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‘Le cortaron los testículos, se los metieron en la boca, le cortaron la lengua y le quitaron los ojos’

La muerte atroz de un maestro republicano
Un vil crimen, cometido por falangistas en una aldea de Lugo, convirtió a Arximiro Rico en un mártir de la educación pública. Hombre ilustrado, encarnó el progreso en el rural gallego, sometido al poder de curas y caciques, quienes apagaron su luz.

Llamaron a la puerta de la casa y su madre, la noche ya encima, le rogó que no abriese la puerta. Se lo llevaron. De camino a la sierra de la Ferradura, los falangistas pararon en una taberna a abrevar y a él, mientras, lo amarraron a una argolla. Monte arriba, cabalgaron sobre su lomo. Al llegar a la cima, “le cortaron los testículos, se los metieron en la boca, le cortaron la lengua y le quitaron los ojos… Y todo eso vivo, claro”. Luego lo molieron a palos y abrieron fuego. “Eran tiros de escopeta, porque la cabeza estaba desfigurada”. Muerte de un maestro. Primero de septiembre de 1937.

“Es Arximiro, criatura única y ser colectivo, nombre gentilicio de todos los maestros escarnecidos y asesinados por la réplica fascista de Atila, que martirizó a la Galiza republicana entera”, escribe Xosé Manuel Beiras en uno de los prólogos de Maestros de la República, de María Antonia Iglesias. La periodista alumbró esta antología de mártires de la enseñanza, santos laicos a los que ningún cura rezó, tras descubrir el trágico fin de un hombre hecho a sí mismo y deshecho por otros. Lo leyó en Arximiro Rico, luz dos humildes, escrito a dos manos por Narciso de Gabriel y Xosé Manuel Sarille, quienes rescataron su figura del silencio.

“Escuché hablar de él desde pequeño, así como de su horrible muerte. Cuando iba a casa de mis padrinos, que vivían en Pol, por las noches contaban historias. Una versaba sobre una buena persona que no le había hecho nada malo a nadie. Mi padrino lamentaba aquel asesinato y se sorprendía por la carnicería. La narración fue tan contundente que siempre ha permanecido en mi memoria”, explica De Gabriel, decano de la Facultad de Ciencias de la Educación de A Coruña. La descripción del macabro ritual se la escuchó a Manuel Sarille, socialista represaliado y padre de Xosé Manuel, quien dedicó su vida a investigar el terror sembrado en Montecubeiro durante la Guerra Civil.

Aunque nada podría explicar el ensañamiento, la parroquia de Castroverde fue escenario de un luctuoso suceso que contextualiza el crimen. Un año después del golpe de 1936, dos guardias civiles a la caza de varios fugados fallecen en un tiroteo, lo que desata una feroz represión en este municipio del interior de Lugo. Una lista pone en el punto de mira a 65 inocentes, de los cuales quince son asesinados. Arximiro Rico da clases en una aldea de Baleira, un ayuntamiento vecino, si bien frecuenta la zona y tiene amistades con republicanos del lugar. Su
cadáver fue abandonado en el límite entre ambos municipios. “Lo dejaron tirado en el monte para extender la sensación de terror”, explica Sarille, profesor de Historia jubilado.

Era un maestro ilustrado de origen humilde, aunque también un hombre que echaba una mano a sus vecinos: curaba a personas y animales, daba consejos sobre cultivos y repoblaciones forestales, enseñaba las cuatro reglas a niños y formaba a escolantes… “Pasaba por rojo, pero era un republicano centrista seguidor de Manuel Portela Valladares, quien estaba a la derecha de la Izquierda Republicana de Azaña”, matiza Sarille. Tampoco era un ateo, sino un creyente que había desterrado el crucifijo del aula. No daba clases de religión, mas regalaba catecismos a sus pupilos para que los leyesen en sus casas.

Sin embargo, Arximiro encarnaba el progreso. “Hizo un labor sociocultural que trascendía los muros de la propia escuela: creó un coro, un grupo de teatro, una biblioteca circulante… Elementos importantes para un lugar como aquel, muy aislado de los núcleos grandes de población”, afirma Narciso de Gabriel, quien lo describe como “el maestro total”. De hecho, cuando le llegó la muerte, estudiaba Medicina, al tiempo que daba clases mañana, tarde y noche, pues preparaba a bachilleres y a maestros por libre. “Mataron, pues, la esperanza de un futuro mejor para la gente del común”.

¿Por qué lincharon a un hombre bueno? Quizás la respuesta ya haya sido dada. “Ellos pretendían, además de vengarse de un enemigo político, matar esa antorcha de luz y cultura”, asegura el decano coruñés. Cuando dice ellos, se refiere a los poderes fácticos: el cura y, por extensión, el obispado de Lugo; los caciques, agazapados hasta que prendió la mecha de Franco; y los falangistas, una panda de analfabetos de la zona, quienes hicieron valer la fuerza sobre la razón. “Era evidente que la difusión de la cultura contribuía a erosionar esos liderazgos tradicionales”, le explicó De Gabriel a María Antonia Iglesias, quien también habló con su alumno Antón Arias: “Yo creo que si matan a mi padre no lo siento tanto…”.

José María Maravall, en el prólogo de Maestros de la República, señala que detrás del asesinato subyace una campaña sistemática para laminar la política educativa y cultural de Azaña. “Las razones de las ejecuciones eran erradicar el espíritu de la República encarnado en los maestros y en la educación; provocar un miedo generalizado. Esas razones fueron reforzadas por las venganzas”. Porque en la ejecución de Arximiro también hubo motivos personales: además de que los verdugos eran vecinos, y no esbirros llegados de otros lares, él había tenido roces con el cura de San Martín, cuyo hermano era un abogado falangista de tomo y lomo que llegó a ser alcalde de Lugo.

“El cura observa cómo en la escuela aparece un foco de luz que irradia sobre las gentes, funde las tinieblas, despierta las conciencias y hace desaparecer la ignorancia”, escribe Sarille. Arximiro, de algún modo, se convirtió en uno de los nuevos líderes locales que habían desplazado a los estamentos tradicionales. Sin embargo, “ante ellos tenían un clero ultramontano, una jerarquía que creía poseer la verdad absoluta y trataba, en consecuencia y naturalmente, de imponerla”. Así, fue expulsado de la escuela y sustituido por una maestra adepta al franquismo. Recurrió y la autoridad competente terminó dándole la razón, una humillación para sus detractores y un motivo más para llevárselo por delante.

Así, cuando llegó el comunicado oficial que le permitiría reincorporarse a su puesto, ya había sido asesinado. “En el rural gallego, durante la Segunda República había comenzado un proceso de sustitución de notables. Frente a caciques y sacerdotes, brotaron nuevas figuras, como los maestros. Desde ese momento, el enfrentamiento está dado porque él le segó al antiguo régimen la hierba bajo los pies. Y de ahí el odio”, analiza Sarille. “Cuando los liderazgos tradicionales y brutales tuvieron oportunidad de tomarse la revancha, no ahorraron en medios ni en formas”, concluye De Gabriel.

Arximiro, pese a que era consciente de que la guadaña falangista campaba por Montecubeiro, se confió y volvió a casa. O, lo que es lo mismo, a su escuela, aunque no llegó a poner un pie en ella. La última vez que su hermano Gumersindo lo vio, el maestro le dijo: “Me sentenciaron a muerte por haber enseñado a leer a una aldea”.

http://www.publico.es/politica/arximiro-rico-maestro-republicano.html

101 soldados heroicos del Ejército Rojo fueron asesinados por los nazis en un campo de concentración holandés

Hoy los antifascistas holandeses honran la memoria de 101 prisioneros del Ejército Rojo asesinados por los nazis en un bosque de Amersfoort, cerca de Utrecht, en 1942. Son soldados desconocidos de origen uzbeko que dejaron sus hogares en Asia central para combatir al III Reich. La Wehrmacht los capturó en la batalla de Smolensk. Los llevó presos y vestidos de harapos a un campo de concentración en Holanda.

Cada primavera los antifascistas holandeses se reúnen y encienden velas para honrar su memoria en el mismo lugar en el que fueron acribillados por los nazis hace más de medio siglo.

Nadie recordaría a aquellos combatientes de no ser por el periodista holandés Remco Reiding que descubrió su historia hace 18 años cuando volvió a su país después de haber trabajado varios años en Rusia como corresponsal y escuchó de un amigo que había un cementerio de guerra soviético cerca de la zona. “Me sorprendió ya que nunca antes había escuchado de este cementerio”, dice Reiding. “Visité el lugar y comencé a buscar archivos y testigos”.


865 soldados soviéticos estaban enterrados allí y todos, con excepción de 101, habían sido llevados a ese lugar desde otras partes de los Países Bajos o de Alemania. Los 101 sin nombre habían muerto allí, en Amersfoort, un campo de concentración que estaba bajo el mando de Karl Peter Berg, quien fue ejecutado en 1949. Una inscripción en la tumba de los 101 dice “Soldado soviético desconocido” en ruso.

Los héroes del Ejército Rojo fueron capturados cerca de Smolensk en las primeras semanas después de la invasión alemana de la Unión Soviética y los nazis los transportaron a la Holanda ocupada por cuestiones de propaganda. “Eligieron meticulosamente a los que tenían aspecto asiático para exhibirlos ante los holandeses que se resistían a las ideas nazis”, cuenta Reiding.

“Los llamaron ‘untermenschen’ [personas inferiores] y contaron con que una vez que los holandeses vieran la apariencia de los soviéticos, querrían unirse a los alemanes”. El objetivo principal de los nazis era convencer a los holandeses comunistas, que habían sido detenidos en un campo de concentración en Amersfoort junto con los judíos locales, desde agosto de 1941.

Pero el plan no funcionó. Henk Broekhuizen, quien hoy tiene 91 años, es uno de los pocos testigos que quedan de lo ocurrido. Recuerda cuando era adolescente y vio llegar a los prisioneros soviéticos. “Cuando cierro los ojos veo sus caras”, dice. “Estaban envueltos en harapos, ni siquiera parecían soldados, solo podías ver sus caras”, recuerda.

“Los nazis los desfilaron por la calle principal, desde la estación de tren hasta el campo de concentración”, dice Broekhuizen. “Se los veía débiles y pequeños, sus pies estaban cubiertos en telas viejas. Algunos apenas podían caminar y eran ayudados por sus amigos”, rememora.

Algunos prisioneros pudieron establecer contacto visual con los locales y usaron gestos para indicar que tenían hambre. “Les llevamos un poco de agua y pan”, dice Broekhuizen. “Pero los nazis nos los sacaron de las manos y no nos dejaron ayudarlos”. Nunca más los volvió a ver y no oyó nada sobre lo que les ocurrió.

Pero Reiding logró hallar evidencias en los archivos holandeses. Una de las cosas que descubrió es que la mayoría de los soldados eran uzbekos. Los verdugos del campo de concentración no lo supieron, hasta que llegó un agente de la SS que hablaba ruso y los entrevistó. La mayoría era de Samarcanda, según Reiding. “Quizás había algún kazako, kirguís o baskir, pero la mayoría eran uzbekos”.

En 2015 Reiding compiló las confesiones de los guardianes del campo de concentración y los recuerdos de los prisioneros en el libro “Child of the Field of Honour” (Niño del Campo de Honor).  El periodista logró rastrear a los familiares de 200 de los 865 soldados soviéticos enterrados en Amersfoort.

También averiguó que los soldados del Ejército Rojo fueron tratados peor que los demás presos. “Durante los primeros tres días en el campo de concentración los uzbekos fueron dejados a la intemperie, sin comida y rodeados de alambres de púa”, señala Reiding. “Los alemanes tenían listo un equipo de filmación para captar el momento en que estos ‘bárbaros subhumanos’ se pelearan por comida, una grabación que querían usar como propaganda. Así que los nazis les lanzaron una rodaja de pan a los hambrientos uzbekos”.

“Para sorpresa de ellos, uno de los prisioneros tomó el pan y con calma lo dividió en pedazos iguales con una cuchara”. “Los otros esperaron pacientemente. Nadie se peleó. Luego se dividieron los pedazos de pan de manera igualitaria. Los nazis estaban decepcionados”
, asegura el periodista.

Pero luego vendrían cosas peores. “A los uzbekos les daban la mitad de comida que al resto y si algún otro prisionero los ayudaba todo el campo de concentración se quedaba sin comida, como castigo”, cuenta Bahodir Uzakov, un historiador uzbeko. Uzakov, quien vive en la cercana Gouda, también ha estado investigando lo que ocurrió en el campo de concentración de Amersfoort.

“Cuando comían sobras y cáscara de papas los nazis los golpeaban por comer comida de cerdos”, asegura.

Reding averiguó que a los uzbekos les daban las peores tareas. Por ejemplo, cargar la albañilería más pesada o arena o troncos, en temperaturas heladas.

Una de las historias más horrorosas que descubrió es sobre el médico del campo de concentración, un holandés llamado Nikolaas Van Nieuwenhuysen, un sádico que tras la guerra fue sentenciado a 10 años de prisión.

Cuando dos uzbekos murieron, obligó a otros prisioneros a decapitarlos y a hervir sus cráneos hasta que estuvieran limpios, cuenta Reiding. “El doctor guardó las dos calaveras en su escritorio para estudiarlos, ¡qué locura!”, señala. Muertos de hambre y débiles, los uzbekos comenzaron a comer ratas, ratones y plantas.

Veinticuatro de ellos no sobrevivieron el duro invierno de 1941 y los restantes 77 no le servían a los nazis una vez que se pusieron demasiado débiles para trabajar. Así que una mañana en abril de 1942 los alemanes les dijeron que los trasladarían al sur de Francia, donde el clima más cálido les sentaría mejor.

En realidad los llevaron a un bosque justo afuera del campo de concentración donde los fusilaron y los enterraron en una fosa común. “Algunos comenzaron a llorar, otros juntaron las manos y enfrentaron su muerte. Los que trataron de huir fueron perseguidos y acribillados”, dice Reiding, basándose en lo que contaron los guardias que presenciaron la ejecución.

“Imagina estar a 5.000 km de tu hogar, en un lugar donde no hablas el idioma y nadie entiende el tuyo”. “Y nunca entiendes por qué estas personas te tratan como si fueras un animal”, reflexiona.

No hay mucha información que ayude a identificar a estos prisioneros. Los nazis le prendieron fuego a los archivos del campo de concentración cuando huyeron en mayo de 1945. Hay una sola foto que muestra caras, las de dos hombres, que no están identificados. También hay nueve retratos dibujados en lápiz por un prisionero holandés, pero solo dos tienen nombre.

“Los nombres están mal escritos pero suenan uzbekos”, dice Reiding. “Uno es Kadiru Xatam y el otro Muratov Zayer. Así que lo más probable que el primero sea Kadirov, Hatam y el segundo Muratov, Zair”. Los retratos muestran a hombres de unos veinte años o quizás más jóvenes. Seguramente en Uzbekistán sus madres habían comenzado a buscarles esposas apropiadas y sus padres ya habrían comprado un ternero para arriar para su fiesta de casamiento cuando explotó la guerra y cambió todo.

Se estima que un tercio de los 1,4 millones de uzbekos que lucharon en la Segunda Guerra Mundial no regresaron y 100.000 permanecen desaparecidos. Hay varios motivos por los cuales los 101 soldados uzbekos que fueron enterrados en Amersfoort no fueron identificados, salvo los dos de los dibujos.

Uno fue la Guerra Fría, que llegó inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial y convirtió a Europa Occidental y a la Unión Soviética en enemigos ideológicos. Otro es la decisión de Uzbekistán de olvidar su pasado soviético cuando se independizó en 1991. Los veteranos dejaron de ser considerados héroes.

Un monumento dedicado a una familia que adoptó a 14 huérfanos de la guerra fue retirado de una plaza en el centro de Tashkent, aunque el nuevo presidente uzbeko dijo que será devuelto a ese lugar. Los cuerpos de los uzbekos fueron trasladados de la fosa común a un cementerio y luego mudados nuevamente a un cementerio creado especialmente para los soldados soviéticos caídos.

En resumen, podría decirse que buscar a soldados que desaparecieron hace varias décadas cuando formaban parte del Ejército Rojo no ha sido una prioridad del gobierno uzbeko. No obstante, Reiding mantiene la esperanza de encontrar los nombres en los archivos de ese país. “Los documentos sobre soldados soviéticos que no murieron o cuyas muertes no eran conocidas por las autoridades soviéticas fueron enviadas a la KGB local (la agencia de inteligencia soviética) así que es probable que la identidad de los 101 prisioneros esté guardada en Uzbekistán”, asegura.

http://www.bbc.com/mundo/noticias-39889803
Karl Peter Berg, jefe nazi del campo de concentración, fusilado en 1949

Alí Babá y ‘lo público’

Bianchi

Siempre que oigo la expresión «lo público» me llevo la mano a mi menguada cartera, como Goebbels decía que se llevaba la zarpa a la cartuchera cuando oía la palabra «cultura». Y cuando oyes que un mangui de estos; González el último, chorimanga «dinero público», es decir, y se oye decir, «del Estado», o sea, se añade, «nuestro», me entra la risa cuando, se supone, debía llorar.

Yo ni soy del Estado ni formo parte de él ni aún en el caso de que quisiera serlo. No quiero tener nada que ver con un Estado fascista. Ocurre, no me engaño, que el Estado sí quiere tener que ver conmigo y, para hacerme la pelota, me llama «ciudadano» y hasta, siguiendo la fraseología de telefilm norteamericano -o estadounidense, porque «norteamericano» también son los Estados Unidos de México (que así se llaman en rigor) y Canadá- me llaman, digo, «contribuyente». Y como tal «ciudadano» y «contribuyente» se me quiere «identificar» con ese Estado, quieren que lo haga mío y hasta que lo defienda en plan «patriota». Ciertamente, resulta de todo punto imposible llevar una vida eremita o ermitaña a lo Thoreau y su «Walden» y/o la «desobediencia civil» refugiado en un bosque idílico: somos «animales sociales», nos guste o no, y al margen de caracteres y temperamentos. Pero de ahí a que me sienta concernido por determinado Estado hay distancias y tierras por medio.

Porque -conviene repetir estas cosas- el Estado, que se acuerda de mí en la declaración de la renta, no está por encima ni de mí ni de ninguna clase social. El Estado es de clase, sirve a una clase que no es la que yo defiendo, la proletaria; bien al contrario, el Estado burgués defiende a una clase: la burguesía. De ahí que los chorizos burgueses de guante blanco, esos que «jamás han robado una gallina», que eso queda para los desharrapados, roban con la sensación de impunidad ¡porque-piensan-que-el-Estado-es-suyo!, y, por tanto, «lo público» es suyo, y si pueden evadir impuestos o defraudar a Hacienda o a la Seguridad Social en paraísos fiscales u «offshores», lo harán a la mínima ocasión que se les presente.

Por supuesto, si la cosa se desmadra y los escándalos financieros, lo mismo de partidos políticos que de personas físicas, alcanzan cotas inquietantes, sacrificarán a elementos de su propia clase social como carnaza para el «vulgo», para el pueblo, de cara a la galería, que se dice. Esa es la función de la «pena del telediario» donde vemos mil veces a Rato entrar en un auto policial o que nos cuenten los días -ya no, que empacha, y puede ser contraproducente- que lleva Ignacio González en la trena y qué compra en el economato y demás zarandajas para entretenernos como si fuera un espectáculo porno-rosa.

La cárcel no está pensada para ellos, y lo saben, por descontado. Y si alguno lleva dos años y pico, como Granados, es por ver que se «ablande» y «cante» algo que llevarse a la boca la «justicia», como hizo Bárcenas, no «cantar» precisamente, sino callar y pactar su silencio.De devolver guita, nada, «rien de rien». En China, suelo repetir, los empalan y empapelan.

O el último show -este sí, pornográfico- al que asistimos estos días relativo al Fiscal Anticorrupción. Su papel es poner piedras en las ruedas de los procesos, enturbiar, mentir y, sobre todo, tapar las miserias de un régimen que llaman «del 78» los modernos, y yo me empeño, antiguo que soy, en llamar «del 39».

Arrivederci.

El reciente hackeo masivo de empresas españolas utiliza un virus elaborado por la NSA

Resultado de imagen de shadow brokersEl reciente ataque Ransomware (secuestro de archivos para pedir un rescate) que ha infectado a gigantes empresariales de medio mundo, y que en España ha afectado especialmente a los servidores de Telefónica, utiliza un exploit diseñado por la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos (NSA) llamado Eternalblue.

El ataque, conocido como “WannaCry,” cifra los archivos informáticos de los usuarios de Windows antes de exigir un pago de 300 dólares en Bitcoin. Aunque Microsoft publicó un parche de seguridad en el mes de marzo, el mismo ha resultado infructuoso.

El ritmo de distribución de este Ransomware está siendo vertiginoso, y ha puesto a prueba la seguridad de millones de ordenadores en todo el mundo que corren bajo el sistema operativo Windows. Lo curioso del dato es que el código fuente de este exploit fue difundido y liberado en el mes de marzo por un grupo de hackers conocido como Shadow Brokers. Lo que no ha trascendido en la histeria securitaria difundida desde ayer por los grandes medios es que este grupo estaría relacionado directamente con la propia NSA.

Este dato trascendió el pasado 15 de agosto, cuando se anunciaba un hecho que llamaba la atención en el mundo de la seguridad informática, ya que este grupo aparecía en sociedad afirmando tener grandes cantidades de archivos de la NSA. Meses después, la empresa CISCO Systems y el propio Edward Snowden confirmaban que los datos habían sido liberados desde dentro de la propia NSA, aparentemente por culpa de un ex empleado despistado que dejó una puerta abierta al hackeo.

Por supuesto, varios medios de comunicación estadounidenses apuntaron a la responsabilidad de Rusia en esta difusión, pero la realidad ha dado al traste con esta calumnia que no responde a la más mínima lógica, ya que es realmente estúpido pensar que los responsables del Servicio Federal de Seguridad o el Departamento Central de Inteligencia (GRU) de Rusia adquieran sus elementos de cyberseguridad mediante compras en Reddit.
Ahora todo apunta a que el hackeo proviene de la misma NSA, que además va a proveer a los beneficiarios de este ataque una gigante recompensa económica en Bitcoins, lo que supone en la práctica un efectivo y generoso mecanismo de financiación alternativo.

Se desploma el mayor depósito de residuos nucleares de Estados Unidos

Un depósito subterráneo de residuos nucleares contaminantes se hundió el martes en Hanford, a 300 kilómetros al sudoeste de Seattle, en el Estado de Washington. Se ha abierto un agujero en el suelo de siete metros de diámetro, según admitió ayer la radio canadiense. La operación de emergencia se activó a las 8:26 hora local de la costa oeste, las 17:30 de la tarde en Europa.

Han declarado el estado de emergencia y las informaciones oficiales afirman que centenares de trabajadores han tenido que ser evacuados y confinados, a pesar de que aseguran que no ha habido fugas radiactivas. Sin embargo, en las instalacion trabajan 11.000 obreros, por lo que no puede ser cierto, como aseguran, que sólo hayan evacuado a “centenares” de ellos.

El Departamento de Energía reconoce que el terreno que cubría un túnel cercano a un antiguo almacén de productos químicos se había hundido, una noticia que era un poco equívoca porque, en realidad, los residuos contaminantes estaban almacenados en el mismo túnel.

En el momento de dar la noticias los equipos de socorro aún no habían llegado al lugar del siniestro, por lo que no habían podido inspeccionar el lugar y, consiguientemente, tampoco pueden saber si hay fugas radiactivas.

Además de los trabajadores del depósito, los más cercanos al lugar también han sido evacuados precipitadamente, después de que les pidieran que cerraran las ventanas y cualquier mecanismo de ventilación, así como también que no bebieran ni comieran absolutamente nada.

El complejo nueclear de Hanford está a orillas de los ríos Columbia y Yakima. Es el mayor de Estados Unidos, ya que almacena más de 220.000 metros cúbicos de contaminantes, que supone una tercera parte de los residuos totales del país. Lo construyeron los militares durante la Guerra Fría y siempre ha tenido un estatuto de alto secreto.

Fue construido en 1943, en plena Segunda Guerra Mundial, dentro del Proyecto Manhattan, y albergó al reactor B, el primer centro de fabricación de plutonio con destino a fabricar armas nucleares. De ahí salió la bomba que lanzaron contra la población civil en Nagasaki en 1945 y luego otras 60.000 bombas nucleares más.

Las instalaciones pasaron luego del Departamento de Defensa al de Energía porque el proceso de fabricación era una completa chapuza tecnológica que dejaba mucha más contaminación que las pequeñas cantidades de plutonio que era capaz de fabricar. Cuando en 1970 se empezaron a desclasificar papeles secretos se supo que las fugas radiactivas han sido una constante en Hanford, liberando cantidad de gases radiactivos al aire, el suelo y los ríos más cercanos.

En Hanfor llegaron a estar en funcionamiento nueve reactores nucleares.

La masacre del ‘Domingo Sangriento’ en Irlanda

Hace 45 años los paracaidistas enviados por el gobierno de Londres asesinaron a 14 manifestantes republicanos desarmados en Derry, Irlanda del norte. Otros 30 más resultaron heridos.

Esa tarde, inmortalizada como el “Domingo sangriento”, los soldados abrieron fuego contra quienes se manifestaban a favor de los derechos civiles y en contra del encarcelamiento sin juicio previo, en su mayoría de miembros del IRA (Ejército Republicano Irlandés).

Seis de los fallecidos tenían tan solo 17 años y otros tres entre 19 y 22. Muchas de las víctimas recibieron disparos en la espalda cuando trataban de huir y ninguno de ellos llevaba armas.

La masacre se convirtió en uno de los episodios más brutales en los 30 años de guerra entre los colonialistas británicos y los independentistas irlandeses, que dejó como saldo más de 3.600 muertos y concluyó con el acuerdo “de paz” del Viernes Santo de 1998.

Los acuerdos de paz impusieron al entonces primer ministro británico, Tony Blair, la reapertura de una nueva investigación que tardó 12 años en concluir, costó más de 230 millones de euros y produjo un informe oficial de 5.000 páginas que se puede leer en internet (*).

El informe lleva el nombre del juez Lord Saville y acabó con 40 años de mentiras y engaños del gobierno británico, concluyendo que las muertes “ni estaban justificadas ni eran justificables” y obligó a que el entonces primer ministro, David Cameron, pidiera disculpas públicamente.

Desde el acuerdo “de paz” de 1998, la violencia se ha reducido considerablemente, aunque algunas facciones del IRA no lo aceptan y continúan activas.

En 2002 el director de cine Paul Greengrass dirigió una película que retrata la matanza. El relato se centra en la figura de Ivan Cooper, un pacifista que dirigía el movimiento por los derechos civiles, que acabó aplastado en medio de la represión de los militares británicos.

La matanza del Domingo Sangriento puso fin a las manifestaciones pacíficas y llevó la guerra a Irlanda del norte. “Domingo sangriento” es también el título que eligió el grupo U2 para una canción que recuerda aquella matanza.

Irlanda del norte es un territorio apropiado por Reino Unido tras el logro de la independencia de Irlanda en 1922.

(*) http://report.bloody-sunday-inquiry.org/

No olvidamos a los heroicos republicanos irlandeses caídos en la lucha:

John “Jackie” Duddy (17 años), fue alcanzado por un disparo en el hombro en el aparcamiento de Rossville Park. La bala le atravesó saliendo por la parte izquierda del pecho. Cuatro testigos declararon que le abatieron mientras corría desarmado huyendo de los disparos. Tres de ellos afirmaron haber visto a un soldado apuntar deliberadamente hacia él.

Patrick Joseph “Paddy” Doherty (31), fue tiroteado por la espalda mientras se arrastraba buscando refugio. Doherty fue sujeto de una serie de fotografías, tanto antes como después de su muerte, llevadas a cabo por el fotógrafo francés Gilles Peress.Aunque el testimonio de un soldado le señalaba como portador de un arma con la que pudo haber disparado contra las tropas británicas, el informe Widgery reconoció posteriormente que en las fotografías se le podía ver desarmado, resultando negativas las pruebas forenses buscando residuos de haber utilizado un arma de fuego.

Bernard “Barney” McGuigan (41) que había estado escondido en la esquina de los pisos Rossville, salió agitando un pañuelo blanco para avisar de sus intenciones, tratando de llegar hasta Patrick Doherty, que yacía moribundo. En su camino recibió un disparo en la cabeza.Hugh Gilmore (17) fue abatido cuando corría hacia los pisos Rossville huyendo de los disparos.Tenía heridas de bala en la parte derecha y la parte izquierda del pecho, además de en el brazo derecho. Probablemente estas heridas se las causaron dos balas.

Kevin McElhinney (17) fue alcanzado por disparos por la espalda mientras se arrastraba buscando refugio. Dos testigos declararon que iba desarmado. La bala le entró por la nalga izquierda, saliendo por la parte izquierda de su pecho, cerca del hombro.

Michael G. Kelly (17) recibió un tiro en el estómago mientras permanecía junto a la barricada de escombros próxima a los pisos de Rossville St.En el informe Widgery se reconoció que iba desarmado.

John Pius Young (17) fue herido de bala en la cabeza mientras estaba en la barricada de escombros. Dos testigos declararon que estaba desarmado.

William Noel Nash (19) recibió un tiro en el pecho cerca de la barricada. Los testigos declararon que Nash estaba desarmado e iba en ayuda de uno de los heridos cuando fue abatido.

Michael M. McDaid (20) fue herido de bala en la cara junto a la barricada mientras se alejaba de los paracaidistas. La trayectoria de la bala, que entró por su mejilla izquierda saliendo por la parte superior derecha de su espalda, indica que podría haber sido abatido por un tirador desde las posiciones que las tropas británicas ocupaban sobre las murallas de la ciudad.

James Joseph “Jim” Wray (22) fue herido y posteriormente rematado por disparos a corta distancia cuando yacía en el suelo. Testigos que no fueron llamados a declarar para el informe Widgery afirmaron que Wray estaba pidiendo ayuda, gritando que no podía mover las piernas, cuando le dispararon por segunda vez. Un testigo (el padre O’Keefe) afirmó que iba desarmado.

Gerald Donaghy (17) fue herido en el estómago mientras corría buscando refugio entre Glenfada Park y Abbey Park. Fue llevado a una casa vecina, donde le examinó un doctor. Allí le vaciaron los bolsillos con objeto de identificarlo. Una fotografía posterior de la policía mostraba el cadáver de Donaghy con varias bombas de clavos en los bolsillos. Ni los que le registraron en la casa ni el oficial médico que certificó su muerte poco después declararon haber visto ninguna bomba.

La Unión Euroasiática se ha quedado en la vía muerta

La Unión Euroasiática fue lanzada a bombo y platillo por Rusia en 2014. Forman parte de ella Armenia, Bielorrusia, Kajajistán y Kirguistán, además de Rusia. El Presidente kazajo, Nursultan Nazarbaev, impulsor del proyecto desde 1994, la calificó como una “bendición”.

No es otra cosa que un mercado capitalista de 180 millones de consumidores basado en la competencia que pretende impulsar unas economías muy alejadas de los circuitos mundiales más importantes, como Asia central y el Cáucaso. El PIB de todos los países es de 2.700 millones de dólares.

Como consecuencia de la crisis capitalista, el año pasado el mercado se contrajo un 14 por ciento y la reducción del flujo exterior fue un 17 por ciento menor respecto al año anterior. La recesión es especialmente preocupante en Bielorrusia, donde el PIB cayó un 3,5 por ciento en 2015 y las exportaciones a la Unión se desplomaron hasta el 35 por ciento.

Lo que mejor funciona de este mercado es la exportación de mano de obra kirguís y kazaja a Rusia, cuyas remesas son el único capítulo ascendente del mercado y salvan buena parte de la balanza de pagos de sus países respectivos.

La fuerza y la debilidad de la Unión es la sombra de la URSS. Los socios de Rusia no han encontrado la medida justa; necesitan a Rusia pero no quieren caer en una dependencia excesiva. En Astana ya no se escuchan cantos de sirena y, lo mismo que en la Unión Europea, han sugido partidos “nacionalistas” opuestos al proyecto, o lo que es lo mismo, opuestos a Rusia.

Lukashenko arroja balones fuera en Bielorrusia diciendo que Rusia es culpable de la recesión por su proteccionismo. En diciembre del año pasado no acudió a la cumbre que los países signatarios mantuvieron en San Petersburgo para aprobar el código aduanero.

La economía de Kirguistán se ve sacudida por el alza de las barreras aduaneras a las importaciones, especialmente de China y Turquía. En los bazares de numerosas capitales Asia central sobreviven a duras penas numerosos comerciantes que revenden las mercancías importadas de esos dos países. Sólo en el gran bazar de Bichkek trabajan 50.000 personas.

Pero la Unión Euroasiática es, sobre todo para Rusia, un proyecto geopolítico, mientras que en Bielorrusia y Kzajistán recuerdan que, sobre todo, no es más que unión “económica”, como aparece en su nombre oficial. A veces hablan de la Unión como de un “Caballo de Troya” de Rusia, y no les falta razón: el PIB de Rusia supone el 86 por ciento del total de la Unión.

Rusia impone las reglas de juego y las tarifas aduaneras que se pretenden aprobar no son más que una extensión de las suyas propias, que son bastante elevadas, a los demás países.

El plan inicial contaba con la incorporación de Ucrania a la Unión, algo que ahora resulta impensable. Ucrania hubiera aportado un mercado de 50 millones de consumidores y un potencial agro-industrial del que los socios de Rusia carecen, desequilibrando la correlación de fuerzas entre todos ellos. Por lo demás, tanto Kazajistán como Bielorrusia se esfuerzan por mantener buenas relaciones con el gobierno fascista de Kiev, algo que en Moscú no hace ninguna gracia.

La caída de los precios del petróleo también ha afectado muy negativamente a la Unión, además de a Rusia porque supone el 75 por ciento de las exportaciones y la mitad del presupuesto público. Los socios dependen de las importaciones del petróleo ruso y de las sacudidas de su precio en los mercados internacionales, causa inmediata de la recesión, de la devaluación de sus divisas y del alza del coste de la vida en Bielorrusia, Kazajistán y Kirguistán.

La presencia de China es el rtercer factor a tomar en consideración en la situación actual de la Unión, de su fuerza y de su debilidad. Como en otras regiones del mundo, China está tejiendo pacientemente sus redes económicas apoyándose en algo que Rusia no puede aportar a sus socios: opulencia financiera. En la cumbre anual de la Organización de Cooperación de Shanghai de 2012, el antiguo Presidente chino Hu Jintao lanzó el caramelo: 10.000 millones de dólares en inversiones para la región, todas ellas de carácter estratégico.

China ha firmado compromisos económicos a largo plazo con Kazajistán (2005 y 2012), Uzbekistán (2012), Tayikistán y Kirguistán (2013), además de impulsar la nueva Ruta de la Seda, también en 2013 o, en palabras del Financial Times, “el más vasto programa de diplomacia económica desde el Plan Marshall”, conocido en inglés por las siglas OBOR (“One belt, one road”), que comprende a 60 países y pretende conectar Asia con África y Europa (pasando por Oriente Medio).

Rusia no sabe cómo encajar ambos proyectos, el suyo propio y el chino, y ahora mismo no tiene capacidad financiera para mantener sus compromisos en infraestructuras con los países de la región, mientras los yuanes llegan a manos llenas. En julio del año pasado, durante la cumbre de Shanghai, China abrió una nueva línea de crédito para los países de la región de 12.000 millones de dólares. Los rusos no puyede asumir sus compromisos y los chinos han firmado 50 grandes proyectos industriales nuevos.

China tiene otra gran ventaja: sólo habla de dinero; la geoestrategia no entra en sus negociaciones, algo que los socios de la Unión agradecen. Cuando alguien llega con el talonario de cheques y no pide explicaciones, todo resulta mucho más fácil, sobre todo a la vista de titulares del Renmin Ribao, el portavoz del Partido Comunista de China, como éste de 2013: “La Unión Económica Euroasiática sólo sirve para mantener la dominación rusa en el espacio post-soviético”.

Fue una mala racha. Al año siguiente Putin y Xi Jinping se reunieron para tratar de ponerse de acuerdo y cooperar en los proyectos regioniales, “integrando a la Unión dentro de la Ruta de la Seda”. En 2015 se firmó una segunda declaración en la misma línea de ensamblar los dos proyectos en uno solo, que prevé crear una zona de librecambio entre la Unión y China.

En mayo del año pasado la colaboración continuó, en prueba de que sólo China (el dinero de China) puede sacar a la Unión de la vía muerta en la que se encuentra.

A propósito del 2 de mayo,un par de preguntas brevísimas

B.

Y son: ¿eran patriotas o terroristas los madrileños que se alzaron el 2 de mayo de 1808 contra las tropas napoleónicas de ocupación?
Y ¿eran
terroristas o patriotas los soldados de Murat que ejecutaron a cientos de madrileños en la Montaña del Príncipe Pío durante la terrible madrugada del
3 de mayo?
Dramáticos episodios inmortalizados por el mágico pincel
impresionista de Goya acusado,por cierto,de «afrancesado», esto es de
«antipatriota».
Hoy le fusilarían, como volverían a crucificar a Jesucristo
(y eso que ni existió).
¿Hablamos de la resistencia vasca o catalana en sus diferentes vertientes y
luchas? ¿Será excesivo el paralelismo?
¿Será demagogia?
Es que no tienen un pase estos fachas.
Bonne nuit.

‘Ferreras se ha portado de cine’

“Ferreras se ha portado de cine”. De este modo definió el presidente de La Razón y hombre fuerte de Atresmedia, Mauricio Casals, la respuesta que había recibido del presentador de uno de los principales programa de La Sexta -cadena de su grupo- Antonio García Ferreras. Había atendido satisfactoriamente su petición de no hacerse eco de una información que afectaba al expresidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González. La frase se la dijo Casals al propio exmandatario madrileño para tranquilizarle, según se desprende de las intervenciones telefónicas de la Guardia Civil en el marco del caso Lezo.

Los hechos ocurrieron el 21 de noviembre de 2016 después de que El Mundo publicase una información relacionada con el pago de comisiones por parte del expresidente de la Comunidad de Madrid. Un preocupado González se puso en contacto con Casals para pedirle que su cadena de televisión no reprodujera esa noticia. “Mauricio, te agradecería mucho que esta mierda de campaña que me está haciendo nuevamente El Mundo gracias a la indefensión que hay en este país, no siguiera encontrando eco en La Sexta, que es la única que lo hace y lo alimenta a la vez”.

Casals aceptó la petición de González y se puso en contacto con el presentador, según explica la Guardia Civil. Tras ello volvió a hablar con González para garantizarle que La Sexta no abordaría el tema de su presunto pago de comisiones: “Se ha portado García Ferreras de cine. Porque bien ha sido esta mañana yendo hacia el aeropuerto que le he llamado, 8 y media de la mañana y digo mira un favor personal, dice ¿pero tú estás seguro?, digo yo ya no estoy seguro de nada. Digo pero coño tú, no jodamos, que no hay una nueva información, que no. Si es relevante, o sea, alguien les está vendiendo toda esta mierda”.

Añade el hombre fuerte de Atresmedia que “parece que hoy ha funcionado, veremos mañana” y le reconoce que “pensaban darlo” dentro de su cobertura informativa de ese día. El nombre de Casals aparece en varias ocasiones en las grabaciones telefónicas a los investigados de la operación Lezo.

En otra comunicación telefónica con el hombre fuerte de González en el Canal, Edmundo Rodriguez Sobrino, consejero delegado de la editora de la La Razón, Casals trata de tranquilizarle sobre las investigaciones contra él. Le dice que por parte del PP y de Podemos no va a haber denuncias porque el “sandwich al PSOE” para beneficiar a esos dos partidos en La Sexta, “funciona de cine”.

El caso recoge otra conversación entre Casals y González en la que el expresidente de la Comunidad de Madrid también le pidió ayuda al empresario. “Se está yendo la mano en general de todo. Tú que estás ahí, ¿no puedes hacerle llegar a alguien? Es que yo creo que no hay nadie sensato ahora, pero, ¿no puede haber alguien sensato en el PP, en el PSOE, en los estos? que diga oiga, señores, que nos llevamos el país por delante, joder, vamos a quitar esto de en medio, vamos a quitar la mierda, ya la barreremos como sea por detrás y vamos a preocuparnos”.

Del contenido de la investigación se deduce que el recurso a Casals era algo habitual por parte de la trama. En otra intervención telefónica se escucha cómo es Esperanza Aguirre la que le aconseja a González acudir al empresario: “Se lo puedes pedir tú a Mauricio aunque no sea en La Sexta? Que un tío de La Razón lo pregunte”. Se refería la expresidenta a que algún medio del grupo, en este caso el periódico La Razón, recogiese la versión de González.

El exmandatario le contestó que ya se había puesto en contacto con él y con el presidente del Grupo Atresmedia Josep Creuheras. Aún así González se mostraba pesimista sobre el resultado de estas gestiones: “No puedes hacer nada, Espe, o sea… Si no tienes ahí una artillería mediática que te continúe defendiendo en la polémica”.

http://www.elespanol.com/espana/20170505/213728846_0.html

La censura en los tiempos de la sociedad de ‘la información’

Juan Manuel Olarieta

Con el cambio de siglo, la expansión de internet condujo a hablar —pomposamente— de la emergencia de una nueva sociedad “de la información”. Esta terminología procede de la Directiva 2000/31/CE del Parlamento Europeo y dos años después, en 2002, en España se aprobó una ley para promover esa “sociedad”, seguida de otra en 2007 con el mismo objetivo.

Como es típico, la verborrea legal engaña y difunde una concepción errónea de lo es la “información”. La ley de 2002 tiene una sección dedicada precisamente al “control” de la información y de la “sociedad de la información”. El objetivo era —más bien— el comercio electrónico, lo que aclara un poco las verdaderas intenciones de aquella ley: se trata del mercado, de capitalismo puro y duro, algo que tiene poco que ver con la información.

Desde la aprobación de aquellas leyes son muchos los que aseguran que, gracias a internet, ahora hay más información que antes. Algunos llegan a hablar de “transparencia” y otros de “infoxicación” por un exceso de datos que, además, no son relevantes en buena parte, pero nadie explica por qué en internet hay algunos datos —o muchos— que no les interesan en absoluto. Es muy posible que lo que a algunos no les interesa, sea precisamente lo que nos interesa a otros.

El exceso va de la mano del defecto porque también hay mucha información que no está en internet sino en libros o periódicos cuyas noticias duermen y llenan de polvo cualquier biblioteca o archivo. Nadie se interesa por ellas y nadie se ha tomado la molestia de digitalizarlas y ponerlas en un servidor de internet para que todos las puedan leer.

Hay mucha información de algunas cosas y muy poco de otras. En cualquier caso, el hecho de que haya más información no significa que estemos más o mejor informados. Más información significa que el lector necesita más tiempo para informarse. Pero, ¿acaso dedicamos ahora más tiempo a informarnos que antes?

Si hay abundancia por un lado y carencia por el otro es porque la información no es neutral, no está toda ella en un mismo plano. Cuando alguien supone que en la actualidad las nuevas tecnologías permiten acceder a la información (a toda ella) más fácilmente confunde lo posible con lo real. La información no es sólo la recepción pasiva de noticias sino una actividad dirigida. Realmente sólo se informa quien busca, no quien recibe lo que otros le muestran. Para encontrar información hay que buscarla y eso exige un método: qué es lo que hay que buscar, en dónde hay que buscar y cómo.

La inmensa mayoría de la información no aparecerá nunca porque casi nadie la buscará. Se avanza muy poco poniéndola en un servidor cuando todos miran hacia otro lado. Para ver algo hay que mirar hacia el sitio en el que está.

La sociedad de “la información” oculta muchas obviedades, como la de que no todos tienen un ordenador, ni conexión a internet. Si eso es evidente, no lo es tanto que la inmensa mayoría de quienes lo tienen no buscan o no saben buscar: reciben la “información” ya empaquetada y lista para el consumo. Incluso si lo que otros nos cuentan fuera verdad, como los ataques químicos del gobierno sirio, siempre hay una parte de la información que no aparece y a una parte la llaman por el todo.

Como la información nunca es neutral, la parte que no aparece no siempre es la misma, cambia en función del asunto. Hay determinados asuntos en los que todo es mentira, como lo que concierne a la URSS. Hay otros en los que la parte emergente es sólo la punta del iceberg de algo mucho mayor. Finalmente, también hay información con sobredosis, como el fútbol, por ejemplo.

Aunque haya mucha información disponible, en internet dependemos de técnicas, como los buscadores, de los que hay decenas de ellos, todos diferentes, que suministran diferentes enlaces en un orden también distinto. Sin embargo, ocurre como en las noticias: de todos los buscadores disponibles sólo se utiliza uno, que es siempre el mismo, Google, al que han elevado a los altares y nombrado “santo” como si estuviera muy cerca de dios en la sociedad de “la información”.

Un buscador no es diferente de un telediario. También muestra un paquete selecto de enlaces que, además, está escalonado en millones de pequeñas referencias puestas sucesivamente una detrás de otra. La inmensa mayoría de los que buscan jamás van más allá de la media docena de fragmentos de esa “información” que alguien les ha puesto delante de sus narices y, desde luego, nadie se preocupa por recurrir a un segundo buscador si esa “información” no la considera suficiente.

En internet no sólo hay sitios para informarse sino sitios para informar, de manera que hoy casi cada usuario se ha convertido en un informador que tiene su blog, su perfil en una red social o su foro para emitir su información, lo cual multiplica cuantitativamente la misma. Hoy “mirar” en internet es como buscar una aguja en un pajar. Aunque sepamos que la información está ahí, no la podemos encontrar y nos topamos con la paja, eso que los expertos llaman “ruido”, tópicos la mayor parte de ellos y, desde luego, el mejor ejemplo de lo que es la ideología dominante, es decir, numerosos (des)informadores que sirven como altavoces de ella, una misma mercancía suministrada de millones de maneras diferentes. La Wikipedia no es más que un compendio de eso.

Hoy Descartes se sorprendería por algo que es la negación misma de lo que en su “Discurso del método” consideraba como ciencia: colecciones de tópicos que se repiten a sí mismos por todas partes, que se compendian en una enciclopedia de esas que llaman “de referencia” porque casi todos la consideran como “la verdad” o por lo menos como “información” sobre ella. Descartes pensaría —con razón— que sitios como la Wikipedia han acabado definitivamente con la ciencia.

Como buen mercado capitalista, lo que internet crea son marcas comerciales, “imágenes” de mercancías, de empresas y de personas que viven de ellas. Resulta obvio recordar que una imagen no es información sino una manipulación de la misma y por eso los políticos o los artistas utilizan internet para aparentar algo que no son y ocultar lo que sí son. Como ni siquiera son capaces de hacerlo por sí mismos, esas personas contratan a expertos para hacer lo mismo que dios: crear nuevos seres a imagen de sí mismos.

Todos esos fenómenos son bastante conocidos, y sin embargo se olvidan fácilmente, sobre todo en esos debates en los que siempre hay alguien que, como en la película “Matrix”, pone al mundo virtual en el sitio del mundo real. Cree que invoca a la realidad o a los hechos como demostración de lo que defiende porque lo ha leído en la Wikipedia, en internet o en un blog.

Lo mismo que en el mundo real, en el virtual hay muchas informaciones que los buscadores tienen en sus bases de datos pero no las muestran a los lectores, y lo que es peor: hay instituciones públicas, como el propio Boletín Oficial del Estado, empeñados en ocultar determinados aspectos de la realidad, como los indultos concedidos a los corruptos. Es como si fueran indultados dos veces: primero no van a la cárcel, y segundo, extraen una parte de su biografía del conocimiento público. En España-Matrix parece que la corrupción nunca hubiera existido.

El Boletín Oficial del Estado no se creó para ocultar sino para lo contrario: para hacer públicas las decisiones que toma el gobierno. Con ser importante eso no es lo peor: lo más significativo es que la publicación de un indulto es obligatoria por ley. Sin embargo, hay miles de páginas oficiales sustraídas a los buscadores. Casi una cuarta parte de ellas son indultos aprobados por el gobierno a los condenados por corrupción.

Lo que no “está” en internet es como si no existiera; lo que no está en un boletín oficial tampoco. Está pero no está; está como si no estuviera. Encima siempre hay que aguantar que alguien asegure que la censura ya no existe. Nunca ha habido más censura que en los tiempos de la sociedad de la “información”.

Es posible que los lectores hayan oído hablar muchas veces de que ahora, por fin, es posible acceder a más información que antes, pero habrá oído mucho menos decir que también hay más censura que nunca. ¿Por qué nadie habla de la censura? Si el lector estuviera tan bien informado debería saber que el Boletín Oficial del Estado no muestra a los buscadores determinado tipo de información y, además, le deberían haber explicado el motivo por el cual se le pretende ocultar. Finalmente, ese mismo lector debería saber buscar eso de lo que no quieren que se entere.

¿Es así?

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