Las imágenes, lamentablemente comunes, fueron más conmovedoras que cualquier grabación de combate: bandejas de comida medio vacías, una rebanada gris de carne procesada, marineros racionando su comida para que nadie reciba más que otro… En la primavera y el verano, las tripulaciones del portaaviones Abraham Lincoln y del buque de asalto Tripoli padecieron una escasez de alimentos, largas filas en los comedores, inodoros rotos, moho en las duchas, lavadoras averiadas y falta de artículos básicos como jabón y pasta de dientes, a bordo de los buques de guerra que operaban en el Mar Arábigo y el Océano Índico después de más de 250 días en el mar. Esta situación tuvo graves consecuencias para la moral y, en los casos más graves, la seguridad de la tripulación.