‘Nuestro modelo se derrumba’

Las alegrías electorales duran justo hasta que se cierran las urnas y se cuentan los votos. Inmediatamente después la palabra más socorrida es decepción. Es lo que está ocurriendo en Alemania, donde crece la frustración por las políticas de austeridad de Friedrich Merz. Los indicadores económicos siguen siendo lamentables y cunde el descontento.

También entre los capitalistas. El martes le invitaron al canciller a participar en un congreso organizado en Berlín por la confederación de empresarios. Merz debería haberse sentido en su salsa, pero no…

Los augurios no son buenos. Desde principios de año Alemania ha importado más maquinaria de China de la que ha exportado. No hay precedentes. “La situación económica es crítica y nuestro modelo se está derrumbando”, advirtió Peter Leibinger, presidente de la Federación de Industrias Alemanas, en la radio pública alemana.

Tras dos años de recesión, se prevé que la economía alemana permanezca prácticamente estancada este año, atrapada entre el aumento de aranceles en Estados Unidos, la competencia china y el aumento del precio de los combustibles.

El Ministerio de Economía prevé un crecimiento del PIB del 1,3 por cien en 2026, gracias al enorme paquete de estímulos presupuestarios aprobados en primavera. La Cámara de Comercio e Industria es más pesimista: espera un crecimiento de tan solo el 0,7 por cien.

La industria de la máquina herramienta, que emplea a más de un millón de personas, ha perdido casi 20.000 empleos en seis meses, mientras que el sector automotriz eliminó más de 50.000 puestos en un año.

La industria química está experimentando su nivel de producción más bajo en treinta años.

Por supuesto que hay una excepción: la industria de guerra. El mundo se ha olvidado ya del III Reich y Alemania lo aprovecha para construir el mayor ejército de Europa. Pero por sí sola la guerra no puede compensar el declive del sector automotriz alemán. El mayor contratista militar de Alemania, Rheinmetall, genera 10.000 millones de euros en ingresos, que no es nada en comparación con los 325.000 millones de Volkswagen.

Un otoño lleno de reformas

Tras su victoria electoral, Merz anunció un “otoño de reformas” y ha reservado un fondo de 500.000 millones de euros para modernizar infraestructuras, permitiendo a las empresas amortizar hasta el 30  por cien de las inversiones en equipos entre 2025 y 2027.

Ha reducido los impuestos sobre la electricidad para las grandes empresas e introducirá una tarifa especial para la electricidad industrial. En materia de inmigración, ha reforzado los controles fronterizos.

Pero los capitalistas esperaban mucho más de un buitre de BlackRock como el nuevo canciller. El gran bocado está en los trabajadores y jubilados. Hay que ir limando los gastos sociales, las pensiones, la sanidad y los seguros de dependencia. La reforma de las prestaciones por desempleo no ha tenido el alcance esperado y la reducción del impuesto de sociedades no se materializará hasta 2028.

Basado en las exportaciones, el modelo económico alemán no es capaz de reinventarse. Nadie sabe con qué reemplazarlo. Es un callejón sin salida y por eso se habla tanto de la guerra contra Rusia. Es mejor olvidar todo lo demás.

La mayoría de los alemanes, el 58 por cien, ya están descontentos del nuevo gobierno, según una encuesta. Están hartos. “El descontento es generalizado, en todos los grupos de edad, independientemente del género o la afiliación política”, observa Hermann Binkert, del Instituto Insa.

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