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Estados Unidos masacró a la población de Vietnam con gran cantidad de armamento químico

Phuong, una niña de unos ocho años, delgadita como casi todas las vietnamitas, no deja de abrazar al periodista. Es alegre y parlanchina y parece sufrir un síndrome muy similar al de Down. Pero puede decirse sin temor a equivocarse que es la más afortunada de estas varias docenas de criaturas que son atendidas en un ala especial del hospital Tû Dû de Ho Chi Minh City, la antigua Saigón. En este pabellón situado junto a la cantina del centro médico viven grupos de niños afectados gravemente por el terrible legado del Agente Naranja, el defoliante utilizado por Estados Unidos durante la Guerra de Vietnam –que terminó ayer hace 40 años– para destruir la jungla y dejar a los guerrilleros Vietcong sin posibilidad de camuflaje.

Cuatro décadas después del fin del conflicto aún siguen naciendo criaturas con deformidades terribles. “No podemos estar seguro todavía del tiempo durante el que se extenderán sus efectos, pero muchos científicos ya lo estiman en tres generaciones”, dice la doctora Lành.

En la misma habitación donde vive Phuong, hay varias cunas en las que vegetan críos que nunca podrán levantarse. Algunos tienen una cabeza hasta seis veces mayor de lo normal y aplanada, otros enormes ojos de pez… Un pobre adolescente muestra toda la piel de su cuerpo como si estuviera rayada y además padece un síndrome nervioso extremo que obliga a sus cuidadores a esposarlo a los barrotes de una cama para no autolesionarse. No cesa de llorar y gritar histérico.

“No es fácil asegurar la cifra de niños afectados por el Agente Naranja en Vietnam, pero se estima en unos 500.000 los casos que podría haber en los hospitales de todo el país y en muchas aldeas donde sobreviven con sus familias”, declara la enfermera Kim Hoa.

El Agente Naranja, del que se irrigaron más de cuarenta millones de litros entre 1962 y 1970 desde aviones estadounidenses sobre los bosques de Vietnam era un poderoso herbicida compuesto por una mezcla de dos productos químicos: el 2,4,5–T y el 2,4–D. El primero de ellos provoca la aparición de minúsculas cantidades de dioxina conocida como TCDD, el veneno más tóxico de los elaborados por el hombre, que en tiempos de la guerra nadie se preocupó de depurar.

El defoliante destruía la foresta prácticamente en 24 horas, pero sus efectos iban a perpetuarse mucho más allá de que en esos terrenos no volviera a formarse una jungla. En los primeros años de la posguerra se dieron la aparición de un número inusual de tumores raros de cáncer en las zonas donde se había irrigado con el herbicida. Paralelamente se dispararon los casos de bebés nacidos con malformaciones muy graves: cabezas enormes, brazos que eran muñones terminados en dos o tres dedos, bocas sin paladar, ojos ciegos, síndromes nerviosos, parálisis, etcétera. Y también se multiplicaron los inusuales nacimientos de siameses. En muchos casos, los padres no habían padecido ni un dolor de cabeza, pero su ADN había sido dañado por la dioxina, un veneno del que basta un microgramo ingerido directamente para causar la muerte.

Al mismo tiempo, miles de veteranos estadounidenses, australianos o neozelandeses también empezaron a sufrir a dolencias idénticas a los de sus antiguos enemigos. Y también tuvieron una tasa disparatada de nacimientos de niños con minusvalías, efectos coincidentes con los que se se habían dado entre las víctimas del escape de dioxina en Seveso (Italia) en 1976.

Más de 230.000 veteranos de guerra reclamaron indemnizaciones a siete empresas químicas productoras del Agente Naranja –una ley norteamericana prohíbe querellarse contra el gobierno por acciones de guerra– y Víctor Yanacone, el abogado principal del consorcio de empresas que representaba a los veteranos, expuso ante los jueces una realidad incuestionable: durante la guerra las empresas Dow Chemical y Monsanto produjeron grandes cantidades del herbicida sin preocuparse por eliminar la dioxina; la Fuerza Aérea estaba pidiendo cantidad y no calidad.

Los ejecutivos de las empresas rechazaron cualquier conexión de su producto con el problema, que atribuyeron a causas psicológicas, el llamado síndrome Vietnam –que afectaba a miles de jóvenes que volvían derrotados y rechazados por su propia sociedad–, hasta que el número de afectados fue tan alto que hizo absurdas sus alegaciones.

Los directivos de la Dow alegaron que las autoridades se negaron a aceptar los peligros que corrían con su empleo. “Pero nos prohibieron hasta que etiquetáramos el producto con señales de advertencia”, declaró un directivo de la empresa.

Así, una hoja de instrucciones entregada en 1966 a las tripulaciones de los aviones encargados de fumigar la selva se afirmaba que “este defoliante no es tóxico para la vida humana o animal”.

Sin embargo, los efectos letales de la dioxina ya eran conocidas para la Administración estadounidense. Una explosión en la fábrica de herbicidas de la empresa Monsanto en 1949 en Virginia (EEUU) y un escape en 1964 durante su producción en una planta de la Dow Chemical habían mostrado las fatales consecuencias entre sus trabajadores.

En 1984 las siete empresas productoras del herbicida –Dow Chemical, Monsanto, Diamond, Uniroyal, TH, Hercules y Thompson– aceptaron en un tribunal de Nueva York la creación de un fondo de más de 162 millones de euros para cubrir los gastos médicos que requirieran las víctimas y sus hijos durante un período de 25 años.

Pero, aunque Vietnam también se ha querellado contra estas empresas químicas, sus alegaciones se han desestimado. Monsanto aduce en su página web que “crearon el Agente Naranja para salvar vidas de norteamericanos” y que es una cuestión “que corresponde debatir entre los gobiernos”.

Los vietnamitas no recibirán ni un dólar de compensación. Por su parte, el gobierno de Estados Unidos exige con presteza pagos por reparaciones de guerra cuando gana una contienda, pero no concede indemnizaciones si la pierde, como sucedió en Vietnam, de donde se retiró en 1973 con 58.000 de sus militares muertos y muchos más con graves secuelas.

Ni siquiera acepta pagos cuando ha cometido un error, o que se lo pregunten a las familias de los 290 pasajeros y tripulantes del avión comercial iraní abatido en 1988 por un misil de un buque estadounidense en el Golfo Pérsico, al confundirlo con un caza iraquí.

Además del Agente Naranja, Estados Unidos fumigó las selvas de Vietnam con unos 30 millones de litros de otros defoliantes de efectos dañinos: el Agente Blanco y Agente Azul. Todo un arsenal de armas químicas que acompañaron al tristemente célebre napalm que dejó a miles de victimas con gravísimas quemaduras en las aldeas de este hermoso país.

Al abandonar el hospital Tû Dû, que ya visité en 1995 con motivo del veinte aniversario del fin de la guerra, me despido de Nhung, un chico de unos catorce años cuyas piernas terminan abruptamente en las rodillas y su cabeza en pico. Me sonríe tristemente e intenta darme la mano con dificultad, porque tiene los dedos unidos por membranas.

En la calle, los vietnamitas se preparan para celebrar los festejos de los 40 años del fin de la guerra contra Vietnam del sur, una república títere de Estados Unidos. Y Minh Quân, un veterano del Vietcong, que regenta un puesto de frutas tropicales cerca del hospital, me recuerda orgulloso que su ejército ha vencido en todas las guerras a las que se ha enfrentado en el siglo XX: a Francia, Estados Unidos y hasta a los chinos que invadieron brevemente el norte del país en represalia a la victoria vietnamita sobre la Camboya de Pol Pot.

Pero hoy, Vietnam pasa casi por primera vez en su historia por un largo período de paz. Aunque los causantes del “síndrome naranja” no ayuden a las víctimas, varias asociaciones de otros países sí lo están haciendo, y Estados Unidos, al menos, ha comenzado recientemente a colaborar con la descontaminación de amplias zonas de terreno destruido por sus armas químicas.

Luis Mazarrasa http://www.eldiario.es/internacional/Agente-Naranja_0_383212103.html

El gobierno español siempre servil ante los poderosos

El embajador Kim Hyok-Chol
Darío Herchhoren

El pasado lunes 18 de septiembre de 2017; el gobierno español dio una nueva muestra de firmeza en sus relaciones internacionales. Ya había mostrado una en la famosa foto del trío de las Azores, cuando la banda de criminales Bush, Blair y Aznar, se confabularon para atacar a Irak porque – decían- que tenía armas de destrucción masiva, que por supuesto nunca aparecieron. Lo que pasó el día 18 de septiembre es la guinda del pastel, ya que ese día el Ministerio de AAEE español notificó al embajador de la República Popular y Democrática de Corea que era considerado persona «non grata» por el gobierno español, y que debía abandonar el territorio nacional antes del fin de septiembre de 2017. El motivo de esa expulsión es que la Corea socialista era un peligro para la paz y la seguridad mundiales.

Sin embargo, no son un peligro para la paz y la seguridad mundiales las maniobras de guerra en aguas de Corea del Sur por parte de una flota de los USA, ni tampoco son un peligro para la paz las armas nucleares no declaradas de Israel, ni el apoyo a los terroristas del estado islámico por parte de occidente, ni la venta de fragatas a Arabia saudí, un estado terrorista. Si las cosas funcionaran bien, España debería cortar relaciones y expulsar a los embajadores de USA y de Israel, y también al representante de Arabia Saudí. Pero no caerá esa breva. Para que eso pase, en España no debería gobernar el PP (Partido Podrido) siempre duro con los más débiles y genuflexo con los poderosos.

Ya nos hemos referido a la Corea socialista en otras oportunidades, pero esta vez es distinto. El ejército de la RPDC no está asediando a los EEUU; tampoco ha mandado naves de guerra a sus costas, pero se defiende. Esta es la novedad. Si es atacada se defenderá y producirá graves daños a los USA, que nunca fueron bombardeados, con la excepción del 11 de septiembre de 2001 en las torres gemelas, y ello generó un gran pánico y daños importantes.

Pero hay más en el servilismo del gobierno español: se trata de sus ataques permanentes a Venezuela.

Y en esto hay que agregar al corrupto Felipe González, el jefe de los GAL ¿Recuerdan? El presidente Maduro de Venezuela, país que está siendo acosado por el imperio ha acusado al obediente Rajoy de antidemócrata y fascista y de no respetar a los catalanes. Le recordó a Rajoy, que él, Maduro tuvo que aguantar un referéndum ilegal contra su permanencia en la presidencia de su país. Y no solo lo permitió, sino que protegió a los que lo convocaron. Esa es una actitud democrática y no la de Rajoy.

Pero el gobierno español siempre defendiendo las causas justas y nobles. Lo hizo en Irak, lo hace en Venezuela y lo hace en relación con la expulsión del embajador de la RPDC. Y lo hará siempre que el imperio lo necesite. Para eso está.

Mi querida Spain

Bianchi

Tuvo que ser un «afrancesado», un liberal, Javier de Burgos, quien en 1833 (recién muerto el felón Fernando VII) pergeñara la división de España en provincias a imitación del centralismo -peyorativamente llamado «jacobino»– francés. Si a de Burgos (granadino de Motril) le hubieran tildado de «nacionalista» no hubiera entendido el epíteto. Un francés, sin embargo, después de la batalla de Valmy (1792), sí, pues peleaban al grito de ¡viva la nación!, y no ¡viva el rey! Y es que para eso hicieron una Revolución cercenando testas regias y coronadas. Y lo hizo una burguesía revolucionaria, pujante, antifeudal.

Cuando se oye decir que el nacionalismo español no existe hay un adarme de certeza, aunque quien lo dice no sabe lo que dice. La división territorial en provincias -y Diputaciones- fue una creación liberal del siglo XIX por oposición a las, vale decir, derechas conservadoras españolas que siempre fueron «regionalistas» (caldo de cultivo propicio al «caciquismo», como hoy las taifas «autonómicas» o café para todos para diluir y no enfrentar el sempiterno problema de las llamadas «nacionalidades»). Se trataba de solucionar el contencioso catalán (que no es de hoy y muy anterior al mal llamado «problema vasco»: el nacionalismo español no es un «problema» porque no existe, ¿no es cierto?) con una descentralización administrativa. Eso es el verdadero significado del regionalismo (del «sano regionalismo», que decía Fraga Iribarne, hoy «Estado de las Autonomías»). Se hablaba, a la sazón, que se dice, de regionalismo castellano que siempre fue a remolque del catalanismo. El ministro zamorano, liberal, Santiago Alba, en 1908, afirmaba en un mitin (entonces «meeting») que iría a predicar (sic) a Cataluña «frente al evangelio catalanista la gran verdad castellana» (no decía «española» como patanes rastreros y vividores tipo Rodríguez Ibarra, Leguina o García-Page o la propia Susana Díaz). El vasco Unamuno -más bien el bilbaino Unamuno- en 1909 consideraba que el castellanismo no era otra cosa que anticatalanismo: «no nos engañemos», decía el cuáquero Rector salmanticense.

Un castellanismo hogaño nacionalismo representado por «La Roja» y su líder Sergio Ramos, philosopho ático, poniendo los ojos en blanco oteando transverberado, levitando, el azulísimo cielo cuando suena el himno -sin letra- español nostálgico de la Armada Invencible y otras glorias pasadas. Si ya entonces no se resolvió ese «problema», menos con estos fascistas de hoy.

Good afternoon
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Un cowboy en la ONU

Darío Herchhoren

En una memorable intervención del Comandante Hugo Chaves en la ONU, refiriéndose a la intervención de George Bush (h) el día anterior, dijo «ayer estuvo el diablo aquí. Huele a azufre todavía». Y podemos afirmar que el diablo ha vuelto, pero esta vez personificado por Donald Trump, que no ahorró bravata alguna con el fin de aterrorizar al mundo entero. Parecía un vaquero entrando al saloon de un pueblo perdido del far west.

Amenazó a Corea con arrasarla, y prácticamente hacerla desaparecer. No hace falta recordarles a los coreanos lo que implica la intervención de los USA en su país. Los gringos, durante la guerra de Corea utilizaron las armas más terribles de que disponían, entre otras los llanzallamas, que abrasaron a hombres, mujeres y niños que se escondían en cuevas para refugiarse de la barbarie de la «civilización» occidental. Sus tropas casi llegaron al río Yalú, que hace de frontera con China, y el peligro que corría China en ese momento llevó a que Mao Zedong mandara un millón de militares a combatir con ese demonio que son los USA. Ello llevó a la partición de Corea en dos estados, y a que en el sur del paralelo 38 se instalara un estado títere, cuyos hilos se mueven desde Washington, y que sirve a sus intereses. El estado del sur es una permanente provocación contra la Corea socialista, y ese es el motivo por el cual no se firma un tratado de paz entre las dos Coreas, y por eso los USA hacen todo lo posible para que ello no ocurra, y por ello mantienen en forma permanente 30 mil militares en ese territorio.

No quieren un tratado de paz, porque de firmarse, ello haría que la presencia de tropas yanquis en Corea no tuviera razón de ser. La guerra de Corea era una provocación contra China y contra la URSS, que tiene frontera con la Corea socialista, y ello hizo que el célebre general Douglas Mc Artur, que había entrado victorioso en Japón luego de la masacre de Hiroshima y Nagasaki preconizara que el ejército yanquy arrojara una bomba atómica sobre Corea, cosa que felizmente no ocurrió por la firme postura de la URSS, que envió armamento y aviones MIG 15 para parar la agresión.

El irresponsable payaso también amenazó a Irán. No puede soportar después de tantos años la pérdida de la monarquía iraní ejercida por Mohamed Reza Pahlevi, un lacayo opresor de su pueblo y fiel servidor de los intereses de las petroleras Standard Oil y Anglo Iranian Oil Company. La nacionalización del petróleo iraní, implicó un duro golpe para ambas multinacionales la primera transformada en la Gulf Oil, y la segunda es la actual British Petroleum.

Como en su insensato discurso hubo para todos no se olvidó de Venezuela, y al mejor estilo del Far West, amenazó con ir a «arreglar las cosas» en ese país si antes no las arreglaban las autoridades del mismo.

Pero su discurso fue tan lamentable que su sirviente en Francia Emmanuel Macron, le afeó su postura en contra del tratado con Irán sobre el uso pacífico de la energía atómica, diciendo que ese era un buen tratado y que debía respetarse, ya que el mismo no pertenecía a los EEUU sino al mundo entero.

No cabe duda que a este desenfrenado vaquero le vendrá bien una dosis de jarabe vietnamita. Ya lo está probando en Siria; pero habrá que aumentar la dosis. La de adulto.

Historia contrafactual

Bianchi

O, ¿qué hubiera pasado si…? Si, por ejemplo, los turcos no hubieran sido expulsados/derrotados de Europa. Pues que hoy todo cristo, menos los malteses, profesaríamos el Islam y no el cristianismo cuyo ritual, como decía Unamuno, sólo consiste en que te bauticen por la Iglesia (incluida la protestante que no observa todos los sacramentos católicos), te cases por la misma y te entierren por el rito católico, que eso y nada más, aparte misas y rosarios, puras reliquias, es el catolicismo.

La presencia de los turcos en Europa significa un hecho totalmente nuevo en la historia de los pueblos cristianos, o cristianizados. Los turcos otomanos hacen algo más que los turcos selyúcidas, pues si aquellos se islamizaron, éstos, en cierto modo, se europeízan, ya que, sin perder su credo, ideología y modo de vida, organizan ejércitos al modo occidental, utilizan los adelantos militares de Europa y empiezan a practicar el sistema de soberanía, vasallajes, pactos, tratados y treguas, propios del mundo occidental ergo: civilizado (ponga el lector las comillas si lo desea). La Cristiandad, o sea, los «buenos», va a tener un terrible enemigo en Suleimán II, de alias Solimán el Magnífico (por la pompa y el lujo de su corte, de ahí viene lo del «lujo asiático»). Este Sultán será la pesadilla europea de 1520 a 1560.Los avances son extraordinarios en Europa y en Asia. Belgrado (Beograd, en la Serbia austríaca) se había rendido derrotando Solimán a los húngaros cayendo Buda (la parte de Budapest que separa el Danubio, hoy apenas poblada) en poder turco que se planta frente a la mismísima Viena, o sea, el ángor político de Europa, su corazón cultural (¿se imaginan un Mozart derviche? Salieri tal vez). Sólo se libró, ya se dijo, la isla de Malta defendida por Juan de La Valette (su actual capital).

Eso de llegar a las puertas de Viena era pasarse tres pueblos, inquietante. El Emperador Carlos V (y I de España, como nos enseñaban en los colegios franquistas), ocupado en sitiar y saquear la Roma vaticana (1527), enfadarse con Francisco I de Francia, perseguir luteranos y otras distracciones, cogió el toro turco por los cuernos y envió al Marqués del Vasto (con uve) a parar los pies a Solimán y sus vaivodas (una suerte de príncipes feudales) y sus jenízaros (una especie de guardia pretoriana). No tuvo mucho éxito, sobre todo por mar. Fue su hijo, Felipe II (que, a diferencia de su padre, sabía protoespañol), quien en «Santa Liga», uniera los estados católicos (Venecia, Génova, el papa y España) para al mando de Juan de Austria, su hermano (bastardo, que entonces no tenía la carga peyorativa que tiene hoy), vencer a los turcos en la célebre batalla de Lepanto (por el mar Jónico griego, o el Egeo, que siempre me confundo y me he bañado en esas aguas llenas de medusas en verano, conste) y que costara el brazo izquierdo de un erasmista -la doctrina no es pacífica al respecto-, Cervantes, posiblemente uno de los pocos soldados españoles en la famosa batalla (casi todos eran lansquenetes o mercenarios, muy típico de Carlos V).

Por fortuna, los turcos tuvieron la decencia y el gesto de dejarse derrotar por los «buenos» ahorrándonos engorrosos problemas con el velo de nuestras mujeres amén de los enfadosos ramadanes. No como estos «yijadistas», creados por «Occidente», que tienen de musulmanes lo que yo de cura.

Agur, como dicen los vascos.

La contradicción entre la guerra y la economía de guerra

La hegemonía mundial tiene un coste que, además de creciente, proporcionalmente crece mucho más que las ventajas que proporciona. El Senado de Estados Unidos acaba de aprobar un presupuesto récord para gastos militares: 700.000 millones de dólares, 80.000 millones más que el año pasado. Va a entregar más dinero del que Trump había pedido, lo cual significa que el Pentágono se prepara a marchas forzadas para emprender guerras mayores, incluido el empleo de armamento nuclear.

Estados Unidos ya no es otra cosa que una economía de guerra cada vez más complicada de financiar. El economista suizo Beat Kappeler la compara con el Imperio Romano inmediatamente antes de su desplome (*). Durante la Guerra Fría su expansión fue rápida y barata a causa de la transformación del dólar en moneda de reserva mundial.

Pero eso se acabó hace ya mucho tiempo y en el Pentágono buscan alternativas. Todas ellas son otras tantas carreras hacia el abismo.


Una es la privatización, tanto del ejército como de los servicios de inteligencia, lo que ha conducido a la proliferación de subcontratistas, mercenarios e internediarios. El último de ellos es la constelación de grupos yihadistas esparcidos por el mundo.

Lo mismo que la construcción o la automoción, la guerra se ha convertido en un sector económico y en una forma de dominación en sí misma. Estados Unidos creó tanto el terrorismo como la “guerra contra el terrorismo”. Mantiene su hegemonía en el mundo a base de inestabilidad, golpes de Estado y guerras de alta y baja intensidad.

En Estados Unidos les entusiasma cuantificarlo todo porque siguen el estúpido lema de “sólo hay ciencia de aquello que se puede medir”. Pues bien, no cuantifican las guerras por el número de muertos, refugiados o destrozos sino en dinero contante y sonante: desde el unicio de la “guerra contra el terrorismo” en 2001, el Pentágono ha “invertido” 5 billones de dólares en Irak, Siria, Pakistán y Afganistán.

Son lo que en la jerga bursátil llaman “inversiones apalancadas”, es decir, que no se pagan al contado sino con la expansión de las deudas, las burbujas y los bajos tipos de interés.

Hay datos llamativos de la militarización de la economía estadounidense desde 1945, como otro que proporciona Kappeler: por cada soldado del Pentágono que combate en alguna parte del mundo, hay 16 veteranos cobrando pensiones y generado ingentes gastos en asistencia médica y farmacéutica. Son 21 millones de personas, un cifra que duplica el número de obreros de la industria y, naturalmente, un fardo para cualquier economía.

El ministro de Minería del gobierno de Afganistán -cuenta Kappeler- ofreció a los monopolios de Estados Unidos la explotación de las riquezas del subsuelo del país, a cambio de 3 billones de dólares, pero no es un negocio rentable; es más barato explotarlas por medio de intermediarios, bandas yihadistas y caciques locales.

Asediado por las deudas y los gastos de guerra, recuerda Kappeler, el Imperio Romano también creyó que podía confiar la seguridad de sus fronteras en “los barbaros” que las habitaban, convirtiéndolos en mercenarios a sueldo. Al final los mercenarios acabaron con la Roma que les daba de comer.

Sí, es verdad, la guerra es un negocio. Pero hay que añadir que es un negocio totalmente ruinoso.

(*) http://www.zeit-fragen.ch/fr/ausgaben/2017/2223-12-september-2017/werden-die-kriegskosten-fuer-die-usa-unbezahlbar.html

Facebook destapa los ‘trolls’ del Kremlin que han manipulado las elecciones en Estados Unidos

El “show” del brazo largo del Kremlin que pesa sobre Estados Unidos no debe acabar nunca. Facebook se ha unido a la farsa y a los gregarios de las redes sociales les ha faltado tiempo para volver a la carga. No importa que Facebook haya quebrado el compromiso de confidencialidad de las cuentas privadas de sus usuarios convirtiéndolas en públicas… sólo si son rusas.

A falta de otros, el argumento que ahora pone Faceboolk encima de la mesa través del Washington Post es propio de trileros de baja estofa: ha habido usuarios rusos de su red social que durante las elecciones pagaron para insertar comentarios políticos sobre Estados Unidos como publicidad.

El Washigton Post lo expone de la siguiente manera (1): Facebook ha dado marcha atrás en la política de confidencialidad de sus usuarios que había mantenido hasta ahora y va a enviar todas esas informaciones al Congreso para que investigue la injerencia rusa (o mejor dicho, la injerencia del Kremlin).

Este montaje ha hecho olvidar el origen de toda la comedia, de la que nadie se acuerda, cuando piratas informáticos rusos penetraron en el servidor del Partido Demócrata para manipular las elecciones. Cambia el método pero no el objetivo, que es el de cualquier dictadura: manipular elecciones.

Según The Guardian, durante dos años los usuarios rusos pagaron 100.000 dólares en publicidad (2) para difundir al máximo los mensajes que llegaban de… de donde siempre.

Hasta aquí se trata de las insinuaciones típicas de los conspiranoicos que despotrican contra las teorías de la conspiración de los demás. En un estado de guerra, como el actual, podemos dar por buenas este tipo de sospechas siempre, aunque en este caso debemos en tener en cuenta un par de detalles, al menos.

El primero es que nos parece impropio y chapucero que el FSB, el servicio secreto ruso, utilice cuentas de usuarios rusos para llevar a cabo sus manejos en las redes sociales. Les resultaría muy fácil camuflarse utilizando cuentas de Tanzania, Honduras o Indonesia. ¿O tenemos que pensar que son unos inútiles?

El segundo es que la cifra de 100.000 dólares que se han gastado en publicidad en Facebook es propia de tacaños, sobre todo si tenemos en cuenta las cifras que multimillonarias que se manejan en ese tipo de elecciones en Estados Unidos. Con 100.000 dólares se puede influir muy poco.

De cualquier modo, se vuelve a poner de manifiesto que las redes sociales e internet, en general, no son otra cosa que un campo de batalla. Son propicios para mercenarios como Morgan Freeman, que se ha prestado a poner su rostro en un vídeo que forma parte de la absurda campaña de intoxicación mediática contra Rusia. “Nos han atacado. Estamos en guerra”, dice el actor con tono sensacionalista al comienzo de su intervención para insistir en la necesidad de una investigación sobre la interferencia del gobierno ruso en las elecciones presidenciales.

Pero si estamos en guerra nos gustaría reconocer que son ambas partes las que disparan, es decir, esa parte de la realidad que nadie pone sobre la mesa. Lo vamos a ver con las próximas elecciones presidenciales en Rusia. Esperemos que los que hablan de una injerencia, hablen también de la otra y que Facebook levante el velo de las cuentas que tiene la CIA en su red social.

(1) https://www.washingtonpost.com/business/technology/facebook-to-turn-over-thousands-of-russian-ads-to-congress-reversing-decision/2017/09/21/9790b242-9f00-11e7-9083-fbfddf6804c2_story.html
(2) https://www.theguardian.com/technology/2017/sep/21/facebook-adverts-congress-russia-trump-us-election 

Rusia amenaza con atacar a las tropas de Estados Unidos en Deir Ezzor

El ministro ruso de Defensa ha dirigido una advertencia formal al ejército estadounidense sobre el comportamiento de sus fuerzas en la provincia de Deir Ezzor.

“Rusia ha declarado sin equívocos a los comandantes de las fuerzas estadounidenses en la base aérea de Al-Udeid (Qatar) que no tolerará ningún bombardeo procedente de las zonas en las que están posicionadas las FDS”, ha declarado esta madrugada el portavoz del Ministerio ruso de Defensa, Igor Konashenkov, quien añadió que los ataques ponían en peligro a los consejeros militares rusos enmbarcados con las tropas del ejército regular.

“Los disparos procedentes de posiciones situadas en esas regiones [controladas por las FDS] serán reprimidas por todos los medios necesarios”, ha destacado.

Cumpliendo su amenaza, las FDS han bombardeado las posiciones del ejército sirio en Deir Ezzor al menos dos veces esta semana, lo que ha obligado al Ministerio ruso de Defensa a lanzar la advertencia a sus jefes en el Pentágono.

La presencia de las FDS en Deir Ezzor carece de cualquier clase de explicación lógica, cuando aún están embarcadas en la liberación de Raqqa, la capital del Califato Islámico, una operación en la que Estados Unidos trató de sacar un gran rédito propagandístico y que se ha disuelto como un azucarillo. Lo que más han matado los bombardeos sobre Raqqa han sido civiles indefensos.

Antes de acabar la tarea que se habían empeñado en Raqqa, han trasladado a sus secuaces de las FDS a Deir Ezzor para cerrar el paso al ejército regular, al que han atacado, en la orilla del Río Éufrates.

Las declaraciones oficiales de Washington sobre el cese del apoyo a los grupos combatientes en Siria, emitidas en julio, se han mostrado como otra falsedad. Las FDS se han convertido en la última carta que pueden jugar los imperialistas en Siria.

https://www.almasdarnews.com/article/russia-threatens-attack-us-backed-forces-deir-ezzor/

El jefe de la campaña electoral de Trump ha dirigido a los kurdos en el referéndum del lunes

Paul Manafort
El jefe de la campaña electoral de Donald Trump, Paul Manafort, está ayudando al equipo del presidente del Kurdistán irakí, Masud Barzani, a promover el referéndum independentista del próximo 25 de septiembre, asegura el New York Times (*).

Además, los kurdos han creado un grupo de presión, al más puro estilo corrupto de las grandes potencias. “Manafort aceptó ayudar con el referéndum, incluyendo un empuje para que sea reconocido en Occidente, después de que hace unos meses se le acercó un intermediario de Mansur Barzani”, hijo del presidente del Kurdistán irakí, añade el periódico.

Un portavoz de Mansur Barzani, que dirige el consejo de seguridad en el gobierno de su padre, confirmó que Manafort fue contratado para ayudar en el referéndum y en sus postrimerías.

El funcionario, que prefirió mantener el anonimato, rehusó especificar el papel de Manafort en esa campaña. Señaló que Manafort fue contratado por su experiencia en plebiscitos y asuntos internacionales.

Uno de los auxiliares de Manafort está en Erbil ahora y también su jefe puede desplazarse a la región en los días que quedan para la votación, según los independentistas kurdos.

Mientras, el gobierno de Barzani está en quiebra total y el Kurdistán irakí padece una recesión muy severa, después de unos años de gigantescas inversiones de los sionistas, que se acabaron en 2014. La tasa de pobreza ha pasado del 3,5 al 8,1 por ciento, según un reciente informe del Banco Mundial.

El país entero está hipotecado. En tres años las multinacionales petroleras se han llevado crudo por valor de 3.000 millones de dólares a cambio de la cancelación de viejas deudas que el gobierno lleva años sin pagar y los derechos de explotación de nuevos pozos.

(*) https://www.nytimes.com/2017/09/20/us/politics/manafort-kurdish-referendum.html

Un viejo comunista surcoreano que pasó 30 años encarcelado lucha por regresar al norte

Condenado dos veces por espionaje a favor del Corea del norte, con 30 años de reclusión a sus espaldas en Corea del sur, no hay ONG humanitaria que se apiade para cumplir el último sueño de Seo Ok-Ryol: morir en el país por el que ha sacrificado su vida (Corea del norte).

El sueño tiene su explicación: Seo nació y vivió en el sur, lo mismo que su familia, pero él quiso algo muy distinto: que fuera como el norte. Toda su lucha fue por ese sueño. Está muy cerca, apenas unos cuantos kilómetros; pero le separan las alambradas y los nidos de ametralladora del paralelo 38.

Eligió un bando que tiene muy mal cartel. Si hubiera sido al revés, ya habríamos visto su rostro en Tele5, la CNN, la Cadena Ser y toda clase de tertulias, donde hablarían de presos políticos y de que es muy poco humano tener a un anciano de 90 sin poder ver a sus familiares durante décadas.

En su pequeño apartamento se mueve despacio, con bastón, aspecto fatigado, la espalda curvada y los ojos hundidos en sus cuencas. Otra cosa es la cabeza y la argumentación, al que le llevan siempre empezando por el mismo punto: “¿No se arrepiente Usted?”

Entonces el abuelo saca energías de alguna parte escondida del alma para levantar un poco la voz: “No he hecho daño a nadie, sólo he amado a mi patria”, que no es ni el sur ni el norte sino ambas a la vez.

Corea sigue “de moda”. Alguien no se conforma con haber destruido a un anciano, como Seo Ok-Ryol, y quiere acabar con todos los coreanos, uno por uno. El candelero del Extremo Oriente ha permitido que la agencia AFP envíe a su corresponsal en Seúl a hablar con el viejo espía.

No ha pasado tanto tiempo cuando, tras la histórica cumbre de 2000 entre las dos Coreas, el gobierno de Seúl permitió que 60 ancianos encarcelados durante décadas pudieran volver a sus casas en el norte, casi en silencio para que nadie se entere que donde realmente hay presos políticos no es donde creíamos sino al otro lado de la línea de alto el fuego que separa a ambas Coreas.

Entre aquellos ancianos no estaba Seo Ok-Ryol, convertido en un héroe también para los movimientos progresistas del sur, un símbolo de resistencia inquebrantable. Ahora hacen campaña por su liberación y de la de otros 17 ancianos, uno de ellos de 94 años, para que puedan vivir sus últimos años en el lugar de sus sueños: Corea del norte.

Hace ya muchas décadas, cuando Seo Ok-Ryol era estudiante en Seúl, se afilió al Partido del Trabajo, incorporándose al ejército del norte en 1950, durante la guerra contra Estados Unidos.

Tras el armisticio comenzó a impartir clases en la universidad de Pyongyang, hasta que en 1961 se matriculó en una escuela de espionaje y le destinaron al sur para reclutar a un alto miembro del gobierno cuyo hermano había desertado al otro lado. Cruzó ilegalmente la frontera por el Río Yeomhwa y pudo ver a sus familiares por última vez.

Pero su encuentro con el alto cargo del gobierno de Seúl resultó un fiasco total. Llevaba una carta para él escrita por su hermano, pero no quiso recibirla. “Mi hermano ha muerto para mí. Le dije a las autoridades que murió durante la guerra”, fue su respuesta.

Al tratar de regresar al norte llegó tarde a la cita con el barco. Trató de cruzar el paralelo 38 a nado, pero la corriente le devolvió al sur, donde le detuvieron. Le interrogaron durante meses y fue duramente torturado. Le dejaron sin comer y le privaron del sueño. Finalmente, un consejo de guerra le condenó a muerte.

En la cárcel ha vivido en estricto  aislamiento, con una alimentación a base de arroz hervido y pescado salado. En 1963 le conmutaron la pena de muerte por la cadena perpetua, aunque diez años después le volvieron a condenar a muerte por otro crimen grave: había tratado de afiliar al Partido del Trabajo a otro preso.

“Seis veces he escuchado las palabras ‘pena de muerte’ en boca de fiscales y jueces”, le dice al periodista. “Mi madre se desvaneció varias veces y mi familia vendió su casa para pagar los gastos de mi defensa”. Una vez más, logró fintar a la muerte en el último momento. Pero sus padres murieron viéndole entre barrotes y rejas.

Minúsculas celdas de castigo, poco más grandes que un féretro… Palizas… Torturas… Simulacros de ahogamiento… Un año, otro y otro. Luego una década tras otra… No es el relato de la vida de un preso en las cárceles del norte sino en las del sur.

Después de una infección que la cárcel se negó a curar, el anciano perdió un ojo. En medio de la penumbra del apartamento, su mayor orgullo es poder gritarle a todo el mundo a la cara que él tampoco ha cedido ni un ápice porque cuando ya no te queda nada, la derrota depende de tí mismo: de seguir diciendo que no, a pesar de las promesas, de las migajas y de los cantos de sirena. “No puedo cambiar mis convicciones políticas a cambio de un ojo”, le dice al periodista. “Mi ideología política es más preciada que mi propia vida”.

En 1991 aceptó un compromiso con el gobierno y prometió respetar la ley surcoreana: libertad condicional bajo control judicial. Se instaló en la localidad meriodional de Gwangju, feudo de las fuerzas progresistas surcoreanas, cerca de su ligar de nacimiento, soñando con ver a su mujer y a sus dos hijos, que siguen viviendo en el norte.

A quien le quiera oir, saluda la resistencia numantina del gobierno de Pyongyang frente al imperialismo, un país al que pone como ejemplo de sociedad igualitaria donde cualquiera puede estudiar en la universidad a cargo del Estado.

El gobierno de Pyongyang -dice- tiene que defender a su pueblo con todas las armas a su alcance, incluidas las nucleares, frente a sujetos como Trump, al califica de “loco furioso”.

Este año ya ha sido hospitalizado dos veces por problemas cardiacos. Le queda muy poco aliento. En su humilde apartamento recibe a todo el mundo y tiene el apoyo más completo de 25 organizaciones populares del sur que promueven una campaña para que pueda volver al norte a ver a su mujer y a sus dos hijos.

Si logra verlos, es seguro que no podrá reconocerlos. “¿Qué les diría si les viera?”, le preguntan. “Les daría las gracias por seguir vivos. Me han faltado todos estos años. No esperaba haber vivido separado de ellos tanto tiempo”.

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