En la madrugada del sábado, Ucrania lanzó un misil de mediano alcance contra la Planta de Construcción de Maquinaria de Votkinsk, una instalación industrial de defensa ubicada en la República de Udmurtia, aproximadamente a 1.300 kilómetros de la frontera ruso-ucraniana. El misil, equipado con una ojiva de mil kilos, impactó en el edificio que alberga el Taller 19, un importante taller de galvanoplastia y estampación.
El Taller 19 desempeña un papel crucial en la producción de algunos de los misiles balísticos estratégicos de Rusia. La ojiva del Flamingo abrió un agujero de 30 por 24 metros en el tejado del edificio, provocando un incendio en su interior. Al menos 11 trabajadores resultaron heridos en el ataque.
No está claro en qué medida el ataque al Taller 19 ha afectado la capacidad de Rusia para producir misiles de importancia estratégica, como los misiles balísticos intercontinentales (ICBM) Topol-M y Yars, o el misil balístico lanzado desde submarinos Bulava. Los misiles Iskander y Oreshnik se fabrican en la planta de Votkinsk, que también realiza investigación y desarrollo de sistemas de lanzamiento estratégico de próxima generación, como el ICBM Kedr.
Los ucranianos han atacado el corazón mismo de la industria de defensa estratégica rusa, asestando un golpe que no solo es políticamente perjudicial en términos de la imagen que proyecta de la guerra contra Rusia, que ya entra en su quinto año, sino que también podría paralizar la capacidad de Rusia para seguir el ritmo del creciente número de sistemas de lanzamiento nuclear estratégico, ahora que el último tratado de control de armas entre Estados Unidos y Rusia, el Nuevo START, ha expirado.
Rusia es consciente de esta posibilidad desde hace tiempo. En diciembre de 2021 dejó claro a Estados Unidos y a la OTAN que consideraba el despliegue de misiles de mediano o corto alcance en territorio ucraniano una línea roja que, de cruzarse, constituiría una amenaza inaceptable para la seguridad de Rusia. En los borradores de tratado presentados a ambas partes, Rusia lo describió como una de las condiciones fundamentales para la estabilidad en Europa. El artículo 6 del tratado estadounidense estipulaba que “las partes se comprometen a no desplegar misiles terrestres de alcance intermedio y corto fuera de su territorio nacional, ni en zonas de su territorio nacional desde las que dichas armas puedan atacar objetivos en el territorio nacional de la otra parte”. El artículo 5 del borrador del tratado de la OTAN también estipulaba que “las partes no desplegarán misiles terrestres de alcance intermedio y corto en zonas que les permitan alcanzar el territorio de la otra parte”.
En las semanas previas al inicio de la guerra, Rusia se esforzó por transmitir al gobierno de Biden la seriedad con la que se tomaban el asunto. Altos dirigentes del gobierno de Biden reconocen que Putin, acusó específicamente a Estados Unidos de intentar desplegar misiles en Ucrania, algo que el gobierno de Biden aseguró a Rusia que no tenía intención de hacer. Si bien Estados Unidos ha declarado su disposición a “discutir el futuro de ciertos sistemas de misiles en Europa, en el marco del Tratado INF, que Rusia ha violado y del que se retiró el anterior gobierno estadounidense”, se avanzó poco en ese sentido cuando la subsecretaria de Estado estadounidense, Wendy Sherman, y el viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Ryabkov, se reunieron durante más de siete horas en Ginebra, el 10 de enero de 2022. Ambas partes mantuvieron posturas opuestas: Rusia buscaba una respuesta concreta a sus propuestas de tratado de diciembre, y Estados Unidos indicó que no podría haber acuerdo sin consultas adicionales con sus aliados, en particular con Ucrania. Una reunión de seguimiento entre el secretario de Estado estadounidense, Antony Blinken, y el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Serguei Lavrov, celebrada el 21 de enero, no arrojó ningún resultado, salvo el compromiso de Estados Unidos de proporcionar una respuesta por escrito a los borradores de tratados de Rusia “con celeridad”. El 26 de enero, Estados Unidos y la OTAN hicieron precisamente eso, rechazando categóricamente las condiciones de Rusia para la estabilidad y la seguridad en Europa, incluyendo su rechazo a las preocupaciones sobre el despliegue de misiles de mediano y corto alcance en suelo ucraniano. Una reunión de seguimiento entre Serguei Ryabkov y la subsecretaria de Estado estadounidense, Rose Gottemöller, celebrada en Berlín el 9 de febrero, tampoco arrojó resultados.
Los misiles de alcance medio son ‘casus belli’
Desde el inicio de la guerra, Rusia ha dejado claro que el suministro de medios de ataque de largo alcance a Ucrania por parte de Estados Unidos y la OTAN es una grave amenaza para la seguridad nacional del país. El uso por parte de Ucrania de misiles Storm Shadow de fabricación británica y su equivalente francés, el SCALP, así como de misiles ATACMS suministrados por Estados Unidos, solo ha sido autorizado por los países proveedores con la condición de que estas armas no se utilizaran para atacar objetivos ubicados dentro de las fronteras de Rusia, tal como se reconoció en 1991. Las amenazas rusas de responsabilizar a Alemania ayudaron a convencer al gobierno alemán de no suministrar misiles de crucero Taurus a Ucrania (los misiles Storm Shadow/SCALP tienen un alcance de 250 kilómetros, mientras que los ATACMS tienen un alcance máximo de 300 kilómetros; el Taurus, con un alcance máximo de 500 kilómetros, habría representado una mejora importante en la capacidad de Ucrania para atacar objetivos dentro de Rusia).
En septiembre de 2024, los gobiernos de Estados Unidos y Reino Unido consideraban activamente permitir a Ucrania el uso de misiles Storm Shadow y ATACMS para atacar objetivos dentro de Rusia. Putin advirtió que si los países occidentales permitían a Ucrania utilizar misiles de largo alcance en territorio ruso, se verían directamente involucrados en la guerra. “Esto significaría nada menos que la participación directa de los países de la OTAN, Estados Unidos y los países europeos en la guerra en Ucrania”, declaró Putin. “Será su participación directa, y esto, por supuesto, cambiará significativamente la esencia misma, la naturaleza misma del conflicto”. Ante estas amenazas, Putin advirtió que Rusia se vería obligada a tomar “medidas apropiadas”. Las amenazas de Putin se produjeron en un momento en que Rusia había publicado una nueva doctrina nuclear que le permitía utilizar armas nucleares en represalia por los ataques que Estados Unidos y Reino Unido estaban estudiando.
El riesgo de una guerra nuclear era muy alto. En noviembre, el jefe de planes del Mando Estratégico, el contralmirante Thomas Buchanan, declaró ante un centro de estudios de Washington que el gobierno de Biden estaba preparado para librar y ganar una guerra nuclear con Rusia. Luego, a principios de diciembre de 2024, la CIA, en respuesta al anuncio del gobierno de que permitiría a Ucrania usar misiles ATACMS para atacar objetivos en Rusia, informó a los miembros del Congreso que existía una probabilidad superior al 50 por cien de que estallara una guerra nuclear entre Rusia y Estados Unidos antes de fin de año.
Si bien Trump contribuyó a aliviar las tensiones al comprometerse a revertir la decisión del gobierno de Biden una vez en el cargo, cosa que hizo, el incumplimiento de su promesa de poner fin rápidamente a la guerra generó una creciente frustración y resentimiento hacia Rusia y sus dirigentes. Esto llevó a Trump a anunciar que estaba considerando suministrar a Ucrania misiles de crucero Tomahawk, el mismo sistema de armas que Rusia había prometido no permitir jamás en suelo ucraniano.
Flamingo: un misil británico con piezas ucranianas
Sin embargo, la amenaza de suministrar a Ucrania misiles Tomahawk era más una táctica de negociación que una amenaza real. La verdadera amenaza provenía de otro lugar: un misil diseñado por los británicos con piezas e infraestructura de fabricación ucraniana, conocido como el FP-5 Flamingo.
El Flamingo debutó en la feria internacional de la industria de defensa IDEX-2025, celebrada del 17 al 21 de febrero del año pasado en Abu Dabi cuando el Grupo de la Industria de Defensa angloemiratí Milanion presentó un prototipo de misil. Construido en torno al motor turborreactor Ivchenko AI-25, desarrollado en la década de los cincuenta por la Oficina de Diseño Ivchenko en la URSS y producido en la fábrica de aviones Motor Sich en Zaporiya, el Flamingo era un derivado de los drones de reconocimiento Tu-141 y Tu-143 de la era soviética, que Ucrania había reutilizado como misiles de crucero de ataque terrestre. La ojiva parecía estar basada en bombas de gravedad ucranianas. El objetivo del diseño de Milanion era proporcionar a Ucrania una capacidad de ataque de largo alcance asequible y autóctona que eludiera las restricciones rusas sobre armas extranjeras.
Sin embargo, este engaño resulta poco convincente. Fire Point, la empresa que supervisa la producción del FP-5 Flamingo, es poco más que una empresa fantasma dirigida por una directora, Iryna Terej, sin formación ni experiencia en la producción de misiles. La tarea de coordinar la producción de equipos de defensa ucranianos con proveedores extranjeros excede con creces sus capacidades. El FP-5 Flamingo es exactamente lo que dice ser: un arma de fabricación británica diseñada para eludir los aspectos legales y las consecuencias de las restricciones rusas al uso de misiles de largo alcance de origen ucraniano contra objetivos rusos.
Los ataques militares rusos han afectado gravemente la capacidad de Ucrania para ensamblar el FP-5 en su propio territorio, como lo demuestra la destrucción casi total de la planta de Motor Sich a principios de este año. Fire Point ha abierto una planta de producción de Flamingo en Dinamarca, cerca de la base aérea de Skrydstrup y de la ciudad de Vojens, en el sur de Jutlandia, que producirá el combustible sólido utilizado para propulsar el FP-5 durante las operaciones terrestres. Al ser preguntado si el establecimiento de la producción de armas ucranianas en Dinamarca convertiría al país en blanco de ataques rusos, el ministro de Defensa danés respondió que Dinamarca no estaba en guerra y que un ataque abierto de Rusia contra Dinamarca constituiría un ataque contra un país de la OTAN.
No se mencionó el papel de Dinamarca en la asistencia a Ucrania para producir un misil que ahora se ha utilizado para atacar una de las instalaciones de producción de misiles estratégicos más importantes de Rusia, la Planta de Construcción de Maquinaria de Vótkinsk.
La doctrina Karaganov
Serguei Karaganov, presidente del Consejo Ruso de Política Exterior y de Defensa, advirtió contra el uso de Ucrania como arma para dañar a Rusia en nombre de Occidente. A mediados de junio de 2023, escribió que Rusia necesitaba reducir el umbral para el uso de armas nucleares para romper el apoyo occidental a Ucrania. Si Occidente no cedía, declaró Karaganov, entonces “tendremos que atacar [con armas nucleares] un grupo de objetivos en varios países”, añadiendo que si Rusia no lo hacía, “no solo podría perecer Rusia, sino que muy probablemente toda la civilización humana llegaría a su fin”. En aquel momento, Putin rechazó la doctrina Karaganov, afirmando que “no vemos la necesidad de utilizarla [un ataque nuclear táctico]; y, en segundo lugar, la mera contemplación de esta posibilidad contribuye a reducir el umbral para el uso de tales armas”.
Entre esos factores se encontraban los dos usos por parte de Rusia del misil balístico de alcance intermedio Oreshnik contra objetivos en Ucrania, en ambas ocasiones con la intención de enviar una señal a Ucrania y a sus aliados occidentales sobre los peligros inherentes a cualquier escalada de la guerra.
Pero mucho ha sucedido desde que Putin restó importancia a la retórica de Karaganov: el temor a una guerra nuclear entre septiembre y diciembre de 2024 y la amenaza estadounidense de suministrar misiles Tomahawk a Ucrania son ejemplos contundentes. Ahora, la planta de construcción de maquinaria de Votkinsk ha sido atacada por un misil diseñado por los británicos para replicar el impacto estratégico del misil Tomahawk.
Votkinsk es el corazón de la industria de defensa estratégica rusa y ha sido atacada por un arma diseñada por los británicos con base en información de inteligencia proporcionada por la CIA. Este ataque es lo más cercano que se puede imaginar a un acto de guerra por parte de Estados Unidos y el Reino Unido.
De repente, la postura nuclear de Karaganov en junio de 2023 ya no parece tan descabellada. Rusia se encuentra en una encrucijada. A corto plazo, debe encontrar una solución a la amenaza que representa el Flamingo para Votkinsk y otras industrias de defensa estratégica ubicadas en las regiones de los Urales que ahora están amenazadas de ataque (una planta de producción de motores de cohetes en Perm, por ejemplo). Dado el papel de Europa en el diseño, la financiación y la fabricación del misil Flamingo, una respuesta limitada de ataques contra objetivos en Ucrania no supondría ningún cambio fundamental. Los misiles seguirían construyéndose y lanzándose contra objetivos estratégicos en el interior de Rusia.
Si no disuaden definitivamente a Europa de proporcionar este tipo de ayuda militar a Ucrania, Rusia corre el riesgo de una muerte lenta. Pero entonces surge la pregunta más amplia de qué hacer con la propia Ucrania. Rusia se encuentra actualmente inmersa en largas negociaciones de “paz” con Ucrania, supervisadas por Estados Unidos, que ahora se ha revelado, gracias al ataque de Votkinsk, como una mera excusa para que Ucrania desarrolle su capacidad militar y ataque estratégico dentro de Rusia con el fin de presionarla para que ponga fin a la guerra en condiciones menos favorables que las establecidas previamente por Putin.
Si el conflicto ruso-ucraniano termina en estos términos, Rusia habrá cedido en lo que consideraba una línea roja en diciembre de 2021: el despliegue de misiles de alcance intermedio afiliados a la OTAN en suelo ucraniano. Esto representará una derrota estratégica para Rusia en todos los sentidos.
El intento de asesinato de Putin
Ya es hora de que Rusia deje de participar en un ejercicio tan autodestructivo. Estados Unidos no es un socio negociador fiable en este sentido: el intento de asesinato de Putin el 29 de diciembre del año pasado por 91 drones ucranianos guiados por la inteligencia de la CIA debería subrayar esta realidad. Las continuas sanciones de Trump, destinadas a paralizar la economía rusa, no deberían considerarse una medida “normal”, sino, desde la perspectiva de su actual autor, el secretario del Tesoro Scott Bessant, quien las ve como un medio para “dominar a Rusia”, un acto de rendición literal.
El plan económico de siete puntos promulgado por Kiril Dmitriev a petición de Steve Witkoff no es más que una reescritura de los planes de dominación económica estadounidenses implementados en la década de los noventa y que se intentaron imponer a Rusia durante el cambio de régimen, disfrazado de una política de reinicio promovida en tiempos de Obama.
El gobierno de Trump no busca una paz mutuamente beneficiosa con Rusia, sino una victoria estratégica sobre Rusia, al igual que el gobierno de Biden. Si esto no estaba claro antes del ataque del Flamingo en Vótkinsk, no hay excusa para que no sea dolorosamente obvio ahora.
En pocas palabras, el ataque de Votkinsk subraya la realidad de que Ucrania, tal como está configurada actualmente, no puede seguir existiendo una vez que la guerra haya terminado. Como señaló Dmitri Medvedev, el presidente ucraniano Volodímir Zelensky es un “bicho verde” que debe ser “aplastado”.
Lo mismo ocurre con todo el actual gobierno ucraniano. Ninguna elección puede remediar los males de Ucrania dentro del marco actual: el general Zaluzhny, el candidato preferido de Reino Unido para reemplazar a Zelensky, es partidario de Bandera, y Kiryl Budanov, el sustituto respaldado por Estados Unidos, es un terrorista con sangre rusa en las manos.
Si Ucrania sobrevive intacta, el programa de misiles FP-5 Flamingo también sobrevivirá, lo que significa que Rusia nunca más podrá dormir tranquila sin temer un ataque ucraniano. El FP-5 Flamingo debe ser erradicado por completo y, para lograrlo, Ucrania, en su configuración actual, también debe ser erradicada. Es la definición misma de un problema existencial para Rusia. Una pregunta que también exige una respuesta adecuada por parte de Europa.
Cualquier respuesta inadecuada se interpretará como una capitulación por parte de Rusia.
Scott Ritter https://scottritter.substack.com/p/the-flamingo-effect