Como ya anunciamos, el ejército ruso había pirateado la red Starlink y la estaba aprovechando para uso propio. Ahora circula el bulo de que la red satelital de Elon Musk ha logrado impedirlo y que, como consecuencia de ello, las tropas rusas se han quedado incomunicadas.

No es la primera vez que la propaganda imperialistas difunde este tipo de mensajes. Muchos años antes del inicio de la guerra, en 2014, el diario ruso Kommersant ya publicó que el ejército se había quedado “ciego” por la pérdida de sus satélites (*).

Lo mismo repiten hoy: privadas de la red satelital que les permitía pilotar drones de reconocimiento y coordinar el fuego de artillería en tiempo real, muchas unidades rusas se encontraron aisladas, incapaces de comunicarse con el mando.

Los intoxicadores aseguran que el ejército ucraniano ha logrado un avance importante al este de Zaporiya gracias al aislamiento de las tropas rusas. Ha recuperado más de 200 kilómetros cuadrados de territorio, lo que el Instituto para el Estudio de la Guerra (ISW) confirma.

El caos, añaden estos medios, ha provocado incidentes de “fuego amigo” y una total incapacidad de los rusos para anticiparse a las maniobras ucranianas. “El enemigo [o sea Rusia] se enfrenta a una catástrofe”, explica un experto. En tan solo cuatro días, el ejército ruso ha colapsado en el sector de Orijiv.

El avance del ejército ucraniano coincide con el inicio de las conversaciones de paz en Ginebra. Gracias a la superioridad tecnológica, los ucranianon llegan a la mesa de negociaciones con una ventaja crucial porque Rusia no tiene una alternativa tecnológica.

Esta información es una estupidez: desde la época soviética, el ejército tiene su propia red de satélites de comunicaciones, que no dependen de Starlink ni de ningún satelite occidental.

Los satélites Molnya

Los soviéticos fueron los primeros en lanzar un satélite al espacio en 1955, tres años antes del primer satélite estadounidense. Pero, además, la URSS era muy grande en tamaño, con husos horarios muy separados de un extremo al otro. Otro obstáculo era la posición geográfica que, en algunas regiones, está dentro del círculo polar Ártico.

Para cubrir toda la superficie soviética no bastaban los satélites convencionales geoestacionarios. Tuvieron que inventar las órbitas Molnya (“relámpago” en ruso), que en occidente llaman “altamente elípticas” (HEO).

Las órbitas Molnya son diferentes de las geoestacionarias que utiliza Estados Unidos. La primera se lanzó en 1964 y durante la Guerra Fría cumplieron importantes funciones militares. No sólo suministraban comunicaciones incluso a los submarinos bajo el hielo y a remotas estaciones de radar. También servían de alerta temprana para detectar el lanzamiento de misiles estadounidenses (sistema OKO).

Los satélites llevaban sensores infrarrojos que registraban las columnas de escape calientes de los misiles balísticos intercontinentales que despegan de los silos nucleares. Se convirtieron en los primeros “ojos” de la vigilancia nuclear soviética. Cada satélite Molnya vigila durante unas 8 horas, por lo que inicialmente la URSS tuvo que poner en órbita constelaciones de 3 ó 4 satélites para que el ejercito tuviera una cobertura completa las 24 horas del día en el hemisferio norte.

La vigilancia se extendía hasta las regiones del norte de Siberia cercanas al Ártico, habilitando servicios que los satélites geoestacionarios no pueden prestar. En el norte de Siberia, Groenlandia, Alaska o Canadá, se pierde la señal del GPS, por lo que los navegantes y exploradores sólo pueden recurrir a los satélites que describen las órbitas “altamente elípticas” descubiertas por los científicos soviéticos.

Orbita: el primer canal de televisión via satélite

La red Molnya también cumplía numerosas funciones civiles. Transmitía señales de telégrafo, teléfono y radio para la navegación y para extender el posicionamiento del Glonass, el GPS ruso. Otra de sus funciones civiles eran las observaciones meteorológicas, que alertan sobre tormentas o inundaciones en tiempo real.

Uno de los servicios pioneros de Molnya es la red de televisión por satélite, inaugurada en la URSS por el canal Orbita, que fue la primera cadena de televisión de la historia que emitió vía satélite en 1967. Los pastores de renos de Chukotka pudieron ver por primera vez por televisión el desfile del 50 aniversario de la Revolución de Octubre.

Inicialmente se pusieron en funcionamiento 20 estaciones Orbita, en 1970 ya había más de 50 y en 1984 la red había crecido a más de 100. Cada estación terrestre estaba equipada con una gran antena parabólica de 12 metros, montada sobre una plataforma giratoria. La antena seguía al satélite mientras se movía por el cielo, asegurando la estabilidad de la señal.

Se pudieron conectar hasta en Nueva York y la señal era mejor que la de la televisión estadounidense, hasta el punto de que la cadena ABC empezó a emitir los noticiarios soviéticos de Orbita, algo impensable hoy día.

Las URSS y luego Rusia lanzaron más cien satélites Molnya, el último de ellos en 2004, cuando las nuevas comunicaciones digitales dejaron la red obsoleta. Fue sustituida por otra, más moderna, Meridian, que sigue la misma órbita Molnya. En 2015 y 2017 Rusia lanzó dos satélites, llamados Tundra, en esa órbita. Incluso Estados Unidos tiene varias constelaciones de satélites siguiendo la misma órbita: Jempseat, Trumpet, SDS (Satelite Data System)…

En la actualidad hay tal número de satélites en órbita que afirmar que un país, como Rusia, se ha quedado “ciego” es una auténtica imbecilidad. La necesidad de satélites ha alcanzado un enorme volumen y Rusia ha empezado a crear empresas que se dedican a fabricarlos en serie.

(*) https://themoscowtimes.com/articles/russia-blinded-by-loss-of-missile-detection-satellite-36742

Órbita Molnya