Archivos (página 1333 de 1510)

Es la otra cara de Alemania que se encuentran refugiados como la familia de Sinpan y Rawed. Después de todo lo que han pasado, todavía sonríen. Han conseguido su objetivo. Ya solo les falta cruzar la barrera elevada por el personal de seguridad. Van saliendo a la de uno, dos, tres, cuatro, cinco… stop. Los siguientes de la fila son los hermanos y primos de ambos. Una familia entera kurda que ha dejado atrás todo lo que tenían para huir del horror de la guerra en Siria. Su ciudad, Hasaka, se había convertido en un lugar demasiado peligroso, así que la familia vendió sus pertenencias y se puso en camino hacia Alemania, donde los dos primos llevan ya casi un año viviendo. «Cuando llegaron dijeron: ¿y esto es Alemania?», se ríe Rawed.
El viaje fue horrible, cuentan. Las mafias les cobraron unos 8.000 euros por cabeza y les trajeron escondidos en un camión. Un transporte similar al que estos días ocupaba las portadas de los diarios con decenas de refugiados que habían fallecido en su interior asfixiados. Un viaje peligroso a merced de las mafias ante la inexistencia de rutas legales para ejercer su legítimo derecho al asilo. Llegaron el día anterior y han tenido suerte de que esta misma noche la podrán pasar en un albergue de emergencia. Después de todo el día esperando, por fin pueden abandonar el jardín de la oficina de asuntos sociales.
A este lugar, situado en el barrio berlinés de Moabit, vienen cada día alrededor de medio millar de refugiados a inscribirse como tales para comenzar el largo proceso de la solicitud de asilo ante la burocracia alemana. Desde aquí son enviados a albergues provisionales distribuidos por todo el país. Durante todo agosto se han visto escenas delante de esta oficina más propias de países no industrializados y empobrecidos: familias enteras, niños, bebés, personas mayores y enfermos durmiendo al raso. Sin comida ni agua siquiera.
Sin agua en pleno agosto. Familias enteras haciendo cola toda la noche y todo el día, durmiendo incluso en la cola. Pero alguien puso el grito en el cielo en Twitter y de la noche a la mañana se organizó el reparto de agua que tanto necesitaban los refugiados. Voluntarios cocinaban para ellos lo que ciudadanos de Berlín traían para donar de forma altruista. Durante unas dos semanas la organización Moabit hilft (Moabit ayuda) fue prácticamente la organización que coordinó el trabajo de los cientos de voluntarios que han pasado para regalar tiempo y fuerzas a los recién llegados.
A raíz de la presión de dichas organizaciones, la oficina de asuntos sociales instaló un grifo para que los refugiados puedan beber pero que en realidad, está sirviendo también para asearse. Además reparten vasos y botellas de agua. La comida sigue llegando de los voluntarios aunque ahora han prometido que a partir de esta semana será una empresa quien se encargue de prepararla con cargo al erario público.
[…] Las personas se organizan a través de Facebook, Twitter, crean documentos de Google compartidos en los que van escribiendo las necesidades de cada lugar.
De esa forma es como Leticia y Jacob, de Valencia y Alicante, pero residentes en Berlin, se enteraron de lo que estaba pasando y decidieron presentarse voluntarios. Unas veces reparten agua y comida. Ropa, mantas. Hacen de payasos para los críos. Ante la inacción de las autoridades, los berlineses se han puesto a ayudar a destajo […]
Los médicos se han autoorganizado también. Su colegio envió una misiva a la que han respondido mas de un centenar de facultativos que, de forma voluntaria, se van turnando para atender a los refugiados. Ya han conseguido que al menos un médico sea remunerado para casos de emergencia. «Algo completamente absurdo», asegura el personal médico. A partir del lunes, sin embargo, después de varias reuniones con el Ayuntamiento y el Estado, han prometido crear un punto de atención sanitaria para que los médicos puedan atender de forma adecuada las emergencias, recibiendo para ello alguna de las salas que Cáritas tiene en el edificio.
Otras personas se han acercado también a mostrar su solidaridad, como Imsa Höppner, que se acercó un día a llevar agua y quedó tan impresionada que mandó a sus amigos y conocidos una petición por Facebook para que donasen a los refugiados. Fue así como comenzó una aventura a raíz de la cual ella y las personas que se han ido sumando han repartido ya unos 300 paquetes de bienvenida: una manta, artículos de aseo y frutos secos. Entretanto, Imsa siente que el proyecto se ha vuelto algo demasiado grande que no le deja tiempo para respirar, por lo que también ella opina que todo esto que están haciendo es una tarea del Estado.
Por todo Berlín los grupos de apoyo a los refugiados recogen todo tipo de material que puedan necesitar, desde artículos de necesidad básica e higiene hasta otros más singulares como laca de uñas o tinte para el pelo. Los mensajes de solidaridad se repiten a lo largo del país. Hasta los estadios de fútbol han dado la bienvenida a los refugiados a través de pancartas desplegadas en las gradas. Los clubes invitan a grupos de jóvenes sirios a los partidos y los hinchas reivindican ayuda para ellos.
La Transición española tiene turiferarios que le escriban; también, pocos, que la describan. Los primeros la des-cuentan; los segundos, la cuentan. Relatan lo que no ha sido sino el enésimo ejercicio de la clase dominante y sus intelectuales áulicos de lampedusismo: cambiar algo para que todo siga igual en lo fundamental: el gatopardismo. O, como diría el gran José Bergamín, lo que había -muerto Franco- era un cadáver cuyos gusanos se alimentaban comiéndoselo. Un régimen en descomposición, una gusanera, una especie caníbal, coprofágica.
Mussolini murió en mala postura y boca abajo, como San Pedro en el aspa (costumbres romanas que respetamos). Hitler se suicidó. Hubo, algo es algo, un Núremberg. También en Japón. ¿Y Franco? El Generalísimo murió -entubadísimo- en la cama. Esto es, desde luego, una simplificación que no explica las complejidades históricas de un -o cualquier- proceso, pero dice bastante.
Igual que el celebérrimo «atado y bien atado». Véase el Valle de los Caídos en Cuelgamuros, todo un símbolo. Puro hedor. Tiene que llover a cántaros.
Buenos días.
La canciller alemana no está dispuesta a seguir a pies juntillas la agenda imperial de Estados Unidos. Cree que la política exterior de Alemania no puede vivir condicionada por los dictados de Washington, a pesar de que 76.000 militares norteamericanos permanecen estacionados en suelo germano 70 años después de concluida la Segunda Guerra Mundial.
Su progresivo alejamiento de los intereses de Estados Unidos han situado a Merkel en el punto de mira de la guerra secreta más sigilosa de cuántas tienen lugar en el viejo continente.
El exanalista de la poderosa Agencia de Seguridad Nacional (NSA) estadounidense, Edward Snowden, filtró en 2013 documentos que probaban que el teléfono móvil de Merkel estaba intervenido desde 2002, tres años antes de que se convirtiese en canciller. El semanario Der Spiegel publicó los detalles y estalló un escándalo diplomático sin precedentes en Europa, que obligó al presidente Obama a asegurar a Merkel desconocer el espionaje telefónico al que pudo haber sido sometida.
Punta del iceberg
Los servicios secretos alemanes consideraron los indicios lo suficientemente sólidos. Era la punta del iceberg que ha ido emergiendo a medida que la líder alemana enfriaba sus relaciones con Washington y se acercaba a Rusia. Porque la irritación de Washington crece conforme Merkel alinea la política exterior de Alemania con las posiciones defendidas por Putin.
Para medios diplomáticos de Bruselas la canciller está cansada de que Estados Unidos diga a Europa lo que debe y no debe hacer, y que el viejo continente se embarque en guerras, que bajo la excusa de la paz y estabilidad mundial, responden exclusivamente a los intereses de Washington.
El primer desencuentro serio se produjo en 2011 a raíz de la guerra de Libia para derrocar al régimen del coronel Gadafi. Berlín se opuso a que soldados alemanes interviniesen en cualquier tipo de operación militar en suelo libio y terminó por retirarse de la coalición impulsada por Estados Unidos.
La misma situación se ha repetido en la guerra de Siria. A regañadientes ha enviado aviones Tornado que se limitan a misiones de reconocimiento e inteligencia sobre las posiciones del Estado Islámico.
Aprender de dos guerras mundiales
Desde el inicio del conflicto de Ucrania, Merkel se ha mostrado contraria a una intervención militar como proponían los halcones de Washington. Públicamente se ha preguntado: “¿Habríamos aprendido algo 100 años después del inicio de la Primera Guerra Mundial y 75 años después del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, si recurrimos ahora a los mismos métodos?”
Asimismo, está en contra de las sanciones económicas contra Rusia decretadas por Estados Unidos y seguidas dócilmente por la Unión Europea. Para la industria y el comercio germano los 146 millones de rusos constituyen un mercado prioritario que por ahora les está vedado.
Frases como “continuaré trabajando para seguir manteniendo buenas relaciones con Rusia”, han caído como un jarro de agua fría en los centros de poder norteamericanos.
Merkel está convencida de que la construcción europea no puede hacerse de espaldas a Rusia y eso pasa por un clima de confianza y colaboración del triángulo Bruselas-Berlín-Moscú.
Obviamente este planteamiento irrita profundamente a Washington, que ha basado su estrategia durante las dos últimas décadas en la ampliación de la OTAN hacia el Este con el fin de establecer un cordón sanitario alrededor de Rusia.
De Volkswagen a los refugiados sirios
En este contexto de frías relaciones, el estallido en septiembre del pasado año del fraude de Volkswagen falseando las emisiones contaminantes de los motores, fue aprovechado por Washington para poner contra las cuerdas al potente sector automovilístico alemán, apuntan medios diplomáticos y de inteligencia europeos. Recuerdan que el escándalo fue destapado en Estados Unidos.
La llegada masiva de 800.000 refugiados sirios y los asaltos sexuales la noche de Año Nuevo en varias ciudades alemanas, han deteriorado la imagen de Angela Merkel y ha hecho saltar por los aires su política de puertas abiertas. Más de la mitad de los alemanes (55%) se muestran partidarios de cerrar las fronteras, según los últimos sondeos. La inteligencia germana investiga quién pudo estar detrás de una acción tan sincronizada en media docena de ciudades y cuál era la intención última.
Merkel pasa por sus horas más bajas desde que accedió a la cancillería en 2005. Su caída de popularidad arrastra la intención de voto de su partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU), que con un 32% está en el nivel más bajo desde las elecciones de 2013.
Las fuentes consultadas no dudan en afirmar que los problemas de Merkel crecen en proporción directa al alineamiento de la política exterior alemana con Rusia y a su distanciamiento de Estados Unidos.
Estos son los principales escenarios del juego de intereses que enfrentan a Washington y Berlín:
– Frialdad con Estados Unidos. La política exterior de Alemania se distancia de las guerras emprendidas por Washington, que repercuten negativamente en la economía germana por tres motivos: costes directos, pérdidas comerciales y de puestos de trabajo que impiden las exportaciones a Rusia a causa de las sanciones impuestas por Estados Unidos, y acogida de cientos de miles de refugiados sirios con el coste económico y social que ello representa.
– Acercamiento a Rusia. Berlín se desmarcó de la coalición anti Bashar al-Asad y apoyó desde un principio la intervención de Rusia en Siria. La ministro de Defensa, Ursula von der Leyen, confirmó en Der Spiegel el apoyo alemán a la decisión del presidente Putin de unirse a la lucha contra el Estado islámico en septiembre pasado.
– Diplomacia paralela de Berlín. El vicecanciller y ministro de Asuntos Exteriores, Frank-Walter Steinmeier (socialdemócrata), lidera una iniciativa conjunta con sus homólogos ruso Sergéi Lavrov y francés Laurent Fabius para acabar con la guerra de Siria.
– Escándalo Volkswagen. El trucaje de las emisiones contaminantes de los motores de la empresa Las más leídas automovilística alemana saltó en Estados Unidos. Para los servicios de inteligencia europeos el escándalo de Volkswagen tiene como objetivo último doblegar la política exterior pro rusa de Angela Merkel. Otras conocidas compañías automovilísticas europeas también trucan los motores, pero no ha trascendido.
– Los refugiados sirios hunden la imagen de Merkel. Las críticas a la política de puertas abiertas hacia los emigrantes sirios que ha estallado con los asaltos sexuales de centenares de mujeres en Colonia, Hamburgo, Berlín, Dúseldorf y Stuttgart la noche de Año Nuevo han deteriorado la imagen de Merkel.
Proliferan las manifestaciones, al tiempo que partidos como la ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) -ocupa la tercera posición en intención de voto con el 12,5%-, afirman que la canciller conduce al país al borde de la anarquía y de una guerra civil.
– Empresarios contra las sanciones a Rusia. Las empresas alemanas son las principales perjudicadas por las sanciones a Rusia impulsadas por Estados Unidos y seguidas por la UE a causa del conflicto de Ucrania. Los empresarios defienden que se levanten, dado que Rusia es socio estratégico de Europa. Más del 80% de las empresas germanas han visto afectadas sus cuentas de resultados por las sanciones. La UE las ha ampliado hasta el próximo 31 de julio.
– Alemania a favor de que Putin vuelva al G-8. El ministro de Exteriores Frank-Walter Steinmeier afirma que es necesaria la vuelta urgente de Rusia al G-8 para resolver los conflictos congelados en Europa, Siria e Irak . Moscú fue expulsado del grupo a raíz de la adhesión de la península de Crimea.
– Apoyo de Merkel al gasoducto ruso. Merkel ha defendido desde el principio el gasoducto Nord Stream 2 desde el norte de Rusia hasta Alemania para abastecer toda Europa. Un proyecto que desagrada profundamente a Estados Unidos ya que desbarata su estrategia de ahogar las exportaciones rusas de gas y petróleo. Precisamente la causa principal que desencadenó la guerra de Siria fue la oposición del presidente Bashar al-Asad al gasoducto Qatar-Turquia impulsado por Washington con objeto de romper la dependencia europea del gas ruso. La economía rusa se basa fundamentalmente en las exportaciones de hidrocarburos.
El Nord Stream 2 a través del Báltico duplica el bombeo de gas a Europa, lo que representa ingresos extras para la economía de Moscú. Por otra parte, este proyecto seca el gasoducto ruso a través de Ucrania, extremo que también irrita a Wasgington.
La mayoría de los países excomunistas del Este de Europa (Ucrania, Hungría, Eslovaquia, República Checa y Polonia), hoy en la órbita de Estados Unidos, presionan al presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, en contra del gasoducto.
La CE se muestra muy crítica con el Nord Stream 2 porque aumentaría la dependencia energética de Europa respecto a Rusia y concentraría el 80% de las importaciones de gas ruso en una ruta.
– Berlín retira misiles de Turquía. Después de tres años (2013), Alemania no ha renovado el despliegue en Turquía de sus misiles Patriot de defensa antimisil para defender el espacio aéreo turco de eventuales ataques sirios. El despliegue de los Patriot, en el que intervienen de forma rotatoria varios países de la OTAN, es una medida inspirada por Estados Unidos.
– Bloqueo venta Leopard a Arabia Saudí. La violación de los Derechos Humanos y el apoyo de Arabia Saudí al Estado Islámico ha obligado a Berlín a repensar la venta de carros de combate Leopard a Riad. Alemania pierde un jugoso contrato de venta de armas, pero Merkel no está dispuesta a apuntalar la monarquía saudí apoyada por Estados Unidos. Bélgica ha seguido los pasos alemanes y ha acordado suspender la venta de equipos militares a Riad.
– Freno a empresas alemanas en Arabia Saudí. El vicecanciller y ministro de Economía y Energía, Sigmar Gabriel (socialdemócrata), reconoce públicamente que las empresas alemanas han reducido sus inversiones en Arabia Saudí ante el clima de inestabilidad del país.
Fuente: http://www.mil21.es/noticia/406/CLAVES/La-guerra-secreta-de-Estados-Unidos-contra-Angela-Merkel.html

Los países de Europa occidental comenzaron la colonización del continente africano en el siglo XV, a raíz de los intentos de llegar al Lejano Oriente. Los portugueses, y los españoles comenzaron así una carrera para hacerse con territorios y bienes sobre todo en las costas para la apertura de puertos que sirvieran de aprovisionamiento y reparación de naves.
Pero fueron los portugueses, y más tarde los españoles a los cuales siguieron los ingleses, franceses y holandeses los que comenzaron el comercio de esclavos. Al respecto de este comercio y en honor a la verdad debo decir que el mismo contó con la inestimable participación de reyezuelos africanos que vendían a sus hermanos a los traficantes de esclavos, con lo cual este infame tráfico no solo debe ser achacado a los europeos, sino que hay africanos en la cadena de responsables.
Los europeos y especialmente los negreros, o comerciantes de esclavos, trasladaban encadenados a cientos de miles de prisioneros a las plantaciones de América de caña de azúcar en Haití, en Martinica y en las Guayanas, a las grandes superficies de algodón en América del Norte, y a las «fazendas» brasileñas donde el látigo de los capataces blancos marcaba el ritmo agotador de jornadas de trabajo de hasta 14 horas diarias.
Pero eso no importaba, ya que si el esclavo moría, siempre había otro esclavo para reemplazarlo.
Pero esta colonización que podemos llamar periférica se limitaba a las costas, y no se internaba dentro del continente africano. La verdadera colonización africana comienza a fines del siglo XVIII y culmina en su barbarie en el siglo XIX.
Quedaba por ocupar el inmenso «hinterland» africano, que comienza con las célebres expediciones de Stanley y Livingstone, que se apoderan del Congo, actual Zaire, que pasa a ser una propiedad particular del cruel rey Leopoldo de Bélgica, el cual aplica correctivos a aquellos africanos que se rebelaban contra su nuevo «amo» consistente en cortar la mano derecha y el pie izquierdo, a los «rebeldes».
Es así, como cientos de miles de africanos quedan cojos o mancos, y que no pueden desempeñar ninguna actividad que les permita ganar algún dinero para poder vivir. Pero el maltrato no era patrimonio de Leopoldo. Los colonialistas franceses e ingleses no iban muy lejos de Leopoldo. En Senegal, los franceses cometieron crímenes similares, y los ingleses y holandeses en Namibia y Sudáfrica.
Pero es en realidad a partir de la conferencia de Berlín de 1885, donde las potencias europeas se reparten el África cuando podemos hablar de una explotación intensa, «científica», cruel y siempre violenta sobre los africanos. El continente africano es transculturado, se les cambian los dioses, se les imponen religiones extrañas, se viola a sus mujeres, se esclaviza a los hombres y a los niños, y se les mantiene en la más absoluta ignorancia privándoles de toda instrucción.
Son algunas iglesias las que con su concepción redentorista comienzan a enseñar las primeras letras a los africanos, y con ello abren algunas oportunidades de progreso a los nativos, que comienzan a demandar escuelas secundarias, que se abren pero para muy pocos.
Todo imperio colonial, necesita crear en el ámbito de la colonia una clase gerencial, que le sirva para administrar la colonia, y le provea de funcionarios serviles. Se crea así una clase cipaya, que a pesar de su color de piel, sirve a la administración colonial como empleados, policías, militares de baja graduación (como mucho suboficiales que no pasan del grado de sargento).
Las dos guerras mundiales sirvieron para ver, como soldados africanos sirven en los ejércitos de las metrópolis como soldados o suboficiales de baja graduación, y en general de carne de cañón para mayor gloria de los militares europeos.
Pero precisamente por la debilidad de las metrópolis a raíz de la guerra, comienzan a gestarse entre los africanos de las colonias europeas las ansias de libertad, y surgen en esas colonias líderes que encabezan movimientos de liberación, que culminan con la ansiada independencia. Así en Ghana surge Kwame Nkruma, Jomo Kenyata en Kenia, Agostinho Neto en Angola, Samora Machel en Mozambique, Amilcar Cabral en Guinea Bissau, Patricio Lumumba en el congo belga, Thomas Sánkara en Burkina Fasso.
Se inicia un largo proceso de descolonización que en algunos casos se produce mediante una larga guerra de liberación como es el caso de las antiguas colonias portuguesas, en otros casos como en el Congo Belga en forma más «política», aunque termina en un largo proceso que aún no ha terminado, y que ha acabado con la vida de millones de congoleños y el saqueo de las riquezas minerales.
Se da una situación particular en Sudáfrica donde la minoría blanca declara la independencia marginando a la inmensa mayoría de la población nativa negra y ello implica dar comienzo a una cruel guerra civil de liberación que culmina con la libertad de Nelson Mandela y su elección como presidente de la República Sudafricana.
Muchos de los líderes que hemos mencionado por sus nombres han muerto, algunos de muerte violenta como Lumumba, Sánkara, Cabral o Julius Nyerere de Zimbabue. Otros han sido destituidos, como Nkruma y algunos han fallecido de muerte natural como Agostinho Neto, Samora Machel o Mandela, pero el continente africano está sufriendo un proceso de recolonización por parte de potencias como Francia o los EEUU.
A eso hay que añadir una intensa corrupción por parte de las élites africanas gobernantes que han sustituido los ideales de socialismo y liberación nacional por el enriquecimiento sin límites de sus camarillas, y la consiguiente miseria de sus pueblos. Esos dirigentes que forman la segunda generación africana, gozaron de la confianza de las masas, que veían en ellos a los continuadores de las luchas anticoloniales, pero, lo cierto es que muchos de ellos, han traicionado a sus pueblos, y se dedican a día de hoy a robar el patrimonio de sus paisanos. Se han constituido en una nueva clase explotadora. Para muestra basta un ejemplo que no resisto en comentar: la mujer más rica de Portugal, es una africana de Angola, hija del presidente de ese país, de nombre Eduardo Dos Santos.
A los africanos les queda un largo camino por recorrer hacia su liberación. Primero se sacudieron el yugo colonial, y ahora deberán sacudirse el yugo de su propia burguesía nacional.

En un reciente libro titulado “We killed Aldo Moro”, Pieczenik dijo haber sido enviado a Italia por el presidente Carter el día que Moro fue secuestrado por las Brigadas Rojas, grupo terrorista de extrema izquierda.
Moro había sido primer ministro durante mas 5 años entre 1963 y 1975, y fue capturado a punta de pistola en Roma.
Se dirigía al Parlamento, para una votación crucial sobre una alianza insólita que había propuesto entre la Democracia Cristiana y el Partido Comunista de Italia. Esa alianza enfureció a ambas bandas del espectro político italiano, perturbando también a Moscú y Washington. La viuda de Moro, Eleonora, manifestaría posteriormente que Henry Kissinger había amenazado a su marido sobre esa estrategia: “Pagará eso con la vida”, es la frase que se le atribuye.
Pieczenik dijo formar parte de un “comité de crisis” encabezado por Francesco Cossiga, el entonces ministro de Interior. Moro estuvo retenido durante 54 días. Según Pieczenik, el comité se puso en marcha por el temor de que Moro revelara secretos de Estado en un intento de ser liberado.
Un falso comunicado, atribuido a las Brigadas Rojas, fue filtrado, afirmando que Moro estaba muerto. Pieczenik afirma que esto tenía un doble propósito: preparar a los italianos para lo peor, y hacer saber a las Brigadas Rojas que el Estado no negociaría sobre Moro, y que le consideraban ya muerto.
Al mes siguiente, Moro fue tiroteado y su cadáver colocado en el maletero de un coche en el centro de Roma, entre las sedes del Partido Comunista y la Democracia Cristiana. En un documental para la televisión francesa, Cossiga admitió que el comité había tomado la decisión de publicar aquel falso comunicado.
Fuente: http://www.telegraph.co.uk/news/worldnews/1581425/US-envoy-admits-role-in-Aldo-Moro-killing.html
![]() |
| ‘Bienvenidos a Alemania’, dice el cartel |
Con comida, ropa y mantas son recibidos miles de refugiados que llegan a Alemania, en una ola de solidaridad a la que se sumó el papa Francisco con un llamado a las parroquias para acoger a refugiados.
“La gente nos trata muy bien aquí, nos tratan como a seres humanos, no como en Siria”, dijo con lágrimas en los ojos Mohammad, un sirio de 32 años que tuvo que abandonar la ciudad de Quseir, devastada por la guerra.
En las estaciones de tren de Fráncfort y Múnich, en el oeste y el sur, se reunieron grupos de voluntariado para acoger a los refugiados y ofrecerles abrigo y alimento.
En una Europa dividida sobre qué hacer frente a la peor crisis migratoria desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Alemania decidió flexibilizar sus normas de acogida de los ciudadanos sirios, que huyen del conflicto en su país.
Cerca de 13.000 refugiados han entrado a Alemania durante el fin de semana tras viajar desde Hungría a través de Austria, según cifras suministradas hoy por el Ministerio alemán del Interior.
Durante el sábado llegaron 8.000 refugiados mientras que hoy, hasta las 15:00 hora local (13.00 GMT), fueron cerca de 5.000 los que accedieron a la localidad bávara de Múnich.
La mitad de los refugiados que han llegado a Múnich serán repartidos entre otros estados de Alemania mientras que el resto permanecerá de momento en Baviera.
La estación de Múnich es donde llegan la mayoría de los trenes, lo que hace que las autoridades de la capital bávara se hayan visto obligadas a reaccionar rápidamente para acoger a los recién llegados.
En el curso de menos de 48 horas se han aclimatado dos salas del pabellón de ferias como centro de acogida, así como otro viejo pabellón no lejos de la estación.
Otras ciudades alemanas que ha recibido un alto número de refugiados han sido Dortmund, en el oeste del país, Saalfeld, en el este, Hamburgo y Kiel, en el norte, y Francfort en el centro.
En todas partes los refugiados han sido recibidos con aplausos y regalos de la población alemana.
Los políticos y los militares no dejan de manifestar su “sorpresa” por determinados acontecimientos, como la caída de Kunduz en manos de los talibanes, de los que parecían no tener ni la más remota idea.
Ello es debido a que todo el inmenso cúmulo de información que reciben los dirigentes en Washington no es más que una espesa niebla. No sólo no les ilumina sino que les nubla la visión de los acontecimientos. De ahí el título del artículo. Es algo que se sabe desde los tiempos de Clausewitz, que extendió el uso de la palabra “niebla” en la teoría militar:
“Una gran parte de la información que se obtiene en la guerra resulta contradictoria, otra parte más grande es falsa, y la parte mayor es, con mucho, un tanto dudosa”, escribió (2).
En Estados Unidos las instituciones dedicadas al espionaje consumen 70.000 millones de dólares anuales. Pero además de instituciones públicas, hay numerosas agencias privadas de información, de las que medio millón trabajan como contratistas del sistema público.
El número de personas con acceso a las informaciones “top secret” asciende a 1,4 millones y hay, además, otras 5,1 millones de personas con autorización para acceder a informaciones confidenciales y secretas.
A pesar del derroche de medios, los espías al servicio de Estados Unidos son fabricantes de niebla. Recopilan tanta información que es imposible de manejar, porque la información no sólo es algo cuantitativo, de más o menos, sino cualitativo. La información no sólo se tiene o se carece sino que, además, hay que saber analizarla.
Una parte muy importante de los espías no se dedican a obtener información sino a analizar la que ya está sobre la mesa. El New York Times dice que el Centcom, el mando militar estadounidense en Oriente Medio, tenía 1.500 analistas a su disposición para cubrir la región del mundo comprendida entre Pakistán y Egipto.
Esos 1.500 analistas deben estudiar miles de informaciones procedentes de fuentes humanas, satelitales, periodísticas, digitales, radiofónicas, drones…
El ejército de Estados Unidos tiene mucha inteligencia pero carece de intelecto y, como ejemplo, Engelhardt pone la caída de Kunduz en manos de los talibanes en setiembre del año pasado.
Los talibanes estuvieron durante meses preparando el ataque, apoderándose de las aldeas próximas a Kunduz y probando las defensas de la ciudad sin que ninguno de los servicios de inteligencia de Estados Unidos se enteraran de nada.
Es más, Engelhardt relata una serie de declaraciones públicas de altos oficiales del ejército asegurando que Kunduz no corría ningún peligro.
Los 7.000 soldados afganos, entrenados y armados por Estados Unidos, no fueron capaces de defender la ciudad frente al asalto de unos pocos cientos de talibanes.
El año anterior ocurrió lo mismo en Mosul, en la zona kurda del norte de Irak, que cayó en manos del Califato Islámico ante la sorpresa de los militares estadounidenses, que no se esperaban nada parecido.
Un tercer ejemplo que pone Engelhardt de la ineptitud de los servicios de inteligencia de Estados Unidos es el programa de entrenamiento militar de la oposición “moderada” de Siria, que costó 500 millones de dólares, y con el que formaron la División 30.
Nada más llegar al frente, el Frente Al-Nosra capturó a sus dos dirigentes y el posterior ataque hizo que toda la unidad huyera despavorida al sonar los primeros disparos. De todos los soldados “moderados” entrenados por Estaados Unidos, sobre el terreno sólo quedaron cuatro o cinco, reconoció un general estadounidense.
La explicación que dieron a la prensa fue el mismo de siempre: el ataque del Frente Al-Nosra les había pillado desprevenidos, lo cual era un grave fallo del servicio de inteligencia militar porque los soldados “moderados” creían que el Frente Al-Nosra se acercaba a la unidad como “aliados” y no como enemigos.
En este caso no fue sólo un fallo de información sino de formación: a los soldados “moderados” sus entrenadores del Pentágono no les aclararon quiénes son en Siria los amigos y quiénes los enemigos.
En otras palabras: esos soldados creían que el enemigo a combatir era el gobierno de Damasco y no el Frente Al-Nosra.
Los que sí estaban bien informados eran los del Frente Al-Nosra, que fueron advertidos por el espionaje turco, mucho más eficaz, de que Estados Unidos había desplegado en su zona a la División 30.
Pero los espías del Pentágono tampoco sabían que los otros sí lo sabían y que se lo habían chivado a los yihadistas.
Engelhardt relata varias sorpresas parecidas que dejan en muy mal lugar a la todopoderosa inteligencia estadounidense, que son los últimos en enterarse de lo que ocurre en el mundo.
(2) Clausewitz, De la guerra. Táctica y estrategia, Barcelona, 2006, pg.92.
En las elecciones alemanas de 2013 el partido Die Linke (La Izquierda) fue el tercero más votado. Surgió en 2007 de la fusión del Partido del Socialismo Democrático, heredero del SED de la RDA- y la WASG, una escisión de la socialdemocracia.
A pesar de su nombre, Die Linke es un partido reaccionario que está haciendo causa común con los neonazis que se enfrentan a los emigrantes y llaman a fortalecimiento de la represión policial en su contra.
Uno de los portavoces de su grupo parlamentario, Dietmar Bartsch, ha dicho que en Alemania hay un “déficit de vigor” a la hora de hacer que los emigrantes respeten las leyes y se comporten como lo que son: invitados.
Es el lenguaje neonazi: los que llegan a Alemania no son refugiados sino exactamente eso: invitados que se aprovechan de la “hospitalidad” alemana.
En una entrevista a la revista Der Spiegel, su colega Sahra Wagenknecht ha dicho que no pueden admitir la entrada en Alemania de un millón de emigrantes cada año, por lo que hay que poner límites y expulsar a los que no acepten las leyes del país.
Wagenknecht, antigua portavoz de la “Plataforma Comunista”, ha criticado que en Alemania se hayan eliminado tantos puestos de policía como consecuencia de los recortes presupuestarios, proponiendo como tarea un reforzamiento de los aparatos represivos.
El presidente del partido, Berndt Riexinger, ha dicho que la reducción del número de policías supone una desestabilización para Alemania, una disminución de su capacidad funcional que conduce a la “quiebra del Estado”.
En una entrevista a “Tagesschau” el dirigente parlamentario del mismo partido, Jan Korte, se preguntaba si la policía estaba suficientemente equipada y si se había producido una quiebra del Estado alemán.
En una maniobra aún más sucia, Die Linke trata de lanzar a los trabajadores contra los refugiados e emigrantes. Wagenknecht ha dicho varias veces que presionan para bajar los salarios y que agravan los problemas de vivienda, ya que si no se construye más vivienda pública, la oleada de emigrantes incrementará los precios de los alquileres.
Lo que se callan como perros es que allá donde gobierna, Die Linke está vendiendo viviendas públicas para sanear los presupuestos. En Dresde han apoyado la venta por el ayuntamiento de la empresa pública inmobiliaria HLM que disponía de 60.000 viviendas y que el comprador es Forteresse, el típico fondo buitre de especuladores. En total el ayuntamiento de Dresde ha vendido 120.000 viviendas públicas en los últimos 15 años.
Su marido, el conocido dirigente socialdemócrata Oskar Lafontaine, que luego se pasó a Die Linke, utiliza los mismos trucos sucios que sus demás colegas de “la izquierda” para enfrentar a los trabajadores y a los sectores más humildes de la población, en contra de los refugiados, culpables de todos los males de Alemania.
No hay ninguna diferencia entre los neonazis y “la izquierda” reformista. Todos ellos buscan un chivo expiatorio entre los refugiados para tapar que el problema procede del capitalismo, del imperialismo y de las guerras desencadenadas por ellos en el norte de África y Oriente Medio.
“Se ha de ir hacia otro orden donde se respeten las formas de actuar distintas. Desde el Norte, se dictan normas tecnocráticas, pero se ha de dejar a otros mundos que existan. El mío intenta ser un libro donde se aborda el tema con un cierto sentido del humor, que no parezca frío. Está vivido desde el terreno y quiere sólo desacralizar el icono inatacable de la bondad moderna”, dice Nerín. Relata el antropólogo que los cooperantes toman el lugar de los líderes sociales africanos. Son ellos “los que los sustituyen como ‘representantes’ de las sociedades donde trabajan. Pero los cooperantes pertenecen a un universo cultural completamente diferente al de los ‘beneficiarios’. Por eso, al hablar por ellos no hacen sino suplantarlos en nombre de una ‘ciudadanía global’ que no existe más que en sus cabezas”, dice en el libro.
Nerín critica especialmente que ahora hay mucha gente que gana dinero con la pobreza. E incluso afirma que “el modelo de cooperación tal y como se ha profesionalizado sólo es asequible a los ricos. Hay gente que llega a África y monta una ONG. Pero eso no lo puede hacer un mileurista, porque con lo que gana no puede poner allí una hilera de camiones que recorren el territorio. Este modelo es tremendamente elitista. Y hay también un fenómeno de moda que es el turismo solidario. Gente que se va a África ‘a ayudar’. Y se pasan tres días pintando una escuela y luego ocho días en una playa paradisiaca. Y esa gente vuelve con una gran satisfacción pensando que ha solucionado los problemas del continente. Pero ha de saber que allí hay gente que hubiera pintado esa escuela mejor y con menos coste” […]
La ‘pornografía humanitaria’
Para Nerín, “hacer una escuela o una letrina no tiene impacto sobre el desarrollo de África. Llevamos cincuenta años de cooperación a gran escala y no ha habido resultados. El modelo está caducado. No hay ningún país africano que se haya desarrollado gracias a políticas de cooperación. Hace treinta años se creía que, al ritmo que avanzaba la cooperación, a principios del siglo XXI el continente africano estaría al nivel de Europa, pero se ha visto que no. De hecho, incluso se ha aparcado ya la expresión de ‘país en vías de desarrollo’. Hay muchísimo paternalismo y las ONG se acercan a África como si hubiera que enseñar a los pobrecitos negros a hacer todo”. En otras palabras, se ha demostrado que aquellas pretendidas “soluciones mágicas” no eran tal. Han fallado las políticas de familia, de educación, incluso sanitarias, impuestas desde organismos internacionales. “Pero nadie se hace responsable. Eso es un fallo democrático. Nadie se da por aludido. A nadie se le ha ocurrido cesar a los responsables”, explica el antropólogo a este diario. Explica en Blanco bueno busca…, que Aldeas Infantiles SOS abrió un internado para huérfanos en Guinea Ecuatorial. Pero una vez allí, no consiguió ningún niño desamparado al que llevar a sus aulas. Sobran las palabras.
Gustau Nerín habla incluso de “pornografía humanitaria” por la utilización de imágenes por parte de ONG que pretenden “golpear al ciudadano mediante las emociones. Según la lógica de las ONG, todos los africanos son buenos y cándidos, felices e ingenuos… Y el resto del mundo habría de ser como ellos”.
Pero habla también de historias punzantes que invitan a meditar. “En Salisbury, había una pequeña tienda de libros de segunda mano. A su propietario no iba mal el negocio hasta que le abrieron al lado una tienda de comercio justo de Intermon Oxfam. Para recaudar dinero, la organización de ayuda vendía en esta tienda los libros usados que la gente le donaba. La tienda de Intermon Oxfam no sólo no pagaba los libros, sino que tampoco pagaba a los dependientes, que eran voluntarios de la organización. De esta forma, podía vender los libros a un precio mucho más económico que la librería de ocasión del barrio. Finalmente, el librero tuvo que cerrar. Parece que el buen hombre no acabó teniendo buen concepto del comercio justo”.
O el relato del verano del 2002, cuando un grupo de estudiantes franceses de medicina aterrizó en Douala para ir a vacunar a los pigmeos de la zona de Bipindi, al sur del Camerún. “Llegaron con un cargamento de vacunas sin tener en cuenta que en aquel país se pueden comprar sin problema. Pero, en cambio, se olvidaron de prever cómo guardarlas; en Camerún no es fácil encontrar neveras que funcionen, especialmente en las zonas rurales. Al cabo de 48 horas, las vacunas ya estaban en mal estado y se tendrían que haber tirado. Pero los estudiantes no habían venido de tan lejos para nada y decidieron seguir con la vacunación”. De pueblo en pueblo, fueron convocando a los habitantes ayudados por una pseudo ONG camerunesa dirigida por un “espabilado” que no era pigmeo. Y los vacunaron, sin rellenar siquiera las obligatorias cartillas de vacunación. Los estudiantes vivieron allí tres semanas. Fueron unos auténticos mártires de la cooperación al desarrollo. “Pero se fueron del Camerún muy satisfechos: decían que el ‘trabajo’ que habían hecho era de gran importancia. Si hubiesen hecho lo mismo en Francia, los habrían procesado por un delito contra la salud pública”.
Otras ONG hiperprotegen a sus cooperantes. “Médicos Sin Fronteras, en sus contratos, establecía que los cooperantes que trabajaban en el Camerún no podían coger taxis después de las 7 de la tarde; decían que lo hacían por su seguridad. Algunas congregaciones religiosas van más lejos y no dejan que sus voluntarias laicas europeas pisen ni tan sólo los bares de la zona; cuando acaban el trabajo han de volver enseguida al convento. Pese a todo, vete a saber cómo, algunas de las voluntarias se quedan embarazadas”.
La cooperación es un gran negocio
Todo ello hace que la cooperación, a veces, no sea más que un show. Tanto que “la mejor forma de recaudar fondos para un proyecto no es explicar las ventajas de esta iniciativa para los africanos, sino organizar un telemaratón: que un artista famoso cante, que una bella modelo haga un striptease, que algún niño repelente lea poemas y que los habitantes de un pequeño pueblo superen un récord Guinness”, escribe en su obra.
Nerín subraya también que, en la actualidad, la cooperación se plantea como negocio. No sólo porque la mayor parte de las ONG se financian con fondos públicos. “El propio Gobierno español habla de enfoque integral de la cooperación. Ello quiere decir que la ayuda se enfoca a zonas con determinados intereses económicos. Por eso, las relaciones internacionales influyen enormemente”. Y un sector, aún minoritario, cree que la cooperación sólo tendrá futuro y será efectiva si cambian las relaciones internacionales. “Se vio con las patentes del Sida -explica Nerín-. El Gobierno sudafricano comenzó a fabricarlas y, mientras, muchas ONG del Norte comenzaron una gran campaña de presión a las farmacéuticas en sus propios países, lo que finalmente inclinó la balanza a favor de África. Otro tanto pasó con la condonación de la deuda, que no hubiera sido posible sin la presión de la sociedad civil. Por ahí sí que la cooperación tiene futuro”.
Porque allí, en el Sur, en África, también hay maestros y médicos. Y la mayoría de ellos no depende ONG alguna. “Saben que existen y que canalizan dinero en cantidades importantes. Para lo único que les puede interesar una ONG es para ver si les puede caer algo”. Por tanto, el modelo de cooperación “refuerza el sentimiento de superioridad del Norte, pero también el sentimiento de inferioridad del Sur: el europeo da; el africano sólo recibe”. Un símil con mil lecturas, todas acertadas.




