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La lucha por la autodeterminación está enfilada contra el imperialismo (1)

La limpieza étnica en los Balcanes
Un lector comenta nuestro artículo sobre la creación de la Gran Albania, que nosotros calificamos como “anexión” y no como autodeterminación. Para suplir nuestra ignorancia nos recomienda que leamos una obra de Lenin sobre la autodeterminación y lanza al aire varias preguntas retóricas. Para nosotros la principal de ellas es la que compara a Kosovo con Crimea. Consideramos que es errónea, lo mismo que las demás, y vamos a centrarnos en ella exclusivamente.

El derecho de autodeterminación concierne a todas las naciones y ni Kosovo ni Crimea lo son. A partir de aquí, no hay similitudes entre un caso y otro, por lo que las comparaciones históricas son verdaderas piruetas intelectuales que conducen a complicar un análisis, como la cuestión nacional, que ya es complicada de por sí, al intervenir factores históricos, culturales, económicos, jurídicos, políticos, etc.

Es, pues, el típico debate que conduce al infinito desde el primer momento, sobre todo cuando no se aborda el fondo de la cuestión y, como consecuencia de ello, no hay un posicionamiento de cada cual que, como decía Stalin, en la época actual, la imperialista, para un revolucionario sólo puede conducir a entender el movimiento de liberación nacional, en cualquier parte del mundo, como una lucha contra el imperialismo y no como parte de un nuevo reparto del mundo.

La autodeterminación significa que las naciones y las colonias dejan de ser objetos para convertirse en sujetos, protagonistas de sus propias decisiones. No significa que dejan de ser objetos de unos (imperialistas) para convertirse en objetos de otros (igualmente imperialistas). Dicho con otras palabras: si los movimientos de liberación nacional no se enfrentan al imperialismo acaban siendo un juguete de los cambalaches entre los imperialistas por trocear y repartirse el mundo, y eso por más justa que sea su causa. Los marxistas estamos a favor de lo primero y en contra de lo segundo.

Pero ni en Kosovo ni en Crimea hay ninguna nación ni, por lo tanto, derecho de autodeterminación. Pero ese no es el peor de los errores. Lo realmente importante es que la Guerra de los Balcanes, lo mismo que la de Ucrania, no tuvo su origen en la autodeterminación de nadie, de que ningún país, tuviera o no tuviera derecho a ello.

Hay que tener mucho cuidado en este tipo de análisis porque si no se elaboran correctamente, conducen a ponerse a favor del imperialismo en nombre del marxismo, de la revolución o del derecho de autodeterminación de las naciones, que es lo que vemos con tanta frecuencia en la actualidad en ciertos círculos políticos de los que cabía esperar otra cosa.

La Guerra de los Balcanes es un ejemplo, como otros, de las agresiones que el imperialismo viene poniendo en marcha desde la caída del Telón de Acero en 1990 contra determinados países, y lo más curioso es constatar que ante tales hechos hay quien pone el foco de su atención en dichos países, escamoteando la intervención del imperialismo que, como es fácil comprender, es la fuerza fundamental sobre el escenario.

No sabemos si los lectores estarán de acuerdo o no con esto, pero nosotros pensamos que así es, por lo que consideramos que Yugoeslavia y luego Serbia fueron víctimas de una agresión imperialista y no los agresores. Nos parece inaudito que después de una guerra criminal que ha destruido un país, sigamos poniendo nuestro dedo acusador sobre dicho país, juzgándole y poniendo en primer plano sus defectos, sus crímenes o los de sus dirigentes. Nos parece más inaudito aún cuando los efectos de dicha guerra permanecen y Serbia sigue siendo un país tratado como paria, especialmente por la Unión Europea, a pesar de todas las pruebas de sumisión que viene mostrando desde hace muchos años.

Cualquier marxista debería poner los aspectos fundamentales de una situación en primer plano. Ahora bien, cuando se empieza alegando por el final, cuando se mezcla el pasado con la actualidad, se traen a colación los mil y un agravios cometidos por los titistas contra Kosovo y contra Albania o cuando se afirma que también los serbios practicaron la limpieza étnica, es porque hay un desenfoque total, por más ciertas que sean, y sus consecuencias prácticas son nefastas, ya que conducen a lavar la cara al imperialismo.

El vicio es siempre el mismo y aquí lo sabemos desde la guerra civil, en donde los estrábicos ponen en el primer plano a “unos y otros” pasando por alto que los unos eran fascistas mientras que los otros eran todo lo contrario, y también cometieron errores, no eran puros y no siempre actuaron de manera ideal, correcta y acertada.

Lo que diferencia a los marxistas es que no tienen una concepción metafísica de las guerras, no ponen a todas las guerras en el mismo plano, sino todo lo contrario. No entienden de “unos y otros”, del “todos ellos cometieron crímenes”, “son todos iguales” y demás.

En todas las agresiones imperialistas que se vienen produciendo desde la caída de la URSS, como en el caso de los Balcanes, o en el de Ucrania, o en el de Siria, nuestro punto de vista nos conduce a ser tildados de proserbios, o prorrusos, o assadistas, porque defendemos a los países que son víctimas de una agresión, y los que viven de poner etiquetas a los demás quieren sacar el foco de la atención del imperialismo y de sus crímenes, lo que —desde nuestro punto de vista— les convierte en sus cómplices.

Otras veces nuestros puntos de vista y posicionamientos se tachan de geopolíticos o geoestratégicos, a pesar de que son términos que nosotros no empleamos. Al parecer pretenden que pongamos el acento en Kosovo, en Crimea o en Kurdistán, y que esa sea la vara de medir. Es un vicio introducido como consecuencia de la desaparición de la Internacional Comunista y, con ella, de la manera correcta en la que se debe analizar cualquier problema en la época actual, que es la imperialista, a pesar de que los comunistas deberían saber que su propia historia, empezando por la Revolución de 1917, no se puede entender fuera de ella. Quizá lo que nos quieren aconsejar es que, a la manera usual, nos enfanguemos en el lodazal de la Púnica, la Gürtel o la Operación Lezo, es decir, en el fango de la politiquería, que es la misma en Prístina que en Madrid.

En una entrada posterior seguiremos con otro capítulo relativo a la incorporación de Crimea a Rusia.

La ruptura entre los países del Golfo profundiza la crisis del imperialismo en Oriente Medio

El bloqueo contra Qatar ha roto la unidad entre los países del Golfo, profundizando la crisis del imperialismo en Oriente Medio y redistribuyendo de nuevo los naipes. La conclusión es obvia: quienes desde la Primavera Árabe de 2011 han sembrado vientos, recogen ahora tempestades. La desestabilización se vuelve contra sus patrocinadores, poniendo a todos ellos contra las cuerdas.

Es la crisis diplomática más grave que ha registrado el mundo árabe en los últimos 40 años, una región donde las crisis se suceden unas a otras. Ha bastado una visita de Trump a Riad para que se rompan todas las costuras sólo 15 días después.

En la prensa árabe hablan sin tapujos de una “nueva Guerra del Golfo”, de que los saudíes están dispuestos a invadir militarmente Qatar, de una forma parecida a como Irak lo kizo con Kuwait en 1990. Lo que no cabe duda es que los sátrapas saudíes persiguen la destitución de sus vecinos, los Al-Thani. En las redes sociales ha aparecido un fantasmagórico “Frente de Liberación de Qatar”.

Pero en una superproducción taquillera los actores de reparto no pueden velar al protagonista principal, Trump, que ha puesto en marcha la liquidación de la política de su antecesor, Obama, de apretar las clavijas a los saudíes y, al mismo tiempo, tender la mano a Teherán.

Las prioridades de Trump son las contrarias. En Washington han cometido la torpeza de poner los huevos en una única cesta, Riad, que está a punto de romperse. La economía saudí no se sostiene y el contrato de compraventa de armas tiene cifras tan mareantes que es difícil saber cómo van a pagar la factura los jeques.

Los únicos beneficiarios del contrato son los traficantes de armas, gracias a los cuales Trump pretende salvaguardar la única industria en la que Estados Unidos es pionera: la bélica.

Precisamente por eso, los tuits de Trump tienen un escollo importante que salvar: su base aérea regional está en Al-Ueid, o sea, en Qatar, y alberga a 10.000 soldados que no pueden ir a niguna otra parte, por más que Emiratos Árabes Unidos lleve tiempo proponiéndolo desde hace años, y es que esto se veía venir.

La Guerra de Siria ha supuesto un punto de viraje en Oriente Medio. Con el apoyo de Rusia, el “eje de la resistencia” ha desbaratado los planes del imperialismo y todo se desmorona como un castillo de naipes. Querían aislar a Irán y han quedado aislados. Sus proyectos no les van a ir mejor en otros países, como Siria o Yemen, donde tienen las guerras perdidas.

Turquía no rompe con Qatar; Argelia tampoco. Egipto es un caso singular. Es un país que vive traumatizado por la Primavera de 2011, el triunfo electoral de la Hermandad Musulmana (propiciado por Qatar), el posterior golpe de Estado militar y la ola de yihadismo que sacude al país, especialmente en el Sinaí, casi se puede decir que aplaudida por Al-Yazira, el portavoz oficial de la familia Al-Thani.

A Egipto le ha llegado la hora de la venganza, a pesar de que 300.000 egipcios trabajen en Qatar. Lo mismo que otros países árabes que siempre estuvieron en la primera línea (Irak, Siria), Egipto ya no es lo que era. El imperialismo ha logrado destruir a los países árabes que desempeñaron un papel más importante en la segunda mitad del siglo pasado.

Si a ellos añadimos la Libia de Gadafi, obtenemos un panorama más completo de la manera en que el protagonismo árabe ha pasado de los países más avanzados (Egipto, Irak, Libia, Siria) a los más retrógrados, monarquías del Golfo Pérsico como Arabia saudí o Emiratos Árabes Unidos. El yihadismo no es más que una consecuencia de ese cambio, propiciado por las grandes potencias imperialistas, naturalmente.

Sin embargo, la Guerra de Siria es su gran fracaso y el acontecimiento que en el futuro seguirá marcando el rumbo de los acontecimientos en Oriente Medio.

La islamofobia como construcción ideológica de los imperialistas de ayer, de hoy y de siempre

La intoxicación mediática funciona por inundación, según una conocida frase de Goebbels cuyo origen, sin embargo, estuvo en Estados Unidos. Es como cualquier otro abuso, de alcohol o de drogas: una pequeña dosis, una información sesgada, conduce a la pérdida del sentido de la realidad y a asociaciones de ideas que operan automáticamente en las neuronas de millones de personas en todo el mundo.

Así, por más que los medios asocien las matanzas terroristas al islam, es falso. La inmensa mayoría de ellas no tienen que ver con el islam, ni con los musulmanes, como demuestra la base de datos que desde 1970 la Universidad de Maryland mantiene sobre la violencia política y religiosa en el mundo.

Es posible concretar mucho más. Por ejemplo, en 2011 un nazi noruego, Anders Behring Breivik, mató él solito a 76 personas y nadie explicó el motivo de tal masacre: su gobierno se disponía a reconocer al Estado palestino en la inminente Asamblea General de la ONU que estaba a punto de reunirse.

Más que un atentado del islam se trataba de un atentado contra el islam o, por lo menos, contra los palestinos, o contra el conjunto del mundo árabe.

También es posible acercar aún más la lupa a aquella orgía de sangre, cuantitativamente mucho mayor que la que ha padecido Reino Unido en los últimos días. En su manifiesto, al que casi nadie prestó atención, a pesar de que lo puso en internet antes de cometer su crimen, el nazi cita repetidamente a Bat Ye’or, el seudónimo con el que Gisèle Littman-Orebi escribió en 1981 su obra “Le Dhimmi”.

Littman-Orebi ha lamentado que el nazi utilizara su obra como justificación del crimen, porque se produce una asociación de ideas, otra más, que choca con las muchas que ya inundan nuestra cabeza: aunque nacida en El Cairo, la escritora es judía. El seudónimo Bat Ye’or es hebreo y significa “La Hija del Nilo”. ¿Se inspiran los nazis en escritos de los judíos?

Incluso para aquellos que aborrezcan a los nazis, es apasionante adentrarse en esa y otras obras de “La Hija del Nilo” porque encontrará muchas reminiscencias de la islamofobia que hoy se pueden leer en cualquier medio de comunicación de gran tirada, o en las tertulias, o en las redes sociales.

Aunque la autora se suele declarar “apátrida”, es mentira: tiene nacionalidad británica y vive en Suiza. En la obra que inspiró la masacre de Oslo, denuncia la esencia de la paranoia islamofóbica, esa supuesta absorción progresiva de Europa por el mundo árabe que engendrará una entelequia a la que denomina “eurabia”. Para ser más exactos todavía: incluso en el título de sus obras, Littman-Orebi utiliza continuamente el neologismo “dhimmitud” que significa la sumisión de los no musulmanes al islam.

La autora atribuye el término al político libanés Bashir Gemayel, asesinado  casi al mismo tiempo que aparecía aquel libro. Pero Gemayel reunía en su figura dos condimentos que tienen poco que ver con la “dhimmitud”: primero, que no era musulmán sino cristiano, y segundo, que fue Presidente del Gobierno de su país, un cargo nada propicio a la sumisión. En plena guerra civil libanesa, Gemayel más bien representaba todo lo contrario: no la sumisión al islam sino la sumisión del islam dentro del mismo mundo árabe.

¿O he entendido mal y Gemayel y su partido falangista a quien eran sumisos era al imperialismo y al sionismo?

Sigamos tratando de esclarecer un poco las cosas: la muerte de Gemayel fue el magnicidio de un cristiano (libanés) cometido por otro cristiano (también libanés), es decir, que nada tenía que ver con su religión porque, aunque se empeñen en decir lo contrario, las religiones tienen muy poco que ver con este tipo de asuntos.

En internet existen dos nombres de dominio, http://www.dhimmi.org/ y http://www.dhimmitude.org, en los que uno se entera de que el neologismo procede del árabe, donde significa “proteger” o, más bien, “protectorado” si le queremos dar un significado un poco más preciso, jurídico. Durante los mil años de expansión árabe (638-1683), los conquistadores (árabes, musulmanes) imponían tratados, naturalmente inicuos, a las poblaciones sometidas (que no eran árabes, ni musulmanas) que, lo mismo que la mafia, otorgaban protección (“dhimma”) a cambio del pago de un precio (un impuesto llamado “yizia” en árabe).

Resumiendo: eso es feudalismo puro y duro, algo que a lo largo de la historia han impuesto todos los conquistadores a sus víctimas, cualesquiera que fuera la religión de unos o de otros (y si opinan lo contrario, pregunten a los americanos).

Lo mismo que todas las tendencias islamófobas que corren por los medios, “eurabia” pretende enfrentar a las dos orillas del Mediterráneo, naturalmente con el objetivo de preservar al Estado de Israel y la criminal política imperialista en Oriente Medio.

Es inútil que el lector busque en internet alguna información en castellano sobre tan vidrioso asunto, pero todo se originó en 1973 con la guerra que los israelíes llaman del Yom Kippur y los árabes del Ramadán, cuando se acabó la era del petróleo barato y los países europeos se vieron obligados a iniciar una nueva política de acercamiento a los países árabes (para sacudirse la tutela de Estados Unidos, entre otras razones).

Para “La Hija del Nilo” aquello era una claudicación en toda regla por parte de Europa: a cambio de petróleo barato, los europeos estaban dispuestos a abrir las puertas a los árabes y, por lo tanto, al islam, una religión que es sinónimo de fanatismo, que no conoce la moderación ni la tolerancia (a diferencia de los judíos o los cristianos). Los que opinamos lo contrario, somos unos ingenuos, ignorantes o incluso algo peor: traidores.

Nosotros —los traidores— somos los continuadores de otra traición, la del mito del Conde Don Julián, el de la batalla de Guadalete que en el año 711 abrió las puertas de España a los “moros” para que nos invadieran. El romancero está lleno de canciones sobre aquella “desgracia” que, durante siglos, ha recorrido los pueblos de la península de boca en boca. La España rancia, inquisitorial y fascista es la antiyihad; vivimos rodeados de “matamoros” por todas partes.

Puntualmente, desde 2007 los nazis convocan todos los años concentraciones en Aarhus, un pueblo de Dinamarca, con la excusa de la defensa de una supuesta identidad europea. Nunca ha habido nadie más europeo que los nazis, aunque en Aarhus apenas agrupen a 200 matones. Frente a ellos, los antifascistas convocan a 4.000, veinte veces más, en el mismo sitio a la misma hora, pero los primeros tienen a la prensa a su lado y de los segundos no habla nadie.

Además de Aarhus, los nazis europeos han convertido a Israel en su “Meca” particular. Desde 2011 también han iniciado sus propias peregrinaciones a Jerusalén (Al-Quds en árabe). El primero de ellos, Louis Aliot, número dos del Frente Nacional francés, se justificaba ante sus fieles diciendo que no es posible luchar contra la islamización de Europa y, al mismo tiempo, tomar partido por los árabes en Oriente Medio.

Aparentemente, los nazis, los fascistas, e incluso nuestros franquistas, siempre fueron antisemitas. No obstante, ahora parece que quieren expiar sus culpas por el “holocausto” congraciándose con “los judíos”. Pero no nos dejemos confundir de nuevo: aquí no hay moros, ni judíos, ni cristianos. No hay otra cosa que imperialismo y una tortuosa manera de justificar sus crímenes (los de antes, los de ahora y los de siempre).

En 2005 Bat Ye’or publicó su última obra “Eurabia: el eje euro-árabe” en la que sigue empeñada en convertir el Mediterráneo en un lodazal y en un mar de sangre. “Bat Ye’or escribe artículos en revistas de todo el mundo y concede entrevistas a la radio y a la televisión, además de haber pronunciado conferencias en el Congreso de los Estados Unidos y en la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas”, afirma la Wikipedia.

Nada de eso me sorprende en absoluto. Como no podía ser de otra forma, todos beben de las mismas fuentes (aunque el agua no sea potable). La obra de Bat Ye’or no sólo ha conseguido un renombre mundial entre los nazis, sino que “sus obras son ampliamente citadas y muy valoradas entre los medios de la lucha contra el terrorismo”, o sea, entre la policía, los servicios secretos, la inteligencia y el espionaje, confiesa la Wikipedia.

Tampoco eso me sorprende.

El proyecto de crear la Gran Albania se pone en marcha la semana que viene

El 11 de junio se celebran en Kosovo las primeras elecciones y los sondeos dan como vencedores a los fascistas de “Autodeterminación”, en cuyo programa está el inicio de negociaciones con Albania para completar la tarea de destrucción iniciada por la OTAN en los Balcanes hace 25 años: la creación de la Gran Albania.

Está previsto que el criminal de guerra Ramush Haradinaj, presidente de la Alianza por el Futuro de Kosovo, asuma las más elevadas funciones dentro de la nueva Albania unificada con Kosovo, previa convocatoria de un referéndum. Los imperialistas apoyan el plan fascista de los kosovares, lo mismo que apoyan los albaneses: en 2014 Bruselas confirmó la candidatura de Albania para ingresar en la Unión Europea.

El plan es debilitar a los países de la región que pretenden mantener una posición independiente, especialmente Serbia, que se niega a incorporarse a la OTAN.

La Gran Albania no sólo estaría formada por la “pequeña” Albania y el actual engendro kosovar, sino que al nuevo Estado se incorporarían localidades enclavadas actualmente en Servia y pobladas mayoritariamente por albaneses. Se trataría de una nueva “limpieza étnica”. Jonuz Musliu, alcalde de Presevo, en Serbia, poblada de los albaneses, destacó la necesidad de unir las zonas del sur de Serbia —Presevo, Bujanovac, Medvedja— a los territorios de Albania y Kosovo y el ministro de Trabajo de Serbia, Alexander Vulin, calificó su declaración de llamamiento abierto al inicio de la Tercera Guerra de los Balcanes.

Es la terminología propia de la región desde hace mucho tiempo. En abril de este año el diario Informer decía que Erdogan era partidario de la Gran Albania y que estaba preparando militarmente a los gobiernos de Tirana y Pristina para ello. Agentes del servicio secreto turco entrenan a los albaneses para una nueva guerra, se compran armas, cohetes antitanques y se diseñan planes para ocupar el norte de Kosovo ciertas partes de Macedonia.

La preocupación condujo el mes pasado a una reunión entre Putin y el serbio Aleksandar Vucic en Pekín. La Constitución albanesa otorga al gobierno de Tirana un supuesto “derecho” a proteger los intereses de sus ciudadanos en el extranjero, un llamamiento puro y simple a la anexión de las regiones vecinas.

La idea de la Gran Albania apareció en el siglo XIX por los miembros de origen albanés de la masonería europea, que contaban con el apoyo del colonialismo. No es diferente del pangermanismo o el panturquismo. Consistía en la reunificación de todos los territorios donde la mayor parte de la población era de origen albanés. Son varias regiones en el noreste de Macedonia, el sur de Montenegro y de Serbia, partes de Kosovo y el norte de Grecia.

Por cierto, hablando de Grecia… el que siembra vientos recoge tempestades. Aproximadamente un tres por ciento, unos 58.000 habitantes de Albania, son de origen griegos y cuentan con varios representantes en el Parlamento, uno de ellos vinculado al partido nazi Amanecer Dorado. Entre los griegos de Albania ha aparecido el Movimiento por la Independencia del Epiro del Norte, zona fronteriza entre los dos países, de mayoría griega, donde ya han empezado las escaramuzas a tiros entre unos (griegos) y otros (albaneses).

La Gran Albania no es ninguna quimera. En 1941 Kosovo ya formó parte de Albania, que en aquel momento estaba bajo el protectorado de la Italia fascista. Con uno u otro nombre, lo que la Unión Europea promociona en los Balcanes es exactamente eso: el fascismo de siempre.

Lo mismo promociona la OTAN, naturalmente. La foto de octubre de 1999 muestra al general estadounidense y comandante supremo de la OTAN Wesley Clark (a la derecha) saludando al jefe de la misión de la ONU en Kosovo, el francés Bernard Kouchner (de civil), y al capataz de UÇK, Hasim Thaçi (a la izquierda).

Un informe de la asamblea parlamentaria del Consejo de Europa acusa a Thaçi, primer ministro de Kosovo, de participar en el tráfico de órganos, provenientes sobre todo de prisioneros serbios, uno de tantos negocios organizado por los mercenarios albano-kosovares de UÇK.

El criminal Thaçi, con el delegado de la ONU y el capo de la OTAN

La estrategia de China para ponerse a la cabeza del capitalismo mundial

En el sur de China, una isla fue convertida en un megacentro de alta educación que alberga 10 universidades en las que estudian 120.000 alumnos. Fue construida en un año y medio y cuenta con una línea directa de metro con la ciudad de Cantón (Guangzhou). Fue dotada con la más avanzada tecnología de la información, con laboratorios de última generación, con espléndidas bibliotecas y con un estadio olímpico para practicar deporte. Además, da cabida a 50 centros de investigación dedicados a áreas punteras del “management”, las tecnologías de la información, la medicina o la ingeniería. Y no es más que uno de los ejemplos, señalaba en 2011 Phillip Brown, profesor de Ciencias Sociales en la Universidad de Cardiff, y coautor, junto con Hugh Lauder y David Ashton, de “The Global Auction” (Oxford), de cómo China invirtió gran parte de su superávit en formar profesionales muy cualificados.

No era un intento de ascender en los “rankings” educativos, sino la expresión de un plan para dotar a China de aquello de lo que carecía: trabajadores cualificados, mandos intermedios y directivos globales. La potencia asiática no solo está tratando, mediante planes como “One Belt, One Road” [la nueva Ruta de la Seda], de dotar de recursos que asienten a un país demasiado dependiente de la globalización, sino que en él se deja sentir un deseo de reconquista, de volver a ser quien siempre ha sido. Como asegura Lourdes S. Casanova, la española que dirige el Instituto de Mercados Emergentes de la Universidad de Cornell, “China pretende restablecer el poder comercial perdido, ese que tuvo hasta hace 200 años. Considera que estos dos siglos no son más que un paréntesis. Y ahora trata de recuperar su presencia mundial a través del ‘soft power’, como hizo EEUU antes”.

Según Casanova, basta con mirar la lista “Fortune” —en la que se incluyen las 500 mayores empresas del mundo— para encontrarnos con pruebas de su éxito. “Hace 10 años, había en el ‘ranking’ 180 empresas estadounidenses. Hoy son 130 por 103 chinas”.

Este desarrollo tiene que ver con un cambio de mentalidad sustancial: el país asiático basaba su crecimiento en la mano de obra barata y en la copia de productos de éxito. Pero, además de sacar partido de esa posición, como bien aseguraba Jack Ma, ahora están innovando. “State Grid, la segunda mayor empresa del mundo en ventas detrás de Wal Mart, ha conseguido triunfar gracias al desarrollo de un sistema en los electrodomésticos que permite paliar los problemas de transmisión de electricidad, y firmas como Tencent, Alibaba o We Chat son muy importantes en su sector por su tecnología”.

El momento es crucial, porque coincide con el paso atrás global de EEUU, y China está ocupando los espacios que ha dejado vacíos. El país asiático está invirtiendo (por orden de importancia) en Asia, Latinoamérica, Europa, EEUU y África. “Pero si miramos los datos de fusiones y adquisiciones”, señala Casanova, “Europa es la región en que más está invirtiendo, ya que aquí consigue tecnología y logística”. El Mediterráneo es una zona de especial interés para los chinos, “que adquirieron puertos griegos, ya que al entrar por el canal de Suez pueden llevar mejor sus productos a Europa del Este, y ahora los están comprando en España para tener una buena entrada hacia Europa desde el sur, lo que iría en detrimento del puerto de Róterdam. Además, China está invirtiendo muchísimo en infraestructuras”.

El plan “One Belt, One Road” prevé una inversión global de 900.000 millones de euros para reconstruir la Ruta de la Seda. Además, el país asiático está planeando otros proyectos de gran envergadura, como el tren transoceánico que iría desde Santos (Brasil) hasta el Pacífico. Ha creado el Banco Asiático de Inversión en Infraestructuras para evitar que el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional intervengan en sus áreas prioritarias. Pero todos estos planes se diferencian en un punto básico de la actividad estadounidense y de su Plan Marshall: “China es ahora el mayor socio comercial de 100 países, pero no hay correspondencia con muchos de ellos, ya que los chinos no compran sus productos ni reciben inversión”.

Esta recreación del imperio es posible por muchos factores, pero hay dos en los que no se suele insistir lo suficiente. El primero es el relacionado con su mano de obra: “China es un país con una diáspora tremenda y a partir de 2008, consciente de sus déficits, incentivó mucho la vuelta del talento científico, innovador y de gestión que le faltaba. En muchos casos, si miras a las empresas chinas y sus fundadores, casi siempre te encuentras con algún expatriado que ha vuelto. A la hora de regresar, la compensación económica era importante, pero también el orgullo de poder participar en el crecimiento de su país, ya que los chinos son muy nacionalistas”.

En segundo lugar, su régimen político le facilita orientar a todo un país en la misma dirección. Como señala Georgina Higueras en “El nuevo orden chino”, los dirigentes asiáticos están convencidos de que su sistema meritocrático no tiene nada que envidiar al democrático, y se ajusta más a los países en vías de desarrollo. China no pretende exportar su modelo, pero no tiene reparos en colocarse al frente de un “nuevo orden internacional más justo y razonable”, como afirmó Xi Jinping. Ese régimen centralizado le permite muchas ventajas a la hora de implantar su estrategia, de desarrollarla y de mantener cohesionados a actores públicos y privados. “En China, todos trabajan a una: la universidad, las empresas, el Estado y sus funcionarios”, asegura Casanova.

Pero las intenciones chinas, que son bien vistas desde Europa (no es extraño que, por primera vez, el discurso inaugural de Davos fuese pronunciado por el presidente chino, mientras que apenas hubo rastro de Trump y de los suyos), también pueden constituir una amenaza. El país asiático cuenta con recursos, iniciativa y cohesión. Puede presentar debilidades, pero su papel en el contexto global cada vez es más importante, justo al mismo tiempo que el de la UE se hace más pequeño. Y en esta guerra por situarse en el nuevo mapa geopolítico global que se está librando, la debilidad europea (notables diferencias internas, falta de acciones coordinadas, endeblez militar y una política económica y monetaria que beneficia principalmente a Alemania) es notable. En ese contexto, China puede ser un socio o un problema.

http://www.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/2017-06-06/por-que-china-compra-puertos-espanoles_1394330/

Emiratos Árabes Unidos coordina su política exterior con Israel

El embajador emiratí Yusef Al-Otaiba
Los piratas informáticos han penetrado en los servidores de un equipo de análisis de la política exterior de Washington, llamado “Foundation for Defense of Democracies”, que está estrechamente vinculado a Israel, mostrando que Emiratos Árabes Unidos coordina su política exterior con los sionistas.

Los piratas lograron interceptar los correos de Yusef Al-Otaiba, embajador de Emiratos Árabes Unidos en Washington, que acabaron finalmente en poder de The Intercept (1), el Huffington Post y el Daily Beast, que autentificaron la dirección de correo como perteneciente al referido embajador, así como su contenido.

Siguiendo con el culebrón del momento, los piratas utilizaron una cuenta con la extensión ru, es decir, un dominio perteneciente a Rusia, enviándoselos a DCLeaks que, según denuncian los expertos “made in USA”, es un sitio vinculado al espionaje ruso.

Los mensajes intercambiados ponen manifiesto un estrecho vínculo entre Emiratos Árabes Unidos y la “Foundation for Defense of Democracies”, que es muy sorprendente porque Emiratos no mantiene relaciones diplomáticas con Israel. Sin embargo, en los últimos años ambos países han estrechado relaciones para hacer frente a Irán, según publicó “The National Interest” (2).

Los correos muestran el punto al que han llegado esas relaciones. El 10 de marzo de este año Mark Dubowitz, el capataz de la Fundación, se dirigía al embajador emiratí para entregarle un listado de grandes empresas multinacionales que invierten en Irán, Arabia saudí y Emiratos, así como la nacionalidad de cada una de ellas.

El listado procede de una previa discusión entre ambos para imponer un chantaje, un ultimátum o un embargo de facto a dichas empresas: o trabajan con Irán o con los países del Golfo. Entre dichas empresas se cuentan France Airbus y la rusa Lukoil.

En 2012 Emiratos firmó un contrato con AGT Internacional, una empresa de seguridad ligada al Mosad, para instalar cámaras de vigilancia, vallas electrónicas y sensores de control, tanto sobre las infraestructuras estratégicas petroleras, como sobre la ciudad de Abu Dhabi, la capital de Emiratos Árabes Unidos.

La normalización de relaciones entre Irán y las potencias imperialistas de primera línea está cambiando los vectores tradicionales que han regido en Golfo desde hace casi 40 años. Si Estados Unidos se ha visto obligado a cambiar, los países de Gofo se resisten a ello, con consecuencias dramáticas, como las que está viviendo Yemen, o como la reciente ruptura en entre los países del Consejo de Cooperación del Golfo, que han expulsado a Qatar.

La torpeza de un diario como “La Vanguardia” queda ahora de manifiesto cuando el mes pasado publicó titulares como “Los árabes se acercan a Israel” o “Por temor a Irán, los países suníes pactan en secreto con su viejo enemigo” (3). Ni eran los árabes, ni eran los suníes. Desde hace un siglo el secreto de la dominación imperialista es el viejo “divide y vencerás” y las religiones son el mejor factor para implementar esa división.

(1) https://theintercept.com/2017/06/03/hacked-emails-show-top-uae-diplomat-coordinating-with-pro-israel-neocon-think-tank-against-iran/
(2) http://nationalinterest.org/feature/what-does-israel-want-the-uae-14802
(3) http://www.lavanguardia.com/internacional/20160509/401662572146/paises-arabes-sunies-acercamiento-israel.html

El verdadero motivo de la crisis de los países del Golfo es el acercamiento de Qatar a Irán

El verdadero motivo de la crisis de los países del Golfo no es el apoyo de Qatar al yihadismo, sino su acercamiento a Irán, un tema tabú para Arabia saudí… y también para Israel, que es la mano que mece la cuna.

Es cierto que Qatar ha apoyado y financiado el yihadismo y la desestabilización de Oriente Medio, en la misma medida en que también lo ha hecho Arabia saudí, por lo que no puede ser esa la razón de la ruptura entre ambos. Hay que buscarla en otra parte: en Irán.

Ciertos medios de comunicación del Gofo han llegado a decir que Qatar se ha convertido en la puerta de entrada de Irán (1) porque es el único país que mantiene relaciones diplomáticas normales con Teherán, lo cual es un crimen en esa región.

Hoy mismo, como consecuencia de las presiones estadounidenses e israelíes, Qatar ha tenido que expulsar a la delegación de Hamas que había acogido en su territorio.

La reciente visita de Trump a Riad no tenía por objeto exclusivo la venta de armas a la familia real saudí, sino la creación de una especie de OTAN arábiga para estrechar el cerco a la República Islámica (2).

Recientemente el Instituto de Asuntos del Golfo, un equipo estadounidense de análisis, aseguraba que la nacionalidad más extendida entre los miembros del Califato Islámico es la saudí. Sólo en Estados más de 400 estudiantes saudíes se han incorporado a las filas de dicha organización terrorista (3), con la complicidad tanto de Estados Unidos como de Arabia saudí.

Las invasión de Irak, el yihadismo, la destrucción de Libia y la Guerra de Siria son expresiones diversas de la confluencia estratégica del imperialismo estadounidense y europeo con Israel y la familia real saudí, y su objetivo primordial es siempre el mismo: Irán y el llamado “eje de la resistencia” en Oriente Medio, a saber, el gobierno de Damasco y Hezbollah.

(1) http://www.al-monitor.com/pulse/originals/2015/11/iran-qatar-rapprochement-middle-east.html
(2) https://fr.sputniknews.com/international/201705251031531865-qatar-iran-arabie-saoudite/
(3) https://www.gulfinstitute.org/investigation100s-left-american-college-campuses-to-join-isis-camps/

‘Nos dijeron que la revolución es el sueño de todos, pero no: es el sueño de cada uno’

En octubre de 1934, obreros y mineros de Aller a Mieres, de Langreo a La Güeria, salieron de la mina en dirección a Oviedo. Secundaban un movimiento huelguístico auspiciado por los grandes sindicatos, pero su ánimo de subversión tenía un cariz mucho más revolucionario. En Asturias el valor de una vida humana era ya una moneda demasiado devaluada, así que si se dirigían a la capital no lo harían sin armas.

Oviedo no esconde las cicatrices de la revolución que vivió entonces. En algunas de sus calles, aún pueden verse fachadas con agujeros de bala que parecen recién hechos. Sus gentes todavía discuten sobre quién voló la Cámara Santa de la Catedral, quién incendió el teatro Campoamor y quién disparó primero. El debate de una memoria histórica aún viva y con infinidad de lecturas se palpa de forma natural.

En esta ciudad desarrolla Alfonso Zapico la mayor parte del segundo tomo de su trilogía “La balada del norte” que acaba de publicar Astiberri. Esta serie de novelas gráficas parece funcionar como una sola por su solidez narrativa y su complejidad temática, aunque las obras se componen de pequeñas vidas cruzadas .

Alfonso Zapico nace en Blimea y aprende el pasado minero desde su más tierna infancia. Los años lo han llevado ya por muchos sitios, y hoy vive en esa amazonía moderna del cómic y el diseño gráfico que es la ciudad francesa de Angulema. Su obra, además, le ha hecho merecedor de reconocimientos como el Premio Nacional del Cómic 2012 por la estimulante Dublinés. Pero todo el mundo mira su pasado en algún momento.

Él lo ha hecho sobre uno de los episodios históricos más convulsos de su tierra: la Revolución del 34, sangrienta insurrección obrera que para muchos tiene su epítome en tierras asturianas. “Los sucesos de Asturias supusieron en realidad el inicio de la Guerra Civil”, describe el periodista Enric González en el prólogo del libro. Según él, “tanto la insurrección como la brutal represión imprimieron en la Segunda República el clima feroz que dos años más tarde desembocó en una guerra”.

Ese gen de la Guerra Civil es el que nace en el primer tomo de La balada del norte, una novela de una profundidad dramática indeleble. En ella, la historia de Tristán e Isolina, el hijo de un marqués y la hija de minero enamorados en el peor momento, es también la de una Asturias en lucha consigo misma.

Su corte de novela clásica se impregna también en su arquitectura interna: páginas de nueve viñetas, sin apenas juegos formales y con disimulado reciclaje visual. Es una estructura sencilla para un estilo que solo obedece a su narrativa. “Lo que más me importa cuando hago un cómic”, confiesa Zapico, “no es tanto el dibujo como saber lo que quiero contar y saberlo contar bien”.

De ahí que el primer tomo de “La balada del norte” funcione tan bien como novela. Las tensiones obreras y las durísimas condiciones laborales de la minería son el marco en el que, poco a poco, conocemos a personajes que forman parte indisoluble de una revolución en ciernes. Unos por vivir sin mirar y otros por estar hartos de morir. “De fondo siempre está la gran historia”, nos cuenta el autor. “Aquí es la Revolución del 34, pero esta me sirve para hablar de una sociedad y de una forma de vida que no son otra que la de Asturias y su gente”, explica.

Alfonso Zapico asume todas las contradicciones de la revolución en su retrato de la lucha de clases vivida a un nivel muy palpable en la minería asturiana. Como si de una novela dickensiana se tratase, la clase obrera sufre los avatares de un destino que no tiene más remedio que afrontar y que, muchas veces, termina con alguien con las manos manchadas de sangre.

La segunda parte de “La balada del norte” sucede en Oviedo, ciudad que casi terminó arrasada en el 34. Esta vez, la guerra y la acción sustituyen el fuego lento que había hecho hervir la primera parte. Aquí ya no hay medias tintas: la gente muere en las calles de la capital asturiana. Y, sin embargo, son varios sus envites. El más obvio es un aumento considerable de la experimentación en su dibujo, que cada vez juega más con sus viñetas, con las formas que lo componen y con el poder visual de una revolución.

La experimentación también crece a nivel narrativo, abordando con elegancia la guerra vivida a muchos niveles. “Quería retratar dos frentes: el que se da en exteriores o campos de batalla, y el que vemos en interiores, entre las paredes de una casa”, nos cuenta Zapico. “En el primero hay gente que se dispara y se mata mutuamente, pero en el segundo se da otra lucha muy distinta y muchas veces más visceral”, asegura.

Así, Zapico no se queda en la epidermis del conflicto y aborda algunos de los temas que llevaron al fracaso de la revolución. La falta de cohesión de la clase obrera fue una de ellas, pero no la esencial. El socialista discutía con el anarquista y el minero con el operario ferroviario, pero también había conflictos que superaban lo político: el vecino de San Martín no se hablaba con el de Mieres, el de El Entrego miraba por encima del hombro al de La Güeria. E incluso en la casa de cada uno, el seminarista se llevaba a matar con su hermano comunista.

“Esto de la Revolución es una milonga, porque nos dijeron que era el sueño de todos”, confiesa uno de los personajes, “pero era mentira. Era el sueño de cada uno”.

A la espera de la tercera y última parte, no sería descabellado decir que “La balada del norte” es la gran novela gráfica asturiana de nuestro tiempo y el de Alfonso Zapico, pues si su obra destila emoción es por que viene de dentro.

“La gente que emigra quiere tener siempre un sitio al que volver, un suelo que pisar”, explica el autor. “Antes de hacer La balada, me di cuenta de que todo lo que yo consideraba que era mi sitio, se me esfumaba debajo de mis pies. Por eso la hice, para tener algo a lo que agarrarme: una identidad y una memoria”, cuenta.

Para él, “la mirada hacia atrás siempre es interesante y suele partir de una voluntad que se despierta en determinado momento“. “Yo no lo busqué. No hago ‘La balada del norte’ con ninguna utilidad práctica definida”, asegura. Aunque añade que “de repente” tuvo “la necesidad de hurgar en el pasado, porque al final uno es de donde viene”.

Alfonso Zapico forma parte imprescindible, desde ya, de una estimulante etapa de la novela gráfica española que se atreve a mirar atrás y a presentar batalla al olvido. Una que engloba el trabajo de autores de varias generaciones, desde Sento Llobell a Paco Roca pasando por  Jaime Martínez y Jose Pablo García. Todos dibujan su pasado para intentar entenderse. De paso, dibujan también el nuestro.

http://www.eldiario.es/cultura/comics/balada-norte-entranas-Revolucion-Asturias_0_649885013.html

Ande yo caliente y ríase la gente

B.

Dimite Moix, Fiscal Anticorrupción por su offshore en Panamá con lo cual
se demuestra, una vez más, la fortaleza del Estado de Derecho que el pueblo
español se ha dado a sí mismo, igual que la democracia que disfrutamos: el
que la hace la paga, señores.
¿Se le abrirá expediente disciplinario a Moix, como exige la ordenanza
reglamentaria de la carrera fiscal?
Pues no, volverá a la Sala del Tribunal
Supremo cobrando, además, un sueldo que sobrepasa al de Mariano lo que
demuestra, una vez más, por si hacía falta, la generosidad y longanimidad y
nulo rencor vengativo y justiciero de la democracia española que asombra al
mundo mundial y entero y que no nos merecemos.
Seguiremos informando.
Arrivederci.

Aparece muerto un auditor general de la OTAN que investigaba la financiación del yihadismo

Yves Chandelon, auditor de la OTAN
El 16 de diciembre apareció muerto cerca de las Ardenas, en Bélgica, el auditor general de la OTAN Yves Chandelon, que tenía 62 años de edad. Apareció muerto dentro de su vehículo con un disparo en la cabeza y una pistola en la guantera del vehículo.

Su muerte se produjo en fechas cercanas a la batalla de Alepo, la matanza de Berlín y el asesinato de dos diplomáticos rusos, uno de ellos el embajador en Turquía, Andrei Karlov, lo que facilitó que los grandes medios de comunicación lograran eludir la publicación de la noticia.

El lugar en el que fue localizado el cadáver está alejado a 140 kilómetros de distancia, tanto de su oficina como de su vivienda, que estaban en Luxemburgo. El auditor era titular de tres pistolas, pero ninguna de ellas es la que apareció en la guantera del vehículo, aseguró Belg24. El disparo lo tenía en la zona derecha de la cabeza, pero Chandelon era zurdo…

Las circunstancias en las que fue hallado el cadáver han conducido a la familia a sospechar que no se trata de un suicidio, según manifestaron al diario SudInfo (1). Poco antes del fallecimiento realizó una serie de llamadas en las que afirmó que se sentía amenazado.

El general investigaba las vías de financiación del terrorismo. Trabajaba en la sede de la NSPA en Capellen, donde analizaba tanto la contabilidad interna de la OTAN como la financiación del terrorismo internacional, entre ellas las fuentes por las que el Califato Islámico obtenía sus ingresos.

El diario Luxemburger Wort (2) dijo que se habría trasladado a Bélgica para visitar a un hermano. La policía belga investiga si el general había recibido amenazas relacionadas con su trabajo en la OTAN y sigue el rastro de la pistola que apareció en su vehículo.

La muerte de Chandelon es paralela al asesinato del comisario francés de policía de Limoges, Helric Fredou, que había descubierto las conexiones del servicio secreto francés y el Mossad israelí con el atentado contra la revista satírica francesa Charlie Hebdo ocurrido en 2015.

En los datos contables de la OTAN hay un “agujero negro” de 250.000 millones de euros, incluidos los fondos reservados, una parte de los cuales han ido a parar a los yihadistas. Desde los tiempos de Gladio y la Guerría Fría, es decir, desde hace 40 años, la financiación del terrorismo por parte de la OTAN alcanza tanto a Oriente Medio (Siria, Irak, Libia, Egipto, Yemen, Palestina), como a Turquía y Europa.

(1) http://www.sudinfo.be/1746355/article/2016-12-21/yves-chandelon-haut-fonctionnaire-de-l-otan-retrouve-une-balle-dans-la-tete-sa-f
(2) http://www.wort.lu/de/lokales/raetselhafte-umstaende-nato-beamter-aus-capellen-tot-aufgefunden-585b8ea853590682caf1697a

 

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