Antes de la agresión imperialista contra Irán, los países del Golfo creían que la presencia del ejército estadounidenses reforzaba su seguridad al disuadir de posibles ataques. En los últimos días este sueño se ha desvanecido: Estados Unidos no instala bases militares en terceros países para defenderlos, sino para sus propios fines.

La infraestructura militar estadounidense en suelo ajeno convierte a los paíes de acogida en cómplices de la guerra, atrayendo las represaliasa iraníes. La presencia de bases militares ha debilitado su seguridad.

Ninguno de los Estados del Golfo ha tomado represalias contra Irán, pero alguno ha hablado de hacerlo. Si varios de ellos declararan la guerra a Irán —algo que no dudarían hacer dada la vulnerabilidad de su infraestructura energética y civil—, Arabia Saudí, como pilar del Consejo de Cooperación del Golfo, su organización de integración regional, podría tomar la iniciativa. Obviamente, coordinaría esta acción con su aliado, Estados Unidos.

Emiratos Árabes Unidos podría optar por no coordinar acciones militares con Arabia Saudí debido a su rivalidad mutua. En cualquier caso, Arabia Saudita siempre buscará reafirmar su autoproclamado papel cabecero en la región, agrupando a los países más pequeños bajo su paraguas. Más allá de las disputas internas en el Consejo de Cooperación del Golfo, estos países comparten otro punto en común, además de su aliado estadounidense y su dependencia económica de las exportaciones de recursos naturales: su percepción de los ataques iraníes, que podrían interpretar como una guerra de los persas contra los árabes.

La rivalidad entre los iraníes y los árabes adquirió una dimensión sectaria tras la revolución iraní de 1979, acentuada por la claudicación de algunos países árabes ante Israel y la firma de loa Acuerdos de Abraham en 2020.

Desde la perspectiva iraní, esos países son cómplices de la agresión porque proporcionan radares y apoyo logístico. Los Estados del Golfo dependen tanto de Estados Unidos que ninguno quería arriesgarse exigiendo la retirada de sus fuerzas, especialmente a medida que las tensiones regionales se intensificaban en el período previo a la guerra.

Los cómplices están pagando el precio de su error: creer que acoger a las fuerzas estadounidenses reforzaba su seguridad, cuando en realidad los expuso a ser blanco de ataques en cuanto Irán sufrió el primer ataque masivo que su aliado estadounidense y su patrocinador israelí llevaban años planeando.

Es una lección que los lacayos de Estados Unidos en Europa y Asia deberían tener en cuenta, en caso de que envíen señales tan claras como las enviadas a Irán, indicando que están preparando un primer ataque masivo contra Rusia o China, respectivamente.