Una ONG con sede en Toronto, el Centro Internacional de Derechos Humanos (ICHR), asegura que Irán mató a 43.000 manifestantes e hirió a otros 350.000. Naturalmente no aporta ninguna prueba de ello, pero el bulo se hizo viral. Cifras similares, si no más extremas, también se han difundido en las redes sociales. Fueron transmitidas por medios de la oposición, como Iran International, antes de acabar en los principales medios de comunicación occidentales.
Las cifras varían considerablemente, oscilando entre 5.848 y 80.000 muertes. Su objetivo es justificar el ataque militar de Estados Unidos.
La estimación más baja del número de muertes durante las protestas en Irán es de 5.848 personas, y proviene del grupo estadounidense Activistas por los Derechos Humanos en Irán (HRAI), aunque “investiga” sobre otros 17.000 casos más.
Este colectivo está asociado al Fondo Nacional para la Democracia (NED), un instrumento del gobierno estadounidense creado por el Ronald Reagan para ocultar las actividades de la CIA bajo la apariencia de una ONG.
Otra fuente la información frecuentemente citada sobre el número de muertos en Irán es el Centro Abdorrahman Boroumand para los Derechos Humanos en Irán, también financiado por el NED. Uno de los miembros de su junta directiva es Francis Fukuyama, autor del proyecto de “guerra contra el terrorismo”, o Proyecto para el Nuevo Siglo Americano (PNAC).
La ONG Unidos Contra el Irán Nuclear (UANI) baja la cifra a 12.000. Es el colectivo que logró persuadir al Foro de Davos para que revocara la invitación dirigida al ministro de Asuntos Exteriores iraní, Abbas Araghchi. Entre sus miembros se encuentra el exjefe del Mossad, Meir Dagan, el actual Secretario de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, así como Dennis Ross, del grupo de presión israelí WINEP.
Son estos tinglados los que alimentan una espiral de ficciones destinadas a desacreditar a Irán, descontextualizar el malestar interno y dar luz verde a la injererencia imperialista.
El caso del manifiestrante que se escondió en una bolsa para cadáveres
El ICHR no se preocupa por disimular que no tiene nada que ver con los derechos humanos. Celebra abiertamente los asesinatos llevados a cabo por Israel, como el del secretario general de Hezbollah, Hassan Nasrallah, y se jacta la creciente amistad entre Israel y la oposición iraní. Su director, Ardeshir Zarezadeh, publicó fotografías suyas posando con banderas israelíes y monárquicas, con una copa de vino en la mano.
Por su parte, el Centro de Documentación sobre Derechos Humanos de Irán (IHRDC), otro colectivo financiada por el Departamento de Estado, hizo una extraña declaración: un manifestante supuestamente fingió su muerte y se escondió en una bolsa para cadáveres durante tres días. La ONG admitió que no pudo verificar su historia, es decir, que es falsa, pero a Iran International le pareció curiosa y la reprodujo.
Fue como “radio macuto”, que acabó adquiriendo tintes aún más inverosímiles, incluida la acusación de que la policía iraní estaba asfixiando a los manifestantes encerrándolos vivos en bolsas para cadáveres.
El gobierno de Estados Unidos consultó al IHRDC para completar su lista negra de sanciones. Su director, Shahin Milani, publicaba en su cuenta de X/Twitter las declaraciones de Trump a favor de los provocadores iraníes: “si no contaran con un apoyo masivo de Estados Unidos capaz de paralizar a las fuerzas armadas del régimen, será la mayor traición a los iraníes por parte de Occidente”.
El dinero entregado a los grupos de la oposicion iraní tiene que volver de alguna manera que, sobre todo, es ideológica. Se trata de alimentar la retórica favorable al cambio de régimen, por el medio que sea.
Según una militante en línea de la oposición, Sana Ebrahimi, en las manifestaciones murieron 80.000 personas, para lo cual cita como fuente a un amigo que a su vez está en contacto con fuentes dentro del gobierno. Su mensaje ha sido visto más de 370.000 veces.
La emisora de radio británica LBC News menciona a un “militante iraní por los derechos humanos”, llamado Paul Smith, que estima el número de muertos entre 45.000 y 80.000. El tal Smith es un agitador de la oposición en las redes sociales que apoya la intevención militar de Estados Unidos contra Irán.
La red israelí de bots entra en acción
En octubre de 2025 el diario israelí Haaretz reveló que el gobierno de Tel Aviv financiaba redes de bots de habla farsí para difundir la propaganda de la oposición y promover a Reza Pahlavi, el hijo exiliado del antiguo monarca iraní. Estos mismos bots también ayudaron a inflar historias sobre protestas en Irán en 2022. Es una campaña de guerra digital disfrazada de indignación popular.
Según la revista Time, murieron 30.000 iraníes, para lo cual menciona como fuente a dos funcionarios anónimos del Ministerio de Salud. Iran International no necesitó fuentes para anunciar más de 36.000 muertos.
A pesar de su línea hostil hacia Teherán, Amnistía Internacional, se abstuvo de dar una cifra precisa. Habló de “miles de personas”, que se corresponde con las cifras presentadas por el gobierno de Teherán. La Fundación de Mártires y Veteranos de Irán concretó la cifra en 3.117, de las que 2.427 eran civiles y miembros de la policía.
La cifra es lo de menos. En medio de la avanlancha lo importante es que se repita una detrás de otra porque el imperialismo se apoya en los muertos para justificiar la guerra de agresión.
Las grotescas cifras de muertos y los relatos ficticios de las atrocidades que han circulado siguen a prácticas anteriores: los falsos bebés en las incubadoras de Kuwait en 1990, las armas de destrucción masiva en Irak en 2003, el “genocidio” en Libia en 2011 o el uso de armas químicas en Siria. El objetivo siempre es el mismo: crear el pretexto para una intervención militar.
Los imperialistas siempre actuan movidos por impulsos humanitarios.
—Robert Inlakesh https://thecradle.co/articles/irans-protests-and-the-dirty-numbers-game-the-manufactured-death-toll