Los espías no deberían invertir los fondos reservados en bragas

A comienzos de noviembre Bernard Bajolet, director de la DGSE, el espionaje francés, compareció ante los tribunales acusado de extorsión y de detención ilegal por parte de una autoridad pública.

La víctima del delito era el empresario franco-suizo Alain Dumenil, un antiguo banquero que dirige un holding con intereses en diferentes sectores económicos como el lujo, la aeronáutica y el inmobiliario. Era uno de los hombres más ricos de Francia.

Dumenil fue detenido en 2016 por la policía de fronteras en un aeropuerto de París y llevado a una mazmorra, donde fue interrogado por dos matones del servicio secreto que dirigia Bajolet. Lo acusaron de haberse apoderado de los fondos reservados que maneja la inteligencia francesa en el extranjero. Querían que devolviera el dinero.

Francia creó los fondos reservados al estallar la Primera Guerra Mundial. El gobierno de París confió una suma considerable de dinero a sus espías para garantizar la continuidad del Estado en caso de que el país fuera ocupado por un ejército extranjero.

Los fondos se han mantenido reservados durante más de un siglo sin que nunca hubiera ninguna constancia en los presupuestos públicos. Su existencia no se conoció hasta 2006.

En lugar de esconder el dinero en una caja fuerte en Suiza, los espías encargados de gestionarlo se pusieron a especular. Compraron acciones de la empresa de lujo France Luxury Group, de la que en 1995 se convirtieron en accionistas principales, llevándola a la bancarrota, como suele ocurrir cuando los administradores no rinden cuentas.

‘Mis agentes de la DGSE son famosos por su cortesía’

La inversión se llevó a cabo a través de una empresa llamada EKF, cuyo director, François Barthes, dijo a los jueces que no sabía que el dinero procedía de la DGSE. “Debería haber invertido en propiedades y no en pequeñas bragas. El lujo está a años luz de su cultura”, comentó (*).

Pero la DGSE se empeñó. En 2002 pusieron la empresa en manos de Dumenil, que ejercía de testaferro en Suiza. El capitalista cambió su nombre por el de Alliance Designers hasta que en 2011 quebró. El botín de los espías, entre 15 y 25 millones de euros, se esfumó.

Bajolet encargó a sus matones que recuperaran el dinero, por las buenas o por las malas. Al más puro estilo mafioso, los espías amenazaron a Dumenil con romperle las piernas. Para chantajearle le mostraron fotografías de su familia, amenazando con agredirlos si en 15 días no ingresaba el dinero en una cuenta en las Bahamas. “Mis agentes de la DGSE son famosos por su cortesía”, le dijo Bajolet al juez con la cara más cínica que fue capaz de mostrar.

Pero Dumenil no se dejó intimidar y ha pasado al contraataque poniendo contra las cuerdas al padrino Bajolet. Incluso en marzo de 2023 llegó a participar en un programa de televisión acusando a los espías de todo tipo de chanchullos.

En los años cincuenta el espionaje francés creó un departamento secreto dentro de un servicio que ya es bastante secreto por su propia naturaleza. Eran una banda de matarifes fuera de control que cobraba del dinero público. Se encargaban de las tareas más sucias, como detener, torturar, amenazar y chantajear.

Para calmar un poco los ánimos, el actual jefe de la DGSE, Nicolas Lerner, ha disuelto la banda de matarifes que, entre otras hazañas, se encargó del secuestro de Dumenil en 2016.

Los mil y un chanchullos de los espías con el dinero

El fondo que gestiona la DGSE se creó con una parte de las reparaciones que Alemania pagó a Francia en virtud del Tratado de Versalles de 1919. Los ingresos generados por el servicio secreto francés por el alquiler de propiedades alemanas después de la guerra se sumaron a aquellos activos clandestinos.

No está destinado a financiar ningún tipo de operaciones, para lo cual están los presupuestos de Defensa, votados en el Parlamento. Se depositan discretamente en cuentas bancarias de todo el mundo y los testaferros se encargan de administrarlos. En Suiza pretendieron engordar los fondos con operaciones especulativas y, como cabía esperar, se acabó convirtiendo en un mecanismo de financiación paralela que les permite hacer lo que les de la gana, sin dejar rastro ni rendir cuentas a nadie.

Todo iba bien hasta que en 1995 el caso Clearstream demostró los mil y un chanchullos de los espías, que realizaron inversiones tóxicas, provocando pérdidas “inexplicables” de dinero. En lugar de engordar, el fondo adelgazaba.

El caso Clearstream destapó la existencia del fondo secreto de la peor manera posible. Se empezó a hablar de malversación. El dinero ya no era una reserva para momentos de crisis sino un pozo negro.

Pero hasta 2022 la gestión de los fondos reservados no había llegado a los tribunales. Según la investigación que han llevado a cabo los jueces, a Bajolet de tocó dar la cara porque era el hombre de usar y tirar. El encargado de manejar el dinero era un general del ejército, del que no dieron el nombre, aunque se sabe que falleció en 2024.

“Esta es la cola moviendo al perro. Dumenil es quien roba al Estado”, protestó Bajolet ante el juez. El testaferro se quedó con la pasta, igual que Corina Larsen con el dinero del Borbón. “Lo robó todo”, dice Barthes. “Se declaró en quiebra tras vaciar las empresas de sus activos. Dejó sólo conchas vacías detrás de él”. El especulador arrastra una dilatada historia judicial. En 2011 fue condenado a un año de prisión condicional por quiebra y falsificación de documentos. También tiene una condenada de un año de prisión suspendida en 2017 por fraude fiscal.

En 2014 la Presidencia de la República francesa lo despojó de su orden nacional al “mérito”.

(*) https://www.telegraph.co.uk/world-news/2023/01/05/french-mi6-accused-stealing-millions-threatened-break-legs/

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