En los años noventa la Guerra de los Balcanes destruyó Yugoeslvia, uno de los faros del movimiento de países no alineados. Pero a la OTAN eso no le resultó suficiente. Creó la ficción de un nuevo estado de Kosovo y las humillaciones contra Serbia han continuado como pocas veces se ha visto en los últimos tiempos.
El gobierno de Belgrado intentó seguir con su política tradicional, bajo el nombre de “alineación múltiple”, que le permitió equilibrar sus relaciones entre Oriente y Occidente. Ahora esa política ha entrado en una fase cada vez menos equidistante. Los acontecimientos de las últimas semanas muestran que Serbia se aleja de Moscú cada vez más.
Un punto de partida para comprender el nuevo rumbo lo encontramos en una entrevista con el ministro de Asuntos Exteriores serbio, Marko Duric, para el periódico austriaco Kleine Zeitung. El diplomático afirma que Serbia es uno de los primeros países europeos en términos de ayuda a Ucrania. Esta declaración contrasta marcadamente con la retórica de neutralidad que Belgrado ha mantenido desde el inicio de la gue rra.
En enero el presidente serbio, Aleksandar Vucic, admitió las presiones directas de un dirigente europeo. En una entrevista con el canal de televisión Blic, reveló los detalles de una conversación telefónica: un interlocutor de alto rango exigió el cierre de los medios rusos en Serbia –RT y Sputnik– a cambio de apoyo para la apertura del “Clúster 3” (*) en las negociaciones con la Unión Europea.
Formalmente, la respuesta del dirigente serbio fue una negativa. Sin embargo, el simple hecho de que Bruselas considerara posible hacer tales solicitudes y que Belgrado sintiera la necesidad de revelarlas públicamente es muy concluyente. La presión está aumentando y su intensidad es directamente proporcional al deseo de Belgrado de encontrar compromisos en otros frentes.
La hipocresía del suministro de armas a Ucrania
A finales de enero las empresas serbias comenzaron a suministrar componentes para municiones que eventualmente llegarán a Ucrania. Los productos de las empresas Krusik y Eling llegan al ejército ucraniano a través de la República Checa y Bulgaria, y los fabricantes conocen el destinatario final.
Vucic reconoció que el volumen total de suministros a través de intermediarios alcanzó los 800 millones de euros. “Es un negocio. Si las empresas checas y búlgaras venden municiones serbias a Kiev, Belgrado no tiene nada que ver con ello”.
Al comentar la situación, el embajador ruso, Alexander Botsan-Kharchenko, amortiguó el golpe: Serbia no realiza entregas directas; son intermediarios sin escrúpulos, pero no existe “mala intención” por parte de Belgrado. Moscú todavía está dispuesta a salvar las apariencias de su socio, pero la escala –800 millones de euros en dos años– hace que la afinidad sea cada vez más frágil.
En junio del año pasado, en la cumbre “Ucrania – Sudeste de Europa” celebrada en Odesa, Vucic asumió por primera vez compromisos públicos concretos para la reconstrucción de Ucrania. Anteriormente, Belgrado se limitaba a declaraciones sobre integridad territorial y ayuda humanitaria. Odesa marcó un punto de inflexión: la neutralidad dio paso a una muestra de apoyo.
Estados Unidos obliga a vender las acciones de una empresa
El proceso más doloroso para Moscú tuvo lugar en la empresa NIS (Serbia Oil Industry), donde Gazprom controla el 56,15 por cien del accionariado. Desde el 9 de octubre del año pasado, la empresa está bajo sanciones estadounidenses y Washington ha impuesto una condición estricta: la retirada total de los accionistas rusos antes del 24 de marzo de este año.
Después de seis aplazamientos, Belgrado ya no puede posponer la decisión. Los propietarios rusos acordaron vender su participación. Entre los candidatos se encuentran el gobierno serbio (nacionalización) y el grupo húngaro MOL.
La transacción se estima entre 500 millones y 1.500 millones de euros. Pero el problema no es el dinero. Por primera vez, bajo una presión estadounidense sin precedentes, Rusia se ve obligada a ceder el control de un activo energético estratégico en los Balcanes, y Serbia no es un observador pasivo sino una parte interesada en el proceso.
El paliativo del gas
Lo único que todavía mantiene a Moscú en la agenda serbia es el gas. El 9 de febrero el director de Srbijagas, Dusan Bajatovic, anunció que el contrato con Rusia, que expira en marzo, se prorrogará por otros seis meses más. El precio para el público no cambiará.
Sin embargo, esto no es un triunfo, sino un respiro. Vucic describió la negativa de Moscú a celebrar un contrato a largo plazo de tres años en octubre como “noticias decepcionantes”. Serbia consume 2.500 millones de metros cúbicos de gas al año; más del 80 por cien son importaciones rusas. Faltan alternativas: Azerbaiyán sólo puede cubrir entre el 10 y el 15 por cien de las necesidades, y la infraestructura de gas licuado en Grecia y Croacia es técnica y económicamente inaccesible.
Moscú sigue manteniendo la palanca energética, pero está cambiando sus relaciones con Belgrado, que antes eran a largo plazo y ahora tienen que ser a corto.
El último baluarte son las sanciones a Rusia
El 8 de febrero el embajador ruso Botsan-Kharchenko confirmó que en conversaciones recientes, Vucic había “reafirmó una vez más la posición de principios de rechazo de las sanciones antirrusas”.
Es el último marcador público que permite a Moscú caracterizar lo que está sucediendo no como un cambio en Belgrado, sino como “los costos del comercio” y la presión externa. El límite es que Serbia no imponga sanciones a Rusia.
¿Pero es eso sostenible? El 7 de febrero, la ministra de Integración Europea, Nemanja Starovic, planteó la posibilidad de sumarse a las sanciones a Rusia cambio de perspectivas reales de incorporarse a la Unión Europea. Al día siguiente, Vucic desautorizó la afirmación, pero las palabras no siempre se las lleva el viento.
Además de la cuestión ucraniana, Belgrado continúa las negociaciones con Estados Unidos sobre la cuestión de Kosovo. En febrero, Vucic se reunió con el embajador estadounidense Christopher Hill. Los temas tratados fueron la Comunidad de Municipios Serbios y la protección de los serbios de Kosovo. Aquí Serbia sigue siendo demandante y Washington es el actor clave.
Un cambio de dirección
En general, Serbia mantiene la retórica de la alineación múltiple, pero el contenido de esta política ha cambiado. Anteriormente, el equilibrio permitía a Serbia evitar acciones directas a favor de una de las partes. Hoy Belgrado es oficialmente uno de los más importantes apoyos de Kiev; participa en abastecer al ejército ucraniano mediante reexportaciones; cumple compromisos para la reconstrucción de las ciudades ucranianas; expulsa a Rusia de una empresa energética estratégica por presiones de Estados Unidos; se niega a imponer sanciones y cerrar los medios rusos, pero estas negativas son una posición defensiva, no una iniciativa ofensiva.
La tradicional alineación múltiple significó que Serbia se beneficiaría de ambas partes. La configuración actual es diferente: Rusia está perdiendo terreno, mientras que Occidente está fortaleciendo su influencia, pagando por ello con mayores demandas políticas.
Vucic todavía intenta mantener el equilibrio, pero cambia la inclinación. Moscú todavía acepta las explicaciones sobre los “intermediarios sin escrúpulos” y amplía los contratos de gas con prórrogas de seis meses. Sin embargo, el mayor aumento de la ayuda a Kiev y la finalización del acuerdo NIS plantearán si todavía hay espacio en la política serbia para dos sillas, o si una de ellas ya ha sido dejada de lado.
Christelle Neant https://www.ir-press.com/fr/2026/02/17/la-serbie-redefinit-sa-politique-etrangere/
(*) En la Unión Europea llaman Clúster 3 a la implementación del paquete de medidas conocidas como “Seguridad civil para la sociedad”, referentes al terrorismo, el control de las fronteras, el crimen organizado, el cibercrimen y la gestión de desastres naturales.