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Europa es un tigre de papel

Aunque antaño fue una potencia militar y los principales países del continente —Alemania, Francia y Reino Unido— aún poseen cierta fuerza militar, han perdido su condición de grandes potencias industriales. Europa carece en gran medida de recursos naturales esenciales y depende del suministro de petróleo y gas del extranjero.

En términos de poderío militar, Europa es un tigre de papel. Las tres principales potencias europeas de la OTAN —Reino Unido, Francia y Alemania— pueden reunir una fuerza activa combinada de tan solo 506.000 soldados. Si añadimos a Turquía, que políticamente no forma parte de Europa, pero cuenta con el segundo ejército más grande de la OTAN, con 355.000 efectivos activos, obtenemos un total de 861.000.

Ahora hay que considerar que los europeos exijan que Rusia acepte permitir que Ucrania mantenga un ejército de 800.000 efectivos. Aunque Ucrania no es miembro de iure de la OTAN, lo es de facto desde 1997. Si Rusia aceptara la solicitud europea —cosa que Moscú no hará—, Ucrania contaría con la segunda fuerza militar más grande de la OTAN, superando a Turquía y situándose solo por detrás de Estados Unidos.

Varios factores relegan a Europa a la categoría de irrelevancia: economías estancadas y desindustrializadas; gobiernos fracturados que lidian con una grave deuda financiera; balcanización política, con gobiernos en países clave dirigidos por partidos minoritarios que carecen de apoyo popular.

El plan propuesto por Trump para poner fin a la guerra entre Rusia y Ucrania ha revelado la impotencia de Europa. Aunque muchos estados europeos aún son capaces de sembrar el caos, se encuentran en la lamentable situación de rogarle a Trump que se siente a la mesa de negociaciones y ejerza el equivalente a un veto sobre cualquier acuerdo que se considere demasiado favorable a Rusia. Hasta ahora, Trump ha dicho que “no”, lo que ha enfurecido a muchos dirigentes de la OTAN.

Europa es una potencia industrial, financiera, cultural y militar en decadencia. La principal razón por la que Francia, Alemania y Reino Unido están tan aterrorizados por la inminente derrota de Ucrania a manos de Rusia es que les obligará a aceptar que ya no son relevantes. La afirmación más ridícula de los belicistas europeos es que Rusia quiere conquistar y ocupar Europa. ¿Para qué? Europa no tiene nada que Rusia necesite o desee.

‘Nuestro modelo se derrumba’

Las alegrías electorales duran justo hasta que se cierran las urnas y se cuentan los votos. Inmediatamente después la palabra más socorrida es decepción. Es lo que está ocurriendo en Alemania, donde crece la frustración por las políticas de austeridad de Friedrich Merz. Los indicadores económicos siguen siendo lamentables y cunde el descontento.

También entre los capitalistas. El martes le invitaron al canciller a participar en un congreso organizado en Berlín por la confederación de empresarios. Merz debería haberse sentido en su salsa, pero no…

Los augurios no son buenos. Desde principios de año Alemania ha importado más maquinaria de China de la que ha exportado. No hay precedentes. “La situación económica es crítica y nuestro modelo se está derrumbando”, advirtió Peter Leibinger, presidente de la Federación de Industrias Alemanas, en la radio pública alemana.

Tras dos años de recesión, se prevé que la economía alemana permanezca prácticamente estancada este año, atrapada entre el aumento de aranceles en Estados Unidos, la competencia china y el aumento del precio de los combustibles.

El Ministerio de Economía prevé un crecimiento del PIB del 1,3 por cien en 2026, gracias al enorme paquete de estímulos presupuestarios aprobados en primavera. La Cámara de Comercio e Industria es más pesimista: espera un crecimiento de tan solo el 0,7 por cien.

La industria de la máquina herramienta, que emplea a más de un millón de personas, ha perdido casi 20.000 empleos en seis meses, mientras que el sector automotriz eliminó más de 50.000 puestos en un año.

La industria química está experimentando su nivel de producción más bajo en treinta años.

Por supuesto que hay una excepción: la industria de guerra. El mundo se ha olvidado ya del III Reich y Alemania lo aprovecha para construir el mayor ejército de Europa. Pero por sí sola la guerra no puede compensar el declive del sector automotriz alemán. El mayor contratista militar de Alemania, Rheinmetall, genera 10.000 millones de euros en ingresos, que no es nada en comparación con los 325.000 millones de Volkswagen.

Un otoño lleno de reformas

Tras su victoria electoral, Merz anunció un “otoño de reformas” y ha reservado un fondo de 500.000 millones de euros para modernizar infraestructuras, permitiendo a las empresas amortizar hasta el 30  por cien de las inversiones en equipos entre 2025 y 2027.

Ha reducido los impuestos sobre la electricidad para las grandes empresas e introducirá una tarifa especial para la electricidad industrial. En materia de inmigración, ha reforzado los controles fronterizos.

Pero los capitalistas esperaban mucho más de un buitre de BlackRock como el nuevo canciller. El gran bocado está en los trabajadores y jubilados. Hay que ir limando los gastos sociales, las pensiones, la sanidad y los seguros de dependencia. La reforma de las prestaciones por desempleo no ha tenido el alcance esperado y la reducción del impuesto de sociedades no se materializará hasta 2028.

Basado en las exportaciones, el modelo económico alemán no es capaz de reinventarse. Nadie sabe con qué reemplazarlo. Es un callejón sin salida y por eso se habla tanto de la guerra contra Rusia. Es mejor olvidar todo lo demás.

La mayoría de los alemanes, el 58 por cien, ya están descontentos del nuevo gobierno, según una encuesta. Están hartos. “El descontento es generalizado, en todos los grupos de edad, independientemente del género o la afiliación política”, observa Hermann Binkert, del Instituto Insa.

Un crimen sionista: el hundimiento del transatlántico Patria

El 25 de noviembre de 1940 el transatlántico Patria se hundió en el puerto de Haifa después de que un explosivo de la Haganá, la organización terrorista sionista, rompiera su casco, asesinando a más de 260 personas, en su mayoría judíos que huían del III Reich.

Los británicos habían convertido el barco en una prisión prisión. Casi 1.900 refugiados judíos fueron embarcados a la fuerza. El gobierno de Londres planeaba deportarlos a Mauricio y Trinidad y Tobago. El barco estaba abarrotado, en malas condiciones y no era apto para semejante viaje.

Los dirigentes sionistas se opusieron al desembarco porque no cumplía con sus objetivos demográficos. Querían colonos jóvenes, aptos para el servicio militar. Los refugiados del Patria no encajaban en el perfil.

Decidieron sabotear el barco para evitar el desembarco y colocaron una carga explosiva a bordo. La explosión rompió el casco y el barco se hundió en dieciséis minutos, arrastrando a cientos de refugiados al fondo antes de que los botes salvavidas pudieran rescatarlos. Una investigación británica confirmó posteriormente que la bomba había sido colocada por la Haganá sionista.

Los primeros en intentar salvar a los refugiados de ahogarse fueron los palestinos. La explosión se produjo cerca de la orilla, y los testigos oyeron que el casco se partía y lo vieron zozobrar casi al instante. Pescadores palestinos se dirigieron al lugar antes de que los británicos pudieran reaccionar. Sacaron a los supervivientes del agua por sus propios medios. Los subieron a sus botes y, sin perder un segundo, partieron de nuevo para rescatar a los demás supervivientes. Los registros de rescate del Mandato Británico indican que los barcos palestinos realizaron numerosos viajes de ida y vuelta entre el naufragio y la orilla.

En tierra, estibadores palestinos transportaron a los supervivientes a donde pudieran recibir atención médica. Les dieron mantas, agua… todo lo que tenían. Las tropas británicas finalmente tomaron el control, pero los minutos cruciales que salvaron vidas fueron obra de civiles palestinos que actuaron espontáneamente.

A los supervivientes del Patria solo se les permitió permanecer en Palestina porque su barco se había hundido.

La Wikipedia manipula la historia para lavar la cara al sionismo

La página de Wikipedia dedicada al hundimiento Patria ilustra la estrategia de los editores para reescribir la historia, hasta que la culpa se desvanece, el papel de los palestinos se oscurece y la violencia se presenta como un mero accidente.

Primero, el lenguaje. Los palestinos son reducidos a “barcos árabes”, una vaga categoría utilizada para ocultar su identidad y sus acciones. Se convierten en parte del escenario. La Haganá, los sionistas que colocaron la bomba, recibe nombres, rangos, relatos y párrafos enteros. Se enfatiza la identidad de los perpetradores. Los rescatadores, en cambio, son olvidados.

La Wikipedia se basa casi exclusivamente en fuentes sionistas. Reitera la afirmación de la Haganá de que “juzgaron mal” la explosión, como si se tratara de una evaluación neutral. También se hace eco de su posterior intento de atribuir el hundimiento al “mal estado” del buque, un argumento tomado directamente de una investigación interna de la Haganá que busca minimizar su responsabilidad. El propósito es restar importancia a un bombardeo deliberado presentándolo como un accidente técnico.

Sin embargo, en aquel momento la investigación británica confirmó el atentado terrorista. El barco se hundió porque una bomba de la Haganá perforó su casco.

La estructura del artículo de la Wikipedia es reveladora. Dedica largos párrafos a la política de emigración nazi, los debates dentro de la Agencia Judía y las disputas internas sionistas. Contiene solo una alusión muy vaga a los palestinos. Se trata de una ideología disfrazada de supuesta imparcialidad. El artículo lo menciona todo excepto la identidad de quienes realmente salvaron vidas.

Los judíos “fueron rescatados por barcos británicos y árabes”, una voz pasiva que sugiere distancia. Los de la Haganá no son terroristas, ni colocan bombas. Sólo quieren “impedir que el barco salga del puerto”. La bomba “explota demasiado pronto y con demasiada fuerza”.

La Wikipedia tampoco menciona que los pescadores palestinos fueron los primeros en llegar al barco. No se reconoce la contribución de los estibadores palestinos que cuidaron a los judíos supervivientes, dándoles agua y cubriéndolos con mantas durante esos primeros minutos cruciales.

La violencia británica también se pasa por alto. Los refugiados fueron encarcelados, obligados a subir a un barco y destinados a ser deportados a Mauricio y Trinidad y Tobago. La Wikipedia presenta los hechos como un mero trámite administrativo, cuando en realidad fueron un acto de represión. Los supervivientes del naufragio fueron internados por los británicos en el campo de concentración Atlit, cerca de Haifa.

Finalmente, no se menciona la parte más contundente de la historia. A los supervivientes del Patria solo se les permitió permanecer en Palestina porque su barco se hundió. Wikipedia omite esta información porque revela tanto la crueldad británica como la estrategia sionista.

Así es como los imperialismo se protegen a sí mismos. Borran y transforman discretamente el rescate palestino en una nota a pie de página.

Robin Qureshi https://substack.com/@robinaqureshi

El plan del ejército alemán para la guerra con Rusia

Las guerras ya no se basan en el “factor sorpresa”. El Wall Street Journal publica el plan del ejército alemán para la guerra con Rusia (*), que lleva el nombre de Oplan Deu (Operationsplan Deutschland, Plan de Operaciones de Alemania).

No ocultan nada. El documento tiene 1.200 páginas y se ha elaborado en el cuartel Julius Leber, una instalación militar ubicada en Berlín.

“Hace unos dos años y medio, doce altos oficiales alemanes se reunieron en un complejo militar triangular en Berlín para elaborar un plan secreto en caso de guerra con Rusia. Ahora, se apresuran a implementarlo”, asegura el periódico estadounidense.

“El plan detalla el transporte de hasta 800.000 soldados alemanas, estadounidenses y de otros países de la OTAN hacia el este, al frente”. Concreta los puertos, ríos, ferrocarriles y carreteras que utilizarán, así como los mecanismos para su reabastecimiento y protección durante el trayecto.

Hasta la fecha es la manifestación más clara de lo que sus autores denominan un enfoque bélico integral. “La difuminación de las fronteras entre las esferas civil y militar marca un retorno a la mentalidad de la Guerra Fría, pero actualizada para tener en cuenta las nuevas amenazas y obstáculos —desde la deteriorada infraestructura alemana hasta una legislación inadecuada y un ejército más reducido— que no existían en aquel momento”, señala el diario.

“Las autoridades alemanas han afirmado que esperan que Rusia esté lista para atacar a la OTAN en 2029. Sin embargo, una serie de incidentes de espionaje, sabotajes e incursiones en el espacio aéreo europeo —muchos de los cuales las agencias de inteligencia occidentales atribuyen a Moscú— sugieren que podría estar preparándose para un ataque antes”, afirma la publicación.

Los militares alemanes también creen que “un posible alto el fuego en Ucrania, que Estados Unidos está intentando negociar esta semana, podría dar a Rusia el tiempo y los recursos necesarios para preparar acciones contra los miembros de la OTAN en Europa”. Sin embargo, si los aliados de Ucrania logran fortalecer la resistencia de Europa, calculan que no solo garantizará la victoria, sino que también reducirá la probabilidad de una guerra.

“El objetivo es prevenir la guerra dejando claro a nuestros enemigos que si nos atacan, no tendrán éxito”, declaró un alto oficial militar y uno de los principales autores del plan.

“En caso de guerra con Rusia, Alemania ya no será un estado de primera línea, sino una base de retaguardia. Además del deterioro de la infraestructura, tendrá que enfrentarse a una reducción de las fuerzas militares y a nuevas amenazas como los drones”, concluye el Wall Street Journal.

(*) https://www.wsj.com/world/europe/germany-russia-war-nato-secret-plan-8ce43a8d

La Agencia Espacial Europea se suma a la ‘guerra de las galaxias’

La Agencia Espacial Europea (ESA) es el típìco organismo que periódicamente tiene que recorrerse cada una de las oficinas de Bruselas para que le financien sus presupuestos. Nunca le dan todo lo que pide… hasta este año. Las razones son obvias: el espacio es un teatro de guerra y los 23 estados miembros se han rascado los bolsillos.

El organismo celebra su 50 cumpleaños y quería 22.000 millones de euros para el programa de tres años de 2026 a 2028 y le han entregado más de lo que pedía: 22.100 millones, algo nunca se ha visto en la historia de esta institución.

Es fácil de entender: Ucrania no sería nada sin sus padrinos. Depende de la inteligencia espacial estadounidense y lo mismo ocurriría con Europa si se embarcara en una aventura militar para la que carece de la preparación adecuada.

La ESA podrá continuar impulsando la tecnología de los satélites de observación, que a cada momento toman el pulso de este planeta, apoyando las lanzaderas, especialmente la Ariane 6, y la modernización de la base de Kourou.

Las telecomunicaciones seguras Iris2 de órbita baja también dependen de la ESA, que se embarcará en la preparación de la cuarta constelación más grande de la Unión Europea. Es un servicio de inteligencia óptica militar, al que llaman “Servicio Europeo de Resiliencia”, que cumple la función de unir los satélites de observación ya existentes en una nube común y añadir varios cientos más para tener un flujo de imágenes de la superficie terrestre.

Tres países europeos desembolsan más de la mitad del presupuesto de la ESA: Alemania (5.100 millones de euros), Francia (3.700 millones) e Italia (3.500 millones). España va en cuarto lugar y duplica su participación hasta llegar a los 1.800 millones, mientras Reino Unido rebaja la suya de 1.900 a 1.700 millones.

Canadá es el país no europeo que más aumenta sus aportaciones: un 400 por cien, hasta llegar a los 500 millones de euros.

Pero la suma de las contribuciones no es suficiente para cumplir con una estrategia europea, que aún está por definir, es decir, que los socios están poniendo mucho dinero, pero aún no saben en qué lo van a gastar exactamente.

Juicio en Londres por la prohibición de Acción Palestina

Ayer un tribunal británico comenzó a examinar el recurso de apelación contra la decisión del gobierno laborista de prohibir Acción Palestina, que en julio fue calificada como “organización terrorista”, lo que ha llevado a la detención de más de 2.000 personas que han expresado su apoyo al grupo de solidaridad.

La decisión de prohibir este movimiento fue considerada “desproporcionada” por el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos y criticada por el Consejo de Europa. En Reino Unido también ha revivido el debate sobre los derechos y las libertades fundamentales.

Huda Ammori, cofundadora de Acción Palestina, ha recurrido la prohibición, que coloca al colectivo al mismo nivel que Al Qaeda, Hezbollah o el IRA.

En el primer día de juicio la defensa denunció que la prohibición es contraria a la “larga tradición” de defender la desobediencia civil en Reino Unido, “una tradición honorable tanto en nuestra ley como en cualquier democracia”.

Unos cuarenta partidarios del grupo se habían reunido frente al tribunal, ondeando banderas palestinas. Varios de ellos, que sostuvieron un cartel “Me opongo al genocidio. Apoyo a Acción Palestina” fueron detenidos por la policía. Desde julio varios miles de personas se han manifestado en repetidas ocasiones contra la prohibición del colectivo.

Al menos 2.300 de ellos han sido detenidos, según la asociación Defend Our Jurys que organiza las convocatorias. Hasta el 20 de noviembre, 254 personas habían sido acusadas de apoyar a una organización terrorista, según la policía. En su mayoría corren el riesgo de pasar hasta seis meses de cárcel en virtud de la ley antiterrorista.

El gobierno laborista quiere imponer una definición arbitraria y demasiado amplia de lo que es el “terrorismo”. En julio el Ministerio del Interior argumentó que Acción Palestina se había embarcado en una “campaña cada vez más intensa” que resultó en “una degradación deliberada significativa, incluida la infraestructura de seguridad nacional de Reino Unido, así como la intimidación, la supuesta violencia y lesiones graves”.

Al frente del Ministerio del Interior, Yvette Cooper dijo en julio que algunas personas que apoyan la Acción Palestina “no sabían la verdadera naturaleza de la organización”.

Un portavoz de Defend Our Juries denunció “un abuso del poder autoritario cuyo único propósito es proteger a Israel, las empresas de armamento que alimentan el genocidio y los ministros del gobierno que han sido tan vergonzosamente cómplices de este genocidio”.

Creada en 2020, Acción Palestina se presentó en su sitio web (cuyo acceso ahora está bloqueado) como un “movimiento de acción directa comprometido para poner fin al apoyo mundial al régimen genocida y de apartheid de Israel”.

Se dirigió principalmente a empresas de armamento, incluido el grupo israelí Elbit Systems. El gobierno laborista de Keir Starmer lo clasificó como “organización terrorista“ a principios de julio después de una intrusión en una base de la Fuerza Aérea Británica, cuyos daños se estimaron en casi 8 millones de euros, según una factura de la fiscalía que provoca carcajadas.

En los tribunales, el gobierno tendrá que demostrar que la prohibición de Acción Palestina no es desproporcionada con respecto al derecho a la libertad de expresión garantizado por el Convenio Europeo de Derechos Humanos.

“Estamos muy preocupados porque […] si la calificación [de Acción Palestina como organización terrorista] se considera proporcionada, allanará el camino para el uso de tales medidas por parte de futuros gobiernos contra otros grupos que utilizan la acción directa”, dijo un portavoz de Amnistía Internacional.

El recurso no repercutirá sobre los juicios contra los militantes acusados de reivindicar las acciones cometidas por el colectivo antes de la prohibición. Seis de ellos están actualmente siendo juzgados por “robo agravado”, acusados de entrar en las instalaciones de Elbit Systems, cerca de Bristol, en el sur de Inglaterra en agosto del año pasado.

El legado político de Dick Cheney: una carnicería espantosa

El 3 de noviembre Dick Cheney murió a los ochenta y cuatro años. Cuando reflexionamos sobre su legado, estamos obligados a reconocer los millones de vidas que acortó, como las de las mujeres y los niños irakíes que fueron atados y asesinados en 2005. Son parte del legado, que incluye toda una vida de defensa de los peores crímenes del estado de seguridad nacional de Estados Unidos.

El 15 de marzo de 2006 Estados Unidos llevaba casi tres años en su segunda Guerra de Irak. Después de más de una década de sanciones brutales y bombardeos continuos, en la primavera de 2003, Estados Unidos inició una invasión a gran escala de un país de Oriente Medio rico en petróleo. La invasión fue una violación flagrante del derecho internacional. Después de derrocar al gobierno baasista de Irak, un ex aliado de Washington, Estados Unidos y sus compinches, de nuevo, comenzó una prolongada ocupación militar. El asunto neocolonial fue particularmente brutal. Tal es la naturaleza de tratar de imponer su presencia por la fuerza militar a un pueblo que no lo desea y está dispuesto a usar la fuerza para oponerse a ella.

El 15 de marzo los soldados se acercaron a la casa de Faiz Harrat Al Majmai, un campesino irakí. Supuestamente estaban buscando a un individuo responsable de la muerte de dos soldados estadounidenses y un facilitador del reclutamiento de Al Qaeda en Irak. En la versión contada por las tropas estadounidenses, alguien de la casa disparó contra los soldados que se acercaban, lo que provocó una choque de veinticinco minutos. Finalmente, los soldados entraron en la casa, matando a todos los residentes.

Esto incluyó no solo a Al Majmai, sino a su esposa; sus tres hijos, Hawraa, Aisha y Husam, que tenían entre cinco meses y cinco años; su madre de setenta y cuatro años, Turkiya Majid Ali; y dos sobrinas, Asmaa Yousif Maaruf y Usama Yousif Maaruf, que tenían cinco y tres años. Una autopsia realizada al difunto “reveló que todos los cadáveres fueron disparados en la cabeza y esposados”. Después de masacrar a la familia, los soldados estadounidenses convocaron un ataque aéreo, destruyendo la casa. La supuesta razón para el bombardeo fue para encubrir la evidencia de las ejecuciones extrajudiciales.

Las diez vidas tomadas ese día, incluidos los niños esposados y tiroteados a quemarropa en la cabeza, son parte de los 4,5-4,7 millones de personas que perdieron la vida en las zonas de guerra posteriores al 11 de septiembre. Esto incluye no solo Irak, sino también Afganistán, Siria, Yemen y Pakistán. Es imposible resumir la “guerra contra el terrorismo” y su colosal número de víctimas humanos a una persona. Pero cuando se trata de sus arquitectos, un nombre sobresale por encima del resto: Dick Cheney.

Una vida al servicio de la seguridad nacional

La mayoría de los relatos de la política de Cheney se centran en su creencia en los poderes expansivos del poder ejecutivo, con un papel reducido para el Congreso. Si bien eso es cierto, la fidelidad final de Cheney fue a la burocracia de la seguridad nacional que había hecho metástasis dentro del poder ejecutivo. Las intervenciones de Cheney fueron en nombre del poder ejecutivo para lanzar guerras en el extranjero y llevar a cabo la vigilancia dentro del país.

Al principio de su carrera, Cheney fue testigo de los intentos de contención. Las revelaciones de que Richard Nixon había establecido una unidad secreta de espionaje llamada “fontaneros de la Casa Blanca” para, primero, perseguir al denunciante Daniel Ellsberg y luego irrumpir en las oficinas del Comité Nacional Demócrata en el Hotel Watergate, obligaron a Nixon a dimitir. Supuso un revés temporal para el estado de  la seguridad.

El programa de espionaje personal de Nixon estaba compuesto por veteranos del estado de la seguridad nacional e imitaba sus tácticas. El escándalo de Watergate estalló junto con los de la vigilancia del FBI y la CIA de los movimientos contra la guerra y los derechos civiles. Millones de estadounidenses participaron en ambos movimientos, solo para descubrir que su gobierno consideraba su conducta digna de husmear. Esto disminuyó enormemente la confianza en el leviatán de la seguridad nacional.

La represión de la Guerra Fría había puesto la política de seguridad nacional de Estados Unidos más allá del ámbito de la crítica y la desilusión generalizada con la Guerra de Vietnam asesina, inmoral y desastrosa significaba que su futuro estaba en cuestión. Mientras el estado de seguridad nacional vivía, las consecuencias de Watergate y Vietnam colocaron su poder en su nive más bajo, al menos temporalmente.

Cheney trató de combatir estas restricciones. Como jefe de personal de la Casa Blanca para el presidente Gerald Ford, Cheney hizo cambios escritos a mano en un informe sobre las actividades de la CIA. El editor de Cheney cambió la descripción de la vigilancia nacional de la CIA de “ilegal” a “inapropiada”. Si bien Cheney no pudo evitar los controles impuestos al estado de seguridad nacional, se negó a renunciar a su lucha.

El congresista del apartheid

En 1978 Cheney fue elegido congresista y votó en contra de las sanciones contra Sudáfrica por al apartheid, en una resolución no vinculante que pedía la liberación de Nelson Mandela. El voto llevó a John Nichols a llamar a Cheney “el congresista del apartheid”. Durante las elecciones de 2000, los votos de Cheney sobre Mandela se convirtieron en un punto de controversia. Lejos de admitir el error, Cheney defendió su voto, explicando que el Congreso Nacional Africano era visto en ese momento como “terrorista”.

En el Congreso, Cheney era el miembro de alto rango republicano en una investigación de la Cámara de Representantes sobre el escándalo Irán-Contra. A principios de los años ochenta, el gobierno de Reagan fue sorprendido minando los puertos de Nicaragua. Aquel claro acto de guerra fue llevado a cabo por la CIA, a quien Ronald Reagan había prometido “desatar” mientras se postulaba para presidente.

Dentro de sus esfuerzos para derrocar al gobierno sandinista de Nicaragua, la CIA trabajó con los “Contras”. Apodados luchadores por la libertad por la Casa Blanca de Reagan, los Contras eran una fuerza terrorista. Dirigieron deliberadamente infraestructura civil como centros de alfabetización y clínicas de salud para socavar los esfuerzos sandinistas para mejorar la vida de los nicaragüenses. Temiendo que la guerra secreta de Reagan pudiera convertirse en otro Vietnam, el Congreso aprobó una serie de enmiendas presupuestarias conocidas como “enmienda Boland” para impidedir el envío de armas a la Contra con el fin de derrocar al régimen nicaragüense. Se hicieron varios esfuerzos para continuar el suministro de armas a la Contra, incluso a través de redes de financiación privadas, ignorando el narcotráfico de la Contra.

Pero el gobierno de Reagan casi implosiona cuando dirigentes clave fueron sorprendidos vendiendo armas a Irán y utilizando los ingresos para financiar los Contras en violación de la “enmienda Boland”. En el informe de Cheney, los proscritos no eran quienes habían armado la campaña terrorista de los Contras, sino el Congreso, que había tratado de limitar la guerra encubierta del gobierno de Reagan.

Cheney dejó el Congreso para servir como secretario de Defensa de Geoge H. W.Bush. En ese cargo, Cheney supervisó la invasión estadounidense de Panamá, completamente ilegal, violando tanto el derecho internacional como la Constitución de Estados Unidos. Mató a 3.500 panameños. El pretexto oficial era que Estados Unidos había acusado al dirigente de Panamá, Manuel Noriega, por tráfico de drogas e invadió el país para secuestrarlo y llevarlo a una sala de audiencias de Miami. Noriega era un antiguo sicario de la CIA. Y no era el único ex aliado estadounidense con el que Cheney tendría que luchar como secretario de defensa.

La Guerra de Irak

A lo largo de los años ochenta, Estados Unidos armó a Saddam Hussein contra Irán, incluso cuando utilizaba armas químicas. En 1990 Saddam volvió a la guerra con uno de sus vecinos, esta vez Kuwait. Hay evidencia que sugiere que erróneamente el dirigente irakí creía que Estados Unidos haría la vista gorda de la agresión. Pero Kuwait, a diferencia de Irán, era un aliado de Estados Unidos que, pasando por encima del Consejo de Seguridad de la ONU, lanzó una guerra contra Irak.

Estados Unidos fue mucho más allá de expulsar a Irak de Kuwait. Participó en un bombardeo masivo de Irak, claramente dirigido a la infraestructura civil. La ONU describió el bombardeo como “cercano al apocalipsis”. Con Irak incapaz de purificar el agua, procesar aguas residuales o regar cultivos, la ONU descubrió que el bombardeo había reducido el país a una “edad preindustrial”.

Durante la guerra, Estados Unidos lanzó dos bombas de “precisión” de dos mil libras en el refugio de Amiriyah. Este ataque contra un refugio aéreo civil sin uso militar causó la muerte de 408 civiles que se habían refugiado del bombardeo apocalíptico de su país. Cuando los soldados irakíes se retiraron de Kuwait, Estados Unidos los bombardeó en lo que se conoció como la “Carretera de la Muerte”. Las imágenes de humanos carbonizados se convirtieron en algunos de los más impactantes de la guerra. Como secretario de Defensa, Cheney fue responsable de estos crímenes.

Con una carrera tan ignominiosa como la de Cheney, es imposible no pasar por alto algunas atrocidades. Pero vale la pena mencionar un último momento durante su mandato como secretario de Defensa que se omite con demasiada frecuencia. Durante mucho tiempo acusaron a Estados Unidos de entrenar a los militares y escuadrones de la muerte latinoamericanos en tortura y otras violaciones de los derechos humanos. Las acusaciones provocaron una investigación oficial. Un informe clasificado, titulado como “Material Inapropiado en los Manuales de Entrenamiento de Inteligencia en Español”, confirmó que los materiales de adiestramiento de Estados Unidos instruyeron violaciones claras de la ley.

El informe fue entregado al secretario de Defensa, Cheney. Una copia obtenida por el Archivo de Seguridad Nacional contiene el sello “SECDEF HA VISTO”. No sería el último escándalo de tortura en el que jugaría un papel.

El hombre que dirigía el espectáculo

Después de su mandato como secretario de Defensa, Cheney pasó el resto de los años noventa fuera de los cargos públicos. Pero dos aspectos de su carrera durante este tiempo serían premonitorios. Se convirtió en director de Halliburton, una empresa de servicios petroleros que más tarde recibiría una serie de contratos relacionados con la Guerra de Irak cuando Cheney era vicepresidente.

También sería uno de los fundadores del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano. El grupo de expertos presionó por la promoción agresiva de la hegemonía estadounidense y la acumulación de fuerza militar. El Proyecto lamentaba que muchos de sus objetivos llevarían mucho tiempo lograrlos en “ausencia de algún evento catastrófico y catalizador, como un nuevo Pearl Harbor”. Mientras que el Proyecto para un Nuevo Siglo Americano abogó por una visión agresiva de la política exterior de Estados Unidos, centró su atención en un país en particular: Irak.

Irak se convertiría en el foco central del gobierno de George W. Bush. Un mes después de que los manifestantes gritaran “Salve al ladrón”, arrojaron huevos contra la limusina de Bush, que expandió dramáticamente el bombardeo estadounidense de Irak. La escalada de la guerra aérea más larga de Estados Unidos desde Vietnam ocurrió dos años completos antes del inicio oficial de la guerra de Irak y siete meses antes de los ataques del 11 de septiembre.

El 11 de setiembre

Mientras Irak estaba claramente en la mira del gobierno de Bush, ocurrió el asesinato de casi tres mil estadounidenses el 11 de septiembre de 2001, lo que allanaría el camino para la guerra más grande y largamente buscada. Cheney jugó un papel importante. Había sido recuperado por Bush para ayudarlo a seleccionar a un compañero de carrera y terminó convirtiéndose en el candidato a la vicepresidencia. Después de unas elecciones que casi con seguridad fueron manipuladas, Bush y Cheney llegaron a la Casa Blanca rechazados por la mayoría de los estadounidenses en las urnas.

El 11 de setiembre Bush estaba en Florida para una sesión de fotos. Después de que un segundo avión golpeara el World Trade Center, fue llevado en el Air Force One. Con el comandante en jefe volando alrededor del espacio aéreo estadounidense, Cheney dio la orden de derribar el vuelo 93 de United Airlines, uno de los aviones secuestrados restantes. En el momento en que se dio la orden, los pasajeros ya se habían rebelado, tratando de tomar el avión de los secuestradores con la intención de usarlo como un arma. Como resultado de este heroísmo, el avión se estrelló, matando a todos a bordo, antes de que pudiera usarse para atacar a otro objetivo.

Si bien la orden de derribo de Cheney fue en última instancia innecesaria, es indicativo de su papel inusual en la guerra contra el terrorismo. Por lo general, el vicepresidente no toma tales decisiones militares. Pero después de los ataques, Cheney se convertiría en el vicepresidente más poderoso de la historia. Cheney usó ese poder para presionar en favor de la guerra contra Irak, que se basó en dos grandes mentiras, que Cheney promovió. Primero, que Irak poseía armas de destrucción masiva. En segundo lugar, que Irak estuvo involucrado en los ataques del 11 de septiembre. La segunda mentira fue particularmente absurda. El gobierno baasista de Saddam, aunque brutal, no tenía nada en común con los yihadistas de Al Qaeda, responsables de los ataques asesinos. Si algún gobierno había ayudado a Al Qaeda, era Arabia Saudí.

Sin embargo, Arabia Saudí era un aliado estadounidense principal y socio comercial de la familia Bush. Al mismo tiempo que se fabricaba evidencia sobre Irak, el gobierno de Bush estaba bloqueando cualquier investigación sobre el posible papel saudí.

La expansión del poder ejecutivo

La guerra de Irak se lanzó con una horrible campaña de bombardeos aéreos, conocida como “Shock and Awe”, y continuó con una ocupación sangrienta y prolongada. Pero Irak no fue el único crimen de Cheney después del 11 de septiembre. Cheney había adoptado durante mucho tiempo una teoría expansiva del poder ejecutivo. Y después del 11 de septiembre, explotó la tragedia para tratar de promulgar las teorías que había discutido durante mucho tiempo. Cheney fue fundamental para impulsar las afirmaciones de que, como comandante en jefe, el presidente de Estados Unidos podría detener a cualquier persona, incluidos los ciudadanos estadounidenses, sin ninguna autorización judicial. Apoyó un programa de la CIA de desapariciones forzadas y torturas que recuerdan el terror de Estado de las dictaduras fascistas o militares.

Además de tener el poder de la guerra para secuestrar y detener a cualquiera, Cheney también creía que la autoridad del comandante en jefe del ejecutivo le daba el poder de espiar a cualquiera. A raíz de Watergate y las revelaciones sobre el espionaje a Martin Luther King y otros militantes, hubo un intento serio de limitar la vigilancia de la seguridad nacional. Para lograr este fin, el Congreso aprobó la Ley de Vigilancia de Inteligencia Extranjera (FISA). La ley no defendía las libertades civiles; permitía a un tribunal secreto autorizar la escucha electrónica de los estadounidenses. Pero para Cheney y otros halcones de la seguridad nacional de línea dura, fue una afrenta intolerable colocar límites a la autoridad del presidente para llevar a cabo escuchas telefónicas de seguridad nacional.

Al mismo tiempo, el gobierno de Bush estaba haciendo que el Congreso enmendara la FISA para permitir una mayor vigilancia. En secreto estaban elaborando un programa de espionaje completamente fuera de la FISA. La FISA, cabe señalar, no era una mera sugerencia; creó prohibiciones penales de las escuchas telefónicas sin orden judicial. Este régimen de vigilancia penal fue apodado el Programa de Vigilancia del Presidente, pero podría haber sido el Programa de Vigilancia del Vicepresidente.

El programa fue una creación de Cheney, su jefe de personal, David Addington, y el director de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) Michael Hayden. La versión firmada por Bush fue redactada principalmente por Addington. Aunque el programa es infame por permitir que la NSA intercepte sin autorización a los estadounidenses comunicaciones en el extranjero, según lo diseñado por Addington, originalmente permitía la intervención de llamadas puramente domésticas. Incluso el halcón de la vigilancia Hayden pensó que eso era demasiado lejano y se negó a implementar esa parte. Se eliminó de las reautorizaciones posteriores.

A lo largo de los años, el programa se ha justificado de numerosas maneras mediante argumentos legales, pero la justificación inicial y más radical provino directamente del plan de Cheney. Las escuchas telefónicas se justificaban por el poder del presidente como comandante en jefe. El hecho de que la FISA las hubiera criminalizado era irrelevante; la verdadera violación de la ley fue el intento de la FISA de controlar al presidente. Esto reflejaba la lógica que Cheney esgrimió durante el caso Irán-Contra como miembro del Congreso.

Además de las guerras de agresión, los encarcelamientos indefinidos y las torturas, la “guerra contra el terrorismo” también normalizó los asesinatos. Técnicamente están prohibidos por decreto, aunque el decreto no define los asesinatos, y debido a un razonamiento jurídico enrevesado y a un juego de palabras, se ha vuelto redundante en la práctica, aunque sigue vigente en teoría. Esta medida refleja el programa de asesinatos de Israel, eufemísticamente denominado “asesinatos selectivos”, en parte para eludir las prohibiciones internacionales sobre las ejecuciones extrajudiciales.

Es difícil de imaginar hoy, pero antes del 11-S, el gobierno de Bush se opuso inicialmente a los asesinatos de dirigentes palestinos por parte de Israel. Hubo un disidente. Cheney rompió públicamente con la postura oficial del gobierno, respaldando los asesinatos israelíes. Durante la “guerra contra el terrorismo”, el gobierno de Bush, con la ayuda de la experiencia técnica y los argumentos legales israelíes, apoyó oficialmente los asesinatos selectivos. Ya fueran perpetrados por fuerzas especiales o drones mecanizados, los asesinatos se convertirían en el sello distintivo de la “guerra contra el terrorismo” eencabezada por Estados Unidos.

Cheney dejó tras de sí la carnicería y la muerte

La última aparición pública de Cheney fue quizás la más extraña. Surgió como un oponente de Trump y llegó a respaldar la fallida candidatura presidencial de Kamala Harris. En una de las maniobras más torpes en la historia de las elecciones, la campaña de Harris promocionó abiertamente el apoyo de Cheney y otros republicanos de la línea dura. Si bien la campaña de Harris tuvo dificultades para ganarse el apoyo de votantes clave debido a su negativa a romper con el apoyo de Biden al genocidio israelí, buscó superar a Trump en su postura agresiva.

La oposición de Cheney a Trump ha permitido a algunos tratar de rehabilitarlo de manera reprensiva como defensor de la democracia. Nada podría estar más lejos de la verdad. Cheney ascendió a vicepresidente como resultado de unas elecciones fraudulentas. Una vez en el poder, sus ataques a la democracia solo empeoraron. Explotando la tragedia del 11 de septiembre, rompió casi todas las normas democráticas para promulgar un régimen de políticas autoritarias y asesinas. No solo fue la figura más destructiva para la democracia estadounidense en el siglo XXI: dejó atrás la carnicería humana y la muerte en todo el mundo.

No solo es responsable de sus ataques a la democracia, sino que hay líneas sólidas entre él y Trump. La primera campaña de Trump estuvo marcada por llamamientos a la vigilancia de las mezquitas, el apoyo a la tortura, la escalada de las guerras aéreas en Oriente Medio y el asesinato de represalias de las familias “terroristas”. ¿Puede alguien argumentar seriamente que estas no son las extensiones lógicas de la guerra de Cheney contra el terrorismo?

En el segundo mandato de Trump, ha reclamado el derecho a bombardear países sin autorización del Congreso, ha etiquetado como “terroristas” a los opositores autóctonos para aprovechar el vasto aparato de vigilancia antiterrorista de la nación, ha llevado a cabo asesinatos de presuntos traficantes de drogas y claramente está buscando un cambio de régimen contra el gobierno de Venezuela. Estas son las políticas que Cheney pasó su vida defendiendo. Trump incluso logró el sueño a largo plazo de Cheney de bombardear Irán.

El mayor peligro de Trump para nuestra democracia proviene del poder ejecutivo descontrolado acumulado en el estado de seguridad nacional que Cheney pasó su vida construyendo. Según Cheney, el gobierno de Estados Unidos no solo podría detener a un ciudadano estadounidense sin una orden judicial, sino también sin recurrir a los tribunales o una posible intervención del Congreso. Al igual que Cheney, es casi seguro que Trump saliva ante la idea de llevar a cabo tales políticas.

Si bien es discutible el papel que jugaron las falsas posturas antibélicistas de Trump o la cinica manipulación del respaldo de Cheney a Harris en su victoria electoral del año pasado, no hay duda de que la victoria electoral de Barack Obama en 2008 fue en gran parte un rechazo a la guerra de Cheney contra las políticas terroristas. Sin embargo, a pesar de llevar esta indignación popular a la Casa Blanca, Obama cimentó y expandió muchas de estas políticas, incluida la vigilancia sin orden judicial de la NSA y los asesinatos mundiales.

Que los presidentes continúen las políticas más oscuras de Cheney habla quizás de su legado más preocupante: es en gran medida el mundo que Dick Cheney hizo que sigamos viviendo.

Chip Gibbons https://jacobin.com/2025/11/cheney-war-terror-iraq-trump

‘Los combustibles fósiles son un regalo de dios’

Del 10 al 21 de noviembre se ha celebrado la COP30 en Belén, Brasil, una gigantesca reunión con casi 70.000 participantes. Significa que las conferencias climáticas tienen ya 30 años de historia, con muchas frases, declaraciones solemnes, compromisos ambiciosos y fracasos más que abolutos, como cabía suponer: desde la Cumbre de la Tierra que inició el proceso de descarbonización, las emisiones de CO2 han aumentado un 65 por cien.

COP significa Conferencia de las Partes. Es una reunión anual de los Estados que han ratificado el Convenio de la ONU sobre el Cambio Climático, aprobado en 1992 en Rio de Janeiro para reducir las emisiones de CO2.

En 1997 el Protocolo de Kioto fue histórico. Por primera vez se acordó que el cambio climático era un drama mundial, que necesitaba de normas internacionales vinculantes y, en definitiva, de un “gobierno mundial”.

A pesar de haberlo negociado, el gobierno Clinton-Gore de Estados Unidos, entonces el mayor emisor del mundo, se negó a ratificar el tratado.

El primer compromiso fue la reducción de las emisiones en un 5,2 por cien para los países industrializados para el período 2010-2012 que, como cabía esperar, nunca se cumplió porque los compromisos climáticos nunca han sido más que eso, brindis al sol, las típicas leyes que no se cumplen porque no se aprueban para ser cumplidas, sino para adornar el escaparate.

Hace apenas unos años la Agencia Internacional de la Energía anunció un “pico” inminente en la demanda de combustibles fósiles. No aciertan nunca: a pesar de los ambiciosos objetivos climáticos internacionales y la promesa de una rápida transición energética, la demanda mundial de combustibles fósiles no ha disminuido, sino que continúa aumentando.

La creciente demanda de energía de la economía mundial choca directamente con las expectativas verdes y el llamado “pico del petróleo”. Lejos de reducirse, entre 1990 y 2010 las emisiones aumentaron un 32 por cien. El consumo mundial de combustibles llamados “fósiles” ha seguido aumentando. Suponen casi el 87 por cien de la energía que mueve el mundo.

Las previsiones anteriores han quedado obsoletas. Actualmente las energías renovables no están reemplazando a las fuentes convencionales, sino que las complementan. Si bien la energía solar y eólica se están expandiendo masivamente, esto no es suficiente para satisfacer la creciente demanda energética mundial.

El presidente brasileño, Lula, es el típico hipócrita que firma todas las declaraciones seudoecologistas que le ponen encima de la mesa, al mismo tiempo que autoriza la exploración petrolera en la parte brasileña de la Guayana, frente a la costa del río Amazonas. La retórica va por un ado y la realidad por otro muy distinto.

El año pasado, en la inauguración de la COP29 en Bakú, el presidente azerbaiyano Ilham Aliyev, declaró que “los combustibles fósiles son un regalo de dios”. Esta declaración reflejaba el fin de una era, en la que la ONU ha hecho el ridículo durante 30 años.

Es lógico que los jefes de Estado ya no acudan a este tipo de cumbres climáticas, salvo que estén en periodo electoral y necesiten salir por la televisión para recaudar votos. Dejan la tarea a los ministros de medio ambiente, que para eso los nombran.

Con el tiempo, en este tipo de eventos se ha ido colando, poco a poco, la energía nuclear, que antes estaba muy mal vista por las organizaciones verdes. Si se trata de descabonizar, nada mejor que construir centrales nucleares. En Dubai, en paralelo a la COP, se celebró una conferencia para revitalizar la energía nuclear.

Incluso han comenzado a oirse voces contra la decarbonización, algo normal cuando una cumbre seudoecologista se celebra en Bakú, el centro petrolífero mundial por excelencia. En Varsovia, en medio de una COP, se celebró otra reunión paralela para promover la minería del carbón porque una de las máximas prioridades del mundo sigue siendo una energía barata y abundante.

Crece la tensión entre Kallas y los eurodiputados a puerta cerrada

La negativa de Bélgica a cooperar con el plan europeo para saquear los activos rusos congelados aumenta las tensiones en el interior de las instituciones, especialmente con Kaja Kallas, que presiona para completar el expolio.

No hay nada mejor y más sencillo que “ayudar” a alguien con dinero ajeno, piensa la inepta de Kallas.

“La alta diplomática de la Unión Europea defendió enérgicamente la propuesta durante una reunión privada con eurodiputados del PPE [Partido Popular Europeo] en Estrasburgo, lo que enfureció profundamente a varios de ellos”, comenta Euractiv (*).

“El eurodiputado belga Wouter Beke reiteró la preocupación del primer ministro Bart De Wever sobre los inaceptables riesgos legales y financieros que Bélgica afrontaría si se concediera un préstamo de 140.000 millones de euros a Ucrania”, añade. “Esta sigue siendo la opción preferida de Kallas y la Comisión para apoyar a Ucrania el próximo año”.

Kallas “preguntó por qué Bélgica estaba tan preocupada. ¿A qué tribunal recurriría Rusia? ¿Qué juez fallaría a su favor?”, con la típica candidez de quien no sabe contar con los dedos de una mano. Cualquier tribunal europeo le dará la razón a Rusia que, por lo demás, no necesita pleitos pera recuperar su dinero. ¿No han vito su arsenal?

“Kallas también estableció un paralelismo con la obligación de Irak de pagar más de 50.000 millones de dólares en reparaciones a Kuwait tras la invasión de 1990”, continua relatando Euractiv.

Otro participante describió a Kallas como “muy condescendiente” en sus comentarios sobre la postura de Bélgica, mientras que un tercero calificó su tono de “increíble”. Un eurodiputado no belga resumió el sentimiento general con una simple frase: dejen de quejarse. Otro eurodiputado insistió en que se limitaba a exponer los hechos. Kallas también mencionó su ascendencia estonia, insinuando que entendía a Rusia mejor que los belgas.

“Tras presentar a los dirigentes una propuesta aún imperfecta el mes pasado, inspirada por Friedrich Merz, la Comisión aún no ha llegado a un acuerdo que alivie los temores belgas. Kallas presidirá una videoconferencia de ministros de Asuntos Exteriores de la Unión Europea para debatir un plan de paz para Ucrania, durante la cual se espera que se aborde la cuestión del préstamo”, concluyó Euractiv que, como ven, confunde un atraco con un crédito.

Cada vez está más claro que Kallas vive en un universo paralelo. En sus últimas declaraciones asegura que «la idea de que Ucrania [la guerra] está perdiendo es completamente falsa”. Los demás tenemos una imaginación muy calenturienta.

(*) https://www.euractiv.com/news/rapporteur-kallas-asks-whats-belgiums-problem/

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