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‘¿Creéis que el camino de la Revolución está sembrado de rosas?’

Juan Manuel Olarieta
Lo mismo que Marx, Lenin era extremadamente minucioso. Para escribir su obra “El imperialismo fase superior del capitalismo” llenó 15 cuadernos con notas tomadas de múltiples lecturas. Los enumeró con letras griegas y hacen referencia a 106 libros publicados en alemán, 23 en francés, 17 en inglés y 2 traducidos al ruso, además de 232 artículos publicados en 345 periódicos alemanes, 8 ingleses y 7 franceses.

A esos cuadernos de notas hay que sumar otros cuantos que tituló “Sobre el marxismo y el imperialismo” que en total tienen unas 700 páginas más que ponen de manifiesto el estilo de trabajo leninista: documentado, profundo y exhaustivo. Para escribir su obra Lenin leyó prácticamente todo lo que se había escrito previamente y condensó sus conclusiones en 150 páginas que no son más que la punta de un gran iceberg.

Pero lo más importante, con diferencia, es que Lenin escribía con una mano y trabajaba con la otra. Mientras escribía su obra, rompía con la II Internacional, estallaba la Primera Guerra Mundial y la Revolución de Febrero de 1917. El folleto no podía ser de más actualidad, pero entonces ocurrió lo mismo que ahora: los árboles no dejaban ver el bosque; el problema era tan evidente que se hizo invisible.

Las frases de Lenin sobre el imperialismo se han repetido muchas veces. Forman parte ya de la retórica y ayudan poco a entender algo que no aparece en ningún párrafo de ninguna obra de Lenin: eso que solemos llamar “el posicionamiento”, que es algo que va más allá de la práctica y de lo concreto. Es la “toma de partido”, algo que en referencia al imperialismo resulta imprescindible… o eso es lo que cabe esperar de alguien que se califica como leninista.

Sin embargo, no es así. Bajo el imperialismo, al mismo tiempo que las grandes potencias forman bloques rivales, algunos de los pequeños Estados impulsaron el movimiento de los “no alineados” y ciertos grupos comunistas hacen lo propio, justificándose con extravagantes frases extraídas de acá y de allá, así como llamamientos a la paz que son otros tantos brindis al sol.

Es evidente que dicha neutralidad es impostada; no existe como tal. No es más que un alineamiento camuflado, como cuando Poncio Pilatos se lavó las manos ante la matanza de los niños inocentes.

Es cierto que la posición de Lenin durante la Primera Guerra Mundial se enfrenta a la de la II Internacional, que deja de ser “internacional” para alinearse con la propia burguesía. La socialdemocracia descubrió así su carácter nacionalista o, en palabras de Lenin, eran “socialpatriotas”. A partir de ahí algunos interpretan que la posición de Lenin fue la de lavarse las manos como Poncio Pilatos: ni unos ni otros, no existe imperialismo bueno, se le hace el juego a unos o a otros, etc.

Es evidente que eso, por su propia abstracción, no tiene nada que ver con el leninismo, que siempre es partidista. Lo que Lenin sostuvo a partir de 1914 es lo opuesto a la II Internacional, es decir, la derrota de la propia burguesía. No puede haber mayor toma de partido que esa, que en Rusia se interpretó como una traición a la patria, o sea, al zarismo y a la burguesía, que acusaron a los bolcheviques de ser espías de los alemanes, de trabajar para el bando contrario en la guerra. Lo mismo que ahora, en 1917 la burguesía rusa lanzó esa típica pregunta: “¿A quién beneficia la política bolchevique?” y cuando la burguesía (y los grupos oportunistas) hacen ese tipo de preguntas se quieren referir a qué país, a qué potencia imperialista estaban beneficiando los bolcheviques, es decir, que todos ellos (burgueses y oportunistas) entienden estos problemas en términos nacionales exclusivamente.

Si esa discusión ya era intelectualmente apasionante en 1914, tras la Revolución de Octubre se hizo acuciante, no sólo porque los bolcheviques habían prometido sacar a Rusia de la guerra sino porque Alemania atacó Petrogrado, la capital revolucionaria por excelencia. No había tiempo para folletos; ni siquiera para discursos. Había que hacer algo y las propuestas iban mucho más allá del Partido bolchevique porque concernían a los soviets, es decir, a los demás partidos, y al gobierno de coalición con los eseristas de izquierda.

En aquel momento, enero de 1918, se puso de manifiesto que nadie había entendido a Lenin, ni siquiera dentro del propio Partido bolchevique, donde sus posiciones eran muy minoritarias, hasta tal punto que las dos mayores organizaciones, las de Moscú y Petrogrado, le desautorizaron y le atacaron violentamente. Es muy significativo recordar que menos de dos meses después de la Revolución, el 28 de diciembre de 1917, la organización bolchevique en Moscú aseguraba en un comunicado que había perdido su confianza en el Comité Central.

¿Por qué motivo? Porque Lenin le estaba haciendo el juego al imperialismo alemán, una opinión muy extendida entonces. Los escritos de aquella época de Lenin sólo reflejan una parte ínfima de la multitud de reuniones que tuvo que mantener con unos y otros para sacar adelante sus tesis. No se conservan actas de la mayor parte de ellas, sino sólo algunos recuerdos escritos posteriormente, muchos de ellos procedentes de militantes de otros partidos, especialmente eseristas, que estaban presentes en aquellas reuniones.

Por ejemplo, el 8 de enero los bolcheviques convocaron una Conferencia especial para aprobar la salida de la guerra mundial, en la que se pusieron de manifiesto las tres posiciones internas. La primera fue la de Bujarin, entonces un izquierdista furibundo que defendía la continuación de la guerra, cambiándole el nombre por el de “guerra revolucionaria”. Fue la mayoritaria, ya que alcanzó 32 votos. La segunda fue la de Trotski, una propuesta insustancial que se podía resumir en “ni guerra ni paz”, que reunió 16 votos. La de Lenin fue la más minoritaria, ya que sólo logró reunir 15 votos.

Tres días después se reunió el Comité Central para discutir lo mismo. Lenin volvió a perder la votación de nuevo y así podríamos seguir relatando reuniones, tanto internas como del gobierno o los soviets, en las que la mayoría estaba en su contra. En más de un debate el Partido bolchevique estuvo al borde de la escisión. Incluso los militantes de mayor confianza no aceptaban las posiciones leninistas. Uno de ellos fue Dzerzhinski, que en una reunión le reprochó a Lenin que alentaba al imperialismo alemán y en otra de sostener las mismas posiciones que Zinoviev y Kamenev, es decir, que le calificaba a Lenin de revisionista, nada menos. Lo mismo se puede decir de otros militantes de enorme prestigio, como Alejandra Kolontai o Elena Stasova.

Las reuniones eran maratonianas. A altas horas de la madrugada las discusiones continuaban en medio de humaredas insalubres de tabaco, y los intentos de Sverdlov y Stalin antes de las reuniones para inclinar el voto a favor de Lenin nunca fructificaron. Tampoco las amenazas de Lenin de dimitir del gobierno y abandonar el Partido bolchevique. Todo invita a pensar que incluso quienes votaban a su favor no lo hacían convencidos de su posicionamiento sino por la confianza personal que les inspiraba.

El contexto no podía ser más dramático porque el ejército alemán estaba a las puertas de Petrogrado. Los que querían la guerra no tenían un ejercito para luchar en ella y los que querían la paz no tenían tiempo para evacuar la capital, cuya población hubiera podido resultar aplastada literalmente. Sólo pudieron preparar lo mismo que cien años antes en Moscú cuando vieron acercarse a las tropas napoleónicas: destruir Petrogrado, quemar los edificios y volar los puentes y las fábricas.

Por fin, después de dos meses de debates agotadores, en febrero de 1918, en una reunión del Consejo de Ministros hasta Trotski se inclinó a votar a favor de Lenin, que obtuvo una mayoría pírrica. Redactaron al momento un oferta de paz dirigida a Alemania y Lenin la firmó en su condición de Presidente del Gobierno, pero cuando se la pasó a Trotski para que hiciera lo propio, éste se negó. El entonces ministro de Asuntos Exteriores era de los que tiraba la piedra y escondía la mano. No quería comprometerse; había votado a favor de Lenin a regañadientes. No quería que su firma constara en algo en lo que no creía en absoluto. Dijo que bastaba con la firma del Presidente del Gobierno y Lenin insistió en que también el ministro de Asuntos Exteriores debía firmar.

Lo mismo ocurrió cuando se formó la comisión encargada de negociar la tregua con los alemanes. Le designaron a Trotski, que se volvió a negar. Tuvieron que recurrir a Chicherin, que entonces era miembro del Partido menchevique. Era preferible alguien así, un menchevique, antes que un “bolchevique” como Trotski que votaba una cosa cuando quería hacer la contraria.

Uno de los pocos discursos de Lenin que se conservan de aquella época es aquel en el que tanto a sus amigos como a sus enemigos les pregunta: “¿Creéis que el camino de la Revolución está sembrado de rosas?, ¿que no hay más que marchar de victoria en victoria, al son de ‘La Internacional’ y con las banderas al viento? Así sería fácil ser revolucionario. No, la Revolución no es un juego divertido. No, el camino de la Revolución está lleno de zarzas y espinas. Aferrándonos al suelo que se nos escapa, con nuestras uñas y nuestros dientes, arrastrándonos si es necesario, cubiertos de lodo, debemos marchar, a través del fango, hacia adelante, hacia el comunismo y saldremos vencedores de la prueba”.

Estas palabras las pronunció Lenin en el Comité Ejecutivo de los soviets. Lo que las obras completas no cuentan es que había tomado la palabra cuando no le correspondía y que su discurso fue el único que nadie aplaudió.

En la medida en que hoy el mundo se encamina de nuevo hacia la guerra imperialista, aquellos debates de hace un siglo se vuelven a reproducir, no sólo porque la noción de imperialismo no está clara sino -sobre todo- porque los posicionamientos siguen siendo erróneos. Cuando en uno de aquellos debates a Lenin le reprocharon que sus posiciones beneficiaban al imperialismo alemán, les reconoció que, en efecto, así era. Pero las posiciones contrarias beneficiaban a los imperialistas del otro bando. Por lo tanto, decía Lenin, no preguntemos a qué país beneficia nuestro alineamiento; preguntémonos si beneficia a nuestra clase, al proletariado. Es así como Lenin resumía la consigna de transformar la guerra imperialista en guerra civil.

Los comunistas filipinos apoyan el alineamiento del gobierno de Duterte con China

Jose Maria Sison, dirigente comunista filipino
Hace unos días publicamos la noticia del giro que el Presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, ha dado al alineamiento internacional de su país. Ahora nos llega la información de que el Partido Comunista de Filipinas, a través de su Presidente Jose Maria Sison, apoya la ruptura del gobierno de su país con Estados Unidos.

Al mismo tiempo, como ya anunciamos en otra entrada, desde el 26 de agosto Duterte mantiene conversaciones en Oslo con el Frente Democrático Nacional y los comunistas filipinos para alcanzar un acuerdo con uno de los movimientos guerrilleros más veteranos, cuyo origen se remonta a casi medio siglo. Dichas conversaciones ya han conducido a un alto el fuego y la liberación de un primer grupo de 22 presos políticos comunistas y guerrilleros, de los 500 aproximadamente que permanecen recluidos en las prisiones. También hay un compromiso por parte del gobierno para proceder a una profunda reforma agraria, el reparto de tierras a los campesinos y un plan de desarrollo industrial.

Tras la liberación de los primeros 22 presos políticos, que actúan de consultores en las negociaciones de Oslo, el mes pasado se abrió una segunda fase de negociaciones que debe sacar de las cárceles a otros 200 presos más que se encuentran enfermos o son ya muy ancianos. De esa manera, si las previsiones se cumplen, en enero del año que viene se abrirá una tercera etapa de conversaciones con la proclamación de una amnistía general, que Duterte ya se ha comprometido a aprobar.

En un comunicado Sison afirma que el nuevo posicionamiento internacional del gobierno filipino ha animado a los comunistas a avanzar en el camino del acuerdo, ya que se trata de un país estrechamente sometido por Estados Unidos a lo largo de todo el siglo pasado. Incluso apunta que el Frente Democrático Nacional que dirigen los comunistas está dispuesto a formar parte de un “gobierno inclusivo de unidad nacional” que asegure la independencia del país, la reforma agraria, el desarrollo industrial y las reformas sociales.

A diferencia de las FARC en Colombia, indica Sison, la guerrilla filipina no admite ninguna clase de responsabilidad, ni política ni penal, por los 47 años de lucha armada, que imputan a los gobiernos precedentes, especialmente al de Aquino y Arroyo. De ahí que tampoco acepte la disolución de la guerrilla con las meras promesas de cambio.

Del gobierno de Duterte, advierte Sison, forman parte elementos vacilantes dispuestos a capitular ante el imperialismo y sostener la misma política económica seguida hasta ahora por los anteriores presidentes del país. Sin embargo, Duterte ha organizado el Movimiento por el Cambio (Kilusan sa Pagbabago) para reforzar las posiciones de los más progresistas y patriotas, lo que ha desatado una ola de entusiasmo popular.

Las movilizaciones en la calle muestran que amplios sectores populares aprueban el acercamiento de Filipinas al bloque internacional encabezado por China y Rusia, en contra de la hegemonía de Estados Unidos, una país que -como recuerda Sison- nunca se ha disculpado por el asesinato de 1,4 millones de filipinos entre 1899 y 1914.

“Las fuerzas revolucionarias y el pueblo en el seno de la alianza del Frente Democrático Nacional bajo la dirección del Partido Comunista de Filipinas continúan apoyando las declaraciones y los actos progresistas y patrióticos del gobierno de Duterte de hacer propuestas de reformas fundamentales y de impulsar a Duterte a confirmar por sus actos sus declaraciones generales contra el imperialismo americano y los oligarcas nacionales”, concluye el comunicado de Sison.

No obstante, para impedir el avance de este movimiento, desde Washington han puesto en marcha a sus sicarios de los medios de comunicación, que han lanzado un ataque brutal contra Duterte, incluidas amenazas de muerte. Es el inicio de una campaña de desestabilización al que seguirá el asesinato del nuevo Presidente y un golpe de Estado.

‘El guardia civil que no tortura es porque trabaja poco’

En una conversación grabada en la Comandancia de Palma de Mallorca en 2011 el coronel jefe de la Guardia Civil en las Islas Baleares, Jaume Barceló, justificó y reconoció que había torturado personalmente a los detenidos numerosas veces: “Hostias y un golpe lo hemos dado ¡todos! Yo, así…” La grabación se realizó por error en una reunión en la Comandancia. Había un dispositivo preparado para grabar otro asunto en el cuartel y, entre tanto, se produjo la reunión y la grabación con el coronel Barceló, que entonces era el segundo en el mando de la Guardia Civil en Baleares.

El coronel torturador tiene bajo sus órdenes a más de 2.000 guardias civiles. Tomó posesión del mando de la Zona de las Islas Baleares en enero de 2014, en un acto presidido por el director general de la Guardia Civil, el falangista Arsenio Fernández de Mesa, en el acuartelamiento Jaime II del Regimiento de Infantería Ligera Palma 47.

La conversación la publicó el diario ABC (*). En numerosas ocasiones el coronel Barceló ha alardeado de haber “sacudido” a los detenidos y ha relatado varios episodios de torturas. Cuando era más joven torturaba a los detenidos de forma habitual, jactándose de ello porque los delitos “ya han prescrito porque llevo muchos años fuera de la calle”.

En la grabación los guardias civiles estaban hablando de varios casos de torturas que en esos momentos estaban en los tribunales. Ninguno de ellos denunció a su jefe por los delitos que había confesado cometer, lo cual es un grave incumplimiento del deber por parte de todos los presentes.

“El que ha trabajado un poco en esta Guardia Civil y no ha soltado una paparra [bofetón en el lenguaje propio de Mallorca] es que ha trabajado poco, porque eso lo hemos hecho todos”, es una de las frases que dice el coronel Jaume Barceló involucrando a toda la Guardia Civil como cuerpo en la práctica de torturas.

El coronel asegura que había torturado con sus propias manos a un gran número de detenidos. En otro momento de la conversación asegura: “A mi un tío que pega a un guardia, aún hoy por hoy todavía se lleva un par de hostias, hoy por hoy”.

Afirma además que después, para ocultar las señales de la tortura a los jueces, “ya escribiremos, ya veremos lo que tenemos que hacer”. Emplea el plural para lograr la complicidad de todos los guardias civiles y de la Guardia Civil como cuerpo, tanto en la tortura como en la ocultación de la misma. Es otro delito: la tarea de Guardia Civil no es la de encubrir un delito falsificando las pruebas, sino la de descubrirlo.

(*) http://www.abc.es/espana/abci-jefe-guardia-civil-baleares-reconocio-y-justifico-agresiones-detenidos-201611022028_noticia.html

Turquía prepara un ataque de gran envergadura contra el feudo yihadista en Raqqa

Tanto el gobierno sirio como el irakí han lanzado serios avisos dirigidos contra Turquía, que mantiene tropas ocupando las regiones fronterizas con ambos países. Las advertencias proceden de que el ejército turco está acumulando pertrechos militares en ambas fronteras en lo que parece la preparación inminente de una guerra a gran escala. Sin embargo, desde Bagdad no han admitido ni la más mínima insinuación para que participe en la batalla de Mosul. Desde Damasco tampoco admiten su participación en la de Alepo.

Ya sólo queda preguntarse por qué Turquía acumula material de guerra en la frontera y por qué quiere intervenir ahora de una manara decidida en la lucha contra el Califato Islámico, aun a riesgo de chocar con Irak y Siria.

Una explicación posible la expone en una entrevista el general retirado de la fuerza aérea turca Erdogan Karakus, quien asegura que su país prepara una ofensiva militar a gran escala contra el Califato Islámico en el norte de Siria, al margen de la llamada “coalición internacional” que encabeza Estados Unidos. El general asegura que lo hará en coordinación con Rusia y Siria. Así se explica la visita que este fin de semana realiza a Moscú el jefe del Estado Mayor turco.

Si eso es cierto, y no cabe descartarlo, la única explicación que cabe encontrar a las reiteradas protestas sirias por la presencia de tropas turcas sobre su suelo es que las llevan a cabo con la boca pequeña. Si no admiten la invasión turca, al menos la consienten.

Es más interesante la explicación que da el general turco del giro en el alineamiento exterior de su país, que tiene su origen en el proyecto estadounidense del Gran Oriente Medio para dibujar los mapas de la región un siglo después de haberlos dejado en su estado actual. El nuevo mapa no beneficia a Turquía, como se empeñan en difundir por internet los más despistados, sino que sería uno de los países más perjudicados.

El general también asegura que el gobierno irakí es muy débil y que Estados Unidos está aprovechando esa debilidad para sus propios fines, mientras que Turquía trata de contrarrestarla: “Si el gobierno irakí logra capturar Mosul sin la intervención militar de los turcos, se encontrará sometido a Estados Unidos, que llevará al país a la división. Rusia y Turquía han comprendido muy bien ese escenario americano y por eso el jefe del Estado Mayor [turco] ha viajado a Rusia”, asegura el general Karakus.

También añade que aunque Siria no está de acuerdo con Turquía actualmente, lo estará muy pronto, y su “operación conjunta para la liberación de la ciudad siria de Raqqa de los terroristas no se hará esperar porque no hay que dejar Raqqa a los americanos”. Propone un ataque conjunto de Siria, Rusia y Turquía contra Raqqa que permita sostener la unidad de Siria. El gobierno sirio podría controlar amplios territorios y “golpear el proyecto americano del Gran Oriente Medio”.

De lo contrario, concluye el general, el gobierno de Ankara sufriría grandes pérdidas. Por eso trata de unir sus fuerzas a las de Siria y Rusia.

Uganda ordena el cierre de la red de escuelas financiada por Bill Gates y Mark Zuckerberg

Ayer una jueza ugandesa ordenó el cierre de 63 escuelas privadas de enseñanza creadas y financiadas por los magnates de la informática Bill Gates (Microsoft) y Mark Zuckerberg (Facebook).

Las escuelas no eran gratuitas y abiertas a toda la población sino que formaban parte de una red privada de enseñanza.

La jueza Patricia Basaza Wasswa, del Tribunal Superior de Kampala, asegura en su orden que las escuelas, denominadas “Bridge International Academies”, carecen de las autorizaciones pertinentes, que la enseñanza no la imparte un profesorado competente y que las aulas son insalubres.

El gobierno ugandés envió a varios inspectores a comprobar la red de escuelas y sus informes fueron muy desfavorables, especialmente en lo relativo a las condiciones higiénicas de las aulas.

La decisión judicial es un golpe muy duro para la sociedad “Bridge International Academies”, una red docente que comenzó sus actividades en Uganda en 2008 y que desde entonces había crecido hasta llegar a acoger a 12.000 alumnos en la actualidad. Las escuelas cobraban determinadas cantidades de dinero por los cursos, fundamentalmente volcados en el aprendizaje de las nuevas tecnologías.

Las lecciones se imparten sobre tabletas digitales en aulas con varias decenas de alumnos con métodos muy anticuados de aprendizaje memorístico y totalmente acrítico. La tableta es un medio de control del propio alumno, ya que registra el absentismo del alumno, así como cada uno de sus movimientos.

El uso de medios tecnológicos del Primer Mundo contrasta poderosamente con las aulas típicas del Tercero y métodos educativos típicos de la Edad Media.

Los magnates Bill Gates y Mark Zuckerberg están entre los principales financiadores de la red “Bridge International Academies”, que tiene escuelas similares en otros países de África y Asia, especialmente en Liberia.

En Liberia esta red educativa también suscitó controversia el pasado mes de setiembre cuando el gobierno inició la promoción de una asociación entre la enseñanza pública y la privada en 120 escuelas primarias con una docena de empresas especializadas en educación, entre ellas “Bridge International Academies”. Si el proyecto sale adelante, será una experiencia que se extenderá a toda la región occidental de África.

El gobierno rechazó las críticas de los sindicatos de maestros liberianos de que se trataba de una privatización encubierta del sistema educativo. Los sindicatos temen, además, la pérdida de sus puestos de trabajo y un deterioro en sus condiciones laborales.

Destituido un ministro de Túnez por vincular a Arabia saudí con el terrorismo

El ex ministro Abdeljalil Ben Salem
El ministro tunecino de Asuntos Religiosos, Abdeljalil Ben Salem, fue destituido ayer de su cargo por unas declaraciones en las que vinculó a wahabismo saudí con el terrorismo. Las palabras exactas del jefe de Gobierno, Youssef Chahed, aluden a un “atentado a los fundamentos de la diplomacia tunecina”, poniendo de manifiesto que la política exterior tunecina se dicta desde el Golfo.

El jueves Ben Salem pronunció un valiente discurso en el Parlamento en el que interpeló a dos altos responsables saudíes, entre ellos el embajador en Túnez, acerca de la nefasta influencia del wahabismo como “vector” del terrorismo.

“He dicho a los saudíes que reformen su escuela porque históricamente el terrorismo viene de ahí. Os lo digo con amor y con modestia”, afirmó el antiguo ministro, según una grabación difundida por la cadena privada de radio Mosaico FM.

“Lo que en el mundo islámico vemos como extremismo y terrorismo proviene de esta escuela [wahabita], sea de buena o mala fe […] Este tipo de pensamiento y esta escuela no pueden engendrar más que extremismo”, añadió.

El ministro tunecino ha durado muy poco en su cargo. Entró en agosto en el nuevo gobierno de unión de Youssef Chahed y en su discurso en el Parlamento respondía a un diputado del Frente Popular, de la oposición de izquierda, sobre la voluntad de combatir la propaganda wahabita en Túnez.

El ministro intentó apaciguar la polémica con los saudíes afirmando en un comunicado que la relación con Riad era “plenamente armoniosa […] al servicio de nuestra religión”. Su solidez es tan grande, dijo, “que nadie puede perturbarla”.

Pero la prensa había llevado las palabras del ministro contra el wahabismo a las portadas, provocando una catarata de editoriales que fueron más allá de Túnez, hacia todo el Magreb. “El ministro ataca al wahabismo como incubador del terrorismo”, escribió el diario Ecchuruk. “El terrorismo procede de la escuela wahabita”, tituló Le Quotidien.

Túnez es la cuna de la Primavera Árabe y el mayor contribuyente al yihadismo internacional en proporción a su población. Ha exportado a miles de jóvenes que se encuentran combatiendo en Libia, en Siria y en Irak.

El salafismo se promovió en Túnez para frenar el desarrollo que estaban tomando el marxismo y las corrientes laicas pero, finalmente, se ha vuelto contra el país, que ha empezado a ser una víctima propiciatoria de los peores atentados, especialmente dirigidos contra turistas, soldados y policías.

Las contrarreformas laborales durante los gobiernos de Felipe González (y 5)

Raúl Navas

Un informe del FMI sobre España publicado en octubre de 1993 recomendaba facilitar el despido, el empleo temporal, la movilidad geográfica y el poder empresarial para modificar jornadas y funciones al trabajador. Mientras tanto, la patronal volvió a la carga insistiendo en las “rigideces del mercado laboral” y la “dificultad de despedir”. Aunque un informe de CC.OO. de 1993 señalaba que en los últimos 10 años habían sido despedidos 2.3 millones de trabajadores.

El gobierno siguiendo los dictados del FMI y la CEOE volvió a la carga con más precarización y a finales de ese año presentó una nueva y profunda reforma laboral (Ley 11/94 y la Ley/1994 de Medidas urgentes de fomento de la ocupación) que ponía patas arriba el Estatuto de los Trabajadores y otras normativas laborales. Se incluía la puesta en vigor de una nueva modalidad de contratación más precaria para los jóvenes en paro. Esto significaba la generalización de “los contratos basura” y la legalización de la precarización gracias a la Ley 14/94 que legalizaba las Empresas de Trabajo Temporal. El gobierno quería justificar estas medidas alegando que la tasa de paro era muy alta (24 por ciento), mientras que la CEOE achacaba el alto índice de paro a la retirada del plan de empleo juvenil de 1988. José María Cuevas lo resumía así:

“Al dinamitar el Plan de Empleo, Juvenil, el 14-D contribuyó a que hoy estén parados 25 de cada 100 españoles (proporción que llega al 40 por ciento entre los jóvenes). Precisamente ahora uno de los puntos clave de la reforma laboral es resucitar el Plan de Empleo Juvenil a través de los llamados ‘contratos de aprendizaje’. ¿Volveremos a permitir que unos sindicatos insolidarios y cegatos vuelvan a oponerse a cualquier reforma que nos saque del atolladero actual?”(5).

Por tanto, la excusa era la misma y una vez más se utilizaba en la exposición de motivos de las leyes, la crisis económica y la promesa de crear empleo para recortar derechos. En resumen, la reforma laboral consistía en aprobar la tabla reivindicativa de la CEOE:

– romper con el monopolio del INEM para colocar a parados
– aumento de las causas de despido objetivo, como las organizativas y de producción
– se facilitaba la introducción en los convenios de nor más basadas en la precarización y se allanaba el camino para aplicar movilidad geografía o funcional
– se reducía la eficacia y generalización de los contenidos de los convenios colectivos, apuntando a una convergencia a la baja en derechos laborales
– potenciación de las relaciones individuales en detrimento de la negociación colectiva
– legalización de las ETT (Empresas de Trabajo Temporal)
– creación de un contrato precario, llamado de aprendizaje

El capital acusaba a quienes se oponían a estas medidas de despreocuparse de los parados. Esta es y ha sido la excusa preferida de los capitalistas para atacar la estabilidad en el empleo. Incluso el gobierno del PSOE decía que la reforma laboral era “progresista”. José Antonio Griñán, entonces el ministro de trabajo, decía que se pretendía “evitar despidos” y justificaba así la nueva agresión a los trabajadores: “Se trata de enriquecer la negociación colectiva; eliminar obstáculos al mantenimiento y creación de empleo”(6).

La nueva normativa contó con el apoyo de la CEOE y el Círculo de Empresarios. En diciembre de 1993 el real decreto-ley que modificaba la contratación fue aprobado en el parlamento con 317 votos a favor (PSOE-PP-CiU-PNV-PAR), 22 negativos (IU, ERC y CC), y dos abstenciones (EA-UV).

El ataque fue respondido con una huelga general convocada por UGT, CC.OO y CGT para el 27 de enero de 1994. Un grupo de 500 personas compuestas por catedráticos, inspectores de trabajo y abogados laboralistas elaboraron un manifiesto contra la reforma laboral y en favor de la huelga general. El documento alertaba de que la nueva normativa iba a generar indefensión entre los trabajadores.

La huelga tuvo una gran incidencia y seguimiento, aunque sin llegar a los niveles del 14-D. CiU amenazó con retirar el apoyo parlamentario al gobierno del PSOE en minoría si Felipe González daba marcha atrás. IU ofreció negociar su texto alternativo sin éxito. La huelga no consiguió sus objetivos de retirar la reforma laboral y los sindicatos mayoritarios UGT y CC.OO. no sacaron la conclusión de que era necesario endurecer la movilización, sino todo lo contrario. Desde entonces las cúpulas sindicales profundizaron en una política sindical basada en los pactos, la desmovilización y en el “mal menor”. Mientras tanto el mercado laboral se precarizaba a pasos de gigante en un ambiente de retroceso en la conciencia social y de clase. Se abandonó cualquier planteamiento movilizador, lo que ocasionó el surgimiento del sector crítico en CC.OO. y el enfrentamiento de la cúpula de este sindicato con el PCE y Julio Anguita. Tras la huelga general, se puede destacar la manifestación de enero de 1995 convocada por la Plataforma Cívica por los Derechos Sociales, aprovechando el primer aniversario de la Huelga General, con el lema: “Por los derechos sociales y contra la reforma laboral y el ataque a las pensiones”. El manifiesta estaba firmado entre otros por Julio Anguita, Marcelino Camacho, Luis Eduardo Aute, Rafael Alberti o Antonio Gala.

Durante la última etapa de Felipe González en el gobierno, tuvo lugar el inicio de la recuperación económica, con el efecto de detener el nivel destrucción de empleo. Según datos del Ministerio de Economía, en 1995 los empresarios despidieron a 322.314 trabajadores, un -11.8 por ciento más que en 1994. La tendencia de aumento del paro fue sustituida por la creación de empleo precario en un contexto de crecimiento económico. Pese a la promesa de que esta reforma laboral iba a crear empleo indefinido, los datos del INEM y la EPA señalan que de los 8.60 millones de contratos realizados en 1996, solo hubo 204.235 contratos indefinidos, mientras que el 96 por ciento fueron temporales. Además, según los datos que suministró el Ministerio de Trabajo en el informe titulado “La contratación y paro registrado en 1996”, el 70 por ciento de los contratos de 1996 tuvieron una duración inferior a tres meses y el 50 por ciento no llegaron a un mes. Sólo el 0.42 por ciento fue superior a doce meses. Las ETT hicieron proliferar contratos que incluso solo tenían la duración de un día, produciéndose trabajadores con cerca de 15 contratos al mes.

Con estos datos no es de extrañar que una encuesta del CIS publicada en enero de 1996 señalara que siete de cada diez españoles consideraban que la reforma laboral contribuía poco o nada en la creación de empleo.

Pero pese a que el gobierno del PSOE continuaba tomando medidas que beneficiaban al capital, la patronal empezó a apostar por un gobierno del PP que abordara de lleno sus reivindicaciones pendientes, como un abaratamiento del despido o privatizaciones masivas. Ya en 1994, Cuevas dio su apoyo públicamente a Abel Matutes como candidato a las elecciones europeas por el PP. Además comenzó a pedir elecciones anticipadas.

Durante los años 80 y principios de los 90, el PSOE no solo se había derechizado a sí mismo, sino que había trabajado duro para derechizar a la sociedad. Las políticas procapitalistas aprobadas durante casi 14 años, allanaron el camino a la victoria de la derecha de Partido Popular en las elecciones de 1996, que una vez en el poder, procedió a aplicar su agenda neoliberal y de recorte de derechos laborales.

Notas:
(5) José María Cuevas, Derecho a la huelga, derecho al trabajo, El País, 15 de enero de 1994
(6) José Antonio Griñan, Reforma laboral, un compromiso y una necesidad, El País, 26 de enero de 1994
http://info.nodo50.org/Las-contrarreformas-laborales.html

Las contrarreformas laborales durante los gobiernos de Felipe González (4)

Raúl Navas

En el sistema capitalista ninguna victoria es eterna hasta el derrocamiento revolucionario del mismo. Por tanto siempre que un gobierno hace concesiones con una mano, intenta quitártelos con la otra en ese momento o más adelante, tal y como ocurrió en los años 90. En 1991 según la EPA había 2.463.700 parados, y desde el gobierno se aseguraba que era necesario recortar el subsidio de desempleo y precarizar los contratos para crear empleo. En esta situación, en abril de 1992 el gobierno aprobó un Real Decreto con el apoyo de CiU y la abstención del PP, que recortaba las prestaciones del paro, tanto en su cuantía como en su duración, y que endurecía las condiciones para acceder a cobrar el paro, en un momento en el que había 1.3 millones de parados que no recibían ningún tipo de prestación. La nueva normativa establecía que el requisito para cobrar el subsidio consistía en que debías haber trabajado al menos 360 días para cobrar seis meses de prestación como tope. Hasta entonces seis meses cotizados concedían el derecho a tres meses de prestación, por tanto se endurecía su acceso. Además se reducía el cálculo de la prestación para disminuir su cuantía. Estas medidas contradecían al programa electoral del PSOE de 1989 que prometía un aumento en la protección a los desempleados. También entraba en contradicción el hecho de que el propio PSOE se había opuesto en su día a la ley de empleo de UCD de 1980, mientras que doce años más tarde aprobaban en el gobierno una reforma parecida y con el mismo objetivo.

El objetivo consistía en disminuir el número de parados con derecho a prestación y disminuir el gasto público en subsidios en desempleo. En 1993 las prestaciones por desempleo dejaron de estar financiadas en los presupuestos, mientras que la cobertura del subsidio disminuyó sustancialmente entre el conjunto de parados.

El decretazo del gobierno también aumentaba la duración de los contratos temporales. Concretamente, el contrato temporal de fomento del empleo pasa de tener un tope de seis meses, a un año. También se suprimían las becas para que los parados participaran en cursos de formación.

El gobierno justificó esta reforma laboral alegando que se debía cumplir con el Tratado de Maastricht. Un Acuerdo europeo que exigía una reducción del gasto público. También se justificaba con argumentos parecidos a los que se utilizan ahora: “son medidas que no nos hubiera gustado tomar”, “no hay alternativa”, etc. El entonces ministro de Trabajo, Luis Martínez Noval, decía lo siguiente en El País: “Créanme que el Gobierno no toma esta medida alegremente, la toma con una cierta preocupación. Cuando decidimos las medidas concretas, después de una discusión bastante profunda en relación con muchas alternativas que barajamos, lo hicimos con preocupación, porque somos conscientes de que modificamos una ley que tiene incidencia social en colectivos que van a ver reducidas sus prestaciones. Pero hemos encontrado un equilibrio entre la incidencia social y el resultado económico, y la satisfacción que puede producir es que frente a ese desequilibrio financiero no dejamos a ninguna persona desprotegida”(4).

No fue una reforma pactada y CC.OO. advirtió con una respuesta más contundente que en 1988, aunque finalmente sólo fue contestada con una Huelga General de doce horas, para el 28 de mayo de 1992 (en Enseñanza fue de 24 horas por la reducción del gasto educativo), donde también se protestaba contra un proyecto de ley de huelga, exigiendo a su vez planes de reindustrialización. Los sindicatos mayoritarios tantearon con una huelga general en octubre de 24 horas si el gobierno no retrocedía, pero no cumplieron con las expectativas. Pese a la tibia respuesta sindical, la CEOE cargó contra la huelga, incluso exigiendo su ilegalización. La patronal mostró su apoyo al gobierno mientras que se intensificó una campaña contra los parados, con promesas de creación de empleo.

El gobierno, con el apoyo de la CEOE no dio marcha atrás. Se seguía al dictado las recomendaciones del FMI de 1992 que recomendaban reducir las prestaciones por desempleo, pese a que una encuesta del CIS de mayo de 1992 señalaba que el 73 por ciento de la población rechazaba los recortes en el gasto público en desempleo.

El ministro Solchaga aseguró que la reforma estimulaba que la gente buscara empleo. Pero pese a la promesa de creación de empleo, durante el primer trimestre de 1993 el número de parados se incrementó en 169.286 personas. Además según datos del Instituto Nacional de Estadística la tasa de desempleo paso del 20.3 por ciento en 1992 al 24.1 por ciento en 1994. Año en el que Solbes apuntaba a la creación de 150.000 empleos, mientras España se situaba como país de la OCDE con la tasa de paro más alta.

 Notas:

(4) El País, 22 de abril de 1992

Fuente: http://info.nodo50.org/Las-contrarreformas-laborales.html

Las contrarreformas laborales durante los gobiernos de Felipe González (3)

Raúl Navas

Los planes estratégicos de la burguesía española no estaban plenamente aprobados. Pretendían seguir recuperando los niveles de tasa de ganancia anteriores a la crisis de los 70 a base de aumentar el nivel de explotación de la clase obrera. La CEOE exigía controlar el gasto público, más incentivos fiscales para los empresarios, rebajas de los tipos de interés, reducción de las cotizaciones empresariales a la seguridad social, facilidad para despedir, y más contratos basura. Además de pretender la destrucción de derechos laborales, exigían aplicar cuanto antes una gran reconversión industrial. El capital sabía que lo que ellos y sus gobiernos no se habían atrevido a realizar lo estaba haciendo ahora un gobierno del PSOE, con influencia entre las masas. En las elecciones de 1986, la CEOE tuvo una postura completamente diferente a la defendida en 1982, y por tanto no hicieron ninguna campaña electoral contra el PSOE. En 1986, Cuevas llegó a decir que González compartía las tesis económicas de la patronal.

En este contexto, la burguesía española apoyó de forma entusiasta la llamada Reconversión Solchaga, que suponía destrozar industrias como la siderúrgica o naval. Se impulsaron los despidos y cierres en las empresas industriales, que golpeaban a los batallones pesados del proletariado español. Los altos hornos de Sagunto, la industria naval y siderúrgica fue desmantelada. La Ley de Reconversión de julio de 1984, profundizaba en esa línea. Durante la aplicación de estos planes se destruyeron 2.700.000 millones de empleos, con un impacto tremendamente negativo en el empleo estable.

Junto a esta política, el gobierno intentó hacer semiconcesiones incumplidas, como la Ley de Protección del Desempleo, que prometía un aumento de las prestaciones del desempleo hasta alcanzar al 48 por ciento del total de los parados registrados en el INEM en 1986. Pero a finales de ese año la tasa de cobertura solo alcanzaba al 42 por ciento.

Tras la reforma laboral de 1984, la de pensiones de 1985 y con una reconversión industrial muy avanzada, el gobierno presentó en 1988 la Ley de Empleo Juvenil. Ese año también se había presentado una reforma laboral parecida en Portugal que precarizaba las condiciones de trabajo de los jóvenes menores de 25 años, que fue contestada con una huelga general en marzo de 1988.

La reforma laboral presentada por el gobierno del PSOE fue la gota que colmó el vaso para la convocatoria de una Huelga General el 14 de diciembre de 1988. Se exigía la retirada del Plan de Empleo Juvenil, recuperación del poder adquisitivo perdido, derecho de negociación publica para funcionarios, equiparación de las pensiones mínimas al SMI [salario mínimo], incremento de la cobertura de desempleo, establecer un plan de empleo, etc.

La huelga fue un rotundo éxito, que incluso fue reconocido por el propio gobierno, quien sufrió un doloroso golpe político. La CEOE exigió que no se retirase la reforma laboral y no se cediera al “chantaje sindical”, aunque ellos mismos tuvieron que admitir subidas salariales superiores al 5 por ciento para 1989. Por otra parte, Felipe González se vio obligado a retirar el contrato de inserción para jóvenes y su Plan de Empleo Juvenil, e incluso a asumir reivindicaciones ofensivas de los trabajadores. Se consiguió la implantación de las pensiones no contributivas, el derecho de los funcionarios a la negociación colectiva, ampliación de la cobertura del seguro de desempleo, cierto control sindical sobre contratos de trabajo, un incremento en el gasto social, etc.

En 1990 se consiguió el control sindical parcial sobre información de los contratos de trabajo, y la patronal exigió que se pusiera fin a la política de concesiones. Ese año se cerró un ciclo muy alto de conflictividad laboral, traducido en importantes conquistas laborales y salariales. Según un informe del Ministerio de Trabajo, en el periodo 1986-1990 España fue el segundo país de la CE con mayor índice de huelgas.

Este periodo de semiconcesiones se cerró tras la caída del Muro de Berlín con un profundo giro a la derecha que allanó el camino para la aprobación de posteriores contrarreformas laborales y de pensiones. La burguesía tuvo un poderoso regalo para profundizar en su ofensiva ideológica en un contexto en el que se multiplicaban los defensores de la economía de libre mercado, con toda su lógica (incluido el libre despido). La ideología burguesa se impuso en casi todas las esferas sociales y élites políticas y sindicales, de manera que comenzó a ser pecado defender una propuesta que fuera contra la libertad de empresa. Incluso la defensa de la estabilidad en el empleo pasó a ser considerado una herejía o algo “pasado de moda”.

Se inició un nuevo periodo, que también debe se estudiado para comprender el proceso de precarización que hemos sufrido. La comprensión histórica de estos procesos debe un paso necesario para emprender activamente la tarea sindical de luchar por dar un vuelco al panorama laboral actual y poner fin a esta correlación de fuerzas tan desfavorable entre capital y trabajo.

Fuente: http://info.nodo50.org/Las-contrarreformas-laborales.html

En Mosul hallan un gran número de misiles estadounidenses en manos del Califato Islámico

El Ejército irakí y las milicias populares han descubierto en las posiciones del Califato Islámico al sur de Mosul varios misiles producidos en Estados Unidos. “Se hallaron varios misiles estadounidenses en la región de Al Shura, ubicada al sur de la ciudad irakí de Mosul”, dijo una fuente local a la agencia Farsnews.

El lunes 31 de octubre, fuentes oficiales de Irak informaron de que el Califato Islámico había enviado armas estadounidenses a la región de Tal Afar para reforzar así a los terroristas que han estado resistiendo allí los ataques del Ejército irakí. “El Califato Islámico envió misiles antitanque TOW a Tal Afar, lo que evidencia que el grupo terrorista está preparándose para una guerra de larga duración”, afirmó la fuente a Farsnews.

Además, el medio destaca que no es la primera vez que se hallan misiles de fabricación estadounidense en posiciones previamente controladas por los terroristas.

En varias ocasiones el Ejército iraquí ha encontrado misiles estadounidenses en la provincia de Anbar. Estas avanzadas armas fueron supuestamente enviadas a la zona por un avión de la coalición dirigida por Estados Unidos.

El año pasado el diario ruso “Svobodnaya Pressa” publicó un informe (*) elaborado por la organización Conflict Armament Research, que se basa en las armas incautadas a los combatientes del Califato Islámico por las fuerzas iraquíes y kurdas.

Entre las armas incautadas a los miembros del Califato Islámico figura el lanzacohetes manual M79 apodado Osa (Avispa), fabricado en la antigua Yugoslavia desde 1979. Estos lanzacohetes fueron suministrados por Arabia saudí en 2013 al llamado “ejército libre de Siria”. Además, el Califato Islámico cuenta con los rifles de asalto Colt M16A4 y los rifles semiautomáticos E2S XM15, con los que está equipado el Ejército de Estados Unidos.

El arsenal básico de armas de fuego de los yihadistas se completada con los fusiles de asalto AK-47, producidos en los años 1960, 1964 y 1970, y la ametralladora china Tipo 80, fabricada en los años 80 y copiada de la ametralladora soviética para uso general PK. Entre las armas hay una cantidad significativa de fusiles de asalto estadounidense M-16 y que muchas armas llevan la inscripción “Propiedad del Gobierno de Estados Unidos”.

En cuanto a las armas cortas, los islamistas están armados con pistolas automáticas Browning Hi-Power, pistolas austríacas Glock G19 y sus homólogos croatas HS Produkt HS-9.

Los islamistas utilizan ampliamente para los ataques rápidos los llamados todoterreno “gun truck” que llevan ametralladoras pesadas y cañones antiaéreos. Después de la derrota de varias unidades del Ejército iraquí, también llegaron a manos del Califato Islámico los todoterreno estadounidenses Humvee, vehículos blindados MRAP y M113 y los vehículos de combate de infantería soviéticos BTR-80, BMP-1 y BMP-2.

También disponen de los cañones automáticos antiaéreos ZU-23, que se montan sobre todoterrenos. Asimismo, los yihadistas tienen los misiles perseguidores infrarrojos tierra-aire FIM-92 Stinger, creados en Estados Unidos y que están en servicio en este país.

El periódico ruso afirmó que los yihadistas habían obtenido un botín de varios tanques pesados estadounidenses M1A1 Abrams. También disponen de los cañones automáticos antiaéreos ZU-23, que se montan sobre todoterrenos. Asimismo, los yihadistas tienen los misiles perseguidores infrarrojos tierra- aire FIM-92 Stinger, creados en Estados Unidos y que están en servicio en este país.

En cuanto a la artillería, el Califato Islámico entre otros tipos tiene en su arsenal el obús remolcado de tamaño mediano El M198, de producción estadounidense, así como morteros.

A finales de agosto del año pasado, un oficial de la inteligencia de Irak afirmó que los helicópteros de Estados Unidos habían lanzado armas y distintos tipos de material de apoyo a los milicianos del Califato Islámico en una provincia occidental de Anbar.

(*) http://svpressa.ru/war21/article/115840/

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