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La siderúrgica Thyssenkrupp despide a 11.000 trabajadores

Es otra señal del hundimiento de la industria europea y, singularmente, de la alemana: el gigante alemán Thyssenkrupp eliminará alrededor de 5.000 puestos de trabajo y subcontratará cerca de 6.000 puestos en su rama siderúrgica. El holding se ha comprometido a financiar su filial siderúrgica en dificultades sólo durante los próximos veinticuatro meses.

Thyssenkrupp eliminará o subcontratará 11.000 puestos en su filial siderúrgica de aquí a 2030, anunció ayer la empresa. El conglomerado industrial se enfrenta a dificultades crecientes relacionadas con la superproducción, el aumento del coste de la energía y la competencia del acero chino.

En la división que sufre pérdidas eliminarán alrededor de 5.000 puestos de trabajo y se subcontratarán 6.000, más del 11 por cien de su fuerza de trabajo. Thyssenkrupp añade que quiere reducir los costes salariales una media del 10 por cien en los próximos años, para adaptarlos a la competencia. “Queremos tener éxito en la reorganización del acero, si es posible sin despidos económicos”, dijo el director Miguel López.

En su nota de prensa de ayer, Thyssenkrupp asegura que estas medidas son “necesarias para mejorar la productividad y la eficacia operativa” de su filial siderúrgica Thyssenkrupp Steel, “y para alcanzar un nivel de costes competitivo”.

La empresa también presentó un plan para acabar con la superproducción. La capacidad de producción de acero se reducirá hasta una horquilla de entre 8,7 y 9 millones de toneladas, frente a los 11,5 millones actuales. Además, se cerrará la planta de Kreuztal-Eichen (oeste de Alemania), que emplea a 1.000 trabajadores.

Al mismo tiempo, el holding tiene intención de deshacerse de su filial Thyssenkrupp Steel. El proceso se aceleró en mayo con la adquisición del 20 por cien de las acciones por parte del empresario Daniel Kretinsky, a través de su holding EPCG, y actualmente negocia la recuperación de un 30 por cien adicional, con el objetivo de crear una sociedad mixta.

Durante este ejercicio contable, el volumen de negocios del sector siderúrgico cayó un 18 por cien, hasta 10.000 millones de euros, agravando la pérdida anual del grupo que se situó en 1.500 millones de euros.

El holding alemán del acero tiene casi 100.000 trabajadores, de los que 27.000 están en las fábricas siderúrgicas. El proyecto es una “catástrofe para los trabajadores y la industria de Renania del Norte-Westfalia”, cuna del grupo en el oeste de Alemania, dijo el sindicato IG Metall.

A primera hora del lunes, el holding se comprometió a financiar a la filial durante los próximos dos años. Thyssenkrupp quiere reestructurar su rama siderúrgica, una actividad histórica lastrada por el aumento del coste de la energía y la competencia china.

El fabricante de acero debe financiar su descarbonización, un proyecto que cuesta 3.000 millones de euros, aunque la factura final podría ser mayor. A Thyssenkrupp le gustaría fabricar “acero limpio” producido a partir de hidrógeno procedente de energías renovables, pero necesitaría inversiones masivas que no puede abordar, ni siquiera con subvenciones públicas.

Thyssenkrupp tiene previsto inaugurar su producción de “acero verde” en 2027 en su sede de Duisburg, gracias a más de 2.000 millones de euros en subvenciones públicas. Pero las previsiones económicas no son realistas. Las instalaciones pueden ser mucho más costosas y algunos consideran que nunca se van a poder llevar a cabo.

Los dirigentes ucranianos han malversado la mitad de los fondos recibidos

Ucrania no ha recibido tanta ayuda del exterior como ha dicho el gobierno de Biden y los dirigentes políticos de Kiev han malversado hasta la mitad de los fondos recibidos para la guerra, según Piotr Kulpa, antiguo viceministro polaco.

Kulpa ha ocupado numerosos cargos en el gobierno polaco, incluido el de viceministro de Trabajo a mediados de la década de 2000. Ahora colabora con frecuencia como columnista en medios ucranianos.

El jueves dijo a la periodista ucraniana Lana Shevchuk que “todo el mundo sabe que la corrupción relacionada con la guerra afecta no sólo a Ucrania, sino también a los países que proporcionan los fondos”.

“¿Quién se cree que Estados Unidos ha invertido dos billones de dólares en Afganistán? ¡Es una locura!”, añadió Kulpa, quien acusa a los programas de ayuda estadounidenses de mover cantidades considerables de dinero para financiar “sistemas turbios bajo el control del Partido Demócrata”.

Según Kulpa, el próximo gobierno de Trump podría analizar las finanzas del gobierno y descubrir que Ucrania recibió muy poco “en comparación con las cantidades anunciadas públicamente, y que una gran parte de los fondos fueron malversados […] del orden del 30 al 50 por cien, cualquiera que sea la naturaleza de la ayuda”, reveló.

Denunciando los considerables salarios y primas que se embolsan los funcionarios ucranianos, Kulpa aclaró que si el país consiguiera recuperar todo el dinero robado, los fondos disponibles serían suficientes para financiar un año de trabajo. Kulpa calificó el sistema de “criminal” y añadió que equivale a “escupir en la cara a todos los ucranianos”.

Sus comentarios se vierten mientras la Casa Blanca se prepara para anunciar un nuevo pago de 275 millones de dólares para apoyar a Ucrania.

El Pentágono avisa a Ucrania sobre la corrupción

En un informe trimestral al Congreso publicado la semana pasada, el inspector general del Pentágono, Robert Storch, dijo que “la corrupción es un obstáculo para las aspiraciones de Ucrania a entrar en la Unión Europea y la OTAN”, y citó al ejército del país como un “actor clave” en tales escándalos.

“Jueces, políticos y funcionarios han sido acusados ​​de corrupción, y muchos escándalos de corrupción han involucrado al Departamento de Defensa”, señala el informe, citando datos del Departamento de Defensa de Estados Unidos.

El Servicio de Seguridad de Ucrania (SBU) afirmó haber descubierto una red de corrupción dentro del Ministerio de Defensa a principios de este año, cuando cinco personas intentaron robar 1.500 millones de grivnas (unos 40 millones de dólares) de dinero público destinado a la compra de granadas de mortero.

Aleksey Reznikov, el ministro de Defensa, fue destituido hace unos meses en medio de acusaciones de corrupción. Su sustituto, Rustem Umerov, dijo en enero que una auditoría descubrió 262 millones de dólares en cargos relacionados con el robo en la compra de armas. El año pasado, un oficial de inteligencia estadounidense comentó al periodista Seymour Hersh que Umerov era “aún más corrupto” que su predecesor.

En mayo los medios ucranianos informaron sobre un plan en el que funcionarios de Jarkov desviaron millones de euros a empresas ficticias para la compra de materiales de construcción inexistentes, privando así a la región de cualquier defensa a su llegada.

El informe se hace eco de las afirmaciones de un general ucraniano que el mes pasado advirtió que el ejército ucraniano no tiene capacidad para responder en un campo de batalla en constante cambio debido a los retrasos burocráticos y la corrupción que afectan sus servicios logísticos.

El general Dmitry Marchenko reveló en una entrevista que la capacidad de respuesta es un requisito previo esencial para un ejército moderno, y que el ejército de Kiev carece de ella, pero no por culpa de las tropas. “Nuestra burocracia y corrupción no nos permiten adaptarnos rápidamente y producir lo que necesitamos”, señaló, refiriéndose al sector militar de Ucrania.

Reino Unido creó un equipo militar para mantener a Ucrania siempre en guerra

Importantes figuras militares de Reino Unido propusieron llevar a cabo el atentado contra el Puente de Kerch, entrenar de forma encubierta a fuerzas terroristas en la retaguardia de Rusia al estilo “Gladio” y preparar a la población británica para un descenso en el nivel de vida causado por la guerra por delegación en Ucrania.

Una camarilla de veteranos militares y de inteligencia británicos elaboraron planes para prolongar la guerra por poderes en Ucrania “a toda costa”. Convocada bajo la dirección del Ministerio de Defensa británico inmediatamente después de la invasión rusa de Ucrania en febrero de 2022, la célula se autodenominó Proyecto Alquimia. Mientras el gobierno británico saboteaba las conversaciones de paz entre Kiev y Moscú, el equipo presentó una serie de planes “para mantener a Ucrania en guerra” imponiendo “dilemas estratégicos, costos y fricciones a Rusia”.

Tras la política británica en Ucrania hay una mano oculta que ha diseñado una guerra larga y agotadora a través de operaciones encubiertas en la retaguardia. Los planes del Proyecto Alquimia abarcan todos los campos concebibles de la guerra, desde ataques informáticos hasta “operaciones discretas” y terrorismo abierto. La célula incluso presentó un plan para perseguir y desmantelar medios de comunicación independientes a través de una campaña agresiva de acoso legal y censura en línea, para obligarles a cerrar. Los planes fueron entregados en los despachos superiores de las instituciones británicas de seguridad.

Fundado por un alto funcionario del Ministerio de Defensa británico, el Proyecto Alquimia está compuesto por militares veteranos y de inteligencia unidos por un plan de guerra total de Occidente contra Rusia. Algunos han entrenado a las tropas ucranianas en tácticas de sabotaje clandestino.

Los miembros del equipo de seguridad nacional reconocen tácitamente que sus operaciones desbordan los límites de la ley británica. Por lo tanto, sugirieron que Londres debería estar “preparado para usar la ley de manera creativa” para alcanzar sus objetivos, e incluso estar dispuesto a eliminar “las restricciones legales a las operaciones inasumibles de Reino Unido” contra Rusia.

Algunas de las recomendaciones más extremas del Proyecto Alquimia ya se han implementado, a menudo con resultados calamitosos. Incluyen la propuesta del equipo de atacar el Puente de Kerch en Crimea, que provocó una escalada rusa que incluyó ataques punitivos contra la infraestructura eléctrica de Ucrania. También planearon la construcción de un ejército secreto, al estilo Gladio, de terroristas ucranianos para llevar a cabo asesinatos y sabotajes detrás de las líneas enemigas.

El primer ministro británico, el laborista Keir Starmer, cayó bajo la influencia del Proyecto Alquimia poco después de su elección en julio, cuando abrazó con entusiasmo el papel de “primer ministro en tiempos de guerra”. Sin embargo, después de prometer que apoyaría a Ucrania “hasta donde sea necesario”, se está alejando silenciosamente de esa política. En Kiev, los ucranianos piensan que sus “amigos” de Londres los metieron en un lío y no pueden o no quieren sacarlos de él.

Para los espías que se reunieron en torno al Proyecto Alquimia, cuanto más dure la guerra por delegación, más caerá la credibilidad de Putin en el país y en el extranjero y se degradará su capacidad para luchar contra la OTAN. Hoy, la táctica del Proyecto Alquimia ha fracasado claramente, ya que Putin sigue siendo popular dentro de Rusia, mientras que un ejército ucraniano en decadencia pierde territorio día a día a pesar del constante rearme por parte de Occidente. Pero los planificadores de la guerra en Londres siguen firmemente comprometidos con la escalada, negándose a archivar sus propuestas.

Una larga saga de piratas y bucaneros

El Proyecto Alquimia se fundó por orden personal del teniente general Charlie Stickland, encargado de “planificar, ejecutar e integrar operaciones militares conjuntas y multinacionales en el extranjero dirigidas por Reino Unido” como jefe del Cuartel General Conjunto Permanente. En las comunicaciones que se han filtrado Stickland se jacta de que su familia “viene de una larga línea de piratas y bucaneros”.

Stickland convocó la primera reunión del Proyecto Alquimia el 26 de febrero de 2022, pocos días después de que las tropas rusas hicieran su incursión inicial en Ucrania. Según las actas de la reunión, “una variedad de académicos, autores, estrategas, planificadores, encuestadores, comunicadores, científicos de datos y técnicos destacados” estuvieron presentes para producir un “documento de opciones generales de estrategia”.

El documento consistía en una serie de propuestas para que el gobierno británico “derrotara a Putin en Ucrania y estableciera las condiciones para la remodelación de un orden internacional abierto del futuro”. A lo largo del documento, la necesidad de “mantener a Ucrania luchando” se describía como el “esfuerzo principal” de Londres en el conflicto.

En un correo electrónico dirigido a los oficiales británicos con fecha del 3 de marzo de 2022, Stickland describió el documento como “una travesura que he estado haciendo” con un equipo de “pensadores secundarios”. Expresó su satisfacción por el hecho de que “esto ha sido visto por todo tipo de personas”, incluidos altos funcionarios del gobierno y militares británicos, “y ha tenido buena acogida”.

Un documento que enumera a los reclutas potenciales y confirmados del Proyecto, escrito por Morris, menciona a una serie de personas del sector privado y del mundo académico, junto con altos funcionarios del ejército. Morris, que actualmente es miembro del “Centro de Gran Estrategia” del King’s College, figura en el documento como “cabecilla civil”. El de “cabecilla militar” lo desempeñaría Simon Scott, un brigadier del ejército, distinguido en 2013 por sus “valientes servicios” en Afganistán.

Las operaciones de información estarían a cargo de un miembro aún por determinar de la 77 Brigada de Operaciones Psicológicas de Gran Bretaña. También figuraba como participante en las operaciones de información el veterano agente británico de guerra psicológica Amil Khan, fundador de la empresa de análisis de “contradesinformación” Valent Projects.

En 2021 el entonces Príncipe de Gales, el rey Carlos de Inglaterra, reclutó a los Valent Projects de Khan para que un influencer de YouTube atacara a los escépticos de la pandemia. Anteriormente, Khan participó en el programa del Ministerio de Asuntos Exteriores de Reino Unido para fomentar el cambio de régimen en Siria.

Un golpe palaciego en el Kremlin y luego un Plan Marshall para Rusia

Dentro de la sala de guerra encubierta del Proyecto Alquimia, la obsesión por una guerra larga se apoderó rápidamente de los miembros de la célula, que se inspiraron en un documento de políticas que Stickland atribuyó a “The Elders”, a los que describió como “un grupo de actores de Fusion”, refiriéndose al estrato de académicos y figuras de la industria de defensa con fuertes vínculos con el ejército británico.

Un documento de Alquimia redactado bajo la supervisión de Stickland y titulado “El próximo capítulo de Ucrania: documento de opciones de la gran estrategia de los ancianos”, sugiere que los miembros de la camarilla se habían convencido a sí mismos de que era inevitable un “golpe palaciego” dentro del Kremlin. Mientras Rusia tuviera problemas en Ucrania, creían, la inteligencia británica tendría “la oportunidad de desafiar” la “creciente estatura de Moscú como actor internacional competente” en la escena mundial.

“Una guerra prolongada contra un estado pequeño hace que [Putin] parezca un tonto”, afirmaba el documento. “Está obsesionado con el fin de Gadafi; querrá evitarlo […] La presión de los oligarcas aumentará a medida que se alargue una guerra prolongada; no querrá darles excusas para amenazar su autoridad”. El equipo razonó que “una guerra prolongada afectará la credibilidad internacional [de Putin]”, ya que “un fracaso en derrotar rápidamente a Ucrania reducirá seriamente […] su credibilidad ante nuevos amigos ricos en Bielorrusia, Hungría, China, India, Oriente Medio, Brasil, etc.”

“Lo más importante”, la prolongada participación rusa en Ucrania “envalentonará a la OTAN”, argumenta la camarilla. Convencidos de que Putin fracasaría en la región oriental del Donbas, lo que provocaría un colapso de su gobierno, los miembros del Proyecto Alquimia fantasearon abiertamente con absorber a Rusia en el orden financiero dominado por Occidente después bajo el disfraz de un “Plan Marshall post Putin”. De particular interés fue el “reencuentro” de Londres con Moscú “en los mercados mundiales de energía y materias primas”, una aparente referencia al deseo de Occidente de gas y trigo rusos baratos.

Una Operación Gladio para Ucrania

Para lograr la balcanización de Rusia, los miembros del Proyecto Alquimia se inspiraron en la Operación Gladio, una operación encubierta orquestada por la CIA y la OTAN que vio a paramilitares fascistas llevar a cabo ataques terroristas de falsa bandera en toda Europa Occidental después de la Segunda Guerra Mundial en un intento de evitar que el comunismo echara raíces.

Una sección que detalla las posibles “operaciones discretas” en el documento de estrategia del Proyecto Alquimia, enfatiza la “necesidad de intervenir en todos los sentidos excepto el oficial” y recomienda explícitamente “manuales de permanencia en Gladio/panfletos partisanos” que se actualizarían para la Era de la Información”.

Otro punto que el Proyecto Alquimia propuso fue desplegar tropas mercenarias “para desbancar a Wagner”. El objetivo era crear un contrapeso británico para la fuerza fundada por Prigozhin. El objetivo requería la formulación de “una nueva doctrina, concepto operativo y marco legal, para integrar eficazmente” a los mercenarios y otros actores no militares. Según estas directrices, se emplearían empresas privadas británicas capaces de utilizar “armamento sofisticado como SAMS, informático, aire de combate y drones” para “operar, entrenar y acompañar a las formaciones ucranianas”.

Se pretendía que todas estas operaciones fueran “patrocinadas y comandadas” en última instancia por el gobierno de Londres “utilizando una cobertura discreta” para no activar el artículo 5 de los estatutos de la OTAN.

Tras la elaboración de su documento estratégico, Stickland invitó a su equipo de “pensadores colaterales” a presentar más propuestas para operaciones de estilo Gladio. Entre las que se elaboraron había una para “inhabilitar el puente de Kerch de una manera audaz e interrumpir el acceso por carretera y ferrocarril a Crimea y el acceso marítimo al Mar de Azov”.

El Proyecto Alquimia también elaboró una presentación en PowerPoint titulada “Entrenamiento de una fuerza de comando ucraniana para restaurar la soberanía marítima”, que describía la formación de una fuerza de comando ucraniana de 1.000 efectivos “entrenada en Gran Bretaña por veteranos militares equipados con equipo británico” para “degradar la Armada rusa y abrir otro flanco en la lucha por Jerson y el sur de Ucrania”.

El equipo estuvo trabajando en el plan durante al menos tres meses en el momento de la presentación. “Los ucranianos en el extranjero y los voluntarios dentro de Ucrania” ya habían sido reclutados, antes de las 12 semanas de entrenamiento básico “en el uso de todas las armas de las tropas, incluidos morteros, misiles antitanque, francotiradores, asaltos desde acantilados, entrenamiento con pequeñas embarcaciones y demoliciones”, decía la propuesta.

El plan preveía la integración formal de los comandos en la Armada ucraniana. La futura fuerza “será un multiplicador de fuerza y ​​muy móvil”, mientras que la “anticuada doctrina rusa tendrá dificultades con una fuerza naval altamente motivada y bien equipada que lleve a cabo operaciones relámpago y ataques contra Crimea”.

Además, “individuos que hablen ruso con fluidez y sean considerados aptos para operaciones encubiertas”, incluidas “operadoras femeninas”, serían “introducidas en el sur de Ucrania ocupada y Crimea para la recopilación de inteligencia y el sabotaje de objetivos clave de infraestructura”. Serían entrenados por oficiales del MI6. Para ello, el Proyecto Alquimia pidió al gobierno británico un total de 73,5 millones de libras. “El programa está en un alto estado de preparación. Estamos listos para empezar”, dijeron.

La suma debía ser pagada a Elders Services, una empresa fundada por los miembros del equipo y registrada en una dirección a sólo 24 kilómetros de Fort Monckton, que el ex oficial del MI6 Richard Tomlinson describió como “el centro de entrenamiento de operaciones de campo del SIS”.

Se desconoce cuánto dinero recibió, si es que recibió alguno, la empresa por reeditar la Operación Gladio en Ucrania. Elders Services cerró en marzo del año pasado después de menos de un año de funcionamiento, sin presentar la contabilidad.

Los espías británicos contra los medios díscolos

En Proyecto Alquimia había una sensación de que la hegemonía occidental se estaba desmoronando en las fronteras que separaban a Ucrania de Rusia. En referencia a la alianza Brics, que se reunió en Kazán en octubre para desafiar el orden financiero dominado por Estados Unidos, instaron a los dirigentes británicos a “prepararse para SWIFT II”, ya que SWIFT “iba a ser destruido” por las sanciones antirrusas de Occidente, “lenta, pero inevitablemente”.

Según el equipo, los países de todo el mundo “verían la necesidad de un medio alternativo no estadounidense” para estacionar de manera segura su efectivo y comerciar. En una rara muestra de sobriedad política, los espías británicos predijeron que las sanciones a Rusia combinadas con la guerra en Ucrania impondrían precios más altos a los bienes de consumo y “golpearían a los votantes británicos en el bolsillo”.

Eso es “una amenaza al apoyo público” a la “línea dura” del gobierno británico sobre Ucrania, advirtieron. “La opinión pública interna de Reino Unido” se “hartaría” de pagar más por los bienes de consumo diario, lo que significa que “crecería la presión para un compromiso”.

Para preparar a la población británica para la tormenta que se avecina, el Proyecto Alquimia propuso lo que describieron de forma insulsa como “operaciones de información”, pero que podrían describirse con mayor precisión como una mezcla de propaganda pública interior y ataques malignos a medios de comunicación disruptivos.

La tarea que describieron no solo incluía desmantelar la “infraestructura de desinformación rusa” presionando a las redes sociales para que prohibieran RT y Sputnik, sino también apuntar a medios independientes críticos. “Se pueden emprender varias acciones contra estos medios. La más obvia es legal, ya que el contenido de estos medios de comunicación a menudo contraviene la ley de medios en Reino Unido, Estados Unidos y la Unión Europea”, dijeron los planificadores.

“Las partes agraviadas actualmente tienden a ignorar la difamación/libelo de estos medios. Si los persiguieran agresivamente, es probable que se vieran obligados a cerrar”.

Afirmaban que hasta ahora Grayzone había logrado ocultar su financiación, lo que sugiere que el medio está financiado de forma encubierta por Rusia o algún otro estado enemigo. Las fantasías paranoicas de la inteligencia británica pueden explicar que la policía antiterrorista británica interrogara a uno de los periodistas, Kit Klarenberg, sobre el tema cuando lo detuvieron en el Aeropuerto Internacional de Luton en mayo del año pasado.

Colocar al ejército británico al frente de la guerra contra Rusia

Además de desempeñar un papel destacado en la manipulación de los medios, el Proyecto Alquimia buscó colocar a los peones del ejército británico al frente del Tribunal Penal Internacional para investigar y procesar al gobierno ruso por presuntos crímenes de guerra en Ucrania.

Londres debía crear “condiciones internacionales, mecanismos de recopilación y financiación para la recopilación de datos y pruebas” en la guerra por delegación, y brindar “todo el apoyo posible, incluida la inteligencia” al Tribunal “en sus esfuerzos por investigar los crímenes de guerra”, tal como lo hicieron los espías británicos para el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY).

Aunque no se los nombra en el documento, desde entonces abogados británicos de alto perfil, incluida Amal Clooney (*), están a la vanguardia de los esfuerzos para procesar a funcionarios rusos por crímenes de guerra y establecer un análogo del TPIY. El gobierno británico jugó un papel fundamental en el nombramiento del mentor de Amal Clooney, Karim Khan, como fiscal del Tribunal Penal Internacional.

Las provocadoras propuestas del Proyecto Alquimia parecen haber llegado al escritorio del primer ministro Keir Starmer de alguna forma. En la cumbre del 75 Aniversario de la OTAN, Starmer emitió un respaldo sin concesiones a los ataques profundos del ejército ucraniano contra Rusia. Haciéndose eco del lenguaje agresivo que se encuentra en los documentos del Proyecto Alquimia, se comprometió a “entregar 3.000 millones de libras esterlinas en apoyo a Ucrania cada año […] durante el tiempo que sea necesario”.

Pero a medida que la ofensiva del ejército ucraniano en la región rusa de Kursk flaquea, el gobierno de Biden se ha distanciado de los llamamientos a atacar el corazón de Rusia. Afortunadamente para los dirigentes británicos, empeñados en llevar la lucha hasta Moscú, el Proyecto Alquimia ha garantizado que siga teniendo a mano una serie de opciones no oficiales.

Como señaló en su documento de estrategia, “Reino Unido siempre busca actuar multilateralmente, pero está dispuesto a asumir una dirección unilateral cuando lograr un consenso multilateral pueda resultar una tarea que lleve mucho tiempo o resulte difícil”. Entre los patrocinadores encubiertos de la guerra, que se encontraban atrincherados a más de 1.600 kilómetros de las líneas del frente, había un acuerdo firme: “Debemos intentar a toda costa que Ucrania siga luchando”.

—Kit Klarenberg https://thegrayzone.com/2024/11/16/uk-plot-keep-ukraine-fighting/

(*) Amal Clooney es la esposa del conocido actor de Hollywod

El ejército británico pierde cada mes 300 soldados más de los que recluta

Los ejércitos europeos no seducen y, como consecuencia de ello, el reclutamiento no alcanza para reponer los abandonos. A pesar de ello, los militares sueñan despiertos, especialmente los británicos. “Cada año se establecen objetivos de contratación que no se alcanzan. El año pasado, la moral de las tropas alcanzó mínimos históricos” y “nuestras fuerzas perdieron cada mes 300 soldados más de tiempo completo de los que reclutaban”, dijo John Healey, el ministro de Defensa británico, durante una audiencia parlamentaria.

Al abandonar su puesto como Jefe de Estado Mayor, el general Patrick Sanders dijo que “en los próximos tres años, deberíamos poder hablar de un ejército británico de 120.000 hombres, incluidos los reservistas. Pero aún así no será suficiente”.

El último estudio de defensa estratégica, publicado en 2021, planeaba aumentar el número de efectivos del ejército británico y Grant Shapps, el antiguo ministro de Defensa británico, dijo que “la fuerza del ejército británico no bajará de los 73.000 hombres”. Sin embargo, un reportaje publicado por el diario The Times en enero estimaba que en 2026 tendría menos de 70.000 efectivos.

Las explicaciones del desinterés no son originales: la remuneración, las condiciones de vivienda, las dificultades para conciliar la vida militar y familiar, etc. Para intentar remediarlo, el ministro del ramo anunció la mayor subida de los sueldos en 20 años.

También hablan de conceder “bonos de retención” de 8.000 libras esterlinas a los suboficiales que ya hayan cumplido cuatro años de servicio. El importe de estas bonificaciones podría llegar incluso a las 30.000 libras esterlinas para conservar a los especialistas clave en el ámbito de la aeronáutica.

Otra medida tiene como objetivo agilizar el proceso de reclutamiento, ya que el ministro indicó que, durante la última década, del millón de jóvenes que solicitaron ingresar en el ejército, el 75 por cien había cambiado de opinión antes de realizar las primeras pruebas.

Putin se ha sacado un conejo de la chistera

Al presentar el nuevo misil Oreshnik, Putin se preocupó de destacar que se trata de un arma nueva, cuyo origen no es soviético. Como los mejores magos, “Putin se ha sacado un conejo de la chistera”, decía una web estadounidense, y no hay nada mejor que probar el invento sobre la marcha.

Pero el jueves no todo fueron novedades. Había viejas cuentas que saldar y Putin aprovechó la ocasión para recordar que Estados Unidos había cometido un error al desmarcarse unilateralmente el Tratado INF en 2019.

Como expusimos ayer, el antecedente del Oreshnik es el RS-26 con un alcance más corto y una ojiva con seis (en lugar de los cuatro anteriores) cargas de reentrada independientes.

Si nos remontamos aún más en el tiempo, el Oreshnik pertenece a la misma categoría que los SS-20 que desencadenaron la crisis de los euromisiles en 1977 al mismo tiempo que Zbigniew Brzezinski publicaba su libro “El Gran Tablero”, en el que sostenía que Rusia era débil, su ejército estaba anclado en los tiempos soviéticos y no tenía más remedio que someterse a la OTAN.

Desde entonces en los medios estadounidenses circula el concepto de “guerra fácil”, que se ha extendido a otros países, además de Rusia, como Irán, por poner un ejemplo. Una guerra es “fácil” porque hay una parte mucho más fuerte que la otra; está más y mejor armada y hoy esas armas son -principalmente- los misiles. De ahí que durante la Guerra Fría los misiles fueran el núcleo de las negociaciones de desarme.

A su vez aquellas negociaciones dieron lugar a la clasificación oficial de los misiles para reducirlos o eliminarlos, como expusimos ayer en otra entrada. Sin embargo, como se observa cada día en Ucrania, hoy la tecnología militar ha cambiado los teatros de operaciones.

El Oreshnik es la mejor demostración de ello, y no sólo por su invulnerabilidad, sino porque lo mismo se puede lanzar sobre Ucrania que sobre Reino Unido, sin que haya manera de saber de antemano el tipo de carga que lleva.

La presentación en sociedad del nuevo misil la hizo Putin en persona para que no haya ningún género de dudas de que se trata de un aviso para navegantes. Al hablar de su “alcance Medio”, Putin recordaba -a quienes tienen un poco de memoria- que el Oreshnik es el nuevo SS-20 de los tiempos soviéticos que obligó a Estados Unidos a firmar el Tratado INF.

El desmantelamiento de la URSS hizo creer a Estados Unidos que había “guerras fáciles” y se desmarcaron del Tratado INF. Sólo faltaba que Rusia hiciera lo propio, como cabía esperar, y se trata sólo de un ensayo de prueba edn condiciones reales de guerra, recordó Putin. “La cuestión de un mayor despliegue de misiles de corto y mediano alcance se resolverá basándose en las acciones de Estados Unidos y sus estados satélites”, añadió.

Algún ingenuo le preguntaría a Putin: ¿a qué se refiere cuando habla de los “estados satélites” de Estados Unidos? A buen entendedor…

La propia naturaleza del misil le permite a Putin darse un lujo apoteósico: cuando lo disparemos “pediremos a la población civil, así como a los ciudadanos de países amigos, que abandonen las zonas peligrosas con antelación. Lo haremos por razones humanitarias. Lo haremos públicamente, abiertamente, sin correr el riesgo de contramedidas por parte del adversario, que también recibirá esa información. ¿Por qué podemos hacer esto? Porque hasta la fecha no existe ninguna contramedida contra este arma”.

La escalada de la Guerra de Ucrania agrava la crisis energética en Europa

En Europa se las prometían muy felices porque habían superado “para siempre” la crisis energética de hace dos años, los precios habían caído sustancialmente y tenían llenos los depósitos de gas. Ya nadie hablaba de crisis energética.

Ahora volvemos al punto de partida: los precios ya no están tan bajos, las reservas han caído y acecha un invierno largo y crudo, como están comprobando en Irlanda, donde se han producido cortes en el suministro eléctrico, lo mismo que en Francia.

La escalada de la guerra ha contribuido a un aumento de los precios del gas de alrededor del 45 por cien este año. Aunque los niveles todavía están muy por debajo de los niveles alcanzados en 2022.

Además, las existencias están disminuyendo rápidamente, ya que las primeras temperaturas bajo cero han aumentado la demanda de calefacción, el viento ha parado de soplar y los aerogeneradores están parados.

En la crisis de 2022 Alemania ordenó compras rápidas de gas destinado a ser almacenado en el mercado mundial a precios récord. Para intentar recuperar parte del coste adicional, Berlín introdujo un impuesto sobre los envíos a través de Alemania. El plan fue criticado porque aumentaba el coste de su obtención para países sin litoral como Austria, Eslovaquia y la República Checa.

Fatih Birol, director de la Agencia Internacional de Energía, ha dado la voz de alarma, advirtiendo que Europa necesita reservas suficientes para el final del invierno si el tránsito del gas ruso a través de Ucrania finaliza el 1 de enero con el vencimiento del contrato entre Moscú y Kiev.

La Unión Europea sigue recibiendo alrededor del 5 por cien de sus importaciones de gas de Rusia a través de la red de tránsito ucraniana, un contrato que se acaba a final de año y que no se va a prorrogar porque el gobierno ucraniano no quiere hacerlo.

El mes pasado Putin dijo que, por su parte, ellos están dispuestos a seguir suministrando gas a la Unión Europea a través de Ucrania, pero que el gibierno de Kiev debe prorrogar el contrato.

A falta de gas ruso, la alternativa a un invierno crudo y largo es el gas licuado, lo que es sinónimo de precios elevados. En Bruselas cada mañana encienden velas y rezan plegarias para que Oriente Medio no agrave la crisis del gas con otra escalada bélica paralela que multiplicaría los precios aún más.

Un especulador quiere comprar el gasoducto NordStream para Estados Unidos

El especulador estadounidense Stephen P. Lynch quiere comprar el gasoducto Nord Stream si se subasta en el marco del procedimiento de quiebra del operador que se sigue en Suiza, dice el Wall Street Journal (*).

Es una ganga, una oportunidad única para que Estados Unidos controle el suministro energético europeo adquiriendo la propiedad del gasoducto destruído por ellos mismos a precio de saldo.

“Un inversor estadounidense con un historial de negocios en Rusia ha pedido al gobierno de Estados Unidos que le permita ofertar por el gasoducto saboteado Nord Stream 2 si se subasta en el procedimiento de quiebra suizo”, dice el periódico.

Lynch ofrece pagar 11.000 millones de dólares y en febrero pidió al Tesoro de Estados Unidos una licencia para negociar su reparación con empresas sometidas a sanciones estadounidenses, señalando que de esa manera los buitrres podrían evitar la quiebra de la empresa operadora.

Lynch argumenta que la posesión del oleoducto daría a Estados Unidos una poderosa herramienta para negociar la paz con Rusia para resolver la Guerra de Ucrania, al tiempo que apoyaría objetivos estratégicos más amplios de Estados Unidos.

“La conclusión es la siguiente: esta es una oportunidad única para que los estadounidenses controlen el suministro de energía europeo durante el resto de la era de los combustibles fósiles”, comenta Lynch.

(*) https://www.wsj.com/business/energy-oil/a-miami-financier-is-quietly-trying-to-buy-nord-stream-2-gas-pipeline-f43dd85d

Los países de la OTAN tienen buenos motivos para estar asustados

El jueves el ejército ruso atacó la fábrica Yuzhmash en la ciudad de Dnepropetrovsk con un misil Oreshnik, inédito hasta la fecha. Es un disparo de advertencia que responde a la imparable escalada de la OTAN en Ucrania.

Según el Pentágono, Rusia les informó del lanzamiento una hora antes. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, matizó que no fue exactamente así: la alerta se activó automáticamente.

El misil no puede ser interceptado por las modernas defensas aéreas. Vuela a una velocidad de 10 mach, es decir diez veces la velocidad del sonido, o tres kilómetros por segundo. Es de mediano alcance y vuela a una distancia de 1.000 a 5.500 kilómetros.

No existe ningún sistema de defensa aérea o antimisiles en el mundo capaz de interceptar estos misiles hipersónicos. El misil podría alcanzar muy rápidamente objetivos clave de la OTAN en Europa. Podría llegar a la base estadounidense de misiles Aegis Ashore en Redzikowo, Polonia, entre ocho y once minutos después del lanzamiento.

La OTAN no tiene misiles que vuelen a tales velocidades, ni tampoco misiles hipersónicos. Aunque Estados Unidos se ha jactado repetidamente de poseer tales misiles, nunca ha demostrado su vuelo. Han mostrado misiles volando a una velocidad supersónica de 5,5 veces la velocidad del sonido, pero en artillería la velocidad hipersónica comienza en 6 ó 7 mach.

El principio de funcionamiento es similar al demostrado por el misil hipersónico Kinjal, lanzado por el avión supersónico MiG-31K, o el vehículo planeador del sistema hipersónico Avangard acelerado por el misil balístico intercontinental UR-100N UТТKh.

El misil está equipado con varias ojivas. Acelera a velocidad hipersónica y los bloques de separación vuelan hacia el objetivo también a velocidad hipersónica.

El nuevo misil ruso podría transportar al menos seis ojivas de reentrada contra objetivos independientes múltiples (MIRV).

Misiles de corto, medio y largo alcance

Los misiles se pueden clasificar según el alcance que son capaces de alcanzar. Los misiles balísticos de corto alcance (SRBM) están diseñados para apuntar a fuerzas enemigas dentro de un radio de aproximadamente 1.000 kilómetros. Normalmente utilizados en escenarios tácticos, permiten una respuesta rápida a amenazas regionales.

Los misiles balísticos de medio alcance (MRBM) amplían su alcance operativo a aproximadamente 3.500 kilómetros. Estos sistemas fortalecen las capacidades de disuasión de un país al permitir atacar objetivos más distantes sin recurrir a sistemas intercontinentales.

Los misiles balísticos intercontinentales (ICBM) representan la categoría de mayor alcance, con capacidades que superan los 5.500 kilómetros. Estos misiles sirven como elemento de disuasión estratégico, capaces de transportar cargas explosivas de un continente a otro e influir significativamente en el equilibrio internacional de fuerzas.

Estados Unidos, Rusia y China han desarrollado estos tres tipos de armas. A finales de la década de los ochenta, por iniciativa de Gorbachov, Estados Unidos y la Unión Soviética firmaron el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (Tratado INF) que prohíbe a ambos países todos los misiles balísticos lanzados desde tierra, misiles de crucero y lanzadores de misiles nucleares y convencionales con un alcance entre 500 y 1.000 kilómetros (corto y medio) y entre 1.000 y 5.500 kilómetros (alcance intermedio).

El tratado no se aplicaba a los misiles lanzados por aire o por mar. En mayo de 1991 los países habían eliminado 2.692 misiles, a lo que siguieron diez años de inspecciones in situ para verificarlo.

Si bien se prohibió el despliegue de misiles de cierto alcance, el desarrollo de misiles continuó. Alrededor de 2008, Rusia utilizó el diseño básico del misil intercontinental RS-24 (Yars) para desarrollar una versión más flexible con una carga útil más ligera. El resultado fue el misil RS-26, más fácil de manejar. Aunque pudo alcanzar el alcance necesario para ser clasificado como misil intercontinental, su carga útil era demasiado baja para ser verdaderamente efectivo.

Estados Unidos se retira del Tratado INF

A principios de 2018 Rusia decidió detener todo desarrollo del RS-26 e invirtió su dinero en el vehículo de planeo hipersónico Avanguard, más prometedor. Meses después Estados Unidos se retiró del Tratado INF porque, como dijimos entonces, necesitaba contrarrestar el desarrollo de armas chinas en el Océano Pacífico, particularmente en el Mar de China Meridional, ya que China no firmó el Tratado INF.

La retirada de Estados Unidos del INF se alineó con la retirada de 2002 del Tratado de Misiles Antibalísticos, que limitaba las defensas antimisiles. Poco después, Estados Unidos anunció la construcción de “instalaciones antimisiles” en el este de Europa. Estas instalaciones pueden reutilizarse fácilmente para disparar misiles de crucero contra Rusia.

En julio de este año la OTAN anunció que Estados Unidos desplegaría misiles de alcance intermedio con capacidad nuclear en Alemania a partir de 2026. Eso recreaba la situación que experimentó Europa antes de la firma del Tratado INF. Los misiles podrían alcanzar las principales instalaciones militares, industriales y administrativas rusas, así como la infraestructura de defensa.

El tiempo de vuelo de esos misiles, que en el futuro podrían estar equipados con cabezas nucleares, es de unos diez minutos.

Las ‘medidas espejo’ de Putin

Rusia tenía que responder a la amenaza con lo que Putin calificó como “medidas espejo” (*). Estados Unidos ya ha realizado ejercicios para desplegar sistemas de misiles Typhoon desde su territorio hasta Dinamarca y Filipinas, dijo Putin. Esta situación recuerda los acontecimientos de la Guerra Fría relacionados con el despliegue de misiles Pershing estadounidenses de medio alcance en Europa.

Si Estados Unidos implementa esos planes, añadió Putin, “nos consideraremos liberados de la moratoria unilateral previamente asumida sobre el despliegue de armas de ataque de mediano y corto alcance, incluido el aumento de las potencia de fuego de las tropas costeras de nuestra Armada”.

El ataque del jueves a la fábrica Yuzhmash en Dnepropetrovsk es la primera demostración de que Rusia casi ha completado el desarrollo de las “medidas espejo”. Sin recurrir a armas nucleares, Rusia es capaz de destruir cualquier instalación militar o fábrica en Europa con una probabilidad garantizada del 100 por cien, lo cual crea un nuevo escenario militar del que la OTAN va a tomar buena nota.

(*) http://en.kremlin.ru/events/president/news/74651

Algo mucho peor que ‘el opio del pueblo’

A primeros de noviembre el Premio Goncourt, el máximo galardón de la literatura francesa, se adjudicó al escritor argelino Kamel Daoud, columnista del periódico reaccionario Le Point y habitual en las tertulias de las televisiones. El premio indica los derroteros de la ideología dominante en Francia, envuelta en el rechazo virulento del mundo árabe-islámico y, sobre todo, de la “islamización” de Francia.

“No hay peor astilla que la de la propia madera”, dice un refrán y la intelectualidad francesa prefiere que su tarea inquisitorial la lleven a cabo personajes como Daoud. Pero en el mismo saco podría meter también al máximo dirigente de los fascistas franceses, Jordan Bardella, otro renegado del que ya hablamos anteriormente. Los defensores de la “identidad nacional” son personajes así, que llegan de fuera y se identifican tanto con los autóctonos que quieren cerrar la puerta. El cupo se ha agotado. Ya no cabe nadie más.

El argelino es el reverso de Frantz Fanon. En la dialéctica del amo y el esclavo, Daoud se ha puesto del lado del amo y en el “choque de civilizaciones” también. Es un tránsfuga que, además de la cultura árabe-islámica, rechaza a su propio país para ponerse al servicio de la antigua metrópoli. El amo se relaciona con el esclavo a través de este tipo de intermediarios, decía Hegel. Son los “cabos de vara” de la dominación.

Un intérprete tan acabado de la ideología dominante, como Daoud, consigue que sus lectores se identifiquen plenamente con sus escritos y novelas, llenas de tópicos sobre la civilización del otro lado del Mediterráneo, cuyos males no tienen un origen colonial, ni político, ni económico, sino religioso.

Con ese punto de partida, en Francia la ideología dominante es tan cutre como en los demás países europeos. Parece que el islam no es una religión como las demás, que tiene algo distinto, mucho peor que el “opio del pueblo”: atavismo, ocurantismo, machismo, odio la modernidad, a occidente…

El Premio Goncourt ha llegado en el momento político más oportuno. La simbiosis del colonizado con su metrópoli es tan estrecha que alcanza a la defensa de Israel frente a unos vecinos árabes muy belicosos. Los argumentos de Daoud son otra colección de tópicos de amplio espectro para consumo de los tertulianos de las televisiones: Israel tiene derecho a defenderse, Hamas es una organización teocrática…

En su última novela, Houris, el autor relata la historia de Aube, una joven argelina cuyo cuerpo lleva las cicatrices del “terrorismo islamista” que asoló Argelia en los años noventa. Sueña con recuperar su voz para contar su historia, especialmente al niño que espera. Daoud critica a los yihadistas de su país, pero también al gobierno que acabó con ellos después de una década de guerra brutal.

Actualmente se celebra la Feria Internacional del Libro de Argel, que acoge a más de 1.000 editores de 40 países, con 300.000 títulos. Pero Daoud no tendrá la oportunidad de exponer su novela porque si el Premio Goncourt es política, la Feria también: Argelia insiste en mostrar la lucha anticolonial, no la defensa de la colonización.

Un pie en oriente y otro en occidente: Turquía

Rusia, que actualmente preside los Brics, invitó a la cumbre de Kazan a los dirigentes de los Estados que describe como “socios”, incluida Turquía, un país marginado en los círculos occidentales, sobre todo desde el intento de Golpe de Estado de 2016. Aunque es un país miembro de la OTAN y candidato desde hace mucho tiempo a entrar en la Unión Europea, Turquía no se limita a sus alianzas occidentales.

La cumbre de Kazán era una oportunidad para desarrollar la cooperación económica y Turquía parece estar alejándose de ellos socios. Su interés por los Brics, expresado en la cumbre, demuestra algo que caracteriza a todos los demás miembros: una diversificación de sus asociaciones internacionales. La incorporación a los Brics no supone una ruptura con el bando occidental sino un complemento.

Turquía ha afirmado durante años su deseo de integrarse en los Brics para equilibrar sus relaciones internacionales. Bajo la férula de Erdogan y el Partido Justicia y Desarrollo, en el gobierno desde 2002, Turquía está acostumbrada a los reveses diplomáticos.

En los últimos años Erdogan ha saldado cuentas con viejos adversarios, como el príncipe saudí Mohammed bin Salman, el presidente emiratí Mohammed bin Zayed Al Nahyan y el presidente egipcio Abdel Fattah Al-Sisi. Erdogan ha visitado Riad, Dubai y El Cairo, marcando un punto de inflexión en sus relaciones con esos países. Al mismo tiempo, su deseo de integrar a Turquía en los Brics, un bloque económico que reúne a estos antiguos adversarios, atestigua el giro estratégico turco en Oriente Medio.

Sin embargo, las declaraciones del gobierno a menudo siguen siendo equívocas. Por un lado, al participar en la cumbre de los Brics y solicitar su incorporación, el gobierno turco demuestra que está buscando nuevas alianzas, mientras que, por otro lado, repite que eso no significa abandonar la OTAN. Turquía insiste en que su colaboración con los Brics se suma a su asociación aduanera con la Unión Europea, pero no la sustituye.

El discurso de Erdogan pronunciado apenas cuatro días después de la cumbre ilustra la dirección que está tomando Turquía: “Estamos fortaleciendo nuestra cooperación con Alemania de una manera digna de dos viejos amigos y aliados de la OTAN. Nuestro objetivo es alcanzar los 60.000 millones de dólares en comercio bilateral, que actualmente asciende a 50 millones de dólares […] Las crecientes relaciones de Turquía con los Brics no son de ninguna manera una alternativa a sus compromisos existentes. Turquía participa en todas estas plataformas como aliado de la OTAN y negociando su incorporación plena en la Unión Europea”. Por ello, Erdogan sigue dando prioridad a la cooperación con Occidente.

En cualquier caso, desde septiembre de este año, Moscú ha moderado las expectativas sobre la adhesión de Turquía a los Brics. La organización necesita consolidar la integración de los nuevos miembros que recibió a comienzos de año. En lugar de una incorporación inmediata, se ha ofrecido un “estatuto de asociación” a varios países candidatos, lo que demuestra un enfoque más gradual.

El deseo de Turquía de unirse a los Brics responde sobre todo al deseo de evitar el aislamiento en la escena internacional. Los estrechos vínculos históricos, económicos e institucionales de Turquía con Europa, en particular con la Unión Europea, su mayor socio comercial, y el Consejo de Europa del que es miembro fundador, crean una interdependencia compleja que es difícil de romper.

Ante una delicada situación económica marcada por la hiperinflación, Turquía claramente busca nuevas vías para estimular su crecimiento y acceder a nuevas fuentes de financiación. La integración con los Brics y el Nuevo Banco de Desarrollo podría abrir nuevos horizontes. La materialización de las oportunidades que ofrecen los Brics también dependerá de la capacidad del grupo para estructurarse en una organización formal verdaderamente efectiva que ofrezca una alternativa creíble a las instituciones financieras internacionales que existen.

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