Estados Unidos se retira de Oriente Medio como se ha retirado de Europa. En el primer caso, Israel no lo admite, como tampoco lo admite Bruselas en el segundo. Los Estados árabes también quedan a su suerte, como los de la Unión Europea. Estados Unidos se mantendrá en un segundo plano.
El martes en El Cairo la Liga Árabe aprobó un plan egipcio para reconstruir Gaza. El núcleo consiste en desalojar a Hamas de Gaza, reemplazándolo por órganos provisionales controlados por Estados árabes, musulmanes y occidentales: “No habrá grandes fondos internacionales para la rehabilitación y reconstrucción de Gaza si Hamas sigue siendo el elemento político dominante y armado sobre el terreno, controlando el gobierno local”.
La reconstrucción se calcula entre 20.000 y 53.000 millones de dólares. La mitad de la población será reubicada en siete zonas seguras mientras comienzan los trabajos. Durante los primeros seis meses, se espera que el gobierno sea asumido por un comité de 20 “técnicos” no afiliados a ningún partido político, actuando en el marco de la Autoridad Palestina.
Entonces deberían celebrarse elecciones, por primera vez en dos décadas. La policía palestina debería contar con el apoyo de policías egipcios y jordanos.
Estados Unidos ha dejado Palestina en manos de la Liga Árabe, pero se reservado la aprobación del plan. El encargado de presentárselo a Trump es el príncipe heredero saudí Mohamed bin Salman.
El presidente del Consejo Europeo, Antonio Costa, ha comentado: “Juntos debemos aplicar este plan. Juntos, la Unión Europea, sus socios en el mundo árabe y la comunidad internacional. En tiempos difíciles debemos contar con socios y amigos predecibles y fiables. Los recientes acontecimientos en Oriente Próximo han hecho que la Liga Árabe y sus miembros sean más pertinentes que nunca para la Unión Europea. Nuestro apoyo a la Autoridad Palestina sigue siendo inquebrantable. La Unión Europea apoya el programa de reforma de la Autoridad Palestina. Esto desempeñará un papel crucial en el gobierno de Gaza”.
Hay países, como Polonia, que no quieren falsificar su contabilidad para rearmarse y endeudarse hasta límites insospechados. Prefieren cambiar las normas contables, aunque eso suponga cambiar la Constitución.
El presidente polaco, Andrzej Duda, anunció el viernes que ha presentado al Parlamento una reforma de la Constitución, para hacer obligatorio un gasto militar mínimo del 4 por cien del PIB.
Lo podía haber hecho con las pensiones, por ejemplo, pero las armas son más importantes que los derechos sociales en los países que, como Polonia, están sumidos en el delirio militarista.
La reforma no tiene precedentes ni en la historia de Polonia ni en la de la Unión Europea. Un gasto militar del 4 por cien del PIB es el doble de lo que la OTAN ha estado pidiendo hasta ahora.
La enmienda es una garantía de que el dinero ss gastará, tanto si es necesario como si no, dijo Duda a los periodistas en el Parlamento, justo antes del discurso del primer ministro Donald Tusk sobre la situación militar de Polonia.
Para que la enmienda sea aprobada debe ser apoyada por dos tercios de los miembros de la Cámara baja del Parlamento, es decir, se trata de comprometer a todos los partidos políticos en el disparate.
Polonia ya marcha muy por delante de los demás países europeos en términos de gasto militar. El año pasado gastó el 4,1 por cien del PIB en armamento y para este año está previsto un 4,7 por cien.
El ejército profesional polaco cuenta actualmente con más de 200.000 soldados, lo que la convierte en la tercera fuerza más voluminosa de la OTAN, después de Estados Unidos y Turquía.
En los últimos años El gobierno de Varsovia ha firmado una serie de contratos militares, entre ellos con Estados Unidos y Corea del Sur, para comprar helicópteros de ataque Apache y aviones de combate F-35.
Tusk ha llegado a decir que, como en los tiempos de la Guerra Fría, Europa debe iniciar una carrera de armamento con Rusia, algo que es otra estupidez monumental, porque no tiene ninguna posibilidad de prosperar.
Pero en Polonia se ha impuesto el delirio hasta extremos incomprensibles y para ello han tenido que olvidarse de su historia porque fue uno de los países que más padecieron los crímenes de los nazis ucranianos. Ahora es un fiel aliado de los nuevos nazis ucranianos.
Aparte de Polonia, los tres países bálticos también gastan una parte significativa del PIB en sus ejércitos: Estonia (3,4 por cien), Letonia (3,2 por cien) y Lituania (2,9 por cien). En comparación con el PIB, este nivel de gasto es muy superior al de Estados Unidos, que gasta un 3,38 por cien.
La Operación Tailwind fue una incursión en el interior de Laos de las fuerzas especiales estadounidenses para asesinar a los soldados que habían caído presos del ejército vietnamita.
Hollywood ha creado un mito absolutamente falso en torno a esos prisioneros de guerra estadounidenses capturados en Vietnam, donde -supuestamente- padecían toda clase de torturas y calamidades.
Sin embargo, la CIA los calificaba de “tránsfugas” y “desertores” porque colaboraban con el ejército vietnamita, proporcionando información. Imitaban a los controladores aéreos avanzados, suplantaban los canales de radio militares estadounidenses y atraían a los bombarderos estadounidenses a las trampas de la artillería antiaérea de los vietnamitas.
A diferencia de las películas, los cables de la CIA sobre la guerra secreta en Laos que se han desclasificado describen a los prisioneros de guerra bien alimentados, liberados de las prisiones y colaborando con los vietnamitas.
El Pentágono y la CIA emprendieron varias misiones conjuntas para localizarlos y asesinarlos. El 11 de septiembre de 1970 emprendieron una incursión en el sur de Laos, en una zona oficialmente neutral que formaba parte de la Ruta Ho Chi Minh. El ejército vietnamita la recorría para transportar suministros y tropas hacia el sur.
La Operación fue ejecutada por un equipo de asesinos de las Fuerzas Especiales de Estados Unidos, conocido como Grupo de Observación y Estudio (SOG), en colaboración con mercenarios locales que conocían las montañas, posiblemente de los “hmong”. La unidad vestía uniformes desprovistos de insignias y placas de identidad. También iban equipados con armas que no se fabrican en Estados Unidos.
Era una Operación conjunta del ejército, la Fuerza Aérea, la CIA y la NSA. Estaba supervisada por el Estado Mayor Conjunto y la Casa Blanca, con Nixon a la cabeza. No podía haber filtraciones y su existencia se debía negar en cualquier caso.
A lo largo de la Guerra de Vietnam, Estados Unidos siempre aseguró que no desplegaba tropas en Laos. Por ello la información sobre Tailwind se clasificó al más alto nivel de confidencialidad. Se falsificaron los registros de personal para ocultar la participación del SOG y los informes sobre el operativo se redactaron a mano.
El equipo de asesinos estaba integrado por 16 soldados estadounidenses y aproximadamente unos 120 mercenarios. Descendieron de los helicópteros cerca de Chavan y durante los tres días que duró la operación, se enfrentaron a intensos combates con los vietnamitas, lo que resultó en una misión caótica en la que los “skyraiders” de la Fuerza Aérea estadounidense lanzaron gas sarín.
Nixon y Kissinger autorizaron el lanzamiento de gases tóxicos, pero mientras los soldados estadounidenses portaban máscaras antigás, los mercenarios locales carecían de ellas, por lo que el Pentágono sabía que perecerían en la operación, lo mismo que los prisioneros de guerra estadounidenses y los civiles laosianos.
El lanzamiento de gases tóxicos está prohibido por los tratados internacionales. Su empleo fue algo absolurtamente deliberado. Además de máscaras, los miembros del SOG llevaban cápsulas inyectables de atropina, el antídoto a la inhalación del sarín.
Verdades, mentiras y desmentidos
La Operación Tailwind nunca fue conocida hasta décadas después, gracias a un reportaje periodístico titulado “Valley of Death” emitido por la CNN y Time Warner en 1998. El almirante retirado de la Marina, Thomas H. Moorer, que había presidido el Comité de Estado Mayor Conjunto durante la Operación, confesó que el objetivo de la Operación era el asesinato de los prisioneros de guerra y que habían lanzado gas sarín para rescatar a los miembros del SOG.
Moorer dijo que, como Estados Unidos no ratificó los Protocolos de Ginebra hasta 1975, el uso de gas sarín en 1970 era técnicamente legal.
Los medios que publicaron el reportaje y sus periodistas sufrieron todo tipo de presiones políticas y amenazas de muerte. La CIA dijo que no había pruebas de matanzas de prisioneros de guerra ni del uso de gas sarín durante la Operación. Por su parte, el Pentágono publicó un apresurado y característico informe en el que decía que tampoco había podido encontrar ningún rastro de la Operación.
El almirante Moorer padecía senilidad, dijeron los intoxicadores. Entrevistados por los medios, los participantes del SOG confirmaron los detalles de la Operación, aunque luego obligaron a algunos de ellos a sdesmentirse a sí mismos.
Pero, finalmente, ambos medios claudicaron y se retractaron, admitiendo que no había pruebas de los asesinatos de los prisioneros de guerra, ni del uso de gas sarín.
La retractación estuvo acompañada del despido de los dos periodistas que elaboraron el reportaje.
El Pentágono sigue manteniendo el secreto sobre los asesinatos.
La Operación Tailwind se estudia hoy en las facultades de periodismo como un paradigma de la sumisión de los medios de comunicación a sus gobiernos respectivos.
El asesinato de los propios sodados y el empleo de gases tóxicos han pasado a un segundo plano.
El grupo holandés Europlasma confirmó el jueves su intención de adquirir la empresa francesa Fundiciones de Bretaña, un subcontratista de Renault en quiebra que fabrica piezas de motor de hierro fundido.
Si mantiene su oferta de adquisición, Europlasma, creada en 1992 en torno a la descontaminación y fabricación de forjados, pretende diversificarse en el campo del armamento para aprovechar la creciente paranoia europea sobre la guerra.
En Europa los subcontratistas ferroviarios y del automóvil que atraviesan dificultades están redirigiendo su producción hacia el armamento.
A la empresa holandesa, además de sus actividades de automoción, el cambio debería permitirle garantizar la conservación de 240 puestos de trabajo, más del 80 por cien de la plantilla actual.
En 2021 Europlasma compró Forjas de Tarbes, el único fabricante francés de cuerpos huecos, la carcasa metálica de los casquillos de 155 milímetros utilizados por los cañones César francesas que se han vendido al ejército ucraniano.
Desde el inicio de la guerra, Francia ha entregado 30.000 proyectiles de este tipo a Kiev, y el objetivo para este año es entregar 80.000 unidades.
Valdunes, el último fabricante francés de ruedas ferroviarias, que entró en suspensión de pagos a finales de 2023, es otra de las empress adquiridas por Europlasma, y parcialmente redirigido en mayo del año pasado a la fabricación de piezas huecas.
Para la industria francesa el dinero movilizado por la guerra de Ucrania ha sido un enorme alivio. Desde 2022 ha triplicado su capacidad para fabricar obuses.
En octubre el fabricante sueco de rodamientos SKF anunció esu intención dirigir parte de sus fábricas hacia la guerra, posicionándose para licitar al futuro tanque MGCS (Main Ground Combat System), un proyecto militar de Alemania, Italia y Francia.
No obstante, la fabricación de obuses nunca podrá reemplazar a los vehículos, que es la columna vertebral de la industria europea, pero para los subcontratistas en apuros es un alivio.
También es un remedio parcial. Una parte de la producción europea de material de guerra, como los obuses, no es competitiva, a diferencia del sector armamentista ligado a la alta tecnología, como las armas nucleares, la guerra electrónica, los satélites, los aviones, los submarinos o los barcos.
El martes la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, envió una carta a los dirigentes de los 27 Estados miembros de la Unión Europea. Les expuso el plan Rearme Europeo, que tiene como objetivo aumentar los gastos militares.
“La Union Europea planea aumentar su gasto en defensa para recaudar 800.000 millones de euros”, dice en la carta (1). El pretexto es la derrota en Ucrania y la ruptura de los tradicionales vínculos con Estados Unidos.
Sin embargo, Von der Leyen aclara que “seguiremos trabajando estrechamente con nuestros socios de la OTAN” y su fidelidad demuestra la debilidad de la Unión Europea y su falta de confianza en la capacidad de rearmarse.
La cumbre europea del jueves sirvió para diseñar la “nueva arquitectura de seguridad de la Unión Europea”, si todo sale como esperan. El 19 de marzo el Comisario Europeo de Defensa, Andrius Kubilius, y la representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Kaja Kallas, presentarán la nueva estrategia europea de defensa industrial.
Kubilius pretende que el próximo presupuesto de la Unión Europea apruebe la asignación de 100.000 millones de euros al rearme (2). Pero Bruselas no puede esperar hasta 2028, cuando se apruebe un nuevo presupuesto a largo plazo. Quiere proporcionar cientos de miles de millones de euros adicionales en fondos de defensa como parte de la mayor iniciativa de seguridad europea desde el final de la Guerra Fría.
En declaraciones a los periodistas, Von der Leyen anunció que la Unión Europea estaba entrando en una “era de rearme” y que, como ya hemos explicado, los fondos del programa de la Unión Europea para el desarrollo de regiones atrasadas se desviarán para la guerra.
La presidenta de la Comisión Europea explicó que el cueento de la lechera. Quiere aumentar el gasto en defensa en una media del 1,5 por cien del PIB para recaudar 650.000 millones de euros para la producción de armas. También se propone crear un nuevo servicio de préstamo de 150.000 millones de euros que permita a los Estados miembros aumentar la producción de sistemas de defensa antiaérea, sistemas de artillería, misiles, municiones, drones y sistemas antidrones para las necesidades no sólo de la Unión Europea, sino también de Ucrania.
Como parte de esos préstamos, los países de la Unión Europea tendrán que consolidar sus pedidos y producir armas conjuntamente. Como incentivo adicional para el desarrollo de la industria militar, los Estados miembros pueden utilizar fondos del programa de desarrollo para las regiones de defensa por servicio, para el que se han asignado 78.000 millones de euros en el presupuesto de la Unión Europea para este año.
Además, como ya hemos expuesto, la Comisión Europea está dispuesta a “flexibilizar” la disciplina presupuestaria para permitir que los socios europeos pidan más dinero para gastos militares. Para ello va a activar las excepciones al Pacto de Estabilidad y Crecimiento que prohibían a los países de la Unión Europea superar su deuda pública en un 60 por cien del PIB y su déficit presupuestario de más del 3 por cien del PIB.
Eso les debe permitir aumentar el gasto militar sin temor a ser sancionados por vulnerar la disciplina financiera.
Por último, la Comisión Europea ha prometido desarrollar incentivos y garantías para atraer capital privado a la militarización.
Hace muchos años que en Bruselas hablan de elevar el gasto militar, desde luego antes de comenzar la Guerra de Ucrania. Pero nunca se ha llevado a cabo porque es un derroche absoluto de dinero.
La victoria militar de Rusia en Ucrania les ha sacado de su estupor y el regreso de Trump a la Casa Blanca ha hecho el resto. Ahora Bruselas quiere darle una lección a Trump, pero veremos si los Estados miembros aceptan endeudarse en proyectos militaristas que no conducen a ninguna parte.
Los economistas de los principales bancos estadounidenses advierten que la recesión se aproxima. El crecimiento económico de Estados Unidos se va a frenar este año y el siguiente si persisten las actuales subidas de aranceles.
En un comunicado emitido ayeer, el Comité Asesor Económico de la Asociación Estadounidense de Banqueros (ABA), integrado por 16 economistas de las principales instituciones financieras del país, estimó que el PIB de Estados Unidos crecerá un 2,1 por cien en 2025 y 2026. Sin embargo, los economistas advierten que el crecimiento puede estar por debajo de las expectativas para 2025.
Después de un escuálido crecimiento del PIB del 2,8 por cien el año pasado, la economía estadounidense podría ver frenado su impulso. Los recientes aumentos de aranceles a las importaciones, han sembrado la incertidumbre en los mercados financieros y las empresas. Las tensiones comerciales, combinadas con la inestabilidad de las políticas arancelarias, han dado lugar a la reducción de las previsiones de crecimiento.
La Reserva Federal se tendrá que enfrentar a desafíos considerables para reducir la inflación al objetivo del 2 por cien, mientras que la capacidad de los consumidores para soportar el aumento de los precios puede ser limitada, debido a su disminución de los ahorros en comparación con el período de la pandemia.
Si bien el crecimiento sigue siendo positivo, dice el Comité, los riesgos para este año y los siguientes siguen siendo significativos, especialmente si la guerra comercial se intensifica.
La economía de Estados Unidos no cumple con las expectativas
La economía estadounidense se tambalea y Trump no ha logrado cumplir ninguna de sus promesas electorales desde que regresó a la Casa Blanca. Ha subido los aranceles a las importaciones, ha reducido del gasto público despidiendo a miles de funcionarios, ha cancelado los contratos firmados y desatado una guerra comercial.
Trump había prometido que los efectos de sus medidas comenzarían a verse gradualmente en las cifras de empleo. Pero en febrero Estados Unidos creó menos empleo del esperado y la tasa de paro subió, alcanzando el 4,1 por cien.
El mes pasado se crearon 151.000 empleos, más que en enero (125.000, cifra revisada a la baja), pero menos de lo que esperaban: alrededor de 170.000.
Hace un año, en febrero, Estados Unidos creó 222.000 empleos.
El impacto sobre el empleo es aún mayor en el sector privado entre las empresas que viven de las adjudicaciones de contratos públicos con el Estado.
El número de personas que trabajan para el gobierno disminuyó en febrero, con 10.000 funcionarios menos.
Por su parte, ayer el Financial Times reconoció otra obviedad: el rearme europeo es una forma de reindustrializar el Viejo Continente. También podría haber admitido que uno de los motivos por los que el rearme no se va a poder llevar a cabo es porque la industria europea está desmantelada.
Un mes después del alto el fuego, Gaza ha quedado fuera del foco mediático, salvo para anunciar el goteo de liberaciones de presos. Parece que la Franja no va a tener ningún futuro, o que el futuro no es de sus habitantes sino de los países con intereses en Oriente Medio.
Netanyahu se había empeñado en el desplazamiento interno de los palestinos dentro del enclave para facilitar la ubicación y destrucción de los túneles y acabar con cualquier forma de resistencia organizada.
Para eliminar a la resistencia palestina, personificada en Hamas, los planes más ambiciosos pretenden deportar a la población fuera de Gaza e instalarla en Egipto y Jordania.
Aparentemente Trump se acogió a esta última propuesta, acompañada de una provocación y un hilarante vídeo que ha logrado su objetivo: desviar la atención de la estrategia de posguerra.
La primera llamada telefónica que hizo Trump después de su investidura fue al príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salman. El plan de Estados Unidos consiste en presionar a los países del Golfo -y especialmente a Arabia saudí- para financiar la reconstrucción de Gaza y normalizar sus lazos con Israel.
En 2020 Netanyahu ya hizo una maniobra similar de distracción: amagar con anexionarse partes de Cisjordania para obligar a los países del Golfo a negociar. A cambio de suspender la anexión, Emiratos Árabes Unidos aceptó normalizar sus relaciones con Israel.
Ahora el plan es el mismo: Trump amenaza con la deportación en masa de los palestinos fuera de Gaza, para obligar a Arabia saudí a financiar la reconstrucción del enclave, es decir, para que los palestinos se queden “en paz”.
La situación es mucho más peligrosa de lo que algunos suponen porque ahora mismo, como muestran las imágenes de Gaza, los palestinos no tienen nada que perder porque ya lo han perdido todo; no sólo las viviendas sino, sobre todo, a sus propios familiares. Para ellos la continuación de los bombardeos y las matanzas israelíes no añade ningún sufrimiento adicional.
Permitir que la miseria y la destrucción se agraven en Gaza es un grave error, incluso para Israel. Muchos israelíes comparten la opinión de que, en efecto, no hay nada que perder y que la guerra es la única manera de salir adelante… para el que venza.
A los países árabes también les espera una prueba dura, que ya vivieron en épocas anteriores con los refugiados palestinos. Algunos deportados de Gaza se han radicalizado a causa de la guerra y buscan venganza en los países vecinos. Egipto ha tenido este problema durante casi 20 años, perdiendo a un presidente asesinado. Jordania sufrió en 1970-1971 y Líbano a su vez a mediados de la década de los setenta.
En la cumbre árabe celebrada el martes, Egipto ya presentó un plan de reconstrucción. Es algo imprescindible para que los palestinos tengan algo que perder, como casi todo el mundo. Es una inversión esencial en la estabilidad política y social de los países vecinos, sobre todo los del Golfo Pérsico.
El plan 2030 del príncipe saudí necesita convertir a una región tradicionalmente convulsa, como Oriente Medio, en un oasis de paz y tranquilidad. De lo contrario, la próxima Supercopa de España no se podrá jugar en Riad, ni los Mundiales de fútbol en Qatar.
Estados Unidos tiene un segudo instrumento de presión sobre los saudíes: la reconstrucción de Gaza es necesaria para que Israel se comprometa en la creación de un Estado palestino, que es la política que siguen en Riad. Para normalizar las relaciones con Israel, Mohamed Bin Salman exige la creación de un Estado palestino, que no es posible con los palestinos deportados fuera de Gaza.
Pero no se puede vender la piel del oso antes de cazarlo. Para reconstruir Gaza primero Israel debe respetar el alto el fuego y sacar a las tropas de la Franja.
El príncipe de Emiratos Árabes Unidos, Mohammed Bin Sayed Al Nahyan, le ha dicho al Secretario de Estado, Marco Rubio, que Abu Dhabi rechaza cualquier intento de expulsar a los palestinos de su tierra.
Como informamos hace unos días, el Bundesbank ha anunciado pérdidas históricas y ahora hay que añadir que el Banco Central Europeo no le va a la zaga. La crisis tampoco tiene precedentes desde la creación del euro. Años de política monetaria expansiva, la subida de los tipos de interés y el despilfarro (“gastos de personal”) han multiplicado el agujero, que alcanzó casi 8.000 millones de euros el año pasado.
Como resultado de las tasas de interés más altas de los bancos centrales, está aumentando el temor a las quiebras financieras. Cuando se agote la confianza, el castillo de naipes se va a derrumbar abruptamente.
Hace poco más de dos años, el Banco Central Europeo emprendió una nueva política de restricciones monetarias. No sólo ha reducido sus compras de activos, sino que ha aumentado drásticamente sus tipos de interés.
El pasado otoño, el tipo de los depósitos subió al 4 por cien, mientras que el de refinanciación fue del 4,5 por cien. Eso obligó al Banco a pagar los depósitos colocados por los bancos a niveles sin precedentes, mientras que había aplicado una política de tipos de remuneración negativas desde 2014.
Los depósitos bancarios no sólo se convirtieron en una partida de gastos, mientras que entre 2014 y 2022 fueron una fuente de beneficios, sino que aumentaron.
Las masivas recompras de bonos, llevadas a cabo desde 2015 para contener la inflación, han permitido a los bancos aumentar sus reservas. Esta política monetaria improductiva, esterilizada lentamente en tiempos de tipos de interés negativos, ha sellado el balance del Banco Central Europeo una vez que el tipo de depósito ha vuelto a ser positivo.
Los gastos son diez veces mayores que los ingresos
El año pasado el Banco anunció 800 millones de euros en ingresos. La suma incluye la diferencia entre el coste de producción de la moneda y su valor nominal a lo largo del año, las transacciones cambiarias positivas, así como los escasos intereses devengados por los bonos del Banco.
Al mismo tiempo, la remuneración de los depósitos alcanzó los 74.000 millones de euros, casi diez veces los recursos recibidos.
En un momento en que los políticos europeos manipulan las cifras reales de gasto y decenas de miles de millones de amenazas fiscales, esta cifra puede parecer insignificante. Pero debe pagarse al capital del Banco , que era de sólo 5.000 millones de euros en su creación antes de ser elevado a lo largo de los años a 11.000 millones de euros, de los cuales sólo se habían liberado 8.900 millones de euros a comienzos de año.
Así que en el último año, el Banco perdió el equivalente al 73 por cien de su capital. Es el segundo año consecutivo que el Banco avisa de que sus cuentas están en números rojos. En 2023 sufrió unas pérdidas de casi 8.000 millones, que compensaron por la utilización de las disposiciones sobre el riesgo. Gracias a una recuperación de 6.600 millones de provisiones, la pérdida final se redujo a 1.260 millones de euros.
Pero este año, después de utilizar todas sus disposiciones, no han podido compensar las pérdidas. Así, en dos años, han tenido que consignar en el balance más de 9.200 millones de euros a la espera de compensarlos con los beneficios futuros.
En los próximos años las pérdidas van a continuar, aunque su ritmo se va a reducir después de los preocupantes niveles alcanzados en 2023 y 2024.
A pesar de las pérdidas, el Banco es muy generoso con el personal que tiene enchufado en las oficinas. Sus cuentas muestran un importante aumento de los “gastos de personal”, que pasaron de 676 millones de euros en 2023 a 844 millones en 2024. El aumento es del 25 por cien, muy por encima de la inflación europea y no relacionado con el aumento de sus funciones.
Francia nunca había caído tan bajo. Los índices de popularidad de Macron están por los suelos y fuera de sus fronteras sus simpatías no son superiores. El miércoles se dirigió a los franceses en un discurso televisado que atrajo a 15 millones de espectadores.
Macron es especialmente beligerante hacia Rusia desde la humillación que sufrió en su última reunión en el Kremlin con Putin en torno a aquella mesa gigantesca.
En su infinita torpeza, en una situación como la actual, al Presidente francés no se le ocurrió otra cosa que mentar las armas nucleares. Prometió iniciar conversaciones para “proteger a los países europeos con las fuerzas de disuasión nuclear francesas”. En Moscú se han tomado las palabras como lo que son: un chantaje.
Actualmente Francia se opone a un alto el fuego y encabeza el “partido de la guerra”. Pero si alguien cree que eso es consecuencia de la Guerra de Ucrania se equivoca. En 2017 el gobierno de París aprobó dos leyes de programación militar para duplicar el presupuesto de los ejércitos en 2030.
A Macron eso no le parece suficiente. Quiere más armas y más dinero para fabricarlas, a costa de lo que sea. En su discurso Macron anunció una inversión adicional para el rearme y ha llamado al gobierno a ponerse a trabajar “lo antes posible” para buscar financiación.
Puso el ejemplo de Dinamarca que, para rearmar a su ejército, ha elevado la edad de jubilación a los 70 años. Francia necesita aprobar “nuevas opciones presupuestarias” por la “evolución de las amenazas” y Macron ha anunciado “inversiones adicionales […] que se han vuelto indispensables” para el ejército.
No se trata sólo de gastar más dinero. Además de reforzar el ejército, el aumento de los gastos militares debería “acelerar la reindustrialización de todas nuestras regiones”, dijo Macron.
El gobierno francés enfrenta, pues, dos programas paralelos: la reforma de la administración y la eficiencia del dinero gastado. La militarización exige una reforma a fondo de los aparatos del Estado. “Serán nuevas inversiones que requieren financiación privada, pero también pública […] Requieren reformas, opciones, coraje”, añadió.
Macron ha pedido al gobierno que trabaje lo antes posible en unas nuevas fuentes de financiación, con una condición que no tardará en desaparecer: “Sin aumentar los impuestos”. Macron tiene previsto convocar una reunión con los ministerios responsables de la guerra para tratar esta cuestión.
“Desde la toma de posesión de Donald Trump hemos sabido que debemos prepararnos para una economía de guerra”, dicen los asesores del gobierno francés. Eso exige, entre otras medidas, recortes en la administracón pública, en los salarios y en las jubilaciones.
“Uno puede encontrar una mayoría en la Asamblea una vez que todas las misiones de los servicios públicos han sido analizadas”, dicen los asesores.
El gobierno ha hecho un llamamiento a la movilización del ahorro francés, que podría implicar la creación de un nuevo fondo para la guerra. “El hecho de que esto [el aumento de los gastos miitares] no se pueda hacer mediante subidas de impuestos es importante”, señala uno de los consejero del gobierno.
A Zelensky se le acaba el tiempo. Estados Unidos ha dejado de operar los equipos Himars que funcionaban para el ejército ucraniano. Eso supone desactivar los sistemas de alerta de ataque aéreo de Ucrania, así como la designación de objetivos para los lanzamisiles Himars.
Ucrania tampoco recibe información en tiempo real de los ataques a larga distancia.
La cadena CNN asegura tambien que los sistemas de defensa Patriot de fabricación estadounidense se podrían quedar sin municiones pronto (*).
El arsenal de misiles de los sistemas antiaéreos (AMS) de fabricación estadounidense podría agotarse en cuestión de unas semanas, dice la CNN.
No obstante, lo peor es que ningún país europeo puede suplir el armamento que Estados Unidos ha suministrado a Ucrania durante los tres años de guerra, dice CNN.
Por si eso no fuera suficiente, Estados Unidos ha prohibido al gobierno británico compartir información de Washington con Kiev como parte de la retirada de su apoyo al ejército ucraniano.
La capitulación de Ucrania es cuestión de días. Zelensky no va a tener tiempo de negociar nada.
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