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Política y estrategia

No cabe duda de que el general nazi Reinhardt Gehlen es uno de los personajes más fascinantes, no sólo de la Segunda Guerra Mundial sino, sobre todo, de la posguerra. Estuvo a las órdenes del III Reich, luego de Estados Unidos y, finalmente, de la República Federal de Alemania, lo cual, expuesto de esa manera, parece aludir a tres cosas muy distintas…

Es inevitable que un personaje así escribiera sus memorias tras jubilarse en 1968 como director del servicio secreto alemán (*), bastante decepcionantes por cierto porque no cuenta ni la décima parte de lo que sabía.

Cuando las escribió hacia 1970, el nazi quiso dejar bien claro que, antes que nada, era un anticomunista furibundo. Habría que haberle escuchado en 1940, en plena etapa de esplendor del hitlerismo.

Pero con la derrota nazi y el paso del tiempo, el general se presentaba como un “nacionalista alemán”, quizá escorado hacia eso que llaman “extrema derecha” los que nunca llaman a las cosas por su nombre.

Veamos. Durante toda la guerra Gehlen luchó en el frente oriental contra el Ejército Rojo al mando de algo impropio de un “nacionalista alemán”: las unidades “extranjeras” incorporadas a la Wehrmacht.

En cuanto acabó la guerra se puso, con todos sus hombres y sus medios, al servicio de su anterior “enemigo” (pg.125), una potencia también “extranjera”, Estados Unidos, que ocupaba militarmente el suelo alemán, del que nunca se ha marchado. ¿Dónde está el nacionalismo de los fascistas?

Es ocioso insistir en la naturaleza ideológica de Gehlen. Su “nacionalismo” era como el de todos los fascistas, pura retórica, la misma que le impide referirse a su enemigo en el frente como “soviético”. Lo que él vio en las trincheras eran “rusos”.

Como buen oficial de Estado Mayor, Gehlen entendió a la perfección las causas de la victoria del Ejército Rojo en la Segunda Guerra Mundial: “Los rusos tenían una inteligencia estratégica y política de formidable calibre y gran astucia”, escribe (pg.81).

Si Gehlen no hubiera estado tan absorbido por su mentalidad chovinista podía haber añadido que en 1941-1945 los verdaderos “alemanes” fueron “los rusos”.

No es, pues, como lo pintan los documentales de la tele. La guerra no la perdieron “los alemanes”, a los que siempre presentan, por su propia naturaleza, como superiores a “los rusos” antes y ahora. Si, como explica Gehlen, la Segunda Guerra Mundial, como cualquier otra guerra, no es más que política (pg.93), la victoria soviética significa que políticamente la URSS estaba por encima del III Reich -faltaba más- y, consiguientemente, por encima de cualquier otro país de aquella época.

Cuenta Gehlen que el proyecto de Hitler era la “destrucción del estado ruso”, la “liberación” del comunismo, lo cual sólo era posible “con la ayuda del propio pueblo ruso” porque las guerras modernas no se entablan entre ejércitos sino entre pueblos (pg.92). “En la política y la guerra modernas no se puede prescindir del factor psico-político”, concluye el general nazi (pg.110) en un capítulo de sus memorias sugerentemente titulado “Cortejando a los rusos”.

Las alusiones de Gehlen ayudan a entender el verdadero proyecto político que los nazis tenían para la URSS tras su rápida victoria militar: ¿a quién cortejar?, ¿a quién poner al frente del nuevo Estado ruso?, ¿quiénes eran sus sicarios en Moscú?, ¿quiénes formaban parte de las redes de Gehlen en la URSS? El general reconoce que en la posguerra uno de sus espías llegó a ministro de la República Democrática Alemania. Pero no dice nada de la etapa anterior a la guerra, ni de sus infiltrados dentro de la URSS.

A la inversa, las redes de Gehlen explican las depuraciones políticas y militares inmediatamente anteriores a la guerra que se llevaron a cabo en el Partido, el Estado, el Ejército Rojo y todas y cada de las instituciones públicas y privadas de la URSS. Los depurados eran esos cómplices rusos que el III Reich pretendía “cortejar” para imponer sus planes de destrucción de la URSS. La conclusión es obvia: en la victoria soviética de 1945 tan importante como los disparos de la artillería fueron las previas depuraciones políticas de finales de los años treinta.

Lo que Gehlen recuerda en sus memorias no sólo es el abecedario de cualquier guerra sino, naturalmente, de cualquier desafío político moderno. Las batallas políticas no sólo las pierden quienes sostienen una estrategia equivocada, sino -sobre todo- quienes no tienen ninguna, quienes la reducen a seguir una táctica tras otra, a eso que ahora llaman “gestión”, a interpretar sondeos electorales y contar votos.

Si en las batallas políticas y militares no sólo triunfan los ejércitos sino las masas, quien se pone incondicionalmente, de verdad, a su servicio tendrá ganada la primera pelea y la más importante.

(*) Servicio secreto. Memorias del jefe del servicio de inteligencia alemán, Barcelona, 1972.

La población de San Francisco convertida en conejillos de Indias (4)

El fin de la Segunda Guerra Mundial trajo consigo, como era de esperar, la prohibición de realizar experimentos en seres humanos sin su consentimiento (los cuales, desgraciadamente, hizo de forma recurrente Hitler durante la contienda). Este compromiso quedó sellado en el “Código de Nuremberg” de 1947, el cual firmaron una buena cantidad de naciones como Estados Unidos.

Sin embargo, tan solo tres años después, el gobierno norteamericano se lo saltó para llevar a cabo una serie de experimentos con armas bacteriológicas en su propia población. El más famoso (y peligroso) de ellos se viviría en San Francisco, donde el ejército liberó una nube de gas tóxico desde el mar para averiguar si la ciudad era sensible a un ataque selectivo realizado mediante este tipo de armas.

Así lo afirma, al menos, la versión digital de la revista “Discover”, donde se han hecho eco de este experimento y han determinado que el experimento se llevó a cabo sin el consentimiento de los estadounidenses.

Concretamente, el microbio fue liberado en forma de nube tóxica para averiguar también cuánto tardaría en extenderse a otras regiones de Estados Unidos y determinar cuál era la forma más idónea de detenerlo. De confirmarse este hecho, el gobierno norteamericano habría realizado uno de los experimentos humanos más grandes de la Historia.

En palabras de “Discover”, el microbio liberado fue el “Serratia marcescens”, una bacteria que suele formarse en ambientes húmedos y que, a pesar de que en un principio se creía inocua, puede provocar enfermedades urinarias graves y resistentes a los antibióticos.

El experimento se realizó en la década de 1950 (no se detalla una fecha concreta) por parte del Ejército de los Estados Unidos. Concretamente, el cuerpo de ejército responsable fue la Marina, que se dedicó a rociar durante seis días San Francisco con bombonas y bombonas de un gas con esta bacteria mediante varios dragaminas a lo largo de la costa.

La operación (llamada “Mar-Spray”) fue un éxito, pues el ejército llegó a la conclusión de que San Francisco era un lugar idóneo para ser asaltado con armas bacteriológicas. A su vez, y tal y como quedó explicado en un informe de 1951, los militares señalaron que, si se sufría un ataque en esta zona, la nube tóxica se podría extender hasta las comunidades adyacentes de Albany, Berkeley, Daly City, Colma, Oakland, San Leandro, y Sausalito. De hecho, se estimó que unos 800.000 habitantes recibieron una fuerte dosis de este gas.

Las consecuencias no se hicieron esperar y -a pesar de que los expertos habían señalado que “el Serratia marcescens rara vez causaba una enfermedad”– a los pocos días once pacientes fueron ingresados en el Hospital de Stanford (en San Francisco) aquejados de infecciones urinarias severas. A su vez, varios sujetos que estaban recuperándose de una cirugía de próstata desarrollaron complicaciones relacionadas con el corazón.

Fuente: http://www.abc.es/cultura/20150715/abci-eeuu-armas-quimicas-guerra-201507151443.html
Nota: Como es típico del diario ABC, no se priva de calificar como “éxito” el experimento. Se refiere a que para la Marina fue un “éxito” tener a su disposición a millones de personas para sus experimentos. Si hubiera tenido ocasión de pronunciarse, la población de San Francisco opinaría de una manera bien diferente.

Líneas rojas

Bianchi

Finalizada la gran manifestación por los presos políticos vascos en Bilbao en la mañana de hoy, día 17, una portavoz dice a los manifestantes que hay dos «líneas rojas» que no van (se supone que los presos) a traspasar, a saber: el arrepentimiento y la delación, o sea, la expiación de los pecados y el chivateo a lo Judas, en términos teológico-políticos.

Me pregunto cómo es posible que estas proclamas puedan pasar, de cara a la feligresía abertzale pues en eso quieren convertir a sus bases, en un rebaño acrítico cuasirreligioso, como el no va más y el «non plus ultra» de la potencia, fuerza y energía de un movimiento supuestamente imparable que ni habla de amnistía y, al mismo tiempo, apuesta por aceptar la «legalidad penitenciaria» española (Otegi dixit, que esta noche saldrá en La Sexta como «starring»), o sea, las vías de salir de los trullos y makos a como dé lugar, pues, dicen, se trata de «vaciar las cárceles» y no «llenarlas».

Vaciarlas sin mirar el cómo ni las maneras y formas, pues los «nuevos ciclos» así lo imponen. Y si para ello hay que pactar con los jueces de la Audiencia Nazional una renuncia a los principios para no ingresar en chirona, pues se hace, mejor fuera, en la calle, abjurando (como quien dice) de los ideales que dentro de la cárcel con la cabeza bien alta. Se dirá, posiblemente, que habría que estar en el pellejo de quienes se arriesgan a estar equis años en el chabolo – algunos ya sabemos algo de esto, por cierto, amén de torturas lindas y guapas- para entender su «postura»… Pues no, no la entendemos porque, primero, flojos principios son esos que, al primer chantaje del fascismo coronado, uno se raja, y, segundo, «at last but nos least», no haberse metido en causas populares, lo que es muy meritorio, para luego salir de malas maneras del mal trago con componendas con quien te acaba de torturar mientras el juez mira para otro lado.

Decir que no se van a traspasar las «líneas rojas» del arrepentimiento y la delación es decir algo tan obvio y elemental que no hace falta ni decirlo porque va de suyo, va en el ADN antirrepresivo, como se dice ahora. Pero se dice. Y se ha dicho como quien arenga a las huestes lanzando dos consignas ultrarrevolucionarias: reconocemos el daño causado, pero no nos chivaremos, abogamos por la «reconciliación» (como Carrillo en su día), pero si el Estado español no pone algo de su parte, pues la cosa se antoja difícil, aún así, seguiremos por la «vía unilateral» como el kamikaze del chiste que va por el carril de la autopista en sentido contrario pensando que los zumbados son los demás conductores. ¿Qué más nos queda por ver? No delataremos, dicen, como quien dice somos la ostia y lo tienen a gala apuntándose un tanto: ¡¡se dice lo evidente, lo mínimo que se espera y sacan pecho esperando aplausos!! ¡¡¡¡¡Manda güevos!!!!!!

Malos tiempos para la lírica, ya lo dijo Coppini de «Golpes Bajos».

7.000 desertores saudíes han sido encarcelados en su país

El mayor fracaso de las aventuras militares saudíes no es Siria sino Yemen. Más de 7.000 oficiales y soldados del ejército saudí han sido encarcelados en las prisiones de Riad acusados de deserción.

La cifra la ha proporcionado Salih Muhammad Al-Naeimi, director del departamento político de la Unión de Fuerzas Populares yemeníes a la cadena Al-Mayadeen.

El dirigente yemení añadió que las fuerzas revolucionarias tienen importantes proyectos en perspectiva que no quiso revelar.

También confirmó la presencia en Yemen de oficiales de los ejércitos de Estados Unidos, Inglaterra y Francia junto a los invasores saudíes.

Respecto a la intervención israelí en la agresión y los documentos que la acreditan, Al-Naeimi destacó la abundancia de datos que la acreditan algo que, a su juicio, no requiere de mayores explicaciones.

La revuelta en Yemen no sólo ha tenido que ser frenada, pues, con la intervención militar saudí, sino con la de los países vecinos y las potencias imperialistas.

Nada de eso ha sido suficiente. A ellos hay que añadir la intervención de mercenarios contratados y pagados por las monarquías del Golfo.

Unidad 8200: el espionaje electrónico israelí queda al descubierto

La Unidad 8200, encargada del espionaje electrónico en el ejército israelí, es la más avanzada del mundo después de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, asegura el periodista israelí Amir Raybobort.

En un artículo publicado en el diario Maariv, Raybobort afirma que el enorme esfuerzo desplegado por Israel en el terreno tecnológico militar se ha utilizado en las operaciones de espionaje de la Unidad 8200. Para ello, las empresas tecnológicas israelíes se han volcado al servicio de dicha Unidad.

Los sofisticados ordenadores que utiliza son capaces de vigilar los mensajes importantes, que suman millones de contactos y millones de expresiones.

Una investigación llevada a cabo por el periodista Yuav Limor revela, además, que la Primavera Árabe cambió el funcionamiento de la Unidad, dirigida por un general del ejército israelí.

En ella trabajan ingenieros informáticos y de telecomunicaciones que la utilizan como un vehículo para pasar después a trabajar en multinacionales de la tecnología, en las que vuelcan la experiencia adquirida en el espionaje militar.

En el artículo que publica en el sitio “Israel Today”, Limor relata que la unidad de espionaje está volcada en las redes sociales utilizadas en los países árabes, sobre todo Facebook y Twitter para detectar cambios en el comportamiento que podrían repercutir sobre los intereses del gobierno de Tel Aviv.

La Unidad 8200 agrupa a oficiales y tropa que acompañan a las fuerzas del ejército de tierra en sus campañas militares para recolectar información sobre el terreno.

Otra de sus funciones se centra en la guerra electrónica contra el proyecto nuclear iraní, habiendo introducido el virus Stuxnet en los equipos informáticos con el que lograron paralizar las centrales iraníes.

La desclasificación de algunos documentos secretos israelíes sobre la guerra de 1973 contra los países árabes demuestra que la Unidad 8200 logró instalar dispositivos de escucha en oficinas y lugares estratégicos de sus vecinos.

Esta Unidad de espionaje coordina su actividad con “Syaeret Matkal”, la unidad de élite del ejército israelí que dirige directamente el jefe de la inteligencia militar y está especializada en cometer asesinatos contra árabes por todo el mundo.

Las multinacionales se disputan la contratación de los ingenieros israelíes que han trabajado en inteligencia militar. Muchos de ellos continúan con su trabajo de espionaje al servicio del ejército israelí con la cobertura de su trabajo privado.

La Farmafia utiliza a los pobres como conejillos de Indias (3)

El empleo de personas como conejillos de Indias no es sólo que se trate a los sanos como si estuvieran enfermos. Tampoco es que los experimentos se lleven a cabo en el Tercer Mundo y no con esos millonarios, como Bill Gates, que se dedican a la beneficencia. Ni siquiera lo más grave es que se utilicen a niños. Lo realmente preocupante es que estamos en presencia de una compraventa de personas, de una forma moderna de tráfico de esclavos, en el que los matasanos han sustituido a los negreros.

El negocio es tan repugnante que en 1998 Estados Unidos tuvo que publicar un reglamento para la experimentación médica con niños (1) porque se habían producido numerosas complicaciones por el uso de antibióticos en niños, los cuales nunca habían sido estudiados en ellos.

Desde luego que ese tipo de reglamentos, que son sistemáticamente vulnerados por las multinacionales farmacéuticas, no rigen en los países del Tercer Mundo, donde disfrutan de ese gigantesco campo de concentración con el que siempre soñaron los matarifes del III Reich para experimentar a sus anchas.

El año pasado el ministro de Sanidad de Perú suspendió los permisos para emprender investigaciones clínicas en niños y comunidades nativas del país (2).

Es algo paradigmático, por muchas razones. Primero porque el gobierno se vio obligado a imponer la suspensión después -no antes- de una denuncia periodística sobre la experimentación médica con niños indígenas.

Los gobiernos del mundo son cómplices, miran hacia otro lado y quieren hacer creer que se enteran a través de los medios de comunicación.

El papel de las ONG en este tipo de crímenes no puede ser más repugnante. Además de encubrir a los verdaderos protagonistas de la experimentación, las multinacionales farmacéuticas, son las ONG actúan directamente sobre el terreno con su hipócrita discurso benefactor.

El año pasado en Perú la ONG Prisma experimentó con más de 3.000 niños sanos por cuenta de multinacionales tan conocidas como Pfizer, Sanofi Adventis, Brystol Myers Squibb, Novartis, GlaxoSmithKline, Biogaia, además de una pesquera local llamada Agrohidro (3).

En la medicina las aberraciones criminales suelen ser consecuencia, en ocasiones, de las intelectuales. En el caso del Perú ponen de manifiesto que la medicina moderna, calificada como “científica”, ha pasado en un siglo de una paranoia con los antibióticos a la contraria, la paranoia con los probióticos, o dicho en otros términos: antes consideraban que las bacterias eran malas y ahora dicen que son buenas para la salud.

En uno de los ensayos practicados con 60 niños peruanos sanos de 2 a 5 años de edad se trataba de comprobar su tolerancia a la bacteria Lactobacillus reuteri DSM 19738. En ocasiones, el probiótico, cuyo nombre comercial es BioGaia, puede provocar efectos secundarios serios.

Es la reproducción del mismo colonialismo que América Latina conoce desde hace 500 años: para experimentar con los niños peruanos, la ONG sobornó a sus padres con comida, por lo que el consentimiento para poner a sus hijos en manos de los matasanos no es libre sino obtenido bajo recompensas, tales como un poco de leche, arroz, aceite, atún y un pequeño juguete para el niño.

La aparición de niños e indígenas es una constante en la medicina moderna, donde la dominación se disfraza con la falta de escrúpulos (“es por su bien”). El interés del dominado lo determina el dominador y el interés de éste coincide con el del anterior.

¿No es más barato practicar todos estos experimentos con los niños de Washington? Los laboratorios se ahorrarían tener que regalarles juguetes y latas de atún…

(1) http://grants.nih.gov/grants/guide/notice-files/not98-024.html
(2) http://www.minsa.gob.pe/?op=51&nota=16657
(3) http://larepublica.pe/impresa/en-portada/7673-farmaceuticas-usan-mas-de-3000-ninos-peruanos-para-experimentos-medicos

Las 28 páginas que estremecieron al mundo

Nos referimos a las 28 páginas del informe sobre los atentados contra las Torres Gemelas que Bush declaró secretas, y basta que lo sean para que pique el morbo.

El informe fue elaborado en 2002 por sendos comités de la Cámara y el Senado de Estados Unidos y el senador que los presidió, Bob Graham, lucha ahora por que se hagan públicas. Hasta se ha abierto una página web sobre el asunto (28pages.org), que se ha convertido en uno de los caballos de batalla de la campaña a las elecciones presidenciales.

Cuando Lenin dijo que en la etapa imperialista la burguesía entraba en su estado de decrepitud, o se quedó muy corto o es que la burguesía va de mal en peor. Está llegando al delirio colectivo.

La cadena CBS ha dedicado un programa especial a las 28 páginas, en el momento justo en el que Obama se dispone a visitar a sus amigos saudíes y ha quedado al descubierto que a los 15 saudíes implicados en los atentados quien les dio el visado de entrada a Estados Unidos fue… la CIA.

Obama es partidario de la desclasificación del texto, pero la confusión se multiplica porque ni un bando ni otro defiende sus posiciones por los mismos motivos, por lo que subyace en este asunto: a nadie le preocupa ya esclarecer los hechos, las responsabilidades mediatas e inmediatas de la muerte de 2.000 personas y el montaje orquestado en torno a las mismas.

Cuando Estados Unidos organiza uno de esos montajes, se ve obligado luego a organizar otros adicionales para encubrir el primero. Además, todos sospechamos que detrás de cada una de sus acciones no hay más que montajes e intentos de encubrimiento, hasta que no vemos más que montajes por todas partes, uno detrás de otro.

Todo hubiera sido mucho más sencillo si las 28 páginas nunca se hubieran declarado secretas, pero eso nos hubiera privado del morbo que envuelve toda esta historia, que no se acabará nunca. Ahora mismo en Estados Unidos se habla más de las 28 páginas secretas que de los atentados en sí.

Un funcionario de la Casa Blanca ha dicho que Obama desclasificará las 28 páginas dentro de dos meses, lo cual en plena campaña electoral se analiza -malévolamente- como un intento de retardar la desclasificación, es decir, todo lo contrario de lo que parece.

La posición de Obama, si es que tiene alguna definida, es consecuencia de las presiones internas e internacionales. De ahí su visita a los jeques saudíes poco antes de despedirse de la presidencia, que acaba de demostrar su absoluta falta de personalidad política, algo común a los presidentes de Estados Unidos al menos desde los tiempos de Reagan.

La desclasificación (o no) de los papeles va acompañada del estilo político de Washington, dominado por los bajos fondos de los grupos de presión y el intercambio de maletines y contratos repletos de petrodólares. Nada nuevo, pues.

La mayor parte de quienes han leído las 28 páginas dicen que no hay nada interesante y, desde luego, nada que incrimine a Arabia saudí en los atentados contra las Torres Gemelas. Pero es lo mismo que ocurre con la agresión contra Siria: tampoco hay nada que les incrimine. Lo que más ciega no es la oscuridad sino el resplandor.

Si las páginas carecen de relieve criminal, no se entiende el motivo por el que se declararon secretas. Si los príncipes de Riad no aparecen en ellas, no tiene sentido que su embajada hable de represalias económicas en caso de que se puedan leer abiertamente.

Una de las consecuencias del enredo es que la tensión entre Estados Unidos y Arabia saudí sigue creciendo, no sólo entre ambos países sino entre las mismas camarillas dominantes en ellos, que lanzan mensajes contradictorios a cada momento, en donde las 28 páginas no son el detonante sino el arma arrojadiza. Da lo mismo lo que se esté escrito en ellas; ya tienen vida propia.

Los atentados de las Torres Gemelas, las 28 páginas y la guerra de Siria son parte de lo mismo, aunque lo más destacado es constatar, una vez más, las profundas divisiones internas, en donde todo sirve de excusa para los implacables ajustes de cuentas que caracterizan al podrido universo político de Washington.

Obama no es diferente de Trump, que también ha prometido publicar las 28 páginas, aunque por motivos diferentes a los esgrimidos por Obama. Trump ha denunciado la siniestra diplomacia que lastra la política exterior de Estados Unidos vinculándola a los sátrapas saudíes.

Hablar del candidato Bernie Sanders es hablar de Israel y el oscuro grupo de presión AIPAC que defiende los intereses israelíes en los pasillos de Washington, es decir, supone mostrarse favorable a Arabia saudí… pero por intereses propios, ya que es muy posible que de las 28 páginas el Mosad no salga bien parado. No podía quedarse al margen de un atentado de las dimensiones de las Torres Gemelas.

Sanders es el primer judío con posibilidades de llegar a la Casa Blanca, pero sus relaciones con la mafia AIPAC no son buenas precisamente. Sus críticas a Israel dividen a los judíos de Estados Unidos. Los que siguen fielmente el dictado de Tel Aviv han llamado a votar a… Hillary Clinton.

Lo de menos son las 28 páginas. El final de Obama presenta todos los síntomas de una descomposición galopante en el centro mismo del imperialismo y es dudoso que quien le suceda sea capaz de coser todas las costuras que se han roto y volver a recuperar la iniciativa.

Los cristianos sirios son partidarios de Bashar Al-Assad

El obispo caldeo Antoine Audo
Hace un par de semanas el obispo caldeo (o sea, cristiano) de Alepo, Antoine Audo, viajó a Ginebra para participar en una campaña internacional de Caritas en defensa de la paz en Siria. Aprovechando la ocasión convocó una conferencia de prensa en la sede de la ONU que los medios de comunicación han silenciado, como buenos perros de prensa que son.

Resumimos las palabras del obispo porque son otros tantos ladrillazos que no tienen desperdicio.

Empezó diciendo que, cualquier que sea su confesión religiosa, la mayoría del pueblo sirio apoya a Bashar Al-Assad, “que se merece un respeto”. Mientras el 80 por ciento de los cristianos defienden al actual gobierno, las milicias yihadistas carecen de apoyo popular.

Añadió luego que los cristianos en Siria no se sienten perseguidos, en contra de la infame propaganda contra el islam, en general, y contra Bashar Al-Assad, en particular.

El tercer ladrillazo en la cabeza fue cuando dijo que una solución política en Siria no se puede imponer desde el exterior.

Estados Unidos, afirmó Audo, debe respetar a los sirios. Junto con los rusos Washington puede poner fin a la violencia presionando sobre los actores regionales y locales.

A partir de ahí empezó a atacar lo que calificó como “propaganda occidental” contra el gobierno sirio y, especialmente, contra Al-Assad, aún reconociendo que no les puede exonerar de toda la responsabilidad por lo sucedido.

Las tres catedrales de Alepo han sido casi totalmente destruidas y centenares de personas secuestradas y luego liberadas en las aldeas cristianas, las últimas a comienzos de este mismo año.

Los yihadistas atacaron a los
cristianos, según el obispo, porque querían desestabilizar a la población de Homs y de
otras ciudades. Sin embargo, tras cinco años de guerra, no lo lograron.

Para Alepo la tregua actual ha supuesto un alivio y la llegada de agua y la electricidad que faltaban desde hacía seis meses. Pero es demasiado pronto para asegurar que los cristianos volverán a las iglesias.

Antes de la guerra, en Siria había 1,5 millones de cristianos, que tras los años de guerra se han reducido a 500.000. En Alepo había 160.000 y en la actualidad quedan unos 40.000 y están en las zonas controladas por el ejército regular.

El motivo de la guerra, según el obispo, es que el mundo árabe marcha rezagado ante las presión secularizadora a la que se le quiere someter.

También aludió a la naturaleza militar del Estado, que no logra desarrollar económicamente al país y no tiene el coraje de mirar de cara el problema de los antagonismos étnicos y religiosos en la región.

Ante las dificultades, el obispo confesó que se sentía decepcionado de occidente y de la posibilidad de buscar una solución. La violencia y la intolerancia no reflejan la realidad de la sociedad siria, concluyó el obispo.

La Farmafia utiliza a los pobres como conejillos de Indias (2)

Si el lector busca documentación sobre experimentación médica con seres humanos, la mayor parte de las referencias le remiten al III Reich y los campos de concentración de aquella época. Es una manera como cualquier otra de tapar un capítulo muy negro de la historia.

La utilización de seres humanos como conejillos de Indias por los matasanos ni empezó con el III Reich ni acabó con su derrota en la Segunda Guerra Mundial.

La medicina cierra los ojos ante una evidencia que no tiene relación con la salud del cuerpo sino con la de las clases sociales. Desde tiempos inmemoriales los matasanos han formado parte de las clases dominantes y de su dominación clasista, utilizando sin ninguna clase de escrúpulos a los sectores más desamparados de la población para sus experimentos y ensayos. Si el experimento sale bien se utiliza en beneficio de los poderosos y si sale mal se entierra al miserable.

En el siglo XIX pocos médicos fueron más idolatrados que James Marion Sims, considerado como el “padre de la ginecología”. En su memoria se erigió una estatua de bronce entre la Quinta Avenida y la calle 103, frente a la Academia de Medicina de Nueva York, la primera de Estados Unidos que homenajea a un galeno.

El doctor Sims utilizó mujeres esclavas y negras para experimentar con ellas sin necesidad de pedir su consentimiento. Bastaba pedírselo a sus amos esclavistas. En otros casos el matarife buscaba esclavas con determinadas dolencias para comprarlas y experimentar con ellas, como hoy los laboratorios compran ratones y los encierran en jaulas con los mismos fines. Nunca experimentó con mujeres blancas.

Las esclavas tampoco necesitaron nunca ningún tipo de anestesia. Bastaba con un poco de opio y con atarles las manos fuertemente para que no se pudieran retorcer a causa del dolor. Los experimentos de Sims estaban a medio camino entre la medicina y el sadismo.

El galeno documentó meticulosamente sus experimentos, por lo que conocemos detalles como los nombres de pila aquellas esclavas (Anarcha, Betsy, Lucy), a las que ningún científico se ha dignado levantar un monumento.

La mayor parte de aquellas mujeres morían poco después de la intervención quirúrgica a causa de las infecciones. En caso contrario, al matarife no le importaba repetir la tortura con la misma mujer.

En ocasiones, repitió sus experimentos hasta treinta veces con la misma, hasta que acertaba con la cirugía. Luego trasladaba su descubrimiento a las mujeres blancas, aunque esta vez utilizando anestesia para que no sufrieran en la mesa de operaciones.

Empezó a ganar fama y luego a ganar dinero, llegando a edificar un hospital para quien pudiera pagar sus tratamientos. Fue el cirujano de la emperatriz Eugenia de Montijo, la mujer de Napoleón III, y de la nobleza europea.

De 1876 a 1877 le nombraron presidente de la Asociación Médica Americana, que es muy famosa porque tiene una publicación de esas que califican de “prestigiosas” entre los científicos, una de las que dictan el “ordeno y mando” de la práctica de la medicina en el mundo entero.

La Farmafia utiliza a los pobres como conejillos de Indias (1)

Las multinacionales de la Farmafia realizan sus ensayos clínicos en países del Tercer Mundo entre la población más pobre, sobornando a los políticos y a las instituciones de matasanos para asegurarse la impunidad.

Antonio Ugalde y Nuria Homedes son dos investigadores que realizan su labor en universidades estadounidenses e impulsan la organización Salud y Fármacos. Han escrito una obra titulada “El impacto de los investigadores fieles a la industria farmacéutica en la ética y la calidad de los ensayos clínicos realizados en Latinoamérica”.

Ugalde y Homedes demuestran que a los ministros de sanidad los nombran los monopolios de la farmafia para aprobar leyes permisivas. También exponen el papel lacayuno de los médicos que engañan a las personas para que participen en los ensayos. Los muertos a causa de la experimentación se guardan escondidos bajo las alfombras.

En Argentina, un conocido pediatra y fiel colaborador de la industria, a través de su propia CRO (Contract Research Organization), reclutó 14.000 bebés para incluirlos en el ensayo Clinical Otitis Media & Pneumonia Study (COMPAS) llevado a cabo en cuatro provincias, entre las que se incluía la más pobre del país, Santiago del Estero. El objetivo, testar la vacuna anti-neumocócica, Prevenar, de GSK (que pagaba 350 dólares por bebé).

Las tácticas de este médico eran bien conocidas. “Entre 1996 y 2003, en el Hospital Infantil de la Municipalidad de Córdoba se llevaron a cabo 19 ensayos, la mayoría fase III, 16 de los cuales dirigidos por el mismo administrador: el jefe del departamento de pediatría. Los médicos de la municipalidad reclutaban pacientes en los centros públicos de los barrios más marginados. En diez años (1996-2006) las empresas pagaron unos 24 millones de dólares por los ensayos”.

Tras vacunar a más de 14.000 niños, la muerte de 12 bebés obligó a parar el ensayo. La investigación subsecuente demostró graves violaciones de los protocolos. El investigador principal fue suspendido pero rehabilitado rápidamente: “Demostró su poder político cuando el gobernador de la provincia le abrió las puertas a todos los hospitales provinciales después de que la municipalidad –por violaciones normativas– le prohibiera seguir administrando ensayos en sus instituciones”.

En la provincia de Córdoba, controlada por este individuo, se realizan un tercio de todos los ensayos de Argentina. El Comité de Ética de Investigación Clínica (CEIC) del Hospital Infantil, según una auditoría realizada a petición de la Municipalidad de Córdoba, permitió que el investigador (el jefe de pediatría) y el co-investigador principales estuvieran presentes en la reunión en que se discutió su protocolo.

En esta misma provincia, en 2005, un periodista analizó las actas de la Comisión Provincial de Investigación en Seres Humanos, una de cuyas funciones era el control de los CEIC. Descubrió que en 34 de las 75 reuniones que ese año mantuvo la Comisión había conflictos de interés. La Comisión sólo tenía cuatro miembros y ocasionalmente las decisiones las tomaban una o dos personas.

Los investigadores y el promotor del ensayo COMPAS, tras una investigación del organismo regulador (ANMAT), tuvieron una multa administrativa por incumplimiento de los criterios de inclusión y violaciones durante la obtención del consentimiento informado. Poco después, el director de la ANMAT, que había sido criticado por la industria farmacéutica por ser demasiado exigente, fue cesado sin explicación alguna y la norma sobre consentimiento informado cambiada para facilitarlo (“consentimiento exprés”).

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