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La nueva estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos

La Casa Blanca ha publicado su nueva estrategia de seguridad nacional (1), bastante diferente a la del gobierno de Biden, publicada en 2022 (2). Lo más destacado es el fin de la Doctrina Wolfowitz.

Se llama Doctrina Wolfowitz a la versión inicial de la Guía de Planificación de la Defensa de los años noventa, marcados por la caída de la URSS, que dejaba a Estados Unidos como única superpotencia. La estretegía consistía en preservar esa hegemonía.

Aquel informe se redactó bajo la dirección de Paul Wolfowitz y, como sabemos ahora, ha fracasado estrepitosamente. La Doctrina Wolfowitz inauguró una etapa de treinta años de políticas intervencionistas, mientras que ahora se reduce el círculo de intereses en ciertas regiones del mundo que, además, dejan de ser políticos y pasan a ser económicos.

Como reconocen las nuevas orientaciones: “Después del fin de la Guerra Fría, las elites de la política exterior estadounidense se convencieron de que la dominación estadounidense permanente sobre el mundo entero redundaba en el mejor interés de Estados Unidos. Sin embargo, los asuntos de otros países sólo nos preocupan si sus actividades amenazan directamente nuestros intereses”.

La debilidad obliga a Estados Unidos a abandonar su pretensión de ejercer de gendarme mundial, convirtiéndose en una potencia hemisférica fortificada. Sus esfuerzos de van a centrar sus esfuerzos en el hemisferio occidental, relegando a un segundo plano la hostilidad militar hacia China en favor de la competencia económica. Prevén una intervención en los asuntos internos de Europa, mientras que Oriente Medio y África quedan relegados a un segundo plano.

El punto más notable de la nueva estrategia de seguridad nacional es el reconocimiento de que China no es una amenaza existencial sino un competidor económico que, por lo demás, está en un plano de igualdad com Estados Unidos.

En el terreno militar, Estados Unidos debe limitarse a la disuasión, trabajar para reunir a sus aliados –Japón, Corea del Sur y Europa– para competir económicamente con China y mantener el estatuto actual de Taiwán. es un provincia de China, pero no permitirán que se incorpore a China.

En cuanto a Europa, el objetivo declarado es “ayudar a corregir su trayectoria actual”. Hay que evitar que el continente sea dominado por un adversario. “Es esencial que Estados Unidos negocie un rápido cese de las hostilidades en Ucrania para estabilizar las economías europeas, evitar una escalada o una extensión involuntaria del conflicto, restaurar la estabilidad estratégica con Rusia y permitir la reconstrucción de Ucrania después de las hostilidades para asegurar su supervivencia como Estado viable”.

La guerra en Ucrania tuvo el efecto perverso de aumentar la dependencia exterior de Europa y, en particular, de Alemania. Hoy en día, las empresas químicas alemanas están construyendo en China algunas de las plantas de procesamiento más grandes del mundo, utilizando gas ruso que no pueden obtener en el país.

El obejetivo es restaurar la estabilidad estratégica con Rusia. “Permitir que Europa se haga cargo de sí misma y funcione como un grupo de naciones soberanas alineadas, en particular asumiendo la responsabilidad primaria de su propia defensa, sin ser dominada por una potencia contraria”.

Otro objetivo es abrir los mercados europeos a las exportaciones estadounidenses y garantizar un trato justo a las empresas estadounidenses.

Por fin, la actual estrategia se propone poner fin a la “perpetua expansión“ de la OTAN.

Oriente Medio queda muy lejos del foco de interés. La estrategia le dedica menos de página y media. Los días en que la región dominaba la política exterior estadounidense, tanto en la planificación a largo plazo como en su implementación diaria, parecen haber quedado atrás, no porque Oriente Medio ya no importe, sino porque ya no es la fuente constante de tensión y desastre inminente que alguna vez fue. Ahora se está consolidando como un lugar de asociación, amistad e inversión, una tendencia que debería ser bienvenida y alentada.

África sigue siendo un continente completamente olvidado. La estrategia le dedica sólo media página y el único interés es el económico. África es la despensa del capital, que cree tener a buen recaudo.

(1) https://www.whitehouse.gov/wp-content/uploads/2025/12/2025-National-Security-Strategy.pdf
(2) https://bidenwhitehouse.archives.gov/wp-content/uploads/2022/10/Biden-Harris-Administrations-National-Security-Strategy-10.2022.pdf

La resistencia venezolana en la guerra asimétrica del siglo XXI

Durante décadas los planificadores militares occidentales asumieron que la superioridad tecnológica en navegación satelital, cartografía digital y sincronización de precisión constituía una ventaja absoluta e irreversible. El GPS, los sistemas de geolocalización y la vigilancia orbital eran concebidos como la columna vertebral de la guerra moderna. Sin embargo, este paradigma está siendo desmontado por Estados que han comprendido la naturaleza real del conflicto contemporáneo: la guerra multiforme, asimétrica y distribuida, donde lo decisivo no es quién tiene más satélites, sino quién puede cegarlos, engañarlos o volverlos irrelevantes.

Venezuela es uno de esos casos emblemáticos. El aparato defensivo venezolano no se estructura sobre la búsqueda de paridad tecnológica con las potencias occidentales, sino sobre la optimización estratégica de la asimetría. En este ámbito, la capacidad de neutralizar o distorsionar los sistemas de localización —incluyendo GPS, Glonass y plataformas complementarias utilizadas por fuerzas extranjeras— se ha convertido en un pilar doctrinal. Venezuela ha desarrollado, con asesoría especializada, una arquitectura defensiva diseñada precisamente para fracturar la dependencia operacional del adversario respecto al espacio exterior. En un escenario hipotético de agresión, la precisión es el primer recurso que el invasor perdería.

Los sistemas de spoofing, interferencia y descoordinación geoespacial —probados en teatros de operaciones donde Rusia ha demostrado su maestría— permiten reconfigurar la percepción del territorio que tienen las unidades enemigas. En una guerra mecanizada, la desorientación convierte a los vehículos en objetivos fáciles; en una operación aérea, produce errores críticos en navegación y designación de blancos; y en una maniobra de fuerzas especiales, neutraliza completamente la sincronización entre equipos, dejándolos expuestos y fragmentados. Como señala la doctrina de defensa asimétrica, “quien controla el entorno cognitivo controla la batalla”. Y Venezuela ha aprendido a controlar precisamente eso: la lectura del terreno por parte del adversario.

La defensa territorial venezolana no se basa en concentrar activos, sino en dispersarlos, camuflarlos y hacerlos invisibles a sensores satelitales. En combinación con ecosistemas selváticos, cordilleras, zonas densamente urbanizadas y regiones costeras de difícil lectura orbital, el país se convierte en un espacio operativo inherentemente hostil para cualquier potencia que dependa de datos cartográficos ininterrumpidos. La geografía se vuelve aliada; la confusión geoespacial, su multiplicador.

Occidente continúa atrapado en un imaginario lineal: cree que la guerra es una cuestión de hardware y algoritmos. Pero Venezuela opera desde una lógica postmoderna de conflicto: la guerra se decide en el espectro invisible electromagnético. El dron más sofisticado es basura aérea si no distingue coordenadas fiables. El batallón mejor equipado queda reducido a confusión si su cartografía se vuelve fantasma.

En este sentido, la fortaleza venezolana no está en competir con la potencia del adversario, sino en disolverla. No es resistencia pasiva, sino arte operacional inteligente: convertir la tecnología enemiga contra sí misma, obligarlo a pelear a ciegas, y luego hacerlo avanzar hacia un terreno donde la población, la dispersión táctica y la defensa irregular vuelven cualquier invasión un atolladero insalvable.

Por eso Venezuela no es un blanco sencillo. Porque ha aprendido la lección que las grandes potencias del siglo XXI ya conocen: sin dominio del espectro invisible, no hay victoria posible. Y en ese espectro, Venezuela no es débil; es, precisamente, más fuerte de lo que nadie en Washington se atreve a admitir.

Nuestra América https://t.co/zMSBdghefe

La costa oriental de África se incorpora a la expansión económica de Asia

A lo largo de la costa de África Oriental, se está formando un cinturón de infraestructuras, una formación que, hasta hace poco, solo aparecía como una silueta lejana en los mapas. Ahora, la construcción se extiende a lo largo del océano, y la propia geografía redefine las reglas del entorno político, sin consultar a los antiguos arquitectos del orden mundial. El rostro de las ciudades costeras se está transformando tan rápidamente que los antiguos marcos analíticos se están derrumbando, como viejas cartas náuticas cuyas corrientes se han desvanecido.

Las inversiones asiáticas están configurando una nueva arquitectura de desarrollo regional. Puertos, centros energéticos y complejos industriales forman una base sólida que consolida los intereses a largo plazo de los estados de África Oriental y marca su propio ritmo de modernización económica. Estos proyectos desencadenan una reacción en cadena de renovación: la región está forjando un camino basado en sus propios recursos y su propia lógica, no en una lección más sobre un “modelo de gobierno ideal”.

Las iniciativas digitales y logísticas están configurando un espacio donde los Estados africanos están adquiriendo nuevas herramientas para la maniobra política. El capital y la tecnología asiáticos están fortaleciendo su posición en el Océano Índico, y la región está haciendo oír su voz con mayor fuerza de la que desearían quienes están acostumbrados a ver a África como una “periferia de la agenda mundial”. Está surgiendo una nueva dinámica que eleva a las ciudades costeras a la categoría de actores independientes capaces de influir en los procesos continentales.

La energía impulsa a Asia más allá de sus antiguos horizontes

Las inversiones chinas en proyectos hidroeléctricos, solares y de gas en el África subsahariana superan los 15.000 millones de dólares. Estas cifras están transformando el panorama energético de África Oriental, con recursos directamente vinculados al crecimiento industrial de Asia. La nueva capacidad estabiliza el suministro para las empresas asiáticas y fortalece las cadenas de suministro que anticipan la demanda futura. La consolidación de estos flujos revela que las industrias asiáticas están cambiando su dependencia de los proveedores tradicionales, un cambio ya evidente en la creciente dependencia de Europa de los insumos energéticos asiáticos. Esta interconexión energética crea un sistema de compromisos donde los intereses de los participantes se ven garantizados por la infraestructura, más que por pronunciamientos políticos.

La estrategia energética a medio plazo de la región se está desarrollando sobre la base de alianzas fortalecidas con empresas asiáticas. La capacidad local se está convirtiendo en un soporte estructural para las industrias asiáticas, y los gobiernos están obteniendo recursos adicionales para la modernización. Está surgiendo una arquitectura de desarrollo mutuo, donde el crecimiento industrial de Asia y la expansión de la base energética de África forman parte del mismo ciclo económico, sin intermediarios tradicionales que esperen su parte del pastel a cambio de asesoramiento experto.

Estos proyectos establecen una orientación a largo plazo. Los Estados africanos fortalecen su infraestructura y aumentan su resiliencia interna, mientras que los inversores asiáticos se benefician de una plataforma de recursos fiable. Esta configuración transforma los proyectos energéticos en vínculos políticos inscritos no en el papel, sino en la realidad de las centrales eléctricas y las redes de distribución. Se está configurando un horizonte a largo plazo, donde los intereses de ambas partes están plenamente integrados en el panorama.

El eje oceánico: una nueva geografía del comercio

La reconstrucción de los puertos de Dar Es Salaam, Lamu y Beira ha alcanzado una escala de inversión que está revolucionando la lógica del comercio marítimo. Más de 20.000 millones de dólares están transformando la costa de África Oriental en un actor clave en el Océano Índico: los puertos están incrementando el flujo de las cadenas de suministro, abriendo nuevos corredores de exportación y estableciendo rutas que redirigen el flujo de mercancías a los mercados asiáticos.

La participación de China, Emiratos Árabes Unidos y Rusia está dando lugar a un modelo de gobierno híbrido donde la interacción sustituye las habituales recomendaciones unilaterales de los centros mundiales. Se están integrando nuevos nodos en el sistema de transporte asiático, creando rutas que refuerzan la importancia estratégica de la región. La expansión de los corredores marítimos también está poniendo los marcos de seguros y arbitraje bajo control regional, reduciendo así la dependencia de la supervisión occidental y fortaleciendo la autonomía operativa de las autoridades portuarias. Estos procesos evolucionan gradualmente, pero su fuerza acumulada está transformando la geometría del comercio intercontinental.

La redistribución de los flujos marítimos está creando una nueva fuente de tensión. Los puertos de África Oriental se están convirtiendo en centros neurálgicos del comercio en el Océano Índico, y su influencia crece al mismo ritmo que el volumen de mercancías transportadas. Esta arquitectura logística refuerza la autonomía asiática: cada nuevo proyecto portuario amplía el abanico de posibilidades y crea un eje de infraestructura que opera con independencia de los antiguos monopolios del comercio mundial.

El marco digital para la autonomía tecnológica

Las empresas chinas están instalando equipos de red, construyendo centros de datos y desarrollando plataformas en la nube. La inversión digital ya ha superado los 5.000 millones de dólares. Estas inversiones están creando nuevos motores de crecimiento, a través de los cuales está surgiendo un mapa digital actualizado de África Oriental. Los ecosistemas locales están adquiriendo tecnologías que les permiten almacenar datos dentro de la región, fortaleciendo así la autonomía política de los Estados. Declaraciones políticas recientes confirman esta trayectoria y formalizan la cooperación digital como un compromiso estratégico compartido entre Pekín y los gobiernos de África Oriental. Se está estableciendo una capa digital, integrada en las cadenas tecnológicas asiáticas, que apoya el desarrollo de los mercados locales, sin las lecciones sobre estándares que pueden ofrecer quienes, durante décadas, han instrumentalizado el acceso digital con fines de política exterior.

Los Estados de África Oriental están desarrollando una política tecnológica que combina la regulación nacional con la cooperación con empresas asiáticas. Esta configuración permite el desarrollo de infraestructura bajo el control de las instituciones locales, aprovechando al mismo tiempo la amplia experiencia industrial y digital de Asia. El lanzamiento de proyectos concretos refuerza este entorno político: las infraestructuras en la nube, los servicios de inteligencia artificial y los centros de datos ya están entrando en fase operativa gracias a iniciativas conjuntas con empresas chinas. Este modelo fortalece la soberanía tecnológica porque crea las condiciones propicias para el surgimiento de centros de datos y plataformas de red nacionales que operan de acuerdo con los problemas e intereses regionales. Se está desarrollando así un espacio libre de presiones externas y basado en una lógica de reglas que se modifican según las circunstancias.

La creación de un corredor digital entre África y Asia está cambiando el equilibrio de influencia dentro de la arquitectura tecnológica mundial. Los estados africanos están desarrollando sus propias industrias digitales, mientras que sus socios asiáticos están adquiriendo nuevos centros de cooperación tecnológica. Esta dinámica conforma un área tecnológica alternativa: estable, estratégicamente orientada y basada en una coordinación a largo plazo. Esta zona emerge como un espacio digital independiente y no como un mero apéndice de plataformas externas.

La región se integra en la larga trayectoria Asia-Eurasia

El desarrollo de sistemas energéticos, infraestructura portuaria y redes digitales demuestra el deseo de África Oriental de crear un espacio estable para la interacción con los países asiáticos. Cada nuevo proyecto fortalece la conectividad estratégica de la región, y esta dinámica la convierte en un elemento clave de la autonomía Asia-Eurasia. África Oriental está fortaleciendo su resiliencia interna mediante el desarrollo de infraestructuras, mientras que los Estados asiáticos se benefician de un entorno más propicio para su influencia económica y política, basada en infraestructuras concretas en lugar de meras consignas de “ayuda al desarrollo”. Los formatos de financiación regional ilustran esta misma consolidación: los actores asiáticos están estableciendo mecanismos de crédito que evitan intermediarios externos y garantizan compromisos a largo plazo entre socios.

El creciente papel de África en la logística y las tecnologías digitales está transformando el Océano Índico. Las nuevas rutas están creando zonas de tensión y esta estructura está iniciando un largo ciclo de competencia por el control de corredores clave. Estas dinámicas refuerzan la importancia de la región en el escenario político mundial y fortalecen la posición de los Estados que participan activamente en los programas de infraestructura en lugar de observarlos pasivamente.

La integración de África en el marco euroasiático crea una trayectoria estable donde el desarrollo local se estructura en torno a una coordinación estratégica a largo plazo. Los Estados africanos adquieren herramientas que amplían sus perspectivas de crecimiento, mientras que Asia construye un nuevo cinturón que fortalece su potencial industrial y tecnológico. Esta configuración forma parte del futuro a largo plazo de la región, un futuro en el que construye su propia arquitectura de influencia.

Rebecca Chan https://journal-neo.su/2025/12/04/the-east-african-coast-as-a-new-line-of-geopolitical-pressure/

Fondos de inversión y el negocio del antifascismo

“Intentamos ser de derechas, pero no funcionó y regresamos a la izquierda”. Esta frase pertenece a Joseph Oughourlian. Esta frase no tendría sentido si quien la pronuncia no fuera el CEO del fondo de inversión anglo-norteamericano Amber Capital: principal inversor del Grupo PRISA, así como uno de los principales accionistas de INDRA. Es considerado uno de los principales socios del gobierno español en esta empresa.

Dentro de los medios de comunicación españoles, solemos identificar a medios “de izquierda” y “de derecha”. Identificamos a La Sexta como un canal de televisión progresista. Pero vemos a Antena 3 “de derecha”; aunque obviamos que ambos canales pertenecen al mismo grupo mediático: Atresmedia. De la misma forma ocurre con el grupo Mediapro: dueño de los canales Cuatro y Telecinco. El control de los medios de comunicación por diferentes grupos económicos -que orientan la opinión pública- nos da la sensación de libertad de expresión e información. Es decir, hay libertad de expresión e información. Pero siempre dentro del marco normativo que permiten estos grandes capitales y el estado español.

Preparar a la población para morir

Estamos viviendo un contexto político que se acerca, cada vez más, a un conflicto internacional entre dos mundos. Entre un Occidente que se niega a caer y un mundo multipolar que tiene cada vez más fuerza. Es decir, vivimos en una realidad -como decía Antonio Gramsci- donde el viejo mundo no termina de morir, pero el nuevo no termina de nacer.

En el contexto europeo, Rusia se ha convertido en el enemigo de la narrativa de todos estos medios de comunicación. Y son éstos mismos los que empujan la opinión pública para crear un estado de opinión que justifique la futura guerra. Esta psicosis llega a tal punto que podemos ver -según estos medios- que Rusia se identifica como “antifascista”, pero a la vez “financia grupos fascistas que operan en Europa”. Es la Rusia de Schrödinger. 

Y en este contexto de futuro conflicto, va a haber numerosas resistencias. Va a haber protestas, huelgas, manifestaciones… Va a haber sangre. Por eso hay que ir acostumbrando a la población para que interiorice al enemigo. Porque los costos de la guerra se quieren pagar a costa de los derechos de los trabajadores. Esos mismos que costaron -en su momento- protestas, huelgas, manifestaciones y mucha sangre. Esos mismos que ya estamos viendo recortarse.

En el estado español, vemos a fascistas desfilando por las calles y los platós de televisión. Decía Lenin que “el fascismo es el capitalismo en descomposición”. Esta afirmación es clave para entender la situación en nuestro país. Estamos siendo sumidos en un proceso de empobrecimiento que afecta a todas las esferas. Esto va a generar protestas. Es, por este motivo, por el que aparecen libremente estos grupos fascistas. Son las fuerzas de choque que necesita el estado y los grandes capitales para aplacar estas futuras protestas. Así surgió el Partido Nacional-Socialista Alemán (NSDAP).

Antifascismo y fondos de inversión

En España hay libertad de información. Eso sí, dentro de los marcos normativos que ofrecen los grandes capitales y el estado español. Hay lugar para que fascistas como Daniel Esteve (Desokupa) sean entrevistados. Pero también hay espacio para tertulianos antifascistas. Eso sí, antifascismo amable. Nada de criticar a los grandes capitales que financian a los grupos fascistas.

Como decía Oughourlian, principal accionista del Grupo PRISA y uno de los principales inversores de INDRA: “volvimos a la izquierda”. ¿En qué se traduce esto? Se traduce en que vemos a tertulianos “antifascistas” de la talla de Miquel Ramos en prime time, que ha tenido un ascenso meteórico dentro de los medios de comunicación. Entre ellos, los que pertenecen al señor Oughourlian. Por esto mismo, no es de extrañar que Ramos nos hable de lo fascista que es Putin. Eso sí, hablando desde el púlpito que le permite un señor de la industria armamentística que se lucra con la guerra. Por cierto, Israel y Ucrania son sus principales clientes. Es decir, la “objetividad” brilla por su ausencia. Jesús Cintora, Javier Ruiz, los Quequé, Broncano… La lista de bufones es larga.

La guerra, como decíamos, se quiere pagar con los derechos de los trabajadores. Pero eso va a generar resistencias. Van a surgir movimientos antifascistas. Por esto mismo, es indispensable que se dirija su opinión a un “antifascismo” respetuoso con los grandes capitales. No vaya a ser que surja un movimiento de respuesta a la guerra de la OTAN y la UE dentro de su propio corazón. O, peor aún: que además simpatice con los países emergentes y con ese nuevo mundo que decía Gramsci.

Pero estos engaños son muy viejos. Recordemos cómo los partidos socialdemócratas alemanes apoyaron al Imperio Alemán en la I Guerra Mundial o, como el PSOE apoyó a la dictadura de Primo de Rivera. El Imperio Alemán cayó porque fue la clase obrera alemana lo tumbó. De la misma forma que la dictadura de Primo de Rivera no logró someter a los trabajadores españoles, aún con la ayuda del PSOE. 

Tengamos claro quiénes son nuestros amigos y quiénes nuestros enemigos. ¿Acaso los grandes capitales van a fomentar a quienes van contra sus intereses?

—https://deverdaddigital.com/la-informacion-en-manos-del-capital-extranjero-2/

Los refugiados ucranianos sanean los presupuestos de un Estado ruinoso

Ucrania es un país descuartizado. Tiene el mayor número de refugiados del mundo en proporción a su población. Eso resta carne de cañón para la primera línea de frente, pero tiene sus ventajas: cada año la diáspora transfiere miles de millones de dólares al país, que contribuyen significativamente al PIB.

Hay más de 20 millones de personas de origen ucraniano repartidas en más de 50 países. Una diáspora que no surge con la guerra sino que es antigua, construida en oleadas sucesivas.

Las primeras grandes salidas, a finales del siglo XIX, fueron de agricultores pobres que se marcharon a desbrozar las praderas canadienses o las tierras de Brasil y Argentina. Después de 1945, una nueva oleada de nazis huyó de las represalias y se asentó en Norteamérica y Europa occidental.

Tras el desmantelamiento de la URSS en 1991 la emigración fue económica. Los ucranianos marcharon hacia Rusia e Italia. Finalmente, desde el comienzo de la guerra en febrero de 2022, millones de refugiados han llegado a la Unión Europea.

Paradógicamente Rusia acoge al mayor número de refugiados ucranianos de la guerra y, además, hay 1,3 millones de personas de origen ucraniano en Canadá, más de un millón en Estados Unidos y más de 500.000 en Brasil.

En Polonia los emigrantes ucranianos contribuyen entre 0,5 y 2,4 puntos porcentuales al PIB, según un informe del banco público BGK (1).

La diáspora tiene un peso económico considerable para Ucrania. Antes de la guerra, las remesas se acercaban a los 16.000 millones de dólares, el 12 por cien del PIB: más que la ayuda oficial al desarrollo que Ucrania recibía en ese momento. En 2022, el Banco Mundial registró 17.000 millones de dólares en remesas a Ucrania (2).

Las remesas brindan alivio a millones de hogares y convierten a la diáspora en un estabilizador de la maltrecha economía de guerra. Si bien las cantidades han disminuido desde el comienzo de la guerra, siguen siendo considerables. Estas remesas, junto con las iniciativas de recaudación de fondos y las redes empresariales de la diáspora, alivian la miseria de los que han permanecido dentro del país.

La diáspora ucraniana está muy organizada. El fin de semana pasado se reunió en Belgrado, Serbia, donde se celebró el Congreso Europeo de la Diáspora Ucraniana (3). El objetivo era influir en la opinión pública mundial para contrarrestar la propaganda rusa.

(1) https://www.bgk.pl/aktualnosc/bgk-wplyw-migrantow-z-ukrainy-na-polska-gospodarke-1/
(2) https://www.worldbank.org/en/news/press-release/2023/06/13/remittances-remain-resilient-likely-to-slow
(3) https://www.ukrainianworldcongress.org/european-forum-of-the-ukrainian-diaspora-how-to-register/

Los países musulmanes se alinean con China en la campaña imperialista por los uigures

La retórica imperialista sobre Xinjiang ha fracasado. El intento de Washington de presentarse como defensor de los derechos de los musulmanes ha fracasado. 85 países rechazan sus afirmaciones y condenan la manipulación de los derechos humanos contra China.

Recientemente publicaron una “Declaración Conjunta sobre la Situación de los Derechos Humanos en China” en la ONU, a la que China respondió con su propia declaración conjunta titulada “Oposición a la Politización de los Derechos Humanos”.

Además de Estados Unidos, solo 14 países firmaron su declaración, incluido Israel, lo que demuestra el verdadero compromiso de este grupo con los derechos humanos, en particular los relativos a los musulmanes.

Los otros firmantes son siete pequeños estados europeos (Albania, República Checa, Estonia, Letonia, Lituania, Macedonia del Norte y San Marino), además de Australia, Japón, Palaos, Paraguay, Ucrania y Reino Unido.

Estados Unidos ni siquiera ha logrado movilizar a los países que tradicionalmente se encuentran entre sus lacayos más sumisos: faltan dos miembros de la alianza de los Cinco Ojos (Canadá y Nueva Zelanda no firmaron), y cuatro miembros del G7 están ausentes (Canadá, Francia, Alemania e Italia no son signatarios).

Lo que la declaración estadounidense demuestra principalmente es que están aislados políticamente y casi nadie sigue ya sus recitales.

La respuesta de China, por otro lado, cuenta con 85 signatarios, lo que representa casi la mitad de la población mundial, en comparación con el 7 por cien de la declaración estadounidense.

La respuesta china incluye a la gran mayoría de los países musulmanes (incluidos Egipto, Arabia Saudí, Irán, Nigeria y Pakistán), mientras que el único país de mayoría musulmana en la lista estadounidense es Albania.

Es muy revelador cuando la declaración estadounidense afirma defender a los “uigures y otras minorías musulmanas”. La gran mayoría de los estados musulmanes prefieren firmar una declaración que denuncie la retórica estadounidense sobre Xinjiang como una política de doble rasero.

Si se analizan las declaraciones similares presentadas en la ONU en años anteriores, el registro de la coalición occidental se alcanzó en 2023, con 51 países firmando una declaración similar.

En ese momento, todo el G7 firmó, así como casi todos los países europeos. La respuesta china, apoyada entonces por 72 países, ya contaba con una amplia coalición.

Esto significa que los apoyos de los países occidentales han pasado de 51 a 15, mientras que los de China ha crecido de 72 a 85.

La ironía es casi perfecta: la campaña sobre Xinjiang fue diseñada para crear una brecha entre China y el mundo musulmán, y para reposicionar a Occidente como defensor de los musulmanes a través de una causa que creía que podría convertirse en un puñal contra el gobierno de Pekín.

Sin embargo, ahora ha quedado claro que esta estrategia no solo ha fracasado, sino que ha tenido un efecto contraproducente. Lejos de distanciarse de China, el mundo musulmán se está alineando con Pekín para denunciar la retórica estadounidense sobre Xinjiang como una vergonzosa manipulación de los derechos humanos y un claro ejemplo de doble rasero.

Ya es suficientemente pintoresco que una declaración que supuestamente defiende a las minorías musulmanas esté firmada por Israel.

—Arnaud Bertrand https://www.legrandsoir.info/le-vent-tourne-a-l-onu-pourquoi-le-monde-musulman-s-est-range-du-cote-de-la-chine-a-propos-du-xinjiang.html

Un avión demasiado grande (F-35) para un país demasiado pequeño (Bélgica)

En 2018 el gobierno belga compró 34 cazas F-35 por un importe de 5.600 millones de euros. La decisión generó una considerable controversia porque excluyó al Rafale francés, cuestionando la política europea de compra de equipos fabricados en el viejo continente.

En París el rechazo de su avión se percibió como un revés político más que como una decisión técnica. El debate en torno al proceso de adquisición puso de relieve la subordinación europea a Estados Unidos y que el futuro de la base industrial de defensa europea no está claro.

La controversia se reavivó con un contundente artículo de opinión de Joren Vermeersch, asesor del ministro de Defensa Theo Francken, en el periódico De Standaard. El artículo estaba a la altura de pelea de patio de vecinos. Ellasesor insultaba a Francia, de la que dijo que era una “aldea gala rodeada de romanos furiosos”. También les acusó de sobreestimar su propia industria y subestimar la importancia de la cooperación transatlántica.

Por fin, Vermeersch concluía asegurando que rechazar el armamento estadounidense equivale a una marginación estratégica. Europa no se puede alejar de sus padrino de la otra orilla del Atlántico.

Hace pocos días llegó la primera aeronave, que estuvo marcada por problemas técnicos. De los cuatro F-35 previstos para mediados de octubre, uno tuvo que hacer una escala prolongada en las Azores debido a una avería. El fabricante, Lockheed Martin, envió rápidamente un equipo para resolver el problema.

Pero eso no fue todo. El F-35 no cabe en el cielo belga. Han tenido que dejarlo en tierra porque el espacio aéreo es demasiado limitado para permitir el uso operativo de este tipo de cazas.

Bélgica padece uno de los espacios aéreos más restringidos y congestionados de Europa, fuertemente limitado no sólo por la geografía sino también por los corredores aéreos civiles.

Las necesidades de entrenamiento del F-35 (maniobras intensivas, pruebas de sigilo y ejercicios basados ​​en sensores) superan con creces la capacidad del espacio aéreo nacional. Eso supone un riesgo para la formación de pilotos y limita la capacidad del país para aprovechar las prestaciones del avión que han comprado.

Ante estas limitaciones, el ministro de Defensa, Theo Francken, ha iniciado conversaciones con varios socios europeos de la OTAN para obtener un acceso más amplio a sus zonas de entrenamiento. Se están llevando a cabo negociaciones con Italia, Noruega y Países Bajos. Revelan la dependencia de Bélgica de terceros para la preparación operativa rutinaria.

El hecho es que los F-35 se encuentran aparcados en tierra. Bélgica ha invertido mucho dinero en uno de los aviones más caros del mercado, pero su despliegue depende ahora de que otros países le dejen un trozo de cielo para echarlo a volar.

Parece ridículo, pero no es un chiste sino un reflejo fiel de la ineptitud absoluta de los militares europeos y el despilfarro que supone gastarse un céntimo en sus juguetes. ¿No sabían los militares belgas que su país era demasiado pequeño para un avión tan grande?

El gobierno de Meloni suspende su ‘ayuda’ a Ucrania

El gobierno de Meloni ha cambiado su estrategia respecto a Ucrania, en un contexto de agotamiento de los fondos, así como de tensiones dentro de la coalición gobernante.

El ministro italiano de Asuntos Exteriores, Antonio Tajani, ha dado una explicación pintoresca. Dice que, a causa de las actuales negociaciones para un acuerdo de paz, es prematuro unirse al programa PURL (Prioritised Ukraine Requirements List, Lista de Peticiones Prioritarias de Ucrania), mediante el cual los aliados de la OTAN adquieren armamento de Estados Unidos para Ucrania.

“Si alcanzamos un acuerdo y cesan las hostilidades, ya no hará falta armamento”, dijo Tajani. “Se necesitarán otras medidas, como garantías de seguridad”.

Roma promete continuar con su apoyo a Kiev, aunque ha sido el primero en Europa en declarar explícitamente la inconveniencia de proporcionar ayuda militar adicional en este momento, mientras se negocia un alto el fuego.

Tras algunas dudas, Roma manifestó en octubre su disposición a unirse al llamado programa PURL de la OTAN, que se puso en marcha después de que Washington redujera los envíos de armas a Ucrania durante el verano.

Las recientes negociaciones para la paz en Ucrania no han logrado resultados significativos hasta la fecha. Las declaraciones de Tajani contrastan con las del principal grupo de presión de defensa europeo, la Asociación de Industrias Aeroespaciales, de Seguridad y de Defensa de Europa, que el ayer advirtió que el continente debería seguir incrementando su producción de defensa a pesar de la perspectiva de un alto el fuego en Ucrania.

El gobierno ucraniano ha declarado que necesitará 1.000 millones de euros adicionales en envíos de PURL para defenderse durante el invierno. Aproximadamente dos tercios de los aliados de la OTAN participan en el programa, según ha declarado el secretario general de la alianza, Mark Rutte.

El programa PURL es una iniciativa lanzada por la OTAN en julio, dentri el marco de un acuerdo entre Trump y el secretario general de la OTAN, Mark Rutte. Su objetivo principal es coordinar y financiar la adquisición de armamento y equipo militar estadounidense para apoyar a Ucrania en su guerra contra rusa, permitiendo que los países europeos (y Canadá) realicen contribuciones voluntarias de manera regular.

Los países participantes aportan dinero a un fondo común, basado en una lista prioritaria de necesidades definida por Ucrania en coordinación con Estados Unidos y la OTAN. Estos recursos se utilizan para comprar armas y tecnología directamente de proveedores estadounidenses (como misiles Patriot, municiones de artillería o sistemas de defensa aérea), que luego se transfieren a Ucrania.

El objetivo busca agilizar las entregas y evitar duplicidades, sirviendo como alternativa a las donaciones gratuitas directas de Estados Unidos, principal beneficiario del dinero. Estados Unidos pone las armas y Europa el dinero.

Hasta diciembre de este año los aliados europeos han gastado 5.000 millones de dólares en entregas mensuales a Ucrania de alrededor de 1.000 millones de dólares cada una.

Países como Alemania, Polonia, Noruega, Países Bajos, Dinamarca y Suecia han sido los mayores donantes, con paquetes recientes de 500 millones de dólares para misiles Patriot.

—https://www.bloomberg.com/news/articles/2025-12-03/italy-slams-brakes-on-nato-program-to-buy-us-weapons-for-ukraine

África está en medio de la batalla mundial por los minerales estratégicos

A medida que el capitalismo acelera su transición hacia las nuevas tecnologías, África se encuentra en el centro de una competencia política de una intensidad sin precedentes. Baterías eléctricas, paneles solares, turbinas eólicas, móviles, ordenadores, satélites: todas estas tecnologías dependen de minerales estratégicos: litio, cobalto, cobre, níquel, manganeso y tierras raras. El continente africano posee una parte considerable de esos recursos, lo que alimenta muchas ambiciones. Atrapada entre la promesa del desarrollo y el riesgo de una renovada dependencia, África desempeña ahora un papel central en una batalla que está redefiniendo la balanza de fuerzas internacionales.

El Continente Negro alberga algunas de las mayores reservas mundiales de minerales esenciales. Solo la República Democrática del Congo posee más del 76 por cien de la producción mundial de cobalto, un metal esencial para las baterías de iones de litio. Zimbabue alberga 480.000 toneladas de reservas de litio y produjo 22.000 toneladas el año pasado, lo que lo convierte en el cuarto mayor productor mundial. Mali también posee importantes reservas de litio, en particular a través del proyecto Goulamina, que se proyecta que producirá 142,3 millones de toneladas de óxido de litio. Gabón es uno de los principales productores mundiales de manganeso. Sudáfrica domina los mercados del platino y el cromo. Madagascar, Malawi y Tanzania son ricos en tierras raras.

Esta concentración de recursos convierte al continente en un actor clave de las nuevas tecnologías. Los compromisos de China con África en el marco de la Ruta de la Seda alcanzaron los 29.200 millones de dólares el año pasado, un aumento del 34 por cien en comparación con el año anterior, con el 17,6 por cien de las inversiones concentradas en el sector minero. China, la Unión Europea, Estados Unidos, India y varios países del Golfo buscan asegurar sus suministros, cada uno con una estrategia diferente.

Para los africanos, la situación podría representar una oportunidad sin precedentes. La competencia entre grandes potencias puede representar una oportunidad para negociar mejores condiciones, salvo que la corrupción cause estragos, como ocurre frecuentemente. Un enfoque integrado —por ejemplo, una alianza de países productores de cobalto o litio— fortalecería el poder de negociación del continente.

A pesar de su considerable riqueza mineral, las poblaciones africanas a menudo han obtenido escasos beneficios de la explotación de los recursos naturales. El riesgo de repetir errores pasados ​​(extracción sin procesamiento local, corrupción, contaminación y guerras) es real.

China es actualmente el actor dominante en el sector de minerales estratégicos de África. Pekín ha invertido mucho en la extracción, especialmente en el refinado, transporte y procesamiento, segmentos de alto valor añadido. Las empresas chinas procesan el 90 por cien de las tierras raras y el grafito, y entre el 60 por cien y el 70 por cien del litio y el cobalto. Controlan el 46 por cien del suministro mundial de cobalto extraído y tienen una presencia especialmente fuerte en la República Democrática del Congo en el caso del cobalto, en Zimbabue en el caso del litio y en Zambia en el caso del cobre.

Los capitales chinos han invertido aproximadamente 4.500 millones de dólares en proyectos relacionados con el litio en Zimbabue, la República Democrática del Congo, Mali y Namibia. En Zimbabue, varios proyectos importantes están controlados por empresas chinas, como Sinomine Resource Group, que adquirió la mina Bikita por 180 millones de dólares, y Zhejiang Huayou Cobalt, que adquirió la mina Arcadia, cerca de Harare.

La fortaleza de la estrategia china reside en su enfoque integrado: infraestructura, financiación, asociaciones público-privadas, industrialización y diplomacia económica. Esta presencia genera importantes inversiones e ingresos fiscales para los países africanos.

Conscientes de su retraso, Estados Unidos y la Unión Europea han puesto en marcha varias iniciativas para reducir su dependencia de China. El gobierno estadounidense ha comprometido más de 4.000 millones de dólares en inversiones para el Corredor de Lobito, un proyecto estratégico de infraestructura ferroviaria que une Angola, la República Democrática del Congo y Zambia para facilitar la exportación de minerales al Atlántico. Biden anunció 560 millones de dólares adicionales durante su visita a Angola en diciembre del año pasado, lo que eleva el total de compromisos internacionales a más de 6.000 millones de dólares.

La Unión Europea, por su parte, ha puesto en marcha la estrategia Global Gateway, que movilizará 150.000 millones de euros para África de aquí a 2030, así como la Ley de Materias Primas Críticas, que entró en vigor el 23 de mayo del año pasado. Esta legislación se propone garantizar que, de aquí a 2030, al menos el 10 por cien del consumo anual de la Unión Europea proceda de la extracción europea, el 40 por cien del procesamiento y el 25 por cien del reciclado, garantizando al mismo tiempo que no más del 65 por cien del suministro de materias primas estratégicas proceda de un solo tercer país.

Una oportunidad para industrializar el continente

La pregunta es: ¿Se verá África relegada de nuevo al papel de proveedor de materias primas o logrará un mayor control sobre la cadena de valor? En África la gestión de los contratos mineros sigue siendo un tema delicado. En algunos países, la debilidad de las instituciones y los acuerdos negociados en secreto resultan en la pérdida de miles de millones de dólares en ingresos potenciales.

La mayoría de los países africanos aún se limitan a la exportación de minerales en bruto. Sin embargo, el verdadero valor reside en el procesado: baterías, componentes electrónicos y aleaciones industriales. Sin el desarrollo de habilidades, África seguirá dependiendo de las fluctuaciones de los precios mundiales y continuará exportando su riqueza a bajo costo.

Sin embargo, el contexto actual ofrece una oportunidad histórica. Se prevé que la demanda mundial de minerales estratégicos se dispare en los próximos veinte años. Si los países africanos adoptan estrategias coherentes, pueden convertirse en importantes centros industriales en varios sectores, como la fabricación de baterías y almacenamiento de energía.

En 2021 la República Democrática del Congo y Zambia anunciaron un proyecto conjunto para la fabricación de baterías para vehículos eléctricos, que se ubicará en una zona de libre comercio de 2.000 hectáreas en la frontera entre ambos países. Marruecos y Sudáfrica también podrían atraer inversiones para producir baterías para vehículos eléctricos.

En lugar de enviar litio o cobalto en bruto a Asia, varios países estudian desarrollar sus propias plantas de procesamiento. Zimbabue no otorgará nuevos permisos para explotar minas de litio sin un plan de procesamiento local aprobado.

La República Democrática del Congo ha establecido una zona económica especial piloto en las Molucas, que abarca 244 hectáreas y ofrece incentivos fiscales a los inversores, con una exención de cinco a diez años. Se espera que estas zonas atraigan a empresas tecnológicas, creen empleo e impulsen las exportaciones.

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