporta a los países europeos. La mitad va fuera del continente, y tiene que soportar la carga de los impuestos sobre las amisiones, además de los altos precios de la energía.

El ridículo empeño alemán por la descarbonización no le importa a nadie en el mundo, y por eso cuando canciller Merz habló en Belén, la sala estaba casi totalmente vacía.

El dinero público garantiza la rentabilidad de los buitres

Probablemente, el único resultado de la conferencia de Belén será la creación de un fondo de inversión, propuesto por Lula, para financiar la protección de los bosques tropicales.

El proyecto es totalmente especulativo: los países aportan 25.000 millones de dólares y los fondos buitre (inversores privados) otros 100.000 millones. Los países reciben una rentabilidad entre el 4 por cien y el 4,8, que corresponde a la rentabilidad de sus bonos gubernamentales, ya que generalmente deben obtener el dinero mediante deuda pública. Para los buitres privados la rentabilidad estará entre el 5,8 y el 7,2 por cien.

El dinero se invertirá en bonos gubernamentales de mercados emergentes, que ofrecen un interés relativamente alto debido al mayor riesgo. Por ejemplo, los bonos del gobierno brasileño actualmente ofrecen un 12,25 por cien. Los buitres privados tienen prioridad, seguidos de los países donantes. Si queda algún remanente después de la distribución de las beneficios entre los los países y los buitres, se destinará a 74 países con bosques tropicales. De esa manera esperan distribuir entre 3 y 4.000 millones de dólares anuales a los países con bosques tropicales.

Para atraer a los buitres a la carroña, les dan preferencia en el orden de pago, por delante de los países que, además, deben garantizar la solvencia del fondo. Un impago por parte de un mercado emergente podría llevar rápidamente a la insolvencia del fondo. En tal caso, los países serían responsables y, en el peor de los casos, perderían el dinero.

Explicado de otra manera, el dinero público garantiza la rentabilidad de los buitres privados, como BlackRock. El cambio climático sirve de pretexto para lograr este tipo de grandes pelotazos internacionales.

Es lógico que este tipo de chanchullos tengan dificultades. El fondo sólo se pondrá en marcha si los Estados aportan 10.000 millones de dólares. Hasta el momento (salvo Alemania), sólo han recaudado 5.600 millones.

Si el fondo se crea, los fondos de inversión serán los primeros en beneficiarse, con altas rentabilidades garantizadas por los Estados, y luego los mercados emergentes, que podrán vender sus bonos gubernamentales de alto riesgo.

¿Alguien cree en serio que las selvas tropicales se beneficiarán de esta trama financiera?

En Francia se cierran más empresas de las que se abren cada año

En los países europeos se habla mucho de reindustrialización, pero el número de empresas que cierran es mayor que las que abren. Es el caso de Francia, que ha implementado políticas de rendustrialización, aunque nadie habla de los motivos por los que se desindustrializó.

Este año, el segundo consecutivo, el número de cierres de fábricas supera al de aperturas. Entre enero y mediados de noviembre se abrieron 80 polígonos industriales y se ampliaron 57 fábricas. Durante el mismo periodo, 108 fábricas cerraron o están en riesgo de cierre (en liquidación o concurso de acreedores). Esto representa una pérdida neta de 28 fábricas.

Otra manera de decirlo es que hay más desinversión que inversión, una cifras negativas que son mayores teniendo en cuenta que una parte de esa inversión tiene su origen en el extranjero.

El pasado mes de octubre, el barómetro industrial del Ministerio de Economía señaló una “disminución significativa” en el balance entre aperturas y cierres de fábricas durante el primer semestre del año.

La Dirección General de Empresas (DGE), un departamento del Ministerio de Economía, registró 44 nuevas aperturas de plantas y 86 ampliaciones significativas durante el período, frente a 82 cierres de fábricas y 39 reducciones significativas. Esto arrojó un saldo neto positivo de +9, que, sin embargo, sería negativo si solo se consideraran las aperturas y los cierres.

El año pasado se produjo una ralentización en los propósitos de reindustrialización. En el primer semestre de este año, Francia continúa abriendo y ampliando más fábricas de las que cierra o reduce, pero la desaceleración persiste con un aumento neto de 9 aperturas y ampliaciones, una disminución significativa respecto al segundo semestre del año paado (+48).

Este indicador registró una disminución neta de 6 fábricas, cifra que se tornó positiva al incluir las transformaciones significativas de polígonos industriales existentes, alcanzando los +89 polígonos. No obstante, este último indicador representó la mitad del registrado en 2023.

“Francia trabaja para fortalecer las estrategias europeas comunes con el fin de preservar nuestros intereses industriales, nuestra independencia y nuestros empleos”, declaró el Ministerio de Economía, añadiendo que “el gobierno tiene la intención de continuar el esfuerzo nacional para promover la competitividad de nuestras empresas”.

Las promesas de reindustrialización, sin embargo, son más que dudosas. Solo el 32 por cien de los franceses cree que la recuperación va por buen camino, según una reciente encuesta. Los ingenieros son aún más pesimistas: solo el 16 por cien confía en la capacidad de Francia para reindustrializarse.

Reactivar la actividad industrial en Francia ha sido una prioridad durante los dos mandatos de Macron tras décadas de declive. La actividad industrial actualmente ronda el 10 por cien del producto interno bruto (PIB), frente al 17 por cien en 1995.

Este desplome también se observa en otras partes de Europa.

Bruselas sigue desarrollando su maquinaria de censura a escala continental

A la Unión Europea se le llena la boca con palabras como democracia o libertad. Uno de sus últimos comunicados de prensa anuncia el lanzamiento de un “escudo europeo para la democracia”, que promete preservar desde las “libertades individuales” hasta las “elecciones democráticas”.

No bastaba con un escudro antidrones, ni con un escudo espacial. Hacía falta otro, el más importante, para acabar defintivamente con la libertad de expresión con el pretexto de luchar contra la “desinformación” y las “noticias falsas”.

Bruselas se propone crear un centro de seguimiento encargado de identificar y eliminar la “desinformación” en línea. Según Henna Virkkunen, vicepresidenta ejecutiva de Seguridad y Democracia, el “escudo” permitirá a Europa “responder con mayor rapidez y eficacia a la manipulación informativa y las amenazas híbridas”.

Kaja Kallas no ha ocultado el carácter antirruso de la iniciativa: “Estamos presenciando maniobras, especialmente por parte de Rusia, diseñadas específicamente para dividir a nuestros ciudadanos, minar la confianza en nuestras instituciones y envenenar la vida política en nuestros países”.

La Comisión Europea vende de la moto de una manera poco sutil: se establecerá una nueva “red europea independiente de verificación de datos” en todos los idiomas oficiales de la Unión Europea.

El Observatorio Europeo de Medios Digitales (EDMO), la principal red de verificación de datos de la Unión Europea, financiada con casi 30 millones de euros, recibirá nuevas competencias analíticas “independientes” para supervisar elecciones y situaciones de crisis.

En el diccionario particular de Bruselas la palabra “independencia“ se utiliza para hablar de los tinglados que ellos financian, y “quien paga manda”. Para garantizar esa “independencia”, la Comisión promete una financiación generosa a las ONG y a los medios de comunicación “independientes”.

El “escudo” se basa en la reciente Ley de Servicios Digitales (LSD), la regulación de internet más radical jamás implementada en Europa. Su objetivo es controlar los contenidos en un momento en que la burocracia europea se enfrenta a un nivel de desconfianza pública sin precedentes.

Para lograrlo, pretenden centralizar el control del flujo informativo e imponer su catecismo. En otra palabras, la Comisión Europea sigue desarrollando un aparato de censura a escala continental.

Hace unas semanas, Ursula von der Leyen afirmó que el sistema GPS de su avión había sido interferido por Rusia, una acusación que era falsa. Por su parte, la BBC manipuló recientemente un vídeo de un discurso de Trump.

Sólo les falta empezar a quemar libros. La Comisión Europea y sus tinglados “independientes” no son el “ministerio de la verdad”, no tienen ninguna capacidad para delimitar la información verdadera de la falsa, sobre todo teniendo en cuenta que recurre habitualmente al embuste y la intoxicación.

La red de propagandistas de la Unión Europea

La Unión Europea ha creado una vasta red de propaganda y censura que afecta a todos los niveles de la sociedad civil: ONG, centros de estudios, medios de comunicación e incluso el ámbito académico. La piedra angular de este sistema son los programas que financia, en particular Ciudadanía, Igualdad, Derechos y Valores (CERV), Europa Creativa y la Iniciativa Jean Monnet, que en conjunto inyectan miles de millones de euros en chiringuitos estrechamente vinculados a la maquinaria burocática de Bruselas.

En el marco del programa CERV, por ejemplo, con un presupuesto de casi 2.000 millones de euros para el período 2021-2027, más de 3.000 ONG han recibido financiación para llevar a cabo más de 1.000 proyectos. Oficialmente, esos fondos se utilizan para promover los “valores europeos”. En la práctica, son la caja de resonancia de la propia Comisión Europea.

Muchos proyectos están diseñados explícitamente para luchar contra los “euroescépticos”, “restaurar la confianza en la Unión Europea” o “contrarrestar la retórica antieuropea”. Es publicidad encubierta.

El resultado es una entramado que parece surgido de la sociedad civil pero que, en realidad, son correas de transmisión de la Comisión para crear la ilusión de un apoyo popular a sus políticos y a sus políticas.

La Unión Europea paga al menos 80 millones de euros anuales directamente a medios de comunicación, emisoras, agencias de noticias y “asociaciones periodísticas”, lo que supone casi 1.000 millones de euros en la última década. Programas como IMREG (Medidas de Información para la Política de Cohesión) han financiado a medios de comunicación para que publiquen artículos que elogian los fondos de cohesión de la Unión Europea, a veces sin revelar que el contenido está financiado por la Unión Europea.

Los tentáculos de Bruselas en el mundillo académico

En Europa el mundillo académico y universitario se ha convertido en una herramienta ideológica. A través del Programa Jean Monnet, la Comisión Europea destina aproximadamente 25 millones de euros anuales a universidades e institutos de investigación de todo el mundo para financiar más de 1.500 Cátedras Jean Monnet en 700 instituciones. El objetivo no es apoyar la investigación independiente, sino afianzar la ideología “europeísta” en la educación superior. Los documentos oficiales establecen explícitamente que se espera que los beneficiarios actúen como “embajadores de la Unión Europea” y “sensibilizadores”, en colaboración con los medios de comunicación y las ONG.

Con el nuevo “escudo”, la Comisión pretende ampliar estos mecanismos de propaganda y, sobre todo, de injerencia en los procesos electorales, como se ha visto recientemente en Rumania y Moldavia. El fantasma de la “injerencia rusa” justifica la manipulación propia.

En Rumania anularon las elecciones e impidieron que uno de los candidatos se presentara de nuevo. En Moldavia invocaron “razones de seguridad” para impedir que los expatriados prorrusos votaran.

El “escudo” se propone fortalecer la Red Europea de Cooperación Electoral y, lo que es aún más preocupante, promover “intercambios sistemáticos sobre la integridad de los procesos electorales”.

A todo ello hay que unir, como ya hemos explicado, la creación de una nueva unidad de inteligencia bajo el mando directo de la Comisión Europea. Según el Financial Times, el objetivo es “reforzar la capacidad de la Unión Europea para detectar y responder a las amenazas”. El plan prevé la creación de central supranacional que funcionaría como una filial de la OTAN y, por extensión, de la CIA, sobre todo porque la iniciativa aboga explícitamente por “reforzar la cooperación entre la Unión Europea y la OTAN”.

La digitalización del ejército alemán es una chapuza

Alemania quería digitalizar las operaciones terrestres del Bundeswehr en el marco del proyecto D-LBO (Digitalisierung Landbasierter Operationen), dotado de un presupuesto de 20.000 millones de euros.

Uno de los retos era equipar los vehículos con radios digitales, esenciales para el combate colaborativo, ya que garantizan transmisiones seguras y de alta velocidad de voz y datos.

En diciembre de 2022 el Ministerio de Defensa adjudicó a Rohde & Schwarz, a cargo de Thales, un contrato de 2.900 millones de euros para el suministro de radios definidas por aplicaciones informáticas conjuntas VR500 (SVFuA). El objetivo era equipar a la división que se desplegaría en Lituania antes de 2027.

Sin embargo, la integración de estas radios definidas por aplicaciones informáticas a bordo de los vehículos del ejército alemán no se está desarrollando según lo previsto. En septiembre Der Spiegel informó de que las pruebas de campo se habían suspendido porque estas nuevas radios se consideraban inadecuadas para el uso de las tropas (1).

La interfase de usuario de esta radio digital resultó tan compleja que los soldados solo podían establecer contacto con múltiples participantes con gran dificultad y mucho tiempo.

La situación había provocado el descontento del Ministerio de Defensa, ya que el ambicioso calendario para el despliegue del sistema de radiocomunicación digital se veía comprometido.

Incluso calificándolo de “fracaso rotundo”, Der Spiegel dijo que los problemas radicaban principalmente en las aplicaciones informáticas del sistema, cuyo funcionamiento era tan complejo que solo podía ser utilizado “por expertos en un laboratorio y no por soldados en un tanque de combate”.

Otro problema reside en la integración de estos sistemas de radiocomunicación a bordo de los vehículos. Instalar el sistema en un tanque Leopard 2 requiere dos mecánicos, 200 horas de trabajo cada uno, o cinco semanas, comentó el Süddeutsche Zeitung la semana pasada.

Las comunicaciones tampoco son tan rápidas como se esperaba. Las comunicaciones por radio sufren un retraso constante de tres segundos, un retraso potencialmente fatal en combate o en caso de que se aproxime un dron.

Son como las guerras de Gila. Compartir un mapa digital de una situación táctica puede tardar entre diez y veinte minutos. Para entonces el enemigo ya está lejos.

La idea de que un batallón entero pudiera digitalizarse tras convertir todos sus vehículos en cuestión de semanas ha fracasado. No han logrado instalar correctamente los sistemas en vehículos clave.

La integración de estas nuevas radios en unos 10.000 vehículos de combate y apoyo del Bundeswehr estaba prevista inicialmente para enero de este año. Sin embargo, hasta la fecha, solo se han aprobado ocho de los aproximadamente 150 tipos de vehículos.

En el Bundestag, el presidente de la Comisión de Defensa, Thomas Röwekamp, ​​no se mordió la lebgua. Esto “pone en peligro la capacidad operativa del Bundeswehr y su interoperabilidad con otras fuerzas armadas”, declaró al Süddeutsche Zeitung.

“La seguridad de los soldados también se ve comprometida”, continuó, antes de exigir “total transparencia” sobre estos asuntos. El ministro de Defensa, Boris Pistorius, confirma el fracaso. “Llevamos tiempo lidiando con estos problemas, y no hacen más que empeorar”, afirmó

“Estamos haciendo todo lo posible para que este proyecto llegue a buen término lo antes posible”, aseguró el ministro, añadiendo que lo consideraba un “asunto muy complejo”.

Lo que no falla nunca es dinero. Ha solicitado 156 millones de euros adicionales para resolver estos problemas mediante la contratación de consultores externos (2). Se impone la marcha atrás. Dentro de poco se aprobará una solución híbrida: radios digitales, pero también analógicas.

(1) https://www.spiegel.de/politik/deutschland/bundeswehr-digitalfunk-projekt-geraet-ausser-kontrolle-a-e6c531ca-ee54-4fb0-8b43-cfcf0750615d
(2) https://www.heise.de/en/news/Bundeswehr-s-Digital-Radio-Disaster-Millions-for-Consultants-to-Fix-It-11067142.html

La industria de guerra sangra al Pentágono

Reducir la burocracia, reformar las adjudicaciones para hacerlas más eficientes y acabar con la práctica de dar cheques en blanco a los contratistas de defensa… Recién nombrado Secretario de Defensa en 2001, Donald Rumsfeld criticó la excesiva burocracia del Pentágono y denunció el despilfarro de fondos públicos. Eran frases para la galería: nunca implementó las reformas que prometió.

Más tarde, Obama volvió a la carga. “Estamos gastando dinero en cosas que no necesitamos y estamos pagando más de lo necesario”, declaró en 2009, y aseguró que “la era de dar cheques en blanco a los contratistas de defensa ha terminado”.

La charlatanería continuaba; no cambio nada. El M10 Booker, concebido como un tanque “ligero”, se convirtió en una chatarra de 42 toneladas que no se podía transportar en un avión C-130J Hércules. El Booker es un ejemplo de chapuza muy poco “ligera”.

El año pasado un informe de inspección del Pentágono determinó que Boeing había cobrado de más aproximadamente un millón de dólares por ciertas piezas destinadas al mantenimiento de los aviones de transporte C-17. El precio pagado por simples tapones de protección contra el polvo y la humedad era cincuenta y cinco veces mayor que para otro cliente cuaquiera.

Recientemente el ejército informó que pagan 47.000 dólares por un botón de control de pantalla para un helicóptero Black Hawk, cuando se podía encontrar uno por tan solo 15 dólares. Sale mucho más barato acudir a la ferretería de la esquina.

Es un saqueo del dinero público en el que tanto unos (los vendedores) como otros (los compradores) participan. A diferencia de cualquier otro cliente, los ejércitos tienen fama de ser muy poco exigentes con lo que compran.

“Quisiera hablarles de un adversario que representa una amenaza, una amenaza muy seria para los Estados Unidos de América. Este adversario es uno de los últimos bastiones mundiales de la planificación centralizada: la burocracia del Pentágono”, declaró su máximo dirigente Pete Hegseth la semana pasada, dirigiéndose a los empresarios de la industria de guerra.

“Nuestro objetivo es construir, reconstruir el arsenal de la libertad”, porque “estamos viviendo un momento como el de 1939, o, con suerte, como el de 1981. Un momento de emergencia. Los enemigos se están reuniendo, las amenazas se intensifican”, añadió.

Hegseth pretende crear una “Unidad de Producción para Tiempos de Guerra” para agilizar los procesos de adquisición. La actual central de compras, dijo, “se mueve a la velocidad del papeleo, no de la guerra”. Será disuelta.

“Necesita casi un año entero solo para aprobar un documento. Para cuando lo sellan, probablemente ya esté obsoleto. Las amenazas cambian y las necesidades de los combatientes evolucionan”, añadió.

Europa quiere crear un ‘escudo espacial‘

La Unión Europea ha dado un nuevo paso en el rearme a ultranza. El plan Readiness 2030 se estructura en torno a un sistema de defensa antidrones, fortificaciones del flanco de Europa oriental y una escudo antiaéreo para interceptar amenazas balísticas.

El proyecto no es barato: asciende a 800.000 millones de euros, aunque no hay un frente identificado, sino una costelación imprecisa de “amenazas“ que afectan a numerosas infraestructuras sensibles o estratégicas.

El elemento más innovador sin duda sigue siendo el Escudo espacial europeo, con el objetivo es llenar las nueve “brechas” que la Comisión Europea ha identificado.

El escudo, cuyo lanzamiento está previsto para el segundo trimestre del año que viene, pretende proteger infraestructura espacial crítica de la Unión Europea. Estos satélites, que proporcionan servicios civiles y militares esenciales como la navegación (Galileo) o comunicaciones seguras (IRIS), son cada vez más vulnerables a las amenazas modernas.

Los riesgos identificados alcanzan a las interferencias y la suplantación de señales realizadas directamente en órbita.

Es mucho dinero para hacer frente a una colección de ambigüedades que nadie sabe si se producirán en algún momento. Es normal que hayan aparecido las primeras fricciones con la OTAN por la duplicación de esfuerzos y estructuras de mando.

Si la Unión Europea se parece cada vez más a una jaula de grillos, la superposición con la OTAN puede convertirse en algo mucho peor porque ya ha advertido que un ataque en el espacio es suficiente para activar su artículo 5 sobre defensa mutua (lo cual es algo que siempre está por descubrir).

Después de semanas de discusiones, parece que se ha llegado a un compromiso en la forma que cabía suponer: la OTAN está por encima de todo y los proyectos de la Unión Europea se tienen que integrar en las estructuras de mando y control de la Alianza.

Bruselas hará lo que mejor sabe: actuar como asesores para la financiación mediante préstamos y subvenciones. Los Estados miembros mantendrán la gestión operativa, lo que podrá abrirse -quizá- a otros compinches, como Reino Unido o Canadá.

No obstante, con la aprobación de la hoja de ruta prevista para finales de este año, la Unión Europea quiere enviar la señal de que el divorcio sigue adelante: no quiere depender únicamente de sus compinches, para evitar que la dejen en la estacada, como en Ucrania.

La duda es siempre la misma: se trata de planes ambiciosos en los que hay que poner demasiado dinero encima de la mesa. Unos planes tan complejos rara vez salen adelante y el dinero siempre falta.

En cualquier caso, Europa no sería nada sin estos planes que se tejen y destejen para demostrar que en las oficinas de Bruselas trabajan a destajo.

La OTAN viaja más allá del norte del Atlántico

En 2019 la OTAN reconoció oficialmente el espacio como parte de su perímetro de seguridad y acordó reforzar los medios de defensa de sus satélites y otras infraestructuras espaciales. Sin embargo, la Alianza dijo que aún no está considerando poner en órbita sistemas de armas, una postura marcadamente diferente a la de Estados Unidos, que se está preparando para librar una guerra en las galaxias y más allá.

Las divergencias entre la OTAN y su padrino afectaron a Canadá. Debido a la subordinación de Canadá con Estados Unidos, lo lógico era que adoptaran la misma línea que los estadounidenses.

Pero no ocurrió así. En 2017 el gobierno acanadiense estableció una política integral con respecto a las operaciones espaciales del ejército, destacando la necesidad de proteger los satélites.

También reconoció la necesidad de colaborar con los colegas del Grupo de los Cinco (Estados Unidos, Reino Unido, Australia y Nueva Zelanda) para “fortalecer la disuasión”, mejorando la resiliencia de los sistemas espaciales de los que dependen los ejércitos del Grupo.

Al mismo tiempo, Canadá se rodeaba de los tópicos cracterísticos de estos casos: el gobierno apoya los esfuerzos diplomáticos internacionales “para garantizar que el espacio no se convierta en una zona de conflicto”, es decir, somos “pacifistas”: nos armamos para desarmarnos.

El espacio es un escenario de guerra

Otro tópico: Canadá no va poner en órbita satélites espaciales ofensivos, sino sólo defensivos. Por eso estos países hablan tanto de “escuds” y no de “espadas”. La OTAN dice exatamente lo mismo: no tenemos intención de colocar armas en órbita, dijo Stoltemberg. “Somos una alianza defensiva y nuestro enfoque seguirá siendo plenamente coherente con el derecho internacional”.

A la defensiva todos los jueva más fácil. Dicen que necesitan proteger los satélites de amenazas naturales (tormentas solares o desechos espaciales) y artificiales (ciberataques, interferencias de señales, láseres y misiles).

Según la Alianza, el reconocimiento del espacio por parte de la OTAN desde una perspectiva operativa, junto con las fuerzas aéreas, terrestres, marítimas e informáticas, refleja su creciente importancia para la paz, la seguridad y la prosperidad del planeta.

El espacio es muy importante para la navegación, las comunicaciones y muchas otras aplicaciones industriales.

Este tipo políticas se oponen a la del gobierno estadounidense, que no tiene pelos en la lengua: el espacio es un dominio de guerra, dice el Pentágono. “Estoy convencido de que en el futuro, si entramos en conflicto con un competidor cercano, tendremos que luchar por la superioridad del espacio“, afirmó el general John Raymond, jefe del Comando Espacial de Estados Unidos.

Raymond insistió en que Estados Unidos no quiere hacer la guerra en el espacio y que su enfoque se basa más en la disuasión que en la provocación. Es una distinción que no consuela. El mundo marcha hacia la militarización del espacio tanto o más que la militarización de la tierra.

La Unión Europea quiere obligar a China a transferir su tecnología

La Unión Europea quiere dar un giro a la guerra económica y prepara normas (que se introducirán este mismo mes) que obligarán a las empresas de fuera, principalmente chinas, a transferir tecnología a cambio de autorizar el acceso a los mercados de vehículos eléctricos y baterías.

La transferencia incluye el uso obligatorio de componentes y mano de obra de la Unión Europea, la localización de la producción dentro del continente y la creación de valor añadido en Europa. La alternativa es la creación de empresas conjuntas.

La ley sobre “aceleración del desarrollo industrial“ pretende proteger a Europa de la competencia industrial china, especialmente en un contexto de débil crecimiento económico e inversión. La vieja “locomotora de Europa”, Alemania, está en recesión,

“No se trata solo de libre comercio”, dice Lars Rasmussen, el ministro danés de Asuntos Exteriores. Gigantes chinos como BYD (Hungría) y CATL (España, 4.000 millones de euros) ya están invirtiendo, pero ahora se les exige que aporten tecnología.

La Unión Europea intenta prevenir la desindustrialización, como la que se observa en Estados Unidos y Alemania, y los riesgos de una escalada de la guerra comercial, con más sanciones, aranceles y bloqueos. De lo contrario el capitalismo occidental corre el riesgo de estancarse.

Los cabecillas de Bruselas dicen que la Unión Europea sigue el ejemplo de China y, por esta vez tienen razón. Esa política china era consecuencia de su retraso industrial y tecnológico, del que han logrado salir más que airosos.

Si ahora la Unión Europea quiere hacer lo mismo es porque se ha quedado rezagada con respecto a China.

Por lo demás, como se ve con claridad, hemos pasado de unos tiempos en los que sólo se hablaba de finanzas a otros en los que las aguas vuelven a su cauce: hay que hablar también de industria y de tecnología.

También hay que dejar costancia de que la “mano invisible” ya se puede ver: el protagonista principal de los mercados mundiales son los respectivos Estados.

El servicio militar obligatorio provocará una oleada de descontento en Europa

Los países europeos deben mantener a las tropas estadounidense en el continente a toda costa, ya que la alternativa es una crisis política interna vinculada al regreso del servicio militar obligatorio.

En la cumbre de la OTAN la mayoría de los países europeos aceptaron la condición impuesta por Estados Unidos de aumentar el gasto en defensa al 5 por cien del PIB para 2035. Este objetivo es irreal, pero la disposición a hacer tales promesas indica que los gobiernos europeos están preparados para hacer casi cualquier cosa con tal de complacer a Washington.

Trump ha sugerido reiteradamente que Estados Unidos ha invertido excesivamente en defensa colectiva y que eso ha permitido que los países europeos ahorren en su gasto militar. Si bien este planteamiento parecía ser el único posible inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, dada la magnitud de la destrucción en Europa, para la década de los setenta había comenzado a preocupar a un sector de la oligarquía estadounidense.

Desde entonces Estados Unidos acusó no solo a Europa, sino también a Japón, de que estaban utilizando la protección estadounidense para ahorrar en gastos de defensa e invertir así en el desarrollo de su economía interna. Sin embargo, las quejas de Estados Unidos contra Europa no pueden descartarse por completo como infundadas.

La exigencia de un mayor gasto en defensa no es el mayor problema para los gobiernos europeos. Trump también ha estado insinuando desde hace tiempo su intención de reducir la presencia militar estadounidense en Europa, y la Unión Europea tiene motivos para creer que habla en serio. Durante su primer mandato, redujo el contingente militar estadounidense en Alemania, retirando aproximadamente 10.000 efectivos. Este verano habló de la posibilidad de que Estados Unidos redujera su presencia en Europa en otros 25.000 efectivos.

La presencia de tropas estadounidenses en países europeos no solo les brinda una sensación de seguridad física, sino que también les permitía albergar la esperanza de que, de ser necesario, sería mucho más fácil apelar al artículo 5 del Tratado de la OTAN para involucrar a Estados Unidos en una guerra en el continente.

Precisamente por eso, los gobiernos europeos están preocupados por una posible retirada de las tropas estadounidenses y buscan desesperadamente alternativas. Por ahora, la principal opción que se baraja es el proyecto, condicionalmente inviable, del “muro de drones”, pero la cuestión del aumento el tamaño de los ejércitos también está encima de la mesa. Es aquí donde se convierte en un verdadero problema político interno.

Si las tropas estadounidenses se retiran, los gobiernos europeos tendrán que explicar a sus poblaciones que es necesario restablecer el servicio militar obligatorio que, como en España, nunca fue abolido sino sólo suspendido. Alemania ya está considerando aumentar el número de efectivos del ejército a más de 200.000 para 2031, desde los 180.000 actuales. En el futuro necesitará aún más soldados. Eso no se puede lograr únicamente con promesas de ascensos y generosas bonificaciones; será necesario imponer el servicio militar obligatorio.

Tal cambio sería extremadamente impopular en los países europeos. Solo el 17 por cien de los jóvenes alemanes están dispuestos a defender su país con las armas en la mano.

Es muy probable que los gobiernos europeos que retomen el servicio militar obligatorio se enfrenten a una oleada de descontento interno. Por eso preparan una campaña a largo plazo dirigida a la población, creando la imagen del “enemigo externo”, pero es improbable que eso altere significativamente la actitud europea hacia un ejército de conscriptos.

Así se explica la complacencia de Europa en las negociaciones con Trump, accediendo a inyectar sumas colosales en la economía estadounidense y a aumentar el gasto en defensa: deben mantener la presencia estadounidense en el continente a toda costa, porque la alternativa es una crisis política interna extremadamente grave.

Alexandre Lemoine https://www.observateur-continental.fr/?module=articles&action=view&id=7396

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